jueves, 19 de mayo de 2016

La humanización del vampiro.


     En 1976 salió por primera vez publicada la que sería una de las novelas seminales sobre el tema del vampirismo, debido a la forma novedosa de cómo en aquellos años abordó a sus personajes.  Desde el siglo pasado estos seres habían acaparado la atención de varios escritores, no obstante siempre fue mostrándolos como seres por completo malignos.  En cambio Entrevista con el Vampiro de Anne Rice fue el primer libro de ficción en retratarlos como seres que tal como el ser humano, poseían sentimientos, hecho que los podía llevar a tener tanto virtudes como defectos.  Por lo tanto los chupasangre de la Rice vienen a ser, por primera vez en el mundo de la narrativa, no una manifestación unidimensional del mal que habita en nosotros y del temor a lo desconocido; por lo tanto más bien son un símbolo de nuestra propia humanidad, en cuanto al dilema sobre la eterna lucha del ser humano por sobrellevar su existencia y enfrentado a sus pasiones.  Es así que este libro que abrió una larga saga de novelas en torno a sus protagonistas inmortales (llamadas genéricamente como Crónicas Vampíricas), presenta la idea de que sus protagonistas son capaces tanto de amar, como de reír, de demostrar compasión y de sentirse tristes, al igual que padecer la soledad; no obstante también debido a su propia naturaleza son impulsados a matar a sus víctimas y a tener impulsos de gran violencia.  En cuanto a su relación con los actos más viles, es tan propia de estas criaturas como de los simples mortales.
    La obra en sí se encuentra considerada una de las mejores novelas sobre vampiros y de entre las más influyentes en esta narrativa, así como en la cultura popular, a tal punto de ubicarse en la lista de los diez libros más destacados de este subgénero (el vampirismo), según la prestigiosa revista especializada Fangoria (puesto compartido por el clásico Drácula de Bram Stoker, Soy Leyenda de Richard Matheson, El Misterio de Salem`s Lot de Stephen King y El Ansia de Whitley Strieber).
    Teniendo en cuenta lo explicado en el párrafo anterior, Entrevista con el Vampiro (que en un principio fue traducido a nuestra lengua como Confesiones de un Vampiro y solo años después en nuevas ediciones apareció con el título correcto) se encuentra contado desde el punto de vista de uno de estos seres, Louis, quien justamente al ser entrevistado por un joven periodista humano nos revela su historia y que abarca más de doscientos años de su deambular por este mundo.  La autora nos cautiva con su prosa llena de momentos de gran belleza estilística, con diálogos y monólogos de honda profundidad filosófica  y poética, que no le deben envidiar a los clásicos de la llamada “literatura culta”; es así como en sus más de cuatrocientas páginas nos da los detalles de lo que significa ser un vampiro y deja claro cuál es el peso que significa llevar sobre los hombros la bendición o maldición (dependiendo del punto de vista de donde se aborde todo esto) de vivir tanto tiempo.

   “»—Soy un demonio —contesté—, tan demonio como cualquier otro vampiro. He matado una y otra vez y lo haré nuevamente. Acepté a ese chico, Denis, cuando me lo ofreciste, aunque no pude saber si iba a sobrevivir o no.
    »— ¿Por qué crees que eso te hace tan demonio como cualquier otro vampiro? ¿Acaso no hay categorías del mal? ¿Es acaso el mal una gran sima peligrosa en la que uno cae con el primer pecado y se desploma a las profundidades?
    »—Sí, creo que sí —le dije—. No es lógico, tal como tú lo enuncias. Es oscuro, es vacío. Y no tiene ningún consuelo.
    »—Pero tú no estás siendo justo —dijo con una primera señal de expresión en la voz—. Sin duda alguna, atribuyes muchos niveles y gradaciones al bien. Existe el bien de la inocencia de un niño y está el bien del monje que ha abandonado todo a los demás y vive una vida de privaciones y servicio. El bien de los santos, el bien de las amas de casa. ¿Es todo lo mismo?
     »—No, pero se iguala en que es infinitamente diferente del mal —le contesté”.

