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sábado, 1 de julio de 2023

Alan y yo.

 

     El presente texto originalmente lo escribí para complementar mi lectura de Alan Moore, Retrato de un Caballero Extraordinario, pero como me quedó mucho más extenso de la revisión misma del libro, decidí publicarlo por separado.  Es así que ahora se los comparto.

    Eran mediados de los noventa, cuando mi amigo Mauricio Tapia (¿O fue Marlo?), me comenzó a prestar ejemplares de su extensa colección de cómics.  En aquel entonces, tener mi propia comiteca, como la que ahora poseo con orgullo, era apenas un bosquejo entre mis deseos y me sobraban dedos de las manos de los pocos títulos que poseía (al final de mi etapa escolar, por pura ignorancia, le regalé a mi profesor de Artes Visuales una gran colección de La Espada Salvaje de Conan, que llevaba completando al menos un año; eran unas revistas casi pulps, en grapa, blanco y negro de una editorial colombiana... ¡Más encima del tándem Roy Thomas/John Buscema!).  Así fue cómo llegaron a mis manos, unos cuantos agregados de Cuentos de los Linterna Verde y entre ellos se encontraba uno sobre un planeta sintiente, que pertenecía a esta famosa patrulla galáctica.  El texto era Mogo no tiene vida social, muy divertido e ingenioso, que más encima luego fue adaptado como uno de los segmentos de la segunda película animada de Linterna Verde. Solo años después, al leerme mi tomo de lujo de El Universo DC de Alan Moore, me enteré de que esa joyita la había escrito este mismo.
     En la Librería Antiyal, donde compré muchos de mis primeros fascículos comiqueros a excelente precio (antes que se pusiera carita), encontré varios números seguidos e incluso un taco de la colección regular de La Cosa del Pantano; era justamente la serie que hizo famoso a Moore en USA y el resto del mundo, la misma que convirtió al bondadoso elemental monstruoso del Mundo Vegetal, en una estrella... Pero mucho antes de esto, en mi etapa de universitario del siglo pasado, pude comprar una revista de terror llamada Dossier Negro, que traía material de DC del género, y entre ellas venia una del mismísimo Shampy, enfrentándose a la locura genocida del Hombre Florónico; en mi plena juventud quedé fascinado con esa obra y tuvo que pasar un buen tiempo para que supiera la conexión entre ese episodio y mi lectura más ordenada de esa gloriosa etapa del personaje.  No recuerdo mucho (típico de mí) de esas viñetas, tan solo que me conseguí lo que venía inmediatamente después de la famosa saga American Gothic (en la que aparece Chilito, con nuestra Isla de Chiloé, sus brujos y el monstruoso Invunche), cuando el personaje es transportado al espacio, debe regresar a la Tierra y no sé si antes o después viene la famosa Lección de Anatomía, todo el tema con el traicionero Arcanne, Ritos de Primavera y esa aterradora trama dedicada al Rey Mono (y entre medio, viene una historia más larga, tipo one-shot o anual de Batsi y Shampy juntitos... Con una portada bellísima del Murciélago subido y de pie, sobre unas largas ramas que creo salen de La Cosa del Pantano.... Pero recién he buscado la imagen en Google y ahora sé que en el dibujo el Señor Oscuro está sobre una especie de bloque de cemento o de piedra).

 
    Y siguiendo con Shampy y Alan Moore, no sé en qué momento y circunstancias precisas me leí En la Selva (Dentro de la Jungla o un título así) por primera vez, una preciosa narración del elemental ayudando a un infectado Hombre de Acero.  No recuerdo si poseo solo dos o tres ediciones diferentes de esta genial pieza y dos de ellas en tapa dura: una de Los Mejores team-ups, de la llorada editorial española Ediciones Zinco (¡Qué cariño le tengo!) y otra con colores remasterizados, en la mentada antología de historias cortas del inglés para DC y su continuidad oficial.
    Leyendo revistas especializadas y por las recomendaciones de mi gente, me enteré de la existencia de Watchmen y V de Vendetta.  Solo conocí de qué trataban ambas novelas gráficas, cuando fui al cine a ver las películas, que me dejaron loco; con cariño recuerdo haber ido al cine, junto a mi compadre Miguel Acevedo, un domingo para disfrutar de la segunda y allí encontrarnos de sorpresa con otro amigo y su por entonces eterna novia (ya no están juntos).  Aquella vez pasamos a tomar una rica once al Bravíssimo, que estaba al lado del cine Gran Palace (ambos lugares, tan queridos en mi memoria, ya no existen lamentablemente).
   V de Vendetta me la vine a comprar años después, gracias a la edición chilena que salió en los kioscos de la desaparecida editorial nacional Unlimited (¡Que buenos títulos sacaron y baratos!).  Me impresionaron las diferencias entre la cinta y el material original, en especial en lo que concierne a la caracterización de la coprotagonista femenina.
    Watchmen es, por increíble que parezca, mi historia favorita de Alan Moore (y eso que tiene varias que me sobrecogen) y pongo esa palabra de "increíble", porque nunca he leído la historieta en sí misma; no obstante, para cuando salió la cinta, que adapta con mucho amor al texto del que se nutre, apareció el mismísimo comic animado completo viñeta por viñeta.  Apenas me compré el DVD original, en la también extinta Feria del Disco (otro lugar valioso de mi pasado al que extraño), me devoré las 6 horas que duraba todo y quedé muy contento, de comprobar cuán maravilloso era ese cómic tan importante.  Con posterioridad, me compré muy barato una edición de lujo gringa de la Versión Extendida o Corte del Director de Watchmen en DVD, que me fascinó; lamentablemente el material adicional no viene en español, así que no lo pude disfrutar.
    A principios de este siglo, hace casi dos décadas, el diario La Tercera sacó a precio económico, una serie de antologías en formato de bolsillo de varios personajes famosos del cómic, gringos y nacionales; entre ellos, venían sendos tomos dedicados a Batman y Superman, los que no dudé en adquirir.  Entre lo genial de estas antologías "a precio de huevo" (el papel no era muy bueno y, por ende, los colores no eran los mejores para apreciar la belleza de sus dibujos... Aunque eso poco me importaba en aquel entonces, cuando comenzaba recién a hacerme mi propia colección y no sabía mucho de todo), estaban las introducciones que ayudaban a conocer a los autores escogidos y a tomar conciencia de la importancia de las obras que recogían dichos volúmenes.  Mi memoria es frágil, tal como ya lo he dicho, y tiende a dejar de lado los detalles, aunque siempre se me queda dentro la sensación de satisfacción o decepción, que me puede provocar un título determinado.  Teniendo en cuenta lo recién afirmado, es que no olvido los elogios para La Broma Asesina (de Batsi), Para el hombre que lo tenía todo y para ¿Qué le sucedió al Hombre del Mañana? (ambas de Supes).  El antologista, se refirió al talento del escritor de dichos textos, el mismísimo Alan Moore, a quien ya conocía desde hace años. Fue la primera vez que me leí tales piezas y las de Superman en verdad me parecieron preciosas, llenas de un sentido de maravilla, que sacaba lo mejor de los tropos de la Edad de Plata, si bien eran historias maduras, propias de su época y de su autor.  En cuanto a la famosa novela gráfica, que tenía de protagonistas a Batman, Guasón, Batichica y al comisionado Gordon, su oscuridad me impactó de sobremanera.  Tiempo después, el anual del kryptoniano fue bellamente adaptado para Liga de la Justicia Ilimitada y la historia del Cruzado Enmascarado, tuvo una gran peli animada... Luego conseguí todas esas historietas en versiones de lujo como parte de El Universo DC de Alan Moore.


