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jueves, 1 de agosto de 2019

¡Mucho mejor que la segunda temporada!

1. La historia.

     Luego de 2 años de espera, por fin este pasado 4 de Julio (¡Un día antes de mi cumpleaños no más, así que una razón de más para esperar esta fecha!), se estrenó la tercera temporada de Stranger Things. El show ochentero de terror centrado en un grupo de niños, perdón, ahora adolescentes, volvió a contarnos una nueva historia de intromisión del "Otro lado" en el pueblito de Hawkins; y como ya es habitual dentro de la serie, los acompañan unos cuantos adultos que ya conocemos y queremos, como sus hermanos mayores que ya están por ingresar a la vida adulta. Por otro lado, la trama transcurre en plenas vacaciones de verano, cuando los chicos debían estar disfrutando de su merecido descanso, pero como ya sabemos para los héroes no hay verdadero descanso.
     En esta ocasión tenemos un nuevo monstruo que, la verdad, logra superar en apariencia, peligrosidad y truculencia al recordado demogorgon de las temporadas pasadas. Más encima, la criatura va pasando por numerosas etapas y/o evoluciones, hasta su forma final y que se conecta con eventos ya pasados en el show. La manera que tiene la entidad de alimentarse, si bien quizás no sea original del programa, resulta ser tanto interesante como horripilante.
     Se suma a lo anterior, "humanos infectados" por el ser, especies de zombies que potencia aún más el grado de terror de la trama (idea, que en parte, se relacionó con el homenaje a George Romero, que sus seguidores podemos reconocer en uno de los capítulos).

2. Nuevos temas.

     Al lugar donde viven los protagonistas, no solo llegan monstruosidades de otro mundo, sino que también la modernidad. Es así que podemos ver el impacto que produce en la aislada y pequeña localidad de Hawking, la creación de nada menos que un mall o centro comercial, con lo que se revoluciona todo el lugar. Impacto no solo comercia,l que se nota está devastando a los negocios pequeños, como aquel en el que trabaja el personaje de Winona Ryder; sino que cultural, al centrarse buena parte de la vida pública en este sitio, que viene a ser el mercado del mundo postmoderno y capitalista, que un programa como Stranger Things nos representa por medio de los “gloriosos ochenta de Ronald Reagan”.
     Por otro lado, nos encontramos con nuevos villanos de parte de los humanos. De los científicos malvados y maquiavélicos, que aprendimos a tener desde el principio de este título, los creadores de nuestro querida serie pasan ahora a uno de los mayores temores y preocupaciones del mundo de aquellos años (y en especial de los gringos): la llamada Amenaza Roja, propia de la Guerra Fría, en la que vivía un entonces polarizado planeta y donde justamente USA era el centro del hemisferio de derecha. Todo esto se hace ver con gran espectacularidad y entretención para el espectador, hasta cierto punto de forma maniquea, con "malos" por completo fríos a la hora de matar y usar a sus subordinados y, no obstante, nos dan la grata sorpresa de que hay gente bondadosa en todas partes (incluso entre los "comunistas rusos").
      Asimismo, tal como dice el viejo dicho:

"En pueblo chico, infierno grande".

      Que el cuadro de todo esto se completa, con la introducción de un tema recurrente en las grandes narraciones y, como no, lamentablemente presente en la vida real (que no olvidemos, el arte es y debe ser reflejo del mundo en el que vivimos): la corrupción política. De este modo, se introduce un "pequeño" villano local, que cumple con estas características.
      Por otro lado, se introduce otro leiv motiv recurrente en las facturaciones gringas: el periodismo. Y es que personajes dedicados al llamado "Cuarto Poder" abundan y más en las historias relacionadas con la fantasía (tan solo recordemos que Clark Kent y Peter Parker son fotógrafo y periodista respectivamente, también conocidos como Spider-Man y Superman). Es así que dos de los protagonistas, los hermanos mayores de un par de los chicos de la pandilla, trabajan en el periódico del pueblo, lo que da origen a subarcos argumentales bastante interesantes y a que estos se involucren por su cuenta, en el conflicto mayor de la trama central.
      Y no se puede dejar de lado que en cuanto a temáticas y subgéneros, que vienen a ser abordados dentro del argumento de esta temporada, podemos reconocer un tópico caro a las obras del vampirismo: el lacayo humano del monstruo mayor que acecha en las sombras y al que se le ha concedido una que otra habilidad extraordinaria, para ayudar a su maestro a conseguir sus fines. Pues esto, lo podemos reconocer en uno de los personajes secundarios, introducidos en la temporada anterior, hecho que a la trama ayuda a hacerla más atractiva y compleja.
 


