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domingo, 23 de mayo de 2021

Horrores de todo tipo.


   En el transcurso del año pasado HBO nos regaló otra de sus magníficas series originales: Lovecraft Country. Basada en la novela homónima de Matt Ruff (traducida a nuestra lengua como Territorio Lovecraft) fue llevada a la pequeña pantalla por la guionista Misha Green, quien además se encargó de escribir buena parte de los 10 episodios que comprenden su primera temporada.  El show cuenta con la producción de gente tan “poderosa” en el medio como J. J. Abrams y del oscarizado director, guionista y actor Jordan Peele, un artista afroamericano que con solo dos películas de su creación propia, ha llevado el género de terror a nuevos niveles, al otorgarle una crítica social quizás no vista antes en el cine gringo; y es que en dichas cintas trató con ingenio temas relacionados al racismo y las desigualdades entre la comunidades blancas y negras de dicho país.  Es así, que esta producción posee una fuerte amalgama de aristas a la hora de disfrutarla y analizarla, puesto que su manera de abordar el horror va más allá del espectáculo visual que nos acostumbra dar HBO, sino que se trata de un fuerte recordatorio sobre una mancha en la historia gringa que no se puede olvidar: Su honda xenofobia y que hasta nuestros días perdura, pese al discurso revisionista y políticamente correcto de muchos títulos usacas y en especial provenientes de Disney.
     Bellamente ambientada en los años cincuenta, nos cuenta de una familia afrodescendiente ligada por generaciones a una estirpe de brujos de origen caucásico, que de la noche a la mañana se ve involucrada en espantosos actos de magia y donde el orden de las cosas está a punto de ser cambiado de la peor manera; es así que cada uno de estos héroes y antihéroes se enfrentarán a las fuerzas del mal, aunque no solo sobrenaturales, sino que, además, como miembros de una comunidad considerada entonces por buena parte de los caucásicos como ciudadanos de la segunda clase, al espantoso racismo de un pueblo supuestamente democrático y librepensador.  
      Violenta y en el tono “más adulto” que hemos podido apreciar en las producciones de la empresa, la trama nos expone sin tapujos a los horrores del ser humano común y corriente, donde los victimarios se creen superiores a los otros y a quienes ni siquiera consideran sus semejantes; en este sentido, los villanos siempre serán los blancos (al menos hasta donde hemos podido atestiguar).  Y he aquí lo que, a mi humilde parecer, resulta ser lo más espantoso de esta serie, puesto que se trata de algo real, que no solo corresponde al pasado de todo un pueblo orgulloso y, sin embargo, con muchas vergüenzas que ocultar; sino que tal como lo hemos podido contemplar en las noticias actuales, sigue tiñendo de sangre sus calles.  Respecto a todo esto, el programa hace un impactante retrato de la sociedad de aquella época, cuando en muchos lugares del Sur de Estados Unidos los negros vivían obligatoriamente apartados de la mayoría blanca y si pisaban el territorio de estos, estaban expuestos a todo tipo de vejámenes (¡Y eso que hace rato se había abolido la esclavitud en el país!); justamente uno de los momentos más impactantes de esta primera tanda de episodios, que en todo caso todos se encuentran llenos de escenas que no nos dejan incólumes (por no mencionar los geniales diálogos y las grandes actuaciones de los actores detrás de ello), viene a ser cuando tres de los coprotagonistas son transportados al pasado y justo cuando ocurre el más atroz desastre de racismo en territorio yankee (¿Quién niega que podemos aprender historia de verdad con estos espectáculos?)… Sin dudas llega a dar rabia tanto odio e intolerancia al respecto, pero agradezco que los responsables de este título no le hagan la vista gorda al tema y quieran restregarles en la cara a sus “bienintencionados” o desmemoriados compatriotas, las bestialidades de su herencia; no olvidemos que quien no aprende de su pasado, está obligado a repetirlo.
    Luego tenemos, como era de suponer, el elemento fantástico y que le da el nombre a este programa.  Es así, que se nos da el gusto con toda la parafernalia argumental y visual que esperamos de este tipo de producciones: encantamientos increíbles, fantasmas, brujos de la peor calaña, casas hechizadas, libros malditos y hasta monstruos… ¡Si aparecen hasta los famosos shoggots de los textos lovecrafnianos! (y en verdad su diseño es para aplaudir).  No obstante, quien espere mucho del llamado “Soñador de Providence” y de sus discípulos trasladados a la serie, al menos en su primera temporada, de seguro se defraudarán (como un muy querido amigo al que prefiero no invocar); sin embargo, tengo la esperanza de que a futuro habrán más apariciones propias de los Mitos de Cthulhu.  Mientras tanto, se menciona de manera muy directa a varios autores ligados al terror clásico, aparte del propio Lovecraft, como a Bram Stoker y su inolvidable Drácula… ¡Y otros más que ya me olvidé, je! En todo caso, buena parte de la trama transcurre en la ficticia ciudad de Ardham, en clara alusión a Arkham, sitio tan célebre dentro de los escritos lovecrafnianos. 
     Solo un detalle no me gusta de este show y es que en contra de lo que habría esperado de una obra como esta, tan bien realizada en su conjunto… ¡No tiene créditos de apertura! Si bien un simulacro de algo parecido tiene, al aparecer alrededor del título un hermoso dibujo distinto para cada capítulo, relacionado con su historia central (la verdad es que no entiendo a HBO, puesto que nos ha dado preciosas secuencias al respecto, para sus ofertas programáticas, como bien son los casos de Juego de Tronos y Westworld, los que más encima cambiaban cada año para hacerlos más atractivos; mientras que en otros casos como este y El Visitante o Watchmen ni se “tomaron la molestia”).
     En cuanto a los protagonistas, cada uno al menos tiene un episodio donde logra destacar y ganarse el corazón de los espectadores; cabe mencionar que en un principio aparecen como secundarios, hasta que luego nos sorprenden gratamente con sus propias aventuras, en el episodio donde se les otorga su protagonismo.  La verdad es que están tan bien caracterizados, que imposible uno no opte por tener al menos un favorito.

 
Dramatis personae.
 
Atticus Freeman: Con quien parte la historia.  Es un ex soldado que estuvo en la Guerra de Corea, trayendo sus propias cicatrices espirituales, pero que regresa obligado a su hogar debido a la desaparición de su padre, con quien no se lleva bien.  El morenazo descubre que tiene sangre mestiza y es el único descendiente de un poderoso brujo; de este modo es vital para los planes de los seguidores de dicho antepasado, debido a lo cual no solo él corre peligro.  Si embargo, inteligente y culto como gran parte de su familia, consigue usar las mismas triquiñuelas del enemigo y no solo para sobrevivir y proteger a los suyos. 
 
Letitia Lewis: La hermosa pareja del anterior, es una mujer de armas de tomar como el resto de su familia consanguínea y política.  Toda su vida anduvo “arrancando” y ahora le toca enfrentarse no solo a aquello que la alejó por tantos años, si no que a la magia negra, que quiere utilizar a su gente de la manera más cruel y egoísta.
 
Hyppolita Freeman: Mi personaje favorito.  Una mujer madura y todavía muy activa, como atractiva.  Interesada en la astronomía, está preocupada por el negocio particular de su marido, un buen hombre que viaja seguido para completar su libro, que pueda ayudar a la comunidad negra para salir de casa y de ese modo llegar a lugares donde no corran el peligro de ser linchados por los racistas; no obstante, las cosas no resultan como uno se las espera y de ese modo le toca hacer un periplo aún mucho más extraordinario por si sola, el cual la cambiará para siempre.
 
Ruby Baptiste: Media hermana de Letitia, es una mujer poseedora de una voz bellísima, dedicándose al canto.  De aspecto voluptuoso, tiene su propio encanto físico y hermosura.  La relación con su pariente es complicada, si bien se quieren.  Por otro lado, se involucra sentimentalmente con gente de la familia que anda detrás de Atticus, participando de un hechizo atroz que usa ella misma para sus deseos más secretos.
 
