domingo, 18 de septiembre de 2016

Algo más que un mero recuerdo.

Junto a mis papás al cumplir los cinco años, más o menos en la época del recuerdo que hoy comparto con ustedes. 

      Hay ocasiones en la vida de cada uno, en que ciertos sucesos se convierten en los hilos fundamentales que rigen el resto de nuestros días.  Es un antes y un después de lo que hemos vivido, que deja una línea divisoria respecto a lo que nos pasó en aquel acontecimiento.  Algo que nos ha marcado tanto, que nos llega a definir para bien o para mal y que deja huella en quiénes somos.  A veces puede ser un hecho complejo, como un viaje o una tragedia, otras algo que a simple vista parece tan sencillo, pero que en su momento tuvo la fuerza suficiente de convertirse en un momento decisivo en la construcción de quiénes somos.  De igual manera existen personas que pasan a nuestro lado, que a veces caminan solo un tiempo junto a nosotros y otras que continúan en el presente a tu lado y sin embargo en cualquiera de los dos casos, son fundamentales para tu propia idea de la felicidad.  En mi caso, como en el de mucha gente a mi edad, tengo muchos de estos recuerdos fundamentales, así como mantengo en mi memoria y en mi circunstancia actual a gente así de valiosa.
      Hace tiempo ya, cuando estaba en la universidad, un profesor nos explicaba la teoría de la Neurolingüística, que afirmaba que el cerebro se podía programar igual que una computadora.  Hoy en día lo que más me llama la atención de dicha disciplina, es que se afirma bien en la vieja idea compartida por tantas culturas, de que definimos el mundo en cuanto ocupamos las palabras que nos ayudan a modelar la realidad; pues además tal como lo dicen los judíos, las palabras son sagradas y tienen poder (En el principio era el Verbo, Juan 1).  Volviendo a aquel día, el profe afirmó que lo que nos hayan dicho o lo que nosotros digamos a los demás, puede causar tal efecto que quede una huella imborrable en uno y en otros…
      …Entonces tuve una epifanía, que me impactó tanto que no dudé en compartirla con el curso.
       Hace muchos años atrás, también por allá en el siglo pasado, aunque esta vez en los albores de mi paso por esta tierra, cuando tenía cerca de cinco años, me pasó algo que bien viene a ser uno de estos momentos claves de los que les cuento.   Estaba con mis papás y de seguro con mis hermanas Jenny y Mabel, también en aquel entonces menores como yo, viendo una noche de sábado una película juntos por televisión.  El filme era un culebrón y la verdad ignoro cómo se llamaba, sin embargo era la típica historia de “basada en un hecho de la vida real”.  Como mi memoria es frágil, ignoro hasta qué punto la síntesis que les daré es correcta.  De igual manera si alguien me pudiese dar más datos sobre esta obra (su nombre aunque sea), se lo agradeceré con todo mi ser.
      Era sobra una familia con problemas económicos, con muchos hijos pequeños de por medio, que se enfrenta a la dura prueba de que a la madre, quien era el verdadero sustento de todos, se le había declarado cáncer terminal.  El papá era un alcohólico, así que más bien era un lastre para los demás.  Ante la eminencia de la catástrofe, el hermano mayor (a lo más un adolescente) toma la decisión de que tras morir su progenitora, buscarle por su propia cuenta a cada uno de sus hermanos una familia de acogida, que los pueda cuidar y darle el mejor de los futuros posibles y que con las posibilidades actuales sería muy difícil conseguir; y lo más importante, que no les faltara amor.   El muchacho logra su objetivo, si bien ello implica que al final se queda solo junto al débil patriarca, ya que a su edad nadie quiere acogerlo.
      Y tras terminar de ver todo esto, me pasó algo que nunca antes había experimentado a tan tierna edad: Me puse a llorar sin un motivo aparente.  Era un sentimiento tan profundo, algo que nacía desde el interior más hondo de mí, que no podía dejar que ese manantial de emociones que no comprendía se acabara.  Las lágrimas salían de mis ojos y mi cuerpecito se agitaba de una manera inusual, por algo que no era la típica congoja debido a que me hubieran retado o sufriese el dolor físico de una rodilla o de un codo pelados, por las acostumbradas caídas de los juegos infantiles.  Era algo completamente nuevo para mí.  Supongo que a quienes me rodeaban les llamó la atención mi reacción (¡Es increíble, mientras rememoro esto no dejan de humedecerme los ojos y de moquearme la nariz!).
      Y así fue que gimoteando le pregunté a mi papá:
      - ¿Por qué estoy llorando? ¡Si esto no es algo que me ha pasado a mí!
      Estaba desconsolado, me habían sacado por completo de mi frágil equilibrio emocional.
      - Porque tú no tienes el corazón de piedra.- Fue la breve, aunque significativa respuesta de mi querido papá (quien ya hace años dejó este mundo, aunque no por ello dejo de sentirlo a mi lado o tal como dijo la inolvidable Luna Lovegood a Harry Potter en Harry Potter y la Orden del Fénix: "Lo que perdemos al final siempre vuelve a nosotros... aunque a veces no del modo que esperamos").
      Era muy pequeño, inexperimentado y tampoco muy brillante ille tempore como para entender cabalmente esa sencilla, aunque antigua metáfora (tampoco digo que ahora sea un genio).  No recuerdo si mi papá me la explicó, pero en mi inocencia algo de luz me llegó a la conciencia de las palabras y sin verbalizar pude saber qué me quiso decir.
      Tengo hartos defectos, no soy un santo, hedonista como yo solo y mañoso, también cuando me enojo exploto (quizás por eso tal vez me gusta tanto Hulk, porque bastante me siento identificado con él y con el pobre Bruce Banner), no obstante algo que rompe todas mis defensas es ver a gente sufriendo, más si la conozco; de modo que no puedo evitar querer consolarla y prestarle apoyo.  A ello se suma la misma educación religiosa que tuve de niño y adolescente, pues en el colegio en el que estudiaba, estaban las Hermanas de la Consolación y justamente ese era su carisma, que se quedó conmigo.
      Volviendo a esa noche de sábado, me alegro que mi papá que era bien machista para sus cosas, nunca me hubiese negado diera rienda suelta a mi parte más sensible.  Mi mamá tampoco.  Supongo que ellos bien sabían quién era su hijo.  Por esto mismo, nunca escuché de ellos eso de “Los hombres no lloran”… ¡Una soberana estupidez!
      Desde aquel entonces mi llorómetro, como bien le puso un amigo que me conoce media vida, ha marcado alto innumerables veces.  Y como apasionado por el arte que soy, me basta con ver cualquier buena película o serie, leer un libro o un cómic valiosos para mí y que me toquen las telas del alma, o una melodía que me sobrecoja, como para que una vez más salga de mi interior ese niño, que aquella vez pudo apreciar la belleza y el sentido más allá de su propia inmediatez.
     Vuelvo a leer este texto mientras lo reviso, para que no me salga tan torpe la pluma y me pregunto qué tan cursi será, qué tanto difiere de las “ñoñeces” que acostumbro publicar.  No importa, lo he escrito para mí y para mis más cercanos, en especial a aquellos que conocieron a mi padre (¡No puede ser, nuevamente estoy llorando!) y que llegaron a sentir su amor por mí.  Esto es parte del legado que me ha dejado y que hoy comparto con ustedes.
Cinco años después
(la niñita que sale sonriendo al lado de mi papá es mi hermana menor, Jenny,
quien luego sería la mamá de mis regalones Amilcar y Brunito).

viernes, 16 de septiembre de 2016

Mucho cómic, mucha ciencia ficción.


