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miércoles, 18 de octubre de 2023

Belleza Total (1)

I. Angélica Gorodischer y yo.
 
    Desde mi juventud, en los años noventa, que "oí hablar" de la autora que ahora nos reúne.  Siempre palabras de admiración hacia su trabajo, aunque solo ahora (ya a mis 48 años) he podido leerla; y es que pese a ser argentina y poseer una bibliografía vasta (si bien no tan grande, como la de otros colegas suyos), sus obras no abundan por acá; de hecho, solo he visto en mis tierras el libro del cual les contaré y me refiero a la misma edición que poseo, la cual ya está discontinuada, pues esa editorial y/o colección ya no existen.
    Nacida el 28 de julio de 1928, dejó este plano de existencia el 5 de febrero del año pasado, a la longeva edad de 93 años.  Incursionó en la novela y el cuento (con hartos libros recopilando su narrativa breve), a lo que hay que agregar más de 300 conferencias que dio.  No solo escribió ciencia ficción y fantasía, sino que también son de su puño y letra narraciones de literatura general (el llamado mainstream), incluyendo policiales y autobiográficos, con textos de corte feminista en muchos casos.
    Sus historias relacionadas que corresponden a Kalpa Imperial, aparecieron publicadas en su versión conjunta en 1983, puesto que antes se las agrupó en dos tomos (Libro I: La Casa del Poder y Libro II: El Imperio más Vasto, respectivamente).  La versión integral contiene sus 11 relatos y no llega a las 250 páginas.  Si bien ha sido traducida a numerosos idiomas, tuvieron que pasar varios años, para que alguien como Ursula K. Le Guin se fijara en su talento y tradujera al inglés tan precioso libro.


II. Los cuentos.
 
1. Retrato de un emperador.
 
    Las primeras palabras, las primeras oraciones, el primer largo párrafo consiguieron no solo acaparar de inmediato mi atención; sino que me conquistaron con una prosa poética, que me hizo darme cuenta de que estaba frente a un texto de gran belleza.
    El imperio que duró eras y fue vasto, pero cruel- en especial en sus últimos días- ha llevado a los pocos sobrevivientes y a sus descendientes a convertirse en "bárbaros seminómadas"; estos últimos ven con temor sus ruinas y solo de vez en cuando rescatan de ellas uno que otro objeto destrozado, al que apenas le dan el uso correspondiente, porque no saben realmente para qué sirven.  Todo esto seguiría igual, si no fuera por un muchachito de espíritu inquieto, quien, en contra de las normas, comienza a ocupar dichos aparatos de manera más correcta.
   Esta es la historia de la resurrección de un imperio y una alabanza a la resiliencia del protagonista, un hombre extraordinario, quien traería de vuelta la civilización a un mundo sumido en el caos.  El cuento es, también, una manera de enseñarnos a mantener viva nuestra curiosidad, para no resignarnos con "lo que hay" y luchar por nuestros sueños de lograr algo mejor; de igual manera, se lee como una invitación a alentar en los más jóvenes sus impulsos para no repetir viejos patrones y añejos, puesto que es en la renovación que se encuentra muchas veces el progreso. De igual manera, si rebuscamos en lo "antiguo" y lo clásico, encontramos verdaderas joyas que pueden insuflar nueva vida al deteriorado presente.
 
     “ Dijo el narrador: —Ahora que soplan buenos vientos, ahora que se han terminado los
días de incertidumbre y las noches de terror, ahora que no hay delaciones ni persecuciones ni ejecuciones secretas, ahora que el capricho y la locura han desaparecido del corazón del Imperio, ahora que no vivimos nosotros y nuestros hijos sujetos a la ceguera del poder; ahora que un hombre justo se sienta en el trono de oro y las gentes se asoman tranquilamente a las puertas de sus casas para ver si hace buen tiempo y se dedican a sus asuntos y planean sus vacaciones y los niños van a la escuela y los actores recitan con el corazón puesto en lo que dicen y las muchachas se enamoran y los viejos mueren en sus camas y los poetas cantan y los joyeros pesan el oro detrás de sus vidrieras pequeñas y los jardineros riegan los parques y los jóvenes discuten y los posaderos le echan agua al vino y los maestros enseñan lo que saben y los contadores de cuentos contamos viejas historias y los archivistas archivan y los pescadores pescan y cada uno de nosotros puede decidir según sus virtudes y sus defectos lo que ha de hacer de su vida, ahora cualquiera puede entrar en el palacio del Emperador, por necesidad o por curiosidad; cualquiera puede visitar esa gran casa que fue durante tantos añosvedada, prohibida, defendida por las armas, cerrada y oscura como lo fueron las almas de los Emperadores Guerreros de la dinastía de los Ellydróvides”.



2. Las dos manos.
 
    Quisiera creer que esta historia transcurre mucho tiempo antes de la anterior, pues nos habla de un emperador usurpador, cuyo control de los dominios estuvo caracterizado por su falta de benevolencia.
    Se nos describe a un sujeto por completo distinto al del prlmer texto, de quien esta vez es imposible sentir simpatía y que, pese a todo, sigue compartiendo el carácter de un sujeto poderoso, que ha inspirado varias historias entre el pueblo.  La naturaleza del misterio y el deseo de "conocer", aunque sea con fantasías a los poderosos, están siempre- al parecer- alrededor de esos individuos lejanos al hombre común y corriente.
 
    “Dijo el narrador: —Entre la dinastía de los Oróbeles, llamada de los Príncipes Oscuros, y la de los Trescientos Reyes, que fueron sólo doce si se cuenta al niño que no llegó a reinar más de un día, se sentó en el trono del Imperio un usurpador sin nombre. Venía del sur, entró al palacio traído por las olas de una guerra, y ya no volvió a salir. He oído decir que todavía está allí, cosa que no es del todo imposible, como se verá. Su vida y sus obras no alcanzan más que para una historia inconclusa, banal y desdichada. ¿Alguno de ustedes ha llegado alguna vez cérea del palacio imperial? ¿Alguno ha visto las torres, los patios incalculables, las murallas negras, las fuentes? No, yo tampoco, y ahora ya es difícil que pueda llegar a hacerlo. Por eso es que esta historia es también de otros. Yo, a mí se me hacen presentes y se me halaga para que cuente viejos, olvidados hechos. Esta vez, ¿por qué no?, voy a tratar, presiento que sin demasiado éxito, de callar”.
 
