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sábado, 26 de septiembre de 2015

Pasión televisiva por los psicópatas.


     Hannibal Lecter es la gran creación del escritor estadounidense Thomas Harris, quien a la fecha ha escrito cuatro novelas en torno a este singular personaje.  Lamentablemente pareciera que se hubiese dormido en sus laureles o sufre de un serio caso de “síndrome de la página en blanco”, puesto que desde el año 2006 que no publicada nada, ni acerca de Lecter, ni nada de nada.  Este apareció por primera vez en la novela Dragón Rojo de 1981 y donde no era el personaje principal, ni el antagonista, sino que más bien le correspondía el papel de secundario, aunque lo suficientemente llamativo como para rescatarlo en su siguiente obra.  Pues así fue como en El Silencio de los Corderos de 1988, el psiquiatra de mente privilegiada y retorcida, volvió a las letras, ahora ocupando el coprotagonismo en dicha obra.  Una vez que este psicópata caníbal logró la fama y encarnarse dentro de la cultura general, regresó en Hannibal (1999), siendo su última incursión literaria la precuela Hannibal: El Origen del Mal (2006), acerca de su infancia y juventud.
    ¿Quién no ubica hoy en día al elegante, culto y aterrador Hannibal Lecter? Incluso aquellos que no han leído los libros en los que aparece, lo pueden reconocer como a uno de los grandes villanos…del cine, gracias a la afortunada interpretación que hizo de este sir Anthonny Hopkins, gracias a la cual este mismo consiguió la consagración como actor.  Ahora bien, antes de Hopkins con su primera cinta encarnándolo en El Silencio de los Corderos en 1991, este monstruo humano estuvo a cargo de otro artista, quien en todo caso realizó un papel sobrio al respecto, en la cinta Cazador de Hombres de 1986, si bien en ella tal como en el libro, dicho criminal tuvo un papel menor respecto a su trama.  No obstante tras el éxito de la película dirigida por Jonathan Deeme, con Hopkins haciendo de Lecter, era de suponer que tras su secuela cinematográfica basada en la ya mencionada Hannibal, se hiciera una nueva versión del texto que vio nacer a este asesino y así por tercera vez tuvo el rostro y la voz de Hopkins.  Por supuesto que la precuela, el último libro de la saga en cuestión, contó con su propia adaptación, no obstante no fue tan prodigiosa como las otras (incluyendo la cinta de Michael Mann con un Hannibal Lecter también maduro, pero distinto) y bien ha sido olvidada con justicia… Hannibal Lecter ha llegado a ser tan popular, que numerosas películas y seriales lo han homenajeado y parodiado, desde las formas más increíbles, graciosas y hasta inesperadas (si incluso en la reciente película animada “familiar” británica Shaun el Cordero, posee su propia versión animal bizarra al respecto).
     ¿Pero quién es Hannibal Lecter? Pues ya se han dado detalles al respecto en los dos párrafos anteriores, no obstante me permitiré hablar un poquito más de él,  antes de ir al tema central que ahora nos convoca.
          Como era de suponer con un personaje tan complejo y retorcido como lo es Lecter, su infancia estuvo marcada por un terrible hecho, que con el tiempo hizo que desarrollara luego su conducta sociópata.  De inclinaciones artísticas y con grandes dotes para el dibujo, entró primero a la carrera de medicina, graduándose de cirujano y después orientó su carrera a la psiquiatría.  Varias muertes violentas y truculentas a su haber, de cuyos cadáveres Hannibal dispuso para comerse algunas de sus partes y en suculentos platos preparados por su experticia culinaria, lo llevaron al final a ser atrapado y condenado a ser residente de un centro para criminales mentales de alta seguridad.  Largo tiempo pasó eso sí como para que este  fuese descubierto, ya que siempre usó su fachada de ciudadano respetable y en especial sus conocimientos médicos para engañar y atrapar a sus víctimas (muchos de ellos pacientes suyos y/o cercanos).   Paradójicamente mientras seguía en su carrera criminal, trabajaba como consultor del FBI, ayudando a sus agentes en el seguimiento de casos sobre asesinos seriales; no obstante tras ser atrapado, en más de una ocasión se requirieron sus servicios con respecto a nuevos homicidios del mismo estilo.  
     La verdad es que en la pantalla chica, hace rato ya que este tipo de personajes ha sido abordado con profusión.  Este hecho ha sido así desde que en la década de los noventa, el elemento gore y los guiones de tono más elevado, con programas dirigidos a un público adulto, aparte de las clásicas soap operas clásicas de la TV gringa, sus policiales de antaño y las producciones históricas de la BBC británica, han acaparado la atención de productores y espectadores.  De este modo la violencia implícita y explícita de sus argumentos, en historias que nada tienen que envidiarles a los mejores thrillers cinematográficos, han visto desfilar a un montón de asesinos seriales, primero como los grandes villanos de sus títulos y después hasta como sus verdaderos protagonistas.  Es al respecto, que  tal vez se puede mencionar como algunas de las primeras experiencias televisivas sobre el tema, las dos grandes series creadas por Chris Carter a finales del siglo pasado, The X-Files y Millenium.  En estas dos sus protagonistas se dedican a “cazar” psicópatas, debido a su labor trabajando para la ley y la justicia.  En la primera de estas dos series los agentes del FBI Dana Scully y Fox Mulder, son miembros de sus huestes; mientras tanto que Frank Black, del segundo título, es un consultor especializado del FBI y quien tanto por sus conocimientos, como por sus inhabituales destrezas, ayuda a esta agencia a ir detrás de tales asesinos (de hecho, Black comparte en cierta medida su capacidad para “entender” la mente criminal y enfermiza de estas aberraciones, tal como bien sucede con uno de los dos coprotagonistas de la serie dedicada al personaje más famoso de Thomas Harris).   Luego se puede mencionar como ejemplo del  interés (¿morboso?) por los psicópatas, las andanzas de la protagonista de Medium, quien en un terreno incluso mucho más sobrenatural que del citado Frank Black, se ve enfrentada a un montón de estos sujetos y a los cuales en su calidad de clarividente, ayuda a atrapar a las fuerzas de la ley.  No obstante sería con la igual de exitosa Dexter, también basada en una novela, que la figura del psicópata dejaría de ser el mero villano de la semana, para a su vez transformarse en el protagonista por antonomasia del show; así es como desde la serie recientemente señalada, los episodios estarían articulados en base a las vivencias del asesino serial principal, quien por supuesto debe demostrar su inteligencia y astucia para eludir la ley, al conseguir mantenerse con sus actos homicidas, mientras quienes lo rodean ignoran esta faceta suya.  De este modo Dexter es el antecedente al programa que inspira esta entrada en el blog, serie que a su vez fue emitida en paralelo a Motel Bates, sobre la novela más famosa del escritor Robert Bloch, Psycho, y su aún más celebrada adaptación cinematográfica Psicosis de Alfred Hitchcock.  De seguro hay muchos otros ejemplos al respecto, que debido a mi ignorancia o mala memoria se me escapan, no obstante ya se evidencia una presencia de este tipo de personajes en la televisión misma y que gracias al programa a continuación abordado, han mostrado una nueva faceta al menos en lo que concierne a la pantalla chica.


