miércoles, 1 de agosto de 2012

Maravillas y Miserias de Ciudad Gótica o Batman: Ciudad del Crimen.



Desde que fue creado en 1939 por Bob Kane, Batman ha desarrollado sus historias y aventuras en la ya icónica Ciudad Gótica, la cual ha sido el ambiente adecuado para situar estas, permitiendo ser un semillero de tantos personajes hoy en día famosos, entre personajes ligados al bien y al mal (comunes y corrientes como Alfred y el Comisionado Gordon, que no por ello dejan de ser heroicos, otros superhéroes tales como Batichica y Azrael, más una increíble galería de villanos donde sólo basta con nombrar al Guasón, al Pingüino y a Cara de Barro como para hacerse una idea de los personajes que pululan en esta urbe de ficción).   Numerosas han sido las ocasiones en las cuales Ciudad Gótica ha ido cobrando forma gracias a tantos artistas, que le han ido otorgando con sus ficciones su propia personalidad e historia, de modo que si uno hiciera una flecha del tiempo sobre la identidad de esta polis específica, bien podría darse cuenta con facilidad de la significancia de la ciudad en la vida de su mayor protector.  Ciudad Gótica tiene su propio espíritu, de este modo Ciudad Gótica es Batman, pero también es todo sus criminales (cuál más bizarro y siniestro).  
     Dentro de los cómics que detallan la historia tras los orígenes de Ciudad Gótica y su particular tendencia hacia el mal y la locura, se puede nombrar la novela gráfica Destructor (1991), una obra escrita nada menos que por Alan Grant y Dennis O´Neil (dos de los mejores autores dentro de las historietas del Murciélago), con dibujos de Norm Breyfogle, Chris Sprouse, Jim Aparo (el primero y el último, verdaderas leyendas en cuanto a los cómics de este personaje).  No obstante, hasta donde yo conozco, Ciudad Gótica en todo momento se vio como el escenario ideal para las muchas veces oscuras aventuras de Batman y su “lucha contra los malos”; constantemente se nos iban dando detalles sobre su historia y configuración, sus lugares más populares (para bien o para mal), destacando los “siniestros” Asilo Arkham (donde “viven los monstruos”) y el Callejón del Crimen, sitio mismo donde un infante Bruce Wayne vio morir a sus padres y dando origen de este modo a su leyenda.
    No obstante sólo sería gracias a Cataclismo, saga de 1998, que quizás por fin se vería en todo su esplendor la significancia de esta ciudad dentro de la vida de Batman y el resto de sus habitantes: puesto que a lo largo de un buen número de revistas ligadas al personaje (las de Gatúbela, Robin, Nigthwing, Azrael y otros) conoceríamos lo que pasaba al producirse un terremoto devastador; de este modo es cuando comienza a prepararse el camino para detallar aún más cómo la ciudad misma responde a esta tragedia masiva y es así que por fin empieza a dilucidarse por completo el verdadero rostro de Ciudad Gotica, al ir mostrándonos en forma paralela cómo los habitantes de la ciudad (superhéroes, antihéroes, policías, personajes comunes y corrientes…,unos cuantos villanos) enfrentan a su modo los vaivenes del “nuevo” avatar que ha caído sobre sus cabezas. A esta saga le seguiría ese mismo año Consecuencias, que mostraría en mayor medida el impacto en la vida de los gotamitas del movimiento telúrico y cómo éste ha implicado que su gran capacidad para adaptarse a cada una de sus tragedias sea puesta a prueba.  No obstante sería durante todo el año 1999 que con la que sería considerada unas de las mejores sagas de Batman, la cual comprendería un montón de historietas, incluyendo numerosos ti-ens (revistas anexas) en otras publicaciones de DC (como JLA aparte de las dedicadas a la llamada “Familia Batman”), que terminaría por descubrirse la verdadera naturaleza de Ciudad Gótica: me estoy refiriendo a la celebrada macrosaga de Tierra de Nadie, la cual tuvo una “antesala” en Camino a la Tierra de NadieTierra de Nadie cuenta lo que sucede cuando el gobierno de USA (y he aquí quizás un guiño a las tantas manipulaciones políticas del país más poderoso del mundo) decide dejar a su propia suerte a la destruida Ciudad Gótica, por considerar una pérdida de tiempo invertir en su desolado territorio; de este modo el lugar deja de formar parte de los Estados Unidos, un montón de gente abandona lo que fue su hogar durante toda su existencia y los que optan por quedarse, deben vérselas en medio de una serie de bandos que comienzan a alinearse entre personas que luchan por mantener la justicia y la cordura; por supuesto también estarán los criminales que tratan de aprovecharse y convertirse en amos y señores del nuevo orden por su propia cuenta (en realidad esta saga amerita un artículo para ella sola).   Quizás una de las tantas revistas dedicadas a estos eventos y que en toda su belleza logra mostrar lo que significa “vivir y morir” en Ciudad Gótica, corresponde al número de la primera visita que hace un preocupado e idealista Superman al lugar tras el terremoto y allí tras ver frustrados sus intentos por recuperar el orden, cuando entonces el mismísimo Batman le demuestra que Ciudad Gótica no es Metrópolis y que posee su propia manera de enfrentar sus infortunios (los que no necesariamente responden a una mente tan positiva como la del kryptoniano).
Una viñeta de este más que recomendable cómic.
    Y es entonces que llegamos a la saga que me inspira ahora a escribir: Ciudad del Crimen.  Aparecida en 12 números, entre los años 2005 y 2006, corresponde a la primera historia (si no la única) escrita por un guionista que se fogueó a través de historietas independientes de carácter policial y que haya hecho jamás para un cómic de Batman: me estoy refiriendo a David Lapham, quien con su Balas Perdidas logró el reconocimiento del público y la crítica especializada, con numerosos premios a su haber, lo que le ha permitido trabajar luego para un montón de compañías entre Marvel, DC, Dark Horse, IDW, Valiant y muchas más.  La calidad de su trabajo le ha permitido tener a su disposición a personajes de la talla de Spiderman, Wolverine, Punisher y Daredevil en Marvel y a Superman, como al Espectro (aparte de Batman) en DC; todos estos (salvo el Espectro, que si bien es todo un clásico, no está entre los mayores personajes actuales de DC) verdaderos “pesos pesados” y a los que las dos grandes compañías no a cualquiera se los entrega para contar sus historias.  En esta historieta, Lapham oficia tanto de guionista, como de dibujante a través de sus bocetos, los que fueron terminados por el español Ramón Bachs.
