domingo, 18 de agosto de 2019

¡Post número 666!


1. La génesis de todo.

      Planificando de antemano esta entrada, hace meses ya, me propuse escribir un texto que fuese especial y para ello se me ocurrieron varias alternativas, teniendo en cuenta el significado que tiene este número dentro de la cultura cristiana y de la cultura popular en general.  Obviamente se trata de un juego por mi parte, que para nada soy un satanista, sino que llegados a este punto me permito escribir algo relacionado con el terror (que en todo caso, harto tengo al respecto por acá, pero quería hacer algo diferente).   
     Dentro de las opciones que barajé, pensé hacer un repaso por algunas de las películas de miedo que más me han gustado y de las cuales nunca he dicho nada al respecto en este blog; también pensé hacer algo parecido, pero con las novelas o cuentos del género que de igual manera tienen un lugar primordial en mi corazón y memoria.  Por otro lado, como hace meses me puse en campaña para leer durante el resto del año, solo a autores nacionales y, luego, latinoamericanos, se me ocurrió dedicar este espacio a una antología de relatos chilenos de espanto que por años busqué, aparecida en plena década de los ochenta y que por fin pude conseguir el semestre pasado.  No obstante, ganó la idea de contar acerca de las experiencias más aterradoras que he tenido, que, menos mal, no son muchas y, mejor aún, no tienen que ver con el mundo sobrenatural (pues soy un miedoso y me alegro de no haber presenciado, hasta el momento, sucesos de este tipo); tampoco se trata de situaciones límites, como encontrarme en medio de un asalto violento o sufrir un accidente mortal, pero sí que en su momento la pasé mal.  Bueno, mejor ir directo al grano para  ver cómo me queda todo esto.


2. Escándalo en plena vía pública.

     Cuando era niño, mi papá y mi mamá solo me llevaron al cine en dos ocasiones y era ya un adulto, luego de que mi “taita” falleció que comencé a ir seguido a ver películas con mi mamá.  Es así que la primera vez que asistí con ambos a este espectáculo, fue para ver la versión de Disney de Alicia en el País de las Maravillas, que nunca antes había entrada a una de esas salas.  Debía haber tenido a lo más unos 5 años.
      Muy contento quedé con mi nueva experiencia, que desde pequeño me fascinaban estas historias.  Iba comentando el filme tomado de la mano por ambos lados de parte de mis padres, cuando pasamos por fuera de una carnicería y colgados sobre unas perchas, exhibidas afuera del local, se encontraban unas cabezas de chanchos.  En mi corta vida nunca había visto algo parecido, que tampoco conocía el campo.  El impacto fue muy grande para mí y me puse a gritar descontroladamente, por supuesto que también me puse a llorar.  De seguro no solo mis familiares desconocían lo que me pasaba, que la gente a mi alrededor debe haberse alarmado con ese niñito que estaba fuera de control.  Luego de que quedó claro el motivo de mi temor, tras indicar todo tiritón aquello que me provocó tanto terror, me taparon los ojos para seguir nuestro camino.  Se supone que luego debíamos volver a pasar por ahí (supongo para ir a esas “once completas” que nos servíamos en la tradicional pastelería San Camilo), así que les pedí a mis papás que me volvieran a cubrir los ojos.
      Hace rato ya que veo una cabeza de esas en una carnicería, me muero de risa y si estoy acompañado por mi mamá nos acordamos con gracia de este episodio infantil.


3. El circo del espanto.

     Toda mi educación escolar la tuve a solo cuadras de mi hogar y al menos los 3 primeros años fue en una escuelita muy pequeña, donde varios hermanos míos mayores también estudiaron: La Santa Margarita.  A este lugar me llevaba o bien mi mamá o mi papá o algunas de mis hermanas.  
      Debía estar entre los 5 y los 7 años de edad, que desde ya era un despistado y digo esto último, porque cuando estaba en las puertas del colegio vi que su fachada había “cambiado”, puesto que ahora tenía unos coloridos carteles con imágenes y yo ni idea tenía de lo que había pasado…Pues resulta que aquella vez teníamos una función de circo y yo nada sabía al respecto.  No recuerdo quién me llevó ese día, aunque sí estoy seguro que mi acompañante tenía conocimiento del show que se iba a llevar acabo. Pregunté qué estaba pasando y me dijeron que ese día teníamos circo.  Una imagen acaparó mi atención: la mujer de goma, donde se veía a una fémina en posturas contra natura; a ello se le sumaban los dibujos de los payasos, que me parecieron siniestros (supongo como un anticipo del famoso Pennywise, del libro de Stephen King It).   Fue imposible que me trataran de entusiasmar con golosinas y diversión, me resistí a entrar entre llanto, gritos y forcejeo.  Creo que para mí ver la escuelita así de transformada de la noche a la mañana, con una especie de carpa en su pequeño patio, fue demasiado, como si hubiese entrado a lo que luego conocería como La Dimensión Desconocida.


4. Solo en la noche.

     Lo más probable es que esta experiencia me haya pasado antes de la anterior e incluso de la primera que cuento en este listado y que debido a lo traumática que me haya significado, fuese aquella que me llevó a tenerle por años temor a la noche y a la oscuridad, así como a la soledad física. 
      Y todo lo anterior, porque siendo muy pequeño, desperté no sé a qué hora de la noche solo en casa, no recuerdo sin con las luces prendidas o en plenas tinieblas y al verme indefenso me puse a llorar con un miedo atroz, que no había quién velara por mí.  Tengo muy presente haberme subido a una silla, para abrir la puerta que daba al patio de mi casa y luego encaramarme a una especie de pileta que había (y aún existe en mi hogar), para encima de ella asomarme por la muralla que daba con la casa de mis vecinos.  Puede ser que la memoria me falle, pero comencé a llamar para “el lado” y de ese modo desperté a los vecinos que años después serían mis familiares políticos (ya que una de mis hermanas se casó con el hijo mayor), quienes sabían que el resto estaba donde mis abuelitos, que vivían a una cuadra y media; así que los fueron a buscar y de ese modo se les acabó la fiesta (¡Por irresponsables!) y yo pude quedarme tranquilo, que algo así es como para sentirse desvalido ¿No?
      Desde aquella vez nunca más me dejaron solo, hasta que ya pude valerme por mí mismo.


5. ¡El guarén del wáter!

     Yo era ya un preadolescente y debía tener cerca de unos 11 años de edad.  Eran vacaciones de verano y hacía mucho calor, no sé si durante enero o febrero. Aquella vez fui al baño a hacer mis necesidades y creo que escuché un chapoteo dentro de la taza, que me pareció no se trataba del producto de mi digestión y cuando me paré a limpiarme miré dentro del wáter (como le llamamos acá de manera informal a la taza de baño, por WC, o sea, Water Closet) vi que había vivito y coleando, creo que hasta saltando, una enorme rata (que en Chile son los guarenes, mientras que los roedores más pequeños son las lauchas).  Fue así que gritando de lo lindo, salí corriendo con los pantalones aún abajo y mostrando todas mis “vergüenzas”.  Lo que pasó después con el bicho lo ignoro.
     Pasaron años como para que no me asegurara antes de “sentarme en el trono”, de que no hubiera ningún visitante inesperado atento a morderme “ahí debajo”.


      Bueno, esto me quedó mucho más extenso de lo que me esperaba, que aún tengo 5 historias más de este tipo que contar y ya escribí.  Así que la segunda parte va para fines de mes ¿Les parece?

miércoles, 14 de agosto de 2019

Historia Real y Ficticia en una novela de Rivera Letelier.