       La segunda serie dedicada al “Hombre vivo más veloz del mundo”, The Flash, fue sin dudas uno de los grandes estrenos de octubre de 2014 en la televisión.  Ello gracias a potentes guiones, personajes carismáticos, efectos especiales que para nada le deben envidiar a las grandes producciones hollywoodenses y en general una primera temporada solvente de principio a fin (algo que bien le faltó en su momento al programa que le dio la oportunidad de crecer: Arrow).
       Pues tras el emotivo desenlace que abrió la puerta al llamado Multiverso, con la posibilidad de (52) tierras distintas, la introducción del también importante concepto de la Fuerza de la Velocidad y más encima la heroica muerte de uno de sus queridos protagonistas, la vara estaba bastante alta para sus creadores… ¡Y bien que lograron superarse a sí mismos en este segundo año de vida.
       Si el gran villano fue toda una sorpresa, en  la medida que se fue descubriendo capítulo a capítulo su verdadera naturaleza, el de esta ocasión no podía quedarse atrás.  Teniendo en cuenta que tanto el Flash Reverso (el “malo” de la primera temporada) y Zoom en el cómic en la práctica usan el mismo traje, con los colores invertidos del Velocista Escarlata, los responsables tuvieron la genial idea de diferenciar a uno del otro por medio de su aspecto; de este modo Zoom parece utilizando una prenda negra, casi orgánica y una máscara aterradora que le otorga un semblante o bien fantasmal o bien demoniaco.  Por otro lado, tal como queda consignado en los episodios, Zoom es mil veces mucho más peligroso y poderoso que el anterior rival.
Zoom.
        En las historietas fue a través de la famosa (y preciosa) novela gráfica El Flash de dos Mundos de los sesenta, que se usó por primera vez en DC la idea de que existen alternadamente a nuestro mundo otras Tierras, con sus propios habitantes y en muchas ocasiones reflejos más o menos parecidos o distorsionados de sus superhéroes (lo que dio paso en los ochenta a los recordados elseworlds, sobre versiones alternativas de estos mismos: un Superman y un Batman medievales, una Liga de la Justicia compuesta por los animales evolucionados de la famosa novela La Isla del Doctor Moreau, etcétera).   En esta antológica narración Barry Allen conoce al Flash de la Edad Dorada, Jay Garrick, a quien consideraba ser solo un personaje de ficción de los cómics que adoraba de niño y debido a quien se puso tal nombre de batalla.  Pues a partir de dicha aventura, fue posible saltar de un mundo a otro, habilidad que por mucho tiempo solo poseían ambos Flash, debido a su capacidad para vibrar de tal manera que pudiesen abrir portales entre un lugar y otro.
        De este modo a través de la segunda temporada, los viajes a Tierra-2 se hacen parte importante del argumento central.  De este sitio llega nada menos que el propio Jay Garrick, uno de sus grandes agregados.  Asimismo aparecen un montón de villanos, entre los que destacan Killer Frost, la asesina metahumana con poderes sobre el hielo y quien  resulta ser nada menos que el doble negativo de la adorable Catlin Snow, importante amiga y aliada de Barry (espero que no se les ocurra hacer que la de Tierra-1 se vuelva malvada… ¡Que no se los perdono!).  De igual modo aparecen versiones malignas de nada menos que de Cisco y de su hermano, también venidos desde el otro lado, aunque la verdad es que me parece que son personajes inventados para esta serie, así como muchos otros que aquí se presentan.
       Quien también resulta ser bastante conocido, como villano clásico y su contrapartida femenina de superheroína, viene a ser el Doctor Luz.  No obstante los guionistas optaron porque el género de este personaje fuese femenino.  Su traje resulta ser muy similar al de los cómics y eso resulta ser un gran contento, porque en algunas ocasiones los villanos apenas usan un atuendo parecido al de sus símiles comiqueros, tal como sucede con el Mago de Tiempo, la Tortuga y el Flautista, quienes les quitan con su apariencia “normal” toda imagen propia del género  (bien podríamos decir que este es el único aspecto que mejoraría de la serie: más villanos con indumentaria propia de las historietas).
      Un villano clásico de Flash que vuelve a aparecer y que esta vez incluso llega a poseer un mejor episodio que en su debut, viene a ser nada menos que Gorila Grodd.  Es así que usando sofisticados efectos especiales, que hoy en día la pantalla chica se puede dar tal gusto, la manera de cómo lo llegan a recrear resulta más que convincente, si bien siguen haciendo que se comunique vía telepática y no hablando, algo que ojalá en su próxima participación corrijan.   No obstante lo más genial de este episodio, es que hacia su final llegamos a vislumbrar… ¡Ciudad Gorila! Con ello se abre la posibilidad de un montón  de historias, con las que podamos llegar a conocer esta avanzadísima sociedad primate.
      Gorila Grodd no es el único monstruo que aparece en esta genial segunda temporada, pues también podemos ver (y con bastante detalle) a Rey Tiburón, una criatura híbrida humanoide de entre tres y cuatro metros, que se ve increíble en pantalla.
       Otra grata sorpresa en calidad de monstruos (algo que difícilmente veríamos en Arrow), viene a ser Tar Pit, un metahumano con la apariencia de una mole de brea viviente.  En su introducción conocemos su desgraciado origen y luego su “resurrección” motivada por el clásico tema de la venganza.   Pues en las revistas este ser resulta ser muy propio de las viejas revistas pulps, bastante atractivo en su monstruosidad, y embargo  el espectador sabedor de cómics cuando lo ve por primera vez, bien puede llevarse una decepción (pues lo muestran como otro sujeto con superpoderes más)…Hasta que en su confrontación final nos regalan con su otra apariencia, calcada a la de los cómics.

