domingo, 18 de octubre de 2015

Un caso más de Cayetano Brulé para disfrutar.


      La cuarta novela del escritor chileno Roberto Ampuero dedicada a su ya célebre detective privado Cayetano Brulé, recibe el nombre de Cita en el Azul Profundo, siendo publicada en el año de 2002.   Su evocador nombre bien atiende a los siguientes tres aspectos:
·         En primer lugar porque la aventura en la que se ve envuelto acá su protagonista, parte en un restaurante llamado justamente Azul Profundo.  Es en este sitio en el cual el cubano residente ya hace años en Chile, debe vérselas con un nuevo cliente y donde un evento inesperado, lleva a Brulé a embarcarse en otra de sus investigaciones llenas de emoción.
·         En segundo lugar la labor que debe cometer el personaje principal, lo hace viajar a más de un lugar, periplo en el cual el mar cumple un papel significativo (de ahí la referencia poética a este Azul Profundo), ya que sus aventuras lo hacen desplazarse por las aguas de tres países diferentes, con el propósito de descubrir la verdad que se esconde detrás del misterio al que ahora se enfrenta.
·         En tercer y último lugar, corresponde a una referencia indirecta a la ya clásica película del francés Luc Besson Le Grande Bleu (1988)  y titulada en estos lares como Azul Profundo.
      ¿Y de qué trata esta obra? Pues en ella Cayetano Brulé es citado por un hombre al que no conoce para que le preste sus servicios, cuyo encuentro jamás llega a realizarse y a lo cual el detective por razones de honor, se aplica a desentrañar las razones de por qué todo se complicó más de la cuenta, puesto que más encima se le ha implicado en una muerte de la cual es por supuesto inocente; de este modo tanto para evitar caer preso, como para mantenerse vivo, a la par de que va tras la pista de una ominosa frase en latín que dice Delenta est Austrolopitecus, este singular investigador se convierte en un prófugo de la ley.  Entre medio conoce a dos bellas damas por las que se siente atraído, cada una de ellas relevante en el proceso de revelar la verdad, también entra en conocimiento del destino de muchos de quienes antaño estuvieron en la lucha armada contra la dictadura de Pinochet, descubre además un complot de carácter mundial y se entera de que en Chile existe una secreta rama del poder gubernamental, que vela por los intereses del país de la manera más maquiavélica, si la ocasión lo amerita.

    “Cayetano hizo girar el taburete y fijó la atención en una pared amarilla con retratos de escritores. Bajo los rostros de Whitman, Hemingway y Coloane cenaba tranquilamente una pareja con aspecto de diplomáticos. Más allá varias mujeres saboreaban un curanto acompañado de vino blanco, mientras en un rincón cuatro hombres, al parecer ejecutivos, reían alrededor de unas copas de champán y una fuente de picorocos. Justo cuando Coleman Hawkins comenzaba a interpretar «La Rosita», la mirada del detective tropezó con la única mesa vacía. Estaba junto a la ventana abierta que daba a la calle.      
     Tuvo la certeza de que había sido reservada por el hombre a quien esperaba. Bajó del taburete y, vaso en mano, se aproximó a la mesa. Una tarjeta apoyada contra una copa decía «Sr. Sami» y debajo, en números, veintidós horas. Miró a través de los barrotes hacia los automóviles estacionados en la calle y luego consultó su Poljot adquirido en La Habana, una reliquia que podría vender a buen precio en el Persa si la necesidad era mucha. Faltaban dos minutos para las diez. Regresó a la barra imaginando que pronto descifraría aquel misterio.       
     A la hora en punto emergió en el umbral un hombre de aspecto distinguido y ojos vivaces, que vestía chaqueta de lino negro, camisa de cuello abierto y pantalón claro, y cargaba un maletín ataché. Constituía una presencia singular, por lo que durante algunos instantes cautivó la atención de las mujeres.
     Sonriendo amable, la mesera negra lo guió hasta la mesa junto a la ventana. El hombre colocó el ataché sobre una silla, ocupó la de enfrente y ordenó algo de beber. Desde allí, con la calle a su izquierda, contempló con disimulo el local y por una fracción de segundo sus ojos se cruzaron con los de Cayetano, que lo observaba a su vez acodado en la barra. Le calculó treinta y cinco años, registró sus facciones finas y su aire deportivo, mas permaneció inmóvil, a la expectativa, tal como la voz le había indicado por teléfono.     
     Y fue mientras el barman agitaba la coctelera que las circunstancias se precipitaron con una celeridad tan pasmosa como indescriptible: una moto con dos ocupantes de casco con mirilla se detuvo junto a la ventana, uno de ellos desenfundó una pistola con silenciador y disparó varias veces contra Sami. Luego, antes de que la víctima se desplomara sobre la mesa con estruendo de copas y platos, cogió el maletín por entre los barrotes y el vehículo se dio a la fuga sin que nadie, excepto Cayetano y el barman, pudiera percatarse de lo ocurrido.         
     En cuanto comenzó a escurrir la sangre sobre las tablas del piso, estallaron los gritos, las carreras y el pánico. Cayetano Brulé aprovechó la confusión para abandonar discretamente el Azul Profundo”.

