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martes, 14 de noviembre de 2023

Las vueltas de la vida.


      En el pasado (no muy atrás en el tiempo, claro), las series de televisión tenían un montón de episodios por temporada (sobre veinte, la verdad) y año tras años solo pasaban cerca de doce meses entre una temporada y otra.  En cambio, hoy en día, no solo es la costumbre hacer estas tandas con menos capítulos (a veces "míseros" seis por entrega), sino que pueden pasar dos años e incluso más... La justificación para lo anterior es que los costes de producción hoy en día son más caros y ello permite ocupar mejor el dinero en los pocos episodios, con mejores exteriores, sets, efectos especiales y contratando a estrellas de renombre (como premiados y populares estrellas de cine) ¡Y para qué haberles de la tendencia de contar una sola historia, a lo largo de esa misma "breve" temporada! Justo lo anterior, deja de lado la posibilidad de desarrollar una nueva aventura semana a semana (dejando de lado los capítulos dobles, claro).  Y lo peor de todo, al menos para mí y aunque parezca ridículo, viene a ser la tendencia de prescindir de los hermosos títulos de apertura y que tanto identifican a un programa de otro.
    Justamente el show que nos reúne hoy cumple con todos los factores arriba mencionados, siendo más encima uno de los mejores títulos actualmente en pantalla.  Asimismo, multipremiado y que se ha vuelto todo un referente dentro de la cultura popular. Les estoy hablando de El Cuento de la Criada, que el año pasado estrenó por fin su quinta temporada y que tan solo hace poco me di el gusto de ver.
    La serie basada en la novela homónima de Margaret Atwood (una impactante antiutopía feminista, acerca de un Estados Unidos reconvertido en un totalitarismo teocrático fundamentalista y puritano, en un futuro cercano), había tenido un claro bajón argumental, al hacer que su protagonista por fin lograra escapar de las garras de Gilead, regresando con casi toda su familia (menos con su hija mayor, aún atrapada en ese otro mundo lleno de horrores).   Fue así que al tener a June ahora en Canadá, supuestamente segura, se perdió buena parte de su atractivo y de ese modo era necesario encantar de nuevo a la audiencia con nuevos giros dramáticos (algo que no se trabajó mucho ese año).  Menos mal que para esta última tanda de episodios, tuvieron tiempo de sobra para organizar todo mejor y así contarnos una continuación lo suficientemente fascinante para este drama de ciencia ficción... ¡Y vaya que lo lograron!
     June Osborne, el personaje principal o al menos quién le da el nombre a esta obra (pues, la verdad, este es un drama coral compuesto de varios personajes maravillosos y que se roban la pantalla unos a otros), ha quedado marcada como nunca por sus violentos actos, tras su ultimo regreso a la llamada Tierra de Nadie (la frontera entre Gilead y Canadá).  Esta mujer de hierro, sensible y a quien es imposible no admirar, comienza un descenso inesperado a la locura y al odio, demostrándonos con ello, cómo la oscuridad puede ensuciamos el alma lo suficiente, si no somos capaces de superar lo peor de nosotros mismos.  Por lo tanto, una vez que pise fondo la heroína en decadencia, su labor será recuperarse tanto como para volver a ser el faro de luz, que otrora fue para tanta gente y, por último, volver a ser ella misma.


    Por otro lado, tenemos a Serena Joy, atrapada en una democracia a la que tanto aprecia como teme.  Se ha vuelto alguien muy valioso para ambos bandos, aunque decidir qué bando abrazará también es algo muy difícil.  Ella es la otra cara de la moneda de esta obra y en buena medida un personaje que está a la altura de June.  El camino difícil que tiene ahora esta otra mujer, a la que durante un buen tiempo llegamos a despreciar sin dudarlo, es tan escabroso, que al final logra ganarse nuestra simpatía.  Por otro lado, así como June pasa por su periodo de decadencia, la viuda de Fred empieza su propio periplo para volverse una persona mejor. Y, quizás, lo más impactante en lo que concierne a esta segunda mujer, a la que hemos visto pasar por tanto a lo largo de estos años, viene a ser cómo su vida termina ligada a la de June de la manera más dramática (la prometedora escena final de la temporada nos dice mucho y, por otro lado, nos ejemplifica una vez más que hay esperanza en medio de tanta tragedia).
     Mucho sucede durante la quinta temporada, DEMASIADO y los momentos intensos e inolvidables (que nos sobrecogerán el alma), se suceden uno tras otro.  Entre los personajes que ya queremos hace rato y junto a quienes hemos recorrido este doloroso camino hacia la recuperación de la libertad social y personal, la buena de Janine sigue dándonos que hablar.  Por otro lado, su otro lado de la moneda, Tía Lydia, también continúa conmoviéndonos y demostrándonos que hay matices, ya que las cosas y las personas son mucho más complejas de lo que creemos; debido a lo anterior, imposible no sentir aprecio por esta fanática de Gilead y quien cree que efectivamente está haciendo un servicio a los demás, a la humanidad y en especial a sus chicas.  Por último, tal como pasa con June y Serena, Janine y Tía Lydia se complementan de una manera fabulosa; pues sus destinos también están unidos y bien se observa en cada una la huella que ha dejado la otra.
    Las cuatro mujeres recién mencionadas, han crecido mucho desde que comenzó el show.  Dos de ellas están en Canadá, viven muy cerca la una de la otra y las otras dos se encuentran en Gilead.  Ninguna la tiene fácil y ver cómo se las apañan para sobrevivir a lo difíciles que son sus vidas, es uno de los mayores alicientes de este espectáculo.
    De la por igual admirable Emily, solo sabemos en el primer capítulo y no más porque se menciona cuál es su actual paradero; con posterioridad no aparece en toda la temporada.  Ojalá vuelva en la siguiente, la última, que se le echó de menos y eso que tuvimos mucho para gozar ese/este año.  En cuanto a las otras muy buenas amigas de June, Moira y Rita, esta vez solo cumplieron roles de comparsa y se desperdiciaron sus capacidades; supongo, en parte para sacarle provecho a todo lo otro que pasaba a su alrededor, y también porque con solo diez episodios tantos personajes no pueden poseer el mismo desarrollo.
    A diferencia de las anteriores, sí tuvimos mucho de los roles masculinos como Nick y Joseph, el primero (tal vez) más que nunca y el segundo volviéndose un sujeto todavía más enigmático y, pese a todo, simpático a nuestros ojos.  En cuanto al marido de June, bien fue opacado por los otros dos.  Bueno, también tenemos a otro secundario que ha destacado bastante: el representante del gobierno gringo, Mark Tuello, un gran aliado para June e incluso para Serena y quien representa los manejos ocultos de la política, que se mueven en espacios tan claroscuros.
      Dejo un espacio aparte para el muy desagradable comandante Putnam y su mujer, los cuales tienen momentos increíbles en esta temporada.  Es más, ambos nos regalan al menos tres de las escenas más impactantes del quinto año.  Maldad, corrupción, misericordia, justicia y soledad son palabras que se me vienen a la mente, cuando pienso en estos personajes secundarios que también llevan años con nosotros y que siguen tan sólidos como siempre.
     Tengo un par de cosas que comentarles antes de despedirme: Primero, creo que solo ahora me doy cuenta que la teocracia de Gilead, si bien está inspirada en la Biblia, solo se basa en el Antiguo Testamento y, por lo mismo, no cuenta con una base cristiana.  Todo esto es importante, para comprender mejor la justificación detrás de las atrocidades de ese gobierno, puesto que en ningún momento podemos encontrar entre sus dogmas los valores cristianos y tampoco sus ritos.  Por lo mismo, la figura de la mujer está tan desvalorizada, puesto que es Jesús quien las trata con igualdad en el texto bíblico y deja de lado los aspectos más tradicionales y patriarcales que los poderosos de Gilead han llevado a los últimos extremos. Segundo, Elizabeth Moss, la galardonada actriz a cargo de June, no solo oficia de productora de este magnífico programa, sino que vuelve a ponerse detrás de las cámaras y lo hace muy bien con esta labor en los sus primeros episodios; a ver qué nos depara el futuro. dentro de este otro aspecto en su carrera artística, que bien podría llegar a dirigir hasta grandes películas para el cine.

 

domingo, 29 de agosto de 2021

El camino de las tribulaciones.


