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jueves, 9 de mayo de 2024

Pecados de Omisión XVII


1. Las Setas no sangran.
 
    Brian Lumley es un escritor de literatura de terror que, hasta donde yo sé, comenzó su carrera en el campo de terror creando "nuevos mitos de Cthulhu".  Es así que muchos de sus primeros textos, entre cuentos y novelas, corresponden a historias y novelas inspiradas y/o basadas en la obra de Lovecraft, con sus dioses infernales monstruosos y viscosos.
    Supe del mentado escritor gracias a mi querida revista Fangoria, a principios de los noventa, cuando su humilde servidor era solo un muchacho; recuerdo que la publicación especializada, o, mejor dicho, sus traductores y editores españoles, no hablaban muy bien de este artista y al que encontraban irregular.  Pese a lo anterior, me atrajo su narrativa y me prometí en algún momento adquirir algo suyo.  Tuve de él Las Crónicas Necrománticas, en preciosas ediciones empastadas con sobrecubierta y no las adquirí cuando estuvieron a buen precio.  Muchos años después, en la mismísima Librería Chilena (uno de los lugares del cual les he hablado harto, en esta serie de recuerdos y que, luego de un par de años, más o menos, rescato) llegó el volumen del cual ahora les cuento.
   Se trata de una colección de relatos, cuyo ominoso título me fascinó altiro.  Lo tuve en mis manos al menos un par de veces, muy barato y, sin embargo, pese a todo, nunca me lo llevé conmigo.  Craso error, porque Lumley no es alguien muy traducido en nuestra lengua; así que es difícil conseguirse algo suyo.
    Ignoro o, mejor dicho, no recuerdo si alguna vez habré leído algún texto suyo, en una que otra antología.  En cambio, mi amigo Miguel Acevedo, quien lo adora desde joven, apenas vio el libro lo compró y me avisó: "¡Cómpratelo!" me lo repitió varias veces y cuando lo leyó quedó muy a gusto... Y aquí me tienen confesándoles este atroz Pecado de Omisión.
 
2. Intensidad:



    Dean Koontz es un popular y prolífico escritor de literatura de terror y suspenso que, a menos que me equivoque, empezó su carrera dedicada a la narrativa de ciencia ficción y por medio de cuentos (tengo algunos de esos relatos, en uno que otro tomo de viejas selecciones del género, de Bruguera y/o Acervo; sacadas de revistas especializadas como The Magazine of Fantasy & Science Fiction, ille tempore, así que debió comenzar muy joven).  A diferencia del anterior, Briam Lumley, ha sido publicado con vastedad en la lengua de Cervantes, si bien varios de sus títulos hoy en día están descatalogados en nuestro idioma.
    En más de una ocasión se le ha comparado con Stephen King, aunque de forma odiosa y menospreciándolo.  En mis años mozos, vi muchos de sus títulos en librerías, llamándome la atención los nombres de sus trabajos, así como las portadas.  Pero fue más gracias a la mentada Fangoria, que supe mayormente de él; si bien en ella los mismos que ninguneaban a Lumley, lo hacían con Koontz.  Pese a lo anterior, me compré varios de sus escritos y también algunas de las antologías que adquirí en dicha época, traían relatos suyos.  A lo recién mencionado, se debe agregar que había al menos un par de filmes basados en sus novelas, lo que me entusiasmaba más.  Disfruté mucho su narrativa breve y en especial sus novelas El Lugar Maldito y Servidores del Crepúsculo.
    Era ya la segunda mitad de los noventa, cuando Fangoria volvió a nuestra lengua en una nueva etapa, esta vez incluyendo CD-ROM con variado material audiovisual (por aquel entonces esa tecnología, en la actualidad obsoleta, era el último grito de la modernidad).  La verdad es que no fueron muy de mi agrado dichos números, que no fueron tantos, así que tontamente no compré todos (otra tontera e ignorancia mía, otro pecado de omisión).  Y entonces me enteré de una nueva producción basada en un libro de Koontz, llamado Intensidad; a menos que me equivoque, correspondía a un telefilme (que no los desprecio, pues hace rato que la tele hace grandes títulos y un ejemplo de ello es El Diario de Ellen Rimbauer).  No he visto esa obra y, como ya lo deben tener claro, nunca me compré el libro; estuvo por un buen tiempo en la Librería Chilena, el sitio del que ya les he hablado harto por acá y donde compro desde mi adolescencia.  Lo tuve muchas veces a mano y llegué a comprar un ejemplar por allá entre 2001 y 2002, aunque no para mí ¿Por qué no me quedé con esa adquisición? Pues resulta que entonces, en el comienzo de mi labor docente, trabajaba en un humilde colegio y en el cual era costumbre que
los profesores le diéramos un regalo, salido de nuestro propio bolsillo, al alumno o alumna más destacado o destacada de nuestra asignatura, cuando dicha persona estuviera en la ceremonia de su finalización del periodo escolar; yo tenía una alumna muy buena, a la que le hice clases sus dos últimos años y como le gustaba leer, no dudé en comprarle ese volumen que estaba barato más encima.
  
3. La Parábola del Sembrador.



    Octavia Butler es una de las escritoras más renombradas en la ciencia ficción (si bien ya falleció) y, más encima, de las afroamericanas más destacadas que se han dedicado a ese género.  Nunca la he leído, aunque tengo entendido que no solo era buena en lo que hacía, sino que procuraba hablar de sus propias raíces y comunidad en sus escritos, algo que bien me atrae; tal vez en una antología haya disfrutado de algo suyo, algo que no puedo asegurar, en todo caso.
    Era 2018 ó 2019 y con una amiga a la que quiero mucho, si bien tristemente nuestra relación se diluyó a partir del año pasado (ella ignoró mi invitación a mi último cumple y nunca se volvió a comunicar conmigo, pese a que yo sí estuve en el suyo), asistí a una feria del libro en el que la pasamos estupendo.  Era un evento dedicado a las editoriales chilenas independientes; algunas de estas pequeñas empresas, habían hecho sus propias traducciones y ediciones de autores y títulos no considerados por las grandes compañías; y así fue cómo me encontré con esa pieza, que tengo entendido es maravillosa.  Recuerdo que me la pensé mucho, que su valor era aceptable, sin embargo, no me acuerdo de cómo en esos mismos momentos me enteré de que la traducción no era muy buena y entonces tuve una razón de peso para no desembolsar el dinero.
 