     
     La serie de televisión Hannibal, recientemente cancelada tras finalizar su tercera temporada, toma como principal fuente la novela Dragón Rojo, en cuanto a que gira en torno no solo a tan especial personaje, sino que también al analista del FBI Will Graham, un tipo tan singular como el propio Lector y entre quienes se da una relación bastante especial.  En ambos se centra el protagonismo, siendo estos algo así como distintos lados de la misma moneda, debido a ciertos rasgos que comparten, pero que en cada caso se dan de manera distinta (lo que irremediablemente los une, como también los separa).    A su vez el programa se ambienta en la época en la cual Lecter colabora con el FBI, ayudándolos a crear perfiles de los psicópatas que buscan, entre otras labores relacionadas con su especialidad.  No obstante Hannibal transcurre en la época actual, en vez de a principios de los ochenta, como bien sucede con el libro y los dos filmes basados en él. 
     Con respecto al coprotagonista Will Graham, se puede contar que resulta ser un personaje bastante complicado, debido a su personalidad que lo convierte si duda en el antihéroe dramático por excelencia del programa.  Lo anterior expresado así, puesto que posee una capacidad de empatía que roza lo bizarro, en cuanto a cómo le es posible adentrarse en psiquis de los psicópatas; no solamente pudiendo entender sus motivaciones, sino que además llegando a recrear en su cabeza parte por parte las atrocidades cometidos por estos mismos, con lo cual le es posible llegar a identificarlos, una vez realizadas las investigaciones de rigor.  Esta capacidad suya para entender a tal gente, lo hace ser un sujeto no solo extraño e introvertido, puesto que abre en él la oscuridad lo suficientemente como para convertirlo en algo así como un psicópata en potencia o, en el mejor de los casos, en un sujeto propenso al desequilibrio emocional.   Pues bien, en el capítulo piloto durante buena parte de él, la trama gira casi por completo en torno a Will y solo después de un buen rato aparece su contrapartida Hannibal Lecter; este detalle deja claro que si bien la serie se llama Hannibal, es sin duda en Graham en quien debe detenerse el espectador a la hora de identificarse mayormente y sufrir con sus vicisitudes.  Pues en lo que concierne a la primera temporada, Will de manera inesperada llega a entablar una amistad con quien ignora, es el peor de los psicópatas que se cruzan en su camino y el cual siente una especie de afecto fraternal por su persona, pese a los entuertos en los que lo involucra.
     En cuanto al Hannibal Lecter de esta serie, al tenerlo muchos más horas frente a la pantalla y gracias a una trama que le dedica buena parte de su desarrollo, quedan de manifiesto como nunca su personalidad extraordinaria (aún en sus más aberrantes detalles).  No solo su inteligencia sobresaliente es la que queda expuesta, sino que es su faceta como animal de presa y mortal, quien articula sus acciones más mínimas con una eficiencia fría y calculadora, que el televidente no puede dejar de asombrarse.  A su vez la serie saca a relucir una dimensión suya algo inesperada, consistente en cierta capacidad para las relaciones interpersonales y con algún grado de compromiso emocional, que no solo corresponderían a parte de su fachada, sino que serían algún vestigio suyo de la humanidad ya casi extinguida en él.  A su vez acá quedan de manifiesto otros detalles suyos, como su porte atlético que lo convierte más que nunca en un asesino nato, como además su destacable buen gusto para vestir (de hecho, nunca se le ve con tenidas informales, ya que siempre ocupa ropa de “diseño” e incluso cuando mata); a su vez se evidencia su talento para la cocina, convirtiendo en verdaderas obras de arte culinarias y para la vista, los platos que hace para él y sus “ignorantes” invitados, con los miembros de sus víctimas que cocina para degustar.
   
A su vez varios otros personajes de la novela aparecen en este show, teniendo varios de ellos un rol destacado desde el principio, es decir, desde su primera temporada, destacando entre los que aparecen ya en sus comienzos:
     Jack Crawford: Jefe de la sección del FBI en la que trabajan los protagonistas y quien los enrola en sus filas, de modo que en determinado momento se siente más que responsable acerca de cómo los acontecimientos van dándose con respecto a ellos.  Si bien en dos de las tres películas donde ha aparecido, ha sido interpretado por grandes actores, en esta versión televisiva quien lo encarna resulta ser otro artista de renombre, en quizás su primer papel para la TV: Laurence Fishburne (el mismísimo Morfeo de la saga de Matrix), quien con un gran prontuario fílmica a sus espaldas, realza el programa, siendo que además destaca porque al ser afroamericano, se convierte en el mejor ejemplo de algunos de los cambios que se hicieron respecto a los personajes de la novela y a su adaptación televisiva (ya que en el caso de Crawford, al parecer en su versión original es caucásico, tal como se le pudo ver antes con los tres actores que hicieron de él en el cine).  Pues en esta adaptación es un hombre casado, quien pasa por toda una crisis con su pareja y la cual se encuentra caracterizada por Gina Torres, actriz también afroamericana y en un registro actoral distinto al que brilló anteriormente en otras series como Angel y Firefly, ambas de Josh Wheddon.
    Freddie Lounds: En la novela que inspira el programa y las dos versiones suyas para el cine, corresponde a un oportunista periodista interesado en cubrir de manera escandalosa hechos de sangre, en especial relacionados con psicópatas.  Es así como Freddie se cruza con los demás y ello trae varias consecuencias de interés…No obstante como ya ha quedado demostrado con el personaje de Crawford, los productores de la serie le hicieron su propia renovación, al hacer que ahora fuese mujer y una bastante atractiva por cierto, aunque justamente abusando de su femineidad, alguien más manipuladora que nunca (no obstante igual con su propia cuota de humanidad).
   Dr. Chilton: Quien apareciera en las dos primeras novelas de la tetralogía, es otro detestable personaje, el cual corresponde al director del psiquiátrico de alta seguridad, donde es internado Lecter una vez en que es apresado.  Este lugar es además un sitio icónico dentro de la ficción y en especial debido a todo lo que transcurre en él; pues justamente es recreado de tal manera, que quien haya visto los filmes, no puede dejar de sentir añoranzas con respecto a su primer contacto con Lecter y compañía; todo ello debido al respeto que se tomaron los productores tanto con los filmes, como por supuesto con las novelas.  Pues volviendo a Chilton, se convierte en los libros y en la serie en uno de los antagonistas de Hannibal el Canibal (como más adelante será llamado, una vez que sean descubiertas sus prácticas), siendo que en el programa, primero al estar aún ambos supuestamente en el mismo lado de la ley, se les presenta como colegas con cierto grado de intimidad, aunque por supuesto con resquemores entre ellos; pues en cierta medida Chilton envidia la superioridad intelectual y el éxito de Lecter, quien inicialmente lo trata con condescendencia y luego con evidente desprecio.  Ahora bien, Chilton es un hombre inescrupuloso, cuyas prácticas psiquiátricas dejan mucho que desear, vanidoso, cursi y resentido. 
    En la serie aparecen tres especialistas del FBI sacados del libro, no obstante de estos el único medianamente desarrollado en los guiones (en especial en lo que se refiere a su intervención en la segunda temporada) viene a ser la única dama del trío: Beverly Kats y quien en esta revisión “pluralista” de la obra de Thomas Harris, es de origen asiático (china o coreana para ser más preciso). 
    Dos son los personajes más interesantes que agregaron los guionistas a este show, siendo ambos mujeres y tanto la una como la otra psiquiatras.  De este modo el uso constante en Hannibal de psiquiatras, forenses, médicos y otros dedicados a ramas del conocimiento y la ley dentro de la trama, todos ellos con características como las mencionadas aquí, demuestra que sus protagonistas en general corresponden a individuos de extrema inteligencia, aunque a los que justamente su intelectualidad los muestra como seres frágiles y para nada felices en su cotidianeidad; asimismo tampoco  llegan a ser modelos a seguir por sus conductas, a diferencia de lo que sucede con los personajes de series más optimistas (las de la franquicia de Star Trek por ejemplo, Person of Interest o Fringe, por mencionar solo algunas); por ende, son personas que viven tan ensimismadas en sus trabajos, que estos los afectan sin duda, siendo que además su propia sofisticación esconde a sujetos con tantas o más taras, que los mismos psicópatas que desfilan en los capítulos.  Pues volviendo a estas dos mujeres creadas en especial para el programa, ellas son…
    Alana Bloom: Sexy psiquiatra, quien tiene sentimientos románticos con Will Graham, quien además le corresponde, aunque debido a sus propias circunstancias no se permite concretar una relación más cercana con él.  Es a su vez amiga de Crawford y Lecter, a quienes ve a su manera como referentes y grandes figuras de respeto.
    Bedelia Du Maurier: Es nada menos que la psiquiatra de Lecter, a quien la ve en secreto para supuestamente “desahogarse”.  Comparte con el psicópata un pasado y en el cual se encuentra en medio un hecho violento, el cual a Bedelia la ha convertido en una mujer más o menos reticente, ya que vive retirada de la vida pública y de su profesión (salvo en el caso del tratamiento con su único paciente).  Desde un principio es posible identificar en ella a una mujer marcada por lo que le pasó, pues poco expresiva, casi una autómata.  Su relación algo forzada con Hannibal, al final la hace tomar partido con los acontecimientos que comienzan a gestarse.  Su apellido bien puede ser un guiño literario a la escritora Daphne du Maurier, autora de Rebeca y Los Pájaros, entre otras obras de suspenso y de terror, ambas llevadas al cine por el ya mencionado Alfred Hitchcock. Es interpretada nada menos que por Gillian Anderson, quien regresa a la televisión con este personaje, tras su recordado papel como la agente Dana Scully de The X-Files.
    Por supuesto que varios son los psicópatas que aparecen en el programa, aparte del principal.  Cada uno de ellos con sus propios estilos a la hora de matar y que son mostrados aquí de manera tan gráfica en sus efectos y procedimientos, que resulta entendible que más de un espectador sienta repulsión (y pese a todo no deje de ser un adicto al programa).  Ahora bien, sus matanzas resultan ser tan bien orquestadas, con un ingenio tal que convierte a sus víctimas en “obras maestras” de la truculencia, que son personificados como seres con un grado de sensibilidad artística extremo y morboso (en otras palabras, vez que aparece un cadáver es para impresionarse con tanta “creatividad” gore).  En todo caso, uno se pregunta cómo es posible que todos ellos puedan llegar a efectuar tales actos, con todo el esfuerzo físico y de medios que implica disponer los cuerpos de tal manera.  Dentro de estos desquiciados mentales, destaca el primero al que le toca ajusticiar a los protagonistas y que se convierte en el gatillante de  gran parte de las preocupaciones de Graham; también cabe nombrar a otro con una obsesión impresionante por los hongos, a un hombre ya anciano que edifica un tótem de cadáveres en la orilla de una playa; por igual se puede mencionar a una muchachita que se cree muerta y en especial llama la atención un doctor asesino, quien viene a ser un antecedente para lo que más adelante pasará con Hannibal Lecter.

