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martes, 14 de diciembre de 2021

Bienvenida a la Eternidad


     Era 1993 y me encontraba cursando el principio de mi último año escolar como estudiante de Enseñanza Media, o sea, estaba en Cuarto por fin; desde el año anterior coleccionaba de manera sagrada la revista Fangoria (que como lo he dicho antes por acá, de su sección sobre cine en VHS saqué el nombre de mi blog), la que llegaba con meses de desfase a nuestro país desde España, cuando tuve en mis manos el número 13, un especial dedicado a los vampiros y fue cuando en sus páginas me encontré por primera vez con el nombre de Anne Rice y su obra (¿o la habrán mencionado antes en La Biblioteca de las Pesadillas, el apartado suyo sobre las más recientes publicaciones del género?).  Todo fue gracias  a una entrevista a esta autora, debido a la última entrega de sus Crónicas Vampíricas, titulada La Historia del Ladrón de Cuerpos; de ese modo, con una presentación tan potente, me prometí a mí mismo comprarme sus obras, que me interesaron mucho; por otro lado, también venía un listado de las supuestas 10 mejores novelas sobre chupasangres, ordenadas de manera cronológica según su aparición y en ella venía, como no, Entrevista con el Vampiro, el primer volumen de la saga, que posteriormente se volvería un libro muy querido para mí.
    Ahora nos remontamos a 1994, cuando gracias a la mesada que me daba mi papá, más lo que ahorraba del dinero que me daba cada día laboral ($5.000 en lo primero y $1.000 al día, que los chilenos que vivieron esa época me entenderán), pude conseguir la primera historia de Lestat (narrada por Louis) bajo el nombre de Confesiones de un Vampiro en San Diego y específicamente por medio de un “casero” que tenía en la Plaza Diego de Almagro (recuerdo que me costó $ 4.000); aquella vez me fui muy contento con mi adquisición y creo que de inmediato comencé a leerla, obra de la cual quedé fascinado.  Por otro lado, a menos que me equivoqué, teniendo por aquel entonces solo 18 años, fue la primera ocasión en mi corta vida que leía algo de homoerotismo, lo que me provocó un morbo como nunca antes me había pasado.  No sé cómo me llegó a mis manos su continuación, Lestat el Vampiro, pero sí tengo muy claro que le pedí a un par de amigos, que para mi cumpleaños me regalaran la segunda secuela, La Reina de los Condenados.  En cambio, tan solo la década pasada (en 2016 para ser exacto) pude comprar, en la feria y usado La Historia del Ladrón de Cuerpos y solo entonces me dispuse a releer la trilogía original, para pasar sin dudas al mentado cuarto volumen y luego dedicarme al quinto, Mnenoch el Diablo, que lo tenía conmigo hace al menos una década atrás.  Con posterioridad me fui comprando en oferta otros títulos de la serie, junto a novelas varias de la autora, por lo general en ferias del libro.
    Antes de hacer mi repaso por la mencionada saga sobre Hijos de la Noche de la Rice, me adentré en otros textos suyos y ellos corresponden a La Hora de las Brujas, su primera entrega de Las Brujas de Mayfair, que me fascinó, si bien me ocupó harto tiempo, tanto porque en aquellos años (circa 2000) andaba quizás en qué menesteres, como por su extensión cercana a las 1000 páginas; cabe mencionar que de todo lo que he gozado suyo, luego de las llamadas Crónicas, ha sido lo que más me ha gustado.  De igual manera gocé mucho el libro que reúne sus libros sobre vampiros y brujas, Merryck, que recién vine a disfrutar debido a que un día en pleno Centro de Santiago me quedé sin nada que leer y entonces solo por única vez pedí prestado un texto en el Bibliometro.  Pandora por igual me agradó, que encontré en una linda edición en tapa dura en el transcurso de un año muy decisivo en mi vida, 2001(cuando perdí a mi papá y también al único hombre que he amado, aunque a este no porque haya dejado nuestro mundo, sino porque él me dejó a mí), así que tengo muy fresco el momento en que me compré dicha obra.  Con Ramsés el Condenado el efecto fue más bien soporífero y para Violín los resultados fueron peores, que fui incapaz de terminarlo (a lo mejor debería darles otra oportunidad ¿No?)