4. K-Punk de Mark Fisher
 
    Como de forma paralela, algunos amigos me contaron de este filósofo contemporáneo ñoño; por lo menos lo hicieron un par de ellos.   Me hablaron de un tipo que abordaba "temas serios y profundos" analizando pelis y cómics populares, como la saga de Matrix y las aventuras de Batman; al menos uno de los anteriores se había comprado un libro con sus textos.... ¡Me lo recomendaron bastante!
    Fue en la misma feria del libro de la cual les hablé más arriba.  Tuve el dichoso volumen a mi disposición y la tentación fue grande, pero como el "formato" de la filosofía no es algo que me atrae mucho, al final desistí... ¡Y las vueltas de la vida! Años después, luego de una pandemia mundial, me leería y disfrutaría otro libro de filosofía, aunque no friki, este de mi amigo Jorge Lorca.

domingo, 2 de octubre de 2022

Pecados de Omisión XVI


1. Eros Sangrientos y otros.
 
    Robin Book era una editorial de origen español que apareció en los noventa, cuya oferta era- a menos que me equivoque- de dos tipos:
 
Primero: Libros de temática esotérico, "magia" y cosas por el estilo.  Títulos para nada de mi interés.
 
Segundo: Antologías de horror monotemáticas, con un listado de autores modernos consagrados y varios cuentos para gozar a concho, en diferentes orientaciones del tema en cuestión.
 
    En ambos casos, las portadas eran muy coloridas y los libros en general muy bellos, que daba gusto verlos en exposición, tener uno a mano, echarles una ojeada y llevártelos contigo.
    Eran principios y luego mediados de los noventa, cuando yo estaba en los últimos años del colegio y con posterioridad en el inicio de mi etapa universitaria.  En ese tiempo yo compraba la revista Fangoria- de la que les he hablado harto por acá y de la cual de una de sus secciones saqué el nombre para mi blog- y gracias a ella supe de estos títulos, que de inmediato acapararon mi atención y me hice la idea de conseguirlos.
    En San Diego, la calle de Santiago Centro dedicada a la venta de libros, en plena Plaza Diego de Almagro- llena de kioscos con venta de literatura- tenía un puesto un caserito que vendía muy baratos los textos y quien contaba con mucha variedad de mi gusto.  A ese caballero le compré bastante, dentro de las escasas posibilidades que tenía ille tempore, quien entre su mercancía ofrecía varias de las susodichas selecciones. Tres de ellas me seducían bastante, pero siempre me gastaba la plata en otros volúmenes cuando iba para allá: Eros Sangriento (terror erótico), Post Mortem (fantasmas) y Vampiros (chupasangres).  Esas antologías solo estuvieron por acá unos años, que luego la empresa quebró, creo, y nunca más los pillé.  De esa colección solo pude comprarme Las Moradas del Horror (casas embrujadas), que tuve que escoger entre ese o los otros títulos ya mencionados, aunque años después mi gran amigo Miguel Acevedo me prestó Acosados (persecuciones).
    A veces veo alguna obra del catálogo esotérico de Robin Book en alguna librería, puesto o feria de libros usados, pero por más que se lo pido a los Dioses del Abismo, nada queda de esas geniales colecciones de horror.

 
2. Marinia.
 
    Jack Williamson es un autor precursor de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción, a quien tuve el gusto de conocer gracias a Isaac Asimov, por medio de sus antologías tan divertidas, en las que no solo demostraba su buen gusto y conocimientos del tema, sino que anticipaba cada texto con una elocuente introducción para cada cuento y su escritor (fue, justamente, por medio de las humildes ediciones de la Biblioteca de Oro de Ciencia Ficción, colección con la cual comencé esta serie de posts, que leí por primera vez a este gran maestro del género).
    Por otro lado, Frederick Pohl es un autor aún mucho más relevante que el anterior, más o menos de una generación siguiente a este otro, y es que ha escrito verdaderas novelas que se encuentran entre lo más graneado del género, por no decir entre las obras cumbre de la fantasía científica del siglo pasado, como lo son Pórtico (civilizaciones extraterrestres) y Homo Plus (ciborgs y terraformación). Por otro lado, coescribió junto a su colega Cyril M. Kornbluth Mercaderes del Espacio, entre otras novelas, un texto que adelantó el abuso de la publicidad en la sociedad actual (si bien se trata de una obra futurista) ... Y es en este último punto, sobre su destacada carrera, dedicada a redactar a cuatro manos un mismo trabajo literario, que hoy lo traigo a colación; puesto que en determinado momento colaboró con Williamson, para escribir al menos dos novelitas de ciencia ficción: ¡Ciudad Submarina! (su nombre lo dice todo) y Marinia.
   En los años sesenta la extinguida editorial mexicana Novaro, una importantísima empresa, que distribuyó hasta los años ochenta en varios países de habla hispana latinoamericanos literatura, cómics y revistas, sacó los mencionados títulos de Williamson y Pohl en lindos libritos de bolsillo tipo pulp, con coloridas portadas y papel casi de Biblia.
    Eran los recordados años noventa y a veces me pasaba a los terminales de buses de Estación Central, donde paran los vehículos que trasladan a gente de una ciudad a otra, entre regiones, para "vitrinear" en los kiosquitos que estaban a sus alrededores y vendían "libros de viejos", entre otros.  En uno de ellos compré la primera entrega (que en realidad era el tercer libro de una trilogía) y "a precio de huevo".  En un viaje posterior estaba Marinia (el primero de la saga), igualmente muy barato; aunque en ese tiempo no trabajaba y solo poseía lo que mis padres me daban- que ahorraba harto para comprar literatura-, sin embargo, de puro tonto no lo llevé conmigo y ya después cuando volví a buscarlo no estaba.
 
