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domingo, 19 de abril de 2015

“Chappie” de Neill Blomkamp.


     En el transcurso del año 2009 sonó fuerte el nombre y apellido de un joven director de cine sudafricano, Neill Blomkamp, quien tras una exitosa carrera en publicidad, haciendo cortometrajes y unas cuantas colaboraciones en televisión, estrenó su ópera prima que a la fecha se ha convertido en todo un clásico de la ciencia ficción cinematográfica: District 9 (conocida en estos lares como Sector 9).  Tras este debut, en 2013 pudo verse su segunda película, también del género, Elysium, la que demostró su interés por el género y su talento a la hora de crear obras donde la espectacularidad visual y técnica, fuese de la mano con un guión sólido (coescrito por él mismo).  Tras esta segunda cinta, la cual a su vez repetía el interés de Blompkamp por este tipo de historias, era de esperar la llegada de su nueva obra, con la cual quedaría definida su carrera como cineasta especializado en la ciencia ficción.  De este modo Chappie, estrenada tan solo hace un par de meses, viene a ser su consagración como una de las actuales promesas del séptimo arte, tanto como un llamado al público de tener en cuenta su aporte a la revitalización del género en su expresión audiovisual.
    Para muchos de los que han puesto su atención en este cineasta, Chappie sin duda viene a ser la mejor de las 3 películas que a la fecha ha realizado (o al menos superior a la ya mencionada Elysium, que sin ser mala, no llega a los niveles dramáticos y de calidad de District 9).   Si su primer filme trataba acerca del primer contacto con una raza extraterrestre inteligente y el que le siguió versaba sobre una antiutopía donde solo unos pocos podían acceder a los mayores beneficios, mientras que la mayoría vivía en condiciones deplorables, si bien con acceso a tecnología de punta (aprovechando de paso incursionar en el subgénero del ciberpunk), para su tercer largometraje escogió también un distinto tema en el que centrar su historia: de este modo su última producción trata acerca de los robots y en especial sobre la posibilidad de dar origen a una inteligencia artificial (IA).  Esta reciente incursión suya en la ciencia ficción,  lo convierte en el sucesor de autores especializados como James Cameron, Alex Proyas y John Carpenter, entre otros.  A su vez si bien en cada uno de sus filmes ha abordado temáticas diferentes, es posible apreciar su interés por los futuros cercanos y la crítica social, al usar sus argumentos para exponer la crisis del “tercer mundo”, a través de la metáfora en que se convierten sus obras.  De este modo al ver Chappie, un espectador maduro puede reconocer en ella el discurso político que al parecer ya es marca registrada de Blomkamp, quien convierte a sus personajes en representaciones de los sueños y las pesadillas de nuestra humanidad.  Este al diseñar escenarios ficticios que no son otra cosa que una extrapolación de las taras sociales y con los que nos hace reflexionar, nos invita a encontrar las soluciones para lograr un mundo mucho mejor.  Si se tiene en cuenta el conjunto de su trilogía a la fecha, la respuesta para contrarrestar la violencia, la pobreza y la miseria general que imperan en sus mundos ficticios, radica nada menos que en la ejecución del amor: puesto que a la larga todos sus héroes solo a través del ofrecimiento de sus propias vidas, consiguen derrotar los males que los acosan y de paso influenciar positivamente en quiénes los rodean.
    ¿Y de qué trata esta preciosa obra? Pues cuenta de un joven ingeniero que trabaja para una importante empresa, que fabrica sofisticadas armas y el cual ha creado un prototipo de robots que usados por la policía sudafricana, han permitido bajar considerablemente el índice de delincuencia.  A su vez posee como compañero de trabajo a un ex militar, cuya propuesta para combatir el crimen es utilizando otro tipo de robot, mucho más caro y letal y el cual tras haber sido reemplazado por la alternativa más pacifista de su colega, siente rencor hacia él, de modo que su participación en la historia toma ribetes de principal antagonista.  El científico “bueno” de la historia ha logrado diseñar un programa capaz de dar “vida” a una IA, pero por desgracia no cuenta con el apoyo de su jefa, por lo que decide a escondidas utilizar un robot desechado, con el objetivo de experimentar con él y así probar suerte.  Las consecuencias que trae su osadía escapan a cualquier plan, ya que justo cuando está por llevar a cabo su propósito, es raptado por un singular trío de criminales, de modo que una vez que despierta a la conciencia esta nueva forma de vida, se verá entre medio de una batalla que implica tanto el bienestar de la ciudad, como su propia educación emocional; puesto que a partir de su nacimiento se encuentra entre las intenciones benignas de su “creador” y los intereses de la pandilla que se ha quedado con él.  De este modo al estar entre estas dos fuerzas, Chappie (quien ha sido bautizado así, por la única mujer que compone el trío de delincuentes que se ha quedado con él) a lo largo de la trama conocerá el verdadero significado del bien y del mal, en medio de un viaje iniciático inolvidable.
Así se ve Hugh Jackman en esta película...
¡Cuando grande quiero ser como él!