    La novela posee varias aristas interesantes a la hora de abordarla de manera crítica.  Por un lado es posible encontrar en ella mayores elementos propios del género de la narrativa policial y de los cuales se apropia el autor con soltura.  Es así como la existencia de La Casa, secreta división de inteligencia apoyada por el gobierno de Chile, trae ecos de las hollywoodenses historias de espías, aunque ingeniosamente adaptado todo al contexto sociocultural criollo.  Es a su vez que la aparición constante de “espías” de un orden u otro, con los correspondientes enredos que implica la existencia de estos, le entrega una dosis de intriga al texto, que tal vez en esta ocasión se saborea más que nunca, si se recuerdan las anteriores entregas sobre este carismático detective; a ello se suman las identidades secretas, debido a los pasados ocultos de varios de sus personajes, así como también ante propósitos poco amistosos, todo esto tan  propio de las convenciones del género.  La existencia de una confabulación de “las tinieblas”, en la que los intereses de unos pocos atentan contra el destino de millones, con todo el corpus que le otorga Ampuero a estos desconocidos autores intelectuales de muchos de los males que asolan el mundo y que solo unos pocos saben de su verdadero origen, nos muestra a un escritor que ahora juega con las teorías conspirativas; de este modo el autor crea su propia versión de la llamada organización secreta y siniestra, haciéndolo todo tan verosímil, al armar el rompecabezas de la trama, con los eventos propios del Chile de la época en la cual escribió su obra.  Por último, en cuanto al mayor carácter de thriller de Cita en el Azul Profundo, destaca la inclusión de hasta un código igualmente secreto y que Cayetano debe descifrar para conseguir el éxito de su misión.   Por lo tanto, siendo el más “policial” de todos los títulos que comprenden esta saga hasta el momento de editada, abundan acá los hombres y mujeres de pasados inconfesables, las damas de belleza exótica, persecuciones varias, asesinatos a sangre fría, los villanos de variada calaña y, no podían faltar, los valiosos aliados.
    De igual modo resultan ser atractivos los diferentes viajes que realiza el protagonista, desde su patria de acogida en Chile, con la descripción casi costumbrista de las ciudades de Valparaíso y Santiago, si bien vecinas, aunque tan distintas entre sí.   Por medio de todo esto, el narrador nos transporta a otros mundos y realidades, que Ampuero recrea hasta hacernos creer que sin duda nos encontramos junto a Cayetano en dichos parajes.   Es así como una vez que el detective llega a las frías tierras de Suecia, a las que dedica varias párrafos en contarnos cómo son, resulta imposible no sentir su gélida belleza y en especial cuando el investigador debe llegar hasta una de sus inhóspitas islas, en las que solo los más valientes resisten su polar clima.  Si bien México con una de sus preciosas playas de igual modo se hace presente, es la Cuba que tan bien llegó a conocer el novelista durante su juventud, el otro país (“extranjero”) que sobresale en el libro; siendo este un sitio al que Brulé regresa una y otra vez luego de su exilio, puesto que su corazón se encuentra tanto en el caribeño país, como en la última nación del mundo.  Es entonces que Cuba vuelve a cobrar vida en las páginas de una novela de Roberto Ampuero, con toda su magia, belleza y, por qué no, sus miserias.