Tar Pit.
         Presentado como todo un psicópata, Trickster, interpretado por el actor de culto Mark Hamill ya en la serie antigua, una vez más volvió a deslumbrar gracias al talento de Hamill (cabe recordarse que su reintroducción en la primera temporada, fue uno de los grandes hitos de ese año en la historia de la televisión).  Ante su segundo regreso, ojalá podamos tenerlo pronto de vuelta y con muchos más.  Por otro lado, este segundo capítulo suyo dio paso a que apareciera una formación de los llamados rouges, los villanos clásicos de Flash, siendo todo ello otra satisfacción para el fanático deceísta (pues esta vez tuvimos junto a Trickster, al Brujo del Tiempo y, en cierta medida, a Capitán Frío).
       Tal como se dijo más arriba, en las viñetas Flash conoció a su símil de Tierra 2 y se hicieron muy buenos amigos (con posterioridad en el universo postcrisis Jay Garrick, ya mayor, aunque completamente activo, convivía con Barry y los suyos, al igual que otros superhéroes de la Edad de Oro y quienes como él, debido a un evento místico envejecían lentamente).  Por lo tanto en el programa Jay Garrick no podía faltar y acá se transforma en uno de los secundarios más llamativos.  Su traje (menos mal) resulta ser bastante acorde al de las historietas, con un aspecto vintage propio de la década de los cuarenta (años de sus cómics originales), que además muy inteligentemente decidieron darle en su diseño a toda Tierra 2 (ya que en más de una ocasión, se puede apreciar bastante este lugar).
     La temporada anterior, uno de los personajes más sobresalientes fue Harrison Wells, el genio científico que se convirtió en el primer maestro del novicio Barry Allen.  No obstante luego de que se reveló la identidad real de este hombre y sus verdaderas intenciones, el mayor conflicto del programa por aquel entonces comenzó a avanzar, hasta otorgarle algunos de sus mejores momentos. Cabe mencionarse que el trabajo del actor a cargo de Wells, fue quizás el mejor desempeño actoral de su casting (sin menospreciar a los demás).  Por ende, tras dejarnos con la idea de que no volveríamos a ver ni a Wells, ni a Tom Cavanagh (su intérprete), esta segunda temporada nos dio la grata sorpresa de presentar al Harrison Wells de Tierra 2 y quien se conviertió en uno de los personajes principales.  Es aquí que una vez más el talento de Cavanagh se hace ver, al hacer que este otro Wells sea alguien bastante diferente del anterior (y como siempre, sus intervenciones sean un verdadero placer).
El dichoso teléfono.
      Un guiño bastante interesante a las historietas de DC, viene a ser que el Barry Allen de Tierra 2, quien para nada es un velocista, ni posee alguna otra superhabilidad, tiene un teléfono en su casa con botones para llamar específicamente a ciertas personas: Bruce (por Bruce Wayne, Batman), Hal (en relación a Hal Jordan, el más famoso Linterna Verde y uno de los mejores amigos de Barry en los cómics) y Diana (nada menos que la princesa amazona Diana de Themyscira, la Mujer Maravilla).  Ahora bien, también hay un botón para un tal Eddie, pero no lo reconozco.  De igual manera en más de una ocasión se habla de que en Tierra 2 se puede viajar a Atlantis y a su vez Jay Garrick dice que uno de sus  mejores amigos es de allá (en atención a Acuaman).
      Entre los grandes hechos extraordinarios que aquí aparecen, se encuentran los llamados Espectros del Tiempo, que la verdad ignoro si son de las historietas o una idea original del programa.  Pues estos seres de apariencia bastante fantasmal y aterradora, vienen a ser una inclusión “distinta” dentro de los guiones del programa, ya que ni buenos, ni malos en el sentido convencional de la palabra, sí resultan de temer como fuerzas vengadoras de quienes intervienen en el flujo normal del tiempo (y bien sabemos que Flash de vez en cuando hace esto).  
      Siendo que por lo general la muy famosa y extensa galería de villanos de Flash, no corresponden a sujetos con poderes sobrenaturales (ya que los místico no es el tema de sus aventuras, si bien tiene una que otra genial historia al respecto), el primero de los dos crossover con la serie sobre el Arquero Esmeralda, tiene como villano a nada menos que  Vándalo Salvaje, un inmortal.  Ahora bien, en realidad sus poderes en el cómic no son de este tipo, pero acá hicieron una interesante variación y ello fue para reforzar las primeras apariciones de Mujer Halcón y Hombre Halcón, por quienes optaron usar sus variantes mágicas (los trágicos amantes egipcios que se reencarnan una y otra vez).  El episodio concluye en Arrow y ello permite ir formando el escenario para el nuevo spin-off titulado Legends of Tomorrow, al cual se van unos cuantos personajes de The Flash y Arrow.
      En el transcurso de la primera temporada llegamos a conocer a otro superhéroe clásico, Firestorm, pues en esta ocasión sale Firestorm II, el cual también se va al elenco de la serie recién mencionada.  Lo interesante de este otro justiciero nuclear, es que uno de los dos humanos que lo componen (ya que Firestorm es la suma de la fusión de dos personas) es de raza negra y es el que en la actualidad podemos encontrar en las revistas de DC.  Pues de todos los personajes afroamericanos de esta serie, Jefferson “Jax” Jackson es el único cuya raza no fue cambiada de adrede, para ser más “políticamente correctos”.  Ahora bien, al final les salen tan bien estas modificaciones, que todo eso viene a ser un detalle sin importancia, aunque no voy a negar que encontré tirado de las mechas hacer que Irist West fuese morena (así que imagínense, cuando en esta temporada llegamos a conocer a Wally West, quien luego tendría que ser Kid Flash o Flash II, por supuesto que resulta ser de la misma raza y ya no es el sobrino de Iris… ¡Si no que su hermano menor!).  Como siempre mi “malestar” al respecto, es porque muchas veces estos cambios me parecen forzados (y solo los hace DC en sus producciones audiovisuales, ojo, que no Marvel) y para qué hacerlo si tienen sus propios personajes de valor afroamericanos y que lamentablemente apenas han sabido sacarles provecho.
       Una futura superheroína que se supone llegará a aparecer en próximas temporadas del programa, viene a ser la velocista Jessie Quick.  Pues como en The Flash acostumbran a cambiar los “orígenes secretos” de los personajes, acá le dan una génesis e identidad bastante interesante.  De este modo, cabe esperar (con ansias) saber más de esta atractiva superheroína.
      Otro personaje femenino de gran peso, que en esta ocasión hace su debut, viene a ser la preciosa y encantadora Patty Spivot, una agente de policía que se convierte durante un tiempo en la dueña del corazón de Barry. 
      Conocido por los fanáticos de los cómics y en especial de Flash, es que el actor que hace del padre de Barry, encarnó al Velocista Escarlata en el show televisivo de los noventa.  El personaje interpretado por John Wesley Shipp, la verdad es que fue desaprovechado en esta segunda temporada, lo que se evidencia cuando se esperaba que ahora por fin en libertad (tras comprobarse que no había sido el asesino de su esposa y la madre de Barry), apenas apareció en pantalla.  No obstante en el último y formidable episodio, lo vemos de una manera muy significativa, usando un traje que recuerda muy bien al que llevaba en su época de justiciero televisivo.
     Como era de esperarse, hay muchos momentos de gran emotividad en esta segunda temporada, así que el futuro espectador debe estar atento a este bombardeo de emociones que trae consigo.  Sin querer caer en el spoiler, mencionaré brevemente dos: primero la breve, aunque maravillosa, reaparición del personaje que murió al final de la temporada anterior.  Su monólogo resulta memorable y hace extrañarlo más que nunca dentro de los protagonistas.  Luego, aún con mayor carga emocional, viene a ser cuando Flash queda atrapado en la Fuerza de la Velocidad y allí debe pasar por una verdadera prueba espiritual para seguir siendo “El hombre vivo más veloz del planeta”.  En este bellísimo capítulo, llegamos a conocer más de este sitio y en él Barry se encuentra con sus “habitantes”, quienes toman la forma de sus seres más queridos para hablar con él (un recurso habitual en las historias de ciencia ficción y fantasía, como también lo podemos hallar en Contacto de Carl Sagan y con los llamados Profetas de Viaje a las Estrellas: Abismo Espacial 9). Es así que el último de estos seres que entabla conversación con nuestro superhéroe, toma la forma de su madre y resulta difícil no lagrimear un poquito durante tal escena.
     El sentido de la familia, la amistad y la lealtad, la culpa, el perdón y la redención continúan siendo temas caros a los guiones, lo que se refuerza gracias a la importancia que se le da en ellos a las relaciones interpersonales.  Queda de manifiesto que la idea de familia va mucho más allá que la consanguineidad, sino que ella está formada por todos aquellos que hemos escogido como parte relevante de nuestras vidas.  De igual manera, queda de manifiesto en esta serie, que la única manera de llegar a la plenitud es asumiendo nuestro papel en el mundo.  Por esto y más, The Flash es un programa lleno de valores y que invita a la reflexión, independientemente de toda la entretención que nos puede dar.
      La escena final del último episodio, nos deja como promesa que la tercera temporada estará inspirada en los acontecimientos de la miniserie Flashpoint.  Pues tal como en esta novela gráfica, acá Barry Allen vuelve al pasado para cambiar un importante hecho de su vida y con ello, sin proponérselo, causa una línea alterna de tiempo devastadora.  Veamos cómo retratan todo esto a partir de octubre de este año, cuando comiencen los nuevos capítulos.

El abominable...¡Rey Tiburón!

domingo, 11 de septiembre de 2016

Seamos justos con la versión cinematográfica de “Cell”.