3. Evolución de los personajes.

      El tiempo pasa rápido y ello se hace notar en especial con los menores de edad, que cabe recordar los mejores personajes del programa y/o los más destacados (pese a la presencia de una estrella reconocida como Winona Ryder, a estas alturas de la vida ya toda una veterana), corresponde al grupo de amigos con los que comenzó la historia hace 4 años atrás. Y es que los hemos visto crecer, que sus mismos actores también lo han hecho y uno de ellos hasta fue protagonista de un éxito del cine hollywoodense, como lo es It, al punto de que esta cuarta temporada ya no los tiene como infantes, sino como adolescentes en los primeros años de esta etapa de sus existencias. De este modo, podemos ser testigos de su despertar sexual, a través de sus primeros romances, ya sea por los primeros besos y caricias (en un par de ellos) o por un aún más ingenuo interés, más bien de tipo intelectual (y hasta "ñoño", je).
      A lo anterior, se suman los conflictos con los pares, debido a los típicos celos hacia los amigos, que ya no pasan tanto tiempo con sus viejos camaradas y en vez de eso, prefieren pasar más tiempo con su pareja. A esto se le suma un significativo detalle: la posibilidad de no compartir la misma orientación sexual de la mayoría (veremos más adelante, si en verdad se atreven a tratar este tema en futuras temporadas y con protagonistas menores de edad).
     Luego uno de estos romances, justamente el más importante de los dos que aparecen, tiene otro tipo de consecuencias: el problema con los padres, que se preocupan de que sus hijos estén yendo más allá de lo que ellos querían en sus relaciones amorosas; de este modo, no encontramos con el miedo natural de los progenitores a perder la atención de sus hijos y su error cuando caen en la sobreprotección... ¿Y en quién vemos este tipo de dilemas? Pues nada menos que en el bueno de Hooper, quien ahora ya lleva tiempo como padre adoptivo de Once y se encuentra, debido a todo su historial como padre que ya perdió una hija, ante este dilema.
      No podemos olvidar a la abnegada madre a cargo de la Ryder, quien cada vez se ve más segura de sí misma, si se considera el sufrimiento por el que pasó en la primera temporada. Toda una mujer de acción viene a ser este simpático personaje, quien demuestra que los cuarenta son una edad aún con mucha vitalidad por delante y que las madres siempre serán verdaderas heroínas.
      Y regresando a Hooper, pues a este lo vemos más como civil que con uniforme y lo que se estuvo suponiendo desde las temporadas anteriores, ahora en plan romántico y con quien era de esperarse desde hace rato, por fin se concreta. Por otro lado, un gracioso guiño a los ochenta se presenta en su figura, al aparecer de bigote y con camisa tropical, emulando a un popular personaje televisivo de aquellos años (por cierto, no deja de llamar la atención lo goooordo que está en esta temporada, el guapo David Harbour, quien lo interpreta, que llega a estar mórbido...toda una decepción para sus admiradores/as, que quedaron fascinad@s con él al conocerlo gracias a la primera temporada. No obstante, habría que averiguar si su sobrepeso se debió a exigencias del papel o no, puesto que luego de filmar  esta temporada, que al parecer estuvo sin estrenar cerca de un año, fue el nuevo Hellboy para el cine y por ello adelgazó y entrenó bastante).
      Por igual, habiendo ya dos muchachas en el grupo, es posible abordar el tema de la amistad femenina y ello presente entre Once y Max. Esta variante de las relaciones fraternales, completa el cuadro en el que los chicos, que llevan el mayor peso dramático del guión, nos los hace aún más cercanos a gente de generaciones mayores: al verlos como un reflejo, de lo que en nuestra época llegamos a ser y a tener, mientras éramos como ellos.

4. Otros personajes.

      Dos secundarios regresan en gloria y majestad, llegando a tener un protagonismo mayor que antes y en el caso de uno de ellos, convirtiéndolo ahora en un personaje principal: me estoy refiriendo al chiquillo de la primera temporada, que primero conocimos como un patán y Don Juan, quien ahora ya maduro cobra verdaderos ribetes de héroe juvenil. Este realmente nos resulta ahora más simpático que nunca, que lo vemos junto a uno de los grupos en los que se subdivide la historia, hasta que todos convergen hacia el clímax. Gracioso y enternecedor aparece este joven, ya convertido en alguien que está dando sus primeros pasos a la adultez.
     Luego, nos reencontramos con el teórico de la conspiración que conocimos la temporada anterior y quien ahora tiene un papel tan divertido, que ahora, sin dudas, acapara nuestra atención.
      Por otro lado, tenemos a dos personajes femeninos nuevos, ambas caracterizadas como mujeres inteligentes y valientes, que da gusto el aporte que le hacen a la historia. Una de ellas una compañera de trabajo, del mismo chico al que me referí más arriba y que en contra de lo esperado para las convenciones propias de este tipo de obras, mira a su colega con ojos diferentes al de la muchacha típica. La otra es una niña de carácter muy fuerte, que incluso puede resultar molestosa, pero que luego cuando se nos sorprende, convirtiéndola en una de los secundarios de relevancia, consigue simpatizarnos y es que, la verdad, tiene bastante en común con la tropa que nos conquistó desde el principio del show.

5. Lo que podemos disfrutar.

      A las aventuras de cada uno de los grupos que conforman esta serie, no les puede faltar su buena dosis de gore, terror y humor; de igual manera no faltan los momentos de acción y ciencia ficción, que serán la delicia de los más ñoños de la casa, cuando aparecen los superpoderes y nos encontramos frente a la eterna lucha del bien contra el mal. Asimismo, hay uno que otro momento emotivo, que estamos hablando de personajes entrañables y que ya tienen sus seguidores hace rato, tan bien caracterizados, que resulta imposible no sentir en carne propia sus alegrías y penas.
      Queda claro, espero, que estamos hablando de una temporada superior a su predecesora, si bien para mucho la mejor es la primera (quizás más bien por la novedad, que significó en su momento, que esta otra tiene hartas virtudes a su haber como para hacerla inolvidable). Igual habría sido genial, volver a ver a la hermana de Once y al grupo de esta; quizás en un futuro cercano, podríamos tenerla de vuelta y donde se pudiera profundizar, el tema de los chicos con superpoderes.
       Por último, si no se habían dado cuenta o aún no ven esta temporada: tras los créditos viene una importante escena, que da luces sobre el verdadero destino de uno de los protagonistas.


                                                                Tráiler de la tercera temporada.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Pecados de Omisión. SEXTA PARTE.


1- Visiones Nocturnas: Martínez Roca fue una editorial española que en los noventa publicó preciosos tomos de ciencia ficción, fantasía y terror, de grandes autores. Dentro de lo mejor de su propuesta, estaban sus coloridas y llamativas portadas, hechas exclusivamente para el lector de habla hispana y que seguían la rancia tradición gringa de atraer al posible lector con dibujos llamativos (algo que de manera lamentable, las empresas del rubro española y latinas tienden a evitar, ya sea para no pagar a los artistas que se dedican a ello o por creer de forma errónea que algo así rebaja el nivel artístico de la obra en sí).
      Durante esa época gloriosa, MR (sus siglas) sacó un montón de antologías, muchas de ellas premiadas. Solo cuando ya tuve cierto poder adquisitivo, una vez que me hice independiente, pude adquirir algunas de estas joyitas; aunque ello cuando se acercaba ya el declive de la empresa. Fue así como a mi querida Librería Chilena (en la que compro desde que era adolescente), llegó una tremenda partida de varios de sus títulos. Mi amigo Marcelo López, de quien ya me he referido varias veces por acá (aunque el muy desgraciado apenas me lee y mucho menos me comenta), me dio el dato y nos fuimos juntos a ver qué les había arribado...¡Era como para tener un orgasmo de pura dicha! De inmediato le eché el ojo a unos tres títulos y a lo más me alcanzaba como para llevarme uno no más. Pero Marcelo (Marlo para los más cercanos), mucho mayor que yo y quien ya ganaba su sustento, tuvo el bello gesto de prestarme dinero y de ese modo me pude ir muy contento. 
       Pero había quedado una antología que preferí dejar para otra ocasión y eso que conocía desde hace un tiempo a los tres autores que contribuyeron para sus páginas: George R. R. Martín, Dan Simmons y, mi predilecto, Stephen King. Yo ya sabía de ese volumen gracias a mi preciada revista Fangoria, que compraba desde mi etapa escolar; a su vez no me era desconocido el nombre del antologista, el estudioso Douglas E. Winter, de quien aún estando en el colegio adquirí otra valiosa colección. Y, sin embargo, dejé pasar el tiempo en conseguírmelo, hasta que inexorablemente desapareció de estos lares.
      La lista de textos que comprenden dicho volumen, incluye cuentos y novelas cortas por cada autor, siendo que de King dos de sus narraciones de allí no se encuentran en otras ediciones en castellano (¡Más encima una de ellas trata el tema de los universos paralelos, de entre mis favoritos!). Uno de los cuentos de Simmons fue adaptado para la serie televisiva Monsters, que nunca he logrado ver y en cuanto a la novela corta del "perro" de Martín (¿Hasta cuándo nos va a tener esperando los dos últimos tomos de Canción de Hielo y Fuego?), creo que se trata de una obra de licantropía magnifica.