     Si bien ya en District 9 el director había utilizado en parte el humor para aligerar el tono dramática de su cinta, en esta ocasión convierte su último guión en un melodrama, puesto que como nunca hace reír a su público, al presentar más de una situación hilarante de características absurdas, aunque nunca olvidando los momentos de tensión y hasta emotivos.  Es así que en particular los “malos” de la trama llegan a ser caricaturizados, en especial el rival tecnológico del creador de Chappie, quien se muestra como un hombre rastrero, violento y un cínico que se esconde en su imagen regia y de hombre religioso.  Interpretado acá por nada menos que Hugh Jackman, en tal vez su primer papel de villano, saca más de una risa al espectador, demostrando la versatilidad del guapo actor australiano; por otro lado, si bien en  esta ocasión no muestra su torso desnudo como es habitual en las cintas donde hace de protagonista, a lo largo del metraje no deja de verse sexy, usando su ajustada ropa que muestra a propósito sus musculosa figura.  Teniendo en cuenta los antiguos roles de Jackman y al contrastarlo con el que aquí cumple, cabe recordar que ya en Elysium fue posible ver a alguien del talante de Jodie Foster haciendo de malvada, lo que demuestra la habilidad del director para trabajar con actores famosos por sus personajes positivos, de modo de conseguir de ellos algo completamente distinto, a lo que tienen acostumbrados a sus seguidores.  Asimismo la varonil y deportiva figura de este sujeto, se opone a la presencia algo angelical y más “normal” del otro ingeniero, quien queda retratado como una persona dulce y de buenas intenciones.
    En cuanto al trio de ladrones con los cuales les toca codearse a Chappie y a su creador, estos resultan ser toda una sorpresa, al ser caracterizados como personas mucho más complejas que el anteriormente mencionado villano.  Destacan aquí quienes son pareja en este equipo, hombre y mujer, y los cuales se convierten nada menos que en las figuras paterna y materna del androide.  Si bien en un principio la intención de estos tres fue la de utilizar con fines delictuales al robot, lo que en todo caso cumplen, entre la mujer  y Chappie sin lugar a dudas nace una relación sentimental de carácter madre e hijo, la que se convierte en un elemento fundamental para el desarrollo de este filme.  Es así como la dama en cuestión va demostrando poseer un espíritu maravilloso y ser toda una madre en potencia, lo que la convierte en uno de los personajes más entrañables de toda la película.  Sus arranques emocionales al demostrar preocupación por Chappie, despiertan en uno tanto ternura como risa, ya que esta faceta suya si bien cae en el absurdo, la humaniza tal como incluso más adelante también pasará con su pareja (un aspecto muy gracioso en ella, resulta ser su chillona voz, que se opone a la primera imagen que despierta de mujer violenta).  En todo caso, existe un importante detalle que revela la verdadera naturaleza de esta mujer, quien se constituye, pese a todo, en una verdadera influencia  benigna para el crecimiento emocional de Chappie: gusta de los colores cálidos y/o tonos pasteles, además de los dibujos de tipo infantil, lo que se constituye en un reflejo de su interioridad.  Es por todo esto que trata a Chappie como a un niño, preocupándose realmente de él e incluso llegando a aceptar la presencia del ingeniero que dio vida a Chappie, puesto que lo reconoce como alguien importante para su desarrollo personal.  Como ya se dijo más arriba, el villano interpretado con tanta gracia por Hugh Jackman, aparenta solidez espiritual al hacerse pasar como hombre de fe, no obstante esta falsedad suya es opacada por el verdadero sentido religioso de la “madre” del robot, quien entre todas sus virtudes demuestra ser una persona temerosa de Dios y que más encima educa a su “hijo” en la creencia de la vida después de la muerte; de este modo, aquel que supuestamente sirve a la ley y el orden, resulta ser un individuo corrupto, mientras que quien vive en plena marginalidad y a diferencia del otro no esconde su lado violento, exhibe un talante que la llega a poner por sobre sus flaquezas.
    Por cierto, los actores que interpretan a la pareja que acoge a Chappie, en la vida real también lo son y además son importante músicos en su nación, Sudáfrica.   Para esta película no solo demostraron su talento histriónico, sino que contribuyeron con canciones hechas en exclusiva para el soundtrack de esta obra (las que a su vez resultan ser bastantes agradables al oído, en especial por sus melodías algo “exóticas” y bizarras, para quien no conoce su arte).
    En cuanto a quien se hace pasar por el “padre” de Chappie, en un principio no deja de provocar desagrado, pese a que en más de una ocasión hace reír al espectador.  Este sujeto no deja de sacar provecho para beneficio propio de la inocencia del androide, no obstante una vez llegados al clímax de la cinta, demuestra dotes de autosacrificio y de ser capaz de amar de verdad, lo que deja más que claro el sentido de uno de los mensajes de este filme: Es el libre albedrío lo que nos hace humanos y como tales nos otorga valor como personas, por lo tanto son las decisiones que tomamos y no nuestro aspecto (lo externo y/o superficial), aquello que permite la realización personal y como consecuencia la obtención de la verdadera felicidad.  Por lo tanto, tal como se puede ver gracias a lo que aquí se presenta, otro tema importante en Chappie resulta ser el de la trascendencia, ya que al abordar la posibilidad de que existan inteligencias artificiales, y con ello otras formas de vida autoconscientes, queda expuesta la interrogante respecto a qué hay más allá del plano físico y sobre cuál es el verdadero sentido de la vida.

