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domingo, 11 de febrero de 2018

La belleza de lo distinto.





I. Iniciando una apreciación personal. 

    Parece indiscutible que la última película de Guillermo del Toro, La Forma del Agua, viene a ser su mayor éxito.  Para algunos, de seguro, se trata de su mejor película (lo que bien puede ser discutible, considerando más bien los gustos del espectador), aunque igual puede resultar más objetivo decir de que estamos frente a la que sería su obra más personal ¿Por qué última afirmación? Pues es debido a que en ella se encuentran de forma armoniosa varios elementos caros a su cine y, por ello mismo, a sus obsesiones e intereses, llegando con ello a la mezcla perfecta de la creación de un filme tanto entretenido, como emotivo y más encima lleno de valiosas reflexiones acerca de nuestra propia humanidad.
      Antes de dar paso a cada uno de estos valiosos aspectos de la citada cinta y que tienen que ver justamente con lo expuesto arriba, es necesario saber de qué va (haciendo lo posible por no caer en el “desgraciado” spoiler).
     Ambientada a principios de la convulsiva década de los sesenta, trata de una mujer muda que trabaja limpiando en una institución dedicada a sofisticados experimentos.  Este sitio al parecer pertenece al gobierno y hasta allí llega un sujeto que trae consigo una criatura acuática humanoide que capturó y a la que solo él se encarga de investigar para sacar provecho de lo que pueda aprender sobre su extraña naturaleza.  Es así que la protagonista entabla una relación con el “monstruo”, basada primero en la simpatía y empatía entre dos individuos marcados por sus propias “rarezas”, hasta volverse algo más estrecho y uniendo sus destinos y el de unos cuantos más que los rodean.

II. El habitual realizador que ya conocemos.

     Tras este breve repaso al argumento de la película que hoy nos reúne, podemos ir detallando los temas caros a su realizador:

1- En un primer nivel podemos hallar su amor hacia las historias de monstruos y todo tipo de seres fantásticos, aterradores y extraordinarios que a lo largo de toda su filmografía Guillermo del Toro ha buscado homenajear y realizar su propia contribución en lo que concierne a sus interpretaciones de estos.  Más encima, acá la criatura en cuestión se encuentra claramente inspirada en el recordado Monstruo de la Laguna Negra, nombre también dado a la cinta que lo presentó por primera vez y que luego dio origen a una trilogía teniéndolo dentro de los personajes principales.  En todo caso, tal como en el filme que le dio a conocer, la criatura que vemos en esta obra más actual no es el verdadero monstruo de la trama, si no que acá queda claro que el peligro viene de la intolerancia y la violencia nacidos del corazón humano.  De este modo, queda consignado una vez más el amor del director-guionista hacia estas entidades, que en más de una ocasión este mismo los ha expuestos ante las cámaras como seres capaces de albergar amor y bondad.

2- No puede quedar en olvido el papel que le da el cineasta al mismo séptimo arte, como una faceta relevante en la vida de los seres humanos, pues como fruto de la creatividad humana que además cumple con la necesidad de sana diversión, actividad en la que lleva años comprometido.  Es así que tal como en los filmes de Hellboy que realizó años atrás, podemos apreciar fragmentos de varios antiguas películas que ven los personajes y que de alguna manera tienen relación con el argumento central.  Por lo tanto, además, parte de los acontecimientos transcurren nada menos que en una sala de cine.  Por otro lado, más de una escena viene a ser un evidente tributo a algunas partes de la ya mencionada cinta de terror.

3- Bien es sabido por los seguidores del cineasta mexicano,  que a este le gusta bastante el llamado gore, o sea, el uso de efectos especiales exagerados para mostrar sangre, tripas y cualquier otra cosa por el estilo.  Salvo en sus filmes de tipo más familiar, como Titanes del Pacífico, la hemoglobina y todo tipo de fluidos asquerosos abundan en su carrera, asimismo como las criaturas de aspecto monstruoso (y bastante la verdad).  Si bien en el caso de La Forma del Agua, el ser acuático que aquí sale en un principio puede parecer grotesco, y en especial en las tomas en las que no se ve de cuerpo completo (todo para resaltar el misterio sobre su identidad), con posterioridad en más de una ocasión se hace alusión a su belleza, como algo exótico y único.  No obstante es en los actos relacionados con la violencia, que más bien tienen que ver con la intervención de los humanos, que con la supuesta bestia salvaje, que del Toro se da el festín de derrochar un montón de líquido rojo para regocijo de sus fanáticos.  Estos momentos puede que llamen la atención a los espectadores, que han quedado encandilados con el aspecto más emotivo y sublime de la obra, sin embargo no se puede olvidar que estamos frente a un ejemplo del cine de terror o, para ser más exacto, a un sentido homenaje del director hacia las historias clásicas de  monstruos, razón por la cual en una película como esta no podía faltar dicho elemento.

4- Como muchos de sus colegas, a Guillermo le fascina repetirse en nuevos trabajos con actores con los cuales ya ha logrado sintonizar en producciones anteriores; es así que gracias a este lazo estrecho con sus colaboradores delante de las cámaras, ha conseguido tal armonía, que ello se ve reflejado en el trabajo terminado, consiguiendo interpretaciones memorables.  Ron Perlman y Federico Luppi ya han laburado con él en por lo menos 3 ocasiones diferentes, pero es con Doug Jones con quien sin dudas más títulos ha filmado.  El delgadísimo histrión ha hecho de varias criaturas increíbles a lo largo de su carrera con su amigo (en ocasiones de más de un personaje, como en El Laberinto del Fauno o Hellboy 2: El Ejército Dorado) y acá una vez más logran deslumbrarnos ambos con otro ente fantástico.  Aún cuando el hombre-pez que vemos en esta más actual cinta se parece bastante al heroico y simpatiquísimo Abe Sapien, en todo caso viene a ser un personaje por completo distinto.  La maestría conseguida por la colaboración de esta sociedad, se puede apreciar en el hecho de que toda la interpretación de Jones se hace sin hablar y aún con ese ajustado traje que lo cubre por completo, ser tan expresivo y conseguir la atención de la audiencia.