2- Observadores del Pasado: La Redención de Cristóbal Colón de Orson Scott Card: Por estas fechas está de cumpleaños otro amigo "histórico", Iván Piñeyro, específicamente el 2 de junio. Como un socio más en ñoñerías y en especial con quien comparto el amor por la literatura de ciencia ficción, vez que me toca saludarlo por "el Día de su Nombre", hago lo posible por obsequiarle un buen libro u otro detallito que podría gustarle.
       Me encontraba yo en mi primer par de años laborando como profesor y aunque la paga no era muy buena, atesoraba mucho lo que ganaba...Así que cada cosa que compraba era doblemente valiosa para mí, en especial si lo hacía para dárselo a alguien que para mí fuese importante. Aquella vez estaba de nuevo de vuelta en la mentada Librería Chilena, el lugar ideal para muchos de mi círculo, a la hora de conseguir a buen precio un libro valioso y que uno sabe que su destinatario lo sabrá apreciar. Yo ya antes había gozado en demasía mi primera lectura de El Juego de Ender, así como vi en la fascinante colección de mi amigo varios otros facsímiles de Card, en Inglés eso sí, que él siempre me estuvo recomendando. Pues no dudé en llevarme conmigo esa novela sobre viajes en el tiempo (otro tópico que me agrada demasiado), aunque no para mí. Se trataba de una bella edición de la Colección Nova, el prestigioso catálogo de ciencia ficción y fantasía dirigido por el maestro Miguel Barceló, el cual además acostumbraba acompañar sus títulos con pulcra presentaciones de los autores y aclarantes análisis del libro según correspondiera, siempre de forma amena (quien para pena nuestra, dejó de llevar en sus manos tal proyecto no hace mucho, no sé por qué razón). Creo que fue una de las pocas ocasiones en que no pedí dos ejemplares, el otro para mí; algo que dejé de hacerlo, tras perder esa oportunidad única de tener también para mí dicho libro. Nunca más tuve entre mis manos tal texto, de quien hoy en día considero mi segundo escritor fetiche.


3- Hellboy, Casos Aún Más Insólitos: ¡Tanto que adoro al diablo rojo de buen corazón y enemigo acérrimo de las fuerzas de la oscuridad sobrenaturales y apenas he leído historias suyas! Tengo en mi colección unos pocos cómics donde aparece y en su mayor parte lo que más he disfrutado suyo, han sido sus dos primeras películas de imagen real y sus dos filmes de animación (con pena digo, que no alcancé a ver en el cine su rebot, que acá duró menos que un candy). Sin embargo, pude ser dueño de un pequeño tomo, aunque significativo, de cuentos suyos realizados por varios autores, uno de ellos nada menos que Frank Darabont (¡Sí, el mismo realizador detrás de algunas de las mejores adaptaciones para la pantalla grande de la literatura de Stephen King, entre ellas Sueños de Fuga y La Niebla!). 
      Este "librito" que alcanza a poco más de 250 páginas, posee ilustraciones nada menos que del creador del personaje: Mike Mignola. Ille tempore lo tuve en mis manos y pude pagar por él, que estaba en una pequeña repisa junto a otros títulos de la colección de la Editorial Norma, que lo había sacado a la lengua de Cervantes; pero vez que iba a la Librería y Distribuidora Antiyal (sitio que ya ha sido mencionado por mí, al menos una vez en esta serie de posts), era para gastarme la plata en historietas y solo una o dos veces ocupé lo que tenía en una obra literaria; por lo tanto los libros quedaban en segundo plano para mi durante esas excursiones.
       Como ya ha pasado en ocasiones de este tipo, el tomo fue descatalogado y me quedé con el deseo frustrado de hacerlo mío.