       Luego de casi dos seguidas grandes decepciones en materias de adaptaciones audiovisuales, de algunos de mis universos ficcionales favoritos (de Marvel con la serie televisiva Agente Carter y la semana pasada no más con Star Trek: Sin Límites), preferí no hacerme muchas expectativas con la película estrenada este año sobre la novela Cell de Stephen King.  Teniendo presente que para su pesar ha recibido en general bastante malas críticas, he decidido mantener mi poca fe a lo que dicen aquellos que ni conozco y más si les pagan por ello; de tal modo que  preferí hacerme mi propia opinión, sobre esta más reciente versión de una obra de mi querido escritor preferido.
      Hace mucho que leí el libro, el cual fue publicado en enero de 2006 y de seguro lo hice en julio de ese año o al siguiente, luego de que me lo regaló mi comadrita Ledda para mi cumpleaños.  Como mi memoria es tan frágil, la verdad es que poco recuerdo de él, si bien se quedaron en mi cabeza algunos de sus mejores momentos o detalles.  En todo caso me atrevo a decir que para nada esta novela la encuentro entre las mejores de su autor, pero no le voy a negar que tiene varios puntos interesantes.  Entre ellas, que viene a ser el gran gusto que se dio King de escribir un libro sobre zombies, algo que antes solo había hecho a través de su cuento Parto en Casa; pues este es fiel devoto del subgénero; de igual manera adora La Noche de los Muertos Vivientes de George Romero, a quien le dedicó su libro Christine y de quien se hizo amigo, siendo que además el director se encargó de realizar dos de las mejores cintas en base a su trabajo literario (Creepshow y La Mitad Siniestra).  
       No obstante estamos hablando del “Rey del Terror”, de modo que sus zombies tenían que poseer su sello característico, lo bizarro y la originalidad, de modo que su origen en Cell resulta ser algo por completo distinto: son el producto de una señal de origen desconocida, que al llegar por celular a todos quienes en un mismo momento usaron tal aparato, sufrieron una especie de formateo de su cerebro que los convirtió en criaturas violentas y sin raciocinio.  Con posterioridad estos seres, en medio de un paisaje devastado tras todos los accidentes provocados el día de la catástrofe, comienzan a dar señales de comenzar a evolucionar como miembros de una mente colmena.
       Debe saberse que Stephen King en más de una ocasión ha admitido no poseer teléfono móvil o celular, porque según él no le gustan estos aparatos.  Por otro lado, al ser tales artefactos los  responsables de este singular apocalipsis de la sociedad humana, bien es posible hallarnos con una crítica a esta dependencia por la tecnología, al transformarla en una necesidad de primer nivel cuando no hasta hace mucho los celulares eran solo propios de las historias de ciencia ficción.
       El filme dirigido por Todd Williams, volvió a reunir a dos grandes actores dentro de los papeles protagónicos, John Cusack y Samuel L. Jackson, quienes ya antes habían trabajado juntos en otra adaptación de un texto de Stephen King (1408 de 2007).  Por otro lado, curioso puede ser tener conocimiento de que John en su juventud hizo un breve papel en la alabada Cuenta Conmigo (1986), considerada entre las mejores realizaciones cinematográficas inspiradas en una narración de King.
      En esta ocasión Cusack es un dibujantes de cómics, quien tras el evento con los celulares, realiza todo un periplo con la intención de hacer lo posible de reencontrarse con su único hijo, un pequeño de entre siete y diez años de edad, el cual se encontraba a kilómetros de distancia suya cuando sucedió la tragedia.  En su trayecto, que también significa escapar de las hordas descerebradas, conoce al conductor de ferrocarriles eléctricos interpretado por Jackson, quien se convertirá en su amigo y principal aliado para enfrentar los nuevos peligros de este mundo puesto patas arribas.   Estos dos conocen a otros sobrevivientes con los que llegan a cruzarse, entre los que destacan una muchacha cercana a los veinte años y un chico de extrema inteligencia, con los que los adultos llegan a encariñarse. 
      Si bien nunca llega a saberse el verdadero origen del pulso que ha causado todo,  la trama podría considerarse dentro de los terrenos de la ciencia ficción, hasta que comienza a aparecer la siniestra y muda figura de una especie de demonio con aspecto de joven “normal”, si bien demacrado, con quien sueñan todos los sobrevivientes.  Debe saberse que esta criatura se encuentra ligada al artista y además todo deja en evidencia que los mismos “locos del celular”, lo requieren a él, así como saben del paradero de su hijo.
       Teniendo a tan destacados actores en el casting, no habría porque prejuiciarse respecto a la supuesta mala factoría de este largometraje.  Se ha dicho que las actuaciones son malas ¿Cuáles? ¿Alguien osa decir que tanto Cusack como Jackson acá han hecho mal su labor? Pues para nada, incluso el histrión afroamericano nos regala uno de sus esperados monólogos, uno de hondo contenido religioso más encima, que denota el transfondo religioso de gran parte de la narrativa de S.K.   Además sumados a estos personajes de renombre, se encuentra el también veterano Stacy Keach, quien acá toma el rol de un anciano y sabio director de escuela privada, por un breve tiempo el único de los paraderos donde los viajeros encuentran algo de normalidad; es así que su papel ensalza aún más esta vapuleada película injustificadamente.  En cuanto a los personajes más jóvenes, la muchacha y el chico que en este caso toman gran relevancia, se encuentran tan bien realizados, que más de una vez llegan a emocionar sus intervenciones ante los acontecimientos dramáticos que se suceden, una y otra vez.  El resto de los secundarios tampoco queda mal, por muy escasa que haya sido su intervención en el metraje.
      Quien haya leído Cell, no puede olvidar su potente comienzo que corresponde a uno de los episodios más gores y espeluznantes salidos de la febril mente de su creador.  Puesto que el guión corrió en parte del propio Stephen King, no se le quita el cuerpo a tan potentes páginas y la masacre con la que empieza todo es escenificada con esmero.  ¡Incluso llegamos a ver al “loco del celular” que se echa sobre un perro para comérselo vivo! También aparece el cocinero loco que a diestra y a siniestra da tajos a todos con su gran cuchillo carnicero.  Gente cayendo desde las escaleras y hasta aviones estrellándose son parte de la pesadilla a la que nos invita esta película.  Por otro lado, al ser un filme de zombies (si bien sui generis) y conociendo el amor del escritor por el trabajo de George Romero, no podía faltar su homenaje a la famosa escena de desmembramiento y/o ataque grupal correspondiente a El Amanecer de los Muertos Vivos.
       Si director, productores y demás responsables hubiesen querido recurrir a recursos facilistas, sin esmerarse en hacer algo artístico y que le quitara su dimensión más épica a la historia original, habrían filmado todo en estudios.  No obstante varias veces se nos ofrecen diversos exteriores, ya sean de las calles desoladas producto de lo que ha ocurrido, como de preciosos paisajes naturales filmados con una cuidada fotografía, que son testimonio del viaje de los personajes hacia su destino.  Asimismo, las muchedumbres zombies llegan a tomar un carácter de inmensas proporciones, ya que no estamos hablando de entes aislados o grupos pequeños, sino que nos hacen ver que estos actúan en manada y a veces llegando a ser miles reunidos entre sí.
     Hay varios momentos que pueden ser considerados como los mejores logros de esta adaptación de Cell.  Ya se ha mencionado el principio, no obstante a este se debe agregar cuando se rebela el estadio, en el que yacen por la noche en un extraño letargo las monstruosidades humanas y lo que luego sucede con estos, así como con nuestros protagonistas cuando deciden deshacerse de sus enemigos.  De igual manera el segundo descubrimiento, de la evolución por la que está pasando esta nueva especie es aterrador, llevado a cabo con efectividad por Williams y compañía, lo que termina con una emotiva escena de despedida.  Cuando el personaje de Cusack logra llegar hasta su meta, resulta difícil no impresionarse ante la inmensa muchedumbre de zombies que aparecen, actuando tal cual lo que estos representan como símbolo de lo que podemos llegar a ser: prisioneros de nuestros instintos, del amor al materialismo y que en masas actuamos como bestias y sin sentido (tal cual las “barras bravas” del fútbol o los seguidores fanáticos de ideologías).
       Se trata de un filme que se torna bastante en serio todo, partiendo por su falta de humor y en especial ante la encrucijada por la que pasa el padre protagonista, quien carga con la culpa de no haber disfrutado a su hijo como correspondía, ni a su esposa; no habiendo estado además con ambos cuando se desató el Infierno en la Tierra.  De igual manera, la soledad y hasta orfandad de los personajes más jóvenes, incluyendo al rol del maquinista, los humaniza por cuanto no solo las extraordinarias circunstancias los unen, sino que mientras llegan a estar juntos se transforman en una verdadera familia.
     Quizás el único defecto que le veo a esta película (y el cual se lo perdono en todo caso), viene a ser su final ambiguo, que no deja claro qué pasó en realidad con el personaje de Joan Cusack.   No obstante no haré spoilers y dejaré que cada uno haga interpretaciones sobre qué le pasó en realidad.  Después de todo, si nadie es perfecto, una peli tampoco debe serlo para conseguir entretenernos ¿No?

jueves, 8 de septiembre de 2016

La Liga de la Justicia a través de los ojos de dos maestros.