5- En ambas entregas sobre el demonio de buen corazón, Hellboy, queda claro el aprecio de este hacia los gatos, puesto que estos aparecen en abundancia en estas dos…No obstante considerando todo lo que ocurre en La Forma del Agua (que a diferencia de las cintas protagonizadas por el superhéroe místico, corresponde a una idea propia y no una adaptación), puede quedar de manifiesto que al propio Guillermo también le encantan los mininos.  De este modo hay varias escenas con los felinos, algunas graciosas y otra, muy especial, impactante y hasta aterradora.  Para muchos otros amantes de los gatos, de seguro que será un valor agregado encontrarse con varios de ellos en esta hermosa cinta.  

Reproduzco esta imagen y estas palabras, que gracias a mi querido amigo Miguel Acevedo y a su blog
Le Dicen Poesía tuve la suerte de conocer.  Más encima, con él vi esta hermosa película.

III. Otros aspectos a valorar.


a) Ese “complicado” aspecto de nuestra humanidad.

    El tema del sexo (ojo, que no me refiero a la exposición gratuita de hermosos cuerpos, sin mayor peso para la trama de una historia), no es algo habitual en el cine de Guillermo del Toro y salvo El Espinazo del Diablo (que más encima solo muestra un desnudo masculino, aunque más que sugerente), no hayamos mayores ejemplo de ello en su filmografía.  No obstante la sexualidad es importante dentro de esta obra, para definir a varios de sus personajes, con lo cual queda clara su personalidad y el tipo de relaciones que llegan a entablar con los demás.  
    Todo parte con la protagonista, una mujer madura que en una primera instancia puede parecer poco atractiva y quien, sin embargo, al exponernos su desnudez en más de una ocasión y desde el principio, se muestra como una persona hermosa y con un encanto que  bien damas más jóvenes quisiesen tener. Es así que tal como queda demostrado en la figura de la silenciosa Elisa (tal como en la criatura), queda demostrado que siguiendo las palabras de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, “lo esencial es invisible a los ojos”, de modo que solo los más afortunados, logramos ver lo que cubre con sus ropas la dulce Elisa.
    Volviendo a la pareja formada por la mujer y el monstruo, es posible reconocer sin vacilaciones el tópico del romance entre dos seres, que en un principio pueden ser muy distintos y que sin embargo logran una tremenda compenetración, puesto que hay más puntos en común que diferencias.  Es así que al haber amor incondicional, también se haya la atracción y aunque pueda parecer chocante o morboso, el sexo entre ambos no puede faltar; no obstante esto último viene a ser la consecuencia del amor que llega a nacer entre los personajes, que no se trata de mero placer, sino de la consumación de un sentimiento más noble entre ambos (bueno, tampoco se puede negar que a veces resulta gracioso todo esto, que la misma película hay una entretenida “charla” al respecto, entre Elisa y su amiga Zelda).
     Luego está el personaje del mejor amigo de la protagonista, Giles, un artista de la ilustración que para ganar algo de dinero trabaja en publicidad, relegando lo mejor de su talento por necesidad.  El hombre es casi un anciano, en un mundo y una época en la que su homosexualidad no le permite ser alguien pleno, como bien correspondiera.  Tiene, sin dudas, un corazón noble, como los otros 3 personajes con los que Elisa llega a sintonizar.  Significativo, viene a ser cuando se pone en el tapete la atracción que siente hacia un guapo sujeto, mucho más joven que él, lo que da pie a uno de los momentos más desgarradores de este filme.  A través de Giles podemos encontrar con la soledad, al no existir justamente una posibilidad inmediata de dar rienda suelta a esta faceta importante, como no, de nuestras vidas.
     Por último, tenemos al villano de la historia, el coronel Richard, un tipo para quien el sexo se trata de algo para gozo de solo una persona: él mismo.  Hay una sola escena de cama con este hombre, la que por un lado viene a ser hilarante (pese a que Michael Shannon, quien lo interpreta con su acostumbrado gran talento, no vacila en mostrar su propio culo, aunque carece en su exposición de una naturaleza erótica a propósito), la cual tal como se desarrolla y teniendo en cuenta su preámbulo, expone de otra manera su personalidad errática: alguien incapaz de ver a los demás como sus iguales, de modo que no hace el amor, sino que el placer físico solo le resulta una especie de desahogo y un sometimiento a quien tiene por debajo de él.  Así que con él no hay caricias, besos, ni atenciones que no sean solo penetración.

El tributo a la cinta de El Monstruo de la Laguna Negra está más que claro.

b) La crítica social.

