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sábado, 27 de junio de 2020

Pecados de Omisión. NOVENA PARTE.


1. La Profecía.

    De niño una de las películas que más me impactó fue The Omen (La Profecía), que vi en la tele toda cortada; luego de  esta emitieron las 2 siguientes, creo que a razón de una por semana y ya grandecito, cuando estaba por terminar mi enseñanza media, me vi en el cine la peli IV y que fue originalmente fue hecha para el cable, tengo entendido.
     Ya me encontraba en la universidad, cuando salió una colección de libros de distintas temáticas a la venta por un precio bastante económico y que en librerías se exhibían en una linda cajita, la cual ponían sobre un mesón destacado.  Tontamente nunca compré los dos títulos que me interesaban de esta oferta y es que uno de ellos era nada menos que la novela La Profecía, que no sé si fue primero el filme o el texto literario.  Interesante de todo esto, viene a ser el hecho de que el escritor de la novela es el mismo guionista de la cinta, David Seltzer, quien ha estado a cargo de varios otros libretos cinematográficos e incluso dirigido, siendo que en la misma década de los setenta estuvo detrás del guión de otra joyita de horror hollywoodense, aunque poco conocida: The Prophechy (de la cual también existe la novela escrita por el mismo Seltzer), una historia de monstruos mutantes con un fuerte contenido ecológico.
    Supongo que que estas alturas, quienes lleguen a leer el presente post, conocen de qué va la historia.  Nace el llamado Anticristo y las fuerzas del bien representadas por hombres comunes, deben hacer lo posible que el retoño crezca y se cumpla la llamada profecía.
    Creo que más de dos décadas han pasado desde que tuve la oportunidad de gozar con ese volumen y no me avispé  al respecto, que ya nunca más lo pillé en alguna parte.


2. Fatherland.

    En la misma colección de las que les hablé arriba, venía este libro de nombre "raro" para mí, que nada me decía.  Su autor, Robert Harris, un tipo del cual no tenía idea sobre quién era y tampoco mis amigos ñoños (bueno, tal vez Leonardo Navarro, que ya leía inglés en aquellos tiempos y era lejos el más friki de mis conocidos por aquel entonces- y hoy en día- , que parece un día me la mencionó). Nunca supe de qué trataba, hasta que HBO estrenó una estupenda película hecha por su cadena, basada en la obra de las que le hablo.  Entonces me enteré de que correspondía a una novela de ciencia ficción y más encima de uno de mis subgéneros favoritos: la Ucronía, es decir, un mundo paralelo muy parecido al nuestro, aunque donde los acontecimientos históricos tomaron un rumbo diferente al nuestro y ello en un punto decisivo, que cambió de manera radical su devenir.
    Apenas estrenaron  por acá la producción en el cable, le pedí a un amigo me la grabara en VHS (¿O fue que José Varas me la prestó?) y me la vi, que me fascinó. Y es que en ella sus dos protagonistas estaban encarnados primero por uno de mis actores favoritos, Rutger Hauer (QPD) y Miranda Richardson. En este título, la trama nos muestra otra realidad donde  la Segunda Guerra Mundial la ganaron  los nazis, pero no tan distópicamente como en el caso de El Hombre en el Castillo de Phillip K. Dick.  Asimismo, USA mantiene su independencia, si bien fue derrotada por el enemigo durante el conflicto bélico. El argumento transcurre en los sesenta, cuando Alemania posee la hegemonía de Europa y en Gringolandia sigue gobernando Jhon Kennedy, quien acá nunca fue asesinado.  Es así que para conmemorar el cumpleaños del Führer, el mismísimo Adolf Hitler, invitan a una delegación norteamericana a asistir al evento, primer contacto directo entre ambos pueblos luego de décadas; aparte de Kennedy, va una delegación de civiles y entre ellos el personaje interpretado por la Richardson y quien se cruza con un complot, para sacar a la luz un espantoso secreto del Tercer Reich.
    El escritor del libro tiene varios títulos más, que por lo que leí en Wikipedia es bastante afamado y reconocido su talento. En la actualidad hay nuevas ediciones del libro suyo que hoy nos reúne, ahora traducido su nombre como Patria.
     Les cuento que el año pasado, estuve a punto de adquirir la versión de la que les hablé al principio, que vendía un tipo afuera de una estación de metro y al que ya antes le había comprado otros libros.  Lamentablemente no estaba el vendedor, dejando su puestecito (una lona en el suelo, con la "mercancía" a exposición de los posibles interesados) y yo de huevón no lo esperé, que tampoco estaba apurado.  El tomo estaba estropeado, sin embargo no dejaba de interesarme.  Unas pocas semanas después vino el llamado Estallido Social  (la revolución popular en contra del gobierno del PresiMIENTE Piñera), esa estación del metro fue cerrada para reparaciones por haber sido vandalizada y luego en marzo nos tocó la cuarentena con la pandemia del Covid-19, así que parece que si quiero leerlo de una vez en papel, tendré que encargarlo por Buscalibre.


3. Los Hijos de Anansi.

    Justo cuando estoy leyendo una colección de cuentos de Neil Gaiman, Material Sensible, me acuerdo de que tengo pendiente un Pecado de Omisión con él.  
     El mismo día en que me compré Stardust de este autor, mi "caserito" favorito del Persa Bío-Bío (lugar del cual he hablado en anteriores ocasiones), don Julio (a quien creo que ya le he dedicado unas cuantas palabras en estos recuerdos), me ofreció también a un buen precio la edición en bolsillo de esta novela; yo hace hartos años atrás me la había leído y eso fue gracias a mi amigo Iván Piñeyro (otro que se ha aparecido por acá en estos recuerdos literarios), que a estas alturas no tengo claro si fue este o no el primer libro que leí del creador de Sandman o fue Dioses Americanos.  Bueno, resumiendo, de puro tonto no me llevé conmigo este título, pensando que para qué, si ya me conocía la historia del famoso dios africano araña y su progenie; poco lógico mi razonamiento, que si a uno le gusta tanto un artista, la idea es tener todos sus trabajos y eso a menos de que no te satisfaga algunas de esas obras y en mi caso, sí que me agradó Los Hijos de Anansi.

4. El Caso Neruda.

     Tanto que me gusta cómo escribe mi compatriota Roberto Ampuero y en especial cuando lo hace para su personaje Cayetano Brulé, gracias al cual conocí a este importante escritor nacional actual y cuando pude conseguirme con poco dinero la precuela que escribió sobre este personaje tan querido, su famoso y querible detective privado cubano residente en Chile, no lo hice; es más, tuve a lo menos dos ocasiones para llevarme conmigo esta obra y no era la versión de bolsillo, sino que la más grande cuando la sacan apenas sale al mercado, aunque no en tapa dura.  Además, tal como dice su nombre, en la ficción interviene nada menos que nuestro poeta más relevante, el cual posee justo el carisma suficiente como para que se cuenten una y otra historias con él involucrado.  Esta torpeza mía ocurrió durante el año pasado, que me encontré con dicho libro en el puesto que está justo al lado del mencionado Don Julio, en el mismo Persa Bío-Bío, de modo que a la fecha aún no soy dueño del ejemplar que cuenta de manera retrospectiva, el primer caso que tuvo este investigador aficionado al buen café.

martes, 3 de septiembre de 2019

El mismo Ampuero de antes y aun así uno distinto.