3. San Leibowitz y la Mujer Salvaje.
 
    Me encontraba en la universidad, cuando al entrar al curso facultativo (electivo) de Literatura de Ciencia Ficción, en el primer semestre que se impartió, el profe nos hizo leer uno de los cuentos más bellos que he tenido la dicha de gozar: Cántico por San Leibowitz de Walther Miller Jr., una obra de ciencia ficción postapocalíptica acerca de la fe religiosa y que rescata lo mejor de la Iglesia Católica.  Era 1995 y al año siguiente, en plenas vacaciones de verano, me regalaron el libro que extendió dicha obra a novela, escrito por el mismo autor (el cual también leí con mucho placer).
    Muchos años después, ya en este siglo, a la Librería Chilena- otro lugar del que he hablado varias veces por acá- les llegó, como en otras ocasiones, un montón de títulos de la colección Nova (especializada en ciencia ficción).  Eran de esos tomos grandes, de más de 20 centímetros de largo y que tengo la dicha de poseer hartos.  Un día andaba en una de sus dos sucursales, buscando un regalo para mi amigo Mauricio por su cumpleaños y me encontré con su secuela.  Titulada San Leibowitz y la Mujer Salvaje, corresponde a una obra póstuma suya, la que quedó inconclusa tras su muerte por suicidio en 1996 y que fue terminada por Terry Bisson al año siguiente.   No dudé en comprársela, pues en los noventa le había prestado el libro anterior y le había fascinado (el Pelao llega a ser pechoño de tan católico que es).  De puro tonto no me llevé un ejemplar para mí y por eso mismo me tienen ahora escribiendo estas líneas.  El cumpleañero se leyó el libro y luego en una de sus locuras lo vendió; mejor me lo hubiese devuelto, cambiado por otra cosa o vendido a mí.
 

martes, 15 de febrero de 2022

Pecados de Omisión XV: Edición Playera.


 
     Comencé a escribir estas líneas en casa, creo que el domingo recién pasado cuando estaba en casa (la verdad, es que mientras esperaba me entregaran la comida china que había encargado, así que estaba fuera del local respectivo “haciendo tiempo” con ello).  Hoy por fin acabo con este texto, cuando me encuentro vacacionando por fin en la playa, esta vez en Viña del Mar (zona costera que adoro) y es que algo que me gusta hacer mucho es leer echado sobre la arena, con el viento marino, el sol y el aroma del agua salada impregnando mis sentidos.  Los textos que voy a mencionar serían excelente compañía en días como estos y me han servido de inspiración para el que espero sea mi primer post de mi estadía aquí.
 
1. La Isla del Doctor Moreau.
 
    Sin proponérmelo, sino porque los poderes cósmicos, el destino o Tatita Dios lo quiso así, comencé a leer ciencia ficción con los autores de mayor renombre y entre ellos nada menos que Julio Verne y Ray Bradbury.  Pero el primero de todos en mi caso, fue nada menos que H. G. Wells, el otro padre del género (pues comparte el título junto al mencionado francés) y todo fue porque un par de hermanos que tenía de amigos en la adolescencia (y cuya fraternidad duró hasta buena parte de mi adultez), contaban en su casa con un ejemplar de La Guerra de los Mundos.  Yo me había visto varias veces la preciosa peli de los cincuenta en casa por la tele y al tener la oportunidad de leerme el libro que la inspiró, no perdí la oportunidad; lo gocé mucho y al final terminaron regalándome la preciada novela (de la llorada editorial Andrés Bello, de nacionalidad chilena y que por décadas sacó para nosotros varios títulos a bajo costo, de modo que así puede tener, leer y disfrutar nada menos que Las Crónicas de Narnia, cuando estaba en los últimos años de mi infancia).
     Mucho tiempo después de lo narrado más arriba, ya estaba haciendo clases y era principios del actual siglo XXI.  Cerca de mi casa había un "hipermercado" gigantesco llamado Carrefourt, que estaba a metros de un mall donde acostumbro a ir e incluso ahí está el gym donde entreno.  Como sucede muchas veces, al vender de todo en ese tipo de multitiendas, tenían libros a la venta y estos dentro de una enorme canasta metálica, amontonados uno sobre otros.  Estaban "a precio de huevo", por lo general en ediciones de bolsillo; de ese modo, pude comprarme hartos de Stephen King y de Mundodisco... Y ahí fue cuando apareció La Isla del Doctor Moreu, de Wells; tenía de portada el afiche de la peli de 1996, con Val Kilmer y Marlon Brando de protagonistas ¿Y por qué no llevé esa obra conmigo? Pues la tapa estaba un poco doblada y aunque "escarbé" en el montoncito, no pillé otro ejemplar.  Salvo un par de antologías de la Biblioteca de Ciencia Ficción, con la que comencé esta serie de posts, nunca me he comprado algún otro libro de tan insigne escritor.
    Su argumento siempre me ha atraído, una de las primeras narraciones sobre un "científico loco".  Por lo mismo, me encantaría poseer y leer el elseworld (historia alternativa de DC) sobre la Liga de la Justicia, que se llaman nada menos que La Isla del Doctor Moreau, ya que sus integrantes son animales antropomorfizados producto del mismísimo Moreau (es obvio que Batman es aquí un murciélago, pero ignoro qué serán Superman y Wonder Woman ¿Un león quizás el macho y la hembra un águila?)


2. La otra Isla del Doctor Moreau.
 
    La librería Contrapunto es una tienda especializada en libros de arte y a menos que me equivoque, sus dueños son los únicos en Chile que tienen los derechos de la editorial Taschen, empresa que saca preciosas ediciones sobre pintura, ilustraciones y cine, entre otros temas relacionados (durante los noventa, cuando escribía en diarios de vida, me compré ahí al menos un par de cuadernos empastados con reproducciones de pinturas famosas, para llenar sus hojas con mis vivencias y pensamientos).  Pero igual tienen textos de otras editoriales dedicadas al rubro, así como literatura en general, incluyendo cómics y artículos afines como bellos marcapáginas, plumas de escribir, etc.
    Harto he conseguido en este hermoso local, que posee otras sedes por ahí, pues todos los meses de agosto tienen grandes ofertas; así como de vez en cuando, en sus mismas dependencias instalan un "outlet" con títulos en rebaja, que da gusto revisar.  Y fue justamente en una de estas últimas circunstancias, que me encontré con más de una edición en tapa dura de novelas de ciencia ficción de la prestigiosa colección Nebulae (si es que no la primera, al menos una de las más antiguas colecciones serias de ciencia ficción literaria, en nuestra lengua de grandes autores y que también publicó por primera vez a valiosos narradores españoles como Domingo Santos, que tengo el gusto de poseer varios de esos ejemplares).  Los libros, en verdad en preciosas encuadernaciones de color negro y bellas portadas, estaban BARATOS; solo recuerdo de lo que había La Otra Isla del Doctor Moreau, escrita nada menos que por Brian Aldiss.  El autor inglés, como ya lo hizo con otros artistas compatriotas suyos (tal cual Mary Shelley y su revisitación de Frankenstein con Frankenstein Desencadenado y Bram Stoker, al escribir Drácula Desencadenado), por medio de esta novela declaró su amor al clásico del mentado Wells.  La verdad, es que no sé mucho de qué va esta reinterpretación de tan grande historia, salvo que Aldiss hizo con ella una especie de remake, puesto que nos cuenta SU versión del libro, ambientándolo en el futuro.
    Tuve un buen rato en mis manos el dichoso volumen, junto con otro del mismo narrador, cuyo nombre no recuerdo; de igual manera "había ahuachado" una novela histórica de Robert Graves (¡Sí, el mismo de Yo, Claudio), que por igual olvidé su nombre!  Entonces, ya llegando a la caja, me dije:
 
    "Pero si tengo tanto que leer y desde hace tiempo, además me falta espacio para poner eventuales nuevas compras".
 