1. El libro.

      En el transcurso de la primera mitad del siglo XX, apareció en Chile la figura del llamado Cristo del Elqui, un personaje curioso de connotaciones mesiánicas, que anduvo vagando por el país y dando su prédica religiosa, con lo que no le faltaron adeptos, ni detractores. Desconocido por muchos de sus compatriotas, el autor lo rescató del olvido con su curiosa estampa, para aprovechar de regresar al viejo mundo de la pampa salitrera (escenario y tema recurrente en su obra) y seguir con su presentación personal de la chilenidad.
     Publicada por primera vez en 2010 ganadora del primer lugar del Premio Alfaguara de Novela (en el que compitió usando un pseudónimo), no solo tiene de protagonista a este llamativo sujeto, sino que lo hace unirse a un personaje por completo de su creación: Madalena Mercado, en quien rescata a un leiv motiv tradicional en la literatura y al que ya había utilizado en su libro, tal vez más famoso (La Reina Isabel cantaba Rancheras), y que viene a ser nada menos que la prostituta de buen corazón.
      El texto abarca la llegada del coprotagonista masculino a la paupérrima oficina salitrera de La Piojo, lugar en el cual se encuentran muchos de los más humildes entre los calicheros y sus familias. Allí vive quien se supone tendría que ser su compañera ideal, para realizar su peregrinación evangelizadora, una extraña mezcla entre puta y beata devota de la Virgen del Carmen. Es así que el hombre debe hacer lo que pueda para convencerla de irse con él, pese a la resistencia de los solteros del lugar que la adoran y de otros pormenores a los que tendrá que enfrentarse.

2. Características de la novela.

      Como es habitual en la narrativa del autor, nos encontramos con la ambientación y descripción del mundo de las salitreras del norte de Chile, tan bien delineado por alguien que las conoció en carne propia durante su juventud. De este modo sus personajes típicos, entre trabajadores, dueñas de casa, comerciantes, gringos y otros deambulan una vez más a través de sus páginas, enseñándonos su cultura, tradiciones y lenguaje. Pero, además, en este caso concreto el artista regresa a la narrativa histórica, luego de su primer acercamiento en Santa María de las Flores Negras (sobre la infame matanza de la Escuela Pública de Santa María), para usar como vehículo de su historia al ya mencionado Cristo del Elqui.
       El humor no deja de estar presente en este título, que dentro de la idiosincrasia nacional no falta la picardía y en especial aquella relacionada con el terreno sexual. Caba recordar que uno de los dos personajes principales es una prostituta, así que muchas de las situaciones más jocosas, extrañas e incluso surrealistas tienen relación con ella...y con el mismo misionero, quien pese a sus delirios religiosos y humildad no ha perdido su libido. 
      Agarrándonos de lo dicho más arriba, a lo largo del libro suceden algunos eventos extraordinarios, que si bien no corresponden al mundo sobrenatural, sí irrumpen dentro de la cotidianidad no quebrándola, pero sí como una confirmación de que situaciones como una cama en plena pampa descubierta y dentro de ella la puta beata atendiendo a sus "feligreses", son propias de un clima surrealista. Tampoco hay que olvidar las excentricidades del profeta, con sus actos más desfachatados, la verdad, que representa mucho de la fe y el llamado sincretismo religioso, habituales no solo en los sectores más populares de nuestro país.
       El texto sirve además para referirse a las injusticias sociales, donde los oprimidos son los muchas veces ignorantes obreros, sometidos acá al régimen de sus jefes y tan lejanos a ellos como los mismos extranjeros dueños de los recursos naturales y que como vampiros llegan a adueñarse de las tierras allende al mar. Es así que donde hay solidaridad, fraternidad y esperanza entre los más pobres, entre los privilegiados vemos a personas carentes de empatía y, casi de forma maniquea, ninguno de ellos logra mostrar algún ápice de humanidad (ni siquiera el único sacerdote católico del lugar, un tipo con más de un esqueleto en el armario).
       Retomando al personaje del padre Sigfrido (llamado como el héroe mitológico vikingo...y del cual nada tiene en comparación), la fe institucionalizada no sale bien frente al carisma popular del Cristo del Elqui. De este modo, donde hay calor humano y esperanza entre gente como el misionero y la puta beata, así como entre la gente sencilla que cree en el Cristo del Elqui, la Iglesia se ve como una organización lejana al pueblo y preocupada por el qué dirán (si no solo queda recordar, la carta del Cardenal Caro, otro personaje histórico chileno, que pone de cita el autor al comienzo del libro y que puede ser interpretada como otra intolerancia al fervor popular).
       Como tal vez ya habrá quedado claro más arriba, nos encontramos por igual con un fuerte componente dramático en esta obra, que no solo tiene que ver con la dureza a la que se enfrenta la gente de la pampa (muchas veces llevada por medio de engaños a este lugar, tal como da testimonio el narrador), si no que por medio de ciertos flashbacks dedicados a Madalena. La risa y la diversión solo son parte de nuestra vida, que detrás de cada uno de nosotros hay una historia digna de ser contada, muchas veces con hiel de por medio; por esto mismo, incluso alguien tan estrafalario como la "puta beata", merece nuestra atención más allá de la curiosidad, que nos puede provocar en una primera instancia.
       Al parecer (que por mucho que me guste cómo escribe el autor, no he leído tanto de él, si bien tengo aún guardaditos como 5 libros suyos más esperándome) las narraciones de Rivera Letelier forman parte de un mundo compartido. Ello se hace comprensible, si se tiene en cuenta que todas sus obras o la mayoría de ellas, transcurren en la pampa salitrera. De este modo en el tomo que hoy nos reúne, aparece uno de sus personajes previos, el vendedor de pájaros que fue introducido en Mi Nombre es Malarrosa y que luego tuvo su propia aventura titulada tal como su actividad mercantil; asimismo, se menciona a la protagonista del anterior volumen citado.

 

3. El nombre del libro.

      Un título llamativo como este, en una primera instancia puede confundir al lector, cuando al principio de la novela se narra la supuesta resurrección de un obrero por parte del protagonista. No obstante, la razón de su nombre más bien corresponde a un simbolismo, si se considera lo que sucede en ella.
      Tras una serie de eventos que los marcaron en su niñez, tanto el llamado Cristo del Elqui como también Madalena Mercado, se "reinventaron" para seguir con sus vidas y de ese modo pudieron darle un sentido a esta, llegando además a volverse importantes para un gran grupo de personas. Es así que en un lugar tan agreste, como la pampa salitrera, ellos y sus feligreses no solo deben aprender a sobrevivir, si no que levantarse de entre sus miserias ("resucitar" metafóricamente) para ojalá mantenerse estoicos, frente a los avatares de la vida y entre medio tocar en parte la idea de la felicidad.