     Louis es alguien con una personalidad melancólica y de gran sensibilidad, quien comienza su relato desde antes de su conversión, cuando era el heredero de una rica plantación en Nueva Orleans en Estados Unidos, zona marcada por su cultura mestiza francesa, africana y, por supuesto, gringa (de este modo el texto permite al tomar elementos de la narrativa histórica conocer en parte su sociedad, como más adelante lo hará con otras épocas y lugares donde se traslada el curso de sus acontecimientos).  El dolor marca al protagonista desde el inicio de esta obra, ya que carga con la culpa de la muerte de un familiar muy querido, pues se siente responsable de lo sucedido; es así como pierde la razón de ser y comienza un descenso por su propio infierno personal que lo lleva a cruzarse con un vampiro, quien termina por convertirlo en uno de ellos.  Lestat es el nombre de quien cambia su destino para siempre y para ello tiene sus propias razones, que tienen que ver con su personalidad por completo distinta a la de quien será su forzado compañero por más de un siglo; puesto que el rubio “hijo de la noche”, al menos como es descrito por el narrador, es un sujeto manipulador y ruin, el cual solo posee razones egoístas para tenerlo a su lado.  No obstante pese a la malevolencia que supura Lestat, es un sujeto lo suficientemente complejo como para demostrar a lo largo de la narración que también posee un alma.  La confrontación de estas dos voluntades que sin dudas representan la ambivalencia del ser humano, entre espiritualidad y materialismo, viene a ser uno de los pilares fundamentales para entender el sentido que posee este texto y el desarrollo de sus acontecimientos.  Pero no solo se trata de una relación entre dos personajes tan dispares, sino que en realidad el mayor peso dramático radica en la presencia de un tercer personaje, quien complementa y permite enriquecer mejor esta novela gracias a la fuerte presencia de su figura y el papel que juega dentro de toda la historia: Claudia, la niña vampiro que primero se convierte en la “hija” de Louis y Lestat, para terminar siendo una especie de amante maldita del primero.  Esto último porque en la fémina debido a su calidad de paria, como luego quedará detallado en el libro, quedará mejor expresado el drama de la infelicidad por la que pasan quienes se supone son entes privilegiados; Claudia es un ser marcado en otro nivel por la desgracia, pues su apariencia eterna de niña pequeña encierra a una mujer que tras vivir decenios, ha madurado encerrada en un cuerpo que le niega dar rienda suelta a su feminidad de persona mayor; de este modo la frustración se va depositando en ella de manera peligrosa.  El papel de Claudia en la ya complicada relación entre los vampiros “adultos”, agrega nuevos conflictos que enriquecen el argumento al punto de que el clímax de todo (bastante impresionante, por cierto), se debe justamente al juego de pasiones entre estos tres.
    Si los tres personajes principales mantienen dentro de sí un vacío que nunca llegan a llenar por completo, el caso de Louis resulta ser significativo por cuanto solo después de “morir” y convertirse en otra cosa, llega a apreciar lo que significa ser un humano. Esto debido a la depresión en la que cayó cuando sufrió la muerte de su hermano, de modo que ya no le queda aprecio por su propia vida; luego es así que una vez que pierde su humanidad, comienza a lamentarse de lo que ahora en verdad sí le falta.  La culpa que le significa todo, lo convierte en un verdadero personaje existencialista, ya que se cuestiona cada cosa posible; solo cuando llega Claudia a su vida recupera algo de la dicha que le faltaba y ello gracias al sentimiento de pertenencia que su presencia le otorga.  Para sopesar mejor la psicología de este personaje, resulta interesante saber que cuando Anne Rice escribió su libro, lo hizo influenciada por el dolor reciente de la muerte prematura de su hijita de unos cinco años.  De este modo la pérdida del hermano de Louis y lo mal que la pasa a raíz de ello, no es otra cosa que el reflejo del pesar de la escritora; igualmente el deseo de tener una hija pequeña que no muera nunca (sentimiento que en el libro comparte otro personaje, además de los mencionados), también significa el anhelo de no ver partir a un ser querido a esa edad.   Considerando todo el drama por el que pasan nuestros vampiros, pese a su naturaleza superior, estos mismos vienen a ser una actualización más de los seres divinos de la mitología griega y otras tradiciones antiguas; todas ellas historias que los caracterizan como sujetos, que pese a su condición sobrenatural, están expuestos a los vaivenes de fuerzas aún superiores a ellos (tales como el destino, el azar y sus propias pasiones).
      Un tema que destaca bastante en esta novela viene a ser el de la búsqueda de las raíces, debido a que Louis y Claudia investigan en el Viejo Mundo cuál es el origen del vampirismo, ya que tras décadas junto a Lestat nada han logrado saber sobre sus orígenes como especie.  Esta ignorancia los hace sentirse aún más incompletos, ya que al no tener conciencia de quiénes son en verdad, su identidad misma como sujetos y miembros de una comunidad de la que nada saben, los hace sentirse aún más sin sentido.   Su viaje a lo largo de un montón de países para encontrar a los suyos y responder a todas sus interrogantes, es similar a la duda existencial y al deseo de conocer a Dios y el autoconocimiento ante las interrogantes sobre quiénes somos, por qué estamos acá y a dónde vamos.  Cuando la pareja logra contactar a su gente, las dos veces que consiguen hallar a sus semejantes, el encuentro resulta ser cualquier cosa menos lo que ambos esperaban; por lo tanto el sentido de la fatalidad se hace más evidente, puesto que lo que consiguen en vez de otorgarles paz, los hace más desgraciados que nunca.

