miércoles, 20 de junio de 2018

Por el amor a Shirley Jackson y a Richard Matheson (tercera parte y final).



5- El Diario de Ellen Rimbauer (Telefilme).

     Un año después del estreno de la miniserie Rose Red, sobre un guión original de Stephen King, se estrenó en el transcurso de 2003 la adaptación televisiva de la novela precuela a esta obra.  Es así que teniendo de guionista al mismo autor del libro, Ridley Pearson, se optó por hacer una película para la televisión, en vez de una producción más larga y centrándose en la materia prima del texto, en vez de extenderla por medio de nuevo material, salido de la imaginación de su propio autor.  Pese a que esta obra no alcanza a llegar a la hora y media de duración, no deja de ser una fiel versión del volumen que la inspiró, conectándose de manera genial con los eventos transcurridos en la miniserie ya mencionada.
      Tal como sucede con la novela, este largometraje nos lleva por completo a las primeras décadas del siglo XX, enseñándonos el origen de la dinastía maldita de los Rimbauer, partiendo desde antes de la construcción de Rose Red, hasta mostrarnos su época de esplendor y de mayores terrores dentro de sus paredes.  
      Difícil resulta no comparar esta adaptación con el libro que la inspiró, más todavía si se gozaron tantos sus páginas.  Al respecto, se puede comenzare mencionando que los viajes realizados por el nuevo matrimonio protagonista, a lo largo del mundo, no se exponen con tanto detalle como en el libro, pero sí la puesta en escena destaca la significativa parada que viene a ser África y en la que se sella la estrecha fraternidad entre la protagonista y la admirable Sukeena.  Pese a que no ocupa mucho tiempo esta parte de la cinta, su ambientación y valor contrasta bastante con la belleza mortal que significa vivir dentro de Rose Red, así como el mundo urbano y “moderno” del Seattle  de aquellos años.  Solo las escapadas al barrio chino, de parte de los dos personajes femeninos principales, permitirá hacer otro cambio valioso de ambientación.
     Bien se podría decir que esta adaptación está bastante “suavizada” a la hora de presentarse a los televidentes, puesto que varios de sus elementos más escabrosos o bien están obviados o se solo se encuentran expuestos de manera implícita.  Esto sucede con el aspecto erótico dentro de su argumento, que es bastante fuerte dentro de la novela original y que no hay que olvidar que posee dos aspectos: uno monstruoso y salvaje, relacionado con la figura masculina y avasalladora de John Rimbauer y la otra, más amable y femenina de su esposa y la amante de esta. No hay duda sobre la personalidad propia de un obseso sexual del “villano humano” de esta historia, pero ello no se grafica en pantalla de manera tan directa y mucho menos se adentra el telefilme, en la extorsión sexual que hace a su propia esposa y hacia Sukeena; asimismo, la relación lésbica entre Ellen y su compañera a lo más se insinúa en el clímax.  De igual manera, uno de los mejores momentos del libro y más escabrosos, relacionado con una cobarde violación, también se minimiza bastante en la versión televisiva.  Se podría decir, entonces, que este descenso en la carga erótica, no solo viene a ser un consenso para evitar la censura y llegar a un mayor público, sino que desmejora en parte el sentido dramático del libro (puesto que las perversiones de John y el amor incondicional entre Ellen y su amiga, determinan bastante la atmósfera enrarecida de la trama).  


     En contra de lo esperado, no se filmaron de la misma forma algunos de los flashbacks presentes en Rose Red, sobre el pasado de los Rimbauer (que forman parte de los acontecimientos narrados en la novela, tal como sucede con la recordada sesión de espiritismo, en el que la casa le da su mensaje a Ellen), sino que optaron por hacer una nuevas versiones al respecto.  Esto se entiende, también, por el hecho de que 2 de los 3 personajes principales fueron ahora interpretados por otros actores, específicamente Ellen y John Rimbauer.  En cambio solo Sukeena volvió a ser encarnada por la misma actriz.  Cabe destacar que para el retorcido personaje de John, se contrató a un actor mucho más joven y guapo que el que aparece en la miniserie, ya que al ser esta vez personificado por el varonil Steven Brand, se quiso resaltar su lado más animal y fatal.
     Otro aspecto que puede llamar la atención al compararse el texto narrativo y su montaje audiovisual, tiene relación con otros convencionalismos estéticos, que se hicieron a la hora de trasladar el argumento del papel a la pantalla chica.  Esto tiene que ver con la apariencia que se le otorgó a 2 interesantes féminas que aparecen en la novela: la esposa del caído en desgracia socio de John Rimbauer y la médium china a la que acude en más de una ocasión Ellen.  Pues resulta que en el texto la primera es una mujer mayor muy poco agraciada, cuyo aspecto y personalidad justifican en parte el drama de la homosexualidad conflictuada de su marido, contextualizando mejor la época y sociedad en que se ambienta la historia.  De igual manera, la vidente en el papel es una inmensa mujer obesa, que le da tanto un aire esperpéntico (como a la anterior mencionada), además de una dimensión extraordinaria, como de igual manera maternal.  Y es que en el telefilme la primera fue actuada por una bella actriz mucho más joven y en el caso de la segunda, se contrató a una mujer más menuda y de aspecto frágil.  En realidad habría sido genial que mantuvieran todo esto tal como en el papel, aunque queda claro que en los tiempos en los que se realizó esta adaptación, la televisión aún no estaba tan preparada para tales grados de efectismo (bueno, salvo honrosas excepciones).
     Y sin embargo, pese a todos los cambios que se hicieron, esta versión no deja de hacerle honor al texto que la inspiró y a la misma miniserie, que dio paso a todo esto.
     Sí se repitieron el plato el director Craig R. Baxley, quien volvió a hacer un solvente trabajo tras las cámaras y el compositor Gary Chang, dándonos hermosas melodías para amenizar esta igualmente recomendable producción.


                                                                         Tráiler.

domingo, 17 de junio de 2018

Pecados de omisión (segunda parte)

Esta es la misma portada del primer libro en la lista que comparto hoy con ustedes
y nadie puede negar que en materia de estética era harto fea.


A todos esos grandes amigos con los que he disfrutado
 tantas veces la belleza de un buen libro y de una excelente historia. 
Si me tienen que crucificar por mis "pecados de omisión",
que sean ellos por saber mejor que nadie 
de esas meteduras de pata mías:
Marta González, Ledda Gaete, María Elena Francovich,
Cecilia Navia, Valeria Quintela, Juliana Lee,
Karla Karrizo, Julio Pichuante,
Bernardita Díaz, Rosita Sepúlveda, Marcelo Brito,
Miguel Acevedo, Marcelo López, Iván Piñeyro,
Leonardo Navarro, Ricardo Ruiz y Luciano Ortega.