Montrose Freeman: El masculino padre de Atticus (¡Qué da gusto y envidia lo bien que se conserva a sus años!) es un hombre con varios esqueletos en el armario y debido a todo ello, es que el trato con su unigénito ha sido tan accidentado.  Resentido hasta donde se puede ver, solo cuando los personajes viajan al pasado, logramos verlo como alguien por quien podemos sentir algo de simpatía.  No es un mal tipo, sin embargo, hay mucha violencia dentro de él, lo que contrasta con el carácter dulce de su hermano, el querible Tío George.
 
Diana Freeman: La única hija de Hippolyta y de George, es la artista de la familia.  Una adorable adolescente que dibuja de maravillas y gusta de los cómics.  Se convierte en víctima de un espantoso maleficio que como al resto la marca considerablemente.
 
Ji-Ah: La primera enamorada de Atticus, a quien conoció en Corea.  Estudiante de enfermería, guarda para sí una espantosa naturaleza, sin ser una persona malvada por gusto propio.  Cuando por fin la conocemos, uno puede llegar a preguntarse si acaso su episodio, en verdad el mejor de todos entre tanto capítulo de gran nivel (¿Cuál piensan, ustedes, es el mejor de la temporada?).
 
Christina Braithwhite: Nació siendo mujer en una familia que despreciaba a su sexo, puesto que su padre, líder del culto del cual Atticus es nada menos que el último descendiente directo de tan poderosos magos, por razones obvias no la quiso iniciar en los misterios de su hermandad; sin embargo, la rubia fémina que contrasta tanto con los héroes y antihéroes de la serie, se acerca a estos para ver cómo sacar el mejor provecho de la situación.

 

martes, 29 de agosto de 2017

Entretenida, pero no por ello deja de ser una gran decepción.


ADVERTENCIA: Escribí esta entrada especialmente para aquellos que han leído la saga de LTO de nuestro querido Stephen King, que para quienes no lo hayan hecho o poco interés tienen en este autor, estas palabras les pueden parecer poco atractivas.

     Las palabras que dan título a este post las pensé bastante a la hora de ponerme a escribir acerca de mis impresiones sobre un filme que esperé, que esperamos por décadas los seguidores de Stephen King, y en especial quienes adoramos su famosa saga épica de fantasía oscura conocida como La Torre Oscura.  Pues mucho tuvo que pasar para que se concretara el proyecto largamente aplazado de llevar a la pantalla grande (o a la chica) esta serie de libros, que está considerada entre las obras más importantes de su creador.  Fue así que se bajaron en el camino importantes nombres como J. J. Abrams (director y guionista), Ron Howard (director y quien al final quedó como productor) y Javier Bardem (actor principal), para que al final nos encontráramos con una obra que pareciera salió demasiado rápido  y que más encima pertenece a un cineasta desconocido para la mayoría (Nikolaj Arcel), que por muchos premios internacionales que haya recibido, al parecer no se siente muy a gusto en el género al que corresponde una obra como esta…
      …Pero vamos por partes mejor…
      ¿¡4 guionistas nada menos que para armar una historia “alternativa” de poco más de una hora y media!? Me cuesta creerlo, más cuando entre ellos está alguien que respeto como Akiva Goldsman, uno de los artífices de esa  joya de la televisión que es Fringe (a excepción de su última temporada, claro).  Y es que habiendo tanto material original para sacarle provecho, pareciera que los responsables no supieron qué hacer con ello, nunca se pusieron de acuerdo con qué tomar y al final solo se quedaron con las migajas de una tremenda historia, que apenas llegaría al 10% de lo que ideó Stephen King por casi medio siglo de su vida.  Pues debe saberse en pocas palabras que para quienes esperábamos la traslación al séptimo arte de estas narraciones, ya sea del primer libro editado (El Pistolero) o de su precuela (Las Pequeñas Hermanitas de Eluria) o de los varios flashbacks entre medio de sus múltiples entregas, en realidad esto nunca sucedió y al final lo que llegamos a tener frente a nuestros ojos es una obra por completo distinta a lo que conocemos.  Así que hay que pensar mejor que la cinta no se hizo pensada para nosotros, sino que para el resto del público, que por supuesto apenas sabe de estos escritos o que para nada se ha leído algunas de sus entregas.

      Lo que más me molesta es que hay grandes filmes o películas hechas para la televisión y hasta miniseries e incluso series que toman sus propios rumbos y que hacen sus grandes cambios a la hora de ser adaptaciones de una ficción kingniana y  de las que nadie puede negar su calidad estética.  De tal modo dentro del primer apartado podemos mencionar verdaderas joyitas como lo son El Resplandor de Kubrick, Carrie de Brian de Palma, Misery de Rob Reiner o cualquiera de los tres largometrajes que ha hecho Frank Darabont de los textos de su amigo (La Redención de Shawshank, La Milla Verde  y La Niebla), mientras que en el segundo encontramos Salem`s Lot del recientemente fallecido Tobe Hooper (ya se viene post dedicado a este) y la más reciente 22/11/63 del mencionado J. J. Abrams; mientras que programas como La Zona Muerta y Haven ya son de culto. Razón por la cual tampoco pido una copia calcada a las páginas leídas, que para algo uno tiene imaginación, sin embargo sí pido respeto a nosotros los lectores constantes y en especial a la materia prima de la que se nutren superproducciones como esta.  Sé muy bien que un filme es una obra autónoma en sí, en cuanto a que cuando está basada en una historia previa; no obstante en el caso concreto de la película que hoy nos reúne, estamos hablando para ser exactos de una versión tan libre del material original, que me cuesta no sentirme traicionado.
      ¿Y a Stephen King le gustó este filme? Yo creo que solo fue caballeroso en quienes depositó su confianza y de paso siguieron engrosando su cuenta bancaria (que además le prometieron secuelas y hasta series de TV relacionadas); aunque tampoco tengo que estar por completo con lo que dice y hace mi escritor favorito, que para nada es ley en mi vida todo lo relacionado con él.
    Mucho me costó hacerme a la idea de un Rolando negro, que en todo caso racista no soy (pues entre mis personajes favoritos de ficción hay hartos de color, tal cual Tormenta de los X-Men, así como entre mis actores predilectos hay unos cuantos como Morgan Freeman o Samuel L. Jackson), pues ya me había ilusionado con alguien como Bardem haciendo del último del linaje de los Eld y bien tengo claro que cuando King creó a este personaje se inspiró en nada menos que Clint Eastwood (además de haberme acostumbrado a las distintas ilustraciones hechas para los libros y los cómics). Pues algo que me molesta mucho en estos gringos es lo extremistas que son y ello se ve hasta en el mundo de la ñoñería, donde ahora por dárselas de pluralistas llegan a exagerar con eso de ser políticamente correcto, como ya pasó con la igualmente decepcionante Spider-Man: Regreso a Casa (¿Asgardianos afros? Nunca voy a olvidar la sorpresa de Heimdall con tales atributos, interpretado por el mismo Idris Elba en la saga de Thor cinematográfica). Sin embargo opté por no ponerme tan dogmático e intransigente, además de que encuentro un buen actor a Elba…
No me aguanté las ganas de sacarme
una foto con este Rolando "alternativo",
que su traje fue lo que lejos más me gustó.
     Pero cuando llegué a ver la “dichosa” cinta, a medida que su cortísimo metraje se fue desarrollando, me encontré con un montón de detalles que me molestaron: En primer lugar le dieron una caracterización por completo distinta a su villano, el Hombre de Negro, acá bajo el trabajo de Matthew McConaughey, convirtiéndolo más en un mafioso, que en el sujeto misterioso del texto literario (ello obviamente para “enganchar” con el auditorio masivo).  Esta idea del gánster queda clara al otorgársele toda una organización de monstruosidades a su disposición para conseguir su objetivo; además trataron de convertirlo en un villano “simpático” con sus fechorías y diálogos, carente de la sublimidad que posee en la obra de King.  De igual manera no dejaron de darle demasiada relevancia a este villano, olvidándose de que el viaje emprendido por nuestro héroe va más allá de enfrentarse a este una y otra vez. 
      Luego tenemos lo que pasa con Jake, el niño que se ha convertido en el nuevo compañero del pistolero.  El filme comienza teniéndolo como centro del argumento y solo después aparece el verdadero protagonista.  Además hacen que sea este chiquillo quien termina por hacer que cambie Rolando, de pasar de una supuesta idea absoluta de venganza, a la gran cruzada que en realidad emprende para salvar a la Torre Oscura y con ello proteger el multiverso.  A través de esto me parece que le quitan valor a un arquetipo como Rolando, quien pierde heroicidad en esta adaptación, para convertirse en antihéroe, al no empezar con la determinación mesiánica que el resto le conocemos.  Al final terminan por centrar todo en la relación de padre-hijo entre el hombre y el muchacho, obviando un momento tan memorable en el primer libro, como cuando Rolando, obsesionado con su misión, decide sacrificar al chico.  De este modo se dejaron de lado varios de los momentos más recordados de la novela primigenia.
       De que entretiene este filme lo hace, pero se trata de una historia ligera, que no tiene gran espectacularidad que digamos.  Tiene buenos diseños, aceptables actuaciones, una agradable banda sonora y en general un trabajo técnico de calidad; no obstante teniendo en cuenta todo esto, ello fácilmente lo encontramos hoy en día en cualquier producto más barato (como cualquier episodio de alguna serie actual que nos guste, como Juego de Tronos).
       Originalmente tras salir de la sala de cine quedé satisfecho y me hice la idea de que iba a escribir una entrada alabando, pese a todo, esta Torre Oscura; no obstante he tenido tiempo para meditar al respecto y bien les digo a sus responsables…¡Así los pille Nyarlathothep!  Las versiones gráficas son lejos mucho más satisfactorias que este constructo mal orquestado.  En su momento pensé que con una versión extendida de la película se podían arreglar tantos entuertos; sin embargo ya no me siente muy dispuesto, que digamos, a dedicarle mi “valioso” tiempo a este bodrio.
        Espero no se me caigan también con It.