     Así que como se darán cuenta, mi historia con “Ana Arroz” es laaaarga y bien íntima, aunque hay mucho más que contar al respecto.  Ella forma parte esencial de mi vida:   Cuando se hizo la película de Entrevista con el Vampiro- sin dudas una de mis favoritas- no dudé en ir a verla y tras salir del cine aquel atardecer de diciembre, tras asistir solo como muchas veces a un espectáculo de este tipo, me encontraba lleno de dicha (incluso grabé la banda sonora de Elliot Goldental en un cassette cuando la emitieron en Radio Futuro al poco tiempo después, que la escuchaba a cada rato); repetidas veces la volví a  contemplar, en VHS, luego en DVD y por último en blu-ray, cuando me la compré hace unos años atrás remasterizada (la entrevista a Anne Rice que tiene esa edición es una maravilla).  Unos años después llegó directo a DVD La Reina de los Condenados, que nunca estrenaron por estos lares y que solo al volver a verla cuando retomé la saga en 2016, me quedó más claro que nunca que en verdad es una mierda y una lástima, considerando el material del que se nutre y la joyita que es el filme de Neil Jordan.
    Como profesor que soy de Literatura, en una ocasión di a leer a mis alumnos Entrevista con el Vampiro; fue hace mucho, ya que aquello ocurrió en 2004.  Recuerdo que les mostré un genial documental sobre la autora a mis alumnos, previo a que tuvieran el control de lectura y para motivarlos más (se trataba de una serie de biografías de artistas del terror, que me había grabado un amigo en la recordada cinta casera y que los había emitido en el cable el canal People & Arts, que también tenía uno sobre Stephen King y otro dedicado a Darío Argento).  A mis estudiantes les gustó el texto, pese a su extensión.  El año pasado y este en clases online debido a la pandemia y a la respectiva cuarentena, en el ramo de Taller de Literatura (que me fascina hacerlo), les mostré a los chicos un interesante testimonio de la autora, perteneciente a un movimiento religioso en el que ella estuvo involucrada (creo que luego se salió, debido a su propia naturaleza atormentada, que ya hablaré de ello); los chicos se entusiasmaron, que además les exhibí una escena de la mentada película con Tom Cruise y compañía; tal vez en ambas ocasiones conseguí motivarlos, al menos para disfrutar de la cinta que para nada conocían.
    ¿Por qué les escribo sobre todo esto? Pues debido a que Anne Rice, tan preciada por millones y por quien acá les escribe, falleció el pasado 11 de diciembre a la edad de 80 años. El domingo en la mañana desperté con ese triste conocimiento, pues no recuerdo qué amigo me escribió contándomelo por WhatsApp… ¡Otra parte de mi juventud y del siglo XX se me iba! Ahora mismo cuando escribo estas palabras me da pena, no como para llorar, aunque sí al nivel de tomar conciencia de cuánto puede uno sentir la pérdida de alguien que no conoció en vida, pero quien sí llegó a convertirse en alguien querido y admirado. 
    No está de más decir que Anne Rice nos dejó un tremendo llegado, con casi 40 novelas, la mayoría de ellas sobre seres sobrenaturales que aún considerando sus poderes, no dejaban de ser tan humanos en su soledad, capacidad de amar y de odiar.  Aparte de las historias de vampiros y brujas ya citadas, abordó la existencia de licántropos, espíritus, momias y ángeles e incluso realizó una trilogía acerca de Jesús.  De su puño y letra salió una autobiografía (que ojalá salga en español, que me encantaría tenerla y leerla) y varias novelas eróticas que escribió usando dos pseudónimos, que célebre es su tetralogía en la que reinterpreta el relato de la Bella Durmiente.  A menos que me equivoque, solo incursionó en 3 ocasiones en el formato del cuento, uno de ellos leído hace años por este servidor y que para nada recuerdo, que solo puedo decir de este que trata sobre… ¡Drácula! (los otros dos los realizó en su juventud y tal vez nunca fueron editados de manera profesional).
    Como sus personajes, claras proyecciones de su interioridad, Anne Rice era una persona llena de contradicciones y por eso el existencialismo tan fuerte de sus obras.  Su educación católica tan rigurosa le dejó un tremendo amor hacia Dios y su creación, de modo que en sus trabajos el tema de la fe es imprescindible; sin embargo, sus conflictos con asuntos de tipo moral, en los que la Iglesia aún se mantiene muy retrasada (como el aborto, la homosexualidad y el Feminismo), la alejaron en más de una ocasión de ella y le provocaron varias crisis, la que repercutieron en su labor literaria (incluso llegó a renegar durante un periodo de sus piezas de terror… ¡Lo que menos mal le duró poco!).  Entre tantos ires y venires, espero que sus últimos días hayan sido de dicha plena, que alguien que nos ha regalado tanta belleza se merece lo mejor.
    Espero de corazón encontrarte en la Eternidad, querida Anne Rice y prometo dar testimonio de tus obras, para que lleguen a las nuevas generaciones y ojalá con la misma carga que hace tanto tiempo conseguiste adentrarte en mí. 

domingo, 31 de octubre de 2021

Pecados de Omisión XIV: EDICIÓN HALLOWEEN


 1. El Sirviente de los Huesos.
 
   Cuando era estudiante, escolar y luego universitario, en Alameda a la altura de la estación del metro  República (quizás la más grande en aquella época pretérita, que solo después este siglo y con la aparición de las otras líneas de dicho servicio de tren subterráneo, aparecieron otras, incluso mucho más gigantescas) se ponía sobre el pavimento un "caserito" de esos que encima de una lona o mantel, distribuyen su mercancía para ser exhibida ante los curiosos y voraces ojos de los potenciales clientes.  Este señor (o señora, que mucho tiempo ha pasado y ya no recuerdo su identidad) se dedicaba al fino comercio de libros, entre textos originales nuevos, usados y piratas.  Siempre que pasaba por ahí, en especial cuando iba en dirección al preuniversitario donde me preparaba para dar la extinta P.A.A. (Prueba de Aptitud Académica), para postular luego a una carrera universitaria (Año del Señor de 1993 y entonces no eran tan fácil cursar estudios superiores), me encontraba con las maravillas que vendía esta persona, lamentando no contar con el dinero suficiente para adquirir algo; solo una vez desembolsé plata de mis escuetos ahorros y me di un gusto gracias a dicho puesto: Los Cuentos de Eva Luna de Isabel Allende, que luego supe era una copia pirata, la única que he comprado en mi vida (pues no me gustan esas feas versiones) y que años después perdí (mucho tiempo después, gracias a una económica colección que salió en los kioscos, pude comprar ese valioso libro en tapa dura y con sobrecubierta).
    Disculpen, que harto me he extendido y todavía no llego al punto que nos reúne primero... Resulta que entre esos libros que se exponían en plena Alameda y a la intemperie (aunque muchos de ellos forrados), el único título que recuerdo con detalle viene a ser El Sirviente de los Huesos de Anne Rice.  Una de las pocas novelas de la autora independientes, que no pertenece a sus sagas de las Crónicas Vampíricas, ni a la de Las Brujas de Mayfair o a cualquier otro de sus ciclos que luego creó; solo sé que trata sobre un espíritu vengador, creo que de las antiguas Babilonia o Mesopotamia, que presencia un asesinato en la actualidad y decide ajusticiar al homicida a su manera.  Les hablo de la era antes de Internet y, por extensión, de Wikipedia, así que solo gracias a este "puestecito" supe de la existencia de tal obra.  Me gustó de inmediato su título y su portada, pero vez que tenía efectivo conmigo lo gastaba en otro texto.  Ignoro en qué momento desapareció este vendedor de tal lugar, ojalá se haya ido a otro para deleitar con sus joyitas.
   Cabe mencionar que esta novela hoy en día está discontinuada en español o al menos no la pillo desde hace años.  A ver si algún día la incorporo a mi biblioteca (y me la leo, claro).


2. Caricias de Horror.
 
    Los ochenta y los noventa son décadas prodigiosas en lo que se refiere a la aparición de antologías de terror; tengo el gusto de poseer varias de ellas y me las devoré hace rato (pregúntenme si me acuerdo de más de 5 relatos contenidos en sus páginas); algunas de ellas son verdaderas perlas que están entre lo más valioso del formato y se consideran títulos relevantes a la hora de estudiar/leer con seriedad narrativa corta del género.
    De entre los susodichos libros, se encuentra Caricias de Horror 1 y 2, dos selecciones que tuve en mis manos cuando cursaba en la universidad, puesto que llegaron muy baratos de la mano de la extinta editorial argentina Emecé, que trajo la Librería Chilena, la empresa con dos locales en Santiago de la que ya les he contado bastante.
     Creo que es el primer tomo el que trae un famoso cuento de Ray Bradbury, otro muy destacado de Clive Barker (Jacqueline Ess: Su voluntad y su testamento) y uno de Stephen King, del cual solo he leído su versión incorporada a la novela Los Tommykcnockers (La Pasión de Becka Paulson).  El tema es que nunca me compré ninguno de los dos, aunque sí adquirí un ejemplar del primer volumen, para regalárselos en Navidad a un par de hermanos que tenía de amigos en aquel tiempo.  Recuerdo que se los dediqué (era mi costumbre escribir un mensaje, a quien le obsequiaba un libro en aquellos años) y en algún momento, estando en su casa, me leí la introducción que era bien buena.
    De puro tonto no me agencié estos tomos.


