martes, 15 de diciembre de 2015

La primera gran colección de cuentos de Ursula K. Le Guin (primera parte).


I- La autora.

      Ursula Kroeber Le Guin (nacida el 21 de octubre de 1929 en USA) es considerada desde hace décadas ya, como una de las grandes damas de la ciencia ficción y la fantasía literarias.  En una época en la cual las mujeres que se dedicaban a estos géneros eran escasas (plena década de los sesenta) y cuando tan solo unas pocas habían conseguido cosechar éxitos y respeto, como James Tiptree Jr. (más encima usando pseudónimo masculino ante los prejuicios del medio), la Le Guin consiguió abrirles las puertas a su sexo, para demostrar su enorme capacidad para crear ficciones de gran peso estético.
      En un periodo convulsionado por la revolución cultural, donde las nuevas generaciones promovedoras de paradigmas más vanguardistas (con el llamado amor libre, el feminismo, el orientalismo y la cultura hippie en general), en contra del rígido sistema tradicionalista de derecha imperante en el “gran país del Norte”, esta autora promovió directa e indirectamente con sus obras otras ideas, que por lo general apenas habían sido tratadas en este tipo de narrativa.  Es así como desde los comienzos de su carrera en aquel tiempo, enmarcado dentro de la new wave surgida al otro lado del océano en Inglaterra, sus narraciones breves y extensas desarrollaron historias dedicadas a la antropología (por medio de la creación de diversas culturas alienígenas, representando distintos aspectos de nuestra humanidad) y la promoción de estilos de vidas más relacionados con la ecología y la vida en armonía con el ecosistema.   Con numerosos cuentos, muchos de ellos recopilados en varios tomos, novelas, ensayos y poesía, esta escritora ha conseguido algunos de los premios más destacados del ambiente, llegando incluso a ser considerada entre los grandes de la literatura general de su nación en las últimas décadas.
      Sus obras poseen nombres evocadores y líricos, bastante simbólicos por cierto, los cuales en una primera instancia poco tienen que ver con el contenido de ellas.  Como se verá en la mayoría de los libros que a continuación se mencionarán.   En su escritura acostumbra usar la prosa poética, ya sea en las descripciones, como en los diálogos.
Ursula K. Le Guin,
      Dentro de sus trabajos en narrativa destacan dos grandes sagas, una de ciencia ficción y otra de fantasía, que incluyen relatos y obras más extensas, las que en todo caso tienen la particularidad de poder leerse independientemente, si bien ligadas entre sí por compartir uno que otro personaje en común.  En el primer apartado se encuentra su ciclo Ekumen (de la palabra ecuménico, que hace referencia a la reunión inclusiva de distintas comunidades y/o ideologías, término bastante usado desde el punto de vista religioso), sobre un buen número de planetas con distintas razas humanoides, surgidas de una más antigua que colonizó hace mucho tiempo sus tierras.   Todos estos pueblos han querido ser unidos por la civilización terráquea, que hace más o menos de Imperio Romano entre todos estos pueblos.  Justamente su novela debut, El Mundo de Rocannon (1966) inicia lo que también es llamado Universo Hainish.  A este título le siguen varios textos, algunos de ellos hoy en día considerados verdaderos clásicos de la ciencia ficción, como resultan ser Planeta de Exilio (1966), La Mano Izquierda de la Oscuridad (1969), El Nombre del Mundo es Bosque (1972) y Los Desposeídos (1974).  Cabe decir que para muchos de sus lectores y especialistas, estos tres últimos trabajos se encuentran considerados entre los mejores de su producción.   A su vez existe un libro titulado Cuatro Caminos hacia el Perdón (1995), formado por cuatro narraciones breves ambientadas en el universo del Ekumen.