1. Una sorpresa.

       Los Amantes de Estocolmo es una novela que en un principio se aleja de la narrativa de su autor, a la que está acostumbrado un lector como yo, que ha disfrutado de sus obras del género policial o de detectives (su serie del siempre simpático y divertido Cayetano Brulé), sus textos autobiográficos como Nuestros Años Verde Olivo o sus narraciones ficticias con un fuerte cariz político, tal cual El Último Tango de Salvador Allende. Y es que el texto que hoy nos reúne, parte primero como una intriga de otro tipo: el de la crisis de un matrimonio, revelada cuando el protagonista y narrador de la historia, descubre el aparente engaño de su señora, tras encontrar entre sus pertenencias lencería erótica y que nunca ha usado con él. No obstante, lo que parece tan solo un melodrama que implicaría un triángulo amoroso, en realidad va desplegándose como una obra más compleja, que nos reencuentra con el escritor ya conocido, pero que además nos lleva por tortuosos caminos para desenmascarar la oscuridad individual y la que subyace dentro de toda una comunidad. Por lo tanto, al revisar sus páginas se evidencia que estamos frente a un libro lleno de aristas, que quizás para muchos (como este servidor) no es el más entretenido de su autor, aunque sin dudas se trata de un título recomendable por todo lo que conlleva.

2. Los vericuetos de nuestra sexualidad.

       Que la esposa del personaje principal esté siendo infiel con este y más encima sienta interés (y placer) por la ropa interior sexy, es solo una parte de este asunto de la sexualidad tal como se manifiesta en la novela, que en ella se aborda (entre otros temas) el papel que cumple esta en la vida de los adultos. Estamos hablando de personas educadas y de vida acomodada, insertas en una cultura propia del "primer mundo" y que pese a su apariencia de sujetos "bien", demuestran cómo el lado más irracional, animal y hedonista iguala: buscamos satisfacción física, que incluso puede ser superior y más llamativa que aquella de tipo estética e intelectual (marido y mujer se dedican al arte); de este modo es posible reconocer nuestros egoísmos y otros defectos...Y es que el mismo protagonista en su juventud anduvo con cuanta mujer comprometida pudo, sin sentimiento de culpa y luego ya casado tuvo una aventura por largo tiempo. 
      Más de un personaje se "echa una canita al aire", algunos con justificaciones como un medio para escapar a su infelicidad y otros como un mero medio para dar rienda suelta a su sexualidad tan activa y hedonista (queda a cada uno hacer juicio de valor al respecto, que quien esté libre de pecado lance la primera piedra). Sin embargo, en lo que respecta a las confesiones del protagonista, sin tapujos, de sus varios flirteos y cómo en general se enorgullece de ello, nos puede resultar menos simpático, por victimizarse ante la posibilidad del engaño de su mujer...y al respecto, queda caracterizado como un hombre machista, pese a que ha convivido con un buen número de mujeres emancipadas sexualmente.
      Se trata, entonces, de una obra con un hondo trasfondo erótico y en la cual abundan las descripciones propias de la literatura de este tipo; algo que al menos en mi caso me sorprendió, por ser una faceta inesperada de su creador.

3. La oscuridad que habita dentro de uno.

       Entre medio de los avatares sexuales de los personajes, hayamos un tópico recurrente en la narrativa del escritor: el crimen...y es que así como más de un personaje demuestra tener una agitada vida sexual (secreta y/o privada, como se supone la tienen la mayoría de las personas), en el texto aparece no solo un crimen de sangre, sino dos; asimismo, se llega a postular que cualquier persona puede llegar a provocar un error fatal, que lo puede llevar al asesino, ya sea premeditado o no. De este modo, no solo los violentos son propensos a las acciones más repudiables, que hasta aquellos capaces de amar pueden dejarse llevar por bajos instintos.
      Teniendo en cuenta lo anterior, sexo y muerte están profundamente relacionados, algo que la vida real misma nos lo demuestra y lo representa esta novela. Cabe mencionar, además, que uno de los personajes secundarios ha cometido crímenes de tipo humanitario y bajo un antiguo régimen opresor; algo de lo que no se siente culpable y que lo ve como un servicio a la patria, de modo que bajo su figura se presenta otra dimensión de esta oscuridad inherente a nuestra especie.

4. La cochina política.

      Tal como este ya he visto en otras obras leídas de Ampuero, no falta el trasfondo político que forma parte de las características esenciales del libro. Y es que en este caso, si bien la ambientación corresponde nada menos que a Suecia, ello permite tratar el tema de los exiliados del régimen de Pinochet en Chile y con el correspondiente regreso a la democracia, pocos años después del término de la dictadura militar. Es así que bajo este trasfondo, el autor se permite retratar, analizar y criticar la evolución y desarrollo de sus compatriotas, ya sea tanto a los que se quedaron en su patria, como a los que retornaron y los que optaron por seguir viviendo en el extranjero, tras emigrar por su cuenta o irse forzosamente a dichos lugares.
      Teniendo en cuenta todo lo anterior, el novelista intenta dilucidar desde las palabras del narrador, lo que ha pasado con el pueblo chileno y cómo este se ha comportado a lo largo de las últimas décadas desde el Golpe Militar, durante la dictadura y luego en el "presente", tras el regreso de la democracia. De este modo militares en retiro, políticos que antiguamente opositores al sistema de Pinochet (que incluso estuvieron en la guerrilla en su contra), huérfanos suyos y exiliados, son evaluados por este: a veces con una mirada objetiva y otros marcados por la tendencia ideológica del autor y su álter ego literario. Empero, pese a todas las opiniones ácidas hacia quienes ahora dirigen el país, cabe mencionar que luego durante los dos mandatos del presidente Piraña (de Derecha como Pinochet), Roberto Ampuero ofició como ministro suyo en diferentes ministerios; por lo tanto se le podría tildar, sin dudas, de poco consecuente, al caer (tal vez) en los mismos yerros que en su momento les criticó a sus predecesores.

5. La literatura, siempre ella.

     No es gratuito el hecho de que el protagonista se dedique al oficio de la escritura creativa, o sea, sea novelista; y es que con ello nos encontramos con la mirada de un hombre sensible (pese a lo detestable que puede ser en su personalidad) y con ello poseedor de la labia propia de sus colegas, así como de cierta inestabilidad habitual en los artistas. Por otro lado, tal como se mencionó más arriba, este personaje se transforma en una representación del mismo autor, quien se permite hacer sus sentencias sobre el mundo y sus congéneres gracias a sus reflexiones; así como reflejar en su cronología ficticia, sus propias vivencias de juventud (pues tal como Cristóbal Pasos, Roberto Ampuero militó en las Juventudes Comunistas, luego se desencanto del marxismo y vivió una temporada en Estocolmo).
     
      Hay varias referencias a la literatura clásica y contemporánea, a lo largo del libro, entre citas textuales, mención a personajes y a autores relacionados con los eventos del libro. De todo esto, cabe nombrar el inesperado homenaje al clásico poema narrativo y sobrenatural de Poe, El Cuervo, que aparece en estas páginas en más de una ocasión y por medio de nada menos que de una estatua de la diosa Palas Atenea...en la que se posan los cuervos; su figura en medio del jardín del personaje principal, muchas veces cubierta de nieve, no viene a ser otra cosa que la representación de la culpa y de otras inseguridades de este, tal como sucede en el mencionado poema.
      Asimismo, el nombre del narrador, Cristóbal, y de su esposa, Marcela, vienen a ser reflejo de una de las novelas enmarcadas del Quijote; puesto que tal como en el texto pastoril de Cervantes, esta pareja comparte varios elementos y que es mejor el futuro lector descubra por su cuenta para no caer en tanto spoiler (en todo caso, es otro personaje quien hace referencia en el libro a este paralelismo, así que no se trata de que yo esté "hilando demasiado fino").
      Como si se tratara de un juego metatextual, el protagonista y uno de sus interlocutores mencionan nada menos que al mismo Roberto Ampuero y a sus novelas del detective Cayetano Brulé, como partes de ese mundo en el que estos viven (ejercicio literario ya visto en la mencionada magna obra de Cervantes y tantos autores de renombre como Unamuno y, por qué no, mi querido Stephen King).