    Volviendo atrás en mi vida, en los noventa y cuando estaba en la universidad, formaba parte de un fanclub de Star Trek; uno de mis compañeros, aún un escolar, andaba con unos cómics en grapa de Spawn y como me llamaron la atención, se los pedí prestado apenas los tuviera libres; con posterioridad, me vi esa misma década la serie animada, junto a mis amigos Iván Piñeyro y César Sáez, en una junta de machos ñoños y quedé fascinado.  Mucho tiempo después, cerca de 2009, una colega me contó que su marido quería deshacerse de una caja llena de cómics y entre ellos venían más de 100 números de Spawn en grapa, incluyendo unas 3 ó 4 miniseries; ni tonto, ni perezoso, le ofrecí comprárselos a un muy buen precio y de ese modo los fuí a buscar a su casa, llegando más feliz que perro con un hueso a la mía.  Entre los primeros números del engendro demoniaco con corazoncito, había un autoconclusivo escrito por nada menos que Alan Moore y Blood Feund, una novela gráfica de la autoría del mismo escritor.  De la primera, solo retengo en la memoria que hace su debut un vagabundo asesino llamado The Freak y en la segunda aparece un vampiro monstruoso.  Ambas obras son consideradas "trabajos menores" de Moore, pero no por ello las desprecié, sino que, al contrario, me gustaron mucho y no me importa lo que digan los críticos.
    Cerca del milenio, un amigo del fan club de Star Trek (José Varas) me prestó el primer integral de La Liga de los Hombres Extraordinarios. Considerada entre otra de las perlas dignas de elogio de su creador, me volvió loco de gozo su utilización de personajes de la literatura victoriana y del siglo XIX.  Llena de referencias y juegos metaliterarios, se trata de un hito del cómic solo para lectores sofisticados, adultos y cultos; por lo mismo, no supe apreciarlo lo suficiente en aquel primer encuentro.  Tempus fugit y llegó 2020, con este la pandemia del Covid-19, que nos recluyó nuestras casas hasta el año siguiente y puso en tela de juicio nuestra capacidad para mantener la cordura; fue así que entre otras cosas, leí más que nunca (o al menos a un nivel parecido al de mis últimos años de adolescencia y los primeros de mis veintitantos).  Todos los meses gastaba una suma "interesante" en comprar libros y cómics por internet, de los cuales he leído una ínfima parte; fue así que aproveché un ofertazo y pedí juntitos los 4 primeros integrales de La Liga de los Hombres Extraordinarios, todos en formato de tapa dura.  Me los devoré, por fin, el año pasado y esta vez gocé demasiado sus lisérgicas aventuras.  Cabe mencionar que sus agregados, salvo el cuento sobre Alan Quatermain, que también fue incapaz de leer en los noventa, los disfruté con mucho placer (el mapa/atlas de los lugares mágicos y secretos del mundo, es de una genialidad multireferencial e intertextual de tal envergadura, que me hizo reverenciar más que nunca a su autor)
    En los noventa, antes de entrar al fan club de Star Trek (se llamaba Zona Neutral), estuve en un taller de literatura de ciencia ficción.  Llevado a cabo por puro amor a la divulgación y al género por el bondadoso Tío Lucho (Luís Saavedra para el resto de los mortales), creo que fue él quien me habló por primera vez de Desde el Infierno.  Como yo, además, desde niño he sentido una fascinación morbosa por la figura de Jack el Destripador, de inmediato me interesé en ese cómic, considerado entre lo más sobresaliente de ya saben quién.  Luego, en 2001, me vi en el cine la peli junto a mi comadrita Ledda y ambos quedamos extasiados; sin embargo, cuando por fin me compré el cómic en tapa dura y en oferta gracias a Buscalibre, comprobé que la adaptación había hecho más accesible su agreste material, el que me aburrió como ostra e incluso fuí incapaz de terminarme la historieta de complemento; asimismo, no vacilo en afirmar que encuentro FRANCAMENTE HORRIBLE y SIMPLÓN el dibujo de esa novela gráfica.
    Lo último que me compré de Moore, es el primer tomo de Providence, una obra suya en la que le hace un homenaje a Lovecraft, quien creo es protagonista de esa historia.  Lo adquirí en 2019 y aún lo tengo sellado, pues debo conseguirme los números siguientes.
     Tengo unos cuantos "pecados de omisión", con la bibliografía del artista que hoy nos reúne.  En primer lugar, se encuentra no haberme comprado nunca Watchmen.  En los noventa pude adquirirlo a buen precio en tapa dura, en unos cuantos volúmenes, que en la Antiyal lo tenían baratísimo; pero en ese tiempo era mucho más ignorante y desconocía la oportunidad que me estaba perdiendo.  Por otro lado, lo que más me duele fue no haberme llevado conmigo el integral de los W.I.L.D.C.A.T.S., escritos por Alan Moore y eso, porque me salía el doble de lo que me atrevía a pagar, en aquel entonces, por una edición en tapa dura (hoy está mucho más cara que nunca tan dichosa etapa).  El año pasado no más, creo, salió a la venta el compilatorio de La Tempestad, la última aventura de La Liga de los Hombres Extraordinarios, hasta donde yo sepa y que transcurre en el futuro; costaba barata y nunca me la he comprado todavía, así que también pesa sobre mi conciencia.
    Alan Moore de igual manera es un novelista con varias obras aplaudidas, pero por lo que he leído acerca de su literatura, en ella expone su faceta más densa, justo la que no me atrae.  Cuando salió en español Jerusalén, en plena pandemia, una novela de más de 1000 páginas, casi me la compré; no obstante, al final imperó en mi el deseo de esperar, a que uno de mis amigos la leyera antes, a ver si me la recomendaba ¿Alguien por ahí tiene experiencia en su narrativa? (aún tengo el mal sabor de boca, de su cuento agregado al omnibus N° 1 de La Liga de los Hombres Extraordinarios).


lunes, 26 de junio de 2023

50 años para ganarse al mundo.


