domingo, 24 de junio de 2018

Es un placer leerlo.


     El título que encabeza este post, es lo que sin duda sintetiza mi opinión personal a la hora de evaluar mi experiencia con la novela La Llamada de la Tierra, de Orson Scott Card, la segunda novela de la Saga del Retorno.  Esta secuela comienza en la práctica inmediatamente después de la revelación que se hace a la familia protagonista, con respecto a los planes del Alma Suprema, la IA que cuida y controla a los humanos habitantes del planeta Armonía.  
     Como era de esperarse en su autor, la trama se acompleja bastante y con ello es posible encontrarse con una obra mucho mejor que aquella que le precedió, en la que no solo regresan varios de sus personajes ya conocidos (y que en algunos casos se han ganado los corazones de los lectores), sino que se introducen unos cuantos más y que convierten esta segunda parte de la saga en el verdadero placer que es su lectura.
     La familia de Volemak ha sido escogida para regresar al planeta madre, tras millones de años de exilio de la humanidad en Armonía y sus 4 hijos, frutos de 3 matrimonios (y mujeres) diferentes son parte fundamental dentro de todo esto, en especial los dos menores que son lejos los más nobles de todos y cercanos a la mismísima Alma Suprema.  Es necesario que participen del viaje todos estos varones, porque dentro del plan que hay se encuentra la necesidad de que su línea genética se propague, al repoblar con sus descendientes a la Tierra; por esta razón requiere cada uno de ellos una esposa, por lo que deben regresar a Basílica para realizar luego su viaje acompañados por las féminas.  Solo la unión de años ya entre Rasa y el patriarca está segura, así que buena parte del argumento de este libro, tendrá que ver con la manera de cómo cada uno de los vástagos de Volemak consigue a su propia compañera; cabe decir que la distinta manera en que todos estos logran desposarse, deja en claro bastante el tipo de personas que son.
      Pero lo recién mencionado no es nada comparado con la aparición en sus vidas del general Mooz, un militar de alto rango, de un reino vecino y cuyo afán de poder es tan grande, que es capaz de negarse al control del Alma Suprema (a quien llama Dios, como el resto de su gente).  Esta vez se trata de un antagonista bastante diferente al detestable Gaballufix, que conocimos en La Memoria de la Tierra, puesto que en contra de lo esperado, logra simpatizarnos, pese a lo maquiavélico que llega a ser: ya que se trata de un hombre bastante inteligente y con cierto grado de nobleza, virtudes que lo encumbran lejos por sobre el anterior villano.   Es así que el error de uno de los protagonistas ya conocidos, provoca que Mooz llegue junto a su ejército, nada menos que hasta las puertas de la ciudad de las mujeres y tras una ardid muy ingeniosa suya, consiga complicarles la vida a nuestros héroes (y antihéroes) más que nunca.
     El papel que cumple el Alma Suprema en hombres y mujeres como protector, que además vela porque estos no atenten más de la cuenta contra los suyos, nos deja claro esta vez con mayor grado la importancia del libre albedrío dentro de la saga.  Lo anterior, es reconocible en la conducta de cada uno de los personajes, al aceptar o no seguir con los designios de su guardián, algunos abrazando de buena manera los caminos designados por la IA, otros como colaboradores en pro de un bien mayor y olvidándose de sus resquemores y otros solo como un medio para su propio beneficio.  No nos podemos olvidar de Mooz, quien se declara a sí mismo como enemigo de Dios, puesto que aunque no existe el ateísmo propiamente tal dentro de esta ficción, su actitud si nos lleva al terreno del rechazo directo a la divinidad.  Podría catalogarse esta situación como una especie de voluntarismo nietzscheano, ya que ve a la religión como un impedimento, para que el ser humano pueda sobresalir bajo sus propias capacidades.
     Volviendo a Mooz, no se puede dejar de lado que uno de los primeros motivos que lo lleva a realizar su rebelión, viene a ser el viejo tema de la venganza.  El autor aborda este tópico de manera bastante interesante, al relacionarlo con el nacionalismo y la historia real de los pueblos oprimidos (y aniquilados) por otros, que ostentan la supremacía de la raza.  Si bien el general actúa a primera vista como un hombre codicioso y violento, que sin dudas estaría dentro del territorio de los personajes malvados, nos deja claro de que existen matices y que nadie llega a ser un villano de la nada (en otras palabras, no encontraremos malos de opereta en este tipo de obras, que no por ser de ciencia ficción, dejan de ser reflejos del mundo tal como es).
     Mooz y la cultura dentro de la que ha crecido, es un individuo que podría considerarse con facilidad como un misógino, ya que desconfía de la independencia de las mujeres, relegando su papel al de simples amas de casa y objetos de deseo.  De este modo su conducta al respecto, como claro ejemplo de la idiosincrasia de su pueblo, pone en el tapete la eterna discusión sobre matriarcado versus patriarcado, feminismo y machismo.  Cabe recordar que en Basílica quienes tienen el poder son las damas, las que poseen un gobierno sabio y benigno en muchos aspectos; en cambio en la patria “de acogida” de Mooz, mandan solo los “machos” y por lo mismo en este otro lugar sí es posible que aparezcan aberraciones como los nacionalismos, afanes expansionistas y la guerra.  Queda a manos del lector reflexionar acerca del significado de todo esto.  En todo caso, el prejuicioso Mooz encuentra en la formidable Rasa a toda una contrincante, a quien incluso llega a respetar y admirar, así como luego otras féminas terminan dándole las mayores lecciones de su vida.