6. Otros países, otras culturas.

       La mayor parte del libro transcurre en Suecia y en la ciudad de Estocolmo, lugar conocido bastante por el autor y quien nos lo describe, con el conocimiento de alguien, para quien fue su hogar por años. La historia, arquitectura e idiosincrasia de su pueblo, quedan detallados en esta obra, que nos transporta a ese mundo lejano y real, con sus propias costumbres y su largo invierno; sin dudas que Ampuero logra crear el efecto de reflejar dicho país, que también hace referencias a sus comidas y a lo más inaudito de dicho lugar.
      También parte del texto transcurre en Estados Unidos y, como no, en pleno Chile. A su vez pululan personajes de otras nacionalidades, como una sexy cubana y un mafioso ruso (en la práctica, verdaderos estereotipos de estos pueblos y de su gente).
      El contraste entre la manera de ser de los suecos y de los latinos, se hace presente varias veces en la obra, dejando claro, en todo caso, que no importan diferencias de color e idioma: a la larga compartimos los mismos sueños y pesadillas que el resto.

7. Los personajes.

       En general quienes intervienen en este libro, no son sujetos a los que uno podría tildar de virtuosos, que todos ellos (salvo uno...o dos) demuestran ser demasiados egocéntricos o al menos pensar primero en sí mismos y la satisfacción inmediata de sus anhelos. Quizás todo esto, obedezca a la intención del autor de mostrarnos un mundo viciado, donde impera la soledad y la imposibilidad de ser en verdad felices.

* Cristóbal Pasos: El protagonista y principal narrador de la trama (que hacía el final, otro personaje toma esta última labor), es un escritor que está escribiendo una nueva obra de ficción, cuando descubre el secreto de su esposa y se empieza a obsesionar con la identidad de su supuesto amante, de modo que la comienza a perseguir; todo se complica, cuando la sospecha acerca de la verdadera causa de la muerte de su vecina, acapara el resto de su atención y, más encima, se ve involucrado en la muerte de un mafioso. Las preocupaciones se van sumando y todo se pone difícil más de la cuenta, que él mismo tiene unos cuantos esqueletos en el armario. Realidad y ficción se confunden con este hombre y que resulta no ser tan seguro de sí mismo, pese a la imagen sofisticada que proyecta.
      Si bien su nombre, queda consignado como una alusión al protagonista trágico de la narración de Cervantes, bien podríamos hayar en él a una relación con la figura de Cristóbal Colón: puesto que tal como el navegante genovés, el protagonista de esta historia "descubre" una serie de verdades, sobre quienes lo rodean, así como de sí mismo; por otro lado, su apellido apoya esta idea, tal cual un peregrino que va adentrándose en el camino hacia su destino final. Y si es así, si este simbolismo detrás de los nombres, fue llevado a efecto conscientemente por parte del autor, con ello Ampuero estaría siguiendo una rancia tradición literaria, heredera del mismo Cervantes y de otros como Shakespeare, Lorca y varios maestros más de la literatura.

* Marcela Montúfar: La hermosa, sexy y más joven esposa de Cristóbal, es una mujer independiente como su homónima quijotesca, de atrevidos gustos sexuales y que originalmente se dedicaba al teatro, pero que en Suecia ha tenido que optar por la venta de pinturas. Con una personalidad mucho más fuerte que la de su marido, como este tiene una relación complicada con la figura de su padre, en ambos casos hombres profundamente ligados a la dictadura de Pinochet.

* Coronel Adonis Montúfar: El padre de Marcela es un general en retiro, culpable de varios crímenes contra la humanidad, durante el gobierno militar de Augusto Pinochet y de cuyos actos no se arrepiente, por considerarlos un verdadero servicio a la patria. Pese a la falta de sentimentalismos con su única vástago, se preocupa por ella y la ayuda económicamente. De aspecto recio y sin pelos en la lengua, en el presente se haya expuesto a las acusaciones por parte de una comisión de derechos humanos, debido a su participación durante la dictadura.

* Markus Eliasson: El vecino de Cristóbal y Marcela acaba de enviudar, tras fallecer su esposa depresiva producto de una supuesta ingestión de fármacos, como un acto de suicidio. Le sobrevivió a esta junto a sus 3 hijos pequeños. Tiene una amante guapa y más joven que él, relación con la que empezó desde antes que falleciera su cónyuge; pero este no es su único secreto, que esconde y termina por cobrarle la cuenta, tal como a sus vecinos.

* Boryena: La empleada polaca de Cristóbal, quien realiza el aseo de la casa uno o un par de días a la semana, es una mujer hosca y resentida, quien tiene estudios universitarios, pero que no los terminó o no los pudo ejercer tras acabar el régimen marxista de la Cortina de Hierro. Trabajó un tiempo para Markuss, de quien tiene pésimos recuerdos y se lo hace saber a Cristóbal, lo que da pie a una de sus otras pesquisas, hasta que todas las historias se van mezclando y acaban en un mismo punto.

* Bogdakov: El cliente de Marcela que le llega a complicar la vida y también a su marido. Es un hombre violento, cuyos secretos son aún más oscuros que los del resto de los personajes que intervienen en esta historia. Su participación, aunque breve, será detonante para que se produzca un cisma que hara que la infidelidad, sea la menor preocupación del matrimonio.

* Oliverio Duncan: El investigador de la policía sueca, chileno exiliado viviendo décadas en el país europeo, es sin dudas el personaje más llamativo del libro y por el cual podemos llegar a sentir simpatía, puesto que es el único de todos los que aquí aparecen como alguien poseedor de nobleza. Pese a lo anterior, también tiene un pasado marcado por recuerdos que le pesan, pero a diferencia del resto ha ganado cierta sabiduría y de ese modo sus diálogos y elucubraciones, son algunos de los más destacados de la novela. 
     Aparece bien avanzado el libro y su apariencia recuerda bastante al de otros agentes como él, de historias previas de rancia alcurnia.

8. Evaluación final.

      Seguro que Los Amantes de Estocolmo, no viene a ser la novela que uno recomendaría para engancharse de inmediato con su autor; pero no por ella deja de ser recomendable y tal como espero haber dejado claro, se encuentra llena de interesantes aristas que para un lector culto, pueden ser interesantes (tenga una colega, profe de Historia, a quien le gustó bastante...así que no soy el único que tiene una idea positiva de ella).
     Hace rato que alucino con la idea de alguna adaptación fílmica, de la narrativa de Roberto Ampuero, que necesariamente no tendría por qué tratarse de una producción nacional (pues mientras más plata alla y artistas de renombre posea, mejor). En este sentido, creo que esta obra calzaría muy bien como un producto lleno de atractivos, entre tanta intriga...y sexo. Lamentablemente el cine chileno pareciera estar en suspenso, luego de que tuvo una especie de boom no hace muchos años atrás y eso que nos ganamos el Oscar a la Mejor Película Extranjera, con Una Mujer Fantástica y tenemos a un tremendo director trabajando para los gringos, Larraín...A ver qué nos depara el futuro.
       En lo que respecta a la novela misma, eché de menos el humor de la serie de Cayetano Brulé, que igual el tono de este libro es bastante grave en general. No obstante, me quedo con la curiosidad de tener y leer otros textos suyos con estas características, que creo hay al menos 3 más (Pasiones Griegas, Sonata del Olvido y La Otra Mujer...A menos que me equivoque). A ver para cuándo me reencuentro con este autor, que en lo que va de mi "autoreto" de leer solo a autores nacionales y latinoamericanos este segundo semestre, el presente libro corresponde al tercero de mi lista. Ojalá este post no caiga en saco roto y sea apreciado, que muchas veces pienso predico en el desierto.



jueves, 6 de julio de 2017

La historia personal que compartimos con los demás.



