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viernes, 30 de octubre de 2020

Parecido, pero no es lo mismo.



    Las dos primeras temporadas de Westworld son una maravilla y nadie puede negar que están entre lo mejor de la ciencia ficción televisiva: Una historia más grande que la vida, personajes inolvidables, actuaciones de primera, una banda sonora preciosa de parte de Ramin Djawadi, unos créditos de apertura tan hermosos que da rabia otros programas prescindan de ellos, efectos especiales al nivel de las mejores superproducciones hollywoodenses, paisajes y mundos que nos dejan pasmados con su belleza y recreación...Estas y otras razones más como para desear que la serie siga por años, siempre y cuando mantenga su calidad.  Así que frente a todo esto, la llegada de la tercera temporada era algo que a sus seguidores nos tenía con las expectativas muy altas.
    Y llegó en marzo de este año la nueva tanda de episodios, que para la presente ocasión solo fueron 8 y nos trasladaron a otro lugar, ahora fuera de Delos (el parque temático donde transcurrieron las historias en el pasado y conocimos a los anfitriones), en el mundo real.  Es así que a partir de aquí conocemos qué pasa con el mundo de los humanos, cómo funciona en este futuro de una época no determinada del devenir (aunque intuimos que transcurre al menos unos cien años hacia adelante, debido a su avanzada tecnología) y vemos a los protagonistas ya presentados con anterioridad moviéndose en dicho lugar, cada uno con un propósito, algunos de estos compartidos junto a sus viejos compañeros y otros en oposición a los suyos, de modo que ahora son rivales. 
    Aparecen caras de antaño, ahora cumpliendo decididos su destino más que nunca, que sus empresas son difíciles de realizar, no obstante solo ellos pueden hacerlo. Otros personajes ya queridos no volvieron (que bien podrían retornar más adelante) y de igual modo llegaron al menos un par de nuevos coprotagonistas, un antihéroe y un villano no tan malvado.
     De seguro muchos espectadores, como quien aquí les escribe, se llevaron tremenda sorpresa con el giro de la trama, donde el mundo se hace más vasto y los personajes por mucho que mantienen sus rasgos cambian al enfrentarse a nuevos desafíos (bueno, dos de ellos en efecto sí que sufren verdaderas transformaciones en cuanto a su propia naturaleza) y cuando comienza la temporada es comprensible que uno sienta que está viendo otro show, que lo han engañado...Pero tengan paciencia con el primer capítulo, que tras terminar este viene una escena de postcréditos, que los dejará con puras ganas de ver al menos el siguiente.  Todo lo que pasa tiene estrecha relación con lo que ya nos presentaron y es así que los personajes con mayor razón deben seguir la misión que se han propuesto y/o continuar el camino que les corresponde para realizarse a sí mismos; de este modo, al ubicarnos en el "otro lado" sus guionistas, no están haciendo otra cosa que agregar más ladrillos a la creación de un universo particular con sus propias reglas y características; que Delos, los anfitriones y la inteligencia artificial que nos presentaron recién son parte esencial de esta nueva "mitología" o universo ficcional.
     Muchas cosas pasan en esta tercera temporada y se nota que se gastaron un dineral en llevarla a cabo, que más encima los dos nuevos personajes son encarnados por sendos actores famosos: Aaron Paul y Vincent Cassel.  Por el primer rol llegamos a sentir simpatía, que personifica al hombre común, que hace lo posible por llevar una vida digna, metido en un problema extraordinario y por el segundo por mucho que sabemos que tiene sus razones para cometer las atrocidades que realiza, resulta fácil verlo con ojos poco amigables.
     Quizás si no hubiéramos visto antes Westworld o lo mostrado en esta temporada correspondiese a otra serie, alguien como yo habría quedado encantado y es que pese a todas las conexiones evidentes entre este más reciente material y el que le precedió, por mi parte no puedo dejar de sentirme defraudado; la verdad que el programa cambió demasiado, hasta los  personajes clásicos en su mayoría se ven diferentes o han evolucionado mucho como para reconocer en ellos a quienes en algún momento me provocaron aprecio (bueno, quizás el viejo William es el que se mantiene más fiel a su versión original) y se echa de menos el carácter más místico que tenía todo, con esos momentos de sublimidad que solo en una escena del último capítulo se pudo vislumbrar; el resto es pura acción, intriga, nuevos misterios, pero casi nada de esa magia que tenían esos mundos del pasado recreados por la tecnología.
    No hay episodios de larga duración, salvo al fin, que tampoco llega al metraje de una película "normal" como en el cierre de las temporadas anteriores; encontramos buenos diálogos donde se vuelve a tratar los temas de la libertad y el libre albedrío (que más encima el actual escenario responde a un mundo tipo antiutopía), no obstante se extrañan esos chispazos de poesía en el hablar de los personajes y por mi parte siento que los creadores de este espectáculo, Lisa Joy y Jonathan Nolan, se vendieron por más plata al optar por la espectacularidad en vez de la ciencia ficción más intimista.  Bueno, tras ver la larga escena de postcréditos del final de temporada, a ver cómo mejoran todo.


