PRIMERO
Soñé con Pabla, mi ex
profesora de Castellano desde segundo a cuarto medio y quien fue una amiga muy
cercana hasta 2020 (casi 30 años de amistad).
Nos juntábamos e íbamos caminando por un sector comercial y en un local vimos a unos ancianitos (mujer y hombre) muy dulces que administraban unas camas en las que dormían varios adolescentes encada una y cuyo interior podíamos apreciar desde fuera, porque la entrada, que creo tenía cortinas de tela suspendidas en el umbral, estaba expuesta al público. Pabla me dijo que quería usar ese servicio, que permitía visitar la plaza y echarse a nadar a la laguna, además de que nos daban aperitivos (todo muy surrealista).
Supongo que para conseguir lo anterior, pasarnos a una especie de tienda atendida por dos damas jóvenes, de unos veinte años, y quienes arrendaban vehículos unipersonales, más bien parecidos a juguetes. Nosotros los necesitábamos para movilizarnos y mi amiga deseaba usar una especie de pelotas, a las que uno se subía sobre un disco que las rodeaba y luego saltaba con ellas presionando los pies para sujetarlas y así darse impulso (esos objetos existieron por acá en los ochenta y yo deseaba uno, pero no me fue posible). No era mi intención ocupar la que me pasaron, porque me daba miedo caerme, pero para darle en el gusto a mi antigua maestra me senté en el suelo para "ponerme" el objeto entre los pies. Entonces una de las dependientas nos dijo que ese modelo no se pasaba a adultos, lo que me alegró, aunque sí había otra alternativa para nosotros: Recuerdo que había una especie de bote en el que incluso podían caber dos personas, que llevaban unos pedales en el centro. para desplazarse por la calle y veredas, aunque al final nos quedamos con esas saltarinas de antes. Yo iba en mi propia pelota, cuando caí dentro de una piscina y salí todo mojado. Un tipo con pinta de ejecutivo fue testigo de mi "accidente" y se puso a reír; estaba junto a una mujer hermosa, su pareja y Pabla enojada por su actitud conmigo se acercó a ambos y les cuchicheó algo a oído, que no sé cómo yo sabía que decía que el hombre engañaba a su novia con otra. Entonces la mujer indignada lo miró con ojos de odio y al rato me di cuenta de su barba de un par de días, pues en realidad era un travesti. Su pareja trataba de que ella/él lo perdonara, quien, pese a todo, lo tenía cogido contra sí tomado por la cintura con un brazo.
Seguimos nuestro camino, aunque ahora caminando y entre medio de la gente mi compañera se quedó rezagada. El lugar era Vicuña Mackenna, más o menos en La Florida, por donde vivía mi amiga, y se apreciaban pasar muchos autos y micros. Entonces escuché una voz femenina que gritaba y apareció caminando por la calle una universitaria (cura identidad yo sabía solo porque sí) quemándose viva, el fuego salía hermoso y aterrador a la vez de su cuerpo y rostro, el cual asemejaba una calavera, quien exclamó muy molesta "¡Ladrones malditos!" en referencia a una autoridad (otra cosa que sabía solo de forma automática). El fuego comenzó a apagársele y ella volvía poco a poco a la normalidad. Al rato pasó algo así como una Van, llena de otros estudiantes quemándose dentro y con fuego dispersado por su estructura, aunque se les veía tranquilos, casi felices y conversando.
Nos juntábamos e íbamos caminando por un sector comercial y en un local vimos a unos ancianitos (mujer y hombre) muy dulces que administraban unas camas en las que dormían varios adolescentes encada una y cuyo interior podíamos apreciar desde fuera, porque la entrada, que creo tenía cortinas de tela suspendidas en el umbral, estaba expuesta al público. Pabla me dijo que quería usar ese servicio, que permitía visitar la plaza y echarse a nadar a la laguna, además de que nos daban aperitivos (todo muy surrealista).
Supongo que para conseguir lo anterior, pasarnos a una especie de tienda atendida por dos damas jóvenes, de unos veinte años, y quienes arrendaban vehículos unipersonales, más bien parecidos a juguetes. Nosotros los necesitábamos para movilizarnos y mi amiga deseaba usar una especie de pelotas, a las que uno se subía sobre un disco que las rodeaba y luego saltaba con ellas presionando los pies para sujetarlas y así darse impulso (esos objetos existieron por acá en los ochenta y yo deseaba uno, pero no me fue posible). No era mi intención ocupar la que me pasaron, porque me daba miedo caerme, pero para darle en el gusto a mi antigua maestra me senté en el suelo para "ponerme" el objeto entre los pies. Entonces una de las dependientas nos dijo que ese modelo no se pasaba a adultos, lo que me alegró, aunque sí había otra alternativa para nosotros: Recuerdo que había una especie de bote en el que incluso podían caber dos personas, que llevaban unos pedales en el centro. para desplazarse por la calle y veredas, aunque al final nos quedamos con esas saltarinas de antes. Yo iba en mi propia pelota, cuando caí dentro de una piscina y salí todo mojado. Un tipo con pinta de ejecutivo fue testigo de mi "accidente" y se puso a reír; estaba junto a una mujer hermosa, su pareja y Pabla enojada por su actitud conmigo se acercó a ambos y les cuchicheó algo a oído, que no sé cómo yo sabía que decía que el hombre engañaba a su novia con otra. Entonces la mujer indignada lo miró con ojos de odio y al rato me di cuenta de su barba de un par de días, pues en realidad era un travesti. Su pareja trataba de que ella/él lo perdonara, quien, pese a todo, lo tenía cogido contra sí tomado por la cintura con un brazo.