4. Personajes.

* El Cristo del Elqui: Nacido como Domingo Zárate Vega, es con quien parte esta obra, un sujeto por completo ave raris y quien, en todo caso, no es el único de su especie que protagoniza esta obra, que en la literatura del escritor y en la vida misma siempre habrán personas como él (y en especial si se considera a ciertos líderes religiosos o fanáticos como él, por lo general verdaderos locos).
      El creador lo retrata en apariencia tal y como sale en las fotos que se conservan de él: barba y cabelleras largas y desgreñadas, vistiendo una prenda única negra tipo sotana y calzando sandalias hechas de neumático por él mismo...Su apariencia austera, en su caso, no resulta ser una mera pantalla y es que en verdad este hombre lleva una vida de trashumante sin deseos de vanagloria, ni algún tipo de poder; que solo le interesa compartir con la gente su doctrina de salvación. De espíritu amable, posee una lengua de oro, que uno no se esperaría en un tipo de orígenes humildes como este y alejado de los bienes terrenales (bueno, autodidactas como él y maestros del idioma abundan, tal como el mismo Rivera Letelier), manejando la Biblia con claro conocimiento de esta y dando sus máximas con gentileza, algunas en verdad ciertas y otras graciosas debido a la ignorancia detrás de ella y que, sin embargo, llega a decir con tanta convicción; a lo último, se suman sus conocimientos sobre hierbas medicinales, que el lector se pregunta cuáles son ciertos y cuáles carentes de real sentido científico (y cabe mencionar que este tipo de creencias, bien forman parte de la tradición popular que tanto busca representar el escritor). Llama la atención y cómico resulta ser, el atractivo que despierta en muchas mujeres este hombre, tan desaliñado y que, no obstante, tiene que ver con la obsesión de la gente por las figuras de poder.
      Frente a su carácter extraordinario y personalidad que pese a su sencillez logra conseguir el aprecio de muchos, resulta ser no solo común en muchas cosas, sino hasta vulgar (aunque nunca con malicia). Su complejidad como iluminado, loco y sujeto tan terrenal en sus costumbres, lo convierte en alguien entrañable para el lector.

* Madalena Mercado: Su nombre le hace creer al peregrino que es la mujer ideal para tener de discípula y apoyo en su cruzada evangelizadora, que bien le recuerda a la Magdalena del Nuevo Testamento, quien antes de convertirse fue una persona de "vida licenciosa" y luego gran devota de Cristo. Pero el llamado Cristo del Elqui también la quiere para satisfacer sus deseos sexuales, que es la única gran debilidad que tiene. 
      La única prostituta de La Piojo, demuestra poseer un gran corazón y es querida por sus llamados "feligreses". Cuando llega hasta ella quien la desea como compañera, no le niega sus atenciones como creyente y como mujer, si bien esta tiene su propio objetivo y ello se hace saber en la novela como una de sus revelaciones más impactantes.

* Don Anónimo: Con este se completa una especie de trinidad, formada por tres individuos de personalidad estrafalaria y cuyos destinos se unen por un tiempo para contarnos una historia inolvidable.
       Corresponde este a un anciano (a menos que me equivoque, nunca llegamos a saber su edad), que llegó junto a un tren cargado de desquiciados de un manicomio y traídos también por engaño a trabajar a las salitreras. El hombre vive junto a Madalena, quien le dio cobijo tras haber perdido su empleo, una vez que la locura lo embargó. De carácter pacífico, salvo cuando por accidente ingiere alcohol, es como la mascota del lugar, puesto que es tolerado y protegido por la mayor parte de los habitantes.
      Su manía consiste en barrer y limpiar todo, incluyendo el desierto; lo que implica enterrar aquello que encuentra, entre simple basura, joyas y hasta cadáveres, de entre animales y personas.

Fotografía del verdadero Cristo del Elqui.

viernes, 9 de agosto de 2019

Así era en "mis tiempos" (segunda parte): El VHS.


     Entre los años ochenta y principios de la década pasada, estuvo en mi vida (y en la de millones en todo el mundo) esta tecnología audiovisual. Primero gracias a las funciones de cine que se hacían en colegios y otros lugares, por lo general para tener fondos económicos y, más adelante, gracias al arriendo de cintas en los videoclubes.  Estos últimos eran locales que lucraban con el arriendo y a veces con la venta de películas en este formato, negocio tan exitoso en aquellos años, que había verdaderas cadenas dedicadas a ello y en Chile muy popular fue Errol's, que hasta revista tuvo y luego en los noventa, fue comprada por la hoy nostálgica compañía internacional de Blockbuster (bueno, aún quedan unos cuantos de estos, si bien pasaron del VHS al DVD y al blu-ray).
     Se trata del heredero, descendiente o evolución del olvidado Betamax, una cinta dentro de una caja rígida de alrededor de unos 20 x 10 centímetros de diámetro y que para disfrutar de sus bondades, se mete dentro del llamado videograbador o pasapelículas (el primero puede hacer grabaciones de la tele, que quedaban registradas en cintas dispuestas para ello y el segundo solo sirve para reproducir cintas de este tipo).
     Tal como los cassettes de audio, a veces la cinta se arrugaba y con ello la grabación ya nunca, al menos en esa parte del metraje, se podía ver con la misma nitidez de antes. Cuando la cinta estaba demasiado sucia, gastada o maltrecha, la imagen en la pantalla se veía mal, con una especie de rayas, razón por la cual había que aplicar "traquin"(o como quiera que se escriba en inglés), por medio de los botones correspondientes en el control remoto y que llevaban los signos positivo (+) y negativo (-) para regularlo. En ocasiones lo que no permitía disfrutar de tu show, eran los llamados cabezales del videograbador y para eso se debía usar una cinta especial o hacerlo de forma manual, abriendo el aparato y usando "cotonitos" con algodón y alcohol (procedimiento arriesgado si lo hacía un simple "civil" como uno, que te podías "echar" la maquinita y, entonces, adiós películas).
     Otras veces cuando se echaba a perder, como cuando los cabezales requerían de limpieza, les daba por devolver la película una y otra vez, que no agarraba la cinta; y si uno insistía en meterlo a la fuerza, a ver si se "arreglaba solito" y casi por arte de magia o debido a la insistencia del usuario, uno se arriesgaba a que la película se enredara y con ello probablemente se acababa para siempre la vida útil del video.
     En relación a esta tecnología, existían unas máquinas llamadas rebobinadores y que, tal como dice su nombre, dejaban las cintas justo para ver la película o lo que hubiera grabado desde el principio; puesto que como estamos hablando de un medio analógico y no digital, uno no podía ver el material desde la parte que quisiera de forma automática y a lo más si había dejado a medio ver la cinta, al volver a ponerla tiempo después, quedaba justo en el mismo punto del metraje. Algunos videoclubes se permitían el "lujo" de cobrar a sus socios una multa, si no devolvían rebobinados los insumos.
      En esa época también había a la venta cintas originales para consumo doméstico, pero en Chile no era mucha la oferta al respecto y solo unas pocas compañías ofrecían filmes para hacerse una colección privada. Solo Disney era más fácil conseguir, que siempre tenía su buena publicidad (y una excepción fue Fox, cuando sacó la trilogía original de Star Wars, previa a la Edición Especial, con el engañoso, aunque verdadero discurso de que era la primera y única vez, en que dichos filmes iban a estar a la venta en formato casero...Pues como bien ya se sabe, poco más de un año después salieron las versiones remasterizadas y con más escenas).  Solo luego de un buen tiempo las alternativas del mercado legal se pusieron más interesantes y a muy buenos precios, por cierto.


