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domingo, 13 de marzo de 2016

Un monstruo marino para recordar (y disfrutar).


     La idea del mar como cuna de los monstruos gigantes más insospechados y aterradores, lleva eras en el inconsciente colectivo.  Es así como en la mitología griega abundan criaturas de este estilo, tales como Escila y Caribdis, unas de las tantas amenazas a las que le tocó enfrentarse al valiente Odiseo en su largo viaje camino a casa; tampoco podemos olvidarnos del Kraken, entre otros que de seguro se me quedan en el tintero.  Luego la tradición literaria al amparo de genios como William Hope Hodgson y H. P. Lovecraft, se aprovechó de los temores ancestrales, creando nuevos horrores acuáticos, cuál más espantoso y repugnante.  Era obvio que ante la fascinación por este tipo de criaturas, acerca de que algo raro y desconocido habitará en las profundidades de las aguas, el cine no dejaría de aprovecharse de ello, para realizar todos los filmes posibles que explotaran dicho filón de historias…
    Utilizando mi limitada memoria solo puedo traer a colación, a manera de antecedentes de la cinta sobre la cual hoy quiero referirme, clásicos de fines de los setenta como Tiburón (1975), sobre una novela de Peter Benchley y el primer éxito para la pantalla grande de Steven Spielberg (¡Cómo me tenía fascinado de pequeño con cada susto que me daba, la primara que la vi y eso que estaba bastante cortada en televisión!) y luego Piraña (1978), de igual modo la cinta que saltó a la fama a su director Joe Dante (cuánto quisiera que volviera a hacer sus formidables largometrajes del género y de humor); luego le seguirían Humanoides del Abismo (1980), uno de los tantos productos de clase B producidos por el legendario Roger Corman y que me encantaría volver a ver, como también tener (célebres entre los adictos a este tipo de cine bizarro, son sus escenas de violación monstruosa y del nacimiento de uno de sus adefesios); DeepStar Six con unos cangrejos gigantes dignos del mejor Hodgson y Leviathan, sobre un experimento genético que para variar se les fue de las manos a los científicos que lo idearon, ambas de 1989.  Mucho antes de los ejemplos mencionados, se estrenó una obra bellamente realizada en 1954 y que recibió el más que sugerente título de  El Monstruo de la Laguna Negra, de Jack Arnold, director que nos regaló otros clásicos filmes de terror y ciencia ficción tales como Llegó del Espacio Exterior (1953) y El Increíble Hombre Menguante (1957), los dos sobre textos de los afamados Ray Bradbury y Richard Matheson respectivamente; no obstante me había olvidado de mencionar este título, que luego dio origen a una trilogía, porque más bien su trama ocurre en “agua dulce” en vez de las vastas dimensiones de “agua salada” (no obstante sería un pecado no mencionarla en este listado de viejas y queridas películas de “mostros” acuáticos)…
     Es entonces cuando llegamos a los albores del siglo XXI gracias a Deep Rising (conocida en mi patria como Aguaviva), que en 1998 nos devolvió los esperpentos marinos en una superproducción, que como pocos casos contó con un reparto de lujo, como por igual de un equipo detrás de las cámaras ídem, además de una bestia que bien merece tenerse en cuenta a la hora de querer ver algo entretenido y bien hecho en general.  La verdad es que como ya ha sucedido otras veces, en su momento esta cinta no recibió buenas críticas… ¿Pero qué importa si logra cumplir con su propósito de entretener y ello lo logra con creces? Pues ella fue escrita y dirigida por Stephen Sommers, quien luego otorgaría a  Hollywood varios llamados blockbusters, tales como La Momia (1999), La Momia Regresa (2001), Van Helsing (2004) y G.I. Joe: The Rise of Cobra (2009); asimismo ya en esta fecha algo temprana a conseguir la celebridad, ya tenía una larga carrera a cuestas y el apoyo de los magnates del séptimo arte para realizar una película de monstruos de alto presupuesto, algo pocas veces conseguido para este considerado subgénero menor.  Pues el empeño en llevar a cabo tal empresa, haciendo uso de los sofisticados medios de la industria, se puede apreciar lejos en lo que concierne al escenario en el que transcurre el argumento: un lujoso e inmenso buque de pasajeros en plena alta mar (¿Se puede hablar de cinco estrellas, como si se tratara de un hotel de primera línea en estos casos?), que tras encontrarse con el ser que haría de las suyas en el metraje, se está hundiendo a medida que los pocos sobrevivientes tratan de escapar de esta prisión de hierro y alta tecnología (por no mencionar al espanto que anda detrás de ellos).   Es entonces que los encargados para hacernos creer que en realidad sus personajes se encuentran en tal lugar, se esmeraron por darle credibilidad a esta ficción, haciendo uso de los mejores efectos especiales con los que en aquellos tiempos contaron y aumentando la adrenalina a medida que las esperanzas de sobrevivencia de los personajes van decreciendo. 
     En el reparto estuvieron gente de la talla de Treat Williams, Famke Janssen, Kevin J. O'Connor, Anthony Heald, Djimon Hounsou y Wes Studi, todos ellos con extensas filmografías a cuestas (antes y después de filmar este trabajo), varias nominaciones a premios especializados y un claro interés por incursionar en este tipo de filmes.  El primero de ellos todo un galán de antaño, haciendo del “jovencito de la película” (como bien diría mi difunto padre), aguerrido y que bien merece quedarse con la bella dama a la que debe salvar (si bien se trata de un guión “moderno”, donde ahora la dama es una chica emancipada y que posee sus propios medios para salir adelante, aparte de no dudar en ir a la batalla si se trata de superar los entuertos que se le vienen encima).  En cuanto a la preciosa y talentosa Famke Janssen, pues la hemos visto en un montón de producciones que son un deleite para los “ñoños”, tales como las tres primeras cintas de los X-Men (2000, 2003 y 2006), The Wolverine (2013) y X-Men:Días del Pasado Futuro (2014) haciendo de nada menos que de Jane Grey, una de las mutantes más poderosas del universo Marvel; por otro lado,  ya había compartido escenario junto a su colega Kevin J. O`Connor en El Señor de las Ilusiones (1995), basada en un cuento de Clive Barker, quien se dio el gusto de dirigir él mismo la adaptación que hizo de su relato.  Anthony Heald fue el detestable profesor Chilton de El Silencio de los Inocentes (1991) y de Dragón Rojo (2002), sobre las novelas de Thomas Harris acerca del psicópata caníbal Hannibal Lecter.  En cuanto al afromericano Djimom Hounsou, inolvidables son sus papeles en Amistad (1997), Gladiador (2000) y Diamantes de Sangre (2006), además de una gran cantidad de títulos; además de estar ligado al mundo de los cómics por sus personajes para Constantine (2006), como el famoso Papa Midnate de las historietas de Hellblazer, poniéndole la voz a nada menos que el superhéroe africano marvelita Pantera Negra en su motion comic de 2010 y en Guardianes de la Galaxia (2014).  Con respecto al amerindio Wes Studi, aplaudido fue por su particular villano en El Último de los Mohicanos (1992), por no mencionar su por completo diferente, cómico y divertido papel en la película de bizarros superhéroes Hombres Misteriosos (1999), como el místico El Esfinge.  Pues como bien podrán darse cuenta, el casting de esta infravalorada película y de culto para muchos, es algo de lo que pocas pelis de monstruos pueden jactarse.