       El año pasado, el primero de esta espantosa pandemia que pareciera que ya está por terminar o controlarse, mientras que otras veces su panorama nos parece incierto, entre otras cosas no tuvimos con nosotros nuevos episodios de uno de los mejores shows televisivos actuales: El Cuento de la Criada.  Basada en la novela homónima de Margareth Atwood, un espantoso y a la vez emotivo drama distópico ambientado en un futuro cercano, donde una catástrofe mundial ha llevado a convertir buena parte del territorio estadounidense en un totalitarismo religioso fundamentalista y donde las mujeres son las que tienen menos derechos.  Llevada esta premisa con gran talento por parte de sus responsables, que la misma autora oficia de consejera (estamos hablando de una de las artistas y figuras públicas más notables de hoy en día), esta adaptación de inmediato acaparó la atención, premios, elogios y seguidores por su fuerte discurso político, el impacto de su guión y dramatización.  Asimismo, las actuaciones no dejan de conmovernos, comenzando por el de su actriz principal, la talentosa Elizabeth Moss, quien encarna a su particular heroína; cabe mencionar que a esta la acompañan otros artistas, que bien se merecen todos nuestros elogios.
     Cabe recordar que la tercera temporada acabó con un capítulo que no podía ser más emocionante (¡lágrimas corrieron por las mejillas de este servidor y, de seguro, en las de millones de espectadores a lo largo del mundo cuando lo vimos!), el que nos dejó a June en medio de un panorama incierto que prometía (tal como había pasado en las temporadas anteriores), expuesta una vez más a las injusticias de la sociedad de la cual desde hace rato es su víctima.  Es así que, en su tan ansiado retorno a las pantallas, el cual igual fue solo con 10 episodios y no 13 como en el pasado, nos mostró a esta aguerrida mujer haciéndose más dura que nunca para conseguir sus objetivos: recuperar a la hija que le quitaron, escapar de Gilead para llegar a territorio libre y, de paso, derrocar la opresiva dictadura que tanto la ha hecho sufrir a ella y a los suyos. 
    En esta ocasión veremos a June más que nunca en el viaje para conseguir sus propósitos, camino que no es solo es físico, puesto que a partir de lo último que supimos de ella ya no hay vuelta atrás y de ahora en adelante todo lo que hará, dejará en claro que ya no es la misma mujer de antes; sino que se ha vuelto alguien que incluso ya no titubea, ni siente culpa cuando se trata de conseguir lo que quiere; que Gilead la ha transformado, sin dudas, y hemos sido testigos de la evolución por la que no solo ha pasado ella, sino que el resto de los coprotagonistas y/o secundarios que pululan por esta historia… Y es que el dolor te transforma, a veces sacando lo mejor de ti, otras veces lo peor y, en ocasiones, creando a una nueva persona que fusiona en sí misma ambos aspectos de uno.
     La temporada comienza con June junto a otras ex Criadas, que han escapado de la opresión y se refugian en la apartada casa de campo de una muy joven Esposa, aún una niña, quien simpatiza con su causa y tiene razones de sobra para odiar a Gilead y a su particular sistema; de hecho, la anfitriona es lejos el mejor de los nuevos personajes de este cuarto año.  Como nada es para siempre, luego el destino y los propios designios de June la llevan nada menos que a Chicago, ciudad del viejo Estados Unidos que aún resiste a las avanzadas del enemigo y de la cual desde hace rato que escuchábamos, pero de la que solo ahora recién podemos hacernos una imagen completa de sus condiciones; de este modo, por fin, entramos en los terrenos de la guerra que sabemos están lidiando los fanáticos con sus vecinos (lo poco que llegamos a ver al respecto, es impactante).
    A mediados de esta corta, aunque intensa, cuarta temporada sucede lo que menos nos esperábamos pasara tan pronto: ¡La protagonista llega a Canadá! No lo hace en las condiciones que esta quisiera y ello es relevante para todo lo que ocurrirá después.  Tal como no los deja claro June, la verdadera felicidad es difícil conseguirla y si hay que luchar por ella a como dé lugar, no queda otra. 



     No podemos olvidar que, pese a la notoriedad de June como protagonista, tenemos a los personajes que ofician de coprotagonistas o de secundarios destacados.  Dentro de estos, quienes más sobresalen y en especial por su carisma, son en el lado de “los buenos” la inolvidable Janine, su vieja compañera de andanzas tuerta y quien se ganó nuestros corazones desde un comienzo (y esta vez premian nuestra incondicionalidad por ella, permitiéndonos conocer por fin su pasado).    Si bien igual el resto de las amigas de June siguen apareciendo, Emily, Moira y Rita, así como su esposo y en especial su amante durante su cautiverio con los Waterford, no dejan de estar presentes, son los del otro bando quienes se “roban la película”; de este modo, todo lo que pasa con el matrimonio “ideal” compuesto por Serena y Fred, no deja de tenernos atentos, que incluso sus destinos se vuelven a unir con el de June; no obstante, es la sin par Tía Lydia la que lejos consigue nuestra atención, que su periplo seguirá siendo tortuoso a su manera y es increíble cómo esta mujer de hierro, pese a sus manías, sigue haciendo que su propia humanidad no las haga tan entrañable.
     De entre todo lo que nos depara esta cuarta temporada, llena de sorpresas y emociones, viene a ser cómo aborda el tema de la justicia y el castigo de una manera tan dura, que nos hace tomar partido por una forma u otra, cuando se trata de darle a los villanos su merecido, algo que nos golpeará con la fuerza de su crudeza... Y es aquí cuando llegamos a la noción de la venganza, donde tantas grandes historias como esta, en la ficción y en el mundo real ,justifican tomar la ley por nuestras propias manos, donde la defensa armada en contra del enemigo está más que excusada y los límites impuestos por una “sociedad civilizada y moderna” se infringen sin vacilación alguna ¿Estamos dispuestos a actuar con violencia y odio, cuando se trata de devolverles la mano a quienes nos oprimieron o les enseñamos que no nos rebajamos como ellos y los tratamos con misericordia? Un tema complejo que los gringos no dejan de ponerlo en el tapete, que, en todo caso, difícil resulta no comprender el resentimiento de June y otros como ella.
    En una realidad donde peligra la vida de las mujeres o como “mínimo” su derecho a ser libres y autónomas, algo que hoy en día lo vemos en el caso del opresivo régimen Talibán, que ha vuelto a hacer de las suyas en Afganistán, queda claro que las atrocidades de Gilead no son mera ficción, sino que corresponden a una traslación “artística” de la cruda realidad.  Todo esto nos lleva a la reflexión y a querer dar nuestro propio granito de arena para no hacernos partícipes de crímenes como estos y hacer que siempre mujeres y hombres seamos iguales ante todo.  Sin embargo, pese a la buena voluntad de muchas y muchos, no faltan los extremistas, los cegados por el miedo y el odio, quienes prefieren vivir solo con quienes consideran sus iguales y es en este sentido cuando, ligado a lo dicho en el párrafo anterior, que nos encontramos con nociones como FEMINISMO y HEMBRISMO.  El primer concepto, a estas alturas solo aquellos que recelan, porque consciente o inconscientemente lo ven como un atentado al estatus quo del Patriarcado, les complica; mientras que el resto ya lo acepta, como algo que es necesario para hacer de este mundo algo mejor y que ha logrado con creces progresos para las mujeres y sus derechos ciudadanos.  En cambio, el segundo concepto que se puede igualar al surgido término “ofensivo” de FEMINAZI, se refiere a la idea de muchas mujeres, que tienden a ver a todo hombre como una amenaza, rechazando el trato con ellos y llegando a extremos propios de la intolerancia que los acerca a una actitud violenta… Es así que a lo largo de esta temporada, es posible evidenciar ambas posturas y ello a propósito, para demostrarnos cuán equivocadas están las partidarias de la segunda ideología.  Desde que comenzó la serie, quedó claro su discurso feminista, puesto que encontramos mujeres de carácter fuerte y defendiendo su valor como sujetos individuales, así como su propia condición como miembros del género femenino.  Por otro lado, el compañerismo al respecto, es algo que aparece destacado, entre las pares que se apoyan mutuamente; en el otro lado del espectro, vemos a mujeres que atentan contras sus pares apoyando aberraciones de todo tipo, algo que el programa no escatima en exponerlo.  Pero las mujeres de bien no están solas, puesto que no faltan los buenos hombres para apoyarlas, que queda de manifiesto que el machismo y el patriarcado atentan en contra de la libertad, algo que vemos en una escena y otra que no dejan de conmovernos.  Lo anterior, solo para recalcar la fuerza de los momentos de esta cuarta temporada, en el que las mujeres de la serie en más de una ocasión deben confiar en el otro género o se encuentran en la posición de devolverles la mano a los “machos” que las han tratado como a objetos; frente a esto, no es difícil caer en el mencionado Hembrismo y al respecto, resulta decisivo cuando June, una líder entre sus congéneres, afirma a las mujeres sedientas de venganza que en efecto hay hombres bueno (aunque les resulta difícil serlo en un lugar como Gilead).
    Por último, hay que celebrar la incursión de Elizabeth Moss en la dirección, quien no solo se encargó de dirigir un episodio de esta temporada, sino que lo hizo con 3 en total; el resultado en verdad viene a ser maravilloso.