     En cuanto a su celebrada saga de fantasía Terramar, a la fecha van publicadas cinco novelas y una colección de cuentos: Un Mago de Terramar (1968), Las Tumbas de Atuan y La Costa más Lejana (ambas de 1971), Tehanu (1990) y En el Otro Viento (2001).  La mayoría de los textos breves ambientados en este mundo se encuentran recopilados en Cuentos de Terramar (1999).   Bien se podría decir que para muchos, esta serie de libros son los más conocidos de la escritora.
     Siguiendo la “moda” de realizar sagas de tipo juvenil, Ursula K. Le Guin se sumó a ello por medio de la trilogía titulada como Anales de la Costa Occidental, comenzada en 2004 con Los Dones y luego continuada con Voces (2006) y Poderes (2008).  El éxito de esta “última” saga le concedió un nuevo galardón a esta artista, puesto que el mismo año en que se publicó Poderes, recibió otro premio Nébula y en este caso fue a la mejor novela por dicha obra.
     Libros independientes de sus sagas, son La Rueda Celeste (1971), El Lugar del Comienzo (1980) y El Eterno Regreso a Casa (1985), entre otros.
     Algunas colecciones suyas de cuentos son La Rosa de los Vientos (1982),  Las Llaves del Aire (1996), El Cumpleaños del Mundo y otros Relatos (2002) y Planos Paralelos (2003).
      Cabe considerar que es una de los pocos autores (entre hombres y mujeres) considerados en dos prestigiosos libros escritos por David Pringle, experto en el tipo de literatura que escribe Le Guin, en poseer más de uno de sus títulos en Las 100 Mejores Novelas de la Ciencia Ficción (con La Mano Izquierda de la Oscuridad y Los Desposeídos) y en Las 100 Mejores Novelas de Fantasía (gracias a Un Mago de Terramar).  Debe saberse a su vez que ambos estudios de Pringle son considerados verdaderos textos de consulta y guías para quienes desean adentrarse en lo mejor de estos géneros,
     Pese a la popularidad de esta escritora y a la calidad de sus trabajos, apenas ha sido considerada por Hollywood, la televisión y el mundo de los cómics, por lo que las adaptaciones de sus escritos son escasas.  En 1980 se hizo para la pantalla chica una versión de La Rueda Celeste, hoy olvidada por la mayoría.  En el año de 2005 se realizó la miniserie Leyendas de Terramar, que se lanzó con muchas promesas y expectativas de los fanáticos, en especial por contar entre sus actores a talentos ya veteranos como Isabella Rossellini y Danny Glover; no obstante el resultado fue bastante malo y la producción llega a ser hasta aburrida, además de contar con algunos verdaderos “defectos” especiales.  Quizás lo mejor de esta miniserie sea su bellísima banda sonora hecha por Jeff Rona.  Por otro lado, para la historia se tomaron en cuenta los dos primeros libros del ciclo.  Posteriormente en 2006 el prestigioso estudio japonés de animación Ghibli, el mismo creado por el multipremiado y valorado Hayao Miyasaki, lanzó Cuentos de Terramar, que en esta ocasión se basó en las entregas tres y cuatros.   La Le Guin estaba bastante entusiasmada cuando se le propuso hacer esta versión, más tratándose de que iba a ser dirigida por Miyasaki, con quien compartía varios puntos en común, tales como el estilo de vida ecologista…Y fue Miyasaki quien la filmó, pero no  Hayao, sino Goro, su hijo, a quien salvo su padre nadie conocía, lo que molestó en gran medida a la escritora y más todavía cuando se dio cuenta de la poca justicia que se hizo a sus escritos (otra vez).  El filme de los estudios Ghibli es considerado, tal vez, su peor producción.
    Por cierto, Ursula K. Le Guin está ligada de alguna manera al pueblo chileno, ya que realizó traducciones al inglés de varios poemas de Gabriela Mistral, la poetisa más importante de las letras del país y el primer premio Nobel de Literatura de Latinoamérica.
     Las Doce Moradas del Viento corresponde a la primera recopilación de sus obras breves, publicadas originalmente en varias revistas, tal como muchos de sus cuentos posteriores.  Editado en 1975, en contra de lo que pudiera parecer por su título, cuenta con diecisiete textos y no doce; el nombre escogido por la autora para su libro proviene de un verso de un poema de A. E. Housman, texto que antecede en el libro a los relatos.  Este libro se encuentra conformado por:

1- El Collar de Semley.

      Bellísimo cuento que es la antesala a uno de sus libros más famosos, El Mundo de Rocannon, de modo que en esta pequeña pieza es posible ver la gestación de algunos de sus personajes, así como la configuración que posee este mismo mundo (con distintas especies inteligentes, culturas y tradiciones).  Además se introduce ya en este relato el concepto del Ekumen, si bien acá aún no lleva su nombre; esto último debido a la alternancia entre el relato de corte más “científico” y que corresponde a los investigadores interplanetarios que estudian este lugar y a sus gentes, a la par de la narración principal que le da título al texto, la cual se cuenta desde el punto de vista de una de las autóctonas del planeta.
      Tras una partida más propia de la ciencia ficción, que de la fantasía y que cubre mayormente el resto del relato, trata acerca de la bellísima Semley y su búsqueda de una valiosa joya familiar perdida hace mucho tiempo.  La joven mujer es una digna hija de su tierra, pues se encuentra sometida a las costumbres de su gente y por ello para cumplir con sus deberes, realiza el viaje que la hará conocer a las personas más inauditas, de modo de lograr su objetivo. 
     El viaje es contado dándoles características místicas, pues la protagonista va en pro de lo desconocido, siguiendo patrones antiguos de la literatura clásica épica sobre travesías heroicas (como el tema del hospedaje del viajero entre gentes “extrañas”, aunque amables, la solicitud misma de ayuda y/o conocimientos a estos mismos); además cabe destacar que Semley posee un ideal o quizás una obsesión, que es la de no volver a su hogar hasta lograr su cometido, lo que la convierte en alguien de gran peso dramático, pese a la corta extensión de este título: es una mujer orgullosa, con determinación, aunque nunca pierde la compostura (en especial en su entrevista con los distintos hombres claves que conoce, tan distintos a ella y a su pueblo), salvo en el inesperado final.
      Los diálogos con quiénes llega a conocer Semley, son maravillosos y considerando que esta obra fue hecha por su autora al inicio de su carrera, muestran que ya en aquellos años su talento era nato.

     “Allí los gredosos cubrían sus rollizos cuerpos con prendas similares a las de los Señores de las Estrellas amplios pantalones, botas flexibles, túnicas con capucha, aunque las pocas mujeres que se dejaban ver, serviles enanas siempre apresuradas, estaban desnudas. La mayoría de los hombres eran soldados que portaban armas parecidas a los terribles lanzarrayos de los Señores de las Estrellas, si bien Semley pudo advertir que se trataba de simples garrotes de metal. Lo que vio, lo vio sin observar; avanzó por donde la conducían, sin volver la cabeza ni a derecha ni a izquierda. Cuando hubieron llegado frente a un grupo de gredosos que lucían diademas de acero sobre sus cabellos, el guía se detuvo y con voz profunda anunció:
     – ¡Los excelsos Señores de Gdemiar!
    Eran siete y todos le habían clavado los ojos con tal arrogancia pintada en sus grises rostros terrosos que ella sintió deseos de reír.
    – He venido hasta vosotros para buscar el tesoro perdido de mi familia, Señores del Reino de las Tinieblas –dijo en tono solemne–. Busco el botín de Leynen, el Ojo del Mar –su voz sonaba débil en medio del estrépito.
    – Así nos lo han dicho nuestros mensajeros, Semley, señora de Hallan –esta vez logró determinar quién le había hablado: un individuo más bajo que los otros, que apenas si le llegaría al pecho y lucía un resto fiero en el rostro–. No poseemos lo que buscas.
    – En otro tiempo lo tuvisteis, se dice.
    – Mucho es lo que se dice allí donde el Sol centellea.
    – Y las palabras son llevadas por el viento, allí donde el viento sopla. No pregunto cómo se ha perdido el collar ni cómo ha vuelto a vosotros, sus artífices de antaño. Esas son viejas historias, antiguas habladurías. Sólo intento encontrarlo ahora. Vosotros no lo poseéis, pero quizá sepáis dónde está.
    – No está aquí.
    – Estará, pues, en otro lugar.
   – Está donde tú no puedes llegar; no, a menos que cuentes con nuestra ayuda.
   – Ayudadme, pues; os lo pido en mí condición de huésped vuestra.
   – Se ha dicho: los Angyar toman; los Fiia dan; los Gdemiar dan y toman. Si hiciéramos esto por ti, ¿qué nos darías?
   – Mi gratitud, Señores de la Noche”.