Algunos de los personajes principales de la primera temporada.  De izquierda a derecha: Will Graham, Alana Bloom, Jack Crawford, Brian Zeller, Freddie Lounds, Beberly Kats, Jimmy Price...¡Y Hannibal Lecter! 

martes, 14 de abril de 2015

Sin duda todo un maestro: Robert Bloch.


    Referirse a la obra de Robert Bloch es tratar con uno de los grandes de la literatura de terror contemporánea (ubicándose su obra en el transcurso del siglo pasado, desde el auge de los llamados pulps en la década del treinta, hasta comenzados los noventa); este autor marcó con su vasta producción el género, entre una gran cantidad de títulos que comprenden cuentos, novelas, antologías y guiones para televisión y cine, a tal punto de que fue nada menos que el autor del libro Psycho (1959) y que sirvió de fuente de inspiración para Alfred Hitchcock,  en la elaboración su obra maestra del cine Psicosis (1960).
     Nacido el 5 de abril de 1917 y fallecido el 23 de septiembre de 1994, Bloch fue uno de los talentos responsables de la masificación de la llamada “literatura popular o de género” (terror, fantasía, ciencia ficción, policial y western, entre otros) al comenzar su carrera publicando en las revistas de celulosa barata, que se vendían en kioscos y las que vieron nacer a otros genios como el propio Lovecraft, Robert Howard, Isaac Asimov, Ray Bradbury y muchos más indiscutidos escritores, que antes de conocer las lujosas ediciones de sus obras, se iniciaron con humildad en este recordado formato.  De hecho, Bloch es también recordado por ser uno de los miembros del selecto grupo de amigos epistolares del ya mencionado Howard Phillip Lovecraft, llamado por los entendidos como Círculo de Cthulhu, ya que con sus escritos ayudó a definir el Horror Cósmico creado por H.P.L, al entregar sus propios aportes entre los que se cuentan verdaderos clásicos como El Vampiro Estelar y La Sombra que huyó del chapitel (por cierto, la génesis de este dos cuentos es de lo más curiosa, ya que se trata de las continuaciones directas de una narración de su amigo Lovecraft, El Morador de las Tinieblas, donde en los 3 textos ambos autores incorporaron a su respectivo compañero como personaje, si bien cambiándole el nombre y dándole una muerte horrible dentro de estas ficciones).  Entre quienes amamos las historias que giran en torno a Yog-Sothot, Nyarlathothep y demases, bien conocida es la existencia del infame libro de arcanos conocimientos de magia negra, de nombre Necronomicon, el cual en todo caso corresponde a una invención más de la ficción lovecrafniana; pues bien, Bloch agregó dos textos más a la serie de obras de este tipo, las que corresponden a  De Vermis Mysteriis y Cultes des Goules.
    Si bien Robert Bloch incursionó con igual éxito en la ciencia ficción, fue en las historias de espanto (entre sobrenaturales y de psicópatas) que sobresalió, a tal punto que aparte de la mencionada Psycho y de la cual escribió 2 continuaciones, uno de sus cuentos hoy en día se constituye en todo un referente a la hora de hablar de literatura de terror del siglo XX y de asesinos seriales justamente.              Suyo afectísimo, Jack el Destripador tal como dice su nombre, corresponde a un potente relato que tiene como protagonista al reconocido criminal inglés de finales del siglo XIX y al que el autor recuperó para la ficción, otorgándole un destino impactante dentro de su narración.   Ante la originalidad de tal texto, que usó a esta figura histórica de manera nunca antes vista (y que luego sería revisitada en obras posteriores como la novela gráfica Desde el Infierno de Alan Moore), fue invitado por su amigo y colega Harlan Ellison para escribirle una continuación, ya en tono de ciencia ficción, en su celebrada antología de cuentos inéditos Visiones Peligrosas y a la que tituló Un Juguete para Juliette; asimismo el propio Ellison dentro del mismo tomo redactó una secuela al nuevo cuento de Bloch.  Muchos años después, siendo Harlan Ellison el consultor especializado de la famosa serie de televisión Babilonia 5 en los años noventa, tanto Bloch como Ellison fueron homenajeados por su creador J. Michael Straczynski, en el hermoso episodio de la segunda temporada titulado El Regreso del Inquisidor (1995). Por otro lado, el mismo Bloch en su calidad de guionista y trabajando en una serie de culto como nada menos que Star Trek, llevó una vez más al futuro al famoso asesino en el capítulo Wolf in the Fold, durante la segunda temporada (1967); ese mismo año y meses antes de la emisión de este guión, realizó el especial de Halloween de este programa, Catspaw, en el cual supo recoger muy bien el espíritu de las viejas historias de terror de su primera época.

      “ -Mr. Carmody -dijo-, ¿ha oído usted hablar de… Jack el Destripador?
     -¿El asesino? -pregunté.
     -Exactamente. El más monstruoso de todos. Peor que Landrú. Jack el Destripador. Jack el Rojo.
     -He oído hablar de él -dije.
      -¿Conoce usted su historia?
     -Escuche, Sir Guy -murmuré-. No creo que nos sirva de nada desempolvar antiguos cuentos de viejas acerca de famosos criminales de la historia.
       Sir Guy me miró fijamente.
      -Esto no es ningún cuento de viejas. Es un asunto de vida o muerte.
     Estaba tan obsesionado, que incluso hablaba en tono melodramático. Bueno, estaba dispuesto a escucharle. A los psiquíatras nos pagan para que escuchemos.
      -Adelante -le dije-. Oigamos la historia.
       Sir Guy encendió un cigarrillo y empezó a hablar.
     -Londres, 1888 -empezó-. Finales de verano y comienzos de otoño. Ésa fue la época. Surgida de ninguna parte, apareció la sombría figura de Jack el Destripador… una sombra furtiva con un cuchillo, vagabundeando por el East End de Londres. Acechando a las escuálidas divas de Whitechapel. Nadie sabe de dónde llegó. Pero trajo la muerte. La muerte en un cuchillo.
     »Aquel cuchillo descendió seis veces para hundirse en las gargantas y en los cuerpos de mujeres de Londres. Busconas. El 7 de agosto fue la fecha del primer asesinato. Encontraron el cadáver de la mujer con treinta y nueve cuchilladas. Un crimen horroroso. El 31 de agosto, otra víctima. La prensa empezó a interesarse por el asunto. Los habitantes de los suburbios se interesaron todavía más.
     »¿Quién era aquel desconocido asesino que vagabundeaba por allí y mataba a capricho en las desiertas calles de sus barrios? Y, lo que era más importante: ¿cuándo entraría de nuevo en acción?
     »La fecha fue el 8 de septiembre. Scotland Yard nombró comisionados especiales. Los rumores iban y venían. La espantosa naturaleza de los asesinatos era tema de las más descabelladas especulaciones.
     »EI asesino utilizaba un cuchillo… con gran pericia. Seccionaba gargantas y cortaba… ciertas partes de los cadáveres después de la muerte. Escogía víctimas y lugares con diabólica premeditación. Nadie le vio ni le oyó. Pero los guardias, al hacer su ronda al amanecer, tropezaban con la desdichada víctima del Destripador.
     »¿Quién era? ¿Qué era? ¿Un cirujano loco? ¿Un carnicero? ¿Un científico demente? ¿Un enfermo mental escapado de un manicomio? ¿Un noble psicopático? ¿Un miembro de la policía londinense?
     »Luego apareció el poema en los periódicos. El poema anónimo, destinado a poner fin a las especulaciones… pero que sólo consiguió aumentar hasta el frenesí el interés público. Una burlona cuarteta:

No soy un carnicero, ni tampoco un mendigo,
ni un médico demente, ni un loco matador:
soy su sincero amigo,
atentamente suyo: Jack el Destripador”.