Un emotivo momento esperando que nos llegó antes de lo previsto.

domingo, 4 de julio de 2021

Por favor: ¡Lea antes de criticar! (o "¡Me cargan los moralinos!")


 Nota: El viernes recién pasado mi "Jefecita" a primera hora del día (poco antes de las nueve "de la madrugada") me pidió hablar con ella por teléfono.  La razón: Una apoderada había mandado un correo molesta/preocupada por la lectura dada a su "pobre niño" adolescente, que según ella era inadecuado (en el mejor de los casos).  Fue así que tras compartirme el documento, donde la señora daba sus argumentos bastante claros (aunque claramente sesgados por el prejuicio), se me pidió elaborara una respuesta para la dama.  Y he aquí que me he inspirado y les quiero compartir el documento, en el cual igual fui ácido (lo admito sin culpa), a ver si le manda el escrito completo mi Jefecita, que en todo caso me apoyó en todo momento y admitió el error de la atribulada madre.

      Ante la preocupación por el supuesto carácter escandaloso de la lectura dada, en el Plan Lector para los terceros medios del mes de abril, El Cuento de la Criada de Margaret Atwood, cabe mencionar que estamos hablando de una reconocida escritora canadiense, ganadora de numerosos premios y distinciones entre los que se pueden considerar:
 
* Vicepresidenta de la Unión de Escritores de Canadá desde 1980
* Presidenta del PEN Club, una asociación de escritores para fomentar el contacto y la cooperación entre autores de todo el mundo que se encarga de promover la libertad de expresión y de liberar a los escritores que son prisioneros políticos.
* Socia mayoritaria del Massey College en la Universidad de Toronto
* Dieciocho títulos honoris causa
* Doctorado del Victoria College (1987)
* Está incluida en el Paseo de la Fama de Canadá desde 2001.
* Miembro de la Royal Society de Canadá
* Miembro de la Order of Canada
* Miembro honorario de la Academia Norteamericana de las Artes y las Ciencias
* Presidenta Honoraria de Birdlife International, junto a su Alteza Imperial la Princesa Takamado, de Japón, electa en el congreso en Buenos Aires, 2009.2​
* Miembro de la Royal Society of Literature del Reino Unido.
 
 y nominada nada menos que al Nobel de Literatura, mientras que la lista de sus galardones es bastante extensa y solo llegaremos a mencionar por ahora algunos como:
 
* Premio Príncipe de Asturias de las Letras
* El Governor General's Award
* La Orden de las Artes y las Letras
* El Premio Montale, el Premio Nelly Sachs
* El Premio Giller
* El National Arts Club Literary Award
* El Premio Internacional Franz Kafka
* El Premio de la Paz del Gremio de los Libreros Alemanes
 
    Por lo tanto, no se ha escogido de forma caprichosa a esta autora como representativa de la LITERATURA FEMENINA, que fue el tema para la selección de títulos de ese mes, ya que como bien habrá quedado claro, estamos hablando de una importantísima escritora actual.  Por otro lado, hace rato ya que sus creaciones son recomendadas y consideradas en centros educacionales a lo largo del mundo, tanto en colegios, como institutos y universidades, con serios estudios de sus obras.
     Cabe mencionar que la Atwood es una artista preocupada por los grandes temas morales, de tipo social y famosa por ser una de las representantes del Feminismo, lo que bien se puede apreciar en su obra.  Debido a lo anterior, cuando optamos por agregar a la lista la mencionada novela, estamos hablando, además, de un subgénero literario ya considerado dentro de el Programa de Estudio para la asignatura de Lengua y Literatura de los Terceros Medios, por parte del Mineduc: Las ANTIUTOPÍAS, correspondiente a una vertiente de la ciencia ficción que nos muestra sociedades opresivas, totalitarias y donde la libertad de los sujetos está reprimida, debido a los intereses de unos pocos; de este modo, bien podemos encontrar en el documento oficial respectivo lo siguiente:

    “Se espera que los estudiantes reflexionen acerca del impacto que una obra literaria puede generar en el lector, y cómo ese efecto se relaciona con sus experiencias personales y se conecta, a su vez, con problemas humanos universales. Para ello, la conversación se centra en la experiencia estética que tienen los alumnos con novelas de ciencia ficción (puede ser cualquier género o tema de la literatura), y luego se amplía la reflexión a partir de la lectura de la introducción del ensayo de Vargas Llosa, La verdad de las mentiras, para profundizar en la comprensión del rol que juega la ficción en nuestras vidas.”
 
     Luego, el libro escogido bien nos sirve para cumplir tanto lo anterior, como el propósito del equipo del Departamento de Lenguaje de nuestro colegio, de leer a una valiosa escritora en nuestro llamado MES DE LA LITERATURA FEMENINA.  Asimismo, al abordar otras antiutopías literarias y cinematográficas, incluyendo la que les correspondía conocer a nuestros estudiantes, estábamos orientado de la mejor manera su revisión personal de esta mencionada obra (de la cual usted, desde su desconocimiento lector, ha recelado).
    Cabe mencionar, además, que en el transcurso del mes de marzo se hizo una presentación de todos los textos incluidos en el Plan Lector del Primer Semestre, actividad realizada en la clase por medio de un PPT, especialmente preparado tanto para estimular la lectura de estas obras, como para presentar las virtudes artísticas de dichos títulos.
    Se puede entender el “escándalo”, que podría provocar la “violación disfrazada” a las que son sometidas las llamadas Criadas del mentado volumen; sin embargo, una situación dura y violenta como esta, no es algo gratuito a la hora de encontrarnos con una obra que celebra el derecho a que se respeten nuestras identidades y en especial cuando se defiende el derecho de la mujer a ser dueña de sí misma y de su cuerpo (temas que nos preocupan a todo el mundo de buena voluntad ¿No?).  Respecto a esto último, hay que recordar que el mismo plan de estudios ya expuesto acá, dice respecto a lo que se espera conseguir en los jóvenes con nuestras clases:
 
Formular interpretaciones surgidas de sus análisis literarios, considerando:
• La contribución de los recursos literarios (narrador, personajes, tópicos literarios, características del lenguaje, figuras literarias, etc.) en la construcción del sentido de la obra.
• Las relaciones intertextuales que se establecen con otras obras leídas y con otros referentes de la cultura y del arte.
 