      La búsqueda del collar no puede dejar de ser más simbólica, ya que por un lado lo que hace la mujer es rescatar su pasado (uniendo su lamentable presente con el pasado glorioso) y así conseguir la dignidad que siente ha perdido, más todavía en un mundo donde los extranjeros que llegaron desde el cielo (viajeros alienígenas), les han quitado a su comunidad el orgullo que alguna vez tuvieron.   Al respecto Semley sobresale entre los demás, por su capacidad de ir más allá de lo esperado, por lo menos hasta la gran revelación de las últimas líneas.  Asimismo Semley es una persona valiente, locuaz y femenina, características que se harán habituales en las posteriores heroínas de Le Guin.

2- Abril en París:

     Un particular cuento sobre viajes en el tiempo, que se mueve entre la fantasía y la ciencia ficción (siendo la autora alguien que escribe la variante blanda de este último género, o sea, aquella no caracterizada por datos científicos verosímiles, bien sus textos muchas veces se mueven en esta ambigüedad de estilo) y con un aire de humor, sazonado con cierto romanticismo (por no mencionar su propio título).  Es la historia de un aburrido profesor universitario de literatura, quien es transportado para su sorpresa a plena Edad Media, en la ciudad mencionada en el nombre del cuento.  Quien lo ha traído a dicho periodo, resulta ser otro estudioso, un alquimista igual de cansado con su vida.  Cuando ambos se encuentran, descubren entre ellos almas afines y comienzan una amistad que además les permite compartir sus inquietudes intelectuales.  La posterior presencia femenina en el cuento, le agrega otro aspecto interesante a la narración.
    Destaca en esta historia la descripción de la época en la que mayormente se ambienta y que atiende a un propósito de hacer “realista” la narración, cuando se trata de hacernos sentir inmersos en esta particular época.  No obstante, por mucho que en un principio al hombre del siglo XX le desagrade algo este mundo, descubre que el hogar siempre va con uno, en la medida que se es feliz donde se encuentre.  Asimismo resulta destacable el planteamiento de que “no somos islas” y que almas solitarias pueden llegar a compartir con otros su interioridad, de modo de llegar a conseguir su idea de felicidad y plenitud.

    “Barry Pennywither no era un hombre muy valiente, pero era  racional. Pensó que había enloquecido, y por lo tanto dijo con bastante firmeza:
     -¿Es usted el diablo?
     La criatura se estremeció y traqueteó.
     A modo de experimento, dando un vistazo hacia la invisible Notre Dame, el profesor hizo la señal de la Cruz.
     Ante esto la criatura se crispó; no retrocedió, se crispó. Después dijo algo con voz débil, pero en un inglés perfecto -no, en un francés perfecto- no, en un francés bastante extraño:
     -Mais vous estes de Dieu -dijo.
     Barry se irguió y la escrutó.
     -¿Quién es usted? -preguntó, y la criatura alzó un rostro muy humano y contestó con voz humilde:
     -Jehan Lenoir.
     -¿Qué está haciendo usted en mi cuarto?
     Hubo una pausa. Lenoir dejó de estar de rodillas y se irguió, en toda su estatura de un metro sesenta.
     -Este es mi cuarto -dijo al fin, aunque con gran cortesía.
     Barry paseó la mirada por los libros y alambiques que lo rodeaban. Hubo otra pausa.
     -¿Entonces cómo llegué aquí?
     -Yo lo traje
     -¿Usted es doctor?
     Lenoir asintió, con orgullo. Toda su actitud había cambiado.
    -Sí, soy doctor -dijo-. Sí, yo lo traje aquí. ¡Si la naturaleza no quiere cederme el conocimiento, entonces puedo conquistar a la propia naturaleza, puedo obrar un milagro! Al diablo con la ciencia entonces. Yo era científico... -miró a Barry con los ojos ardientes-. ¡Ya no! Me llaman idiota, hereje. ¡Por Dios, soy algo peor que eso! ¡Soy un hechicero, un mago negro, Jehan el negro! La magia funciona, ¿verdad? Entonces la ciencia es una pérdida de tiempo. ¡Ja! -dijo, pero en realidad no parecía triunfante-. Me gustaría que no hubiese funcionado -dijo con más calma, paseándose de aquí para allá entre los infolios”.