      Tal como lo expuse desde el principio de este texto, la película en cuestión transcurre en un periodo de la historia gringa muy particular: los años sesentas en sus inicios: una época en la que la Guerra Fría, entre dos grandes potencias opuestas y enemigas compiten entre sí, por la supremacía mundial de sus ideales; Rusia con su comunismo y Estados Unidos con su capitalismo imperialista.  Ambos bandos quieren ser los primeros en todo y no hace mucho ha comenzado la carrera espacial, que hasta el momento la están ganando los soviéticos.  Es donde toma un papel fundamental dentro de esta obra, nada menos que un espía rojo, quien como científico trabaja en el mismo laboratorio en el que encontramos a Elisa y a su compañera y al que llegan a revolucionar la criatura y su atormentador.  Tanto el militar gringo como el espía, Robert, deben cumplir con patriotismo con las órdenes de sus superiores, sin embargo vemos que en el caso del ruso, sí hay capacidad para la nobleza y ello lo convierte en otro más de los personajes carismáticos de este filme.  Pues Hoffstetler (su apellido en realidad es otro, que este forma parte de su fachada), es capaz de ver por sobre los dogmas y prejuicios de su gente, algo que en alguien supuestamente “políticamente correcto” para el gobierno yanqui como Richard, no hay.  Detrás de los secretos de ambos hay un hombre compasivo y en el otro, que se jacta de ser alguien religioso y devoto hombre de familia, se encuentra el verdadero monstruo.
     Cuando suceden los acontecimientos ficticios de La Forma del Agua, la comunidad afroamericana de USA hace rato que ha dejado de ser esclava, no obstante sus integrantes son mirados en menos y considerados como ciudadanos de segunda clase.  Fue en aquellos años, cuando comenzó a luchar por el respeto a sus derechos como etnia y miembros del país.  Todo esto es posible reconocerlo en el guión a través de la figura de la amistosa Zelda, una mujer alegre pese a todo, aunque también lo podemos encontrar en otra escena y en la cual queda presente el espantoso racismo blanco, cuando se denigraba a la gente de color sin ninguna vergüenza.  No olvidemos que Zelda, como muchos de su pueblo, trabaja de empleada en un oficio, imposibilitada de acceder a un alto cargo o educación universitaria como la mayoría de la gente negra.  Asimismo, queda consignado que al tener de villano a un sujeto como el coronel Richard, blanco, cristiano y un largo etcétera, en más de una ocasión vamos a hallar acá, comentarios propios de un tipo racista y mirador en menos.

c) Los héroes de la historia.

     Y por fin llegamos al aspecto de este recomendable filme, que me llevó a ponerle el título que encabeza a este post: La belleza de lo distinto.  Pues en un mundo en el cual solo aquello que no escapa de la norma y de que está considerado como correcto por la mayoría, tal como el representado por la última película de Guillermo del Toro, los protagonistas con los cuales llegamos a identificarnos, son justamente aquellos que salen de esta “normalidad” de su medio.  Empero no están idealizados,  pues cada en su singularidad, son presentados como personajes que no son perfectos: vacilan en más de una ocasión sobre cómo comportarse, tienen miedos e inseguridades y, no obstante, son capaces de superar sus propias taras para dejar de pensar en sí mismos y entregarse a otros cuando los necesitan.  
    El abanico de estos sujetos está compuesto por una muda, un supuesto monstruo de origen acuático, un homosexual, una “negra” (para recalcar su significancia dentro de la trama, a propósito uso el término que puede ser despectivo y que, por supuesto, no ocupo en mi propio lenguaje) y un comunista (más encima ruso y espía).  Los caminos de todos ellos se cruzan y dentro de la singularidad de cada uno que debería separarlos, demuestran ser capaces de trabajar todos juntos con gran éxito.
     Puede parecer ya a estas alturas algo de Perogrullo, pero bajo la figura de todos los anteriores nos damos cuenta de que la diversidad es algo que hay en la sociedad, que no solo debemos aceptar, sino que es hermosa, si vemos más allá de la simple apariencia.  Podemos aprender del resto, tal como sucede en la cinta con Robert y Giles, también con Zelda, quienes logran pasar de su simple aprensión con la criatura, para terminar simpatizando con ella y descubrir el elemento divino que hay en alguien (o algo) distinto a uno.
     Cabe mencionar un interesante detalle que se nos podría escapar: la protagonista y su amiga son mujeres sin educación, quienes trabajan como simples empleadas haciendo el aseo, “limpiando la mierda” como les dice en algún momento el detestable Richard y sin embargo son las testigos de grandes eventos, que a ojos del resto de la población están ocultos.  Más encima es una de ellas quien consigue algo que nadie de los más capacitados científicos y militares logra, que es comunicarse con alguien “por completo extraño” y más encima formar un lazo irrompible con este.  De este modo, nos debe quedar claro que no hay que mirar en menos, pues cualquiera nos puede dar una grata sorpresa, sobre todo lo que nos puede llegar a entregar de maravilloso.


                                                                  Tráiler subtitulado.

jueves, 9 de febrero de 2017

Mis películas favoritas sobre fantasmas (segunda parte): El Espinazo del Diablo.