I. Un gigante lleno de sorpresas.
 
    Hace rato que deseaba escribir sobre Alan Moore, para much@s el mejor guionista de cómics de los que actualmente pisan la Tierra; no me atrevo a decir lo mismo, pero sí puedo afirmar con regocijo que he disfrutado mucho de sus obras y algunas de ellas están entre mis favoritas.  Mucho tiempo ha pasado, más o menos desde que comencé mi blog- y eso fue hace casi una década- escribí unas cuantas líneas para La Cosa del Pantano, pero nunca avancé en dicho texto y así terminó en el olvido.  El año pasado tuve la oportunidad de dedicarle otro post, esta vez debido a mi lectura de los 4 primeros tomos de La Liga de los Hombres Extraordinarios, sin embargo, nunca lo llevé a cabo y solo ahora me dispongo a saldar mi vieja deuda; por lo tanto, quiero con todas mis ganas dedicarle estas palabras, a quien tantas satisfacciones me ha dado (y a muchos de mis amigos más ñoños también).
    Oriundo de Inglaterra, de un pueblito muy característico de este llamado Northampton, comenzó en el mundo de las historietas muy joven y ello gracias a sus tempranas lecturas del medio y de muchas obras de literatura general.  Podría darles muchos más datos interesantes, acerca de la biografía de este gigantesco hombre, de más de un metro noventa de altura, larga barba risada, que gusta vestirse con rompa estrambótica y usar sombreros y quien dice además ser mago (aunque no de los que animan cumpleaños, sino de aquellos que se dedican al llamado OCULTISMO); no obstante, para eso están Wikipedia y otras páginas de libre acceso, así como el mismo libro que hoy nos reúne.  Así que esta primera parte del texto, que tienen frente a sus ojos, es acerca de mi relación con Moore y, por lo mismo, solo les contaré de mis (escasos) recuerdos de las obras que he leído de él.
     Lo único más que agregaré acerca de su carrera artística, es que comenzó profesionalmente en revistas de su país, entre las que podemos mencionar 2000 A.D. (en la que "nació" ese gran personaje que es Juez Dredd) y para Marvel UK (en la cual revitalizó al Capitán Britania).  Su labor en el medio, durante esta etapa, incluye aporte para otro superhéroe inglés destacado, aunque "independiente": Marvelman (Miracleman en USA, cambio de nombre por pura maña maliciosa de la poderosísima Casa de las Ideas).  Por mi parte, mucho quisiera tener y leer estas obras, tan bien consideradas. Ojalá cumpla ese sueño.
    Por cierto, tal como su colega y compatriota Neil Gaiman (mi favorito, entre la tanda de británicos que "invadieron" el mercado gringo del noveno arte, a partir de los ochenta del siglo pasado y que le insuflaron una vitalidad y calidad literaria poco apreciada hasta entonces), Alan Moore es un autodidacta, quien, sin tener mayores estudios académicos, ni títulos profesionales, ha sido artífice de una bibliografía culta, llena de referencias a la literatura y al mundo pop... ¡Para que vean que el verdadero talento es independiente de los títulos universitarios!
    Hay algo que deben saber de este caballero extraordinario: a diferencia del recién mencionado creador de Sandman, Alan Moore es una persona complicada (como me pasa con Pedro Lemebel- que en paz descanse- y por mucho que lo admire, no creo podría ser su amigo).  Por lo mismo, se ha peleado con DC, con Marvel y un montón de antiguos colaboradores, entre ellos muchos que fueron sus amigos y con los que hizo varios de sus trabajos más destacados.  Las razones de su enojo y disputas legales, temas de derecho de autor (en esto último le encuentro toda la razón), de modo que no permite que, en ninguna de las adaptaciones audiovisuales, de sus trabajos, salga su nombre.

 


III. El libro que me motivó a escribir.
 
    El 18 de noviembre de 2002 Alan Moore cumplía medio siglo de vida y al año siguiente, unos cuantos artistas del cómic y afines se juntaron para hacerle un homenaje por escrito, contactando a varios autores de renombre internacional (bueno, a la mayoría ni conocía, je).  De ese modo en 2003 se publicó un libro de más de 300 páginas llamado Alan Moore, Retrato de un Caballero Extraordinario, el cual contiene cómics, ilustraciones, ensayos, una entrevista exclusiva al tributado y reminiscencias acerca de este y quienes comparten con nosotros sus vivencias junto al ex cumpleañero.
    El libro en cuestión fue producto de una hazaña editorial independiente entre Inglaterra e Italia (de hecho, hay una enorme cantidad de gente de este último país, entre quienes hicieron su aporte al texto, justamente aquellos de quienes hasta ahora no tenía idea y que ahora consiguieron interesarme). Asimismo, las ganancias de la venta de este título (una verdadera joya, única en su especie, que recomiendo harto), están destinadas a 3 instituciones benéficas, orientadas a las personas con Alzheimer, un bello gesto ejemplar.
    Dentro de sus páginas, hay muchos tesoros que valen la pena, partiendo con una muy entretenida biografía sobre el propio Moore en formato cómic (¡Me encantó la mezcla de técnicas de las viñetas, que incluyen fotomontaje!), datos exquisitos sobre la vida y obra del escritor, que me demostraron lo pobre que es mi experiencia de su vasta bibliografía (en todo caso, su música no me interesa) y, por ende, los muchos títulos pendientes que tengo de su autoría (que, más encima, luego de este aniversario han pasado 20 años y por lo mismo hay mucho más de sus trabajos sin ser disfrutados).
    Destaco, nada menos, un cómic exclusivo de Alan que disfruté mucho y que viene a color, al igual que muchos de los que aquí encontramos.  Por otro lado, preciosas las memorias de Stephen R. Bisette, uno de los dos dibujantes que trabajó con Moore en la aclamada etapa ochentera de La Cosa del Pantano.  Por otro lado, hay textos que me aburrieron y ni siquiera los terminé, como el cuento escrito a cuatro manos de las hijas de Moore, por igual un poema de Neil Gaiman (la poesía no es lo suyo) y un par de ensayos demasiado sesudos escritos por la misma persona.
    Famosos que hicieron su contribución para el tomo y a los que admiro considerablemente, son Terry Gilliam (director de filmes de culto como 13 Monos y Las Aventuras del Barón Munchausen), Len Wein (uno de los dos “papis" de Shampy), el grandioso Michael Moorcock (¡Uf!), Steve Niles (guionista de esa joyita que es 30 Días de Noche) y Mark Millar (uno de mis escritores favoritos de cómics y cuyas remembranzas para este libro me gustaron mucho).
    Lo único que le reclamo, al menos a la versión española de tan logrado homenaje, es su letra tan pequeña, que hace complicado y/o imposible para muchas personas leer el libro.
    Compré este volumen por pura intervención divina, el 2020 o el 2021 en plena pandemia y cuarentena, cuando debíamos pedir permiso a Carabineros a través de su página Web, en caso de hacer trámites varios (quienes no estábamos habilitados para salir todos los días, por motivos de trabajo, contábamos con un par de horas a la semana).  Ese día andaba feliz en el Centro de Santiago, contento de escapar del encierro y me pasé a la Shazam Cómic; allí en una de sus estanterías, estaba esta estrella muy oculta, entre otras ofertas de títulos descatalogados y sin dudarlo me la traje conmigo, junto a dos colecciones de cuentos sobre Hellboy. Hoy en día estoy más feliz que nunca de mi adquisición.