4- Marfil de Mike Resnick: Creo que les he contado en ocasiones anteriores, de mi antiguo grupo ñoño de Acronía, una especie de club informal del cual fui uno de sus fundadores y que originalmente pensábamos sacar algún tipo de publicación dedicada a la ciencia ficción y géneros hermanos. Al final la amistad prevaleció durante años y los únicos proyectos que concretamos fue juntarnos para ver alguna peli o serie de nuestro gusto, además de comer algo rico. Hoy en día de esa gente, de los que conocí para cuando se gestó todo, solo me quedan mi amigo Marcelo López, de quien ya saben bastante ¿No?; como también Leonardo Navarro, a quien creo estaba destinado ser su amigo, pues antes nos pillamos en varias actividades de este estilo (de hecho, ahora que recuerdo bien, fue cuando por esos días fui a ver Entrevista con el Vampiro al cine, que me encontré de nuevo con el "Hobbit-Panzón-Austral", como me gusta llamarle, quien me dio el dato de la cita).
       Estábamos en el Centro Cultural de España un día de diciembre de 1995, poco después de terminar mi segundo año en la universidad, en un evento ñoño que por aquellos tiempos era casi lo único de su tipo que hacía por estos lares (la Comic Con era algo de lo que solo sabían los más sofisticados, o sea, quienes por lo general habían vivido en el extranjero o viajado allá). Recuerdo que había terminado una mesa redonda o conferencia, ya no sé de qué y nos quedamos charlando unos cuantos del público, junto a uno o dos de los conferencistas. De allí salió la idea de reunirnos fuera, para charlar más sobre los temas que nos apasionaban y uno de los presentes, Rodrigo Yuri (al que no veo desde, creo, el siglo pasado) ofreció su casa para celebrar la junta. Para que me reconocieran, dije que iba a llevar conmigo un tomo en tapa dura, Sueños de Robots de Isaac Asimov, que nos juntamos en una estación del metro. Estaba comenzando las vacaciones de verano, que era principios de enero, y, de ese modo, comencé unas de mis mejores temporadas estivales y de ocio de mi vida; junto a nuevos y valiosos amigos, que se irían agregando ese mismo año.
      Yo entonces apenas conocía unos cuantos autores de ciencia ficción y, en cambio, Rodrigo Yuri era ya toda una eminencia. Este de uno de los escritores que más nos habló, fue de Mike Resnick, quien se notaba lo tenía por completo encandilado y al punto de traducir él mismo algunos de sus cuentos para un fanzine en el que colaboraba. Supuestamente dicho artista, ni siquiera había sido llevado de manera profesional a nuestro idioma.    
       La verdad, es que ignoro cuánto tiempo pasó desde aquella ocasión, pero unos años después en la Librería Universitaria me encontré una bella edición de lujo y a un precio increíble (por lo barato, digo) la novela Marfil de este señor. Se trataba de uno de los últimos títulos, que sacó la hoy extinta editorial española Ultramar, la cual sacó un montón de obras del género y de puros artistas consagrados más encima (de esa colección es que yo tengo Duna, que mi papá me compró por aquel entonces cuando cursaba el último año del colegio...Pues yo le dije que debía leerlo para la clase de Castellano, je). 
      No tengo idea de qué se trata el mentado texto, pero lo que sí tengo muy claro, es que aquella ocasión fue otra de las veces en la que me puse más tonto de lo acostumbrado y siendo que me alcanzaba la plata para comprármelo, no lo hice...Y aquí me tienen ya cerca de mis 44, haciendo otro mea culpa de uno de mis tantos Pecados de Omisión.
      Ahora en que fuerzo más mis recuerdos, puedo traer la imagen de Rodrigo contándonos de que sus obras (desconozco si todas, aunque sí puedo decir que una buena parte de ellas, según nos afirmó nuestro anfitrión) trataban sobre tribus africanas...¡Viviendo en otros planetas! O algo así. Ante una premisa como esa, que resultaba totalmente novedosa para alguien como yo, que solo sabía de anglosajones y japoneses en el futuro, se trataba de una propuesta que no podía ser más atrapante; además, la pasión con la que Rodrigo exponía, con facilidad lograba transmitirte su aprecio por estas historias.
       Por cierto... ¡Nunca he leído a ese escritor!
      Tanto ejercicio de la memoria, para decir unas pocas palabras del libro en cuestión; aunque no voy a negar, que ha sido un bello paseo por los vericuetos de mi pasado.

jueves, 9 de febrero de 2017

Mis películas favoritas sobre fantasmas (segunda parte): El Espinazo del Diablo.


2.1. El Cine de Guillermo del Toro.

     Decir que el séptimo arte mexicano es junto al argentino el más prominente de toda Latinoamérica, en lo que al idioma español se refiere, claro, y en respeto al de origen brasileño, no es algo gratuito.  Por años los aztecas han realizado montones de filmes desde la popularización de esta expresión artística, siendo la respuesta en nuestro idioma a los éxitos hollywoodenses en una época en la que no existían los subtítulos electrónicos y/o el doblaje, y llenando así las salas con el público del continente, que podía disfrutar de tales títulos por estar en su lengua materna.  Por supuesto que sus obras son como en todo el mundo de variado estilo, primando en su primera época la entretención a través de los romances de “charros” y solo tiempo después comenzaron a surgir cineastas preocupados por hacer algo que fuera más allá de la entretención o por mantener una estética más personal que la acostumbrada entre sus pares.  De este modo, a menos que me equivoque, a partir de la segunda mitad del siglo pasado con directores como Arturo Ripstein (El Lugar sin Límites y Profundo Carmesí) y Luis Buñuel con su etapa en México (Viridiana y Simón del Desierto), apareció una serie de producciones de enorme calidad artística.  Ante la evolución de la filmografía en la tierra de Moctezuma, no podían faltar el interés por el “cine de género”, esto es películas de terror, ciencia ficción y fantasía, entre los que encontramos a numerosos cultores suyos, siendo Guillermo del Toro sin dudas su ejemplo más destacado y galardonado (y sin querer obviar las numerosas películas de Clase B o incluso de Clase Z, protagonizadas por personajes como El Santo y otros que tantas glorias le dieron a su gente allende en el tiempo).
Guillermo del Toro...¡Todo un maestro!.
      Con 52 años de edad, viene a formar parte de los también notables Alfonso Cuarón (Y tu mamá también e Hijos del Hombre) y Alejandro González Iñárritu (Amores Perros y Babel), el triunvirato actual de entre los directores mexicanos más valorados a nivel internacional, quienes comenzaron a hacer cine para su país y luego consiguieron la atención de los gringos, para lo que han sido llamados a filmar en sus territorios.  No obstante estos tres, quienes además ofician de guionistas, no han dejado sus raíces y es así que muy bien podemos seguir encontrando esa vena latinoamericana, que bien los encumbra por sobre sus colegas venidos de otras culturas.   
     Su casi decena de cintas, desde su debut en 1993 con la más que recomendable Cronos, una muy especial variación del tema del vampirismo y que implica nada menos que a alquimistas entre medio, posee unas cuantas características .  Pues bien podemos reconocer varios elementos recurrentes en sus trabajos, que no dejan de ser “cine de autor”, pese a que hoy en día realiza producciones multimillonarias y con actores de renombre, amparado por Hollywood.  Se trata de largometrajes comerciales, pero que no dejan de expresar su amor por las fantásticas historias que desde niño le fascinaban, llenas de personajes heroicos y monstruos fabulosos; por lo tanto su filmografía es sin dudas su mayor homenaje a tales clásicos, sentimiento que comparte con los millones de seguidores que posee a lo largo del mundo y que esperamos con ansias cada uno de sus nuevos proyectos.
     Los niños frente a la crudeza del mundo real y la presencia de lo extraordinario es uno de sus temas recurrentes, algo que podemos encontrar desde su ya mencionada ópera prima, como en su primer filme para un gran estudio extranjero, Mimic (1997) y su díptico histórico español ambientado en la Guerra Civil de la Madre Patria con El Espinazo del Diablo (2001)  y El Laberinto del Fauno (2006).
     De igual manera nada menos que los superhéroes de cómics, también tienen cabida en el corazón de este realizador, quien quizás llegó a firmar quizás la mejor de las tres entregas del cazavampiros mestizo humano-chupasangre de Marvel, con Blade II (2002).  No obstante se superó a sí mismo en lo que respecta a adaptaciones de este tipo de historietas, con sus dos películas sobre el demonio de buen corazón y defensor de la humanidad ante las fuerzas del mal sobrenaturales, Hellboy.  Estas dos obras datan de 2004 y 2008 respectivamente y se puede afirmar sin vacilaciones que la segunda, Hellboy y el Ejército Dorado, se encuentra entre sus mejores labores.
     Muy en la línea de las criaturas gargantuescas que tanto son de su devoción, aunque a ello agregado su pasión por las producciones japonesas del estilo kaiju (entre las que encontramos los numerosos títulos de Godzilla, Gamera, Ultraman y muchos otros personajes de este estilo), viene a ser la increíble Pacific Rim (2013).  Es así que con ella dio en el gusto a un montón de fanáticos de este tipo de historias, al hacer por completo verosímil las peleas entre robots y monstruos descomunales, en ambientes urbanos y naturales (siendo que sus antecedentes nipones más bien trabajan con cartón piedra y disfraces de goma…Y pese a todo geniales, je).
      Su última producción a la fecha viene a ser La Cumbre Escarlata (2015), otro título de carácter histórico y de fantasmas, emparentado bastante con El Espinazo del Diablo, aunque en este caso la trama transcurre entre Estados Unidos e Inglaterra.  No obstante esta vez optó por seguir los arquetipos de las historias góticas con crímenes pasionales, grandes casas “embrujadas” y nobles de rancia alcurnia sometidos al misterio que los rodea.
     A la hora de referirse a otros elementos habituales en sus trabajos como director y guionista a la vez (que además oficia como productor y escritor), debe destacarse el buen humor de muchas de sus películas y el elemento gore, que hace de las delicias de sus seguidores. Por otro lado, la cuidada ambientación de sus trabajos, con una enorme preocupación por contar con la mejor dirección de arte, maquillaje y efectos especiales a su disposición, convierten su cine en todo un deleite para los sentidos; a ello debo sumarse el estupendo trabajo que consigue de sus actores, quienes muchas veces se repiten en sus títulos debido a la amistad y confianza que nace entre ellos, de modo que bien podemos verlos en los papeles más distintos entre un filme y otro.

