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lunes, 20 de enero de 2020

Volver al estilo clásico. PRIMERA PARTE


I. Antecedentes para una nueva serie de culto.

    En 1982 dos genios del terror unieron sus talentos para darnos a sus seguidores y amantes del género lo que pronto se transformaría en una película de culto: Creepshow.  Me estoy refiriendo a una película dirigida por toda una dupla de oro: George Romero, el mismo “padre de los zombies” que nos había regalado ya hace rato su genial debut con La Noche de los Muertos Vivientes y su secuela El Amanecer de los Muertos; y su compañero a cargo del guión, Stephen King, por entonces también escritor consagrado gracias a varias novelas suyas y de las cuales solo nombraré por ahora Salem´s Lot.
    Lo que hicieron a través de este trabajo sus creadores, fue nada menos que realizar un cariñoso homenaje a los cómics de terror, sangrientos y con algo de humor negro, de la desaparecida editorial EC, de la cual ambos mamaron de niños y/o jóvenes por allá en la década de los 50.  De este modo, armaron su obra como si se tratara de diversas historias a manera de antología, tal como sucedía con esas viejas publicaciones, utilizando además un personaje macabro a manera de anfitrión y recreando el estilo de las viñetas en las que están divididas las historietas.  
    5 fueron las historias que contaron en esta ocasión Romero y King y para ello se valieron de numerosos actores, entre ellos unos cuantos ya veteranos como Leslie Nielsen y E. G. Marshall, más varias jóvenes promesas que con los años cobrarían incluso más renombre que los anteriores, tales como Adrienne Barbeau, Ted Danson y en especial Ed Harris.  Cabe mencionar que el propio Stephen King actuó como protagonista del primer segmento.
    Debido al éxito de esta producción, en 1987 se realizó una secuela, para nada mala, aunque de ella aparte de la historia que une los tres segmentos que la componen, solo la segunda parte es en verdad memorable; y es que esta, basada en el cuento La Balsa del “Tío Steve”, por razones presupuestarias no pudo salir en su predecesora como se tenía pensado originalmente, siendo lejos lo más inquietante de este filme.  No obstante, esta vez Romero no estuvo detrás de las cámaras y le pasó el mando a su amigo colaborador Michael Gornick, mientras que él ofició de guionista junto al mismo King.
     Cabe mencionar que en ambas películas también participó otro grande del terror: el dibujante Berni Wrightson, otro querido amigo de Romero y de King, realizando los diseños para las viñetas y animaciones de estas, todo al muy viejo estilo de la adorada EC y las empresas que siguieron su legado.
     Por cierto, hay una Creepshow III de 2006, pero este servidor no la ha visto y al parecer es olvidable.  Está compuesta por 5 historias, si bien en ellas no participaron de ninguna manera Romero, ni King.


                                                       Tráiler de Creepshow (1982).

II. Un feliz regreso…A la tele.

    El maestro de los efectos especiales y maquillajes monstruosos, Greg Nicotero, hace rato ya director de cine y productor detrás de cientos de títulos para el cine y la televisión se interesó en este proyecto…Y es que este trabajó en su juventud para el propio Romero y luego ya un veterano realizó los trucos para varias adaptaciones de la narrativa de S.K (entre ellas de La Niebla).
    Fue así que la serie imita o más bien sigue los lineamientos de las películas en la que se inspira, contando dos historias por episodio, de media hora cada segmento.  Varios autores fueron adaptados en esta ocasión, partiendo por el propio Stephen King y terminando por Joe Hill, su igualmente famoso hijo mayor, también autor multipremiado; por otro lado, también encontramos acá guiones originales, algunos de la mano del propio Nicotero y otra de Paul Dini, prestigioso escritor de cómics y cartoons, sin dejar de mencionar al veterano escritor de cómics de terror Bruce Jones.  De igual manera grandes actores participaron en esta primera temporada, de solo 6 episodios, algunos de ellos muy ligados al género y a los propios artífices de ambas películas clásicas.
    Para completar el tributo a las mencionadas cintas y de las cuales recibe su nombre el show, crearon un nuevo anfitrión y que en todo caso se parece bastante al de la primera película…Sin embargo, este no resulta muy simpático que digamos e incluso se podría decir que se ve intimidatorio, a diferencia de lo que dicta la tradición de los viejos cómics en los que se inspira esta producción (si bien comparte su gusto por el humor negro) y que pese a su monstruosidad son amables con su público.  Además, se usaron efectos especiales “retro” en muchos casos, optando por la animatrónica y los disfraces aparatosos en vez del hoy abusado GGI, lo que para los nostálgicos de las obras del pasado resulta memorable.
    Por cierto, también se agradece que tenga créditos de apertura, estos bastante efectivos y donde en ellos ahora sí dio gusto el uso de la tecnología computacional.  De igual manera, al comienzo de las historias, entre medio y al final del capítulo podemos ver páginas de la revista de la que se suponen vienen estos relatos, sin dudas otro precioso detalle que honra los cómics que originaron luego tales obras.