     Por otro lado, la banda sonora fue hecha por nada menos que un maestro de la talla de Jerry Goldsmith, llorado compositor con tantos soundtracks a su haber y cuya lista tan solo en el cine de terror y ciencia ficción resulta bastante extensa (por ahora me limitaré a mencionar dentro de ellos, a varios de la saga de Star Trek, Alien, la primera versión de El Planeta de los Simios, como también de igual modo la versión original de El Vengador del Futuro, la ya mencionada Leviathan y muchas, muchas más). 
     Y en lo que respecta al fabuloso y gigantesco depredador que aparece en esta historia, pues este fue diseñado por otro de los grandes del séptimo arte: Rob Bottin, quien de entre todas las pesadillas con las que nos obsequió (aparte de la correspondiente con Aguaviva), estuvo involucrado en algunos de los mejores horrores del celuloide, con cada una de las manifestaciones del alienígena de La Cosa (1982), uno de los mejores trabajos de John Carpenter.
     Pues tras pasar lista a los genios que podemos encontrar en este título digno de atención, es el momento de contar de qué se trata ¿No? Bueno, ya algo se puede saber tras la información aquí expuesta, no obstante no es malo dar algunos datos más.  El guión gira en torno al capitán de un pequeño barco, que presta sus servicios a quienes deseen realizar trayectos marítimos y cuyos nuevos clientes no son de la mejor calaña que digamos; no obstante la peor de las sorpresas que se puede llevar, es cuando llega a su destino, justo donde se haya la gran embarcación que ha tropezado con un animal desconocido, que se ha comido a casi toda la tripulación.  Es así como la gente del capitán, los mercenarios que lleva consigo y los pocos que lograron escapar al demoniaco ser, deben hacer lo posible por escapar de sus garras (o más bien tentáculos…y no los típicos tentáculos con ventosas a los que estamos acostumbrados ver por ahí).  Entre medio, tienen que vérselas con la dificultad de trabajar junto a gente de pocos escrúpulos, que bien demuestran que los seres humanos pueden ser tanto o más nefastos que la criatura que los acosa.
     Los efectos de GGI para cuando aparece la monstruosidad o al menos algunos de sus tantos apéndices, se notan en varias ocasiones, no obstante todo es tan siniestro y el trabajo de los actores resulta tan convincente, que ello es lo de menos.
     Se trata de una cinta hecha por completo para entretener sin mayores pretensiones estéticas, con personajes hasta cierto punto estereotipados y que en su tiempo solo quiso ganar plata.  Los amantes de los filmes de este estilo se encantarán con ella, pues posee sus buenas dosis de tensión, humor, sangre y truculencia.  No faltan en ella algunas escenas de antología, como cuando nos enteramos qué pasa con quiénes se come la criatura, se encuentra el paradero de la mayoría de los que iban en el barco de placer y cuando aparece la criatura en todo su esplendor.  El final, lleno de emoción tras tantos enfrentamientos con la bestia, resulta ser un claro homenaje a las viejas películas de monstruos (y narraciones pulps), con la existencia de una apartada isla donde resulta mejor no encontrarse en sus tierras.

Uno de mis momentos favoritos de esta película (y que recordé por años tras verla por primera vez).

domingo, 1 de noviembre de 2015

The Twiligth Zone (televisiva, cinematográfica y literaria).