     El (casi) recién pasado 26 de junio se cumplieron 109 años del nacimiento de Salvador Allende, presidente socialista de la República de Chile, elegido democráticamente por sus conciudadanos y que murió heroicamente en el Palacio de la Moneda (sede del poder ejecutivo de nuestro país), defendiendo sus ideales del asedio militar de derecha que llevó al país a casi 17 años de dictadura bajo el mando de Pinochet.  Por mucho que uno no milite con el pensamiento de Allende, negar su importante papel dentro de la historia chilena resulta ser una verdadera perogrullada.  Hoy en día el mandatario que estuvo en el gobierno entre 1970 y 1973, hasta el Golpe de Estado perpetrado por sus adversarios (apoyados por los poderes fácticos gringos que no querían otro país “comunista” en Latinoamérica, luego de la Revolución Cubana) y que le costó la vida durante el espantoso bombardeo a la Moneda por parte de los militares, por fin ha tenido los honores respectivos en su patria, tras tantos años de injurias a su memoria (esto mientras Pinochet estaba al mando).  El resto del mundo mientras pasaba lo anterior, ya llevaba rato concediéndole los respectivos tributos.  Es así que como muchos presidentes chilenos, ahora posee su propia estatua en las cercanías del edificio que le vio morir y asimismo su casa es un museo, que guarda muchos recuerdos de su paso por este mundo, entre otros honores que le concedieron como es debido.
     Cuando comienzo a escribir estas palabras estoy a horas de cumplir los 42 (¡Qué viejos estamos!... y a mucha honra)[1] y si miro hacia atrás dentro de mi propio pasado, puedo reconocer sin vergüenza que hasta más o menos buena parte de mi segunda década de vida, Allende no era alguien respetado por mí.  La ignorancia y los prejuicios de la juventud (educado además por un padre que me hizo creer que todo lo relacionado con el “comunismo” era sinónimo de algo siniestro), me llevaron a cometer tales estupideces, lo que gracias a Dios con el tiempo pude superar en la medida que las experiencias (y en especial la misma gente que tuve la suerte de conocer) y mi propia educación (formal e informal), me permitieron dejar atrás (no en un 100% para ser exacto) a ese Elwin de antaño.  Queda claro, supongo, mi aprecio actual hacia la figura de Salvador Allende (más encima tío de mi queridísima escritora Isabel Allende).
      En noviembre de 2014 asistí como tengo acostumbrado todos los años a la FILSA (Feria Internacional del Libro de Santiago), importante evento cultural al que me encanta ir, cuando para mi sorpresa me encontré con el hecho de que el escritor nacional Roberto Ampuero estaba firmando sus libros.  Luego de comprar uno de ellos, El último tango de Salvador Allende, rápidamente me puse a la fila para que me lo dedicara, pues me había leído algunas de sus novelas de Cayetano Brulé y las había disfrutado mucho; así que no me podía perder esa oportunidad.  Ampuero fue muy amable conmigo y pude entablar una entretenida conversación con él…

     - Le doy a leer sus libros a mis alumnos.- Le dije entusiasmado.
     - ¿Sí? ¿Y se los leen completos? ¿Les gustan?- Muy curioso por saber de mi “experimento lector”.
     - Bueno, los que se dan el tiempo para ello y no limitarse a buscar resúmenes en Internet, claro que sí.- Me gustó cómo se puso a reír.- ¿Sabe? Tengo un blog y en una de mis entradas subí algo sobre usted…
     - ¡Qué bien! Bueno, si te interesa puedes agregarme a Facebook.
     - Gracias, pero no tengo.
     - Entonces puedes seguir mi Tweeter…
      - Tampoco uso esa red social.  Pero cuando quiera se puede meter a mi página, El Cubil del Cíclope (no podía evitar hacerme publicidad y menos con una estrella como él ¿No?).

