sábado, 3 de marzo de 2018

Una potenciada segunda temporada para “El Hombre en el Castillo”.



     Me demoré casi dos años en verme la segunda tanda de episodios de la serie basada en la famosa novela de Phillip K. Dick, pero valió la pena y al contar esta nuevamente con solo 10 episodios, una vez más me quedé con gusto a poco; pues al igual que en la primera temporada, todo terminó en suspenso y con muchas expectativas para lo que viene.  Menos mal que este mismo año estrenan la tercera, así que no habrá que esperar tanto (igual entre la segunda temporada y esta que aún están por lanzar, ha pasado bastante tiempo, ya que una es de 2016 y la otra pertenece aún a nuestro futuro).
     Teniendo en cuenta de que se trata de una de esos programas corales que tan en boga están hoy en día, nos encontramos una vez más con varias tramas paralelas y relacionadas entre sí, en las que sus numerosos protagonistas pasan por un montón de tribulaciones hasta que en determinado momento sus vidas se vuelven a cruzar.  Lo genial de lo recién mencionado, es que al ocurrir todo bajo la técnica del montaje, no solo llegamos a saber en qué van las historias personales de sus personajes; sino que, además, nos es posible caracterizar mejor cada una de los dos territorios que antiguamente formaron parte del otrora poderoso país de los Estados Unidos: El Gran Reich, dominado por los nazis y los Estados del Pacífico, bajo el control de los japoneses.  Entre medio está la Zona Neutral, en la que malviven los gringos que han logrado escapar al dominio de los invasores y de su ideología, pero es en lo que concierne a las otras dos regiones, que toma relevancia el aspecto cultural en el show.
     Tal como queda consignado en esta obra, teniendo en cuenta la idiosincrasia que inspiró al escritor y luego a los guionistas, se nos presentan dos mundos separados en una especie de alianza frágil, aunque más bien parecida a una Guerra Fría entre dos pueblos  xenófobos y de ideales opuestos.  Por supuesto que son los nazis los peores, que en sus tierras no hay gente de otras razas o que no hayan abrazado sus líneas de pensamiento.  Los japoneses igual son duros con los autóctonos (en su mayoría), pero los toleran y mantienen su código de honor, que al menos hace la vida medianamente aceptable para los conquistados.  Sin embargo, en ninguno de estos dos sitios hay libertad para los oprimidos y la resistencia poco a poco está preparándose para deshacerse, en ambos lados de su antigua patria, de sus enemigos bajo la manera más violenta posible.
     Tampoco se puede olvidar que buena parte de los episodios transcurren nada menos que en Alemania, cuna de los seguidores de la esvástica.  Japón, lamentablemente, no aparece en estos episodios (a ver si más adelante llegamos a conocer algo de sus dominios).
    Pero hay un tercer escenario (o más bien cuarto si se considera la Zona Neutral) que toma preponderancia en escena: nada menos que el mundo tal y como lo conocemos en la realidad; para ser más específicos, el Estados Unidos de principios de los sesenta que ganó la II Guerra Mundial.
      El nivel de violencia no es tanto como el de otros programas actuales, pese a que sin dudas se trata de una serie para un público de “criterio formado”.  Sin embargo, su falta de humor y la constante presión en la que viven sus personajes en cada bando (no se podría decir que hay gente por completo feliz o “realizada”, pese a que algunos son más privilegiados que otros), hacen que el programa sea, tal vez, no digerible para cualquiera que buscaría algo más livianito o cercano al exhibicionismo gráfico de series tan llenas de sexo y violencia como Hannibal o Juego de Tronos (que no digo que esto último sea malo, ojo); pero de que se trata de un programa más intimista y que en vez de buscar el recurso fácil de la espectacularidad, se centra en los dilemas morales a los que se enfrentan sus protagonistas, ello es algo que queda a la vista del espectador con ojo más crítico.