 

 

sábado, 24 de diciembre de 2022

Demasiados adioses (I).


 
 
      Este año ya está por acabar y el siglo XXI ya está bastante avanzado, incluyendo en su desarrollo una pandemia y una guerra atroces (y esto tan solo comenzando su tercera década).  De igual manera, quienes hicieron historia el siglo pasado, marcando positivamente con su paso y obras varias generaciones (entre ellas la mía y, en especial, mi infancia y juventud), nos han ido dejando paulatinamente.  Debemos agradecer el legado que nos dejaron, que muy bien podemos no solo gozar de su arte, sino que también inspirarnos para hacer como ellos de este mundo algo más hermoso.  Por mi parte, cuando se ha tratado de una de esas personas que llegaron a hacerse valiosas para mí- pese a que no tuve la oportunidad de conocerlos en persona- hago lo posible por recordarlos con agradecimiento y de compartir con otr@s mi conocimiento de lo que fueron y serán para millones.  Debido a lo anterior, me pongo al día con al menos unas 4 personas de estas personas, que se han ido estos pasados meses, pues  deudas tengo con ellos y es el momento de pagarlas.
 
1. Alant Grant.
 
    Nacido el 9 de febrero de 1949 y fallecido el 20 de julio de este año (¡Cuando estaba disfrutando de unas merecidas vacaciones de invierno!), fue un guionista muy destacado y al que conocí por su labor para DC, si bien antes comenzó trabajando para las historietas de su país (Inglaterra) en la mítica revista 2000 AD; es así que hizo varios libretos para su personaje icónico, el Juez Dredd y si no me equivoco, se encargó años después de realizar al menos un crossover de este postapocalíptico agente de la ley, con nada menos que Batman. 
     Justamente lo conocí gracias a su labor en la Distinguida Competencia, ya que tuvo a su haber una labor bastante memorable en las colecciones del Murciélago; fue así que en sus páginas creó a dos de sus mejores villanos: al asesino serial Victor Zsasz y al Ventrílocuo (junto a su alter ego Caracortada), siendo este último un personaje bastante complejo, que está entre mis favoritos de la galería de criminales del Señor de la Noche.  Por otro lado, junto al también llorado dibujante Norm Brayfogle, con quien compartió la paternidad de los recién mencionados desquiciados, nos regaló nada menos que a Anarquía, otro tremendo personaje que comenzó como villano y que luego pasó a ser antihéroe y hasta héroe en ocasiones y quien tiene un desarrollo argumental digno de ser seguido (amo su imagen aterradora e inteligencia). 
     Asimismo, leí con mucho placer varias de sus historias para Lobo, que poseo hartas, en las que saca a relucir su faceta humorística (que le salía maravillosa a Grant).  Por otro lado, recuerdo que gocé bastante una novela gráfica suya de un team-up de Batman con Demon, en la que el Cruzado Enmascarado debe viajar nada menos que al Infierno.
     Por último, hace años en una vieja FILSA (Feria Internacional del Libro de Santiago), encontré baratísimas varias novelas, en edición de bolsillo, ambientadas en el universo de Smalville (querida serie de imagen real sobre la juventud de Superman, que tiene un lugar especial en mi corazoncito), una de ellas escrita por Grant (Dragón), que en todo caso escribió varias.… ¡Sin embargo, aún no la leo!


2. Kevin O´Neill.
 
    También inglés, fue un dibujante de cómics caracterizado por sus ilustraciones cuidadas y al que solo pude disfrutar en pocas obras, pero con ello bastó para ganarse mis respetos.  Nacido el 22 de agosto de 1953, falleció el 3 de noviembre del presente año a los 69.  Como el anterior, también colaboró para 2000 AD.  Era bastante joven, comenzando la veintena de mi vida, cuando gracias a mi amigo Mauricio Tapia o quizás de qué otra forma (¿Tal vez por la intervención de Marlo?), que me leí una de sus dos primera colaboraciones con Alan Moore, historias breves de complemento, aunque potentes y muy sofisticadas: La primera de ellas fue para The Omega Men, un grupo de superhéroes cósmicos al que apenas conozco y la segunda ocasión sucedió con Cuentos de los Linterna Verde Anual 2, ambos de 1986; en ambos casos, el arte de O´Neill acompañado por la pluma de un maestro de la talla de Moore, concedió a los lectores obras sobresalientes y que merecen hacerse conocidas, como apreciadas al demostrar en pocas páginas lo magnífico que puede ser un cómic, que supuestamente solo pretende entretener (para mi suerte, ambas joyitas están contenidas en el compilatorio de lujo, y que poseo, de El Universo DC de Alan Moore).
    Era principios de siglo, creo, cuando mi amigo José Varas me prestó el integral y/o vol. 1 de La Liga de los Hombres Extraordinarios.  Se trata una historia ambientada a finales del siglo XIX, sobre un grupo secreto de individuos admirables y con capacidades por sobre la normalidad, quienes trabajan para el gobierno británico.  Sus protagonistas son personajes sacados de la literatura clásica victoriana y del periodo histórico en que se desarrollan sus aventuras, de ese modo tenemos entre sus integrantes a Mina Murray (de Drácula), al doctor Jeckyll y a Mr. Hyde de la novela homónima de Robert Louise Stevenson, al Hombre Invisible de la famosa novela de H.G. Wells y varios más salidos de narraciones de Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle y Julio Verne, entre otros.  Era un tomo precioso el que tenía en mis manos, pero no supe apreciarlo en aquel entonces (la ineptitud de la juventud, supongo) y eso que ya sabía entonces quién era Alan Moore, su guionista y bien supe apreciar el arte del dibujo que era el mismísimo O´Neill.  Creo que a duras penas me acabé dicha novela gráfica.  Por esa época, se estrenó la versión cinematográfica, la última peli que hizo Sean Connery como actor y que fue un fracaso (recuerdo que no me gustó y la vi en medio de una cita, je, que luego me pasó lo mismo en circunstancias parecidas con los bodrios de Liga de la Justicia y Aves de Presa, todos presagios de ningún futuro amoroso con mis acompañantes en tales ocasiones).