              Créditos de apertura de la tercera temporada y a mi parecer lejos lo mejor de ella.

viernes, 31 de enero de 2020

Volver a Westworld.



1. Primeras palabras.

     Hace tiempo ya que me vi la primera temporada de Westworld, el show de ciencia ficción de HBO basado en la película homónima que escribió y dirigió Michael Crichton en los setenta y como ello fue en 2016, que mi memoria es bastante frágil para lo que se trata de historias, ya muy poco me acordaba de ella; solo tenía claro que se trataba de una estupenda serie, que me gustó mucho y de sus elementos centrales que me hicieron considerarla entre lo mejor de su tipo. Como sus creadores tardaron dos años en estrenar la segunda temporada, según ellos para asegurar un producto de calidad (yo creo que más bien debido a los altos costos, que incluían actores de la talla de Anthony Hopkins y Ed Harris), pasó el tiempo y al final ya era finales del 2019 cuando me propuse verla de una vez.  Pero era necesario repasarla, lo que fue un gusto, de modo que solo cuando ya tenía fresco de nuevo los acontecimientos y varios personajes de este programa, me dispuse a ver su segundo año (aunque admito que dejé pasar un par de semanas con otra serie, para madurar mis impresiones).  Por otro lado, este 2020 se nos viene por fin la tercera temporada, que nuevamente hicieron lo mismo sus realizadores (y tal vez los de HBO) de dejar pasar un año más de lo acostumbrado entre una temporada y otras; así que fue mejor apurarme de una vez, para sin falta vérmela esta temporada, que parece se viene muy buena.

2. La rebelión ha comenzado.

     Tras el impactante final de la primera temporada, que duró nada menos que una hora y media (lo que dura una película promedio y con escena de postcréditos incluida), era obvio que en el inmenso parque temático donde transcurre todo (una inmensa isla que no sabemos dónde se encuentra), la gente que trabaja y administra el lugar, o sea los humanos, no la tuvieran fácil con los androides y/o inteligencias artificiales que “despertaron” y tomaron conciencia de estar vivos.  De este modo, si tuviera que resumir en pocas palabras de qué trata la segunda temporada, puedo decir que aborda los inicios del enfrentamiento entre los creadores y sus creaciones, todo de una manera bastante violenta, por cierto; que por un lado las IA son lideradas por unos 3 ó 4 caudillos que ya conocíamos, más uno nuevo que termina por robarse nuestro corazón (con un solo capítulo, el 8 para ser exacto, donde es presentado y es el protagonista absoluto o uno de sus personajes principales).  Asimismo, los humanos cumplen distintos grados de protagonismo y cada uno con sus propias intenciones, que encontramos entre ellos razones varias para hallarse en tal sitio.
     En verdad mucho pasa a lo largo de esta temporada, que posee 10 episodios como la anterior y la mayoría rondando la hora cronológica de duración; más encima uno llega a la hora y cuarto de metraje, mientras que el último también posee una duración de una hora y media, como sucedió con el recordado final de la primera temporada.  Entre todo lo que llegamos a ver, saber y disfrutar en esta ocasión, puedo mencionarles sin caer mayormente en el spoiler que:

* Uno de los personajes principales, y sin dudas entre los más carismáticos de todo el montón que aquí aparece, tiene un cambio de 100% en su personalidad; la verdad es que ello no dejará indiferente a la mayoría de sus admiradores (entre ellos este servidor) y puede que a muchos (como adivinen quién) no les guste lo que han hecho al respecto; no obstante, para ser justos, dicha evolución va muy acorde con el desarrollo que toma en general la trama para todos los personajes, así que tiene su lógica.

* Por fin nos presentan al padre del decadente y desagradable Logan Delos, de quien algo se habló en la temporada anterior y que luego llegamos a saber que se trata del dueño del complejo vacacional en el que transcurre mayormente la serie.  Es así que conocemos a este, gracias a los flashbacks que transcurren décadas antes de lo que es el presente, en el que ahora está sucediendo la revolución.  La presencia de este personaje nuevo, sirve además para la revelación de uno de los grandes secretos del parque Delos: la verdadera razón detrás de la creación de la tecnología, que ha hecho que los llamados “anfitriones”, las IAs y/o androides, sean tan importantes para los mandamases del lugar.

Precioso afiche que homenajea el de la película que inspiró este show.

* Otro tremendo protagonista que ya conocemos muy bien y por el cual resulta sencillo sentir aprecio, Bernard/Arnold, pasa por un montón de vicisitudes al punto que ahora viene a ser, quizás, el personaje más desgraciado de todo el show. Hay algo de existencialista en este sujeto, que se encuentra a medias entre dos mundos, alguien que pese al fatalismo por aquellas fuerzas que tratan de dominarlo, intenta hacer lo mejor para todos.  Jeffrey Wright, quien lo interpreta, en general está acompañado de los mejores actores posibles y aun así no nos deja de sorprender con su talento.