     De modo que es necesario proyectar dichos análisis e interpretaciones al contexto actual y en el que se desenvuelven los chicos… En un mundo intereconectado, lleno de información al instante, donde las noticias nos cuentan de espantosos casos de femicidio, violencia intrafamiliar, crímenes de odio y donde más encima, para peor, la industria musical promueve con el reggaetón y el trap la misoginia con lenguaje sexual por completo explícito (escuchado y apreciado, sin dudas, por muchos de nuestros jóvenes menores de edad), ponerle trabas a la lectura de una obra literaria de este calibre es “tapar el sol con un dedo” ¿Qué prefiere usted? ¿Que su pupilo en una edad, en la cual ya tiene clara la noción entre el bien y el mal, no sepa discriminar y sea incapaz de emitir sus juicios de valor ante estos fenómenos o que mejor vaya formándose como persona integral, ante verdaderas obras de arte que nos llevan a valorar la figura de la mujer y el derecho a la vida?
    Es de esperar, que ya habrá quedado claro que nuestro sabio Ministerio de Educación considera obras y autoras como estas.  Que todos los textos que aparecen en las páginas de sus distintos programas, para cada nivel educacional en Lengua y Literatura, bien corresponden a SUGERENCIAS y no a obras dadas de manera obligatoria a los responsables en impartir la asignatura respectiva; puesto que queda dispuesto al criterio profesional y personal de los profesores, seguir estas recomendaciones y/o agregar otros títulos según se estipule conveniente.  En todo caso, si usted o cualquier apoderado revisa con atención el listado de obras entregados por el Mineduc, se encontrará con piezas tales como Relaciones Peligrosas de  Pierre Choderlos de Laclos, un clásico francés de nada menos que de 1796, donde los protagonistas son sujetos “de poder”, que se aprovechan de otros a través de la manipulación sexual y donde tenemos a un hombre mayor obsesionado en desvirgar a una jovencita de 17 años, comprometida en matrimonio con otra persona.  Le compartimos algunos fragmentos para que pueda comprobarlo con sus propios sentidos:
 
 
    “No os enojéis y atended. Como depositaria de todos los secretos de mi corazón, voy a confiaros el mayor proyecto que jamás haya concebido. ¿Qué es lo que vos me proponéis? Seducir a una jovencita que no ha visto nada, que no sabe nada, que, por así decir, se entregaría sin resistirse, que se embriagará al primer homenaje, y a quien la curiosidad arrastrará quizá más rápido que el amor. Otros veinte podrían lograrlo igual que yo. No sucede lo mismo con la empresa que me he propuesto; su éxito me asegurará gloria y placer por igual. El amor, que prepara mi corona, duda él mismo entre el mirto y el laurel; o mejor dicho: los reunirá para honrar mi triunfo. Vos misma, mi querida amiga, os veréis embargada por un santo respeto y diréis con entusiasmo: Es el hombre conforme a mi corazón.”
 
    “Aquí me tenéis, entregado desde hace cuatro días a una gran pasión. Sabéis con qué intensidad soy capaz de desear, los obstáculos que devoro, pero ignoráis cuánto añade la soledad al ardor del deseo. Una única idea me posee; pienso en ella de día, sueño con ella por la noche. Tengo una necesidad absoluta de conseguir a esa mujer para evitar el ridículo de enamorarme, pues ¿adónde lleva si no un deseo contrariado? ¡Oh, delicioso goce! Te lo imploro, por mi felicidad y ante todo por mi reposo. ¡Qué afortunados somos de que las mujeres se defiendan tan mal! A su lado no seríamos sino tímidos esclavos. En este preciso instante sólo puedo profesar un sentimiento de gratitud por las mujeres fáciles, que me lleva naturalmente a vuestros pies. Me arrodillo para obtener el perdón y termino esta larguísima carta. Adiós, mi bella amiga: sin rencor.”


     Posteriormente más desarrollado el argumento, se encontrará con episodios mucho más “fuertes” Por Por cierto: ¿Cómo se le llama actualmente al acto ilícito/criminal de tener sexo con un menor de edad? Que el Diccionario de la Real Academia Española, dice al respecto sobre el llamado ESTUPRO:
 
1. m. Der. Coito con persona mayor de 12 años y menor de 18, prevaliéndose de superioridad, originada por cualquier relación o situación.
2. m. Der. Acceso carnal con persona mayor de 12 años y menor de 16, conseguido con engaño.
3. m. Der. Por equiparación legal, algún caso de incesto.
4. m. Antiguamente, coito con soltera núbil o con viuda, logrado sin su libre consentimiento.
 
    Por lo tanto, este libro SUGERIDO por los especialistas del Mineduc, ante una ficción que trata de esto, o bien están equivocados en su decisión para incorporar este libro al Plan de Tercero Medio, o bien desconocen su contenido o claramente se manejan con conocimiento de causa para promover su lectura, por parte de nuestros jóvenes, aún en formación intelectual y moral con un claro sentido pedagógico integral.
     Luego, en el mismo documento al cual usted apelaba y con tanta preocupación al hacernos partícipe de sus preocupaciones, al que no estábamos, supuestamente, considerando para elaborar nuestro programa de estudio, se encuentra agregada una de las obras de nuestro autor nacional Pedro Lemebel.  Comunista, homosexual y travesti, este escritor desde comienzos de siglo que está dentro de los planes del Ministerio, debido la reconocida calidad de su prosa, tanto en Chile como en el extranjero.  En De Perlas y Cicatrices abunda el garabateo tan chileno que oímos en el día a día, con personajes populares y marginales, todo sin dejar de lado la fuerte crítica social de su pluma.  Pues entre las páginas de este libro, que no deja de recomendarnos el Mineduc, encontramos la espantosa descripción de una violación por parte de un grupo de hombres a su víctima:
 
     “Tan creída la tonta, decían las cabras del barrio, picadas con la chica de la moda que provocaba tanta envidiosa admiración. Parece puta, murmuraban, riéndose cuando el grupo de la esquina la tapaba con besos y tallas de grueso calibre. Y puede haber sido el calor de ese verano, el detonante culpable de todo lo que pasó. Pudo ser un castigo social sobre alguien que sobresale de su medio, sobre la chica inocente que esa noche pasó tan tarde, tan oscura la boca de la calle, tenía sombras de lobo. Y curiosamente no se veía un alma cuando llegó a la esquina. Cuando extrañada esperó que la barra malandra le gritara algo, pero no escuchó ningún ruido. Y caminó como siempre bordeando el tierral de la cancha, cuando no alcanzó a gritar y unos brazos como tentáculos la agarraron desde las sombras. Y ahí mismo el golpe en la cabeza, ahí mismo el peso de varios cuerpos revoleándola en el suelo, rajándole la blusa, desnudándola entre todos, querían despedazarla con manoseos y agarrones desesperados. Ahí mismo se turnaban para amordazarla y sujetarle los brazos, abriéndole las piernas, montándola epilépticos en el apuro del capote poblacional.
    Ahí mismo los tirones de pelo, los arañazos de las piedras en su espalda, en su vientre toda esa leche sucia inundándola a mansalva. Y en un momento gritó, pidió auxilio mordiendo las manos que le tapaban la boca. Pero eran tantos, y era tanta la violencia sobre su cuerpo tiritando. Eran tantas fauces que la mordían, la chupaban, como hienas de fiesta; la noche sin luna fue compinche de su vejación en el eriazo. Y ella sabe que aulló pidiendo ayuda, está segura que los vecinos escucharon mirando detrás de las cortinas, cobardes, cómplices, silenciosos. Ella sabe que toda la cuadra apagó las luces para no comprometerse. Más bien, para ser anónimos espectadores de un juicio colectivo. Y ella supo también, cuando el último violador se marchó subiéndose el cierre, que tenía que levantarse como pudiera, y juntar los pedazos de ropa y taparse la carne desnuda, violácea de moretones. La chica de la moda supo que tenía que llegar arrastrándose hasta su casa y entrar sin hacer ruido para no decir nada. Supo que debía lavarse en el baño, esconder los trapos humillados de su moda preferida, y fingir que dormía despierta crispada por la pesadilla. La chica de la moda estaba segura que nadie serviría de testigo si denunciaba a los culpables. Sabía que toda la cuadra iba a decir que no habían escuchado nada. Y que si a la creída de la pobla le habían dado capote los chiquillos del club, bien merecido se lo tenía, porque pasaba todas las tardes provocándolos con sus pedazos de falda. Qué quería, si insolentaba a los hombres con su coqueteo de maraca putiflor.”

     Lemebel es mucho más “enérgico” que Margaret Atwood para abordar algo así y, no obstante, ambos autores, cada uno con sus propios estilos, abordan la violencia a la que se enfrentan muchas mujeres: uno desde la certeza de la realidad nacional y la otra a través de una ficción que como toda obra de arte “imita” a la vida y sirve como vehículo para invitarnos a “ser mejores personas”, gracias a las reflexiones que conlleva una lectura crítica, tal como se modela en las clases que hacemos con espíritu de servicio los profesores a estos jóvenes.  Pero si preferimos que estos muchachos vivan en una burbuja (para no dañar sus susceptibilidades o las nuestra, con la idea de que se está yendo en contra de los valores que les damos en casa) y optamos por ignorar a quienes velan porque todo esto sea posible, luego no critiquemos con injusticia a quienes en su momento, negamos la posibilidad de hacer su aporte y optemos, mejor, por una educación en casa sesgada respecto al resto del mundo.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Una temporada irresistible.