Como ya ha pasado, el trailer ofrece más de lo que da la película.

domingo, 1 de enero de 2017

Cómo actualizar y mejorar viejas ideas (segunda parte).


NOTA: Como he perdido la costumbre de hacer un resumen del año recién pasado, pues me parecía que me daba “mala suerte” (¿Yo supersticioso?), opto por comenzar este nuevo año de 2017 con la segunda y última parte de un post que como siempre he escrito con todas mis ganas.  Aprovecho de desearles lo mejor en este 1º de enero que ya está por terminar y en el resto de esta más reciente etapa en nuestras vidas.

II- La “sucesora”.

        Pues teniendo en cuenta los filmes mencionados y analizados en el post anterior, la importante cadena de TV cable HBO, nos dio en el transcurso del 2016 (¡recién acabado!) la increíble sorpresa de una nueva serie “adulta” de su factoría: Wesrworld.  Tal como dice su nombre, está basada en el filme escrito y dirigido por Michael Crichton, llevada al formato de la pantalla chica y tal como hoy en día se nos tiene acostumbrados con este tipo de producciones: con un alto nivel artístico y técnico, que no tiene que envidiar a los títulos cinematográficos, tal como es habitual en los productos audiovisuales de esta misma empresa (y por supuesto de Netflix y Showtime).
        La propuesta de convertir a un programa televisivo actual el clásico de Crichton, se encuentra firmado por la misma dupla que nos regaló esa otra gran serie de ciencia ficción que hace poco tuvimos que despedir, Person of Interest; me estoy refiriendo a Jonathan Nolan y J. J. Abrams.  Ahora bien, en esta ocasión Nolan se unió a la guionista Lisa Joy para crear la trama central del show, escribiendo juntos, por separado o al lado de otros autores los diez episodios de la exitosa primera temporada (de hecho, muchos dicen que las series debut que compiten por lo mejor de su formato en el 2016 son esta y Stranger Things).  En cuanto a Abrams, esta vez solo se ha encargado de oficiar de productor ejecutivo.  Asimismo dentro de los productores y como coguionista de uno de sus episodios, se encuentra un destacado escritor de cómics, Ed Brubacker (a quien le debemos, por ejemplo, la novela gráfica en la que se basó la genial película Capitán América y el Soldado de Invierno), algo que potencia aún más esta serie.  
        Como el destacado compositor Ramin Djawadi ya había cosechado éxitos y premios con HBO gracias a su acompañamiento musical para Juego de Tronos y junto a Nolan y Abrams en la recién mencionada POI, fue llamado para encargarse del apartado respectivo.  Pues lo ha hecho de maravilla una vez más, empezando por un precioso tema de los créditos iniciales, ya que como menos mal no ha dejado de hacerlo HBO, volvemos en esta ocasión a contar con una muy artística secuencia respectiva; en ella suena una muy nostálgica melodía en violín y piano, a la par de que las imágenes resumen de manera bastante simbólica el argumento de esta obra.
        Un elemento que sin dudas viene a ser uno de los mayores atractivos de esta adaptación de Westworld, vienen a ser sus actores.    Desde hace años ya que artistas consagrados del séptimo arte han incursionado en la televisión, dejando claro con ello que esta más “humilde” manera de hacer historias audiovisuales, es tanto o más digna de respeto que su “hermana mayor”.  Pues ante un proyecto de la magnitud de Westworld sus responsables contrataron a dos actores de inmensa trayectoria y renombre: Ed Harris y Anthony Hopkins, verdaderos camaleones que una vez más se lucen frente a las cámaras y hacen cada una de sus intervenciones una verdadera delicia.   Para quienes conocemos sus carreras y hemos disfrutado cada uno de sus papeles y cintas a lo largo de los años, tenerlos en este programa es una promesa más de que lo que se contará en sus episodios es magnífico (y así ha sido).
       Junto a los dos grandes de la actuación ya nombrados, aparecen otros histriones de mucho talento, varios de ellos con muchos años de interesantes títulos a cuestas, incluso galardones recibidos por su labor.   En el apartado dedicado a los personajes, me referiré en concreto a ellos y quienes son el elemento esencial para que esta serie, sea sin dudas uno de los grandes eventos televisivos del recién pasado 2016.
       Era de suponer que la trama de esta adaptación tomara muchos elementos del filme de 1973, si bien al tratarse de una serie actual, no se desaprovechó la oportunidad  de desarrollar mejor sus ideas y, de paso, incorporar varias subtramas con lo cual acomplejar y enriquecer el argumento general.   Es así que acá nos volvemos a encontrar con la poderosa empresa de DELOS,  la que tal como en las viejas películas, posee un parque temático llamado Westworld, donde sus visitantes pueden tener la experiencia de verse insertos en la recreación del Lejano Oeste gringo y en el cual pueden interactuar con los sofisticados androides que pululan en su inmensa extensión.  En la serie las creaciones cibernéticas reciben el nombre de Anfitriones y resultan mucho más sofisticadas que las aparecidas en las dos películas setenteras, pues ahora no se distinguen de los seres humanos y tal como irá quedando demostrado a lo largo de la temporada (en realidad desde el primer capítulo), en realidad se tratan de verdaderas inteligencias artificiales.  Por lo tanto uno de los conflictos presentes en el programa y que nos depara un montón de increíbles sorpresas y momentos, viene a ser el concerniente al despertar de la conciencia de estas criaturas, que poseen sus propios recuerdos y personalidades, no teniendo idea de que en realidad han sido hechas por la tecnología humana (hasta que algunas de ellas sí llegan a saber dicha verdad).
       Entre los guiños que encontramos a la cinta original, se encuentran los trajes de los técnicos que trabajan con los anfitriones, así como el hecho de que los visitantes a este lugar llegan a sus dependencias en lujosos y modernos trenes eléctricos, tal como en los mismos filmes.  De igual manera que en las obras que inspiraron al programa, los robots de la primera generación poseen rostros desmontables (si bien en esta versión más actual, ello resulta mucho más espectacular que lo aparecido en ambos largometrajes).  No obstante el mayor homenaje a las películas, resulta  bastante grato para los pocos espectadores que logran reconocerlo, al ver en el fondo de una escena y escondido, a nada menos que al vaquero robótico interpretado por el fallecido Yul Brynner (quien aparece en la misma postura masculina y amenazante, de llevarse los dedos a los bolsillos del jeans y con su sombrero puesto, si bien no se le ve el rostro).  
        Supuestamente DELOS no posee otros ambientes especiales aparte de Westworld, a diferencia de lo visto en los filmes; no obstante en el último capítulo, nos dan una sorpresa al respecto, dejándonos claro que solo hemos conocido parte de su proyecto y tal vez a futuro podremos adentrarnos en esos otros parques temáticos.
       Por tratarse de un programa dirigido a adultos “con criterio formado”, el sexo y la violencia siguen siendo factores importantes en los guiones, si bien acá hubo un intento por dosificarlo en contraposición a otras series actuales.  Es así que los desnudos abundan, incluyendo varios frontales masculinos y femeninos; incluso una de las actrices principales sale en varias escenas mostrando gran parte de su preciosa anatomía.  Por esta misma razón, el carácter de juguetes sexuales de los anfitriones, queda más que claro a lo largo de esta primera temporada.  No obstante la naturaleza propia de un show que para nada es del tipo familiar, queda más bien declarado en sus guiones, que lo convierten en algo que hasta se puede afirmar que no es para cualquier espectador mayor de edad; pues no solo está hecho para los fanáticos de la ciencia ficción y/o incluso del western, si no que se trata de una obra armada con tal complejidad, que a más de uno lo puede enredad y al final terminar por aburrir.  Dentro de esto se encuentran las distintas temáticas abordadas en ella (bastante profundas por cierto) y en especial su montaje, que trata de dos líneas temporales distintas y que solo en el último episodio quedan mejor explicadas (aunque tampoco se la entregan fácil al espectador).
      