* Dos personajes que pensábamos estaba muertos regresan, uno al mundo tal y como lo conocemos y el otro…demostrándonos que la realidad va más allá de lo que los simples mortales, si bien no se trata de algo de carácter sobrenatural, sino que fruto del ingenio humano y su tecnología (que no olvidemos ya se le está yendo de las manos, puesto que el control total de todo nunca está a disposición del ser humano imperfecto).  En todo caso, el primero de estos personajes es un secundario y aunque da gusto reencontrarse con su persona, no alcanza la relevancia y el carisma del otro que sí nos dará grandes sorpresas.

* William también vuelve en sus dos versiones, la del pasado (más o menos durante su juventud) y ya como el duro anciano vaquero conocido solo como el Hombre de Negro en el presente (en esta otra versión, interpretado por ese maestro de la actuación que es Ed Harris).  En su versión más joven, gracias a los flashbacks dedicados a esa etapa de su vida, nos es posible conocer ahora su relación con la familia Delos y en especial con su esposa, que ya sabíamos su relación terminó muy mal.  Su yo más viejo, pasa nuevamente por un montón de acontecimientos y entre ellos se reencuentra con su hija, personaje nuevo para el público (por cierto, considerando todos los enfrentamientos violentos a los que se enfrenta un hombre de su edad, es admirable e impresionante que alguien a su edad pueda ser capaz de resistir tanto esfuerzo físico).

* La carismática Maeve comienza su largo viaje hacia la emancipación, adquiriendo nuevas habilidades que la convierten en una Anfitriona única, además de ser una de las caudillas de la emancipación de su gente.  Su viaje a lo largo de Delos es increíble, el que implica un emotivo periplo para conocerse a sí misma y que contrasta bastante con el quien ahora se hace llamar Wyatt, puesto que al menos con Maeve es posible llegar al diálogo.  Muchos de los mejores momentos de la segunda temporada tienen que ver con esta valiente  y en muchos sentidos admirable “mujer”.

* En la primera temporada habíamos visto varios indios (nativos americanos) a lo largo de su transcurso e incluso se había hablado de un grupo de ellos o más bien una tribu, llamada Nación Fantasma; por otro lado, bien sabíamos que unos cuantos de estos formaban parte de la vida pasada de Maeve, antes de que la destinaran a ser la madama del salón Mariposa…Pues ahora por fin logramos tener claro ese triste recuerdo de la morena anfitriona, ya que le dieron nombre, personalidad e historia a ese indio que por tanto tiempo asoló sus pesadillas.  Kisuya es este sujeto, una IA como ella, que por sí mismo ha “despertado” y se da cuenta de que su camino está ligado a Maeve, así como a su hija.  El capítulo 8 de la temporada, que lo tiene como protagonista absoluto y donde se nos cuenta su historia, no solo está cargado de gran emotividad, sino que si es que no se trata del mejor de toda la serie, sin dudas que es lejos uno de los más logrados de este show, que en solo un par de temporadas ha dejado la vara muy alta.  Por cierto, buena parte de este capítulo está hablado en el hermoso idioma Lakota, uno de los otros dos idiomas que podemos disfrutar escuchar en esta temporada, aparte del invasivo inglés.

* Al final de la primera temporada se nos mostró que Westworld era solo una parte del parque Delos y que existía al menos otra atracción de ambientación diferente; luego nos enteramos de que esta zona era Shogunworld, dedicado al Japón feudal, si bien en esta segunda temporada también se muestra una zona que recrea la India colonizada por los ingleses.  Es así que buena parte de esta segunda tanda de episodios, transcurre en Shoguworld, ellos tan impactantes, sangrientos y hermosos como muchos de los que suceden en el más conocido Westworld.  Cabe mencionar que por lo mismo, hayamos acá un montón de diálogos en la lengua del Sol Naciente; además se nos presenta un grupo de personajes muy interesantes y que nos traen recuerdos de otros ya conocidos.

 

3. Impresiones finales.

     Luego de verme las dos temporadas que hay hasta el momento del show, que hoy nos reúne, no puedo dejar de asombrarme de la calidad de este, deteniéndome en detalles de su guión tan elaborado y que salta de una época a otra, pasando de un protagonista a otro y distintos lugares más encima, todo tan bien armado y ello pese a su complejidad.  Igual debo admitir que a veces cuesta seguir tal entramado, que uno se enreda y bien puede no comprenderlo todo; pero no importa, un espectáculo como este tan bellamente realizado, es digno de los mejores elogios.
      La primera vez que me vi Westworld, en el ya “lejano” 2016, apenas sabía quién era Tessa Thompson y a quien luego llegué a adorar por su simpático papel, de una algo inverosímil Valkiria morena en las muy entretenidas pelis de Thor: Ragnarok y Avengers: Endgame...Pues su papel en la producción televisiva es tan diferente, como una mujer en verdad odiosa, que uno con facilidad llega a aplaudirle su versatilidad.
    Por cierto, una vez más el personaje interpretado por el guapo Luke Hemsworth (el hermano del aún más guapo y talentoso Chris Hemsworth, Thor, también compañero de actuación de la Thompson en las cintas de UCM) estuvo desperdiciado e igual como pasaron cerca de dos años entre una temporada y otra, puede llamar la atención lo gordo que está en esta ocasión (ello simulado por la ropa oscura y porque esta vez nunca lo ves con atuendos ceñidos).
    Como buena ciencia ficción, Westworld no solo es la creación de un mundo fabuloso bajo la mirada propia de la fantasía científica, sino que además es la recreación de nuestra propia realidad y que nos otorga no solo diversión, también una invitación a la reflexión: En este caso, hacia las consecuencias que puede traernos nuestro apego a la tecnología y la interrogante por los límites que les podemos dar a las disciplinas científicas, cuando jugamos a ser dioses; por otro lado, no deja de estar presente el misterio del verdadero sentido de la vida, sobre qué es la conciencia de estar vivos realmente, todo ello expuesto acá bajo la figura de los llamados Anfitriones.  Con lo que se ha adelantado sobre la tercera temporada, parece que el panorama se acompleja más, así que la ciencia ficción con todo su poder extrapolativo e imaginería, aún tiene para rato con esta serie que ojalá no pierda su horizonte.


