lunes, 10 de febrero de 2014

Un clásico para tener en cuenta: Las 7 Caras del Doctor Lao.


     Una vez de pequeño, uf, allá por el siglo pasado, en los años ochenta, recuerdo haber visto una película en Cine en su Casa o Tarde de Cine (el nombre variaba según en qué canal veía uno la película) que se me quedó retenida en la memoria y que nunca más tuve el gusto de disfrutar (hasta ahora).  Bien sí supe memorizarme su nombre: Las 7 Caras del Doctor Lao.   Por años recordé esta historia de fantasía ambientada en el Lejano Oeste gringo  y en la que un hombre muy anciano de origen chino, llegaba con su circo para maravillar a los habitantes de un pueblito; todo gracias a las curiosas criaturas de su circo, que iban lejos de las típicas atracciones de este tipo.  Tres imágenes de este largometraje me rondaron en la cabeza por años:
  1. Una especie de criatura reptiloide con cara de hombre y bigotes (luego cuando la volví a ver por fin hace poco, supe bien de qué se trataba todo ello).
  2. La aparición del dios griego Pan, tocando su flauta en una de las dependencias del circo del doctor Lao.
  3. Un dragón al que le salen varias cabezas con sus respectivos cuellos largos y cada una de estas cabezas con un rostro distinto, los cuales correspondían a cada una de las curiosidades exhibidas del espectáculo itinerante.
     Nunca más pillé este filme en la tele, menos para arrendar o comprar.  Años pasaron, cuando ya estaba en la universidad, cuando un día hojeando un libro de la ya desparecida editorial Bruguera, me encontré en un listado de obras publicadas, enterándome que Las 7 Caras del Doctor Lao era en realidad un libro (razón por la cual la película que había visto era una adaptación y no un guión original).  No obstante nunca logré pillar el texto por ahí, más por tratarse de una edición discontinuada; con la película fue igual, pues de hecho muy poca gente la conocía (solo mi amigo Mauricio, con su memoria prodigiosa, la ubicaba además de mí).
       Hace una semana exactamente, estaba en uno de mis lugares favoritos, en el Persa Bío Bío (en el cual puedes encontrar de todo y a precios increíbles por lo baratos), junto a mi amiga Juliana, quien en un local de dvd pirateados andaba tras la caza de títulos interesantes.  La verdad es que varias veces había ido con ella a esa tienda, pero no tenía esperanzas de encontrar ahí alguna obra que me sedujera (no porque careciera de un buen stock y de precios más que convenientes, si no porque desde hace rato ya no adquiero copias); entonces giré en 180° grados en la posición en que me encontraba y ahí estaba, frente a mí, la carátula de la película que tanto me penaba.   Demás está decir que me embargó la alegría y todo esto me pareció casi intervención divina.  No dudé en comprarla y al par de días (o bien de noches) me la vi por fin: en esta ocasión la experiencia de revisionarla fue más grata desde el punto de vista estético, pues ahora ya no la aprecié sólo como un niño, si no que como un adulto medianamente culto y sensible, descubriendo en ella numerosos matices interesantes y los que hoy deseo compartir con ustedes.
Una de las ediciones recientes
en nuestra lengua de la novela original.
     La novela data de 1935, siendo su autor Charles G. Finney.  La película fue hecha en 1964, época de cambios sociales en Estados Unidos y los que parece  logran percibirse en el guión escrito por nada menos que Charles Beaumont, importante escritor y guionista, quien hizo un igualmente interesante trabajo para la serie original de The Twiligth Zone (conocida en la lengua de Cervantes como La Dimensión Desconocida).  La versión cinematográfica fue dirigida por nada menos que George Pal, el mismo responsable de la producción de esa joyita que es La Guerra de los Mundos de la década de los sesenta y basada en la famosa novela de H. G. Wells.
     Volviendo a la trama de la película, puesto que no he tenido el gusto de leer el libro y conociendo el trabajo del guionista para la mencionada Dimensión  Desconocida, de seguro en ésta introdujo unos cuantos elementos de crítica social; de este modo, para la época en que fue hecha, bien puede considerarse un filme osado tanto por esas razones, como por otras que más adelante detallaré.  Cabe recordar que el libro fue escrito en una época muy diferente a la en que se hizo la versión cinematográfica, justo cuando comenzaba a abogarse por los derechos civiles y en especial se abordaba de forma pública el tema de la discriminación racial.  Pues al tratarse de una obra de arte, muchas veces se imita la realidad, la cual se disfraza para a través de la extrapolación de la ficción, abordar temas que en muchos casos son complejos tratar abiertamente; entonces la historia proyectada sirve de herramienta para llevar al espectador más sensible a una reflexión, acerca de qué está pasando en esos momentos con el mundo que a uno lo rodea (y en especial con los Estados Unidos, un país que se jacta de ser el más poderoso e influyente del mundo y que para nada se puede considerar inmaculado en el proceder de su política).  Por lo tanto, estaba más que claro que una historia como esta, que se suponía era una mera fantasía de entretención para toda la familia, debía manifestar su discurso por medio de la parábola y la metáfora (esto es, de forma sutil e indirecta y dispuesta para los ojos más atentos del público).
    Pero antes de ir de lleno a los temas planteados por esta cinta, resulta necesario mencionar otras cosas acerca de su argumento.  El pueblo al que llega el Doctor Lao es un lugar olvidado del resto de la sociedad; es el típico sitio donde se conocen todos y en los cuales se puede encontrar un heterodoxo grupo de personas representativas de los bienes y los males de la humanidad: hay unos cuantos borrachos; una viuda joven que cuida a su hijo y se preocupa por darle la mejor educación moral a éste (destacable su estrecha relación con la suegra a quien ama y con la cual vive también); una anciana pretenciosa que ha vivido preocupada de su belleza física, en desmedro de cultivar su espiritualidad; un matrimonio también mayor donde la mujer es una persona irascible y el hombre un manejado por ésta; un periodista joven, guapo e idealista que lucha contra el hombre más poderoso del lugar, en quien no confía pese a que este último ofrece comprarle sus tierras a los lugareños, para que supuestamente puedan dejar la miseria y buscar una mejor oportunidad en otro lugar.   Pues cuando llega el misterioso, pero dulce Doctor Lao, con cada una de sus seis rarezas, logra cambiarle la vida a cada uno de estos individuos; de este modo con sus espectáculos, les dará a estos una enseñanza significativa según los requerimientos de cada personaje.
    El Doctor Lao fue interpretado por Tony Randall, con un maquillaje increíble a manos de Willam Tuttle, siendo que a su vez realizó a lo largo de la película, 5 papeles distintos, todos ellos parte de los seres que llevaba y mostraba el Doctor Lao a su audiencia.  Otro aspecto técnico destacado de la cinta, es su música, que en especial durante la escena del dios Pan, la cual más adelante será abordada en profundidad aquí, demuestra preciosas composiciones por parte de Leig Harline.
     El sujeto que le ofrece a sus vecinos comprarle sus tierras, si bien guarda consigo un secreto acerca de la verdadera razón de por qué desea hacerlo, en realidad no es un hombre malvado; su personalidad y propósitos contrasta con la del periodista, quien sí cree en lo mejor del ser humano y en el valor intrínseco de la gente (en este sentido, resultan memorables los diálogos entre el rico hacendado y una de las criaturas del doctor Lao, luego de éste mismo con el adivino ciego, así como con el periodista).  El hombre mayor postula que la gente cambia, de poseer un espíritu sencillo a otro más cínico y material, no obstante lo que le demuestra el doctor Lao a él y a los demás, es que sí la gente puede cambiar para mejor y con ello conseguir una dicha más auténtica que la entregada por los bienes materiales y la apariencia.
    En cuanto al periodista, como personaje idealizado de su profesión, representa el poder de la verdad y el espíritu emprendedor, siendo además uno de los dos elementos que le agregan la cuota romántica a la trama. 
    Tampoco se puede olvidar el humor tan presente en esta cinta, el cual oscila entre el blanco e ingenuo tan usado en aquella época, como uno más sugerente e intelectual (de hecho, el doctor dentro de la complejidad de su personalidad, se ve como el típico sujeto cómico, que raya en la caricatura; lo mismo sucede con los borrachitos, personajes habituales para usar con motivo de la risa y por último con los maleantes de pacotilla del rico del lugar, los que son caracterizados como derechamente estúpidos).
     Aún cuando en el filme no aparece ningún personaje de color, el discurso pro integración racial y de respeto hacia la diversidad, se ve en la figura de un indio al que en más de una ocasión el periodista defiende (luego el propio doctor Lao interviene para ayudarlo, cuando los matones del hacendado amenazan la integridad del nativo).  El mismo doctor Lao por ser extranjero (y más encima proveniente de China, una cultura tan fundamental dentro de la historia de la conquista del Lejano Oeste gringo), representa al “otro” como un individuo diferente a la mayoría, quien incluso en un momento despierta recelo a los prejuiciosos, pero cuya humanidad logra demostrar su valía como sujeto (independientemente de su condición étnica distinta).
     La bella viuda que es cortejada por el galán de la cinta, quien en su estado civil cumple con el papel preestablecido de la sociedad en la que vive, se dedica de lleno a su hijo, al punto de negarse a tener una nueva oportunidad para ser amada (pese a que su adorable suegra, la alienta a mirar con otros ojos al hombre que la pretende).  Cuando la mujer visita el circo del doctor Lao, entra al sector en el cual se haya el antiguo dios Pan y entonces se inicia una de las escenas más impactantes de la película, debido a su sutil erotismo.   En ella la dama es seducida por Pan, quien hasta donde muestra la cámara, camina desnudo; la divinidad comienza a tocar su flauta y entonces la fémina comienza a manifestar lo que bien podría llamarse una excitación sexual.  Como se trata de una obra de 1964 y supuestamente hecha para todo público, la reacción de la viuda se representa de un modo más bien sugerente, como un calor que la embarga, viéndose cómo el sudor impregna su piel y además ésta trata de luchar contra el ardor que siente (se toca constantemente, tratando de refrescarse); al poco rato del encuentro  entre ambos, el ser mitológico cambia su aspecto y en esta ocasión es tomando la forma del hombre al que ama en secreto, si bien aquí se ve “satirizado”.  Comienza entonces una especie de danza, donde la visitante va siendo cautivada cada vez más; por otro lado Pan, ahora con el aspecto del varonil periodista, se muestra con un grado de erotización tal, que la cámara a ratos enfoca su varonil torso, de una forma como no se esperaría en una película como ésta.  El impacto de esta experiencia se mostrará dos veces más en la persona de la madre, siendo el detonante para que ésta asuma su pasión por el objeto de sus sentimientos.
    Hay otros momentos de gran carga emotiva e inolvidable mensaje para el espectador, todos ellos poseedores de una poesía estética.  Así destaca entre ellos la entrevista entre la anciana vanidosa con el adivino ciego, cuando le va a preguntar sobré cuándo se va a cazar de nuevo y éste le contesta con la más dura verdad, pronunciando un monólogo digno del mejor teatro clásico.  También nos encontramos con el espectáculo que da nada menos que el famoso mago Merlín y la reacción que provoca en su público su arte; no obstante es en su conversación con el niño huérfano de padre (el mismo hijo de la viuda) que se da otro diálogo emotivo, ejemplificador de lo más bello de nuestra propia naturaleza humana (de hecho, cada intervención de este infante en la cinta, será gratificante para muchos, en especial por su personalidad dulce, inocente y curiosa; es así que éste representa nuestro sentido de la maravilla y al cual el doctor Lao nos invita a no perderlo).
     Por último, el medio a través del cual se resuelve el conflicto entre el millonario y la gente a la que quiere embaucar, es a través de una historia que le cuenta el doctor Lao al pueblo, durante la última noche de las dos en las que hace su espectáculo.  El relato que comparte con ellos, de carácter bíblico, es proyectado mágicamente sobre el escenario en el que se encuentra ubicado su público (no está de menos decir que para la época en que fue hecho el largometraje, el efecto de la “ventana” en el aire resulta magnífico); En la proyección se vea a un sujeto de connotaciones diabólicas, como al responsable de la perdición del poblado ficticio de su historia y éste posee el mismo rostro de quien les ha ofrecido dinero por sus terrenos.  Lo que sucede hacia el final, con un desenlace en el cual el dilema de la venta del pueblo se arregla y además aparece un particular monstruo, corresponde al cierre de oro de una obra recomendable para almas nostálgicas y ávidas de verdaderas joyas del género.