     Entre los años 2002 y 2003 el guionista Paul Dini y el dibujante Alex Ross, terminaron su serie de novelas gráficas en edición de lujo dedicadas al universo DC, las que comenzaron en 1998 con nada menos que Superman: Paz en la Tierra y a la que le siguió en 1999 Batman: Guerra contra el Crimen.  Con posterioridad siguieron con Shazam!: El Poder de la Esperanza en 2000 y Wonder Woman: El Espíritu de la Libertad en 2001.  Pues como era de suponerse, faltaba hacer algo acerca del equipo de superhéroes más grande de todo el universo deceísta: La Liga de la Justicia.  De este modo, en 2001 apareció JLA: Orígenes Secretos y al año siguiente JLA: Justicia y Libertad.  No resulta ingrato decir que cada una de estas obras fue tan bien recibida por los lectores, como alabadas por la crítica, recibiendo más de una de ellas importantes premios, que llegaron a ser consideradas entre lo mejor de cada uno de estos personajes (tanto por la calidad emotiva de sus argumentos, bastante alejada de la típica confrontación contra villanos superpoderosos, como por la belleza perfeccionista de sus viñetas pintadas en acuarela).
       Tal como dice su nombre, JLA (Siglas en inglés de Justice League of America): Orígenes Secretos es un repaso al origen de este fabuloso grupo, pero no acerca de la amenaza que los llevó a juntarse para poder luchar contra un poder que por sí solos no habrían podido superar (ni el Starro de la Edad de Plata, ni a Darkseid en la continuidad actual).  Puesto que más bien tiene que ver con los comienzos de varios de sus miembros, que en los títulos anteriores de esta saga no habían sido considerados: Flash, Linterna Verde, Acuaman, Detective Marciano, Flecha Verde, Hawkman, Átomo y Hombre Plástico.  A cada uno de estos el tomo les torga dos páginas, que comienza en cada caso con una pequeña presentación, la que incluye el título en grandes con los caracteres antiguos del personaje en cuestión.  En algunas ocasiones, la historia de su inicio como justiciero la hace un narrador omnisciente, en otras es el mismo paladín (destacable resulta ser la presentación del siempre simpatiquísimo Hombre Plástico, tan acorde a su buen humor).
        No obstante antes de todo este repaso por la nostalgia del comiquero, emotivos puntos de vista de hombre y mujeres comunes salvados por nuestros superhéroes, le otorgan desde las viñetas iniciales una dimensión más humana a todo el relato y donde la fuerza de toda esta obra (así como las del resto de estas novelas gráficas) no radica en la espectacularidad, si no en la manera más intimista con la cual retratan a sus protagonistas (sus sueños, temores, preocupaciones y relaciones interpersonales con la humanidad que han jurado defender con su vida, aunque muchas veces no todos sepan tratarlos con justicia).  De igual manera antes de revisar los llamados “orígenes secretos”, una vez más se muestra a estos representantes del bien en distintos escenarios, siempre evitando tragedias del mundo “real”, entre catástrofes naturales y ante la maldad de personas corrientes.
        Siendo que la edición que poseo en papel de estas dos obras corresponde a la hecha por la editorial chilena Unlimited, que sacó ambos tomos con el único nombre de JLA: Libertad y Justicia, ignoro hasta qué punto un tomo termina y el otro comienza en su versión original; ya que para ser sinceros ambos empalman muy bien y al menos como quedó en la edición criolla, la gran historia comenzada en el número uno, continúa y obtiene su desenlace en el dos.  Pues luego de la crónica respectiva, la narración la toma nada menos que el Detective Marciano, considerado hasta los eventos de Flashpoint, el alma de la Liga de la Justicia en la mayoría de sus encarnaciones.   Quien es llamado J`onn J`onzz por su amigos, aprovecha de recordar (y meditar) acerca del papel de sus compañeros, a la hora de enfrentar el mal en cualquiera de sus manifestaciones, llegando a poner en evidencia lo que significan los ideales de un grupo como el suyo y lo que viene a ser la Liga de la Justicia para tanta gente: esperanza.  El cuadro se completa con unas cuantas viñetas aisladas, que homenajean algunos de los momentos claves en las revistas sobre el grupo (incluyendo la citada primera intervención de la monstruosa estrella espacial Strarro).
       Es entonces que gracias al extraterrestre verde, somos testigos de una muy particular nueva batalla de la JLA y la cual como detalle clave comienza en un humilde pueblecito africano, algo muy en el tono de los guiones realistas y de honda carga social de estos Prestige.  Pues en tal lugar los superhéroes más poderosos de la Tierra (de DC, claro), descubren un horror que bien podría acabar con la vida inteligente en el planeta.  La crisis de la que deben salir victoriosos usando todo su ingenio y valor, se complica cuando se dan cuenta que aún existe un enemigo todavía más peligroso: el propio ser humano.  Puesto que mientras hacen lo posible por revertir el peligro que tuvo su surgimiento en el Continente Negro, aparece la certeza de que el miedo y la intolerancia propios de nuestra especie, pueden ser tanto o más letales que aquello a lo que enfrentan.  Por lo tanto la trama no solo trata sobre el lado más heroico de este grupo, sino que aborda el tema de nuestra tendencia a la violencia y que bien puede convertirse en nuestro peor enemigo.  Como estamos hablando de una historia que si bien no olvida en el tapete lo peor de corazón humano, lo primordial es ensalzar las virtudes que encarnan los diversos personajes que aquí salen; por ende hacia el final solo a través de la verdad (La Verdad los hará libres, Evangelio según San Juan capítulo 8, versículo 32) y la confianza, es que por fin se logra superar la mayor tribulación de todas.
     La segunda parte de este díptico en torno a la Liga posee varios momentos preciosos, como cuando el mismo Detective Marciano se queda solo en la aldea afectada, consolando a las víctimas. Asimismo resulta memorable la pequeña aventura de Acuaman y Flash en un submarino ruso.  De igual manera la intervención de los superhéroes ya mencionados, aparte de varios más como Metamorfo, Zatanna y Canario Negro (¡Ídolas estas dos!) para repeler el caos que está ocurriendo en el mundo, debido al descontrol de los civiles, es algo que no deja de cautivar.  Por último, la reunión de los superhéroes en la ONU, dando un verdadero ejemplo a los líderes del planeta, resulta ser un llamado final al raciocinio y a actuar anteponiendo al instinto primitivo, lo más noble de cada uno de nosotros.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Con gusto a poco.