     Los vampiros según Anne Rice, son seres que pese a su enorme sensualidad y belleza en el mayor de los casos, poseen una sexualidad que va más allá del contacto físico, puesto que han perdido la capacidad de expresar físicamente en pleno su deseo y erotismo (ya que no copulan, ni menos pueden llegar al orgasmo).  No obstante su necesidad de amor y compañía de un igual, tiene mucho que ver con su interés en la belleza, sin importar si es femenina o masculina, puesto que se encuentran más allá de las diferencias de género y orientación sexual.  Además de alimentarse solo de sangre, pueden morir producto de la luz del sol, la incineración, el desmembramiento y la decapitación, pero hasta ahí llega su parecido con los vampiros clásicos.  En casos de necesidad pueden subsistir consumiendo sangre animal, si bien es la humana la que buscan con todo su ser.  A partir de esta novela con la que comienzan las llamadas Crónicas Vampíricas, el lector se encuentra con seres para quiénes los métodos “mágicos” tales como las estacas, las cruces y el agua bendita no funcionan; esto debido a que no se trata de demonios, como bien sucede con la tradición más rancia sobre tales criaturas.  Pero sí pueden ser aniquilados si ingieren sangre “muerta” o una vez que los corazones de sus víctimas hayan parado de latir.  A su vez poseen reflejo en los espejos y otras superficies que permitan este efecto.  Pueden sudar y llorar (en el siguiente libro de la saga se nos informa que sus lágrimas son de sangre); tal como los seres vivos se pueden sofocar y/o agitar por la falta de aire, así como les incomodan los olores desagradables.  De igual modo su fuerza y agilidad en general, que implica la velocidad, es superior a la de los seres humanos.  Pueden leer el pensamiento e influir en la conducta de las personas y otros vampiros, sugiriéndoles solo con su voluntad lo que desean, pudiendo comunicarse con sus pares por medio de una especie de telepatía. Perciben la realidad de una manera mucho más sensible que los mortales, al punto de que pueden apreciar los detalles de lo que los rodea (sonidos, olores, formas, colores y texturas), de tal manera que cualquier esteta quisiera dicho poder; por esta razón vampiros como Louis y hasta Lestat son unos verdaderos apasionados por el arte.  La mayoría de ellos son criaturas hermosas, mezcla de ángeles caídos que al ojo humano resultan irresistibles.
    Relacionado con el carácter de los vampiros de esta novela y las que le siguen, así como volviendo al tema de la búsqueda de los orígenes y el viaje que realizan Louis y Claudia para encontrar respuestas a sus existencialistas interrogantes, destaca un pasaje muy especial de este libro.  Puesto que en determinado momento del periplo de los proragonistas, llegan a Europa oriental y allí se encuentran con una rama degenerada de su especie.  La descripción del lugar y de estos vampiros, la ambientación que le otorga la autora, además del estilo narrativo que aquí utiliza, recuerda (y homenajea) al de clásicos como Drácula, que bien se sabe es muy de su gusto.  El elemento terrorífico, aún desde el punto de vista de un ser como el narrador, deja claro que pese a todo Louis y compañía mantienen su grado de humanidad, al oponérseles con los monstruos que en este punto de la narración aparecen.

