jueves, 1 de octubre de 2020

Antes de Watchmen, décima parte (y final): La Maldición del Corsario Carmesí.


John Higgins, el coautor.
 
    Cuando en 2012 apareció por fin el largamente esperado proyecto de volver al universo ficcional de Watchmen (1986-1987, la magna obra del cómic ochentero “para adultos”, escrita por Alan Moore y dibujada por Dave Gibbons, en plan homenaje y visión descarnizada del subgénero de superhéroes), gracias a la serie de precuelas titulada como Antes de Watchmen, solo dos nombres del clásico precursor de todas esas historias, en tono más serio sobre justicieros enmascarados y con trajes ajustados, se repitieron en tales nuevas aventuras.  Uno de ellos corresponde al del no hace mucho tristemente desaparecido Len Wein, quien ejerció como editor en la mentada novela gráfica y el otro corresponde a John Higgins, encargado de colorear (y vaya que lo hizo magnífico) los de ya por sí hermosos dibujos de Gibbons; fue así que el primero, hace rato ya un destacado guionista, escribió más de una miniserie dentro de Antes de Watchmen (específicamente Ozymandias – mi favorita de esta colección- y Dollar Bill), mientras que el otro y unido al propio Wein, se encargó de realizar todo un homenaje para la obra que inspiró estos trabajos más recientes: el dibujo y la coescritura del guión de La Maldición del Corsario Carmesí.
     Debe saberse que dentro de las páginas de Watchmen, aparecen las viñetas de un cómic leído por un niño común y corriente, un civil que aparece de vez en cuando y quien se deleita con el argumento de Relatos del Navio Negro; se trata de una oscura y violenta historia de piratas, que aparece fragmentada en cada uno de los 12 números que comprenden el título principal.  Cabe mencionar que corresponde  a un texto sobre la caída progresiva en la condenación de su protagonista, la cual sirve como reflejo (en parte) de la misma trama sobre los justicieros de Watchmen.
       Teniendo en cuenta lo mencionado arriba, no podía haber un Antes de Watchmen sin su propio cómic “satélite” sobre piratas y he ahí donde nos encontramos con La Maldición del Corsario Carmesí.  Pero antes de referirme sobre de qué va esta “historieta dentro de la historieta” (a manera de la más rancia tradición de la literatura, en lo que se llama relato enmarcado), ya es hora de referirse a quién es John Higgins ¿No?
    Nacido en Reino Unido en 1949, su carrera profesional ha estado ligada a una importante revista de su patria dedicada al noveno arte: 2000 AD, publicación de cómics de ciencia ficción de la cual han surgido títulos y personajes hoy tan populares como el mismísimo Juez Dredd.  Considerando que Moore también es de origen británico, era obvio que en su juventud se conocerían y trabajarían juntos, de modo que cuando DC “importó” varios nombres importantes del medio en los ochenta, ambos volvieron a firmar en sociedad para la compañía gringa y en otra importante obra: Batman: La Broma Asesina (1988), esta vez poniéndole color al trazo de Brian Bolland (otro inglés).  El resto de su trabajo tanto para su tierra natal como para el mercado estadounidense, lo ha llevado a trabajar por igual en el cine en filmes de imagen real y de animación, así como portadista de libros. 
    Destacable viene a ser su incursión en el llorado sello Vertigo de DC, donde encontramos la prueba viviente de su labor recomendable, en títulos tan emblemáticos como nada menos que Hellblazer y Mundo sin Fin, este último junto a su también compatriota Jamie Delano.

 
La Historia.
 
     Publicada originalmente a razón de dos páginas entre 28 números de los 37 que comprenden Antes de Watchmen (lo que nos da un total de 58 páginas, una suma respetable y que bien podría considerarse como un one-shot, historia autoconclusiva de un solo número), se trata de una obra dividida en 3 partes: El Diablo de las Profundidades, ¡El Mal que hacen los Hombres…! y Anchas eran las Alas del Dragón.  La trama fue realizada por el maestro Len Wein en el primer arco (los 10 primeros números) y en la primera entrega del segundo, encargándose luego Higgins, quien en general llevó muy bien la tarea solo, realizando además un dibujo magnifico en el cual combina muy bien el realismo salvaje que esperaríamos de este tipo de narraciones (barcos, selvas y guerreros con sus respectivas indumentarias), con un imaginario propio de las fabulaciones terroríficas, sangrientas y violentas que le hacen el peso a algunas de las mejores viñetas de las historias centrales de la colección.  Plausible viene a ser el aspecto cromático dado a las imágenes, donde en la primera parte destacan los colores oscuros, nocturnos y fríos, propios de la muerte más fantasmal en alta mar, para pasar luego a un espectro más vivo y que, pese a su propia luz, representa otro tipo de peligros mortales.
    La trama trata acerca de un marino que tiene un cargo más o menos importante en un barco, quien solo por intentar ser un hombre justo en medio de un ambiente donde el honor no tiene mucha validez, cae en la desgracia más profunda cada vez, al llegar a otro embarque, aunque este de connotaciones sobrenaturales y malditos (me voy a reservar el verdadero nombre de este último para que lo descubran por su cuenta…en el caso de que sepan sobre historias del mar).  En otras palabras, logra escapar de la sartén para caer al fuego, arrancar de Escila para caer en las fauces de Caribdis. Sin embargo, le ofrecen recuperar su libertad a cambio de encontrar 3 objetos imposibles y de ese modo el resto de la trama tratará sobre su viaje para conseguir dicho objetivo.  El espanto sobre lo peor de la humanidad, conociendo a gente indeseable en el mayor de los casos y todo tipo de atrocidades entre “naturales” y sobrenaturales, nos dejará con un sabor amargo que no deja de ir de la mano con algunas de los argumentos dedicados a los mismísimos Vigilantes.
     Por mi parte, el único “pero” que le pongo a esta pieza que luego fue editada de manera compilatoria en los integrales de Antes de Watchmen, es sobre su precipitado final, que pareciera haber sido realizado por la presión de cerrar de una vez este agregado.  Por cierto, aplausos para el lenguaje más “florido” o arcaico usado en esta obra, el cual nos ayuda a sumergirnos en otra época, lo cual de seguro en su idioma original se puede disfrutar aún más, por no mencionar los diálogos en una lengua mesoamericana que aparecen en el último arco de La Maldición del Corsario Carmesí.


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