    Y así fue cómo después de "perder un buen tiempo" en la Contrapunto, me fuí sin nada del lugar.

 
3. Las Puertas de Anubis.
 
    Tim Powers es un tremendo novelista (creo que no escribe narrativa breve), al que descubrí durante mi juventud como escolar y universitario.  Todo esto fue gracias a las preciosas colecciones en tapa dura que sacaba Martínez Roca, de literatura de ciencia ficción, fantasía y terror, las que venían además con sobrecubierta en sus variantes más lujosas (que igual tenía versiones más sencillas y accesibles al bolsillo, destinando a autores tanto a un tipo u otro, algunas veces exclusivos para un solo tipo de formato).  Echo mucho de menos ese arte tan cuidado y preciosista (estilo pulp ¿Quizás?) y la mayoría de esos escritores y títulos hoy en día se encuentran descatalogados en español, pero al menos pude comprar harto de su catálogo (aunque uno siempre quiere más y vaya que me gustaría viajar al pasado para conseguir todo lo que me faltó).  Era una época en la que Internet, Google y Wikipedia no existían, así que salvo revistas en papel que llegaban acá como Fangoria o Starlog (gracias a la desaparecida editorial española Zinco, que las publicaba en nuestra lengua y llegaban con desfase de meses sus nuevos números a nuestros kioscos), apenas se podía saber quiénes eran sus autores y qué tan recomendables podían ser (bueno, tenía uno que otro amiguito, ya en mi etapa de universitario, con los cuales intercambiar conocimientos e impresiones al respecto).
    De entre todos los autores que "sacaba" Martínez Roca, había uno que me llamaba poderosamente la atención: Tim Powers y en especial por su apellido (Poderes en español) ¿Algún truco publicitario, tal vez? Algo yo sabía de mitología egipcia, que siempre fue de mi gusto el tema y en especial no solo las creencias de este antiquísimo pueblo africano, sino que en general las de todos los pueblos originarios.  Por lo tanto, su novela llamada En las Puertas de Anubis, tenía más de una razón para interesarme y además siempre la vi solo en esos bellos tomos mencionados.  Como la plata que tenía la ocupaba en otros autores (por lo general Stephen King, je), perdí todas las oportunidades de aquel entonces para tenerlo.
    Yo era ayudante en la universidad del curso facultativo, o sea, electivo, en la universidad, sobre Ciencia Ficción (me parece que fue el primero en su tipo en hacerse a nivel universitario, que además llevaba nota, así que influenciaba en la concentración final de calificaciones).  A lo mejor ya he contado al respecto, sin embargo, como mi memoria es frágil lo menciono aquí: estuve en el primer semestre en que se impartió, aprobándolo con nota máxima 7,0 y de ese modo me ofrecieron la ayudantía (claro que esta era ad honorem, aunque yo dichoso con ello).  Estuve como dos semestres más acompañándolo y de puro tonto abandoné mi labor.  El profesor se llamaba Juan Espinoza, muy sencillo para el erudito que era y poseía una colección enorme de joyitas que me inspiró para hacerme la mía (claro que él no tenía cómics, ni figuritas).  No recuerdo si fue el primero o segundo año en que estuve con él, cuando me invitó a asistir junto a la FILSA (Feria Internacional del Libro de Santiago, que se hace en noviembre o diciembre, si bien desde el estallido social de 2019 y ahora con dos años de pandemia, que no se realiza).  Yo alucinaba con los libros que habían como siempre, muchos de ellos en oferta, hasta que en un puesto tenían varios títulos de la citada colección... Dicen que soy muy transparente y supongo que por lo mismo, el profe Juanito se dio cuenta de cómo babeaba frente a las joyitas que tenía frente a mis ojos. 
 
     -Elige el libro que quieras- Me dijo- Yo te regalo uno.
 
     No sé qué tanto me costó decidirme y solo tengo la certeza, je, de que al final me llevé uno de Tim Powers.  No obstante, se trataba de otra de sus obras, La Fuerza de su Mirada, cuyo evocativo nombre me sedujo más y con ello su todavía más preciosa portada (que más adelante un amigo perdió, por querer cuidarla al habérsela prestado y luego no recordó dónde la había dejado).
     Hoy en día solo Gilgamesh edita en español esta novela, aunque solo llegan sus libros por ediciones especiales y más factible sería encargarlo por Buscalibre.
     Por cierto: De su argumento solo sé que trata de viajes en el tiempo. Y, por último, puedo decir que esta historia está considerada entre las 100 mejores novelas de fantasía, según el prestigioso especialista David Pringle (que hace años leí su ensayo al respecto, si bien como es típico en mí, olvidé detalles al respecto).
 
Nota: Me acabo de dar cuenta que ya conté antes mi historia con el profe Juan Espinoza y nuestro viaje a la FILSA y fue para la entrega número XIII de esta serie de posts (del año pasado no más); no obstante, como esta vez doy más datos al respecto, la voy a dejar acá.