                                           Créditos de apertura de la serie Creepshow.

III. Los episodios.

1. Materia Gris/La Casa de la Cabeza.

     Un programa como este y considerando sus antecedentes, no podía dejar de adaptar al llamado Rey del Terror y qué no mejor partiendo con una de sus historias clásicas.  Es así que Materia Gris corresponde a uno de sus primeros cuentos, de esos de “terror puro y duro” que publicaba en su juventud en revistas antes de cobrar fama y fortuna.  Este relato estaba pendiente desde hace décadas, considerando que varios de los textos que lo acompañaron en El Umbral de la Noche (por cierto, la vieja edición de bolsillo que tengo regalada por mi madre cuando era adolescente, de la editorial Plaza y Janez, lleva de portada una imagen de la peli original de Creepshow), su primera colección de cuentos, ya habían tenido sus adaptaciones e incluso algunos más de una y hasta fueron fuente de franquicias como Los Niños del Maíz o Camiones (cuya primera versión la dirigió el propio King en los ochenta).
      Esta pieza que recuerdo con cariño e incluso se las di a leer a unos alumnos que me pidieron recomendaciones, trata acerca de un hombre que para mitigar sus penas se dedica a tomar cerveza como condenado.  Su hijo adolescente está sometido al vicio de su papá y un día le cuenta cómo llegó a todo esto a una mujer, luego de que llega hasta ella y a sus compañeros para pedirle ayuda.  El título de la joyita tiene que ver con lo que le pasa al alcohólico y cómo ello afecta a quienes lo rodean, de una forma mucho más espantosa que en los dramas relacionados con las familias disfuncionales típicas.
     Detrás del guión en el cual nos encontramos con atrocidades e imágenes en verdad espantosas y al final con un verdadero monstruo memorable, bien podemos hallar una metáfora y una moraleja relacionada con los efectos nocivos de las dependencias (que King muy bien lo sabe, tal como él mismo nos lo ha contado sin tapujos en su hermoso libro Mientras Escribo): a la larga, si no llegamos a controlar nuestro dolor y no paramos el vicio que nos consume, ellos nos terminan por destruir.
    Debo destacar la dirección de arte de esta sección del capítulo, que en verdad nos hace creer que estamos en medio de una tormenta (¿Se han dado cuenta de que al Tío Steve le encanta ambientar sus narraciones en medio de tempestades de lluvia y nieve, en especial cuando se llega al clímax, como una manera de representar a través de la madre naturaleza el choque de las fuerzas en pugna?) y el hecho de que una de las protagonistas es nada menos que Adrienne Barbeau, ahora una anciana y aun así activa y tan carismática como siempre es un detalle a la primera película para el cine de esta franquicia, puesto que  en sus años mozos participó en ella (si bien da penita verla tan viejita…¡Con lo sexy que era!).  Asimismo, actúa otro tremendo artista, Tobin Bell, quien hizo del villano Jigsaw en esas perlas gores que son los filmes de la saga Saw (y ahora no del malo de la historia) y el moreno Giancarlo Esposito (al que en una semana he visto en tres papeles diferentes y en verdad que actúa bien el veterano).
    La segunda historia corresponde a La Casa de la Cabeza, que en inglés viene a ser un juego de cabeza por el típico nombre de relatos de horror: House of the Dead (muerte) por House of the Head (cabeza).  ¿Y por qué ese nombre tan raro? Pues porque la trama gira en torno a una casa de muñecas y a una cabeza que aparece de un momento a otro de manera inexplicable.
    La protagonista es una niña de unos ¿7 años?, inteligente, sensible e independiente que le ha tomado el gusto a este tipo de juguetes.  Ha logrado tener una familia “ideal”, con su perro guardián en uno de estos objetos muy elaborado.  Cuando todo parece que va bien, un día descubre que a los “habitantes” de la casita se ha sumado una horrorosa cabeza tipo zombie y la cual, por increíble que nos parezca, se ve que aterroriza a los muñequitos.  El tiempo pasa y la chica ve cómo el intruso invade la tranquilidad, al punto que ella por sí misma y sin contarle a sus padres, hará lo posible por salvar la situación desde su ingenuidad infantil o más bien utilizando su “razonamiento mágico”, al ser capaz de aceptar lo extraordinario sin problemas (a diferencia de un adulto).
    Entre lo maravilloso de esta segunda historia, se encuentra la actuación de la pequeña actriz a cargo de la protagonista, quien no solo realiza con increíble convicción su rol, sino que además carga con el papel de una chica que nos deja con la boca abierta, por la manera de cómo enfrenta ella sola un horror que muchos adultos maduros apenas podrían superar.  La ingeniosa manera para abordar la contaminación del mal en lo cotidiano, todo sin violencia explícita y a través de los ojos de una menor de edad, nos pone tensos y esperando cualquier cosa del destino de la pequeña heroína.  
    La idea original de esta sección (quizás lo más sobresaliente de toda la primera temporada), viene de un cuento de Josh Malerman, un emergente escritor gringo que aparte de dedicarse a este noble arte, es músico y con una carrera bastante exitosa en ello, por cierto.  Ganador de varios premios gracias a su pluma, su debut fue nada menos que con Bird Box (2014 y publicada en nuestra lengua con el nombre A Ciegas); esta obra fue llevada al cine gracias a Netflix y a la talentosa Sandra Bullock, que la produjo y se reservó el papel principal para ello.  Malerman ha escrito a la fecha 6 novelas, como también ha incursionado en el formato de la novela corta y de los cuentos, llegando a escribir un montón de estos últimos en pocos años.  Para Creepshow él mismo se dio el gusto de adaptar su relato a la pantalla chica.