     Si bien lleno de hitos en su producción, se puede destacar entre otros, el hecho de que haya terminado nada menos que el relato inconcluso del precursor en este tipo de literatura, Edgar Allan Poe.  El texto en cuestión corresponde a El Faro, el cual apareció en su versión acabada por Bloch en 1977 (mientras que lo escrito por el autor de El Gato Negro data de 1849).
     Como ya se dijo arriba, Bloch es más encima el autor de Psycho, obra cumbre del subgénero conocido como psychotriller y que fue el libro que con tanto éxito adaptó para el cine Hitchcock, bajo el nombre de Psicosis. Lo que algunos ignoran respecto al origen de esta novela, es que su autor se basó en otro famoso caso policial, como ya sucedió con su historia sobre Jack el Destripador.  Fue así como en esta ocasión tomó como fuente para su prosa, las atrocidades cometidas por su compatriota Ed Gain, cuyos delitos que implicaban tanto asesinato, como necrofilia y todo tipo de perversiones con los cuerpos de sus víctimas, fueron descubiertos por la época en la que el escritor ya había logrado la consagración.  No está demás decir que gracias al respaldo del director de Los Pájaros, su obra más famosa es esta potente novela, que sin dudas llega a ser mucho más gore que su versión fílmica.
    
     Terror (1962) corresponde a una novela corta suya que se lee de un tirón, en especial gracias a su narrativa atrapante y llena de giros argumentales atractivos, basados muchos de ellos, en todo caso, en los elementos típicos de la literatura policial y/o de crímenes.  El texto posee dos narradores, uno que corresponde al protagonista y otro, nada menos que al asesino de esta historia.  De hecho parte con este último, quien aparece como narrador cada vez que comete un homicidio.  Su trama trata acerca de un joven de veinte años, quien vive con su único familiar, una simpática tía (no se sabe si soltera o viuda), quien ha recogido al muchacho luego de la muerte de sus padres (tampoco se entra en conocimiento de si es consanguínea suya o política, ni si su parentesco es paterno o materno) y quien pretende iniciarlo en sus negocios.  Siendo sinceros, quien pronto será ya un adulto según los parámetros de la época (a los 21 años en aquel tiempo, recién a tal edad se adquirían plenos derechos y obligaciones civiles), resulta ser al principio de la trama un sujeto algo desagradable, ya que se lo describe como alguien prejuicioso y, lo peor de todo, misógino, como también todo un resentido social; no obstante, en la medida que se involucra en los vericuetos del misterio policial y delictivo que toca a su puerta, demuestra poseer varias virtudes, entre las que se encuentran la valentía, iniciativa y, lo mejor de todo, la capacidad para madurar y aprender de las duras experiencias que le entrega la vida.   Pues bien, la existencia del hasta el momento irresponsable personaje cambia, cuando su tía queda en poder de una pequeña figura india de la diosa Kali, lo que desata la ola de muertes atroces que en un principio hacen creer a los agentes de policía involucrados, que el mancebo viene a ser el culpable de todos los sucesos.  Una vez que el protagonista queda libre de culpa, decide averiguar por su cuenta la verdad y es entonces que se ve en medio de una serie de sujetos sospechosos  y hasta mortales, de entre los que de seguro se encuentra el verdadero asesino.
     Bloch demuestra en esta obrita suya su talento para jugar con los leiv motivs del género, en primer lugar otorgando a su historia el atractivo de una cultura “exótica” como la de la milenaria India y que si bien todo transcurre en USA, involucra varios aspectos de esta sociedad: como sus costumbres, varios personajes originarios de este país, su propia religión llena de dioses y sus propios avatares históricos, de modo de aumentar la dosis de aventura dentro de su argumento (por su aire propio de una intriga internacional).  Todos estos detalles dramáticos,  hacen que el lector se pregunte qué tanto de lo que nos cuenta Bloch forma parte del real legado indio y qué inventó él mismo para crear toda una atmósfera de intriga y peligro.  Además agrega a esto la presencia de dos bellezas femeninas, distintas en apariencia y motivaciones, pero que resultan tan misteriosas en su actuar, que envuelven tanto al aspirante a héroe, como a uno mismo por sus personalidades y las que bien responden al estereotipo de la femme fatale.
     Teniendo en cuenta la época en la que fue escrita esta novelita, puede llamar la atención un marcado erotismo en el texto, el cual si bien no es explícito, a ratos viene a ser más que sugerente y que en parte puede tratarse de la intención de hacer una velada crítica social, a los convencionalismos sociales de la época por parte de su autor.  Este tipo de situaciones son posibles ver en el libro, por supuesto, gracias a la conducta del personaje principal con las dos mujeres con las cuales le toca interactuar, siendo una de ella una mujer “mayor” que él y además “separada” (todo un escándalo para aquellos años) y la otra alguien proveniente de otro “mundo”, quien más encima posee conocimientos que la ponen por sobre el supuesto inocente galán (en especial en el fino arte del amor y la seducción).
     Por último, cabe destacar la psicología con la cual es visto el muy especial asesino del libro, cuya identidad llega a ser toda una revelación una vez llegados al clímax.  Es al respecto, que una vez que el criminal descubre el poco valor de su empresa delictual, es posible identificar una lectura velada más al texto, consistente en la idea de que las religiones en ocasiones pueden ser un medio para cometer atropellos y que sus dogmas resultan vacíos, si son seguidos por personas de espíritu pobre.

domingo, 17 de agosto de 2014

El Pecado y la Decadencia en “Seven” de David Fincher.


     Tras un exitoso y alabado debut cinematográfico con Alien 3 (1992), el público y la crítica esperaban bastante más de su entonces joven director, David Fincher; éste antes de dar el salto a las salas de cine, se había fogueado detrás de las cámaras filmando celebrados videoclips para artistas de primera fila como Paula Abdul, Madonna, Billy Idol y George Michael.  Fue así como en el año de 1995 llegó la nueva película, de quien con el tiempo haría una importante carrera en el séptimo arte, con títulos que en la actualidad están considerados entre lo mejor del cine hollywoodense.  La segunda cinta de Fincher corresponde al filme de suspenso Seven, conocido en español bajo el nombre de Los Siete Pecados Capitales.  Dicha obra con rapidez acaparó la atención de la gente, gracias a un inteligente guión original y a una atmósfera opresiva que marcó escuela a tal punto que como otras cintas esenciales, originó una serie de copias (unas buenas y otras malas como era de suponer) e inspiró a otros artistas a crear nuevas historias siguiendo su particular estilo (siendo el mejor ejemplo de ello la serie de televisión Millenium de Chris Carter).  Ahora bien para ser sinceros, una obra cómo está también contó con otros aspectos artísticos y técnicos, que le ayudaron a obtener su destacado sitio entre las numerosas producciones que se hacen año a año en Gringolandia;  por lo tanto para ser justos, se referirá más adelante a dichos aspectos para tenerlos en cuenta a la hora de apreciar en mayor medida esta película.  No está más decir que el filme en cuestión está considerado entre lo mejor de la década de los noventa y que asimismo se encuentra en muchas listas entre los grandes largometrajes de la historia del cine.
     Seven es un drama de suspenso que se nutre del llamado cine negro (policial con personajes retorcidos y ambientes lúgubres, cargado de bastante violencia y un discurso político de denuncia social) y las también populares historias de psicópatas (psicothrillers en inglés, siendo uno de sus mejores ejemplos la clásica Psicosis de Alfred Hitchcock).  Su trama versa sobre un detective de homicidios que se encuentra a días de jubilar por anticipado, ya cansado de las miserias que le ha tocado vivir personalmente y las que ha visto e investigado como agente de la ley y el orden.  Es entonces que llega a su oficina un joven detective para ocupar el cargo que el hombre mayor se encuentra por dejar y cuando todo parece que va a tener su desarrollo normal, se presenta un extraño caso de asesinato que les hace darse cuenta a ambos investigadores, que se encuentran en la antesala de una serie de crímenes realizados por una mente enferma (y no obstante de un sujeto de extrema inteligencia).  En un principio ambos sujetos, un hombre ya maduro, taciturno, solitario y casi misántropo, y un sujeto casado, lleno de esperanzas y sueños, apenas consiguen soportarse; no obstante gracias a la casi angelical intervención de la bella esposa de éste último, ambos logran dejar sus rencillas y aprenden a trabajar juntos llegando a simpatizar entre sí.  En cuanto a los horrendos homicidios que comenzaron a hacerse públicos el mismo lunes de esa semana, estos tienen relación con la fijación erótica-religiosa de su perpetrador y que consisten en castigar a 7 sujetos diferentes y a quienes considera culpables por vivir en relación a cada uno de los 7 pecados capitales (todo ocurre en una intensa semana completa, siendo el número de días significativo con respecto al mismo leiv motiv que lleva al asesino a realizar sus acciones); de este modo los cuerpos irán apareciendo sometidos a diversos e “ingeniosos” vejámenes, considerando el siguiente orden: gula, avaricia, pereza, lujuria, soberbia, envidia e ira.  Si bien ambos protagonistas son individuos de gran talento en su oficio, el asesino en todo momento se encuentra por sobre sus capacidades, de modo que al final es sólo debido al propio plan de éste, que los detectives logran ajusticiarlo.  El inesperado desenlace, casi una tragedia griega por corresponder a la idea de la inexorabilidad del destino y a la existencia de poderes superiores a los mortales (en este caso representados por el patético psicópata), resulta ser uno de los más comentados, duros e inesperados de la cinematografía.