2.1. El Cine de Guillermo del Toro.

     Decir que el séptimo arte mexicano es junto al argentino el más prominente de toda Latinoamérica, en lo que al idioma español se refiere, claro, y en respeto al de origen brasileño, no es algo gratuito.  Por años los aztecas han realizado montones de filmes desde la popularización de esta expresión artística, siendo la respuesta en nuestro idioma a los éxitos hollywoodenses en una época en la que no existían los subtítulos electrónicos y/o el doblaje, y llenando así las salas con el público del continente, que podía disfrutar de tales títulos por estar en su lengua materna.  Por supuesto que sus obras son como en todo el mundo de variado estilo, primando en su primera época la entretención a través de los romances de “charros” y solo tiempo después comenzaron a surgir cineastas preocupados por hacer algo que fuera más allá de la entretención o por mantener una estética más personal que la acostumbrada entre sus pares.  De este modo, a menos que me equivoque, a partir de la segunda mitad del siglo pasado con directores como Arturo Ripstein (El Lugar sin Límites y Profundo Carmesí) y Luis Buñuel con su etapa en México (Viridiana y Simón del Desierto), apareció una serie de producciones de enorme calidad artística.  Ante la evolución de la filmografía en la tierra de Moctezuma, no podían faltar el interés por el “cine de género”, esto es películas de terror, ciencia ficción y fantasía, entre los que encontramos a numerosos cultores suyos, siendo Guillermo del Toro sin dudas su ejemplo más destacado y galardonado (y sin querer obviar las numerosas películas de Clase B o incluso de Clase Z, protagonizadas por personajes como El Santo y otros que tantas glorias le dieron a su gente allende en el tiempo).
Guillermo del Toro...¡Todo un maestro!.
      Con 52 años de edad, viene a formar parte de los también notables Alfonso Cuarón (Y tu mamá también e Hijos del Hombre) y Alejandro González Iñárritu (Amores Perros y Babel), el triunvirato actual de entre los directores mexicanos más valorados a nivel internacional, quienes comenzaron a hacer cine para su país y luego consiguieron la atención de los gringos, para lo que han sido llamados a filmar en sus territorios.  No obstante estos tres, quienes además ofician de guionistas, no han dejado sus raíces y es así que muy bien podemos seguir encontrando esa vena latinoamericana, que bien los encumbra por sobre sus colegas venidos de otras culturas.   
     Su casi decena de cintas, desde su debut en 1993 con la más que recomendable Cronos, una muy especial variación del tema del vampirismo y que implica nada menos que a alquimistas entre medio, posee unas cuantas características .  Pues bien podemos reconocer varios elementos recurrentes en sus trabajos, que no dejan de ser “cine de autor”, pese a que hoy en día realiza producciones multimillonarias y con actores de renombre, amparado por Hollywood.  Se trata de largometrajes comerciales, pero que no dejan de expresar su amor por las fantásticas historias que desde niño le fascinaban, llenas de personajes heroicos y monstruos fabulosos; por lo tanto su filmografía es sin dudas su mayor homenaje a tales clásicos, sentimiento que comparte con los millones de seguidores que posee a lo largo del mundo y que esperamos con ansias cada uno de sus nuevos proyectos.
     Los niños frente a la crudeza del mundo real y la presencia de lo extraordinario es uno de sus temas recurrentes, algo que podemos encontrar desde su ya mencionada ópera prima, como en su primer filme para un gran estudio extranjero, Mimic (1997) y su díptico histórico español ambientado en la Guerra Civil de la Madre Patria con El Espinazo del Diablo (2001)  y El Laberinto del Fauno (2006).
     De igual manera nada menos que los superhéroes de cómics, también tienen cabida en el corazón de este realizador, quien quizás llegó a firmar quizás la mejor de las tres entregas del cazavampiros mestizo humano-chupasangre de Marvel, con Blade II (2002).  No obstante se superó a sí mismo en lo que respecta a adaptaciones de este tipo de historietas, con sus dos películas sobre el demonio de buen corazón y defensor de la humanidad ante las fuerzas del mal sobrenaturales, Hellboy.  Estas dos obras datan de 2004 y 2008 respectivamente y se puede afirmar sin vacilaciones que la segunda, Hellboy y el Ejército Dorado, se encuentra entre sus mejores labores.
     Muy en la línea de las criaturas gargantuescas que tanto son de su devoción, aunque a ello agregado su pasión por las producciones japonesas del estilo kaiju (entre las que encontramos los numerosos títulos de Godzilla, Gamera, Ultraman y muchos otros personajes de este estilo), viene a ser la increíble Pacific Rim (2013).  Es así que con ella dio en el gusto a un montón de fanáticos de este tipo de historias, al hacer por completo verosímil las peleas entre robots y monstruos descomunales, en ambientes urbanos y naturales (siendo que sus antecedentes nipones más bien trabajan con cartón piedra y disfraces de goma…Y pese a todo geniales, je).
      Su última producción a la fecha viene a ser La Cumbre Escarlata (2015), otro título de carácter histórico y de fantasmas, emparentado bastante con El Espinazo del Diablo, aunque en este caso la trama transcurre entre Estados Unidos e Inglaterra.  No obstante esta vez optó por seguir los arquetipos de las historias góticas con crímenes pasionales, grandes casas “embrujadas” y nobles de rancia alcurnia sometidos al misterio que los rodea.
     A la hora de referirse a otros elementos habituales en sus trabajos como director y guionista a la vez (que además oficia como productor y escritor), debe destacarse el buen humor de muchas de sus películas y el elemento gore, que hace de las delicias de sus seguidores. Por otro lado, la cuidada ambientación de sus trabajos, con una enorme preocupación por contar con la mejor dirección de arte, maquillaje y efectos especiales a su disposición, convierten su cine en todo un deleite para los sentidos; a ello debo sumarse el estupendo trabajo que consigue de sus actores, quienes muchas veces se repiten en sus títulos debido a la amistad y confianza que nace entre ellos, de modo que bien podemos verlos en los papeles más distintos entre un filme y otro.

