domingo, 12 de abril de 2026

Sueños 3


     Las ocupaciones y preocupaciones me han tenido alejado del blog, que pronto estará de aniversario.  Hace rato que escribí sobre estas "experiencia oníricas" y ya era hora de contarles de ellas.  He tenido varios sueños interesantes este tiempo, pero los he olvidado demasiado rápido, pues ni siquiera me ha dado tiempo para anotarlos apenas despertaba... A ver qué les parecen estos ya llevan una temporada guardados.
 

PRIMERO
 
     Soñé que iba en una micro bien llena a comprar, creo, unos regalos al Líder de Alameda con General Velásquez.  Llevaba en mi billetera como medio millón en efectivo y esto me lo robaban una banda de flaites, compuesta por un dos hombres y una mujer, todos ellos cerca de los treinta; quienes me sacaron el dinero de mi bolsillo.  Cuando me di cuenta, salí a perseguirlos y exigirles lo mío.
    Estaba muy enojado y sin temor a los maleantes, pero ni ellos, ni yo actuábamos con violencia física, ni verbal; en cambio sí hablábamos harto.  Entre medio me di cuenta que la fémina tenía hijos pequeños y le decía que debía darles el ejemplo, no actuando de esa forma.
   Los tipos hablan tirado mi billetera con el dinero a una piscina y yo trataba de rescatarla.
   Me ofrecían devolverme cerca de doscientas lucas, que uno de los ladrones me entendía la mano con los billetes mojados, pero yo me negaba y les decía que quería todo.
   Entonces me proponían ir a comprarles unas cervezas (chelas les llamaban) y así me entregarían el 100%.  La ratera me iba a acompañar y yo accedía, sin embargo, la controlaba agarrándola de sus manos por detrás y así "esposada" nos adentrábamos en una especie de persa, donde unos locales eran regentados por carabineros como vendedores y con los cuales se suponía igual podía contar (una señora, en plena calle, me decía en qué sector estaban sus tiendas).  Llegamos al sector y solo encontrábamos a un vendedor/carabinero muy guapo, rubio y con barba muy cuidada, quien nos decía que sus jefes andaban de colación.
 
SEGUNDO
 
    Un colega del trabajo abandonaba a su mascota, que era igual a él en un detalle particular: Sus facciones.  Se trataba de una especie de murciélago de unos treinta centímetros de alto, vestido de etiqueta, traje negro y corbata, más sombrero de copa y camisa blanca; pero no llevaba calzado, pues sus extremidades inferiores, que iban cubiertas por un pantaloncillo, dejaban al descubierto sus garras y con las que se sujetaba a uno, ya que se posaba amigablemente sobre el hombro de uno (tal como lo hacen los loros de los piratas). Las alas estaban cubiertas por las mangas, así que de ellas solo se veían una especie de dedos largos, con uñas como las de sus patas.  Era tan parecido a mi colega, que hasta usaba barba y la piel de su rostro era blanca, con una cabeza muy humana... ¡Y también hablaba, además de ser muy inteligente!
  Su antiguo amo antes de dejarlo me mostraba que lo alimentaba con su sangre, haciéndose unos pequeños cortes en sus dedos para que la criatura le lamiera el fluido.
    Yo me compadecí de ese ser, aunque no me atrevía a darle mi sangre (se me venía a la cabeza la imagen de que me mordiera el cuello y así succionara algo para sobrevivir), aunque decidí llevármelo a mi casa y en el camino ver cómo me la arreglaba.  En un momento pensé en dejarlo sobre un árbol e irme, no obstante, me había agradado el vampirito, con el cual la charla era muy amena.
   En nuestro trayecto vimos a unas criaturas blancas parecidas a perros, jugando entre ellas, las que también poseían un aspecto humanoide.  Mi nuevo amigo se asustó un poco al verlas, pues, le pareció que lo iban a atacar.
   De un momento a otro el monstruito llevaba parte del torso al descubierto y me llamaba la atención que no tuviera pelos y fuese musculoso.
 
    - ¿Te alimentas con alguna otra cosa?
    - Sí, con salchichas.
 
    Fuimos a una tienda cerca de mi hogar y nos vendieron dos paquetes en oferta al precio de uno, claro que antes le pregunté a mi compañero qué marca prefería.  Entonces me dijo que él pagaba, abriendo un bolsito tipo maletín y de cuero café que apareció de la nada, lleno de billetes nuevecitos de veinte mil pesos (con millones en su interior) y se ofreció a pagar.
 
    - ¡No hagas eso, que te lo van a querer robar! Cierra el bolso y escóndelo, que las salchichas las compro yo.
 
    En efecto nos miraban con codicia unos vecinos, quienes nos rodeaban, entre ellos una mujer crespa de pelo azabache y aspecto flaite, así como un supuesto matrimonio (hombre y mujer) que iban con una guagua; el varón traía a la pequeña, un flaco muy guapo, aunque para nada confiable, quien me mostraba parte de una pistola acerada y que llevaba guardada en el canguro donde sujetaba a su hijita.
   Me fuí corriendo hacia mi casa junto al vampirito, la cual veía a medida que me acercaba, cuando justo cruzando la calle venían dos adolescentes por igual poco amistosos y uno de ellos había sacado un spray y un encendedor, diciéndonos que nos quemaría vivos si no les dábamos el dinero.
 
    Y eso es todo.

1 comentario:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...