lunes, 25 de abril de 2011

¿Quién es Dios para mí?



Nota preliminar:  El siguiente texto lo escribí cuando tenía 19 años, recién había entrado a la universidad, a una carrera que dejé luego de un año completamente cursado (filosofía)  y cuando participaba activamente en mi comunidad religiosa en la Capilla San Lucas.  Era una época distinta, la que llamo con cariño mi "Edad de Oro" y en la que todo era más fácil y mi única preocupación verdadera era estudiar y sacarme buenas notas (admito que estudiaba sólo para las pruebas, pero me iba aún así bastante bien).  Sigo feliz con la vida que tengo, pero extraño esos días de mis mejores años.  
    Este texto que comparto con ustedes forma parte de algunas de mis contribuciones para una pequeña publicación semanal que dirigía en la Capilla y recibía el nombre de El Cometa; me acabo de leer, luego de tanto tiempo, todos los textos que escribí entonces y ahora que tengo la oportunidad quiero recordar con ustedes esa etapa de mi vida y me habría gustado que la gente que para mí es importante hubiese estado entonces.  
    Hace un día los cristianos celebramos la Pascua de Nuestro Señor y era Él quien mayormente inspiraba todos mis escritos durante esa etapa de mi existencia.  Quiero creer que sigo siendo la misma persona.  He cambiado como el curso natural de la vida lo dispone, pero en esencia sigo siendo el mismo (quizás más viejo, menos ingenuo ¿O no?  y seguro le he tomado más gustos a los apetitos de la sensualidad, no obstante no dejo de valorar todo aquello que para mí sigue siendo tan valioso).  Tengo una deuda con Dios y sé que debo pagársela.
    Bueno, aquí va.

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    A Dios lo conozco hace bastante tiempo, incluso Él me conoce mucho antes que yo le conociera.  Ya son 19 años de una amistad rica en experiencias donde siempre estamos juntos y en la que no hay malos entendidos.  Pero cuando me comporto de manera tonta, Él me llama la atención y yo Le escucho.  A veces me quedo pensando, meditando lo que me ha dicho, mientras Él tiene la amabilidad de esperar mi entendimiento sin apurarme, porque a veces soy torpe y me cuesta aceptar que muchas veces puedo ser débil y hacer "diabluras".  Por mi parte no tengo nada que reprocharle, pues Él es más viejo y sabio que yo, así que constantemente me da consejos que llegan a mi alma, tocando sus partes más sensibles, haciéndome incluso llorar, pero con un llanto sano de purificación.
    Él tiene muchas maneras de presentarse.  En cada puesta de sol, en el canto de los pajaritos y en los gestos de afecto de un ser querido.  He aprendido a descubrir en todas estas cosas (y en muchas otras más) a Dios.  Cuando se llega a esto, te encuentras en tal estado que te produce ricas gratificaciones, porque saber que aunque estás dolido por algo que te haya pasado, habrán esperanzas de encontrar la solución de tus problemas.  Pues los caminos de Dios son misteriosos.  No hay receta para esto, sólo debes descubrirlo, pero para ello antes hay que saber desentrañar nuestro propio interior, conocerte a ti mismo, llegar hasta tu castillo y conquistarlo, tal como decía Santa Teresa de Ávila, porque allí encontrarás a Dios.
    Muchos no escuchan Su voz, porque están cegados por lo material y no conocen el rico mundo espiritual que los rodea, pero que no los toca.  Sucede que a veces miramos a nuestro alrededor y vemos miseria, dolor y hambre...de amor.  Entonces llega la duda y preguntamos el por qué de todo ello; e incluso al no encontrar una respuesta satisfactoria, le negamos nuestra amistad (a Dios).  Yo por mi parte debo decirles algo, no sé si me crean, pero no me importa, pues yo sé que es así.  Nunca he hecho esto, es decir, siempre he obtenido aquella respuesta, incluso sin formular aquella pregunta, que a veces resulta enferma y maliciosa.  Es así porque el Dios que yo conozco no castiga, si no que enseña y hoy (ayer y mañana) si el mundo está así, es porque el hombre ha construido un mundo tal que está carente de magia, donde muchas veces las flores no quieren crecer y prefieren quedarse en los sueños de los artistas y de los niños.  Pero mi Dios es justo y nos ha dado suficiente libertad para crear nuestra propia vida.  Eso sí, siempre está para guiarnos y nunca se enoja, pues sabe que mientras existan buenos sentimientos entre sus hijos, aún habrá salvación.
   Ése es mi Dios.  Podría llenar páginas sobre Él, pero ésa no es la idea, sólo quería hablarte un poco sobre nosotros e invitarte a conocerlo.  Si quieres también puedes ser Su amigo, o quizás ya lo eres.

   

1 comentario:

  1. Me encantó!!!...será porque me vi reflejada a esa misma edad de ese modo, y con ganas y ansias de poder sentir esa pasión por la amistad de Dios que tenía en aquel tiempo, y que he dejado pasar por las turbulencias de la vida...
    Gracias Elwin, no sabes cuanto agradesco este relato...
    besos
    Cote

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