                                                                       Tráiler. 


                                         Los hermosos créditos de la segunda temporada
                 (algo que bien deberían aprenderle series que no la tienen como Mr. Mercedes).

domingo, 1 de enero de 2017

Cómo actualizar y mejorar viejas ideas (segunda parte).


NOTA: Como he perdido la costumbre de hacer un resumen del año recién pasado, pues me parecía que me daba “mala suerte” (¿Yo supersticioso?), opto por comenzar este nuevo año de 2017 con la segunda y última parte de un post que como siempre he escrito con todas mis ganas.  Aprovecho de desearles lo mejor en este 1º de enero que ya está por terminar y en el resto de esta más reciente etapa en nuestras vidas.

II- La “sucesora”.

        Pues teniendo en cuenta los filmes mencionados y analizados en el post anterior, la importante cadena de TV cable HBO, nos dio en el transcurso del 2016 (¡recién acabado!) la increíble sorpresa de una nueva serie “adulta” de su factoría: Wesrworld.  Tal como dice su nombre, está basada en el filme escrito y dirigido por Michael Crichton, llevada al formato de la pantalla chica y tal como hoy en día se nos tiene acostumbrados con este tipo de producciones: con un alto nivel artístico y técnico, que no tiene que envidiar a los títulos cinematográficos, tal como es habitual en los productos audiovisuales de esta misma empresa (y por supuesto de Netflix y Showtime).
        La propuesta de convertir a un programa televisivo actual el clásico de Crichton, se encuentra firmado por la misma dupla que nos regaló esa otra gran serie de ciencia ficción que hace poco tuvimos que despedir, Person of Interest; me estoy refiriendo a Jonathan Nolan y J. J. Abrams.  Ahora bien, en esta ocasión Nolan se unió a la guionista Lisa Joy para crear la trama central del show, escribiendo juntos, por separado o al lado de otros autores los diez episodios de la exitosa primera temporada (de hecho, muchos dicen que las series debut que compiten por lo mejor de su formato en el 2016 son esta y Stranger Things).  En cuanto a Abrams, esta vez solo se ha encargado de oficiar de productor ejecutivo.  Asimismo dentro de los productores y como coguionista de uno de sus episodios, se encuentra un destacado escritor de cómics, Ed Brubacker (a quien le debemos, por ejemplo, la novela gráfica en la que se basó la genial película Capitán América y el Soldado de Invierno), algo que potencia aún más esta serie.  
        Como el destacado compositor Ramin Djawadi ya había cosechado éxitos y premios con HBO gracias a su acompañamiento musical para Juego de Tronos y junto a Nolan y Abrams en la recién mencionada POI, fue llamado para encargarse del apartado respectivo.  Pues lo ha hecho de maravilla una vez más, empezando por un precioso tema de los créditos iniciales, ya que como menos mal no ha dejado de hacerlo HBO, volvemos en esta ocasión a contar con una muy artística secuencia respectiva; en ella suena una muy nostálgica melodía en violín y piano, a la par de que las imágenes resumen de manera bastante simbólica el argumento de esta obra.
        Un elemento que sin dudas viene a ser uno de los mayores atractivos de esta adaptación de Westworld, vienen a ser sus actores.    Desde hace años ya que artistas consagrados del séptimo arte han incursionado en la televisión, dejando claro con ello que esta más “humilde” manera de hacer historias audiovisuales, es tanto o más digna de respeto que su “hermana mayor”.  Pues ante un proyecto de la magnitud de Westworld sus responsables contrataron a dos actores de inmensa trayectoria y renombre: Ed Harris y Anthony Hopkins, verdaderos camaleones que una vez más se lucen frente a las cámaras y hacen cada una de sus intervenciones una verdadera delicia.   Para quienes conocemos sus carreras y hemos disfrutado cada uno de sus papeles y cintas a lo largo de los años, tenerlos en este programa es una promesa más de que lo que se contará en sus episodios es magnífico (y así ha sido).
