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domingo, 13 de marzo de 2016

Un monstruo marino para recordar (y disfrutar).


     La idea del mar como cuna de los monstruos gigantes más insospechados y aterradores, lleva eras en el inconsciente colectivo.  Es así como en la mitología griega abundan criaturas de este estilo, tales como Escila y Caribdis, unas de las tantas amenazas a las que le tocó enfrentarse al valiente Odiseo en su largo viaje camino a casa; tampoco podemos olvidarnos del Kraken, entre otros que de seguro se me quedan en el tintero.  Luego la tradición literaria al amparo de genios como William Hope Hodgson y H. P. Lovecraft, se aprovechó de los temores ancestrales, creando nuevos horrores acuáticos, cuál más espantoso y repugnante.  Era obvio que ante la fascinación por este tipo de criaturas, acerca de que algo raro y desconocido habitará en las profundidades de las aguas, el cine no dejaría de aprovecharse de ello, para realizar todos los filmes posibles que explotaran dicho filón de historias…
    Utilizando mi limitada memoria solo puedo traer a colación, a manera de antecedentes de la cinta sobre la cual hoy quiero referirme, clásicos de fines de los setenta como Tiburón (1975), sobre una novela de Peter Benchley y el primer éxito para la pantalla grande de Steven Spielberg (¡Cómo me tenía fascinado de pequeño con cada susto que me daba, la primara que la vi y eso que estaba bastante cortada en televisión!) y luego Piraña (1978), de igual modo la cinta que saltó a la fama a su director Joe Dante (cuánto quisiera que volviera a hacer sus formidables largometrajes del género y de humor); luego le seguirían Humanoides del Abismo (1980), uno de los tantos productos de clase B producidos por el legendario Roger Corman y que me encantaría volver a ver, como también tener (célebres entre los adictos a este tipo de cine bizarro, son sus escenas de violación monstruosa y del nacimiento de uno de sus adefesios); DeepStar Six con unos cangrejos gigantes dignos del mejor Hodgson y Leviathan, sobre un experimento genético que para variar se les fue de las manos a los científicos que lo idearon, ambas de 1989.  Mucho antes de los ejemplos mencionados, se estrenó una obra bellamente realizada en 1954 y que recibió el más que sugerente título de  El Monstruo de la Laguna Negra, de Jack Arnold, director que nos regaló otros clásicos filmes de terror y ciencia ficción tales como Llegó del Espacio Exterior (1953) y El Increíble Hombre Menguante (1957), los dos sobre textos de los afamados Ray Bradbury y Richard Matheson respectivamente; no obstante me había olvidado de mencionar este título, que luego dio origen a una trilogía, porque más bien su trama ocurre en “agua dulce” en vez de las vastas dimensiones de “agua salada” (no obstante sería un pecado no mencionarla en este listado de viejas y queridas películas de “mostros” acuáticos)…
     Es entonces cuando llegamos a los albores del siglo XXI gracias a Deep Rising (conocida en mi patria como Aguaviva), que en 1998 nos devolvió los esperpentos marinos en una superproducción, que como pocos casos contó con un reparto de lujo, como por igual de un equipo detrás de las cámaras ídem, además de una bestia que bien merece tenerse en cuenta a la hora de querer ver algo entretenido y bien hecho en general.  La verdad es que como ya ha sucedido otras veces, en su momento esta cinta no recibió buenas críticas… ¿Pero qué importa si logra cumplir con su propósito de entretener y ello lo logra con creces? Pues ella fue escrita y dirigida por Stephen Sommers, quien luego otorgaría a  Hollywood varios llamados blockbusters, tales como La Momia (1999), La Momia Regresa (2001), Van Helsing (2004) y G.I. Joe: The Rise of Cobra (2009); asimismo ya en esta fecha algo temprana a conseguir la celebridad, ya tenía una larga carrera a cuestas y el apoyo de los magnates del séptimo arte para realizar una película de monstruos de alto presupuesto, algo pocas veces conseguido para este considerado subgénero menor.  Pues el empeño en llevar a cabo tal empresa, haciendo uso de los sofisticados medios de la industria, se puede apreciar lejos en lo que concierne al escenario en el que transcurre el argumento: un lujoso e inmenso buque de pasajeros en plena alta mar (¿Se puede hablar de cinco estrellas, como si se tratara de un hotel de primera línea en estos casos?), que tras encontrarse con el ser que haría de las suyas en el metraje, se está hundiendo a medida que los pocos sobrevivientes tratan de escapar de esta prisión de hierro y alta tecnología (por no mencionar al espanto que anda detrás de ellos).   Es entonces que los encargados para hacernos creer que en realidad sus personajes se encuentran en tal lugar, se esmeraron por darle credibilidad a esta ficción, haciendo uso de los mejores efectos especiales con los que en aquellos tiempos contaron y aumentando la adrenalina a medida que las esperanzas de sobrevivencia de los personajes van decreciendo. 
     En el reparto estuvieron gente de la talla de Treat Williams, Famke Janssen, Kevin J. O'Connor, Anthony Heald, Djimon Hounsou y Wes Studi, todos ellos con extensas filmografías a cuestas (antes y después de filmar este trabajo), varias nominaciones a premios especializados y un claro interés por incursionar en este tipo de filmes.  El primero de ellos todo un galán de antaño, haciendo del “jovencito de la película” (como bien diría mi difunto padre), aguerrido y que bien merece quedarse con la bella dama a la que debe salvar (si bien se trata de un guión “moderno”, donde ahora la dama es una chica emancipada y que posee sus propios medios para salir adelante, aparte de no dudar en ir a la batalla si se trata de superar los entuertos que se le vienen encima).  En cuanto a la preciosa y talentosa Famke Janssen, pues la hemos visto en un montón de producciones que son un deleite para los “ñoños”, tales como las tres primeras cintas de los X-Men (2000, 2003 y 2006), The Wolverine (2013) y X-Men:Días del Pasado Futuro (2014) haciendo de nada menos que de Jane Grey, una de las mutantes más poderosas del universo Marvel; por otro lado,  ya había compartido escenario junto a su colega Kevin J. O`Connor en El Señor de las Ilusiones (1995), basada en un cuento de Clive Barker, quien se dio el gusto de dirigir él mismo la adaptación que hizo de su relato.  Anthony Heald fue el detestable profesor Chilton de El Silencio de los Inocentes (1991) y de Dragón Rojo (2002), sobre las novelas de Thomas Harris acerca del psicópata caníbal Hannibal Lecter.  En cuanto al afromericano Djimom Hounsou, inolvidables son sus papeles en Amistad (1997), Gladiador (2000) y Diamantes de Sangre (2006), además de una gran cantidad de títulos; además de estar ligado al mundo de los cómics por sus personajes para Constantine (2006), como el famoso Papa Midnate de las historietas de Hellblazer, poniéndole la voz a nada menos que el superhéroe africano marvelita Pantera Negra en su motion comic de 2010 y en Guardianes de la Galaxia (2014).  Con respecto al amerindio Wes Studi, aplaudido fue por su particular villano en El Último de los Mohicanos (1992), por no mencionar su por completo diferente, cómico y divertido papel en la película de bizarros superhéroes Hombres Misteriosos (1999), como el místico El Esfinge.  Pues como bien podrán darse cuenta, el casting de esta infravalorada película y de culto para muchos, es algo de lo que pocas pelis de monstruos pueden jactarse.