       No sé si alguna vez Roberto Ampuero ha entrado a mi blog, pues nunca me ha dejado comentario alguno, tampoco se ha hecho seguidor mío. Sin embargo, para mi felicidad el primer texto que escribí sobre él lleva largo tiempo entre las 10 entradas más populares. 
       Por supuesto que no dudé en sacarme una foto con este importante autor aquella vez, la que rescato ahora de otro post en el que lo menciono.
       Publicada por primera vez en 2012, El último tango de Salvador Allende de inmediato ganó notoriedad, convirtiéndose en un éxito de ventas, pues su mismo título no deja de ser una invitación a conocer, de una manera hasta el momento inaudita para muchos, a tan grande personaje histórico.  Sin embargo no estamos hablando de una mera biografía novelada del político, puesto que el volumen en cuestión está armado de tal manera, que Allende no es el único personaje principal, si no que comparte protagonismo con dos más; no obstante uno de estos dos últimos, más bien al cumplir el papel de narrador testigo, toma un papel secundario.  Debido justamente a la complejidad de esta obra, que en todo caso se lee con rapidez (como bien acostumbra a hacer su autor al usar una pluma ágil y divertida), se trata de un texto que fusiona elementos de la narrativa histórica con la policial. 
      En el primer caso al describirse los últimos meses (más o menos), del gobierno de la llamada Unidad Popular liderada por el mandatario, nos encontramos frente a una narración que se detiene en las problemáticas de dicha época, con sus conflictos debido a la fuerte oposición por parte de la derecha y que llevó al deterioro sistemático de su gobierno; ello  luego sirvió como excusa a la intervención de los militares, que supuestamente apoyaban al presidente (entre ellos el mismo Pinochet).  Luego la parte policial está presente en la figura del coprotagonista, quien en el Chile de mediados de los noventa (y también durante un breve periodo en Alemania), realiza una investigación de carácter muy personal y que para su sorpresa compromete de manera muy grave a unos cuantos, lo que hacer peligrar su propia vida.   Como era de esperarse, ambos focos de la narración convergen entre sí, de ahí el título de la novela.  Dichos contextos se van alternando para hacer un retrato del Chile de buena parte de la segunda mitad del siglo XX, tanto desde el punto de vista de uno de sus ciudadanos, como desde la visión de un extranjero que vivió en la época de Allende y luego se encuentra con los primeros años del regreso a la democracia, pudiendo evidenciar así los cambios sociales del país.
      Los capítulos dedicados a Allende son contados en su mayoría por parte de Rufino, un amigo de infancia de este y que por una casualidad muy especial se reencontró con el gobernante, ya unos hombres maduros hace rato.  Cuando menos se lo espera se convierte en su asistente personal, para paliar de ese modo los problemas económicos por los que pasaban la mayor parte de los chilenos.  Es así que Rufino va llevando en un cuaderno el registro de su vida, junto a quien conoció de tan joven y que ahora de manera privilegiada descubre en un plano mucho más humano, que implica desnudar tanto sus debilidades (como sus numerosos romances y eso que estaba casado y tenía hijas, infidelidades de las que en todo caso sabía su esposa, con quien mantenía su matrimonio solo para mantener las apariencias), como mayormente sus fortalezas (que tienen que ver con su misma convicción, para enfrentar las duras pruebas que le tocó pasar cuando lo boicotearon). 
      Rufino y Salvador no solo comparten un pasado juntos, sino que también cada uno por su parte siguen con su mujer más por agradecimiento que por amor; de igual manera sienten una fuerte pasión por el tango, lo que da pie a varios momentos del libro, que nos muestran a un Salvador Allende aún más cercano y en especial gracias a los diálogos que hay acá entre los dos, donde se habla tanto de lo humano como de lo divino.  De este modo gracias a esta amistad podemos darnos cuenta que lo que siente el hombre común, es lo mismo que lo vivido por los “grandes” del planeta: pues por mucho que se es Alguien en la Historia (y con mayúscula), al final todos buscamos lo mismo y que no es otra cosa que cumplir nuestros sueños, acerca de lo que cada uno considera como la idea de la felicidad que tenemos.
      Luego nos encontramos con David Kurtz, ex agente de la CIA, quien durante la época de la Unidad Popular estuvo viviendo en Chile como espía junto a su familia (esposa e hija), ayudando a desestabilizar el gobierno de Allende por orden de su agencia.  Poco después de conseguido su ingrato objetivo, se volvió a su país. Ya en los noventa viudo, jubilado y con su hija recién muerta por cáncer, regresa al lugar que pretendió olvidar, para cumplir los deseos de su retoño moribunda.  Su periplo se constituye no solo en un desplazamiento físico, sino que en uno de tipo espiritual, pues en el intertanto, aparte de llegar a conocer a su hija de una manera hasta el momento inaudita para él, termina por convertirse en una nueva persona e incluso mejor de lo que hasta el momento era.
      Relevante para la evolución personal de Kurtz, viene a ser el hecho de que llega hasta sus manos nada menos que el diario personal de Rufino, de modo que es gracias a el gringo que como lectores vamos adentrándonos, a medida que va revisando este documento, en todo lo concerniente a Allende y su amigo.  La apreciaciones personales que hace el antiguo espía acerca de la narración, resultan más que interesantes; pues en la medida de que sus investigaciones van avanzando para encontrar a la persona que le han pedido encuentre, así como continua en su profundización del diario de vida, su visión del mundo va ampliándose, pese a los prejuicios que tenía hasta el momento.  Tal como llega a asumir luego, su propio pasado y el de su hija resultan estar mucho más profundamente ligados a la historia de Chile, de Rufino y de Allende.  Por lo tanto queda demostrado que vidas que en apariencia apenas guardan nexos entre sí, están interconectadas.
      En dos o tres pequeños pasajes de sus más de 300 páginas, aparece otro narrador en primera persona, un militar anónimo que nos hace ver a través de sus pensamientos lo que significa el comienzo de una de las peores etapas de la historia de Chile: el ya mencionado Golpe Militar.  Si bien no se profundiza en ello, estos capítulos sirven como nexo entre el periodo retratado en el cuaderno de Rufino y lo acaecido en el testimonio de Kurtz.
      El último tango de Salvador Allende es debido a lo anterior un libro acerca del poder de la memoria, de los lazos que creamos con los demás y que nos pueden marcar de por vida.   Es además una obra llena de momentos poderosos de intriga, acción, humor y mucha emoción, llegando a la sublimidad en varias ocasiones.  Aborda también el tema de la redención, por cuanto en más de uno de sus personajes es posible encontrar la posibilidad de enmendar los errores, pues nunca es tarde para alcanzar el heroísmo frente a la adversidad.



[1] Al final terminé y subí este texto un día después de mi cumpleaños (o sea hoy).

Feliz junto a Ampuero y mi libro suyo autografiado.

domingo, 18 de octubre de 2015

Un caso más de Cayetano Brulé para disfrutar.


      La cuarta novela del escritor chileno Roberto Ampuero dedicada a su ya célebre detective privado Cayetano Brulé, recibe el nombre de Cita en el Azul Profundo, siendo publicada en el año de 2002.   Su evocador nombre bien atiende a los siguientes tres aspectos:
·         En primer lugar porque la aventura en la que se ve envuelto acá su protagonista, parte en un restaurante llamado justamente Azul Profundo.  Es en este sitio en el cual el cubano residente ya hace años en Chile, debe vérselas con un nuevo cliente y donde un evento inesperado, lleva a Brulé a embarcarse en otra de sus investigaciones llenas de emoción.
·         En segundo lugar la labor que debe cometer el personaje principal, lo hace viajar a más de un lugar, periplo en el cual el mar cumple un papel significativo (de ahí la referencia poética a este Azul Profundo), ya que sus aventuras lo hacen desplazarse por las aguas de tres países diferentes, con el propósito de descubrir la verdad que se esconde detrás del misterio al que ahora se enfrenta.
·         En tercer y último lugar, corresponde a una referencia indirecta a la ya clásica película del francés Luc Besson Le Grande Bleu (1988)  y titulada en estos lares como Azul Profundo.
      ¿Y de qué trata esta obra? Pues en ella Cayetano Brulé es citado por un hombre al que no conoce para que le preste sus servicios, cuyo encuentro jamás llega a realizarse y a lo cual el detective por razones de honor, se aplica a desentrañar las razones de por qué todo se complicó más de la cuenta, puesto que más encima se le ha implicado en una muerte de la cual es por supuesto inocente; de este modo tanto para evitar caer preso, como para mantenerse vivo, a la par de que va tras la pista de una ominosa frase en latín que dice Delenta est Austrolopitecus, este singular investigador se convierte en un prófugo de la ley.  Entre medio conoce a dos bellas damas por las que se siente atraído, cada una de ellas relevante en el proceso de revelar la verdad, también entra en conocimiento del destino de muchos de quienes antaño estuvieron en la lucha armada contra la dictadura de Pinochet, descubre además un complot de carácter mundial y se entera de que en Chile existe una secreta rama del poder gubernamental, que vela por los intereses del país de la manera más maquiavélica, si la ocasión lo amerita.