     Luego del éxito de la segunda parte de la ahora trilogía del reboot cinematográfico de Star Trek, en 2013 con Star Trek: En la Oscuridad, las ganas de ver más acerca de esta actualización de la franquicia se hizo mayor (y en especial por los fanáticos de la saga, que quedaron -quedamos- fascinados con la gran cantidad de sorpresas y guiños a las clásicas intervenciones de su anterior etapa).  Pues la vara había quedado bastante alta con los dos estrenos en plan precuela sobre el Enterprise y su heroica tripulación liderada por el Capitán Kirk, junto a sus inseparables amigos el Señor Spock y el doctor “Huesos” McCoy, sin duda uno de los mejores tríos en la crónica del cine y la televisión y quienes junto al resto de los emblemáticos personajes de estas historias, han llegado a conseguir gran popularidad desde que hace medio siglo nacieron de la imaginación de Gene Rodenberry.  Pues todo iba bien gracias al virtuoso trabajo del hoy nuevo Rey Midas de Hollywood, J. J. Abrams, quien se encargó de dirigir las dos primeras cintas, apoyado tanto por jóvenes actores que lograron emular a sus predecesores, como gracias a guiones convincentes en los cuales lejos se podía apreciar un claro conocimiento de las reglas de la ciencia ficción (bajo la mano de Roberto Orci y Alex Kurtzman, viejos colaboradores del cineasta, quienes como este sin duda dejaron claro su amor hacia Star Trek y este tipo de ficciones).  Por lo tanto todo el mundo esperaba más de este equipo, hasta que Abrams nos “traicionó” y se fue nada menos que al otro bando, a relanzar Star Wars, dejando un precedente inesperado tras pasar de una ficción más sofisticada a otra propia de la matinee y la space opera, a sabiendas de la ya vieja confrontación entre seguidores de una saga y otra (con irregulares resultados en todo caso, puesto que nadie puede negar que su Episodio VII, resulta ser una copia descarada del Episodio IV de George Lucas).
     Es así que ante el éxodo del director, que también implicó la pérdida de tan valiosos escritores en el guión, lo más inteligente habría sido contratar a un director especializado en la ciencia ficción “de la buena” y no a alguien como Justin Lin, quien si bien ha incursionado tanto en bloockbusters como en cine independiente, no resulta ser el ideal para mantener la calidad vista hasta antes de su Star Trek: Sin Límites.  Ahora bien, hay que ser justos con Lin y este sin duda dio lo mejor de sí, puesto que no es su culpa que el argumento de su “trabajo hecho por encargo” se constituyera en la cinta más débil de esta trilogía.  Lo anterior, debido a otra pésima decisión por parte de los productores y entre los que se encuentra el “renegado” Abrams: aprovechar la experiencia del actor Simon Pegg como guionista de sus propias películas, quien junto a otro artista coescribió el libreto para esta obra.  Debe saberse que Pegg es el encargado de interpretar con mucho talento y simpatía al jefe de ingeniería del Enterprise, Montgomery Scott, siendo además un destacado comediante…Y justamente sus guiones previos corresponden a COMEDIAS, de modo que su aporte para la trama de este último largometraje de Star Trek, aporta mucho humor y nada de peso dramático y “ñoño” o al menos muy poco al respecto (de seguro el tono más serio corresponde a su compañero de labor, Doug Jung, sin embargo este tampoco consiguió mucho que digamos).
     No obstante el filme en cuestión tampoco es malo, solo que viene a ser algo livianito, que a veces pretende ponerse en el tono más profundo de los títulos que le precedieron, aunque al final solo prima en él la espectacularidad propia de un producto con presupuesto multimillonario, que solo quiero divertir y ganar mucho, mucho dinero (y sin dudas que consigue todo esto, pero vuelvo a recalcar, esta tercera entrega no es nada del otro mundo y es hasta olvidable).  Incluso podría afirmar que si cambiáramos los nombres de sus protagonistas, bien podría quedar como una película autónoma hecha por simples estándares hollywoodenses.
     Veamos de qué trata esta película.  Lo que haré de la manera más breve posible, para no caer en los despreciados spoilers.
      El Enterprise rescata a una alienígena de una raza desconocida, quien resulta ser la única de su equipo que ha logrado escapar de un malhechor, el que se ha hecho con los sobrevivientes de su nave.  Siendo que son los únicos de la Federación en estar cerca de todo esto, no les queda otra que ir en rescate de las víctimas.  Lo que no tienen idea los del Enterprise, es que quien está detrás de todo esto, posee una tecnología de ataque que en muchos aspectos los supera, llegando a condenar a la tripulación a quedar varados en un planeta inhóspito y a estar a merced de su nuevo enemigo.  Es así que nuestros héroes deben luchar ahora en otros términos con este genio criminal, quien anda detrás de una antigua arma genocida y que desea usarla nada menos que en contra de la Federación.  Para conseguir sus objetivos, Kirk y compañía encuentran a una singular aliada, la cual es la única con los medios y los conocimientos para enfrentar a los villanos.
       La verdad es que esta cinta comienza de manera prometedora: con Kirk haciendo de embajador ante una curiosa especie extraterrestre, empresa que termina de forma bastante hilarante (y he aquí que desde los primeros minutos del metraje, se establece esta faceta más “cómica” de la película, más ligera).  Luego una narración en off de la propia bitácora de Kirk, agrega el primer elemento realmente emotivo de Star Trek: Sin Límites, al hacer referencia en primera persona a lo que significa para el Capitán y los suyos, encontrarse en medio de la ya legendaria misión de cinco años, como nave exploradora de la Federación (quizás un genial detalle que nunca antes había sido abordado en la saga, ni en sus programas televisivos, ni en sus largometrajes; por otro lado, de seguro algo hecho en especial para el llamado trekker, teniendo en cuenta lo que este periodo significa tanto para los seguidores, como para los personajes de la serie clásica de los sesenta).  A esto le sigue la sin dudas espectacular construcción espacial, en la que transcurre buena parte del argumento, una gigantesca estación espacial que desde que aparece en escena, no deja de maravillar al espectador (cabe mencionarse que tal escenario, bien pareciera una mención a la recordada “Esfera Dyson” aparecida en uno de los mejores capítulos de Star Trek: La Nueva Generación, titulado Reliquias y donde nada menos que el Scotty de la serie original intervino).
    
