lunes, 4 de noviembre de 2019

En deuda con Hugo Correa. PRIMERA PARTE.


1- ¿Quién fue Hugo Correa?

    Pues se trata del verdadero precursor de la ciencia ficción chilena, ello desde el punto de vista literario, mucho antes de que el oportunista Jorge Baradit acapara la atención de los medios públicos en nuestro país; y es que les estoy hablando de un autor que irrumpió en medio de la tradición narrativa chilena realista, nada menos que en 1951, con una novela que está considerada justamente entre lo mejorcito del género escrito por algún autor latinoamericano y por algo obtuvo el apoyo de una figura internacional como lo es Ray Bradbury, además de ser el único escritor de este sector del mundo en ser incorporado en la prestigiosa The Encyclopedia of Science Fiction.  En todo caso, también escribió fantasía, si bien una más bien relacionada con el folclor y no aquella de tipo épica.
     Nacido en 1926 en la localidad rural de Curepto y fallecido en 2008 en Santiago, ejerció como destacado periodista en una época en la que era el talento natural y no un título universitario el mérito para trabajar en diarios y revistas tan célebres como El Mercurio y Ercilla respectivamente.
     Su ópera prima Los Altísimos, el título que hoy nos reúne, tuvo una segunda edición aumentada y corregida en 1959 (recién me fijo: el mismo año en el que comenzó a emitirse esa joyita que es La Dimensión Desconocida, que si mi compatriota hubiera sido gringo, habría podido ser adaptado por el también grande Rod Serling).  A esta verdadera joyita de las letras criollas, que espero hacerla conocida por quienes nunca han escuchado hablar de ella, entre compatriotas y extranjeros, le siguieron los siguientes libros:

1- El que Merodea en la Lluvia (1962): Sobre una alienígena de raro aspecto atrapado o varado en medio del campo chileno, que es confundido por un demonio entre los ignorantes autóctonos del lugar.

2- Alguien Mora en el Viento (1966): Novela Corta (o cuento largo, según se mire) sobre dos astronautas atrapados en medio del exótico ecosistema de Venus...Cuando aún se creía que este planeta era un sitio de aspecto tropical.

3- Los Títeres (1969): Primer volumen de narraciones cortas suyas, aunque en esta ocasión tuvo la idea de relacionar los textos incluidos en sus páginas bajo un mismo tema denominador: la existencia de sofisticados androides que reemplazan a los seres de carne y hueso, quienes prefieren la seguridad de su casa, en vez de "arriesgarse" en la vida pública.  Con esta idea, se adelantó décadas a películas como Surrogates (2009) con Bruce Willis de protagonista y a un montón de obras literarias posteriores que de seguro deben haber por ahí.


5- Cuando Pilatos se Opuso (1971): Su segunda colección de cuentos, de ciencia ficción también, con la que demostró su enorme capacidad para contar historias bajo el formato breve y abarcando distintas temáticas del género, sin dejar de lado la justa proporción entre el puro divertimento y la crítica social (elementos primordiales dentro de la igualmente llamada "fantasía científica").
    Cabe mencionar que su relato Meccano, incluido en este tomo, tuvo una adaptación al cómic en el número 2 de la revista nacional Oxígeno en 1985 y gracias a la labor de su propio hijo Francisco Correa, bajo el pseudónimo de Fran Solo, tanto en el dibujo como en el guión.

6- Los Ojos del Diablo (1972): Enmarcada más en la narrativa de terror sobrenatural, toma elementos del folclor campesino chileno.

7- El Nido de las Furias (1981): Donde entra de lleno en la ficción de corte político y con la cual recrea a través de un país latinoamericano inexistente, las atrocidades de las dictaduras militares del continente; todo ello bajo las convenciones de la narrativa fantástica.

8- Donde Acecha la Serpiente (1988): Sobre un hombre casado que lleva una vida insatisfactoria, hasta que conoce a una atractiva mujer de connotaciones demoníacas, la que por supuesto se vuelve una tentación para él.

9- La Corriente Sumergida (1993): Su única obra de tipo realista.

10- El Valle de Luzbel (2015): Novela póstuma sobre una civilización en la Tierra anterior a la humanidad o, más bien, pre-adanita.