Chappie aprende el valor de las historias gracias a su entrañable madre.

    Otro aspecto destacable en este largometraje, es el de la especial estética del propio Chappie y del robot creado por el sujeto que aquí oficia de principal villano.  El primero más que recordar a las entidades mecánicas de un animés de culto como Patlabor y Apleseed, queda de manifiesto como un claro homenaje a dichos títulos y más todavía por el interés nipón hacia las historias de robots (este no sería el único tributo presente en Chappie, puesto que basta con recordar la escena donde es posible ver los famosos créditos de apertura de He-Man y los Amos del Universo, un recordado show animado gringo de los ochenta).  Por otro lado, volviendo al robot del personaje de Hugh Jackman, este se parece bastante a los recordados ED209 de Robocop, lo que bien puede ser tanto un guiño a estas cintas, como una vez más al anime y al manga japoneses.
    Siendo el tercer filme de Blomkamp, este no dejó de trabajar con su actor fetiche Sharlto Copley, quien en su ópera prima hizo del trágico protagonista, mientras que en Elysium se le pudo ver como a uno de los dos villanos de turno.  No obstante su papel en este caso fue aún más diferente que en las dos películas que le antecedieron, puesto que no se le pudo ver frente a las cámaras, pese a tener sobre sus hombros el peso del protagonismo: ya que le correspondió ponerle la voz a Chappie.  Por lo tanto como muchos de sus colegas que ya han probado suerte dándole vida de esta manera a personajes animados, Copley demostró una vez más su talento, creando a un personaje con verosimilitud y sensibilidad, apoyado en gran parte en la fuerza dramática de su voz.
    Tras la confirmación de la habilidad de este artista sudafricano para realizar filmes de ciencia ficción de calidad, a medias entre el cine comercial y el de autor, Neill Blomkamp ha quedado contratado para filmar nada menos que la esperada Alien 5 y de la cual ya se han hecho un montón de especulaciones.  Quizás el mejor augurio para esta secuela que se viene pronto, sea el hecho de que en Chappie actúa la mismísima Sigourney Weaver, la recordada teniente Ripley y protagonista absoluta de esta saga; de este modo su contribución al éxito de su tercera cinta, bien puede considerarse como el  primer acercamiento a un trabajo mucho más cercano entre ambos.
      Si bien ya se refirió más arriba a la participación musical del dúo sudafricano Die Antwoord en esta obra, no podía faltar otro acompañamiento melódico que hiciera de banda sonora incidental, para ayudar a crear la atmósfera acústica ideal que nos trasladara al mundo de Chappie.  Es así que para esta película el director contó con la contribución de un músico de la talla  de Hans Zimmer, quien una vez más regaló a la audiencia preciosas composiciones, que no dejaron de trasladarnos al futuro cercano y algo apocalíptico de esta obra (haciendo para ello uso de los instrumentos electrónicos, para emular su particular ambientación).

martes, 24 de febrero de 2015

Aclaraciones para disfrutar la última película de los Wachowski.


     En 1999 los hermanos Wachowski, Andy y Larry en aquel entonces (pues el segundo tras su cambio de sexo pasó a llamarse Lana), cobraron fama mundial y riqueza, todo gracias al el estreno de la que sería su película más famosa: Matrix.  Su épica historia de ciencia ficción hecha al más puro estilo animé, fue la primera de una trilogía ciberpunk llena de lecturas filosóficas y religiosas, aparte de una oda a la espectacularidad visual y un hondo sentido heroico[1].  En esta trilogía los hermanos hicieron tanto de directores, como de guionistas y de productores.  Tras el éxito de esta saga (si bien para muchos lo mejor de ella fue su cinta original y hasta los cortos animados filmados por connotados directores nipones, que recibieron el nombre genérico de Animatrix, acerca del pasado y el presente de su universo ficcional) el mundo se quedó esperando sus nuevas obras.  Tiempo pasó para que estos artistas volvieran a demostrar su talento (casi 3 años después de la última cinta de su trilogía) en 2006, aunque esta vez solo oficiaron de guionistas y productores, adaptando uno de los cómics más celebrados de la década de los ochenta: V de Vendetta, de entre los títulos mejor valorados del guionista Alan Moore.  Este trabajo cosechó buena crítica y recaudación, no obstante no era lo que esperaban muchos de los admiradores de los Wachowski, ya que lo que todos deseaban era algo  por completo de su factoría.  Así fue como dos años pasaron para que recién en 2008, por fin se pudiese ver en las salas del mundo otra cinta dirigida por esta dupla.  Sabido era desde hace rato la admiración de Andy y Lana por la animación japonesa y cuando se estrenó Speed Racer (conocida en nuestra lengua como Meteoro), sobre un popular animé de la televisión de hace unas décadas atrás, la expectación era demasiado alta; no obstante la decepción fue tan grande, que para muchos la estrella de los Wachowski había caído o bien ambos se habían dormido en sus laureles y perdido la creatividad de sus inicios.  Recién en el año 2012 se volvió a ver la mano de estos hermanos, quienes en esta ocasión compartieron la dirección con Tom Tykeer, en otro filme de ciencia ficción, adaptado por Andy y Lana de una novela de ciencia ficción; en esta ocasión el producto final fue mucho mejor acogido, puesto que dicha historia filmada y actuada bellamente, contaba con la calidad y profundidad argumental que era de suponer podían realizar estos genios.  Pues bien, a principios de este mes se estrenó la primera película totalmente de los Wachowski, tras el bodrio de Meteoro, un largometraje más de ciencia ficción, aunque esta vez en una temática por completo diferente al de sus trabajos anteriores: Jupiter Ascending (conocida en estos lares como El Destino de Júpiter)…Y la verdad es que hasta el momento no le ha ido muy bien en taquilla y con los comentarios de los supuestos especialistas y el público (algunos de ellos reales conocedores del género, razón por la cual en muchas ocasiones son demasiado exquisitos a la hora de apreciar una película de este tipo; mientras que otros tan solo desean algo que los entretenga, sin discriminar mayormente entre una cinta u otra).   Es así como este texto pretende defender los valores de esta película, si bien dejando claro que se trata de una opinión entre millones y que no tiene por qué ser considerada como un juicio objetivo; después de todo a la hora de apreciar una obra de arte, siempre estará involucrado el punto de vista personal, aunque existen elementos que logran trascender la inmediatez de la creación artística, como para hacerla universal y que esta logre perseverar en el tiempo como manifestación de la creación humana.  En otras palabras, entiéndase este escrito como una justificación de por qué razón en mi propio caso me gustó y disfruté bastante este nuevo filme de los hermanos Wachowski; asimismo a través de estas palabras, se desea considerar varios aspectos del filme en cuestión, que a la hora de tenerlos en cuenta, pueden otorgarle mayor consideración como producto final.
   