                                                                    Tráiler oficial.
2. Bad Wolf Down/The Finger.

     Supongo que una traducción correcta para la primera historia sería algo así como El Lobo Malo Debajo (¿O escondido?) y es que se trata de un pieza acerca de hombres lobos.  Ambientada en plena Segunda Guerra Mundial y cuando un pequeño grupo de soldados gringos apenas ha logrado escapar con vida, de su enfrentamiento a los nazis, nos muestra a este grupo que se encuentra con una mujer con esta maldición y la particular manera que tienen de enfrentar dicho peligro.  Pero una cosa es la amenaza sobrenatural a la que están expuestas, donde vemos que quienes sufren tal condición no han escogido convertirse en estos monstruos y otra el mal que representa el enemigo, que si ha optado como elección propia por este tipo de bestialidad.
    Aparte de ser una historia típica de miedo y monstruos, podemos hallar una honda reflexión acerca de la verdadera naturaleza del ser humano, quien usa caretas y su supuesta urbanidad, para  esconder sus conductas salvajes y toda la oscuridad que puede llegar a albergar (que no solo vemos aquí bajo la imagen de los nazis).
    El papel del villano principal lo realiza un actor de culto, gran veterano de filmes de terror y series de televisión del género y de la ciencia ficción: uno de mis ídolos personales, Jeffrey Combs (Reanimator y varios otros filmes de Stuart Gordon, por no mencionar sus papeles recurrentes en Star Trek: Deep Space Nine y Star Trek: Enterprise).
     The Finger (El Dedo) es la historia de un hombre de vida más o menos miserable, que un día se encuentra en la calle con un raro dedo y se lo lleva a su casa, para agregarlo a su colección de cosas pilladas por cualquier parte.  El órgano comienza a crecer y termina por dar forma a un monstruito que demuestra que le tiene aprecio.  La trama se pone en verdad truculenta, cuando la criatura encuentra una manera muy especial de hacer feliz a su amo.
    He aquí otra manera de abordar la inclinación natural humana hacia el mal, en especial en lo que concierne al egoísmo… ¡Y por supuesto que este monstruito (animado con animatrónica en la más onda vintage) resulta ser una proyección de los defectos del protagonista! 
     Esta segunda sección está protagonizada por el simpático DJ Qualls, artista a quien no hace mucho este servidor vio brillar en El Hombre en el Castillo.
     El guión estuvo a cargo de otro verdadero maestro del terror, David J. Schow, destacado guionista y escritor que estuvo detrás de la recordada primera adaptación cinematográfica del cómic del superhéroe El Cuervo y su trabajo para el guión de la muy entretenida historia sobre psicópatas Pick me up de Larry Cohen para Maestros del Horror; cabe destacar los formidables monólogos que escribió para el protagonista, interpretados con mucha simpatía por Qualls, frente a la cámara como hablándole al público. Asimismo, el propio Greg Nicotero ofició en esta ocasión de director.  