     Por otro lado, la banda sonora fue hecha por nada menos que un maestro de la talla de Jerry Goldsmith, llorado compositor con tantos soundtracks a su haber y cuya lista tan solo en el cine de terror y ciencia ficción resulta bastante extensa (por ahora me limitaré a mencionar dentro de ellos, a varios de la saga de Star Trek, Alien, la primera versión de El Planeta de los Simios, como también de igual modo la versión original de El Vengador del Futuro, la ya mencionada Leviathan y muchas, muchas más). 
     Y en lo que respecta al fabuloso y gigantesco depredador que aparece en esta historia, pues este fue diseñado por otro de los grandes del séptimo arte: Rob Bottin, quien de entre todas las pesadillas con las que nos obsequió (aparte de la correspondiente con Aguaviva), estuvo involucrado en algunos de los mejores horrores del celuloide, con cada una de las manifestaciones del alienígena de La Cosa (1982), uno de los mejores trabajos de John Carpenter.
     Pues tras pasar lista a los genios que podemos encontrar en este título digno de atención, es el momento de contar de qué se trata ¿No? Bueno, ya algo se puede saber tras la información aquí expuesta, no obstante no es malo dar algunos datos más.  El guión gira en torno al capitán de un pequeño barco, que presta sus servicios a quienes deseen realizar trayectos marítimos y cuyos nuevos clientes no son de la mejor calaña que digamos; no obstante la peor de las sorpresas que se puede llevar, es cuando llega a su destino, justo donde se haya la gran embarcación que ha tropezado con un animal desconocido, que se ha comido a casi toda la tripulación.  Es así como la gente del capitán, los mercenarios que lleva consigo y los pocos que lograron escapar al demoniaco ser, deben hacer lo posible por escapar de sus garras (o más bien tentáculos…y no los típicos tentáculos con ventosas a los que estamos acostumbrados ver por ahí).  Entre medio, tienen que vérselas con la dificultad de trabajar junto a gente de pocos escrúpulos, que bien demuestran que los seres humanos pueden ser tanto o más nefastos que la criatura que los acosa.
     Los efectos de GGI para cuando aparece la monstruosidad o al menos algunos de sus tantos apéndices, se notan en varias ocasiones, no obstante todo es tan siniestro y el trabajo de los actores resulta tan convincente, que ello es lo de menos.
     Se trata de una cinta hecha por completo para entretener sin mayores pretensiones estéticas, con personajes hasta cierto punto estereotipados y que en su tiempo solo quiso ganar plata.  Los amantes de los filmes de este estilo se encantarán con ella, pues posee sus buenas dosis de tensión, humor, sangre y truculencia.  No faltan en ella algunas escenas de antología, como cuando nos enteramos qué pasa con quiénes se come la criatura, se encuentra el paradero de la mayoría de los que iban en el barco de placer y cuando aparece la criatura en todo su esplendor.  El final, lleno de emoción tras tantos enfrentamientos con la bestia, resulta ser un claro homenaje a las viejas películas de monstruos (y narraciones pulps), con la existencia de una apartada isla donde resulta mejor no encontrarse en sus tierras.

Uno de mis momentos favoritos de esta película (y que recordé por años tras verla por primera vez).

sábado, 19 de diciembre de 2015

Más “literaria” que nunca: Tercera temporada de “Hannibal”.


       Al parecer el programa de televisión basado en las novelas de Thomas Harris, sobre su personaje más famoso, el psicópata Hannibal  “El Caníbal” Lecter, llegó a su fin en la tercera temporada, luego de que sus productores decidieran cancelarla.  Mientras los seguidores de la serie nos quedamos con un final de lo más sorprendente, y aún esperamos se decidan a hacer una nueva temporada, igual su final nos deja con la incertidumbre sobre el destino de sus dos protagonistas (desenlace que no dejaba de homenajear al final que Conan Doyle, le había dado a su célebre Sherlock Holmes, cuando quiso matarlo, ya aburrido de escribir historias sobre él).  Ante dicha escena  bien uno puede preguntarse… ¿Es posible sobrevivir a tanta violencia para el cuerpo humano? Bueno, si Holmes y Moriarty lo pudieron hacer gracias al ingenio de su creador, demás que Lecter y Graham son capaces de lograrlo.     Por otro lado, no deja de maravillar que los protagonistas logren soportar tanta violencia en sus cuerpos, puesto que la mayoría de ellos regresa a escena luego de sufrir una y otra vez los atropellos más atroces a su salud (caídas a gran altura, más de un balazo, cortes de todo tipo, fracturas, quemaduras, etc.).
       Si la segunda temporada ya deparó varias sorpresas para el espectador, la tercera fue aún más al límite.  Al respecto cabe destacar que esta se encuentra claramente dividida en dos partes, las cuales a su vez se nutren cada una de un libro distinto de la saga escrita por Harris (no se debe olvidar que en un principio, y tal como aparece en sus créditos, esta se encuentra basada en el libro estreno de la saga, Dragón Rojo).   Pues la primera parte juega con algunas de las líneas argumentales del tercer libro, Hannibal, específicamente en lo que concierne a la vida de fugitivo de la ley de Lecter, trabajando como especialista en un museo en Florencia; además de girar en torno a la maquinaria de la venganza perpetrada por Mason Verger a su ex psiquiatra.  Es así como los guionistas juegan con la cronología de los libros, haciendo que todo esto suceda antes de lo previsto, mientras Lecter aún es joven (bueno, relativamente hablando) y cuando de Clarice Starling nada se sabe (la heroína de El Silencio de los Corderos y de Hannibal).   Tal como queda detallado en la última escena de la tercera temporada, el gourmet de la carne humana no se fue solo en su viaje de escape, de modo que su particular compañera de viaje tiene un rol preponderante en lo que se refiere a su estadía en Italia: ser una testigo enfermiza de las atrocidades cometidas por quien supuestamente es su marido.  