     ¿Y de qué trata su argumento? Pues bien, es la historia de una joven de origen ruso, cuya vida resulta de lo más monótona, quien de un momento a otro descubre que en realidad, viene a ser algo así como la reencarnación de la matriarca de una poderosa familia extraterrestre.  Debido a su condición se convierte en el blanco de varios enemigos, entre los que se encuentran mercenarios, soldados y miembros de una antiquísima dinastía mezcla entre realeza y comerciantes, siendo estos los que se encuentran detrás de las persecuciones a las que es sometida la protagonista (además para su infortunio, posee un estrecho parentesco con estos sujetos retorcidos, lo que agrava aún más todo).  Es cuando aparece su salvador, un soldado mutante, por el cual la dama en apuros llega a sentir más que atracción, sentimiento el cual también es compartido por este.  Considerando todo esto, gran parte de la trama se traslada al espacio exterior, ya que los personajes principales, ayudados por una serie de aliados, deben realizar un viaje para solucionar todo y de paso salvar a la Tierra, que se haya bajo amenaza de las potencias involucradas.  Entre medio más de una traición o de un engaño complica todo, de modo que harto deben pasar los héroes para conseguir su objetivo.  De este modo el verdadero nombre del filme, que en inglés es Jupiter Ascending, responde al conocimiento que toma su protagonista, llamada justamente Júpiter, acerca de su verdadera identidad, encumbrándose por sobre la supuesta miseria en la que se encontraba su vida antes de que todo ocurriera; por lo tanto al aceptar su destino, tomando las riendas de su papel en todo el acontecer cósmico, la muchacha logra obtener el alto sitial que le correspondía.  Si se toma en cuenta además el papel que en la historia cobran astronomía y astrología, queda aún más claro el título, siendo que a su vez la elección para llamar a la cinta en nuestras tierras, para nada se aleja del sentido global de la cinta.
    La verdad es que en general el guión de esta película es sencillo, siendo además sus personajes hasta cierto punto estereotipados.  No obstante todo esto se sobreentiende, si se toma en cuenta que el largometraje resulta ser un ejemplo de un viejo subgénero de la ciencia ficción, llamado space opera; ya que los Wachowski como amantes de este tipo de narraciones, le hacen su propio tributo, aunque bien adaptando su estilo a los tiempos actuales y a la parafernalia hollywoodense.  Para dar mayores luces sobre todo esto, cabe explicar que la space opera corresponde a un tipo de obras de la ciencia ficción, donde la aventura prima por sobre todo, con ambientaciones futuristas y espaciales; en ella el argumento está en función de mostrar al héroe arquetípico luchando contra villanos unidimensionales, donde además la imaginación desbordante del autor, crea todo un bestiario de las razas extraterrestres más increíbles.  El mayor propósito de estas historias es la de entretener (pura y “sana” literatura de evasión), mostrando además de paso grandes imperios galácticos, en los que se manifiesta la lucha del bien contra el mal y en sus facetas más inauditas.  Clásicos de este subgénero resultan las novelas sobre el Capitán Futuro, personaje creado por Edmond Hamilton y que tuvo una muy exitosa versión en animé para la televisión nipona; la misma saga de Star Wars resulta ser el mejor ejemplo cinematográfico, a la hora de llevar al cine gringo esta tendencia de la ciencia ficción; también se puede nombrar al respecto la figura de Flash Gordon, popular héroe de los cómics y que ha sido llevado a distintas plataformas artísticas como las series de animación, el cine y la televisión.  Por lo tanto como bien se puede observar, se trata de guiones sencillos que no pretenden hacer crítica social, ni abordar las grandes preocupaciones de la humanidad, salvo divertir…Y eso es lo que procuraban los directores de esta incomprendida (para muchos) película, por lo que si se tiene esta idea en consideración, bien se la puede disfrutar sin sentirse culpable o unfantil.   Para tramas más complejas, personajes mejor desarrollados y múltiples lecturas tenemos Sector 9 de Neil Blomkamp (se nos viene nueva cinta suya), El Juego de Ender de Gavin Hood y Después de la Tierra de M. Nigth Shyamalan, por mencionar algunas, puesto que El Destino de Júpiter pertenece a otro tipo de ciencia ficción y como tal debe ser enjuiciada a la par de sus iguales.
     Como ya se dijo antes en este mismo texto, Larry y Lana hicieron con este largometraje su propia versión de la space opera, de modo que introdujeron sus innovaciones, que en este caso tienen que ver con los tiempos actuales.  Es así como abordaron en esta cinta la dupla del héroe masculino y valiente hasta los niveles más impresionantes y la “damisela” en apuros a la que debe socorrer, habiendo un claro romance entre estos dos…En las historias originales abundan las mujeres provocativas, en poca ropa, sensuales y en ocasiones meras comparsas para que el héroe verdadero pudiese brillar. Pues bien, en El Destino de Júpiter la protagonista es una “reina” como las miles de reinas a las que deben proteger y salvar los galanes prototipos de este subgénero; no obstante su personalidad resulta ser algo más sofisticada que el de sus predecesoras, en especial por su talante extrovertido que la hace emitir diálogos que dejan clara su naturaleza de mujer del siglo XXI, ideas y acciones en ella que no dejan lugar a dudas sobre su espíritu independiente (a su vez en más de una ocasión sus propias palabras y conducta, provocan más de una sonrisa o risa, por su naturalidad y/o abierta sexualidad).  La figura de esta particular mujer en medio de una space opera revisitada, debe buena parte de sus logros al desempeño actoral de Mila Kunis; quien, poseedora de una exótica belleza, consigue personificar verosímilmente a una muchacha simpática y que hacia el apoteósico clímax, no duda en sumarse a la acción más física.  Si bien en medio de la película se nos regala con un inesperado y sensual desnudo (aunque no frontal) de uno de los personajes femeninos, por tratarse de una película de los Wachowski, el verdadero rol cargado de erotismo lo toma el coprotagonista masculino, o sea, el héroe de turno; pues este se pasa gran parte del filme mostrando su viril torso y llevando ajustados pantalones (en algunos momentos también chaqueta) de cuero oscuro, los que resaltan su bien formada musculatura.  A su vez se le otorga una dimensión trágica en su propia historia personal, que para más de un espectador resalta atractiva (como la idea de sus alas perdidas, que una vez recuperadas potencian toda su belleza, mezcla de bestia y de ángel protector).  Si Mila Kunis fue quien le dio todo su carisma a su personaje, en este caso fue el guapo Channing Tatum el responsable de encarnar con tanta maravilla al guerrero definitivo.

