1. Qué se nos vino
Han pasado cerca de seis meses desde los trágicos eventos de Sombras de Identidad y el buen agente y aristócrata Waxillium Ladrian ha vuelto a demostrar su capacidad de resiliencia, luego de un periodo tan breve tras una tragedia y un duelo impactantes... Y es que, gracias a las divinidades, sigue acompañado por el cuarteto de aliados que ya le conocimos. Es así que su vida sigue dentro de la "normalidad", hasta que le hacen una muy complicada petición: descubrir qué se está cocinando más allá de los confines conocidos y es que todo apunta a una rebelión, que llegará a estremecer la a ciudad y sus alrededores. Pero también hay algo más que agregar: Una misión tanto o más importante que la anterior, consistente en hallar una reliquia que se un poder como nunca antes se hubiese manejado.
Lo anterior implicará un viaje por otras zonas del planeta, Scadrial, que nos dejará claro dos cosas: Primero, que Elendel es solo una ciudad o reino entre otros de dicho lugar; la urbe central o más poderosa de todas, entre otras polis que viven bajo su sombra y que ello no les es muy de su agrado (no como víctimas de una dictadura, aunque sí desfavorecidos en cuanto a los beneficios que la otra posee). Y, segundo, hay otras culturas y civilizaciones más allá de lo que saben ellos mismos y de lo que nos habían mostrado en todos estos libros.
Considerando lo anterior, dentro de las gratas sorpresas que nos otorga esta entrega, tenemos la revelación de que más allá de los límites geográficos, que se habían mostrado hasta el momento dentro de la saga, hay un mundo mucho más complejo que el visto hasta ahora: Uno en el cual existen otras naciones, con sus propias costumbres, idiomas y hasta con una tecnología superior a la que manejan en Elendel y sitios aledaños... Es así que, a partir de este momento, considerando un detalle tan importante como este, que la narración tomará ribetes más épicos que nunca y se vuelve la promesa de un próximo episodio que, de seguro, superará a sus predecesores.
Esta entrega posee mucho más humor, con situaciones muy jocosas e incluso unos cuantos momentos de picardía sexual; sumado a la conversión de un personaje secundario, en un miembro de la comunidad LGTB (algo que no esperaríamos de un autor mormón como Sanderson - bueno, mucho antes había tenido personajes como estos Orson Scott Card, aunque luego hizo comentarios prejuiciosos, que le provocaron el rechazo de mucha gente - y, en el último caso, todo con mucha dignidad).
Como ya sucedió con Sombras de Identidad, el escritor nos regala con un prólogo dedicado a la juventud de Wax, aunque esta vez retrocedió más el reloj, situando la narración en la preadolescencia de nuestro héroe. Bastante se llega a disfrutar de este preámbulo y dan ganas de que fuese más extenso, así como que escribiera más acerca de dicho periodo (destacando la abuela de ambos "hermanitos", personaje que llamó poderosamente la atención desde su debut en la entrega anterior y que ojalá vuelva con mayor participación para cerrar este ciclo). También agregó nuevas páginas de periódicos de ficción, los que ayudan a darle forma a este mundo, con textos de ingeniosa publicidad, noticias y narraciones anexas.
Esta agente es un ejemplo tremendo de lo estupendas que le salen los personajes femeninos a Sanderson: Creíbles, de personalidad férrea y sin perder sus rasgos más sensibles. Me resulta difícil no encariñarme con ella, también, y a estas alturas bien puedo decir que es mi tercera favorita dentro de la saga.
También la paso muy bien casa vez que sale a "escena", tanto con sus acciones, como con sus diálogos.
Supongo que ya se habrán dado cuenta, de que es mi segundo personaje favorito de estas novelas.
En la vida real Donald Sutherland habría sido un estupendo Elegante, ya que el me recuerda mucho al presidente Snow de Los Juegos del Hambre por tantos elementos en común entre sí.








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