     “—Por favor, llámame Moozh. Es un apodo que sólo permito usar a mis amigos. 
       —Yo no soy tu amiga. —Ese apodo significa «esposo» —explicó él. 
       —Sé lo que significa, pero ninguna mujer de Basílica te llamará así a la cara. 
       —Esposo —dijo Moozh—, y Basílica es mi prometida. La desposaré, la llevaré al lecho y ella me dará muchos hijos. Y si no me acepta como esposo de buen grado, la poseeré de todos modos, y esta bella ciudad terminará doblegándose. 
       —Esta bella ciudad terminará sirviendo tus cojones en una bandeja, general —replicó Rasa—. El último dueño de esta ciudad lo descubrió cuando intentó hacer lo mismo que tú.   
       —Pero él fue un necio. Lo sé, porque te perdió a ti. 
       —No me perdió a mí. Se perdió a sí mismo. Moozh sonrió.”

    Pero no solo el “cabeza mojada” (tal como llaman despectivamente los basilicanos a su gente, por la costumbre de su pueblo de echarse en la cabeza aceite) aparece como alguien de cierto carácter nefasto a lo largo del libro, puesto que nos volvemos a encontrar acá con Rashgallivak, quien fuera otrora la mano derecha de Volemak, cuando este último era líder de su clan y el que tras las triquiñuelas del villano Gaballufix, se queda con su rol dentro de dicha comunidad.  Pues si antes vimos a este hombre como alguien engañado por el “malo de la historia”, que nos parecía una persona de principios, ahora llegamos a conocerlo mejor y con él es posible darnos cuenta de que en realidad no era tan noble como creíamos.  La tremenda sorpresa que nos depara su verdadera naturaleza, nos lleva al terreno de la codicia y, hasta cierto punto, de la envidia.  Luego queda expresado por medio de la narración, otra dimensión de la oscuridad del corazón humano, al contrastar el mal que habita en este personaje, con el de otros sujetos de condición despreciable, en lo que va de la saga.  
     Para el mormón practicante que es Orson Scott Card el sentido de la familia es bastante importante y tal como lo he afirmado en otros posts que le he dedicado, ello es posible identificarlo en todo su esplendor a través de sus emotivas ficciones.  Puesto que sus personajes mantienen un apego bastante a los suyos.  Es dentro de todo esto, que destaca una vez más la presencia de las dos hermanas que son Hushibd y Luet, ambas formidables personas pese a su juventud y que se quieren con todo su ser.  Es entonces que aparecen dentro de la historia otras dos hermanas, quienes a diferencia de las anteriores son artistas y no “mujeres sagradas”, pero que además carecen de la humildad y la gentileza de sus contrapartidas.  Sevet y Kokor son hijas de Rasa, producto de su breve matrimonio con Gaballufix, habiendo heredado el materialismo y la falta de criterio de su padre; de este modo queda de manifiesto esa idea de que “no elegimos a nuestros parientes”, que la noble Rasa hartas penurias debe pasar por culpa de sus hijas y, sin embargo, les demuestra, pese a todo ello, su incondicionalidad como madre.  Resulta difícil no comparar a las hijas consanguíneas de esta última con sus dos “sobrinas” y discípulas, siendo estas otras dos verdaderas hijas espirituales de la matriarca. 