     Ya es el momento de abrirme otra vez a ustedes, contándoles de otros “espantosos” pecadillos de omisión de su servidor… 
      Harto que me gusta la obra de Clive Barker, desde que siendo un adolescente tuve el gusto de ver Hellraiser (por estos lares Puerta al Infierno) y este se transformó en uno de mis filmes de horror favoritos. Lamentablemente el inglés, al que Stephen tan elogiosas palabras le dedicó cuando publicó sus rupturistas cuentos gore de los Libros Sangrientos, apenas ha sido traducido a nuestra lengua y por esa razón atesoro cada texto suyo que logro conseguir.  No obstante me he portado bien mal con este, pues me he privado en 3 ocasiones la posibilidad de adquirir más obras suyas y hoy en día esas faltas me pesan sobre la conciencia bastante (¡Qué exagerado, je!).  El primer libro de este señor que me perdí de tener conmigo, corresponde nada menos que a su tercera novela, Sortilegio, otro de esos valiosos textos que nunca más volví a ver.  Un día, allá por los noventa, estaba en mi librería favorita, la Chilena, cuando casi escondido en una de sus estanterías estaba el único ejemplar de esta “fantasía oscura”, en una edición de bolsillo.  Yo ya hace rato que conocía a su autor, como bien les habrá quedado claro, así que me puse muy contento con ello; pero había un problema, la portada estaba doblada:

     - ¿Les quedan más de este libro?- Pregunté esperando una respuesta afirmativa.
     - No.

     Creo que de mis pecados de omisión, este es uno de los que más me remuerden la conciencia, porque dicha obra nunca más fue sacada en nuestra lengua y está considerada entre lo mejorcito de su autor.  Al menos aprendí a no volver a despreciar un libro “por su tapa”. 
      La segunda vez en que le hice un “desaire” a Barker, fue con una hermosa edición en tapa dura de su primera novela más o menos infantil, El Ladrón de Días, con ilustraciones suyas.  Aquella vez andaba yo por San Diego (famosa calle de Santiago de Chile, famosa por tener un montón de librerías, dedicadas a la venta de textos nuevos y usados), cuando me pasé a una tienda que tenía un montón de títulos que me interesaban, cuando me sucedió lo que ahora les cuento.  El tomo estaba impecable, sellado aún y muy barato… ¿Qué excusa tuve para no apropiarme de él? La verdad es que, a menos que me equivoque, parece que fue por el hecho de que no se trataba de una narración de “terror puro”… ¡Qué estupidez la mía! Y lo que más rabia me da conmigo mismo, es que tuve muchas oportunidades para comprarlo, si bien en la versión del mismo tamaño, aunque en tapa blanda (Más encima se lo compré a un amigo que tenía en esos años, para su cumple a manera de regalo, en vez de dejármelo para mí; pues el muy gil, que decía admirar también bastante al escritor, no fue muy expresivo que digamos, cuando recibió su obsequio que con cariño le hice.  Aquellos que comparten conmigo desde tales fechas, si es que se dignan a leer este post, a ver si lo reconocen).
     La tercera vez en que me porté mal con ya saben quién, no fue hace mucho, sino que ocurrió tan solo el 2017… ¿O fue el 2016? Como no me cansaré de decir, llevo rato ya lamentando que los editores hispanos no se interesen en sacar nuevo material de Clive Barker o de reeditar textos más antiguos suyos.  Y sin embargo, cuando tuve la suerte de encontrarme en más de una ocasión con la preciosa versión al castellano de Arabat, no la compré, porque al parecerme demasiado cara, preferí pillarla a un precio más barato… ¡Y, sin embargo, me gasto lejos mucho más plata en cada uno de los tomos inmensos Omni Gold Panini Marvel, que desde el año pasado llevo coleccionando con avidez! La verdad es que no he buscado en las tiendas esta obra (pues siempre la vi solo por azar en mis viajes), que también nos llegó acá su continuación.  Me comprometo con mi próximo sueldo solucionar esta mala decisión y ojalá no tenga que arrepentirme, otra vez, de mi torpeza.



     Mi escritor favorito es, como bien saben, Stephen King y el segundo en la lista Orson Scott Card, de quien ahora mismo estoy gozando una de sus sagas…Y el tercero, podría ser (que igual me cuesta decidirme con tanto/a escritor/a, que me seduce demasiado a la hora de disfrutar de sus ficciones), don Robert McCammon.  A este gran artista no lo he leído tanto como quisiera, que más injustamente que Barker, no ha sido tan traducido al español, como tampoco han sacado ediciones más recientes de sus viejos títulos.  Sin dudas mucho más talentoso que Clive Barker e incluso superior literariamente que Stephen King (tengo que ser sincero), los pocos libros que tengo de él, los he disfrutado como verdaderas maravillas de la prosa de los géneros del terror y la fantasía…
     Estaba en mis primeros años universitarios, en lo que llamo con cariño y nostalgia mi Edad Dorada, cuando comencé a comprar con el poco dinero que tenía libros y colecciones de otros autores.  En la calle San Diego, de la que ya les he contado, específicamente en la Plaza Diego de Almagro, donde hay varios kioscos dedicados al fino mercadeo de literatura, había en una esquina un puesto en el que un caballero muy amable vendía a precios insuperables libros de los que a mí me interesan.  Muchos volúmenes adquirí ahí, gracias a sus ofertas y nunca voy a olvidar que el vendedor (y dueño) me mostró el inmenso tomo que era El Canto del Cisne, en su edición de la colección Gran Super Terror de Martínez Roca.  Fue así que me lo recomendó, dejándome claro que si tanto me gustaba King, no podía dejar de tener y leer ese título del cual solo tenía un ejemplar.  Ni siquiera en la revista Fangoria, que coleccionaba en aquel entonces, había tenido noticias de ese escritor y nadie más me lo había señalado como “digno de mi atención”.  Como ya lo he dicho, era muy ignorante en mi juventud (y ahora espero serlo menos) y solo gracias a los amigos que fui haciendo,  por medio de nuestras constructivas charlas, he aprendido a valorar consejos como el que me dio ese señor.  La novela en cuestión, que ganó  el Premio Bram Stoker y fue nominada a varios certámenes especializados, se cruzó otras veces más en mi vida, hasta que desapareció por completo del mercado en estos lares y, luego de que ya supe de qué gran pluma era la suya, se convirtió en otro de esos libros que hoy me “penan”.
       Nunca olvidaré que en muchos puestos de la calle San Diego en los noventa, habían montones de libros apilados, a veces en plena calle dentro de una caja o sobre una lona, con valores tan rebajados, que parecían regalados.  Muchos de esos textos correspondían al de una editorial que creo ya no existe, Atlántida (de Argentina, a menos que me equivoque).  Eran tomos en tapa blanda, pero de esos grandotes y entre estos habían dos trabajos de Mc Cammon, Zephyr, Alabama (en realidad titulada en inglés como The Boy´s life) y que en español también se encuentra con el sensacionalista nombre de Muerte al Alba, que años después tuve el honor de comprar, prácticamente, de sorpresa un día de camino a mi casa tras salir del trabajo (y que me emocionó bastante cuando llegué a leerlo); el otro correspondía a Huida al Sur, cuya portada me gustaba mucho.  Estaban ambos tan baratos, que hasta un universitario como yo, que no trabajaba y vivía de la buena voluntad de sus padres, podía desembolsar el dinero sin problemas.  No obstante eran los tiempos en los que todavía ni siquiera me había leído al menos un cuento suyo, así que no tenía idea de lo que me estaba perdiendo.  Al final siempre me gastaba la plata en algunos de los autores que ya ubicaba o que por medio de la mencionada Fangoria, había llegado a interesarme.