A su vez debido a su estadía encubierta en este lugar, también se retrata todo lo concerniente al agente de la policía italiana, que descubre su verdadera identidad, lo que luego tendrá un desenlace bastante triste para este.  Mientras ello sucede, hasta donde Verger llega el personaje de la doctora Bloom, con quien inicia una relación “profesional”, aunque fundada en el odio de ambos por quiénes los utilizó con desfachatez (acá mismo la Bloom demuestra sin dudas su faceta más oscura, lo que no deja lugar a dudas acerca de la pobreza espiritual de los psiquiatras que aparecen en este show). Por otro lado, Will Graham realiza un viaje para reencontrarse con Hannibal, el cual por un lado le permite conocer algo de los orígenes de quien fuera su amigo; asimismo, el especialista cada vez más va adentrándose en el ser oscuro que en realidad es, con lo cual queda de manifiesto su naturaleza que refleja al propio Lecter (así que adiós de una vez por todas, al Will Graham que inspiraba algo de lástima en la primera temporada).
     Redondeando en el análisis de esta primera parte de la temporada final, se puede traer a colación cómo se aborda el tema de que cada uno de los personajes, en especial los principales, se encuentran marcados y mancillados por Hannibal; el cual ha pasado por sus vidas convirtiéndose a su manera en alguien importante, una persona a quien llegaron a amar y que por esa misma razón ha llegado a lastimarlos tanto, puesto que al conocerlos íntimamente conoce bien sus debilidades.  Quizás del grupo que se cruzó con Lecter, sea Jack Crawford quien salió más indemne, en cuanto a lo que se refiere a su dignidad y valores sin mácula; debido a que a diferencia del resto, no se regocija en la venganza como los demás.
     La segunda parte de la temporada está sacada en gran parte de Dragón Rojo, puesto que en su transcurso Lecter ya se encuentra tras las rejas; es así como en estos últimos episodios se desarrolla todo lo concerniente al caso del llamado “Hada de los Dientes”, que en este programa logran recrearlo, haciendo sus propios aportes que lo alejan de las dos anteriores versiones de este libro.  Si bien hay unos cuantos cambios bastante interesantes, respecto a la obra literaria que inspira todo esto, el programa no deja de rendirle honor al texto, como también a las mismas películas que le antecedieron: es así como si ya el guapo actor que interpreta a Will Graham, se parece bastante a William Petersen, quien realizara este papel en la película de los ochenta; en cuanto al actor a cargo de Francis Dolarhyde, acá recuerda mucho a Ralph Fiennes, quien lo encarnó en la versión de los noventa ( asimismo el Dolarhyde interpretado por Fiennes y el de la TV, es un sujeto que en apariencia es un dios, con un rostro hermoso pese a su defecto físico y con un cuerpo perfecto, lo que contrasta más todavía con su personalidad errática).   En cuanto a las variaciones hechas en el argumento, detalles que dejan de lado el calco de los filmes precedentes, llama la atención el hecho de que uno de los personajes se presenta acá como alguien de raza negra (tal cual como ya se hizo en la misma serie con otros, que pasaron de ser hombre a mujer o también cambiaron su etnia), siguiendo la “moda” de los casting multirraciales en Gringolandia; por otro lado, sobresale el destino que se le otorga a otro personaje importante (uno cuya participación estuvo en el programa desde su debut) y que se llega a convertir sin dudas en el personaje con peor mala suerte de todos, siendo que además su último tormento originalmente correspondía a otro.
      Esta tercera temporada permite una vez más reencontrarse con personajes del pasado, ya sea a través de recuerdos y/o flashbacks, como también gracias a las “alucinaciones” de gente como Will, quien llega a conversar con estos.  De este modo, por ejemplo, es posible conocer los últimos días de uno de los tantos psicópatas que aparecieron en la serie (lo que es retratado de manera bastante truculenta).  No faltan aquellos otros secundarios que tienen acá sus momentos, en “tiempo presente” y quienes hacen su propio aporte para convertir esta serie en todo un clásico contemporáneo (inolvidable la “despedida” de uno de los pocos personajes realmente admirables del show).
       Por cierto, la doctora Du Maurier en esta temporada toma un rol principal y acá por fin es posible conocer (en parte eso sí), lo que la llevó a su extraña relación con Hannibal Lecter.  El trabajo hecho por Gillian Anderson haciendo de ella, no deja de sorprender por todo lo distinta que viene a ser la psiquiatra, si se le compara con la heroica Dana Scully de Los Expedientes-X, que la hizo famosa.  Al respecto es que la Du Maurier resulta ser uno de los personajes más bizarros e intrigantes de todo el programa.
      Esta temporada resulta bastante “artística”, aún mucho más que las anteriores; ello por el constante uso de efectos de cámara y especiales, a lo que se le agrega una dirección de arte hecha a la medida de las oníricas imágenes que aquí se muestran (puesto que muchas escenas ocurren dentro de la cabeza de los personajes o se proyectan al espectador desde su punto de vista).  Asimismo las salvajadas sangrientas de Hannibal y compañía, no dejan de verse lo suficientemente sofisticadas como para llegar a ser obras de arte en sí (después de todo, Lecter no deja de ser un hombre talentoso en todo, tal como sucede con otros sujetos anómalos como él a lo largo de toda la serie).
      Por último, la idea planteada en el post anterior dedicado a este programa, acerca de un probable homoerotismo entre Will Graham y Hannibal Lecter, resultó no ser tan rebuscada, ya que ello quedó manifestado en un diálogo entre dos personajes y el explosivo momento final de la serie.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Una segunda temporada potenciada para “Hannibal”.