3. El fin de una dinastía o Historia natural de los hurones.
 
     Un niño de solo siete años está destinado a ser el próximo emperador, pero su vida es monótona, ligada a una serie de protocolos sin sentido y a una madre que no le da amor, quien hace de emperatriz regente hasta que crezca lo suficiente.  Un día en las afueras del palacio, conoce a dos hombres muy singulares, con quienes entabla una amistad que le abrirá los ojos a la verdad, permitiéndolo convertirse en alguien extraordinario.
    El cuento, el más largo en lo que llevamos de este libro- que me sedujo desde el principio- posee varios momentos magníficos, insuperables y la prosa de la autora nos da bocado a bocado una historia bellísima, que se arraiga con fuerza en nuestra imaginación, gracias a sus imágenes tan bien descritas.  El clímax es lo suficiente emotivo, como para sacarle a más de alguien una lagrimita, a lo que se incluye un final inesperado en muchos aspectos.
 
    “Dijo el narrador: —Era un príncipe triste el joven Livna'lams; tenía siete años y era un príncipe triste. No era que pasara por sus momentos de tristeza como pasan todos los chicos por príncipes que sean; no era que se quedara como ausente en medio de una frase o de algo que estaba haciendo; no era que se despertara con un peso en el pecho, o que a veces quisiera llorar sin motivo aparente. Eso le pasa a todo el mundo, a cualquier edad que se tenga y a cualquier condición a la que se pertenezca. No, no, escuchen bien lo que les digo, no se distraigan y digan después que no les he dado suficientes explicaciones. Si a alguien no le interesa lo que digo, puede irse; eso sí, tratando de no molestar a los demás. El pabellón está abierto hacia el sur y hacia el norte y los caminos siguen siendo anchos y llevan a países verdes y a países negros y en el mundo hay mucho que hacer, tamizar el grano y golpear el hierro y sacudir las colgaduras y cavar el surco y hablar mal del vecino y echar las redes; pero acá lo que se hace es escuchar. Pueden cerrar los ojos y cruzar las manos sobre la barriga si quieren, pero aprieten la boca y abran las orejas a lo que les digo: era triste siempre el joven príncipe, triste como estar solo cuando se es viejo y la muerte no tiene ningún apuro. Todos sus días eran desolados y grises y vacíos por llenos que estuvieran, que lo estaban”.


 
4. Sitio, batalla y victoria de Selimmagud.
 
    Un ladronzuelo, un verdadero muchacho, es pillado por unos soldados in fraganti, quienes lo llevan hasta donde su general.  Allí el preso es requerido por el alto militar, de tal manera que su suerte gira por completo hacia lo inaudito.
    Aparte de las descripciones maravillosas, a las que ya nos tiene acostumbrados la Gorodischer, nos encontramos esta vez con un relato que juega con la fragilidad de las empresas humanas y cómo lo ridículo y el azar pueden superarnos.  Por lo mismo, todo lo que le sucede al protagonista de esta obra, y en especial con su desenlace, son un gran divertimento que nos hace gozar cada vez más este libro.
 
    “Dijo el narrador: —Se llamaba Rabavttuar y estaba dedicado a la loable tarea de apoderarse de lo ajeno cuando lo sorprendieron los soldados del Imperio. Dijeron que era un desertor y se lo llevaron con ellos. Trató de explicarles que él no era desertor puesto que nunca había sido soldado. Había nacido en la trastienda del café Las Mil Delicias de una prostituta del sur y evidentemente de alguien más, aunque no se supo nunca de quién. Lo que siguió hasta que cumplió los dieciséis años que tenía en el momento del robo en la granja experimental y el apresurado juicio de los soldados según el cual era un desertor, fue una sórdida historia que no tiene nada que ver con Selimmagud. Había crecido al lado de un encantador de serpientes, y serpientes es un eufemismo por los animales esos que se meten bajo las piedras en las orillas de los ríos. El encantador de serpientes que quizá fuera su padre aunque muchos contadores de cuentos aseguran que es difícil, no era un mal sujeto: le daba comida y cama cada vez que podía disponer de esos lujos, a cambio de que le hiciera de ayudante en su número en los circos y los teatruchos y de que cuidara a sus amados animalitos escamosos”.
 
5. Acerca de ciudades que crecen descontroladamente.
 
   Un cuento inusual, aunque para nada como esas fomedades que abundan en la colección "Las Llaves del Aire".  Esta no es la historia de una persona, sino que la de una ciudad y cuya cronología abarca siglos, repasando con ello la vida de los varios emperadores que en algunos casos le prestaron atención y en otros no.
    Este precioso texto, sirve para volver a mostrarnos la frugalidad de los actos humanos, incluso de los poderosos, si consideramos cómo permanece esta polis (como ejemplo de muchas otras reales) a lo largo de tiempo, enfrentando/superando los vaivenes del acontecer de todo tipo.
    Por otro lado, los personajes que se nos mencionan ligados a este lugar, bastante variopintos, amenizan la narración y son dignos de sus propias crónicas.
 
    “Dijo el narrador: —Con muchos nombres la llamaron y muchos orígenes le pretendieron y todo era mentira. Los nombres, porque no fueron más que invenciones de hombrecitos oscuros, ambiciosos y rastreros, que lo único que querían era ascender un escalón más en una miserable repartición oficial o conseguir un lugar entre los adulones de palacio o un poco de dinero extra para satisfacer alguna pequeña vanidad. Los orígenes, porque también fueron trabajosos artificios maquinados para incluir algún personaje influyente en la genealogía de un héroe que la habría fundado en un rapto de locura divina”.

jueves, 12 de octubre de 2023

Una segunda oportunidad (II).


Nota: Termino acá mi revisión de la colección de relatos Las Llaves del Aire de Ursula K. Le Guin.
 
10. Ether, OR.
 
    Casi 40 páginas de desvaríos de la Le Guin que no llegan a ninguna parte (otra vez).  La ciudad que da título a esta serie de relatos más o menos relacionados entre sí, posee la particularidad de cambiar su ubicación de un lugar a otro a lo largo del territorio de Estados Unidos.  Sus habitantes aceptan esta cualidad sin problemas, la mayoría, de modo que son sus vidas las que se nos van contando, en primera persona por parte de estos mismos ciudadanos (algunos se conocen entre sí y otros no).
    Cada texto va antecedido por el nombre de quién es su protagonista y hay unos cuantos interesantes y divertidos (como el de la mujer que fantasea con Worf/Michael Dorn de Star Trek: La Nueva Generación), pero también hay otros que me han parecido verdaderas latas.
   Me llama la atención saber que este escrito (llamarle cuento o cuentos me parece descabellado, puesto que no hay mayores conflictos o una historia que podría dar pie a una aventura o desventura), haya sido publicado originalmente en Asimov's, la famosa revista de ciencia ficción... ¡Algo tan inclasificable y patas arriba como esto!
    Pero el caso que viene a continuación es mucho peor...
 