Una de las escenas más chocantes de este filme.

     Cada vez que los protagonistas se adentran en las escenas del crimen, el dramatismo de la puesta en escena toma un cariz aterrador, a lo que se suma la música a cargo del veterano compositor Howard Shore, quien en sus acordes para este filme rememoraba a algunos de sus trabajos más clásicos para las películas de horror del “primer” David Cronenberg (como Scanners y su soberbio remake de La Mosca); es así que la banda sonora de Shore logra ser el acompañamiento perfecto para crear tal tensión, que, por ejemplo, cuando ambos detectives entran en la casa de la primera víctima, quien por primera vez ve la cinta llega a sentirse agobiado ante la eminencia de un horror oculto y prometido.   A todo esto se suma una fotografía que acentúa las sombras y los tonos oscuros, acompañada de una dirección de arte donde se destaca la suciedad y lo viejo de la ciudad en la que se desarrolla la historia (supuestamente transcurrida en Nueva York).  Tampoco se puede olvidar el uso de la iconografía religiosa cristiana y especialmente católica, relacionada con las obsesiones del desquiciado que motiva los acontecimientos de la película; de esto modo abundan las imágenes propias de la simbología y la estética de dicha teología, aunque por lo general ligadas a los tormentos del Infierno y la punición de las debilidades humanas.  También apoyando este uso siniestro de dicha imaginería, el elemento gore de las muertes sufridas por las inmolados para la época en la que fue hecha, resulta ser bastante realista y cruda (como también pavoroso); a ello se agregan todo tipo de imágenes macabras una vez que los personajes principales entran al cubil del psicópata y que se muestran de forma fugaz, aunque impactante (hay fotos de cadáveres, extremidades deformes, etc.).  A todo esto se suma la intertextualidad que en varias ocasiones hace referencia directa a la literatura clásica ligada a los temas respectivos, como La Divina Comedia de Dante, Los Cuentos de Canturbery de Chaucer y el Mercader de Venecia de Shakespeare (por tanto el espectador se encuentra frente a un largometraje que reboza de intelectualidad).
    Otro punto a destacar dentro de los detalles que le otorgan a Seven su carácter de obra maestra, viene a ser la elección de sus actores y que en especial en los cuatro roles principales que permitieron que la película llegara a ser lo que es.  En primer lugar se encuentra la figura de alguien como Morgan Freeman, quien como siempre en sus intervenciones para el cine, logra crear un personaje entrañable y verosímil; el filme comienza y termina con él (en este último caso, con un breve y emotivo monólogo en off citando a Hemingway), siendo su personaje el guía para que el espectador a través de su protagonismo, pueda testimoniar lo más oscuro de la condición humana.  Su postura frente a la vida, casi pesimista, se constituye en un punto de inflexión para meditar gracias a sus diálogos sobre el supuesto sinsentido de la existencia y la pérdida de los valores para una humanidad sumida en la apatía.  No obstante pese a su falta de “felicidad” el hombre no pierde su noción de justicia y bondad, lo que lo hace tener más templanza que su propio compañero.  Este hombre culto y experimentado contrasta en todo caso con el antagonista de la cinta, de quien nunca se llega a saber su verdadero nombre (pues se hace llamar John Doe, apodo dado en USA para la gente sin identificar), quien si bien comparte con él la sapiencia y la misma posición respecto a lo mal que anda el mundo, se encuentra cegado ante su propia falta de empatía y bajezas morales (porque además, sin duda está LOCO); de este modo John Doe en vez de luchar por el mundo tal cual el viejo detective (parafraseando la cita de Hemingway usada en Seven), se dedica cual figura del Antiguo Testamento a castigar con crueldad y a sembrar el temor en vez del perdón.  Y es justamente gracias a las dotes histriónicas de un por entonces casi desconocido Kevin Spacey (quien luego de este rol logró gran notoriedad internacional), que el trastornado de turno se convierte en un hombre del saco moderno; además Spacey lo interpreta con una soltura tal, afeminado, delgadísimo, elocuente y sin dudas enfermo mental, que cuesta sacarse de la cabeza su amenaza.  Otra contrapartida al papel de Morgan Freeman, si bien de una forma mucho más positiva, viene a ser la de la esposa del otro detective y que aquí se encuentra interpretada por Gwyneth Paltrow en sus inicios (pero aún así ya soberbia); es así como dicha fémina se constituye en el personaje que a lo largo del guión, viene a encarnar cierto tipo de inocencia y delicadeza que en el resto de los personajes falta.  Por último se encuentra el otro miembro que forma parte del dúo protagónico y que corre a cargo de nada menos que Brad Pitt en uno de sus primeros papeles estelares.  Pitt toma su rol con dignidad, si bien para este trabajo le tocó codearse con un gigante de la actuación como el ya mencionado Freeman; no obstante teniendo en sus manos a un personaje complejo como el suyo, quien a lo largo del guión pasa por varios cambios de ánimo, resulta convincente y más todavía cuando logra provocar lástima hacia su triste final.  El joven detective en muchos aspectos viene a ser lo contrario de su pareja profesional, siendo lo más significativo de sus diferencias la falta de equilibrio emocional que luego se transforma en su propia perdición (de este modo en la cinta queda claro la ineptitud de la juventud, que queda desfavorecida al ponerla frente a la cordura de la madurez).
    En pocas palabras, quien a la fecha no haya visto esta obra, debe procurar a la brevedad hacerlo, pues se está perdiendo una de las películas más sublimes de su género; mientras que quien no la haya vuelto a ver desde hace rato, bien debería darle otro oportunidad, de modo de encontrar en ella nuevos focos en los que detenerse para disfrutarla con plenitud.

David Fincher: un director para tener en cuenta.

martes, 1 de julio de 2014

Maestros del Horror 23: “We All Scream for Ice Cream” (Todos Gritamos por un Helado) de Tom Holland.


23.1- El Director.

     Con tan sólo un puñado de películas y unas cuantas obras para la televisión, desde el inicio de su carrera ha conseguido una más que interesante filmografía, dentro de la que se encuentran verdaderos clásicos del cine de terror (así como filmes “de culto”).   Holland además de oficiar de director, ha trabajado como guionista de sus propias películas.  De hecho su primera acreditación dentro del mundo del cine, fue haciendo nada menos que el guión de la inesperada secuela del clásico de Alfred Hitchcock Psicosis (basado en la novela de Robert Bloch); la cinta data de 1983 y contó con la participación de su actor original Anthony Perkins, siendo dirigida por Richard Franklin.   Basta decir respecto a lo último, que su debut como guionista fue bastante celebrado ante un largometraje que pese a que se esperaba fuese un fiasco, poseía dignidad e incluso originó dos secuelas más que para nada le hicieron mella a la cinta original.  A la hora de hablar del carácter de su obra en general, se puede destacar la gran calidad histriónica de los actores con los que ha trabajado, siendo muchos de ellos premiados por su desempeño actoral; lo que sube el nivel de sus cintas y producciones televisivas.  A su vez sobresale su gusto por el gore, que lo pone en la misma sintonía de colegas suyos como Carpenter, Gordon o Garris y todo a través de escenas donde la sangre y las vísceras sobresalen en la pantalla de la forma más increíble.  Otro aspecto sobresaliente de su carrera, es que en su labor de guionista de los filmes de su autoría, ha sido capaz de crear historias originales y basadas en temas caros al terror sobrenatural, de una manera bastante atractiva sin duda (como el vampirismo en Fright Night y la brujería en Child´s Play); por otro lado, también ha realizado adaptaciones de la obra literaria de Stephen King de forma sobresaliente (primero con la miniserie The Langoliers y luego con el filme Thinner).  No se puede dejar de lado en su faceta televisiva, además de la ya mencionada miniserie, su aporte para la serie de culto Cuentos de la Cripta, con tres episodios; estos fueron producidos y emitidos en tres distintas temporadas suyas, contando además con grandes actores como Amanda Plummer, Patricia Arquette y nada menos que un joven Brad Pitt.
     Dentro de sus películas se pueden mencionar los siguientes títulos, obviando en todo caso Thinner ya que se le hizo una crítica en este blog el año pasado y se puede leer haciendo click en el hipervínculo respectivo:

Tom Holland junto a su creación más famosa: Chucky.