   
                                                                     Tráiler N° 2.

3. All Hallows Eve/The Man in the Suitcase.

     Víspera de Todos los Santos corresponde al nombre en español de la primera parte de este capítulo, lo que entre los gringos (y otras partes del mundo como incluso Chile, debido a la publicidad y al impacto de la cultura popular, claro) también es conocido como… ¡Halloween!
     Esta historia es protagonizada por un grupo de niños que sale a realizar el tradicional “dulce o travesura” y el verdadero sentido que le dan estos amigos a su viaje por el vecindario en el que nacieron.  La situación es rara, porque en general se ven como un grupo amable entre gente que se quiere, pero luego vemos que su presencia entre los vecinos es temida y la razón de ello solo viene a revelarse con el impactante final.  Hay una atmósfera insana detrás de todo esto y ello en verdad nos mantiene atentos en lo que vendría a ser, sin dudas, el segmento más emotivo de toda esta breve y aun así inolvidable temporada debut.
     El tema del dolor y el sentido que le damos a este, juega un papel fundamental en esta ocasión, como algo que nos puede destruir y también unir a otros.  Pero también volvemos a encontrarnos con las ideas de la justicia, el castigo y la venganza, viejos temas que tantas narraciones clásicas de terror han originado.
    Otra vez estamos hablando de un guión original, aunque esta vez quién está detrás de ello, viene a ser un escritor por quien no puedo dejar de sentir enorme respeto: Bruce Jones ¿Y quién es este señor? Pues estamos hablando de un veterano de los cómics y al que le debemos una enorme cantidad de historias de terror hoy ya clásicas; todas hechas para revistas tales como Eerie y Creepie, de la que salieran reales obras maestras tales como esa joyita que es Jennifer, dibujada bellamente por Berni Wrigtson y que gracias a la ya mencionada Maestros del Horror y a Dario Argento, pudimos ver adaptada a la pantalla chica que llega a dar gusto.
      Traducido literalmente en nuestra lengua como El Hombre en el Maletero, la segunda parte es otra historia de terror sobrenatural con mucho humor negro, tal como el caso de El Dedo que ya revisamos más arriba.  Esta vez se trata de un hombre joven, al que supuestamente por error le llega una maleta que no es la suya, la que trae un cargamento muy especial: un hombre que por increíble que parezca, logra estar vivo dentro de ella, pese a lo retorcido que está; el sujeto pide ayuda para salir de su confinamiento y cuando el protagonista está a punto de ayudarlo, se da cuenta de que le conviene mantenerlo ahí, pues gracias al dolor del hombre del maletero puede conseguir todo el dinero que desea.  Dos personas más se involucran en esto, trayendo consecuencias nocivas para todos ellos.
    Detrás de esta historia aparentemente absurda y con momentos tanto graciosos, como con su cuota de violencia, estamos frente a una de esas obras del género de gran carga moral.  El exacerbado deseo humano por el dinero, aún a costa de nuestra propia alma y del bienestar de otros, se encuentra presente en este pequeño drama que, además, reinterpreta de manera muy original a uno de los personajes habituales de la más rancia tradición sobrenatural y del género de horror.
     


domingo, 10 de julio de 2016

¿Acaso la certeza de que existe el Diablo, puede probar que efectivamente Dios está por sobre todo lo demás?


