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jueves, 4 de enero de 2024

Recordando cosas que a (casi) nadie le importa.


      El 2023 se fue más rápido de lo que esperaba y supongo eso fue porque en general lo disfruté y si es así, se lo agradezco a Dios, como también a las distintas personas que me ayudaron a que ello fuese posible.  Cuando ya estoy en el primer día del 2024, descansando en casa y luego de la celebración de fin/comienzo de año, y tras haber dormido mucho, como en anteriores periodos como este, me dispongo a revisar lo que fue la recién pasada temporada para el Cubil del Cíclope (¡Cada vez me parece estar más en medio de ese “futuro”, que pensaba de niño, con todos estos adelantos científicos de hoy en día, usándolos de la manera más común y que en su momento algunos apenas soñé que se vendrían!).  Hay unas cuantas cosas que contar y rememorar, a ver a quién le interesa, claro…
     Como siempre, el título que puse a este texto me lo pensé más de una vez, que su sentido no es gratuito y bien tiene su razón de ser: Este año tuve una crisis con mi blog y por primera vez desde que lo comencé hace más de una década, estuve pensando en dejarlo de lado ¿Por qué digo esto? Pues debido a que me desmoralicé, al comprobar que cada vez recibo menos visitas y lecturas, para qué hablarles de los comentarios, que apenas dejan y hay unos cuantos posts que ninguno tienen; esto me desanima muchas veces o, al menos en cierto momento, me desmotivó lo suficiente como para estar a punto de dejarlo (si mis propios “amigos históricos” no me leen, algo que en más de una ocasión ya lo he dicho por acá, que antes algunos de ellos sí le dedicaban su tiempo a este proyecto mío y por lo mismo me resultan más penosas sus ausencias).  Uno procura compartir siempre con quienes quiere, aquello que los hace felices, me refiero en especial a sus “proyectos” y en ese sentido, si uno lo hace con los otros, también hay que devolver la mano ¿No? Por lo mismo, agradezco a los pocos que todavía valoran esto que hago y que me alegran pasándose por acá, quienes me han demostrado que sí aprecian de corazón lo que hago; al respecto, quiero dar nuevamente las gracias a Ricardo Ruiz, mi querido amigo trasandino, de ya más de dos décadas desde que supe de la existencia de Insomnia, una tremenda revista virtual dedicada a Stephen King, nuestro escritor favorito (¿Estoy bien en la cantidad de tiempo considerada? Por otro lado, agrego que mi compadre, de vez en cuando, agrega algunos de mis escritos a su publicación y de ese modo mi crítica para la antología Vamps forma parte del número 296, aparecido el año pasado) y a quien espero conocer algún día en persona (hoy en día, nos mantenemos en contacto de forma periódica gracias al guasap); lo mismo digo para Eduardo Gacitúa, con quien tuve el gusto de trabajar el año antepasado y que luego se convirtió en el único amigo verdadero que llegué a hacer en el Balmaceda (donde ahora ya voy para los cinco años allá); por último, mis más sinceros agradecimientos a Jorge Lorca, compañero de mi época de universitario en los noventa, con quien me reencontré luego de no saber de él por más de veinte años, quien también entiende esto que significa “trabajar” en un blog (aunque no somos colegas en esto, je).  Respecto a este tema, lamento haber perdido esos lectores que antes daba gusto tener por acá, algunos que claramente perdieron el interés (pienso en “alguien” en especial cuando escribo estas palabras) y otros que se ausentaron cuando cerraron sus propios blogs, desapareciendo por completo de estas redes sociales cada vez más arcaicas (¿Qué habrá sido de Tomás Rivera y de su maravilloso Kindlegarten y de Guillermo Ríos, creador de la enciclopédica Guillermocracia, entre otros?); al respecto, no puedo dejar de extrañar a mi amigo Eduardo Romero, más conocido como Cidroq por estos lares, quien nos dejó hace ya cinco años y el cual fue mi más fiel lector (su blog El Cuchitril de Cidroq, era toda una fuente de inspiración para mí).

Celebrando el Nuevo Año 2024 con a mi mamá y a mis bebés Brunito y Amilcar.