2.2.  El Espinazo del Diablo.

     La tercera cinta de Guillermo del Toro viene a ser sin dudas junto a su “compañera” El Laberinto del Fauno, una de sus dos obras más intimistas y bellas, pues se trata de una historia cargada de emotividad e imágenes que pese a su grado de terror y de violencia, no pueden ser más bellas.
     El comienzo de esta película, bastante dramático y realizado con una delicadeza que nos dice que estemos atentos al gran misterio que debe resolverse, se completa con la profunda voz en off del personaje de Federico Luppi (uno de los histriones fetiches del realizador) y quien en este portentoso inicio (como al final de todo), nos regala un inolvidable monólogo:

     “¿Qué es un fantasma? Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez. Un instante de dolor quizás. Algo muerto que parece por momentos vivo aún. Un sentimiento suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa, como un insecto atrapado en ámbar”.

      Dejo para el futuro espectador de este largometraje que aún no la ha visto, la última parte de la cita, de modo de no quitarle la sorpresa del verdadero sentido de estas palabas.
      Su argumento transcurre en plena Guerra Civil Española (finales de la década de los treinta del siglo XX), de modo que este terrible transfondo en el cual la Madre Patria yace enferma, mientras sus hijos se desangran unos a otros motivados por la intolerancia política, sirve para contarnos una historia de terror y en la que el fantasma que aquí aparece no es la verdadera fuente del peligro, al que están expuestos sus personajes…Pues tal como dice el dicho:

No hay que temerle a los muertos, sino a los vivos.

      Es así que los malos de la historia vienen a ser los hombres inescrupulosos que aquí aparecen, quienes en el ejercicio de su poder sobre otros (los indefensos e inocentes, ancianos, mujeres y niños) se convierten en los antagonistas de esta cinta.
      En un lugar de la Mancha (como en el famoso libro de Cervantes) se haya un orfanato, que de seguro otrora conoció mejores momentos, pero que ahora apenas se mantiene con su gran cantidad de chicos varones, gracias a cuatro abnegados adultos que hacen lo posible por mantenerlos con todo el amor y la dignidad que les pueden dar.  Muchos de estos pequeños son hijos del odio que ha nacido en estas tierras y es así que uno de los protagonistas viene a ser otro de estos muchachos, quien recientemente ha sido traído por unos guerrilleros que no pueden cuidar de él, mientras luchan por lo que ellos consideran justo.  El chiquillo apenas llega tiene problemas con uno de sus condiscípulos, el típico abusador que aparece en estos grupos, sin embargo debido a la nobleza de su corazón y al recrudecimiento de las circunstancias (que los hace unirse como comunidad para defenderse del verdadero mal que asola el lugar) se gana su amistad, al igual que la del resto de sus compañeros.  Los niños ven a un fantasma, El que Susurra le llaman, y en especial el nuevo inquilino se lo encuentra más de una vez.  En cambio los adultos creen que todo se trata de puras fantasías infantiles.
     
     Encontramos dos mundos aparte en esta película, pero unidos, pues ambos forman parte de aquello que llamamos Humanidad.  Entre los adultos hay personas que no dejan de hacerse queridas por el espectador y que debido justamente a su espíritu bondadoso, tienen el cariño de los infantes que cuidan.  Dentro de estos se encuentran dos ancianos, mujer y hombre, quienes por años se han amado; sin embargo como en los clásicos romances imposibles, nunca se han permitido dar rienda suelta a lo que hay entre ellos, dejándolo todo en una amistad que les impide ser felices en verdad.  La dama es una señora que usa una pierna ortopédica, quien regenta el orfanato, heredado de su difunto marido.  El varón es un médico argentino con alma de poeta.  Con ellos dos trabajan la típica señora de apariencia maternal, quien en realidad no tiene mayores diálogos en la cinta y una muchachita en los primeros años de sus veinte (o en las cercanías), hermosa y dulce.  A este grupo de mayores de edad se agrega uno de los antiguos huérfanos del lugar, quien ahora adulto ha vuelto al hogar que toda su vida ha odiado y que no obstante  lo protege de las inclemencias políticas del país.
      Entre los personajes adultos, en lo que concierne a los más importantes (los dos ancianos y el alojado reincidente del orfanato), encontramos a personas que pasan sus días bajo el yugo de sus propios demonios internos, o más bien de los mismos fantasmas de sus deseos insatisfechos.  Son individuos que no poseen una plenitud, pese a las enormes virtudes de los dos primeros, que el otro en cambio es alguien nefasto y el verdadero demonio que se haya bajo las paredes del orfanato.  Es así que pese a que por su edad ejercen el control de sus vidas (a diferencia de los niños dependientes de sus mayores), no pueden jactarse de ser personas dichosas.
       Luego nos encontramos con el mundo de los más pequeños, los más heroicos entre los protagonistas de esta obra, pese a que nadie puede negar el mismo carácter admirable de la  mayoría de los mencionados más arriba.  Son niños que pese a las duras pruebas que les toca pasar, no han perdido su inocencia (incluso el mismo matón del grupo, no deja de poseer su propio grado de sensibilidad) y quienes representan sin dudas los valores de la amistad y eso que está tan de boga en día, conocido como resiliencia (la capacidad de salir adelante pese al medio hostil en el que se vive).  Además son ellos los únicos capaces de percibir lo que vendría a ser el tercer mundo involucrado en esta trama: el de lo sobrenatural.  Pues a diferencia de los adultos, no han perdido el sentido de la maravilla y la esperanza.
       Por otro lado, retomando este tercer nivel que aparece en El Espinazo del Diablo, lo sobrenatural en cuanto a la presencia de fantasmas, tiene acá relación con la idea tan atrincada en la tradición, de que estos espíritus se quedan en la Tierra debido a un asunto pendiente y que no hayan la paz hasta que tal dilema se resuelva.  A todo esto se le agrega para hacer más atractivo el guión, un crimen que no se ha resuelto y que por supuesto tiene relación con el fantasma que ven los niños.  Y todo se pone aún mejor si añadimos la noción de la justicia, no como venganza, sino como algo que va más allá del concepto del castigo propio de la sociedad moderna, con sus leyes establecidas: pues desde un punto de vista metafísico, existe una justicia superior de la que no se puede escapar con subterfugios legales y esta es la que encontramos hacia el impactante clímax de la película.
       No encontramos con varios momentos memorables, muchos de ellos realizados con verdadera belleza por parte de su director y en los que el compromiso de los actores es primordial, incluyendo a los niños que en más de una ocasión nos llegan a conmover (con risas y lágrimas).  Hay sustos varios y hasta su grado de erotismo.  En suma, se trata de un filme que no deja indiferente a nadie, que además al ser una coproducción española-mexicana, sigue también una larga tradición del cine fantástico castizo, en lo que durante estos últimos años hemos llegado a tener muy buenos otros ejemplos (El Orfanato, La Habitación del Niño y La Secta de los Sin Nombre, por solo mencionar algunos). 


