Mostrando entradas con la etiqueta Guy de Maupassant. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guy de Maupassant. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de diciembre de 2019

Pecados de Omisión. OCTAVA PARTE.


    Última entrega, quizás hasta cuándo, de mi serie dedicada a todos aquellos libros que nunca me compré y me quedé con sentimientos de culpa.  Próximo año dedicaré estos escritos a los cómics con los que quedé pendiente (de puro tonto).

1- Cuentos de Guy de Maupassant.

     ¡Tanto que me gusta este autor francés (y ello se lo debo a mi amiga Karla Carrizo, quien me regaló una hermosa edición de varios de sus relatos) y de puro “apretado” no me compré una bella edición de sus cuentos!
     Fue este año o el pasado y andaba para variar en el famoso Persa Bío-Bío, del cual ya les he contado, cuando me pasé a donde los “caseritos” a los que les compro libros y cómics.  Así fue como me encontré con un precioso tomo de esos que hacían antes, con encuadernación en cuero y papel de Biblia.  Eran más de mil páginas y de seguro habían tantos cuentos (que incluso creo se incluían unas novelas entremedio), que si me hubiese decidido a llevarme conmigo este tomo, habría leído más historias suyas que las que ya disfruté en su momento.
    ¿Por qué no lo compré? Bueno, en ese momento me pregunté cuándo lo leería, que como ya deben tener claro tengo hartos textos que aún no repaso.  Lo peor de mi error es que esta colección estaba bien barata como para habérmela llevado, que igual estuve dudando un par de minutos.  Como ya me ha pasado en otras ocasiones, cuando volví a ir para allá y ya tenía la certeza de comprarla de una vez, ya no estaba. 


2- Contacto.

     Hace años ya que escribí sobre la película que hizo Robert Zemeckis, basada en la única novela del famoso divulgador científico Carl Sagan.  El libro lo he tenido muchas veces en mis manos, en una humilde versión de bolsillo allá por los noventa, que para variar estaba en la Librería Chilena a un precio muy barato; pero al final siempre acababa gastándome la plata en otros títulos.
     El 2018 andaba en una de mis tantas incursiones en el Persa Bío-Bío y me pasé de nuevo donde mis caseritos de los libros, cuando entonces uno de ellos tenía una preciosa edición en tapa dura y grande de esta novela de ciencia ficción sobre primeros contactos con una avanzada raza alienígena.  La verdad es que se trataba de una verdadera oferta, pero en aquel entonces me dije “Ya lo encontraré más barato” y todavía no se ha cumplido dicho deseo.


3- Fuego.

     Vuelvo a contar otro Pecado de Omisión relacionado con Joe Hill, en este caso con su cuarta novela, Fuego (The Fireman en su lengua original).  La edición en español respeta bastante la versión gringa, siendo lo mejor de ella de que se trata de una hermosa reproducción en tapa dura con sobrecubierta y colores brillantes.  
     No llevaba mucho tiempo de haber salido en el idioma de Cervantes, cuando me la encontré en la FILSA (Feria Internacional de Libro de Santiago); solo un stand la tenía, pero costaba algo cara, aunque luego de mi impase con su citada primera colección de cuentos yo bien claro tenía que difícilmente me volvería a encontrar con este títulos y otros más del escritor (que su tercera novela, NOS4A2, una historia de vampiros más encima, nunca la he pillado por acá).  Solo dos veces me he vuelto a encontrar con esta obra y siempre a precios exorbitantes (lo admito, he gastado más plata de lo que me pedían en esas ocasiones para cómics en formatos ómnibus, pero me duele gastar tal dinero en una novela).   
     Ahora recién he mirado las ofertas de Buscalibre.com y me he encontrado con el mejor precio para Fuego y he estado muy tentado de comprarlo…No obstante… ¡Tengo tanto pendiente! Que hago lo posible por no gastar más de la cuenta.


4- El Niño con Pijama de Rayas.

    Hace tiempo que me vi la película, que me emocionó mucho y me llevó a escribir uno de los primeros posts para mi blog (y que pueden leer pinchando aquí).  Me había prometido leerme el libro apenas pudiera, que más encima me lo habían recomendado harto.  
    Una vez estaba en la feria (¿Qué es una feria se preguntarán ustedes? Pues es un mercado que se hace al aire libre, con o sin permiso de las autoridades y donde se vende de todo, pero en especial alimentos entre frutas, verduras y elaborados, si bien igual hay comerciantes que se dedican en exclusiva a los artículos de aseo personal o para la casa, ropa y numerosos artículos…siempre todo más barato que en el comercio “formal”), cuando vi en un puestecito que era solo una lona sobre el piso y unas cuantas chucherías desperdigadas en su superficie, un ejemplar de esta obra.  Ahora bien, en estos lugares es habitual encontrar literatura, pero por lo general se trata de ediciones piratas, que si bien salen mucho más económicas, vienen con todo tipo de fallas (como colores deslavados para las portadas, fotocopiado y encuadernación en malas condiciones, páginas repetidas o faltantes, etc.); sin embargo, como “pirata consumado” que soy desde niño y amante de los libros, de inmediato reconozco una edición original de una de este tipo…¡Pues el libro era original, estaba en buenas condiciones- se veía hasta nuevo- y cobraban poco por él!
      Me quedé un rato detenido frente al caserito y hasta tomé la novela para echarle un vistazo; pero ya habían pasado hartos años desde que el deseo por adquirirla fue grande, así que seguí mi camino a casa, aunque hasta ahora aún pienso en esa obra que como otras no me la llevé conmigo.


