domingo, 16 de noviembre de 2014

El Temor a la Muerte en “Cementerio de Animales” de Stephen King.


     El tema de la muerte en sí resulta complejo.  Existen algunos que la ven tal cual un proceso natural y la aceptan como algo inevitable y que bien forma parte de nuestra existencia (ello independientemente de si creen en la llamada “vida después de la muerte”).  Para otros la idea de morir resulta un conflicto que les atormenta, puesto que el temor a la desaparición total de la conciencia es algo que no pueden sobrellevar y más todavía si se trata del fallecimiento de un ser querido; a lo anterior queda de manifiesto el miedo y el terror que provoca esta amenaza que pende sobre sus cabezas, de modo que todo ello se transforma en una pesadilla latente y constante.   Era de suponer entonces que la muerte misma fuese inspiración para un montón de artistas desde la Noche de los Tiempos, quienes con sus obras plasmarían su perspectiva al respecto (y por defecto las de sus propias raíces culturales).  Asimismo no está de más decir que en el caso de la literatura de horror, maravillosa y fantástica abundarían las historias en torno a este tema.
    En 1983 sale publicada la que sería considerada una de las mejores obras de Stephen King, Pet Sematary, conocida en español como Cementerio de Animales.  La novela en cuestión, bastante dura considerando su manera directa para abordar el tema de la muerte y el miedo mismo que ella provoca, resulta ser además uno de sus trabajos más gores y, como no, más perturbadores.  No obstante cuando se trata de hablar de esta obra, también es justo mencionar que incluso en su horror más sobrecogedor, se trata de una de sus narraciones largas más profundas a la hora de indagar en el corazón humano.
     Su trama, sin querer caer en los nefastos spoilers para no quitarle impacto a sus posibles nuevos lectores, es la siguiente: Un joven y exitoso matrimonio con dos hijos pequeños, una niña de unos 5 años y un chico de alrededor de 2, se traslada a una casa en una zona medianamente rural; la razón de ello ha sido que el hombre de la familia ha conseguido un nuevo puesto de trabajo como médico jefe de la universidad que queda en dicha comunidad.  Afuera de su casa hay una carretera donde seguido pasan grandes camiones de una empresa cercana, detalle que llega a convertirse en la clave para el inicio de la tragedia de esta agradable gente.  Los Creed llegan a conocer a su cordial vecino, un anciano que vive solo y que se convierte en el único amigo que llegan a tener en la zona  Este hombre ya experimentado en los vericuetos de la vida, termina por crear un estrecho lazo de confraternidad con quien bien podría ser su hijo y es así como le confiesa uno que otro secreto del lugar, entre ellos el de un abandonado cementerio indígena y el cual posee propiedades mágicas, si bien mejor conviene no meterse con ellas; lamentablemente como bien le dice el mismo vecino amigo a Louis Creed “El corazón del hombre es un camino pedregoso” y ello significa que no importan las advertencias, la debilidad humana es superior a las razones de la lógica y ello luego se traduce en más sufrimiento y por último en la condenación de los más débiles.
     Como se trata de una obra del género terrorífico, la novela aborda el impacto ominoso que tiene la idea de la mortalidad.  De este modo en más de un personaje y de una situación en concreto, el libro extrapola estos temores primigenios: por un lado se observa el caso de la esposa de Louis, quien sufre de verdadera necrofobia debido a un trauma provocado en su infancia y que ante las características espantosas de dicha experiencia, bien se puede llegar a entender su total rechazo a todo lo que tenga relación con la muerte.  