Y no podía faltar el trailer para entusiasmarlos a ver este gran filme. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

¡Adiós, Juanito!


         A principios de enero estuve una semana en la playa y uno de los gustos que me di fue verme (o repetirme) una película por noche.  Una  de ellas fue Frankenstein Desencadenado, basada en la novela del mismo nombre de Brian Aldiss, la cual solo había contemplado al menos veinte años atrás en una función nocturna de Mega, de seguro cortada.  Pues ahora que hace rato me había leído la novela y soy menos ignorante en cuanto a cine, me la repetí de una vez, más por saber que corresponde a la última cinta del anteriormente prolífico Roger Corman (toda una leyenda viviente) y por la talla de sus actores: el fenecido hace rato Raúl Juliá y la preciosa Bridget Fonda, además de uno de mis actores preferidos, John Hurt.  Disfrutar ahora más que nunca con esta verdadera obra de arte, para la cual no ha pasado el tiempo (es de 1990), me hizo lamentar la demasiado pronta partida de Juliá y por otro lado, gozar una vez más de las interpretaciones de Hurt…
         …Y tan solo hace dos días mi amigo Miguel Acevedo me contó que la semana pasada, el día 25 de enero, el mismo John Hurt nos dejó a la edad de 77 años.   Debo decir que tal como a principios del año pasado perdimos a los talentosos David Bowie y Alan Rickman, luego a mediados a un demasiado joven Anton Yelchin y por último en plenas Navidades a Carrie Fisher, en el primer mes de este 2017 se ha ido esta otra estrella, que debo decir que incluso me duele más su deceso que los de Leonard Nimoy y Christopher Lee… ¿Por qué rezón? Pues  debido a que desde niño me he visto tanto de su enorme trayectoria, muchas de ellas algunas de mis cintas favoritas, que más me cuesta asimilar esta noticia.  Pues cuando se muere alguien así, de inmediato uno comienza a recordar no solo esos títulos en que lo vio brillar, sino que también se nos viene a la mente tantos momentos maravillosos frente a la pantalla, de ficciones que fueron haciéndose parte de la misma historia de nuestra vida.
        Creo que el primer recuerdo que tengo de este señor de la actuación fue con nada menos que Alien (1979), película que vi a mediados de los ochenta junto a mis padres en uno de esos Grandes Estrenos o Best Sellers, que daban los canales de televisión los domingos en la noche en aquella época, bastante atrasados ya y con hartos cortes…Pues debe saberse que este señor tuvo el “honor” de ser la primera persona en la historia del cine, en morir producto de una de esas mortales criaturas.  La escena en la que el histrión ayudado por el excelente equipo artístico y técnico, “da a luz” a uno de esos monstruitos, hoy en día es de antología y sigue provocando espanto.  Este filme me lo he visto una y otra vez, pues sinceramente me encanta, así como el resto de su saga.


La escena...¡De "Alien"!

        Mucho años después, en 1987, Mel Brooks lo convocó para hacer un pequeño, pero inolvidable papel en su genial parodia a la ciencia ficción Spaceballs.  Pues en esta obra que todo cinéfilo y fanático del género debe ver, Hurt en la práctica se repitió el mismo papel de Alien, aunque esta vez para hacernos reír. Pues aquí tenemos la versatilidad de este, quien en la práctica podía pasar de un registro emocional a otro sin problemas, causando en el espectador las reacciones que se proponía de la manera más natural.
        Era un niño cuando el Hombre Elefante me causaba gran temor y eso que no se trataba de un personaje para asustar, pero tan solo su aspecto (aún con ese saco que se ponía para cubrir su deformado rostro) me causaba miedo.  Traté en más de una ocasión de ver la película (1980) y cuando la emitían en la tele, no aguantaba ni a los créditos.  Mi hermana Mabel me estuvo convenciendo toda una semana para que la viéramos en la pieza que compartíamos juntos, con la menor, Jenny; me envalentonó y hasta me llevó a Fantasilandia (un famoso parque de atracciones de por acá, dicen que el más moderno de toda Latinoamérica) para conseguir mi apoyo.  Teníamos una tele en blanco y negro en nuestro cuarto (bueno, en todo caso la película fue filmada en ese formato a propósito por David Lynch, algo que supe tiempo después) y ya con la convicción de que la veríamos, acostados en sendas camas nos dispusimos a ello…Hasta que salió a rostro descubierto y me puse a gritar, llorando inconteniblemente.  Nuestros papás llegaron a la pieza, que estaba al lado de la suya, para ver qué pasaba y ordenaron a la pobre de Mabel apagar la tele, por culpa mía.  ¿Por qué razón menciono este largometraje? Pues debe saberse que haciendo del desafortunado, aunque sensible y dulce Joseph Merrick, estuvo nada menos que John Hurt, todo un camaleón.  Este personaje aún en la vida adulta, me persiguió como una sombra de mis temores infantiles e incluso me daba espanto verlo bailando junto a Michael Jackson en uno de sus videoclips.  Recién en la treintena de mi vida me atreví a ver la cinta y quedé maravillado, ante su drama, sus grandes interpretaciones (además trabaja sir Anthony Hopkins, otro de mis predilectos), su música y, como no, por lo hecho por “Juanito”.   Debo mencionar que tras saldar mi deuda con el Hombre Elefante, el llamado “llorómetro”, acuñado por mis amigos María José y su esposo Mauricio de La Quinta Anormal (¡Ya po`, actualiza la página más seguido!), para referirse a mi habitual llanto con muchas películas y series, subió harto aquella vez.