5- Novelas Escogidas de Ellery Queen.

     Tuve un amigo que me habló primero de las divertidas historias policiales de este señor, pero solo con el tiempo gracias a una antología de cuentos policiales muy buena que tuve que leer, para realizar un control de lectura a mis alumnos, me enteré de que en realidad se trataba de dos escritores amigos que escribían juntos usando este nombre como pseudónimo (y, por cierto, el texto que leí de estos señores era en verdad muy gratificante).  Luego cuando vi la película basada en la novela corta Ventana Secreta, Jardín Secreto de Stephen King, me enteré de que hasta había una revista en honor a estos señores.
      Pues tuve la oportunidad de llevarme nada menos que 3 volúmenes (¿o eran 2?) en edición de bolsillo de sus obras, de esos tan elegantes que la Editorial Aguilar sacaba en papel biblia y con tapa roja de imitación de cuero.  Entre todos estos libritos hacían más de 3000 páginas de narraciones llenas de misterios y crímenes.  Fue justamente en el citado Persa Bío-Bío y en el local de uno de mis caseritos que pude comprármelos en oferta.  Como siempre lo dudé…“¿Pero cuándo me los leeré?” Me dije.  Y así fue cómo agregué a esta larga lista dichos títulos.


domingo, 9 de abril de 2017

Una verdadera historia de amor inolvidable.


     Publicada en 1985, El Amor en los Tiempos del Cólera por Gabriel García Márquez, viene a ser sin dudas considerada por muchos especialistas y más todavía por sus millones de seguidores, como su segunda mejor obra, si es que no la mejor (lugar que ostenta sin dudas Cien Años de Soledad).  No obstante se puede entender que al menos para los más románticos de corazón, esta historia que abarca más de medio siglo en la vida de sus personajes, sea su predilecta, por sobre tanta maravilla entre la bibliografía de tan destacado autor.
     El nombre de este libro que en español supera las 400 páginas, no puede ser más significativo, pues posee al menos dos lecturas sobre el sentido de sus palabras: en primer lugar se refiere al periodo histórico en el que transcurren sus acontecimientos, finales del siglo XIX y principios del XX, en el que la infecciosa enfermedad del cólera hacía estragos en el Caribe, sitio en el que está ambientada la narración (que se supone corresponde específicamente a Colombia, la patria del escritor, no obstante nunca es mencionado el nombre de esta nación); puesto que mientras sus personajes se ven envueltos en sus pasiones, cientos o miles de personas mueren debido a este flagelo que asola sus tierras y aun así el amor que reina en sus corazones demuestra superar tanto la infección, como otras tribulaciones tanto o más mortales (los prejuicios sociales, el miedo a ser feliz por sobre el qué dirán, la falta de experiencia y sabiduría, que solo se superan con el paso de los años y la larga espera en el transcurso del tiempo).
     Y en cuanto al otro motivo de por qué razón se llama así, corresponde a que tal como queda declarado a través de sus páginas, el amor (en cuanto al de corte erótico) es representado como toda una dolencia crónica del cuerpo, la mente y el espíritu, cuyo único remedio viene a ser la consumación del acto amoroso; de este modo, mientras no se lleve a cabo la comunión completa con quien se ama, el resto solo son placebos y que a la larga impiden que la felicidad más plena, se deposite en los corazones de los seres humanos. 
      El argumento de este libro en apariencia puede parecer de lo más sencillo.  No obstante detrás de su desarrollo, encontramos más de una perla que nos hace apreciarlo y gozarlo con gran fuerza, sin olvidar las invitaciones que nos hace a examinarnos a nosotros mismos, acerca de cómo hemos enfrentado en nuestras propias vidas este tema y con ello darnos más de un espacio para la reflexión. Dos jóvenes enamorados en los primeros años de sus vidas, Florentino Ariza y Fermina Daza, mantienen un romance idílico, el que es abortado de la manera más inesperada (aunque comprensible, si tomamos en cuenta los autoengaños del corazón) y pese a ello el primero, el varón, a lo largo del resto de su vida espera que la única mujer a la que ha amado se decida a entregarse a él.  Como era de suponer, mucho pasa antes de que el deseo de Florentino se cumpla y es en este intertanto que García Márquez nos demuestra su talento legendario, al hacer que esta eternidad que bien podría ser una pesadilla en la vida real, sea un viaje precioso viaje por los laberintos de nuestra humanidad.
      El escritor comienza su labor engañándonos o tal vez todo le salió de tal manera, que él mismo no tenía idea de cómo iba a evolucionar su obra y simplemente se dejó llevar por la fiebre que también significa llevar a cabo (o gestar) un texto como este; pues el comienzo de todo esto, aparentemente no nos aventura lo que muchas páginas después sucede.  Pues la trama se centra primero en el ya anciano doctor Juvenal Urbino, un hombre que desde un principio está caracterizado como alguien extraordinario, alguien que parece casi perfecto y a quien todo el mundo quiere, debido al talante de su persona.  Y es entonces que a través de la presentación de tan distinguido sujeto, llegamos a conocer otra historia, la de su amigo Jeremiah de Saint-Amour, un fotógrafo emigrante y veterano de una antigua guerra y quien bajo su apariencia de hombre solitario, guarda con recelo una igualmente emotiva relación amorosa; este subargumento, sirve como punto de partida para la más grande trama de amor, que es la que durante el resto de la novela se nos cuenta. 