2.2.  El Espinazo del Diablo.

     La tercera cinta de Guillermo del Toro viene a ser sin dudas junto a su “compañera” El Laberinto del Fauno, una de sus dos obras más intimistas y bellas, pues se trata de una historia cargada de emotividad e imágenes que pese a su grado de terror y de violencia, no pueden ser más bellas.
     El comienzo de esta película, bastante dramático y realizado con una delicadeza que nos dice que estemos atentos al gran misterio que debe resolverse, se completa con la profunda voz en off del personaje de Federico Luppi (uno de los histriones fetiches del realizador) y quien en este portentoso inicio (como al final de todo), nos regala un inolvidable monólogo:

     “¿Qué es un fantasma? Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez. Un instante de dolor quizás. Algo muerto que parece por momentos vivo aún. Un sentimiento suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa, como un insecto atrapado en ámbar”.

      Dejo para el futuro espectador de este largometraje que aún no la ha visto, la última parte de la cita, de modo de no quitarle la sorpresa del verdadero sentido de estas palabas.
      Su argumento transcurre en plena Guerra Civil Española (finales de la década de los treinta del siglo XX), de modo que este terrible transfondo en el cual la Madre Patria yace enferma, mientras sus hijos se desangran unos a otros motivados por la intolerancia política, sirve para contarnos una historia de terror y en la que el fantasma que aquí aparece no es la verdadera fuente del peligro, al que están expuestos sus personajes…Pues tal como dice el dicho:

No hay que temerle a los muertos, sino a los vivos.

      Es así que los malos de la historia vienen a ser los hombres inescrupulosos que aquí aparecen, quienes en el ejercicio de su poder sobre otros (los indefensos e inocentes, ancianos, mujeres y niños) se convierten en los antagonistas de esta cinta.
      En un lugar de la Mancha (como en el famoso libro de Cervantes) se haya un orfanato, que de seguro otrora conoció mejores momentos, pero que ahora apenas se mantiene con su gran cantidad de chicos varones, gracias a cuatro abnegados adultos que hacen lo posible por mantenerlos con todo el amor y la dignidad que les pueden dar.  Muchos de estos pequeños son hijos del odio que ha nacido en estas tierras y es así que uno de los protagonistas viene a ser otro de estos muchachos, quien recientemente ha sido traído por unos guerrilleros que no pueden cuidar de él, mientras luchan por lo que ellos consideran justo.  El chiquillo apenas llega tiene problemas con uno de sus condiscípulos, el típico abusador que aparece en estos grupos, sin embargo debido a la nobleza de su corazón y al recrudecimiento de las circunstancias (que los hace unirse como comunidad para defenderse del verdadero mal que asola el lugar) se gana su amistad, al igual que la del resto de sus compañeros.  Los niños ven a un fantasma, El que Susurra le llaman, y en especial el nuevo inquilino se lo encuentra más de una vez.  En cambio los adultos creen que todo se trata de puras fantasías infantiles.
     