      Dentro de los temas presentes en Westworld, se hayan algunos de los más caros a la mejor fantasía científica, aquella que no solo busca entretener, sino que llevar a sus receptores a descubrir facetas de su propia humanidad y de la cual antes no habían tomado conciencia, promoviendo con ello la reflexión y permitiéndonos incluso mejorar como individuos.   Es así que nos encontramos con el papel de la intervención del ser humano, en el devenir de las cosas.  Su inteligencia y capacidad para crear de la nada, producir belleza y mejorar su propia existencia, ideando medios para hacerla más fácil (y divertida), es algo que queda bien demostrado con todo lo hecho por DELOS; no obstante esto es un sin dudas un arma de doble filo, ya que puede tanto darnos la plenitud que todos buscamos, como llevarnos a la condenación.  Es así que buena parte de los protagonistas humanos, se muestran acá como individuos con más de un esqueleto en el armario; por lo tanto no importa todo el poder que tengan estos “dioses”, que controlan los hilos de las vidas de los huéspedes, estos otros resultan ser mucho más felices, auténticos y admirables que las personas de carne y hueso.
      Relacionado con lo expuesto en el párrafo de arriba, nos encontramos con la idea acerca del valor de la vida misma y lo que nos define como personas con derechos y deberes.  ¿Qué nos hace ser lo que somos? ¿Nuestra inteligencia? ¿Los recuerdos que tenemos y atesoramos? ¿O es tal vez nuestra capacidad de libre albedrío? ¿Es en realidad el dolor aquello que sacar lo mejor y lo peor de cada uno? Con todas estas interrogantes presentes en la serie, nos encontramos también con el misterio acerca de la posibilidad de que exista vida más allá de la que conocemos, en este caso una creada por el hombre mismo. 
      De igual manera resulta relevante en el programa, el tema de la búsqueda de la felicidad, algo que se observa indistintamente entre humanos y huéspedes.  La realización personal, que según queda demostrado en el caso de aquellos personajes que están más cerca de conseguirlo, no es algo que se consiga a solas, sino que necesitamos a otros para, en el proceso de compartir nuestras vidas, acercarnos a esa idea que tenemos de una dicha lo más completa posible.
      A continuación la lista de rigor de los personajes más importantes, señalando uno que otro detalle de interés y demás datos sobre sus roles en la trama, con lo que es posible conocer mejor de qué trata Westworld (sin caer en el despreciable spoiler dentro de lo posible).   La mayoría de sus actores antes de esta serie, ya habían actuado en otros títulos del género, de modo que bien se podría decir que les interesa bastante la ciencia ficción o que son verdaderos veterano y/o expertos al respecto.

Robert Ford: El personaje encarnado por sir Anthony Hopkins, es uno de los dos creadores del parque de entretenciones de Westworld, siendo que su compañero murió hace ya bastantes años.  Es un hombre con una mente privilegiada y lleno de misterios.  Mantiene intereses personales con los anfitriones, lo que tiene que ver con su pasado.  No todos los directivos de DELOS están de acuerdo con sus decisiones, lo que provoca más de un roce; no obstante su poder en la empresa es demasiado grande, como para meterse a la ligera con él.  Su apellido, Ford, bien puede ser un guiño a la igualmente famosa novela de ciencia ficción antiutópica Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley; pues en esta obra se habla de la relevancia de las invenciones de Henry Ford, quien en dicha ficción  se convirtió en un personaje histórico sagrado; de este modo el personaje a cargo de Hopkins, compartiría con él esta dimensión de un sujeto, que marca la sociedad por completo gracias a sus creaciones.
El Hombre de Negro: Corresponde al rol de Ed Harris, de quien solo hacia el final de la temporada viene a revelarse su verdadera identidad y que más encima tiene una inesperada familiaridad con otro de los personajes principales.  Es un sujeto violento, el cual comparte con muchos de los otros protagonistas un hondo sentimiento de soledad, pese a que no lo verbaliza.  Es un humano y lleva treinta años dentro del juego de Westworld, detrás de varias cosas que poco a poco irán aclarándose.  Nunca sonríe y utiliza a todos sin vacilaciones para conseguir sus propósitos.  Su apodo, aspecto y supuesta personalidad nociva, podría tal vez ser un homenaje a la saga de La Torre Oscura de Stephen King, ambientada en un mundo tipo Lejano Oeste, con elementos de ciencia ficción y donde aparece un Hombre de Negro malvado.
Dolores: Una de los dos personajes femeninos centrales por parte de los anfitriones, es una hermosa mujer de aspecto angelical, quien lleva bastante bien el nombre que le han dado, ya que le toca sufrir como a pocos dentro de esta historia.  Femenina, dulce e indefensa en una primera instancia, en realidad alberga dentro de sí a alguien de una enorme fuerza interior y que además tiene relación con varios de los hechos más decisivos acerca del pasado, del presente y del futuro de Westworld.   Evan Rachel Wood, quien realiza este papel, sin dudas realiza una de las mejores actuaciones de esta serie y promete bastante en su promisoria carrera.
Maeve: La otra fémina anfitriona de relevancia en el argumento de este programa, hace de dueña de un prostíbulo dentro de Westworld; no obstante alberga dentro de ella una personalidad mucho más compleja, de lo que se esperaría en una meretriz, ya que su inteligencia es sobresaliente y eso hace que poco a poco vaya alejándose del papel que se le ha dado, hasta tener conciencia de lo que es en realidad y lo que hacen con los suyos los humanos; por lo tanto, se convierte en la principal gestora de los vientos de cambios para el resto de los personajes.  Si Dolores es rubia y tierna, esta otra morena y más salvaje viene a ser la otra cara de la misma moneda, en lo que al avance de estas inteligencias artificiales se refiere.
Bernard: Un importante científico y ejecutivo de DELOS de edad mediana y de raza negra, quien llega a involucrarse personalmente con uno de los androides.  Es una persona mucho más empática, que su contrapartida femenina en otra área de la empresa y con quien pese a todo mantiene una historia más allá de lo profesional.  Como otros entre quienes lo rodean, humanos y anfitriones, guarda un gran secreto y del que él mismo apenas tiene idea de ello.
William: Un visitante de Westworld, quien llega junto a su cuñado a este lugar para pasar unas relajadas vacaciones, pero que luego en contra de lo presupuesto, se va adentrando en los recovecos de este sitio.  Mientras su compañero va sacando fuera de sí su lado más detestable y hedonista, este otro encuentra al héroe que hay dentro de él.  No obstante llega a enamorarse de una de las anfitrionas, pese a que estaba comprometido y antes se negaba bastante a dejarse llevar por lo que le ofrecía el parque.  La aventura en la que se ve envuelto, una verdadera vorágine de emociones de carácter mortal, lo transforma para siempre en otra persona.
Teddy: Guapo anfitrión que comienza como uno de los personajes más trágicos de toda la serie y que también a medida que va transcurriendo el tiempo, se vuelve alguien mucho más complejo de lo esperado.
        Aparecen muchos otros personajes en la serie, ninguno de ellos carente de su propio encanto o atractivo, no obstante los recién mencionados son los que al menos a mí más me atraen.
           La segunda temporada está anunciada recién para el 2018 (¡Mucho tiempo para esperar!) y ante esta fecha casi incierta, uno se pregunta por qué razón, si Westworld ha sido un verdadero boom.  Pues sus creadores afirman que desean hacer lo mejor posible para lo que está por venir, ya que no quieren apurarse a la hora de escribir los capítulos y no decaer en la calidad de lo que hasta el momento nos han dado.  Yo creo humildemente que son puras tonteras tales justificaciones, pero qué se le va a hacer con las ocurrencias de los artistas (¡Es lo que hay!).