     “»—Pues mire, el cementerio estaba lleno de nuevas tumbas; me percaté de ello al momento; algunas de ellas tenían nuevas cruces de madera y otras no eran más que montones de tierra con flores aún con vida; y allí los campesinos tenían flores en las manos, unos pocos  de ellos, como si tuvieran la intención de arreglar esas tumbas; pero todos ellos seguían de pie e inmóviles, con los ojos fijos en dos hombres que tenían a un caballo blanco de la rienda. ¡Y qué animal! Cabriolaba y se alzaba o se apartaba como si no quisiera formar parte del grupo; era hermoso, un animal espléndido, un potro completamente blanco. Pero, en un momento —y no le podría decir cómo se pusieron de acuerdo, porque nadie dijo una palabra—, un hombre, el jefe, según creo, le dio al caballo un golpe tremendo con el mango de su pala y el animal salió disparado a la colina, enardecido. Se puede imaginar que pensé que ésa sería la última vez que veríamos al animal. Pero estaba equivocado. En un momento aminoró el galope, se dio vuelta y volvió lentamente a las nuevas tumbas. Y toda la gente se quedó allí mirándolo. Nadie hizo el menor ruido. Volvió trotando sobre las nuevas tumbas, encima de las flores y nadie se movió para hacerse con las riendas. Y entonces, súbitamente, se detuvo ante una de las tumbas.
      »Se limpió los ojos, pero ya casi se le habían ido las lágrimas. Parecía fascinado con su historia. Yo también.
      »—Y esto es lo que sucedió —continuó diciendo—: El animal se quedó allí. Y, de repente, la multitud pegó un alarido. No, no fue un alarido; fue como si todos suspirasen y gimiesen. Y todo quedó en silencio. El caballo permanecía allí moviendo la cabeza. Por último, ese tipo que parecía ser el jefe se adelantó y pegó un grito a varios de los otros; y una de las mujeres gritó y se arrojó a la tumba casi bajo las patas del caballo. Entonces me acerqué lo más posible. Pude ver la lápida con el nombre de la difunta; era una mujer joven, fallecida sólo unos seis meses antes, según las fechas allí mismo marcadas. Y allí estaba esa mujer miserable de rodillas en la tierra, abrazada ahora a la piedra como si quisiera arrancarla de la tierra. Los hombres intentaban levantarla y separarla. Entonces quise darme vuelta, pero no pude hacerlo, no hasta terminar de ver aquello y averiguar qué pensaban hacer. Y, por supuesto, Emily estaba bastante a salvo y ni una sola de esas personas nos prestó la más mínima atención. Dos de ellos finalmente consiguieron levantar a la mujer. Entonces vinieron los otros con las palas y empezaron a cavar en la tumba. Muy pronto uno de ellos hizo un pozo, y todos estaban en tal silencio que sólo se podía oír el ruido de la pala cavando mientras se iba formando una pila de tierra. No le puedo decir lo que parecía. Estaba el sol justo encima y no había una nube en el cielo, y todos ellos seguían de pie alrededor, asidos ahora el uno al otro, incluso aquella mujer patética...”

Bellísima portada del tomo uno de la adaptación al cómic.