      Un argumento como este no podía estar exento de un montón de especies alienígenas y androides de todos los tipos, habiendo de este modo en esta obra seres reptiloides y de otros animales como aves y elefantes, otros con clara semejanzas a los “grises” de las historias de abducciones extraterrestres (que aquí cumplen un papel muy similar al de las criaturas que los inspiraron), humanoides con los más diversos e ingeniosos rasgos diferenciadores y algunos otros que bien recuerdan a razas de la tierra como orientales y etnias negras, ente otros.  Pues bien, en el mundo actual donde la diversidad ya es algo del día a día y convivimos entre distintas culturas, colores y lenguas como algo de lo más normal, todo este universo de ficción no viene a ser otra cosa que una extrapolación de nuestra realidad.  Es al respecto que el origen ruso de la protagonista (dejando de lado su pseudo carácter alienígena) y el de su gente, al convertirlos en el foco de la historia, resalta más que nunca este principio cosmopolita.
     Otro aspecto en el que cabe detenerse, es en la espectacularidad de las batallas cuerpo a cuerpo y siderales, con las que se condimenta el guión, ellas muy propias del subgénero al que pertenece esta obra.  No obstante las escenas que más destacan dentro de todo esto, son las que corresponden a las verdaderas coreografías en las que el personaje a cargo de Tatum, debe surcar los cielos usando sus botas especiales, en lo que viene a ser una especie de acrobacias de patinaje.  Todo esto es representado con impecables efectos especiales, los que en todo caso abundan sobremanera en todo el filme.  A su vez las mismas confrontaciones entre naves enemigas, son dramatizadas con lujo de detalles por parte de los encargados en llevarlas a cabo.
     La dirección de arte es soberbia, esmerándose sus responsables por crear con gran belleza mundos extraterrestres, deslumbrantes ropas para la gran cantidad de personajes que aparecen y escenarios majestuosos que dejan la noción de la existencia de un vasto universo, más allá de nuestras limitaciones terrenales.   Tampoco se pueden dejar de lado los precioso diseños para las naves, armas y todo tipo de herramientas usadas por héroes y villanos a lo largo del metraje.
    Un papel destacado llega a tomar la épica banda sonora compuesta por Michael Giachinno, quien de seguro logra dar en esta ocasión algunas de sus mejores composiciones, las que no dejan de ayudar a resaltar el carácter épico de la cinta (entre ellos sus coros que no pueden ser más sublimes).
    Y para los seguidores de la carrera de Sean Bean, en especial para quienes gozaron con sus personajes de la versión fílmica de El Señor de los Anillos y la televisiva de Juego de Tronos, un plus a la hora de ver El Destino de Júpiter viene a ser su colaboración aquí.  En esta ocasión se le vuelve a ver con su porte regio, ya que para cuando hizo del recordado Eddar Stark, durante la primera temporada de la mencionada serie, se encontraba bastante envejecido (quizás por razones del propio argumento del programa).

El detalle de uno de los espectaculares alienígenas de la película.

      Por último, a manera de reflexión final acerca de las virtudes que para algunos podría tener esta película, quisiera detenerme en el carácter de sus tres villanos principales, es decir, de los tres hermanos con los cuales la protagonista guarda un inesperado parentesco.  Pues bien, esta familia es presentada como gente que es incapaz de amarse entre sí, ya que solo les importa la satisfacción personal, siendo de este modo individuos egoístas, megalómanos y carentes de las virtudes más mínimas que se esperaría en una persona; a su vez considerando su naturaleza aristócrata perversa, con sus propias intrigas tan propias de las familias reales famosas por sus disputas internas, como los Borgia de la Italia renacentista, su oposición a la más bien humilde familia terrestre de la protagonista, enaltece a estos últimos que aún en sus imperfecciones son caracterizados como sujetos nobles.  También puede llamar la atención que los Wachowski hayan convertidos a los desalmados villanos, en fríos y calculadores empresarios, quienes con sus productos sacados de la explotación de una muy particular materia prima, representan sin lugar a dudas a las reales corporaciones multinacionales y/o imperialismos, que se aprovechan de los recursos naturales de los países y comunidades pobres, para explotarlos a costa de su indefensión. ..De este modo ¿Quién habla de que no hay simbolismos y distintas aristas para comentar en esta obra?