    “Cayetano hizo girar el taburete y fijó la atención en una pared amarilla con retratos de escritores. Bajo los rostros de Whitman, Hemingway y Coloane cenaba tranquilamente una pareja con aspecto de diplomáticos. Más allá varias mujeres saboreaban un curanto acompañado de vino blanco, mientras en un rincón cuatro hombres, al parecer ejecutivos, reían alrededor de unas copas de champán y una fuente de picorocos. Justo cuando Coleman Hawkins comenzaba a interpretar «La Rosita», la mirada del detective tropezó con la única mesa vacía. Estaba junto a la ventana abierta que daba a la calle.      
     Tuvo la certeza de que había sido reservada por el hombre a quien esperaba. Bajó del taburete y, vaso en mano, se aproximó a la mesa. Una tarjeta apoyada contra una copa decía «Sr. Sami» y debajo, en números, veintidós horas. Miró a través de los barrotes hacia los automóviles estacionados en la calle y luego consultó su Poljot adquirido en La Habana, una reliquia que podría vender a buen precio en el Persa si la necesidad era mucha. Faltaban dos minutos para las diez. Regresó a la barra imaginando que pronto descifraría aquel misterio.       
     A la hora en punto emergió en el umbral un hombre de aspecto distinguido y ojos vivaces, que vestía chaqueta de lino negro, camisa de cuello abierto y pantalón claro, y cargaba un maletín ataché. Constituía una presencia singular, por lo que durante algunos instantes cautivó la atención de las mujeres.
     Sonriendo amable, la mesera negra lo guió hasta la mesa junto a la ventana. El hombre colocó el ataché sobre una silla, ocupó la de enfrente y ordenó algo de beber. Desde allí, con la calle a su izquierda, contempló con disimulo el local y por una fracción de segundo sus ojos se cruzaron con los de Cayetano, que lo observaba a su vez acodado en la barra. Le calculó treinta y cinco años, registró sus facciones finas y su aire deportivo, mas permaneció inmóvil, a la expectativa, tal como la voz le había indicado por teléfono.     
     Y fue mientras el barman agitaba la coctelera que las circunstancias se precipitaron con una celeridad tan pasmosa como indescriptible: una moto con dos ocupantes de casco con mirilla se detuvo junto a la ventana, uno de ellos desenfundó una pistola con silenciador y disparó varias veces contra Sami. Luego, antes de que la víctima se desplomara sobre la mesa con estruendo de copas y platos, cogió el maletín por entre los barrotes y el vehículo se dio a la fuga sin que nadie, excepto Cayetano y el barman, pudiera percatarse de lo ocurrido.         
     En cuanto comenzó a escurrir la sangre sobre las tablas del piso, estallaron los gritos, las carreras y el pánico. Cayetano Brulé aprovechó la confusión para abandonar discretamente el Azul Profundo”.

    La novela posee varias aristas interesantes a la hora de abordarla de manera crítica.  Por un lado es posible encontrar en ella mayores elementos propios del género de la narrativa policial y de los cuales se apropia el autor con soltura.  Es así como la existencia de La Casa, secreta división de inteligencia apoyada por el gobierno de Chile, trae ecos de las hollywoodenses historias de espías, aunque ingeniosamente adaptado todo al contexto sociocultural criollo.  Es a su vez que la aparición constante de “espías” de un orden u otro, con los correspondientes enredos que implica la existencia de estos, le entrega una dosis de intriga al texto, que tal vez en esta ocasión se saborea más que nunca, si se recuerdan las anteriores entregas sobre este carismático detective; a ello se suman las identidades secretas, debido a los pasados ocultos de varios de sus personajes, así como también ante propósitos poco amistosos, todo esto tan  propio de las convenciones del género.  La existencia de una confabulación de “las tinieblas”, en la que los intereses de unos pocos atentan contra el destino de millones, con todo el corpus que le otorga Ampuero a estos desconocidos autores intelectuales de muchos de los males que asolan el mundo y que solo unos pocos saben de su verdadero origen, nos muestra a un escritor que ahora juega con las teorías conspirativas; de este modo el autor crea su propia versión de la llamada organización secreta y siniestra, haciéndolo todo tan verosímil, al armar el rompecabezas de la trama, con los eventos propios del Chile de la época en la cual escribió su obra.  Por último, en cuanto al mayor carácter de thriller de Cita en el Azul Profundo, destaca la inclusión de hasta un código igualmente secreto y que Cayetano debe descifrar para conseguir el éxito de su misión.   Por lo tanto, siendo el más “policial” de todos los títulos que comprenden esta saga hasta el momento de editada, abundan acá los hombres y mujeres de pasados inconfesables, las damas de belleza exótica, persecuciones varias, asesinatos a sangre fría, los villanos de variada calaña y, no podían faltar, los valiosos aliados.
    De igual modo resultan ser atractivos los diferentes viajes que realiza el protagonista, desde su patria de acogida en Chile, con la descripción casi costumbrista de las ciudades de Valparaíso y Santiago, si bien vecinas, aunque tan distintas entre sí.   Por medio de todo esto, el narrador nos transporta a otros mundos y realidades, que Ampuero recrea hasta hacernos creer que sin duda nos encontramos junto a Cayetano en dichos parajes.   Es así como una vez que el detective llega a las frías tierras de Suecia, a las que dedica varias párrafos en contarnos cómo son, resulta imposible no sentir su gélida belleza y en especial cuando el investigador debe llegar hasta una de sus inhóspitas islas, en las que solo los más valientes resisten su polar clima.  Si bien México con una de sus preciosas playas de igual modo se hace presente, es la Cuba que tan bien llegó a conocer el novelista durante su juventud, el otro país (“extranjero”) que sobresale en el libro; siendo este un sitio al que Brulé regresa una y otra vez luego de su exilio, puesto que su corazón se encuentra tanto en el caribeño país, como en la última nación del mundo.  Es entonces que Cuba vuelve a cobrar vida en las páginas de una novela de Roberto Ampuero, con toda su magia, belleza y, por qué no, sus miserias.
     El libro también se presta para una crítica nada velada a cierto sector de la izquierda chilena, en el sentido de que siendo Roberto Ampuero un ex miembro de las juventudes comunistas y por ello un fiel creyente en sus ideales, hasta que se decepcionó de todo ello, se refiere en novela a lo que sucedió con otro grupo de sus compañeros tras el regreso a la democracia (o sea, luego de finalizar el régimen dictatorial de Pinochet).   Pues si bien el propio escritor llegó a “darse vuelta la chaqueta”, como muchos de sus detractores ideológicos le achacan, ya que de ser un izquierdista llegó a apoyar públicamente el gobierno de derecha del presidente Piñera, otros según lo expuesto en su novela, a través de varios de sus personajes, se dedicaron a traicionar a sus antiguos compañeros que no se aliaron al nuevo régimen de izquierda, tras la finalización del gobierno militar (esto es considerándolos ahora terroristas y una amenaza latente, de ahí la aparición de La Casa en el argumento, que cumpliría esta función de desarticular con violencia a tales grupos de la otrora resistencia a Pinochet).   Por otro lado, la novela hace mención a otros izquierdistas que tras este actual gobierno, se aprovecharon de las circunstancias, haciéndose ricos, o sea aburguesándose por completo, y olvidándose de sus ideales de utopía social en beneficio propio.  Sin embargo en contraposición a estos sujetos, el escritor muestra también a unos cuantos que todavía siguen abrazando sus creencias, ya sea con humildad o con cierta soberbia, pero que no por ello se han dejado seducir por los caminos más facilistas de la democracia.
     Ligado a lo expuesto en el párrafo de arriba, es que el tema del pasado como algo que llevamos a cuesta con nosotros, define a varios de los personajes del libro, incluyendo al propio Cayetano Brulé.  Es así como para algunos su historial resulta algo que los define y lleva a mantenerse dignos, mientras que para otros el peso de la culpa y/o de la vergüenza, los convierte en personas acomplejadas, que han optado por una nueva vida y en la cual dichos años supuestamente no existen.
     Dentro de otro terreno, se evidencia un malestar hacia la llamada “literatura seria” o hacia aquellos que la defienden y en desmedro de la considerada como “literatura de evasión” (dentro de la cual supuestamente estaría enmarcada la producción de Roberto Ampuero).   Todo esto gracias a interesantes charlas de Brulé con una experta en literatura y sus propias reflexiones al respecto, donde queda clara la crítica hacia quienes creen que el arte debe ser algo elitista y hermético, por lo que mientras más difícil sea entenderlo (y más aburrido, tal vez) tendría mayor peso estético.
    Por último, no deja de ser interesante el juego con la realidad y la ficción que hace el artista, cuando hace que su protagonista se cuestione su propia existencia y llegando a pensar que es un ser salido de una novela policial y sujeto por ello a la caprichosa imaginación de su autor.  Este especial guiño que llega a la autoparodia y sigue la tradición de clásicos como la segunda parte de El Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes y de Niebla de Miguel de Unamuno, llega a su punto máximo cuando Cayetano Brulé observa desde su posición a un escritor de este tipo de obras, quien se dedica a la diplomacia y acostumbra a plasmar en sus textos hechos reales que ficciona sin tapujos (clara alusión a sí mismo).  

viernes, 1 de mayo de 2015

Sueños versus Miseria.