     Pasó el tiempo, avanzó el siglo y me hice más “viejo”.  Llegó la pandemia del Covid que durante dos años consecutivos nos tuvo recluidos en nuestras casas y de ese modo entre 2020 y buena parte de 2021, me gasté harta plata en comprar libros y cómics por Internet; así que esperaba ansioso llegaran a mi hogar, si bien sigo acumulando títulos y títulos sin leer.  En una de esas ofertas “de pandemia”, vendían muy baratos los 4 primeros integrales de estos especiales (super) héroes o antihéroes, así que me decidí a darles una nueva oportunidad.  Los adquirí en 2020 y solo este año, poco antes de fallecer su dibujante, me dediqué a ellos; esta vez disfruté mucho la primera entrega y los siguientes me fascinaron.  Les confieso que su copia del estilo de las viejas ilustraciones y de la publicidad de los siglos pasados, la encuentro maravillosa, con un humor exquisito que acompaña la genialidad de su colega Moore. Aún estaba leyéndome los integrales, cuando supe que había un quinto tomo, ambientado en el futuro, de la mano de sus mismos autores; en oferta estaba y la tentación de adquirirlo para seguir de inmediato el orden de lectura fue grande, no obstante, a la fecha no lo he hecho.
      Unas semanas después de terminar con estas lecturas, conversando por Whatsapp con mi amigo Miguel Acevedo, me enteré de su muerte; así fue como consideré algo sincrónico que previo a su deceso, le haya dedicado mi tiempo a una de sus obras más emblemáticas (y algo parecido me sucedió este año con Vangelis). 
    Para terminar, una anécdota debo contarles sobre los cómics de La Liga de los Hombres Extraordinarios.  Era 2020, que me encontraba trabajando por vía remota y haciéndoles clases a mis alumnos ocupando videoconferencia, una de mis jefas me encargó seleccionara varios títulos de cómics, para la biblioteca del colegio, y de ese modo feliz me dispuse a escogerlos.  Le di los nombres para comprarlos por Buscalibre, el mismo servicio que uso para adquirir a distancia literatura e historietas… ¡Y como seguían con gran descuento los susodichos tomos, no vacilé en agregarlos a mi lista! Mi mayor motivo para tenerlos en consideración, era la íntima relación de esos textos con la literatura de más rancia alcurnia, tal y como ya lo demostré más arriba; por lo tanto, bien podían dichos fascículos motivar a sus jóvenes lectores,  para seguir luego con las obras que inspiraron a Moore y O´Neill.  Era finales de septiembre del año pasado, cuando volvimos al colegio de forma presencial, aunque con horario reducido; un día me llama/escribe a mi celular la bibliotecaria, mi amiga, quien estaba haciendo inventario de las últimas adquisiciones y se encontraba leyendo los cómics por encargo de la misma jefa, para ver a qué tipo de público correspondían:
 
    - ¡Estas obras no las pueden leer en el colegio nuestros estudiantes! - Me dijo cuando llegué a su lugar de trabajo.
    - ¿Por qué? – Ya estaba dispuesto a defender con uñas y dientes el valor artístico de tales títulos.
    - Por esto… y esto…- Y entonces me mostró viñetas seleccionadas, a tal punto que, si hubiese sido un mojigato, habría quedado horrorizado.  Y es que con la mala memoria que poseo y al no haberle echado un vistazo antes a los otros tomos de la saga, no recordaba e ignoraba que se trataba de historias para adultos, con sexo explícito y mucha violencia gráfica.
 
    Como decimos en Chile, “agaché el moño” y tuve que asumir mi error.  En todo caso, Maritza se tomó con humor el impase y es así como hoy en día, dichos cómics, están solo para la consulta y el placer del público adulto del colegio (o sea, funcionarios).
 

           Esta historia sobre los Linterna Verde fue muy "subida de tono" en su momento,
de modo que se publicó sin el sello de la aprobación del Comic Code, toda una proeza en 1986.

jueves, 1 de octubre de 2020

Antes de Watchmen, décima parte (y final): La Maldición del Corsario Carmesí.


John Higgins, el coautor.
 
    Cuando en 2012 apareció por fin el largamente esperado proyecto de volver al universo ficcional de Watchmen (1986-1987, la magna obra del cómic ochentero “para adultos”, escrita por Alan Moore y dibujada por Dave Gibbons, en plan homenaje y visión descarnizada del subgénero de superhéroes), gracias a la serie de precuelas titulada como Antes de Watchmen, solo dos nombres del clásico precursor de todas esas historias, en tono más serio sobre justicieros enmascarados y con trajes ajustados, se repitieron en tales nuevas aventuras.  Uno de ellos corresponde al del no hace mucho tristemente desaparecido Len Wein, quien ejerció como editor en la mentada novela gráfica y el otro corresponde a John Higgins, encargado de colorear (y vaya que lo hizo magnífico) los de ya por sí hermosos dibujos de Gibbons; fue así que el primero, hace rato ya un destacado guionista, escribió más de una miniserie dentro de Antes de Watchmen (específicamente Ozymandias – mi favorita de esta colección- y Dollar Bill), mientras que el otro y unido al propio Wein, se encargó de realizar todo un homenaje para la obra que inspiró estos trabajos más recientes: el dibujo y la coescritura del guión de La Maldición del Corsario Carmesí.
     Debe saberse que dentro de las páginas de Watchmen, aparecen las viñetas de un cómic leído por un niño común y corriente, un civil que aparece de vez en cuando y quien se deleita con el argumento de Relatos del Navio Negro; se trata de una oscura y violenta historia de piratas, que aparece fragmentada en cada uno de los 12 números que comprenden el título principal.  Cabe mencionar que corresponde  a un texto sobre la caída progresiva en la condenación de su protagonista, la cual sirve como reflejo (en parte) de la misma trama sobre los justicieros de Watchmen.
       Teniendo en cuenta lo mencionado arriba, no podía haber un Antes de Watchmen sin su propio cómic “satélite” sobre piratas y he ahí donde nos encontramos con La Maldición del Corsario Carmesí.  Pero antes de referirme sobre de qué va esta “historieta dentro de la historieta” (a manera de la más rancia tradición de la literatura, en lo que se llama relato enmarcado), ya es hora de referirse a quién es John Higgins ¿No?
    Nacido en Reino Unido en 1949, su carrera profesional ha estado ligada a una importante revista de su patria dedicada al noveno arte: 2000 AD, publicación de cómics de ciencia ficción de la cual han surgido títulos y personajes hoy tan populares como el mismísimo Juez Dredd.  Considerando que Moore también es de origen británico, era obvio que en su juventud se conocerían y trabajarían juntos, de modo que cuando DC “importó” varios nombres importantes del medio en los ochenta, ambos volvieron a firmar en sociedad para la compañía gringa y en otra importante obra: Batman: La Broma Asesina (1988), esta vez poniéndole color al trazo de Brian Bolland (otro inglés).  El resto de su trabajo tanto para su tierra natal como para el mercado estadounidense, lo ha llevado a trabajar por igual en el cine en filmes de imagen real y de animación, así como portadista de libros. 
    Destacable viene a ser su incursión en el llorado sello Vertigo de DC, donde encontramos la prueba viviente de su labor recomendable, en títulos tan emblemáticos como nada menos que Hellblazer y Mundo sin Fin, este último junto a su también compatriota Jamie Delano.

 
La Historia.
 