     La serie de televisión basada en los personajes creados por Thomas Harris, a partir de su novela Dragón Rojo, tuvo un final de temporada impresionante en su año de debut.  Pues uno de los dos coprotagonistas, el agente del FBI Will Graham, terminó tras las rejas del manicomio para asesinos desquiciados, que más adelante sabemos acogerá al doctor Hannibal Lecter.  Es así como haciendo honor a tan potente acto, la segunda temporada empieza con una escena igualmente inesperada, al mostrar cómo dos de sus personajes relevantes se enfrentan en una dura pelea, tan violenta y sangrienta como bien nos acostumbró la serie desde su partida; ello luego da paso a un extenso racconto, ya que el resto de la temporada irá mostrando de manera progresiva, cómo fue que estos dos llegaron a ello y hasta que en el último capítulo se retoma dicha pelea, para luego ver lo que ocurrió después.
      La mitad de la segunda temporada muestra al sufrido Graham, acusado de crímenes que no cometió, en una especie de descenso personal hacia los infiernos y con lo cual este va perdiendo la poca integridad que había llegado a tener, hasta llegar a cometer actos reprobables.  De hecho, la crisis por la que pasa este especialista llega a tal punto, que pierde el atractivo físico que en algún momento llegó a tener, viéndose demacrado y desaseado; en cambio ahora se pudo ver a su contrapartida en un terreno más sexy, semidesnudo y en escenas con cierto corte erótico. Asimismo mientras sucede todo esto, Lecter hace de las suyas, engañando como siempre con su sofisticada imagen y moviendo los hilos a su gusto para conseguir lo que desea.  De este modo, se podría decir que siempre el ganador resulta ser Hannibal, quien en muchos sentidos está por sobre los demás, en lo que se refiere a inteligencia y habilidades natas para sobrevivir como todo un depredador humano.
     Una faceta interesante que se puede apreciar sobre este psicópata caníbal, es su calidad de maestro de otros asesinos seriales, a quienes descubre y maneja como quiere.  Numerosos son los enfermos mentales violentos que aparecen en este segundo año, cada uno de ellos con un modus operandi distinto y “artístico”, que muestran lo peor de nuestra propia humanidad.  Entre estos monstruos humanos destacan el que convierte los cuerpos de sus víctimas en esculturas y aquel que se siente un animal salvaje, diseñándose una especie de traje bestial.  Las crueldades exhibidas en el show solo son para estómagos fuertes, pues quizás la televisión nunca antes llegó a producir títulos tan gores.
     Los guionistas a cargo resultan ser bastante osados, a la hora de tomar el material original en el que se inspiraron, ya que introdujeron en la trama cambios drásticos con respecto al libro de Harris, lo que bien puede ser del agrado de quienes lo conocen o hacer que más de uno de ellos quede descontento al respecto.  No obstante estas modificaciones argumentales sin duda ayudan a aumentar la tensión y a sorprender al espectador,  diciéndonos que nadie está seguro al lado de Hannibal Lecter y su nefasta influencia.  Es así como en esta ocasión mueren (y de forma muy cruel) dos importantes personajes, siendo que uno de ellos dentro de la continuidad de los libros, debía mantenerse vivo al menos un buen rato más. 
     Dentro de este uso inteligente de la materia prima, del universo ficcional literario de la obra de Thomas Harris, se encuentra la entrada de dos personajes relevantes, de la tercera novela de la tetralogía: Hannibal.  Es así, como el espectador puede llegar a conocer la versión para la televisión de Mason Verger (quien tal vez llega a verse todavía más desagradable, que su símil cinematográfico) y su abusada hermana menor Margot.  Pues en el programa se aborda cómo fue que se conocieron todos estos, incluyendo el origen de la relación entre Lecter y Verger, retratando luego con una crudeza que llega a superar lo visto hasta ahora aquí, la famosa automutilación de Verger tras ser engañado por su psiquiatra.  Por lo tanto, los episodios que abordan todo esto resultan ser la explicación adecuada de la posterior insidia que le tendrá Verger a Lecter, llevándolo luego a su propia vendetta.  En cuanto a Margot, quien no fue considerada para la adaptación fílmica de Ridley Scott de la novela, su caracterización difiere bastante de la correspondiente al texto literario; pues si bien en la serie resulta ser una bella y sensual mujer, en el libro es todo lo contrario por carecer de la femineidad esperada (pues el abuso de esteroides la ha convertido en una montaña de músculos).
A Lecter también le toca "sufrir" en
esta temporada. 
    La obsesión de Lecter por Graham se hace más evidente que nunca, quien no deja de repetir que Will es su amigo, pese a todo el daño que le ha causado.  Lecter lo busca una y otra vez, tratándolo de convencer que le desea lo mejor y que siente amor de amigo real por él.  Quizás en su anómala psiquis, el agente sea lo más cercano que haya tenido alguna vez a un verdadero compañero y por eso mismo Hannibal se empecina en convertirlo en un sujeto retorcido como él…para no estar solo en un mundo lleno de presas a su disposición.  En esta enfermiza relación hay algo de homoerotismo (idea a lo mejor descabellada de mi parte), puesto que Lecter y Graham en un momento llegaron a ser confidentes de una manera demasiado estrecha, siendo que antes de conocerse fueron unos verdaderos solitarios y es en ese sentido que cuando Lecter llega a seducir a la doctora Alana Bloom, lo hace porque no puede llegar a tener como quisiera a su “amigo”; de ese modo es lo más cerca que puede llegar a estar de él, en especial tras el quiebre de la relación de ambos.
    Si en su año de estreno cada capítulo tuvo como nombre un plato distinto de la cocina francesa (cabe recordar que Hannibal es un experto chef, aunque algunos de sus ingredientes son de más que dudosa procedencia), en este segundo año los títulos se encuentran sacados de comidas japonesas.   Esta interesante elección no solo tiene que ver con las actividades culinarias de Lecter, si no que sus nombres en muchos casos fueron escogidos, porque el aperitivo al que hacen mención se relaciona de una manera u otra, con los acontecimientos mostrados.
    Aparte de los profesionales del FBI que toman un destacado papel en la trama, también vuelven a aparecer otros que ya conocimos el año anterior y que todavía en esta segunda temporada tienen mucho que contar.  Es al respecto que mantienen su notoriedad personajes como la periodista Freddie Lounds, la esposa de Jack Crawford, Bella, como también los doctores Chilton y Du Maurier; a su vez el otro doctor asesino, Gideon, una especie de “antecedente” de Lecter, vuelve a salir, demostrando otra vez su personalidad falta de encanto, a diferencia de su “doble” colega.  Freddie sigue tan calculadora como siempre, si bien da más de una sorpresa; en cuanto a la mujer de Jack, aquí nos regala uno de los momentos más emotivos de la temporada, permitiendo además conocer otra faceta de Hannibal. En cuanto a los dos psiquiatras  mencionados, considerando a ambos y a Lecter, como a la Bloom… ¡Pues no dejan muy bien considerado al gremio! De tal modo sus integrantes se ven como individuos inestables y pocos de fiar. Además el Chilton de la serie es mucho más rastrero que el de las películas, en tanto que Bedelia hasta este año mantiene su cuota de hermetismo, respecto a sus taras emocionales.
    Considerando los eventos mencionados arriba, puede notarse que el tema de los llamados “juegos mentales” se hace relevante en esta segunda temporada (aún mucho mejor que su predecesora), ya que sus personajes constantemente se encuentran lidiando y usando su inteligencia para enfrentar duras pruebas, siendo que muchas veces no queda claro cuál es la división entre la verdad y la mentira.  Es algo así como un tablero de ajedrez o más bien una partida múltiple de un solo jugador contra varios oponentes, donde este contrincante en varios campos a la vez, demuestra manejar como nadie las piezas que posee.