       Hubo una época en la que como una vez ya conté en otra de mis entradas para el blog, intercambié unas cuantas películas en DVD con mi amigo Ricardo Ruiz, creador y editor de la prestigiosa revista virtual Insomnia, mandándonos títulos clonados para completar nuestras respectivas colecciones privadas, desde un lado de la cordillera a otra.  Eran tiempos del Messenger (mucho antes del “Feisbuk” y del “Guasap”, al menos para mí), y vez que pillaba conectado a RAR y este se encontraba lo suficientemente desocupado como para poder entablar una charla, nos dedicábamos a ello con harto regocijo por mi parte. Un día Ricardo me dijo que estaba barato por allá El Príncipe de los Infiernos (Baal), así que si quería me lo podía mandar, a lo que le respondí sin dudarlo que no era necesario, que ya lo hallaría en mi tierra. ¡Qué equivocado estaba! Ese libro, así como otros más suyos nunca tuve la suerte de pillar, que más encima el propio autor decidió sacarlo del mercado junto a otras 3 de sus primeras novelas, por considerarla de poco valor estético ¡Cómo puede pensar eso, si Sed de Sangre y El Buque de la Noche, que están entre este despreciado grupo de libros suyos, son verdaderas joyitas! Espero que el autor recapacite, que bien podría “mejorarlas” al menos o tal vez algún día en un futuro este texto sí llegue a mis manos (igual me parece que esta normativa suya, no se aplica a traducciones a otras lenguas, como lo que sucede con Rabia de Stephen King, quien decidió sacar este libro de circulación por sentirse responsable, en parte, de unos cuantos tiroteos en colegios perpetrados por estudiantes desquiciados y que supuestamente fueron influenciados por tal obra).

miércoles, 13 de junio de 2018

La otra saga de ciencia ficción de Orson Scott Card.


     La serie de fantasía científica Del Retorno corresponde a una demostración del multipremiado autor gringo y mormón, de que bien era capaz de crear otra saga del género, distinta a la que le otorgó la fama, la de Ender y aun así manteniendo la misma calidad literaria, que lo ha convertido en uno de los mejores autores vivos de su generación y estilos.  
     Su primera entrega corresponde a La Memoria de la Tierra, publicada en 1992, con la que comienza esta pentalogía ambientada en un futuro de millones de años en adelante y en el que la humanidad ha abandonado su planeta natal luego de una terrible guerra.  El planeta que se convirtió en el nuevo hogar de la sociedad recibe el nombre de Armonía, como una promesa de que ya nunca más volvería nuestra especie a caer en los mismos errores del pasado.  La idea era abandonar para siempre los impulsos violentos, eliminando de por sí los deseos de supremacía de una raza o comunidad sobre otra y, con ello, dejando de lado la creación y el uso de cualquier tecnología que se podría usar como armas genocidas.  
     Es entonces que durante una vasta cantidad de tiempo, hombres y mujeres han vivido prácticamente en paz gracias a estas condiciones, pese a que con la diáspora se formaron distintas naciones, cada una con sus propias costumbres y lenguas.  Del planeta original solo quedan unas cuantas historias a medias entre los mitos y las leyendas… ¿Y cómo fue posible llegar a este tipo de utopía? Pues resulta que fue diseñado a propósito una IA (Inteligencia Artificial, o sea una forma de vida inteligente y autónoma, nacida de las ciencias y tecnologías de la cibernética y/o computacional) tan sofisticada, que gracias a la manipulación genética de los seres humanos, esta IA es capaz de controlar los impulsos, pensamientos y recuerdos de las personas, con el objetivo de evitar que la humanidad vuelva a tropezar con la misma piedra.
      Encontramos en esta historia el uso de computadores, incluso personales, además del uso de una tecnología muy avanzada del magnetismo, como de otras comodidades propias del mundo moderno y de una obra de ciencia ficción que presenta artefactos maravillosos.  No obstante, teniendo en cuenta la influencia “protectora” bajo la que se hayan, no hay medios de locomoción de desplazamiento rápido, puesto que podrían utilizarse para sojuzgar a otros: automóviles, barcos y aviones, por no mencionar tanques, sin dudas que podrían servir a propósitos más mezquinos.  Por lo mismo no hay armas de fuego, ni uso de la energía nuclear, si bien por los mismos desperfectos que ha tenido la IA, esto ya está cambiando en significativos detalles.  Así que es necesario tomar medidas drásticas para salvar (otra vez) a la humanidad de su naturaleza.