       Junto a los dos grandes de la actuación ya nombrados, aparecen otros histriones de mucho talento, varios de ellos con muchos años de interesantes títulos a cuestas, incluso galardones recibidos por su labor.   En el apartado dedicado a los personajes, me referiré en concreto a ellos y quienes son el elemento esencial para que esta serie, sea sin dudas uno de los grandes eventos televisivos del recién pasado 2016.
       Era de suponer que la trama de esta adaptación tomara muchos elementos del filme de 1973, si bien al tratarse de una serie actual, no se desaprovechó la oportunidad  de desarrollar mejor sus ideas y, de paso, incorporar varias subtramas con lo cual acomplejar y enriquecer el argumento general.   Es así que acá nos volvemos a encontrar con la poderosa empresa de DELOS,  la que tal como en las viejas películas, posee un parque temático llamado Westworld, donde sus visitantes pueden tener la experiencia de verse insertos en la recreación del Lejano Oeste gringo y en el cual pueden interactuar con los sofisticados androides que pululan en su inmensa extensión.  En la serie las creaciones cibernéticas reciben el nombre de Anfitriones y resultan mucho más sofisticadas que las aparecidas en las dos películas setenteras, pues ahora no se distinguen de los seres humanos y tal como irá quedando demostrado a lo largo de la temporada (en realidad desde el primer capítulo), en realidad se tratan de verdaderas inteligencias artificiales.  Por lo tanto uno de los conflictos presentes en el programa y que nos depara un montón de increíbles sorpresas y momentos, viene a ser el concerniente al despertar de la conciencia de estas criaturas, que poseen sus propios recuerdos y personalidades, no teniendo idea de que en realidad han sido hechas por la tecnología humana (hasta que algunas de ellas sí llegan a saber dicha verdad).
       Entre los guiños que encontramos a la cinta original, se encuentran los trajes de los técnicos que trabajan con los anfitriones, así como el hecho de que los visitantes a este lugar llegan a sus dependencias en lujosos y modernos trenes eléctricos, tal como en los mismos filmes.  De igual manera que en las obras que inspiraron al programa, los robots de la primera generación poseen rostros desmontables (si bien en esta versión más actual, ello resulta mucho más espectacular que lo aparecido en ambos largometrajes).  No obstante el mayor homenaje a las películas, resulta  bastante grato para los pocos espectadores que logran reconocerlo, al ver en el fondo de una escena y escondido, a nada menos que al vaquero robótico interpretado por el fallecido Yul Brynner (quien aparece en la misma postura masculina y amenazante, de llevarse los dedos a los bolsillos del jeans y con su sombrero puesto, si bien no se le ve el rostro).  
        Supuestamente DELOS no posee otros ambientes especiales aparte de Westworld, a diferencia de lo visto en los filmes; no obstante en el último capítulo, nos dan una sorpresa al respecto, dejándonos claro que solo hemos conocido parte de su proyecto y tal vez a futuro podremos adentrarnos en esos otros parques temáticos.
       Por tratarse de un programa dirigido a adultos “con criterio formado”, el sexo y la violencia siguen siendo factores importantes en los guiones, si bien acá hubo un intento por dosificarlo en contraposición a otras series actuales.  Es así que los desnudos abundan, incluyendo varios frontales masculinos y femeninos; incluso una de las actrices principales sale en varias escenas mostrando gran parte de su preciosa anatomía.  Por esta misma razón, el carácter de juguetes sexuales de los anfitriones, queda más que claro a lo largo de esta primera temporada.  No obstante la naturaleza propia de un show que para nada es del tipo familiar, queda más bien declarado en sus guiones, que lo convierten en algo que hasta se puede afirmar que no es para cualquier espectador mayor de edad; pues no solo está hecho para los fanáticos de la ciencia ficción y/o incluso del western, si no que se trata de una obra armada con tal complejidad, que a más de uno lo puede enredad y al final terminar por aburrir.  Dentro de esto se encuentran las distintas temáticas abordadas en ella (bastante profundas por cierto) y en especial su montaje, que trata de dos líneas temporales distintas y que solo en el último episodio quedan mejor explicadas (aunque tampoco se la entregan fácil al espectador).
      