      Como alternativa para fanáticos, cinéfilos, coleccionistas y ñoños, comenzó el mercado pirata. En Chile ferias y persas, como el Bío-Bío (uno de mis lugares favoritos) eran la ocasión ideal para conseguir aquellos filmes que uno deseaba tener, para ver una y otra vez; en cambio conseguir tus series grabadas y/o completas, era algo solo digno de las más grandes fantasías y sin saber uno que poco después de comenzar el siguiente milenio, sería posible conseguir este anhelado sueño.
      En todo caso, aquellas ediciones en este formato solo traían la película en cuestión y a lo más uno que otro adelanto al principio de próximos estrenos, que la ideal del “material adicional” solo llegó con los laserdiscs, un antepasado gigante del DVD.
     La otra posibilidad para tener aquellas obras que adorabas, era grabar de la tele, en una primera instancia a través de los canales públicos y luego gracias a la llegada del cable y la televisión satelital; que gracias a estos últimos casos, nos fue posible acceder a más posibilidades, que las limitadas ofertas programáticas de la TV criolla. Sin embargo, esto significaba estar sometido a los horarios de rigor, en que se emitían dichos títulos y para ello había que estar presente para grabarlos en el acto o dejar programado el videograbador; siendo que en este último caso, si la transmisión se hacía interrumpida por réclames (como se les llamaba antes a los comerciales y/o franjas publicitarias en Chile, ille tempore), no quedaba otra que mamárselos y luego adelantar la cinta con el control remoto (si bien creo que llegaron a existir videograbadoras, que editaban los malditos réclames, pero a veces creo que era prácticamente una leyenda urbana). Por cierto, más de una amistad que tenía me hacía el favor de grabarme películas y programas; que en el caso de las series me tenían la misma cinta por semanas, para completarlas con varios capítulos seguidos (que esperaba ansiosamente llegara a mis manos, para devorarme su contenido); cuando se trataba de filmes, depende de cuánto me gustara este, como para pedir me lo grabaran en la mejor calidad en un solo cassette o metía 2 ó 3 dentro de uno mismo.
     Habían 3 velocidades para realizar estas grabaciones: SP, la que correspondía a 2 horas de duración y permitía tener el mejor sonido e imagen posibles; luego teníamos LP, que extendía la capacidad de la cinta a 4 horas, aunque ello significaba ya perder lo mejor de sus capacidades; por último, estaba el recurso más económico, que por un lado también ayudaba a no tener tantos VHS acumulados, el EP, ya que lograba nada menos que 8 horas de material audiovisual, si bien aún con menos calidad. Por otro lado, existían cassettes que tenían 45 minutos más de capacidad, aunque estos salían más caros. En mis momentos de mayor pirateo, compraba por mayor las cintas y hasta adquiría para ellas estuches. Cuando se trataba de poner en el lomo y sobre la superficie el nombre de lo que tenía grabado y más si se trataba de escribir los títulos de los episodios de una serie, así como de la temporada (además de poner el número de a qué cassette correspondía), sentía un tremendo gozo ñoño.
      Cabe mencionar que se contaba con otra manera de piratear, que era usando dos videograbadores de manera simultánea y con los cables correspondientemente cruzados entre ambos, dejando uno como el receptor de la señal del original o la "copia master". A menos que uno estuviese dispuesto a repetirse lo que estaba grabando, lo mejor era dejar funcionando ambos equipos y dedicarse a hacer cualquier otra cosa, que el proceso se hacía en tiempo real y duraba la misma cantidad de minutos y horas que se quería copiar.
      En todo caso, hacerse de una colección en aquellos años implicaba, por igual, tener mucho espacio físico donde almacenar tus cintas, voluminosas, que unas pocas te llenaban entera la mochila, si querías hacer un viaje para hacerte una función privada de cine con tus cercanos. Tengo un amigo que llegó a tener tantas grabaciones del cable, originales y otros, que guardaba sus colecciones dentro de inmensos tambores metálicos, de esos que sirven para almacenar aceite; para saber dónde estaba cada título, llevaba anotado en una libreta o cuaderno rigurosamente su inventario, según el contenido de cada recipiente.
     Regresando a lo dicho al principio de este texto, el VHS fue la salvación para muchas comunidades, que necesitaban reunir fondos económicos de manera fácil y sin mayores gastos. Dentro de estas, entiéndase, cursos de colegios, centros de alumnos, grupos de iglesia y otros. Es así que se cobraba una suma económica por persona (unos $100, bastante poco) y como esta iniciativa se hacía mínimo un par de veces, por lo general se lograba el objetivo. Obvio que asistí a cuánta función de este tipo me enteré y yo mismo organicé una que otra durante mi etapa escolar, en la capilla que asistía y hasta en la universidad.
     Cuando salí de primero medio, mis papás me regalaron mi primera máquina reproductora de VHS, como premio por sacar el primer lugar y ello fue para Navidad. Ese fue el año de 1990 y terminó conmigo muy feliz, que antes debía conformarme con ir a ver películas a la casa de vecinos o donde una prima que vivía cerca mío (incluso visitaba a una tía postiza que tenía, ya mayor y casada, que se aprovechaba de mí -no sexualmente- y me condicionaba para hacerle el aseo de la casa, para solo después ver juntos las películas, por lo general de terror, que yo mismo arrendada con mi propia plata) o al primer videoclub que se puso en mi barrio y en el cual pagando el precio del arriendo de una cinta, uno podía pasar a una pequeña salita dispuesta a manera de humilde cine...Se me estaba olvidando, que mi hermana Ana y su marido, mi cuñado Fabián, ese mismo año se compraron su propio videograbador y ya luego veía con ellos las cintas, que entonces vivían en una casita anexada al fondo de la mía. Para mi mala suerte, el equipo que tenía no me salió muy bueno y no sé cuántos meses pasaron para que se echaran a perder las "lucecitas", que indicaban la hora y el funcionamiento de la cinta que se ponía; así que cuando comencé a hacer mis primeras grabaciones caseras, era todo un engorro, que no podía programar a gusto y cuando ponía pausa y luego "rec", a veces no tenía claro si lo había hecho bien, que además la pausa solo duraba unos cuantos minutos y luego de ello volvía a andar la reproducción; así que cuando pasaba esto, luego la grabación quedaba hecha un desastre.
      El proceso para escoger una película en el videoclub podía demorarse bastante, que a veces uno se dejaba llevar por la carátula y luego en casa se daba cuenta de que había malgastado la plata en una mierda; otra cosa era cuando se iba en busca de un título ya conocido y/o recomendado, o de un artista por el cual uno lleva siguiendo su carrera y admiraba.  
     Mi primer VHS me duró cerca de una década, luego me compré otro por allá en el 2000, cuando ya estaba trabajando y fue mi primer equipo Sony, que me di el gusto de que tuviera...¡6 cabezales! Justo por esa época me agarró la fiebre del blu-ray y a veces les grababa a mis amigos a VHS lo que tenía en el otro formato, puesto que se podía tener dispuesta la tele y estos dos reproductores diferentes para llevar a cabo dicho pirateo. Luego de un par de años más o menos, usándolo de forma alternada con la tecnología digital del DVD, dejé de ocuparlo, cuando ya casi solo lo usaba para grabar las teleseries que veía entonces. Hoy en día sigo teniéndolo conmigo, como una reliquia y de seguro mi sobrinito Amilcar de casi 10 años de edad, mi gran compañero actual de muchas pelis y series (solo las que puedo ver con él, claro), no tiene idea de qué se trata ese aparato que tengo debajo del blu-ray. En cuanto a las cintas que llegué a tener, hace más de una década que me deshice de la mayoría de ellas, entre originales y grabaciones caseras.

domingo, 4 de agosto de 2019

La Mujer Maravilla Actualizada.