Hay hasta horror "hermoso" en esta temporada como en esta foto se puede apreciar.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Pasión televisiva por los psicópatas.


     Hannibal Lecter es la gran creación del escritor estadounidense Thomas Harris, quien a la fecha ha escrito cuatro novelas en torno a este singular personaje.  Lamentablemente pareciera que se hubiese dormido en sus laureles o sufre de un serio caso de “síndrome de la página en blanco”, puesto que desde el año 2006 que no publicada nada, ni acerca de Lecter, ni nada de nada.  Este apareció por primera vez en la novela Dragón Rojo de 1981 y donde no era el personaje principal, ni el antagonista, sino que más bien le correspondía el papel de secundario, aunque lo suficientemente llamativo como para rescatarlo en su siguiente obra.  Pues así fue como en El Silencio de los Corderos de 1988, el psiquiatra de mente privilegiada y retorcida, volvió a las letras, ahora ocupando el coprotagonismo en dicha obra.  Una vez que este psicópata caníbal logró la fama y encarnarse dentro de la cultura general, regresó en Hannibal (1999), siendo su última incursión literaria la precuela Hannibal: El Origen del Mal (2006), acerca de su infancia y juventud.
    ¿Quién no ubica hoy en día al elegante, culto y aterrador Hannibal Lecter? Incluso aquellos que no han leído los libros en los que aparece, lo pueden reconocer como a uno de los grandes villanos…del cine, gracias a la afortunada interpretación que hizo de este sir Anthonny Hopkins, gracias a la cual este mismo consiguió la consagración como actor.  Ahora bien, antes de Hopkins con su primera cinta encarnándolo en El Silencio de los Corderos en 1991, este monstruo humano estuvo a cargo de otro artista, quien en todo caso realizó un papel sobrio al respecto, en la cinta Cazador de Hombres de 1986, si bien en ella tal como en el libro, dicho criminal tuvo un papel menor respecto a su trama.  No obstante tras el éxito de la película dirigida por Jonathan Deeme, con Hopkins haciendo de Lecter, era de suponer que tras su secuela cinematográfica basada en la ya mencionada Hannibal, se hiciera una nueva versión del texto que vio nacer a este asesino y así por tercera vez tuvo el rostro y la voz de Hopkins.  Por supuesto que la precuela, el último libro de la saga en cuestión, contó con su propia adaptación, no obstante no fue tan prodigiosa como las otras (incluyendo la cinta de Michael Mann con un Hannibal Lecter también maduro, pero distinto) y bien ha sido olvidada con justicia… Hannibal Lecter ha llegado a ser tan popular, que numerosas películas y seriales lo han homenajeado y parodiado, desde las formas más increíbles, graciosas y hasta inesperadas (si incluso en la reciente película animada “familiar” británica Shaun el Cordero, posee su propia versión animal bizarra al respecto).
     ¿Pero quién es Hannibal Lecter? Pues ya se han dado detalles al respecto en los dos párrafos anteriores, no obstante me permitiré hablar un poquito más de él,  antes de ir al tema central que ahora nos convoca.
          Como era de suponer con un personaje tan complejo y retorcido como lo es Lecter, su infancia estuvo marcada por un terrible hecho, que con el tiempo hizo que desarrollara luego su conducta sociópata.  De inclinaciones artísticas y con grandes dotes para el dibujo, entró primero a la carrera de medicina, graduándose de cirujano y después orientó su carrera a la psiquiatría.  Varias muertes violentas y truculentas a su haber, de cuyos cadáveres Hannibal dispuso para comerse algunas de sus partes y en suculentos platos preparados por su experticia culinaria, lo llevaron al final a ser atrapado y condenado a ser residente de un centro para criminales mentales de alta seguridad.  Largo tiempo pasó eso sí como para que este  fuese descubierto, ya que siempre usó su fachada de ciudadano respetable y en especial sus conocimientos médicos para engañar y atrapar a sus víctimas (muchos de ellos pacientes suyos y/o cercanos).   Paradójicamente mientras seguía en su carrera criminal, trabajaba como consultor del FBI, ayudando a sus agentes en el seguimiento de casos sobre asesinos seriales; no obstante tras ser atrapado, en más de una ocasión se requirieron sus servicios con respecto a nuevos homicidios del mismo estilo.  
     La verdad es que en la pantalla chica, hace rato ya que este tipo de personajes ha sido abordado con profusión.  Este hecho ha sido así desde que en la década de los noventa, el elemento gore y los guiones de tono más elevado, con programas dirigidos a un público adulto, aparte de las clásicas soap operas clásicas de la TV gringa, sus policiales de antaño y las producciones históricas de la BBC británica, han acaparado la atención de productores y espectadores.  De este modo la violencia implícita y explícita de sus argumentos, en historias que nada tienen que envidiarles a los mejores thrillers cinematográficos, han visto desfilar a un montón de asesinos seriales, primero como los grandes villanos de sus títulos y después hasta como sus verdaderos protagonistas.  Es al respecto, que  tal vez se puede mencionar como algunas de las primeras experiencias televisivas sobre el tema, las dos grandes series creadas por Chris Carter a finales del siglo pasado, The X-Files y Millenium.  En estas dos sus protagonistas se dedican a “cazar” psicópatas, debido a su labor trabajando para la ley y la justicia.  En la primera de estas dos series los agentes del FBI Dana Scully y Fox Mulder, son miembros de sus huestes; mientras tanto que Frank Black, del segundo título, es un consultor especializado del FBI y quien tanto por sus conocimientos, como por sus inhabituales destrezas, ayuda a esta agencia a ir detrás de tales asesinos (de hecho, Black comparte en cierta medida su capacidad para “entender” la mente criminal y enfermiza de estas aberraciones, tal como bien sucede con uno de los dos coprotagonistas de la serie dedicada al personaje más famoso de Thomas Harris).   Luego se puede mencionar como ejemplo del  interés (¿morboso?) por los psicópatas, las andanzas de la protagonista de Medium, quien en un terreno incluso mucho más sobrenatural que del citado Frank Black, se ve enfrentada a un montón de estos sujetos y a los cuales en su calidad de clarividente, ayuda a atrapar a las fuerzas de la ley.  No obstante sería con la igual de exitosa Dexter, también basada en una novela, que la figura del psicópata dejaría de ser el mero villano de la semana, para a su vez transformarse en el protagonista por antonomasia del show; así es como desde la serie recientemente señalada, los episodios estarían articulados en base a las vivencias del asesino serial principal, quien por supuesto debe demostrar su inteligencia y astucia para eludir la ley, al conseguir mantenerse con sus actos homicidas, mientras quienes lo rodean ignoran esta faceta suya.  De este modo Dexter es el antecedente al programa que inspira esta entrada en el blog, serie que a su vez fue emitida en paralelo a Motel Bates, sobre la novela más famosa del escritor Robert Bloch, Psycho, y su aún más celebrada adaptación cinematográfica Psicosis de Alfred Hitchcock.  De seguro hay muchos otros ejemplos al respecto, que debido a mi ignorancia o mala memoria se me escapan, no obstante ya se evidencia una presencia de este tipo de personajes en la televisión misma y que gracias al programa a continuación abordado, han mostrado una nueva faceta al menos en lo que concierne a la pantalla chica.


     
     La serie de televisión Hannibal, recientemente cancelada tras finalizar su tercera temporada, toma como principal fuente la novela Dragón Rojo, en cuanto a que gira en torno no solo a tan especial personaje, sino que también al analista del FBI Will Graham, un tipo tan singular como el propio Lector y entre quienes se da una relación bastante especial.  En ambos se centra el protagonismo, siendo estos algo así como distintos lados de la misma moneda, debido a ciertos rasgos que comparten, pero que en cada caso se dan de manera distinta (lo que irremediablemente los une, como también los separa).    A su vez el programa se ambienta en la época en la cual Lecter colabora con el FBI, ayudándolos a crear perfiles de los psicópatas que buscan, entre otras labores relacionadas con su especialidad.  No obstante Hannibal transcurre en la época actual, en vez de a principios de los ochenta, como bien sucede con el libro y los dos filmes basados en él. 
     Con respecto al coprotagonista Will Graham, se puede contar que resulta ser un personaje bastante complicado, debido a su personalidad que lo convierte si duda en el antihéroe dramático por excelencia del programa.  Lo anterior expresado así, puesto que posee una capacidad de empatía que roza lo bizarro, en cuanto a cómo le es posible adentrarse en psiquis de los psicópatas; no solamente pudiendo entender sus motivaciones, sino que además llegando a recrear en su cabeza parte por parte las atrocidades cometidos por estos mismos, con lo cual le es posible llegar a identificarlos, una vez realizadas las investigaciones de rigor.  Esta capacidad suya para entender a tal gente, lo hace ser un sujeto no solo extraño e introvertido, puesto que abre en él la oscuridad lo suficientemente como para convertirlo en algo así como un psicópata en potencia o, en el mejor de los casos, en un sujeto propenso al desequilibrio emocional.   Pues bien, en el capítulo piloto durante buena parte de él, la trama gira casi por completo en torno a Will y solo después de un buen rato aparece su contrapartida Hannibal Lecter; este detalle deja claro que si bien la serie se llama Hannibal, es sin duda en Graham en quien debe detenerse el espectador a la hora de identificarse mayormente y sufrir con sus vicisitudes.  Pues en lo que concierne a la primera temporada, Will de manera inesperada llega a entablar una amistad con quien ignora, es el peor de los psicópatas que se cruzan en su camino y el cual siente una especie de afecto fraternal por su persona, pese a los entuertos en los que lo involucra.
     En cuanto al Hannibal Lecter de esta serie, al tenerlo muchos más horas frente a la pantalla y gracias a una trama que le dedica buena parte de su desarrollo, quedan de manifiesto como nunca su personalidad extraordinaria (aún en sus más aberrantes detalles).  No solo su inteligencia sobresaliente es la que queda expuesta, sino que es su faceta como animal de presa y mortal, quien articula sus acciones más mínimas con una eficiencia fría y calculadora, que el televidente no puede dejar de asombrarse.  A su vez la serie saca a relucir una dimensión suya algo inesperada, consistente en cierta capacidad para las relaciones interpersonales y con algún grado de compromiso emocional, que no solo corresponderían a parte de su fachada, sino que serían algún vestigio suyo de la humanidad ya casi extinguida en él.  A su vez acá quedan de manifiesto otros detalles suyos, como su porte atlético que lo convierte más que nunca en un asesino nato, como además su destacable buen gusto para vestir (de hecho, nunca se le ve con tenidas informales, ya que siempre ocupa ropa de “diseño” e incluso cuando mata); a su vez se evidencia su talento para la cocina, convirtiendo en verdaderas obras de arte culinarias y para la vista, los platos que hace para él y sus “ignorantes” invitados, con los miembros de sus víctimas que cocina para degustar.
   