      Dentro de los temas presentes en Westworld, se hayan algunos de los más caros a la mejor fantasía científica, aquella que no solo busca entretener, sino que llevar a sus receptores a descubrir facetas de su propia humanidad y de la cual antes no habían tomado conciencia, promoviendo con ello la reflexión y permitiéndonos incluso mejorar como individuos.   Es así que nos encontramos con el papel de la intervención del ser humano, en el devenir de las cosas.  Su inteligencia y capacidad para crear de la nada, producir belleza y mejorar su propia existencia, ideando medios para hacerla más fácil (y divertida), es algo que queda bien demostrado con todo lo hecho por DELOS; no obstante esto es un sin dudas un arma de doble filo, ya que puede tanto darnos la plenitud que todos buscamos, como llevarnos a la condenación.  Es así que buena parte de los protagonistas humanos, se muestran acá como individuos con más de un esqueleto en el armario; por lo tanto no importa todo el poder que tengan estos “dioses”, que controlan los hilos de las vidas de los huéspedes, estos otros resultan ser mucho más felices, auténticos y admirables que las personas de carne y hueso.
      Relacionado con lo expuesto en el párrafo de arriba, nos encontramos con la idea acerca del valor de la vida misma y lo que nos define como personas con derechos y deberes.  ¿Qué nos hace ser lo que somos? ¿Nuestra inteligencia? ¿Los recuerdos que tenemos y atesoramos? ¿O es tal vez nuestra capacidad de libre albedrío? ¿Es en realidad el dolor aquello que sacar lo mejor y lo peor de cada uno? Con todas estas interrogantes presentes en la serie, nos encontramos también con el misterio acerca de la posibilidad de que exista vida más allá de la que conocemos, en este caso una creada por el hombre mismo. 
      De igual manera resulta relevante en el programa, el tema de la búsqueda de la felicidad, algo que se observa indistintamente entre humanos y huéspedes.  La realización personal, que según queda demostrado en el caso de aquellos personajes que están más cerca de conseguirlo, no es algo que se consiga a solas, sino que necesitamos a otros para, en el proceso de compartir nuestras vidas, acercarnos a esa idea que tenemos de una dicha lo más completa posible.
      A continuación la lista de rigor de los personajes más importantes, señalando uno que otro detalle de interés y demás datos sobre sus roles en la trama, con lo que es posible conocer mejor de qué trata Westworld (sin caer en el despreciable spoiler dentro de lo posible).   La mayoría de sus actores antes de esta serie, ya habían actuado en otros títulos del género, de modo que bien se podría decir que les interesa bastante la ciencia ficción o que son verdaderos veterano y/o expertos al respecto.

Robert Ford: El personaje encarnado por sir Anthony Hopkins, es uno de los dos creadores del parque de entretenciones de Westworld, siendo que su compañero murió hace ya bastantes años.  Es un hombre con una mente privilegiada y lleno de misterios.  Mantiene intereses personales con los anfitriones, lo que tiene que ver con su pasado.  No todos los directivos de DELOS están de acuerdo con sus decisiones, lo que provoca más de un roce; no obstante su poder en la empresa es demasiado grande, como para meterse a la ligera con él.  Su apellido, Ford, bien puede ser un guiño a la igualmente famosa novela de ciencia ficción antiutópica Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley; pues en esta obra se habla de la relevancia de las invenciones de Henry Ford, quien en dicha ficción  se convirtió en un personaje histórico sagrado; de este modo el personaje a cargo de Hopkins, compartiría con él esta dimensión de un sujeto, que marca la sociedad por completo gracias a sus creaciones.
El Hombre de Negro: Corresponde al rol de Ed Harris, de quien solo hacia el final de la temporada viene a revelarse su verdadera identidad y que más encima tiene una inesperada familiaridad con otro de los personajes principales.  Es un sujeto violento, el cual comparte con muchos de los otros protagonistas un hondo sentimiento de soledad, pese a que no lo verbaliza.  Es un humano y lleva treinta años dentro del juego de Westworld, detrás de varias cosas que poco a poco irán aclarándose.  Nunca sonríe y utiliza a todos sin vacilaciones para conseguir sus propósitos.  Su apodo, aspecto y supuesta personalidad nociva, podría tal vez ser un homenaje a la saga de La Torre Oscura de Stephen King, ambientada en un mundo tipo Lejano Oeste, con elementos de ciencia ficción y donde aparece un Hombre de Negro malvado.
Dolores: Una de los dos personajes femeninos centrales por parte de los anfitriones, es una hermosa mujer de aspecto angelical, quien lleva bastante bien el nombre que le han dado, ya que le toca sufrir como a pocos dentro de esta historia.  Femenina, dulce e indefensa en una primera instancia, en realidad alberga dentro de sí a alguien de una enorme fuerza interior y que además tiene relación con varios de los hechos más decisivos acerca del pasado, del presente y del futuro de Westworld.   Evan Rachel Wood, quien realiza este papel, sin dudas realiza una de las mejores actuaciones de esta serie y promete bastante en su promisoria carrera.
Maeve: La otra fémina anfitriona de relevancia en el argumento de este programa, hace de dueña de un prostíbulo dentro de Westworld; no obstante alberga dentro de ella una personalidad mucho más compleja, de lo que se esperaría en una meretriz, ya que su inteligencia es sobresaliente y eso hace que poco a poco vaya alejándose del papel que se le ha dado, hasta tener conciencia de lo que es en realidad y lo que hacen con los suyos los humanos; por lo tanto, se convierte en la principal gestora de los vientos de cambios para el resto de los personajes.  Si Dolores es rubia y tierna, esta otra morena y más salvaje viene a ser la otra cara de la misma moneda, en lo que al avance de estas inteligencias artificiales se refiere.
Bernard: Un importante científico y ejecutivo de DELOS de edad mediana y de raza negra, quien llega a involucrarse personalmente con uno de los androides.  Es una persona mucho más empática, que su contrapartida femenina en otra área de la empresa y con quien pese a todo mantiene una historia más allá de lo profesional.  Como otros entre quienes lo rodean, humanos y anfitriones, guarda un gran secreto y del que él mismo apenas tiene idea de ello.
William: Un visitante de Westworld, quien llega junto a su cuñado a este lugar para pasar unas relajadas vacaciones, pero que luego en contra de lo presupuesto, se va adentrando en los recovecos de este sitio.  Mientras su compañero va sacando fuera de sí su lado más detestable y hedonista, este otro encuentra al héroe que hay dentro de él.  No obstante llega a enamorarse de una de las anfitrionas, pese a que estaba comprometido y antes se negaba bastante a dejarse llevar por lo que le ofrecía el parque.  La aventura en la que se ve envuelto, una verdadera vorágine de emociones de carácter mortal, lo transforma para siempre en otra persona.
Teddy: Guapo anfitrión que comienza como uno de los personajes más trágicos de toda la serie y que también a medida que va transcurriendo el tiempo, se vuelve alguien mucho más complejo de lo esperado.
        Aparecen muchos otros personajes en la serie, ninguno de ellos carente de su propio encanto o atractivo, no obstante los recién mencionados son los que al menos a mí más me atraen.
           La segunda temporada está anunciada recién para el 2018 (¡Mucho tiempo para esperar!) y ante esta fecha casi incierta, uno se pregunta por qué razón, si Westworld ha sido un verdadero boom.  Pues sus creadores afirman que desean hacer lo mejor posible para lo que está por venir, ya que no quieren apurarse a la hora de escribir los capítulos y no decaer en la calidad de lo que hasta el momento nos han dado.  Yo creo humildemente que son puras tonteras tales justificaciones, pero qué se le va a hacer con las ocurrencias de los artistas (¡Es lo que hay!).