  • Frigth Nigth (1985, conocida en España como Noche de Miedo y en Latinoamérica bajo el nombre de La Hora del Espanto).  Su más ópera prima no ha perdido vigencia y tuvo una muy buena secuela tres años después, además de un remake de ningún modo despreciable, con nada menos que Colin Farrell de antagonista.  Es la historia de un adolescente fanático de los filmes clásicos de horror y de serie B, quien descubre que su atractivo nuevo vecino es un vampiro.  Ante esta revelación decide acudir por la ayuda de su ídolo, un para entonces actor en decadencia de filmes fantásticos, quien ahora conduce un programa retrospectivo de medianoche; en un principio el anciano no le cree, hasta que en una antológica escena éste descubre que su seguidor le dice la verdad.  El filme no puede ser más entretenido, con muy buenos momentos, actuaciones de primera, un vampiro muy malo (como se supone son estas criaturas de la noche) y efectos especiales que para la época en que fueron hechos todavía convencen.  En los protagónicos se encuentran Chris Sarandon y nada menos que Roddy McDowall, veterano artista del medio y quien cobró fama en la saga fílmica original de El Planeta de los Simios.
  • Chils´s Play (1988, titulada en Latinoamérica como Chucky el Muñeco Diabólico).  Su segunda incursión en el cine como director fue aún más exitosa, comenzando sin proponérselo una nueva saga de terror que hasta nuestros días ha dado secuelas; a su vez creó a uno de los “monstruos” de culto del cine de terror actual.   La cinta trata acerca de un criminal y asesino psicópata, quien posee conocimientos en magia negra, razón por la cual poco antes de morir traspasa su alma a un muñeco.  Éste se entera que si realiza la misma ceremonia que le permitió dejar su esencia en el juguete, en el niño al que le confesó en parte su identidad, podrá regresar a la vida como humano en el mismo cuerpo del pequeño.   De este modo la película muestra en gran parte todo lo que hace Chucky para conseguir su nefasto objetivo; por otro lado, el agente de la ley que llevaba un buen tiempo detrás de él, así como quien fue el responsable de su muerte natural, se entera de que su presa aún se aferra a la vida en ese estado contranatura, razón por la cual una vez más se involucra en los propósitos de su presa.  El largometraje fue la segunda colaboración de Holland con Sarandon, quien acá interpreta al “bueno” de la historia, mientras que nada menos alguien como Brad Dourif cumple el papel del asesino al principio del filme y luego se encarga de ponerle la voz a su monstruoso avatar.  La película resulta ser bastante dramática y todavía más violenta que su antecesora, resaltando el efecto del mismo muñeco que al verse animado realmente se ve siniestro (en especial en los gestos que hace y gracias la voz del actor a cargo de él, lo que no deja de darle un tono de locura y gran maldad a su personaje); tampoco se puede ignorar el desempeño más que convincente del niño coprotagonista y que es capaz de conmover a más de un espectador.  Esta obra ganó el primer premio en el festival
    fílmico especializado de Sitges.
  • The Temp (1993, con el nombre de La Suplente en español): Única película de psicópatas a la fecha del director.  Es la historia de un importante ejecutivo de una empresa, quien se ve obligado a contratar a una nueva secretaria, mientras la suya se encuentra con licencia maternal; la reemplazante resulta ser una mujer despampanante, además de ser más eficiente que nadie y poseedora de una personalidad tal, que el hombre es incapaz de resistirse a sus encantos.  No obstante lo que parece el sueño y la fantasía ideal de alguien con su secretaria, se transforma en una pesadilla cuando la mujer se descubre como una psicópata, quien usa los medios más extremos para mantener su puesto.  Con algunas muertes bastante “originales”, es una muestra más del cine de divertimento de Holland, el cual en este caso posee una lectura de sátira social, al mostrar en tono de terror el frío mundo del arribismo en las grandes empresas.  Para este tercer largometraje suyo, Tom Holland volvió a contar con un reparto de primera, teniendo en este caso a Timothy Hutton (el mismo de esa joya que es La Mitad Siniestra de George Romero, basada en la novela homónima de Stephen King), Lara Flynn Boyle, Faye Dunaway, Oliver Platt y Steven Weber (este último, el mismo protagonista de Jennifer, una de las mejores entregas de Maestros del Horror y también de la miniserie de El Resplandor, el telefilme Desesperación, el último episodio de Pesadillas y Alucinaciones y el capítulo La Revelación de Becka Paulson de la serie The Outher Limits, todos ellos basados en obras de Stephen King).
  • The Langoliers (1995, Los Langolieros y Grieta en el Tiempo): De una de las obras que componen la colección de novelas cortas Las Cuatro Después de la Medianoche de Stephen King, corresponde a una miniserie de 3 horas de duración.  Su guión fue escrito tanto por el afamado escritor, como por el mismo Holland.  Con ribetes de ciencia ficción, cuenta acerca de un grupo de personas que toma un avión y que durante su viaje se quedan dormidos; al despertar en el vehículo descubren que no hay nadie más que ellos en el aparato y cuando logran llegar al aeropuerto, tampoco encuentran más gente.  En determinado momento se enteran de que unas criaturas llamadas  Langolieros llegarán hasta donde están ellos y devorarán todo a su paso, incluyéndolos, así que deben buscar cómo sea el medio para volver a su realidad (puesto que se encuentran en una especie de vacío interdimensional).  Esta producción que en su momento fue todo un éxito, posee una atmósfera en verdad ominosa, lo que en parte es gracias al trabajo actoral de su casting, donde resalta David Morse (quien al menos ya ha trabajado en tres obras basadas en la narrativa de Stephen King, como resultan ser Corazones en la Atlántida y La Milla Verde) y Dean Stockwell; lamentablemente todo pierde su magia cuando por fin llegan los monstruos de la historia y el efecto especial, como su diseño para representarlos, no puede ser más malo, inverosímil y hasta ridículo.

23.2- La Película:

     Estrenada el 12 de enero de 2007 en su país de origen, es una más que interesante puesta en escena del tema de la venganza de ultratumba, a ello se le suma la idea de la culpa y la responsabilidad, sazonado con una interesante variación de todo esto y que viene a ser la que corresponde a “los pecados del padre”.
    Basada en un cuento del escritor del género John Farris y con guión de su colega David J. Show, es la historia de un exitoso hombre que junto a su familia (esposa y dos vástagos pequeños, una casi adolescente hija mayor y su aún menor hijito) vuelve al barrio de su niñez.  Inmediatamente apenas regresa, los integrantes de su antigua pandilla de infancia comienzan a morir de forma horrenda.  El protagonista y otros sospechan del líder negativo del grupo, quien siguió su vida como paria, mientras que la mayoría optó por el buen camino; no obstante cabe la posibilidad de que todo sea aún más tenebroso de lo que parece y se trate de algo de tipo sobrenatural.  Por años el personaje principal ha cargado con el mal recuerdo de una muerte que manchó su inocencia: un día él y su gente participaron de una broma cruel que trajo como consecuencia la muerte de una persona; el fallecido era un hombre de buen corazón y con cierto retraso mental, quien vivía feliz su existencia alegrando a los niños vestido de payaso, mientras les hacía pequeños espectáculos callejeros gratis, a la par que les vendía a bajo precio helados.   Es así cómo quien antes fuera un alma bondadosa, ahora también ha vuelto al lugar de la tragedia, si bien desde el mundo de los muertos, para cobrarse el pago por lo que le debían por tanto tiempo; no obstante su especial verdugo lo hace de tal forma que usa a los mismo hijos de quienes lo humillaron en el pasado, no victimizándolos, aunque sí transformándolos en indirectas herramientas de su revancha (y de una forma bastante pavorosa, por cierto).  Por ende, le queda al único sobreviviente de la pandilla, romper el círculo de la venganza antes que se cierre por completo.
     Como en otras ocasiones, Holland logra cautivar a su espectador, si bien en esta ocasión cuenta en especial con la materia prima de Farris y del trabajo de Show para esta pequeña perla de la televisión por cable; luego están los siempre increíbles efectos de KNB (quienes han dotado a todo el programa del “horror” de sus creaciones), que en este caso han podido darles algunos de los finales gore más asquerosos que se hayan visto, a los personajes de este episodio.  Es entonces que cabe destacar el comienzo de esta historia, con la muerte de uno de los miembros de la pandilla y que parece lo suficientemente “raro” como para que uno desee saber qué realmente está sucediendo; a partir de entonces comienza a armarse el rompecabezas.  Quien ahora es un verdadero espíritu de venganza, otrora era un sujeto encantador y es en este cambio sufrido que se evidencia lo que el dolor y la maldad pueden provocar en el alma de quien fuera alguien de naturaleza benigna; de hecho, su transformación llega a tal punto, que su imagen de payaso amistoso sufre la metamorfosis de una criatura de rasgos monstruosos, así como su propia vestimenta y peluca denotan la impureza que ahora posee, como también el estancamiento en el que ahora se haya (asimismo el vehículo tan llamativo que antes conducía, ha perdido su brillo y tal como su dueño, se ve sucio y hasta decrépito).  
    La confrontación final con el ser que ha matado a casi todos sus antiguos victimarios, resulta admirable y dramática; sobresale en ella el medio empleado por el protagonista para deshacerse de su perseguidor.   No obstante, hacia el final queda la incertidumbre de si la pesadilla por fin se acabó.
    El nombre de este recomendable capítulo corresponde a un juego de palabras en inglés intraducible a nuestro idioma, ya que “scream” (grito) rima como “cream” (crema), usándose ambas palabras en su titulo original; de este modo lo que antes del accidente correspondía a un momento de dicha saboreando una golosina, ahora se ha convertido en uno para arrancar de miedo.