11. Las llaves del Aire
 
   ¡Y llegamos a la pieza que da su nombre al libro! Con un título como este, tan hermoso y evocador, me esperaba una bella historia de esas que me hicieron adorar a su autora; pero no, esta no es una de sus antologías típicas y es así que acá Ursula K. Le Guin se supera así misma en esto de escribir "cosas raras" y esta vez el tedio para mí ha sido mayor que nunca ¿Por qué me castigo siguiendo con este tomo que me ha decepcionado tanto? Porque ya me falta poco para el final y entonces podré decir con razón de que en conjunto se trata de un libro desastroso, que muestra una faceta impensable de su autora, quien- como todos nosotros- también puede errar y hacer locuras.
    ¿De qué trata este texto? ¡Que alguien me explique! Solo puedo decir que une unos cuantos fragmentos de narración, que convergen a no sé qué cosa.
 
12. La niña novia.
 
    Parece que hay un drama escondido detrás de la verborrea de la narradora, pero en tan pocas páginas y con tanto salto entre una descripción en prosa poética y otra, no sé que mayormente nos cuenta esta obra ¡Pareciera que luego de la historia más convencional de esta selección (Mantengan la posición), siguen puras incongruencias.


13. Subida a la Luna.
 
    ¡Que alguien me explique por qué este cuento se llama asi! Ya la manera de cómo comienza todo, me predispuso a que esta "historia" no sería de mi agrado, pues los recursos gramaticales para q, no son los típicos de un cuento tradicional.
   W diré que está ambientada en una playa, hay o hubo una guerra, la protagonista es una mujer relativamente joven, acompañada por un niño y hay un jinete.
 
14. La niña grande de papá.
 
    ¡Por fin otro cuento normal! Pero no solo se trata de eso, sino que estamos frente a un texto que calza justo con lo que más nos gusta de su autora: una historia en la cual la fantasía es un medio para abordar grandes temas, por medio de los simbolismos que encontramos entre medio de sus imaginativas descripciones y con personajes poseedores de una gran humanidad.  Como consecuencia de esto, difícil no conmoverse cuando las virtudes de la escritora se hacen evidentes.
    Una niña comienza a crecer de forma desproporcionada y ello no solo le provoca problemas de sociabilización, sino que trae problemas en su familia.  Todo esto es contado por su hermana mayor, quien la adora.
    El gigantismo de la muchacha claramente representa a todos quienes viven excluidos de la sociedad por su diferencia, sufriendo en carne propia su identidad de parias, dolor por el que pasan también sus seres queridos.  Hacia el emotivo final, cuándo la protagonista pasa por su última etapa, imposible no reconocer en ello lo que sucede a quiénes se convierten en seres invisibles para los demás, porque a ningún lugar pertenecen y (casi) no tienen a quién importarles.
     El cuadro se completa de forma muy emotiva con el amor que siente la narradora testigo de todo esto, dándonos un bello ejemplo de hermandad.
 
15. Encuentros.
 
    Un texto bello y breve de solo tres páginas, sobre una mujer y un hombre que cuentan sus propias historias de amor y tristeza para el otro.  Hay belleza detrás de estas palabras, pero también volvemos a estar detrás de un texto extraño que no consigo dilucidar.
 
16. Los Ancianos.
 
    Volvemos a tener un cuento tradicional de fantasía, de los que sí le salen bien a la Le Guin, aunque este (a diferencia de otros del mismo estilo) lo encuentro enredoso y su desenlace (al menos de la manera de cómo lo contó) no fue de mi agrado.
     Un médico acompaña a su paciente en el barco, que lo llevará a casa tras la tragedia que lo llevó a quedar en un estado parecido al coma.  El destino es una isla apartada con una cultura propia, más o menos, y donde esperan al postrado su esposa e hija.  Cabe mencionar que el señor de la casa, ahora caído en desgracia, es un héroe de guerra y por lo mismo merece respeto; pero hay algo extraño en su dolencia que provoca más que preocupación por su muerte, de parte de su gente y el galeno.
    Un relato acerca de la otredad y de los vericuetos del amor, así como de las maravillas que podemos llegar a conocer.
 
17. La mujer sabía.
 
    Un cuento muy poético y lleno de significancias (que se me escapa esto en la mayoría de los textos que aquí encontramos) de solo 4 páginas.
    Una mujer llega hasta la cabaña de otra a pedir ayuda a regañadientes.  Pese a todo consigue lo que quiere, aunque de la forma que esperaba.
    Creo que este poético texto habla acerca de la compasión, de que nunca estamos solos (para bien o para mal) y de que debemos aprender a dejar nuestro pasado, a despedirnos, aunque nos duela a quienes dejamos atrás... Solo eso (y la verdad) nos hará libres.
 

jueves, 28 de septiembre de 2023

Una segunda oportunidad (I)


     Las Llaves del Aire (1996, Unlocking the Air and Other Stories) es una colección "inusual" de textos narrativos que, por mi parte, no todos son lo que llamaría cuentos.  Lo recién afirmado por mí y de forma tan tajante, lo puedo respaldar con las palabras de su propia autora Ursula K. Le Guin:
 
      "Los cuentos de Las llaves del aire no son de ciencia ficción; podrían clasificarse como mero realismo, o realismo mágico, o surrealismo, o algún género posmoderno que todavía no tiene nombre. A veces se enfrentan a la realidad en una auténtica confrontación a la luz del día; otras veces mediante un desvío, tomando un oscuro camino lateral, pero la realidad está siempre presente... Algunos escenarios son realistas, como el país central europeo de Orsinia o el pueblo de Ether, Or. Otros ocurren en escenarios fantásticos, como Oakland, Cleveland o Portland. Algunos utilizan una voz múltiple, o una voz mítica para hablar sobre la realidad, pues la realidad es un pez escurridizo que a menudo sólo puede ser capturado con una red de encantamientos o con el gancho de la metáfora. Estos cuentos son exploraciones de los misterios de la palabra, el tiempo y la vida ordinaria y el dolor ordinario."
 
    Publicadas la mayoría de estas obras originalmente en revistas prestigiosas como The New Yorker, Harper's y Playboy, para nada especializadas a los géneros que hicieron famosa a esta escritora, se trata de trabajos alejados del estilo mismo en que la encasillamos; por esto mismo, se trata de un tomo que puede decepcionar a quien espera encontrarse con pasajes y personajes parecidos a los del resto de la bibliografía de la Le Guin.
     Lo anterior me sucedió cuando hace casi dos décadas atrás, compré feliz el libro en oferta, nuevecito, en tapa dura y con sobrecubierta.  Pues resulta que, al poco tiempo de adquirirlo, comencé a leerlo entusiasmado, pero con suerte habré llegado a las primeras 70 páginas, que me aburrió sobremanera.  Ahora que ha pasado el tiempo y se supone soy menos ignorante y he desarrollado más mi capacidad de análisis, me he dispuesto a revisar en profundidad esta selección, siguiendo con mi autoreto/proyecto de leer a mujeres cuentistas.  Es así que les presento la primera parte de esta segunda oportunidad, que en parte la acabaré con algo de dificultad y solo por respeto a quien antes tantas satisfacciones me dio; así que me terminaré el volumen, esperando que el resto que me queda de sus páginas me sea más grato (cuando escribo estas palabras, voy en la mitad del libro).  He hecho lo mejor posible por rescatar las virtudes que pueda encontrar en estas "historias", que posiblemente a muchos les gustarán, lo que no es mi caso.
    A ver qué les parece:
 