      Luego de ser adaptado al cómic en 1991 por la editorial Innovation en doce números, para luego ser compilados todos en formato de novela gráfica (con un precioso arte de Christopher Moeller), en 1994 por fin pudo cumplirse el sueño de los millones de seguidores de la obra maestra de Anne Rice: ver a sus queridos personajes encarnados por actores en una película, que además le hiciera justo honor a la obra literaria.  Pues la producción contó nada menos con el guión adaptado de la propia escritora, quien supo sintetizar muy bien su trabajo previo para un filme de dos horas, si bien eliminando una que otra línea argumental para potenciar el relato central, agregar nuevos detalles y además otorgarle cierto humor a la cinta (algo que para nada sucede con sus narraciones).  El largometraje fue realizado por el irlandés Neil Jordan, director que en los ochenta ya había probado suerte en el cine de terror, pero con licántropos, en En Compañía con los Lobos, película que en su erotismo y desborde fantástico aseguraba que Jordan era sin duda el cineasta correcto para encargarse de esta adaptación.  Como desde un principio la intención fue hacer una verdadera superproducción hollywoodense, en ella se puede apreciar el talento de cuatro grandes estrellas masculinas de la actuación en los papeles principales.  Como Louis estuvo Brad Pitt al comienzo de sus años de gloria, quien interpretó a su personaje reflejando muy bien el talante melancólico de este, lo cual logra ser percibido desde los primeros segundos en que la cámara muestra su pálido rostro y se escucha su tono de voz triste cuando comienza a recordar su pasado. Lestat fue encarnado por alguien que llevaba ya años como joven galán en el séptimo arte, Tom Cruise, en su primer rol de “villano” y que dejó asombrado a más de alguien por el impresionante cambio en su registro actoral; debe saberse que en un principio la Rice no estaba contenta por la decisión de los productores de darle este papel a Cruise, ya que lo consideraba incapaz de representar a su personaje más célebre, no obstante luego de ver el resultado de todo quedó por completo satisfecha.  El trabajo de Tom resulta más que aceptable, ya que debido a la intensidad de su papel, le tocó más que a sus compañeros masculinos de reparto demostrar una gama mayor de emociones y cambios emocionales ante todo lo que pasa este vampiro.  Un casi principiante Antonio Banderas en el cine gringo, se encargó de llevar sobre sus hombros al ambivalente Armand, sofisticado vampiro europeo que tan importante llega a ser (durante un tiempo) para Louis; tras años trabajando junto a su compatriota y amigo Pedro Almodóvar en España, en varios papeles de carácter gay, tuvo que volver a hacer de un personaje de características similares en USA, antes de que le dieran otro tipo de roles (no obstante bien se puede decir que lejos lo hecho por este en la película, viene a ser superior a la labor de los demás varones jóvenes).  El entrevistador corrió a cargo de Christian Slater, por aquel entonces un actor promisorio y que lamentablemente hoy en día ha perdido su brillo.  Cabe mencionarse que a propósito se escogieron a estos cuatro hombres hermosos para representar el mundo estilizado de la obra de Anne Rice, donde el atractivo físico va de la mano con la sensualidad de sus personajes.  No obstante la química entre Pitt y Cruise en este filme no sería tan impactante, si no estuviese la presencia de la debutante Kirsten Dunst, como la inolvidable Claudia y quien sin vacilaciones se “robó la película”; puesto que lo realizado por esta niña de once años en aquel entonces, fue en verdad sobresaliente, al escenificar a esta niña-mujer vampiro con una credibilidad que hoy en día no deja de impactar tras volver a verla actuando aquí; su conversión de pequeña a mujer, con sus respectivos desbordes emocionales en las escenas más dramáticas (llenas de diálogos de antología), sin vacilaciones otorga algunos de los puntos más álgidos de esta adaptación.  De igual manera ayudan bastante a crear la ilusión del cine en este título, la labor de Stan Winston a cargo de los efectos especiales y de Elliot Goldenthal componiendo su banda sonora; el primero representó con toda su maestría lo más siniestro de estos vampiros (inolvidables resultan ser los martirios de Lestat y Claudia por separado, además de todo lo relacionado a la venganza de Louis), como también los acordes corales al principio del filme, por parte del músico de inmediato y que nos transportan a este mundo de tinieblas.

