lunes, 26 de septiembre de 2011

Guy de Maupassant o el lado siniestro de nuestra naturaleza.



      Hace rato que tenía pendiente escribir acerca de este autor y de una particular edición de sus cuentos, de casi mil páginas, que gracias a mi queridísima amiga Karla Carrizo llegó a mis manos como “obsequio estrella y sorpresa” este año para mi cumple.  El libro en cuestión forma parte de la prestigiosa y también bastante cara colección Gótica de la editorial Valdemar.  Esta colección, como su editorial, se caracterizan por ediciones bastante cuidadas, en tapa dura y con una bella presentación; todas estas prologadas por especialistas que entregan más que interesantes análisis y datos sobre la obra en cuestión de cada tomo.  Por otra lado, la colección Gótica comprende más de cien títulos de, en muchos casos, textos que en la lengua de Cervantes estaban inéditos antes de ser traducidos o que ya de por sí era muy difícil conseguirlos por estar discontinuados; son libros de fantasía y terror de autores clásicos, que en su mayoría ya no poseen copyright, pero cuya calidad artística es indiscutible.   En nuestro país, Chile, son pocas las librerías que se aventuran a traer estos títulos, puesto que  bien la importación de ellos resulta más que onerosa, o  simplemente se dan el “gusto” de venderlos carísimos.  Para terminar esta introducción, diré que desde mis años universitarios fantaseé con tener títulos de esta colección, pero al final siempre terminaba gastándome la plata en otra cosa y con mi amigo Miguel Acevedo vez que veíamos libros del catálogo por ahí, nos quedábamos embobados ante la dicha de al menos tener en nuestra manos tan soberbias ediciones…así que ¡Gracias Santa Karla Patrona de los Frikis por favor concedido!
      Y ahora a hablar un poco del tomo en cuestión y del autor de sus cuentos:
     Guy de Maupassant es considerado como uno de los grandes cuentistas que entregó Francia al mundo allá por la segunda mitad del siglo XIX.  Este señor que debido a su vida más que disipada (murió a consecuencia de una sífilis que contrajo en su juventud) sólo vivió 43 años, pero dejó para la posteridad un legado de obras, cuentos en su mayoría, que publicaba semanalmente en numerosas revistas literarias y usando varios pseudónimos.  Es así como en el tomo al que le dedico estas líneas, Cuentos de Terror, de Locura y de Muerte, se recopilan más de cien narraciones; tal como titulo en parte esta “crítica”, dichas historias reflejan lo más siniestro de nuestra humanidad, de una forma tan realista (aún en los pocos cuentos realmente fantásticos que se incorporan en el libro), que uno no deja de admirar la capacidad de su autor para conocer y desnudar nuestras más hondas debilidades.  Y esto porque Maupassant no escribe sobre héroes, personajes virtuosos o estereotipos de personas; lo que hace en su trabajo es mostrar sin tapujos el lado menos carismático de la esencia del ser humano, con sus miedos, bajezas y debilidades al extremo que el pesimismo puede parecer algo recurrente.  No obstante Maupassant no cae en el maniqueísmo y aún así en medio de la fatalidad, la violencia, el terror y lo peor de nosotros mismos, la pluma de su autor permite vislumbrar la compasión y hasta el amor (por ende muchos de sus personajes yerran debido a sus pasiones amorosas, pues son reflejo de nosotros mismos: no son perfectos y la ilusión del amor también les puede cegar y hacer tomar pésimas decisiones).
    Los siguientes fragmentos permiten apreciar el drama y la condición de los personajes maupassianos:

    “No podría usted imaginarse la sensación rara, confusa e intolerable que experimento cuando lo tengo delante y pienso que aquello ha salido de mí, que está unido a mí por el íntimo lazo que une al padre con el hijo, y que, gracias a las terribles leyes de la herencia, es otro yo mismo en mil detalles, en su sangre y en su carne, y se dan en él los mismos gérmenes de enfermedades, idénticos fermentos de pasiones.
    No se apaga jamás en mí la necesidad dolorosa que siento de verlo; y viéndolo, sufro; horas y horas me paso a la ventana viendo cómo recoge y acarrea los excrementos de los animales, y no dejo de pensar: "¡Es mi hijo!"
    En ocasiones hasta me entran unos anhelos insufribles de abrazarlo; pero ni siquiera he llegado a tocar su puerca mano".
Un Hijo.