Luego se encuentra el mismo cementerio de animales, creado por los niños de la zona para rendirles honores póstumos a sus mascotas y de ese modo enfrentarse a esta regla de la vida; no obstante como bien quedará detallado en sus páginas, los infantes ante su naturaleza más propensa a creer en lo extraordinario, tendrán su propia forma de sobrellevar este viejo dilema.  También es posible identificar en el texto la amenaza constante de una muerte dolorosa, donde el individuo pasa por una verdadera muerte en vida y a la larga es incapaz de enfrentar con serenidad sus tormentos. Por último, se encuentra la arista más grave de toda esta trama y ella corresponde a lo que sucede cuando nos encontramos frente a la inevitabilidad de perder a un ser querido y más todavía si ello se trata de un hijo y/o un pequeño inocente ¿Qué sucede con uno cuando el dolor es tan grande y la desesperanza también? Por lo tanto, la novela ahonda en las consecuencias que pueden traer las peores decisiones en los peores momentos de nuestras vidas; en cómo intentamos torcer con nuestra ceguera aquello que se encuentra por sobre las capacidades humanas y que como efecto, tal cual en las tragedias griegas, nos acarrea más tribulaciones.
Por muy anacrónica que pueda parecer esta escena para quien
no vio el filme...se trata de uno de sus momentos más perturbadores.
     Existen tres guiños bastante interesantes en este título, los cuales bien tienen que ver con la más rancia tradición literaria del género: En primer lugar se encuentra la presencia de un fantasma, exacto, del espíritu de un muerto que en el libro cumple la función de ser el intermediario para el protagonista con el mundo del Más Allá y quien  le advierte del verdadero mal que se esconde en el viejo cementerio Micmac.  Es así como su figura es heredera de los fantasmas del clásico Canción de Navidad de Charles Dickens (autor que se encuentra entre los favoritos de Stephen King) y de muchos otros seres que abundan en este tipo de historias y que se transforman en la herramienta del mundo sobrenatural para darle una que otra advertencia a los vivos de no traspasar sus fronteras.  También cabe destacar la mención al espíritu maligno del Wendigo, ser de la mitología indígena norteamericana y a quien un escritor como Algernon Blackwood (uno de los precursores de Lovecraft) le dedicó un famoso cuento titulado justamente El Wendigo.  Por último, si bien la génesis de esta obra se encuentra en las propias preocupaciones de su autor ante los miedos infantiles de sus hijos por el tema de la muerte, en parte también el escritor quiso hacer su propio homenaje a uno de sus cuentos de horror preferidos: La Pata del Mono de W. W. Jacobs; este clásico relato de terror cuenta no solo del regreso de la tumba de un hijo muerto y a petición de sus sufrientes padres, sino que además trata de la actualización del viejo adagio que dice “Ten cuidado con lo que deseas (moraleja de tantas historias) y que en esta novela toma un cariz aún mucho más dramático.
    Como elemento anecdótico se puede mencionar la presencia de un gato en el libro, el cual se transforma en todo un personaje dentro de este, puesto que su intervención en el argumento permite la entrada de las fuerzas oscuras que más tarde dominarán el clima de la historia.  Felinos y lo fantástico se encuentran profundamente ligados a lo largo del folclor terrorífico y para los seguidores del autor de esta obra, bien conocida les resulta su afición hacia estos animales; es así como en sus guiones cinematográficos para Los Ojos del Gato y Sonámbulos también poseen una marcada relevancia.
     El siguiente fragmento evidencia uno de los tantos niveles de horror a través de los cuales se maneja este libro y que van más allá del golpe efectista de monstruosidades, truculencia, violencia y sangre:

    “— ¿Te asustas? ¿De qué? ¿De la muerte?
     —No es mi muerte lo que me asusta. Casi nunca pienso en ella... Ya no. Pero cuando era niña pensaba mucho en eso. Y no podía dormir. Soñaba con monstruos que venían a comerme en la cama. Y todos tenían la cara de mi hermana Zelda.
     «Sí —pensó Louis—. Ya salió por fin, al cabo de todos estos años de matrimonio. Ya salió.»
      —No hablas mucho de ella.
      Rachel sonrió y le acarició la mejilla.
      —Eres un encanto, Louis. Yo nunca hablo de ella. Y trato de no acordarme siquiera.
      —Siempre pensé que tus razones tendrías.
      —Y las tengo.
      Guardó silencio, pensativa.
      —Sé que murió... de meningitis espinal...
      —Meningitis espinal —repitió ella, y Louis vio que estaba a punto de llorar—. En casa ya no hay ni una sola foto suya.
      —Yo vi la foto de una niña en...
      —... en el despacho de papá. Sí; lo había olvidado. Y mi madre lleva otra en el billetero, según creo. Tenía dos años más que yo. Cayó enferma..., y la pusieron en el dormitorio de atrás... en el cuarto de atrás, como un secreto vergonzoso, Louis, mi hermana murió en el cuarto de atrás, y eso ha sido siempre... un secreto vergonzoso.
      De pronto, Rachel se vino abajo, y en el tono cada vez más agudo de sus sollozos, Louis detectó, alarmado, un síntoma de histerismo. Extendió la mano y tocó un hombro que se desasió bruscamente.
      Sintió en las yemas de los dedos el roce de la seda del camisón.
      —Rachel..., nena... basta...
      Ella aún pudo dominar los sollozos.
      —No me impidas hablar, Louis. Sólo me quedan fuerzas para decirlo una vez, y no quiero volver a hablar de ello nunca más. De todos modos, tampoco iba a poder dormir esta noche.
      — ¿Tan horrible fue? —preguntó Louis, a pesar de que conocía la respuesta. Aquello explicaba muchas cosas, incluso incidentes que no parecían tener la menor relación encajaban ahora perfectamente. Rachel nunca asistió con él a un funeral, ni siquiera al de Al Locke, un compañero que murió en accidente de tráfico cuando el coche en el que viajaba chocó contra un camión. Al iba con frecuencia a visitarles al apartamento y Rachel le apreciaba. Pero no fue a su funeral.
      «Aquel día se puso enferma —recordó Louis—. Parecía gripe o algo por el estilo. Bastante grave. Pero al día siguiente estaba perfectamente.»
      «Estaba perfectamente después del funeral», rectificó. Ahora recordaba que ya entonces pensó que podía tratarse de algo psicosomático.
      —Fue horrible, desde luego. Mucho peor de lo que puedas imaginar. Louis, la veíamos empeorar de día en día, sin poder hacer nada. Tenía dolores constantes. Su cuerpo parecía encogerse... contraerse... Se le encorvaron los hombros y se le desfiguró la cara hasta convertirse en una especie de máscara. Sus manos eran como las garras de un pájaro. A veces yo tenía que darle de comer. Me horrorizaba, pero lo hacía sin protestar. Cuando el dolor aumentó, empezaron a darle calmantes, suaves al principio, pero los que le daban después la hubieran dejado perturbada para siempre, por años que hubiera vivido. Aunque todos sabíamos que no viviría. Seguramente por eso es para nosotros un secreto. Porque queríamos que muriera, Louis, deseábamos su muerte, y no era para que ella acabara de sufrir, sino para no tener que sufrir nosotros. Era porque parecía un monstruo y empezaba a ser un monstruo... Oh, Dios, ya sé que parece una espantosa barbaridad...”