    Conocida en gran parte de América Latina hispanoparlante como La Dimensión Desconocida y en la Madre Patria como En los Límites de la Realidad, The Twiligth Zone (en inglés La Zona Crepuscular) corresponde a uno de los programas más populares de la televisión, siendo conocido incluso por aquellos que bien no vieron su versión original de los sesenta (pero sí sus versiones posteriores) o que en ningún momento han tenido algún acercamiento directo con ella.   Creada por Rod Serling, quien escribió la mayoría de sus 156 episodios, duró cinco temporadas que abarcaron los años 1959 y 1964.  Considerando la época en la cual se emitió por primera vez esta serie ya clásica y por completo de culto, se le puede celebrar, entre otras cosas, que haya sido uno de los primeros shows televisivos hechos con seriedad y una factura impecable, que hasta el día de hoy han hecho que sus capítulos no pierdan la frescura y su vigencia.  Debe saberse que Serling oficiaba además de presentador de sus episodios, primero poniendo su voz en off y luego apareciendo en ellos mismos como anfitrión.  La temática de sus historias, emitiéndose una por cada semana durante sus años de existencia, corresponden a los géneros de ciencia ficción, fantasía y terror, poseyendo además estas un carácter autoconclusivo, ya que en cada una de sus nuevas transmisiones el televidente se encontraba con una trama completamente nueva.  Aquellos que no fueron escritos por su creador, contaron con la colaboración de grandes maestros al respecto, encontrándose gente como Ray Bradbury, Richard Matheson y Charles Beaumont, entre otros, sobre textos suyos o de otros narradores de prestigio y escritos con anterioridad.  Semana a semana se entregaba al auditorio un solo cuento, de media hora de metraje, salvo en la cuarta temporada donde se extendió la duración del capítulo a una hora (por supuesto que ello implicaba tandas publicitarias). Filmada en un impecable blanco y negro, su tema musical de entrada hoy característico, por completo una invitación al misterio, resulta ser tan famoso tal cual el de programas como la serie clásica de Star Trek, la primera Galactica o Los Expedientes-X; asimismo todo ello fue apoyado por una cita respectiva, como la siguiente y que corresponde a su quinta y última temporada:

     “Abramos esta puerta con la llave de la imaginación. Tras ella encontraremos otra dimensión, una dimensión de sonido, una dimensión de visión, la dimensión de la mente. Estamos entrando en un mundo distinto de sueños e ideas. Estamos entrando en la dimensión desconocida”.