       “El doctor Urbino se sintió delatado. Se fijó en ella con el corazón, se fijó en su luto intenso, en la dignidad de su congoja, y entonces comprendió que aquella era una visita inútil, porque ella sabía más que él de todo cuanto estaba dicho y justificado en la carta póstuma de Jeremiah de Saint Amour. Así era. Ella lo había acompañado hasta muy pocas horas antes de la muerte, como lo había acompañado durante casi veinte años con una devoción y una ternura sumisa que se parecían demasiado al amor, y sin que nadie lo supiera en esta soñolienta capital de provincia donde eran de dominio público hasta los secretos de estado. Se habían conocido en un hospital de caminantes de Port-au-Prince, donde ella había nacido y donde él había pasado sus primeros tiempos de fugitivo, y lo siguió hasta aquí un año después para una visita breve, aunque ambos sabían sin ponerse de acuerdo que venía a quedarse para siempre. Ella se ocupaba de mantener la limpieza y el orden del laboratorio una vez por semana, pero ni los vecinos peor pensados confundieron las apariencias con la verdad, porque suponían como todo el mundo que la invalidez de Jeremiah. de Saint-Amour no era sólo para caminar. El mismo doctor Urbino lo suponía por razones médicas bien fundadas, y nunca habría creído que tuviera una mujer si él mismo no se lo hubiera revelado en la carta. De todos modos le costaba trabajo entender que dos adultos libres y sin pasado, al margen de los prejuicios de una sociedad ensimismada, hubieran elegido el azar de los amores prohibidos. Ella se lo explicó: “Era su gusto”. Además, la clandestinidad compartida con un hombre que nunca fue suyo por completo, y en la que más de una vez conocieron la explosión instantánea de la felicidad, no le pareció una condición indeseable. Al contrario: la vida le había demostrado que tal vez fuera ejemplar”.

       El retratista desaparece de manera sutil dentro del libro, como muchos otros personajes entrañables que aquí aparecen, para formar parte de este dramatis personae y que pese a ello, ayuda a definir mejor que nunca la naturaleza del ser humano, como una criatura que no puede estar sola en el mundo, si no que necesita de otros y de alguien a quien amar para definirse como especie.  De la misma manera, el buen doctor se convierte en otro de los elementos que intervienen en mayor o menor medida, en el camino a la realización entre el gran amor de Florentino y Fermina.
       Cuando parece que Juvenal será el gran héroe de esta obra, aparecen en escena los otros dos y entonces la narración realiza un salto al pasado; con ello a partir de este momento, los subsiguientes capítulos se encuentran dedicados a la supuesta relación imposible entre los amantes protagonistas.  Es así que los llegamos a conocer en sus años mozos, luego de que se nos presentaron como dos ancianos, cuando ya llevaba décadas de casada la misma Florentina, con nada menos que el médico, siendo que tras su ruptura con Florentino nunca más volvieron a intimar de alguna manera.  No obstante el siempre enamorado nunca cejó en reconquistarla y de este modo, poco a poco, vamos adentrándonos en su lucha por conseguir su objetivo.
       El extenso racconto que ocupa gran parte de esta novela, nos muestra por un lado el por entonces inocente noviazgo entre los dos personajes principales, lo que devino tras su ruptura y luego cómo fue el compromiso y posterior matrimonio entre la bella y voluntariosa Florentina, con el hombre más solicitado de la zona.  La personalidad y apariencia entre los dos únicos hombre de la protagonista, contrasta cuando ambos son caracterizados con premura (ambos sensibles, pero el médico más bien práctico, mientras que el otro un romántico empedernido; el primero apuesto y el segundo a simple vista poco atractivo, aunque con una fuerte carga sexual y que despierta en un montón féminas, una atracción que no sucede con el más sofisticado doctor).
       Paralelamente a la narración desde el punto de vista de la mujer, llegamos a conocer el de Florentino, el cual es tan terco como su amor y quien mientras espera que su sueño se cumpla, continua con su vida, que lejos resulta mucho más impresionante que la de su alma gemela.  Mil y un cosas le pasan a este y entre ellas un buen número de mujeres con las que inicia una especie de educación sentimental, quienes se transforman en su preparación para transformarse en el hombre, que hacia el final por fin pueda conseguir lo que más anhela.
       Bien llama la atención que si bien Florentino nunca llega a amar con la misma intensidad a otra dama, siendo que además tampoco llegó a intimar con Fermina, a cada una de sus amantes la llega a hacer feliz y no solo por una cosa de placer carnal; sino que en el libro queda de manifiesto, que el acto sexual entre dos personas sin dudas que puede ser algo sublime, pese a que sus dos participantes no se amen; la compañía entre quienes deciden compartir su soledad y necesidad de caricias, a los ojos de alguien como Gabriel García Márquez, queda consignado como algo que no puede ser mirado en menos,  ni denigrado como algo “sucio”.