     Publicada originalmente a razón de dos páginas entre 28 números de los 37 que comprenden Antes de Watchmen (lo que nos da un total de 58 páginas, una suma respetable y que bien podría considerarse como un one-shot, historia autoconclusiva de un solo número), se trata de una obra dividida en 3 partes: El Diablo de las Profundidades, ¡El Mal que hacen los Hombres…! y Anchas eran las Alas del Dragón.  La trama fue realizada por el maestro Len Wein en el primer arco (los 10 primeros números) y en la primera entrega del segundo, encargándose luego Higgins, quien en general llevó muy bien la tarea solo, realizando además un dibujo magnifico en el cual combina muy bien el realismo salvaje que esperaríamos de este tipo de narraciones (barcos, selvas y guerreros con sus respectivas indumentarias), con un imaginario propio de las fabulaciones terroríficas, sangrientas y violentas que le hacen el peso a algunas de las mejores viñetas de las historias centrales de la colección.  Plausible viene a ser el aspecto cromático dado a las imágenes, donde en la primera parte destacan los colores oscuros, nocturnos y fríos, propios de la muerte más fantasmal en alta mar, para pasar luego a un espectro más vivo y que, pese a su propia luz, representa otro tipo de peligros mortales.
    La trama trata acerca de un marino que tiene un cargo más o menos importante en un barco, quien solo por intentar ser un hombre justo en medio de un ambiente donde el honor no tiene mucha validez, cae en la desgracia más profunda cada vez, al llegar a otro embarque, aunque este de connotaciones sobrenaturales y malditos (me voy a reservar el verdadero nombre de este último para que lo descubran por su cuenta…en el caso de que sepan sobre historias del mar).  En otras palabras, logra escapar de la sartén para caer al fuego, arrancar de Escila para caer en las fauces de Caribdis. Sin embargo, le ofrecen recuperar su libertad a cambio de encontrar 3 objetos imposibles y de ese modo el resto de la trama tratará sobre su viaje para conseguir dicho objetivo.  El espanto sobre lo peor de la humanidad, conociendo a gente indeseable en el mayor de los casos y todo tipo de atrocidades entre “naturales” y sobrenaturales, nos dejará con un sabor amargo que no deja de ir de la mano con algunas de los argumentos dedicados a los mismísimos Vigilantes.
     Por mi parte, el único “pero” que le pongo a esta pieza que luego fue editada de manera compilatoria en los integrales de Antes de Watchmen, es sobre su precipitado final, que pareciera haber sido realizado por la presión de cerrar de una vez este agregado.  Por cierto, aplausos para el lenguaje más “florido” o arcaico usado en esta obra, el cual nos ayuda a sumergirnos en otra época, lo cual de seguro en su idioma original se puede disfrutar aún más, por no mencionar los diálogos en una lengua mesoamericana que aparecen en el último arco de La Maldición del Corsario Carmesí.


miércoles, 19 de febrero de 2020

Lo que vino después... ¡Por fin!


1. El comienzo.

    Watchmen, el cómic de superhéroes para adultos de mediados de los ochenta, escrito por Alan Moore y dibujado por Dave Gibbons, está lejos considerado una de las obras cumbres de la historieta gringa; además, a menos que me equivoque, fue la primera en su tipo en abordar en plan "adulto" personajes de esas características, con violencia y sexo incluidos, a la par de una trama sofisticada de fuerte crítica social (mucho tiempo antes de Spawn, Wild Cats, Stormwatch y The Boys, entre otros)
    Los seguidores de esta historia en verdad maravillosa, llena de protagonistas carismáticos, por años y décadas pidieron tener más acerca de tal mundo; no obstante, por una u otra razón ello fue imposible y mucho menos incorporarlos al universo DC, como bien los sueños ñoños más fabriles deseaban.
    Gracias a la excelente película realizada por Scott Snyder y quien llevó a la pantalla grande este título, con todo el despliegue visual propio de las mega producciones hollywoodenses, Watchmen volvió a estar en el ojo del público y la industria; de ese modo, tiempo después DC se atrevió a revisitar dicha ficción y a sus vigilantes tan especiales. Solo entonces nació Antes de Watchmen, un enorme proyecto a manera de precuela y que bajo la mano de un montón de grandes artistas del noveno arte, dedicó varias miniseries a contarnos los orígenes y nuevas historias de los Minutemen, Espectro de Seda, Búho Nocturno, el Comediante, Doctor Manhattan y otros. La verdad es que este regreso sí que fue para celebrar.
    No obstante, seguimos manteniéndonos en las tinieblas sobre qué pasó después del impactante final de la novela gráfica original...Hasta el año pasado y ello gracias al guionista y a HBO, que le dio la oportunidad de llevar a cabo su idea.

2. La serie.

    En solo 9 episodios (que, claro, uno quisiera temporadas más extensas, como nos acostumbraron de niños, je) se nos cuenta lo que ha pasado en el Estados Unidos de Watchmen, más de 30 años después de lo conocido hasta ahora. Pero este regreso comienza de una manera muy especial y lo hace desde el pasado de lo que leímos/vimos en la Watchmen original, con una dramatización desgarradora y que no deja de ser realista debido al acontecimiento que nos muestra; luego, dicho evento será nada menos que la génesis del superhéroe más misterioso de los Minutemen, los justicieros de la Edad de Oro de ese mundo, Justicia Enmascarada. Cabe mencionar que la interpretación que hacen de este personaje, convirtiéndolo en uno de los subarcos argumentales destacados del programa, no deja de sacar aplausos.
    Con posterioridad saltamos al presente, en la misma ciudad donde ocurrieron los tristes hechos de los primeros minutos. Es entonces, que nos enteramos que ahora la policía cubre parte de su rostro para que no los identifiquen los criminales y no se venguen de ellos cebándose en sus seres queridos (una clara alusión menor a los alter egos de los superhéroes y su identidad secreta). Uno de esos agentes, resulta ser, la única de estos nuevos personajes en usar lo que podríamos llamar un verdadero traje de vigilante y quien se hace llamar Hermana Noche (en realidad, a este servidor le encantó su atuendo). Ella y su gente deben enfrentarse a la Séptima Caballería, un grupo de fanáticos racistas y supremacistas blancos, que demuestran tener más que un plan de acabar con los negros y, además, guardan varios secretos estratégicos.
    Los actos violentos que comienzan a producirse y que al parecer la policía (incluyendo los agentes disfrazados) es incapaz de controlar, motivan al FBI a mandar a una de sus especialistas...Otra dura mujer, que tiene un pasado muy estrecho con los viejos vigilantes que marcaron con su paso ese mundo.
    Por otro lado, asistimos a la vida lujosa y en un ambiente idílico, de un hombre que vive atendido con servilismo por sus empleados, aislados de lo que ocurre en Oklahoma. Solo bien avanzados los episodios, llegamos a saber de la identidad de este sujeto, alguien profundamente ligado a la historia que originó esta serie.
    Asimismo, una poderosa empresaria vietnamita lleva a cabo una construcción impresionante en plena ciudad, cuyo verdadero sentido solo se revela hacia el final de la temporada, tal cual muchos de los misterios que encontramos a lo largo de esta secuela. Cabe mencionar que la mujer, Lady Trieu, se inmiscuye en la existencia de todos los personajes mencionados hasta el momento.
    Solo teniendo en cuenta todos los elementos mencionados, el enorme rompecabezas que se ha ido armando desde un principio, no dejará indiferente a los espectadores, una vez que las piezas se unan y veamos la imagen total de este show, realizado con tanto amor y respeto al cómic de donde salió todo.