Impactante publicidad en el metro, (que causó polémica en su momento) para promocionar la serie en su primera temporada.
     Interesante viene a ser en la serie cómo se aborda el tema de la verdad y los secretos, en lo que también se incluye la mentira, todo ello como elementos que forman parte esencial de nuestras vidas.  Es así que esto se puede apreciar a nivel individual en la mayoría de los personajes, pero también en lo que concierne a los destinos de millones de los que conformar los pueblos que aparecen en esta obra.  “La verdad los hará libres” dice el texto bíblico y es así que vemos cómo lo concerniente a la figura del llamado “Hombre en el Castillo”, quien (aún no se sabe cómo) tiene cintas sobre la derrota del EJE en la Segunda Guerra Mundial, provoca gran tensión entre nazis y nipones, por no mencionar a los yanquis de la resistencia.  Mucha gente desea revelarlo y otros, como no, solo quieren destruir todo rastro de ello.  Por otro lado, las mismas vidas que llevan los personajes, quienes deben ocultar tantas cosas a los demás, si en verdad pretenden sobrevivir en medio de este mundo peligroso, los lleva al engaño y a guardarse cosas solo para sí y a unos pocos de su confianza.  En la práctica nadie es completamente libre de hacer lo que quiere en esta serie y, tal vez, salvo el caso del jefe de kempeitai de la policía japonesa (quien no vacila en ser despiadado, a la hora de cumplir sus obligaciones para con su nación), todos tienen algo que lamentar y proteger de la opinión pública.  Luego es así que las obligaciones de los ciudadanos y de los mismos dirigentes de los dos imperios dominantes, llevan a estos dos pueblos a los conflictos, que luego estarán por llevarlos al conflicto armado, debido a que son incapaces de mantener un diálogo sincero entre sus dirigentes. 
     Otro aspecto que llama la atención en esta temporada, viene a ser cómo trata el tema de la familia y el poderoso lazo que puede darse entre sus integrantes.  Entre los distintos ejemplos de lealtad que aquí se nos presentan, incluso en los momentos más difíciles, de igual manera se presenta otra verdad respecto a esta importante institución familiar: no escogimos a quienes son parte de nuestra sangre (salvo, hasta cierto punto, a la descendencia directa que podamos llegar a tener), razón por la cual más de un dolor de cabeza nos pueden llegar a dar.  No obstante, es en cómo se aborda la humanización que puede llegar a darnos el amor filial, que El Hombre en el Castillo se centra de manera poderosa, más que en las virtudes de la amistad, en el amor incondicional entre padres e hijos, así como entre hermanos (y más encima ello está presente en los personajes más inesperados). 
     Así que el panorama que lo espera a uno como espectador es bastante complejo y es entre medio de esto, que vamos disfrutando la temporada.  A continuación vamos a echarle un vistazo a lo que sucede con su singular dramatis personae:

Juliana Crain: Esta hermosa mujer se ve inmersa desde el principio de la temporada en una espiral de intrigas. que la lleva, contra su voluntad, a transformarse en una espía para la resistencia. Se da cuenta que aquellos que luchan por deshacerse del yugo de sus opresores, también tienen muchos esqueletos en el armario y que tampoco puede confiar en ellos 100%.  Lo más impactante de lo que le sucede, viene a ser cuando se ve obligada a pedir asilo nada menos que al Gran Reich.
Frank Frink: El varonil y endurecido antiguo novio de Julia, tras sus malas experiencias con los japoneses no hace mucho, se involucra por su propia cuenta en la resistencia.  Asimismo, se une más que antes al anticuario Robert Childan, con quien además se encuentra metido en otro asunto, que le ha dado nuevas preocupaciones y en el que también está en juego la vida de ambos.
Joe Blake: Quien fuese un espía nazi y orgulloso de sus principios, tras sus últimas vivencias ha entrado en una crisis existencial, que lo hace en poner en duda todo aquello en lo que antes firmemente creyó.  Su obligado viaje a Alemania y encuentro con nada menos que el padre al que antes no había conocido, complica más que nunca su vida.

Juliana Craine entre dos mundos.