A su vez varios otros personajes de la novela aparecen en este show, teniendo varios de ellos un rol destacado desde el principio, es decir, desde su primera temporada, destacando entre los que aparecen ya en sus comienzos:
     Jack Crawford: Jefe de la sección del FBI en la que trabajan los protagonistas y quien los enrola en sus filas, de modo que en determinado momento se siente más que responsable acerca de cómo los acontecimientos van dándose con respecto a ellos.  Si bien en dos de las tres películas donde ha aparecido, ha sido interpretado por grandes actores, en esta versión televisiva quien lo encarna resulta ser otro artista de renombre, en quizás su primer papel para la TV: Laurence Fishburne (el mismísimo Morfeo de la saga de Matrix), quien con un gran prontuario fílmica a sus espaldas, realza el programa, siendo que además destaca porque al ser afroamericano, se convierte en el mejor ejemplo de algunos de los cambios que se hicieron respecto a los personajes de la novela y a su adaptación televisiva (ya que en el caso de Crawford, al parecer en su versión original es caucásico, tal como se le pudo ver antes con los tres actores que hicieron de él en el cine).  Pues en esta adaptación es un hombre casado, quien pasa por toda una crisis con su pareja y la cual se encuentra caracterizada por Gina Torres, actriz también afroamericana y en un registro actoral distinto al que brilló anteriormente en otras series como Angel y Firefly, ambas de Josh Wheddon.
    Freddie Lounds: En la novela que inspira el programa y las dos versiones suyas para el cine, corresponde a un oportunista periodista interesado en cubrir de manera escandalosa hechos de sangre, en especial relacionados con psicópatas.  Es así como Freddie se cruza con los demás y ello trae varias consecuencias de interés…No obstante como ya ha quedado demostrado con el personaje de Crawford, los productores de la serie le hicieron su propia renovación, al hacer que ahora fuese mujer y una bastante atractiva por cierto, aunque justamente abusando de su femineidad, alguien más manipuladora que nunca (no obstante igual con su propia cuota de humanidad).
   Dr. Chilton: Quien apareciera en las dos primeras novelas de la tetralogía, es otro detestable personaje, el cual corresponde al director del psiquiátrico de alta seguridad, donde es internado Lecter una vez en que es apresado.  Este lugar es además un sitio icónico dentro de la ficción y en especial debido a todo lo que transcurre en él; pues justamente es recreado de tal manera, que quien haya visto los filmes, no puede dejar de sentir añoranzas con respecto a su primer contacto con Lecter y compañía; todo ello debido al respeto que se tomaron los productores tanto con los filmes, como por supuesto con las novelas.  Pues volviendo a Chilton, se convierte en los libros y en la serie en uno de los antagonistas de Hannibal el Canibal (como más adelante será llamado, una vez que sean descubiertas sus prácticas), siendo que en el programa, primero al estar aún ambos supuestamente en el mismo lado de la ley, se les presenta como colegas con cierto grado de intimidad, aunque por supuesto con resquemores entre ellos; pues en cierta medida Chilton envidia la superioridad intelectual y el éxito de Lecter, quien inicialmente lo trata con condescendencia y luego con evidente desprecio.  Ahora bien, Chilton es un hombre inescrupuloso, cuyas prácticas psiquiátricas dejan mucho que desear, vanidoso, cursi y resentido. 
    En la serie aparecen tres especialistas del FBI sacados del libro, no obstante de estos el único medianamente desarrollado en los guiones (en especial en lo que se refiere a su intervención en la segunda temporada) viene a ser la única dama del trío: Beverly Kats y quien en esta revisión “pluralista” de la obra de Thomas Harris, es de origen asiático (china o coreana para ser más preciso). 
    Dos son los personajes más interesantes que agregaron los guionistas a este show, siendo ambos mujeres y tanto la una como la otra psiquiatras.  De este modo el uso constante en Hannibal de psiquiatras, forenses, médicos y otros dedicados a ramas del conocimiento y la ley dentro de la trama, todos ellos con características como las mencionadas aquí, demuestra que sus protagonistas en general corresponden a individuos de extrema inteligencia, aunque a los que justamente su intelectualidad los muestra como seres frágiles y para nada felices en su cotidianeidad; asimismo tampoco  llegan a ser modelos a seguir por sus conductas, a diferencia de lo que sucede con los personajes de series más optimistas (las de la franquicia de Star Trek por ejemplo, Person of Interest o Fringe, por mencionar solo algunas); por ende, son personas que viven tan ensimismadas en sus trabajos, que estos los afectan sin duda, siendo que además su propia sofisticación esconde a sujetos con tantas o más taras, que los mismos psicópatas que desfilan en los capítulos.  Pues volviendo a estas dos mujeres creadas en especial para el programa, ellas son…
    Alana Bloom: Sexy psiquiatra, quien tiene sentimientos románticos con Will Graham, quien además le corresponde, aunque debido a sus propias circunstancias no se permite concretar una relación más cercana con él.  Es a su vez amiga de Crawford y Lecter, a quienes ve a su manera como referentes y grandes figuras de respeto.
    Bedelia Du Maurier: Es nada menos que la psiquiatra de Lecter, a quien la ve en secreto para supuestamente “desahogarse”.  Comparte con el psicópata un pasado y en el cual se encuentra en medio un hecho violento, el cual a Bedelia la ha convertido en una mujer más o menos reticente, ya que vive retirada de la vida pública y de su profesión (salvo en el caso del tratamiento con su único paciente).  Desde un principio es posible identificar en ella a una mujer marcada por lo que le pasó, pues poco expresiva, casi una autómata.  Su relación algo forzada con Hannibal, al final la hace tomar partido con los acontecimientos que comienzan a gestarse.  Su apellido bien puede ser un guiño literario a la escritora Daphne du Maurier, autora de Rebeca y Los Pájaros, entre otras obras de suspenso y de terror, ambas llevadas al cine por el ya mencionado Alfred Hitchcock. Es interpretada nada menos que por Gillian Anderson, quien regresa a la televisión con este personaje, tras su recordado papel como la agente Dana Scully de The X-Files.
    Por supuesto que varios son los psicópatas que aparecen en el programa, aparte del principal.  Cada uno de ellos con sus propios estilos a la hora de matar y que son mostrados aquí de manera tan gráfica en sus efectos y procedimientos, que resulta entendible que más de un espectador sienta repulsión (y pese a todo no deje de ser un adicto al programa).  Ahora bien, sus matanzas resultan ser tan bien orquestadas, con un ingenio tal que convierte a sus víctimas en “obras maestras” de la truculencia, que son personificados como seres con un grado de sensibilidad artística extremo y morboso (en otras palabras, vez que aparece un cadáver es para impresionarse con tanta “creatividad” gore).  En todo caso, uno se pregunta cómo es posible que todos ellos puedan llegar a efectuar tales actos, con todo el esfuerzo físico y de medios que implica disponer los cuerpos de tal manera.  Dentro de estos desquiciados mentales, destaca el primero al que le toca ajusticiar a los protagonistas y que se convierte en el gatillante de  gran parte de las preocupaciones de Graham; también cabe nombrar a otro con una obsesión impresionante por los hongos, a un hombre ya anciano que edifica un tótem de cadáveres en la orilla de una playa; por igual se puede mencionar a una muchachita que se cree muerta y en especial llama la atención un doctor asesino, quien viene a ser un antecedente para lo que más adelante pasará con Hannibal Lecter.