     En año pasado solo escribí y publiqué 65 “entradas”, que como en temporadas anteriores algunas correspondían a un mismo texto dividido en, por lo general, dos partes (para que no se vieran tan extensos y/o fuese tedioso leerlos a los posibles lectores).  En el tiempo que llevo dedicado al Cubil del Cíclope, este fue el tercer año con menos publicaciones, que le antecede 2012 con apenas 53 en total.  La razón de tan pocos escritos a mi haber, si se lo compara los años más productivos, viene a ser el poco tiempo que me quedaba para dedicarme a esto, debido a mi extensa carga horaria laboral (entro todos los días a las 08:30 y termino a las 18:00, menos los viernes, que solo entonces me toca a las 17:00); que luego me voy a entrenar y llego a la casa en la noche, ya rendido.  Igual el año pasado tomé la costumbre de llegar directo a mi hogar, los días viernes para echarme una reponedora siesta, que puede durar entre una a tres horas, según qué tan cansado ande.  Por lo mismo, por lo general escribía durante los viajes largos a la “pega”, que como no tengo auto, lo hago en el vehículo que tomo para llegar a mi destino o a veces los fines de semana en casa.  Los meses que apenas le dediqué tiempo a todo esto, fueron justamente en vacaciones, en febrero con apenas un post y que fue justamente cuando me desilusioné con mi página (que en parte la broma de un amigo, que siempre se toma a “gracia” lo que hago, me quitó todas las ganas por esas fechas de escribir) y julio, en pleno descanso de invierno (solo quería “evadirme” de otra forma, que andaba con un par de penitas por mi situación laboral y amorosa) … ¡Y he ahí por qué tan poco inspirado anduve! Menos mal que luego me recuperé (en parte).
     Entre lo que hice el 2023 para el post, dentro de los textos que realicé, diecinueve estuvieron dedicados a libros que leí en el transcurso de ese periodo (salvo el primero, que fue la segunda y última parte de mi revisión, del tercer tomo de la antología de ciencia ficción Visiones Peligrosas, a cargo de Harlan Ellison).  El resto corresponde a los dos autoretos que me autoimpuse y que en una primera instancia estuvo dedicada a ensayos (ñoños, claro) y luego a mujeres cuentistas; cabe mencionar que disfruté mucho de estas lecturas, salvo el libro de Ursula K. Le Guin, que en general me aburrió como ostra (Las Llaves del Aire).  Entre medio hice un trío de excepciones, una de ellas la novela La Casa de los Espíritus de Isabel Allende, que me la leí por tercera vez, pues se la di como lectura a mis estudiantes y deseaba repasarla; asimismo, los otros dos paréntesis estuvieron dedicados a sendos libros escritos por mis amigos Miguel Acevedo y Jorge Lorca, Los Sicarios Nocturnos y otros relatos y Los Filósofos Cínicos respectivamente (con posterioridad, los hitos que fueron estas obras, que fueron muy de mi agrado, me llevaron a querer realizarles “exclusivas” entrevistas, a las que bien se puede acceder a través de esta humilde página).  Cabe mencionar que no dejé de leer cómics, como bien me gusta hacer, aunque esta vez a ninguno le realicé su respectiva crítica (si bien tengo la idea de brindarle unas cuantas líneas a Maus, que espero concretarlo en enero, sin falta).   Leí en total trece libros, unos más extensos que otros, entre no ficción y narrativa (igual pocos teniendo en cuenta otros años).

El día del lanzamiento del libro de mi amigo Jorge Lorca,
posando con su libro.

     De las películas que vi en 2023, escribí sobre todas las de superhéroes que estrenaron en las salas de cine, aunque todavía estoy en deuda con Aquaman y el Reino Perdido, otra entrada que pretendo realizar en los próximos días.  Cabe mencionar que, en materia del subgénero de justicieros, me parece que lejos DC estuvo más parejito en calidad respecto a su competencia y, por lo mismo, me indigna bastante que tanto idiota insista en hablar a priori denostándolas o exista todo un complot en contra de estas producciones.  Por lo mismo, cuando me tocó realizar mi entrada número 1000, poco tuve que cranearme para que mi revisión de Blue Beetle, fuese el texto que justo calzara con dicha celebración.
     De los otros filmes que tuve la dicha de contemplar el año pasado, solo a la última cinta de M. Night Shyamalan, Llaman a la Puerta, le hice un escrito… ¡Y es que me impactó bastante! En verdad lamento no haberla podido ver en pantalla grande, que poco estuvo en cartelera por acá.  Igual en las últimas semanas, me vi un par de pelis de terror que me sorprendieron mucho y que me han llevado a pensar escribir sobre ella (¡Nunca me falta inspiración!).

Ñoñeando con mi amigos el escritor Miguel Acevedo y Eduardo Gacitúa.