Afiche de la película.

8 comentarios:

  1. Es evidente que tiene diferencias entre el libro y la adaptación cinematográfica. Uno pensaría que por la autora estar directamente vinculada en la creación del guión va a salir algo idéntico, pero no es así. Estoy seguro que muchas cosas de esta obra fueron "tomadas" (vampiros que lloran sangre) por otros autores como Charlaine Harris para la creación de sus vampiros sureños, que también fueron adaptados pero para TV en la serie llamada Tru Blood. Te cuento, Elwin, que de esa serie vi las primeras 3 o 4 temporadas (no recuerdo ahorita cual fue la última que vi), pero luego dejó de gustarme y la abandoné por completo, totalmente sin ganas de retomarla.

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    1. La verdad es que prefiero que los autores que han hecho las adaptaciones de su propia obra, cambien elementos al respecto, pues con ello enriquecen con sus nuevas ideas lo realizado con anterioridad, tal como lo han hecho Stephen King y Clive Barker. Lo de la Harris lo ignoraba y hace unas semanas atrás estuve a punto de comprarme una de sus novelas; la serie me la han recomendado harto, en especial una muy querida amiga que alucina con sus guapetones chupasangres (algo más en mi lista de pendientes). Yo ahora gozando por segunda vez "Lestat el Vampiro".

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  2. Aun me acuerdo el dia en que nos juntamos y justo cuando iba a platicarme de este libro , entramos a la tienda , y se nos olvido el tema jaajaja , quería preguntarle , y que bueno que haya echo una reseña haci me saca de las dudas ya que tengo mucho interés en leer estos libros ya que la pelicula no la vi pero vi un fragmento lo cual me encanto y solo por que no le he dado prioridad no la he visto pero con arto interes y uno de los libros que quiero leer.
    Saludos

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    1. Pues mientras no te das tiempo de leer el libro, ver la peli es algo que te recomiendo mucho, pues es si duda uno de los mejores filmes de vampiros que se han hecho.

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  3. La película es magistral. Claudia es mi personaje favorito, tanto de la cinta como de la novela. El dilema por el que atraviesa es impresionante, muy imaginativo.
    Debo confesar que nunca terminé el libro. Cuando llega a la aprte del teatro de vampiros, me aburrió muchísimo. Me desconecté de la historia. El ritmo descendió horriblemente. Eso fue hace varios años ya. Nunca intenté retomarla de nuevo. Y pienso que si lo hago, será para leerme toda la maldita saga de una vez por todas.

    Saludos.

    PD: El post sobre la nominación ya fue publicado en el blog. Gracias de nuevo, Elwin.

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    1. ¿Me vas a creer esperaba con ansias tu comentario al respecto? Pues en materia de "terror" te considero un maestro y deseaba saber mucho qué te parecía esta obra.
      Te cuento que esta novela ya lo he leído tres veces y me gusta demasiado. Como por fin me pude comprar el cuarto libro de la saga, me he puesto a releerla desde el principio para llegar hasta el quinto tomo (así que en unas semanas más se viene el post dedicado a "Lestat el Vampiro").

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    2. Hace poco vi la película de nuevo y me entraron ganas de retomar la novela. Ya ha pasado suficiente tiempo dejándola reposar. Pero quiero comprarme "Lestat" y la que le sigue, como para tener con qué seguir y no quedarme varado en el comienzo de la saga.

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    3. La película es tan valiosa para mí como el libro y la tengo orgullosamente en blu-ray original en una edición que te recomiendo mucho, pues trae una introducción de su director y un genial documental donde sale tanto Anne Rice, como varios de sus actores. Me encantaría un post tuyo sobre esta formidable saga (aparte del que ya tienes en tu blog hecho por otro autor). así que ojalá te animes a leer los libros seguidos.

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