     La película de 2005 El Exorcismo de Emily Rose, inspirada en uno de los pocos casos de posesión demoniaca documentados seriamente, dejó un mensaje que en mi caso particular me llegó bastante al corazón: El mal dentro de toda su villanía es una herramienta que nos permite darnos cuenta que existe un mundo más allá de lo tangible, pues si existe una fuerza maligna de corte sobrenatural, es porque obviamente posee su contrapartida, la del bien y bajo ella se encuentra la mismísima presencia de Dios, la que por supuesto es superior a la de cualquier manifestación espiritual negativa.  Por lo tanto es ante la certeza de que hay algo más allá de lo que nuestros pobres sentidos pueden apreciar, aún debido a la intervención de una fuerza maligna, que nuestra fe en el Creador puede reafirmarse más que nunca.
      No obstante llegar a tal certeza y/o revelación, aun cuando es una buena nueva abierta para quien quiera escuchar y ver, en el mundo actual no llega a ser atendida por todos y solo unos pocos logran (logramos) reconocer su verdad.  De este modo filmes como el arriba mencionado y el que ahora me inspira a escribir, solo por unos cuantos consiguen ser apreciados como obras de un marcado acento religioso (o al menos metafísico)…Mientras que para el resto solo se trata de una historia más de terror, hecha solamente para entretener y asustar.
      En el año 2013 se estrenó una nueva cinta por aquel entonces, que abordaba temas tan populares en el género de horror, como lo son las casas embrujadas, las posesiones demoniacas y la existencia de “detectives paranormales”, encargados de corregir los entuertos producidos por estas presencias incorpóreas malignas.   Basada en uno de los tantos casos estudiados del famoso matrimonio de investigadores de lo sobrenatural, de Lorraine y Ed Warrren, trató acerca de una familia que era acosada por la maldición de una bruja.  Titulada como El Conjuro, fue dirigida por el cineasta de origen malayo James Wan, quien desde su auspicioso debut en 2004 con el hoy del culto (y muy gore) título de Saw, que llegó a tener nada menos que seis secuelas (todas producidas por él mismo), ha llegado a hacerse una carrera respetable en el mundo del género fantástico; detrás además de otros largometrajes tan elogiados como Death Silence (2007) e Insidious (2010), ha logrado ser el seleccionado por DC para dirigir la esperada primera cinta sobre Acuaman, a debutar en 2018.
      Uno de los plus a la hora de apreciar esta película, viene a ser su reparto que tuvo entre sus  filas a todo un grupo de actores talentosos; es así que podemos hallar aquí a gente como Vera Farmiga y Patrick Wilson, haciendo de la pareja compuesta por los Warren, además de Lili Taylor (¡ìdola!) y Ron Livinston, como el otro matrimonio de la trama y a quienes junto a sus hijas les toca pasar por el acoso de un espíritu satánico.  Pues sin duda que la suma de todos estos, ayuda a que la atmósfera ominosa de una película “hecha a la antigua” se consiga con creces, ya que se afirma más en lo que sugiere y en el trabajo actoral de sus intérpretes, que en el abuso de efectos especiales y en la truculencia exagerada (estos últimos elementos tan sobrevalorados en el séptimo arte actual).  Por otro lado, incluso originó una precuela acerca de la siniestra muñeca Ananbelle (2014), aparecida al comienzo y que con solo unos minutos en pantalla, logró quedarse en la retina y la memoria del público, que pidió saber más sobre ella.
      Es así que considerando el éxito de la primera aventura para la pantalla grande de los Warren y que en el mundo real tuvieron varios casos más de interés, que este mismo año se realizó una secuela bajo el nombre de El Conjuro 2: El Poltergeist de Enfield.  Dirigida por el propio Wan, quien volvió a contar con la Farmiga y Wilson en los papeles estelares, trata sobre otra de las experiencias de esta pareja de exorcistas, demónologos y cazadores de fantasmas, quienes en esta ocasión se enfrentaron a un caso todavía mucho más tenebroso que el anterior.
     El largometraje parte con una declaración de la propia Lorraine Warren, bastante relevante para otorgarle su sentido a esta otra historia, ya que bajo sus palabras se pueden encontrar diversos aspectos significativos y que a lo largo de este texto se abordarán, aunque sin querer caer en el spoiler.   Las escenas de miedo, que incluyen un flashback sacado del filme anterior y otras que poseen connotaciones de premonición, sin duda que impactan por su intensidad dramática; es así que esta segunda parte llega a ser mucho más aterradora que su predecesora.