    Este artista por igual incursionó en el teatro y lo hizo con tres obras: El diablo en la cabaña, La señora Laura no vive aquí y La trampa en el jardín, que ignoro la verdad si fueron llevadas a las tablas y que al manos por su título pareciera que la primera de ellas se relaciona con su producción de tipo fantástica.
    A lo largo de su carrera obtuvo la distinción de sus pares y en el medio mayormente fuera de nuestras fronteras, que como dice bien el dicho bíblico "nadie es profeta en su tierra".  Fue así que en lo que concierne a nuestra lengua, la hoy recordada (por los más veteranos) revista española Nueva Dimensión, le dedicó un especial en su número 33 y en Estados Unidos fue publicado, traducido a la lengua de Shakespeare, en la aún más famosa publicación The Magazine of Fantasy and Science Fiction (que tengo entendido que fue su relato Alter Ego, parte de la colección Los Títeres, el que apareció en sus páginas).  Su trabajo por igual se conoció en otros idiomas y apareció en otros lares.


2- ¿Quién es Hugo Correa para mí?

     La historia que les voy a contar, ya la mencioné hace tiempo en un texto dedicado a mi papá; como de seguro muchos de mis lectores no lo habrán leído, vuelvo a relatarlo para hacer mención a mi primer encuentro con el autor al que hoy quiero honrar.
     Comenzaba ya mi tercer año de Enseñanza Media, cuando mi profesora de Castellano (Pabla Ibaceta, amiga a la que espero ver prontamente, pues a ella le debo mi primer encuentro con Correa y muchos más episodios significativos de mi vida), nos dijo que la primera lectura de ese año iba a ser Los Altísimos.  El nombre del libro de inmediato me llamó la atención y más todavía el de su autor, de clara ascendencia española ¿De qué nacionalidad es? Pregunté curioso y así supe que era chileno.  Que yo recuerde, Pabla (a quien yo ya tuteaba, aunque no frente a mis compañeros, ni menos en la sala de clases) no nos dio mayores antecedentes.  Pero apenas llegué a casa les dije a mis padres que debían comprarme ese texto lo más pronto posible, que estaba entusiasmado y en aquel tiempo una de las pocas maneras de aumentar mi entonces pobre biblioteca, era gracias a los títulos que me daban a leer en el cole y que mis progenitores no dudaban en conseguírmelos (algo que se los agradeceré toda la vida).
    Creo que no pasaron muchos días como para que fuera de compras con mi papá a la calle San Diego, sagrado lugar lleno de librerías y kioscos dedicados a la venta de libros y revistas, en busca del tesoro que pensaba anexar a mi colección. 
      Pues resulta que supuestamente el volumen estaba discontinuado y no quedaban ejemplares, así que nos costó llegar a él.  Hasta que lo pillamos en una "librería de viejos" como le llaman por ahí y solo quedaba uno; no estaba caro, pero no me gustaba la idea de tener una antigua y usada edición, que más encima la portada era horrible.  Prácticamente en contra de mi voluntad (yo, un pobre pendejo que me las daba de exigente más de la cuenta con mi papás, que harto hacían para darme lo mejor y lo hacían con todo el amor del mundo) me devolví a mi casa con la nueva adquisición...¡Y enojado más encima! En casa mi estupidez llegó a su cénit y allí me puse a discutir con mi pobre papá, que me había comprado una basura de libro (que yo claramente no razonaba...y ello aún me sigue dando vergüenza a mis actuales 44 años) y así fue que estando en la misma parte de la casa frontal, dedicada al bazar que tenían mis padres para ganarse el pan de cada día, en un verdadero arrebato de cabrochico egoísta, terminé por tirarle el libro por la cabeza a mi taita.  
     Mi papá tenía especial buena voluntad conmigo, que era su único hijo que le tenía gusto al estudio y eso lo llenaba de orgullo, así que esperó a que se me pasara la estupidez.  Luego de que me calmé, no sé si fue ese mismo día o al siguiente, "derrotado" le pedí el libro y me lo entregó arreglado, que yo en mi ofuscación había rasgado la tapa, así que él le había puesto una cinta de embalar y la verdad es que su manutención le había quedado bonita (por años trabajó en una imprenta, así que algo se manejaba en el rubro).
     En la práctica me devoré la novela en unos pocos días, que si bien para cuando lo leí aún me quedaba mucho para ser un lector habitual del género (solo había leído un par de libros de Asimov y algo de Ray Bradbury), a medida que iba profundizando en sus páginas no dejaba de sentirme honrado por saber que ese texto había salido de la mente de un compatriota mío; pues si bien, como dije mi experiencia con la ciencia ficción literaria no era mucha, al menos sí había visto ya muchas buenas películas de este tipo, como por igual varias series y en especial en lo que concierne a animación japonesa.
     Aquella vez le presté mi libro a dos amigas del curso, ambas llamadas Marta (González una, Andrade la otra), que como ya conté era muy difícil hallar el libro. Igual el resto del curso no era en general muy dado al hábito lector, así que fuimos pocos los que salimos bien de la evaluación.  Por cierto, en aquellos años las pruebas eran puras preguntas abiertas, que solo en los exámenes de fin de semestre y fin de año nos hacían ítems de selección y otros; no obstante, hubo una excepción esta vez en dicho instrumento y es que la profe nos pidió como última pregunta, o mejor dicho como actividad, que dibujáramos el lugar donde transcurre la historia (que ya les hablaré al respecto cuando profundice en la novela misma)…Así que de ese modo tuve el gusto de dar rienda suelta a mi imaginación, apoyado de las descripciones del libro que tanto me habían fascinado.