                                                            
Los preciosos créditos de apertura de esta genial serie.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Cómo actualizar y mejorar viejas ideas (primera parte).



I- Los antecedentes.

      Michael Crichton (1942-2008), mucho antes de conseguir su mayor éxito como creador de historias con Jurasick Park (1990), tuvo la ocurrencia de un parque de atracciones sofisticado, que tras írsele de control a sus creadores, se convierte en un verdadero peligro mortal para sus usuarios; idea que por supuesto luego recicló y perfeccionó, con la famosa historia de los dinosaurios recreados por medio de la ingeniería genética (lo que más encima originó cuatro exitosos filmes hollywoodenses). Esto es reconocible en la película de 1973 que él mismo dirigió, Westworld, conocida en español como Almas de Metal o con el nombre traducido casi literalmente del inglés de Oestelandia.
     Casi olvidada hoy en día, aunque para muchos tal vez de culto, en su momento y por años fue toda una novedad esta cinta que salió de un guión original del propio Crichton (pues no usó de base ninguna de sus novelas ya publicadas o inéditas).  Pues estamos hablando de una película de ciencia ficción que tomó el género del western, bastante popular en aquellos años, para llevarlo a un muy especial contexto de ciencia ficción; a su vez armó una trama que no solo mantiene la acostumbrada crítica social de las obras de “anticipación”, sino que además se hizo pensando en un público adulto al incorporar ciertos elementos eróticos, que por esos tiempos era casi impensable verlo en un producto cinematográfico de ciencia ficción gringo.  A todo esto debe sumársele la presencia de un actor bastante cotizado en ese entonces, el “exótico” Yul Brynner, quien aquí interpretó a un muy especial vaquero robótico.
      El argumento de la película trata acerca de DELOS, una empresa que posee la tecnología (y el dinero) suficiente como para recrear tres ambientes diferentes, en un inmenso espacio físico y al que solo pueden llegar aquellos clientes con el poder adquisitivo como para pagar sus exclusividades.  Es así que en sus inmediaciones nos encontramos con la Antigua Roma, la Edad Media y el Lejano (y salvaje) Oeste norteamericano.  En cada uno de estos lugares se ha reproducido hasta el más mínimo detalle de dichas épocas y sociedades, lo que incluye avanzados androides que simulan gente de tales periodos y que solo pueden ser reconocidos por las palmas de sus manos, que no se parecen a las de los humanos.  La gente que visita estos lugares, participa en especie de “juegos de roles”, vistiéndose según corresponda e interactuando con estas máquinas.  Como el parque de atracciones se presta para que sus visitantes puedan dar rienda suelta a buena parte de sus fantasías, por supuesto es que muchos de estos aprovechan de tener sexo con los androides, los que están acondicionados para ello.  
     Debido a las particularidades de la “oferta” que entrega un lugar como este, los clientes no solo logran satisfacer sus impulsos más lúbricos, si no que al encontrarse en medio de una instancia donde ellos mandan y no hay otra ley que la de ellos mismos, en la práctica pueden hacer de todo.  El relajamiento moral, debido a la oportunidad de cumplir cualquier antojo que uno haya reprimido, nos lleva a reconocer una vez más la manera de cómo nuestros propios impulsos nos manejan (de modo que la razón solo es una herramienta de la evolución o de la civilización para ponernos freno).  Por lo tanto… ¿Cuándo somos auténticos realmente? ¿Cuándo damos rienda suelta a nuestra animal interno o cuando aceptamos conducirnos por la moralidad?  Aquí también nos encontramos con el viejo tema de la búsqueda de la felicidad, pues como queda demostrado en este filme, nada despreciable pese al relativo olvido en el que ha caído, muchos buscamos tal preciado tesoro al olvidarnos de nuestras preocupaciones, de nuestra miserias, algo que hacen muchos de los visitantes de DELOS.
       Supuestamente todo está realizado bajo estrictos sellos de seguridad, de modo que los clientes no deberían resultar heridos mientras permanezcan en sus dependencias; por lo tanto, si bien ellos pueden “matar” a estos simulacros a su antojo, los seres mecánicos no podrían siquiera causarles la más mínima de las lesiones.  No obstante durante la última visita a este sitio, una especie de “infección” o desperfecto de origen desconocido comienza a hacer que estas “almas de acero” actúen de manera aberrante y ello, por supuesto, significa que las personas que se encuentran en las inmediaciones peligran su vida.  Es así que las visitas y los mismos especialistas que trabajan en este sitio, no le queda otra que hacerlo posible por salir ilesos de la catástrofe que se está gestando (en verdad resulta impactante cuando aparece un grupo de trabajadores del lugar, muertos y no por la intervención de los robots).