jueves, 6 de febrero de 2014

La Persistencia de Poe


El gran Edgar Allan Poe.

I- La Inspiración.

     Si se va a hablar de escritores estadounidenses que han dejado una huella imborrable no sólo en la literatura, si no que también dentro de la cultura en general, como también en la mediática (léase “popular”), Edgar Allan Poe llega a ser sin duda un nombre que no puede dejar de ser tenido en cuenta.  Considerado como uno de los padres de la narrativa gringa, este cuentista por excelencia vivió su atormentada vida allá por la primera mitad del siglo XIX, entre los años de 1809 y 1849 (¡Vivió solo 40 años y qué gran legado nos dejó!). 
     De personalidad complicada, que lo hizo someterse al alcohol, siendo un fiel exponente del llamado Romanticismo (cuyos hombres y mujeres no dejaban de demostrar su gran emotividad y sensibilidad), vivió casi en la pobreza y aunque disfrutó algo de la fama en vida, tal como sus colegas Howard Phillips Lovecraft y Robert Howard, recién vino a ser reconocido en gloria y majestad una vez muerto.  Además de textos en prosa breves y potentes, fue autor de una preciosa poesía de corte narrativa, siendo de estos su poema El Cuervo el más famoso; igualmente incursionó en el ensayo y la crítica literaria.  Si bien mucha de su obra la publicó por separado en diversos impresos como diarios y revistas, luego compilados en uno que otro tomo, hoy en día su obra completa recibe el nombre genérico de Narraciones Extraordinarias; dentro de estas se incluyen también su lírica y su única novela Las Aventuras de Arthur Gordon Pym (la que inspiró nada menos a gente como Julio Verne a escribir una continuación en La Esfinge de los Hielos y a Lovecraft homenajearla sobremanera con su novela corta En las Montañas de la Locura).
     Su trabajo en narrativa se caracteriza por la creación de personajes atormentados, muchas veces rayanos en la locura (claramente símiles de sí mismo), que se ven en medio de una situación inesperada y terrorífica.  En estos casos, se observa la presencia del mal, aunque por lo general esto proviene del propio ser humano, si bien en ocasiones se manifiesta como algo de carácter sobrenatural.  Sus temas recurrentes son la locura, la venganza y la muerte en sí, entre otros, siendo a su vez sus textos narrados en primera persona, a manera de testimonio fidedigno del horror por el que han pasado; todos sus protagonistas son hombres y como en la obra de Lovecraft (quien fue claro admirador suyo), las mujeres apenas tienen relevancia (no obstante no demostraba como éste cierta misantropía, aunque sí compartía la personalidad errática y el gusto por la truculencia).  Hombre culto, en la práctica un autodidacta, es considerado el padre de la literatura de terror gringa, centrando en todo caso el elemento terrífico dentro del terreno de lo real la mayor parte de las veces (en cuentos donde se habla de asesinatos y otros actos de violencia como la tortura y todo lo propio de sujetos desesperados, al punto de perder cualquier tipo de inhibición, una vez expuestos a las situaciones límites que les toca vivir).  Por ende son Narraciones Extraordinarias, porque la naturaleza de lo que cuentan escapa a lo que pasaría en la mayor parte de los casos (reales); de este modo el lector se sorprende ante la aparición de lo inesperado, que en estos cuentos es además algo que provoca rechazo debido a su propia naturaleza ominosa.
    Gran parte de su labor literaria, se haya inserta dentro de una agobiante atmósfera de suspenso, que en muchos casos implica la aventura, como en el caso de su única novela ya citada (dejó inconclusa una titulada El Faro, la cual terminó nada menos que Robert Bloch, el escritor de Psicosis y de tantos textos recomendables de horror).  En este sentido, Poe viene a ser además el creador del género policial, adelantándose en casi medio siglo a Arthur Conan Doyle con sus relatos de Sherlock Holmes.  Si bien para cuando Poe escribió sus célebres cuentos de El Escarabajo de Oro y su llamada Trilogía de Dupin (compuesta por Los Crímenes de la Rue Morgue, El Misterio de Marie Roget y La Carta Robada) aún no se acuñaba el término de “relato policial”; de este modo su personaje de August Dupin, con su inteligencia y dotes detectivescas, fue el primero en utilizar sus capacidades deductivas para a través de una previa investigación, encontrar la verdad en torno a un misterio hasta el momento no resuelto.
     Dedicado al periodismo y también al trabajo como editor de revistas y otras publicaciones, Edgar Allan Poe murió en circunstancias extrañas en una de las calles de su Baltimore natal.  Su vida ajetreada y arte que lo encumbró por sobre su propia miseria personal, hizo que fuese traducido de inmediato a otras lenguas una vez fallecido, teniendo otros grandes artistas como responsables de llevar a otras culturas su legado: en Francia contó con el apoyo del poeta Charles Baudelaire, quien se encargó de trasladar a su idioma sus febriles escritos; mientras que tuvo a Dostoievsky  para ser traducido al ruso y a Julio Cortázar para el español.
    Autores tales como Ray Bradbury, Stephen King, Robert McCammon y Clive Barker le han rendido tributo a través de sus cuentos y novelas de forma directa o indirecta.  Bradbury en su cuento Usher II, el cual forma parte de su volumen Las Crónicas Marcianas; Stephen King a través de su genial novela Misery y sus cuentos Sala de Autopsia Número 4 y Un Lugar muy Estrecho homenajeó un cuento tan recordado como lo es El Entierro Prematuro, llevando a sus protagonistas a bizarras variantes del relato original de Poe; en cuanto a Robert McCammon, éste fue mucho más osado y se atrevió a escribir una gruesa novela a manera de continuación de otros de sus cuentos más famosos, La Caída de Usher.  En cuanto a Barker, éste escribió una secuela de su inolvidable Los Crímenes de la Rue Morgue, llamada Más Crímenes de la Rue Morgue, uno de los tantos cuentos que componen sus tomos compilatorios Libros de Sangre; aunque en su caso, el inglés le otorgó su típico erotismo fetichista y/o morboso a su trabajo.
    Llevado al cine en innumerables ocasiones, ha sido inmortalizado en el celuloide por gente como Roger Corman, en su alabada serie de cintas protagonizadas por Vincent Price y dentro de las que se pueden mencionar sus versiones de La Caída de Usher, La Máscara de la Muerte Roja y El Pozo y el Péndulo.  Otros grandes artistas que lo han inmortalizado en el séptimo arte, son los europeos Louis Malle, Federico Fellini y Roger Vadim (en una excelente y estilizada cinta donde cada uno de los tres adapta un cuento diferente).  Luego tenemos al italiano Dario Argento y al estadounidense George Romero (más genial dupla de cultores del terror no puede haber) en su cinta en conjunto Los Ojos del Diablo y por último, a Stuart Gordon, con su propia visión de El Pozo y el Péndulo y su precioso homenaje a Poe en El Gato Negro para Maestros del Horror en su segunda temporada.  Existen muchas otras películas que se basan en su obra, por lo que el listado sería larguísimo, pero por último se puede mencionar la película El Cuervo de hace un par de años atrás y donde John Cusack hace de nada menos que de Edgar Allan Poe (The Raven en inglés original y no confundir con The Crow, la cinta de culto con Brandon Lee, basada en el cómic homónimo y que se supone está inspirado en el poema de Poe); no obstante la cinta que prometía bastante, al mostrarnos cómo el escritor ayudaba a la policía a resolver una serie de crímenes inspirados en sus propios escritos, resulta bastante decepcionante para el apasionado del género y del maestro Poe.