   
     En 1989 se estrenó la versión cinematográfica dirigida por Mary Lambert y la cual contó con el guión del propio Stephen King, quien logró sintetizar y plasmar el complejo argumento de su novela en una impactante cinta de poco más de 1 hora y media. Teniendo en cuenta su éxito en las salas y de crítica, hoy en día es todo un clásico que no ha perdido su frescura audiovisual, como además tampoco ha dejado de choquear a sus nuevos espectadores. Su calidad como “obra de arte de masas” se debe en gran parte a la labor de su directora, quien logró otorgarle al filme una sensibilidad propia de alguien que hasta antes de su trabajo en esta producción, no había hecho terror, pero que sí contaba con el talento suficiente como para sacar el mejor provecho de sus actores y del guión de King (en este sentido es una lástima que la Lambert no haya hecho más cine de peso, luego de este largometraje y que se haya dedicado casi a hacer puro cine clase B, incursionando además en televisión y la factura de videoclips).  Si se trata de evaluar el trabajo de la directora en esta cinta, puntos a su favor resultan ser la escena que comienza como una bucólica e idílica comida al aire libre y que luego termina como la peor pesadilla para una familia; luego lo que le sigue, que corresponde a un velorio, acentúa aún más el dolor que trae consigo la pérdida violenta de un alguien amado; por ende, esta capacidad de la Lambert para alternar fluidamente entre una emoción y otra en la misma cinta, le otorga al producto final una seriedad y brillo artístico que convierten la adaptación de Cementerio de Animales, en una de las mejores películas originadas a partir de un texto de Stephen King (y, por qué no, en uno de los exponentes más destacados del género).
     La película es salvaje y no omite algunos de los momentos famosos por su crudeza del texto original.  Los pocos espantos que salen en ella son sin duda pavorosos y en las escenas que aparecen se roban la pantalla.  En la atmósfera más siniestra de esta cinta, que no deja de hacerse tormentosa a ratos por su tremenda humanidad, cumplen un papel destacado los flashbacks que corresponden a las narraciones que hacen algunos de los personajes de sus recuerdos más terroríficos.  Cuando se producen estos vistazos al pasado, se presentan cual viñetas de los viejos y recordados cómics de la EC, historietas de terror sofisticado y explícito a las que Stephen King también no deja de rendirle pleitesía; es así que estas imágenes del pasado secreto y develado solo a los “indicados”, se convierten en escenas de antología y potencian aún más la noción de que tras la aparente normalidad se esconde un universo de horrores.  Si bien Pascov, el “fantasma de la guardia” del protagonista para nada es un ser maligno, su presencia, bastante física en todo caso, es magnífica y efectiva.
     Dentro de lo que respecta a los actores, cada uno de los que intervinieron en esta verdadera cinta de culto realiza un trabajo más que eficiente; no obstante en este apartado se debe destacar el trabajo de dos de sus intérpretes y que en el filme tienen a su haber personajes claves, asimismo como por su edad representan momentos vitales significativos en sus carreras profesionales: Es así que por un lado se encuentra Fred Gwynne, quien al intervenir en esta cinta ya había logrado cosechar varios éxitos en su campo, siendo además ya un hombre bastante maduro y a pocos años de fallecer; de este modo el veterano histrión tuvo a su cargo el papel de Jud Cramdall, el anciano vecino que se hace amigo de la familia Creed, logrando transmitir la sabiduría y amabilidad de un hombre sabio y digno de confianza con una naturalidad sobrecogedora.   Por otro lado se haya el pequeño Miko Hughes al principio de su filmografía y quien hoy ya todo un hombre, sigue trabajando en estas disciplinas; su labor tan convincente a su corta edad, que llega a sorprender en los actos más espeluznantes, se convierte en la contrapartida ideal de lo hecho por el ya experimentado Gwynne (al respecto es considerable recordar la última escena juntos y que de seguro en su momento debió tener problemas con la censura, algo que incluso hoy en día podría despertar recelo por su carga tan macabra).
      Como bien gusta a Stephen King (quien se reservó un pequeño papel en esta película) en la novela cita a su comienzo la letra de la canción de uno de sus grupos favoritos de rock, The Ramones, con quiénes incluso entabló amistad; relacionado con esta película y los músicos mencionados, puede resultar interesante saber que el creador de 22/11/63, Salem´s Lot y de Maleficio contó con una canción hecha en exclusiva por esta banda para el filme.  Por otro lado, siguiendo con lo concerniente al apoyo musical de esta obra, plausible viene a ser su banda sonora, bastante ominosa por cierto, a cargo de Elliot Goldenthal en los inicios de su contribución para el séptimo arte; de este modo escuchar sus coros (claramente herederos del trabajo de un verdadero maestro como lo fue Jerry Goldsmith en La Profecía), tanto dentro de la película como fuera de ella, si uno tiene el gusto de poseer su soundtrack, resulta más que grato a los oídos melómanos por cómo acentúa en el largometraje la presencia de un mal ancestral acechante.
     Para finalizar, recomendable es adquirir la edición en blu-ray del largometraje y que fue remasterizado a tal punto, que casi parece una película actual; además posee una serie de documentales que se agradecen, con entrevistas al propio Stephen King, Mary Lambert y otros más, entregando todos ellos datos sabrosos acerca del origen del libro y de su versión para el cine.