Lectura de playa actual.


domingo, 31 de octubre de 2021

Pecados de Omisión XIV: EDICIÓN HALLOWEEN


 1. El Sirviente de los Huesos.
 
   Cuando era estudiante, escolar y luego universitario, en Alameda a la altura de la estación del metro  República (quizás la más grande en aquella época pretérita, que solo después este siglo y con la aparición de las otras líneas de dicho servicio de tren subterráneo, aparecieron otras, incluso mucho más gigantescas) se ponía sobre el pavimento un "caserito" de esos que encima de una lona o mantel, distribuyen su mercancía para ser exhibida ante los curiosos y voraces ojos de los potenciales clientes.  Este señor (o señora, que mucho tiempo ha pasado y ya no recuerdo su identidad) se dedicaba al fino comercio de libros, entre textos originales nuevos, usados y piratas.  Siempre que pasaba por ahí, en especial cuando iba en dirección al preuniversitario donde me preparaba para dar la extinta P.A.A. (Prueba de Aptitud Académica), para postular luego a una carrera universitaria (Año del Señor de 1993 y entonces no eran tan fácil cursar estudios superiores), me encontraba con las maravillas que vendía esta persona, lamentando no contar con el dinero suficiente para adquirir algo; solo una vez desembolsé plata de mis escuetos ahorros y me di un gusto gracias a dicho puesto: Los Cuentos de Eva Luna de Isabel Allende, que luego supe era una copia pirata, la única que he comprado en mi vida (pues no me gustan esas feas versiones) y que años después perdí (mucho tiempo después, gracias a una económica colección que salió en los kioscos, pude comprar ese valioso libro en tapa dura y con sobrecubierta).
    Disculpen, que harto me he extendido y todavía no llego al punto que nos reúne primero... Resulta que entre esos libros que se exponían en plena Alameda y a la intemperie (aunque muchos de ellos forrados), el único título que recuerdo con detalle viene a ser El Sirviente de los Huesos de Anne Rice.  Una de las pocas novelas de la autora independientes, que no pertenece a sus sagas de las Crónicas Vampíricas, ni a la de Las Brujas de Mayfair o a cualquier otro de sus ciclos que luego creó; solo sé que trata sobre un espíritu vengador, creo que de las antiguas Babilonia o Mesopotamia, que presencia un asesinato en la actualidad y decide ajusticiar al homicida a su manera.  Les hablo de la era antes de Internet y, por extensión, de Wikipedia, así que solo gracias a este "puestecito" supe de la existencia de tal obra.  Me gustó de inmediato su título y su portada, pero vez que tenía efectivo conmigo lo gastaba en otro texto.  Ignoro en qué momento desapareció este vendedor de tal lugar, ojalá se haya ido a otro para deleitar con sus joyitas.
   Cabe mencionar que esta novela hoy en día está discontinuada en español o al menos no la pillo desde hace años.  A ver si algún día la incorporo a mi biblioteca (y me la leo, claro).


2. Caricias de Horror.
 
    Los ochenta y los noventa son décadas prodigiosas en lo que se refiere a la aparición de antologías de terror; tengo el gusto de poseer varias de ellas y me las devoré hace rato (pregúntenme si me acuerdo de más de 5 relatos contenidos en sus páginas); algunas de ellas son verdaderas perlas que están entre lo más valioso del formato y se consideran títulos relevantes a la hora de estudiar/leer con seriedad narrativa corta del género.
    De entre los susodichos libros, se encuentra Caricias de Horror 1 y 2, dos selecciones que tuve en mis manos cuando cursaba en la universidad, puesto que llegaron muy baratos de la mano de la extinta editorial argentina Emecé, que trajo la Librería Chilena, la empresa con dos locales en Santiago de la que ya les he contado bastante.
     Creo que es el primer tomo el que trae un famoso cuento de Ray Bradbury, otro muy destacado de Clive Barker (Jacqueline Ess: Su voluntad y su testamento) y uno de Stephen King, del cual solo he leído su versión incorporada a la novela Los Tommykcnockers (La Pasión de Becka Paulson).  El tema es que nunca me compré ninguno de los dos, aunque sí adquirí un ejemplar del primer volumen, para regalárselos en Navidad a un par de hermanos que tenía de amigos en aquel tiempo.  Recuerdo que se los dediqué (era mi costumbre escribir un mensaje, a quien le obsequiaba un libro en aquellos años) y en algún momento, estando en su casa, me leí la introducción que era bien buena.
    De puro tonto no me agencié estos tomos.


 
3.  Lori.
 
    Un autor al que reverencio desde antes de leerlo, o sea, desde que era un adolescente y ya conocía algo de escritores de terror, viene a ser el maestro Robert Bloch.  Supe de su existencia cuando vi por esa época por primera vez Psicosis, basada en su novela Psycho, que claramente me gustó mucho.  Luego me leí el maravilloso ensayo de Rafael Llopis sobre Los Mitos de Cthulhu, que durante mi primer año en la universidad disfruté ahora completo, en la magnífica antología sobre estos relatos que sacó Alianza Editorial, puesto que se trataba de nada menos que su Introducción; de esta manera supe más del escritor y tuve el placer de gozar un par de cuentos suyos.
   Una vez llegó a la mentada Librería Chilena su novela Lori, con una muy fea portada de Plaza y Janés.  Cabe mencionar que difícilmente llegan acá títulos de este narrador, de quien es más fácil pillar cuentos suyos en antologías varias.  Varias veces estuve tentado de comprar esta obra, que solo puedo traer a la memoria sobre su argumento de que es de terror sobrenatural; sin embargo, nunca lo hice y solo ahora sé que perdí una oportunidad de oro, porque tal como dije antes, con suerte es traducido en la actualidad al español y eso que su bibliografía es extensa.
    Yo no era socio de ninguna biblioteca, salvo del Instituto Chileno-Alemán y si bien en la universidad tenía acceso a una inmensa biblioteca, nunca indagué para ver si tenía algo de mis temas de interés; así que todo lo que me leía o era bien lo que lograba conseguir para mi naciente colección o se trataba de lo que me prestaban los amigos, que comencé a hacer a partir de entonces.  Fue cuando una profesora del colegio donde estudié y con la que comencé a hablar recién ya salido yo de enseñanza media (pues era profe de Básica y nunca me hizo clases), ya que de pura nostalgia visitaba este centro educacional, que comencé a prestarme libros con su hijo; de edad similar a mí y alguien que tenía los mismos intereses literarios que su servidor, no contaba con alguien para compartir sus gustos.  Internet era algo de ciencia ficción, así que nos escribimos unas cuantas cartitas cortas, que intercambiábamos gracias a su madre y luego comenzamos a hablar por teléfono.  Fue así que uno de los libros que me mandó con la "Tía Yanira", fue Lori, el que leí feliz, aunque como ya dije, no tengo memoria de qué va. Por otro lado, solo una vez me junté con Manuel, pues fui invitado a su casa y harto bien que la pasé (llevé en VHS Army of Darkness de Sam Raimi, para que la viéramos juntos); tristemente esa protoamistad no fructiferó, porque el mismo Manuel no demostró mayor interés y yo me quedé con las ganas de compartir más juntos.
 