1. Una razón de ser para volver a contarnos su historia (otra vez más):

       En 2011 se reinició el Universo DC, luego de los eventos de Flashpoint, con lo que las colecciones de varios de sus personajes principales partieron de cero por completo (como Superman) o con algunas modificaciones importantes (entre estos últimos, Batman) y al respecto no podía faltar la nuestra amazona favorita.  Los encargados de esta hazaña, tras casi 25 años de gloriosas historias y por las que pasaron artistas de la talla de George Pérez, William Messner-Loebs, Phil Jimenez, Greg Rucka, Gail Simone y J. Michael Straczynski en los guiones y repartidos a través de todos esos años, fueron Brian Azzarello en las historias y Cliff Chiang en los lápices…La verdad, es que este último equipo la tenía bien difícil, considerando el enorme legado que le tocó recibir y de modo que era imposible que no se hicieras las “odiosas comparaciones”, con lo realizado por Pérez durante los años ochenta en casi un trienio que estuvo a cargo de ello.  
      Pero, independientemente de los gustos personales y en lo que concierne a la manera de cómo enfocar a un personaje tan extraordinario como este, la pareja lo hizo muy bien y aunque a juicio propio de este servidor, la pluma de Chiang no está entre mis favoritas, un consagrado como Azarello logró dar en el clavo.  No obstante, cuando comenzamos a leer la “nueva” serie (que, en todo caso, han pasado ya 8 años desde ello), quien haya disfrutado con las aventuras de la princesa Diana “Post Crisis”, se encuentra con un universo mitológico, en muchos sentidos, bastante diferente a lo que pudimos conocer.
      Vayamos por parte.

2. El primer arco argumental (año 1):

     Esta vez no conocemos el origen de las amazonas, que de manera tan épica y sublime llevó a cabo el mencionado Pérez en otra época (acompañado por Len Wein y Greg Potter) y sale en escena una ya crecida Diana de Themyscira, viviendo en el mundo de los humanos, tras su partida de la isla en la que nació.  Esta tiene más o menos 21 años y en contraposición a la emisaria de su cultura, que llegamos a conocer anteriormente, convirtiéndose en toda una figura pública, vive por lo general en el anonimato entre hombres y mujeres mortales.  Sin embargo, la aparición en su vida de una joven madre soltera de nombre Zola, cambiará su vida para siempre, al convertirla en su protegida, luego de enterarse de que varios dioses del Olimpo quieren verla muerta a ella y a su hijo.  Mucho debe hacer a lo largo de 12 números (y 12 meses, en los que transcurre este arco argumental en el mundo real) para conseguir su objetivo, entre los que aparecen unos cuantos aliados y varios enemigos, todos ellos pertenecientes al mundo que creyó dejar atrás cuando abandonó su primer hogar.  
     Solo avanzada la colección, llegamos a saber algo del nacimiento de la protagonista, ahora despejado de los ribetes nobles que tuvo en el pasado, para formar parte de la atmósfera más cercana a una visión mundana de las deidades griegas y que ahora ya no son tan sabias y magnánimas, como nos las llegaron a presentar en el pasado a través de estas historietas.
     Por otro lado, la misma sociedad de las amazonas tampoco es la utopía de antaño, que incluso la misma heredera de la reina Hipólita, sufrió de bullying de pequeña entre las suyas, debido a su particular naturaleza y tampoco se observa mucha amistad hacia esta cuando tiene que regresar a Themyscira.  Y para qué hablar de los dioses, como ya se adelantó algo más arriba, que ahora las guerreras ya no cuentan con las bendiciones de varios dioses tutelares y lo que se supone era tener el apoyo incondicional de Hera, luego nos damos cuenta de que esta ya no es la dulce matriarca que concedió su lazo mágico a Diana (en cambio, otro inesperado amigo entre los olímpicos, sí es quién le ha obsequiado esta formidable herramienta; aparte de luego volverse un valioso aliado, a lo largo de este primer arco argumental).  
     De los dioses que llegamos a conocer, solo Hermes se mantiene como amigo de la superheroína, siendo un importante secundario a lo largo de la etapa que hoy nos reúne.  En contraposición a este, veremos a un montón de dioses desinteresados en mantener fraternidad con Wonder Wowan, sus hermanas, para qué decir con los simples humanos y entre ellos mismos. Destaca una artera Discordia, que a veces nos sabemos sin sentir simpatía por ella o desprecio y los también fríos dioses gemelos de Apolo y Artemisa (llamada esta como “Luna”, al menos en la traducción española de ECC).  Luego nos encontramos con los dos hermanos de Zeus, Poseidón y Hades (Infierno en la edición que poseo), además de un Ares (Guerra aquí también) y siendo que este último, vive entre los mortales en un plano invisible, tal como sucede con el resto de los de su especie.  De igual manera más amigables, encontramos entre estas viñetas a Eros y a Hefestos, cuya ayuda para la justiciera resulta ser vital, a la hora de honrar su compromiso con la futura madre.  Para todos estos y otros personajes salidos de la mitología, el dibujante Cliff Chiang (tal vez siguiendo las indicaciones de Azarello) optó por darles una imagen por completo alejada de la visión más épica y revistiéndolos de una apariencia moderna, que otorga a la serie otra distinción mayor como actualización de la protagonista y su serie.
     Cabe mencionar la incorporación de un nuevo personaje de características míticas y de quien luego nos enteramos de que se trata de un semidiós: Lennox Sandsmark, un rubio y varonil hombre, de poderes bien especiales, que aparece cuando menos lo esperamos para unirse a la misión de Diana.



3. Qué más podemos valorar de esta etapa.

     Las historietas de la Mujer Maravilla, tal como las creó en plena Edad de Oro de los cómics el psicólogo feminista William Moulton Marston, tenían entre otras cosas una segunda lectura erótica, relacionada con la emancipación de las mujeres y la idea del poliamor que él mismo defendía junto a su esposa y a la amante que ambos compartían (en quien se inspiró para crear a tan magnífico personaje…y al respecto, les recomiendo mucho ver el filme El Profesor Moulton y la Mujer Maravilla, que creo les encantará).  No obstante, esta faceta de sus relatos se perdió cuando se infantilizaron dichos cómics y si bien luego en los setenta, las historias comenzaron a volverse más oscuras, hasta el celebrado reinicio orquestado por Pérez y compañía, no se había rescatado en mayor medida esto (salvo honrosas excepciones en miniseries y especiales, claro).  Es así, que bien se puede decir, que esta Wonder Woman posee algo de su origen, que igual estamos hablando de un reinicio suyo más orientado a un público por completo adulto.  Ahora bien, al menos los primeros 12 números no tienen esto por parte de Wondy, pero sí es posible verlo en otros personajes, entre dioses y mortales (como ejemplo, sin mencionar mayores detalles, cabe hacer referencia a las costumbres de las amazonas para conseguir nuevos bebés).  Por otro lado, el nivel de violencia de esta serie resulta ser bastante, que sangre, mutilaciones y hasta decapitaciones abundan; asimismo, los monstruos resultan ser muy espantosos.
     Y como se trata de una revisión más o menos iconoclasta de la princesa guerrera, al menos en su primer año no aparece ningún otro superhéroe, que se supone esta serie parte 5 años antes de la colección mensual de la Liga de la Justicia y cuando buena parte de ellos se conocen.  Por otro lado, al parecer la superheroína todavía no conoce a Steve Trevor, el famoso secundario tan caro a las aventuras de la amazona (su pareja en la etapa Pre-Crisis y amigo en la siguiente continuidad… si bien en la misma colección de la Liga, se deja claro que ya se conocían hace un buen rato).
    Cabe destacar el transfondo mitológico con el que dotan los autores a este reinicio, alejándolo al menos del resto del universo DC durante su primer año.  Hay mucho de la herencia de las viejas narraciones griegas a lo largo de sus páginas, lo que incluye infidelidades, hazañas épicas, viajes dignos de Odiseo entre los mundos de los dioses, profecías y traiciones; todos ellos elementos para enriquecer una serie hace rato famosa dentro del género y los cómics, que los amantes de Wondy, que más encima aman a los clásicos, disfrutarán mucho.
     Como solo tengo los 3 primeros volúmenes compilatorios, de esta versión actual de Wonder Woman, me quedo en suspenso sobre qué pasará más adelante con el personaje.  Así que para cuando logre tener el segundo año completo, les contaré más al respecto.