     Tras dos temporadas realmente impactantes y que sin dudas “dejaron la vara muy alta” para sus seguidores, la siguiente de El Cuento de la Criada se viene a convertir no solo en su digna sucesora, sino que en otro verdadero motivo para que esta serie quede consignada como dentro de lo mejor que ha producido la TV (y sea, sin dudas, una de las favoritas para el público).
      June llega a un nuevo destino como criada, luego de que logró desestabilizar por completo a la familia de sus anteriores dueños.  Pero no se trata de cualquier mandamás, sino que quien la ha solicitado es nada menos que el Comandante Joseph Lawrence; gracias a esto, logramos conocer a ese hasta el momento hermético gran personaje, que buenas sorpresas nos dio la temporada anterior y a su esposa, una mujer frágil y dulce por quien llegamos a simpatizar.  En esta misma casa, una June ya asumida en su papel de convertirse en una verdadera rebelde contra Gilead, se dedica a mover los hilos necesarios para conseguir sus proopósitos; y es que luego de la última decisión más difícil que hizo hasta el momento, ya nada lo puede detener.  Por otro lado, ya famosa entre el resto de las mujeres que sufren el dominio de los poderosos, entra en contacto con la organización conocida como May Day, la red secreta de las Martas para salvar gente de las garras de sus enemigos; detalle, que también se convierte en una línea argumental relevante para esta tremenda temporada.
     Por otro lado, asistimos al propio drama de Serena Joy y su marido, quienes deben levantarse de las cenizas luego de perder su otrora poder entre los suyos.  La escena final del primer episodio no solo es memorable, en relación a lo que está pasando en el corazón de la Esposa; sino que también resulta tan emotivo, que nos saca las primeras lágrimas de muchas que nos esperan este año.  La villana se nos humaniza más que nunca, que ella también es una víctima del sistema, así como el resto de sus pares; de este modo, su relación con June se hace más estrecha que nunca y tomará caminos insospechados, al punto que hay que estar preparado para muchas sorpresas más.
    Asimismo, el Comandante Fred Waterford no puede ser más rastrero y comienza a orquestar un plan para recuperar su prestigio, en el cual lamentablemente tiene como pieza central a nuestra heroína.  Por esto mismo, junto a Serena viajan a la sede del poder político de su enferma nación y allí recibe el apoyo de uno de los principales líderes; este nuevo persona está interpretado por el siempre regio e imponente Christopher Meloni,  quien por su parte tiene planes más personales con su nuevo protegido (y una verdadera lástima que no hayan profundizado en ello, para morbo de much@s seguidores).  La antigua capital de lo que otrora fue la orgullosa nación de Estados Unidos, es donde se respetan más que nunca los designios de las leyes, del país totalitarista que ahora gobierna en buena parte de su antiguo territorio; una nueva espantosa decisión se ha tomado con las Criadas, de modo que cuando June ve ello con sus propios ojos, obtiene una nueva razón para acabar con este misógino país.

June: Un ángel vengador de las mujeres oprimidas.
      Siguiendo con Gilead, es Tía Lydia uno de los personajes que comienza a desarrollarse bastante, para regocijo de quienes hemos llegado a sentir algo de empatía por esta mujer, que en verdad cree estar realizando los mandatos de Dios. Ann Dowd, la actriz que la personifica, está a la altura de sus compañeras de actuación y en realidad es para aplaudirla. Para potenciar aún más a esta “secundaria”, nos regalan por fin un capítulo centrado en su pasado anterior a la guerra civil y al desastre que provocó el ascenso de Gilead, dándonos luces acerca de su posterior comportamiento.
     Otro muy buen personaje femenino debuta en esta temporada, la Criada Dematthew, la nueva compañera de compras de June.  Se trata de una mujer que increíblemente ha llegado a abrazar su rol de esclava sexual, de modo que su “beatitud” provoca que la protagonista no simpatice con ella.  El arco argumental dedicado a la relación de ambas, ofrece varias escenas inolvidables.
    En cuanto a Nick, a lo más sale en un par de los trece episodios que comprenden esta tercera temporada.  Este, luego de lo ocurrido al final de la temporada anterior, ha subido su estatus y se le da una misión que se espera en el futuro lo haga volver con mayor importancia para la trama.  Eso sí, pese a lo poco que lo vemos, al menos llegamos a saber un terrible secreto sobre su pasado (que puede ser sea falso, en todo caso). 
    Mientras tanto en Canadá, país vecino que ha acogido a los refugiados estadounidenses y donde viven ahora el marido de June y su mejor amiga, quienes han pasado por las penurias de los abusos de Gilead deben seguir con su existencia; pero “sin perdón, ni olvido”, que la parte más política de esta serie se centra en su lucha para denunciar las crueldades de Gilead y recuperar a sus semejantes.  Por un lado tenemos a la recién liberada Emily, que debe adaptarse a recuperar parte de la normalidad, pues se nota en ella el trauma que aún la acosa, si bien ahora tiene la oportunidad para volver a los brazos de su esposa e hijo (el proceso para ello, muy emotivo, no deja de recordarnos al de personas que en la vida real como ella, deben pasar por situaciones semejantes tras sufrir de vejámenes parecidos); por otro, Luke, el marido de June, se encuentra con una nueva responsabilidad dada por esta y, además, conoce por fin a los antiguos mortificadores de la mujer a la que ama (en uno de los giros argumentales más impactantes de la temporada).
     Luego del precioso final de temporada, que volvió a hacerme llorar como quinceañera, es solo esperar su cuarta temporada y que ignoro para cuándo volverá en el transcurso del año que viene.  Se supone que las últimas temporadas estarán basadas en Los Testamentos, la novela secuela que por fin publicó este 2019 Margareth Atwood y que suceden 15 años luego de los acontecimientos del primer libro, centrándose, además, en Tía Lydia y el papel que cumplen otras Tías.  A ver cómo resulta todo y ojalá que el programa que hoy nos reúne siga manteniendo la misma calidad, que lo hecho ganarse nuestro corazón.

La Tía Lydia del pasado podía reír sin mayores problemas, pero en muchos sentidos se parece a la otra Tía Lydia que conocemos.

jueves, 14 de febrero de 2019

Toda una oda a las mujeres.


1. Primeras palabras.

      Casi un año exacto pasó entre que me vi la primera temporada de El Cuento de la Criada y la segunda, ambas durante el relajo de vacaciones de verano (mientras estaba en la playa, más encima), así que imposible no relacione este programa tan dramático con una época que para mí es tan grata; algo dicotómico, la verdad, puesto que nadie puede negar lo impactante que es contemplar las vicisitudes de su protagonista y el resto de los personajes.  Tanto dolor y atentados contra la dignidad de las personas, en especial hacia el sexo femenino, no pueden dejar de hacer que mire mi vida y la de la gente con la que comparto, para agradecer con mayores razones la libertad que podemos gozar.
      La segunda temporada responde a la interrogante, con la que quedamos quienes leímos la novela de Margareth Atwood: acerca del destino de June Osborne/Defred, aunque para ser sinceros ello lo hice cerca de los 17 años, así que apenas me acuerdo de sus acontecimientos.  Ver la primera temporada fue refrescar en mi cabeza la grandeza del libro y me llevó a querer leerla de nuevo (algo que en todo caso a más de un año de apreciarla, aún la tengo pendiente) y eso que hace un tiempo la usé en un trabajo que hice para aprobar un ramo de postgrado (en el que me fue bastante bien, por cierto).  Mucho pasa a lo largo de este segundo año del programa, que contó con 3 episodios más que el anterior, así que en total se trata de 13 razones para seguir amando este show.  En pocas palabras, puedo decir que sus responsables hicieron algo lejos superior a lo ya visto, que tenían “la vara bien alta” y por esto he quedado más que satisfecho con ello.  
     Recuerdo que mi mejor amiga y comadrita Ledda (otra que apenas se da tiempo de leer y comentar estas palabras, que como muchos de mis cercanos rara vez se pasan por acá, por lo que casi solo desde el extranjero me dan ese gusto) contempló esta segunda temporada muchos meses antes que yo y cuando le pregunté qué le pareció, su respuesta fue bien poco comprometida; la verdad es que me dio la impresión de que no fue de su agrado, porque uno espera de alguien elocuente como ella que se explaye de lo que le gusta (¡Pelador me he puesto!).  No obstante, prefiero hacerme mi propia impresión sobre aquello que  me interesa y no prejuiciarme al respecto, que mil veces prefiero experimentar por mi cuenta las cosas ¿Alguien más piensa como yo? Creo que siendo mujer, sensible y feminista más encima, alguien como ella debería haberla apreciado más que yo, incluso…Y les aseguro que no dejé de decírselo mientras gozaba la serie entre guasapeo y guasapeo.
     Mejor basta de preliminares y a comenzar a desglosar esta tremenda segunda temporada.