4. La Serpiente y el Arcoiris.
 
    De los ochenta data una de las mejores cintas de Wes Craven (o al menos una de mis más queridas de este realizador): The Serpent and the Rainbow.  Llegada a estos lares con el comercial nombre de La Maldición de los Muertos Vivientes, es la única peli de zombies "mágicos" moderna y seria de la que tengo conocimiento.  Cuando se estrenó en nuestras salas, correspondió a una de las tantas pelis que deseé ver en pantalla grande y que solo en VHS pude hacerlo, ya en los noventa; antes de eso, fue uno de los tantos filmes que me contó mi hermana Mabel cuando éramos chicos y que ella vio en el colegio, en esas sesiones de cuando se daban "funciones de video" para juntar fondos (otro título de estos que me relató fue Poltergeist).  Así fue que habiéndome visto por fin esta obra de adolescente, me llamó la atención el detalle de que estaba basada en un libro; luego supe de que no era una novela, sino que una especie de ensayo, del mismo tipo que aparece como protagonista en dicha obra (creo que era un antropólogo, al menos el de la vida real).
   Nunca pensé en encontrar un texto como ese por acá, no obstante gracias a la gente de la Librería Chilena ello fue posible.  La verdad es que solo supe de que estaba a la venta, porque un amigo me había pasado el dato, que no había reconocido esta obra con su nombre en español: La Serpiente y el Arcoíris.   En ese tiempo era joven y mucho más ignorante que ahora, así que dejé pasar una oportunidad de oro para poseer y leer un documento como ese.  Supongo también está descatalogado ¿Se lo habrá comprado Guillermo?

lunes, 27 de septiembre de 2021

Pecados de Omisión XIII

 


1. Crónicas Necrománticas.
 
    Desde (la noche) de los tiempos en que compraba feliz la revista Fangoria (de donde saqué el nombre de este blog), o sea a principios de los noventa, viene a mí el nombre de Brian Lumley.  Les estoy hablando de un escritor que comenzó como muchos otros imitando/homenajeando el estilo de Lovecraft, al crear nuevos textos ambientados en los llamados Mitos de Cthulhu.  La primera vez que supe de la existencia de su saga, que tenía a un vampiro de protagonista, fue en el número 1 de su primera época en español, cuando en una breve reseña hacían mención a la adaptación al cómic; una imagen se me quedó muy marcada al respecto y donde salía su personaje principal, un tipo apuesto y musculoso semidesnudo con una apariencia bestial, sobre un cuerpo al que le había sacado el corazón para comérselo o algo así.  Poco después en otro número de la revista, en la sección de crítica literaria sobre libros recién editados, La Biblioteca de las Pesadillas, que en la edición española era hecha por un ibérico, pues comentaban solo títulos publicados en la Madre Patria, le dedicaron espacio a un libro recién editado a nuestra lengua de Lumley y creo que era de las mismas Crónicas Necrománticas (debería revisar mi vieja colección para corroborarlo ¿No?); el tema es que no hablaban muy bien del tomo y menos del autor... Fue así cómo me prejuicié en contra de este escritor, que luego me parece volvieron a ningunearlo en tales páginas.
    Me parece que nunca he leído cuentos suyos, que al parecer es bien dado a ello y varias antologías cuentan con sus aportes.  Por otro lado, solo dos veces he tenido en mis manos algo de su autoría y hoy les contaré solo sobre una de ellas. Hace tiempo ya, a principios del presente siglo, llegó a la Librería Chilena (donde compro desde que era un escolar y estaba en Enseñanza Media) una enorme cantidad de títulos de Timunmas (la editorial que sacaba en nuestro idioma esta serie y varias más hoy en día descatalogadas), muchos en tapa dura con sobrecubierta. Fue el segundo montón que les llegó con gran variedad de tal empresa (¿Sigue existiendo?) y de ahí nunca más vi nada al respecto, de su catálogo en cualquiera de sus dos locales.  Fue así que vendían como 5 entregas del mentado ciclo literario, con una preciosa presentación de bordes plateados y portadas hermosas, aunque aterradoras.  Según mi amigo Miguel Acevedo, quien en repetidas ocasiones me ha recomendado a Lumley, solo las vendían juntas y no por separado; todo a un precio igual muy económico, si se tomaba en cuenta la inversión que se hacía.  Una vez entré a la sucursal de Huérfanos, la más grande de las dos, junto a mi mamá (y quien me di cuenta quedó sorprendida con tanto libro expuesto, pues ella no es lectora como su retoño) y estuve tentado de adquirir tales títulos; pero no lo hice y estos se acabaron poco después.
    Este verano, cerca de enero, el mismo amigo que ya mencioné, le compró a un casero del que le di el dato, la colección completa de Las Crónicas Necrománticas y todo por un monto maravilloso... Esa vez sentí "sana envidia" por él.

 
2. Añoranzas y Pesares de Tad Williams.
 
    Originalmente una trilogía, aunque en al menos la edición en español abarca 4 libros, ya que los españoles (como acostumbran hacerlo) dividieron el último tomo en dos, la cual está considerada entre lo mejorcito de la fantasía épica.
    También fue cerca de principios de siglo, cuando salió en los kioscos de Chilito, una colección del género en tapa dura y de algunos de los libros más destacados al respecto.  No eran caros y la calidad de la edición era un valor agregado, sin embargo, nunca me hice con seriedad la idea de adquirirlos; salvo en el caso de esta obra de Williams, que el propio Miguel por igual me había dicho que era increíble (confío mucho en su criterio, que vez que me recomienda algo, en efecto cuando le dedico su tiempo me gusta mucho).  Los títulos se vendieron como pan caliente entre los más ñoños de la casa y no volvi a verlos por estos lares.
    En el transcurso de la década pasada, a la susodicha librería de saldos llegó una nueva edición de Añoranzas y Pesares; la vendían solo como saga completa, pues los volúmenes venían empaquetados y estaba entre sus ofertas.  El precio era considerable, si alguien como este humilde servidor, iba dispuesto solo a gastar la mitad de lo que costaban dichos títulos (hoy en día no dudo en hacer compras como esa, je); así fue cómo por segunda vez, me negué la posibilidad de conseguir tal obra maestra y quién sabe si alguna vez la tendré/leeré.