    En este cómic a su vez estamos frente a una obra que a ratos llega a impresionar por el grado de violencia gráfica que muestra, de modo que a veces uno se maravilla de que una obra de Batman haya sido tan osada a estos extremos; los cuerpos se acumulan a lo largo de las viñetas y los rostros agrestes, cansados, muestran notablemente cómo la miseria es algo que se respira y vive en todos lados.  El colorido oscuro de gran parte de los dibujos, a cargo de Nathan Massengill, le otorga mayor dramatismo a este “descenso a los infiernos” que resulta ser esta novela gráfica.
    La historia comienza de la forma menos “extraordinaria” para un cómic de Batman en una primera instancia: Un incendio en un viejo edificio provoca la muerte de un considerable número de madres adolescentes, que por lo que se descubre después, formaban parte de una red para vender sus bebes a parejas millonarias que no podían tenerlos por su cuenta.   Lo que se ve como un crimen propio de la mafia y de los típicos maleantes convencionales a los que bien Batman sabe controlar, resulta al final ser sólo la punta del iceberg, puesto que en medio de esta acción ilegal, se encuentran involucrados unos cuantos de los grandes villanos del Señor de la Noche; no obstante estos mismos infames personajes, acá también logran verse como víctimas y marionetas de un mal mucho mayor y pavoroso y que tiene sus raíces hundidas en las mismas entrañas de la ciudad que los acoge a todos ellos.   El ambiente lúgubre, decadente y el carácter de verdadera obra maestra de los cómics de superhéroes para “lectores adultos”, recuerda al de esos ya memorables El Culto de Whrightson y Starlin, como también de Asilo Arkham  de Mckean y Morrison (ambas historias consideradas entre lo mejor del Murciélago).
     El cómic se va desarrollando de tal manera que los acontecimientos muestran que el mal y la miseria poseen muchas manifestaciones y niveles.  A ratos la trama se desenvuelve como una narración más bien propia de un cómic de fuertes ribetes de crítica social, puesto que Lapham nos va mostrando tal cual un cronista de las flaquezas humanas, la indignidad del corazón de muchos de los que viven en Ciudad Gótica: ricos y pobres comparten las mismas debilidades y su falta de verdadera felicidad los une como gotamitas en una historia que pretende desnudar el alma humana, a tal punto que Batman, Robin y otros sirven acá como un medio para ser testigos de estas mismas flaquezas y preguntarse hasta qué punto se pueden validar sus propias cruzadas en beneficio del bien común ¿Vale la pena luchar cuando la desmoralización es tan grande y pese a todos los esfuerzos la miseria parece acumularse como los años? Las respuestas a estas inquietudes sólo logran conseguirse cuando no se pierde la esperanza.  A su vez es así como en especial Batman se volverá a mostrar como un hombre que una vez más se enfrenta a sus propios temores y sentimientos de culpa, siendo sólo su voluntad la que lo logra salvar de tanta podredumbre.  Este aspecto más realista del mal en Ciudad del Crimen nos regala unos cuantos momentos en verdad emotivos, a veces en sus diálogos, otras veces en sus viñetas que con tan sólo imágenes logran provocar la empatía de parte del lector. 
    Dentro del aspecto más “humano” de esta lucha contra el mal, el cómic se da el tiempo de abarcar numerosas viñetas y páginas para mostrar el drama y la odisea de muchos otros personajes que no son Batman.  Algunos acá logran destacar como emisarios del bien que continúan en su lucha en medio del caos reinante, como lo son  Robin (Tim Drake) y alguien más que le prestará su inesperada y valiosa ayuda; este vital apoyo corresponde a  otro de los mejores personajes a los cuales Batman considera entre sus grandes aliados (sin embargo para mayor disfrute de esta obra, no nombraré su identidad).   A su vez no faltaron los “personajes demasiado comunes” que acá se mostrarán como tristes peones en estos juegos del destino muchas veces cruel.
    En los momentos donde intervienen algunos de los villanos más emblemáticos de Batman, la acción es trepidante y entonces uno recuerda que se está frente a un cómic de superhéroes; pero esta subtrama más convencional es sólo un medio para llegar a la reflexión ante la presencia del mal en el hombre y su natural tendencia a lastimar a los demás, como también al deseo de poder.  El supervillano se muestra acá como un símbolo de esta faceta oscura que todos llevamos dentro y que basta con que sólo abracemos, para que de rienda suelta a sus artimañas.  De este modo sus grandes habilidades usadas con fines egoístas, no son otra cosa más que un símbolo de nuestra debilidad ante el poder y de nuestra naturaleza destructiva.
    Pero es con la introducción de un mal mucho más ominoso en esta obra, que el autor se vale para contarnos un cuento de verdadero terror y que en medio de su atmósfera de misterio, une las anteriores manifestaciones de la vileza a ella misma: por consiguiente,  recalcar la idea de que la maldad habita en nuestros corazones sólo si decidimos aceptarla y renunciar a nuestra verdadera humanidad.  Y he aquí con todo este cúmulo de miserias y vilezas humanas (y no tan humanas), que nos encontramos con el verdadero sentido del título de esta memorable saga. La Ciudad del Mal es Ciudad Gótica, la que como una Babilonia postmodernista, corresponde a la materialización de toda la oscuridad que puede habitar dentro de nosotros mismos.   No hay que ser un supervillano, ni un mafioso para hacer el mal a otros; cualquiera puede sucumbir a sus más bajas pasiones y ello bien puede significar que tal como algunas de las criaturas a las que se enfrenta aquí Batman, perdamos nuestra alma.  Sin embargo tal y como se muestra muy bien acá, no es necesario matar o robar para perder los estribos, cualquier acto hecho por miedo o egoísmo, bien puede llevarnos a formar parte de esta Ciudad del Mal.