      El primer libro transcurre específicamente en la ciudad de Basílica, un matriarcado, y sus alrededores, donde  la entidad que fue creada para velar por la especie humana recibe el nombre de Alma Suprema.  Todo iba bien hasta que este ser, considerado hasta cierto punto como un dios, se da cuenta de que tras millones de años dedicado a su labor, se está echando a perder, por lo que poco a poco va perdiendo su dominio sobre la gente.  Es así que ya han empezado a germinar los primeros impulsos belicosos, lo que implica que unos cuantos reinos entren en conflicto entre sí y comience la producción de instrumentos mortales o máquinas que podrían ser usadas con fines guerreros.  Ante esta situación que claramente se agravará, el Alma Suprema encuentra que la única manera de recuperar su funcionalidad en un 100% y volver a mantener a la humanidad bajo el pacifismo, es haciendo un viaje nada menos que a la Tierra.  Para lograr su proyecto es necesario la ayuda de unos cuantos humanos, a quienes debe revelarse la verdad de todo, lo que hace entrar en escena a buena parte de los protagonistas.
     Se supone que esta saga, tal como otras obras de Orson Scott Card, fiel creyente de su fe y quien nunca ha eludido el tema religioso en sus obras, viene a ser una  extrapolación del libro sagrado de Mormón.  Ignorante soy al respecto y la verdad es que no me interesa ahondar en los dogmas de su teología, que en todo caso respeto bastante (pese a que tengo mis rencillas con el mismo Card por su homofobia, que no sé hasta qué punto es propia de su iglesia), así que no puedo develar los paralelismos entre este libro, el resto de su ciclo literario y los relatos de su doctrina; no obstante, sí como cristiano puedo reconocer elementos propios del Antiguo Testamento: De este modo, nos encontramos con una familia escogida por su “dios”, para llevar a cabo su proyecto, elegidos por la divinidad debido a su superioridad moral respecto a las demás, tal cual lo que podemos encontrar en las historias de Moisés, Abraham y de Lot respectivamente (la que en todo caso no resulta ser tan ideal o perfecta a diferencia de los ejemplos bíblicos).  De la misma manera entre los protagonistas hay profetas que se “comunican” con el Alma Suprema, los sueños son importantes como manifestaciones divinas de la verdad, se puede hablar de ciertos  milagros y los ritos religiosos cumplen un rol fundamental dentro de su desarrollo; tampoco podemos olvidar el nombre de la ciudad donde transcurre esta novela: Basílica (más religioso no puede ser).
     En contra de lo habitual con respecto a otras obras de su autor, el tema de la sexualidad, que tiende a ser obviado en la narrativa cardiana, es bastante fuerte en este título.  No estamos hablando de un erotismo explícito, que eso iría en contra de la misma esencia que es la pluma de Card; no obstante, sí los personajes actúan lascivamente, refiriéndose en varias ocasiones al sexo de manera más hedonista, que de forma romántica.  Por otro lado, en muchos diálogos hay uso de metáforas sexuales.  Todo esto, quizás, tenga relación con el importante detalle de que la nación en la que viven los personajes, tiene en su cultura muy definido el papel de hombres y mujeres, cada género con sus costumbres propias y viviendo la mayor parte del tiempo separados entre sí, salvo en ciertas excepciones como en los matrimonios (que son contratos renovados o no por las féminas) y durante el proceso de educación de los niños y adolescentes.  Es así, entonces, que al ser las mujeres tan distantes con los varones, estos las vean con mayor deseo que si las relaciones interpersonales entre ambos géneros fuesen más espontáneas y menos ritualistas.  Y no obstante dentro de esta sociedad hay prostitución femenina, las mujeres “decentes” escogen a diestra y siniestra a sus amantes (que no pueden subyugarlas), así como hay una especie de mujeres sagradas (llamadas agrestes, que andan desnudas y viven en el desierto, conectadas más que el resto con el Alma Suprema), que sí pueden ser “tomadas” por los hombres con menos resguardos por estos, aunque no las pueden dañar.  Pese a la división tan tajante entre ambos géneros, pasando buena parte de su tiempo con los de su mismo sexo, “impensable” (y en la práctica algo inverosímil considerando nuestra naturaleza) viene a ser la existencia de la homosexualidad y el lesbianismo, lo que se explica en todo caso por la propia homofobia de su realizador. 
     Aun cuando se trata de otro planeta, bastante lejano de la Tierra, al menos en este libro no es posible encontrarse con una flora y fauna originaria de ese lugar; al contrario, en repetidas ocasiones aparecen mandriles y camellos, que igual podrían ser especies autóctonas, que fuesen llamadas así por una supuesta similitud con sus contrapartes terrestres.


    Un tema que destaca harto en este título y, como no, de seguro en el resto de la saga (en estos momentos ya estoy gozando el segundo tomo), viene a ser el de la familia.  Se trata de un aspecto caro a la literatura de Orson Scott Card, como un valor que más encima viene a ser bastante importante para los mormones practicantes.  Es así que en lo que concierne a este libro, nos encontramos con una familia protagonista, conformada por 5 varones, 4 hijos y su padre, quienes son los destinatarios del Alma Suprema para cumplir sus anhelos de salvación.  Por otro lado, debe saberse que en Basílica los esposos no siempre viven juntos y en cambio sí lo hacen con los hijos de su mismo sexo, que más encima son  fruto de los distintos matrimonios que han tenido, mientras duró el contrato de ambos; obviamente una vez que los hijos crecen y se independizan, abandonan el hogar materno/paterno.  Pero lo interesante de esta familia (acá no existen los apellidos), es que para nada se trata de un ejemplo de verdadero amor filial entre sus integrantes, que bastantes rencillas hay entre los hermanos y los dos mayores incluso tienen conflictos con el patriarca; de igual manera, la relación con sus madres, en el mayor de los casos, no es la mejor…Por otro lado, en lo que concierne al lenguaje para referirse a los progenitores, se habla de Padre y Madre (ambos con mayúscula), lo que acentúa el rol destacado que existe de estas figuras en la sociedad basilicana.  Y sin embargo, hay nobleza en la mayoría de todos estos, que por algo han sido elegidos por el Alma Suprema (que nadie es perfecto).
     Los personajes principales del libro son:

Nafai: Si bien el protagonismo se comparte en esta obra, la cual está llena de personajes que van cobrando importancia a lo largo de su desarrollo, con sus propios capítulos centrados en ellos, se podría decir que este muchacho viene a ser si no el principal, uno de los más relevantes y carismáticos.  Es el penúltimo hijo de los 4 vástagos varones de Volemak, prominente hombre en su tierra y quien también posee un papel transcendental en esta historia.  A sus 14 años se ve mucho mayor, debido a su aspecto fornido.  Casi por accidente se entera de los propósitos del Alma Suprema, con la que llega a tener la mayor conexión con esta, de entre todos los de su género (ya que por lo general son las mujeres quienes están más ligadas a ella), lo que lo lleva a ser un pilar fundamental para la concreción del plan de dicha IA.

Luet: Uno de los mejores personajes del libro corresponde a una niña de 13 años y que cuenta con la capacidad de tener sueños proféticos.  Su propio lazo estrecho con el Alma Suprema, la une de manera crucial al destino de Nafai y su familia.  En muchos aspectos es mucho más madura que el chico, con quien en especial consigue su propia conexión significativa.