2. Lo que sucede en esta ocasión.

     13 capítulos, 3 más que la primera temporada, permiten contarnos mucho más acerca de los pesares de sus protagonistas y sobre qué está pasando en esa horrible antiutopía teocrática fundamentalista que es Nueva Gilead (la descripción y/o categorización de tal país ficticio, la saqué de mi vieja edición de El Cuento de la Criada, que me compré ille tempore cuando tenía 17 años, o sea, hace mucho, mucho tiempo atrás); es así que bien podríamos decir que en esta ocasión, la serie se encuentra dividida en dos partes: la primera de 3 capítulos, que nos muestra a June inmediatamente después de que los “Ojos”, o la fuerza policial, se la han llevado por haber atentado repetidas veces contra el sistema que impera; con posterioridad, el resto de la temporada, la tenemos de vuelta con el matrimonio que la tiene de Criada.
     La heroína, que nadie puede negar la valiente y admirable mujer que es, ha conseguido embarazarse en esta realidad, donde la infertilidad es algo que atenta contra la sobrevivencia de la raza humana y por esa misma razón todo el mundo, bajo cualquier precio, quiere que su proceso se desarrolle lo mejor posible, para luego quedarse con el bebé; por supuesto que los Waterford, la familia que se ha apropiado de June, son quienes más que nadie desean que nazca el bebé y para ello cuentan con la fuerte presencia de la Tía Lydia para que la Criada logre “domesticarse”. Las desavenencias entre todos estos, en especial entre June y Serena, forman otra vez parte importante de la trama, que estamos hablando de la confrontación entre un par de féminas de enorme voluntad; lo mismo viene a suceder con la mencionada Tía Lydia, un personaje tan complejo como las otras dos mencionadas antes (que en el caso de Serena Joy y esta otra, no estamos hablando de mujeres malvadas por se, si no que se nos humanizan de tal manera que resulta difícil no sentir algún tipo de simpatía por ellas y pese a sus actos más reprobables). En cuanto al comandante Fred…su relación con June tiene sus propias características, que como muchos hombres como él que apoyaron el alzamiento de Gilead, es un tipo enfermo y que para nada nos merece nuestra simpatía.
     Por otro lado, se realza el papel de personajes como Emily, una de las amigas que tiene June entre las Criadas y a quien la última vez que la vimos en la temporada anterior, habían destinado a “Las Colonias”, zona contaminada por la radiación donde mandan a todas las mujeres consideradas como enemigas acérrimas para la dictadura y a trabajos forzados, hasta que mueren producto de la exposición a los tóxicos.  Las escenas que transcurren en este lugar son desgarradoras, pero además nos muestran el valor del corazón de gente como Emily y sus compañeras de infortunio, con demostraciones de una nobleza tremenda (así como de lo que puede llevar al ser humano el dolor y el odio).  Nos es posible seguir a Emily luego de su salida del campo de concentración, que mucho le toca por pasar aún; asimismo, llegamos a conocer su pasado, otra pieza que ayuda a comprender el proceso que produjo la guerra civil y la pérdida de los derechos femeninos y civiles en general, en el otrora orgulloso Estados Unidos de América.
     También regresa con nosotros Janine, la criada que luego de June se ganó al aprecio de buena parte de la audiencia durante la temporada pasada y cuyo destino seguimos ahora unida a Emiliy, como a su vieja amiga June.  La desequilibrada mujer en su fragilidad mental, resulta en muchos sentidos más fuerte que el resto de sus compañeras, entregando a esta historia tan dramática algo de humor (fíjense en su graciosa alusión a Alien y otra película que no recuerdo, primeras referencias a la cultura pop en el programa) y, lo más hermoso de todo, cierta creencia en que pese a la desgracias la esperanza y el amor pueden superar lo peor (al respecto, inolvidable viene a ser su reencuentro con su hija).
     De igual manera podemos ver qué sucedió con los refugiados norteamericanos en Canadá, a través de la figura del marido de Emily y su mejor amiga; la lucha para recuperar a sus seres queridos, vivir luego del trauma que significó conocer en carne propia el fanatismo de los gideleanos (¿Ese sería, acaso, el gentilicio en español?) y desenmascarar frente al resto del mundo los abusos de Gilead, queda detallado en las varias escenas dedicados a estos y que también profundizan en su pasado, como bien sucede con el resto de los personajes mencionados.
     La trama se completa con el arco argumental centrado en Nick, el empleado asignado a los Waterford y quien ha llegado a entablar una secreta relación sentimental con June.  Ahora lo llegamos a conocer mejor, quedando demostrado que se puede confiar en él; su historia se completa cuando es obligado a casarse con una jovencita de 15 años, Eden, una dulce muchacha que cree firmemente en los ideales de Gilead, además humilde, a diferencia de la muchas veces “perra” de Serena Joy.  Este forzado enlace ayuda a desarrollar mejor la idea de un mundo trastocado por el machismo y la pérdida de la libertad, siendo que la misma Eden no da varios momentos intensos y emotivos.

3. El poder femenino.

     El amor que sienten personas como June, Emily y Janine hacia sus retoños es tan grande, que queda demostrado sin lugar a dudas el valor de la maternidad, como una fuerza a la que no hay que menospreciar, si en verdad queremos apreciar nuestra humanidad.  De tal modo, que solo mencionaré el caso de June (para no spoilear tanto), quien desea volver a tener frente a sus brazos a su primera hija y tampoco quiere que su próximo bebé crezca en medio de la patriarcal sociedad de Gilead; por esto mismo, no vacila en luchar con todo su corazón, exponiéndose a muchas cosas sin vacilar la mayor parte de las veces.  
     June y Emily aprenden a hacerse duras para enfrentar la adversidad, aunque sin perder la dulzura que las caracteriza.  La primera debe vérselas con su contrapartida, Serena, varias veces y los choques entre ambas son memorables; no obstante, pese a todo lo maldita que puede llegar a ser la cegada dueña de casa, en su abrazo de los dogmas gideleanos, la criada es capaz de ver más allá de ello y se da cuenta de que Serena es otro tipo de víctima del verdadero enemigo; los acercamientos entre ambas mujeres son conmovedores y de ese modo queda claro que cuando hay compasión es posible remediar las cosas o al menos reconocer en el “otro” la belleza que existe detrás de las apariencias.
     Poco a poco Serena va abriendo los ojos frente a lo que sucede a su alrededor, donde justamente June tiene mucho que ver.  Su maternidad frustrada, que la ha hecho llevar a desear con toda su alma ser madre del bebé que espera su Criada, nos revela de igual manera que aún es capaz de amar esta mujer y que pasó de ser otra independiente fémina, a ser una sometida más en una sociedad donde solo los hombres toman las grandes decisiones.  Su viaje a la aún emancipada Canadá junto a su marido, es uno de los mejores momentos de la temporada, transformándose en una instancia vital para su proceso de epifanía; por otro lado, los contrastes entre ese mundo tan real que acá se nos muestra, en comparación con la pesadilla antiutópica de la que proviene Serena, no deja de impactarnos y eso que Canadá aparece tal y como es en la vida que conocemos (y, sin embargo, lejos de la ficción existen o han existido horrores sociales que se les asemejan, tal como lo que hoy en día sucede en Venezuela y la dictadura de Pinochet, hace unas pocas décadas en mi propio país).
     Destacable es también que llegamos a conocer a la madre de June, una entrañable mujer y de la cual se nota heredó su enorme talante.  Los flashbacks dedicados a la vida entre estas dos, por igual nos permiten vislumbrar la complicada relación real que hay muchas veces entre madre e hija, pese al amor incondicional que pueda haber entre ambas y cómo se crea un lazo irrompible entre las generaciones sucesivas femeninas. 
    Si los hombres actúan como verdaderos carceleros de las mujeres de Gilead, lo que hacen otras de ellas a sus mismo género resulta más cruel… ¿Cómo es posible esto? No obstante, aunque estemos tratando de una obra de ciencia ficción, lamentablemente todo esto ocurre en el mundo real.  Puede resultar misógino de mi parte decirlo,  pero lo he vivido por mi propia experiencia y/o he sido testigo de ello: cuando una mujer quiere odiar y lastimar a otro/a, puede ser mucho más salvaje que un varón y si se trata de dañar a alguien de su mismo sexo, la cosa se pone más que fea.  
     Para bien o para mal las mujeres son una verdadera fuerza de la naturaleza, que debemos respetar y apreciar, como queda demostrado sin lugar a dudas en este programa.