jueves, 1 de agosto de 2019

¡Mucho mejor que la segunda temporada!

1. La historia.

     Luego de 2 años de espera, por fin este pasado 4 de Julio (¡Un día antes de mi cumpleaños no más, así que una razón de más para esperar esta fecha!), se estrenó la tercera temporada de Stranger Things. El show ochentero de terror centrado en un grupo de niños, perdón, ahora adolescentes, volvió a contarnos una nueva historia de intromisión del "Otro lado" en el pueblito de Hawkins; y como ya es habitual dentro de la serie, los acompañan unos cuantos adultos que ya conocemos y queremos, como sus hermanos mayores que ya están por ingresar a la vida adulta. Por otro lado, la trama transcurre en plenas vacaciones de verano, cuando los chicos debían estar disfrutando de su merecido descanso, pero como ya sabemos para los héroes no hay verdadero descanso.
     En esta ocasión tenemos un nuevo monstruo que, la verdad, logra superar en apariencia, peligrosidad y truculencia al recordado demogorgon de las temporadas pasadas. Más encima, la criatura va pasando por numerosas etapas y/o evoluciones, hasta su forma final y que se conecta con eventos ya pasados en el show. La manera que tiene la entidad de alimentarse, si bien quizás no sea original del programa, resulta ser tanto interesante como horripilante.
     Se suma a lo anterior, "humanos infectados" por el ser, especies de zombies que potencia aún más el grado de terror de la trama (idea, que en parte, se relacionó con el homenaje a George Romero, que sus seguidores podemos reconocer en uno de los capítulos).

2. Nuevos temas.

     Al lugar donde viven los protagonistas, no solo llegan monstruosidades de otro mundo, sino que también la modernidad. Es así que podemos ver el impacto que produce en la aislada y pequeña localidad de Hawking, la creación de nada menos que un mall o centro comercial, con lo que se revoluciona todo el lugar. Impacto no solo comercia,l que se nota está devastando a los negocios pequeños, como aquel en el que trabaja el personaje de Winona Ryder; sino que cultural, al centrarse buena parte de la vida pública en este sitio, que viene a ser el mercado del mundo postmoderno y capitalista, que un programa como Stranger Things nos representa por medio de los “gloriosos ochenta de Ronald Reagan”.
     Por otro lado, nos encontramos con nuevos villanos de parte de los humanos. De los científicos malvados y maquiavélicos, que aprendimos a tener desde el principio de este título, los creadores de nuestro querida serie pasan ahora a uno de los mayores temores y preocupaciones del mundo de aquellos años (y en especial de los gringos): la llamada Amenaza Roja, propia de la Guerra Fría, en la que vivía un entonces polarizado planeta y donde justamente USA era el centro del hemisferio de derecha. Todo esto se hace ver con gran espectacularidad y entretención para el espectador, hasta cierto punto de forma maniquea, con "malos" por completo fríos a la hora de matar y usar a sus subordinados y, no obstante, nos dan la grata sorpresa de que hay gente bondadosa en todas partes (incluso entre los "comunistas rusos").
      Asimismo, tal como dice el viejo dicho:

"En pueblo chico, infierno grande".

      Que el cuadro de todo esto se completa, con la introducción de un tema recurrente en las grandes narraciones y, como no, lamentablemente presente en la vida real (que no olvidemos, el arte es y debe ser reflejo del mundo en el que vivimos): la corrupción política. De este modo, se introduce un "pequeño" villano local, que cumple con estas características.
      Por otro lado, se introduce otro leiv motiv recurrente en las facturaciones gringas: el periodismo. Y es que personajes dedicados al llamado "Cuarto Poder" abundan y más en las historias relacionadas con la fantasía (tan solo recordemos que Clark Kent y Peter Parker son fotógrafo y periodista respectivamente, también conocidos como Spider-Man y Superman). Es así que dos de los protagonistas, los hermanos mayores de un par de los chicos de la pandilla, trabajan en el periódico del pueblo, lo que da origen a subarcos argumentales bastante interesantes y a que estos se involucren por su cuenta, en el conflicto mayor de la trama central.
      Y no se puede dejar de lado que en cuanto a temáticas y subgéneros, que vienen a ser abordados dentro del argumento de esta temporada, podemos reconocer un tópico caro a las obras del vampirismo: el lacayo humano del monstruo mayor que acecha en las sombras y al que se le ha concedido una que otra habilidad extraordinaria, para ayudar a su maestro a conseguir sus fines. Pues esto, lo podemos reconocer en uno de los personajes secundarios, introducidos en la temporada anterior, hecho que a la trama ayuda a hacerla más atractiva y compleja.
 