 
3.  Lori.
 
    Un autor al que reverencio desde antes de leerlo, o sea, desde que era un adolescente y ya conocía algo de escritores de terror, viene a ser el maestro Robert Bloch.  Supe de su existencia cuando vi por esa época por primera vez Psicosis, basada en su novela Psycho, que claramente me gustó mucho.  Luego me leí el maravilloso ensayo de Rafael Llopis sobre Los Mitos de Cthulhu, que durante mi primer año en la universidad disfruté ahora completo, en la magnífica antología sobre estos relatos que sacó Alianza Editorial, puesto que se trataba de nada menos que su Introducción; de esta manera supe más del escritor y tuve el placer de gozar un par de cuentos suyos.
   Una vez llegó a la mentada Librería Chilena su novela Lori, con una muy fea portada de Plaza y Janés.  Cabe mencionar que difícilmente llegan acá títulos de este narrador, de quien es más fácil pillar cuentos suyos en antologías varias.  Varias veces estuve tentado de comprar esta obra, que solo puedo traer a la memoria sobre su argumento de que es de terror sobrenatural; sin embargo, nunca lo hice y solo ahora sé que perdí una oportunidad de oro, porque tal como dije antes, con suerte es traducido en la actualidad al español y eso que su bibliografía es extensa.
    Yo no era socio de ninguna biblioteca, salvo del Instituto Chileno-Alemán y si bien en la universidad tenía acceso a una inmensa biblioteca, nunca indagué para ver si tenía algo de mis temas de interés; así que todo lo que me leía o era bien lo que lograba conseguir para mi naciente colección o se trataba de lo que me prestaban los amigos, que comencé a hacer a partir de entonces.  Fue cuando una profesora del colegio donde estudié y con la que comencé a hablar recién ya salido yo de enseñanza media (pues era profe de Básica y nunca me hizo clases), ya que de pura nostalgia visitaba este centro educacional, que comencé a prestarme libros con su hijo; de edad similar a mí y alguien que tenía los mismos intereses literarios que su servidor, no contaba con alguien para compartir sus gustos.  Internet era algo de ciencia ficción, así que nos escribimos unas cuantas cartitas cortas, que intercambiábamos gracias a su madre y luego comenzamos a hablar por teléfono.  Fue así que uno de los libros que me mandó con la "Tía Yanira", fue Lori, el que leí feliz, aunque como ya dije, no tengo memoria de qué va. Por otro lado, solo una vez me junté con Manuel, pues fui invitado a su casa y harto bien que la pasé (llevé en VHS Army of Darkness de Sam Raimi, para que la viéramos juntos); tristemente esa protoamistad no fructiferó, porque el mismo Manuel no demostró mayor interés y yo me quedé con las ganas de compartir más juntos.
 
4. La Serpiente y el Arcoiris.
 
    De los ochenta data una de las mejores cintas de Wes Craven (o al menos una de mis más queridas de este realizador): The Serpent and the Rainbow.  Llegada a estos lares con el comercial nombre de La Maldición de los Muertos Vivientes, es la única peli de zombies "mágicos" moderna y seria de la que tengo conocimiento.  Cuando se estrenó en nuestras salas, correspondió a una de las tantas pelis que deseé ver en pantalla grande y que solo en VHS pude hacerlo, ya en los noventa; antes de eso, fue uno de los tantos filmes que me contó mi hermana Mabel cuando éramos chicos y que ella vio en el colegio, en esas sesiones de cuando se daban "funciones de video" para juntar fondos (otro título de estos que me relató fue Poltergeist).  Así fue que habiéndome visto por fin esta obra de adolescente, me llamó la atención el detalle de que estaba basada en un libro; luego supe de que no era una novela, sino que una especie de ensayo, del mismo tipo que aparece como protagonista en dicha obra (creo que era un antropólogo, al menos el de la vida real).
   Nunca pensé en encontrar un texto como ese por acá, no obstante gracias a la gente de la Librería Chilena ello fue posible.  La verdad es que solo supe de que estaba a la venta, porque un amigo me había pasado el dato, que no había reconocido esta obra con su nombre en español: La Serpiente y el Arcoíris.   En ese tiempo era joven y mucho más ignorante que ahora, así que dejé pasar una oportunidad de oro para poseer y leer un documento como ese.  Supongo también está descatalogado ¿Se lo habrá comprado Guillermo?

jueves, 25 de julio de 2019

La muerte de otro GRANDE.