Algunos de los malos de la historia y cometiendo doble sacrilegio: usando una iglesia para sus fines desgraciados y ocupando la máscara del heroico Rorschach.
3. Comentarios personales.

     Watchmen (¿Por qué no le pusieron otro título, por lo menos Después de Watchmen, para no confundir a la gente y en especial a los fanáticos de la novela gráfica, de que podría tratarse de una adaptación innecesaria de la obra genérica?) está llena de guiños a la historieta de la que salió todo. Y como fiel heredera de su predecesora, viene a ser un título digno de recomendarse, aunque (ojo), solo a un público adulto y ñoño capaz de apreciar una trama enrevesada y compleja; por lo tanto, no es para un público masivo que espera los espectáculos más para "el pueblo", propio de las producciones de superhéroes hollywoodenses.
    La serie es violenta y tiene sexo, mostrando sin tapujos desnudos masculinos e incluyendo escenas de homosexualismo (bueno, a estas alturas solo los tontos se escandalizarían con ello), que no son gratuitas, pues se conducen a la perfección con el cómic que adoramos y con lo abordado en la precuela, Minutemen de Antes de Watchmen.
     Si en las historietas previas nunca tuvimos personajes negros entre los protagónicos, salvo un secundario (el niño que leía los cómics de los Relatos del Navío Negro ¿Lo recuerdan?), acá los tenemos por montones y tres de ellos en papeles estelares; al respecto, cabe mencionar a la morena, quien actúa como los dioses. A su vez, este importante detalle de que la comunidad afroamericana, tenga un rol destacado en el guión y donde se aborda de manera inteligente el tema de la xenofobia, permite para gozo de los cinéfilos el regreso de un actorazo: Louis Gossett Jr., a quien da gusto volver a verlo por estos lares, luego de tantos años desaparecido.
    Otro artista de antaño, que ojalá su reaparición acá no sea su canto del cisne, viene a ser Don Johnson, quien a sus años sigue viéndose tan regio y varonil como siempre. Y si vamos a hablar de estrellas veteranas que intervienen en esta joyita, lejos el mayor actor de ellos es Jeremy Irons; es así que este interpreta a uno de los protagonistas, uno de los mejores que aquí encontramos.
    Ya dije antes que solo Hermana Noche lleva un traje espectacular y que me encantó, que sus compañeros Pirata Jenny y pareciera que usaran atuendos improvisados y en verdad son horribles. Sin embargo, aparece otro personaje, uno más de los grandes aciertos del programa, Looking Glass, que solo usa una máscara; dicho accesorio resulta tan acertada como la del recordado Rorschach. Además, su personalidad tiene mucho de su "antepasado", otra caricia para los amantes de Watchmen.
     Debe saberse que Dave Gibbons trabajó como consultor especializado de la serie (lo mínimo a la hora de honrar al maestro co creador del material original), aunque como ya  pasado con otras adaptaciones de las obras de Alan Moore, el guionista, este último no quiso que ni siquiera saliera su nombre en los créditos; de modo que se desentendió una vez más de estas versiones audiovisuales de sus trabajos (lo que encuentro triste, si bien los artistas como él tienden a este tipo de mañas y otras peores, que Moore hace rato que reniega del género superheroico).
     Por cierto, la serie carece de créditos de apertura y ello es imperdonable, que un show como este ser merecía algo épico al respecto ¿No?
     En cuanto al final de esta pieza es "cerrado" y no cae en el happy end al que muchas veces nos acostumbraron. El creador del programa dijo, luego de que se emitió por primera vez su desenlace, que así acababa su obra; obviamente, quienes hemos gozado con su propuesta queremos más y esperamos en un futuro próximo llegue la segunda temporada; eso sí, claro debe quedar que para este 2020 ello no será posible...Mientras tanto a disfrutar lo que por ahora tenemos.

Los buenos atrapando a uno de los malos.

domingo, 1 de octubre de 2017

Despedirse de Len Wein o Regreso al Mundo de Watchmen. Octava parte: Dollar Bill.


1- Palabras por Len Wein.

     En marzo de este año no más nos tocó enterrar a Berni Wrighson, el famoso dibujante de cómics e ilustrador, cocreador de ese personaje tan emblemático de DC como lo viene a ser la Cosa del Pantano.    Su compañero en tal labor fue otro maestro de las historietas, Len Wein, quien realizó el guión de tal obra.  Al comenzar mi serie de posts dedicados a las novelas gráficas llamadas Antes de Watchmen, ya en la primera entrega mencioné al escritor, dedicándole posteriormente varios párrafos en mi entrada a la novela gráfica sobre Ozymandias…Pues cuando hice mi investigación sobre este último artista, de inmediato me di cuenta de su tremenda impronta en el mundo editorial, recordando además (en especial) cuánto disfruté de su trabajo para la colección de Hulk en los setenta (bueno, al menos de lo que he leído de ella); pues aparte de que en esa misma década nos dio al ya mencionado elemental de la Tierra, también dio origen a nada menos que Wolverine, para Marvel, justamente en la revista sobre el Coloso Esmeralda.  Es así que tengo el gusto de poseer tan histórico número, en uno de los tomos de la Biblioteca Marvel de Panini (no niego que me encantaría ser dueño de una edición mejor, ojalá a color y en tapa dura, pero peor es nada ¿No?).  De igual manera hace años, cuando solo de vez en cuando me compraba historietas y por lo general solo a muy bajo costo, gracias a unos compilatorios con los que comenzó la editorial Unlimited (made in Chile), adquirí una antología de bolsillo sobre los X-Men y entonces creo que fue de ese modo que me leí por primera vez algo de este señor…Pues venía nada menos que el también célebre Giant Sise X- Men, en el que el profesor Xavier reúne a un grupo de mutantes internacionales para rescatar a sus primeros alumnos de las garras de la isla viva de Krakoa…¡Otra verdadera joyita!
      Resultaría injusto dejar en este pequeño homenaje a la memoria de Len Wein, su contribución para la Mujer Maravilla de principios de Post Crisis, si bien fue ideada y dibujada por George Pérez, a finales de la década de los ochenta.  Y es que cuando su compañero empezó a escribir los primeros arcos argumentales, Wein se encargó de los diálogos y con ello logró realzar de ese modo la calidad literaria del cómic.  Una vez que esta nueva Diana de aquel entonces consiguió estabilizarse dentro de este universo DC, recién George Pérez pudo tener la independencia necesaria como para tener pleno control de la colección.
      No he pasado tanto tiempo con Len Wein como yo quisiera y de seguro cuando no sabía aún tanto sobre autores destacados del llamado noveno arte, me habré leído de seguro alguno que otro de sus trabajos sin tener conocimiento de ello.  Debo admitir que de todo lo que hizo, que fue bastante a lo largo de sus 69 años (¡Qué temprano se nos fue!), lejos me encantaría tener y disfrutar su paso por X-Men y Batman, sin dudas considerados entre sus mejores labores (aparte de sus dos grandes creaciones y a las que ya me he referido).  En otras palabras, me queda mucho por leer de este señor, por quien tengo un gran respeto, puesto que justamente de todas las miniseries de Antes de Watchmen, es nada menos que su historia para Ozymandias la que más me agrada.
       La semana pasada no más tuve el gusto de por fin comprarme la miniserie Legendas de DC, correspondiente al primer evento anual de la compañía, tras el reinicio de la mayoría de sus cómics tras la gloriosa Crisis en las Tierras Infinitas.  Importante trama que viene a ser responsable de la actualización que se hizo en aquellos años de varios personajes clásicos deciístas, como el villano Darkseid, el superhéroe Shazam (por aquel entonces conocido como Capitán Marvel) y el grupo de justicieros juveniles de los Teen Titans, yo sabía que contaba con maestros de la talla de John Byrne en el dibujo (el mismo del relanzamiento de Superman en esa misma época, sin dudas de lo mejorcito del Azuloso) y John Ostrander (quien nos concedió su Escuadrón Suicida en esta misma miniserie y luego se encargó de su propia serie, otro verdadero hito en las historietas)…Sin embargo grande fue mi sorpresa cuando me enteré de que los diálogos los había escrito Len Wein y que según el editor de tal evento, Mike Gold y quien luego hizo una muy interesante Introducción para el tomo compilatorio, había sido escogido debido al enorme conocimiento de este acerca de tales personajes.  Por supuesto que llegué a mi casa feliz con mi reciente adquisición, que por años tenía pendiente leerla (y, bueno, aún no lo hago, je).