     Las series que me acompañaron en 2023, también están en el Cubil del Cíclope, destacando shows dedicados a la franquicia de Star Trek y Star Wars.  En el primer caso, no podía dejar de expresarme sobre la tercera y última temporada de Picard, que tan hondo me caló en el corazón; la cuarta temporada de Discovery, también estuvo presente y los títulos que fueron más que gratos descubrimientos fueron Strange New Worlds y Lower Decks, que me fascinaron a un nivel que no me esperaba.  En cuanto a la “competencia”, por fin me puse a ver Andor, lejos entre lo mejor que aprecié el año pasado y que creo es lo más potente de todo Star Wars en décadas; la tercera temporada de The Mandalorian, por igual tiene su crítica por acá y The Clone Wars es otra más en esta lista, siendo este un espectáculo animado que también superó mis expectativas.   No puedo dejar de mencionar que tuve la intención de revisar por acá Babylon 5, uno de mis programas favoritos desde mi juventud en los noventa, que me repetí entre finales del 2022 y comienzos del 2023; sin embargo, solo llegué hasta la segunda temporada con mis revisiones, que fue justo para cuando andaba desmoralizado y al final me agarró la “máquina” de las obligaciones, por lo que ya perdí el propósito de escribir más al respecto.
     A diferencia de lo anterior, la tercera temporada de The Witcher fue una tremenda decepción (y desperdicio).  En cambio, la miniserie Misa de Medianoche me sobrecogió por completo (aunque estuve pendiente de ella a finales del 2022) y por lo mismo tengo deuda con otras tres miniseries de su creador, Mike Flanagan, de quien me vi el año pasado La Maldición de Hill House, La Maldición de Bly Manor y La Caída de la Casa de Usher, que considero verdaderas obras maestras (en especial las dos últimas) y de igual manera debería escribir sobre ellas.  Por otro lado, 2023 fue, además, mi reencuentro con The Big Bang Theory, una de mis series más queridas y que retomé en julio del año pasado desde el principio, para así por fin acabarla; en estos momentos estoy a pocos episodios de terminarla, idea que igual me produce algo de penita, de modo que he ido graduando mis pasos hacia su final.
     Como sucede todos los años, lamentablemente, me tocó despedir a unos cuantos “famosos”, que a lo largo de mi vida se hicieron valiosos, gracias a sus aportes al arte.  Todavía tengo pendiente escribir acerca de Keith Giffen, destacado guionista y dibujante de cómics, que realizó varios trabajos que amo mucho (falleció el 9 de octubre); no obstante, sí llegué a hacer mis elegías para gente como Julian Sands, Ray Stevenson, John Romita Sr., Kevin Conroy y Angelo Badalamenti (estos dos últimos fallecieron en 2022, pero me atrasé en despedirlos).  Me pregunto qué nos deparará el 2024, que recién está en sus inicios.
    Algo que no hacía desde hace rato, fue escribir un microcuento y esta vez lo hice basándome en un sueño que tuve.  Gato Onírico se llama.  Asimismo, compartí dos documentos hechos para mi labor como docente, primero la versión teatral de El Vaso de Leche, que realicé para que algunos alumnos míos la representaran y un par de discursos que tuve que dar en sendos eventos del colegio. 
    Otro texto que deseo destacar es el que hice acerca de la puesta en escena de Hijos del Cauce, magnífica pieza teatral que tuve el gusto de apreciar con mi regalón Amilcar, mi sobrinito que con solo 14 años, ya disfruta bastante de este tipo de arte.  La obra fue lo suficiente impresionante para los dos (y el resto del público, según pude percibir), como para que no me aguantara las ganas de compartir mis impresiones al respecto.  Espero que en 2024 podamos gozar Amilcar y yo de varios otros títulos como este.
    Harto escribí igual y ojalá este año supere la cantidad de posts del 2023, aunque procurando siempre mantener la calidad (hasta donde me den mis propias capacidades, claro).  Tengo pensado retomar mi querida serie de entradas de Así era en mis tiempos, bajo un tema que me produce muy bellos recuerdos y realizar al menos dos entregas más de Pecados de Omisión, que todavía me quedan unos cuantos títulos que mencionar (incluyendo una dedicada a los cómics). 
    Se me estaba olvidando… ¡En 2023 El Cubil del Cíclope cumplió nada menos que doce años!
    Bueno, he atrasado más de la cuenta este primer post del año 2024 (Me carga esa manía que sacaron de llamar ahora a estos años veinte veinticuatro, por ejemplo ¡Qué cursí!) y es que comencé a redactar estas palabras en la tarde del 1° de enero y solo ahora, en la mañana de este día 4, he logrado acabar el presente texto.  De antemano, gracias a quienes se han detenido en la página y, en especial, a los que me han comentado.

Juntos a mis alumnos de la asignatura de Taller de Literatura 3A, antes de la función de
El Vaso de Leche.

miércoles, 4 de octubre de 2023

El Vaso de Leche (adaptación teatral)