4. Palabras finales…Por ahora.

   Mucho sucede a lo largo de esta tremenda segunda temporada, que termina dejándonos sorprendidos, incluso mucho más que la vez anterior.  Evaluando todo lo que pasa entre medio, creo que hay que ser valiente para verla, que es dura no en el sentido del gore de programas como Spartacus, Hannibal o Dexter, aunque su tipo violencia es tan realista, que fácilmente no cuesta maldecir ante las penalidades de nuestras heroínas (si incluso la misma Serena Joy, en más de una ocasión, nos hace sentir lástima por ella y hasta sentirnos identificados); no está demás decir, que a menos que se tenga un corazón de piedra, por lo menos un par de veces el espectador promedio, sea mujer y hombre, derramará una que otra lágrima: a veces producto de la pena, que nos pueden provocar las penurias de las protagonistas, otras veces por contemplar tanta belleza y que le debemos a los artistas detrás de este espectáculo (actrices, directores/as y guionistas).  No puedo dejar de mencionar, que la sensacional música compuesta por Adam Taylor, ayuda mucho a crear el emotivo ambiente que lo lleva a uno a engancharse tanto con lo que está pasando y a sufrir conjuntamente con June y compañía.
     Uno a veces da por supuesto todo lo que tiene, en especial la libertad con la que se cuenta para decidir lo que más te hace feliz; por eso mismo, ver cómo En el Cuento de la Criada la gente ha perdido dicho derecho y muchos luchan hasta dar su vida por ello, hace que valores mejor que nunca lo que tienes.  Si bien la siguiente idea la he repetido una que otra vez por acá, que no me cansaré de decirlo, con respecto a todo lo anterior, programas como este nos ayudan a tomar conciencia de quiénes somos y qué aporte hemos hecho al mundo para hacerlo mejor (o peor).  Gracias por contar con historias y producciones como la que hoy nos reúne, que nos invitan a ser mejores personas.



                                                     Tráiler de la segunda temporada.

martes, 13 de febrero de 2018

Una ciencia ficción televisiva diferente.


     Tras el éxito indiscutido de la adaptación por parte de HBO de la saga Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin, bajo el nombre de Juego de Tronos, las cadenas parece que han encontrado un nuevo filón de oro en llevar a la pantalla pequeña, como series de televisión, importantes obras de la fantasía y la ciencia ficción literarias.  Es así, que en los últimos años hemos tenido el placer de encontrarnos con otras muy buenas producciones de este tipo, tales como El Hombre en el Castillo (sobre la novela del mismo nombre de Phillip K. Dick) y el año pasado con Dioses Americanos (de una obra de Neil Gaiman).  
      Dentro de los más actuales programas que siguen esta tendencia y que más encima ha conseguido ya un montón de seguidores, como alabanzas de los críticos y varios premios, viene a ser El Cuento de la Criada.  Basada en una novela de la prolífica autora canadiense feminista Margaret Atwood, está pronto a estrenar en abril su segunda temporada y que el público espera con ansias, tras un estreno que dejó a todos asombrados y atentos al destino de su protagonista, tras un final de temporada en realidad inolvidable.  Solo es de esperar que este segundo año, que tendrá 3 episodios más que los 10 que componen su debut, mantenga la misma calidad que la convirtió en la favorita de los últimos certámenes como el Emmy y el Globo de Oro.
     Si la serie sobre la ucronía de Dick dejó claro para la audiencia que la ciencia ficción es mucho más que mundos futuristas, robots, mutantes, extraterrestres e inventos fabulosos, con este más reciente éxito del género en la pantalla chica y en imagen real, queda más que nunca consignado la riqueza temática y argumental de este tipo de historias.  Pues una vez más estamos frente a un relato tan grande como la vida misma, en la que en medio de un argumento complejo que atrapa desde el principio al público, tal como la mejor ciencia ficción que no solo es entretención, nos invita a reflexionar sobre varias problemáticas que nunca dejan de ser actuales: el derecho y el valor de la libertad, el aprecio hacia la vida (la de uno mismo y la de los demás), el poder de las ideologías sobre la “chusma ignorante”, el sentido que tiene la religión en nuestra existencia, la figura que posee la mujer dentro de la sociedad, la amistad y el significado de la familia…Eso y mucho, mucho más es posible reconocerlo en la que, sin dudas, viene a ser uno de los mejores shows televisivos dramáticos que se han hecho jamás.
     En esta ocasión no se trata de una ucronía, o sea, de un mundo muy parecido al nuestro, en el que la historia en un detalle concreto tomó un rumbo diferente y que cambió por completo su sociedad respecto a la nuestra (como en Synco de Jorge Baradit, donde el golpe de estado de Pinochet en Chile no se efectuó y ello llevó a que Salvador Allende se mantuviera en el gobierno por más de una década…), sino que acá estamos frente a la más conocida antiutopía (también llamada como distopía y contrautopía).  Por lo tanto, estamos hablando de un mundo que se encuentra en medio de un totalitarismo y/o dictadura, llevado a su máxima expresión, en el cual supuestamente lo que ofrecen los que mandan es una sociedad perfecta y que, sin embargo, es todo lo contrario: una pesadilla con serios asideros en la realidad y que por desgracia sí se ha manifestado de alguna manera en el mundo que pisamos más de una vez.  
      Ambientado en Estados Unidos, nos presenta a este país (o más bien a lo que queda de él tras una segunda guerra civil) gobernado por fanáticos puritanos (tal como los que vivían en la infame ciudad de Salem, durante el siglo XVII en dicha nación) y quienes llevan a cabo un patriarcado de carácter fundamentalista, basado en el Antiguo Testamento.  Tal como sucede en este tipo de comunidades, solo un reducido grupo de personas cuentan con todos los privilegios, en este caso aquellos que participaron de la revolución, que se separó del resto de la otrora poderosa nación gringa; no obstante, como la autoridad se haya bajo el poder de los hombres, las mujeres se ven sometidas a su “buena voluntad”, claro, unas más que otras.  Toda esta desgracia fue llevada a cabo, porque debido a una catástrofe ambiental, la mayor parte de los hombres y mujeres se volvieron estériles y los fanáticos le echaron la culpa a la “debacle moral de la civilización”; por esta razón justificaron sus actos, como la medida correcta para salvar sus almas y sus vidas.  Es así que las criadas corresponden a mujeres fértiles, que son una especie de esclavas sexuales de los matrimonios, quienes obligadas a participar de un espantoso rito basado en un oscuro episodio de la Biblia, deben darles hijos a la patria.  La protagonista es una de estas desgraciadas féminas, relatándonos tanto sus vicisitudes como criada y sus intentos de liberarse de su sino, como su pasado antes de caer en las garras de sus amos.

La "Ceremonia" a la que se ven sometidas las criadas.