Rod Serling y La Dimensión Desconocida original.
     Cuando apareció la propuesta artística de Rod Serling, Estados Unidos se encontraba en una etapa muy especial de su existencia: en los comienzos de los revolucionarios años sesenta, cuando acabó la inocencia de los años anteriores y el ciudadano medio se encontró con la revolución de los hippies (que abogaban por un estilo de vida por completo diferente al del conservadurismo gringo), la Guerra Fría, la defensa de los derechos civiles y en especial de la minoría negra, la persecución contra los supuestos enemigos “rojos” y comunistas (lo que incluyó toda una nueva “caza de brujas”, hacia los intelectuales de izquierda), la censura, la guerra de Vietnam y la resistencia de buena parte de la comunidad a ello, etc…Pues siendo Serling un hombre de fuertes convicciones sociales, usó su programa para abordar gracias a la extrapolación de este tipo de obras, los temas que en aquel tiempo poca gente se atrevía a denunciar, dramatizando de una manera muy dura, aunque sin dejar de lado su dimensión estética, los problemas de su nación que pasaba por un periodo de gran intolerancia, miedo, falta de libertad, manipulación de la verdad y corrupción por parte de sus líderes, entre otros flagelos tan caros a la sociedad misma y que en el caso particular de USA se aprecian bastante.   De este modo la crítica social fue uno de los elementos más fuertes en la primera Dimensión Desconocida.
      A su vez el programa fue el semillero de varios actores de talento, que pocos años después lograron gran notoriedad y entre los que se pueden nombrar, William Shatner (el famoso capitán Kirk de Star Trek), Elizabeth Montgomery (la protagonista de La Hechizada), Buster Keaton (bueno, este ya llevaba años de gloria desde sus trabajos en el cine mudo), Charles Bronson (uno de los “duros” del cine de acción de antaño), Dennis Hooper (multifacético actor y director de cine, quien años después filmaría la película de culto Busco mi Destino), Peter Falk (el mismo que cobraría fama como el detective televisivo Columbo), Burt Reynolds (uno de los galanes más varoniles del séptimo arte), Leonard Nimoy (nuestro querido Señor Spock), Robert Redford (otro galán de otrora e importante director y productor, a quien le debemos la creación del importante festival de cine independiente de Sundance)  y Donald Pleasence (actor de varios de los primeros filmes de John Carpenter), entre muchos otros más.
Afiche de la versión ochentera.
     Considerada sin vacilaciones como uno de los grandes aportes de la televisión a la cultura popular y como un verdadero vehículo para la transmisión de ideas de peso, que llevaran al espectador no solo a la entretención pura y sana, sino que a una honda reflexión, el programa contó con dos remakes hechos en distintas épocas y con resultados por completo diferentes.  El primero de ellos corresponde a la versión ochentera (gracias al cual un servidor pudo conocerla, siendo un niño en aquel entonces) y que estuvo al aire entre los años 1985 y 1989, con 65 episodios distribuidos en 3 temporadas.  Tal como su predecesora, tuvo entre sus guionistas a autores de peso, destacando en esta ocasión Harlan Ellison, Rock S. O´Bannon y George R. R Martin.  Entre las historias que mostró,  dramatizó cuentos del mismo Ellison, como nuevamente de Ray Bradbury, así como de gente de la talla de Stephen King y Robert McCammon.  El recién fallecido Wes Craven dirigió varios de sus capítulos.  Entre los actores que aparecieron en ella y que luego cobraron fama y fortuna, se encuentran Bruce Willis y Morgan Freeman, entre otros.   Este primer relanzamiento televisivo de la franquicia, tuvo episodios de treinta minutos y de una hora, incluyendo comerciales entre medio, de modo que en los más largos se emitían dos o tres historias distintas el mismo día. Debe saberse al respecto, que entre sus capítulos es posible ver nuevas versiones de algunos de la serie original. 
    Muchos años después de la producción ochentera, ya en el siglo XXI, en el año de 2002 se realizó la tercera versión para la pantalla chica y que lamentablemente solo duró una temporada de 22 episodios, con dos relatos diferentes por entrega.  En esta última ocasión el celebrado actor afroamericano Forest Withaker, hizo de “anfitrión” en todos sus capítulos.  A diferencia de las dos versiones anteriores, esta no contó entre sus guionistas con escritores de renombre, si bien uno de sus productores y guionistas principales fue Ira Steven Behr, quien estuvo detrás del éxito de las primeras temporadas de Medium y de Viaje a las Estrellas: La Nueva Generación, como también de Viaje a las Estrellas: Abismo Espacial 9.   Todos sus guiones fueron por completo originales, salvo aquellos dos que correspondieron a sendos remakes de episodios clásicos escritos por Rod Serling, siendo a su vez algunos de los mejores momentos de este más reciente programa.  Dentro del apartado sobre lo más álgido de La Dimensión Desconocida 2003, se encuentra la inesperada secuela de una de las historias más aterradoras de su época de mayor gloria, Es una Buena Vida, que contó con el protagonismo de Bill Mumy, quien salió como niño en dicho capítulo y ahora pudo verse ya adulto; asimismo el actor realizó un cameo para la película cinematográfica sobre este programa, específicamente en su segmento inspirado en esta misma historia (Mumy desde aquellos años ha estado ligado al mundo de la ciencia ficción, pues además fue el niño de la familia de Perdidos en el Espacio e interpretó a un importante personaje alienígena en la serie también de culto Babilonia 5).  Ningún cuento famoso fue adaptado en esta ocasión, siendo ello, además de la ya mencionada falta de guionistas con una larga carrera literaria a cuestas, un probable motivo por el cual no logró el impacto deseado en la audiencia.
     Años ante de las mencionadas series basadas en la creación de Serling, el éxito de La Dimensión Desconocida y la huella que dejó en posteriores cultores de la ciencia ficción, la fantasía y el terror, hizo que un grupo de cineastas dedicados a ello, quisiera hacerle su tributo por medio de una película para el cine, que adaptara (o más se inspirara) en algunos de sus episodios más recordados.  Fue así como en 1983 se estrenó La Dimensión Desconocida: La Película.  En ella se hicieron nuevas versiones de 4 de sus viejos capítulos, a lo que se agregó un prólogo y un epílogo por completos originales.  Fue producida y dirigida en uno de sus segmentos por Steven Spielberg, quien había comenzado su carrera tras las cámaras gracias al propio Rod Serling, el cual lo llamó para filmar una de las historias más memorables, del episodio piloto de su segunda serie antológica: Galería Nocturna y realizada en plena década de los setenta.  En este proyecto estuvieron involucrados otros tres directores interesados por este tipo de obras, correspondiendo a John Landis, Steve Miner y Joe Dante, quienes por su parte han hecho sus propios aportes al séptimo arte orientado a estos géneros.  El filme tuvo muy buena acogida y contó con una banda sonora hecha por el maestro Jerry Goldsmith, quien durante su juventud contribuyó haciendo la banda sonora para algunos de los episodios de la vieja serie.  Por cierto, una triste tragedia sucedió durante la filmación de esta adaptación cinematográfica, puesto que durante el rodaje del segmento hecho por Landis, un accidente del helicóptero que aparece en él, provocó la muerte de su actor principal y de nada menos que de dos niños que también intervenían aquí. 
   