Nota: El cuento El Vaso de Leche de Manuel Rojas es uno de mis favoritos y hace rato que deseaba montar junto a mis alumnos una versión teatral.  Es así que este año, no solo les di a un grupo de estudiantes la lectura del texto (en el Primer Semestre), sino que hace un par de semanas, les encomendé la labor de adaptarlo al lenguaje dramático, aprovechando que en la asignatura que hago de Taller de Literatura (en Tercero Medio) les tocaba crear una obra de teatro social.  Di la actividad para hacerla en pareja, con una rúbrica lo más elaborada y clara posible, además de explicarles antes cómo era el lenguaje teatral, sus características y elementos, incluyendo revisando con ellos varios ejemplos.  Considerando todo lo anterior y mis altas expectativas en los estudiantes, cómo mínimo un trabajo de los que recibiría, tendría que ser adecuado para usarlo como material en la puesta en escena hecha por los mismos chicos, que en noviembre debemos presentar frente a buena parte del colegio; sin embargo, esto no fue así y al final me vi obligado a hacer yo mismo una adaptación.  La escribí en unas cuantas horas ayer y hoy en la mañana la revisé e hice correcciones.  Los diálogos incluidos por mí en general son breves, para que no les sea difícil aprendérselos a los actores "escolares". Tal como debían realizarlo mis condiscípulos, le agregué a los 6 personajes que posee, 4 más, aparte de crear nuevos diálogos y acontecimientos, haciendo lo posible por respetar el sentido de la historia original (sin olvidar las citas textuales de rigor); por supuesto que no merezco ni abrocharle los zapatos al gran Manuel Rojas, pero acá les comparto lo que hice con todo mi aprecio a este relato, que siempre me emociona.  Ojalá todo salga estupendo, que esos mismos chicos de los que les hablé, deberán actuarlo y montar todo el espectáculo al respecto.

                                                                      **************

El Vaso de Leche

(adaptación teatral del cuento homónimo de Manuel Rojas)

 

Dramatis Personae.

 

Joven

Marinero gringo

Marinero chileno 1

Vagabundo

Marinero chileno 2

Borracho 1

Borracho 2

Capataz

Ladrón

Vejete (cliente)

Dueña de la lechería

 

     El escenario representa un puerto, con el mar de fondo y un barco atracado.  Se observan otros objetos relacionados con el ambiente, pueden ser un poste de luz y unas cuantas cajas de mercadería que se han bajado de los barcos, así como gaviotas y pelícanos de utilería.  A un costado, una lechería (restaurante o cocinería), pintada de blanco y grandes ventanas; este edificio ocupa al menos la mitad del escenario. 

Acto I 

Escena 1

(joven y marinero chileno) 

Marinero chileno (se pasa la mano por la frente, como sacándose el sudor): ¡Uf, largo estuvo el viaje! ¿Cierto?

Joven: Claro, nunca pensé que todo fuese tan pensado.

Marinero chileno: ¿Tienes dónde quedarte?

Joven: Para serte sincero no, soy de otro lado.

Marinero chileno: ¿De dónde, cumpa?

Joven: La verdad es que prefiero no hablar de mi pasado.

Marinero chileno: Ummmm, comprendo.  Supongo que estás probando suerte y deseas comenzar desde cero.

Joven: Exacto.

Marinero chileno: Bueno, acá se separan nuestros destinos.  Espero que en algún momento nos volvamos a encontrar.   Te deseo lo mejor en tu futuro.

Joven: Gracias.  Y yo también espero lo mejor para ti.

(ambos se dan la mano de forma muy estrecha y luego el marinero chileno sale de escena) 

Escena 2

(Joven) 

(El Joven mira hacia el mar y avanza después, caminando por la orilla del muelle con las manos en los bolsillos, distraído o pensando y luego tararea una canción).

Escena 3

(Joven y marinero gringo)

Marinero gringo (Lleva en una mano un envoltorio con un sándwich mordido solo en parte; en la otra lleva una pipa, que se pone en la boca de vez en cuando.  Se detiene y ve al joven que se encuentra en el centro, mirando hacia abajo en actitud de aburrimiento y le grita de forma amistosa): I say; look here!

Joven (levanta la cabeza como sorprendido): Hello! What?

Marinero gringo: Are you hungry?

(Se produce un breve silencio, durante el cual el joven parece reflexionar y hasta da un paso corto hacia el marinero, como para aceptarle su ofrecimiento; luego se dirige al marinero con una sonrisa triste).

Joven: No, I am not hungry! Thank you, sailor.

Marinero gringo: Very well.

(El marinero escupe al suelo y se lleva la pipa una vez más a la boca.  El joven se aleja de su lado y se queda apoyado en algún lado del escenario, en actitud de avergonzado; en algún momento hace un movimiento, como si se arrepintiera de su anterior negativa y estuviera a punto de aceptarle al gringo la comida).

Escena 4

(Joven, marinero gringo y vagabundo) 

(Aparece un vagabundo vestido de harapos, grandes zapatos rotos y barba y pasa frente al marinero, quien le grita cuando se encuentra a metros de distancia suya)

Marinero gringo: Are you hungry?

Vagabundo (mira con avidez del envoltorio que lleva en una mano el marinero y le responde con rapidez retorciéndose las manos): Yes, sir, I am very hungry!