Junto a mis regalones, Brunito y Amilcar, más mi joyita aquí mencionada.
2- Dollar Bill.  El Dibujate: Steve Rude.

     Nacido el 31 de diciembre de 1956 en USA (¡Qué fome la fecha, justo cuando la gente anda desfinanciada por Navidad y, por otro lado, en plenas vísperas de Año Nuevo!),  corresponde a otro importante artista visual con una larga trayectoria en muchas editoriales, trabajando en las aventuras de un montón de destacados personajes como Batman, Hulk y Spiderman.
      Además de su paso por un montón de títulos como ya ha quedado claro, es reconocido por ser el cocreador de Nexus, junto al guionista Mike Baron, siendo esta una historieta de ciencia ficción y llena de algunas de las razas alienígenas más curiosas del medio.  Aparecida a principios de los ochenta, ha pasado por varias editoriales de las manos de sus creadores y a través de varias miniseries, justamente por tener estos el control absoluto de dicha marca (lo que lamentablemente casi no sucede con sus colegas).
       Su estilo cuidado lo ha convertido en un gran portadista, al usar una técnica propia de la publicidad clásica, a través de imágenes en tonos pasteles y en poses heroicas, como también idealizadas de los personajes, lo que bien se puede apreciar en la preciosa imagen que hizo para su propia versión de la portada de Dollar Bill (que también como otras de Antes de Watchmen, contó con al menos dos alternativas, como una de Jim Lee y otra de Daryn Coocke), que atendiendo al origen del superhéroe rememora los famosos carteles nacionalistas de propaganda del Tío Sam.
       Pese a su ya mencionado estilo, para este one-shot optó por una estética más cercana a la de los cartoon, que ya vimos en la primera miniserie, dedicada a los Minutemen, quizás por el hecho de que su argumento ocurre en la misma época dorada de estos vigilantes y también debido al regreso del humor en el guión hecho por Lein, luego del dramatismo de al menos las dos anteriores entregas (Dr. Manhattan y Rorschach).
        Destacados galardones ha recibido Rude en numerosas ocasiones, entre ellos el Kirby, el Eisner y el Harvey, premios otorgados por su pincel que está considerado entre los grandes del cómic (si bien no es tan prolífico como otros artistas y en mi caso, hasta antes de esta historia no lo ubicaba de nombre).


3- El cómic.

        Narrado en primera persona por parte de su mismo protagonista, William Benjamin Brady, más conocido como Dollar Bill, es la historia de sus “orígenes secretos”, incluyendo su auge y particular caída.  Si bien quienes conocemos de antemano la obra original en la que aparece este sujeto, el final de su carrera como Minutemen es bastante conocido (el que dio lugar a un muy inolvidable homenaje/parodia en Los Increíbles de Pixar), siendo además uno de sus miembros más desconocidos, el enfoque dado por Len Wein lo convierte en este solo número en alguien entrañable...Cabe mencionar antes de referirse de lleno a su historia, la manera de cómo el guionista rompe con la realidad, al hacer que un Dollar Bill “extracorpóreo” sea quien nos cuenta su vida, todo desde un punto de vista ya lejano y con los ojos de cierta sabiduría luego de haber pasado por una existencia que en una primera instancia se podría considerarse como banal; pues este hombre reflexiona frente a lo pasado, tanto acerca de lo que fue su existencia, como sobre quienes lo rodearon (destacable viene a ser cuando emite sus juicios moralistas, debido a los intereses amorosos de su compañera Silueta, propios de la época hasta cierto punto y aun así es capaz de valorar otros aspectos sobre ella, por sobre su estrecha visión de mundo).
         Dollar Bill se nos presenta como el típico jovencito iluso e inexperto de muchas ficciones gringas, que se deja llevar por devenir de los acontecimientos (deportista que tuvo su momento de gloria, como muchos superhéroes arquetípicos) y quien debido justamente al azar llega a convertirse en el representante de una cadena de bancos que simula ser un justiciero.  Luego en un intento de darle a su vida un sentido más trascendente, decide unirse a los Minutemen y con lo que se enriquece esta pequeña (aunque valiosa) novela gráfica, al permitirnos conocer desde sus propios ojos lo que significa ser uno de ellos.  Por otro lado, resulta considerable el cambio espiritual por el que pasa el muchacho, al decidir abrazar el ideal superheroico, en medio de sujetos que en realidad no todos son elogiables y que gracias a lo hecho por los autores él sí aparece como alguien respetable.  Debido a todo esto, el cómic se adentra en la búsqueda de una persona imperfecta (como todos nosotros), haciendo que en poco más de 20 páginas consiga volverse alguien mejor.
        Siendo esta la última de las entregas de Antes de Watchmen sobre sus superhéroes (nos estarían quedando dos más, una de ellas también escrita por Len Wein, aunque con una orientación diferente como ya quedará claro en sus respectivos posts), no dejan de intervenir el resto de los vigilantes creados por Moore y Gibbons, lo que hace de su breve lectura algo aún más grato.

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