Issib: Otro de esos personajes que se hacen queribles y admirables gracias al talento de Card, viene a ser el hermano menor de Nafai, un chico inválido y muy inteligente, como culto, que usa una silla especial flotadora para trasladarse de un lugar a otro y mantener su independencia.  Tal como sucede con la relación entre los 4 hijos de Volemak, este y Nafai no se llevaban bien, hasta que las circunstancias los convierten en aliados, así como en mejores hermanos entre sí, al descubrir el más pequeño lo que hacía el Alma Suprema con sus congéneres. 

Volemak: El padre de Nafai, Issib y los dos hermanos mayores de estos, fue el primero de su familia en tener visiones y/o sueños provenientes del Alma Suprema, que le decían acerca de los tiempos aciagos que se venían.  Al ser un ciudadano importante y respetado por la gente de Basílica, hubo muchos que no dudaron de sus palabras, aunque no faltaron quienes pusieron en tela de juicio su cordura, entre ellos sus 2 hijos mayores.  Conocido por su sabiduría, ostenta el cargo de líder de su clan, uno de los grupos ancestrales y poderosos de varones que hay en la ciudad-reino, rol que en todo caso siempre ha sabido llevar con justicia.

Rasa: La actual esposa de Volemak es sin duda su contrapartida femenina, siendo una dama inteligente y muy valorada entre mujeres y hombres. Es la madre de Nafai e Issib, a quienes ama heroicamente, al igual que al padre de estos dos.  Posee una destacada casa de estudios en la ciudad, bajo cuya supervisión se encuentran numerosas pupilas.  Tuvo un primer matrimonio con Volemak, su alma gemela, y luego de terminar su “contrato” con él, tras pasar un corto periodo con otro hombre y al que ella misma “desechó” tras darse cuenta de su bajeza moral, volvió a casarse con Volemak, renovando año a año la relación. 

Husbidh: La hermana mayor de Luet, tal como esta es una niña (o más bien una adolescente) que posee ciertos poderes, si bien su talento especial es otro y por ello recibe el título de “Descifradora”.  Esto último consiste en ver las conexiones invisibles que hay entre las personas, sus acciones y los acontecimientos, de manera de encontrar respuestas a aquellos que está velado a los demás, pero que es importante manejar para que todo funcione correctamente.  Ambas muchachas nunca conocieron a su madre, una “Agreste” y fueron acogidas como pupilas de Rasa, quien luego las adoptó en lo que aquí llaman  “sobrinas”.  Como Luet es muy inteligente y bondadosa.  Además ambas hermanas son muy respetadas entre las mujeres por sus capacidades.

Elemak: El hijo mayor de Volemak, único descendiente suyo con otra mujer, es un tipo irascible que solo quiere poder y desprecia a sus 3 hermanos, a quienes nunca trata con dulzura (luego en el segundo libro de la saga, nos enteramos de que antes sí era alguien alegre y hermanable).  Obedece a su padre solo para conseguir su herencia y por todo esto, siente su orgullo mancillado cuando los dos menores de la familia se vuelven imprescindibles, tras los últimos acontecimientos.  Es violento, no de fiar y en general se le podría tildar como a alguien despreciable. 

Mebbekew: El segundo hijo de Volemak, también fruto de otro matrimonio suyo, al igual que el anterior no es una persona noble.  De oficio actor, gusta de las mujeres y posee bastante buena fama como amante entre estas.  Se deja controlar sin mayor resistencia por Elemak, tampoco tratando muy bien a sus hermanos menores.  Tal como Elemak, no cree en los vaticinios de su padre. 

Gaballufix: El gran villano de la novela, está emparentado en varios aspectos con la familia protagonista, pues en primer lugar tiene a la misma madre que Elemak, aunque no al padre, razón por la cual acá son considerados hermanastros; a su vez estuvo casado durante un breve tiempo con Rasa, quien le dio 2 hijas.  Por otro lado, es el segundo sujeto más importante en el clan donde está Volemak, deseando desde hace rato su cargo, lo que lo hace confabular contra este, ya que busca el poder completo en Basílica.  Cuando Rasa se dio cuenta del tipo de hombre que era, inmediatamente anuló su contrato con este.  Ha involucrado a ambos hijos mayores de su “enemigo” en sus planes, incitándolos a traicionar a su padre.


sábado, 9 de junio de 2018

Un policial negro de ciencia ficción ciberpunk.