Marinero gringo: Ok, mister (entonces le tira el paquete y este es agarrado sin problemas por el vagabundo, quien se sienta en el suelo a comérselo con muchas muestras de placer)

Escena 5

(sale el marinero gringo y se quedan los otros dos) 

Joven (se acerca al vagabundo y se lo nota que quiere probar de ese bocado): ¿Está rico?

Vagabundo: ¡Para rechuparse los dedos! ¿Quieres algo?

Joven: Ummmm, no, gracias.

Vagabundo: Tú te lo pierdes.

Fin del Acto I

(se cierra el telón) 

Acto 2 

     Mismo escenario de antes, pero esta vez donde se ubica el barco, se ven muchas más cajas apiladas que antes.   Ahora sobre el mar aparecen una luna y estrellas, pues es de noche. 

Escena 1

(joven, marinero chileno 2 y capataz) 

Marinero chileno 2 (quien carga ayudado del joven y a duras penas una gran caja): ¡Vamos, vamos que se puede!

Joven: Es que ya llevamos horas sin descansar y tengo las manos peladas de tanto llevar peso.

Marinero chileno 2: No te quejes tanto y alégrate de tener trabajo mejor, hombre, que haragán me saliste (se ríe de su ocurrencia, aunque sin malicia)

Joven: Pero si todavía no veo la plata ganada por esto.

Marinero chileno 2: Paciencia, paciencia, que valdrá la pena.

Joven: Para ti es fácil, que al menos tienes dónde quedarte.

(desde otro lado está el capataz, que los miraba hacer su labor y cuando estos ya han dejado la caja en el suelo se acerca a ellos).

Capataz: Estamos bien por ahora.  Ya se pueden ir y mañana seguimos a la misma hora de hoy.

Marinero chileno 2: Así será, patroncito.  Hasta mañana.

Capataz y joven: ¡Hasta mañana! (sale el marinero)

Escena 2

(joven y capataz)

Joven (se seca el sudor de la frente y habla tartamudeando): Señor capataz, necesito hablar con usted.

Capataz: Dígame, en qué puedo ayudarle.

Joven: Este…Yo…Quisiera…

Capataz: ¡Ya pues, no me haga perder el tiempo! Mire que me están esperando en casa mi mujer con los cabrochicos.

Joven: Entiendo.  Bueno, con mucho respeto, yo…Quisiera pedirle mi paga ahora o al menos un adelanto por lo realizado hasta el momento.

Capataz: ¿Su sueldo ya? ¿Un adelanto? ¡Imposible! Solo se paga al final de toda esta labor y ello será mañana, luego de que carguemos por completo el barco con esta mercadería.

Joven: Es que ya no aguanto más el hambre y estoy desde ayer sin mascar algo.

Capataz:  Si quiere le presto un par de lucas.

Joven: No es necesario.  Gracias.

Capataz: Allá usted con lo que hace.  Nos vemos (se va).

Escena 3

(joven y dos borrachos) 

(antes de que se vean a los dos borrachos, se les oye cantar alegres entre hipo e hipo, cada uno con una botella de vino en la mano y afirmados del hombro, tambaleándose).

Borracho 1: Así po´, compadre, el gallo quería hacerse el pillo conmigo y no sabía na´ la chichita con la que se estaba curando.

Borracho 2: ¡Güena po´, gancho, si uno en la vía tiene que ser entero choro si quiere salir adelante! ¿Viste cómo me va bien sin tener que agacharle el moño a nadien?

Borracho 1: Claro que sí, si yo te admiro con toda mi alma.  Vamos, brindemos por la amistad y los choros.

Borracho 2: ¡Salud, mi huacho! (entrechocan ambos sus botellas y se echan un trago.  Luego se quedan mirando al joven que estaba sentado apoyado en una de las cajas).

Borracho 1: ¿Y, vo´, de dónde saliste?

Joven:  Buenas noches.

Ambos Borrachos: ¡Güenas noches!

Borracho 1: ¿Se sirve una copita con nosotros, cumpa?

Joven: No, gracias, yo no bebo.

Borracho 2: ¡Ay, salistes pituco parece!

Borracho 1: Sí, parece que este otro se cree vío… ¿Te vay a picar a choro también conmigo?

Joven: Perdone si lo ofendí, lo que pasa es que no he comido nada y si tomo con el estómago vacío puede ser peor para mí.

Borracho 2: Puchas que tay jodío, oie.

Borracho 1: Si querís nos acompañay y cuando lleguemos a mi casa nos comimos una rica cazuela.

Joven: Ummmm, sería bueno, pero tengo un compromiso y no puedo faltar.

Borracho 2: Usté sabe lo que hace.  Nos vamos nosotros entonces. Chao.

Joven: Chao y gracias en todo caso.