       “La viuda de Nazaret no faltó nunca a las citas ocasionales de Florentino Ariza, ni aun en sus tiempos más atareados, y siempre fue sin pretensiones de amar ni ser amada, aunque siempre con la esperanza de encontrar algo que fuera como el amor, pero sin los problemas del amor. Algunas veces era él quien iba a su casa, y entonces les gustaba quedarse empapados de espuma de salitre en la terraza del mar, contemplando el amanecer del mundo entero en el horizonte. Él puso todo su empeño en enseñarle las trapisondas que había visto hacer a otros por los agujeros del hotel de paso, así como las fórmulas teóricas pregonadas por Lotario Thugut en sus noches de juerga. La incitó a dejarse ver mientras hacían el amor, a cambiar la posición convencional del misionero por la de la bicicleta de mar, o del pollo a la parrilla, o del ángel descuartizado, y estuvieron a punto de romperse la vida al reventarse los hicos cuando trataban de inventar algo distinto en una hamaca. Fueron lecciones estériles. Pues la verdad es que ella era una aprendiza temeraria, pero carecía del talento mínimo para la fornicación dirigida. Nunca entendió los encantos de la serenidad en la cama, ni tuvo un instante de inspiración, y sus orgasmos eran inoportunos y epidérmicos: un polvo triste. Florentino Ariza vivió mucho tiempo en el engaño de ser el único, y ella se complacía en que lo creyera, hasta que tuvo la mala suerte de hablar dormida. Poco a poco, oyéndola dormir, él fue recomponiendo a pedazos la carta de navegación de sus sueños, y se metió por entre las islas numerosas de su vida secreta. Así se enteró de que ella no pretendía casarse con él, pero se sentía ligada a su vida por la gratitud inmensa de que la hubiera pervertido. Muchas veces se lo dijo:
        -Te adoro porque me volviste puta.”

      
     Y no obstante en la larga lista de parejas que llega a tener Florentino, resulta interesante detenerse en su última compañera: su pariente lejana América Vicuña, una niña de tan solo 14 años, lo que de inmediato nos pone en alerta frente al tema de la pedofilia.  Es un tema complejo, teniendo en cuenta los fuertes paradigmas que puede tener uno sobre lo que está “bien” y lo que está “mal” en el mundo, lo que se puede hacer y lo que no.   Por otro lado, cuando Florentino toma a esta pequeña (que en todo caso queda claro en la narración, que para nada se trata de una chica ingenua), él mismo ya tiene cerca de 80 años, de modo que la diferencia de edad entre ambos es abismante; asimismo se debe considerar que siendo un “pilar” para su sociedad, se le había confiado al “venerable anciano” el cuidado y la educación de la chica por parte de su familia, de lo que en ningún momento este se desentiende, ya que en realidad quiere a la muchacha y para nada la daña.  De hecho, el amorío entre ambos sucede de lo más natural, como una última lección sentimental para Florentino, como también la iniciación en el arte de amar de América.  Tampoco se puede olvidar, que luego tal como en otra obra clásica acerca de una relación carnal entre un hombre mayor y una menor de edad, Lolita de Vladimir Nobokov, la chiquilla es quien termina por seducir al varón y este termina atrapado en sus redes; pues algo similar pasa acá, aunque en ningún momento América se vuelve alguien intrigante, como la famosa protagonista del escritor estadounidense.  Respecto a todo esto, cabe tenerse en cuenta que al estar hablando de unos 14 años, el término pedofilia resulta ser algo relativo en cuanto a qué edad se estipula como "legal" para que no sea considerado como tal, al menos según la sociedad y la época bajo la cual se desarrolle una relación con estas características; pues en muchas culturas, incluso hoy en día, no resulta aberrante que existan matrimonios de este tipo y en lo que concierne a la literatura, otros autores de renombre han abordado este tema a su manera, tal como Guy de Maupassant en su cuento Chali y George R. R. Martin con su primer libro de Canción de Hielo y Fuego, Juego de Tronos, bajo la figura de uno de sus personajes más emblemáticos, Daenerys Targaryen, quien justamente tenía 14 años cuando se casó con el maduro Khal Drogo (y cuyas relaciones sexuales son descritas sin tapujos por Martin).   No se puede olvidar que con posterioridad, el mismo García Márquez revisitaría todo esto en su última novela publicada Memoria de mis Putas Tristes.   Por mi parte, este tipo de situaciones me incomodan, ya que me parece que 14 años es demasiado poco, como para que una persona adulta se involucre con alguien de esa edad  y bien creo que a otro autor, alguien menos prestigioso cuando escribió estas dos obras, tales situaciones en sus ficciones le habrían creado más de una polémica (y tal vez hasta sucedió ello en su momento).

     
     “Se llamaba América Vicuña. Había venido dos años antes de la localidad marítima de Puerto Padre encomendada por su familia a Florentino Ariza, su acudiente, con quien tenían un parentesco sanguíneo reconocido. La mandaban con una beca del gobierno para hacer los estudios de maestra superior, con su petate y su baulito de hojalata que parecía de una muñeca, y desde que bajó del barco con sus botines blancos y su trenza dorada, él tuvo el presentimiento atroz de que iban a hacer juntos la siesta de muchos domingos. Todavía era una niña en todo sentido, con sierras en los dientes y peladuras de la escuela primaria en las rodillas, pero él vislumbró de inmediato la clase de mujer que iba a ser muy pronto, y la cultivó para él en un lento año de sábados de circo, de domingos de parques con helados, de atardeceres infantiles con los que se ganó su confianza, se ganó su cariño, se la fue llevando de la mano con una suave astucia de abuelo bondadoso hacia su matadero clandestino. Para ella fue inmediato: se le abrieron las puertas del cielo. Estalló en una eclosión floral que la dejó flotando en un limbo de dicha, y fue un estímulo eficaz en sus estudios, pues se mantuvo siempre en el primer lugar de la clase para no perder la salida del fin de semana. Para él fue el rincón más abrigado en la ensenada de la vejez. Después de tantos años de amores calculados, el gusto desabrido de la inocencia tenía el encanto de una perversión renovadora.”