     Tres veces he leído Los Altísimos, que la segunda ocasión fue para un trabajo de la universidad y donde debía dar una pequeña disertación sobre un autor chileno.  Me fue bien, que estaba entusiasmado con la idea de dar a conocer al escritor que ya tanto admiraba y quería; eso sí, recuerdo el comentario sarcástico del profesor (que en todo caso me caía bien y luego fue quien revisó mi memoria, también en base a la ciencia ficción, por la cual me felicitó y puso la nota máxima) que cuando hablé del libro que había terminado hace poco su autor y del cual esperaba algún editor interesado, me dijo “¡Publícalo tú!”.
    Mi segunda relectura la realicé en lo que respecta a estas últimas semanas, para seguir con lo de mi autoreto de leer solo a autores nacionales este segundo semestre; hace años que deseaba reencontrarme con Hugo Correa y ahora tenía la excusa perfecta.  Pues cuando tomé el libro de mi biblioteca y lo abrí, recordando como siempre la anécdota de mi papá ya mencionada, me encontré con una bella sorpresa sobre un detalle que se me había escapado o lo había olvidado desde la última vez en que tuve en mis manos tal texto: Mi papito había escrito de su puño y letra mi nombre y mis apellidos en el borde superior de una de las primeras hojas; creo que es uno de los pocos registros que tengo de su bella letra. Más encima, luego me di cuenta que el propio Correa le dedicó este obra a su mismísimo padre… ¡Y yo no creo en las coincidencias!
    Por cierto, para cuando conté por primera vez la historia de Los Altísimos y mi papá, pensé que lo que tenía era la primera edición en su versión original, pero ahora ya sé que la que poseo es la primera edición de la versión corregida y aumentada.