Algunos de los personajes principales de la primera temporada.  De izquierda a derecha: Will Graham, Alana Bloom, Jack Crawford, Brian Zeller, Freddie Lounds, Beberly Kats, Jimmy Price...¡Y Hannibal Lecter! 

domingo, 2 de octubre de 2011

A Sangre Fría.




    Truman Capote publica en 1965 la que es considerada su obra más importante, A Sangre Fría, tras años de difícil gestación. La novela a la que llama una obra de no-ficción es un texto híbrido entre el reportaje (género periodístico), la novela psicológica y realista. La obra trata el horrendo crimen donde murió una familia integrada por padre, madre y dos hijos adolescentes, sucedido en 1959 en medio del la zona rural de Kansas, Estados Unidos y todo lo relacionado al suceso.
     Esto es: los momentos previos al asesinato para conocer bien a la malograda familia Clutter, la gente que los conoció, las investigaciones policiales para descubrir a los criminales…y el periplo de los propios asesinos, de quienes se cuenta su vida abarcando desde sus antecedentes familiares, hasta que finalmente mueren ahorcados tras años de proceso.
    La novela A Sangre Fría inspiró a posteriores obras que tal como ésta, se basaron algunas de ellas en hechos verídicos, muchos de sangre, por cuanto entregaron bajo el formato de crónica periodística novelada, estas historias de la vida real. Con el desarrollo de la televisión y todo un mercado al respecto, programas como Historias de la Vida Real y Misterios Sin Resolver, seguirían sus pasos, pero dramatizándolos con gran impacto para el público. Pero aparte de la innovación que significa este matrimonio entre periodismo y literatura, Capote también abordó, concientemente o no, en su libro el tema de la violencia, más bien introdujo el tema de la descripción explícita del asesinato en las letras contemporáneas. Libros sobre crímenes ya existían desde hace siglos, basta recordar tan solo el clásico de Dostoiewski de Crimen y Castigo. Sin embargo la narración como si fuese una fotografía de la portada de un periódico, comenzó con Truman Capote. Luego un sinnúmero de autores, no le harían asco a la descripción explícita de asesinatos, violaciones, baleos, enfrentamientos armados, torturas y otros hechos de sangre y violencia que sobrepasarían a las sangrientas descripciones clásicas del Cantar del Mío Cid y Las Mil y Una Noches.
    En este artículo pretendo mostrar este mismo impacto en las letras actuales por parte de la novela de Capote, presentando las citas literarias de A Sangre Fría que ejemplifiquen lo anterior y luego mostrando fragmentos de otras obras contemporáneas que indiquen ser sus claras herederas. Cada cita va acompañada con los comentarios personales de rigor. Cada uno de los autores escogidos para complementar este trabajo, lo ha sido por las siguientes razones:

1) Como en sus obras abarcan el tema de la violencia criminal y el asesinato, cuando la narración trata de ello, demuestran como Capote que sin la debida narración, el texto completo carece de uniformidad; esto porque el drama está producido por las repercusiones mismas del crimen y así como un cuento de hadas necesariamente debe tener personajes sobrenaturales, una novela policial o de suspenso (un thriller, o más específicamente un psycho thriller) no puede carecer de la descripción correspondiente.

2) A su vez son autores destacados en el género, conocedores de la técnica periodística- literaria comenzada por Truman Capote, mostrando cada uno de ellos en cuanto a su orden cronológico de producción, el desarrollo que ha tenido con los años la literatura sobre asesinos.

3) También cada uno de estos autores es un ejemplo en sí mismo de la forma de cómo aborda un diferente artista la misma situación del asesinato. Por un lado está el lenguaje más depurado y sucinto de Robert Bloch, y por otro el más bien gráfico de Stephen King, a la par de la terminología científica de Harris.



Con la sangre en las letras.

    He aquí dos fragmentos correspondientes a la famosa novela de Truman Capote. La narración está desde el punto de vista de uno de los testigos del escenario del crimen, horas después de los asesinatos. Los dos fragmentos hacen mención a la disposición de los cuerpos encontrados, llegando al patetismo cuando se trata de describir la forma de cómo se encuentran los cadáveres, una escena que pese a lo dramático de la situación, no pierde la sensibilidad para tratar el tema de la muerte.

    “Bueno, era una cosa horrenda. Aquella maravillosa jovencita… Me hubiera sido imposible reconocerla. Le habían disparado en la nuca, con el arma a pocos centímetros. Yacía sobre un costado, cara a la pared y la pared estaba cubierta de sangre. La ropa de la cama la cubría hasta los hombros. El sheriff Robinson la destapó y vimos que llevaba puesto un albornoz, el pijama, calcetines y zapatillas, como si en el momento del hecho, no se hubiese acostado aún. Tenía las manos atadas a la espalda y los tobillos atados con una cuerda de las que se usan en las persianas venecianas”.

    “(…) al abrir la última puerta encontramos, allí en su lecho, a la señora Clutter. La habían atado, también. Pero de otra manera, con las manos por delante, de modo que parecía estar rezando y en una mano tenía, agarraba, un pañuelo. ¿O era un kleenex? La cuerda que le rodeaba las muñecas le bajaba hasta los tobillos que tenía atados uno contra otro y de allí iba al pie de la cama, en una cuyas patas había sido atada: un trabajo complicado y hábil. (…) Le habían tapado la boca con cinta adhesiva pero como le dispararon a quemarropa a un lado de la cabeza, la explosión, el impacto, había desprendido violentamente la cinta adhesiva. Tenía los ojos abiertos. De par en par. Como si todavía estuviera mirando al asesino. Porque no pudo dejar de verlo mientras apuntaba”.

   A continuación parte de la confesión de uno de los dos asesinos. El lenguaje utilizado no demuestra ningún rencor por parte de éste, podría decirse que casi cuenta lo suyo con tranquilidad, si bien a lo largo del libro queda claro que Perry, uno de los dos responsables de la muerte de los Clutter, tiene conciencia del crimen que cometió. Resulta interesante ver cómo el narrador acá introduce al lector en la mente no del todo sana, anómala, del asesino, un verdadero sociópata; con esto Capote trata lo más objetivamente de mostrar la forma de cómo funciona una psiquis en este estado, especialmente durante actos de este tipo. Con posterioridad los autores de novelas sobre hechos de sangre o aquellos que no cejan en describir hechos de gran violencia, usarán esta técnica para adentrarse dentro de la mente criminal. Sin embargo, pese a lo reprochable de la acción de Perry y Dick, su socio criminal, se les presenta en el libro no como a seres demonizados, si no que más bien se les otorga una inmensa carga dramática que los enviste de un tremendo aire de fatalidad.

    “Me arrodillé junto al señor Clutter (…). Pero no me di cuenta de lo que había hecho hasta que oí aquel sonido. Como de alguien que se ahoga. Que grita bajo el agua. Le di la navaja a Dick y le dije: 'Acaba con él. Te sentirás mejor'. Dick probó o fingió que lo hacía. Pero el hombre aquel probó que tenía la fuerza de diez hombres, se había soltado y tenía las manos libres. A Dick le entró pánico. Quería largarse de allí. Pero yo no lo dejé. El hombre iba a morir de todos modos, ya lo sé, pero no podía dejarlo así. Le dije a Dick que cogiera la linterna y lo enfocara. Cogí la escopeta y apunté. La habitación explotó. Se puso azul. Se incendió... Jesús, nunca comprenderé cómo no oyeron el ruido a treinta kilómetros a la redonda”.

