1
Soñé que tenía un grupo de amigos nuevos muy simpáticos, mucho más jóvenes que yo, treintañeros en su mayoría, y algunos tenían hijos que estaban por alcanzar su primer decenio (recuerdo a un par, ambos varones muy simpáticos, que se ofrecían a lavar la loza justo cuando yo lo iba a hacer en una junta). Habían dos chicas de unos veinte años, que se conocían por primera vez y nosotros deseábamos presentarlas: Eran bajitas y se parecían, ambas con el pelo negro con chasquilla y unas franjas blancas gruesas, quienes simpatizaban rápido entre sí (yo las presentaba y me alegraba verlas hablando).
Celebrábamos una junta con asado en la casa de una de las mujeres, quien era soltera y cuyo hogar quedaba en Recoleta, cerca de la Estación del Metro Cementerios. Recuerdo que en el lugar de la reunión habían bandejas con mucha carne: Longanizas, chuletas y porciones de vacuno sin grasa, como a mí me gusta, todo para ponerse a la parrilla.
Yo le avisaba al grupo que iba a salir un rato. Entremedio me llamaba por celular mi mamá para saber dónde estaba. Me gustaba pasearne por los lugares aledaños y al rato logré llegar a la esquina justo donde está el famoso restaurante El Quitapenas (al que fui como dos veces en la vida real y del cual tengo lindos recuerdos).
Me dirigía por esa calle de retorno al "vituperio" y me acordé que como era sábado en la tarde, se iba a instalar ya el famoso Persa de Zapadores (que en la vigilia queda en otra comuna, Recoleta) y feliz me dije que lo iba a recorrerlo para ver si encontraba una que otra joyita; también pensaba en avisarle a los demás que se unieran a mí. En el camino pasaba por debajo de un toldo, en el que tenían una especie de motos negras chicas para que jugaran niños de preescolar y yo me cruzaba entre medio de los competidores, que pasaban a mi lado en una especie de rally. Una señora vendía unos hermosos tomos de cómics Marvel muy cuidados, que me decía los había leído una sola vez y los mantenía en unos protectores transparentes, que los hacían verse muy bien (se producía un efecto de luz casi sobrenatural, que hacia relucir muy bien las portadas). Tenía una colección de los 4 Fantásticos como en 6 volúmenes, de la etapa de Michael Straczynski, uno de mis autores favoritos, cada portada destacando a un personaje famoso (recuerdo una para cada miembro original del equipo y otra para el Doctor Doom). No eran tomos muy gruesos, más bien eran tipo grapa; no obstante, sí tenía un ómnibus en tapa dura de Wolverine, de más de 500 páginas y yo le decía que era uno de mis favoritos, a lo que me contestaba que también de ella (el ejemplar costaba trescientos cincuenta mil... ¡Una ganga!). A su vez, veía otro recopilatorio, que era de Spider-Man, el cual me ponía a hojear, cuando justo una uña se me atoraba entre las páginas y rompía las dos primeras; yo le decía a la casera que se lo iba a pagar, porque era hombre responsable y estaba dispuesto a desembolsar la anterior suma elevada, pero la señora me dijo que solo costaba doce mil pesos. Al revisar mejor el cómic, me di cuenta de que en la primera página traía de regalo una arañita de plástico negra, muy bonita, protegida por una especie de cajita; se suponía que se podía sacar para usar como broche en la ropa y si le presionabas el lomo hacia un sonido agradable.
Ya de vuelta donde mis compañeros, me daba como una insolación y despertaba en una camioneta. Iba conmigo el chófer, un hombre guapo y de aspecto amenazante, quien era el conductor y me llevaba a su casa, donde estaban su mujer y sus cuatro hijos (una niñas y el resto varones). Me echaba cuan largo era y de espaldas sobre una cama y toda la familia me rodeaba, que me habían raptado. Pese a que seguía mareado, podía hablar, aunque con la voz pastosa, y con todos mis sentidos alerta. Uno de los niños se abalanzó sobre mí y me metió un cuchillo por debajo del pantalón, avanzando desde el tobillo hasta la ingle; no obstante se lo quité. Entonces me senté y les dije con el tono más dramático que pude, apuntándolos a todos con el arma blanca, de uno en uno:
- Si me hacen algo, me hieren o me matan, mi sangre caerá sobre ustedes y toda su descendencia y los perseguirá por el resto de sus días; no vivirán tranquilos, estarán atormentados por mi maldición y morirán con dolor.
Vi el miedo en sus caras y aproveché de levantarme ahora rápido y escapar. Salí al partió y había un portón con candado, pero lo abrí con facilidad, que se levantaba hacia arriba. Afuera no se veía nadie y me di cuenta que la casa quedaba como en un cerro y un camino pavimentado descendía, por el cual iban dos transeúntes a los que les decía que habían intentado secuestrarme, si bien los dos hombres se asustaban y salieron corriendo; pero mi raptor salió detrás de mí y agarró a uno de ellos por detrás, apretándole fuerte el cuello para taparle la boca y que no gritara. El malhechor pasó por mi lado y no me vio.
Así quedé libre.
2
Este sueño es mucho más breve o recuerdo menos de él.
Andaba en la calle y veía a tres niños deambulando: Una chica y dos varones, a quienes seguía un remolino rojo, en el cual giraban hojas secas, polvo y basura varía.
Yo me daba cuenta de que los chicos estaban endemoniados, puesto que se acercaban a mí con intenciones malignos y en sus rostros, especialmente en sus ojos, se notaba el mal. Entonces me dirigí al más grande de todos ellos, ya un preadolescente y le ponía una mano en la frente y otra detrás de la cabeza, acostándolo en la calle (que estaba desierta, o sea, sin autos) y apoyándola en la vereda.
Al ver a unos transeúntes les pedí agua para bendecirla. Me llevaron una botellita y de ese modo invoqué a Dios y a la Virgen María, rogándoles que consagraran ese líquido para expulsar a los demonios. Y luego ordené a los espíritus malignos que estaban dentro del muchacho a que lo dejaran en paz, siempre con una mano tocando su frente. Al rato este se irguió y ahora su rostro era bello, angelical y de piel tersa y blanca.
- Ya estoy bien. Gracias - Me dijo.
Entonces siguió su camino solo y me dispuse a exorcizar al resto.
Hasta ahí no más llegó todo.



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