                                                            
Los preciosos créditos de apertura de esta genial serie.

domingo, 18 de diciembre de 2016

¡Hasta pronto, “Person of Interest”!


     Luego de 5 exitosas temporadas y 103 episodios llenos de emoción, este año terminó una de las series más originales de la televisión gringa de la presente década: Person of Interest.  Se trata de un título que se mueve entre la ciencia ficción y el policial, donde un grupo de sujetos con un pasado oscuro, buscan su redención mientras salvan la vida de todo tipo de personas ayudados por La Máquina, una inteligencia artificial que las avisa quiénes están en peligro.  La verdad es que su argumento es mucho más complejo que lo dicho en este escueto resumen, siendo además que su gran fuerza de radica en la carismática caracterización de sus protagonistas, entre héroes y villanos, que tras finalizado el programa a más de un espectador lo mantuvo involucrado en el destino final de todos estos (y de seguro con una que otra lágrima sacada a su auditorio).
     La última temporada fue breve para quienes estábamos acostumbrados a más capítulos por año, pues de tener más de 20 en las cuatro anteriores, en este caso solo tuvo 13.  En todo caso al menos se mantuvo la calidad argumental que no hizo mella en lo conseguido hasta ahora, pues en sus guiones se nota que fueron escritos con esmero y que no se terminó todo de manera apresurada como sí pasó con otros casos como Fringe y Medium, cuyas últimas temporadas respectivamente también fueron breves y desearon mucho que desear al compararlas con las otras.  Por lo tanto se puede decir que la finalización del show creado por J. J. Abrams y John Nolan viene a ser redondito y desde su primer episodio, el cual siguió la tendencia de una larga trama desarrollada de manera progresiva (dejando casi de lado los capítulos unitarios que había tenido en el pasado), se llegó a contar con éxito el fin de la guerra contra su mayor enemigo: la otra IA Samaritan y sus secuaces humanos, en la lucha por el libre albedrío defendido por Harold y sus amigos, para evitar el control de los otros que deseaban una especie de totalitarismo cibernético.
Precioso fan-art basado en este programa.
     Tras los acontecimientos finales de la cuarta temporada, que separaron a uno de los integrantes del equipo de Finch del resto y luego los obligaron a tomar medidas desesperadas para salvarse del acoso de sus enemigos, como también a arriesgar a la misma Máquina para evitar que cayera en manos equivocadas, el comienzo del fin muestra a nuestros justicieros haciendo lo posible por adaptarse al nuevo status quo; por lo tanto, ahora deben devolver a su IA al funcionamiento normal, rescatar de las garras de Samaritan a Shaw y encontrar la manera de conseguir la victoria, aun cuando todas las proyecciones dicen que tienen las de perder.  No obstante la esperanza es lo último que se pierde, más todavía cuando estamos hablando de gente tan capaz y noble como Harold, John, Lionel y Root, quienes además continúan contando con la preciosa ayuda de uno sus antiguos rivales, hace rato convertido en aliado y amigo, más otros que inesperadamente les tienden la mano. 
     Sameen Shaw solo reaparece en escena en el cuarto capítulo (ya se le echaba bastante de menos) y lo hace demostrando de inmediato la valía de su corazón.  Por otro lado, acá queda de manifiesto más que nunca sus sentimientos por Sam “Root”, relación lésbica que antes se tomó con cierto humor y que ahora toma ribetes serios y hasta heroicos.  El cambio positivo por el que ha pasado quien fuera considerada una verdadera sociópata, nos da señales acerca de lo que puede hacer el amor, llegar a conocer a la gente indicada para remecernos, tener buenos amigos a nuestro lado y encontrar su sentido a nuestra vida, que pueda otorgarnos la plenitud que en realidad todo el mundo desea.
      Respecto al párrafo anterior, no puede ser más cierto el valor de la amistad que tan primordial se hace en Person of Interest; pues cabe recordar que antes de que todos estos justicieros (¿o vigilantes?) llegaran a formar esta particular familia, cada uno de ellos era alguien solitario (bueno, quizás no tanto Harold Finch) y se encontraba sumido en su propia miseria.  De este modo la escena final del segundo episodio, con la mayoría del grupo tomándose un descanso en medio de un picnic, viene a ser lo que uno quisiera para quienes bien deseáramos felices tras tantas acciones loables.
      Aparte del genialmente creado e interpretado villano de John Greer, el hombre detrás del ascenso de Samaritan, se introduce a un nuevo enemigo y quien sin embargo se trata de un peón más en los juegos maquiavélicos del primero, para conseguir sus objetivos: Jeff Blackwell, un ex presidiario que en el episodio número 1 de la temporada fue una de las “personas de interés” de nuestros héroes y que luego fue tentado por Samaritan y su gente, hasta que poco a poco fue cayendo en la vorágine de sus manipulaciones.
      Llama la atención de que Amy Acker, la sin par Root, le vuelve a tocar interpretar dos papeles diferentes hacia el final de un programa, pues en la última temporada de Angel (donde la conocimos) también tuvo que encarnar a dos personajes y demostrando con ello su versatilidad para hacer roles tan distintos ¿Será acaso coincidencia o se trata de un guiño a la serie sobre el vampiro con alma?
      Ya se ha hablado con anterioridad en los posteos de las otras temporadas, acerca de la naturaleza propia del cómic superheroico de este programa, por lo que ahora no me detendré en mencionar los aspectos respectivos; no obstante sí destacaré los temas del autosacrificio y la existencia de mártires en la guerra contra el mal, que acá vuelve con más fuerza desde la recordada muerte de uno de los protagonistas en la tercera temporada; pues teniendo en cuenta lo complicado que tienen los protagonistas para ganar la contienda, resultaría poco creíble que no hubiera al menos una baja entre los buenos.  Es entonces que llegamos al emblemático capítulo nº 100, para toda serie que se precie de haber llegado a este número: Pues acá fallecen con gran impacto dos de los personajes más queridos.  Luego en el último capítulo, nos vuelven a golpear con las ideas de la fragilidad humana y la pérdida de los seres humanos; no obstante todo esto recalca como nunca el valor de quienes luchan por sus ideales.
       Antes de que todo acabe, habría sido maravilloso reencontrarse con gente como Carter y Zoe, carismáticas féminas que tantos buenos momentos le dieron a la serie y al público.  Sin embargo reaparecen otros recordados personajes, ya sea a través del recuerdo, el presente e incluso por medio de las realidades alternativas.  En todo caso debe decirse que el final mismo no puede ser más sensible, lleno de sorpresas y sin dudas que a la mayoría de los seguidores de Person of Interest dejó satisfechos. 
      No me queda más que dar las gracias por tantas horas de entretención y los bellos recuerdos de sus historias y protagonistas.
Un precioso regalo para esta Navidad que se avecina: la serie completa en blu-ray