     Un detalle que bien puede llamar la atención para los conocedores del cine clásico del género, por cuanto además aquí se descubre el nexo real de los Warren con un célebre suceso tomado por Hollywood, viene a ser que el mismo comienzo del argumento parte en la casa conocida como Amitivylle y cuyas particulares ventanas pueden ser reconocidas por los espectadores más duchos al respecto.
     Luego de la introducción que de algún modo sigue los patrones de la primera película, nos enteramos de que para cumplir su rol como singulares “justicieros” del mundo sobrenatural, marido y mujer deben realizar un viaje hasta el otro lado del océano, a nada menos que Inglaterra (tierra de famosos entes sobrenaturales, según la tradición oral y literaria), para ayudar a otra familia que en este caso supuestamente sufre el yugo de la opresión de un fantasma.  El hecho de que la acción transcurra en un territorio que no sea el suyo, en una cultura hasta cierto punto diferente a la gringa, le otorga una arista aún más heroica a los protagonistas, por cuanto deben enfrentarse a otros inconvenientes que al parecer no habían tenido en el pasado.
      Si en la primera entrega de esta trilogía se nos mostraba a una familia “modelo”, compuesta por madre, padre e hijas como víctimas del mal, esta vez los oprimidos vienen a ser un grupo familiar que no solo ya no son estadounidenses típicos de “clase media”, sino que se trata de personas de recursos más humildes y que además ha pasado por la separación de sus progenitores, de modo que los pequeños viven solo junto a su esforzada madre; por otro lado, ahora los niños son de ambos sexos, a diferencia del matrimonio anterior que solo tenía hijas.  Considerando que en El Conjuro 1 y 2 son familias aquellos que deben recurrir al socorro de  los Warren (quienes forman otra comunidad con única hija incluida), se puede reconocer la relevancia que posee esta institución dentro de los filmes correspondientes.  Por otro lado, la amenaza bajo la cual se encuentran los Perron y los Hodson (las familias protagonistas de estas dos cintas), más los mismos Warren, al ser objetos de la atención de fuerzas siniestras, va muy de la mano con la creencia de que el mal busca minar toda manifestación de lo bueno que hay entre los seres humanos; de este modo, el guión de ambas obras deja clara la importancia de la familia unida para vencer todo tipo de inconvenientes, incluso aquellos de origen sobrenatural.
      Sumado a lo anterior, cabe destacar el papel que se le otorga a la fe misma, tanto en quienes confiamos, como en las convicciones religiosas.  Los propios Warren son sujetos de notoria religiosidad y además desde la película número uno, queda clara su relación con la Iglesia Católica, que los tiene como representantes laicos suyos oficiales ante fenómenos paranormales.  Lorraine tras sus visiones al comienzo de la cinta, se da cuenta que lo que quieren sus enemigos es socavar su propia fe en Dios, de tal modo a través de ella, así como de otros personajes, se representa la batalla espiritual en la cual están en juego las almas humanas, ya que se encuentran en medio de la eterna guerra entre el bien y el mal (si no basta con tener en cuenta el aspecto que toma aquí el demonio, para atentar contra la mujer y los suyos, burlándose de todo lo que es sagrado).  Al respecto, es que nuevamente queda declarado que el libre albedrío y la voluntad de permanecer firmes frente a la tentación, son algunas de las armas para derrotar a la oscuridad.
     Tal como ya se dijo en este texto, El Conjuro 2 supera a su antecesora, consiguiendo más de una vez atemorizar al público (y ello independientemente de si este es creyente o no).  Sin duda hay imágenes y escenas memorables, efectivas y donde el uso de una fotografía cuidada, más unos efectos sonoros aterradores, ayudan a crear la sensación de ser testigos de un episodio de la vida real en verdad sombrío.  A su vez posee una leve cuota de humor que no entorpece el lado más serio de su trama.  La dirección de arte vuelve a estar soberbia a la hora de transportarnos a los recordados años setenta, esforzándose más todavía por el hecho de que la mayor parte del metraje transcurre en los típicos barrios ingleses, tan conocidos gracias a tantas películas y seriales.  El único aspecto eso sí que podría haber mejorado, podría ser el de su poca inspirada banda sonora, que de nuevo corrió a cargo de Joseph Bishara, quien para nada consigue hacerle honor al resto de los profesionales, que trabajaron en esta más que recomendable película.