    “Kokor se internó en la oscuridad, dirigiéndose a la Villa de los Pintores. Le palpitaba el muslo encima de la rodilla, en la zona con que había golpeado la entrepierna de Rashgallivak. Tal vez se le hiciera un moretón y tuviera que maquillarse las piernas con una capa espesa. Qué fastidio.
       Padre ha muerto. Debo ser yo quien avise a Sevet. Que nadie la avise primero. Y asesinado. La gente hablará de esto durante años. El blanco del luto me sentará muy bien. Pobre Sevet. Su cutis parece rojo como una remolacha cuando se viste de blanco. Pero no se atreverá a dejar el luto mientras yo lo lleve. A lo mejor decido llevar luto por el pobre papá durante años y años.”

    Otro nuevo personaje femenino que es introducido en este libro (bueno, para ser sincero, fue Kokor o Sevet quien apareció brevemente en un momento de La Memoria de la Tierra, pero solo recién en la segunda parte de la saga, ambas consiguen definirse dentro de los acontecimientos), viene a ser otra estudiante de Rasa: la destacada genetista Shedemei.  Mucho mayor que las otras 4 relacionadas con la esposa de Volemak,  dedica parte de su tiempo a dictar cátedra en la casa de su maestra.  De espíritu crítico, la actividad a la que se dedica nos entrega un interesante cuadro de 3 de los aspectos más importantes dentro de la sociedad humana y su cultura: la religión (Hushibd y Luet), el arte (Kokor y Sevet) y la ciencia (ella misma).  Increíblemente, esta vez la ciencia representada por Shedemei toma un aspecto benigno, a diferencia de lo que en otras obras de ciencia ficción, viene a tener ribetes más negativos; de igual manera la fe a través de las dos huérfanas, también está representada como algo de carácter positivo (lo que va en concordancia con un autor tan devoto como Card); y en cambio el arte, en vez de construir belleza, se presenta como una cortina bajo la que se esconden seres egoístas, que usan sus encantos como un medio para esconder la podredumbre de sus espíritus.
     Tal como ya se afirmó, este libro resulta lejos mucho mejor que el anterior, de igual manera por el importante detalle de que en sus páginas, se encuentra en mayor medida a ese Orson Scott Card que sus seguidores hemos llegado a amar sin tapujos: Me refiero al autor capaz de llevar a cabo con sus escritos momentos en verdad emotivos y en los que sus carismáticos personajes, demuestran con creces no solo su inteligencia, sino que su tremenda humanidad a través de su nobleza y enorme capacidad para amar.  Al respecto, varias son las instancias en las cuales el lector se maravilla con este aspecto caro al escritor, quien con una prosa poética, que está a la par de colegas suyos como Ursula K. Le Guin, Ray Bradbury y Neil Gaiman, consigue acaparar toda la atención de uno.
      Con respecto a lo afirmado en el párrafo de arriba, no se puede dejar de lado ambas intervenciones de otro personaje femenino, que tiene su debut en esta novela: Sudor.  Se trata de alguien cuya vida es relatada casi a manera de relato enmarcado, dentro de la novela, puesto que el capítulo dedicado a ella en apariencia podría ser independiente a la trama central, pese a sus claros nexos con ella.  Una vez que vuelve a aparecer en la acción, se cierra de magnífica forma todo un círculo argumental, que a más de alguien lo deja asombrado (si es que no le saca una lágrima por ahí).  Cabe mencionar que la vida de esta mujer, se encuentra inexorablemente ligada a las de 3 de los protagonistas.  