1. Las cuatro y media.
 
    Una serie de cuentos breves, ocho en total, y que abarcan casi 50 páginas.  Todos poseen sus propios títulos, pero comparten algo muy especial: personajes con los mismos nombres, los cuales viven vidas parecidas en uno y otro relato, a veces con parentescos que los convierten en variaciones interesantes de sus "gemelos".  Algo así como un Multiverso.  Hay varios momentos de verdadera belleza, tal como nos acostumbró Ursula K. Le Guin, autora a la que echamos bastante de menos tras su partida.  Sin embargo, no logro encontrar la razón del nombre genérico de estos textos, ni el sentido general de estas historias, cuya moraleja se me escapa también.  La verdad es que creo que la intención de la escritora fue hacer un ejercicio de escritura creativa, contándonos varias versiones de los mismos personajes.
 
2. La casa del profesor.
 
   Un docente universitario tiene en su hogar una sofisticada casa de muñecas, a la que le dedica gran parte de su tiempo.
    La historia nos mantiene alerta, pero va por los mismos derroteros que los textos anteriores, sin un verdadero drama que podamos reconocer y para que todo acabe de la manera que nos tenía acostumbrados.
    Si tuviera que decir de qué va esta narración, diría que de las obsesiones y de cómo un hombre mayor, pese a su inteligencia, puede perder la comunicación incluso con su familia, cuando opta por orientar sus frustraciones en algo tan "banal" como un juguete para niños (otros lo harán usando para ello el fútbol o la gula).  Por supuesto, esto que digo es un intento de interpretación mía, para darle sentido a una pieza que me dejó anonadado.
 
3. Ruby en el 67.
 
    Dos ancianas hacen un viaje en bus y conversar de varias cosas.
    Si los textos anteriores nos parecen raros y carentes de sentido, este lleva las de ganar.
    Una verdadera decepción para mí (¿Qué se estaba fumando la tía Ursula cuando escribió este relato?)
 
4. Limberlost.
 
    Una novelista asiste a un congreso de literatura, que se lleva a cabo en un campamento rodeado de un bosque o algo parecido.  Allí no solo disfruta del lugar y de toda la experiencia, sino que comienza a recordar que hace muchos años anduvo por ahí.
    Un cuento mucho más extenso que los anteriores y que nos mantiene expectantes a lo que va a pasar, pero (y casi me apena decirlo, de una escritora tan magnífica como la Le Guin) o bien se desinfla hacia el final sin acabar como esperaríamos de una historia convencional, o bien se me escapa el sentido que le quiere dar su autora.  En todo caso, el tono de esta selección está claro que es romper, hasta ahora, con lo que se supone saldría de la imaginación de alguien como esta artista.



 
5. Los animales de mi imaginación.
 
   Una serie de tres relatos, cada uno con su título mencionando la criatura alada a la que hacen mención (un escarabajo, un gorrión y una gaviota), a los que la protagonista/narradora (que podría ser la misma persona, la misma autora, si bien en el segundo texto dice que va a una reunión de bibliotecarios) se encuentra en distintos lugares y circunstancias.  Cada narración posee un grado de dramatismo, puesto que el hallazgo no ocurre en las mejores circunstancias y ello provoca incomodidad como mínimo a la protagonista.
    Al menos logro reconocer en esta pieza, bastante raras, algo más o menos comprensible para mi escaso entendimiento: la fragilidad de estas criaturas está relacionada con la muerte y la sensación de mortalidad misma de quien aquí nos cuenta estos pasajes.
 
6. Mantengan la posición.
 
    De forma paralela se nos cuenta la historia de una madre que acompaña a su hija, a una clínica abortiva a realizarle una intervención.  Las razones para llevar a cabo el procedimiento se nos revelan y todo es abordado con la suficiente humanidad que esperaríamos de alguien como la Le Guin.  Por otro lado, se nos cuenta acerca de dos manifestantes antiaborto, un hombre y una mujer que se cruzan en el camino con las dos anteriores; estos dos últimos no son retratados como personas a las cuales, yo al menos, tendría entre mis amigos.
     Este es el texto que mejor demuestra las virtudes narrativas de la escritora, pues posee un evidente drama humano al cual le saca partido; no obstante, el desenlace me parece es demasiado insignificante como para las expectativas que me había hecho.  Supongo lo anterior, porque la vida misma no siempre es tan épica o maravillosa como quisiéramos.
    Por cierto, considerando que estos trabajos transcurren en el "mundo real" (al menos los que he leído hasta ahora), este es el primero en el que se hace mención a la cultura popular y ello cuando uno de los personajes hojea una revista en la que aparece el actor Kevin Costner.  Algo curioso ¿No?
 
7. Las cucharillas del sótano.
 
    Una mujer encuentra en la vieja casa que habita junto a su familia, un valioso set de cucharillas de plata, seguramente de los anteriores dueños del lugar.  El curioso origen de esos objetos se descubre, cuando la actual anfitriona conoce en circunstancias muy especiales a una antigua habitante del lugar.
     Lo que parece de lo más estrafalario tras el primer encuentro, se vuelve más raro aún con el siguiente.
    Otro texto de la escritora que escapa a la causalidad y que se haya en el terreno de lo inclasificable.  Definitivamente no es mi tipo de historia.
 
8. Un domingo de verano en la costa.
 
    Un texto muy breve de menos de dos páginas, que solo sirve para demostrar de gran manera los desvaríos que puede llegar a tener una mente brillante como la de la "Tía Ursula".
 
9. Tiempo de sequía.
 
    En una casa el agua ha comenzado a salir roja y la idea es saber por qué.
    Lo que podría dar a un relato lleno de intriga y sorpresas, termina como otros textos del libro: dejándonos con una gran interrogante, acerca del sentido de algo tan extravagante como esto.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Pecados de omisión (cuarta parte).