Portadasde la edición española en tres tomos.

4 comentarios:

  1. La naturaleza maligna del hombre ha sido mostrada en muchas ocaciones, desde el comic, la literatura, hasta en el cine, o en los videojuegos, ya sea de forma directa o indirecta.

    Pro ejemplo, el otro dia veia por tercera vez el muro de Pink Floid, y me hacia la idea de que pese a lo antigua de la pelicula (1982 si no me equivoco), me hace ver como está la sociedad hoy, habiendo una maldad como si fuese natural en nosotros mismos.

    Otra obra fuerte en cuanto al contenido y la critica social ha sido watchmen, en donde aborda cada punto de la sociedad en sus 12 numeros que lo catalogan de obra maestra.

    En la literatura acabo de acordarme de dos libros, uno es "1984" de George Orwell, que para mi fue una experiencia asfixiante, y "un mundo feliz" que espero leerla mas adelante si tengo la oportunidad.

    Concluyo en que la naturaleza del hombre es algo muy inestable, si lo ponemos desde el punto de vista humano, solo un pequeño choque haria que nos volviesemos inestables y perdieramos los estribos.

    Atte. Fabian Ibarra.

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  2. Pues bien que este cómic resulta memorable a la hora de retratar el poder corruptor del mal y la fácil predisposición que tenemos los seres humanos a dejarnos tentar por él; no obstante pese a todo, tal como lo demuestra Batman acá, siempre hay una luz de esperanza capaz de permitirnos sobreponernos a nuestra débil naturaleza. Una vez más gracias por leerme y comentar, Fabián.

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  3. Ya dejen de traducir GOTHAM como "ciudad gotica" JAJAJAJAJ. Mexicanos rancios!

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    1. La verdad es que me gusta mucho esa traducción, si bien no me acostumbro a lo de "Bruno Díaz" y micho menos a lo de "Ricardo Tapia". No obstante me gustan los nombres castellanizados de sus villanos.

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