domingo, 4 de septiembre de 2016

Con gusto a poco.


     Luego del éxito de la segunda parte de la ahora trilogía del reboot cinematográfico de Star Trek, en 2013 con Star Trek: En la Oscuridad, las ganas de ver más acerca de esta actualización de la franquicia se hizo mayor (y en especial por los fanáticos de la saga, que quedaron -quedamos- fascinados con la gran cantidad de sorpresas y guiños a las clásicas intervenciones de su anterior etapa).  Pues la vara había quedado bastante alta con los dos estrenos en plan precuela sobre el Enterprise y su heroica tripulación liderada por el Capitán Kirk, junto a sus inseparables amigos el Señor Spock y el doctor “Huesos” McCoy, sin duda uno de los mejores tríos en la crónica del cine y la televisión y quienes junto al resto de los emblemáticos personajes de estas historias, han llegado a conseguir gran popularidad desde que hace medio siglo nacieron de la imaginación de Gene Rodenberry.  Pues todo iba bien gracias al virtuoso trabajo del hoy nuevo Rey Midas de Hollywood, J. J. Abrams, quien se encargó de dirigir las dos primeras cintas, apoyado tanto por jóvenes actores que lograron emular a sus predecesores, como gracias a guiones convincentes en los cuales lejos se podía apreciar un claro conocimiento de las reglas de la ciencia ficción (bajo la mano de Roberto Orci y Alex Kurtzman, viejos colaboradores del cineasta, quienes como este sin duda dejaron claro su amor hacia Star Trek y este tipo de ficciones).  Por lo tanto todo el mundo esperaba más de este equipo, hasta que Abrams nos “traicionó” y se fue nada menos que al otro bando, a relanzar Star Wars, dejando un precedente inesperado tras pasar de una ficción más sofisticada a otra propia de la matinee y la space opera, a sabiendas de la ya vieja confrontación entre seguidores de una saga y otra (con irregulares resultados en todo caso, puesto que nadie puede negar que su Episodio VII, resulta ser una copia descarada del Episodio IV de George Lucas).
     Es así que ante el éxodo del director, que también implicó la pérdida de tan valiosos escritores en el guión, lo más inteligente habría sido contratar a un director especializado en la ciencia ficción “de la buena” y no a alguien como Justin Lin, quien si bien ha incursionado tanto en bloockbusters como en cine independiente, no resulta ser el ideal para mantener la calidad vista hasta antes de su Star Trek: Sin Límites.  Ahora bien, hay que ser justos con Lin y este sin duda dio lo mejor de sí, puesto que no es su culpa que el argumento de su “trabajo hecho por encargo” se constituyera en la cinta más débil de esta trilogía.  Lo anterior, debido a otra pésima decisión por parte de los productores y entre los que se encuentra el “renegado” Abrams: aprovechar la experiencia del actor Simon Pegg como guionista de sus propias películas, quien junto a otro artista coescribió el libreto para esta obra.  Debe saberse que Pegg es el encargado de interpretar con mucho talento y simpatía al jefe de ingeniería del Enterprise, Montgomery Scott, siendo además un destacado comediante…Y justamente sus guiones previos corresponden a COMEDIAS, de modo que su aporte para la trama de este último largometraje de Star Trek, aporta mucho humor y nada de peso dramático y “ñoño” o al menos muy poco al respecto (de seguro el tono más serio corresponde a su compañero de labor, Doug Jung, sin embargo este tampoco consiguió mucho que digamos).
     No obstante el filme en cuestión tampoco es malo, solo que viene a ser algo livianito, que a veces pretende ponerse en el tono más profundo de los títulos que le precedieron, aunque al final solo prima en él la espectacularidad propia de un producto con presupuesto multimillonario, que solo quiero divertir y ganar mucho, mucho dinero (y sin dudas que consigue todo esto, pero vuelvo a recalcar, esta tercera entrega no es nada del otro mundo y es hasta olvidable).  Incluso podría afirmar que si cambiáramos los nombres de sus protagonistas, bien podría quedar como una película autónoma hecha por simples estándares hollywoodenses.
     Veamos de qué trata esta película.  Lo que haré de la manera más breve posible, para no caer en los despreciados spoilers.
      El Enterprise rescata a una alienígena de una raza desconocida, quien resulta ser la única de su equipo que ha logrado escapar de un malhechor, el que se ha hecho con los sobrevivientes de su nave.  Siendo que son los únicos de la Federación en estar cerca de todo esto, no les queda otra que ir en rescate de las víctimas.  Lo que no tienen idea los del Enterprise, es que quien está detrás de todo esto, posee una tecnología de ataque que en muchos aspectos los supera, llegando a condenar a la tripulación a quedar varados en un planeta inhóspito y a estar a merced de su nuevo enemigo.  Es así que nuestros héroes deben luchar ahora en otros términos con este genio criminal, quien anda detrás de una antigua arma genocida y que desea usarla nada menos que en contra de la Federación.  Para conseguir sus objetivos, Kirk y compañía encuentran a una singular aliada, la cual es la única con los medios y los conocimientos para enfrentar a los villanos.
       La verdad es que esta cinta comienza de manera prometedora: con Kirk haciendo de embajador ante una curiosa especie extraterrestre, empresa que termina de forma bastante hilarante (y he aquí que desde los primeros minutos del metraje, se establece esta faceta más “cómica” de la película, más ligera).  Luego una narración en off de la propia bitácora de Kirk, agrega el primer elemento realmente emotivo de Star Trek: Sin Límites, al hacer referencia en primera persona a lo que significa para el Capitán y los suyos, encontrarse en medio de la ya legendaria misión de cinco años, como nave exploradora de la Federación (quizás un genial detalle que nunca antes había sido abordado en la saga, ni en sus programas televisivos, ni en sus largometrajes; por otro lado, de seguro algo hecho en especial para el llamado trekker, teniendo en cuenta lo que este periodo significa tanto para los seguidores, como para los personajes de la serie clásica de los sesenta).  A esto le sigue la sin dudas espectacular construcción espacial, en la que transcurre buena parte del argumento, una gigantesca estación espacial que desde que aparece en escena, no deja de maravillar al espectador (cabe mencionarse que tal escenario, bien pareciera una mención a la recordada “Esfera Dyson” aparecida en uno de los mejores capítulos de Star Trek: La Nueva Generación, titulado Reliquias y donde nada menos que el Scotty de la serie original intervino).
    