     Como era de esperarse, buena parte de la trama gira en torno a Kirk, Spock y McCoy, tal cual pasaba en el programa sesentero y las primeras películas (las del primera tripulación y las dos filmadas por el apóstata Abrams), desarrollando de forma muy entretenida la amistad de estos tres hombres tan distintos entre sí y que debido justamente a tal hecho, logran complementarse tan bien (y a quererse).  El resto de los personajes famosos de la nave insignia de la Federación, corre un dispar destino en cuanto a su desarrollo dentro de la trama: es así que una vez más Sulu vuelve a quedar relegado y apenas tiene diálogos; asimismo Uhura en esta ocasión comparte con el japonés, la falta de escenas y relevancia.  Por otro lado, considerando que Simon Pegg, el actual Scotty se encargó del guión, viene a ser uno de los secundarios más destacados de esta historia.  Mención aparte merece el juvenil Chekov, siendo la última participación del llorado Anton Yeltchin, fallecido hace pocos meses atrás en un bizarro accidente en su propio hogar; pues este logró filmar todas sus escenas, que son bastantes y las que lo ponen en medio de algunos de los momentos más destacados de la película.
      Y en lo que concierne a actores que hayan trabajo en este relanzamiento trekkie, no podía faltar el homenaje a Leonard Nimoy, el Spock más famoso de todos y quien estuvo en las dos primeras entregas, dándonos a los seguidores de esta franquicia, algunas de las escenas más conmovedoras  de todo Star Trek.  Dos son los instantes en que tanto actor como su personaje son recordados con honores y ello bien puede tomarse en cuenta como dentro de lo mejor de la película.  Tras los créditos finales, una vez más se le hacen los tributos respectivos, en los cuales como era de suponer, también se agregó al ya mencionado Yeltchin.
      Dentro de los personajes debutantes en este título, al menos en los que vienen a ser relevantes para el desarrollo del argumento, se encuentra la exótica y, por qué no, hermosa y sexy alienígena, que ayuda a los del Enterprise a superar la amenaza de “malo” de esta ocasión.  Jaylah, una mujer supuestamente joven y de aspecto élfico, quien sin dudas posee una personalidad encantadora, gracias a su inteligencia, espontaneidad, heroísmo, destacadas habilidades de guerrera y humor, detalles encontrados en gran parte de los protagonistas de la franquicia (incluyendo sus series).
     En cuanto al villano de esta película,  una vez más estuvo a cargo de un destacado actor, alabado por su desempeño en distintos tipos de producciones: el guapo afroamericano Idris Elba (y a quien pronto veremos como Rolando de Gilead, en la esperada y aplazada adaptación cinematográfica de La Torre Oscura sobre las novelas de Stephen King), quien acá encarna a Krall, el que sin duda queda en desventaja respecto a los malvados de las dos cintas anteriores y las de la continuidad clásica, como también aquella de La Nueva Generación.  Afirmo esto no debido a la actuación de Elba, quien está irreconocible y realiza un trabajo respetable, sino porque las motivaciones de su rol resultan exageradas y poco verosímiles, una vez que se rebela por qué razón tanto odio contra la Federación; por otro lado… ¿No se les ocurre otra cosa que el móvil de la venganza, como fuerza detonante del criminal de turno?
     Por cierto, hubo una polémica en torno al personaje de Sulu, ya que según se decía acá se ponía en tapete su homosexualidad, lo que no le gustó a George Takei, el actor que lo interpretó en la serie original y sus películas; esto porque en la vida real Takei es gay y considerando la época en la que le tocó vivir su juventud, harto le costó asumir de manera pública su opción sexual.  Ahora bien, entendible resulta que a este le haya molestado tal referencia directa (¿o indirecta?) a su persona, puesto que si ya era hora de tener en la tripulación a un personaje LGTB… ¿Por qué mejor no hacer que otro lo fuese o mejor aún, inventar uno nuevo para ello, aunque con cierto peso en la trama? Por otro lado, siendo sinceros, el Sulu de esta versión no es gay, sino bisexual y lo que más llama la atención al respecto, es que sus gustos son solo orientados a orientales como él (ya sea hombres o mujeres), lo que de por sí, en el caso de ponernos a “hilar fino” o “buscarle las cuatro patas al gato”, viene a ser racista o estereotipado.
      Si de desaprovechamientos vamos a hablar en lo que viene a ser Star Trek: Sin Límites, muchos nos quedamos esperando el regreso de la preciosa Doctora Carol Markus, quien tras el final de Star Trek: En la Oscuridad, quedó señalada como miembro de la tripulación durante esta misión de cinco años… ¡Pues se olvidaron por completo de ella y nunca, pero nunca la mencionan al menos! Debe saberse que los conocedores de la “mitología” de esta saga, bien sabemos que ella llega a ser la madre del único hijo de Kirk, gracias al romance esporádico de ambos; de este modo se perdió al menos para esta película, todo un interesante arco argumental, sobre dicha relación y que en la continuidad anterior apenas se esbozó (la que bien amerita hoy en día tener mayor relevancia).
      Luego del repaso de rigor de este reciente estreno, queda esperar que la siguiente secuela recupere el cauce perdido de la franquicia, que al menos como le ha ido bien taquilla, nos permite hacernos la idea de que pueden mejorar tan paupérrimo presente.

Este afiche está claramente inspirado u homenajea
al de la primera cinta para la pantalla grande con el reparto original. 

viernes, 2 de septiembre de 2016

Hayao Miyasaki y el Estudio Ghibli. Parte 7: El Viaje de Chihiro.



    Comienzo mi post sobre este filme de 2001, diciendo que tengo un especial cariño por él, siendo además mi película favorita de todo el estudio Ghibli y, por supuesto, de su director Hayao Miyasaki.  Recuerdo que cuando supe de ella, que había ganado nada menos que el prestigioso Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín a la mejor película, de inmediato quise verla, pues ya conocía de sobra a su director gracias a todos los otros títulos a los que les he dedicado sus propias entradas en mi blog (además, hace rato que las tenía en el por entonces aún vigente formato del VHS). 
      Era una época en la cual Internet aún no se masificaba por acá y la única manera de conseguir este tipo de estrenos, que ni siquiera se pensaba en que fuesen estrenados en los cines nacionales, era a través de copias piratas en el mercado “informal”; cuando los DVD importados que llegaban por aquel entonces, eran o bien escasos o bien caros.   De este modo la primera versión que tuve de esta cinta, fue en el ya olvidado formato del VCD, alternativa barata de esos años para el DVD ¿La recuerdan? Y lo que significaba que las obras de más de una hora de duración, estuviesen contenidas en mínimos dos discos. 
     Luego para mi sorpresa, en un evento de anime que se hacía semanalmente en una sala de cine arte, exhibieron esta película que por entonces solo la conocía con su nombre en japonés, Sen to Chihiro, exhibida en su lengua original y subtitulada al castellano (tal como la tenía en digital para verla en casa).  Ante la oportunidad de apreciarla en pantalla grande, no dudé en repetírmela con una mejor calidad que la que yo poseía.  Fue una hermosa tarde otoñal de sábado, bastante fría, en que asistí a la función junto a mi querido amigo Marcelo López,  a la que nos acompañó además una amiga suya (cuyo nombre ni me acuerdo); todo esto fue antes de una junta de nuestro grupo de Acronía, razón por la cual recuerdo con mucha nostalgia esa ocasión.  Meses después como algo inaudito, la exhibieron comercialmente en mi país y esta vez doblada, de ahí a que se conociera acá como El Viaje de Chihiro.
      Con el tiempo me la conseguí en DVD pirata y ahora solo me falta comprármela en blu-ray original, para completar mi colección de Miyasaki en este formato (bueno, también me falta ver y tener El Viento se levanta, que no supe que existía hasta que comencé esta serie de entradas).
Así se llamó la película en su versión al inglés.
     Dejando de lado los recuerdos, me paso a contar de qué trata esta preciosa obra.   Chihiro es una niña común y corriente, que no destaca ni por una personalidad extraordinaria, ni por tener talentos sobresalientes, inteligencia o belleza; de hecho, incluso se puede decir que es una chica con bajo autoestima e infeliz, en especial porque se ve obligada a seguir a sus padres en el cambio de casa y que le significa dejar atrás a sus amistados y a todo el mundo que ya conoce (y que le dan seguridad).  Esta descripción de la protagonista, es posible hacerla en comparación con el resto de los personajes femeninos de Miyasaki, de otros filmes suyos, y con lo que se puede observar con su comportamiento en los primeros minutos de esta cinta (se queja todo el rato, se autoconpadece, etc.)  No obstante su vida da un giro de 180º, cuando sus padres se encuentran perdidos en lo que viene a ser su viaje al nuevo hogar, llegando a un bosque del que nada saben.  Pues en este lugar hay una especie de túnel y tras pasar por él, hayan un pueblo aparentemente deshabitado; aquí encuentran una especie de tiendas, donde hay todo tipo de suculenta comida, la que devoran sin vergüenza sus progenitores.  Lo que no tienen idea, es que las delicias pertenecen nada menos que a los dioses (quienes siguiendo con la teología sintoísta del director/guionista, una vez que aparecen en escena, corresponden claramente a manifestaciones de la naturaleza), por lo que han cometido sacrilegio y lo que por supuesto les traerá el correspondiente castigo.  Como la comida es preparada por la bruja Yubaba y su enorme corte de ayudantes no humanos, quienes trabajan atendiendo a las deidades en el “spa” que pertenece a la hechicera y donde van a vacacionar dichas entidades, le toca a Yubaba efectuar la condena.  Esta no puede ser más simbólica, ya que los convierte en cerdos carentes de todo uso de razón (cabe recordarse el amor del sensei por estos animales, si bien en este caso no poseen las connotaciones más o menos positivas de su cerdo más famoso: Porco Rosso).
     Mientras tanto la pequeña es testigo con horror de lo que le ha pasado a su familia y ante ello se va a la enorme casa de baños termales de Yubaba, para pedirle trabajo durante el periodo en el que trata de hacer lo posible, para hacer que sus mayores recobren la normalidad.  En todo esto es ayudada por Haku, un agradable chico cercano a su edad, quien trabaja para la bruja y el cual esconde más de un secreto, si bien se trata claramente de alguien que solo quiere lo mejor para la niña.  La horrible mujerona que viene a ser la bruja, accede a darle hospicio a la chiquilla, siempre y cuando esta se vuelva una de sus empleadas; no obstante como Yubaba es sin dudas un ser manipulador, le exige otra condición a la joven: robarle su nombre, con lo cual será su dueña hasta que ella misma acceda a liberarla de su encantamiento.  Es por esta razón que reduce el ideograma japonés de su nombre a la mínima expresión (algo intraducible en español), por lo que solo le queda ser conocida como Sen.  Teniendo en cuenta el valor que le dan a los nombres muchas culturas, los cuales para varios pueblos poseen connotaciones mágicas, al hacerse dueña de ello Yubaba, le quita su derecho de nacimiento y alma. 
    No obstante es a raíz de todo esto, de que se le ha negado su humanidad y debe valérselas siendo tan indefensa entre seres sobrenaturales, que la ahora llamada Sen, llegará a convertirse en una persona mucho más plena de lo que antes fue y encontrando con ello el verdadero valor de su corazón.   De este modo toda su odisea viene a ser no solo algo físico y místico, tras pasar del mundo terrenal al de los dioses, sino que también se constituye en el camino interior, que significa la iluminación personal, el crecimiento espiritual y la redención.  Por lo tanto la patética Chihiro, ahora Sen, del principio de esta película hasta llegar a su poética conclusión, ya no es la misma persona y eso es uno de los puntos más hermosos de este título: pues podemos llegar a ser mejores personas, tras aprender de las duras pruebas de la vida y, por otro lado, debemos saber que nunca estamos solos.
      Siendo que los personajes principales de esta preciosa historia son Sen y Haku, los secundarios se encuentran sin duda entre los más maravillosos y entrañables de buena parte de la filmografía del cineasta.   Teniendo en cuenta que Yubaba se muestra desde un principio como la “villana” de esta película (quien como luego quedará demostrado, sí es capaz de amar), destaca su impresionante figura monstruosa, como una mujer inmensa y gruesa, de gran cabeza con rasgos desproporcionados (especial atención a su gran nariz, tan característica de las vieja imágenes de las brujas narigonas y con verruga); es así que esta apariencia suya, representa sin dudas su corazón mezquino y, por supuesto, que infunde temor.  Debe saberse que su nombre está inspirado en un legendario personaje del folclor ruso, la ominosa bruja Baba Yaga.  Asimismo la malvada hechicera tiene su propio secreto: posee una hermana gemela, también una poderosa bruja, llamada Zeniba.  Pues la una es el opuesto de la otra, tal cual el reflejo en un espejo, ya que esta otra resulta ser una mujer dulce, sabia y sencilla, quien en vez de vivir en la opulencia de su gemela, prefiere hacerlo en una preciosa casita aislada en medio de un bosque.  No puede dejarse de mencionar cómo cambia la expresividad entre las dos hermanas, ya que mientras Yubaba evidencia su pobreza espiritual en sus duros rasgos, Zeniba encarna la dulzura de su ser en varios instantes de su intervención.
    