Fin del acto II

(se cierra el telón) 

Acto III

Ha salido el sol. Afuera de la lechería hay dos mesas con manteles blancos y objetos tales como salero, azucarero, servilletero y otros, más dos sillas cada una a su alrededor.   Sentado en una de ellas, hay un hombre ya mayor, que lee el diario, mientras solo tiene consigo un vaso de leche a medio terminar; el otro mueble está desocupado.   Al lado de la puerta, vemos lo que parece un mostrador, detrás del que se encuentra la dueña del lugar, quien se dedica a labores como limpiar la superficie, preparar algo para un posible cliente o algo de ese estilo. A un costado, por donde se aprecia el barco, se encuentran un tipo de apariencia sospechosa y el joven que ya conocemos, ahora durmiendo, sentado sobre una caja.

Escena 1

(joven y ladrón)

Ladrón (sigilosamente se acerca a donde el durmiente y le toca el hombro): ¡Shist, shist!

Joven (despierta de un sobresalto): ¡Chuta!

Ladrón: No se me asuste, oiga ¿Sabe? Hace rato que le vengo echando el ojo.

Joven: ¡Ah! ¿Sí? ¿Y qué quiere usted conmigo? Mire que no me da confianza.

Ladrón: Haciéndose la mosquita muerta conmigo, mire que no se le ve que esté en sus mejores momentos, oiga.

Joven: Puede ser.  Dígame ¿Qué quiere conmigo?

Ladrón: ¿Pues cacha a ese vejete que está sentado ahí adentro? (indica con un dedo al hombre que se encuentra leyendo “dentro” de la lechería)

Joven: Claro ¿Y qué hay con él?

Ladrón: Que me lo podría distraer cuando salga del lugar, para así yo carterearlo y luego nos repartimos el botín.

Joven: Yo no le hago a esas cosas malintencionadas, oiga.

Ladrón: No te vay a ir de sapo, po´.

Joven: No soy sapo, sino que un hombre honrado.

Ladrón: Sí, seguro y yo soy el Rey de Roma.

Joven: Ni se le ocurra acercarte a ese caballero, que acá estoy yo para evitar que andes haciendo de las tuyas.

Ladrón: Seguro me vay a ganarme.

Joven: ¿Quién sabe? O mejor llamo a los carabineros a gritos, a ver si se le quitan las ganas de andar robando… (poniendo las manos alrededor de la boca como haciendo bocina) ¡Carabinero, carabinero!

Ladrón: ¡Cállate, longi, si serás gil! (le pega un puñete en el estómago y sale corriendo.  El joven se reclina y agarra el vientre dando grandes muestras de dolor).

Escena 2

(joven, cliente y dueña) 

Joven (ya algo más compuesto, el joven se queda mirando al cliente, quien sigue en lo suyo ignorante de lo que pasa “afuera”): ¡Tengo hambre, hambre, hambre! Un hambre que me doblega como un latigazo; veo todo a través de una niebla azul y al andar vacilo como un borracho. Sin embargo, no he podido quejarme ni gritar, pues mi sufrimiento es obscuro y fatigante; no es dolor, sino angustia sorda, acabamiento; me parecía que estoy aplastado por un gran peso. Iría a comer a cualquier parte, sin pagar, dispuesto a que me avergonzaran, a que me pegaran, a que me mandaran preso, a todo; lo importante es comer, comer, comer.  No pienso huir; le diré a la dueña: "Señora, tenía hambre, hambre, hambre, y no tengo con qué pagar... Haga lo que quiera” (se dedica a pasear de un lado a otro, desesperado y se detiene otra vez mirando al hombre sentado) ¡Qué diablos leerá con tanta atención! Me dan ganas de entrar y decirle algo fuerte que le obligue a marcharse, una grosería o una frase que le indique que no tiene derecho a permanecer una hora sentado, y leyendo, por un gasto tan reducido.

Cliente (se para de su puesto): Gracias por todo.  Estaba muy rico.  Llevaré lo de siempre para mis nietecitos.

Dueña: Un gusto como siempre tenerlo por acá y saludos a su señora y a los pequeños (le entrega una bolsa de papel con algo adentro, lo que de seguro es lo que acostumbra el hombre a llevar consigo).

Cliente: Nos vemos pronto, entonces.  Que sea una jornada estupenda y le llueven los buenos clientes.  A ver si para la próxima le traigo a los chiquillos, para que prueben sus deliciosos dulces caseros.

Dueña: Acá estaremos esperándolos.

Cliente (pasa por el lado del joven): ¡Con permiso y buenos días!

Joven (se nota la irritación en su voz): Buenos días.

Escena 3

(joven y dueña)

(la dueña ha estado limpiando la mesa del cliente que se fue.  El joven entra con aire de preocupación y se detiene, como dispuesto a devolverse a la calle; luego sigue su camino y se tropieza con la silla donde estaba sentado el anciano.  Al rato se sienta en una de las sillas de la mesa que estaba desocupada desde antes).