     Encontramos dos mundos aparte en esta película, pero unidos, pues ambos forman parte de aquello que llamamos Humanidad.  Entre los adultos hay personas que no dejan de hacerse queridas por el espectador y que debido justamente a su espíritu bondadoso, tienen el cariño de los infantes que cuidan.  Dentro de estos se encuentran dos ancianos, mujer y hombre, quienes por años se han amado; sin embargo como en los clásicos romances imposibles, nunca se han permitido dar rienda suelta a lo que hay entre ellos, dejándolo todo en una amistad que les impide ser felices en verdad.  La dama es una señora que usa una pierna ortopédica, quien regenta el orfanato, heredado de su difunto marido.  El varón es un médico argentino con alma de poeta.  Con ellos dos trabajan la típica señora de apariencia maternal, quien en realidad no tiene mayores diálogos en la cinta y una muchachita en los primeros años de sus veinte (o en las cercanías), hermosa y dulce.  A este grupo de mayores de edad se agrega uno de los antiguos huérfanos del lugar, quien ahora adulto ha vuelto al hogar que toda su vida ha odiado y que no obstante  lo protege de las inclemencias políticas del país.
      Entre los personajes adultos, en lo que concierne a los más importantes (los dos ancianos y el alojado reincidente del orfanato), encontramos a personas que pasan sus días bajo el yugo de sus propios demonios internos, o más bien de los mismos fantasmas de sus deseos insatisfechos.  Son individuos que no poseen una plenitud, pese a las enormes virtudes de los dos primeros, que el otro en cambio es alguien nefasto y el verdadero demonio que se haya bajo las paredes del orfanato.  Es así que pese a que por su edad ejercen el control de sus vidas (a diferencia de los niños dependientes de sus mayores), no pueden jactarse de ser personas dichosas.
       Luego nos encontramos con el mundo de los más pequeños, los más heroicos entre los protagonistas de esta obra, pese a que nadie puede negar el mismo carácter admirable de la  mayoría de los mencionados más arriba.  Son niños que pese a las duras pruebas que les toca pasar, no han perdido su inocencia (incluso el mismo matón del grupo, no deja de poseer su propio grado de sensibilidad) y quienes representan sin dudas los valores de la amistad y eso que está tan de boga en día, conocido como resiliencia (la capacidad de salir adelante pese al medio hostil en el que se vive).  Además son ellos los únicos capaces de percibir lo que vendría a ser el tercer mundo involucrado en esta trama: el de lo sobrenatural.  Pues a diferencia de los adultos, no han perdido el sentido de la maravilla y la esperanza.
       Por otro lado, retomando este tercer nivel que aparece en El Espinazo del Diablo, lo sobrenatural en cuanto a la presencia de fantasmas, tiene acá relación con la idea tan atrincada en la tradición, de que estos espíritus se quedan en la Tierra debido a un asunto pendiente y que no hayan la paz hasta que tal dilema se resuelva.  A todo esto se le agrega para hacer más atractivo el guión, un crimen que no se ha resuelto y que por supuesto tiene relación con el fantasma que ven los niños.  Y todo se pone aún mejor si añadimos la noción de la justicia, no como venganza, sino como algo que va más allá del concepto del castigo propio de la sociedad moderna, con sus leyes establecidas: pues desde un punto de vista metafísico, existe una justicia superior de la que no se puede escapar con subterfugios legales y esta es la que encontramos hacia el impactante clímax de la película.
       No encontramos con varios momentos memorables, muchos de ellos realizados con verdadera belleza por parte de su director y en los que el compromiso de los actores es primordial, incluyendo a los niños que en más de una ocasión nos llegan a conmover (con risas y lágrimas).  Hay sustos varios y hasta su grado de erotismo.  En suma, se trata de un filme que no deja indiferente a nadie, que además al ser una coproducción española-mexicana, sigue también una larga tradición del cine fantástico castizo, en lo que durante estos últimos años hemos llegado a tener muy buenos otros ejemplos (El Orfanato, La Habitación del Niño y La Secta de los Sin Nombre, por solo mencionar algunos). 


Y no podía faltar el trailer para entusiasmarlos a ver este gran filme. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

¡Adiós, Juanito!


         A principios de enero estuve una semana en la playa y uno de los gustos que me di fue verme (o repetirme) una película por noche.  Una  de ellas fue Frankenstein Desencadenado, basada en la novela del mismo nombre de Brian Aldiss, la cual solo había contemplado al menos veinte años atrás en una función nocturna de Mega, de seguro cortada.  Pues ahora que hace rato me había leído la novela y soy menos ignorante en cuanto a cine, me la repetí de una vez, más por saber que corresponde a la última cinta del anteriormente prolífico Roger Corman (toda una leyenda viviente) y por la talla de sus actores: el fenecido hace rato Raúl Juliá y la preciosa Bridget Fonda, además de uno de mis actores preferidos, John Hurt.  Disfrutar ahora más que nunca con esta verdadera obra de arte, para la cual no ha pasado el tiempo (es de 1990), me hizo lamentar la demasiado pronta partida de Juliá y por otro lado, gozar una vez más de las interpretaciones de Hurt…
         …Y tan solo hace dos días mi amigo Miguel Acevedo me contó que la semana pasada, el día 25 de enero, el mismo John Hurt nos dejó a la edad de 77 años.   Debo decir que tal como a principios del año pasado perdimos a los talentosos David Bowie y Alan Rickman, luego a mediados a un demasiado joven Anton Yelchin y por último en plenas Navidades a Carrie Fisher, en el primer mes de este 2017 se ha ido esta otra estrella, que debo decir que incluso me duele más su deceso que los de Leonard Nimoy y Christopher Lee… ¿Por qué rezón? Pues  debido a que desde niño me he visto tanto de su enorme trayectoria, muchas de ellas algunas de mis cintas favoritas, que más me cuesta asimilar esta noticia.  Pues cuando se muere alguien así, de inmediato uno comienza a recordar no solo esos títulos en que lo vio brillar, sino que también se nos viene a la mente tantos momentos maravillosos frente a la pantalla, de ficciones que fueron haciéndose parte de la misma historia de nuestra vida.
        Creo que el primer recuerdo que tengo de este señor de la actuación fue con nada menos que Alien (1979), película que vi a mediados de los ochenta junto a mis padres en uno de esos Grandes Estrenos o Best Sellers, que daban los canales de televisión los domingos en la noche en aquella época, bastante atrasados ya y con hartos cortes…Pues debe saberse que este señor tuvo el “honor” de ser la primera persona en la historia del cine, en morir producto de una de esas mortales criaturas.  La escena en la que el histrión ayudado por el excelente equipo artístico y técnico, “da a luz” a uno de esos monstruitos, hoy en día es de antología y sigue provocando espanto.  Este filme me lo he visto una y otra vez, pues sinceramente me encanta, así como el resto de su saga.


La escena...¡De "Alien"!