2- El Inspirado y lo Inspirado.

     Matthew Pearl es un escritor estadounidense que en la actualidad está por llegar a los 40 años (nació en 1975).  Con sólo 4 libros a su haber, es todo un superventas, siendo su primer título El Club Dante, con el cual sentó el precedente  del resto en lo que va su obra hasta la fecha: novelas de suspenso de carácter policial ambientadas en el siglo XIX y llenas de intertextualidad relacionada con la literatura misma y sus grandes representantes y/o la historia real.  Sus cuatro trabajos a la fecha, demuestran una gran erudición acerca del mundo que describe y los personajes históricos a los que se refiere, así como de los textos reales y clásicos que menciona (como bien sucede con La Divina Comedia de Dante en su primer best seller).  Por ende para la realización de sus libros, queda claro que efectúa una investigación exhaustiva a la hora de preparar la trama de estos y aprovechar todo tipo de datos fidedignos con los cuales hacer verosímil la narración.
Matthew Paerl.
       Su propia cercanía con Poe, a quien le dedicó el libro que hoy critico, llegó a tal punto de que se encargó de editar una edición en conjunto de la llamada Trilogía de Dupín (tal y cómo tituló este volumen), compuesta de los tres cuentos originales de Poe donde aparece Aguste Dupin, antecedidos por un prólogo suyo donde analiza estas obras.  Algo similar hizo con anterioridad en una versión de El Infierno de Dante, siendo este capítulo de La Divina Comedia, de gran relevancia para la trama de su ópera prima.
        La Sombra de Poe es su segunda novela, una obra que gira en torno a la misteriosa muerte de Edgar Allan Poe, de la cual algunos especialistas han sostenido que no fue debido al deliriums tremens del que sufría por su exacerbado alcoholismo, si no que fue porque lo asesinaron envenenándolo.  De este modo el protagonista, un joven y prometedor abogado miembro del grupo más acomodado de su comunidad, se dedica a investigar para dilucidad acerca de la muerte de su autor favorito y con quien se estuvo carteando hasta poco antes de su fallecimiento; por otro lado, a su vez aprovecha de limpiar el nombre de su ídolo, el cual ha quedado por los suelos para la opinión pública.  En determinado momento el personaje principal se entera de que Poe basó su famoso Dupin en alguien de la vida real, un francés como su referente literario; razón por la cual viaja a Francia para ir en su busca y pedirle ayuda a desentrañar el misterio que lo embarga.  Su decisión de dedicarse de lleno a encontrar la verdad acerca de las interrogantes que le quitan el sueño, le provocan una serie de conflictos con su prometida y familia, más otros ligados a gente inescrupulosa y de mala calaña con la que se encuentra.  Demás está decir que entre medio de tanta aventura e intriga, aparece el atractivo tema de las conspiraciones, en las cuales se ve involucrada la figura de Poe.  Por lo tanto el título de la novela hace referencia tanto al peso del nombre y a la memoria de Poe para el héroe del libro, como también al enigma que gira en torno a su deceso.
     En cuanto a Poe mismo, éste no aparece de forma directa en la novela, puesto que cuando la narración comienza, el autor hace poco que acaba de morir y no hay episodios a modo de flashbacks centrados en él.  Además el narrador del texto es el mismo joven abogado, quien al más puro estilo de la literatura de la época, escribe en primera persona sus memorias para dejar testimonio de su vida.  No obstante, pese a que Edgar Poe interactúa en los acontecimientos digamos de una forma indirecta, su presencia se haya en el libro con una fuerza tal, que su persona no deja de tener gran peso en la trama.  Esto porque constantemente el narrador protagonista nos está entregando una serie de datos (muchas veces sabrosos) con respecto a lo que ha sido la infortunada vida del difunto; por otro lado, no deja de aventurarse acerca de qué podría haber pasado en realidad con éste como para tener tal destino final (así es como también otros personajes, habiendo conocido varios de ellos a Poe, no dejan de hacer sus propios aportes para darle forma a la presencia de éste en el libro y todo gracias a sus palabras y recuerdos que lo rescatan del olvido).  El libro en si mismo destila un gran afecto y respeto por tan desgraciado, pero inmensamente talentoso artista.  Lo anterior puede bien quedar demostrado con el siguiente fragmento:

     El pescadero me hizo una seña de que lo siguiera de regreso al gran mercado. Había olvidado mi cuaderno de notas en su mostrador. Se secó las manos en su delantal de rayas y me lo tendió. Estaba envuelto en los inequívocos olores de su puesto, como si se hubiera perdido en el mar y luego recuperado.
     —No querrá usted olvidar su trabajo. Veo que ha escrito el nombre de Edgar Poe, señor Clark. Aquí, ¿lo ve? —dijo el pescadero señalando una página abierta.
     Devolví el cuaderno a mi cartera.
     —Sí, gracias, señor Wilson.
     —Ah, señor Clark, aquí hay algo. —Desenvolvió con impaciencia un paquete y apareció un pescado horrorosamente feo, amontonado sobre otros congéneres idénticos—. Lo encargaron especialmente del distrito Oeste para una cena. Algunos lo llaman pez perro, ¡pero también se lo conoce como «abogado del lago» por su aspecto feroz y sus hábitos voraces! —Rió entre dientes aunque sonoramente, y vio que yo no le imitaba—. No como usted, por descontado, señor Clark.
    —Quizá ése es el problema, amigo mío.
    —Sí —dijo en tono de duda, y carraspeó. Ahora se dedicaba a descabezar un pescado tras otro sin mirarse las manos ni tampoco reparar en las cabezas que aquéllas iban desprendiendo—. De todas formas, ese Poe debió de ser un pobre desgraciado. Oí que había muerto en el viejo y decrépito hospital Washington hace unas semanas. El marido de mi hermana conoce a una enfermera allí, que dice que, según otra enfermera que habló con un médico... (ya sabe, señor Clark, que esas mujeres son unas endemoniadas chismosas), dijo que Poe fue hasta el final un auténtico chiflado..., que mientras yacía allí pronunciaba un nombre una y otra vez...Bueno, hasta que... —su voz cambió para convertirse en un susurro, como para denotar gran sensibilidad—, hasta que graznó. Que Dios se apiade de los débiles.
     —¿Dice usted que pronunciaba un nombre, señor Wilson?
    El pescadero rebuscó la palabra adecuada. Se sentó en su taburete y empezó a sacar ostras no vendidas de un barril, abriéndolas cuidadosamente una por una y fisgando en busca de perlas, antes de desecharlas con filosófica contrariedad.
     La ostra representaba al típico nativo de Baltimore, no sólo porque daba lugar a una actividad empresarial y podía ser objeto de comercio, sino porque había la posibilidad de que ocultara en su interior un tesoro más valioso. De pronto el pescadero chasqueó la lengua, exultante.
     —¡Reynolds, eso es! ¡Eso mismo, «Reynolds»! Lo sé porque ella me lo dijo durante la cena, y eran los últimos cangrejos de caparazón blando de la temporada.
     Le pedí que lo pensara bien hasta estar seguro.
     —¡Reynolds, Reynolds, Reynolds! —repitió algo ofendido ante mi duda—. Eso es lo que estuvo diciendo toda la noche. Según la enfermera, ella misma no se lo pudo quitar de la cabeza después de haberlo escuchado. Decrépito, viejo hospital... Yo digo que habría que prenderle fuego. Conocí a un Reynolds en mi juventud, que cada vez que veía a un soldado de infantería le tiraba piedras... Tenía un carácter endemoniado, ya lo creo, señor Clark.
     —Pero ¿había mencionado Poe antes, alguna vez, a un Reynolds? —me pregunté en voz alta—. Un miembro de la familia o...
     Pareció que el pescadero dejaba de disfrutar de la situación, y me dirigió una mirada excesivamente amable.
     —¿Es que ese señor Poe era amigo suyo?
     —Un amigo mío —respondí— y un amigo de todos cuantos lo leen.
     Di unas apresuradas buenas tardes a mi cliente y le agradecí vivamente el notable servicio que me había prestado. Se me había permitido enterarme de las últimas palabras de Poe en esta tierra (o, en cualquier caso, casi las últimas), y con ellas alguna respuesta, alguna revelación, algún remedio a las críticas e invectivas de la prensa, a la espera de una rehabilitación del personaje. Aquélla era la única palabra a partir de la cual podría encontrarse algo, algún aspecto de la vida de Poe por descubrir.
     ¡Reynolds!
      Pasé incontables horas buscando en las cartas que Poe me había dirigido y en todos sus relatos y versos, para dar con alguna pista de Reynolds. Las entradas para exposiciones y conciertos quedaron sin utilizar. Si Jenny Lind, el Ruiseñor Sueco, hubiera cantado en la ciudad, yo habría continuado igualmente entre mis libros. Casi podía oír a mi padre ordenándome que dejara de lado aquella literatura y volviera a prestar atención a mis textos legales. Habría dicho (así lo imaginaba yo): «Los jóvenes como tú deberían observar que la Industria y la Empresa pueden hacer despacio todo cuanto el Genio hace con impaciencia... y muchas cosas que el Genio no puede hacer. El Genio necesita la Industria tanto como la Industria necesita al Genio.» De repente, cada vez que abría un nuevo documento de Poe, sentí como si mantuviera una disputa con mi padre, el cual trataba de arrebatarme los libros de las manos a medida que yo los tomaba del anaquel. No era un sentimiento plenamente negativo; de hecho, creo que en realidad me impulsaba en la misión que me había impuesto. Además, en mi condición de hombre de negocios, había prometido a Poe, un posible cliente, defenderlo. Quizá mi padre me hubiera alabado por ello”.

    Por  tratarse además de una obra perteneciente al género de la narrativa histórica, el libro en sí recrea una realidad pasada con tal viveza, que a ratos pareciera estar leyendo una novela escrita durante esa época.  Lo anterior gracias a una descripción detallada, que llega a mostrarnos en muchos aspecto cómo era el mundo en el que vivió Poe, con sus costumbres, personajes típicos, ideologías, vicios y prejuicios (en este sentido, el tema de la esclavitud negra, tan habitual en la sociedad norteamericana de antaño, es abordado en varias ocasiones, entregando una más que interesante visión al respecto); de este modo es que además aparecen en sus páginas personajes reales de la época (como algunos familiares de Napoleón) que le otorgan realismo a un texto que imita cierto estilo narrativo de antaño; por ende, resulta ser una ficción a la manera del periodo, por el que siente predilección su autor.  Dentro de esto, cabe destacar la personalidad misma del protagonista, quien piensa y actúa como un hombre de su mundo y época: un romántico en el sentido estricto de la palabra, siendo un sujeto culto, sensible, elocuente y apasionado, quien presenta grandes idealismos, tal cual los personajes clásicos de la literatura occidental de la primera mitad del siglo XIX; así es como además destaca la presencia del leiv motiv de la mujer ángel, en esta ocasión a través de la enamorada del joven abogado (entiéndase por ello a una mujer de gran belleza física e interior y que salva al héroe romántico de la desgracia por medio de su amor redentor); asimismo es posible evidenciar la importancia del honor en el libro, como el tema de la amistad, ambos elementos que no dejan de otorgarle una impronta romántica al texto, como también sucede con la presencia de criminales carismáticos, tan habituales en la literatura de este tiempo.
    Quizás lo único que se le puede encontrar como defecto a esta recomendable historia, es que nunca queda claro cómo fue que Poe, un estadounidense de escasos recursos económicos, pudo entrar en conocimiento de alguien real (y francés más encima, o sea, del otro lado del océano) como para crear a su Dupin literario. 

sábado, 1 de febrero de 2014

Acerca de la versión fílmica de “El Juego de Ender” y su relación con el libro.


