lunes, 1 de junio de 2026

Sueños 5

                             
 
Primero:
 
    Nuevamente debo contextualizar para darle mayor sentido a este sueño, pues tiene que ver mucho con mi presente.
   En la actualidad trabajo en un nuevo colegio y al que llegué con muchas esperanzas, pues hasta donde yo sabía tenía buena fama.  Con un hermoso proyecto de décadas, al que me quería sumar desdw hace tiempo, que, además, me queda a cuadras de casa.  Pero la realidad ha sido otra, pues me he encontrado con un lugar donde de los cuatro cursos que atiendo, dos son terribles y los estudiantes se portan pésimo; no solo se trata de muchachos flojos, sino que nsolentes y el caos abunda en la clase, sin importarles quién esté delante de ellos.  No solo yo quiero abandonar ese lugar, sino que también el resto de los profesores que llegaron conmigo, pues la hemos pasado muy mal con esos pendejos (que el colegio, pues son estudiantes antiguos, es responsable por no haberlos acondicionado como corresponde y nosotros estamos cosechando lo que se ha sembrado).
   A principios de semana entregué una carta escrita a mano a los jefes, en la cual les hablaba sobre cómo me sentía y solicitándoles activaran protocolo de Ley de Convivencia Escolar, para tomar medidas más drásticas; pues en casi dos meses de clases la situación se ha hecho insostenible y muchas veces no se puede hacer clases con esos estudiantes, etc, etc.  Si no actúan como corresponde las autoridades del colegio, puedo denunciarlos ante la Superintendencia de Educación, lo que no quiero verme obligado a hacer, pero aún así les dejé claro cuál sería mi siguiente acción.
   En el sueño ya había entregado mi carta y llegaba una funcionaria del mencionado organismo.  Era una persona simpática y de pelo ensortijado, quien me decía conocerme de la época en la que participaba en la Pastoral Juvenil, de cuando iba a la capilla y asistía a misa (allá en ese cole, tengo una colega que me ubica de esas mismas circunstancias).  Ambos estábamos junto al Tío Juan Carlos, el dueño del colegio, que yo les declaraba mi deplorable experiencia en el lugar; luego de que la mujer concedía que, tras mi exposición y la evidencia, el desastre del colegio era evidente, el Sostenedor (una persona muy dulce en realidad y ya mayor) se ponía a llorar y decidió irse en su auto apesadumbrado.  No podía evitar comparecerme de él, pues en la vigilia estuvimos ambos en una clase, junto a una colega, que él se encargó de la jornada y fue todo espantoso; por ende, comprobó en carne propia lo atroz que son sus estudiantes y sé que salió decepcionado.
    Siguiendo con el sueño, luego tuvimos una reunión con el resto de los profesores, junto al Cuerpo Directivo, y yo daba un discurso sobre cuánto habían callado y aguantado los docentes que llevaban años allí, soportando ese sistema y las humillaciones de los "niños".  Entonces se levantó una compañera y dijo:
 
    - Sí.  Yo sigo acá solo porque tengo niños que alimentar y deudas que pagar.
 
    Al rato, la susodicha investigadora de la Superintendencia pasó a un tema más grato, algo que era solo para mis oídos:
 
   - Sí, yo soy quien hace y vende los "Queques Volcán".
 
    Y ahora, frente a nosotros, se veía una mesa con los dichosos aperitivos y otros manjares dulces, que la "caseríta" ahora tenía puesto un delantal y un gorro de cocinera blancos.
 
   - Ya, llevaré unos cuantos para la casa- Le informé y pagué deseoso de comerme esas delicias.

 
Segundo:

    Estaba con mi mamá y hacía frío, así que nos acostamos juntos dentro de la cama a ver una película.  Al rato llegó mi hermana Mirtha, quien venía con un perrito salchicha negro, que era su mascota y la criatura era muy juguetona, que se nos poníamos a regalonearla (recuerdo que se metía debajo de la cama y le daba por morderme las pantuflas).
   Mi amigo Leo me visitaba, quien en la vida real es periodista, venía de su trabajo, que en este mundo onírico era en la tele y en un programa exitoso (bien quisiera tuviera tal éxito) y nos poníamos a ñoñear hablando de nuestras colecciones.
   Sumando gente al sueño, había un kinesiólogo mucho más joven (y guapo) que yo, el cual me revisaba mi brazo izquierdo, porque tenía una lesión debido al gym.
    Me encontraba en lo anterior junto a los ya mencionados, cuando en el cielo veía entre medio de una nubosidad bastante extendida, algo parecido a dos ojos (redondos, de color negro y gris en el centro), los que se veían muy ominosos. Se los indicaba con un dedo a mis compañeros y les decía:
   - ¡No los miren con detención y háganse los tontos, pueden darse cuenta que los hemos reconocido y atacamos!
   Al rato apreciamos en el mismo firmamento una especie de silueta negra, como un ave que planeaba cerca de los ojos, y escondida, entre todo, lo que sería una nave espacial alienígena.  Y así fue que desde arriba salieron despedidos unos rayos rojos, que caían hacia Avenida Cerrillos, que teníamos frente a nosotros a varios metros de distancia.  Esto último ocurría en una inmensa cancha, la misma que había antes en la época de mi infancia y juventud (mucho antes de que allí construyeron una carretera y donde iba a jugar de pequeño).  Se produjo un tremendo resplandor y un estruendo atroz.      Y fue así que la tierra tembló y una especie de lava comenzó a esparcirse, quemando todo a su paso, provocando humo en lo que tocaba y derretía.  Me tocó presenciar cómo la gente corría despavorida y al ser tocada por esa materia mortal se iba hundiendo, dando gritos de dolor y miedo.  El magma se acercaba a nosotros y yo me dirigí a paso raudo donde mi familia para salvarlos, que vivíamos en un edificio grande y gris (no así en la vigilia); entonces di un salto pasando por una especie de estacionamiento, para evitar que me tocara el fuego líquido, pero caí mal y me tuve que agarrar al borde de una muralla que daba con el subsuelo del edificio y me estaba sosteniendo, con la sensación de que no iba a aguantar y que me iba a quemar, cuando desperté.

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