     El libro también se presta para una crítica nada velada a cierto sector de la izquierda chilena, en el sentido de que siendo Roberto Ampuero un ex miembro de las juventudes comunistas y por ello un fiel creyente en sus ideales, hasta que se decepcionó de todo ello, se refiere en novela a lo que sucedió con otro grupo de sus compañeros tras el regreso a la democracia (o sea, luego de finalizar el régimen dictatorial de Pinochet).   Pues si bien el propio escritor llegó a “darse vuelta la chaqueta”, como muchos de sus detractores ideológicos le achacan, ya que de ser un izquierdista llegó a apoyar públicamente el gobierno de derecha del presidente Piñera, otros según lo expuesto en su novela, a través de varios de sus personajes, se dedicaron a traicionar a sus antiguos compañeros que no se aliaron al nuevo régimen de izquierda, tras la finalización del gobierno militar (esto es considerándolos ahora terroristas y una amenaza latente, de ahí la aparición de La Casa en el argumento, que cumpliría esta función de desarticular con violencia a tales grupos de la otrora resistencia a Pinochet).   Por otro lado, la novela hace mención a otros izquierdistas que tras este actual gobierno, se aprovecharon de las circunstancias, haciéndose ricos, o sea aburguesándose por completo, y olvidándose de sus ideales de utopía social en beneficio propio.  Sin embargo en contraposición a estos sujetos, el escritor muestra también a unos cuantos que todavía siguen abrazando sus creencias, ya sea con humildad o con cierta soberbia, pero que no por ello se han dejado seducir por los caminos más facilistas de la democracia.
     Ligado a lo expuesto en el párrafo de arriba, es que el tema del pasado como algo que llevamos a cuesta con nosotros, define a varios de los personajes del libro, incluyendo al propio Cayetano Brulé.  Es así como para algunos su historial resulta algo que los define y lleva a mantenerse dignos, mientras que para otros el peso de la culpa y/o de la vergüenza, los convierte en personas acomplejadas, que han optado por una nueva vida y en la cual dichos años supuestamente no existen.
     Dentro de otro terreno, se evidencia un malestar hacia la llamada “literatura seria” o hacia aquellos que la defienden y en desmedro de la considerada como “literatura de evasión” (dentro de la cual supuestamente estaría enmarcada la producción de Roberto Ampuero).   Todo esto gracias a interesantes charlas de Brulé con una experta en literatura y sus propias reflexiones al respecto, donde queda clara la crítica hacia quienes creen que el arte debe ser algo elitista y hermético, por lo que mientras más difícil sea entenderlo (y más aburrido, tal vez) tendría mayor peso estético.
    Por último, no deja de ser interesante el juego con la realidad y la ficción que hace el artista, cuando hace que su protagonista se cuestione su propia existencia y llegando a pensar que es un ser salido de una novela policial y sujeto por ello a la caprichosa imaginación de su autor.  Este especial guiño que llega a la autoparodia y sigue la tradición de clásicos como la segunda parte de El Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes y de Niebla de Miguel de Unamuno, llega a su punto máximo cuando Cayetano Brulé observa desde su posición a un escritor de este tipo de obras, quien se dedica a la diplomacia y acostumbra a plasmar en sus textos hechos reales que ficciona sin tapujos (clara alusión a sí mismo).  

2 comentarios:

  1. Muy buena crítica... hay aspectos que mencionas que pueden pasarse por alto cuanto uno esta inmerso en la historia...

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    1. A qué aspectos haces mención, Víctor. Gracias por comentar.

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