[1] Entiéndase como ciberpuk, a una ciencia ficción donde se muestra una sociedad con acceso a la más avanzada tecnología, aunque con serias diferencias sociales entre los pocos privilegiados económicamente y la gran mayoría que vive en la miseria más absoluta.  Por otro lado, los temas de las realidades virtuales y las inteligencias artificiales destacan en este tipo de obras.


domingo, 10 de noviembre de 2013

El cine de ciencia ficción social de Neill Blomkamp

     
Neill Blomkamp.
     La ciencia ficción como género en sí mismo se generó a partir de unos cuantos textos satíricos, que tal como dice su nombre, consistían en obras que gracias a argumentos que carecían de toda racionalidad, aprovechaban las circunstancias de sus ficciones para burlarse de unas cuantas figuras públicas, así como también de hacer una crítica ácida a los sistemas políticos imperantes durante la gestación de tales narraciones.  Así es cómo nos podemos encontrar con trabajos como los de Los Viajes de Gulliver de Jonathan Swiff (quizás el más popular de este tipo de fabulaciones), la Verdadera Historia de Luciano de Samosata, Los estados e imperios de la Luna y Los estados e imperios del Sol de Cyrano de Bergerac, Micromega de Voltaire y  Sicigias y cuadraturas, cuyo autor se supone resultaría ser fray Manuel Antonio de Rivas, donde los protagonistas realizan viajes extraordinarios (tema y concepto que luego será tan primordial en el legado de uno de los dos verdaderos “padres” del género: Julio Verne) y se encuentran con sociedades fabulosas que resultan ser nada menos que extrapolaciones de la real; gracias a este recurso estilístico, sus autores se permiten criticar su propia sociedad al usar la técnica del espejo, que refleja distorsionado la imagen de su propia realidad y permite se evidencie el defecto que se desea mostrar.
    Posteriormente cuando la ideas más positivas respecto a la posibilidad de un mayor progreso social se pusieron en boga, nacieron los idealismos literarios liderados por la Utopía de Tomás Moro (documento gracias al cual se acuñó el concepto recientemente señalado), La Ciudad del Sol de Tommaso Campanella y La Nueva Atlántida de Francis Bacon; todas ellas obras inspiradas por la mentalidad religiosa cristiana de sus autores, quienes tenían fe en la idea de que el Paraíso bien podía existir en la Tierra, gracias a un sistema de gobierno justo y benigno (un antecedente religioso del Marxismo hasta cierto punto).  En estos libros, sus gestores se referían a sociedades perfectas y en las cuales de vez en cuando se mencionaba una que otra tecnología y/o aparato que en el mundo real no existía, cuya función no era otra que facilitar la vida de sus habitantes.
   Sería ya con la llegada del siglo XIX, primero en pleno Romanticismo, y luego hacia finales de la centuria cuando estaba en su cenit el llamado Realismo, que gracias a figuras como las de Mary Shelley con su siempre vigente Frankenstein y los relatos de H. G. Wells y Julio Verne, que el género de ciencia ficción tomaría su forma más madura (nombre que se usaría en todo caso recién cuando el escritor y editor Hugo Gernsback a principios del siglo XX, vendría a crear tal vocablo).   Es así cómo gracias a la labor de los autores mencionados, la ciencia ficción se permitió ser una literatura que no solo lograra entretener a sus lectores, si no que además pudiese por medio de su capacidad extrapolativa proyectar en otros escenarios, bastante imaginativos por cierto, las grandes preocupaciones del ser humano; luego gracias a ello, “disfrazar” todos estos temas y conseguir hacer una mirada critica y fuertemente ideológica, como comprometida, acerca de cuán mal podemos estar frente a nuestra idea de cómo debería funcionar nuestro mundo.  Ahora bien, no toda la ciencia ficción resulta ser de este tipo, pues tal como se dijo arriba, este género también sirve para entretener; lo que si es inherente a la mayor parte de sus ejemplos, son sus elementos épicos y la presencia de personajes con alto valor moral (a manera de elevación de las virtudes humanas).
     Es entonces cuando luego de la algo extensa introducción de los primeros párrafos de este trabajo, que por fin me permito llegar al meollo del asunto que hoy me mueve a escribirles:
   Durante el transcurso del 2009 llegó a los cines de buena parte del mundo la película District 9 (Conocida en la Latinoamérica hispanoparlante como Distrito 9), ópera prima del director sudafricano Neill Blomkamp.  Éste tras haber filmado un cortometraje de ciencia ficción tres años antes, acaparó la atención de nada menos que Peter Jackson, ya hace rato consagrado en el séptimo arte (y millonario) gracias a sus filmes y en especial a su trilogía de El Señor de los Anillos; fue así cómo gracias a su apoyo en la producción, Blomkamp pudo rehacer su historia para convertirla en una hoy en día cinta de culto para el cine, consiguiendo además su propia cuota de fama y admiración.
    Filmada y ambientada en su propia tierra, en la capital de Sudáfrica, Johannesburgo, en esta película los habitantes conviven a su pesar con una raza alienígena insectoide, la cual se haya de refugiada en la urbe; todo esto debido a que a principios de los ochenta, su gigantesca nave quedó varada en medio de sus cielos.   Los seres aparentemente son estúpidos, si bien se nota que poseen cierto grado de inteligencia.  Ante la presencia de estas criaturas, se ha decidido mantenerlas en un gueto a las afueras de la ciudad y donde sobreviven de la forma más insalubre; por otro lado no se les permite acceder a las otras zonas de la metrópolis, tratándoseles como indeseados.  Sin embargo tanto el gobierno del país, como grupos de mafiosos desean hacerse con la increíble tecnología, en especial las armas, provenientes de la nave nodriza que trajo a los alienígenas; no obstante sus sueños siempre son rotos, ya que han descubierto que la única manera de hacerlas funcionar es usando ADN extraterrestre.  Pese a todo, continuando con su afán de conseguir manipular estos artefactos, un día deciden trasladar a otro territorio a los expatriados, un sitio mucho más paupérrimo y lejano de la nave que los trajo al planeta, así que mandan a un tímido hombre,  Wikus Van de Merwe, el protagonista, a avisarles de su desalojo; es entonces que comienza a desarrollarse el conflicto dramático de la obra, al entrar en contacto éste por accidente con una sustancia que cambiará su vida y revolucionará por completo la de quienes lo rodean, incluyendo su familia, sus jefes, los militares, científicos, y más que nadie, a los extraterrestres.  Dentro de la trama, cobrarán, por ende, gran importancia un alienígena y su hijo, quienes se convertirán en los insospechados aliados del simpático personaje principal.
     Ahora bien, este filme poseedor de varios momentos intensos, con mucha acción, aventura, suspenso, truculencia e incluso un grato humor negro, se mezcla a una lectura de corte más político e ideológico y a la cual el autor del filme nos quiere entregar.  Cabe recordar que por décadas, Sudáfrica vivió bajo una espantosa dictadura a manos de la minoría blanca (descendientes de los colonizadores europeos que llegaron a ese inmenso país del continente negro), que recibió el nombre de Apartheid (1961-1994) y en la cual se impartía un régimen segregacionista donde la mayoría negra (casi el 80% de la población de la nación) vivían separados, sin derecho a voto y a muchos otros privilegios.  Es cuando que a través de su largometraje, el director (de raza blanca) demuestra la frialdad y crueldad del pasado racista de su país, mostrando a los extraterrestres como representaciones de los oprimidos durante los años del  Apartheid.  Como en todo sistema xenófobo, en la cinta se les trata a estos como a seres inferiores y se les somete a varios abusos, si bien se presenta en la trama de forma irónica el interés de los opresores de hacerse con el uso de su avanzada tecnología.  Así es como la grotesca apariencia de estos "huéspedes indeseables", resalta la imagen que quiere dar el director, de una raza que en apariencia se ve tan distinta a la de los humanos, pero que en su naturaleza interior posee el mismo derecho a vivir con dignidad, por cuanto comparten con los humanos capacidad de soñar, crear y amar; es entonces que por medio de esta exageración de la apariencia del "otro", Blomkamp demuestra lo que a los ojos de los racistas resultan ser todos aquellos que no pertenecen a su supuesta raza superior: o sea, el otro es un monstruo al cual hay que aniquilar y/o subyugar.
   