     Ayer me enteré de la muerte de un actor muy querido no solo por mí, sino que por muchos de mis amistades cinéfil@s: Rutger Hauer.  Fue para variar mi amigo Miguel Acevedo, quien me dio la triste noticia por guasap, que como no leo el diario, ni veo la tv y menos escucho radio, él me mantiene informado de hechos como este.  Una lástima su partida, que si bien tenía sus años ya (75), uno no deja de pensar que con ello se va otra figura importante del siglo XX y de nuestra vida, que como muchos crecí viendo y apreciando su impresionante filmografía, entre filmes para el cine, la televisión, miniseries y series.  
     Gran aprecio le tomé a este caballero de la actuación, versátil y que trabajó en cientos de producciones de distintos países, entre títulos de primera, comerciales y del circuito más bien independientes y “de autor”; algunas de ellas verdaderos éxitos de taquilla y/o crítica y otras olvidables, que no era muy receloso a la hora de filmar cualquier oferta que se le presentaba.
     Tengo la duda de si a este gran señor, lo conocí por su interpretación en Escape de Sobibor o en Blade Runner, a comienzos de los noventa y cuando era un estudiante de enseñanza media (que entonces ya estaba convirtiéndome en un ferviente amante del séptimo arte); pero, sin duda, que con un papel u otro logró acaparar mi atención y desde ahí comencé a buscar todos los títulos en los que trabajaba.  Era la época del VHS y disfruté mucho de su trabajo, que luego la televisión por cable, el cine y el DVD me permitieron seguir disfrutando de su talento; mientras que la calidad del blu-ray ayudó a que lo apreciara ya a otro nivel.
      Con mi vieja amiga Marta González, nos estábamos haciendo adictos de las historias sobre la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto Judío, luego de que leímos El Diario de Ana Frank, que no solo hizo que la valiente chica se convirtiera en nuestra heroína real, sino que quisiéramos indagar más en este triste episodio histórico.  Fue así que cuando dieron en dos partes por la televisión abierta, la miniserie Escape de Sobibor (1987), quedamos fascinados no solo con su trama y que nos hizo conocer los horrores de los campos de concentración nazi, sino que llegamos a admirar al valiente soldado ruso prisionero de este lugar, que interpretaba Hauer.  De 1.90 metros de altura, un físico imponente y un rostro que lo hacía parecer un dios rubio de rasgos pétreos y masculinos, mi querida amiga quedó prendada de él, que por un tiempo los tipos con su apariencia fueron objeto de sus fantasías.  
       A veces con Marta, que estudiamos juntos en el mismo colegio, nos juntábamos a ver en mi casa todas las películas que aparecían en el recordado formato del VHS, donde salía este.  No recuerdo bien cuáles llegué a ver con ella y cuáles yo a solas o con otros amigos, si bien de seguro vi con ella Furia Ciega (1989), sobre un espadachín ciego que recuerdo me fascinó; que también puede ser, que hayamos compartido el impactante filme donde hacía de un asesino serial de la carretera The Hicther (1986) (que si en aquel tiempo, mi compañera estaba encantada con Hauer, yo lo estaba con C. Thomas Howell, su coprotagonista) y donde hacía de un villano impresionante.
      Por otro lado, corría el año de 1991 cuando estrenaron en la tele Twin Peaks, que como ya conocía a David Lynch (¿O fue gracias a esta serie, que supe de este tremendo artista?) y me enamoré de Joan Chen.  Fue así que gran dicha fue la mía, cuando supe de la existencia de dos cintas de ciencia ficción y que hizo con Hauer.  Una verdadera dupla de oro para mí: Wedlock (1991) y La Sangre de los Héroes (1989).  Solo me acuerdo que en una de ellas, ambos estaban en una especie de arena de gladiadores futuristas, pero de que me gustaron, me gustaron harto.  Tras rememorarlas y con el deseo de volver a verme varios de estos filmes, en honor a Rutger Hauer, me he puesto a descargarlas por torrent, que espero no me decepcionen.


     La imponente apariencia de este histrión, sumado a su voz grave dio, para que hiciera de varios villanos, entre ellos de vampiros dos veces que yo recuerde: del chupasangre principal en el malísimo filme hollywoodense de Buffy (1992) y que cuesta creer haya dado origen a esa serie de culto que lleva su propio nombre, para luego hacer de otro líder de los vampiros, en la segunda adaptación televisiva en formato de miniserie de Salem´s Lot (2004); cabe mencionar que fue su incursión en el universo kingniano, lo que me hizo más feliz, que relacionar a mis actores favoritos con las adaptaciones de mis personajes o ficciones predilectas (y más encima de mis autores fetiches), siempre ha sido una de mis debilidades.
      Me estaba olvidando de otros papel suyo que me agradó bastante: el de oficial nazi en la ucronía Fatherland (1994), de HBO y quien se involucra junto a una periodista gringa en el descubrimiento del mayor secreto del Tercer Reich, en ese mundo posible: la ocultación de los campos de exterminios de su patria, durante la Segunda Guerra Mundial que los alemanes lograron ganar en dicha realidad (altamente recomendable, que Hauer fue nominado a un premio por su participación en esta producción).
      Ya en años posteriores, sé que tuve el honor de ver en el cine a este maestro en tremendas adaptaciones cinematográficas, de cómics que mucho me satisfacen: Sin City y Batman Inicia, ambas de 2005.  La verdad es que mi memoria me falla, cuando se trata de rescatar de mi mente su paso por la película sobre la serie de Frank Miller (si bien algo voy recordándolo como una especie de cardenal desquiciado), aunque sí tengo más presente su rol como ejecutivo corrupto, en la primera entrega de la gran trilogía sobre mi superhéroe número 1.  La magia del mencionado blu-ray, al tener ambas producciones en dicho formato, permite verlo más nítido que nunca, en los retorcido roles que desempeñó en ambos casos.


                                                       Algunas de sus interpretaciones.

      Dentro de todos los títulos que llegó a hacer este actor, no podía faltar uno que lo ligara a mi patria, puesto que en 2013 se estrenó El Futuro, coproducción europea-chilena dirigida por mi compatriota Alicia Scherson.  Basada nada menos que en Una Novelita Lumpen de Roberto Bolaño, llegó a nuestras carteleras sin bombos ni platillos y no la alcancé a ver.  A la fecha ni yo, ni mis amig@s hemos podido apreciarla, así que la tenemos pendiente y con muchas ganas.
      Y es ahora que me atrevo a mencionar de nuevo y en profundidad su paso por Blade Runner (una de mis cintas de cabecera).   La famosa película de 1982, dirigida por Ridley Scott, basada en la novela ¿Sueñan los Androides con Ovejas Electrónicas? de Phillip K. Dick, nos muestra en pocas palabras a un mercenario encargado de ejecutar a unos sofisticados androides, llamados replicantes, y que solo por medio de un exhaustivo examen pueden diferenciarse de los humanos; el líder de estas inteligencias artificiales que han escapado y desean evitar su triste destino, está interpretado por nuestro Rutger Hauer.  Si bien en esta cinta de culto trabajaron otros grandes de la actuación, como Harrison Ford, Daryl Hannah y Edward James Olmos, cada intervención del apolíneo personaje (que no duda en matar, como el resto de sus colegas, para defender su derecho a la vida) viene a ser algo para aplaudir; es así que el famoso monólogo, que este da bajo la lluvia a su rival, dándole un ejemplo que a los espectadores también nos invita a la reflexión, hace rato que está considerado entre los grandes momentos del séptimo arte (y no podía dejar de mencionar, la preciosa música compuesta por Vangelis para esta perla del cine).


     Ya no sé cuántas veces me habré visto esta joyita, donde el antagonismo entre Rick Deckard (Ford) y Roy Batty (Hauer) nos tiene pendientes a cada rato, que bien recuerdo mi primer encuentro con esta obra fue durante una noche de feriado de 1990, luego de un acto oficial tras ser nombrado oficialmente boy scout; yo ni sabía de esa película y rápidamente me enamoré de ella.  La arrendé un montón de veces en VHS, la fui a ver al cine cuando se estrenó el Director´s Cut y ya en la universidad la trabajamos en una clase y en otra ocasión hice una exposición para mi compañeros y una maestra, basada en el dichoso discurso de Roy a su oponente:

      “He visto cosas que ustedes nunca hubieran podido imaginar. Naves de combate en llamas en el hombro de Orión. He visto relámpagos resplandeciendo en la oscuridad cerca de la entrada de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, igual que lágrimas en la lluvia. Llegó la hora de morir.”