     La historia que les voy a contar ahora ya la conocen en parte, pues me referí a ella cuando hice mi propio homenaje a Ursula K. Le Guin, al fallecer esta en enero del presente año. Pero ahora daré más detalles al respecto.  En una sucursal de una cadena de librerías que, gracias a Dios ha prosperado, de nombre TXT y en las que venden también música, películas y series (y hasta cafeterías tienen), hace más de 10 años que pillé entre sus ofertas la novela corta El Nombre del Mundo es Bosque; obra de ciencia ficción de la autora mencionada y no solo considerada una de sus mejores creaciones, sino que también ha sido  alabada por los críticos y los lectores, entre las grandes maravillas del género.   
     En aquel tiempo yo estaba cursando un diplomado en Literatura y en uno de mis paseos por dicha tienda me encontré con ese título y con Frankenstein Desencadenado de Brian Aldiss (quien nos dejó el año pasado no más).  La novela homenaje a la creación de Mary Shelley, calzaba justo con un trabajo que debía hacer sobre literatura gótica, así que no dudé con comprarla apenas tuve plata.  
      Me acuerdo que fue un viernes lluvioso de octubre, en el que corría el agua torrencialmente y aquella ocasión en el trabajo me dieron la tarde libre, pues era el Día del Profesor.  Contento me fui al Centro de Santiago, que luego de mi compra me pasaría al gimnasio, para después llegar más temprano que de costumbre a mi casa y descansar como bien me merecía.  Una vez dentro del local saqué de inmediato un ejemplar del texto que necesitaba y que deseaba leerlo desde que era un adolescente.  La verdad es que no recuerdo, si ya sabía de antes que también se encontraba la citada y galardonada narración de la Le Guin, pero sí tengo muy claro que cuando tuve en mis manos el otro libro, mis ojos se fueron hacia El Nombre del Mundo es Bosque, que me llamaba a poca distancia de donde había sacado Frankenstein Desencadenado.  El precio era el mismo en ambos casos, no obstante la narración de la escritora no era en tapa dura como la otra y además la encontraba tan cortita, que me “dolía” gastarme la plata en ella…Aún me remuerde la conciencia esta afrenta, a quien hoy en día es una de mis autoras favoritas, pues además no he tenido la suerte de volver a encontrarla.
      En 2017 por fin me leí El Exorcista de William Peter Blatty, relato que superó por completo mis expectativas, siendo de que se trataba de un drama que desde mi infancia había acaparado mi atención. Tuve el gusto de ir a ver al cine, en uno de esos programas dobles de antaño, El Exorcista III y que dirigió el mismo Blatty, adaptando su propia novela.   Era principios de los noventa y yo aún estaba en el colegio.  El filme original, el mejor de la trilogía (cuando ni se pensaba hacer todavía las dos precuelas) me gustó mucho, que gracias a la revista Fangoria y sus excelentes reportajes, me encontraba entusiasmado con dicho filme.  La verdad es que no recordaba mucho las pelis anteriores, que vi de niño ambas cortadas en la tele.
     Era la segunda mitad de los noventa, cuando ya era un universitario, cuando a la Librería Chilena y donde compro desde adolescente, debido a sus tremendos descuentos, le llegó por entonces la edición de Emecé de Legión, que así se llamaba la novela secuela directa del libro original y sobre el cual se hizo la citada cinta.  La verdad es que la menosprecié, que aunque disfruté harto el largometraje, no me pareció que valiera la pena tenerla.  Hoy en día daría mi reino por leer algo más de tremendo escritor. 
     Superman sin dudas que es uno de mis superhéroes favoritos.  No solo tengo en blu-ray todas sus películas (y originales más encima), desde la época del recordado Christopher Reeve, sino que también cuento con la bella serie animada de los noventa y todas sus pelis animadas que ha hecho DC a lo largo de los años...Para qué hablar de todos los cómics suyos que poseo, una verdadera colección que muchos me envidiarían (y les voy a confesar algo: Me dejo el rulo en la frente, o bien tratando de emular al kryptoniano o bien a su alter ego humano Clark Kent, je).
        Gracias a varias de las obras del Hombre de Acero que atesoro, conocí a Roger Stern, destacado guionista de historietas.  Pues resulta que también hace años ya, más o menos por el año 2000, tuve en mis manos una edición de bolsillo de una novela llamada Muerte y Vida de Superman.  Recuerdo su simple portada, con el escudo del Azuloso sangrante, como bien se popularizó con la famosa novela gráfica, en la que se enfrentaba a Doomsday por primera vez y en la cual moría al final de su épica batalla con él; además estaba tan barata, que no podía alegar que dinero no tuviera para adquirirla.  Muchas veces estuve a punto de llevármela y no lo hice, pese a que en los mismos noventa me compré el tomo compilatorio que sacaron los mexicanos de VID, de la saga de Dan Jurgens, una de las primeras historietas del género que tuve y disfruté enormemente.  Años después y no hace mucho, teniendo en cuenta cuando ahora mismo estoy escribiendo estas palabras, me encontré con la misma obra, aunque esta vez en tapa dura, que tampoco estaba tan cara que digamos; cuando esto último pasó, yo ya era un consagrado fanático del personaje y harto sabía de sus aventuras, que la ignorancia no podía ser ahora mi justificación como para desaprovechar esa oportunidad.  Cuando ahora me doy cuenta de mi error, me armo de esperanzas y pienso que tal vez podría conseguirme ese libro, que tal vez el librero que lo tenía (un señor muy pesado para atender) todavía lo podría mantener en su inventario.


     Justo por las fechas en las que desprecié el libro arriba mencionado, entre la enorme cantidad de títulos que llegaron a estos lares de Ediciones B y a costo muy económico, se encontraba Majestic de Whitley Strieber.  Yo ya sabía quién era este señor, que como conté en el primer post que le dediqué, cuando me leí de él Comunión me horroricé a tal punto, que me daba miedo apagar la luz de mi cuarto para dormir (bueno, tenía 18 años en aquel entonces y era mucho más impresionable que ahora, je).  Sabía que la premisa de esta novela suya era muy interesante para mi gusto, pues jugaba con una leyenda urbana que me atrae harto: la supuesta existencia de una agencia secreta de EE.UU., que oculta la información de su gobierno sobre extraterrestres y ovnis (los llamados Hombres de Negro).  Como todavía no me leía El Ansia, ni Gato Mágico (que me fascinaron ambos), solo me quedaban mis recuerdos de sus supuestas memorias, sobre las abducciones que sufrió en reiteradas ocasiones, para entusiasmarme a comprarme esta otra obra suya.  La verdad es que sabía que valía la pena solo desembolsar “luquita”, como decimos acá los chilenos (para que mis compatriotas vean lo barato que estaba) y, sin embargo, de todas las veces en que estuve a punto de llevármelo conmigo, al final nunca lo hice.  En la actualidad solo 2012 he podido conseguir de Strieber, que más encima aún no leo; pues en la práctica no es un autor del que llegue mucho, que digamos, a estos confines del mundo.