     John Steinbeck fue un importante escritor estadounidense del siglo pasado, quien vivió entre los años de 1902 y 1968,  con un montón de títulos a su haber, entre novelas, cuentos, ensayos, obras de teatro, trabajos periodísticos y hasta guiones para el cine.  Entre sus creaciones más celebradas (y polémicas en su momento) se encuentran textos de referencia hoy en día en la narrativa de su país, tanto como en la internacional: De Ratones y Hombres (1937, también conocido en español como La Fuerza Bruta), Las Uvas de la Ira (1939) y Al Este del Edén (1952).  Todas ellas han conocido prestigiosas adaptaciones cinematográficas, así como otras más de su autoría, con actores y directores de gran calibre como Elia Kazan, James Dean, Gary Sinese y John Malcovich.   Si bien en toda su carrera recibió importantes premios por su labor, destacan los prestigiosos Pulitzer (1940) y Nobel (1962).  Tal como se dijo anteriormente, su escritura no estuvo exenta de escándalos, ya que ante la saña con la cual denunció las injusticias sociales de su país, por parte de los ricos terratenientes hacia los campesinos, obreros, indígenas y emigrantes, lo cual realizó con maestría bajo su prosa, provocó más de una amenaza en su contra y hasta la quema pública de sus libros en la supuesta tierra de la democracia.  Y es que si bien Steinbeck provenía de una familia acomodada, no compartía mucho de los ideales de su gente y por esa razón desde principios de su carrera se puso de parte de los oprimidos.  Por lo tanto si es que no fue el primero entre los suyos, sí fue uno de los precursores entre los autores estadounidenses blancos, en escribir desde el punto de vista de los latinos, negros y demás minorías étnicas y sociales; de este modo al constituirse en la voz de estos, no cejó en mostrar las tristes condiciones de dicha gente al ser considerados con suerte como ciudadanos de segunda clase, viviendo en medio de la pobreza, la ignorancia y la falta de movilidad social.  De este modo tuvieron que surgir en la opinión pública sujetos como Steinbeck, para que mejoraran este tipo de situaciones y en parte los “poderosos Estados Unidos” se acercaran lo más posibles a sus ideales, de ser la nación de la libertad y las oportunidades.  Por lo tanto y resumiendo en parte las características de la mayoría de sus trabajos, su obra trata acerca de la gente común y humilde, enfrentada a las vicisitudes de la vida real.  Empero a esta visión suya que para tal época claramente puede ser considerada como vanguardista y de izquierda, este escritor mantuvo fuertes lazos de amistad y apoyo con algunos de los gobiernos de su país, llegando incluso a expresar a los medios su acuerdo con la intervención armada norteamericana en Vietnam (hecho que le granjeó el desapruebo de los pocos intelectuales, que lo apoyaron cuando provocó el descontento de los sectores más conservadores y capitalistas).  No obstante este tipo de cambios radicales en el pensamiento de muchos artistas, a través de reacciones imperialistas, parece que es habitual entre los literatos, ya que en los mismos Estados Unidos se puede tomar como ejemplo más actual, el caso de Orson Scott Card, quien ha prestado su respaldo a los soldados de su país en Medio Oriente; mientras que en América Latina destacan las figuras del peruano Mario Vargas Llosa y nuestro compatriota Roberto Ampuero, quienes de abrazar el Comunismo en su juventud, orientaron sus intereses luego a la derecha política…Bueno, quizás para disfrutar mejor la obra de un artista en concreto, tal vez en ocasiones sea conveniente separar a la persona de su obra (de modo de no caer luego en decepciones mayores).
     La Perla (1947) corresponde a uno de los libros más famosos de John Steinbeck, si bien desde el punto de vista formal resulta ser más bien una novela corta, ya que no llega a las 200 páginas de extensión, por lo que se lee con facilidad en un par de horas.  No obstante se trata de una obra potente y en la cual sin duda es posible reconocer los elementos caracterizadores de su labor artística.   Asimismo el texto se encuentra lleno de simbolismos y niveles de lectura, tratándose de un texto que usando un lenguaje poético, se convierte tanto en una fábula moral, como en una severa crítica social.
    
La novela comienza una idílica mañana en la que una joven pareja de indígenas mexicanos, inicia su día en medio del gran amor que se tienen, pese a la pobreza en la que viven.  La gran felicidad de sus vidas resulta ser su único hijo, apenas un bebé.  Todo parece que será igual que siempre, hasta que la armonía de esta pequeña familia se ve invadida, cuando el pequeño es picado por un mortal escorpión.  Los momentos previos al incidente no pueden ser más dramáticos y adelantan el tono grave que irá tomando el libro de forma paulatina hasta su terrible desenlace.

    Kino se despertó casi a oscuras. Las estrellas lucían aún y el día solamente había tendido un lienzo de luz en la parte baja del cielo, al este. Los gallos llevaban un rato cantando y los madrugadores cerdos ya empezaban su incesante búsqueda entre los leños y matojos para ver si algo comestible les había pasado hasta entonces inadvertido. Fuera de la casa edificada con haces de ramas, en el plantío de tunas, una bandada de pajarillos temblaban estremeciendo las alas.
    Los ojos de Kino se abrieron, mirando primero al rectángulo de luz de la puerta, y luego a la cuna portátil donde dormía Coyotito. Por último volvió su cabeza hacia Juana, su mujer, que yacía a su lado en el jergón, cubriéndose con el chal azul la cara hasta la nariz, el pecho y parte de la espalda. Los ojos de Juana también estaban abiertos. Kino no recordaba haberlos visto nunca cerrados al despertar. Las estrellas se reflejaban muy pequeñas en aquellos ojos oscuros. Estaba mirándolo como lo miraba siempre al despertarse.
    Kino escuchaba el suave romper de las olas mañaneras sobre la playa. Era muy agradable, y cerró, los ojos para escuchar su música. Tal vez sólo él hacía esto o puede que toda su gente lo hiciera. Su pueblo había tenido grandes hacedores de canciones capaces de convertir en canto cuanto veían, pensaban, hacían u oían. Esto era mucho tiempo atrás. Las canciones perduraban; Kino las conocía, pero sabía que no habían seguido otras nuevas. Esto no quiere decir que no hubiese canciones personales”.