    Aún era un estudiante de liceo, creo que ese mismo año de 1992, cuando un día revisando la entonces humilde biblioteca del colegio (que abarcaba un muy pequeño cuarto y que apenas era visitado por otros estudiantes, por no mencionar los profesores) me encontré con nada menos que la colección de cuentos Cuando Pilatos se Opuso.  De inmediato solicité que me lo prestaran y como la biblioteca aún funcionaba de manera muy informal, además de que ya tenía mi prestigio ganado, me la pasaron sin mucho trámite.  Más adelante en el tiempo, ese año o al siguiente, estaba en casa de unos amigos y vi que en su propia biblioteca había un ejemplar de este libro; sin tapujos les pedí me lo regalaran (que ya sabía que en su hogar no habían lectores asiduos) y fue de este modo que logré adueñarme de esta primera edición de dicha colección de cuentos.
     Luego en la universidad, cuando estaba en mi segundo año allá, si bien me encontraba en el primer año de Pedagogía en Castellano, porque me había cambiado de carrera, tuve la enorme satisfacción de tomar el curso electivo de ciencia ficción que comenzó a dictar un profesor de Física; ello en el primer semestre en que comenzó a darse y luego al siguiente ya era Alumno Ayudante, que lo había aprobado con nota máxima.  Fue así que un día leímos uno de los cuentos de Hugo Correa y el profesor Juan Espinoza (otro docente al que le estoy muy agradecido y me encantaría volver a ver) llevó a la clase nada menos que el especial de la revista Nueva Dimensión que le dedicaron, que solo entonces me enteré de dicho tributo.  Con posterioridad mi maestro me prestó sus primeras ediciones de Los Títeres y de Alguien Mora en el Viento, para preparar mi trabajo del cual les hablé más arriba.
     Por esos mismos años me metí a un taller literario de ciencia ficción hecho por Luis Saavedra (Tío Lucho como luego le puse), quien luego se convirtió en un destacado autor y especialista del género en estas latitudes.  Así fue como leímos en conjunto otro relato de nuestro escritor, creo que fue el ya citado Alter Ego; pues aparte del gozo de comentar y compartir nuestras impresiones con demás ñoños amantes del género, lo mejor fue tener en nuestras manos la edición en inglés del número de la F & SF que traía el mismo cuento revisado.
    Aún estaba en la universidad, cuando los mismos Ficcionautas Asociados, el elitista grupo al que pertenecía el llamado “Tío Lucho” (y los llamo elitista, porque estaba conformado por alrededor de unas 5 personas y cada una aportaba con una especialidad dentro del amor a la ciencia ficción, que aparte de Luis que se dedicaba a la literatura, estaba Gabriel Huamán y cuya orientación era el maquetismo, Roberto Alfaro, versado en los cómics y no recuerdo quiénes más…que no aceptaban más personas en sus filas, si bien organizaban eventos de entrada liberada) hizo una actividad masiva en el Centro Cultural de España; fue así que uno de los días en los que se celebró dicho evento, invitaron a Hugo Correa, se le hizo un homenaje y le fue concedido un galvano como agradecimiento por su aporte a la literatura nacional, al promover la narrativa del género dentro de nuestras letras.  Pues ahí estaba yo frente a nuestro verdadero prócer de la ciencia ficción nacional, quien en la práctica se veía como un viejito dulce, recuerdo que cojito además.  La verdad es que ante mi falta de “roce social” de aquellos años, no supe cómo reaccionar y a lo más atiné a mirarlo con respeto y a aplaudirlo, que ahora pienso que fui un tonto (otra vez) y debería haberme acercado a él para hablarle y decirle cuán feliz estaba de verlo, además de darle las gracias por las horas de felicidad que me dio con sus ficciones; también me habría gustado tener una foto con él (bueno, en aquellos tiempos la tecnología del celular y sus beneficios era algo propio de las narraciones de Correa y de sus colegas).  Por cierto, no recuerdo si dio un discurso, aunque sí tengo claro que yo de antemano sabía de su visita y pese a ello no tuve la ocurrencia de llevar uno de los dos libros suyos que tenía en aquel momento (en la actualidad poseo 3 y ediciones antiguas suyas…un orgullo para mí) para que me los autografiara.
    Ayer 3 de noviembre no más cometí un nuevo “pecado de omisión”, como bien me gusta llamar a aquellos casos en que por una razón u otra no he comprado algún libro y por lo cual luego me he arrepentido (que he escrito varios posts al respecto).  Resulta que andaba en el Persa Bío-Bío (lugar de “culto” donde venden de todo y uno puede encontrar las ofertas y artículos más extraordinarios a muy buen precio, razón por lo cual es uno de mis sitios favoritos) con mi sobrinito Amilcar y cuando pasé a ver a uno de mis caseros favoritos (nombre dado a los vendedores y/o compradores en el llamado “comercio informal”, como una manera afectiva de llamar al otro) de entre aquellos a los que les compro libros o cómics, tenía nada menos que la primera edición de El que Merodea en la Lluvia a un valor muy accesible…¡Y no lo compré! La verdad es que más que una coincidencia, podría decirse que se trataba de otro caso de sincronicidad (como por igual lo es para mí el recuerdo de mi padre y la dedicatoria de Los Altísimos), por cuanto este hecho y que yo no dejaba de pensar en Hugo Correa, de quien estaba por comenzar este homenaje, lograron unirse sin tener que ver con el fenómeno de la causalidad ¿Me entienden? Ahora ya sé que apenas llegue el finde, me iré para allá de nuevo a corregir mi error.