    Con posterioridad en mi primer año como profesor (el año 2000), a un curso de cuarto medio le mostré dicho largometraje y les di un trabajo al respecto… ¡Obviamente no podía dejar de preguntarles sobre el sentido del texto dicho por Hauer!
     Cuando apareció el Final Cut de Blade Runner, me lo conseguí en DVD clonado gracias a mi amigo Alejandro “Daredevil” Sanhueza y luego, años después, no dudé en comprármelo en blu-ray en una preciosa edición con librito incluido.
     3 veces me he leído Entrevista con el Vampiro de Anne Rice y la última vez que lo hice, me fijé en el detalle de que su protagonista, Louis, va al cine a ver Blade Runner y quedó maravillado con el personaje de Roy Batty, así como con su intérprete, tentándose de convertirlo en uno de los suyos (por cierto, la autora de esta novela deseaba que el actor interpretara a Lestat, el antagonista de su historia, en la adaptación para el cine, pero los productores no concordaron con ella).
     Ayer me junté con varios amigos a pasar una jornada de camaradería, comer y beber rico, además de ver al menos una peli, que todos somos unos cinéfilos empedernidos.  Dos de los presentes, el anfitrión Rodrigo Saavedra y Marcelo López, estuvimos en el mismo lugar en un día lluvioso (verdadera sincronicidad, si se considera el famoso soliloquio titulado Lágrimas en la lluvia).  No dejamos de hacer un brindis en honor a este talentoso, que tantas dichas nos dio.
     …Y hablando de sincronía, el más célebre papel de Rutger Hauer, el replicante Roy Batty, acaba su existencia en 2019…El mismo año en el que nos encontramos y el mismo periodo en el que falleció nuestro amado actor.  Hauer abandonó este mundo tan solo ayer 24 de julio (que fue noticia mundial), aunque no sé por qué razón la Wikipedia pone como fecha de su defunción el 19 de julio.


                                                La dichosa escena de la que todo el mundo habla.

lunes, 9 de octubre de 2017

Otra mirada literaria destacada al mito del vampiro.


1- Primeras palabras.

     Desde niño me han atraído los vampiros (bueno…y los hombres lobos), supongo porque como muchas otras personas comparto la atracción por la idea de la inmortalidad, aunque a ello sumado la noción de la eterna juventud. Lo anterior si dudas que tiene relación con mi lado más hedonista, mi predilección por la belleza y, teniendo en cuenta además el tipo de chupasangres que más me gustan, el interés hacia una sexualidad y una sensualidad desbordante.  Por supuesto que también disfruto con las historias de estos hijos de la noche en la variante nosferatu, verdaderos monstruos nocturnos que para nada pueden ser consideradas como “bestias bellas”, aunque no se produce el mismo nivel de identificación con sus otros parientes.
     Mi primer acercamiento al subgénero desde el punto de vista literario, fue a través de la que sería considerada como la más grande obra de Stephen King al respecto: Salem´s Lot y que leí con el bello recuerdo de la miniserie que apenas pude ver de niño en los ochenta.  Esta novela del principio de la carrera profesional de mi escritor favorito, me dejó preparado para un montón más de grandes novelas y cuentos de este estilo, siempre ávido de nuevas narraciones de calidad, que satisficieran mis morbosos intereses. 
      Y así fue que al poco tiempo después conseguirme el libro arriba mencionado (¿O tal vez fue antes de ello?), llegó hasta mis manos el especial de mi recordada Fangoria, dedicado a los vampiros. Pues en un listado contenido dentro de sus páginas, venían comentados nada menos que las mejores novelas al respecto, ordenados de manera cronológica y comenzando, por supuesto, por el mayor clásico respectivo: Drácula de Bram Stoker.  Tal cual si fuese toda una biblia para mí, procuré conseguirme todos los nombres mencionados, labor que en todo caso me ha costado llevar a cabo, si bien me ha llenado de satisfacciones: Soy Leyenda de Richard Matheson, Entrevista con el Vampiro de Anne Rice, El Ansia de Whitley Strieber y La Luz al Final del Túnel de John Skipp y Craig Spector.  Bueno, no los leí en ese orden, aunque sí los he mencionado según fueron publicados.  Algunos otros de los recomendados aún no han pasado por mis manos, que al parecer no han sido traducidos al español y en un caso en especial Lost Souls (bajo el nombre en nuestra lengua como La Canción de los Vampiros y luego como El Alma del Vampiro) de Poppy Z. Brite…Que me regalaron hace años para un cumpleaños y que pese a cuánto deseé tenerla, casi de manera extraordinaria he olvidado que lo tengo.
       Pues uno de esos textos considerados en tal especial, corresponde a El Tapiz del Vampiro de Suzy McKee Charnas, cuyo argumento y comentarios no dejaron de entusiasmarme, sabiendo además en esos tempranos años noventa que Martínez Roca lo había sacado en la lengua de Cervantes.  Sin embargo, me fue imposible conseguírmelo…hasta estas vacaciones de invierno, ya pasados los cuarenta y cuando buscando un regalo para el cumple de mi amiga Cecilia, me tropecé en mi librería favorita con esta obra.  Diría que vi su título de reojo o tal vez el nombre de su escritora en la portada, la que malamente imitaba el estilo tan puesto de moda por esos “vampiritos descafeinados” de la saga de CrepusCULO y en la que aparecen imágenes simplonas en rojo y negro.  La verdad es que fue como si me sintiera impulsado hacia el lugar donde se encontraba.  No dudé en comprarlo y me prometí a mí mismo leerlo dentro de un futuro lo más cercano posible…O sea, este mismo año.  Hace al menos un mes ya que me devoré esta obra y ahora por fin puedo compartir con ustedes mis impresiones al respecto.
        Años atrás ya, creo que cuando estaba terminando la universidad, tuve la suerte de que en la serie de antologías publicadas por la mencionada editorial Martínez Roca, bajo el nombre genérico de Horror (que en todo caso en su idioma original no pertenecían a una misma serie), en el número 6 venía nada menos que El Tapiz del Unicornio. Corresponde a uno de los 5 textos que comprenden su famoso libro sobre el vampiro Edward Weyland y que fue ganador a la mejor novela corta en los premios Nébula de 1981.  Como por aquel entonces era mi única oportunidad para acercarme a este escrito y a su creadora, gocé de su lectura más que muchos de los otros (grandes) relatos incorporados a dicha selección.