    Acompañados por sus vecinos y familiares, los protagonistas acuden hasta donde el único médico de la zona, uno de los hombres que representan en esta historia la ausencia total de todo código moral y que encarnan por ello mismo el materialismo propio, de quiénes han renunciado a sentirse parte de la sociedad.  Incluso su aspecto físico es detestable y no deja de reflejar (en especial en el aspecto de sus ojos) sus carencias humanitarias.  Que a diferencia del resto de los personajes sea alguien supuestamente instruido, deja de manifiesto los abusos de la clase dominante por los que pasa esta gente; a su vez demuestra que la calidad del corazón del hombre no radica ni en su poder adquisitivo, ni en su preparación formal, si no que en la dignidad con la que lleva su vida (así es como la pareja protagonista, demuestra en esta obra mayor talante moral que muchos otros de lo que aquí aparecen, pese a que en su desarrollo no dejan de cometer los errores típicos de toda persona).  Obligado a tener que costear el servicio del médico, el hombre, que oficia de pescador, se decide a buscar una perla con la cual pagar sus atenciones.  En contra de las expectativas, encuentra la perla más grande y hermosa que se haya visto en la zona, lo que provoca toda una revolución, tanto de parte del resto de los lugareños, como en especial de aquellos que profitan con la ignorancia de los pobres.  Lo que tendría que transformarse en la verdadera posibilidad de alcanzar una mejor vida para este matrimonio, se transforma en toda una pesadilla y un descenso a los Infiernos, ya que la envidia de sus congéneres les impedirá hacer uso cabal del trofeo que han obtenido.
     Para ejemplificar mejor que nunca la miseria de los personajes del libro, en especial aquella en la cual se ve involucrada gente de condición humilde como este grupo de pescadores, Steinbeck introduce en la narración varios comentarios acerca de cómo se comportan los grupos de personas, de modo de invitar a la reflexión sobre los males sociales que llevan a individuo a acabar de forma estrepitosa.  Por un lado se observan los aspectos más benignos de la vida en comunidad, pero luego poco a poco se va diluyendo todo lo bueno que hay en el aparentemente idílico lugar, donde transcurre esta obra, para dar paso a la tragedia… Y la tragedia que aquí se cuenta es la del ser humano enfrentado a las propias debilidades de su condición mortal y finalmente derrotado tras una lucha que muchas veces no puede ganar.  Es en este sentido que a la luz de los sucesos del libro, queda justificado el famoso dicho “Pueblo chico, infierno grande”. No es que se trate de una novela que niega el valor del espíritu humano, al contrario, lo enaltece al mostrarnos cómo hacia el final de su periplo, los protagonistas luchan por defender lo que es suyo; no obstante el agrio final sirve en su justa medida, para llamarnos a tener plena conciencia del mal que nos acecha y por ello estar atentos para no dejarnos tentar y a no rechazar todo lo virtuoso que puede haber en nosotros mismos.  Por esta misma razón la novela al utilizar a personajes de origen indígena (conquistados por el hombre blanco), muestra cómo a través de este proceso de subyugación, el hombre se convierte en dueño de otros hombres o al menos llega a usufructuar con una esclavitud encubierta la libertad de sus congéneres.  

    “(…) Este doctor no era compatriota suyo. Este doctor era de una raza que casi durante cuatrocientos años había despreciado a raza de Kino, llenándola de terror, de modo que indígena se acercó a la puerta lleno de humildad y como siempre que se acercaba a un miembro de aquella casta, Kino se sentía débil, asustado y furioso a la vez. La ira y el terror se mezclaban en él. Le sería más fácil matar al doctor que hablarle, pues los de la estirpe del doctor hablaban a los compatriotas de Kino como si fueran simples bestias de carga. Cuando levantó su mano derecha para coger el aldabón (le la verja la rabia se había apoderado de él, en sus oídos sonaba intensamente la música del enemigo y sus labios se contraían fuertemente sobre sus dientes; pero con la mano izquierda se quitaba el sombrero. El metálico aldabón resonó contra la verja. Kino acabó de destocarse y esperó. Coyotito gemía en brazos de Juana, que le hablaba dulcemente. La procesión se apiñó más para ver y oír más de cerca.”


     Siendo sujetos analfabetos los protagonistas del libro, en su argumento toma un papel significativo el aprecio por la educación y en especial por el “poder” de saber qué dice la palabra escrita.   De este modo la pareja en la que recae el peso de la historia, desea que su bebé cuando crezca vaya al colegio, para que aprenda a leer y escribir, porque bien saben que al poseer tales conocimientos tendrá la oportunidad de no estar sometido a la mentira de los poderosos,  Por lo tanto en esta faceta del libro, es posible identificar dos aspectos acerca de  la educación misma: por un lado nos libera de las ataduras de la ignorancia, permitiéndonos convertirnos en sujetos autónomos; y por otro, permite que aquellos de corazón estrecho puedan abusar de los demás, con sus palabras llenas de mentira, tal como bien sucede con el ya mencionado doctor y los compradores de perlas.
    En un momento de la novela aparece un sacerdote católico, quien visita a los padres del bebé cuando se entera de que estos poseen la fabulosa joya.  En un principio se podría ver su intervención en la trama, como una manifestación más del trato engañoso de las autoridades para con los pobres, puesto que bien pareciera que el “hombre de Dios” también desea sacar provecho de la suerte de sus feligreses.  No obstante lo que hace el religioso una vez frente a los protagonistas, no es otra cosa que aconsejarlos y advertirlos respecto a la tentación y condenación que pueden significar la posesión de la perla, además de invitarlos a decidir con sabiduría que hacer con el “don” que se les ha concedido.   Por lo tanto el sacerdote ante esta acción, bien se constituye en la conciencia moral en medio de un pueblo donde hasta los más nobles, a lo largo de libro caen en la desgracia de dejarse llevar por sus pasiones.
     Muchas de las descripciones del libro parecieran enmarcarse dentro de la literatura maravillosa y/o de fantasía, debido justamente a que el narrador caracteriza al lugar donde transcurren los acontecimientos y a su gente, como otro mundo, con sus propias reglas y costumbres y donde las personas viven en armonía con la naturaleza.  De este modo la llegada violenta del hombre blanco, quien termina por dominar a los lugareños, bien puede ser vista como la invasión de un pueblo más “avanzado” hacia otro más primitivo.  Así es que si se dejaran de lado los datos que dejan claro que todo ocurre en nuestra realidad, bien pareciera estar hablándose de la conquista del Paraíso por parte de manifestaciones de tipo demoniaca o de al menos tratarse de la historia sobre la decadencia de un mundo otrora puro y sumido en la devastación de los males modernos.  A su vez la perla misma toma atributos casi mágicos para los indígenas, quienes la ven tanto como una bendición, como a una maldición.
     Siendo un texto complejo, pero ameno, emotivo y bastante dramático, que da pie a tantas interpretaciones y a la reflexión por parte del lector maduro, no deja de llamar la atención el carácter aventurero y lleno de acción que toma una vez que los protagonistas deben huir de sus enemigos.  La confrontación en plenas montañas resulta ser bastante física y violenta, otorgando al padre rasgos heroicos de corte épico y convirtiendo como nunca esta obra, en un título lleno de aristas que nunca terminan de sorprender.

    “Kino bordeó la cornisa de piedra como lo haría una lenta oruga. Había dado la vuelta a su collar para que el cuchillo pendiera a su espalda y no pudiera tintinear contra la pared de piedra. Sus dedo extendidos tanteaban las montañas, sus pies hallaban apoyo en los salientes de la roca y su pecho re balaba sobre el muro en lento avance.
    Cualquier ruido, un guijarro que rodase, un suspiro, una involuntaria palmada sobre la roca, despertaría a los tramperos dormidos. Todo lo que fuera insólito en la noche los pondría sobre aviso. Pero la noche no era silenciosa: las ranas arbóreas que vivían cerca del arroyo charlaban como pájaros, el desfiladero se llenaba con el chirriar incesante las cigarras. En la cabeza de Kino había otra música, la del enemigo, palpitante, al acecho, y sobre ella la Canción Familiar se había hecho intensa aguda como el maullido de un puma hembra. La canción de la familia vivía con intensidad y lo impulsaba hacia el enemigo. Las cigarras parecían haberse apropiado la melodía y las ruidosas ranas repetían de vez en cuando fragmentos de su música.”

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