miércoles, 14 de enero de 2015

La trama se acompleja y optimiza: segunda temporada de “Person of Interest”.


     Tras una muy exitosa temporada inicial con la crítica y el público, esta serie mezcla de acción, aventuras e intriga con ciertos matices de ciencia ficción, tuvo su segunda temporada entre el 27 de septiembre de 2012 y el 9 de mayo de 2013 (la que a su vez constó de 22 capítulos, tal cual su predecesora).   Gracias a los guiones de su primer año, con historias sólidas y cautivantes (apoyadas en la caracterización de sus personajes principales y secundarios, que de inmediato les otorgó gran carisma), sus responsables se encontraron con la posibilidad de continuar el programa, llevándolo a nivel mucho más alto como sofisticado drama televisivo.
    Luego de un final de temporada, en el que uno de sus protagonistas se encontraba en las garras de uno de sus nuevos enemigos, mientras sus compañeros hacían lo posible por encontrarlo y así salvar su vida, era de esperarse que esta trama tuviese su espectacular desenlace; pues bien, ello se resolvió con fortuna para  estos héroes, aunque con varias vueltas de tuerca, las que permitirían que dicha situación se ramificase hasta desarrollar sus efectos por el resto del año.   De este modo se puede afirmar sin tapujos, que la segunda temporada de Person of Interest tuvo una premiere que le hizo honor a los méritos que había ganado y que en general fue superior a su año de estreno.
    Dentro de los aportes argumentales que se dieron a lo largo de esta sesión, se pueden mencionar varios la verdad: en primer lugar que el mismo personaje de Harold Finch, el creador de La Máquina (la IA que permite identificar casos violentos antes de que sean efectuados, de modo que estos puedan ser evitados por quienes entran en conocimiento de ello) se involucra más físicamente en los “trabajos” que le encomienda a su gente; esto quiere decir que de ahora en adelante, su participación se hace mucho más activa y a tal punto de demostrar sus dotes histriónicas para trabajar de encubierto.  Todo esto lo potencia a tal punto, que le otorga una mayor dignificación y lo ensalza sobre sus propias debilidades y más todavía si se considera las traumáticas experiencias que le tocó pasar antes de darse el coraje de superar dichas taras.
    Otro aspecto a valorar, viene a ser el hecho de que a lo largo de la temporada, sus cuatro personajes principales se encuentran en tal peligro, que bien se convierten en “personas de interés” (esto es en los individuos a los que la Máquina detecta, como seguros protagonistas de eventos mortales, ya sea como víctimas o perpetuadores), por lo que sus amigos deben intervenir como nunca para evitar que todo termine con el peor de los destinos.  Por lo general estas situaciones se desarrollan en capítulos seguidos y sus soluciones no pueden dejar más impresionados a los espectadores (no obstante sus tramas corresponden a episodios unitarios, aunque con un argumento central que se va desarrollando de manera paulatina).  No obstante la muerte ronda entre ellos como una oscura promesa…hasta que la verdadera tragedia se hace presente y a partir de aquel momento ya nada será igual (teniendo su punto de máximo dramatismo en la tercera temporada).   No está demás decir que la pérdida humana por la que pasa en especial uno de nuestros héroes, determina por completo sus futuras acciones.

Car Elias, uno de los mejores personajes recurrentes de la serie.

      El carácter de pseudo historia de superhéroes (o más bien de “homenaje” a este género) en Person of Interest se evidencia como nunca ahora, ya que el tono de la serie y la evolución de sus personajes han cobrado madurez.  Es así que queda clara la calidad de “supergrupo” de los protagonistas, puesto que las distintas misiones en las que se inmiscuyen, demuestran su condición de sujetos extraordinarios y con sus propias habilidades, que los hacen complementarse entre sí (X-Men, Liga de la Justicia, Los Vengadores).  De este modo, nuestros paladines de la justicia corresponden a hombres y mujeres valientes, muy inteligentes y que además destacan entre sus pares por el nivel del profesionalismo en sus especialidades (lo que en cierta medida los pone por sobre la media de otros en sus mismos campos). Además todos ellos trabajan “en secreto”, esto es encubiertos, incluso entre aquellos a quienes deben salvar y/o intervenir; a su vez son perseguidos por las mismas autoridades, ya que lo que hacen muchas veces implica cometer actos considerados como ilegales (como bien sucede con Spiderman).  Asimismo el jefe del equipo, Harold Finch, resulta ser un multimillonario con “doble vida”, quien en realidad es mucho más de lo que aparenta, incluso entre su círculo más cercano (el mismísimo Batman con su alter ego público de Bruce Waynne).  Por supuesto que todos estos temas y elementos son propios de las historietas de superhéroes.
     Un punto destacable en lo que se refiere al elemento superheroico del programa, es el papel que cumplen los villanos de estos agentes del bien y del orden.  Todos ellos se convierten en enemigos recurrentes en sus aventuras, siendo verdaderos contrincantes, debido a sus propias capacidades sobresalientes y personalidades bien definidas. Es así que entre estos especiales malhechores, se encuentran individuos que responden a características bien definidas, muchas veces ligadas con el tema de la corrupción.   Cuando se trata de caracterizar y/o diferenciar a estos “genios del mal” (todos ellos maquiavélicos, desalmados, inescrupulosos y bastante violentos) se pueden encontrar entre ellos a distintos estereotipos comiqueros.  No obstante pese a sus cualidades nefastas, no son meras caricaturas, puesto que cada uno de ellos posee sus propios propósitos que los han llevado a abrazar el mal. Considerando todo lo anterior, al más puro estilo de las historietas, los villanos de este título son tanto hombres como mujeres, algunos de ellos viejos aliados con deseos de venganza, otros políticos e integrantes de las fuerzas del orden y que han perdido su horizonte en pro de su beneficio personal; de este modo el equipo de Finch se enfrenta a la mafia (a más de un tipo), a capitalistas monstruosos, mercenarios y máquinas de matar humanas (tal cual Deadshot, Bane y la KGBestia), megalomaniacos (como el Doctor Doom y Lex Luthor) y todo tipo de maleantes brillantes.
   