3. Nuestra Señora de las Tinieblas de Fritz Leiber.
 
    Numerosos títulos de Martínez Roca llegaban por acá y "La Chilena" las tuvo entre sus promociones que daba gusto.  Pero también habían otras librerías donde valía la pena comprar, como la , donde de vez en cuando voy.  En mi país también contamos con varias ferias del libro, que se llevan a cabo de vez en cuando, en las cuales las editoriales y librerías se instalan con hermosos puestos, donde ofrecen numerosas obras a precios tentadores (más las valiosas actividades culturales, como invitados especiales, funciones de teatro y talleres).  La más importante de estas "ferias" en Santiago es la Filsa (Feria Internacional del Libro de Santiago), la que no se lleva a cabo desde hace 3 años ya y la primera vez fue por el llamado Estallido Social (revolución en todo Chile, debido a las injusticias sociales del gobierno y de los poderosos, que se tradujo en marchas y desmanes; que tuvo paralizada la nación en buena parte de sus actividades, aunque se tradujo en beneficios tales como el cambio- por fin- de la Constitución legada por la dictadura de Pinochet); ojalá este año volviese a llevarse a cabo.
    Eran los años noventa y de adolescente conocí a Fritz Leiber, por gracia del Instituto Chileno-Alemán, al cual asistía junto a mi amiga Marta González para pedir prestados libros y por el simple gusto de leer.  Fue así que una vez me encontré en una de sus estanterías, con el primer tomo de las aventuras de Fafhrd y el Ratonero Gris, sus dos más grandes personajes, a los cuales adoré apenas comencé a devorar sus historias (luego pude adquirir como 5 libritos de sus narraciones).  Unos años después, estaba en la universidad y era alumno ayudante del curso facultativo de Ciencia Ficción (un electivo que tomé al comienzo del segundo año de mi carrera, entre varias posibilidades que tenía y que fue el primero en su tipo de carácter "serio" y académico, creo, en Chile).  Hice muy buenas migas con el profe que lo daba, Juan Espinoza (un hombre muy sencillo, pese a su nivel y que tenía una colección en casa que me inspiró a hacerme la mía), quien me invitó a la Filsa y me dio la oportunidad de regalarme el libro que yo quisiera; la tentación era muy grande y tenía en vista el libro que ahora me inspira a escribir y La Fuerza de su Mirada de Tim Powers (de quien nada había leído aún, pero cuya portada preciosa me atraía mucho, más el nombre de su novela que me provocaba gran curiosidad).  Yo ya sabía que se trataba de un escritor de renombre, sin desmerecer a Leiber que es otro destacado; empero tenía que elegir y me decidí por el segundo.  Más adelante me volví a encontrar con este libro; no obstante, fuí relegando su adquisición, hasta que desapareció de las librerías, así como otros títulos de su autor.
    No tengo idea de qué va su historia, pero sí recuerdo que esta pieza se encuentra en el respetable listado de Las 100 Mejores Novelas de Fantasía de David Pringle, recomendable libro que sirve de guía para escoger qué leer de bueno al respecto.
 
4.  Lágrimas de Dragón de Dean Koontz.
 
    Más o menos por la misma época en la que me encontré en la Filsa con Nuestra Señora de las Tinieblas (posiblemente en 1995 ó 1996), tuve en mis manos un libro recién salido en español de Dean Koontz, un autor al que pese a las malintencionadas críticas de la Fangoria, le tomé interés; ya me había leído unas cuantas cosas suyas, entre cuentos y novelas, que me gustaron mucho y en especial su libro El Lugar Maldito (que me regaló para una Navidad mi referida amiga Marta González).  Lágrimas de Dragón era otro volumen que me llamaba poderosamente la atención, con su título tan sugerente y lo mismo la hermosa ilustración de su portada.  Recuerdo que estaba baratísimo y yo tenía la plata para hacer la transacción; no obstante, nunca me lo llevé conmigo y por esa razón hoy está entre mis pendientes, que hace rato que no lo veo en parte alguna.
     Como me pasa siempre con la mayoría del listado de estos Pecados de Omisión, ignoro su argumento, pues me gusta llegar a una historia, en lo posible, sin ideas preconcebidas para sorprenderme gratamente con lo que me deparan sus páginas.

lunes, 21 de junio de 2021

Pecados de Omisión XII.

 

1. Trilogía Viriconium (M. John Harrison):
 
    Al menos 3 de mis amigos frikis más cultos si llegan a leer estas palabras, Marlo, Leo y Miguelito, querrán colgarme de mis gónadas por este yerro (aunque lo más probable es que solo se entere el último de este singular triunvirato, pues los otros dos con suerte leen los encabezados de mis posts).  El tema es que hace rato que a Marlo y a Miguel les venía oyendo/leyendo alabanzas sobre este escritor, un destacado inglés que como muchos colegas suyos dedicados a la llamada “literatura de género”, ha incursionado con excelentes resultados en el terror, la fantasía y la ciencia ficción.  Fue así que un día Marlo, quien me llevó a la “fiebre” por comprar textos a través de internet, comenzó a adquirir obras de este autor, difícilmente encontrables por estos lares.  Luego, una vez en que nos juntamos en su caso y nos recibió a Miguelito y a mí para ñoñear juntos, se pusieron a hablar de este señor de quien nada sabía (supuestamente) y en particular ensalzaron esta trilogía de novelas en cuyo particular mundo, su autor también ha realizado unos cuantos cuentos.  Para suerte de Micky, el anfitrión le obsequió una de sus novelas de fantasía científica nuevecita, que tenía repetida y yo me quedé con penita en el corazón.
    En una de mis visitas al Persa Bío-Bío (palacio de las compras “informales”, al cual ya me he referido varias veces en esta serie de posts y otros de carácter autobiográfico), estaba visitando el puesto de mi querido caserito Don Julio (personaje de la vida real que también, por razones obvias, ha aparecido varias veces por acá) y en uno de los muebles donde pone a la exhibición los títulos que tiene a la venta, se encontraba en muy buen estado, usados (pero no importa), los 3 tomos en bellas ediciones.  Le pregunté por ellos, que casi me parecía algo propio de la magia y de la sincronicidad, de las cuales tanto me gusta hablar, puesto que no hace muchos los mencionados amigos me la habían recomendado y todo fue como tan cercano en el tiempo (aunque creo que ninguno de ellos la ha leído) y debo decir con sinceridad que mi caserito me pidió un valor más que aceptable por ellos (creo que unos $ 15.000 por los 3 volúmenes juntos).
 