Nobosuke Tagami: Uno de los personajes más nobles de la serie, realiza un viaje increíble hasta la otra realidad, allá donde los suyos fueron derrotados por los Aliados y ahora es posible otro mundo, al parecer mejor (hasta cierto punto) que el que le vio nacer. Un emotivo reencuentro con gente de su pasado, termina por darle un nuevo sentido para su vida.
John Smith: El líder del nazismo gringo se muestra ahora como un hombre mucho más empático de lo que en un principio parecía.  A su fidelidad a la ideología que abrazó bastante joven, se opone aquella que tiene relación con su propia familia, lo que lo pone en una tremenda disyuntiva.  Debido a esto y a la misma presencia de sus adorables esposa e hijos, no es posible darnos cuenta de que hay matices entre medio y que solo un loco abrazaría el mal por gusto a ello.
Ed McCarthy: El mejor amigo de Frank, más que nunca da muestras de su aprecio por este, en lo que, sin dudas, viene a ser el único ejemplo significativo de fraternidad (y masculina más encima) en esta serie.  Contrasta su apariencia menos aguerrida a la de su compañero, pero es en la manera de cómo ambos se compatibilizan y el mismo Ed se gana el aprecio del solitario Childan, que radica buena parte del atractivo de este personaje, que pasó de ser recurrente en la primera temporada a ser, si no un principal, sí un secundario de mayor peso dramático.

    Por cierto, tras disfrutar una vez más los hermosos créditos iniciales del programa, no dejó de llamarme nuevamente su canción interpretada a capella, por una angelical voz femenina. “A algo me suena esta canción” me dije “¿A una canción de cuna, tal vez?” Es así que investigando en la Red, me vine a enterar de que se trata de nada menos que de un cover del famoso musical The Sound of the Music, que en Chile y Latinomérica recibió el engañoso nombre de La Novicia Rebelde en su oscarizada versión cinematográfica.  El sentido patriótico de este tema, como protesta de uno de los personajes a los mismos nazis, toma acá un mayor significado en este recomendable show.


                                            Créditos de apertura con karaoke incluido.

6 comentarios:

  1. Mi estimado, cuando vi la primera temporada de esta serie me gustó bastante, pero luego de leer la tremenda novela que la inspiró, de K. Dick, uno de los escritores que más aprecio, su versión televisiva me decepcionó mucho. Al nivel de que ya no me interesa seguirla.
    Un abrazo.
    Miguel.
    Pd: lee la novela.

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    Respuestas
    1. La dura: el libro original està a años luz de este culebrón.

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    2. Lo bueno del culebrón: esta obra televisiva hace más conocido a K. Dick, y su hija Isa es una de las productoras.

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    3. Leí el libro hace años unas vacaciones de verano gracias a nuestro amigo en común, Marlo, pero la verdad no me enloqueció. La serie me gustó mucho porque es dinámica y en la segunda temporada mejora. Gracias a su éxito, ahora tenemos "Sueños Electrónicos", de la misma Amazon, que en cada episodio adapta uno de sus cuentos (también muy recomendada por Marlo).

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  2. Saludos Elwin, aquí murinus2009.

    De Philip K. Dick, lo primero que lei (hace 20 años) fue un cuento llamado :
    ¡Oh ser ub Blobel!.
    Que trata sobre una pareja interespecies: un humano y un Blobel que es una especie de ser gelatinoso, segun recuerdo.
    El Hombre en el Castillo, la primera vez que escuche de el libro, fue hace unos 20 años en una pequeña convencion de Ciencia Ficcion en Cd. de México, en aquel tiempo era dificil de conseguir y quien lo compró (El escritor y caricaturista mexicano, Bernardo Fernandez, BEF) decía que fue por pura casualidad.

    Hasta la fecha no lo he leido ahora con la serie debe ser fácil conseguirlo.

    Por lo que se, esta es la segunda historia que habla del triunfo del Eje sobre los aliados, la otra es; Fatherland, (de Robert Harris creo) que tampoco he leído.

    Otra serie y mas libros añadidos a mi lista de pendientes.

    Gracias Elwin y hasta pronto.

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    1. Yo me leí la novela hace muchos años ya, pero la verdad la encontré bien lenta. Creo que la serie mejora en ese sentido (y otros) el libro, que es bien denso.
      Igual a lo más me he leído uno que otro cuento de Phillip K. Dick, quien igual no me entusiasma mucho como escritor, aunque adoro los filmes basados en sus obras, como "Blade Runner", "El Vengador del Futuro" y "Minority Report".

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