Una de las escenas más impactantes (y crueles) de "El Hombre Elefante".

       Era un adolescente y estaba en el colegio aún, por supuesto, cuando me leí por puro gusto 1984 de Orwell, célebre antiutopía que me impactó demasiado a esa edad tan impresionable (bueno, aún lo sigo siendo, je).  Pues ni tonto ni perezoso tras haber acabado mi lectura, de inmediato arrendé en VHS la película (estrenada el mismo año que titula la novela) y en la que John hace del sufrido protagonista, sometido a este espantoso régimen totalitario. Como pueden darse cuenta, le tocaron papeles duros a este caballero, aunque para ser sinceros, también ha hecho de grandes villanos y tal como en la mencionada comedia de Brooks, de igual manera le salían muy bien los papeles chistosos.
        Saltando en el tiempo, al año 2005, vi en el cine a John Hurt con un rol en las antípodas de su protagonista de 1984.  Pues si en la primera hacía de una de las tantas víctimas de una dictadura, que bien recuerda a las del mundo real, en V de Vendetta (sobre el genial cómic escrito por Alan Moore y dibujado por David Lloyd) tomó el cargo de encarnar al despreciable autócrata de dicha obra.  Como siempre… ¡Un placer su actuación!
        Sigamos con los cómics que tanto me gustan.  Me perdí en el cine la primera de las dos cintas de imagen real basadas en Hellboy (2004), el encantador demonio de corazón noble creado por Mike Mignola, otro de mis favoritos.  Fue al final de las vacaciones de verano en mi casa, poco antes de comenzar el nuevo año lectivo, que recién me vi la cinta y (¡No tenía idea!), John Hurt hacía nada menos que del padre adoptivo de nuestro superhéroe.  Pues repasando el material adicional del DVD (recordemos que acá en los recuerdos ya no estamos a principios de los noventa, como me pasó con 1984, así que la tecnología avanza) supe que su director Guillermo del Toro (otro que tiene mi corazón ganado) le llamaba con cariño “Juanito”, pues de seguro que  para este otro fanático de las películas del género, debía ser todo un honor trabajar junto a él.  No dudé en acudir al cine para Hellboy 2 (2008), que tal como fue con V de Vendetta, asistí junto a Miguelito.  En esta secuela al principio, en un precioso flashback, aparece Hurt con su muy especial niño en una noche de Navidad.  Tiempo después, tuve la suerte de comprarme en unas lindas ediciones, con cómics incluidos (en inglés eso sí), las dos animaciones de larga duración sobre Hellboy; sepan que ambas traen las voces de los actores de las cintas hollywoodenses, pero solo en la primera de ellas (Hellboy: Sangre y Acero) participó Hurt para mayor gusto (siempre cuando la veas en su idioma original, claro).