     Como era de esperarse, buena parte de la trama gira en torno a Kirk, Spock y McCoy, tal cual pasaba en el programa sesentero y las primeras películas (las del primera tripulación y las dos filmadas por el apóstata Abrams), desarrollando de forma muy entretenida la amistad de estos tres hombres tan distintos entre sí y que debido justamente a tal hecho, logran complementarse tan bien (y a quererse).  El resto de los personajes famosos de la nave insignia de la Federación, corre un dispar destino en cuanto a su desarrollo dentro de la trama: es así que una vez más Sulu vuelve a quedar relegado y apenas tiene diálogos; asimismo Uhura en esta ocasión comparte con el japonés, la falta de escenas y relevancia.  Por otro lado, considerando que Simon Pegg, el actual Scotty se encargó del guión, viene a ser uno de los secundarios más destacados de esta historia.  Mención aparte merece el juvenil Chekov, siendo la última participación del llorado Anton Yeltchin, fallecido hace pocos meses atrás en un bizarro accidente en su propio hogar; pues este logró filmar todas sus escenas, que son bastantes y las que lo ponen en medio de algunos de los momentos más destacados de la película.
      Y en lo que concierne a actores que hayan trabajo en este relanzamiento trekkie, no podía faltar el homenaje a Leonard Nimoy, el Spock más famoso de todos y quien estuvo en las dos primeras entregas, dándonos a los seguidores de esta franquicia, algunas de las escenas más conmovedoras  de todo Star Trek.  Dos son los instantes en que tanto actor como su personaje son recordados con honores y ello bien puede tomarse en cuenta como dentro de lo mejor de la película.  Tras los créditos finales, una vez más se le hacen los tributos respectivos, en los cuales como era de suponer, también se agregó al ya mencionado Yeltchin.
      Dentro de los personajes debutantes en este título, al menos en los que vienen a ser relevantes para el desarrollo del argumento, se encuentra la exótica y, por qué no, hermosa y sexy alienígena, que ayuda a los del Enterprise a superar la amenaza de “malo” de esta ocasión.  Jaylah, una mujer supuestamente joven y de aspecto élfico, quien sin dudas posee una personalidad encantadora, gracias a su inteligencia, espontaneidad, heroísmo, destacadas habilidades de guerrera y humor, detalles encontrados en gran parte de los protagonistas de la franquicia (incluyendo sus series).
     En cuanto al villano de esta película,  una vez más estuvo a cargo de un destacado actor, alabado por su desempeño en distintos tipos de producciones: el guapo afroamericano Idris Elba (y a quien pronto veremos como Rolando de Gilead, en la esperada y aplazada adaptación cinematográfica de La Torre Oscura sobre las novelas de Stephen King), quien acá encarna a Krall, el que sin duda queda en desventaja respecto a los malvados de las dos cintas anteriores y las de la continuidad clásica, como también aquella de La Nueva Generación.  Afirmo esto no debido a la actuación de Elba, quien está irreconocible y realiza un trabajo respetable, sino porque las motivaciones de su rol resultan exageradas y poco verosímiles, una vez que se rebela por qué razón tanto odio contra la Federación; por otro lado… ¿No se les ocurre otra cosa que el móvil de la venganza, como fuerza detonante del criminal de turno?
     Por cierto, hubo una polémica en torno al personaje de Sulu, ya que según se decía acá se ponía en tapete su homosexualidad, lo que no le gustó a George Takei, el actor que lo interpretó en la serie original y sus películas; esto porque en la vida real Takei es gay y considerando la época en la que le tocó vivir su juventud, harto le costó asumir de manera pública su opción sexual.  Ahora bien, entendible resulta que a este le haya molestado tal referencia directa (¿o indirecta?) a su persona, puesto que si ya era hora de tener en la tripulación a un personaje LGTB… ¿Por qué mejor no hacer que otro lo fuese o mejor aún, inventar uno nuevo para ello, aunque con cierto peso en la trama? Por otro lado, siendo sinceros, el Sulu de esta versión no es gay, sino bisexual y lo que más llama la atención al respecto, es que sus gustos son solo orientados a orientales como él (ya sea hombres o mujeres), lo que de por sí, en el caso de ponernos a “hilar fino” o “buscarle las cuatro patas al gato”, viene a ser racista o estereotipado.
      Si de desaprovechamientos vamos a hablar en lo que viene a ser Star Trek: Sin Límites, muchos nos quedamos esperando el regreso de la preciosa Doctora Carol Markus, quien tras el final de Star Trek: En la Oscuridad, quedó señalada como miembro de la tripulación durante esta misión de cinco años… ¡Pues se olvidaron por completo de ella y nunca, pero nunca la mencionan al menos! Debe saberse que los conocedores de la “mitología” de esta saga, bien sabemos que ella llega a ser la madre del único hijo de Kirk, gracias al romance esporádico de ambos; de este modo se perdió al menos para esta película, todo un interesante arco argumental, sobre dicha relación y que en la continuidad anterior apenas se esbozó (la que bien amerita hoy en día tener mayor relevancia).
      Luego del repaso de rigor de este reciente estreno, queda esperar que la siguiente secuela recupere el cauce perdido de la franquicia, que al menos como le ha ido bien taquilla, nos permite hacernos la idea de que pueden mejorar tan paupérrimo presente.

Este afiche está claramente inspirado u homenajea
al de la primera cinta para la pantalla grande con el reparto original. 