      Largo tiempo tuvimos que esperar los seguidores del escritor Orson Scott Card y en especial de su premiada saga literaria de Ender, para que fuese llevada a la pantalla la novela que lo hizo famoso.  La historia de Ender Wiggin, el niño prodigio que tal cual las figuras bíblicas de un salvador como Moisés y Cristo había de ser la esperanza para su comunidad, por años estuvo en la mira de Hollywood, pero pasaron casi tres décadas para que ello fuese llevado a cabo. Ante la posibilidad de concretar el filme, la idea siempre fue hacerlo por medio de una megaproducción hollywoodense, donde se retratara la guerra de la humanidad contra la extraña raza extraterrestre de los insectores (también llamados fórmicos).  En un momento era seguro que nada menos que James Cameron, especialista ya consagrado en el género de ciencia ficción, la llevaría a cabo (bien debe saberse que lo unía una amistad con el escritor, ya que éste escribió la adaptación literaria de su filme The Abyss, conocida en español como El Secreto del Abismo, llegando a crear una verdadera obra de arte que fue capaz de sobrepasar el mismo guión original de Cameron y superando las típicas expectativas del llamado “subgénero” de las novelizaciones de películas); al final todo quedó en un proyecto no concretado más del director de Terminator y Aliens y se barajaron otros posibles nombres, entre ellos el más seguro, el alemán Wolfgang Petersen, otro maestro del cine de efectos especiales y que ya al menos había filmado la bella cinta de ciencia ficción Enemigo Mío en los ochenta.  No obstante recién el año pasado fue llevado a cabo la filmación de la versión cinematográfica de El Juego de Ender, la primera de hasta el momento 6 novelas (sin considerar la saga paralela iniciada con La Sombra de Ender), siendo el responsable de hacerlo el sudafricano ganador de un Oscar a la Mejor Película Extranjera Gavin Hood, el mismo que hace unos años atrás realizó X-Men Origens: Wolverine (amada por algunos y odiada por otros).
    La película desde que comenzó a gestarse la posibilidad de hacerla, contó con la supervisión del mismo autor de la novela, quien en un principio hizo su propio guión, el cual al final se usó como base para el libreto final una vez que el proyecto fue aprobado. A su vez Card actuó como productor de esta primera cinta basada en un texto suyo.
    Ya se ha dicho en parte de qué trata la trama de El Juego de Ender, pero en síntesis esto es lo que cuenta el largometraje:  En un futuro medianamente cercano la humanidad ve en peligro su continuidad, puesto que en dos ocasiones se ha enfrentado a una raza alienígena que aparentemente no habla y la cual en ambas ocasiones había llegado a diezmar con su superioridad bélica a los seres humanos.  La última vez casi por pura suerte los hombres lograron derrotar a los insectores, sabiendo en todo caso que si no se preparaban a tiempo para corregir sus propias debilidades en la batalla, esta vez los extraterrestres conseguirían la aniquilación de la humanidad.  Es así que durante décadas desde el último enfrentamiento con los invasores, se ha estado desarrollando un programa para preparar a los futuros líderes de la avanzada en contra de los alienígenas y para ello se ha decidido trabajar con niños superdotados, a los que mediante sofisticados juegos de simulación podrían enseñar a combatir con eficiencia a los adversarios.  Pues bien, Ender, el protagonista, se convierte en la máxima esperanza para el planeta de lograr la victoria y es así como a lo largo de la trama se ve el proceso de su preparación como futura cabecilla del ejército, que se espera aniquilará por completo a la fuerza enemiga.  Entre medio se muestra cómo un niño, aún siendo un genio, enfrenta toda esta responsabilidad de superar cada una de las pruebas intelectuales, físicas y emocionales que le significa cumplir con un rol, que en circunstancias más “normales”, tendrían que estar sobre los hombros de un adulto.
    Desde los primeros bocetos del guión hecho por Card, éste optó por eliminar de la narración la importante subtrama de los dos hermanos de Ender (Peter y Valentine); en el libro ésta  le otorga gran protagonismo a ambos y ilustra además con lo que está sucediendo en la Tierra, paralelamente a lo acaecido con Ender en el espacio durante su entrenamiento.  No obstante pese a esta decisión, el carismático personaje de Valentine, quien llega a cumplir un papel fundamental dentro de la trama de toda la saga, las veces que sale en la película, logra desarrollarse a tal punto de percibirse en ella su naturaleza dulce; en cambio Peter, el en un principio hermano abusador y sádico, es visto por el espectador que no conoce la fuente literaria, como alguien sólo nefasto, ya que no es posible contemplar su progresivo cambio a una persona más benigna.  En todo caso queda claro que si se hubiese decidido incluir esta línea argumental, la película que bien llega a durar casi las dos horas, habría llegado a las tres como mínimo.  No obstante en general se trata de una traslación audiovisual bastante fidedigna al libro en cuestión, la cual sin dudarlo le rinde honor a la obra de Orson Scott Card.  Se podría decir que la película tomó más como fuente la novela corta que su versión final (el texto breve data de 1977, mientras que la novela de 1985), puesto que de ese modo no sería tan complicado condensar tanta trama.
     Quizás el único elemento del largometraje y/o gran cambio hecho en él, que podría provocar malestar en los seguidores de la saga literaria, sería haber modificado la edad de Ender y el resto de los protagonistas infantiles.  Mientras en la novela Ender tiene alrededor de 6 años cuando comienza la historia, en la película es prácticamente un preadolescente, es decir, tiene como mínimo 10 años; por ende los demás chicos del filme se ven bastante mayores (incluso se ven muchachitas demasiado “creciditas”).  Esto le quita parte del impacto que tuvo el libro en su momento, al hacer que  pequeños actuaran como adultos y se vieran sometidos a las grandes tensiones en las que son inmiscuidos.  Por otro lado, la idea original del autor es mostrar a través de estos niños genios, el proceso de madurez de estos mismos a lo largo de los años (lo que ha hecho con otros personajes de sus libros, como en la saga de Alvin Macker) y para ello resulta fundamental verlos crecer progresivamente; a su vez como se trata de infantes de esa edad y se aborda entre otras cosas el tema de la educación, es necesario que fuesen así de pequeños, ya que como está expuesto en la misma película, a esos años son más receptivos al proceso de instrucción (además si al filme le va bien y llegan a hacer las secuelas, no dejaría de ser genial ver crecer a los jóvenes intérpretes, como ya se vio en la saga de Harry Potter).  Ahora bien, quizás este cambio fue debido a una supuesta imposibilidad de conseguir actores de esa edad, que lograran los estándares artísticos exigidos o tal vez por creer que era demasiado complicado hacerlos participar en algunas de las escenas más comprometedoras de la cinta; no obstante cualquiera de las dos posibilidades, resultan bastante ridículas, ya que hace un buen tiempo que se puede apreciar a pequeños grandes actores realizando papeles increíbles y en las situaciones más dramáticas que puedan darse (tal como en su momento sucedió con Jodie Foster, River Phoenix, Macaulay Culkin, Elijah Wood, Dakota Fanning y Haley Joel Osmen, entre muchos otros más); no obstante según algunos afirman, esta opción fue tomada para conseguir la atención del público cautivo juvenil de otras sagas cinematográficas, como Los Juegos del Hambre y Crepúsculo.  Sin embargo, pese a estos resquemores, el desempeño hecho por Asa Butterfield como Ender Wiggin y el resto de los pequeños actores (la verdad, algunos de ellos ya cercanos a la mayoría de edad o ya adultos, pero de apariencia menor), deja contento al público con su alto nivel dramático (haciendo casi olvidar la diferencia esencial entre las edades con sus contrapartidas literarias).
     Pese a las dos modificaciones hechas en la trama original, hay que ser justo con la película y reconocer en ella la soberbia  manera en que trasladaron a la pantalla grande algunos de los momentos más recordados del libro.  Dentro de esto, se puede partir mencionando el comienzo, cuando se observa a Ender aún en la Tierra y va al colegio como el resto de los niños “normales”, lugar donde tiene un impactante encuentro con un compañero abusivo; luego cuando lo van a  buscar a su casa para reclutarlo en la Escuela de batalla, resulta ser otro pasaje memorable.  Es cierto que todo lo transcurrido en este último lugar mencionado se encuentra reducido en el tiempo, no obstante varios de sus episodios igualmente recordados, están dramatizados con sublimidad, llegando en algunos instantes a emocionar a más de un espectador (y ello se debe en parte también al propio trabajo de Asa y sus contemporáneos).  Así es como las escenas de ejercicios de batalla en gravedad cero, se encuentran hechas aprovechando lo mejor de los efectos especiales, otorgándole gran verosimilitud y luego cuando una vez más Ender llega a enfrentarse a la crueldad de los opresores bajo la figura de su líder Bonzo Madrid, el impacto dramático no deja incólume a nadie.  Hay varios otros instantes de la película que logran quedarse en la retina...  Mención aparte merece el especial videojuego que juega Ender, con su mítico gigante, el cual cuenta con excelentes gráficas y un bello diseño artístico que le otorga a estos momentos una atmósfera onírica particular.
    Una vez trasladado Ender a otro lugar cuando es ascendido y sometido a nuevas simulaciones de batalla (esta vez más reales que nunca) el encuentro con el ya mítico héroe que salvó a la humanidad en la última batalla contra los insectores, continúa el progreso narrativo hasta su inesperado clímax.  Aquí es cuando la actuación de un veterano del cine como el camaleónico Ben Kingsley (a quien no hace mucho vimos en un papel tan diferente en Iron Man 3) sorprende gracias a la relación que establece con el niño prodigio; además los guionistas tuvieron la genial idea de tatuarle el rostro para darle un aspecto más siniestro a Mazer Reckam, quien en realidad resulta ser un sujeto mucho más humano a diferencia de la primera impresión que da (convirtiéndose, además, en un nuevo maestro para el muchacho en proceso de crecimiento).  Luego se efectúa un diálogo inolvidable entre los dos, aporte propio de la cinta, en el cual se hace un alcance a la expresión La Voz de los Muertos, que tan relevante sería para el siguiente libro de la saga (siendo además este su título), como para la “precuela” Ender en el Exilio.
    Cuando Ender es mostrado al mando de lo que se supone son los videojuegos más sofisticados y donde junto a sus compañeros debe pelear en el espacio virtual contra los insectores, es dramatizado su desempeño tal cual si el propio Ender estuviera dirigiendo una orquesta; esto es moviendo sus brazos en una verdadera coreografía, la cual le otorga un clima especial, a lo que en realidad se trata de uno de los apartados más relevantes de la trama. 
     Como ya se afirmó antes en esta crítica, las actuaciones de Asa y Ben resultan ser más que aceptables, por no decir impresionantes (cabe recordar que estos dos ya habían trabajado juntos en la bella cinta de ciencia ficción retro de Martin Scorsese Hugo, trabajo fílmico por el cual además Asa logró notoriedad).  No obstante también resaltan las colaboraciones de actores tan solventes como Harrison Ford (quien ha envejecido con dignidad y continúa mostrando su gran capacidad para hacer tantos papeles diversos), interpretando al Coronel Graff, uno de los personajes más recordados de la literatura de Orson Scott Card; por otro lado, siguiendo con  los papeles adultos, la afroamericana Viola Davis, vuelve a realizar un trabajo conmovedor, dándole vida a un personaje que en el libro apenas aparece y que acá en la película destaca por su humanidad.  Por último, dentro de los niños actores, resalta la labor hecha por Hailee Steinfeld como Petra Arkanian, otro de los personajes memorables del escritor.
    Dentro de los aportes del largometraje, resalta el final de éste, cuando se ahorran el viaje que hace Ender durante su autoexilio, para conseguir la paz y la redención que desea; de este modo es en el mismo lugar donde ocurre el clímax, que Ender encuentra su nueva razón de ser, así como el proyecto para la nueva aventura que está por venir; en este sentido, su encuentro final e inesperado con el enemigo al que ha llegado a amar, resulta ser una nueva decisión acertada de la versión cinematográfica.
    Por último, la banda sonora compuesta por Steve Jablonsky, sin vacilaciones consigue ser un acompañamiento ideal, a la hora de representar acústicamente cada unos de los momentos más emotivos y épicos del filme. 

miércoles, 29 de enero de 2014

Maestros del Horror 18: “Pro-Life” (“Pro-Vida”) de John Carpenter.