     A principios de año se estrenó la que sería sin dudas una de las mejores ofertas programáticas originales de Netflix: Carbono Alterado.  Basada en la novela del mismo nombre escrita por Richard K. Morgan, se trata de un show de 10 episodios en su primera temporada y claramente para adultos, debido a su violencia y desnudos completos (tanto femeninos, como masculinos), a lo que va agregado una trama compleja que requiere toda la atención de su público para poder apreciarla en su totalidad.  Por otro lado, la impresionante ambientación que posee y los temas tan caros al género futurista en que se enmarca, hace que los fanáticos de este tipo de historia crean encontrarse con la octava maravilla televisiva de la ciencia ficción.  Es así que por mucho que me gusten las actuales Westworld, El Hombre en el Castillo y El Cuento de la Criada, me atrevo a decir que lo ostentoso de su producción y atrevido de sus ideas, que no dejan de ir más allá de la mera entretención, teniendo un rico abanico de reflexiones morales entre medio, hacen de este título algo que lleva a mayores niveles a este género, en lo que a pantalla chica se refiere.
    Vamos por parte, este título es un policial negro en el sentido de que buena parte de su argumento, consiste en la investigación de un especialista (que aquí no es ni policía, ni detective) para desentrañar un curioso asesinato, misión que se le encarga al protagonista y que tal como sucede en las grandes obras de este tipo de obras, lo hace en medio de un mundo violento, lleno de personajes retorcidos; a su vez el mismo justiciero es una especie de héroe caído, quien no duda en usar métodos violentos, así como mezclarse con la misma chusma del submundo del crimen. 
     De igual manera se trata de un excelente ejemplo de ciencia ficción ciberpunk, en el sentido de que nos muestra un futuro de carácter antiutópico o pesimista, en el cual la diferencia entre ricos y poderosos, que son los menos en la población, es abismante (lejos mucho más que en la realidad que conocemos) con respecto a la mayoría.  Ahora bien, en el ciberpunk clásico, la pobreza del resto de la sociedad es tan grande, que estas disparidades convierten el paisaje en una pesadilla dantesca tecnológica…Pues en Carbono Alterado hay claramente miseria económica, aunque igual existe acá una especie de clase media que en las novelas del género en sus inicios era casi inexistente; no obstante, sí es posible encontrarnos con una tecnología tan sofisticada, basada en gran parte en el uso de los computadores, Internet y la realidad virtual, que han convertido a la humanidad más que nunca en una especie dependiente de sus atributos.  Por otro lado, un tópico caro al ciberpunk que se aborda de manera muy interesante en esta obra, viene a ser el de la existencia de inteligencias artificiales (IAs), es decir, vida nacida a través del desarrollo de tecnologías superiores.  Pues todo este conjunto de elementos hace que el valor de la vida de uno mismo y, con mayor razón, la de los demás, sea en general insignificante (algo que posee una más que interesante variación en este programa).
     Hay varios conceptos que llevados con todo su dramatismo e impacto visual en Carbono Alterado, hacen de su apreciación algo memorable.  Por ejemplo, está el concepto de las pilas, artefactos que se llevan más o menos a la altura del cuello, detrás en la espalda, donde se almacena lo que sería el espíritu humano o el alma, donde va la esencia de la persona junto a sus recuerdos y personalidad.  Es así que se ha llegado a una especie de inmortalidad, ya que la gente puede mantenerse viva en el mundo físico durante siglos, al trasplantar su pila en otro cuerpo.  No obstante lo que para uno es sagrado, acá no lo es, ya que todo el mundo habla de fundas, como algo desechable y que puede ser tanto una copia del original u otro por completo diferente.  También se habla de la clonación como algo ya habitual.  No obstante los que pueden acceder a copias idénticas de sus cuerpos son los ricos, mientras que el resto se tiene que conformar con las fundas que el resto desecha.  De igual manera existe la posibilidad de ocupar cuerpos sintéticos o vivir solo en el mundo virtual.  
      La ingeniería genética está tan avanzada, así como el uso de la cibernética para el mejoramiento de las fundas mismas, que las personas pueden tener todos los implantes que deseen y/o modificaciones que deseen y que su poder adquisitivo se los permita.  Es por estas mismas razones que los más poderosos en su afán de buscar nuevas sensaciones extremas, en un mundo en el que se ha desvalorizado bastante el respeto por la vida humana y su dignidad misma, se dan aberraciones tan increíbles como la creación de monstruosidades humanoides y peleas a muerte, que hacen que las disputas de los gladiadores sean poca cosa. 

El protagonista en sus primeras escenas como el nuevo Kovacs (imagen dedicada a mi querida amiga Mery).

     El programa transcurre en su primera temporada en el año 2384, un futuro en el cual la humanidad ha conseguido emigrar a otros sistemas solares, de modo que hay un montón de planetas colonizados y en los que hace rato encontramos comunidades autónomas de la Tierra. Pese a esta verdadera diáspora espacial, no han encontrado otras razas inteligentes.; tampoco han aparecido hasta el momento especies animales alienígenas (salvo una especie de luciérnagas…a menos que me equivoque) y en el caso de la flora extraterrestre, solo llegamos a conocer un hermoso árbol gigante.
     Y pese a todo este mundo amoral en el que los poderosos hacen y deshacen impunemente, mientras que el resto de la gente se entrega al abandono de las drogas más extremas y del escapismo por medio del mundo virtual, aún queda una fuerte religiosidad entre aquellos que no han abandonado las tradiciones de su cultura.  Este último detalle permite ver que el sentido de pertenencia y la institución de la familia, todavía permanecen.
     La violencia expuesta en este show no es gratuita, que está bien justificada a la hora de presentarse tan gore, considerando los elementos del policial negro que posee, ya que no hay que olvidar que los personajes viven en un entorno donde impera la ley del más fuerte y para sobrevivir hay que “tener cojones”.  De igual manera, teniendo en cuenta el relajamiento moral de la sociedad en general, es que la sexualidad de la gente sea bastante abierta; es así que no dudan en expresar sus apetitos eróticos y, en el caso de los que pueden costearse sus fantasías, dar rienda suelta a prácticas sadomasoquistas que caen en las psicopatías.  Por otro lado, buena parte de los actores principales aparecen “tal como llegaron al mundo”, lo que para quien conozca a algunos de ellos con años de carrera y muy buenos títulos a cuestas, puede sorprender o bien satisfacer bastante (je); es el caso del veterano y “por siempre joven” James Purefoy (el mismo de Solomon Kane) y la exótica Dichen Lachman (una de las “muñecas” de  Dollhouse), si bien su desnudez tan desgarbada, puede llegar a decepcionar a más de un fan.
     El programa posee una preciosa presentación en la que destaca la figura mítica y simbólica del ouroboros, la serpiente que se muerde la cola como una representación del tiempo cíclico y el eterno retorno; de igual manera se puede apreciar en este mismo animal a la vara de Esculapio, que caracteriza a los médicos y a la medicina, teniendo en cuenta el tema de la ingeniería genética y otras biotecnologías, que tanta importancia poseen dentro de esta ficción.  Pero no hay que olvidar que los ofidios simbolizan, además, la tentación, la sexualidad y la astucia, todos ellos aspectos relevantes dentro de este show.  Asimismo, al final de cada episodio aparecen bellas imágenes en color dorado, a manera de grabados clásicos, que nunca se repiten y que tienen que ver con el desarrollo de su trama.

         
                                                   Sus hermosos créditos de apertura.

       Los protagonistas de esta gran serie, que menos mal ya está confirmada su segunda temporada y ojalá sea para el año que viene, así como que más extensa, son:

Takeshi Kovacs: El personaje principal del programa, es un hombre que en la práctica es un arma viviente, con un pasado lleno de recuerdos dolorosos, ya que desde niño pasó por varias vicisitudes, que forjaron en él a un hombre duro y, supuestamente,  desinteresado en tener relaciones interpersonales.  Tras una de sus tantas batallas, “falleció”, pero su pila fue guardada durante más de dos siglos, para luego ser despertado en otra “funda” y con el propósito de resolver un particular asesinato.  La llegada a este mundo tan distante al suyo, lo lleva a tener que adaptarse  rápidamente a él, encontrando aliados e incluso más que eso, además de unos cuantos nuevos enemigos.  Pese a las nuevas preocupaciones que ahora tiene, los recuerdos vuelven a su cabeza varias veces, entre ellos gente de su pasado, que no lo dejarán nunca tranquilo.  Originalmente es un mestizo japonés y europeo (¿ruso?), no obstante cuando regresa a la vida, ocupa una funda que más “gringa” no puede ser.