      “—Madre —dijo su hijo mediano—, creo que estás llorando por un sueño. Despierta. Sed despertó.
       —¿Qué te ha pasado? —preguntó el niño. Era un buen niño, y ella no quería abandonarlo. 
       —Debo emprender un viaje —dijo Sed. 
       —¿Adonde? —A un lugar lejano, pero volveré a casa, si el Alma Suprema me lo permite. 
       —¿Por qué debes irte? 
       —No lo sé. El Alma Suprema me ha llamado, y no sé por qué. Tu padre ya está trabajando en los campos. No se lo cuentes hasta que venga a comer al mediodía. Para entonces estaré tan lejos que no podrá seguirme. Dile que le quiero y que volveré. Si desea castigarme cuando regrese, me someteré de buen grado a su castigo. Pues preferiría estar con él, y con nuestros hijos, que ser reina en cualquier otra tierra. 
      —Mamá —dijo el niño—, sabía que ibas a marcharte desde hace un mes. 
      —¿Cómo lo sabías? —preguntó ella. Y por un instante temió que también él sufriera la maldición de la voz del Alma Suprema. Pero el niño no tenía la locura sagrada, sólo sentido común. 
      —Siempre mirabas al noroeste, y Padre nos contó que tú habías venido de allí. Pensé que deseabas ir a casa. 
      —No, no quiero ir a casa, porque ya estoy en casa. Pero debo cumplir con un encargo, y luego regresaré. 
      —Siempre que el Alma Suprema te lo permita. Ella asintió. Luego cogió un paquete de comida y un odre de cuero lleno de agua, y emprendió la marcha.”

      De igual manera se pueden mencionar la intervención de la “Descifradora” Hushbid, para que los mercenarios enmascarados de Rashgallivak no se salgan con las suyas, una vez que entran a la casa de Rasa; así como también destaca la conversación privada entre el heroico Nafai y Mooz, cuando el joven con toda determinación llega hasta donde el general, para evitar que se produzca un inútil derramamiento de sangre.  
      Luego del impactante final de esta novela, no queda otra que querer leer de inmediato la siguiente entrega, algo que sin dudas llevé a cabo y que aún disfruto al terminar estas palabras.

8 comentarios:

  1. Bueno, querido Elwin, ya quedé atrapada en esta historia, espero conseguir el libro.Besos
    Vale

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    1. ¡Amiga, tengo estos libros (salvo el último) al menos hace unos 10 años atrás y recién los estoy leyendo! Mea culpa por no habértelos prestado. Vente por una buena temporada para acá y así te los paso, je.

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  2. Una más a la larga lista de buenas recomendaciones que haces, gracias Elwin, la historia parece interesante de leer, lo que falta es tiempo jeje.

    Gran entrada, saludos.

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    1. Me alegra te entusiasme este post y el anterior, que como buen lector que eres y de ciencia ficción, más encima, te aseguro que disfrutarás mucho estas novelas.

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  3. Muy buen artículo. Saludos.

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    1. Me alegra que te haya gustado, Gesol. ¿Qué me cuentas de ti?

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  4. Saludos Elwin, aquí murinus2009.

    Buena continuación de la Obra de Orson scott Card.
    Al ser una obra monumental parece que seguirán apareciendo muchos personajes interesantes como el general Moozh.

    Sigo sin ver esta Obra en las librerías que visito, quizá este en las mas grandes.

    Queda en los pendientes.

    Gracias por las Reseñas Elwin, hasta pronto.

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    1. Creo que, lamentablente, esta saga está discontinuada en español, que más encima no es muy famosa. Por eso también procuro difundirla para que sea conocida por la mayor cantidad de gente. Se viene el post de la tercera novela, que me la terminé de leer hace unas pocas horas atrás.

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