martes, 1 de mayo de 2012

Maestros del Terror 2: Dreams in the Witch-House (conocida en español como Tras las Paredes) de Stuart Gordon.



2.1. El Director.

     A diferencia de su colega Don Coscarelli, Stuart Gordon es un director mucho más popular  y con una filmografía de mayor envergadura, si bien sus seguidores quisiéramos al mínimo una película suya por año en vez de una cada dos o tres a lo sumo como acostumbra.   Gordon comenzó su carrera artística en el teatro, liderando su propia compañía y con la cual realizó obras de carácter rupturista y siempre cercanas a su género favorito: el terror, donde la truculencia y el gore siempre estuvieron presentes; fue dentro de esta misma compañía donde conoció a su gran amigo, colaborador y actor fetiche Jeffrey Combs, hoy actor de culto, con quien filmaría ya cintas clásicas y alabados por la crítica y los fanáticos como Reanimator, From Beyond y Castle Freak.
   En casi veinte filmes a lo largo de poco más de tres décadas de producción, Stuart Gordon se ha transformado en el director que mejor ha logrado plasmar la “complicada” pluma de H. P. Lovecraft a la hora de llevar al séptimo arte sus historias sobrenaturales y de Horror Cósmico, consiguiendo ser el favorito de muchos para ver una adaptación audiovisual del creador de Cthulhu y compañía.  No obstante Stuart Gordon, quien también oficia de guionista, en sus trabajos a la hora de llevar al celuloide a Lovecraft, no es 100% fiel a sus trabajos, puesto que además se permite plasmar en su labor sus propias obsesiones, tales como el sexo y una violencia mucho más que implícita (lo que en Lovecraft apenas se aborda, en especial lo referente al erotismo y la figura de la mujer como uno de los pilares de la historia, puesto que sus propias taras lo llevaron a obviar en su arte tales temáticas).  No obstante se agradece en este director que le haya otorgado su propio cariz a cada una de sus adaptaciones de Lovecraft, haciéndolo así mucho más digerible y actualizado para un público masivo y dado más a lo efectista que a la sugerencia.
     La colaboración Lovecraft-Gordon partió en un ya lejano 1985, cuando se estrenó en los cines Reanimator, basada en uno de los tantos relatos cortos del escritor, Herbert West: Reanimador; con este filme el director alcanzó la fama, si bien la mayoría de sus filmes siempre han sido de bajo presupuesto, salvo el filme de ciencia ficción La Fortaleza de 1992 y teniendo a Christopher Lambert como a protagonista, en plena cima de su carrera hoy en decadencia.  Otras de sus particulares versiones de la obra lovecrafniana son From Beyond (1986), Castle Freak (1995) y Dagon (2001 y la que filmó en España, otorgándole un curioso aire folclórico y étnico), hasta que en 2005 realizó el filme que ahora se aborda, siendo hasta la fecha su última revisión de los trabajos de su autor favorito.  Cada uno de estos filmes se caracteriza por su gusto a la hora de hacer lo más gráfico posible el horror muchas veces sugerido por Lovecraft, llenando la pantalla con criaturas en verdad pavorosas, grotescas y de carácter embrionario, supurando fluidos de dudoso origen. 
    En general el cine de Gordon es para espíritus firmes, dados a los excesos que les permitan aceptar escenas que caen en el sadomasoquismo y un humor muy, muy negro, sin olvidar su gusto por las imágenes cargadas de plasma y vísceras dispersadas casi con lujuria.  No obstante el director puede llegar a crear fantasías oscuras originales e incluso cargadas de su propio lirismo, como sucede con su visita a los clásicos cuentos infantiles en Dolls (1987), filme de terror ochentero con más de una moraleja.  Esta firma bizarra suya, muy dada a los excesos, ha hecho que muchos de sus filmes sufrieran varios cortes de la censura en su metraje, por lo que sólo años después se han podido ver las versiones íntegras de sus trabajos.