3- Los Maestros:

    La ciencia ficción es mucho más que inventos fabulosos, viajes espaciales con batallas colosales, monstruos de todo tipo y en especial extraterrestres.  Pues resulta ser un género tanto o más extrapolativo, que otros de más rancia antigüedad, tal como la fábula y la utopía.  Es así como el género también llamado fantasía científica, lo que hace es “disfrazar” la realidad, llevando las grandes problemáticas humanas a otro escenario, para tratarlas desde la distancia y de ese modo evaluar lo que está sucediendo al respecto.  Por su misma calidad de metamorfosear la verdad (no para ignorarla, sino justamente para analizarla y/o criticarla, exponiendo nuevos puntos de vista al respecto, que en otras condiciones sería imposible surgieran), estos lazos con la realidad solo son revelados a los ojos más atentos y, por qué no, más sensibles, como además cultos.  Es lo que bien sucedió en su momento con la ciencia ficción rusa, en una época en la cual la única manera de criticar el sistema, escapando a la censura y otros tipos de represión, era escribiendo este tipo de obras; lo mismo sucede con clásicos antiutópicos como 1984 de George Orwell y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.  Y en los sesenta a través de la naciente televisión gringa, en medio de una época tumultuosa para el poderoso país del norte, programas como La Dimensión Desconocida y Star Trek, se encargaron de desnudar el alma humana y denunciar con sus aparentes “inofensivas” historias de ciencia ficción los males de la sociedad de aquellos años…
    Pues a través de este poético relato, la Le Guin sigue con esta tendencia arriba señalada, ya que su argumento no deja de ser una parábola acerca del poder que posee el conocimiento y quiénes lo manejan (los llamados “maestros” del título), representados acá por los científicos.  No obstante los eruditos del cuento, que se hayan caracterizados como miembros de un grupo hermético, que controla el saber en un mundo plagado de ignorancia, se prestan como símbolos del dogma ciego y que en vez de liberar con la verdad, encadena a la gente a través de sus mentiras e ignorancia.  De este modo, científicos y religiosos a la larga vienen a ser lo mismo en el relato y en la vida real, en especial cuando se trata de egoísmos y de negar la posibilidad del error como algo propio de nuestra humanidad.  Por tanto el cuento sin dudas recuerda a personajes reales como Galileo Galilei y Giordano Bruno, quienes sufrieron de la persecución por sus ideas avanzadas para su época, así como a tanto sujeto que a lo largo de la historia ha experimentado el repudio por defender su derecho a pensar distinto y a defender su propio punto de vista.


4- La Caja de la Oscuridad.

     Un “nuevo” cuento de fantasía con príncipes, reyes, guerreros, criaturas fabulosas y brujas, que en este caso puede ser que a la luz de los tres textos anteriores, quede en desmedro ante su efecto final para el lector (en otras palabras, a gusto de algunos, como para quien aquí escribe, sería el menos efectivo de los que van agregados a esta recopilación). 
     Trata de un joven aspirante al trono de su nación, que recibe un extraño regalo y el cual guarda en su interior algo inesperado.  El contenido del objeto bien demuestra que no importa cuánto poder puede llegar a tener un ser humano, existen fuerzas superiores en el mundo que fácilmente pueden doblegar incluso a los más soberbios; por lo tanto, una moraleja de la narración puede ser que hay que aprender a ser humildes a toda costa.

5- La Palabra que desliga.

    El primero de los dos cuentos que vienen a ser los antecedentes a su famoso ciclo de de Terramar, no es el mejor de ambos.  En este caso se trata de un mago que sufre el acoso de su enemigo, quien al parecer resulta ser mucho más poderoso que él y por lo tanto la narración trata acerca de su viaje como vía de escape (viejo tema dentro de la literatura oral y escrita), así como de su búsqueda para lograr derrotarlo.  En el relato el protagonista demuestra la capacidad de transformarse en muchas cosas, habilidades luego desarrolladas en algunos de los personajes de la saga mencionada; lo mismo sucede con la importancia que le otorga la autora en esta ficción y la que le sigue, al poder de la palabra y en especial al conseguido por medio del conocimiento del nombre “verdadero” de la gente y de lo que lo rodea (este último concepto algo proveniente de las creencias de muchas culturas antiguas, que otorgan a las palabras un poder mágico, como sucede con la cábala judía).

6- El Poder de los Nombres.