      Pese al nombre y al planteamiento del tema amoroso de esta obra, no solo se aborda en ella la pasión que existe entre hombres y mujeres, sino que de una manera igualmente profunda, el autor retrata otros tipos de amor; pues tal como quedan consignados en la vida de sus personajes, queda más que claro la importancia que estos otros amores, poseen en la existencia de la gente.  Es así que acá podemos hallar las siguientes variantes al respecto:
      La amistad entre hombres, que primero la podemos apreciar entre Juvenal y Jeremiah, coetáneos entre sí y quienes comparten en especial la misma pasión por el ajedrez, lo que queda consignado como un elemento relevante en toda fraternidad: los temas en común y que unen a las personas.  Luego nos encontramos con el compañerismo entre Lotario Thugut y Florentino, un hombre mayor que el segundo, cuando nace este sentimiento entre ambos; siendo claramente una relación de tipo maestro-discípulo, cercana al amor filial, ya que sin dudas que Florentino aprende mucho del alemán, a quien respeta y más que su par, llegando a ser el segundo hombre más importante en su vida.
      La amistad entre personas de distinto sexo, que se presenta entre Florentino y la admirable Leona Cassiani, una inteligente, honorable y sensual mujer y con la que este bien pudo ser feliz, si entre los dos no hubiesen tomado este otro camino sus destinos.  De este modo queda consignado que sí existe esto entre mujeres y hombres, sin que hayan otros intereses de por medio, lo que trae más de una satisfacción y aprendizaje para ambos.
       La maternidad que se encuentra en Tránsito Ariza, que sin dudas viene a ser el amor más incondicional que se describe en el libro, ya que la mujer se entrega por completo a su hijo, por quien hace todo para que Florentino sea alguien dichoso.  Asimismo este acompaña a su madre hasta el final de sus días, en un hermoso ejemplo de entrega recíproca, que no da lugar a dudas acerca del valor que existe en el amor entre padres e hijos.  Lo que hay entre los dos, contrasta en cambio con la complicada relación que nace entre Fermina y Lorenzo Daza, su padre; puesto que si bien el hombre ama al único fruto de su carne, a diferencia de la dulce Tránsito, considera que lo mejor para su hija es imponerle sus propias ideas, en vez de dejarla que esta sea ella misma, lo que trae como consecuencias el alejamiento entre ellos dos.  De igual manera, la mañosa madre de Juvenal, también queda opacada en su amor egoísta hacia su vástago, si la comparamos con la más humilde Tránsito.
        Otros parentescos consanguíneos que podemos analizar a la vista de las relaciones interpersonales afectuosas, viene a ser la que existe entre el tío León XII y su sobrino Florentino, además de la familiaridad entre las primas Hildebranda Sánchez y Fermina.  Con los dos primeros, nos encontramos con una especie de paternidad, tras haber perdido a muy temprana edad el protagonista a su padre; de este modo el hermano del difunto, toma para sí la responsabilidad de acoger a su retoño.  Luego a medida que transcurre el libro, queda de manifiesto cuánto ama León a Florentino y todo lo que hace por él, siendo además uno de los personajes más interesantes de toda esta obra.  En cuanto a las dos mujeres, al ser estas mismas de la misma edad, se convierten desde su juventud en cómplices de sus mayores secretos, relación que perdura con el paso del tiempo, dándole un montón de bellos momentos y que no dejan lugar a dudas de la lealtad que se tienen, que va más allá del placer de tener con quien disfrutar los días que pasan.  Destacable viene a ser el amor que hay entre la aparentemente severa tía Escolástica y Fermina, quien viene a ser para esta lo que el tío León XII para Florentino, la madre que le faltaba; quien durante el poco tiempo en el que estuvieron juntos, le entregó todo el afecto que su propio padre fue incapaz de darle.
       Como bien sucede en la narrativa del Nobel,  no falta el buen humor entre medio de todo esto, lo que en más de una ocasión saca si no carcajadas entre los lectores, abundantes sonrisas.  Al respecto, destacable resulta la capacidad de alguien como este autor, para manejar diversas dimensiones de nuestra humanidad con tanta naturalidad; pues lo sublime se haya en estas páginas, a la par con esta otra faceta más alegre, pero no insignificante, con una maestría que hace de esta lectura todo un placer para uno.