    La segunda contribución del veterano director canadiense de filmes de terror al programa y de quien ya se escribió respecto a su trayectoria en la crítica dedicada a Cigarrete Burns, corresponde a otra historia suya gore de corte sobrenatural.   En este caso se trata nuevamente de un drama que aborda el tópico de lo demoniaco, si bien a la vez tal como en el caso ya señalado, se observa la presencia del mal en los mismos corazones de los seres humanos (disfrazado más encima de rectitud religiosa).
    El guión muestra cómo una muchacha es rescatada por un par de médicos a pasos del edificio donde ambos trabajan, de modo que allí la llevan cuando la joven les solicita ayuda, porque aparentemente es perseguida y su vida peligra.  El edificio es nada menos que una clínica abortiva, de modo que la chica les pide además que le ayuden a deshacerse de su bebé que según ella no debe nacer.  A su vez a las puertas del recinto llega un hombre que resulta ser el padre de la auxiliada, quien en el pasado tuvo problemas con la gente de la clínica, a tal punto que se decretó una orden judicial en su contra para no acercarse al lugar; resulta que este sujeto es un fanático religioso, quien había causado problemas a la clínica debido a sus métodos algo violentos en defensa de la vida de los niños a abortar.  Es entonces que los doctores se dan cuenta que algo realmente va mal con el embarazo de la niña, quien es apenas una adolescente; todo se complica una vez que el abuelo y “el padre” por su cuenta irrumpen en la zona, además de que nace el inesperado “bebé”.
     Basada en un guión original, Pro-Life resulta ser una interesante historia por varias razones: primero que está filmada como toda una cinta de clase B, con escenas sangrientas que podría decirse fueron exageradas de adrede para aumentar el clima del episodio; a esto se le suma la criatura que nace de la muchacha, la cual considerando los logros hechos en el programa por parte de los especialistas Gregory Nicotero y Howard Berger en el maquillaje y trucos varios, se ve bastante falsa y de bajo presupuesto en su diseño y movimientos (no obstante el “padre” del monstruito sí que se aprecia imponente y bien hecho, pero aun así respondiendo al típico estereotipo demoniaco).  A lo anterior se le suma cierto humor negro, tan propio de Carpenter, el cual de vez en cuando se hace notar en la película y que queda claro que lo usa el director para enfatizar la ridiculez de las situaciones que está escenificando (así como también el absurdo de las mismas reacciones del ser humano en general, como su comportamiento poco racional frente a lo que le disgusta o incomoda: véase esto en las figuras del padre fanático religioso y la de otro padre, quien ha llevado a su también joven hija a practicarse un aborto, aparentemente obligándola, agregándose además el risible guardia cobarde que cuida el portón del edificio).
    Segundo, hay un tema con la paternidad en la trama, puesto que los padres que se observan acá, no resultan ser los mejores modelos en cuanto a cómo tratar a su descendencia: ambos se ven como manipuladores y opresivos, demás de egoístas…No obstante al infernal padre del engendro que nace en el mediometraje, en contra de lo inesperado, se le ve un instinto paternal que hacia el final no deja indiferente…He aquí otra ironía de un genio como John Carpenter, quien pareciera estar dejando una de sus críticas habituales al sistema político imperante.  De este modo los padres representan la autoridad y ésta permite que existan lugares como la clínica abortiva; se puede entender entonces que quien se sale del orden preestablecido, debe aceptar el castigo al control absoluto (la dominación de la voluntad) que en este caso representa el aborto.  Por ende, el nombre de esta joyita atiende de la forma más corrosiva posible al discurso expuesto en el guión, puesto que resulta contraproducente defender la vida aún a costa de sentirse dueño de quienes dependen de nosotros; lo mismo resulta estar dispuesto a matar para defender unos principios que supuestamente representan lo correcto.  A su vez uno podría preguntarse si un artista e intelectual como Carpenter, con lo ácido que ha llegado a ser en ocasiones con sus producciones, es un declarado antiabortista.
    Ligado a lo anterior, cabe destacar que al comenzar el capítulo, la pantalla muestra un intenso verdor y que la clínica misma donde transcurren los hechos se encuentra ubicada en medio de un bosque, aislada del resto de la sociedad.  No obstante el lugar aparentemente idílico resulta ser un engaño o una ironía más que muestra el Paraíso corrompido que viene a ser este sitio (resulta cómico el diseño de la recepción del centro médico, lleno de flores y con un tapiz mural cursi).  Es cuando se debe recordar la presencia del padre interpretado por nada menos que Ron Perlman (actor de culto con participación en tantas películas clásicas del género u otras), un sujeto que cree representar la verdad divina; es así que mantiene a sus hijos, en especial a su única hija, apartados de la sociedad que consideran corrupta. (la niña más encima lleva el significativo nombre de Angelique, o sea Ángel en español, lo que hace referencia a su supuesta pureza)  No obstante el demonio logra entrar sin problemas a este Edén humano e imperfecto y mancillar a quien debía mantenerse inmaculada; luego el personaje interpretado por Perlman defiende la vida del nonato infernal, creyendo que éste es una especie de elegido y como queda bien aclarado en el guión, más equivocado no puede estar. 
    En suma, es el más débil de los dos filmes filmados para Maestros del Horror por Carpenter, ya que no posee el aire profundamente ominoso de Cigarrete Burns (el cual en su seriedad y falta de humor no deja de manifestar su sentido de peligro y fatalidad); no obstante Pro-Life posee sus propias virtudes y era de esperar de alguien como su director, hacer una historia de terror distinta a lo ya visto, de tal manera de mostrar su propia versatilidad para abordar el género en una nueva variante.
    Fue estrenada originalmente el 24 de noviembre de 2006 en Estados Unidos.

lunes, 27 de enero de 2014

Flecha Verde bajo la influencia del “Efecto Nolan”

Portadas del Flecha Verde más clásico, junto a una de las historias más impactantes de la etapa Adams/O´Neil.

I- Sepamos algo acerca del personaje.