Arte del DVD de la más reciente versión.
Como es habitual en Gringolandia, con respecto a sus producciones hollywoodenses, se hizo una adaptación literaria (en este caso concreto, una adaptación de una adaptación) de la película en cuestión.  Consideradas como una modalidad menor del arte de narrar, estas versiones a libros de películas y seriales de éxito, han tenido sus  puntos altos; entre estos se pueden contar los cuentos escritos por James Blish, sobre los episodios de nada menos que de la serie original de Star Trek y la novelización de la cinta El Secreto del Abismo de James Cameron, hecha por un autor de ciencia ficción aún mucho más consagrado que el propio Blish, Orson Scott Card.  Pues para La Dimensión Desconocida se contó con el trabajo de otro connotado fabulador, en este caso alguien más ligado al terror, Robert Bloch, escritor de Psycho, novela sobre la cual Alfred Hitchcock realizó una de sus películas más populares: Psicosis.  Bloch realizó su labor teniendo poca información sobre el filme, puesto que cuando se le dio el encargo, no tenía idea de los segmentos correspondientes al prólogo y el epílogo (los que por supuesto no aparecen en el libro); a su vez solo llegó a ver dos de sus episodios y sin embargo hizo un trabajo que sin duda honró el material primigenio.  En primer lugar el mayor aporte que hizo este narrador, fue el de otorgarle a los protagonistas un mayor desarrollo psicológico, puesto que el lector puede llegar a conocer indirectamente los pensamientos de estos mismos y también saber acerca de su pasado, de modo que se explica mejor las circunstancias en las que se encuentran y quiénes son en realidad tales personajes.  Cada capítulo lo tituló con el nombre de sus protagonistas, Bill, Valentine, Helen y Bloom, con lo cual dejó en claro la importancia que le otorgó en su adaptación, al punto de vista de todos estos, con respecto a su ingreso a la llamada Dimensión Desconocida.  Asimismo tuvo que serle leal a los colegas suyos, responsables de escribir los guiones de la película, George Clayton Johnson y el ya citado Richard Matheson, “reescribiendo”  textos que ya años antes se encontraban editados (como es el caso de Pesadilla a 10.000 pies de altura de Matheson y que en la versión de Bloch se llama Valentine), según como aparecían dramatizados en el filme, aunque sin perder ese aire clásico de las historias del programa sesentero. 
     Bill es el nombre del primer relato, el cual trata acerca de un hombre xenófobo, quien molesto con su vida por la cual le echa la culpa a medio mundo (en especial a los extranjeros), se ve saltando en distintas ´épocas y en las cuales le toca vivir la intolerancia racial.  Su trama corresponde a la típica historia de La Dimensión Desconocida, en la cual el protagonista sufre algún tipo de “castigo  divino” por sus culpas, demostrando con ello la inferioridad humana frente a la idea del destino, el azar o la existencia de poderes sobrenaturales.  Este fue el segmento de la película, en el cual sucedió la tragedia de la que ya se habló más arriba.
     Valentine le sigue al cuento anterior, siendo sin duda la historia más recordada de la película, como por igual del programa que quiso tributar este filme.  Trata sobre un especialista en computación que sufre de un miedo patológico a volar, quien para su mala suerte se entera de que su fobia no es solo fruto de su cobardía, sino que tiene un origen “real”.  Usando el humor negro, su argumento juega con el nombre del protagonista, una variación de la palabra valiente, al hacer que un sujeto histérico como este, se comporte para nada de acuerdo a como se llama.  Por otro lado, se puede destacar el detalle de que aquí se confronta la racionalidad del mundo supuestamente seguro de hoy en día, con el de los mitos y las leyendas, lo sobrenatural, al hacer que un individuo quien se supone representa al ciudadano moderno y lógico (no olvidemos su especialidad), arriba de uno de los orgullos de la tecnología contemporánea, se sienta amenazado por los monstruos del pasado.   Este fue el texto que Bloch contó a su manera, de la famosa historia original escrita y luego guionizada por Richard Matheson.
    Tras las dos narraciones que se enmarcan dentro del terror, con sus propios matices en todo caso, llega Helen, la única del libro (y el filme) en centrarse en un personaje femenino.  Su protagonista es una mujer, quien ha dejado su antigua vida como profesora, madre y hermana protectora y servicial, tras la muerte de su progenitora.  En medio del viaje que realiza escapando del vacío de su existencia, se encuentra con un niño al que ve desvalido en primera instancia, pero quien resulta ser un ser con el poder de manipular la realidad a su antojo y quien ha sometido a un grupo de personas a vivir desgraciadamente.  No obstante por mucho que el muchacho pareciera un verdadero monstruo, Helen descubre en él a alguien tan solitario y carente de afecto como ella.  La narración alterna el horror con las situaciones dignas del teatro del absurdo, poseyendo en especial hacia su final, una honda emotividad gracias a la humanidad, con la que se retrata la miseria y luego la nueva oportunidad que se le concede a sus personajes.   Tal como años después sucedería en La Dimensión Desconocida 2002, el episodio clásico que aquí fue revisitado corresponde a Es una Buena Vida.
    Bloom  cierra el volumen con una obra que se aleja del espanto, para abordar una historia de fantasía y maravilla.  A un asilo de ancianos que pasan el resto de sus vidas en la más absoluta monotonía, llega un nuevo residente, quien haciendo uso de una magia muy especial, les da la oportunidad de recuperar la alegría y vitalidad que habían perdido.  El escritor se esmera más que nunca en esta ocasión, en describir con maestría los acontecimientos que aquí se suceden, ahora alejado por completo del género que lo hizo famoso; es así que su talento como narrador queda de manifiesto, al ser capaz de otorgarle ahora a una mayor gama de personajes centrales (a diferencia de los otros cuentos), un cierto grado de realismo, convirtiéndolos en depositarios de los sueños y pesadillas del ser humano de carne y hueso.

domingo, 14 de junio de 2015

Réquiem por Christopher Lee.