Dueña (va a donde el joven y limpia con un paño la mesa que ocupa): Buenos días ¿Qué se va a servir?

Joven (apenas se atreve a levantar la mirada para hablarle): Un vaso de leche.

Dueña: ¿Grande?

Joven: Sí, grande.

Dueña: ¿Solo?

Joven: ¿Tiene magdalenas?

Dueña: No; galletitas.

Joven: Bueno, galletitas (apenas se dirige al mostrador la señora, el joven se restriega las manos sobre las rodillas y se saborea).

Dueña (vuelve y coloca ante el joven un gran vaso de leche y un platillo lleno de galletitas, dirigiéndose después a su puesto detrás del mostrador para seguir en sus ocupaciones de antes): ¡Que lo disfrute!

(el joven mira hacia la mujer asustado, pero esta lo ignora dedicada a sus labores. Toma el vaso de un impulso y está a punto de beberse todo, cuando se arrepiente y lo deja sobre la mesa.  Luego suspira y entonces toma una galleta y la moja en la leche.  Comienza a saborear bocado a bocado una galleta y otra, siguiendo el mismo proceso, hasta que se las acaba todas.  Por último, se toma de un solo sorbo lo que le queda de leche. Se queda quieto unos segundos y entonces su cuerpo comienza a agitarse, hasta que comienza a sollozar con la cabeza afirmada en las manos, los codos apoyados sobre la mesa).

Dueña (ha ido hasta donde el joven, que ahora llora en silencio y detrás de él, le acaricia la cabeza): Llore, hijo, llore… (le entrega un pañuelo blanco, que saca de un bolsillo de su delantal o pantalón, para que se limpie el rostro; entonces se retira hacia detrás del mesón o mostrador y prepara otro vaso con leche y platito con galletas, para llevárselo al joven, mientras este se encuentra con la cara tapada por sus dos manos, en el proceso de tranquilizarse.  El joven comienza a limpiarse y luego alza el rostro hacia su mesa, encontrando lo que le han llevado y demostrando una grata sorpresa; mira a la mujer, quien ahora le da la espalda, como si estuviera rezando y entonces se dispone a disfrutar de sus alimentos).

Joven (ya terminada la segunda ronda de comida, se levanta): Muchas gracias, señora; adiós…

Dueña: Adiós, hijo…

(el joven sale de la lechería y se detiene ahora “afuera” con los hombros firmes, mirando hacia el público, con su faz serena y digna durante unos segundos).

 

FIN

miércoles, 19 de abril de 2023

Toda vida es un espectáculo.


1. Verano.
 
    Voy al teatro seguido, dentro de lo posible, con mi sobrinito Amilcar de 13 años.  Desde los 7 años, más o menos, que lo llevo al Anfiteatro Bellas Artes, lugar muy querido por ambos.  Aprovechamos en especial el festival de artes escénicas de Teatro a Mil, que se hace en enero en todo el país, pues en dicho lugar siempre mantienen una cartelera atractiva, en especial para ver junto a un menor de edad (hay que estimular el interés de un niño por estas expresiones culturales ¿No?).  Este verano nos vimos, entre otros títulos, La Historia Invisible, siendo justamente la última que disfrutamos antes de entrar a clases, pocos días antes de comenzar el actual año escolar.
    Una compañía de teatro proveniente del Puerto de Valparaíso, con el curioso nombre de Hypókritas, estrenaba en las dependencias de nuestra sala favorita la historia acerca de una amistad entre un anciano solitario y una niña inmigrante haitiana (representada por una marioneta y manejada por una actriz, quien es la única otra actriz que comparte el escenario junto a quien hace del otro personaje).  De unos 50 minutos de duración, como es costumbre entre los títulos dirigidos al público infantil, La Historia Invisible nos retrata tanto el Chile actual, como nos lleva a reflexionar y emocionarnos con sus diálogos chispeantes y personajes. Hay humor y ternura detrás de esta pieza, que hasta lagrimita me sacó.

2. Otoño.

    Por completo en un tono diferente, a la obra apreciada a fines de febrero junto a mi niño, el recién pasado fin de semana la misma gente de Hipókritas nos trajo Hijos del Cauce, un espectáculo de esos que da gusto ver en vivo, inspirado en la novela autobiográfica El Río de Alfredo Gómez Morel (1917-1984).  El libro cuenta sobre la infancia y juventud de su autor, quien nació en la miseria (hijo de una prostituta de mala muerte), pasando sus primeros años por el abuso de menores y la vida como niño mendigo bajo el puente del Río Mapocho; luego nos muestra sus primeros pasos en la delincuencia, que lo llevan a caer varias veces preso.  El tomo, que forma parte de una trilogía, se publicó siendo su Gómez Morel ya un adulto, estando aún en prisión y hasta fue traducido al francés con un prólogo de nada menos que Pablo Neruda.  Lamentablemente, el escritor no consiguió la notoriedad correspondiente (nadie es profeta en su tierra) y murió en el olvido y nuevamente en la pobreza (intentó que la dictadura de Pinochet lo apoyara económicamente, craso error, porque en ningún caso a un "paria" como él, le prestaría su apoyo un gobierno dirigido a la élite).