3. Evolución de los personajes.

      El tiempo pasa rápido y ello se hace notar en especial con los menores de edad, que cabe recordar los mejores personajes del programa y/o los más destacados (pese a la presencia de una estrella reconocida como Winona Ryder, a estas alturas de la vida ya toda una veterana), corresponde al grupo de amigos con los que comenzó la historia hace 4 años atrás. Y es que los hemos visto crecer, que sus mismos actores también lo han hecho y uno de ellos hasta fue protagonista de un éxito del cine hollywoodense, como lo es It, al punto de que esta cuarta temporada ya no los tiene como infantes, sino como adolescentes en los primeros años de esta etapa de sus existencias. De este modo, podemos ser testigos de su despertar sexual, a través de sus primeros romances, ya sea por los primeros besos y caricias (en un par de ellos) o por un aún más ingenuo interés, más bien de tipo intelectual (y hasta "ñoño", je).
      A lo anterior, se suman los conflictos con los pares, debido a los típicos celos hacia los amigos, que ya no pasan tanto tiempo con sus viejos camaradas y en vez de eso, prefieren pasar más tiempo con su pareja. A esto se le suma un significativo detalle: la posibilidad de no compartir la misma orientación sexual de la mayoría (veremos más adelante, si en verdad se atreven a tratar este tema en futuras temporadas y con protagonistas menores de edad).
     Luego uno de estos romances, justamente el más importante de los dos que aparecen, tiene otro tipo de consecuencias: el problema con los padres, que se preocupan de que sus hijos estén yendo más allá de lo que ellos querían en sus relaciones amorosas; de este modo, no encontramos con el miedo natural de los progenitores a perder la atención de sus hijos y su error cuando caen en la sobreprotección... ¿Y en quién vemos este tipo de dilemas? Pues nada menos que en el bueno de Hooper, quien ahora ya lleva tiempo como padre adoptivo de Once y se encuentra, debido a todo su historial como padre que ya perdió una hija, ante este dilema.
      No podemos olvidar a la abnegada madre a cargo de la Ryder, quien cada vez se ve más segura de sí misma, si se considera el sufrimiento por el que pasó en la primera temporada. Toda una mujer de acción viene a ser este simpático personaje, quien demuestra que los cuarenta son una edad aún con mucha vitalidad por delante y que las madres siempre serán verdaderas heroínas.
      Y regresando a Hooper, pues a este lo vemos más como civil que con uniforme y lo que se estuvo suponiendo desde las temporadas anteriores, ahora en plan romántico y con quien era de esperarse desde hace rato, por fin se concreta. Por otro lado, un gracioso guiño a los ochenta se presenta en su figura, al aparecer de bigote y con camisa tropical, emulando a un popular personaje televisivo de aquellos años (por cierto, no deja de llamar la atención lo goooordo que está en esta temporada, el guapo David Harbour, quien lo interpreta, que llega a estar mórbido...toda una decepción para sus admiradores/as, que quedaron fascinad@s con él al conocerlo gracias a la primera temporada. No obstante, habría que averiguar si su sobrepeso se debió a exigencias del papel o no, puesto que luego de filmar  esta temporada, que al parecer estuvo sin estrenar cerca de un año, fue el nuevo Hellboy para el cine y por ello adelgazó y entrenó bastante).
      Por igual, habiendo ya dos muchachas en el grupo, es posible abordar el tema de la amistad femenina y ello presente entre Once y Max. Esta variante de las relaciones fraternales, completa el cuadro en el que los chicos, que llevan el mayor peso dramático del guión, nos los hace aún más cercanos a gente de generaciones mayores: al verlos como un reflejo, de lo que en nuestra época llegamos a ser y a tener, mientras éramos como ellos.

4. Otros personajes.

      Dos secundarios regresan en gloria y majestad, llegando a tener un protagonismo mayor que antes y en el caso de uno de ellos, convirtiéndolo ahora en un personaje principal: me estoy refiriendo al chiquillo de la primera temporada, que primero conocimos como un patán y Don Juan, quien ahora ya maduro cobra verdaderos ribetes de héroe juvenil. Este realmente nos resulta ahora más simpático que nunca, que lo vemos junto a uno de los grupos en los que se subdivide la historia, hasta que todos convergen hacia el clímax. Gracioso y enternecedor aparece este joven, ya convertido en alguien que está dando sus primeros pasos a la adultez.
     Luego, nos reencontramos con el teórico de la conspiración que conocimos la temporada anterior y quien ahora tiene un papel tan divertido, que ahora, sin dudas, acapara nuestra atención.
      Por otro lado, tenemos a dos personajes femeninos nuevos, ambas caracterizadas como mujeres inteligentes y valientes, que da gusto el aporte que le hacen a la historia. Una de ellas una compañera de trabajo, del mismo chico al que me referí más arriba y que en contra de lo esperado para las convenciones propias de este tipo de obras, mira a su colega con ojos diferentes al de la muchacha típica. La otra es una niña de carácter muy fuerte, que incluso puede resultar molestosa, pero que luego cuando se nos sorprende, convirtiéndola en una de los secundarios de relevancia, consigue simpatizarnos y es que, la verdad, tiene bastante en común con la tropa que nos conquistó desde el principio del show.

5. Lo que podemos disfrutar.

      A las aventuras de cada uno de los grupos que conforman esta serie, no les puede faltar su buena dosis de gore, terror y humor; de igual manera no faltan los momentos de acción y ciencia ficción, que serán la delicia de los más ñoños de la casa, cuando aparecen los superpoderes y nos encontramos frente a la eterna lucha del bien contra el mal. Asimismo, hay uno que otro momento emotivo, que estamos hablando de personajes entrañables y que ya tienen sus seguidores hace rato, tan bien caracterizados, que resulta imposible no sentir en carne propia sus alegrías y penas.
      Queda claro, espero, que estamos hablando de una temporada superior a su predecesora, si bien para mucho la mejor es la primera (quizás más bien por la novedad, que significó en su momento, que esta otra tiene hartas virtudes a su haber como para hacerla inolvidable). Igual habría sido genial, volver a ver a la hermana de Once y al grupo de esta; quizás en un futuro cercano, podríamos tenerla de vuelta y donde se pudiera profundizar, el tema de los chicos con superpoderes.
       Por último, si no se habían dado cuenta o aún no ven esta temporada: tras los créditos viene una importante escena, que da luces sobre el verdadero destino de uno de los protagonistas.


                                                                Tráiler de la tercera temporada.

domingo, 28 de julio de 2019

Nunca es tarde para ser feliz


1. El libro y su argumento.

     En 2017 aparece la que sería la novela número 16 de Isabel Allende, Más Allá del Invierno, tras un montón más de obras publicadas (y las primeras de ellas, lamentablemente, no reeditadas y entre las que encontramos títulos de literatura infantil, periodismo y teatro), que implican cuentos y memorias. 
     El libro transcurre en 6 países diferentes, 3 de ellos bastante importantes para ella, por formar parte de su propia historia personal: su patria, Chile, el país que la acogió durante su auto exilio para escapar de la dictadura de Pinochet, Venezuela y, por último Estados Unidos, su actual hogar hace al menos dos décadas. Sobre el último país del mundo ya había escrito varias veces, ya sea en sus ficciones como en sus textos autobiográficos y lo mismo sucede con la nación norteamericana; solo Venezuela, por fin, tiene cabida en sus historias, que en todo caso la parte del libro transcurrida en ella no puede ser más autoreferente: y es que los escritores, como el resto de los artistas, toman como materia prima de sus creaciones lo que conocen por medio de su propia experiencia.
      Por otro lado, nos encontramos con Guatemala, pequeña nación tercermundista latinoamericana, en la que transcurre buena parte del libro y de donde proviene una de las coprotagonistas de la trama. Asimismo, México también está presente en el relato, que completa el duro periplo del personaje mencionado.
     Luego nos encontramos con Brasil, otro país del continente y que ya antes había sido abordado por la autora (En La Ciudad de las Bestias), con lo que queda expresado una vez el amor e interés de la escritora, por tales culturas llenas de magia verdadera y cercanas a su mismo país.
      El argumento de este texto, en pocas palabras, aborda el encuentro de tres sujetos supuestamente muy diferentes entre sí en Nueva York, durante una terrible tormenta de nieve y que tiene a todo el mundo aislado, menos a ellos; pues gracias a la catástrofe natural, sus propias soledades por fin encuentran alguien a quien considerar realmente un igual. Paralelo a la aventura que les toca vivir juntos, se nos van revelando los pasados de estos 3 futuros amigos entrañables, lo que abarca años y décadas, en el caso de los más mayores, y un montón de personajes secundarios atractivos, entre la misma historia e idiosincrasia de sus pueblos.