Renée Elise Goldsberry: Guapa, sexy e inteligentísima mujer afroamericana, líder del grupo de resistencia al que se une Kovacs en su otra vida, con el propósito de acabar con el sistema social imperante (en la práctica serían terroristas).  Entre los dos nace un romance y  ahora que el guerrero ha renacido, se convierte en una especie de conciencia suya.

Kristin Ortega: Valerosa policía de origen mexicano, quien toma a personal el regreso a la a la vida de Kovacs, siguiéndole la pista por más de una razón; de ahí que sus destinos terminan uniéndose más de la cuenta.  Como buena latina, posee un fuerte sentido de la familia.  De entre todos los protagonistas de este programa, llega a ser uno de las más interesantes y nobles.

Laurens Bancrof: El magnate responsable de que Kovacs haya vuelto de su sueño de siglos, es un sujeto muy complejo y que con todo el dinero y poder que posee, es capaz de hacer (casi) todo lo que anhela.  Casado, con dos hijos ya mayores y una esposa, representa todo lo que podemos encontrar en hombres y mujeres como él, que se creen más allá de la moralidad; no obstante tiene un interesante sentido del honor, que lo convierten en alguien que nos puede dar más de una sorpresa.

Miriam Bancrof: La femme fatale de la serie, resulta ser la esposa de Laurens, la rubia arquetípica manipuladora y acostumbrada a usar a los hombres a su antojo.  Tanto ella como su marido tienen una “relación abierta”, la que sobrepasa el siglo de existencia y que pareciera ser habitual entre su gente, quienes usan el matrimonio como una empresa, más que de un acuerdo entre personas que se aman. Como su esposo, tiene sus propios planes con el protagonista.

Reileen Kawahara: La hermana de Kovacs (¿Por qué razón ambos tienen distinto apellido? La verdad es que lo ignoro), fue en su primera vida un recuerdo doloroso más, por ser la otra mujer a la que amó y a la que perdió dos veces de manera bastante dramática.  En un mundo como en el que ahora vive, hasta lo imposible pareciera ser capaz de concretarse, de modo que a medida que la temporada avanza, nos enteramos de que la gente de nuestro pasado nunca termina por dejarnos.

Vernon Elliot: Hombre de ciencias que tiene más de una rencilla con Bancrof, se ve obligado a trabajar junto a Kovacs, a quien luego llega a conocer en una dimensión más humana y en contra de lo esperado; es así que entre los dos se fomenta una amistad, pese a que originalmente Takeshi había afirmado que no le interesaban los demás.  Elliot es además un hombre que se maneja bastante bien en la violencia, si bien posee un lado sensible que en especial tiene que ver con sus lazos familiares; sin embargo, perdió a su esposa en circunstancias muy duras y su única hija se volvió loca, viviendo su conciencia en el mundo virtual.

Poe: Inteligencia artificial autónoma que tal como dice su nombre, es igual al famoso escritor romántico.  Es dueño de un hermoso hotel llamado nada menos El Cuervo, tal como el célebre poema narrativo de Edgar Allan Poe, siendo su único cliente Kovacs.  El contrato económico entre los dos hace que este sirva devoción al “orgánico”, aunque luego es posible reconocer verdadero aprecio por su cliente y por otros de su especie.  Ama a los humanos y es, sin dudas, uno de los más carismáticos personajes de la serie. 

El gran Poe (en la ficción y en la vida real).

sábado, 2 de junio de 2018

Ese adorable asesino.



     Tras el éxito de Deadpool en 2016 en las salas de cine, considerando además su única escena de postcréditos en la que nos prometía que volvería nada menos que con Cable, era solo cuestión de esperar para que la secuela se concretara.  Así fue que ello no se hizo esperar tanto y dos años después (la verdad…Con unos cuantos meses más) se estrenó para gozo de sus fans.  Más encima no solo se trajo consigo al serio y varonil mutante de un futuro apocalíptico, sino que lo acompañaron un montón de otros justicieros de la Casa de las Ideas, unos más famosos que otros.
     Para mantener a los espectadores atentos a lo que se venía, el año pasado nos regalaron sus responsables más que un tráiler teaser, es decir, un primer avance cortito de lo que se venía.  Pues en la práctica se trata de nada menos que de un cortometraje, muy gracioso por cierto, de más de 3 minutos y que tiene todo ese aire característico de lo mejor de su protagonista: Mucho humor negro, violencia, intertextualidades, homenajes y parodias al género y hasta un importante cameo, que es mejor que ustedes mismos lo reconozcan.  Esta pequeña joyita dio harto que hablar en su momento y ojalá venga como agregado en la edición en blu-ray de la cinta en cuestión.  Pero esto no es todo, que también hay otro tráiler de este tipo y que a diferencia del otro, sí trae unas cuantas escenas de la secuela en cuestión.


                                            El dichoso cortometraje del que les hablaba 
                                        (supongo que reconocen la música de fondo ¿No?)

     Desde el comienzo ya la película nos atrapa, con Deadpool hablándole a su público, o sea, a nosotros, haciéndonos reír para luego otorgarle el único gramo de drama a esta cinta llena de adrenalina, sangre, efectos especiales, acción y jocosas situaciones que la hacen maravillosa para el público general y en especial para el ñoño capaz de reconocer el montón de referencias directas que hace a la cultura popular.  Puesto que nos encontramos con que nuestro antihéroe ¿favorito? tiene un primer motivo de peso para llevar a cabo sus actos, el que luego lo lleva a una serie de acontecimientos, en las que están en juego no solo sus nuevas razones para vivir, sino que hay al menos dos sujetos más cuyas vidas se han ligado a Deadpool y con ello entran en juego varios temas que tomándolos en serio no son poca cosa: La responsabilidad frente a nuestros actos y las segundas oportunidades, con lo que es posible la redención.  Y es que detrás de todos los chistes y cada una de las situaciones hilarantes que aquí abundan, no son poca cosa las disyuntivas en las que se encuentran varios personajes…Por esa misma razón se hace tan querible alguien como Deadpool (que para ser sinceros, el de los cómics apenas lo ubico).  En todo caso, no se puede olvidar que mucho se lo debemos al guapo Ryan Reynolds, quien con su interpretación consiguió, sin dudas, lo mejor de su carrera hasta la fecha.
      Tal como lo afirmé más arriba, Cable estaba confirmado desde hace tiempo ya para disfrute de sus seguidores.  La pregunta era quién sería el encargado de personificarlo, que estamos hablando de uno de los Hombres-X más célebres, así que debían escoger con pinzas al actor a cargo.  Debía ser sin dudas un tipo imponente, masculino y, hasta cierto punto, atractivo… ¿Sería un desconocido o un consagrado en la pantalla? Al final se decidieron por esto último, contratando a Josh Brolin para ello.  Más encima Brolin está bastante ligado al mundo de las adaptaciones hollywoodenses de cómics, puesto que en el pasado interpretó al también recio vaquero cazador de recompensas Jonah Hex de DC, en su olvidable película; además es quien le pone la voz, los movimientos y la gestualidad, nada menos que a Thanos, en otros largometrajes de Marvel Studios, aunque producidos por Disney (de hecho, en uno de sus diálogos Deadpool hace un comentario gracioso al respecto).  Por otro lado, este Cable, que aunque no es tan musculoso como al menos yo me lo habría esperado, está muy bien diseñado y en especial en lo que concierne a sus partes biocibernéticas y al uso de armas futuristas tan sofisticadas que acostumbra llevar con él.