 2- La autora.


     Nacida el 22 de octubre de 1939 en Gringolandia, Suzy McKee Charnas es una destacada escritora de ciencia ficción, fantasía y terror.  Si bien no se le puede considerar como una artista prolífica, ha ganado importantes premios, que dejan, sin dudas, constancia de la alta calidad de sus ficciones: El Hugo, el Nébula y el James Tiptree Jr.
     Su bibliografía comprende, al menos, 3 novelas independientes y dos sagas: The Holdfast Chronicles (Caminando hacia el fin del mundo, su primera entrega, fue publicada en 1976 por la editorial Edaf y en una colección que en su momento sacó grandes obras de ciencia ficción y fantasía, que menos mal ha sido reeditada por la editorial especializada Minotauro), una tetralogía hasta el momento y Sorcery Hill, una trilogía.  Asimismo, 4 son sus colecciones de cuentos, uno de ellos editado originalmente en formato digital (Music of the Night).  Por otro lado, su libro My Father's Ghost, es una especie de autobiografía novelada, acerca de la difícil relación con su padre.
      Dentro de los temas abordados en su prosa, encontramos el feminismo, las distopías y la sexualidad. 
       Lamentablemente para el público hispano amante de este tipo de literatura, en general no es una autora conocida, puesto que salvo El Tapiz del Vampiro y su obra de ciencia ficción ya mencionada, al parecer nada más de ella ha sido traducido. 

 3- El Libro.

       Compuesto de 5 episodios que se pueden leer tanto de forma autónoma, como de manera secuenciada, ya que siguen cronológicamente la historia de su protagonista, corresponde más bien a una serie de novelas cortas, sobre un vampiro que se hace pasar por antropólogo.  Ejerciendo como profesor en una universidad, mantiene la fachada de hombre erudito y  reservado para acechar a sus víctimas.  Es así que estamos frente a un curioso caso de mimetismo predatorio, por parte de una criatura que se hacer pasar por alguien de la misma especie que persigue, que aunque se supone vive fascinada por la cultura humana (estudiándola), realmente la desprecia en una primera instancia.  La particular manera en la que el profesor Weyland vive junto al “ganado”, cobra un significativo valor a la hora de definir las distintas relaciones que para bien o para mal, llega a tener con algunos de sus miembros. 
        El vampiro es acá un sujeto con la apariencia de un hombre maduro, cercano a los cincuenta, apuesto y atlético, tal como se presentan muchas veces en la ficción este tipo de monstruos; es además alguien carente de empatía y que sin embargo no deja de ser intrigante tanto para quienes lo rodean, como para el lector.  Por otro lado, en ningún momento llegamos a conocer su pasado, mucho menos su origen, siendo que él mismo apenas sabe sobre su naturaleza e historia previa.  No obstante aún cuando el vampiro evita establecer verdadera intimidad con aquellos de quienes se nutre, el devenir de los acontecimientos va tomando un giro inesperado, que sumado cada caso a otro, determinan el sentido de todo.  Es así que pese a la personalidad distante de Weyland, este termina por sucumbir a la influencia del llamado rebaño…Pues no somos islas y para bien o para mal, somos la suma de nuestras vivencias junto a otros.
       Detalles interesantes a la hora de comparar estos relatos con la de otros del mismo subgénero, son que su protagonista no acostumbra matar a sus víctimas, sino que bebe hasta cierto punto su sangre, para “no despertar sospechas” y poder mantener su estilo de vida despreocupado; también puede exponerse a la luz del día sin contratiempos, así como al parecer es el único de su especie (de este modo, debido a tal hecho, nos encontramos con el tema de la soledad de la otredad, por ser distinto y carecer de pares, que aunque a Weyland aparentemente no le importa, hacia el impactante final de todo, tal tema cobra un valor inesperado).  De igual manera, al parecer la singularidad de la biología del vampiro se aleja de los parámetros sobrenaturales y/o místicos, para entregarnos una especie de origen relacionado con la evolución (y correspondiente mutación) de las especies.
      Los 3 primeros capítulos que integran este libro, abordan el tropiezo de una persona distinta con Weyland, siendo cada uno de estos el significativo coprotagonista de su argumento.  Lo valioso de todo esto, es que al ser tan distintos todo estos (una mujer que está en las puertas de la tercera edad, un niño cercano a la adolescencia y otra dama que se encuentra en la cuarta década de su existencia), se nos permite indagar a un nivel diferente en la intimidad del vampiro.  Posteriormente, los 2 últimos episodios, toman el punto de vista del propio vampiro, para completar la caracterización de tan llamativo personaje.  
      Todo ocurre de la siguiente forma:

·         La Mente antigua en acción: Weyland es el más nuevo y prominente docente en una poco prestigiosa universidad estadounidense, quien gracias a sus publicaciones, conferencias e investigaciones sobre el sueño ha conseguido subir algo la gloria perdida del lugar.  Sin embargo, su parco comportamiento llama la atención de la gente, pues por mucho que evite la sociabilización, tal como queda demostrado a lo largo del texto, la misma manera de cómo está compuesta nuestra especie (de la que quiérase o no depende el vampiro), deja algún tipo de huella en él.
      El comienzo de la narración, que a sí mismo es la invitación para adentrarnos en tan fabulosa ficción, no puede ser más suculento para el lector:

       “Un martes por la mañana Katje descubrió que el doctor era un vampiro, igual que el de la película que había visto la semana pasada. Un amigo de Jackson, empleado en el turno de noche de limpieza, se había dejado el paraguas en el aparcamiento de bicicletas que había ante el edificio del laboratorio. Dado que a Katje le gustaba dar un paseo en esas primeras y tranquilas horas del día, antes de empezar su trabajo, fue a ver si el paraguas estaba todavía allí. Cuando volvía a través de la espesa niebla con las manos vacías, oyó abrirse ruidosamente la puerta del laboratorio a su espalda. Se volvió a mirar.
      Un hombre salió por ella y avanzó a través del estacionamiento. Era joven y estaba bastante claro que se había herido o se encontraba enfermo, pues no tardó en vacilar y acabó cayendo al suelo, quedando con una rodilla en tierra y alargando una mano para no perder del todo el equilibrio en la húmeda y reluciente superficie asfaltada.
     Otra silueta emergió del edificio, siguiéndole y cerrando sin hacer ruido la pesada puerta. Este hombre, alto y de cabellos grises, se quedó inmóvil un segundo, llevándose a los labios un pañuelo blanco que había sido doblado hasta formar un pequeño cuadrado. Luego se guardó el pañuelo en un bolsillo y fue hacia el estacionamiento. Al pasar junto a la figura medio arrodillada en el suelo volvió la cabeza para mirarla… y siguió andando sin vacilar. Se metió en su Mercedes gris metalizado y se fue.”