        Mucho años después, en 1987, Mel Brooks lo convocó para hacer un pequeño, pero inolvidable papel en su genial parodia a la ciencia ficción Spaceballs.  Pues en esta obra que todo cinéfilo y fanático del género debe ver, Hurt en la práctica se repitió el mismo papel de Alien, aunque esta vez para hacernos reír. Pues aquí tenemos la versatilidad de este, quien en la práctica podía pasar de un registro emocional a otro sin problemas, causando en el espectador las reacciones que se proponía de la manera más natural.
        Era un niño cuando el Hombre Elefante me causaba gran temor y eso que no se trataba de un personaje para asustar, pero tan solo su aspecto (aún con ese saco que se ponía para cubrir su deformado rostro) me causaba miedo.  Traté en más de una ocasión de ver la película (1980) y cuando la emitían en la tele, no aguantaba ni a los créditos.  Mi hermana Mabel me estuvo convenciendo toda una semana para que la viéramos en la pieza que compartíamos juntos, con la menor, Jenny; me envalentonó y hasta me llevó a Fantasilandia (un famoso parque de atracciones de por acá, dicen que el más moderno de toda Latinoamérica) para conseguir mi apoyo.  Teníamos una tele en blanco y negro en nuestro cuarto (bueno, en todo caso la película fue filmada en ese formato a propósito por David Lynch, algo que supe tiempo después) y ya con la convicción de que la veríamos, acostados en sendas camas nos dispusimos a ello…Hasta que salió a rostro descubierto y me puse a gritar, llorando inconteniblemente.  Nuestros papás llegaron a la pieza, que estaba al lado de la suya, para ver qué pasaba y ordenaron a la pobre de Mabel apagar la tele, por culpa mía.  ¿Por qué razón menciono este largometraje? Pues debe saberse que haciendo del desafortunado, aunque sensible y dulce Joseph Merrick, estuvo nada menos que John Hurt, todo un camaleón.  Este personaje aún en la vida adulta, me persiguió como una sombra de mis temores infantiles e incluso me daba espanto verlo bailando junto a Michael Jackson en uno de sus videoclips.  Recién en la treintena de mi vida me atreví a ver la cinta y quedé maravillado, ante su drama, sus grandes interpretaciones (además trabaja sir Anthony Hopkins, otro de mis predilectos), su música y, como no, por lo hecho por “Juanito”.   Debo mencionar que tras saldar mi deuda con el Hombre Elefante, el llamado “llorómetro”, acuñado por mis amigos María José y su esposo Mauricio de La Quinta Anormal (¡Ya po`, actualiza la página más seguido!), para referirse a mi habitual llanto con muchas películas y series, subió harto aquella vez.


Una de las escenas más impactantes (y crueles) de "El Hombre Elefante".

       Era un adolescente y estaba en el colegio aún, por supuesto, cuando me leí por puro gusto 1984 de Orwell, célebre antiutopía que me impactó demasiado a esa edad tan impresionable (bueno, aún lo sigo siendo, je).  Pues ni tonto ni perezoso tras haber acabado mi lectura, de inmediato arrendé en VHS la película (estrenada el mismo año que titula la novela) y en la que John hace del sufrido protagonista, sometido a este espantoso régimen totalitario. Como pueden darse cuenta, le tocaron papeles duros a este caballero, aunque para ser sinceros, también ha hecho de grandes villanos y tal como en la mencionada comedia de Brooks, de igual manera le salían muy bien los papeles chistosos.
        Saltando en el tiempo, al año 2005, vi en el cine a John Hurt con un rol en las antípodas de su protagonista de 1984.  Pues si en la primera hacía de una de las tantas víctimas de una dictadura, que bien recuerda a las del mundo real, en V de Vendetta (sobre el genial cómic escrito por Alan Moore y dibujado por David Lloyd) tomó el cargo de encarnar al despreciable autócrata de dicha obra.  Como siempre… ¡Un placer su actuación!
        Sigamos con los cómics que tanto me gustan.  Me perdí en el cine la primera de las dos cintas de imagen real basadas en Hellboy (2004), el encantador demonio de corazón noble creado por Mike Mignola, otro de mis favoritos.  Fue al final de las vacaciones de verano en mi casa, poco antes de comenzar el nuevo año lectivo, que recién me vi la cinta y (¡No tenía idea!), John Hurt hacía nada menos que del padre adoptivo de nuestro superhéroe.  Pues repasando el material adicional del DVD (recordemos que acá en los recuerdos ya no estamos a principios de los noventa, como me pasó con 1984, así que la tecnología avanza) supe que su director Guillermo del Toro (otro que tiene mi corazón ganado) le llamaba con cariño “Juanito”, pues de seguro que  para este otro fanático de las películas del género, debía ser todo un honor trabajar junto a él.  No dudé en acudir al cine para Hellboy 2 (2008), que tal como fue con V de Vendetta, asistí junto a Miguelito.  En esta secuela al principio, en un precioso flashback, aparece Hurt con su muy especial niño en una noche de Navidad.  Tiempo después, tuve la suerte de comprarme en unas lindas ediciones, con cómics incluidos (en inglés eso sí), las dos animaciones de larga duración sobre Hellboy; sepan que ambas traen las voces de los actores de las cintas hollywoodenses, pero solo en la primera de ellas (Hellboy: Sangre y Acero) participó Hurt para mayor gusto (siempre cuando la veas en su idioma original, claro).