    Y nótese un tema en el cual Maupassant ahonda en variadas ocasiones, mostrándonos la problemática de los “hijos naturales” (bastardía tal como le llama el prologuista) y/o no reconocidos por sus padres y donde el sentimiento de culpa, en el caso concreto de este cuento, muestra la impotencia de su protagonista por lo señalado en el fragmento mismo.  Esta problemática que en la época del escritor era considerada como un “mal menor” y que a nuestros ojos resulta ser una barbaridad en cuanto a no asumir la responsabilidad de la herencia paterna, en el relato citado se muestra con una naturalidad que llega a pasmar; sin embargo, el protagonista y narrador, sabe que esto está mal y sin embargo tómese en cuenta cuando dice “su puerca mano” al referirse a la condición de su hijo.

    “Cuando la anciana madre recibió el cuerpo de su hijo, que dos amigos le llevaron, no lloró, pero se quedó inmóvil mirándolo; después tendió su arrugada mano sobre el cadáver y juró vengarlo.
(…)
    La madre se puso a hablarle; al oír su voz la perra se calló.
-Yo te vengaré, hijo mío; duerme, duerme, descansa, que serás vengado, ¿entiendes? ¡Tu madre te lo promete! Y ya sabes que cumple siempre sus promesas”.
La Vendetta.

    Aquí el amor de una madre lleva al odio y provoca el acto criminal para vengar otro acto criminal.  El personaje no vacila en mancharse las manos de sangre para cumplir su cometido y estamos hablando de una mujer, una anciana (o sea, todos llevamos dentro el germen del mal).  El dolor se transforma en odio y el noble sentimiento materno de amor a su hijo conlleva a una manifestación más del mal humano.
    El volumen que comprende esta antología trae poquísimos cuentos de terror, o lo que para nuestros tiempos pudiesen corresponden a este género (a lo más serán unos cinco o seis verdaderos cuentos de “miedo”); no obstante lo que predomina en sus páginas, son historias donde los personajes viven circunstancias en las cuales la sensación de peligro es tal, que el temor se apodera de sí mismos, pero no como una llamada invasión a su sentido de la realidad (bueno, salvo en los pocos cuentos de terror como los clásicos El Horla y La Mano), si no que el miedo es producido por la idea de un peligro humano o fruto de circunstancias completamente realistas, que atacan su mortalidad.   Por ende, la muerte estará rondando en la mayoría de estas narraciones, como situación cúlmine de eventos que superan las posibilidades de sus personajes y traduciéndose en su perdición, a consecuencia de sus mismos errores y pasiones.  En ocasiones, esta muerte resulta ser un verdadero castigo (y he ahí cierta moralidad encubierta de parte del autor) debido a sus nefastas intenciones que se van en contra suya.  No obstante, en Maupassant estamos frente a un autor ateo, que se nota ignora todo elemento de trascendencia espiritual y que en cuanto a asuntos teológicos, muestra poco aprecio hacia las instituciones religiosas y más aún hacia la Iglesia Católica (y por esta razón, no utiliza palabras halagüeñas para referirse a sacerdotes y monjas en el mayor de los casos).  
    En cuanto al tema de la locura, ésta se observa de una forma casi tan ominosa como las ideas del miedo y la muerte, puesto que los personajes de gran parte de los cuentos poseen una naturaleza insana, incluso pervertida y cruzan con facilidad los límites de la cordura; de este modo el libro está plagado de asesinos despiadados, psicópatas, enfermos mentales, gente a la que el miedo les ha llevado a un estado primigenio y ya no hay vuelta atrás; o también hay casos en que el gusto por la perversidad y la naturaleza corrupta de sus protagonistas (como en el cuento El Diablo), los acerca más a esta locura que a una conducta propia de alguien con límites entre lo que es moralmente aceptable y no.
   He aquí el excelente talento de Maupassant a la hora de referirse a la locura misma:

    “Uno sentía que este hombre estaba destrozado, carcomido por su pensamiento, un Pensamiento, al igual que una fruta por un gusano. Su Locura, su idea estaba ahí, en esa cabeza, obstinada, hostigadora, devoradora. Se comía el cuerpo poco a poco. Ella, la Invisible, la Impalpable, la Inasequible, la Inmaterial Idea consumía la carne, bebía la sangre, apagaba la vida.
   ¡Qué misterio representaba este hombre aniquilado por un sueño! ¡Este Poseso daba pena, miedo y lástima! ¿Qué extraño, espantoso y mortal sueño vivía detrás de esa frente, que fruncía con profundas arrugas, siempre en movimiento?”
La Cabellera.

    Por otra parte, las narraciones contenidas en esta selección corresponden, salvo a dos  o tres de ellas (que el autor las publicó en capítulos durante varios días en las revistas donde colaboraba), a historias breves.  Entre ellas cabe destacar, si bien casi la totalidad de los cuentos me resultaron ser una verdadera delicia a la imaginación, las dos versiones que presenta de su ya mencionado cuento El Horla (que si no me equivoco, fue lo primero que le leí cuando aún cursaba la universidad).   Las versiones si bien mantienen la misma idea (extraños hechos que auguran la presencia de una entidad invisible que acecha a su narrador), difieren en gran medida y en especial porque la primera versión posee más cercanía con el género de la ciencia ficción (siendo que Isaac Asimov tuvo el buen tino de agregar este famoso cuento en su más que recomendable antología Lo Mejor de la Ciencia Ficción del Siglo XIX).  También se puede hacer especial mención de la costumbre de Maupassant de escribir más de un cuento con el mismo título, habiendo por ejemplo en este libro tres narraciones con el nombre de La Confesión.   A su vez se puede observar en este compendio otra “maña literaria” del artista, al tratar más de una vez la misma historia con una que otra variación (¿Autoplagio? ¿Mala memoria tal vez producida por los efectos sobre su mente de la locura, tercer estado y último de una sífilis mal tratada?), siendo un muy buen ejemplo el caso de Historia de un Perro y Mademoiselle Coquette (imaginativas y trágicas historias sobre la miseria humana…y canina).
     Si bien, como ya he mencionado, la literatura de Maupassant en estas historias se muestra como un retrato en su mayoría de lo peor de las bajezas humanas, siendo que además sus personajes corresponden a seres viciosos, violentos y viles, el autor se permite en ocasiones justificar sus bajezas.  De este modo lo que hace Maupassant es mostrarnos que las cosas no son sólo blanco y negro, si no que existen matices y que lo que ha llevado a sus personajes a cometer actos criminales o rayanos en la insanidad  mental, bien puede ser la simple fatalidad (mala suerte) a la que nos podemos someter o que bien los seres humanos optamos por cometer un “mal acto” no por gusto, si no como consecuencia de una necesidad imperiosa.  Por lo tanto Maupassant deja cierta puerta abierta para que el lector se sensibilice frente a los males de su época, la sociedad y nuestra propia humanidad.
    Antes de terminar este texto, quisiera hacer mención al carácter “pedagógico” del libro al que hoy me remito.  Cuando ocupo el término “pedagógico” no es en el sentido moralizante de los clasicistas, sus fábulas y obras similares, si no que al leer a Maupassant se descubre todo un mundo que ya no existe y que por muy lejano que resulte a nuestra sociedad como chilenos y gente del siglo XXI, ha dejado su huella indeleble en la historia: me refiero a la Francia de la segunda mitad del siglo antepasado.   Grandes autores nos ha dado Francia (basta nombrar a Moliere, Víctor Hugo, Julio Verne y Alejandro Dumas entre tantos otros) y en el caso de Maupassant no deja de observarse en su obra el reflejo de la realidad que le tocó vivir a su autor, de modo que sus cuentos muestran (y enseñan), a propósito o no, esta realidad.  Por lo tanto el lector actual llega a conocer un sinnúmero de tradiciones, de datos históricos y de paisajes propios del mundo al que le tocó vivir al escritor y a los suyos, trayéndonos con frescura para el gozo de nuestros sentidos.  Puedo contar entonces, que en más de un cuento Maupassant se refiere a la invasión prusiana a Francia o relata hechos relacionados con las colonias africanas de su país; la referencia a otros escritores, filósofos, gustos musicales, comidas, vestimenta y otros en todos los cuentos, convierten a Maupassant en todo un cronista de la Francia de su periodo (pues después de todo, somos lo que nos ha tocado vivir).
    Tomando en cuenta lo del párrafo anterior, aparte del tema de la “bastardía”, pueden resultar chocantes al lector las diferencias socioantropológicas entre algunas de estas narraciones y nuestra mentalidad (y aquí recuerdo el comentario de mi amigo Roberto al hablarle de este libro y sus descripciones de los vicios franceses, quien me dijo, como profesor de historia que es, que era habitual en aquella sociedad tales bajezas).   Como ejemplo, hay un cuento que aborda el tema de la pederastia; el relato se llama Chali y aparte de mostrarnos una vez más la naturaleza cruel de algunas personas y el poco aprecio por la vida humana que se puede llegar a tener, puede llegar a ser despreciable la historia en cuanto a la cuasi justificación de esta desviación sexual que hace Maupassant.   He aquí de muestra un botón del mismo relato mencionado:

    “Luego, una noche, no sé cómo fue, la mayor, la que se llamaba Chali y que parecía una estatuilla de viejo marfil, se convirtió en mi mujer de verdad.
    Era una criaturita adorable, dulce, tímida y alegre, que no tardó en amarme con un cariño ardiente y a la que yo amaba de modo extraño, avergonzado, con vacilaciones, con una especie de miedo a la justicia europea, con reservas, con escrúpulos y sin embargo con una ternura sensual y apasionada.  La adoraba como un padre y la acariciaba como un hombre”.

    Para contextualizar un poco la cita anterior, cabe destacar que el narrador protagonista se encuentra de visita en la India y que Chali tiene tan sólo ocho años.
    Pese a que muchos de los cuentos, como el ya reseñado arriba, no son para espíritus estrechos de miras, este un libro para no olvidar y si no tienes la oportunidad de poseer en tus manos esta edición, acércate a este gran autor por cualquiera de las otras impresiones de su obra.



2 comentarios:

  1. este libro tiene que estar en mi biblioteca si o si, es increible como podemos manifestar lo mas bajo de nuestra esencia, y a la vez dandonos cuenta de que la criatura mas horrenda a veces no son los demonios, nu vampiros ni hombres loboetc. Sino que nosotros mismos.

    Ademas me hace darme cuenta que el mundo no es ahora que ha estado en un nivel tan elevado de bajeza moral, sino que hace siglos atras tambien, a causa de tanto libertinaje.

    Bueno, antiguamente por ejemplo la bastardia era algo comun, la mujer no podía hacer nada si el hombre la dejaba embarazada y se marchaba, hoy existen los tribunales de familia, que se supone que dan alguna soluciony hacen justicia.

    Viendo el tema de la pederastia, y ver leer la cita me hace darme cuenta de que tan abierto de mente y fuerte de criterio habria que ser para poder leer este libro sin que le afecte, como me paso cuando lei "1984" de Orwell, donde se me creo una imagen de la politica muy negativa, la cual aun la tengo, eso seria como ver porno sin tener ninguna introduccion teorica sobre sexualidad, te influenciaria de tal manera que te afectaria a ti y a los demas.

    Atte. Fabian Ibarra

    ResponderEliminar
  2. Me alegra, Fabián, que a través de este humilde texto te sientas atraído por leer a todo un clásico, porque en realidad será tiempo bien aprovechado...¡Y espera a leer "Los Miserables" del también maestro francés Victor Hugo donde se ilustra lo más vil de nuestra naturaleza, pero a diferencia de Maupassant, su autor la opaca con lo más sublime del espíritu humano.

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...