    Dentro de su veta literaria, Stuart Gordon también tiene entre sus maestros al mismísimo Edgar Allan Poe, para quien en dos ocasiones ha hecho sus propios homenajes, trabajos que sólo se pueden comparar a los hechos en su momento por Roger Corman y Vincent Price hace ya décadas.  En 1991 fue capaz de hacer una versión del cuento clásico El Pozo y el Péndulo, con gran verosimilitud a la hora de “alargar” un cuento tan corto, contándonos una historia ambientada en plena Inquisición Española, con Torquemada incluido (además el filme se vio realzado por el trabajo actoral de otro artista de culto en el género, como lo es Lance Henricksen, el recordado androide Bishop de las películas de Alien, siendo apoyado también por una banda sonora bellísima compuesta por Richard Band, con quien ya había trabajado anteriormente).  Su segundo trabajo, quizás el mejor de toda su filmografía, fue su segundo aporte a Maestros del Horror, película a la que en su momento se le dedicará su propio apartado y que demuestra en su confección una profunda admiración y amor por un escritor a quien el mismo Lovecraft no cejó en elogiar (me estoy refiriendo a su particular visión de El Gato Negro, la que fue incluso capaz de superar al trabajo ya valioso de un colega suyo y también participante de Maestros del Horror, Dario Argento, quien en el díptico Los Ojos del Diablo (1990) junto a su amigo George Romero homenajeó a Poe, adaptando este mismo cuento, mientras que Romero lo hizo con El Extraño Caso del Señor Valdemar).
   Otros de sus trabajos a destacar, son su incursión dentro de la ciencia ficción, como lo son Robot Jox (1989), una película donde con unos efectos más que convincentes para la época y el presupuesto, muestra algunas de las mejores batallas de mechas (robots gigantes) al más puro estilo animé (o sea animación japonesa) que se puedan recordar.  Luego en 1992 está su reinterpretación de los filmes de fuga de cárceles, con La Fortaleza ya mencionado arriba, quizás su única película hecha por encargo y donde se dio el gusto de mostrar su lealtad entre sus compañeros habituales de trabajo, llamando a su actor habitual Jeffrey Combs entre los protagonistas (este filme fue lo suficientemente exitoso como para tener su propia secuela, aunque para nada estuvo involucrada en ella Stuart Gordon).
   Su obra Hija de las Tinieblas (1990) fue al parecer la última contribución al cine del recordado Antony Perkins, el Norman Bates de Psicosis una de las obras más recordadas de Alfred Hitchcock y que tuvo su seguidilla de secuelas para nada decepcionantes (aunque su director original ya había fallecido hace rato cuando se hizo la segunda de la saga).
   Regresando a su labor más famosa, Reanimator, su condición de obra maestra llegó a tal punto, que tal como sucedió con Phantasma de Don Coscarelli (ya nombrada en el post anterior), la revista especializada Fangoria la tiene considerada como a una de las mejores películas de terror de los 80, además de citarla en cuanto a se refiere  a los filmes que mejor hayan reflejado el espíritu lovecrafniano (honor compartido en aquel entonces con The Thing, la de Carpenter por supuesto, y no la de la zanahoria gigante, y la primera entrega de Alien, si bien hoy en día se deben sumar muchas películas más como En las fauces de la Locura del propio Carpenter y la ominosa Event Horizon).  Por otra parte, de este clásico ochentero se han hecho dos secuelas más, siempre teniendo a Combs como a su protagonista y a Brian Yuzna, amigo de Gordon y productor del filme original como director de la segunda parte y productor de la tercera.  A su vez se hicieron unos cuantos cómics basados en estos personajes.
   Una faceta más familiar de Stuart Gordon es su guión original para la película de Disney Querida Encogí a los Niños (1989), la que debido a su gran éxito e interesantes premisas, originó sus propias secuelas.