     Por otro lado, nos encontramos con el hijo de Yubaba, Bo, un inmenso bebé parlante que en un principio se muestra como el evidente vástago de su madre: un pequeño consentido y falto de empatía, quien solo piensa en su propia satisfacción, sin importarle los demás.  Este es acompañado por tres igualmente monstruosas y gargantuescas cabezas saltarinas mudas, supuestamente también de naturaleza agresiva, quienes lo cuidan; a ellos se les agrega un pájaro cuya cabeza es igual a la de Yubaba.  Pues cuando aparece su tía Zeniba, de quien Bo nada sabía de su existencia, molesta por sus berrinches lo transforma en un ratoncito mudo, pero con raciocinio y al pájaro lo convierte en un pajarillo.  Es entonces que así como Sen llega a tener su propia oportunidad de crecer, Bo y el ave llegan a tener su epifanía, al punto de que de ser sujetos desagradables, aprenden humildad y llegan a hacerse simpáticos (incluso sin tener que usar palabra alguna, algo que solo puede conseguir un maestro como Miyasaki, otorgándole esta humanidad a los personajes más inverosímiles).
     Luego nos encontramos con el personaje más famoso y carismático de este filme: Sin Cara.  Otro ser que pese a ser de igual manera mudo, no puede ser más expresivo, despertando en el espectador compasión ante su soledad y todo el proceso que pasa a lo largo de esta cinta: de ser un sujeto tímido y un paria entre los suyos, se vuelve alguien corrompido por las satisfacciones banales de la “fama”, ante su deseo de pertenencia y encontrar a alguien para quien ser necesario, hasta que nuevamente recobra la cordura (si bien gracias a la propia Sen)  De este modo Sin Cara viene a ser otro personaje que evoluciona, hasta encontrar su verdadero lugar en el mundo (y en todo esto, en la conversión de todos estos, un papel fundamental viene a ser nada menos que el amor, el que dignifica y los heroíza según corresponda). 
      Esta película quizás posea algunos de los momentos más hermosos y liricos del cine de Miyasaki para Ghibli, tanto en el plano argumental como en el estético (esto último, referido a los aspectos visuales).  De este modo se pueden mencionar la escena en la que Sen por fin logra desahogarse, tras pasar al mundo de los dioses, con lágrimas que le permiten comenzar a encontrar las fuerzas necesarias para sobrevivir en ese lugar; de igual manera resulta inolvidable cuando Sen debe socorrer a un dios acuático por su propia cuenta y las consecuencias que ello trae; lo mismo viene a suceder con la persecución de Sin Cara a la niña, ahora transformado en un monstruo; en el mismo tono, destaca el enfrentamiento entre Haku y la magia de Zeniba, con lo cual Sen descubre la verdadera apariencia de su amigo; la intimista visita a la casa de la propia Zeniba, resulta sin dudas bastante emotiva, en parte gracias a la cuota de ternura que le otorga la bruja buena a la trama, a la vida de Sen y a quienes la acompañan en su periplo.  Por último la liberación de Haku del hechizo de Yubaba, a más de uno de seguro debe sacarle una que otra lágrima (debo confesar que este momento vez que lo veo, me sobrecoge). 
      No se puede dejar de lado el detalle de la ambientación totalmente nipona de esta cinta, partiendo por la protagonista y sus padres, cuyos rostros orientales son propios de este pueblo, siendo además japoneses del mundo moderno y actual, lo que no es gratuito en lo que concierne al argumento.  Lo anterior queda declarado, porque cuando pisan la tierra sobrenatural, lo hacen en un sitio cuyas edificaciones son a la usanza del Japón tradicional, siendo que además sus habitantes visten con ropas costumbristas del país.  Esta oposición entre el Japón actual que ha olvidado sus raíces (recuérdese que los padres comen sin respeto alguno el banquete de los dioses) y el mundo ancestral y/o espiritual, convergen en la figura de Sen y quien solo logra salir de su miseria, cuando con su conducta hace suya toda esta experiencia por la que pasa.
   El final de todo si bien puede ser considerado como “feliz”, escapa a los convencionalismos hollywoodenses; pues se trata de un desenlace tal como nos tienen acostumbrados los fabulistas japoneses, con historias más grandes que la vida y sin caer en el discurso moralista facilista, sino que al contrario, invitándonos a la más honda reflexión.
      El bello espectáculo para los sentidos y el alma que viene a ser disfrutar esta joyita del cine, que es capaz de hacerse universal por los grandes temas que aborda y la belleza de sus imágenes, se completa una vez más con la música de Jao Hisaishi, quien desde los primeros segundos otorga esas melodías sublimes y que sus seguidores esperamos siempre en sus colaboraciones con Hayao Miyasaki. Por otra parte, la sentida canción de los créditos finales, cierra con bastante emotividad todo el viaje, por el cual hemos acompañado a Chihiro/Sen a largo de esta película.

Preciosa imagen del viaje hecho por Sen y sus compañeros para salvarle la vida a Haku.
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