     Dicen que no te queda otra en aceptar que te vas haciendo mayor (o más viejo), cuando la música popular que escuchabas de joven, ahora la vuelves a oír en los supermercados, salas de hospital, ascensores, supermercados u otros lugares públicos en versiones orquestadas para “relajarte”.  También dicen que por ahí que te das cuenta que el tiempo pasa incesantemente, porque aquellos que has conocido a lo largo de tu vida van muriendo (al menos en mi caso particular, solo aquellos que ya eran adultos y entraditos en años, han pasado a mejor vida, salvo una muy querida amiga que se fue antes de lo previsto).  Es así como en el último periodo he lamentado la pérdida de gente que si bien no conocí en persona, sí marcó de una manera u otra mi vida, en especial dentro del terreno artístico; tan solo este 2015 nos ha tocado despedirnos de 3 de los grandes, como bien lo son mi compatriota Pedro Lemebel, Leonard Nimoy y Terry Pratchett…Y es así que hoy en día una gran cantidad de cinéfilos y amantes del terror y la fantasía, nos unimos para llorar en esta ocasión el deceso de todo un grande entre los grandes: Cristopher Lee, actor de culto hace ya rato y quien nos regaló por décadas de sus magníficas interpretaciones en la pantalla, el cual se unió a los otros en el Más Allá tan solo este pasado 7 de junio.
    Para quien quiera llenarse de datos biográficos sobre Lee (pero qué apellido más  ligado al mundo del arte pop: pues nos basta con recordar a genios como Bruce Lee, su hijo Brandon Lee, al propio Stan Lee y a Jim Lee y Jay Lee, estos últimos también en lo que a cómics se refiere), este texto no es lo ideal para saber más acerca del actor británico; no obstante dedico estas palabras a todo aquel que sí desea compartir conmigo ese aprecio y admiración, más los respetos correspondientes, por quién fue capaz de sacarnos tantos sustos en nuestra infancia y a su vez robarnos nuestro corazón al verlo en tanto papel de peso, ya sea en el cine o la televisión.
    Dentro de la llamada cultura de masas, Cristopher Lee alcanzó en toda su gloriosa carrera el estatus que solo gente como Ennio Morricone, en la creación de bandas sonoras de películas y televisión y el ya mencionado Stan Lee en las historietas, se encuentran.  Puesto que este actor (y músico también) si bien falleció a la avanzada edad de 93 años, hasta no hace mucho se encontró activo en su profesión, filmando más de 200 producciones.  De este modo junto a los 2 mencionados, el histrión fue uno de los pocos en lograr tal cantidad de obras, muchas de ellas verdaderas joyitas.  Solo he visto un porcentaje pequeño de todo lo que ha hecho, no obstante vaya que lo poco que pude apreciar de su trabajo, me hizo feliz desde pequeño y ya grandecito, cuando ahora puedo disfrutar de una forma mucho más conciente de sus actuaciones, no puedo dejar de disfrutar cada nueva (o antigua) película donde él aparece.
    De niño cuando aún no tenía mi primera década de vida (allá por el siglo pasado), me torturaba viendo los filmes de la Hammer en la tele.  Eran mi placer culpable por aquel entonces, ya que si bien los gozaba por completo, luego de noche y en la oscuridad sus horrores no dejaban de perseguirme hasta quitarme la serenidad completa del sueño.  Es así como tuve la suerte de conocer a tan temprana edad al señor Christopher Lee, quien con sus intervenciones como Drácula, la Momia, la Criatura de Frankenstein, Rasputin, el doctor Jekyll y mister Hyde, entre otros, se convirtió en uno de mis primeros ídolos del cine.  Por lo tanto, desde esa pretérita época fue para mí sinónimo de formidables actuaciones e inolvidables papeles, que a partir de entonces definirían mi idea de calidad en lo que a cine se refiere.  Su Drácula en cada una de sus entregas llegó a tal punto de impactarme, que recuerdo que de pequeño me gustaba jugar con mis compañeras más lindas del curso, a que yo era el Príncipe de los vampiros y las perseguía para morderlas amorosamente en sus aún virginales cuellitos (tenía especial predilección por las pocas crespas que habían por ahí y con las de pelo largo, que bien me recordaban a las voluptuosas féminas de esas cintas británicas).  Supongo que esta fue una de mis tempranas manifestaciones de erotización (¿y tal vez de cierto morbo “malsano”?), pues en estas pequeñas “dramatizaciones escolares” era el único varón y vaya que disfrutaba oír gritar a mis compañeritas, quienes igual luego me obsequiaban con sus sonrisas y no dejaban de hacerse mis víctimas propiciatorias.
    
El mejor Drácula cinematográfico de todos: el suyo.

     Ya estaba en enseñanza media, en plena adolescencia, cuando me reencontré con el actor en una de las cintas más disparatadas y entretenidas que he visto: Gremlins 2, de Joe Dante.  Fue su primer papel de no villano del que tengo memoria y además en un filme humorístico, de modo que me dio toda una sorpresa contemperarlo en dicha película.  Pasarían los años, hacia finales de esa misma década de los noventa, como para que a los cines Lee volviera con nuevos títulos y sus seguidores nos sintiéramos bendecidos con ello.  Desde cabrochico me gustaron los  largometrajes de Tim Burton, por eso cuando este “rescató” de cierto olvido a su maestro en Sleepy Hollow, fue una razón de más para ir a verla; luego la amistad entre director y actor fue creciendo, hasta hacer juntos otros títulos, si bien en algunos de ellos Christopher Lee solo ponía la voz, como en el caso de El Cadáver de la Novia y Alicia en el País de la Maravilla (siendo que la primera de estas dos nunca la he visto en su idioma original, por mucho que mi edición en blu-ray la trae como en 7 lenguas).  Debo decir sin vergüenza que me fascinó su escena de reconciliación familiar hacia el final en Charly y la Fábrica de Chocolates, haciendo por fin de padre cariñoso (por mucho que en buena parte de este filme, se le presentó como un progenitor castrador).
      Para mí y para muchos este señor de la interpretación será por siempre la quintaesencia de  Drácula…así como el rostro del traicionero Saruman, de la trilogía de El Señor de los Anillos en su adaptación para la pantalla grande.   Por lo tanto cuando me enteré que estaba entre los involucrados de este proyecto, me regocijé y no dejé de comentarlo juntos a mis amigos, quienes compartíamos el aprecio por Christopher Lee, Peter Jackson y, por supuesto, Tolkien.  De hecho cuando al comienzo de la saga aparece como un Saruman el Blanco, supuestamente digno de respeto y luego demuestra sus verdaderas intenciones, fue toda una clase magistral de actuación, como para ver una y otra vez (lo que les aseguro que he hecho).  Y al respecto es que no puedo dejar de olvidar su muerte como este nefasto sujeto, uno de los mejores momentos de la trilogía y que solo aquellos que compramos la Edición Extendida de El Retorno del Rey pudimos gozar (cuentan las malas lenguas que Lee mandó al infierno a Jackson por haberle quitado su única escena en la versión para el cine, si bien al parecer esto no fue así o luego se reconciliaron tal como el tiempo lo demostró).
    Por los mismos años en los que se exhibió la obra maestra del neozelandés, Lee le subió el pelaje al Episodio II y al Episodio III de su trilogía precuela de Star Wars.  Si bien no soy devoto de esta serie, tenía un motivo más para ir a verla al cine, puesto que en ella otra vez este actor nos concedió para la inmortalidad uno de sus malos de antología: el Conde Dooku.  Tanto haciendo de este, como del malvado mago de la saga tolkiana, Christopher no dejó de mostrar que aun a su avanzada edad se encontraba vivito y coleando, con una frescura que más de uno quisiera conseguir si es que llega a vivir tanto tiempo.
    En los últimos años el triunvirato compuesto por Lee-Jackson-Tolkien volvió a hacer noticia, gracias a la producción de El Hobbit, donde nuevamente el inglés vistió las ropas de Saruman el Blanco, dejándonos su imagen gallarda, varonil y talentosa como uno de los actores más queridos en la historia del cine.  Su despedida haciendo de este personaje que terminó por devolverlo al estrellato, se quedó en nuestras retinas, memorias y nuestro corazón, como alguien que se convirtió en una parte importante en los recuerdos de cada uno de nosotros.   