domingo, 1 de mayo de 2016

De seguro Stephen King debe estar muy orgulloso…


 …tras el resultado final de la adaptación televisiva de su novela de ciencia ficción sobre viajes en el tiempo, 22/11/63 (2011), considerada una de sus mejores obras.  En ella un profesor viaja a principios de la década de los sesenta, para evitar el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy, una de las grandes tragedias del llamado “Sueño Americano”, por ser la muerte adelantada de uno de los personajes más emblemáticos y esperanzadores de los Estados Unidos.  Pues mucho antes de publicar esta obra, el autor generó varias expectativas tras saberse algunos detalles de su argumento, de modo que de inmediato hubo interés por conseguir los derechos para el cine o la televisión; el deseo de conseguir tal privilegio por parte de los productores aumentó, una vez que se editó el libro y fue todo un éxito además de conseguir el beneplácito de la crítica, ganando varias nominaciones y premios.  Pues tuvieron que pasar casi cinco años para que se concretara la realización de la versión audiovisual de la novela, la que se emitió entre febrero y abril de este año.  Con una cantidad de ocho episodios para ser lo más fiel a la extensión del texto original (sobre las ochocientas páginas en inglés, lo mismo que en castellano), la labor hecha por sus responsables no escatimó en realizar el mejor trabajo posible, hallándose detrás de su creación el director, guionista y productor J. J. Abrams, hace rato amigo de Stephen King (a quien desde pequeño admiraba) y el cual hace rato deseaba hincarle los dientes a alguna narración del escritor que estuviera disponible.  Además el propio autor se dio el gusto de acompañar a Abrams en la producción de la miniserie, de seguro para evitar otro desastre artístico y comercial como sucedió con la reciente serie La Cúpula, sobre otro libro suyo.
      Para potenciar esta propuesta mediática, se contrató a un actor de cine en el momento más álgido de su carrera, al talentoso y guapo James Franco, para interpretar a su carismático protagonista.  Ahora bien, este ya había incursionado en el formato televisivo, aunque gracias a 22.11.63 se puede afirmar que vuelve a quedarse en la retina y la memoria del televidente por un buen tiempo (proeza solo lograda tras alcanzar la fama en el mismo formato, cuando hizo del llorado James Dean hace más de diez años atrás).  Pues con un histrión como este en el protagónico, tanto los seguidores del novelista como los simples espectadores, podían tener clara la promesa de esta versión de realizar algo verdaderamente magnífico.  Respecto a la feliz intervención de este artista, un detalle llamativo eso sí para alguien del mundo común y corriente: ¿Cuántos profesores de colegio, más encima de Literatura, podemos encontrar que se “parezcan” físicamente a este actor? (pues quien escribe estas líneas se dedica a la docencia y en toda su vida enseñando nunca ha encontrado a un colega así de apolíneo como Franco, al menos en esta especialidad…¿Pero quién quiere ver gente normal en pantalla si puede deleitarse con la belleza y el glamour de quienes nos entregan estas fantasías?). 
     Los primeros minutos de la miniserie logran cautivar, con un monólogo filmado en primer plano, sacado textual de las páginas del libro y que no deja de sobrecoger por el dramatismo con el que está llevado a cabo; puesto que el contenido de las palabras de quien lo emite, se transforma en uno de los elementos claves de la trama.  El primer episodio resulta ser el más extenso de todos, casi una hora y cuarto de duración, entregando de inmediato la premisa de esta historia y dejando enganchado al telespectador, quien de seguro querrá más y más sobre el periplo de su valiente héroe.  La dicotomía que significa mostrar la diferencia entre la actualidad y el supuestamente idílico pasado sesentero, se convierte en un deleite para los sentidos; pues la verosimilitud con la cual está recreado este década prodigiosa, despierta sin dudas añoranzas de una era que si no tuvimos el gusto de vivirla, al menos sí tenemos encarnado en nosotros su importancia para nuestro presente.  Utilería, vestimenta, peinados, escenarios y la música popular con la que se apoyaron para realizar la recreación de todo, demuestra sin dudas que hace rato ya que la televisión consiguió el mismo efecto de ensoñación y perfección que el séptimo arte; pues la primera vez en que el profesor salta a 1960, el efecto audiovisual se expresa con toda su magnitud.
      Luego de un impactante debut gracias a su primer capítulo, el que le sigue a continuación quizás resulta ser aún mucho mejor, en especial por su especial atmósfera que lo acerca a la temática de terror en la cual Stephen King se ha hecho famoso.  Ello puesto que a lo largo de su metraje, se resuelve con un gran dramatismo el segundo motivo que tiene Jake Epping para quedarse en el pasado, pues está decidido a enmendar la vida de uno de sus alumnos preferidos y a quien conoció ya mayor y acabado.  A todo esto se debe hacer notar lo realizado por el igualmente atractivo Josh Duhamel, a quien le toca hacer de antagonista y el cual con su impresionante porte y la caracterización que realiza, se convierte en el personaje más siniestro de toda la miniserie.  El clímax de esta segunda entrega deja la vara muy alta en cuanto a las emociones que logra provocar y tal vez ello hace que lo que le sigue haga algo más lenta la progresión del  guión, hasta que por fin en el último episodio se consiga el mismo nivel de tensión y calidad escénica.
      Las otras actuaciones que podemos encontrar en 22.11.63 (la adaptación cambia la forma para presentar la fecha clave, concerniente al día en que fue baleado el mandatario, de modo de diferenciarse del título del libro en el que se basa) son por supuesto de primera y entre ellas hay que destacar dos, las que se encuentran bajo los hombros de quienes vienen a ser los coprotagonistas del actor principal.  Pues por un lado se encuentra una en verdad angelical y muy femenina Sarah Gadon, quien a través de su personaje, la bibliotecaria Sadie Dunhill, se transforma en la compañera sentimental del crononauta.  La sensibilidad con la cual la Gadon toma a esta mujer de mediados del siglo pasado (con todo lo que significaba ser una dama sujeta a sus rígidos patrones morales y de costumbres), la convierte en uno de los personajes más entrañables de toda esta adaptación, al punto de que resulta difícil no sentir empatía por ella.  En el otro lado de lo que vienen a significar los varios personajes de esta obra, se encuentra lo hecho por Daniel Webber, quien completa la trinidad de esta miniserie; puesto que le toca tomar sobre sus hombros, el peso que significa interpretar al mayor personaje “histórico” de los que aparecen acá: Lee Harvey Oswald, el presunto asesino del presidente Kennedy.  Pues tal como Stephen King lo quiso representar en su novela, Webber lo personifica como un hombre inestable, aunque no malvado, lleno de aristas para evitar la fácil demonización de uno de los criminales más tristemente célebres del siglo XX y a quien le entrega una humanidad que sin vacilaciones consigue la compasión de uno ante su desdicha. 

       Dentro de los actores que aparecen en 22.11.63, cabe destacar la breve, aunque inolvidable contribución de la veterana y hermosa Anette O`Toole, quien en solo un episodio (el segundo) acapara la atención.  Es así que su incorporación al casting, bien puede ser considerada como un guiño a los más antiguos lectores de King, ya que fue una de las actrices protagonistas de una de las miniseries más recordadas (y queridas) sobre un libro de este escritor: It (1990).
       Si lo anterior vendría a ser una especie de homenaje al propio novelista y a sus “lectores constantes”, en esta miniserie es posible identificar al menos otros dos tributos: uno de ellos cuando aparece una tienda con el nombre de Machen`s, en atención a Arthur Machen, escritor del cual Stephen King en más de una ocasión se ha declarado admirador suyo (tal como lo manifestó en la dedicatoria de uno de sus últimos libros: Revival).  De igual modo, en otro local comercial que visita el protagonista aparecen varios cómics de DC de la época, viéndose de fondo varias portadas clásicas; de tal modo se observa la muy famosa Liga de la Justicia Nº 1, con sus superhéroes luchando contra la estrella de mar alienígena gigante Starro el Conquistador y la correspondiente al debut del segundo Flash, Barry Allen, corriendo por una cinta de celuloide (pues debe saberse que el señor King es un conocido amante de las historietas y en especial las deceistas).
    Como era de esperarse, la versión televisiva no es un calco del libro y que por mucho que muchos fanáticos de King habrían querido, ello es mejor que sea así (puesto que si se recuerda bien, las versiones más valoradas de su ficción son aquellas que logran convertirse en una obra autónoma, respecto al material que las inspiraron: ambas versiones para el cine de Carrie, El Resplandor, Cementerio de Animales, Sueños de Fuga, MiseryLa Milla Verde y La Niebla, por mencionar las más celebradas).  En efecto hay varios aspectos del libro que aquí no aparecen o están simplificados, tales como la estrecha relación de Jake con sus alumnos durante su permanencia en los sesenta y lo concerniente a los extraños hombres que resguardan todo lo concerniente a los viajes en el tiempo y el efecto que ello puede provocar para la continuidad espacio-temporal.  Entre los geniales aportes que le hace esta adaptación a lo escrito por King, se haya la incorporación de un socio en el pasado para el protagonista, cuya ayuda y compañía permite nuevos efectos de interés en el argumento (en todo caso aprovechando un personaje menor del mismo libro); de igual modo el hacer que otro personaje sea miembro de la comunidad afroamericana, ayuda a abordar el tema de la discriminación racial, tan enraizado entre los gringos y en mayor medida durante aquellos años.
        El cuadro se completa con una soberbia presentación de créditos de apertura, tal como le gustan a un servidor (detalle que por desgracia se ha perdido en la mayoría de los últimos programas y películas) y una impecable banda sonora compuesta por Alex Heffes.
       El desenlace resulta tan conmovedor como el del libro, siendo representado todo de manera memorable y que de seguro a más de un espectador le sacará al menos una lágrima.  De este modo se cierra el círculo emprendido en el piloto, en lo que sin duda debe ser una de las mejores adaptaciones sobre la literatura del maestro Stephen King.

Personajes de la miniserie. De izquierda a derecha:
Harvey Lee Oswald, Jake Epping/James Amberson, Marina Oswald (la esposa rusa del "asesino") y Sadie Dunhill.
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