       La dirección de Crichton es correcta, pero adolece de realizar tomas más artísticas, quizás porque para cuando hizo este trabajo aún le quedaba mucho por aprender.  Independientemente de que la sangre que aparece en el filme se ve demasiado falsa, se nota un esfuerzo por innovar desde el punto de vista técnico en la producción, de modo que gracias a este título vimos por primera vez en una obra cinematográfica gráficos computacionales, lo que por supuesto ayuda a dar la atmósfera futurística adecuada que se quiso dar a todo esto.
      En 1976 se estrenó Futureworld, la continuación directa de la película que le antecedió y que inteligentemente no se hizo como algo en la línea de “más de lo mismo”, sino que sus responsables nos contaron otra historia (y tal vez más compleja) en la que el parque de atracciones de DELOS estaba involucrado.  Por temas de derechos ya vendidos, Michael Crichton no mantuvo relación alguna con esta secuela, de modo que tanto la producción, como la dirección y el guión corrió por cuenta de otros, lo que en todo caso no lo hicieron mal que digamos.   En esta ocasión tuvo entre sus artistas a otro actor de renombre, Peter Fonda, en el papel protagónico masculino.  Asimismo el propio Yul Brynner hizo una aparición especial, como el mismo personaje del primer filme, aunque en un matiz por completo distinto y curioso respecto al original.  Se le puede considerar dentro de sus atributos, que si bien el mismo compositor de la cinta anterior, Fred Karlin, se encargó acá también de la banda sonora; pues esta vez realizó un trabajo superior y con un tema central que logró representar la atmósfera viciada de la historia, a diferencia de las poco inspiradas composiciones de Westworld.
      En el argumento de esta secuela (quizás incluso menos conocida que su predecesora), dos periodistas, hombre y mujer, llegan hasta las recientemente reabiertas dependencias del “parque de entretenciones”.  Según les han prometido los responsables del lugar, ya han dado con la manera correcta para evitar nuevas desgracias con los visitantes; es así que además en un afán de borrar todo rastro de mala reputación, han invitado a líderes políticos de todo el mundo, para que luego estos difundan por el planeta las maravillas de DELOS.   Los androides en efecto funcionan bien, lo que no está correcto corresponde a los mismos dueños del lugar, quienes tienen un plan maquiavélico para sacar provecho de sus invitados.  Por supuesto que los “divulgadores de la verdad” (en Gringolandia de vez en cuando les da por ver como héroes a los miembros del llamado “cuarto poder”), se dan cuenta de lo que se cuece tras las bambalinas y aun cuando sus vidas corran peligro, harán lo posible por desenmascarar a los culpables. 
     Se mantiene en esta segunda parte su dosis de violencia  y erotismo que encontramos con anterioridad (incluso Fonda hace un desnudo inesperado), además de un pequeño grado de romance que antes no estaba presente.  Asimismo se vuelve a agregar un pequeño elemento humorístico, el que también estaba en el primer filme.  Debe destacarse, en todo caso, que en cuanto al apartado técnico, en esta ocasión la película mostró todo un adelanto científico real, por vez primera en el séptimo arte: animaciones computacionales en tercera dimensión; este detalle demuestra el interés de los productores, por hacer al menos una película que dentro de lo posible, creara la ilusión de una ambientación futurística tal como ya pasó con la anterior y quizás en su momento ello sí fue conseguido (quizás por esta misma razón, el parque de DELOS ahora tiene un ambiente “espacial”, aunque claro, los efectos especiales hoy en día resultan poco creíbles).
           Si en la primera cinta los mismos científicos y técnicos fueron otras víctimas de la soberbia humana, por querer ser como los dioses y sobrepasar los límites de la naturaleza (viejo tema de la culpa y el castigo presente, ya en los mitos e iniciado en el terreno de la ciencia ficción a través de la célebre novela de Frankenstein), en esta ocasión los hombres de ciencia aparecen como los villanos de la historia (he aquí la clásica figura del mad doctor, de las historias de los pulps y otros clásicos).
          Por lo tanto los invito a ver y disfrutar o revisar si ya antes lo hicieron, estas dos películas que en la actualidad son las responsable de la exitosa serie que dentro de poco (bueno, el próximo año) revisaré con ustedes.

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