       “El tío León XII le mandó al doctor Francis Adonay, un gigante negro de polainas y pantalones de montar que andaba en los buques fluviales con un gabinete dental completo dentro de unas alforjas de capataz, y parecía más bien un agente viajero del terror en los pueblos del río. Con una sola mirada dentro de la boca, determinó que a Florentino Ariza había que sacarle hasta los dientes y muelas que le quedaban sanos, para ponerlo de una vez a salvo de nuevos percances. Al contrario de la calvicie, aquella cura de burro no le causó ninguna preocupación, salvo el temor natural de la masacre sin anestesia. Tampoco le disgustó la idea de la dentadura postiza, primero porque una de las nostalgias de su infancia era el recuerdo de un mago de feria que se sacaba las dos mandíbulas y las dejaba hablando solas en una mesa, y segundo porque le ponía término a los dolores de muelas que lo habían atormentado desde niño, casi tanto y con tanta crueldad como los dolores de amor. No le pareció un zarpazo artero de la vejez, como había de parecerle la calvicie, porque estaba convencido de que a pesar del aliento acre del caucho vulcanizado, su apariencia sería más limpia con una sonrisa ortopédica. De modo que se sometió sin resistencia a las tenazas al rojo vivo del doctor Adonay, y sobrellevó la convalecencia con un estoicismo de un burro de carga.”
       Habiendo sido famoso García Márquez por popularizar el llamado subgénero del Realismo Mágico (que no lo inventó él, ojo), en este libro tan destacado entre su producción, apenas encontramos elementos al respecto y ello solo se puede observar en uno que otro detalle menor, en especial cerca de su final.
       Y en cuanto a su mismo desenlace, sin querer caer en los pocos queridos spoilers, me limitaré a decir que este viene a estar sin dudas a la altura del resto de la novela.  Se trata de uno de las mejores conclusiones, que con respecto a mi propia memoria puedo recordar; pues  más que del “final feliz” que todos quisiéramos para una historia de amor como esta, no trae la promesa de que sí existe la plenitud entre personas de corazón noble y de que la eternidad no es otra cosa, que la existencia de la verdadera felicidad.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Guy de Maupassant o el lado siniestro de nuestra naturaleza.



      Hace rato que tenía pendiente escribir acerca de este autor y de una particular edición de sus cuentos, de casi mil páginas, que gracias a mi queridísima amiga Karla Carrizo llegó a mis manos como “obsequio estrella y sorpresa” este año para mi cumple.  El libro en cuestión forma parte de la prestigiosa y también bastante cara colección Gótica de la editorial Valdemar.  Esta colección, como su editorial, se caracterizan por ediciones bastante cuidadas, en tapa dura y con una bella presentación; todas estas prologadas por especialistas que entregan más que interesantes análisis y datos sobre la obra en cuestión de cada tomo.  Por otra lado, la colección Gótica comprende más de cien títulos de, en muchos casos, textos que en la lengua de Cervantes estaban inéditos antes de ser traducidos o que ya de por sí era muy difícil conseguirlos por estar discontinuados; son libros de fantasía y terror de autores clásicos, que en su mayoría ya no poseen copyright, pero cuya calidad artística es indiscutible.   En nuestro país, Chile, son pocas las librerías que se aventuran a traer estos títulos, puesto que  bien la importación de ellos resulta más que onerosa, o  simplemente se dan el “gusto” de venderlos carísimos.  Para terminar esta introducción, diré que desde mis años universitarios fantaseé con tener títulos de esta colección, pero al final siempre terminaba gastándome la plata en otra cosa y con mi amigo Miguel Acevedo vez que veíamos libros del catálogo por ahí, nos quedábamos embobados ante la dicha de al menos tener en nuestra manos tan soberbias ediciones…así que ¡Gracias Santa Karla Patrona de los Frikis por favor concedido!
      Y ahora a hablar un poco del tomo en cuestión y del autor de sus cuentos:
     Guy de Maupassant es considerado como uno de los grandes cuentistas que entregó Francia al mundo allá por la segunda mitad del siglo XIX.  Este señor que debido a su vida más que disipada (murió a consecuencia de una sífilis que contrajo en su juventud) sólo vivió 43 años, pero dejó para la posteridad un legado de obras, cuentos en su mayoría, que publicaba semanalmente en numerosas revistas literarias y usando varios pseudónimos.  Es así como en el tomo al que le dedico estas líneas, Cuentos de Terror, de Locura y de Muerte, se recopilan más de cien narraciones; tal como titulo en parte esta “crítica”, dichas historias reflejan lo más siniestro de nuestra humanidad, de una forma tan realista (aún en los pocos cuentos realmente fantásticos que se incorporan en el libro), que uno no deja de admirar la capacidad de su autor para conocer y desnudar nuestras más hondas debilidades.  Y esto porque Maupassant no escribe sobre héroes, personajes virtuosos o estereotipos de personas; lo que hace en su trabajo es mostrar sin tapujos el lado menos carismático de la esencia del ser humano, con sus miedos, bajezas y debilidades al extremo que el pesimismo puede parecer algo recurrente.  No obstante Maupassant no cae en el maniqueísmo y aún así en medio de la fatalidad, la violencia, el terror y lo peor de nosotros mismos, la pluma de su autor permite vislumbrar la compasión y hasta el amor (por ende muchos de sus personajes yerran debido a sus pasiones amorosas, pues son reflejo de nosotros mismos: no son perfectos y la ilusión del amor también les puede cegar y hacer tomar pésimas decisiones).
    Los siguientes fragmentos permiten apreciar el drama y la condición de los personajes maupassianos:

    “No podría usted imaginarse la sensación rara, confusa e intolerable que experimento cuando lo tengo delante y pienso que aquello ha salido de mí, que está unido a mí por el íntimo lazo que une al padre con el hijo, y que, gracias a las terribles leyes de la herencia, es otro yo mismo en mil detalles, en su sangre y en su carne, y se dan en él los mismos gérmenes de enfermedades, idénticos fermentos de pasiones.
    No se apaga jamás en mí la necesidad dolorosa que siento de verlo; y viéndolo, sufro; horas y horas me paso a la ventana viendo cómo recoge y acarrea los excrementos de los animales, y no dejo de pensar: "¡Es mi hijo!"
    En ocasiones hasta me entran unos anhelos insufribles de abrazarlo; pero ni siquiera he llegado a tocar su puerca mano".
Un Hijo.