    Uno de los dos personajes principales resulta ser un insignificante hombre, que posee unas cuantas habilidades mágicas y que sabe usar de manera poco efectiva,  cuando se trata de ayudar a la gente que lo ha acogido tras asentarse en sus tierras.  Este sujeto que parece la caricatura de un mago, guarda tal vez más de un secreto y hacia el final del relato, la gran revelación de su identidad demuestra la clásica ley de los cuentos tradicionales de fantasía: de que nada es lo que parece.  Por otro lado, llega al lugar donde vive este supuesto hombrecito insignificante, un sujeto que desde el principio se ve como todo lo contrario al único mago del lugar: apuesto, gallardo y talentoso.  El destino de estos dos se une y ello otorga al lector un desenlace inesperado y lleno de acción.

     “El señor Bajocolina salió de debajo de su colina, sonriendo y respirando con dificultad. Cada resoplido salía disparado por las ventanas de su nariz como una doble bocanada de vapor, blanca nieve bajo el sol matinal. El señor Bajocolina contempló el cielo brillante de diciembre y sonrió más ampliamente que nunca, mostrando unos dientes blancos como la nieve. Luego se dirigió al pueblo.

      – Día, señor Bajocolina – le decían los aldeanos cuando se cruzaban con él por la calle angosta, entre casas de tejados cónicos y sobresalientes como los sombreretes rojos y gruesos de las setas venenosas.
     – ¡Día, día! – respondía él a todos. (Por supuesto que desear a cualquiera un buen día traía mala suerte; en un lugar tan afectado por Influencias como Sattins Island, donde un adjetivo descuidado puede cambiar el tiempo por una semana, era suficiente con decir sólo el momento del día.) Todos le hablaban, algunos con cariño, otros con cariñoso desdén. Era todo lo que la pequeña isla poseía a modo de mago, y por lo tanto merecía respeto… ¿pero cómo se podía respetar a un hombrecillo regordete y cincuentón que se tambaleaba con los pies hacia adentro, sonriendo y exhalando vapor? En el trabajo tampoco era gran cosa. Se esmeraba medianamente en los fuegos artificiales, pero sus elixires eran ineficaces con frecuencia. Las verrugas que hechizaba reaparecían a los tres días; los tomates que encantaba no llegaban a ser más grandes que los melones; y durante los contados días en que alguna nave extraña se detenía en el puerto de Sattins, el señor Bajocolina permanecía siempre debajo de su colina; por temor, explicaba, al mal de ojo. En otras palabras, era un mago por la misma razón por la que el zarco Gan era un carpintero: por negligencia. Por esta generación los aldeanos se las apañaban con puertas mal colocadas y hechizos inútiles, y descargaban su irritación tratando al señor Bajocolina con bastante familiaridad, como un simple aldeano más. Hasta lo invitaban a cenar. Una vez él invitó a cenar a algunos de ellos, y sirvió una colación espléndida, con plata, cristal, albaricoque, ganso asado, un chispeante Andrades 639, y budín inglés con salsa fermentada; pero estuvo tan nervioso que quitó toda alegría a la comida, y además, todos volvieron a estar hambrientos media hora después. No le gustaba que nadie visitara su cueva, ni siquiera la antecámara, más allá de la cual en realidad no había llegado nadie. Cuando veía que se acercaba gente a la colina, salía trotando a recibirla. «¡Sentémonos aquí, bajo los pinos!», decía sonriendo y señalando hacia el bosquecillo de abetos; o si llovía: «Vayamos a tomar un trago a la taberna, ¿eh?», aunque todos sabían que él no bebía nada más fuerte que agua de pozo”.

7- El Rey de Invierno.