Edición rusa.
2. Los personajes.

a) Lucía: Una madura mujer de unos sesenta aproximadamente, intelectual y chilena residente en Estados Unidos. Tras una serie de vivencias de interés, entre curiosidades y desgracias que no solo la atañen a ella, sino que a su propia familia, llega a este lugar para tener una nueva oportunidad (que tal como dice muy bien El Hobbit de Tolkien: el camino sigue y sigue).
      Pese a las caídas por las que pasó (que nadie es perfecto), es una persona auténtica, extrovertida y alegre. El amor de su madre y de su hija dejan constancia, sin dudas, de cómo el paso por nuestras vidas de quienes nos rodean nos marca positiva...o negativamente.
      A lo largo de su viaje personal, vamos descubriendo (o más bien van, descubriendo los lectores no chilenos) la misma evolución de su patria, desde el sueño frustrado del gobierno socialista del presidente Salvador Allende (la llamada UP, Unidad Popular), a la tragedia nacional del Golpe de Estado de los militares y el gobierno dictatorial de Pinochet, pasando por los primeros años de la vuelta a la democracia (en total, casi las 3 últimas décadas del Chile del siglo XX); de este modo, podemos ver cómo la historia de un pueblo se refleja en la de sus conciudadanos.

b) Richard: El "gringo" y único varón de este trío, es un profesor universitario de la misma edad de Lucía, su colega y casero (pues le arrienda el sótano de su casa). Su relación con esta nunca llegó a la verdadera familiaridad, hasta que la inesperada llegada a sus vidas de una chica muy especial, los une para siempre y le ayuda a desprenderse de una vez, de la carga que llevaba tras un montón de culpas, producto de sus pésimas decisiones.
      De entre los 3 coprotagonistas, es quien más karma posee y el más infeliz. Sin ser una persona malvada, al menos sí es mucho más responsable del hoyo en el que se haya metido. Por todo esto, es que podríamos decir que la oportunidad que se les presenta a sus compañeras y a él, es en su caso la que logra transformarlo con mayor notoriedad...Así que el llamado a volverse un pequeño héroe y crecer, puede venir en cualquier momento.
    Las cuitas de este sujeto nos pueden recordar a las del protagonista de El Plan Infinito, primera novela de la autora ambientada en Estados Unidos y que estaba inspirado en William Gordon, el marido que tuvo Isabel Allende en tal país hasta no hace mucho (que también harto nos contó de él y su familia en La Suma de los Días).  Sin embargo, al tratarse esta obra de una mujer y un hombre que se encuentran en este periodo de sus vidas, una chilena y un estadounidense justamente, bien podría decirse que algo debe haber en él de su actual pareja y a quien dedica esta novela: Roger Cuckras.

c) Evelyn: La más joven del trío, a lo más debe tener unos 20 años. De nacionalidad guatemalteca, creció y vivió sus primeros años en una humilde aldea, junto a su abuela y sus dos hermanos varones. La pobreza y la religiosidad de su gente están presentes en las páginas dedicadas a su persona, así como la vasta naturaleza que rodea a su gente; pero también nos es permitido ser testigos, como lectores, de la terrible violencia que impregna a su país, marcada por las bandas que incluso llegan a hacerse temer por el poco asertivo gobierno guatemalteco (las llamadas maras).
      Personalmente, los flashback dedicados a esta mujercita en apariencia tan insignificante e introvertida, fueron los que más disfruté de mi lectura, gracias a lo que aprendí a través de ellos, así como de la inclusión de los mejores personajes secundarios del libro: su valiente abuela (personaje característico en la narrativa de la autora), un sacerdote español que lleva años en la aldea de la muchacha y una doctora “protestante”…Estos 3, otra tríada que nos recuerda a la principal de la historia; aunque contrastando con ella, por tratarse de personajes que ya son felices, tras haber abrazado hace rato la vida sencilla y aceptados a sí mismos (camino que aún le toca por recorrer a los coprotagonistas, si bien Evelyn, por su corta edad, es la que menos se demorará en encontrar el equilibrio).
     Por otro lado, es a través de este personaje que aparece, de manera sutil, en la narración el llamado realismo mágico (obras que tienen elementos sobrenaturales por medio de uno que otro detalle, en medio de una ambientación cotidiana, ya sea en el presente o en el pasado), subgénero literario caro a Isabel Allende desde su ópera prima “adulta” La Casa de los Espíritus, si bien la obra que hoy nos reúne, más bien se acerca a otros tipos de literatura.

Edición alemana.

Otros temas:

    El hermoso y poético nombre del libro, está inspirado en una cita textual del Premio Nobel de literatura Albert Camus:

     “En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible”.

    Como ya habrá quedado claro con lo expuesto más arriba, los 3 coprotagonistas han tenido que pasar por muchas vicisitudes y si bien hasta el momento se podría decir que Lucía, de todos estos, es quien tiene mejor “pasar”, solo una vez que sus caminos se encuentran comienza una verdadera nueva vida para todos ellos.  Si el dolor es inherente al ser humano, también lo es la capacidad para sociabilizar con otros y compartir aquello que nos hace más frágiles, así como darnos la posibilidad para encontrar la felicidad en esta misma comunión.
     Cabe destacar que como sucede muchas veces con varios escritores, sus personajes van a la par con su crecimiento y experiencias, esto es, se van pareciendo cada vez más a sus creadores.  Es así que tal cual sucede con Lucía, periodista, escritora, otrora exiliada y con una figura materna muy fuerte en su vida (tal como la propia Isabel Allende), tenemos a esta y a Richard, como dos adultos mayores que a sus años siguen tan intensos y llenos de vida como antes (si bien el gringo, todavía debe terminar el “largo invierno” de su vida, para romper el estancamiento y volver a encontrarse con una renovada primavera); de este modo, hay una historia romántica entre medio y con ello viene el tema del sexo entre gente de tal edad, lo que aborda la escritora con naturalidad para demostrarnos que la vida continúa y solo se es viejo en la medida que se pierden las ganas de seguir disfrutando.
     Nuestra artista lleva años ya incursionando en varios géneros literarios: De la literatura infantil y el teatro de sus comienzos, se hizo famosa internacionalmente por medio del mencionado Realismo Mágico, luego pasó a la autobiografía (o los libros sobre memorias) e incluso incursionó en lo más inaudito, como los libros de recetas (Afrodita, que en todo caso es una obra con elementos autobiográficos); con posterioridad abrazó la narrativa histórica, para pasar a la juvenil e incluso acercándose por ahí a la ciencia ficción, a través del primer tomo de esta saga suya para adolescentes (La Ciudad de las Bestias); por igual con El Cuaderno de Maya, se acercó a la novela policial, lo que fue en mayor medida abordado en El Juego de Ripper (que lo tengo hace rato, si bien aún no lo leo)…Y todo este breve repaso por la carrera literaria de Isabel Allende, para referirme a que en este libro, la novelista regresa más o menos a la intriga que la acerca al subgénero policial, todo a partir de un cadáver cuyo misterio ronda a lo largo del libro y que luego nos lleva al tema de las mafias y el tráfico de personas; gracias a todo esto, la Allende, nos demuestra su versatilidad para moverse con soltura en las aguas de un estilo y otro, con lo que queda en evidencia su madurez y evolución como narradora, quien en su momento fue tildada de “copia barata” de Gabriel García Márquez y muy despreciativamente como “escribidora” por su compatriota Roberto Bolaño.
     …Y por cierto, un motivo más para amar a esta escritora, en determinado momento deja expuesto su compromiso social con la actualidad al referir de manera crítica y reprobatoria a la política racista del presidente Donald Trump, tal como ya lo hice en La Suma de los Días con Bush Jr. (así que ya es la segunda de mis autores favoritos, luego de Stephen King, en oponerse públicamente al gobierno de ese hombre).


Ediciones italiana y gringa.

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