       Volvamos a los noventa y luego a estos últimos años, a través de este recorrido por los recuerdos de lo que significa Jon Hurt para muchos de nosotros.  Lo hago en este ocasión a través de una película que para mí es muy importante, no solo por todo el bello transfondo que encierra y al que le dediqué su propio post hace unos pocos años, sino que por lo que significa en mi propio crecimiento personal: Contacto (1997).  Esa cinta la vi en una función de medianoche, junto a alguien a quien quise mucho en su momento, alguien que ya no está conmigo y que me marcó como pocas personas.  No menciono su nombre, sin embargo quienes me conocen bien deben adivinar a quién me refiero y saben que tengo razones de pese para omitirlo de estas crónicas.  No obstante no puedo dejar de mencionar que apenas la vimos, la estuvimos comentando como locos, comparándonos con sus protagonistas, ya que nos sentíamos identificados con ellos.  El tema de la fe versus la razón, algo que nos atañía bastante a ambos y en nuestra relación.  Vez que la veo, que como muchos de los títulos nombrados acá lo he hecho más de una vez, no puedo dejar de remontarme a esas remembranzas…Y, bueno, Juanito acá realiza otro de sus papeles de gran solvencia, siendo parte del todo que viene a ser para mí este magnífico filme: un hombre de una inteligencia prodigiosa, un genio incomprendido, que en solo dos o tres apariciones en pantalla que aquí hace, se “roba la película”.
       También del 2005 viene a ser la cinta de terror sobrenatural La Llave del Mal (The Skeleton Key), otro de sus muchos trabajos que luego me di el gusto de comprar en blu-ray (seguimos avanzando en la tecnología).  Acá lo podemos ver como a un viejecito que vive atormentado por una pareja de brujos, junto a su también anciana esposa.  Esta vez en otro alarde del talento de los artistas como él, Hurt que apenas debía moverse y hablar en esta cinta, con su pura presencia y gestualidad logró transmitir a su público el pavor de las condiciones en las que se hallaba.
       Cuando me acuerdo de las entregas cinematográficas de Harry Potter, sobre las novelas de J.K. Rowling, no puedo dejar de pensar en mi comadrita Ledda, con quien tuve la dicha de ver las cuatro últimas partes, junto a mis dos ahijados, Sebita y Pía.  Y también está presente en medio de ello, John Hurt, quien estuvo de manera muy significativa en la película inicial y en las dos finales, que adaptaron el por entonces libro que terminaba la serie (o sea, abrió y cerró la saga para el cine, detalle no menor).  Pues en Harry Potter y la Piedra Filosofal (2001) y Harry Potter y las Reliquias de la Muerte partes 1 y 2 (2009) interpretó a Olivander, el sabio artesano de varitas mágicas, tan ligado a este querido héroe infantil y luego juvenil.  En estas tres ocasiones como otras veces, con solo pocos minutos en escena, este actor dejó al resto de sus colegas minimizados. 
       Fue con mi otro querido amigo Roberto Díaz, alias Sardaukar del blog Disputas Quodlibetales y su novia en aquel entonces, hoy esposa, la encantadora y preciosa Gato, que tuve la oportunidad de apreciar mi única película de Indiana Jones en pantalla grande: Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (2007).  Acá aparece en su lado más humorístico, como un ya chocho mentor del arqueólogo aventurero.  Desde la época de Spaceballs que no me hacía reír tanto este maestro. 
       Muchas, muchas películas hizo Juanito, de seguro la mayoría de ellas no las he visto.  En varios instantes de mi vida lo tuve frente a mí en títulos como Escándalo (1989), Rob Boy (1995), La Mandolina del Capitán Corelli (2001), Dogville (2003), El Perfume (2006) y Los Inmortales (2011)…No obstante poco o nada recuerdo de su colaboración en ellas, lo que es muy característico mío.  Pero no importa, pues eso significa que cuando las vuelva a ver, será como la primera vez, con gran placer.
       Debo decir a estas alturas que dos de sus roles que retengo en mi cabeza y en mi corazón con mayor agrado, han sido en producciones para la televisión.  El primero de ellos fue nada menos que como el errático emperador romano Calígula, en la elogiada miniserie de la BBC Yo Claudio (1977), sobre los libros de Robert Graves.  Por supuesto que era un John Hurt mucho más joven de lo que habían contemplado en mi existencia y recién tuve la oportunidad de apreciar tan magna labor suya a finales de la década pasada.  Es increíble como en sus comienzos profesionales, ya podía dar tanto de sí, siendo un verdadero placer contemplarlo en ello.


En "Yo, Claudio".

        Y aquí es cuando llegamos a su labor para nada menos que el legendario Doctor Who, justo cuando su show cumplió los cincuenta años emitiéndose (bueno, con más o menos dos décadas de paréntesis, aparte de la película de los noventa, claro).  Esto fue en 2013, por medio de dos de sus capítulos y con la película especial que se estrenó en cines de forma exclusiva por tiempo limitado (creo que un día).  Mis amigos María Elena e Ivan, un feliz matrimonio, tuvieron el gusto de verla en ese formato… ¡En cambio un pobre servidor se tuvo que conformar a disfrutarla en pantalla chica! Salvo las pelis de los sesenta con el también formidable Peter Cushing,  y unos episodios de no sé qué Doctor en blanco y negro, nada he visto de su “etapa clásica” (me encantaría tener la del “chascón marihuanero”, me refiero al de la bufanda).  En cambio sí me he visto su etapa moderna, si bien al Doctor actual lo tengo pendiente.  No obstante de los tres que he conocido de esta versión remozada, para mí lejos el mejor es el encarnado por David Tennant… ¡Hasta que me llevé la grata sorpresa de ver a este Doctor encarnado por Hurt! No podía ser más maravilloso este aniversario.
        Tengo pendiente largo tiempo ya Los Crímenes de Oxford (2007), dirigida por otro de mis ídolos, Alex de la Iglesia y donde más encima trabaja con Elijah Wood, que también me encanta.  Melancolía (2011) de Lars von Trier es otra con la que tengo una deuda, ya que de igual manera me fascina ese director.  Y por último, para no mencionar más, Snowpiercer (2013), una de ciencia ficción en la que comparte créditos con Chris Evans (¡Grande, Capitán América!), Tilda Swinton y Ed Harris… ¿Qué más se puede pedir? Así que ya es hora de que las vea.
         Cuando termino estas líneas, no puedo dejar de pensar en mi propia mortalidad y más todavía porque hace un año y medio atrás yo mismo estuve a punto de morir.  Aquella vez nunca perdí la fe y aunque sabía que lo mío era de cuidado (y la culpa fue mía por irresponsable, en todo caso), sabía que aún me quedaba tiempo por delante…Tenía razones de sobra para seguir acá.  Pues a Juanito, a quien quiero honrar con este texto, le declararon el cáncer al páncreas en 2015 y como bien ya sabemos no duró mucho luego de ello, algo más de un año después de esta triste noticia.  Tuvo una vida plena, fue alguien que dejó un legado imborrable para la posteridad.  Espero en lo posible, por mi parte, acercarme un poquito a las personas que como él admiro, en lo que me queda de vida; así que a vivir intensamente, como si hoy fuese el último día para uno.


 En la famosa escena paródica de "Spaceballs".
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