La sexy, intrigante y efectiva Zoe Morgan.
En la primera temporada se introdujo el personaje de Zoe Morgan, una sexy y experta mujer dedicada a trabajos tan complicados como los de los protagonistas; su primera aparición fue como “persona de interés” y ya luego cuando quedó en evidencia su lealtad, volvió a aparecer en la serie como importante aliada.  A su vez Zoe llega a entablar cierto tipo de relación íntima con John, si bien más de tipo sexual, que romántica.  Pues en esta segunda temporada se introdujeron tres nuevos personajes, siendo el segundo de ellos luego convertido en principal y otro en uno de aparición habitual muy especial.  El primero corresponde a Leon Tao (interpretado de forma muy simpática por Ken Leung, quien ya había trabajado junto a Michael Emerson, Harold Finch acá, en nada menos que la primera cinta de la franquicia cinematográfica de Saw y en la misma serie de Lost), un criminal financiero que en realidad para nada resulta ser alguien malvado, si no que más bien responde al estereotipo del ladrón picaresco, algo cobarde y mujeriego; tal como pasó en su momento con Zoe, este primero fue ayudado por nuestros héroes (aunque en más de una ocasión) y luego se convirtió en un compañero más en otras misiones.  Bono (a veces llamado Bear) resulta ser un perro guardián, al que John quitó a uno de los malhechores con los que se enfrentó; si bien es un animal feroz, rápidamente se encariñó con el ex funcionario de la CIA y con los demás (incluso con Leon).  Por último, se encuentra la experta Sameen Shaw, una agente que trabajaba para el gobierno en los casos “relevantes” de los que la Máquina informaba (esto es, en la prevención de actos terroristas) y que luego tuvo que ser auxiliada al entrar en la categoría de “persona de interés”; de personalidad osca y siendo en parte la versión femenina de John gracias a sus dotes como profesionales, en la tercera temporada se potencia de tal modo, que se hace entrañable y ello gracias a su incorporación como protagonista.
    A la hora de referirse al potenciamiento dentro de los guiones de personajes “viejos”, caben destacar dos villanos a los que se enfrentaron los protagonistas durante la primera temporada.  Por un lado se puede mencionar a la “desequilibrada” Root, quien aparece en varias ocasiones durante esta temporada, convirtiéndose luego en una inesperada aliada y en un miembro más del casting de la siguiente temporada.  Por otro, se encuentra Car Elias, el carismático jefe de la mafia italiana de New York, quien primero fue “persona de interés”, luego un formidable adversario y después terminó desarrollando una relación casi fraterna con más de uno de los protagonistas (puesto que de manera inesperada, el “capo” llega a tomarles aprecio a quienes lo llevan tras las rejas).
     Un detalle destacable en la primera temporada, era que los dos agentes de la policía protagonistas, Carter y Fusco (la primera mujer de raza negra y por completo honrada, mientras que el segundo hombre caucásico y corrupto, hasta que poco a poco llegó a redimirse) eran padres, si bien cumplían con su labor de forma solitaria, ya que por una u otra razón no vivían con sus parejas.  Este detalle resulta relevante a la hora de compararlos con Harold y John, dos solteros de vida retraída, puesto que tras unirse los destinos de todos ellos, por fin logran encontrar a sus pares, si bien no en el plano amoroso, si en tal medida que sus vidas cambian para siempre (compartiendo así sus ideales y logrando un sentido de pertenencia como nunca antes).  No obstante en esta segunda temporada no aparecen los hijos de Carter y Fusco…hasta que sí vuelven a salir en episodios decisivos de la siguiente, si bien esa es otra historia.

Uno llega a encariñarse tanto con sus admirables protagonistas,
 que siempre quisiera verlos sonrientes.
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