13 comentarios:

  1. Me dieron ganas de leerlo de nuevo, gracias a ti supe de él, encontré una edición de "Los Altísimos", después me prestas los otros que tienes?

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    1. Si no me equivoco yo te (em) presté ese libro ¿No?, que al menos sí recuerdo les hice conocido al autor al resto del grupo (entre ellos, ciertos personajes hoy non gratos para mí, je).

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  2. no conocía este autor gracias a ti lo descubrí... ahora esperare paciente hasta que me prestes uno de los libros que antes mencionaste!!
    y esperemos que en el futuro sea Chilito tan fértil de autores buenos como hasta hoy... pero que se les otorgue mayor reconocimiento, ya que le hacemos mucho honor al antiguo dicho: "NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA".

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    1. ¡Qué bueno te haya entusiasmado este autor tan querido por mí! (y los más ñoños de la casa). Con gusto te llevaré con gusto uno de sus libros a la pega la semana que viene y espero este finde subir mi análisis de "Los Altísimos".

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  3. Excelente artículo, es el ÚNICO autor que podríamos considerar "padre" de la C. F. chilena. Tengo varios de sus libros originales y primeras ediciones.

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    1. Me siento honrado de encontrarme con un nuevo lector por acá ¿O ya había sabido de ti? Cuéntame de tu persona y cómo llegaste a este humilde blog. Gracias.

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  4. Saludos Elwin, aquí murinus2009.

    Muy Completa Entrada dedicada a Hugo Correa has dedicado Amigo.

    Esa obra de El, ambientada en Venus, me recordó un cuento de Ray Bradbury igualmente ambientado en Venus, en el que los astronautas ya están desesperados y casi locos porque no para de llover.
    Si, yo recuerdo que en mi libro de Ciencias Naturales de Primaria de 1988 o 1989 se mencionaba que Venus probablemente tenia alguna clase de Vegetación y un clima tropical.
    Ya después (o en ese tiempo porque el libro no estaba actualizado) se sabría que Venus es un Infierno...

    Buenas anécdotas cuentas Elwin.

    Tu querido Padre consiguiendo el libro Los Altísimos...

    El Momento de conocer en persona a, Hugo Correa, ese fue un momento histórico Elwin, prácticamente conociste en persona a un pionero y el mas Importante escritor de este genero en Chile, es como si alguien escribiera en Francia que conoció a Julio Verne.

    Esta Entrada me recuerda una vez que asistí a una conferencia de Ciencia Ficción mexicana, hará unos 20 años o mas 1998 o 99, se hablaron muchas cosas interesantes y yo....
    ...no llevaba grabadora, en esos tiempos tenia una de microcassete que siempre cargaba a esas conferencias y esa vez no la lleve...

    Gracias por esta Entrada Elwin, creo que es un buen homenaje a este pionero de la Ciencia Ficción en Latinoamerica.

    A leer la segunda parte.

    Hasta pronto.

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    1. ¡Qué bueno te entusiasme leer a mi compatriota! Si no le tienes asco al formato digital, sin problemas puedes bajar esta novela, que te aseguro la disfrutarás mucho.
      El cuento de Bradbury que mencionas lo he leído y me gusta mucho ¿Viste la adaptación que hicieron en "El Teatro de Ray Bradbury"? ¡Una maravilla!

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  5. Mi amigo, has leído de Correa mucho más que yo. Él es din duda uno de los referentes históricos de la ciencia ficción chilena, y alejado de cualquier farándula. Respetado por autores legendarios, publicado en revistas icónicas. Qué envidia saber que lo conociste en persona.
    Un abrazo.

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    1. ¡Oh, recién me doy cuenta de este comentario tuyo! Concuerdo completamente contigo respecto al enorme valor de este autor y de su obra.

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  6. Estoy terminando Los Altísimos, me he leído unos 4 o 5 de Hugo Correa y concuerdo contigo, se le debe un tremendo reconocimiento. A medida que leía Los Altísimos, me asombró lo adelantado que estuvo en muchas cosas.

    Saludos

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    1. Mucho me alegra saber de otra persona que aprecie su literatura. Yo aún tengo pendientes con él.

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