      La intromisión de la experimentada Katje, en la aparentemente controlada vida de Weyland, otorga sin duda algunos de los mejores momentos del volumen.  Pues se produce entre ambos un particular duelo de voluntades, ya que la fémina se empecina en descubrir la verdad sobre su identidad, ya que lo considera todo un peligro para la comunidad.
      Un memorable comienzo es el primero de los 3 puntos de vista “humanos”, con el este retrato del vampiro va revelándose (de ahí el nombre del libro, ya que el llamado tapiz viene a ser un minucioso cuadro y/o tejido, que representa de manera exquisita lo que vienen a ser nuestras facetas más oscuras, como también luminosas, de nuestra humanidad, a través de la simbólica figura del chupasangre)…  Pues Katje, tal como él, también es una predadora, aunque de un tipo diferente.
      Si bien el propio Weyland a lo largo del tomo resulta desagradable como individuo (lo que de seguro a propósito hizo su autora), la misma Katje tampoco es una persona que pueda parecernos simpática…Y es que esta resulta ser prejuiciosa y racista, siendo que en todo caso, queda explicada en sus páginas la razón de por qué es así.  Y sin embargo, tal como sucede con el propio antropólogo, las experiencias recientes por las que pasa (y la gente con la que llega a comulgar) la convierten en alguien mejor.

·         La tierra de la satisfacción perdida: Tras los acontecimientos contados en la sección anterior, Weyland ha pasado de ser un depredador (que supuestamente se encuentra por sobre la cadena alimenticia) en una presa.  Esto, porque ahora se encuentra enjaulado, luego de haber sido descubierto por unos inescrupulosos hombres que desean sacar provecho de su naturaleza.  Y entre medio de todo esto, se encuentra Mark, un buen chico que es arrastrado en medio de todo esto y que pese a su falta de experiencia e inocencia, se convierte en una pieza clave dentro de todo lo que tiene que ver con la transformación por la que va pasando el protagonista.
      El papel de la compasión y la compleja funcionalidad de las relaciones parentales (en especial entre padres e hijos), toman un rol destacado en este apartado, ya que en cuanto a esto último, atractivos diálogos se dan entre el muchacho y su forzado huésped:

     “—Le estuve observando la primera vez —dijo Mark con voz acusadora—. Usted no quería hacerlo. Sabía que era horrible… Toda esa gente mirando…
       —¿Has visto alguna vez una turba en acción? —le preguntó el doctor Weyland —. Te asombraría saber la cantidad de fragmentos que se le pueden arrancar a un cuerpo vivo con la ayuda de un cuchillo, incluso con las uñas y los dientes, para que la gente pueda llevarse a casa recuerdos de un acontecimiento memorable. En este sitio tan pequeño cinco o seis personas ya forman una turba y yo… estaba y sigo estando fuera de los confines de la moralidad corriente. Al principio tuve miedo de lo que pudieran hacer cuando me vieran comiendo. Pero tenerte aquí ayuda. Hay cosas que les gustaría hacer y ver aparte del número principal, pero no se atreven a hablar en voz alta de las peores posibilidades teniendo a un niño delante.
       La expresión pensativa del vampiro y el que tuviera los párpados medio entornados hacían que pareciera terriblemente viejo.”

      Sobresale en esta parte del libro, la presencia del satanista Reese, quien está complotado con el tío de Mark para convertir al vampiro en todo un macabro espectáculo.  Es así que nos encontramos a través de este oscuro sujeto, con una nueva contraposición entre el vampiro y este otro, ya que si bien el primero depreda para sobrevivir, el otro lo hace por mera satisfacción.  De este modo, queda frente a la discusión preguntarse quién es en realidad el monstruo y/o villano de la historia.
      Siendo la autora una amante y una especialista en la literatura de ciencia ficción, se permite en este episodio hacer su propio homenaje al fascinante mundo de estas ficciones, convirtiendo a Mark en un seguidor de estas narraciones y haciendo que este y Weyland charlen bastante acerca de su atractivo.




·         El Tapiz del Unicornio: Este hermoso capítulo transcurre en otra ciudad, luego de que Weyland ha logrado liberarse de sus captores.  Es así que para regresar a su antiguo estilo de vida, que le permite encontrar a sus víctimas al amparo de su mascarada como hombre de ciencias, se entrega a una serie de sesiones de terapia psicológica en las manos de una especialista.  No obstante las citas entre paciente y terapeuta toman un rumbo inesperado, sacando incluso más que nunca al vampiro de su ordenado mundo y llevando a la misma psicóloga por el viaje compartido, hacia el reconocimiento de la propia complejidad de la mente y el corazón humanos (siendo justamente el vampiro, otra especie, el vehículo motor de todo este aprendizaje, quien también llega a conocerse a sí mismo).
     Si en el capítulo anterior hubo un burdo episodio de erotismo incluido dentro de la trama, en esta ocasión la sexualidad toma ribetes mucho más sublimes, pues ahora estamos refiriéndonos al encuentro entre dos almas, que en su soledad llegan a crear un verdadero nexo de reciprocidad. 
      Si Katje y Mark en sus momentos fueron presentados como personas inteligentes que llegaron a conocer a su manera a Weyland, Floria también es presentada como alguien sofisticado en el plano intelectual y con lo que queda claro que quiérase o no, este es el tipo de personas que logra atraer al vampiro (aunque no lo busque a propósito).
      Acá, en todo caso, no hay romance entre la mujer y el vampiro, que hasta el momento Weyland es incapaz de amar; no obstante, sí que se da un importante descubrimiento mutuo, que requiere de la compenetración entre semejantes o al menos entre complementarios.   De este modo, en contra de lo esperado y de la misma naturaleza desconfiada del vampiro, este comienza a contarle la verdad acerca de su identidad:

      “—Buenas tardes, doctora Landauer —dijo con voz grave—. ¿Puedo preguntarle cuál es su juicio sobre mi caso?
       —No me considero una juez —dijo. Decidió que lo mejor sería intentar que sus conversaciones se hicieran llamándose por el nombre, si era posible. Emplear el nombre de pila con este hombre de aspecto tan austero y tradicional podía parecer un tanto artificioso, pero, ¿cómo podrían lograr la familiaridad necesaria para la terapia mientras se dirigían el uno a la otra como «doctora Landauer» y «doctor Weyland», igual que dos personajes de vodevil?—. Bien, Edward, esto es lo que pienso —siguió diciendo—. Necesitamos descubrir ciertas cosas sobre ese incidente vampírico: debemos averiguar la relación que guarda con lo que usted piensa de su persona, tanto bueno como malo, y lo que pensaba entonces; debemos averiguar qué le hizo intentar «convertirse» en vampiro, aunque eso iba a complicar su vida terriblemente. Cuanto más sepamos más cerca nos encontraremos de hallar la mejor solución para que toda esa fantasía del vampiro deje de serle necesaria y no vuelva a serlo nunca.
        —¿Quiere decir con esto que me acepta formalmente en tanto que paciente suyo? —dijo él.”