     En 1941, plena Edad de Oro de los cómics, apareció Flecha Verde, superhéroe que en su imagen y métodos recuerda al legendario Robin Hood de las historias medievales.  En pocas palabras este personaje cuyo nombre es Oliver Queen, defiende la justicia vestido de verde y usando un arco, protegiendo su identidad gracias al típico antifaz tan popular entre sus “colegas”; a su vez Oliver, también llamado por sus más cercanos como “Ollie” es un multimillonario, usando su fortuna para poder financiar sus actividades secretas y además poseer todo tipo de flechas ingeniosas, que implican explosivos, redes, ácidos, narcóticos y otros elementos que le permitan salir victorioso de sus escaramuzas con los maleantes.
     Durante las primeras décadas de sus historias, contó con su propio ayudante juvenil (léase sidekick), quien recibió el nombre de Speedy (Veloz), siendo su nombre real Roy Harper, un muchacho huérfano al que luego adoptó (posteriormente Roy se independizó y se convirtió en Arsenal, tal como el primer Robin, Dick Grayson se transformó en Ala Nocturna).  De este modo se puede ver uno de los tantos paralelos entre Flecha Verde y el mismísimo Batman: ambos son multimillonarios y luchan por lo general contra la escoria, es decir, los criminales ordinarios en vez de los villanos del tipo metahumano, como bien pasa con superhéroes de la talla de Superman, la Mujer Maravilla y Linterna Verde; a la par de su relación como maestro y padre adoptivo de Roy Harper. 
      Las habilidades de Flecha Verde corresponden a la de un hombre con reflejos envidiables y destreza física, que lo convierten en todo un as del arco, virtudes sólo equiparables a la de quien podría ser considerado su némesis, el también arquero Merlyn.  Ahora bien, este rubio superhéroe consiguió su destreza tras pasar cinco años en una isla desierta, lugar en el cual para sobrevivir tuvo que usar las armas que luego lo harían famoso; fue así como la estadía en el lugar llegó a cambiarlo, no sólo otorgándole capacidades extraordinarias gracias al constante uso de las técnicas del arco y la flecha, más el habitual ejercicio físico, si no que además lo convirtió en alguien distinto, ahora preocupado de servir a la gente como justiciero en vez del hombre medianamente vividor que era antes de este hecho.
Portadas de la primera saga del Flecha Verde Post Crisis (1987).
      Por años Flecha Verde fue un personaje sin mucha sustancia, hasta que en 1969 la dupla del dibujante Neal Adams y el guionista Dennis O´Neil, los mismos responsables de la revitalización de Batman en aquella época, le dieron un cariz mucho más adulto, ácido y crítico al personaje.  De tal modo partieron con un cambio en su imagen, otorgándole una barba y traje diferente (luego con el reinicio de DC tras la llamada Crisis en las Tierras Infinitas en 1985, se le pondría una capucha en vez de su característico gorro con la pluma).  Fue entonces que lo convirtieron en un intelectual de izquierda preocupado en especial por lo marginados y los temas sociales como las sectas satánicas, la drogadicción, el militarismo, el racismo y otros; para reforzar su nueva  personalidad decidieron unirlo en una cruzada junto al Linterna Verde Hal Jordan (su mejor amigo) en la cual recorriendo su país Oliver le iba dando una lección de humanidad a su compañero, quien para Queen estaba demasiado sometido al sistema de los Guardianes de la Galaxia (una especie de gobierno paternalista, pero controlador de derecha a los ojos de Queen ) y por ello se encontraba alejado de los problemas del hombre común.  La colección  pese a las polémicas que provocó en su momento, recibió un montón de premios y alabanzas y hoy en día está considerada como una de las mejores sagas en materia de cómics superheroicos.
     Tras la etapa mencionada, muchos artistas de gran talento se encargaron de contar nuevas aventuras de Oliver Queen, si bien siempre manteniendo su dimensión social, la cual lo diferenciaba de otros superhéroes DC más de tono detectivesco, fantástico o de ciencia ficción (aunque nunca dejando de lado la aventura y la acción).  Incluso llegó a estar muerto, siendo su hijo carnal, Connor Hawke, quien lo reemplazó durante un buen tiempo; luego como es habitual en el mundo de los superhéroes, fue resucitado.   No obstante independientemente del tono más serio de sus revistas, Flecha Verde ha estado presente en varios de los eventos más importantes de DC, siendo un miembro destacado de la Liga de la Justicia en varias de sus encarnaciones; además tuvo el “honor” de haber matado a su amigo del alma, Hal Jordan, cuando éste se encontraba poseído por la entidad Parallax que lo volvió un loco asesino, disparándole una flecha amarilla en su corazón (cabe recordar que el color amarillo es la debilidad del cuerpo de los Linterna Verde).
Primer número del Flecha Verde actual.
    El gran amor de su vida ha sido la también superheroína Canario Negro.  Durante la Edad Dorada y la Edad de Plata, Canario Negro era Dinah Drake, quizás junto a la Mujer Maravilla una de las dos primeras superheroínas del cómic; luego durante la Edad Moderna o tras la Crisis en las Tierras Infinitas, al rejuvenecer a los personajes debido a razones evidentes, Canario Negro se convirtió en Dinah Laurel Lance, la hija de la Canario Negro original, quien fue fundadora del primer grupo de superhéroes de DC: La Sociedad de la Justicia y al que luego se integraría su propia hija (interesante puede ser saber que Canario Negro II posee el poder de un grito supersónico, el cual puede derribar cosas y ser insoportable para sus enemigos, capacidad con la que no contaba su madre, pero con quien sí comparte una gran agilidad gimnástica).  En todo caso Connor no fue concebido con Dinah, si no que nació fruto de la relación con una de las amantes intermitentes que tuvo en el pasado Flecha Verde, antes de consolidar su amorío con Canario Negro.

II- Su aparición en los medios audiovisuales previos a Arrow.

    
El Flecha Verde de
"Liga de la Justicia Ilimitada".
Pese a ser un personaje clásico y popular de la compañía, Flecha Verde recién vino a conocer la fama mediática televisiva a principios de la década pasada, o sea, tan sólo en este siglo.  La primera vez en la cual se le pudo ver participando junto a las aventuras de otros destacados superhéroes catódicos, fue en el primer episodio de la ahora recordada serie Liga de la Justicia Ilimitada en el 2004 y en ella Flecha Verde cumplió un papel fundamental representando al “hombre corriente”, lidiando frente a los retos extraordinarios de los villanos superpoderosos y otros eventos de naturaleza maravillosa y/o fantástica; además pudo demostrar su calidad como superhéroe, aún cuando no poseía las habilidades sobrehumanas de muchos de sus colegas.  Fue entonces que Flecha Verde apareció en varios capítulos de este programa; además se abordó aquí su relación amorosa con Canario Negro (este programa fue concebido por nada menos que Paul Dini y Bruce Timm, gestores del relanzamiento del universo DC en la pantalla chica a partir de comienzos de los noventa y que comenzaron con Batman: La Serie Animada, para luego crear Superman: La Serie Animada y Batman del Futuro, dando por último paso a la Liga de la Justicia; todas ellas series que mostraban una continuidad argumental entre sí, si bien por lo general sus episodios era autoconclusivos, además de contar con una visión mucho más seria y adulta, pese a su buen humor, de los superhéroes DC como nunca antes se había visto en la TV).
      En el año 2005, Flecha Verde participó en una aventura en exclusiva junto a nada menos que Batman durante la quinta temporada de The Batman (de hecho en los cómics desde que el dúo de Adams/O´Neil los “mejoró”, ambos han tenido varios team-ups, es decir, historias en conjunto).
      Con respecto a Batman the Brave and the Bold, otra llorada serie animada de DC acabada antes de tiempo, pero que en este caso mostraba al Caballero de la Noche lidiando junto a un montón de personajes de su universo (quienes ser turnaban por episodio para salir), Flecha Verde tuvo nuevamente gran protagonismo e incluso fue el primer superhéroe invitado, saliendo en el programa desde su capítulo debut; de este modo se trabajó la amistad entre ambos justicieros, a tal punto que para Batman en la serie, éste siempre fue  el mayor depositario de su confianza a la hora de enfrentar a las fuerzas del mal.  Como Batman the Brave and the Bold rescataba muchos conceptos de la Edad de Plata, entre ellos a un Batman menos oscuro y al caricaturesco personaje de Bat-Mito (Batiduende), sobresalió el aspecto antiguo de muchos de sus protagonistas; por ende a Oliver Queen se le vio con su traje de la Edades de Oro y de Plata, sin su barbita.
    Entre el 2010 y el 2013 se volvió a ver a Flecha Verde en una serie animada: esto fue en Young Justice y donde el arquero esmeralda cumplió el papel de maestro de Veloz, luego llamado Flecha Roja, pero especialmente de la adolescente Artemisa, su más reciente protegida; en este programa el veterano superhéroe fue uno de los tantos justicieros adultos que hicieron de modelo a seguir de los jóvenes protagonistas del show.
El Flecha Verde de "Smalville".
      En la también exitosa Smalville, esta vez de imagen real y centrada en la juventud de Superman cuando “sólo” era Clark Kent, Flecha Verde volvió a tener gran relevancia a partir de su introducción en la sexta temporada, convirtiéndose luego en personaje estable.  Uno de los aspectos más llamativos de su participación en Smalville, fue que por primera vez en televisión se abordó su estadía por cinco años en la isla como náufrago, lo que lo llevó al proceso de convertirse en superhéroe; por otro lado, una vez más se mostró su romance con Canario Negro.   En cuanto al actor que personificó a Oliver Queen/Flecha Verde, fue Justin Hartley, quien hizo un muy trabajo, convirtiéndose además en un nuevo símbolo sexual televisivo gracias a su buena facha; mucha gente suponía que éste retomaría al personaje que lo hizo famoso, tras anunciarse una serie centrada en el Arquero Esmeralda, pero al final optaron por un enfoque completamente distinto del superhéroe, como ya se verá más adelante en este texto (eso sí, la nueva serie se alejaría del tono más “superheroico” de Smalville).
     Por último, fue protagonista de un intenso cortometraje perteneciente a DC Showcase.  Esta era una colección de animaciones de tono adulto, que se estuvo haciendo con gran calidad, de modo de acompañar a los lanzamientos de filmes animados de larga duración, sobre el universo DC y hechos para la venta directa en DVD y blue-ray.  El corto data del año 2010 y se hizo como prueba además para la posterior creación de la misma serie de Arrow.  Tal como en el episodio ya mencionado de la serie The Batman, el enemigo al que se enfrentó el Arquero Esmeralda fue el Conde Vértigo; a su vez se le hizo luchar nuevamente contra su némesis Merlyn, además de juntarlo otra vez a su amada Canario Negro.

Flecha Verde en el cortometraje de Showcase.
III- El Flecha Verde de “Arrow”.