Louis Creed conoce a Victor Pascov.

8 comentarios:

  1. Esta es una de mis novelas preferidas de Stephen King, y tal vez la que más miedo me hizo pasar, la que más mal cuerpo me dejó. No tanto por el tratamiento de la muerte que comentas como por la truculencia de los acontecimientos, y por cómo los narra King.

    Creo que toda la novela tiene el tono de los viejos relatos pulp de miedo, y de historietas como "Creepy" o "Eerie", que tanto me gustan. La película no me gustó en el pasado, pero tras una tertulia contigo sobre el tema, decidí revisarla y la disfruté mucho más. También le noto un gusto a buen y entrañable serie B, y tiene detalles curiosos, como el propio King interpretando a un sacerdote, o que el camionero (que tan infausto papel tiene en la historia) vaya escuchando "Sheena is a punk rocker" de los Ramones, y cantando con ella. El videoclip de la canción "Pet Sematary" también es divertido, y los Ramones tienen bastante presencia en la novela, sobre todo al final, cuando Louis se registra en un motel como Dee Dee Ramone o repite todo el tiempo "Hey! Ho! Let's Go!", chiste que se pierde en la traducción con el "¡Ajajá, alla vamos¡" que empleó el traductor.

    Pena que en la traducción se pierda también el juego de palabras del título original, "Pet Sematary", con la palabra "Cemetery" escrita por un niño, tal como suena. No sé en Chile, pero en España, con esa costumbre tan nuestra de rebautizar las películas, le cambiaron el título a "El cementerio viviente", lo que además no ayuda a relacionarla con la novela.

    Por cierto, ya sabes que en "Insomnia" hay una referencia a esta novela, cuando los ancianos protagonistas entran en la guarida del villano, y encuentran, entre otros macabros trofeos, "La zapatilla de un niño pequeño llamado Gage Creed, atropellado por un camión cisterna en la carretera 15, a la altura de Ludlow."

    Ahora me falta leerme "El wendigo", que precisamente lleva varios meses en el kindle, esperando su oportunidad. Saludos amigo Elwin.

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  2. Me alegra mucho que te haya gustado mi texto, que harto me demoré en terminarlo y subirlo (tan ocupado he estado que como bien sabes apenas he podido entrar a tu página). Lo de "Insomnia" lo iba a contar, pero se me olvidó y te agradezco lo hayas mencionado. Ojalá King vuelva a escribir obras de este estilo, de "terror duro".

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  3. Muy bien Elwin, no soy muy adepto a las novelas de terror, pero hiciste una gran post.

    Saludos

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  4. Me alegra que te haya gustado este post que me demoré más de la cuenta en terminar y publicar. Si no te gusta mucho leer este tipo de obras...¿Al menos has visto la peli? Te la recomiendo mucho.

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  5. La vi ahce mucho, ya solo la tengo como recuerdos borrosos, tendre que actualizarlos otra ves entonces.

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    1. Pues no pierdes nada viéndola de nuevo, al contrario: ese es el poder que tiene revisar una obra de arte con los ojos de la experiencia, pues luego cobra mayor significancia. Gracias una vez más por escribir.

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  6. King ha sabido manejar de forma magistral el tema de la muerte y los miedos de las personas. Aunque no he leído la novela, la película es una de mis favoritas. Algunas de las partes más macabras y escalofriantes son las que corresponden a Zelda, la hermana de la esposa del protagonista. Excelente reseña.

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    1. Efectivamente las escenas dedicadas a la hermana enferma en el filmes son aterradoras y a mi también me gustan mucho.

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