    Y nótese un tema en el cual Maupassant ahonda en variadas ocasiones, mostrándonos la problemática de los “hijos naturales” (bastardía tal como le llama el prologuista) y/o no reconocidos por sus padres y donde el sentimiento de culpa, en el caso concreto de este cuento, muestra la impotencia de su protagonista por lo señalado en el fragmento mismo.  Esta problemática que en la época del escritor era considerada como un “mal menor” y que a nuestros ojos resulta ser una barbaridad en cuanto a no asumir la responsabilidad de la herencia paterna, en el relato citado se muestra con una naturalidad que llega a pasmar; sin embargo, el protagonista y narrador, sabe que esto está mal y sin embargo tómese en cuenta cuando dice “su puerca mano” al referirse a la condición de su hijo.

    “Cuando la anciana madre recibió el cuerpo de su hijo, que dos amigos le llevaron, no lloró, pero se quedó inmóvil mirándolo; después tendió su arrugada mano sobre el cadáver y juró vengarlo.
(…)
    La madre se puso a hablarle; al oír su voz la perra se calló.
-Yo te vengaré, hijo mío; duerme, duerme, descansa, que serás vengado, ¿entiendes? ¡Tu madre te lo promete! Y ya sabes que cumple siempre sus promesas”.
La Vendetta.

    Aquí el amor de una madre lleva al odio y provoca el acto criminal para vengar otro acto criminal.  El personaje no vacila en mancharse las manos de sangre para cumplir su cometido y estamos hablando de una mujer, una anciana (o sea, todos llevamos dentro el germen del mal).  El dolor se transforma en odio y el noble sentimiento materno de amor a su hijo conlleva a una manifestación más del mal humano.
    El volumen que comprende esta antología trae poquísimos cuentos de terror, o lo que para nuestros tiempos pudiesen corresponden a este género (a lo más serán unos cinco o seis verdaderos cuentos de “miedo”); no obstante lo que predomina en sus páginas, son historias donde los personajes viven circunstancias en las cuales la sensación de peligro es tal, que el temor se apodera de sí mismos, pero no como una llamada invasión a su sentido de la realidad (bueno, salvo en los pocos cuentos de terror como los clásicos El Horla y La Mano), si no que el miedo es producido por la idea de un peligro humano o fruto de circunstancias completamente realistas, que atacan su mortalidad.   Por ende, la muerte estará rondando en la mayoría de estas narraciones, como situación cúlmine de eventos que superan las posibilidades de sus personajes y traduciéndose en su perdición, a consecuencia de sus mismos errores y pasiones.  En ocasiones, esta muerte resulta ser un verdadero castigo (y he ahí cierta moralidad encubierta de parte del autor) debido a sus nefastas intenciones que se van en contra suya.  No obstante, en Maupassant estamos frente a un autor ateo, que se nota ignora todo elemento de trascendencia espiritual y que en cuanto a asuntos teológicos, muestra poco aprecio hacia las instituciones religiosas y más aún hacia la Iglesia Católica (y por esta razón, no utiliza palabras halagüeñas para referirse a sacerdotes y monjas en el mayor de los casos).  
    En cuanto al tema de la locura, ésta se observa de una forma casi tan ominosa como las ideas del miedo y la muerte, puesto que los personajes de gran parte de los cuentos poseen una naturaleza insana, incluso pervertida y cruzan con facilidad los límites de la cordura; de este modo el libro está plagado de asesinos despiadados, psicópatas, enfermos mentales, gente a la que el miedo les ha llevado a un estado primigenio y ya no hay vuelta atrás; o también hay casos en que el gusto por la perversidad y la naturaleza corrupta de sus protagonistas (como en el cuento El Diablo), los acerca más a esta locura que a una conducta propia de alguien con límites entre lo que es moralmente aceptable y no.
   He aquí el excelente talento de Maupassant a la hora de referirse a la locura misma:

    “Uno sentía que este hombre estaba destrozado, carcomido por su pensamiento, un Pensamiento, al igual que una fruta por un gusano. Su Locura, su idea estaba ahí, en esa cabeza, obstinada, hostigadora, devoradora. Se comía el cuerpo poco a poco. Ella, la Invisible, la Impalpable, la Inasequible, la Inmaterial Idea consumía la carne, bebía la sangre, apagaba la vida.
   ¡Qué misterio representaba este hombre aniquilado por un sueño! ¡Este Poseso daba pena, miedo y lástima! ¿Qué extraño, espantoso y mortal sueño vivía detrás de esa frente, que fruncía con profundas arrugas, siempre en movimiento?”
La Cabellera.