    La cita que viene, corresponde a la narración en tercera persona de otro crimen, esta vez cometida por uno de los compañeros de cárcel de Dick y Perry, un joven que también está esperando la muerte en la horca. Acá el narrador se permite ser mucho más duro a la hora de presentar la situación, utilizando un lenguaje tanto poético, como dramático. Todo va sucediendo en un crescendo que le da una atmósfera de horror ante la falta de humanidad del asesino, su actuar demasiado, digamos, frío.

    “Se colocó el revólver en una pistolera, se echó el fusil al hombro y recorrió el corredor que los separaba de la sala, sólo iluminada por la pantalla del aparato del televisor. Encendió la luz, apuntó con el rifle y disparó a su hermana entre los ojos, matándola instantáneamente.
    Le disparó tres veces a su madre y dos a su padre. La madre, con los ojos dilatados, se tambaleó hacia él, tratando de hablar, abrió y cerró la boca, pero Lowell Lee le dijo:
-Cállate.
    Y para asegurarse que le obedecía, le disparó tres tiros más. El señor Andrews, sin embargo, seguía con vida: gimiendo, se arrastró por el suelo hacia la cocina; pero al llegar al umbral, el hijo desenfundó el revólver y le disparó todas las balas. A continuación volvió a cargar el arma y a vaciarla otra vez. En total, el padre recibió diecisiete balazos”.


    Y ahora fragmentos de obras relacionadas o posteriores al libro de Capote y que por su temática tienen relación a éste.
    El primer texto corresponde a la novela Psycho de Robert Bloch, la obra que inspiró a Alfred Hitchcock para su famosa Psicosis de 1961. Bloch escribió la novela en 1959, el mismo año de los crímenes narrados en A Sangre Fría, quien a su vez se inspiró en las andanzas reales de Ed Gein, el caníbal de Wisconsin, para escribir su libro. El extracto que viene a continuación, corresponde al de la célebre escena de la ducha en la versión de Hitchcock. Si bien no resulta tan truculenta como en los textos que citaré más adelante, cabe destacar en estas líneas la forma de cómo se cuenta con pocas palabras un asesinato ficticio tan conocido por gran parte de los cinéfilos, y que forma parte hoy en día de la cultura popular.

   “El cuarto comenzó a llenarse de vapor. El ruido de la ducha no le permitió oír cómo se abría la puerta de la habitación, ni los pasos que se acercaban. Y cuando las cortinas de la ducha se abrieron, el vapor oscureció el rostro que se asomó, colgando del aire como una máscara. El cabello aparecía cubierto por un pañuelo y unos vidriosos ojos la miraron inhumanamente (…).
    Mary gritó histéricamente. Entonces la abertura de las cortinas se ensanchó y apareció una mano, armada con un cuchillo carnicero, Un cuchillo que cortó su grito.
    Y su cuello”.


    En 1987, otro destacado autor de novelas de terror como Bloch, el estadounidense Stephen King publica Misery. La novela de la cual también se hizo una versión fílmica bastante aclamada por la crítica, aborda la historia de un escritor de novelas rosa que es secuestrado por una enfermiza mujer, quien lo tortura psicológica y físicamente. Como gran parte de la obra de King, los momentos de violencia son bastante explícitos. Stephen King no duda en impactar al lector con una escena sanguinolenta y efectiva, sin los eufemismos o reservas de los cuales otrora los autores tenían que usar. La novela de King, al igual que la de Bloch, muestra a Annie Wilkes como a un personaje esquizofrénico, cuyos actos de violencia carecen de un sentido de moral normal, puesto que a diferencia de los asesinos de los Clutter, justifican sus actos para mantener sus estilos de vida fantasiosos. Por cierto, esta escena no sale en la película que filmó Rob Reiner en 1990.

    “Con un grito agudo, Annie hundió la cruz de Bossie en la espalda del policía.
    -¡Ag!- dijo el policía, y dio unos pasos vacilantes, con la espalda agujereada y el pecho protuberante. Su rostro era el de un hombre que está sufriendo un cólico renal (…).
     Él se volvió a medias, bajando la mano en busca de su pistola de servicio, y Annie le aplicó con fuerza la cruz, de punta en el vientre.
    -¡Og!-dijo el policía esta vez, y cayó de rodillas, aferrándose el estómago. Cuando se inclinó, Paul pudo ver el agujero en la camisa del uniforme, donde había entrado el primer golpe.
    Annie volvió a levantar la cruz; su punta afilada se había roto, dejando un muñón astillado; y la clavó en la espalda del hombre, entre los omóplatos. Parecía una mujer tratando de matar a un vampiro. Los primeros dos golpes quizás no habían entrado lo suficiente como para hacer verdadero daño, pero esta vez el poste de la cruz entró por lo menos diez centímetros en la espalda del policía arrodillado, y lo hizo caer de bruces”.

    Y para terminar, un fragmento de la novela Hannibal de Thomas Harris, tercera entrega de una tetralogía sobre las atrocidades del intelectual y sofisticado psicópata caníbal Hannibal Lecter. Este segmento corresponde a su vez al de otra escena famosa por su truculencia dentro de la historia del cine, que fue filmada por Ridley Scott en 2001. Acá el narrador a la hora de contar el hecho delictivo usa un lenguaje científico, casi como el de un perito policial.

    “-Todo lo que pedimos es que mantenga la mente abierta.
    Con cuidado, empleando ambas manos, el doctor Lecter levantó la tapa de los sesos de Krendler, la dejó sobre la bandeja y trasladó ésta al bufete. Apenas cayó una gota de sangre de la limpia incisión, pues previamente el doctor había soldado los vasos principales y sellado escrupulosamente los otros utilizando anestesia local. Había serrado el cráneo en la cocina media hora antes de la cena.
    (…) La cúpula gris y rosa del cerebro de Krendler sobresalía del cráneo truncado.
    De pie al lado de Krendler con un instrumento que parecía una cuchara para las amígdalas, el doctor Lecter cortó una tras otra cuatro rebanadas del lóbulo prefrontal (…).
    Una segunda ración consumió casi por entero el lóbulo frontal y se aproximó por la parte posterior hasta el córtex promotor (…)”.



Conclusiones.

    A la luz de la lectura de A Sangre Fría de Truman Capote y de otros textos relacionados con crímenes, se hace evidente el influjo de la obra del autor de Desayuno Con Diamantes a la hora de abordar este tipo de temas. Por un lado está la descripción del hecho delictivo, de forma periodística, pero sin perder el gusto literario del uso de un lenguaje más bien artístico. La narración realista y descriptiva de los asesinatos y luego de la disposición de los cuerpos; por otra, también se encuentra la interiorización del narrado hacia la psiquis del criminal, al que según sea su patología, se le muestra ora como a una víctima más de las circunstancias, ora como a una bestia humana sin conciencia.
    El tema de la violencia en sí, de los acontecimientos que la rodean y sus repercusiones, ha dado cabida con el siglo pasado a una literatura explícita y feroz en su narración, muchas veces para responder a un interés morboso por parte de los lectores. A su vez, tal como lo demuestran los textos anteriormente citados, es una literatura imbuida de recursos sacados del informe policial, médico, psicológico y, también, periodístico.
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