      Como bien pasó con la historia de la niña poseída por el demonio, la historia de Los Usurpadores de Cuerpos, sobre unos alienígenas que copiaban a personas para hacerse pasar por ellas, desde chico que me tenía muy interesado.  La culpa la tuvo un especial de televisión que vi de niño en los ochenta, llamado Los Amigos de E.T. y que me repetí todas las veces en que lo emitieron por acá, en una época en las que apenas iba al cine y el tevecable ni siquiera era una promesa propia de la ciencia ficción.  Y, sin embargo, nunca me he visto el primer filme que se hizo sobre la novela de Jack Finney; no obstante, sí he gozado en varias ocasiones la adaptación de Abel Ferrara que realizó en los noventa; mientras que las películas de los setenta y la década pasada, solo 1 vez las he contemplado (que la que tiene a Leonard Nimoy y Donald Sutherland de protagonistas, sí que es una joya, mientras que la otra…su final dulzón no puede ser más decepcionante).
     Fue justamente gracias a la mentada revista Fangoria, a la que tanto le debo, que logré enterarme de que tan terrorífica ficción provenía de un libro.  Me dispuse a comprármelo, apenas lo hallara por ahí, pero pasaron al menos 2 décadas como para que ello fuese posible (…y bien deben saber que no leo literatura, ni cómics, en formato digital).  El profesor que hizo el curso electivo de ciencia ficción, que tomé en la universidad, en una de nuestras conversaciones me dijo que Finney era un autor menor, lo que no dejó de impactarme; pues si ya a la fecha se habían hecho 3 versiones del libro, debía ser por algo más que casualidad, supuse; me guardé para mí descontento con la opinión de mi maestro, Juan Espinoza, al que admiraba y quería mucho.
     El año pasado estaba de visita en una de las dos sucursales de mi tienda de libros favorita, la Librería Chilena y en la que compro desde mi época de escolar (¿Ya les he contado al respecto, no?) y entonces se cumplió mi sueño largamente aplazado…Mas no lo compré ¿Por qué me dirán? La respuesta fue que aquella vez, me dije que como tenía tantos libros, para qué iba a gastar más plata y acumulando otro volumen para mi ya gargantuesca colección.  Cuando me arrepentí de mi estupidez, que al final no dejo de agregar un título tras otro a mi biblioteca (por no hablar de los cómics que sigo adquiriendo) y volví unos meses después al mismo local, ya no estaba ¡Imagínense cómo me reté, a mí mismo, por tan mala decisión!
      Al peso de mi culpa se sumó, que tras leer el formidable ensayo de Stephen King, Danza Macabra, entre febrero y marzo de este año, me tropecé con un apartado en dicho libro dedicado a la novela de Jack Finney; pues resulta que mi escritor favorito adora dicho texto y lo quiso poner como ejemplo, en su estudio dentro de lo más recomendable de la literatura de terror contemporánea.  King no podía estar equivocado.
     El viernes pasado, no más, estaba en la misma sucursal de la Chilena con mi amigo Marcelo López y le conté de mi pesar sobre Los Usurpadores de Cuerpos.  “Marlo” me animó a preguntar si les quedaba algún ejemplar, que ya antes lo había hecho con tristes resultados.  No obstante, en esta ocasión el vendedor que nos atendió, se tomó la molestia de revisar el listado de existencias en el computador de la tienda y me dijo que sí quedaban tomos; se puso a buscar en las estanterías y nada encontró, que los 2 compradores compulsivos igual intentamos ayudarle (o más bien, ayudarnos a lo que ambos queríamos).  Cuando la pesquisa se hizo infructuosa, decidimos abandonar el lugar con la cabeza gacha y eso que nos llevábamos con nosotros otros libros que no dejamos de adquirir.  Y entonces, con un verdadero grito, nuestro héroe nos dijo “¡Los encontré!” (o algo parecido).  Por supuesto que los dos amantes de la ciencia ficción y del terror (bueno, en este último subgéner, yo soy lejos más lector que la pareja de mi comadrita Ledda), sacamos nuestras billeteras de nuevo y ahora sí que salimos a la aventura del último día de Vacaciones de Fiestas Patrias, con sendas sonrisas en nuestros rostros de querubines.  
     Como ya se habrán dado cuenta, ya me resarcí de mi pecado de omisión con Los Usurpadores de Cuerpos, así que nunca hay que perder las esperanzas.  Además, por si no se han enterado leyendo las actualizaciones de mi blog, de igual manera me redimí con Robert McCammon, que me compré gracias a la magia de Internet Baal y Huida al Sur, que al primero ya le dediqué un post, mientras que el segundo libro todavía lo estoy disfrutando.  Es solo cosa de armarse de paciencia, que el que la busca la consigue.


jueves, 25 de enero de 2018

Enero: Mes de despedidas.


      Los chilenos aún no enterrábamos siquiera a Nicanor Parra, cuando los amantes de la ciencia ficción y la fantasía sufrimos el mismo día por la muerte de Ursula K. Le Guin.   Como ñoño con gusto por la lectura he leído más a esta señora, que al antipoeta y no creo que ello sea algo para avergonzarse.  Por ende, lamento mucho más esta partida, puesto que cuando me acuerdo de ella, puedo rememorar horas y horas de mi vida disfrutando algunos de los textos de ficción más sublimes que he conocido.
      Mi primer acercamiento a esta dama de las letras fue cuando estaba en la universidad, en primer año de la carrera de Pedagogía en Castellano en la UMCE (ex Pedagógico).  Era 1995 y yo era alumno del que creo fue el primer curso a nivel universitario que se hizo sobre ciencia ficción.  Este era dado por el físico Juan Espinoza, un hombre muy amable y del que guardo muy buenos recuerdos.  En la enorme biblioteca suya, que tuve la suerte de conocer y abarcaba un cuarto entero, se encontraba un ensayo bastante completo acerca del género que nos había reunido y el que gentilmente me prestó.  Apenas tengo recuerdo de sus páginas, pero sí tengo claro que era denso el texto y que entonces para mi falta de madurez intelectual me pareció complicado entenderlo; no obstante, en sus páginas se encontraba un capítulo dedicado en exclusiva a La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin y de inmediato lo que decía al respecto me encantó: un planeta que permanece en un invierno blanco de forma permanente, con una especie humanoide que pasa parte de  su vida siendo andrógina o asexuada y que durante periodos pueden ser o bien de género masculino o de género femenino.  Era la primera vez en que me encontraba con una obra de este tipo que abordaba el tema de la sexualidad, que entonces pensaba que la ciencia ficción era solo futurista, robots, extraterrestres y “efectos especiales”.  Al año siguiente, el profe Juanito, como me gustaba llamarlo, al haberme convertido en su alumno ayudante en otros semestres de la asignatura, me regaló el dichoso libro.  Me lo leí al tiro (como nos gusta decir acá en Chile, o sea, raudo y/o casi de inmediato) y como esto fue ya hace más de 20 años y mi memoria es frágil… ¡He olvidado el resto de su contenido! 
      Los nombres de la mayoría de los libros de esta autora siempre me parecieron muy poéticos, siendo que además fue la primera autora mujer (aunque suene redundante), que supiera escribía ese tipo de historias que tanto me gustaban (bueno,  aparte de Mary Shelley de Frankenstein, aunque cuando esta última realizó tal magna obra aún no se acuñaba el concepto).  Por lo tanto, los títulos y el género de su creadora, eran motivo suficiente para querer leerla: Los Desposeídos, Las doce moradas del viento, La rueda celeste, Las llaves del aire, La liberación de una mujer, El lugar del comienzo…Títulos evocadores para historias llenas de una prosa poética y sensibilidad, que siempre la relacioné con Ray Bradbury y Orson Scott Card.  La Le Guin era una autora feminista, pero además en sus escritos se notaba que era una mujer la persona detrás de esas ficciones, no por un sentimentalismo romanticón, sino porque desde que soy un ávido lector, he podido comprobar que las damas que se dedican a este arte, lo hacen con una belleza que solo ellas pueden lograr… ¡Y vaya que disfruto la ciencia ficción o la fantasía escrita por féminas!