Seguimos nuestro camino, aunque ahora caminando y entre medio de la gente mi compañera se quedó rezagada. El lugar era Vicuña Mackenna, más o menos en La Florida, por donde vivía mi amiga, y se apreciaban pasar muchos autos y micros. Entonces escuché una voz femenina que gritaba y apareció caminando por la calle una universitaria (cura identidad yo sabía solo porque sí) quemándose viva, el fuego salía hermoso y aterrador a la vez de su cuerpo y rostro, el cual asemejaba una calavera, quien exclamó muy molesta "¡Ladrones malditos!" en referencia a una autoridad (otra cosa que sabía solo de forma automática). El fuego comenzó a apagársele y ella volvía poco a poco a la normalidad. Al rato pasó algo así como una Van, llena de otros estudiantes quemándose dentro y con fuego dispersado por su estructura, aunque se les veía tranquilos, casi felices y conversando.
Visitaba la casa de mi mejor amiga, a quien no veo desde mayo, y fui con mi pololo. Su hogar estaba lleno de familiares suyos, con los que he compartido por décadas; también se encontraba su pareja, otra de mis fraternidades desde el comienzo de mi vida adulta. Ambos no fueron a mi cumple en julio, dándome explicaciones que me parecieron solo excusas y ello se los dije en medio de nuestra reunión onírica; asimismo, les saqué en cara que dejaran pasar tanto tiempo para dignarse a verme, que había muchas cosas que quise compartir con ellos en todo ese transcurso y que ni siquiera eran capaces de comunicarse por WhatsApp o llamar. Ningún meaculpa por parte de ambos. Mientras pasaba esto, mi pareja estaba apartado, sentado en un sillón y sumido en jugar con su celular.
En la vigilia me había preguntado Ledda si tenía Los Testamentos de Margaret Atwood, supongo que para regalármelo para mi festejo. Tras expresarles mi malestar, me entregaron el primero de sus obsequios y que era, justamente, una edición del mentado libro: En tapa dura y con una cubierta negra, con una especie de manchas azules, tipo nubes. No voy a negar que eso me hizo feliz. Habían dos regalos más y uno era un volumen con dos novelas cortas de Richard Lymon (un escritor de terror), el cual tuve hace al menos dos décadas en mis manos y nunca lo compré, lo que lamento no haberlo hecho y es que hoy en día esta discontinuado; recuerdo que me puse a hojearlo y que me llamaba la atención que en la parte inferior de las páginas, tuviera imágenes contenidas en recuadros (a razón de tres de ellos por página y estos eran en blanco y negro, de un estilo minimalista) . El otro era una novela de Shirley Jackson, aunque ignoro su título (del anterior nunca me aprendí su nombre). Su portada mostraba una cabaña en medio de un nevado paisaje. Ambos textos eran en formato de bolsillo.
- Estos dos últimos presentes me los recomendaron el Tío Lucho (un amigo en común) y... (uf, no recuerdo su nombre). - Me dijo Marcelo.
Al rato, el anterior me mostró una enciclopedia, de unos cinco tomos, sobre ciencia ficción. Tapa dura y de empaste blanco, con varias imágenes icónicas del género dispersadas en sus portadas y ninguna se repetía (como naves, robots, monstruos, etc.). Me contó que la había comprado por Internet y desde Estados Unidos (como estaba en español, me propuse comprármela también).
Los anfitriones viven en Peñaflor y allí trabajé 5 años en un cole donde fui muy feliz, hasta que me despidieron de forma muy ingrata. Supongo que considerando estos detalles, encontramos la conexión entre un escenario y otro respecto a lo que viene a continuación. Pues ahora estaba en una especie de hall, muy bello y hasta lujoso, con unos enormes ventanales que dejaban entrar una luz matinal que daba gusto. Junto a mí charlaba gente a la que no conocía, sentada sobre cómodos muebles de cuero blanco, rojo y café. Pero la única persona que acaparaba mi atención, era una guapa mujer de unos cuarenta, muy elegante y quien hablaba animosamente (y se notaba en sus ojos que se daba cuenta, de que acaparaba la mirada del resto, lo que disfrutaba). Yo sabía quién era, pues se trataba de la Directora del susodicho establecimiento, por quien por igual tenía resentimientos. Al observarla pensaba en lo simpática que me parecía cuando trabajé con ella y lo traicionera que fue conmigo (por cierto, en la vida real, ella no era esa belleza del sueño).