Fotograma que muestra a los inolvidables "Bichos" de Distrito 9.
En la cinta destacan Wikus y la pareja alienígena que lo ayudarán a salir de su apuro.  En primer lugar el protagonista resalta como un individuo sencillo, un hombre común y de trato amable, quien como un peón más de los poderes fácticos, se ve inmiscuido en un plan que sobrepasa su sistema de vida convencional; es así cómo éste se convierte en un antihéroe, que sólo desea sobrevivir a las vicisitudes que se le han presentado.  En cuanto al padre y al hijo de procedencia extraterrestre, estos demuestran una actitud mucho más noble y valerosa, que la expuesta en la película por muchos de los humanos en ella; a su vez se evidencian sus propias inteligencias superiores a la de los mismos humanos.   El autosacrificio en pro de un bien superior, se expone en el desarrollo de esta historia, demostrando que sólo la existencia de un código ético, manteniendo valores como la fraternidad y la solidaridad, puede conseguir que exista la plenitud en una sociedad.
      Si bien hoy en día los efectos especiales ya han superado todo límite a la imaginación, estos en la cinta no dejan de asombrar, más aún al servir de vehiculo para otorgarle mayor credibilidad a la trama y no opacando la narración en beneficio de una vacua espectacularidad.  De este modo, un espectador que gusta de apreciar cintas de este tipo, no puede dejar de maravillarse ante el increíble diseño de los mismos alienígenas, así como de su tecnología y nave, como también del uso del resto de los efectos especiales tan bien aprovechados.  A su vez la música de corte étnico-africano, a cargo de Clinton Shorter, le otorgan un clima de mayor sublimidad y emotividad a esta cinta altamente recomendable.
     En contra de los deseos de quienes disfrutaron de la película abordada arriba, tuvieron que pasar unos cuantos años para que Neill Blomkamp estrenara un nuevo filme.  Esta vez de nuevo optó por la ciencia ficción, aunque a diferencia del primer caso, pudo contar con la colaboración de dos importantes actores estadounidenses, quienes poseen una larga e importante trayectoria tanto en cine comercial, como independiente: la galardonada Jodie Foster y Matt Damon, acompañados a su vez por otros grandes artistas, entre ellos Sharlto Copley, el mismo intérprete de Wikus en Distrito 9 (quien en este caso tuvo a su cargo un papel por completo diferente al anteriormente mencionado, al hacer de “malo”, como un siniestro mercenario). 
     Estrenada tan sólo este año, el filme de significativo título Elysium rememora a los Campos Eliseos de la mitología griega y que correspondían a una paradisiaco lugar donde llegaban los héroes muertos tras pasar por las puertas de Inframundo; asimismo a ésta zona sólo podían acceder aquellos que debido a sus virtudes, cumplían con el requisito de modo de contar con este privilegio.  Por otro lado, resulta evidente la connotación cuasi divina o de semidioses de estos personajes.  Por lo tanto en esta segunda obra de larga duración del director sudafricano, el lugar llamado Elysium corresponde a un mundo artificial en la órbita del planeta y donde vive cómodamente la gente de posición económica holgada, ya que la Tierra se haya sobrepoblada y sujeta a todo tipo de miserias, entre las que se encuentra una contaminación que ha devastado los recursos naturales. Ambos hábitats contrastan en su configuración de forma apabullante, puesto que la gente de Elysium cuenta con toda una gama de franquicias, siendo la más extraordinaria de ellas una sofisticada tecnología médica que cura cualquier enfermedad y/o mal que pueda atentar a la salud de sus habitantes, de modo que el uso de este medio los convierte en la práctica en inmortales.  En cambio los terrícolas no cuentan con tal beneficio y además deben subsistir en las condiciones más insalubres.  Luego existe un férreo control de parte de los “elysianos” para evitar que los de abajo puedan llegar hasta sus dominios y con ello aprovechar sus beneficios.
     El protagonista de esta cinta es un obrero que desde pequeño ha deseado vivir en el mundo de arriba.  Es cuando se le presenta la oportunidad de llegar al lugar, si bien al final los motivos que lo llevan a enfrentarse al sistema imperante y a luchar por sus sueños, terminan por ser superiores a sus propios deseos individuales.  El muchacho idealista en medio de un mundo en el cual los pobres no tienen acceso a la movilidad social, deberá enfrentarse a unos cuantos enemigos que le harán difícil cumplir su objetivo, como es de suponer en las narraciones que tratan el tema del viaje mítico; no obstante tal cual en este tipo de historias de connotaciones heroicas, una vez más la fuerza de voluntad hará evidente que el espíritu humano es capaz de sobreponerse a la contingencia.
    