Lee como Saruman el Blanco.

martes, 18 de septiembre de 2012

Maestros del Horror 6: "Homecoming" de Joe Dante



6.1. El Director:

    Referirse a Joe Dante, es hablar de uno de esos grandes directores de cine fantástico gringo que pese a no tener tantas películas a su haber, cuenta con algunos de los mejores filmes del género y al que bien se le querría ver más seguido su talento en las salas (dentro de este grupo claramente destaca gente como Stuart Gordon, John Carpenter y unos cuantos más).  Es así como con uno que otro filme, Dante ha hecho verdaderas joyas que hoy en día son todos unos clásicos y que con el tiempo no han perdido vigencia, ni la capacidad de aterrar, entretener e incluso hacer reír a su público.
    Este artista como sucedió con Francis Ford Coppola y James Cameron, comenzó trabajando para los filmes de “Clase B” y de autocine de otro afamado director y productor, Roger Corman (famoso por sus geniales filmes que adaptaron a Poe en los cincuenta y sesenta con Vincent Price y otros grandes actores de la época).  Fue así como en sus comienzos la labor del joven Joe fue la de realizar trailers para los filmes de la productora de Corman, aprendiendo gracias a esto el arte del montaje.  De este modo al contar con un montón de material cinematográfico ya hecho y descartable, tuvo la idea junto a un amigo suyo y armaron un filme con estos retazos y nuevas escenas filmadas por ellos mismos, de modo que en 1976 estrenaron ambos Hollywood Boulevard.
    Ya desde sus comienzos, Joe Dante demostró su gusto de trabajar en equipo, de modo que entre su filmografía están unos cuantos proyectos donde compartió créditos junto a otros directores, entre ellos su amigo John Landis, con quien en dos ocasiones laboró tras las cámaras: Primero en La Dimensión Desconocida la Película (1983), junto además a George Miller y a Steven Spielberg, revisitando algunos capítulos clásicos de la famosa serie de televisión de los sesenta creada por Rod Serling.  Es así como en este apartado destaca la hilarante y en realidad altamente recomendable Mujeres Amazonas de la Luna (1987) un homenaje paródico al cine fantástico más desechable y que contó con un montón de grandes actores invitados y gente ligada a la temática.  Éste es un filme compuesto por varios segmentos para nada relacionados entre sí, pero que funcionan por sí mismos como algunas de las mejores muestras del más puro humor negro y escatológico del cine, contando entre medio con “fragmentos” del filme que le otorga el nombre a la cinta y que resulta ser toda una graciosa chambonada.  Luego con su colega Landis llegaría a formar parte del grupo de Maestros del Horror, contribuyendo cada uno con un telefilme por cada temporada que duró el show.
    Otro aspecto interesante del curriculum de este director, aparte de sus filmes de horror, resulta ser su acercamiento al cine de corte más familiar e incluso infantil, aunque nunca perdiendo su cuota bizarra.  Es en este grupo que se puede nombrar Exploradores (1985), sobre un grupo de niños que hace un particular viaje al espacio; Small Soldiers (1998) un filme con un interesante mensaje antibelicista acerca de unos jugotes con vida propia y Looney Tunes: Back in action, donde mezcla a los famosos personajes de los cartoons clásicos de Bugs Bunny y sus amigos con actores de carne y hueso.
    También está dentro de su haber, su experiencia en la televisión, con unas cuantas películas para este formato (entre las que se encuentran sus dos grandes aportes para Maestros del Horror) y su trabajo para series ya icónicas del género como Amazing Stories y la versión ochentera de La Dimensión Desconocida.   A su vez ha aportado con su dirección en CSI: New York y el remake de Hawaii 5-O.
    Joe Dante luego de sus dos primeras incursiones cinematográficas más humildes, fue el responsable de dos filmes de horror que hoy en día están considerados de lo mejorcito de su época.  Primero con Piraña (1978), que fue la respuesta de bajo presupuesto al éxito de Tiburón de Spielberg y quien luego se haría su amigo; fue así como pese a los pocos fondos con los que contó para su elaboración, hizo una verdadera obra maestra que llegó a tener una olvidable secuela hecha por el mismo Cameron (su primera película) y un remake hace poco que fue toda una salvajada de sangre y tripas en 3D.  Sin embargo sería con The Howling, de 1981(Aullidos), que haría su mejor aporte al cine de terror, con una pavorosa historia de licantropía y llena de alusiones freudianas, que junto con Un Hombre Lobo Americano en Londres de su compañero John Landis, compartiría el honor de estar entre los mejores filmes de horror de la década (el éxito de este largometraje de Dante daría pie para una serie de secuelas, unas mejores que otras).
   No obstante sus mejores éxitos son gracias a películas que pese a poseer elementos propios de sus tendencias más freaks, logran llegar igualmente a un público más general, otorgando una alternancia adecuada entre el horror, la comedia y la aventura pura.  Acá es que se encuentra Gremlins (1984) y su secuela de 1990, que como pocas logró superar con creces a su predecesora; la historia sobre los monstruitos que tienen antecedentes en leyendas urbanas de la Segunda Guerra Mundial le otorgó un Premio Saturn y su primer verdadero éxito comercial; por otro lado, la secuela llegó a ser tan increíble, que llegó a burlarse de sí misma y además contiene una serie de homenajes y parodias al cine en general (por años fue uno de los últimos filmes de Christopher Lee hasta que a finales de los noventa Tim Burton lo convenció de regresar al séptimo arte).   Luego se puede nombrar Innerspace (1987) que con algunos de los mejores efectos especiales de la década, muestra un increíble viaje por el cuerpo humano, todo sazonado en una historia que en verdad hay que ver y gozar al máximo.  Por último dentro de este grupo de obras se encuentran The ´Burbs (1989) y Matinee (1993), siendo esta última otra de sus películas donde Dante se permitió homenajear una vez más al cine del género.
    Su última película para el cine fue The Hole 3D (2010), un filme de horror con protagonistas infantiles y adolescentes que fue coescrita por nada menos que Guillermo del Toro (Hellboy, El Laberinto del Fauno y muchas otras más cintas de culto) y que obtuvo el Premio a la Mejor Película en 3D del Festival de Venecia, por sobre otros filmes de igual gran valor como Coraline y Up! (y que es una lástima nunca llegó a los cines del “poto” del mundo).