De todos los Deadpool que vi en la Comic Con pasada, este lejos fue el más tierno
(y me saqué fotos con un montón de variantes suyos que hasta había uno versión cowboy).

     Ahora bien, la relación entre Deadpool y Cable está manejada de manera muy inteligente en la pantalla grande.  Es así que el contraste entre estos dos, el primero un tipo extrovertido, alegre y deslenguado (entre otras características tan suyas) y el segundo, introvertido, serio y/o amargado, los convierten a ambos, cuando están juntos, en una de las mejores duplas de los cómics superheroícos.  Y es que las diferencias de esta pareja, más que separarlos los unen, que los opuestos se atraen y en la diversidad está la gracia.  Ahora bien, en un principio vemos a estos dos como antagonistas (hasta cierto punto), luego como forzados aliados y, como era de suponer si se quería mantener el espíritu de las historietas, de amigos entrañables (¿O me equivoco?...Que como ya dije no he leído sus cómics).
     Pero no solo el recio hijo de los igualmente poderosos Jane Gray y Cíclope de un futuro alternativo (o una realidad paralela), aparece en esta secuela para regocijo de los ñoños marvelitas, que también nos encontramos acá con una en verdad encantadora y completamente sexy Dominó, quien agrega nuevas cuotas de diversión a la película.  Ahora bien, es verdad que no es la mutante que me hubiese gustado ver en un principio, de tonos blancos y negros de las viñetas y es obvio que su imagen “afro” del celuloide, fue hecha a propósito para dar en el gusto a los “políticamente correctos” y que ahora quieren cambiarle la raza a todos los personajes del medio que sea posible… ¡Sin embargo le salió todo tan genial, que ni se extraña a la versión original de esta mutante! (diría que esta Dominó para el cine, es tanto o más buena que el recordado Kingpin negro hecho por el llorado Michael Clarke Duncan, en la versión cinematográfica de Daredevil; a diferencia de los desabridos Flash semiasiático y el Acuaman polinésico, de la decepcionante Liga de la Justicia).
     Acompañando al ahora trío protagónico, nos encontramos con varios otros “hijos del átomo”, que tienen sus geniales momentos en escena.  No se trata de personajes inventados para esta película, que todos ellos poseen su origen en las revistas, si bien como sucede con la citada Dominó, les hicieron unos cuantos cambios en su imagen para adaptarlos.  Dentro de estos dos destaca el adolescente Firefist, un chico acomplejado que al cruzarse en el camino de Deadpool origina una serie de importantes acontecimientos y que solo el antihéroe puede corregir.  Luego tenemos al resto de los que junto a Dominó y al mismísimo Cable, dan forma a X-Force, destacada rama de los X-Men y que se supone tendrán su propia cinta (aunque la chica con la buena suerte y Nathan Summers, sin dudas que deben regresar otra vez junto a Deadpool ¿No?).  Por otro lado, no se puede olvidar el regreso del villano Juggernaut, quien en realidad no es un mutante, sino que un criminal con poderes místicos (que en todo caso no lo explican en este filme) y que aparece bastante distinto, a como lo vimos en X-Men 3: The Last Stand.



      Luego de las gratas participaciones como secundarios de un bondadoso y dulce Coloso, así como de la irascible adolescente Negasonic Teenage Warhead, en la primera entrega de la serie cinematográfica sobre Deadpool, era de suponer que volvieran a aparecer para hacer más satisfactorio todo.  De modo que una vez más los volvemos a tener con nosotros, con graciosos escenas a cuestas de ellos, en especial en lo que concierne a la muy especial (y también contrastante) relación con el mismísimo protagonista.  Más encima, la chica sale muy bien acompañada en varias de sus intervenciones…
       Asimismo, varios otros personajes de la primera cinta regresan, cada uno de ellos provocándonos carcajadas a granel.  Solo Vanessa, la pareja de Deadpool (de nuevo interpretada por la bellísima y talentosa Morena Baccarin) mantiene esta vez una caracterización más seria, que el resto está en pantalla para puro causarnos gracia. 
       Hay varios cameos que no dejan de hacer reír al público y a los más ñoños de la casa, que es solo cosa de estar atento a estas breves apariciones, que nos deparan más de una sorpresa.  Y siguiendo con los varios momentos de jocosidad, no pueden ser más cómicas las ya constantes alusiones directas a Wolverine y Hugh Jackman, que hay harto al respecto.  De igual manera, varios del resto de los personajes Marvel tampoco se salvan de las inteligentes burlas, incluso los de DC, la llamada Distinguida Competencia.  Respecto a todo esto, pobre del que abandone la sala apenas comienzan los créditos finales, que se estará perdiendo algunos de los más ingeniosos chistes de esta secuela.
      Teniendo en cuenta el control que consiguió Ryan Reynolds en esta saga, tras el triunfo que les significó a todos la primera de las películas de Deadpool, esta vez no solo hizo de productor, además del personaje principal, sino que además participó en el guión y hasta interpretó a otro personaje (que les dejo a todos la tarea de averiguar de cuál se trata).  Su dominio detrás de esta puesta en escena ha sido tal, que incluso se peleó seriamente con quien iba a ser de nuevo el director de este filme, Tim Miller, yéndose (despedido) el cineasta de la primera entrega para contratar ahora a David Leitch, quien acabó realizando esta secuela (y que para nada lo hizo mal).  Y, obviamente, para explotar su apuesta figura, Ryan Reynolds no dejó de mostrarse en más de una ocasión como antes de sufrir su monstruosa transformación…Además, a menos que me equivoque, modificaron de manera sutil su maquillaje, para no hacerlo tan espantoso y recordarnos en parte al apuesto galán detrás de ese rostro de pesadilla.


                                                            Otro tráiler muy gracioso.

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