      - ¡Tengo tantos libros aún sin leer! – Dije en voz alta
 
    Lo que me pasó fue en el transcurso del 2019, creo, antes de que visitar este tipo de lugares fuese algo que solo podríamos hacer durante los cortos periodos, cuando pudiesen funcionar tales comercios y uno estuviese dispuesto a “arriesgarse” por el maldito Covid-19.  Echo de menos esa libertad y me arrepiento de mi estupidez de aquella vez.  Al menos el año pasado, durante uno de los paréntesis en que los negocios volvieron a abrir, si bien esta vez en una librería, me compré por datos dados por Miguelito, en oferta Nova Swing de Harrison.
    Y ahora explico, eso de mi supuesto desconocimiento en el trabajo de este maestro, con quien estoy en deuda.  Hace muchos años, cuando yo era un adolescente en los noventa y me encontraba en el último año de mi Enseñanza Media, estaba yendo a un preuniversitario para prepararme para la universidad y dar una buena prueba de selección (en ese tiempo la Prueba de Aptitud Académica, PAA).  Cerca de este centro de estudios, había una tienda donde vendían artículos de escritorio y en las vitrinas exponían uno que otro libro a la venta, selladitos, y entre estos se encontraba una antología de terror con el “sugerente” nombre de Pesadillas (más tarde, supe de que se trataba de un ejemplo de esa espantosa manía que tenían los editores españoles, de dividir un mismo tomo en al menos dos para sacarle más plata y hasta poniéndoles distintos títulos); el asunto, es que este ejemplar llevaba en la fea portada el nombre de dos autores que me interesaban mucho, Stephen King y Clive Barker (a la fecha aún nada había leído de este, pero ya lo amaba gracias a las pelis de Hellraiser) y al resto de los autores ni los ubicaba… Pues me obsesioné con la idea de conseguir el dichoso libro, reuní la plata y lo conseguí.  La última historia de un tal…M. John Harrison, con el ominoso nombre de El Gran Dios Pan, que se llamaba igual que un clásico relato de Arthur Machen y era un claro homenaje a este; bien recuerdo que esta fue una de las piezas que más me gustó de esa colección, sin embargo, como tanto tiempo ha pasado y mi memoria es frágil para recordar ese tipo de detalles, no la recuerdo.  Solo en una de mis tantas charlas con Miguelito, vine a “cachar” que tenía algo de él antes de conseguirme el mentado Nova Swing.


2. Odisea en Marte (Stanley G. Weinbaum).
 
    Durante las décadas de los veinte y treinta del siglo pasado, los llamados pulps, revistas de corte temático hechas con papel de muy baja calidad y que se vendían muy baratas en kioscos como “literatura de masas y escapista”, en tiempos de crisis económica en Estados Unidos, una gran cantidad de escritores importantes publicó numerosas obras de “género”; con posterioridad lograron convertirse en autores de culto, al valorarse con los años su aporte literario.  Uno de ellos es el artista cuyos cuentos fueron compilados en este volumen, que tuve en mis manos hace años ya y que lo vendía baratito en mi amada (buen, no solo para mí tan apreciada) Librería Chilena.  Tengo entendido que su cuento que titula el volumen, también traducido a nuestra lengua como Una Odisea Marciana, es uno de los más bellos de su época, siendo un claro ejemplo de las locas ideas de los prosistas de aquellos años, quienes aún creían que en Venus, Marte y otros planetas de nuestro Sistema Solar había vida extraña y hasta civilizaciones.  Sucede que no me gustaba la portada (¡No juzgues un libro por su tapa! dice el sabio adagio) y este título que contenía varios otros escritos de Weinbaum, se agotó como pan caliente, cuando el público habitual del local le hizo saber a sus conocidos de la joyita que había llegado; de seguro más de alguien de mi círculo lo tiene orgulloso en su colección. 
    Tiempo después de la omisión anterior, en la misma Librería Chilena adquirí una maravillosa enciclopedia sobre la ciencia ficción y, como no, en ella hablaban estupendamente de Weinbaum y en especial de su célebre cuento; mi arrepentimiento fue mayor.


3. La Cuarta K (Mario Puzo).
 
    El famoso escritor italonorteamericano, a quien le debemos la inolvidable historia de los Corleone (El Padrino, tremenda trilogía cinematográfica) y varias novelas en verdad recomendables, además de su guión para la película de culto, que llevó por primera vez a Superman a volar en la pantalla grande, redactó este libro y del cual solo supe que se trababa de una amenaza terrorista en Gringolandia.  En una linda edición de la llorada Editorial Grijalbo (¡Pucha que sacaba buenos libros!), tenían esta obra, que como muchas de las que llegan a esta tienda “de saldos”, estaba disponible en muchos ejemplares; varias veces lo puse en el montón  de títulos que me entusiasmaban, de todas las veces que iba para allá seguido en aquellos tiempos, pero al final me quedaba solo con los textos de corte ñoño y de ese modo perdí la oportunidad de tener otra de las obras maestras del gran Puzo (al menos mandé a hacer a más de un alumno, cuando tenía mi propia “sala temática”, una mesa dedicada a este escritor, con su imagen, nombre en grande y las portadas a todo color de varios de sus trabajos).
 
4. Invernáculo (Brian Aldiss).
 
    A este inglés sí que lo conocía hace rato y algunas cositas suyas me había leído por ahí, cuando en una librería que no sé si aún sigue existiendo, llegó a mis manos una edición de bolsillo de esta novela.  A menos que me equivoque, yo ya estaba haciendo clases, así que ya ganaba mi platita, aunque venía de la universidad no sé por qué asunto (¿Quizás viendo el tema de mi Memoria para titularme de profesor?).  El libro estaba en oferta (a estas alturas, ya sabrán que es costumbre mía comprar, por lo general, solo títulos que estén a bajos precios) y lo estuve mirando detenidamente, que había al menos otro texto que me interesaba, de los que se encontraban en el exhibidor dedicado a las rebajas.   La verdad es que no recuerdo qué pasó al final, de si me llevé algo conmigo aquella ocasión; no obstante, sí tengo muy claro que la novela de Aldiss no se vino conmigo y eso que me complacía, también, que se tratara de una edición de Minotauro, la reverenciada editorial dedicada a los géneros que tanto me gustan.  A veces creo que me “piqué”, porque hace rato que estaba detrás del tomo que me faltaba, de la trilogía de esta autor llamada Heliconia y de la cual compré a “precio de huevo”, en lujosos tomos de tapa dura y sobrecubierta, los volúmenes Primavera y Verano (aún sin leer, aunque ha pasado más de una década desde tal inversión); y tras creer que aunque se trataba de una edición más “humilde”, luego darme cuenta de que no era el tan deseado Invierno (obviamente leí a la rápida el nombre y me confundí por ser una palabra con la misma raíz semántica), opté por ignorarlo… ¡Puras tonteras mías!

 

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