      El nombre del capítulo hace mención a una famosa leyenda medieval, que en este texto cobra una muy especial configuración, donde el interés hacia lo diferente se conjuga con la atracción de los opuestos.  De igual manera, nos encontramos con la presencia de la seducción, que puede ser mortal tanto para uno como para el otro, además del sentimiento de culpa y el peligro que se esconde dentro de cada uno (por muy inocente que parezcamos a los ojos de los demás), algo sacado de la respectiva leyenda y que actualiza la Charnas.  

·         Interludio musical: El primero de los dos episodios que toman por fin el punto de vista de Weyland en la narración, si bien manteniendo la tercera persona y gracias a al cual, ahora, se nos permite conocer más que nunca la mente de tan misterioso personaje.
      Todo transcurre durante un viaje que realiza el protagonista hacia su nuevo trabajo, en otra universidad y la parada forzada que debe hacer, mientras se lleva a cabo la representación de una ópera.  La trama de esta pieza dramática musical, nada menos que Tosca de Puccini, tiene su reflejo con lo que le toca pasar acá al personaje y también con su propia existencia rodeada de vicisitudes.
      En esta ocasión, más que nunca en todo el libro, “vemos” cazar al depredador, siendo que esta vez no solo lo hace para conseguir su alimento, sino que para poder mantener su fachada.
       Si en el segundo capítulo la escritora se permitió demostrar sus conocimientos literarios y de paso hacer más de un sentido tributo al poder de las fabulaciones, en especial al de la ciencia ficción, en esta ocasión nos deja claros su interés hacia la ópera, dejándonos presente el destacado rol de la música en nuestra sociedad. Es así que la sensibilidad frente al arte, que además según el mito griego la música es capaz de dominar hasta las bestias (como también a un vampiro), toma un papel fundamental en esta obra.   Cabe recordar, por otro lado, que la misma psicóloga que tanto consiguió adentrarse en el interior de Weyland, se llamaba Flora (tal cual la heroína de Tosca), detalle que no es algo gratuito dentro de todo esto.

     “El curso que iba a seguir la cacería se fue haciendo cada vez más claro, expresándose en términos que Weyland conocía muy bien. Cuántas veces se había aproximado a una víctima actuando de la misma forma, hablando suavemente para calmarla, disfrazando su impaciencia por alimentarse con la galantería social… Una mujer perseguida en el silencio de una librería o una galería de arte… Un hombre al que había conocido en un parque… Cazar era la experiencia alrededor de la que giraba toda la vida de Weyland. Y aquí estaba esa experiencia, vista desde fuera.
       Fascinado, se inclinó hacia adelante para observar mejor la estudiada calma del cazador, la fingida tranquilidad de la presa…”

·         El final del doctor Weyland: Pese a que el título no da pie a malinterpretaciones, las aventuras de este vampiro acaban de una manera por completo diferente a lo acostumbrado.
      Ya inmerso en su nuevo hogar y trabajo, Weyland se ve obligado a dejar su absoluta parquedad y mantiene una especie de amistad con un simpático colega.  Todo va bien, hasta que llega al lugar una antigua amiga de su compañero, quien comienza a recelar de él, lo que no deja de incomodarlo.  La presencia de esta mujer, llena de un poder de observación y voluntad que toma lo mejor de las otras dos féminas, a las que se enfrentó el vampiro en los capítulos anteriores, ayuda a definir mejor el valor de la fraternidad en nuestras vidas…Y que, por fin, aunque no lo quiera Weyland, descubre que incluso él puede llegar a ser importante para otras personas (algo que en todo caso, se estaba dando desde la segunda parte del volumen).
      Teniendo en cuenta la ideología liberal de la autora en términos sexuales, en esta última parte queda aún más de manifiesto su posición al respecto, al abordar de manera muy normal las relaciones amorosas lésbicas.  Debemos tener presente, además, que este libro data de 1980, época que si bien no es tan lejana en el tiempo, no era frecuente en abordar de esta forma el erotismo en su narrativa…y sin embargo la literatura de vampiros, desde hace rato ya que estaba ahondando en tales temas (antes ya habíamos estado frente a la homosexualidad masculina en otra parte de esta obra, sin embargo ello o bien fue visto de manera muy escueta o tomó más bien un carácter bizarro).

     “—Irv ha estado un poco preocupado últimamente —dijo de mala gana—. ¿Sabe de algún problema en particular que…? Ella meneó la cabeza.
      —Nada de lo que tenga ganas de hablar —replicó.
      Volvió a acercarse a él cuando llegaban al final de la pendiente que nacía en el patio de la iglesia y tomaron por el camino de tierra que llevaba hasta las calles que había detrás de la plaza. El tambor seguía sonando. Caminaron en silencio durante algunos instantes.
      —Incluso estando tan lejos de la plaza se puede sentir cómo el redoble del tambor hace que la tierra vibre bajo las suelas, ¿verdad? —dijo ella por fin —. El latido de un corazón comunal… Pero ese corazón no late para usted, ¿no es así profesor?
      —No más que para cualquier persona que no sea de raza india — replicó Weyland sin inmutarse. Estaba casi seguro de que en su observación no había nada que debiera preocuparle.
      —Usted no es «cualquier persona que no sea de raza india» —dijo ella—. Si continuara pintando le haría un retrato.
      —¿Era pintora? —le preguntó. Las aspas de un molino se alzaban ante ellos, girando, recortadas contra el cielo. Weyland contempló el molino, deseando que estuvieran sentados y hablando en vez de caminar, pues así le resultaría más fácil mirarla a la cara—. ¿Por qué lo dejó?
      —Para intentar otra cosa: dibujar con mi ojo, siguiendo los contornos y perfiles del tema milímetro a milímetro, sin saltarme nada. Cuando has hecho eso, el tema queda fijado en tu memoria de una forma que no puede conseguirse si trasladas una imagen mental al papel o al lienzo.”

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