    Por otra parte, las narraciones contenidas en esta selección corresponden, salvo a dos  o tres de ellas (que el autor las publicó en capítulos durante varios días en las revistas donde colaboraba), a historias breves.  Entre ellas cabe destacar, si bien casi la totalidad de los cuentos me resultaron ser una verdadera delicia a la imaginación, las dos versiones que presenta de su ya mencionado cuento El Horla (que si no me equivoco, fue lo primero que le leí cuando aún cursaba la universidad).   Las versiones si bien mantienen la misma idea (extraños hechos que auguran la presencia de una entidad invisible que acecha a su narrador), difieren en gran medida y en especial porque la primera versión posee más cercanía con el género de la ciencia ficción (siendo que Isaac Asimov tuvo el buen tino de agregar este famoso cuento en su más que recomendable antología Lo Mejor de la Ciencia Ficción del Siglo XIX).  También se puede hacer especial mención de la costumbre de Maupassant de escribir más de un cuento con el mismo título, habiendo por ejemplo en este libro tres narraciones con el nombre de La Confesión.   A su vez se puede observar en este compendio otra “maña literaria” del artista, al tratar más de una vez la misma historia con una que otra variación (¿Autoplagio? ¿Mala memoria tal vez producida por los efectos sobre su mente de la locura, tercer estado y último de una sífilis mal tratada?), siendo un muy buen ejemplo el caso de Historia de un Perro y Mademoiselle Coquette (imaginativas y trágicas historias sobre la miseria humana…y canina).
     Si bien, como ya he mencionado, la literatura de Maupassant en estas historias se muestra como un retrato en su mayoría de lo peor de las bajezas humanas, siendo que además sus personajes corresponden a seres viciosos, violentos y viles, el autor se permite en ocasiones justificar sus bajezas.  De este modo lo que hace Maupassant es mostrarnos que las cosas no son sólo blanco y negro, si no que existen matices y que lo que ha llevado a sus personajes a cometer actos criminales o rayanos en la insanidad  mental, bien puede ser la simple fatalidad (mala suerte) a la que nos podemos someter o que bien los seres humanos optamos por cometer un “mal acto” no por gusto, si no como consecuencia de una necesidad imperiosa.  Por lo tanto Maupassant deja cierta puerta abierta para que el lector se sensibilice frente a los males de su época, la sociedad y nuestra propia humanidad.
    Antes de terminar este texto, quisiera hacer mención al carácter “pedagógico” del libro al que hoy me remito.  Cuando ocupo el término “pedagógico” no es en el sentido moralizante de los clasicistas, sus fábulas y obras similares, si no que al leer a Maupassant se descubre todo un mundo que ya no existe y que por muy lejano que resulte a nuestra sociedad como chilenos y gente del siglo XXI, ha dejado su huella indeleble en la historia: me refiero a la Francia de la segunda mitad del siglo antepasado.   Grandes autores nos ha dado Francia (basta nombrar a Moliere, Víctor Hugo, Julio Verne y Alejandro Dumas entre tantos otros) y en el caso de Maupassant no deja de observarse en su obra el reflejo de la realidad que le tocó vivir a su autor, de modo que sus cuentos muestran (y enseñan), a propósito o no, esta realidad.  Por lo tanto el lector actual llega a conocer un sinnúmero de tradiciones, de datos históricos y de paisajes propios del mundo al que le tocó vivir al escritor y a los suyos, trayéndonos con frescura para el gozo de nuestros sentidos.  Puedo contar entonces, que en más de un cuento Maupassant se refiere a la invasión prusiana a Francia o relata hechos relacionados con las colonias africanas de su país; la referencia a otros escritores, filósofos, gustos musicales, comidas, vestimenta y otros en todos los cuentos, convierten a Maupassant en todo un cronista de la Francia de su periodo (pues después de todo, somos lo que nos ha tocado vivir).
    Tomando en cuenta lo del párrafo anterior, aparte del tema de la “bastardía”, pueden resultar chocantes al lector las diferencias socioantropológicas entre algunas de estas narraciones y nuestra mentalidad (y aquí recuerdo el comentario de mi amigo Roberto al hablarle de este libro y sus descripciones de los vicios franceses, quien me dijo, como profesor de historia que es, que era habitual en aquella sociedad tales bajezas).   Como ejemplo, hay un cuento que aborda el tema de la pederastia; el relato se llama Chali y aparte de mostrarnos una vez más la naturaleza cruel de algunas personas y el poco aprecio por la vida humana que se puede llegar a tener, puede llegar a ser despreciable la historia en cuanto a la cuasi justificación de esta desviación sexual que hace Maupassant.   He aquí de muestra un botón del mismo relato mencionado:

    “Luego, una noche, no sé cómo fue, la mayor, la que se llamaba Chali y que parecía una estatuilla de viejo marfil, se convirtió en mi mujer de verdad.
    Era una criaturita adorable, dulce, tímida y alegre, que no tardó en amarme con un cariño ardiente y a la que yo amaba de modo extraño, avergonzado, con vacilaciones, con una especie de miedo a la justicia europea, con reservas, con escrúpulos y sin embargo con una ternura sensual y apasionada.  La adoraba como un padre y la acariciaba como un hombre”.

    Para contextualizar un poco la cita anterior, cabe destacar que el narrador protagonista se encuentra de visita en la India y que Chali tiene tan sólo ocho años.
    Pese a que muchos de los cuentos, como el ya reseñado arriba, no son para espíritus estrechos de miras, este un libro para no olvidar y si no tienes la oportunidad de poseer en tus manos esta edición, acércate a este gran autor por cualquiera de las otras impresiones de su obra.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...