Dentro de esta última cinta, destaca el papel hecho por Jodie Foster, quizás su primera labor haciendo de villana, si bien tal como corresponde a una actriz de su calibre, su papel como malvada posee unas cuantas aristas que la hacen ser alguien complejo y no una mera caricatura; de este modo su personaje representa a aquellos sujetos que cegados por lo que creen es mejor y más justo para su gente e ideales, olvidan que el fin no justifican los medios y con ellos pierden parte fundamental de su humanidad.  Cabe recordar que su papel en Elysium corresponde a algo así como la jefa de seguridad del lugar, razón por la cual hará todo lo posible por mantener el status quo de su mundo.  No obstante su personalidad nefasta, es completamente distinta a la de los otros dos adversarios que aparecen en el filme: puesto que tal como ya se dijo, ésta posee cierta complejidad en su psicología que la hacer ser alguien maquiavélico y aún así poseedora de una faceta más carismática; mientras que los otros dos se ven como un sujeto cruel y psicopático, el uno, en tanto que el otro es trabajado como alguien obnubilado por el poder y los deseos egoístas, quien ve a los demás de forma utilitarista.
    En cuanto al personaje de Matt Damon, el autor de esta obra de arte lo perfila como a un hombre que a diferencia de su antagonista principal, posee férreos valores morales, entre los que sobresalen su aprecio por la amistad, su capacidad de amar y, no en menor medida, su fe religiosa.  Aparentemente de fe católica (siendo que además vive en un territorio donde la población se muestra en su mayoría de procedencia latina, he ahí la respuesta de ideología religiosa del protagonista), la cinta parte mostrándolo de pequeño junto a una monja que le habla en español, figura materna que le entrega a éste la educación valórica que contrastará con la académica del personaje de la Foster.  De este modo el elemento religioso e hispano cobra gran importancia dentro de la cinta.
    Si en su anterior obra Blomkamp abordó el tema de la vida extraterrestre, ligado a la idea del primer contacto y la convivencia forzada entres dos especies tan diferentes, incluyendo la subyugación de una por la otra, en esta ocasión del director/guionista hace uso de la llamada corriente del ciberpunk; esta es una variante del género bastante cara a los autores anglosajones de la décadas de los setenta y los ochenta y que luego los japoneses a través de sus cómics y animaciones retomarían con tanto éxito e innovación.  Es así como en este ciberpunk, del cual sus máximos exponentes literarios son William Gibson y Bruce Sterling, mientras que en el cine se puede nombrar la saga de Matrix y en el mangánime (cómics y seriales de animación nipones) Gunnm (conocida en Latinoamérica como Alita)[1], se observa una separación tajante entre un grupo social dominante y favorecido, a su vez claramente minoritario, a la par de otro viviendo en la práctica en la miseria y aún así con acceso a tecnología de punta.  Todo esto se observa en el largometraje tal como se mencionó, de modo que lo que hizo su autor fue apropiarse de los argumentos de este subgénero de la ciencia ficción, para entregarnos una vez más su propio discurso lleno de crítica social respecto a las injusticias cometidas por las clases dominantes; donde además los pobres son oprimidos y dejados de lado solo para enriquecer más a los otros y olvidándose de satisfacer las necesidades y derechos constitucionales del resto de la gente.
    Para finalizar, se puede apreciar en el cine de Neill Blomkamp una honda preocupación sobre la cuestión social, abogando además en su trabajo, por la existencia de un equilibrio de la distribución de los bienes materiales y de la preponderancia por un sistema de gobierno justo, en el cual los líderes sean sujetos preocupados del bien común, pero siempre en beneficio de los demás y no como un sistema sectarista y elitista.  A su vez todo esto muestra en su obra una ideología humanista y en la cual el director bien expone su fe en los principios de la fraternidad entre los pueblos, como también a nivel más individual.   Por ende, cabe mirar su labor, como algo que no sólo pretende agradar a los sentidos, si no que llevarnos a una reflexión acerca de lo que sucede a nuestro alrededor.  Es de esperar que sus obras que vengan a futuro refuercen esta imagen positiva que nos hemos podido hacer de su cine y persona.



[1] Bien podría resultar interesante contar que en el caso del manga y animé de Alita aquí mencionado, también se muestra una ciudad flotante para los poderosos, que pende sobre las cabezas de los menos afortunados (y este cómic data de 1991).  A su vez en la novela del autor español Domingo Santos, El Año del Dragón, también se presenta esta dicotomía (y la novela data de 2008).  Ello demuestra que pese a sus propias virtudes, las ideas de Neill Blomkamp no son por completo originales.

Alita, clásico del mangánime que se constituye
en todo un pseudoantecedente de Elysium.

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