2.2. La Película.

   

     Fue estrenada el 4 de noviembre de 2005.  Es de seguro unos de los mejores filmes de la serie Maestros del Horror, considerándose que un autor tan popular como Lovecraft pocas veces ha sido llevado soberbiamente a la pantalla y más aún que el encargado de este trabajo fue Stuart Gordon, del que ya se ha dicho es el mejor a la hora de adaptarlo para dicha expresión artística.  Esta cinta está basada en el cuento homónimo (en español, Los Sueños en la Casa de la Bruja) y aborda uno de los temas recurrentes en la literatura de Lovecraft: los sueños.  No obstante en esta historia, como en la película misma, el autor se escapa de las historias más bien poéticas pertenecientes a su ciclo onírico de Randolph Carter, para narrar una trama donde son más bien espantosas pesadillas las que les toca tener al protagonista, en una trama que en realidad corresponde a su ciclo de Cthulhu, es decir, estamos hablando de un relato puro de Horror Cósmico[1].
    En la película vemos como un joven, inteligente y guapo estudiante universitario de física, proveniente de la ficticia universidad de Miskatonic (y aquí una alusión-homenaje al mismísimo Lovecraft, pues este lugar forma parte de la propia mitología de su autor, si bien en el cuento original no se menciona este sitio) llega a arrendar una habitación en un deplorable y antiguo edificio.  El lugar está lleno de patéticos personajes, salvo una sexy madre soltera, con la que el muchacho establece una amistad que raya en la atracción erótica (otro aporte del propio Gordon y su guionista habitual Dennis Paoli, a la labor lovecrafniana casi carente del elemento femenino y totalmente ausente de la carga sexual).   El protagonista llega al lugar con la intención de realizar sus experimentos para encontrar una especie de puertas interdimensionales; para su suerte, o más bien para su infortunio, el lugar donde ha llegado a parar posee las características que busca y es entonces que su vida llegará a un punto sin retorno y en el que cualquier persona cuerda no quisiese estar.  Fuerzas malignas que están mucho más de sus posibilidades, lo tienen considerado entre sus planes.
    Respecto al cuento original que motivó a esta película, esta vez el director como contaba con un cuento mucho más largo que los otros que adaptó del autor, fue lo suficientemente fiel al relato literario, con los agregados correspondientes aparte de la arista sexual ya mencionada.   En su texto, Lovecraft se permite darle cierta credibilidad científica a las teorías cuánticas que presenta al mencionar uno que otro científico y referirse a ciertas ecuaciones, lo que en el caso del filme aquí abordado no deja de tenerse en cuenta.  Esta idea de portales entre mundos ya había sido abordado en este tipo de literatura, siendo uno de sus mejores exponentes otro clásico del horror cósmico como Los Perros de Tíndalos de Frank Bellnap Long.
    Stuart Gordon al filmar este trabajo, llamó a Ezra Godden, quien fue el protagonista de su película Dagon.  El filme a su vez es lo suficientemente cruel como para poseer algunos de los momentos más adrenalínicos del terror televisivo, incluyendo sexo con una monstruosa bruja y al hermoso bebé ya mencionado, sometido a las salvajadas tan del gusto de su director.
    En cuanto al desenlace de esta producción, como la mayoría de las obras del artista que la inspiró, es pesimista al mostrar cómo el ser humano es incapaz de doblegar un destino inexorable, en medio de un universo donde existen poderes que escapan a su control y conocimiento.
   A diferencia del filme anterior hecho por Coscarelli, Incident On and Off a Mountain Road que no ceja en poseer un fuerte cariz político, Dreams in the Witch-House es un ejercicio que aparte de rendir tributo a Lovecraft, sólo desea entretener y se puede afirmar que lo logra con creces.



[1] Para los no iniciados en este subgénero de la literatura de terror, el Horror Cósmico corresponde a un tipo de obras creado por el propio Lovecraft y apoyado por el trabajo de sus amigos y colaboradores literarios entre los que se encuentran autores de la talla de Frank Bellnap Long, Clark Ashton Smith, Robert Howard, Robert Bloch y muchos más.  Todos ellos ayudaron a crear una nueva mitología que hoy en día está considerada entre las más influyentes en los medios populares y la cual está llena de monstruosas criaturas, siendo Cthulhu el más siniestro de todos ellos, quiénes tras haber perdido una guerra en plena Noche de los Tiempos, tratan hoy en día de regresar a nuestra realidad; a su vez para lograr su cometido, oscuros y malignos textos de magia negra se usan, de los cuales el infame Necronomicón es el más conocido.

3 comentarios:

  1. hola, interesante texto, cada dia se aprende algo nuevo del terror, hoy aprendi del terror cosmico.
    Cuando era chico tengo vagos recuerdos de haber visto la fortaleza, ironicamente hablando recuerdo una escena que no se si me equivoco o no era de esa pelicula, en la que un hombre pisaba sobre unas lineas rojas, habiendo un aviso de antemano sobre no pisarlas, y este empieza a morir en el acto, creo que cuando uno no tiene el criterio formado le llegan con demasiada fuerza estas peliculas, no lo digo por el simple hecho de que provoquen miedo, sino al hecho de que demuestran que a veces laspersonas se ven envueltas en situaciones en las que se ve casi imposible salir bien, o al menos eso pensaba en esos tiempos.

    atte. fabian ibarra

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  2. Creo que el terror cosmico existencialmente hablando, puede llegar a ser uno de los mas aterradores generos, puesto que los protagonistas suelen enfrentarse a cosas que estan mas alla de su imaginacion, y si nos enfocamos en el mismisimo Lovecraft, uno de los mejores cuentos, al menos de los que he leido fue el color que cayó del cielo, donde un asteroide comenzo a alimentarse del lugar en donde se encontraba, ademas de volver loca a la gente en pocas palabras, hacia que la historia fuera asfixiante.

    Y hablando de la historia que convoca este texto, tenemos una pelicula en donde lo desconocido puede converirse en una desgracia para nosotros.

    Atte. Fabian Ibarra

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  3. Concuerdo contigo, Fabián, de que el cuento que nombras es realmente memorable; a su vez aprovecho de contarte que en los setenta inspiró una muy entretenida peli (aunque una versión algo libre del cuento), con el gran Boris Karlof de protagonista (la famosa Criatura de Frankenstein de las pelis en b/n de la Universal) ¿Pero te viste o no esta gran adaptación a la que me refiero en el texto?Si la respuesta es no...¡Qué esperas!

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