El payaso maligno de esta historia.

sábado, 14 de julio de 2012

Maestros del Horror 5: "Chocolate" de Mick Garris.


5.1. El Director.

    Aparte de ser a quien le debemos la creación de este programa ya tan elogiado y que permitió a tantos grandes directores proyectar algunas de sus mejores o más “entretenidas” pesadillas en el llamado “tubo catódico” (nombre que en todo caso hace rato quedó obsoleto ante las nuevas tecnologías), Mick Garris es un director que se podría caracterizar por dos aspectos:

1° Si bien tiene sus cuantas películas estrenadas para el cine (siendo dos de las cuatro que ha hecho para este formato, secuelas), la mayor parte de su trabajo ha sido para la televisión, labor donde realmente ha destacado no sólo gracias a este programa que creó (y a su “heredero” Fear Itself), si no que también a unas cuantas miniseries de horror que hoy son ya de antología.

2° Ligado a lo anterior, es un director cuyo trabajo se ha formado en gran parte adaptando la obra de Stephen King, siendo la verdad una labor que ha desarrollado no sólo con amor y admiración hacia el trabajo de este escritor, si no que demostrando un verdadero talento a la hora de convertir las palabras a imágenes que sean tanto tributo del material original, como capaces de poseer su propio valor en sí mismo.  También se ha encargado de hacer lo similar con la obra de Clive Barker, autor claramente ligado a King y de quien también Garris es amigo y por quien demuestra gran aprecio.

    Mick Garris comenzó trabajando muy joven en televisión en un pequeño canal y donde hablaba sobre cine bizarro, de terror, de ciencia ficción y similares.  Gracias a ello, tuvo la oportunidad de conocer a gente como al propio Steven Spielberg, Joe Dante y John Landis, entre otros, con quienes luego tendría una estrecha fraternidad y lo que muchos años después lograría sus frutos en su carrera profesional y en especial en la creación de Maestros del Horror.  Fue así como a finales de los ochenta Spielberg llamó al futuro director para realizar un guión de uno de los capítulos de Amazing Stories (otro memorable programa de televisión antológico) y al gustarle su labor, luego le encargó otro y por último Garris se transformó en miembro del staff permanente del programa, llegando incluso a dirigir para la serie.
    Por lo tanto, Garris no sólo es director, si no que también guionista y también productor.  A continuación un recorrido por su trabajo para las producciones audiovisuales de terror:

  • Critters 2 (1988): La primera secuela de un filme clásico de terror de esta década, con elementos de ciencia ficción, sobre un grupo de monstruosos “parientes alienígenas” de los gremlins de Joe Dante.  En cierto sentido aquí Garris, quien también ofició de co-guionista, supo crear un filme cuya única pretensión (aparte de ganar dinero) fue hacer una película liviana propia de su época, que fuese entretenida (para espíritus poco exigentes) y hasta con un carácter familiar en su humor tan gringo y situaciones que no requiriesen mayor trabajo intelectual por parte de los espectadores.
  • Psicosis IV: En el Principio (1990): Las películas que le siguieron al clásico de Hitchcock, basadas las dos primeras en las novelas del consumado escritor Robert Bloch, nunca perdieron su horizonte y ésta particularmente dio finalización a una saga que menos mal terminó con dignidad.  La película muestra cómo uno de los psicópatas más memorables de la pantalla grande logra su particular redención, no antes mostrándonos por primera vez su pasado y las oscuras circunstancias que lo llevaron a convertirse en el monstruo humano que llegó a ser.  Por su parte, en este segundo trabajo para el cine, el director demostró que bien podía manejar una historia verosímil y madura a diferencia de su ópera prima mucho más simplona.
  • Sonámbulos (“La Maldición de los Sonámbulos” en Latinoamérica) (1992): Película a la que para ser sincero, le tengo un especial aprecio por numerosas razones a las cuales creo no vale la pena enumerar acá.  No obstante un dato objetivo es que este filme se constituyó en la primera colaboración entre Mick Garris y Stephen King, por cuanto corresponde además en ser el primer filme para el cine (más bien el único) en contar con un guión de Stephen King absolutamente original (o sea, no basado en ningunos de sus anteriores escritos).  La historia versa sobre una antigua raza de felinos antropoides que pueden tomar la forma humana y que se alimentan del aliento vital de mujeres vírgenes.  El filme es violentísimo y posee una muy buena banda sonora donde destaca el uso de un gran tema de la cantante y compositora irlandesa Enya, Boadicea, en un efectivo prólogo a la historia.  A su vez la película permite ver agradables cameos del propio King, del también escritor de horror y director de cine Clive Barker, de los “colegas” Joe Dante, John Landis y Tobe Hooper, aparte del actor Mark Hamill (el recordado Luke Skywalker de la trilogía original de Star Wars).
  • Apocalipsis (1994): La gran labor de llevar a la pantalla chica una de las obras más memorables de la pluma de Stephen King fue toda una proeza y ello se debió en parte al trabajo en conjunto del mismísimo Stephen King, quien aquí se encargó de adaptar su novela, y de Garris, quien demostró más aún que antes su capacidad para contar una historia de la forma más seria y dramática posible.  El libro de más de mil doscientas páginas se llevó al formato de miniserie en seis horas, que le hicieron su justo tributo a la historia original, contando a su haber con grandes actores de la talla como la del hoy galardonado Gary Sinese, Rob Lowe, Miguel Ferrer, Laura San Giacomo, Kathy Bates y Ed Harris, aparte de cameos nuevamente de King y varios directores del género.  En su primera gran producción para la televisión, Garris consiguió mostrar una historia de carácter heroico, que le permitió luego desarrollar un montón de proyectos más, consiguiendo la amistad de King y además lograr numerosas candidaturas a premios, ganando algunos de ellos.  La miniserie posee además algunos de los momentos más inolvidables no sólo para los seguidores de la obra de King, que han sido llevadas a la pantalla grande y chica, si no que también en la televisión en general, contando por lo tanto con escenas de gran intensidad dramática, algunas muy emotivas y otros bastante aterradoras (sin duda de lo mejor de lo que se ha hecho sobre la obra de King, como también respecto al trabajo de su director).
  • Quicksilver Higthway (1997): Telefilme que consta de dos episodios, más una historia unificadora de las dos, a cargo del camaleónico Christopher Lloyd a manera de “presentador”.  La intención de esta producción era la de convertirse en un episodio piloto para una nueva serie antológica, sin embargo pese a su gran factura (como muchos otros casos de la pantalla chica) no pasó más allá de esta película.  Esta obra cuenta además con su segunda colaboración con el actor Matt Frewer, luego de su destacada labor como Trashcan en Apocalipsis (en Chocolate volverían a trabajar juntos).  Acá Garris oficia de guionista, adaptando por primera vez a su también amigo Clive Barker, en uno de sus cuentos más espeluznantes y originales: La Política del Cuerpo; no obstante en este último caso lo que hizo el guionista-director fue agregarle humor a la historia y hacerla así más digerible (admito que cuando leí el cuento tuve pesadillas).  La otra historia corresponde al relato La Boca Saltarina, un excelente relato de King sobre una particular forma de justicia.  El producto final que condensa estas dos historias, más el argumento “central”, resulta ser una obra bastante recomendable.
  • El Resplandor (miniserie) (1997):  Todos los fanáticos de Stephen King sabemos que al autor no le gustó la versión “atea” que el polémico, pero aún talentoso, director hizo de su famosa novela; pese a que a su vez este filme de 1980 se transformó con justicia en uno de los mejores filmes en la historia del cine.   No obstante, ya para cuando le pudo ser  posible financiar una versión más cercana a su texto, King se encargó nuevamente de hacer el guión.  Si Kubrick lo que hizo fue centrar el mal en la locura del personaje interpretado magistralmente por Jack Nicholson, King fue fiel a sí mismo y no dejó de mostrar en su versión la influencia de los elementos sobrenaturales y malignos en la vida de los Torrance, así cómo darle mayor importancia al desmoronamiento anímico y espiritual de parte de los adultos de esta familia (en especial el padre).  La labor de los dos actores mayores principales en esta miniserie de seis horas fue notaria, logrando Steven Weber (el Jack de esta versión televisiva) un desempeño actoral que para nada puede envidiarle al oscarizado Nicolson; por su parte una vez más Rebecca de Mornay demostró que no sólo es una mujer hermosa, si no que posee gran talento en un papel como el que aquí tuvo que realizar y que implicó poseer la capacidad suficiente de mostrar a una mujer en numerosas situaciones de gran calibre emocional.  Tal como sucedió con la anterior colaboración en materia de miniseries entre King y Garris, esta obra fue nominada a varios premios, ganando unos cuantos y en especial el Premio Saturn para Weber.
  • Cabalgando la Bala (2004): La cuarta película para el cine de Mick Garris, fue un filme independiente, con guión suyo también, nuevamente basado en una obra de King (esta vez su famosa novela corta que por años sólo se podía leer en formato digital y que había que comprarla a través de Internet).  El texto original de King si bien corresponde a una historia de terror, también consiste en una narración acerca de las responsabilidades, el sentimiento de culpa y la posibilidad de redención.  En esta obra, Mick Garris deja de lado su faceta más gore, optando por contar una trama que tal como la obra en que se inspira, desborda gran emotividad y sensibilidad.  La producción cuenta como nos tiene acostumbrados Garris, con grandes actores, demostrándonos una vez más el director que posee gran empatía a la hora de sacar lo mejor de los artistas que trabajan con él.
  • Desesperación (2006): Película para la televisión basada en una de las novelas más violentas de King y que bien puede ser considerada uno de los mejores filmes del director.  La historia acerca de un grupo de personas que se ven atrapadas en un pueblito perdido en medio del desierto y acosadas por un maligno y viejo espíritu, toma en manos de Garris el mismo carácter del libro homónimo: una épica anónima del valor humano en su lucha contra el mal.  En este filme como tal vez sólo se dio en el gusto con Sonámbulos, Mick Garris se permitió ser  casi tan sangriento como King lo hizo con su texto, lo que no se habría esperado de un producto hecho originalmente para la televisión (bueno, la verdad es que para entonces ya se estaba emitiendo hace rato Maestros del Horror, por lo que la hemoglobina y las vísceras ya estaban cobrando su lugar en la pantalla chica).  Una vez más en esta producción del artista, trabaja junto a un grupo de destacados actores, algunos de ellos a los que ya había dirigido Garris o que luego volverían a estar en sus manos: es así como brillan acá Steven Weber, el camaleónico Ron Perlman, Tom Skerritt (quien trabajó tanto en la clásica adaptación de David Cronenberg de La Zona Muerta como también al final de la serie de TV que adaptaba esa misma novela), Annabeth Gish y el actor protagonista de Chocolate, Henry Thomas, entre otros.
  • Un Saco de Huesos (2012): Su tercera miniserie basada en un libro de King, siendo que por años se esperó la adaptación del libro homónimo que la inspiró.  En este caso, otra vez Garris hizo de guionista, si bien optó por hacer un trabajo de menor extensión que en los dos casos anteriores (dos capítulos de una hora y media cada unos).  Pese a contar con un actor como Pierce Brosnan en el protagónico y al material original con el que trabajó, se podría decir que esta última producción suya adolece del carisma de sus anteriores trabajos “kingnianos”, quizás en parte por sintetizar demasiado la particular historia de fantasmas vengativos que está considerada entre sus mejores novelas.  Como dato extra, se puede contar que tal como acostumbra hacer Garris en sus filmes, otra vez se da el gusto de trabajar junto a actores de su confianza, repitiéndose esta vez el plato la actriz Annabeth Gish, con quien ya había laborado en Desesperación.