    
     Este cuento que sirvió de inspiración a su autora para la posterior creación de una de sus obras cumbre, la novela La Mano Izquierda de la Oscuridad, en lo que va del libro es el texto más largo.  Su argumento permite conocer a una raza muy especial, de entre los pueblos recientemente anexados por el llamado Ekumen, los ghetenitas, seres andróginos que en ciertos periodos de su vida pasan a ser machos o hembras por un tiempo.   Estos mismos a su vez viven en el planeta conocido en el exterior como Invierno, debido a las bajísimas temperaturas que lo hacen mantenerse cubierto de blanca nieve.
     El relato trata acerca del joven heredero de la monarquía de este mundo, quien pasa por una crisis que lo obliga a dejar su hogar y vivir durante una temporada entre extranjeros en otro planeta.  De este modo, una vez más es posible identificar en la literatura de Le Guin el tema del encuentro entre sociedades diferentes, centrándose en especial en uno de sus integrantes y quien debe enfrentar la otredad de aquellos que lo rodean.  Por otro lado, se puede reconocer en esta obra el peso de las costumbres ancestrales, en especial los llamados tabús, que marcan para bien o para mal la vida cotidiana de los seres humanos.
     Narrado de una manera muy especial en varios momentos de sus páginas, describiendo una imagen estática a manera de apreciación artística, este cuento también trata acerca del peso del paso del tiempo y las responsabilidades.

    “Cuando en el transcurso del tiempo surgen torbellinos, y la historia parece arremolinarse en torno a un tronco que se hunde, entonces las fotografías vienen al pelo: instantáneas, que pueden ser equipadas para comparar al padre con el hijo, al joven rey con el viejo, y que también pueden barajarse y volver a ordenarse hasta que los años corran incesantemente. Porque a pesar de los trucos de la comunicación interestelar instantánea y de los viajes interestelares casi tan veloces como la luz, el tiempo (como lo advierte el Axt Plenipotenciario) no se invierte; ni la muerte puede ser burlada.
     En consecuencia, aunque la fotografía más conocida sea aquella imagen oscura de un rey joven que contempla a un rey viejo, muerto en un corredor iluminado solamente por espejos en los que se refleja una ciudad incendiada, apártala por un momento. Mira primero al joven rey, el orgullo de una nación, el más luminoso y afortunado ser de veintidós años que haya existido. Cuando se tomó esta fotografía, apoyaba la espalda contra una pared. Estaba roñosa, temblaba, y su rostro aparecía vacío y demente, pues había perdido esa confianza mínima en el mundo que se llama cordura. Repetía dentro de su cabeza lo que había repetido durante horas o años: "Abdicaré. Abdicaré. Abdicaré." Con los ojos cerrados vio las habitaciones de rojas paredes del Palacio, las torres y calles de Erhenrang bajo la nieve que caía, las hermosas planicies de las Tierras Bajas del oeste, las cumbres blancas del Kargav, y renunció a todo, a su reino”.

8- El Viaje.

      Una historia que no se enmarca dentro de los géneros habituales de la autora, si bien posee rasgos oníricos, debido a su particular argumento, que lo acercan en parte a los intereses de la Le Guin.
      Siendo sinceros, bien podría ser el texto menos logrado (por no decir el más aburrido) de los hasta el momento leídos en este volumen.  Quizás porque pese a tratar acerca del viaje interior hecho (nada menos) a través de las drogas, las motivaciones que mueven a su protagonista no resultan atractivas.  O bien quizás puede ser que el tema abordado y la manera de cómo lo enfrenta la escritora, sea más del gusto de quienes se encuentran cercanos a las vicisitudes de su personaje, que de alguien que no haya vivido tales tipos de experiencias. 

4 comentarios:

  1. Hola y me acorde de comentar ajajjajaja,interesante cuando lei sobre Terramar se me vino a la mente artiro la adaptación de Ghibli no sabia que era de ella la obra original,me intereso mucho sobre lo que escribe.La adaptacion de Ghibli no la he visto pero me da razones para verla.
    Saludos

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    Respuestas
    1. Pues a mí la película no me gustó para nada y lejos mejor leerte los textos originales que son de lo mejor.

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    2. Aun así veré la adaptación de Ghibli , para saber de que va y mas adelante algún día darle la oportunidad a los libros, lastima que Hayao Miyazaki no haya dirigido esta historia estoy seguro que hubiera super diferente la pelicula
      Como curiosidad Hayao Miyazaki dejo a su hijo que dirigiera esta película para comprobar su funcionamiento como director pero dado los resultados que dio Hayao estubo peleado con su hijo por mucho tiempo

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    3. ¡Qué interesante lo que cuentas, amigo Andrés, respecto a este filme! Se supone que Miyasaki abandonó la dirección...Ojalá se decida a volver. En cuanto a la Le Guin, tras los desastres de las dos últimas adaptaciones sobre su obra, creo se pensará más que nunca en la venta de los derechos respectivos.

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