       Volvamos a los noventa y luego a estos últimos años, a través de este recorrido por los recuerdos de lo que significa Jon Hurt para muchos de nosotros.  Lo hago en este ocasión a través de una película que para mí es muy importante, no solo por todo el bello transfondo que encierra y al que le dediqué su propio post hace unos pocos años, sino que por lo que significa en mi propio crecimiento personal: Contacto (1997).  Esa cinta la vi en una función de medianoche, junto a alguien a quien quise mucho en su momento, alguien que ya no está conmigo y que me marcó como pocas personas.  No menciono su nombre, sin embargo quienes me conocen bien deben adivinar a quién me refiero y saben que tengo razones de pese para omitirlo de estas crónicas.  No obstante no puedo dejar de mencionar que apenas la vimos, la estuvimos comentando como locos, comparándonos con sus protagonistas, ya que nos sentíamos identificados con ellos.  El tema de la fe versus la razón, algo que nos atañía bastante a ambos y en nuestra relación.  Vez que la veo, que como muchos de los títulos nombrados acá lo he hecho más de una vez, no puedo dejar de remontarme a esas remembranzas…Y, bueno, Juanito acá realiza otro de sus papeles de gran solvencia, siendo parte del todo que viene a ser para mí este magnífico filme: un hombre de una inteligencia prodigiosa, un genio incomprendido, que en solo dos o tres apariciones en pantalla que aquí hace, se “roba la película”.
       También del 2005 viene a ser la cinta de terror sobrenatural La Llave del Mal (The Skeleton Key), otro de sus muchos trabajos que luego me di el gusto de comprar en blu-ray (seguimos avanzando en la tecnología).  Acá lo podemos ver como a un viejecito que vive atormentado por una pareja de brujos, junto a su también anciana esposa.  Esta vez en otro alarde del talento de los artistas como él, Hurt que apenas debía moverse y hablar en esta cinta, con su pura presencia y gestualidad logró transmitir a su público el pavor de las condiciones en las que se hallaba.
       Cuando me acuerdo de las entregas cinematográficas de Harry Potter, sobre las novelas de J.K. Rowling, no puedo dejar de pensar en mi comadrita Ledda, con quien tuve la dicha de ver las cuatro últimas partes, junto a mis dos ahijados, Sebita y Pía.  Y también está presente en medio de ello, John Hurt, quien estuvo de manera muy significativa en la película inicial y en las dos finales, que adaptaron el por entonces libro que terminaba la serie (o sea, abrió y cerró la saga para el cine, detalle no menor).  Pues en Harry Potter y la Piedra Filosofal (2001) y Harry Potter y las Reliquias de la Muerte partes 1 y 2 (2009) interpretó a Olivander, el sabio artesano de varitas mágicas, tan ligado a este querido héroe infantil y luego juvenil.  En estas tres ocasiones como otras veces, con solo pocos minutos en escena, este actor dejó al resto de sus colegas minimizados. 
       Fue con mi otro querido amigo Roberto Díaz, alias Sardaukar del blog Disputas Quodlibetales y su novia en aquel entonces, hoy esposa, la encantadora y preciosa Gato, que tuve la oportunidad de apreciar mi única película de Indiana Jones en pantalla grande: Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (2007).  Acá aparece en su lado más humorístico, como un ya chocho mentor del arqueólogo aventurero.  Desde la época de Spaceballs que no me hacía reír tanto este maestro. 
       Muchas, muchas películas hizo Juanito, de seguro la mayoría de ellas no las he visto.  En varios instantes de mi vida lo tuve frente a mí en títulos como Escándalo (1989), Rob Boy (1995), La Mandolina del Capitán Corelli (2001), Dogville (2003), El Perfume (2006) y Los Inmortales (2011)…No obstante poco o nada recuerdo de su colaboración en ellas, lo que es muy característico mío.  Pero no importa, pues eso significa que cuando las vuelva a ver, será como la primera vez, con gran placer.
       Debo decir a estas alturas que dos de sus roles que retengo en mi cabeza y en mi corazón con mayor agrado, han sido en producciones para la televisión.  El primero de ellos fue nada menos que como el errático emperador romano Calígula, en la elogiada miniserie de la BBC Yo Claudio (1977), sobre los libros de Robert Graves.  Por supuesto que era un John Hurt mucho más joven de lo que habían contemplado en mi existencia y recién tuve la oportunidad de apreciar tan magna labor suya a finales de la década pasada.  Es increíble como en sus comienzos profesionales, ya podía dar tanto de sí, siendo un verdadero placer contemplarlo en ello.


En "Yo, Claudio".

        Y aquí es cuando llegamos a su labor para nada menos que el legendario Doctor Who, justo cuando su show cumplió los cincuenta años emitiéndose (bueno, con más o menos dos décadas de paréntesis, aparte de la película de los noventa, claro).  Esto fue en 2013, por medio de dos de sus capítulos y con la película especial que se estrenó en cines de forma exclusiva por tiempo limitado (creo que un día).  Mis amigos María Elena e Ivan, un feliz matrimonio, tuvieron el gusto de verla en ese formato… ¡En cambio un pobre servidor se tuvo que conformar a disfrutarla en pantalla chica! Salvo las pelis de los sesenta con el también formidable Peter Cushing,  y unos episodios de no sé qué Doctor en blanco y negro, nada he visto de su “etapa clásica” (me encantaría tener la del “chascón marihuanero”, me refiero al de la bufanda).  En cambio sí me he visto su etapa moderna, si bien al Doctor actual lo tengo pendiente.  No obstante de los tres que he conocido de esta versión remozada, para mí lejos el mejor es el encarnado por David Tennant… ¡Hasta que me llevé la grata sorpresa de ver a este Doctor encarnado por Hurt! No podía ser más maravilloso este aniversario.
        Tengo pendiente largo tiempo ya Los Crímenes de Oxford (2007), dirigida por otro de mis ídolos, Alex de la Iglesia y donde más encima trabaja con Elijah Wood, que también me encanta.  Melancolía (2011) de Lars von Trier es otra con la que tengo una deuda, ya que de igual manera me fascina ese director.  Y por último, para no mencionar más, Snowpiercer (2013), una de ciencia ficción en la que comparte créditos con Chris Evans (¡Grande, Capitán América!), Tilda Swinton y Ed Harris… ¿Qué más se puede pedir? Así que ya es hora de que las vea.
         Cuando termino estas líneas, no puedo dejar de pensar en mi propia mortalidad y más todavía porque hace un año y medio atrás yo mismo estuve a punto de morir.  Aquella vez nunca perdí la fe y aunque sabía que lo mío era de cuidado (y la culpa fue mía por irresponsable, en todo caso), sabía que aún me quedaba tiempo por delante…Tenía razones de sobra para seguir acá.  Pues a Juanito, a quien quiero honrar con este texto, le declararon el cáncer al páncreas en 2015 y como bien ya sabemos no duró mucho luego de ello, algo más de un año después de esta triste noticia.  Tuvo una vida plena, fue alguien que dejó un legado imborrable para la posteridad.  Espero en lo posible, por mi parte, acercarme un poquito a las personas que como él admiro, en lo que me queda de vida; así que a vivir intensamente, como si hoy fuese el último día para uno.


 En la famosa escena paródica de "Spaceballs".
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