Alfredo Gómez Morel

3. Invierno.
 
   Hijos del Cauce consigue armonizar el drama detrás de una vida dura, como la del autor de El Río (1962) , con el despliegue audiovisual en vivo y ser capaz, gracias a lo anterior, de cautivar a una audiencia hambrienta de un show de calidad.  Con varios actores en escena (cerca de unos 10), quienes hacen más de un papel en su desarrollo (destacando las mujeres con su travestismo y caracterizaciones tan diversas entre sí), incorpora cantos, bailes, humor y un lenguaje que combina a la perfección la prosa poética, con el habla inculto e informal, propio del coa (de la cárcel y el lumpen, que recordemos la mayoría de sus personajes pertenecen a los "bajos fondos").
    Destacable resultan ser los recursos dramáticos y escénicos, que, con una escenografía sencilla, manejada con gran plasticidad física de parte de los actores (apoyados también por diálogos y monólogos potentes), nos representan lo más escabroso del argumento, sin ser tan gráficos y pese a todo tan claros en su mensaje (en especial en lo que concierne a la violencia sexual).
    La hora y medía que dura aproximadamente, se pasa en completa atención y diversión, sin dejar de llevamos a la reflexión: cuánto nos puede transformar la miseria en cada una de sus aristas, en especial la violencia y la pobreza, así como qué tan difícil o posible es escapar de su círculo vicioso (representado no solo en el protagonista de la historia, sino que también en la mujer a la que este ama).  Debido a lo anterior, por mucho que haya cierta resiliencia en el protagonista, no estamos acá frente a una historia de corte esperanzador, si no que el tono más amargo se mantiene debajo de la poca ternura y la chispeza que se aprecia a simple vista.
    El argumento examina valores como la amistad (entre hombres y en las peores condiciones), la lealtad y el honor.  La soledad y la decadencia de las instituciones (iglesia, estado, ley y orden), también son abordados por esta joyita del teatro actual nacional.
 
4. Primavera.
 
   Vi esta obra junto a mi sobrinito Amilcar, el único menor de edad en la función y quien solo pudo entrar a verla porque cumplía con el requisito de edad mínima (pues, además, ya lo ubicaban por ser "cliente frecuente", aparte de conocer mi identidad de profesor).  Algo le dije antes sobre de qué iba este espectáculo, cuando íbamos en camino a verlo, que no se trataba de uno de carácter infantil, sino que de temática social (ya estoy viendo con él filmes y series más serios y/o violentos, que uno mismo de niño lo hacía solo o con sus pares, sin un adulto que lo retroalimentara y guiara).
    Mi guaguita quedó fascinado con todo, aunque de seguro, en gran parte, porque una cosa es contemplar una peli o una serie sobre la vida dura y otra ver un espectáculo en vivo sobre el mismo tema y a pocos metros del escenario, más encima.  Cuando todo acabó, Amilcar se puso de pie por su propia cuenta, para ovacionar a los artistas y nadie más, incluso yo mismo, lo hizo (pese a que se notaba el gran efecto positivo que provocó en toda la audiencia).
    Hijos del Cauce se volverá a presentar este próximo fin de semana, en el mismo Anfiteatro Bellas Artes, los días 22 y 23 de abril, a las 7 de la tarde.  Como siempre, tal como es tradición en el lugar, un payaso muy gracioso y simpático (Moñito de las Mercedes, la mayor parte de las veces) es el anfitrión y presenta de manera bastante agradable a los artistas que saldrán a escena, haciendo participar al público antes de la obra.  No hay venta de entradas, pues el sistema de retribución económica es "a la gorra" (pero "que no suene"), ya que la idea es que la actividad sea "democrática" y cada uno pague lo que pueda, aunque de forma consciente.  En la página del teatro pueden ver la cartelera e inscribirse en la "fila virtual" para un título determinado, aunque igual pueden llegar a sus dependencias antes de la función y pedir un ticket (que luego se devuelve) o inscribirse en la lista física (todo dependiendo de cuál sistema de los dos esté en activo).
    Ojalá lean este post antes de los días señalados, vayan y disfruten de Hijos del Cauce en nuestro amado Anfiteatro (las pinturas de sus baños me encantan, así como sus muñec@s y su gato) o si no aprovechen la primera instancia, en cualquier otro lugar, donde lo estén dando en alguna fecha futura.

Amilcar, yo y Moñito de las Mercedes a la entrada del Anfiteatro de Bellas Artes.

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