6.2 La Película.

    El cine de zombies tal como lo redefinió George Romero en la ya comentada, analizada, homenajeada, copiada y parodiada Noche de los Muertos Vivientes (1968), se constituyó desde aquel entonces en un medio para presentar un fuerte discurso político de izquierda; de tal modo que en muchas de estas obras que logran ir más allá del simple efectismo gore y la entretención, el Apocalipsis zombie se constituye en un reflejo de las preocupaciones y malestares ante los problemas del manejo de la información, el poder de la autoridad y el gobierno, como también acerca del (a) precio de la vida en medio de un sistema que muchas veces deja de ver a los ciudadanos como a individuos únicos e irrepetibles, todo en beneficio de concepciones más totalitarias. 
   Es así como la película de Maestros del Horror en la que hoy me detengo, posee una fuerte carga crítica hacia los poderes fácticos modernos, más precisamente, hacia la política misma y el periodismo.  De este modo los dos protagonistas del telefilme de Joe Dante, un tipo que se dedica a escribir los discursos para el gobierno y una periodista, representan los dos aspectos de la sociedad contemporánea a la que la historia desea satirizar; por lo tanto es que bajo sus andanzas vemos cómo estos representantes del mundo actual llegan a comportase frente a los hechos extraordinarios que se están desarrollando.  Cada uno de ellos tendrá su especial manera de vivir estos acontecimientos que removerán los cimientos del status quo.
    El filme comienza cuando esta pareja va en un auto y se ve obligada a escapar de un grupo de militares que resultan ser zombies.  Luego de este prometedor comienzo, la narración vuelve atrás para mostrarnos el origen de todo y cómo fue que los muertos comenzaron a salir de sus tumbas.  En los momentos previos al despertar de los occisos, Estados Unidos se encuentra en periodo de elecciones presidenciales y a su vez mantiene una guerra la cual no le está dando buenos resultados.  Es entonces que son los soldados muertos los que comienzan su regreso de la tumba con el afán de “arreglar” los entuertos que se están sucediendo.  Aquellos que murieron por la patria y conocieron la verdad detrás de la publicidad y la ideología imperante, resultan ser la verdadera conciencia de su nación.  Al final el mensaje es que los verdaderos monstruos de la historia pueden no ser los zombies como se supondría.
    Basada en un cuento de un autor apenas conocido, Dale Baily, Dante volvió a trabajar con su actor fetiche, Robert Picardo.  El telefilme a su vez tiene su buena dosis de sangre y abundante humor, por no mencionar los típicos personajes caricaturescos que tanto le gustan a su director.  Esta obra obtuvo la mención especial del jurado del festival de cine de Sitges del año 2006, así como el premio al mejor guión.
    Esta película fue conocida en español con los distintos nombres de El Ejército de los Muertos, El Despertar de los Muertos y otros.  Fue estrenada en USA el 2 de diciembre de 2005.
    Sin objeciones se puede afirmar que el primer trabajo de Dante para Maestros del Horror es uno de los mejores momentos del programa.       


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