Así se ve Flecha Verde tomando aire fresco.
    La serie protagonizada por Stephen Amell en el papel de Oliver Queen/Flecha Verde, se encarga de mostrar los orígenes del superhéroe, desde su prometedor episodio piloto (de hecho éste fue dirigido por el veterano David Nutter, responsable de varios capítulos memorables de nada menos que Los Expedientes X); es así como a lo largo de al menos toda su primera temporada (la segunda recién se está emitiendo), muestra en paralelo tanto la vida de Oliver Queen durante su permanencia forzosa en la isla, como lo acaecido a su regreso a su ciudad natal: Starling City.  En cuanto a los flashbacks correspondientes a la isla, en estos se dramatiza el encuentro del joven heredero de la fortuna de los Queen con varios personajes, algunos de ellos famosos dentro del “panteón” de DC: encontrándose la mujer oriental Shado, experta en artes marciales y en especial el mercenario  Slade Wilson/Deathstroke, aquí interpretado por Manu Bennet (a quien tras hacerse famoso en la serie subida de tono Spartacus, hace rato que no se le veía con tanta ropa puesta, demostrando además que bien es capaz de interpretar convincentemente un papel diferente y salirse con ello del rol sexy que le tocó hacer en el mencionado programa histórico).  Con respecto a la mayor parte del desarrollo dramático de los guiones, éste muestra los inicios del superhéroe, cuando aún no es llamado Flecha Verde, justo cuando comienza a ganarse su reputación como vigilante, lo que además le trae problemas con la policía debido a sus métodos que en contra de lo que pasa en los cómics, implica por parte del protagonista matar sin vacilaciones a los criminales (elemento argumental que ha provocado cierto rechazo por parte de algunos seguidores del cómic, por alejarse demasiado de la fuente original; puesto que una ocasión cuando sin querer Flecha Verde mató a uno de sus contrincantes, dejó su labor como vigilante y se fue a vivir recluido en un monasterio).  Por otro lado, en los guiones también destaca la relación de Oliver con su familia, algo disfuncional por cierto, de modo que a su regreso éste debe ayudar a rehacer los lazos interpersonales con sus integrantes; asimismo existen grandes misterios en los cuales se encuentran involucrados sus propios padres.  A su vez es preponderante en el programa el triángulo amoroso entre Dinah Lance (quien se supone será luego Canario Negro) y el mejor amigo del propio Oliver, de apellido Merlyn (de modo que en el programa se juega con el típico tema de los cómics de superhéroes, consistente en que el peor enemigo de uno es su mejor amigo, ya que recordemos que para Flecha Verde su supuesta némesis es Merlyn).   Por ende en Arrow comparten coprotagonismo todos los mencionados, más el mismo padre de Dinah, quien es el oficial de policía que anda detrás de la pista del vigilante y a quien considera un peligro para la comunidad (de este modo es posible identificar el tema de dos visiones diferentes de la justicia: la ligada a los estatutos considerados legales por la sociedad, representada por policías y abogados, y otra de tipo más básica y marginal, a la luz de la figura de Flecha Verde)[1].  A su vez forman parte esencial de la serie dos aliados, siendo estos un ex militar que trabaja aparentemente de guardaespaldas de Oliver y una joven técnica en computación;  de este modo la colaboración de ambos se hace esencial para lograr sus objetivos justicieros.
La Cazadora de "Arrow".
    Los guiones además escenifican hechos anteriores a la vida de Oliver en la isla, los que tienen relación con el complot que se sabe involucra para bien o para mal a sus propios padres y a otros miembros connotados de la ciudad.
    Las escenas de acción, por lo general de pelea cuerpo a cuerpo, son habituales en cada capítulo, ya sean en las que Oliver Queen demuestra su dominio del arco y de la flecha,  como de otras técnicas de defensa y lucha (así como las ejecutadas por otros personajes); en este sentido Amell, el actor que lo personifica, se sometió a un riguroso entrenamiento que le permitió realizar en el set gran parte de las coreografías.  Lo interesante es que en el afán de hacer más verosímil la existencia de alguien como Flecha Verde, veterano de tantas batallas y disputas desde que volvió a la civilización, se maquilló su cuerpo con numerosas cicatrices; con ello se quiso demostrar que sus habilidades y su impresionante físico, se consiguieron sólo gracias al sacrificio personal.  En este sentido la forma de cómo se presenta en la serie el cuerpo de un justiciero sin poderes como Flecha Verde, recuerda a la imagen del Batman a torso desnudo de la premiada novela gráfica War, escrita por Paul Dini y dibujada bellamente por Alex Ross y en la cual se retrata gráficamente la evidencia de su propia mortalidad.  No obstante todas las veces en que se exhibe a Stephen Amell a torso descubierto (que son muchas), no dejan de verse estas escenas (aún con sus cicatrices) como una explotación erótica de su propia belleza masculina.
    Como ya se dijo más arriba, en el programa en tan sólo su primera temporada han aparecido varios personajes famosos del universo DC.  Es así como en ella aparte de Slade Willson y la Cazadora, se puede ver al ya nombrado Conde Vértigo, además de los también villanísimos Firefly y Deadshot; en el caso de Slade, siempre sale mostrando su rostro y las ocasiones en las que se vio su famosa máscara, fue porque la usaba un impostor.  El grave problema al usar a todos estos, fue que prescindieron de sus habituales aspectos y los hicieron más realistas, de modo que para nada usan sus trajes típicos, todo en un especie de influencia de la última trilogía de Batman, dirigida por Cristopher Nolan; no obstante para muchos fanáticos del cómic, pese a todas las virtudes de estas películas, se le quitó el espíritu de cómic a los enemigos, como al mismísimo Batman hasta cierto punto.  Sin embargo lo que sí quedó bien con las películas de Nolan, no fue la mejor decisión para la televisión, ya que cuando pudieron hacer algo más digno con personajes emblemáticos como Deadshot y la Cazadora, se vio todo ello como una falta de medios económicos para diseñarle atuendos atractivos (por ejemplo Deadshot apenas usa un monóculo largavista, el cual pretende emular su disfraz ausente; mientras que la Cazadora, francamente pierde su atractivo sensual al ponerle acá un traje minimalista, el cual se nota inspirado en el horrible atuendo que hicieron para Gatúbela en la última entrega de Batman).  Pero lo peor fue lo que hicieron con Vértigo, un sujeto con superpoderes y de ascendencia noble, a quien convirtieron en la serie en un delincuente juvenil de pacotilla y traficante de drogas; como también sucedió con el incendiario Luciérnaga y al cual le quitaron su atuendo ignífugo volante, para transformarlo en un simple bombero quemado con deseos de venganza.  De este modo el precedente hecho por Nolan y compañía en su saga fílmica, más bien pareciera haberle quitado sentido de la maravilla a una producción, que debió homenajear mejor el material del cual se originan sus historias.
    Respecto a Roy Harper, quien se supone luego seria el compañero de andanzas y protegido de Flecha Verde, aparece a mediados de la temporada de forma regular; no obstante en un principio los guionistas engañan al público haciendo llamar Veloz a la propia hermana menor del protagonista.  En todo caso el Roy Harper que aquí aparece ya está por entrar a la vida adulta o lo hizo hace poco, alejándose una vez más de la “historia oficial”, ya que cuando toma a su cuidado a Harper Flecha Verde en los cómics, éste era todavía un niño.
Ésta es la Cazadora que se esperaba
en carne y hueso.
    Por cierto, en el programa hay varias referencias indirectas al universo DC, pues se habla de  Ciudad Costera (donde vive el Linterna Verde Hal Jordan), además de otros lugares que en este momento no recuerdo y de Ted Kord (Bicho Azul II, el más famoso de los tres superhéroes en llevar este nombre).
    La serie comenzó bien, pero a ratos los guiones de los episodios bien podrían considerarse tediosos, más todavía para el seguidor de las historietas, quien de seguro esperaba una traslación más exacta del rico universo DC (recordemos en todo caso que las serie sesentera de Batman y la de principios de los noventa de Flash, pecaron de ser poco fieles a las historietas, en especial la del segundo, donde se desaprovechó a una genial galería de villanos, salvo al Trickster). Al menos cabe esperar que en las prontas a estrenar nueva serie sobre el Velocista Escarlata, nacida como un spin-off de Arrow, y en la que se anunció acerca del Comisionado Gordon en Ciudad Gótica, sí se sea más respetuoso al material canónico.  No obstante, pese a que en un determinado momento de la temporada inicial, pareciera que el programa estuviese perdiendo más calidad dramática de la que ya demostraba, pasada la mitad de esta primera tanda de capítulos mejora y su episodio final deja a más de un espectador deseoso con saber qué pasará luego de tanta adrenalina. Bueno, queda claro que tampoco es lo mejor que se ha visto hasta el momento en materia de series de televisión (cabe recordar que la mismísima Smalville no contó con una muy buena primera temporada y tan sólo a partir de la siguiente recién vino a brillar por sí misma).  Por último, para variar no cuenta con una “presentación” como antaño era habitual en estos programas, de modo que parece que hoy en día hay que agradecer que hagan series que mantengan esta ya casi obviada tradición.




[1] La trama se complica cuando se introduce la justicia de la venganza, al introducirse el popular personaje de la Cazadora, quien en el programa se muestra como una mujer impulsada por este deseo de eliminar por completo a quienes considera nefastos (lo que contrasta incluso con el código de Queen y por completo con la policía).
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