     Pero no solo llegamos a conocer este espantoso mundo, tan siniestramente verosímil al nuestro, a través de los ojos y el corazón de su protagonista, sino que se nos revela toda una sociedad caracterizada por las rígidas reglas impuestas de sus dueños, en las que también se hayan las otras mujeres (infértiles todas ellas), que cumplen el rol de esposas y toda una serie de categorías según el oficio que deben cumplir el resto, que se encuentra dentro del lugar que se le ha destinado al sexo femenino. Los hombres también están representados en esta serie, cada uno de ellos miembros de 3 estamentos diferentes de esta trastocada sociedad.  El cuadro se completa, con los geniales flashbacks que nos van contando el pasado de los personajes y que van armando el rompecabezas que explica cómo se llegó a este nivel de locura dentro de esta realidad.
     A la supuesta santidad de los poderosos y los que están por sobre el resto en la escala social, podemos hallarnos con la dura verdad de que una cosa es la supuesta moralidad que se ostenta y otra es la debilidad de la carne y del espíritu que a todos asola, cuando es posible reconocer la corrupción en estos supuestos hombres santos; luego, queda de manifiesto que en los dos grandes tipos de ideología, política y religión, fácil será encontrar sujetos que se aprovechan del alto sitio que han conseguido en sus cuarteles, para hacer y deshacer a su antojo.  Solo aquellos que simplemente desean ser felices sin mayores complicaciones y compartiendo con sus congéneres, pueden llegar a ser ejemplos de personas admirables ¿Por qué razón? Pues debido a que al no pretender ser perfectos, en su imperfección están mucho más cerca de la perfección que los otros.
     En los primeros capítulos es posible reconocer en los monólogos en off del personaje principal, algunos fragmentos de la propia narración en primera persona del libro.  A través de estos queda consignado su carácter literario o más bien la poderosa calidad argumental y artística de este show, que en al menos en toda su primera temporada no pierde fuerza en ninguno de los elementos que la componen.  Cada una de las actuaciones son, sin dudas, soberbias y hay momentos en los que dan hasta ganas de aplaudir, al ver cómo los histriones dan lo mejor de sí para darle tanta corporeidad al rol que les corresponden hacer.  Pues cada personaje, que en realidad cada uno posee algo especial, que los hacer ser tan entrañables (incluso los que podrían ser considerados como los villanos), da más de un momento de intensa emotividad y que en una u otra ocasión, puede llegar a conmovernos hasta las lágrimas.  A todo esto, se le agregan los guiones que contaron con la supervisión de la misma Margaret Atwood, cuya mano se nota para haberle dado tanta humanidad a la serie en todos sus capítulos.  Si la producción técnica en materia de la recreación de esta antiutopía, es de igual manera propia de una gran filme hollywoodense, la música no se queda atrás, brindándonos hermosos acordes por parte de Adam Taylor; además, casi al final de cada episodio escuchamos una significativa canción popular, relacionada con los eventos de la serie, que también es posible apreciar otras en medio de este totalitarismo y en el que la belleza ha sido suprimida para contemplación y gusto de la mayoría de los mortales.
    Tal como habrá quedado de manifiesto, con lo que se ha velado en parte acerca de lo que va El Cuento de la Criada, ya está claro de que es un programa para gente con “criterio formado”.  A la dureza de sus guiones y temas abordados en este, nos enfrentamos a varias escenas impactantes tanto por su dramatismo, como por su violencia gráfica, muchas veces sexual y psicológica, en especial contra las mujeres (a ocasiones entre estas mismas hacia su propio género).  Teniendo en cuenta el papel que cumplen las criadas en medio del territorio conocido como Gilead (una reinterpretación irónica de la tierra santa, mencionada en el Antiguo Testamento y que el mismo Stephen King adaptó para el hogar idealizado de Rolando en su saga de La Torre Oscura), el sexo también forma parte de su argumento, cuando se trata de llevar a cabo la espantosa y patética ceremonia para concebir hijos; es así que vemos una manera más de convertirlo en algo maquinal, escondido bajo la fachada de algo sagrado; a ello se opone el amor y la verdadera pasión, en las escenas en las que es posible reconocer un verdadero vínculo entre sus participantes.

Interesante publicidad de la serie con varios de los personajes principales.  De la lista de abajo, descubre quién es quién.

     Los personajes de la serie son:

June: Como criada debe usar el nombre de Defred (ya que estas se ven obligadas a tomar para sí, parte del que llevan los maridos de la familia a las que son adjudicadas).  Antes de la guerra civil que separó Estados Unidos fue una exitosa y culta mujer profesional, casada y con una hija pequeña a la que se la quitan cuando la atrapan los de Gilead.  Pese a todas las humillaciones que debe pasar y a cada una de las penurias que llega soportar, su espíritu libre en ningún momento cae y ello la convierte sin dudas en uno de los personajes más emblemáticos del programa.  

Fred: Comandante de Gilead que “acoge” a June junto a su esposa.  En un principio lo vemos como a un hombre capaz de empatizar con la criada, siendo sensible con esta y ayudándola a hacer menos duro su papel dentro de la casa; no obstante en la medida que la acción va desarrollándose, logramos conocer lo que se oculta detrás de su imagen dulce.

Serena Joy: La hermosa e imponente señora de Fred es al igual que este, una de las personas que estuvieron involucradas en la formación de la nueva nación.  El episodio en el que se revela su pasado y nos enteramos acerca de qué tipo de mujer era antes de la guerra civil, viene a ser uno de los mejores momentos de toda la primera temporada.  Posee una mente privilegiada y aún así se ha sometido al dominio del hombre. Tras el éxito de sus planes al ser artífice de la creación de Gilead, comienza a perder el amor del ahombra al que tanto apoyó, puesto que ahora apenas tiene gestos de afecto con ella y por eso mismo toma como toda una afrenta, la presencia de June en su casa.  Su relación con la Criada está llena de tensiones, con idas y venidas.

Luke: El marido de June, con quien tuvo una verdadera historia de amor hasta que llegó a unirse en matrimonio con esta.  Ambos hicieron lo posible para escapar a la frontera con Canadá para llevarse a su hija al mundo libre, pero bruscamente fueron separados los tres y luego Luke tuvo que vérselas por su cuenta para tratar de recuperar a su familia.

Moira: La mejor amiga de June desde hace años y antes de que todo se fuera al carajo, es una mujer de naturaleza impetuosa, que también fue sometida a convertirse en criada, yendo a parar junto con su compañera al mismo centro donde preparaban a las “bendecidas” para formar parte de este ministerio.  Pese a su lesbianismo (considerada una traidora a su género y por ello una criminal), no se la mandó a cumplir condena a las llamadas Colonias, donde llegan todos los considerados culpables de las peores infracciones morales para Gilead, pues como mujer fértil aún puede “redimirse”.

Janine: Primero llamada Dewarren y luego Dedaniel tras haber sido entregada a otra familia, luego de haber concebido un hijo para la primera de ellas, es una mujer que fue castigada poco después de ser sometida por los de Gilead, dejándola tuerta por un pequeño acto de rebeldía.  La afrenta a la que se le sometió y que mancilló su otrora hermoso rostro, la dejó en tal estado de insanidad mental, que a lo largo de la temporada se transforma en el mejor ejemplo de las víctimas que llegan a ser las criadas dentro de esta antiutopía.  June siente hacia ella una tremenda compasión y ambas se consideran amigas, relación que refuerza el tema de la fraternidad en esta obra.

Emily: Primero Deglen y luego Desteven, fue la primera compañera de compras de June, ya que a las criadas se les adjudica una para que se vigilen mutuamente.  En un principio June cree que esta es otra fanática del sistema, no obstante luego se entera de que en realidad es miembro de la resistencia conocida como Mayday, en la que la inicia.  Emily resulta ser otro de los grandes personajes de la serie, entregando al espectador varios momentos inolvidables (la verdad es que son los protagonistas femeninos los que más destacan en El Cuento de la Criada, debido también en parte a que las actrices que las interpretan, son dignas de los mayores elogios).

Tía Lydia: Las tías son mujeres que cumplen el rol de educar, vigilar, cuidar, aconsejar y castigar a las criadas.  Tía Lydia es la de mayor peso entre estas.  Se trata de una mujer mayor de apariencia dura, una verdadera creyente en los dogmas de Gilead, entregada en cuerpo y alma a lo que considera como su sagrado deber.  No obstante, tal como ya lo afirmé mucho más arriba, ella no es alguien representada de forma maniquea, sino que también podemos reconocer en su persona a una mujer que mantiene su lado maternal y quien también es capaz de demostrar dulzura pese a todo.  Sus atenciones con la desequilibrada Janine, otorgan otras escenas de inmensa emotividad a la serie. 
Nick: Empleado de los Waterford, es un hombre de pocas palabras que en su rol de chofer del comandante, conoce varios de los secretos de este y de su esposa.  Supuestamente es un ojo, o sea, un espía que debe vigilar a todo el mundo en caso de cometerse alguna infracción contra las leyes de la patria.  Desde un principio queda claro un tipo de atracción mutua con June, lo que origina una parte importante de los vuelcos argumentales del programa.


                                            Tráiler subtitulado de la primera temporada.
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