5.2 La Película (conocida en Latinoamérica como Alucinaciones Mortales y en España como Sensaciones Extremas). Estrenada en USA el 25 de noviembre de 2005.

    Y llegamos por fin a la etapa del director con Maestros del Horror.  Si bien éste contribuyó con dos telefilmes para el programa (uno por cada temporada), el segundo es lejos el mejor de ambos, por cuanto al que ahora comentaré, para mi gusto personal es el más débil (si no también aburrido) de las 26 producciones que comprenden la serie; no obstante igual Chocolate posee sus virtudes que bien merecen ser consideradas.  No se trata de una obra mala, pero quizás de toda su etapa más consagrada es la que menos atractivo posee (lo vuelvo a confirmar, es mi opinión y por ello no deja de ser subjetiva).
    Puede ser que el fuerte del director sea el de trasladar al cine y la televisión obras escritas con anterioridad…pero de otros autores, si se considera que en este caso lo que hizo Garris fue adaptar un cuento de su propia creación (ignoro si lo publicó alguna vez).  Este detalle sobre el origen de la trama puede ser significativo, por cuanto ella hasta cierto punto adolece de la espectacularidad de muchas de sus otras obras, teniendo como protagonista a un personaje que resulta patético y poco atractivo (quizás diseñado de adrede así, para acentuar el vacío en el que se encuentra su vida).
    La historia versa sobre un hombre recién separado, teniendo un pequeño hijo con su ex esposa, quien trabaja en un laboratorio químico dedicado a la creación de saborizantes artificiales y otros.  Su vida es monótona y la única compañía con la que cuenta es la de un amigo y colega rockero frustrado (acá interpretado por otro actor/amigo habitual de Garris: Matt Frewer).  Un día cualquiera el protagonista comienza a tener extrañas alucinaciones que le hacen ver a otro hombre como si le hablara a él, siendo que además cuando sufre de tales delirios su campo visual cambia y con ello el paisaje que le rodea; a su vez empieza a tener las mismas sensaciones de otra persona, incluyendo sus orgasmos, hasta que descubre que con quien mantiene este lazo es una hermosa mujer.  Es así como se obsesiona con ella y decide ir en su busca.
   La película parte con un primer plano del personaje interpretado por Henry Thomas, quien se ve cubierto de sangre y se encuentra haciendo una confesión; de este modo, el espectador sabe que el individuo ha participado en un hecho violento, pero corresponde al paso del tiempo y a la paciencia descubrir qué es lo que ha pasado en realidad.  Es así como el filme está articulado en base a flashbacks que retratan momentos del pasado del personaje, hasta llevarnos a la revelación final de su destino.  El montaje mismo de toda esta historia es una de las partes mejor logradas en toda esta producción, por lo que aquí Garris se muestra ya como un director experto y en especial al lograr por parte de quienes trabajan con él, escenas que incluso llegan a ser hermosas en su realización, destacando los exteriores, así como los diálogos mismos que muestran gran naturalidad.  Sin embargo, para que todo resulte bien se debe tener un verdadero guión que sea atractivo y éste no es el caso.
    Stephen salvo en contadas excepciones, no es un autor que aborde en profundidad el tema de la sexualidad y el erotismo de los personajes en sus trabajos, siendo quizás El Juego de Gerald su obra donde esta dimensión cobra mayor importancia.  No es el caso del otro escritor al que gusta adaptar Garris, Clive Barker, con quien ya en la segunda temporada del programa trabajó y consiguió (tal como ya he mencionado) un producto mucho más sublime (por cuanto además en este segundo trabajo la historia giró en torno al erotismo de sus protagonistas).  No obstante con Chocolate Mick Garris hizo una obra en la cual la sensualidad y el deseo se constituyen en los motores del argumento, y donde amor/carnalidad se mezclan junto al odio/violencia/muerte en la ya acostumbrada lucha entre Eros y Tanatos.  La insatisfacción afectiva y sexual del protagonista busca encauzarse hacia la materialización que sería compartir su soledad con la mujer con quien ha logrado sin proponérselo una “compenetración” única, no obstante este lazo resulta ser más bien una maldición en vez de una bendición (y con ello significará su verdadera perdición).
    A manera de homenaje a su compañero Stephen King, Garris en una breve imagen muestra como el personaje de Thomas se encuentra leyendo nada menos que Desesperación, la misma obra donde director y actor habían trabajado juntos.

Foto de los tiempos de "Sonámbulos".  De izquierda a derecha:
Mick Garris, Tobe Hooper, Stephen King y Clive Barker.
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