     He leído harto de esta señora, no obstante para qué les voy a mentir: No recuerdo mayormente sus narraciones: Me he pasado por sus novelas (La Ciudad de las Ilusiones, El ojo de la garza y El mundo de Rocannon), también por algunas de sus antologías como Planos Paralelos.  Pero es, sin dudas, en su ciclo de Terramar, compuesta por 5 novelas, que más he disfrutado su talento (todavía no puedo conseguir su colección de cuentos relacionados).  No quepa duda de que se trata de unos de los mejores ejemplos de la fantasía ¿épica?, con magos, dragones y todo tipo de criaturas increíbles, que nos hablan de lugares tan distintos al nuestro y aun así tan cercanos a nuestra realidad, que una autora como “la tía Úrsula” (comprometida sin dudas con las grandes preocupaciones de la humanidad) logró plasmar a través de sus sueños.
     He estado pensando hace un rato ya escribir sobre lo que llamo mis pecados de omisión, referido a aquellos libros que encontré en oferta o a mano en algún momento de mi vida y  de puro tonto no compré.  Luego, tras perder esa oportunidad, ya nunca más volví a tener tal oportunidad…Son unos cuantos títulos que me pesan sobre mi conciencia, je, que de seguro a más de uno le ha pasado.  Pues con la escritora a la que hoy rindo este homenaje, también tengo una historia parecida.  Fue más o menos entre 2005 ó 2006, cuando estaba bien barato El nombre del mundo es bosque, que está considerado entre sus obras cumbres ¿Y por qué no lo hice si contaba con el dinero para ello y ya hace rato que conocía las virtudes de su literatura? Pues… ¡Porque era muy corto para mi gusto! En definitiva fui un tonto y merezco que así me pille Nyarlathothep.  No he vuelto a pillar ese libro por acá y menos con tan buen descuento.
      Lo último que me compré de Ursula K. Leguin fue una edición de lujo, enorme y con ilustraciones de El eterno regreso a casa, que lo adquirí en diciembre pasado, una compra que me hizo muy feliz.  Mi amigo Leonardo Navarro me dio el dato de que había llegado a otro precio más que aceptable, así que como uno aprende de sus errores…Creo que para seguir honrando la memoria de su autora, sería bueno leérmelo estas vacaciones de verano, que aún me queda mucho.
      Ahora que falleció, lo más seguro que las productoras de cine y televisión les dé por hacer adaptaciones de su obra, que lamentablemente pese a su prestigio, tuvo escasa atención de estos en vida y respecto a las dos últimas que se realizó de ella, mejor no hablar.  A ver si ahora que nos queda poco con Juego de Tronos. en materia de programas basados en sagas literarias de fantasía, se atreven con el ciclo de Terramar, que harto material tienen.
       Termino este tributo mío con las palabras de la misma dama a la que hoy despido, quien como podrán darse cuenta si no la han leído, no solo nos dio algunas de las historias más brillantes de la ciencia ficción, sino que sabía que esta es mucho más que mero entretenimiento y evasión.

“La ciencia ficción no es algo menor. Y no es solo, ni especialmente, la Enterprise, Star Wars o las tropas del espacio. Significa experimentar con la imaginación, responder preguntas que no tienen respuesta. Implica cosas muy profundas, que cada viaje es irreversible...”.

¡Huérfano de la Tía Úrsula!

martes, 23 de enero de 2018

¿Vas y vuelves?



     Definitivamente la poesía no es lo mío, que lo que me hace vibrar son las historias y los grandes personajes.  En cambio las palabras que ilustran los sentimientos y las ideas, de la manera más sublime posible a través de versos y figuras literarias, pocas veces logran tocarme…Incapacidad mía, en todo caso, que no menosprecio esta forma de hacer arte, al contrario, la valoro mucho.  Gracias a Dios debido a mi labor como profesor de Lengua Castellana (que en Chile implica enseñar también literatura…y harta, menos mal, que es lo que a mí me gusta), puedo tener mis acercamientos con el género lírico y así disfrutar, de vez en cuando, uno que otro poema.  Incluso hay quienes en mi trabajo (alumnos, colegas y jefes) creen que me gusta este tipo de arte, pues en más de una ocasión he leído una obra frente a la comunidad o a un curso al que le hago clases, recitándola de la manera más comprometida posible con su mensaje, pero es lo que corresponde de un profesional en el área al que me dedico ¿O no?
      Ahora mismo me iba a poner a escribir otro post, el habitual texto ñoño de mi autoría que encuentran acá (le tocaba a unos preciosos cómics escritos por Neil Gaiman, que me leí en mi reciente viaje a la playa), hasta que gracias a mi amigo Marcelo López, me enteré de que falleció recién Nicanor Parra.  Por toda su contribución para las letras nacionales, en lengua castellana y en general a las de todo el orbe, como también por el hondo respeto y aprecio que siempre me ha merecido don Nica (como cariñosamente le llamábamos), le dedico estas sentidas palabras.  
       No voy a referirme a su extensa vida como literato, que, por un lado, soy un ignorante en esos temas, ya que no leo poesía fuera de mi labor profesional.  Y si quieren saber más de él, mejor googleen, que les seguro así se enterarán mejor sobre la vida y obra de este gran hombre.  Pero sí diré otras cosas de él que para mí son significativas, como que a sus 103 años de edad aún seguía bastante lúcido hasta poco antes de fallecer y a lo largo de su fructífera e intensa existencia fue nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura, el que lamentablemente nunca ganó; no obstante, se podría decir que este galardón es como el Oscar hollywoodense, pura parafernalia y está lleno de influencia políticas (que no sé si económicas)…¿O acaso ignoran que solo por haber escrito sus memorias a Winston Churchill le dieron este codiciado trofeo, tras haber ganado la Segunda Guerra Mundial los Aliados y de los que él fue uno de sus líderes? Así fue, en vez de dárselo a verdaderos narradores y poetas. De igual manera no voy a dejar de estar en desacuerdo con que se lo hayan concedido hace poco a Bob Dylan, un popular cantautor gringo… ¿Premio Nobel de Literatura o Premio Nobel de Música? Todo eso me pareció de una demagogia tremenda, que sin menospreciar el talento de este otro artista, aquí me atengo al dicho que dice “Pastelero a tus pasteles” (sorry, no puedo evitar ponerme polémico a veces).  Sin embargo esto es harina de otro costal y me estoy yendo por las ramas, creo.  En todo caso el antipoeta recibió tantos otros honores en todo el ancho mundo, que de seguro ni le importó la ingratitud de las autoridades de la Academia Suiza.
     ¿Qué tiene de especial el trabajo de Parra, que sí logró interesarme con sus creaciones? Pues que como poeta tradicional, lo poco que le he leído, sin dudas, que me ha llegado al corazón; tal vez no siempre vivencialmente, pero sí en todo momento emocionándome por las bellezas de su discurso.  No obstante es en su llamada antipoesía, subgénero poético de su propia creación, que este más consiguió mi atención.  En pocas palabras (y para quienes no saben a qué corresponde este tipo de versificación), se trata de llevar la poesía al mundo cotidiano, haciéndola más cercana al resto de la gente que no está acostumbrada a las crípticos metáforas de la lírica típica; así que a veces usaba lenguaje común y corriente, para estos textos, con lo que se completaba el sentido de toda su intencionalidad.  No obstante es su lado humorístico, usando una fina e inteligente ironía, lo que más me gusta de todo esto; la crítica social ácida va muy de la mano con estos escritos.  A continuación un ejemplo que sirve para ilustrar lo que digo, que con un fragmento me entenderán mejor:

Manifiesto.

Señoras y señores
Ésta es nuestra última palabra.
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo.

Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.

A diferencia de nuestros mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.

Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.

Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.

Este es nuestro mensaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
Todos estos señores
-Y esto lo digo con mucho respeto-
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón. 

Nosotros repudiamos
La poesía de gafas obscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda. 

     Asimismo realizó una serie de 242 postales llamadas Artefactos (los juegos de palabras vienen a ser otro elemento característico de su lírica y como bien me gusta este recurso, obviamente mayores razones tengo para disfrutar lo que hizo), en las que utilizó varias imágenes de corte lúdico para acompañar breves, aunque chispeantes antipoemas, en lo que viene a ser uno de sus trabajos más rupturistas y recordados.  Como muestra, un botón:




      Don Nica era profesor, colega mío, físico y matemático más encima, así que era una de esas personas brillantes que son capaces de llevar de forma armoniosa dos ramas aparentemente contrarias: la lógica de los números y las ciencias duras y exactas, con la creación artística de las palabras.  Por ser colega mío, que hizo clases en colegios y luego, ya consagrado, en universidades, mayor razón tuve para sacarme el sombrero ante él.  Cuando estaba en primer año de la carrera de Filosofía, entre los 18 y los 19 años, tenía un amigo que estudiaba ingeniería; bastante “cuadrado” en muchas cosas y una vez en que me contó que le hacía clases nada menos que el antipoeta, le pregunté qué cómo ello era posible (entonces no sabía de sus títulos académicos)

-          Para que los ingenieros no seamos tan insensibles- Me respondió (o más o menos ese fue el sentido de su contestación).

      Entre el año pasado y este lo he visto como personaje en dos obras de teatro.  Primero en una de las piezas dramáticas más emblemáticas de la dramaturgia chilena: La Negra Ester, basada en las memorias en décimas de su hermano Roberto Parra.  Luego, hace unas semanas atrás no más, en Paloma Ausente, otra preciosa obra de La Patogallina, mi compañía favorita de teatro criollo.  Y es justamente en esta última pieza, sobre la vida de su hermana Violeta Parra, que se encuentra presente un aspecto muy valioso en la biografía de don Nica que aprecio mucho: Que impulsara con su apoyo y consejos a la sin par Violeta, a llevar a cabo su importante labor como recopiladora de canciones folclóricas chilenas; con lo que luego la artista realizó algunas de sus mejores composiciones.  De este modo, fue la inspiración tanto para ella, como para muchos, incluyéndome.
      Cuando cumplió el siglo, en una irreverente publicación semanal llamada The Clinic. le hicieron un especial y la portada me encantó, con un fotomontaje en grande con su rostro y usando otro gracioso juego de palabras: 
      Hace unos años atrás se realizó una exposición en un importante centro cultural (el GAM, cuyo nombre completo es Centro Cultural Gabriela Mistral, en honor a nuestra importante primer Premio Nobel de Literatura, de los dos que como país poseemos) y allí tuve el gusto de ver un excelente documental filmado en plena dictadura de Pinochet (que tuvo sus buenos problemas con la censura durante su producción y posterior exhibición), que recién se pudo ver de forma masiva en Chile en 2014, gracias justamente al The Clinic, que lo vendió a un precio bien barato en los kioscos en DVD.  Este documento histórico tiene valiosas entrevistas a don Nica, así como lecturas de algunos de sus trabajos por parte del mismo, incluyendo curiosas dramatizaciones de importantes actores nacionales.  Es una delicia ver y disfrutar este filme.
     En materia de efemérides relevantes de la más reciente historia literaria chilena, se puede decir que el 23 de enero es fatídico para nosotros, pues hace 3 años exactamente perdimos a Pedro Lemebel y ahora se nos fue Nicanor Parra.  Por la tarde me enteré de que si bien era gringa, los amantes de la buena ciencia ficción y fantasía, perdimos además este mismo día a Ursula K. Le Guin, autora de quien he leído algunas de las ficciones que más hermosas me han parecido (se viene un homenaje dedicado a ella, se los aseguro),  Así que quedará esta fecha grabada a fuego en mi memoria.
       La noticia de la muerte de Nicanor Parra se supo justo cuando el presidente (re) electo Sebastián Piraña, perdón, Piñera, presentaba al país su nuevo gabinete (ministros y todo eso).  Como tienen la mala costumbre acá, un verdadero chiste y falta de respeto a la pedagogía, su Ministro de Educación es… ¡Un economista! Como si no creyeran que un profesional de la educación, alguien que se haya curtido en las aulas escolares como don Nica y lo también mencionados Gabriela Mistral y Pedro Lemebel, fuesen capaces de hacer una labor digna.  De veras que la educación es un negocio y no un derecho y una obligación para formar personas y a las nuevas generaciones. A muchos nos gustaría que quien estuviera a cargo del Ministerio de Justicia o de Salud fuese un maestro de escuela, en vez de un abogado o juez o médico respectivamente.  Esta situación bien amerita un antipoema político del recién fenecido, como muchos de este estilo que llevó a cabo.
      Uno de los Artefactos de don Nica a manera de epitafio suyo dice: Voy y Vuelvo.  Quiero creer eso de él y de todos esos artistas que con su talento han logrado hacernos soñar y crear belleza de la nada.


                                                                    El comienzo de Cachureo.

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