El 2023 se fue más rápido de lo que esperaba y supongo eso fue porque en general lo disfruté y si es así, se lo agradezco a Dios, como también a las distintas personas que me ayudaron a que ello fuese posible. Cuando ya estoy en el primer día del 2024, descansando en casa y luego de la celebración de fin/comienzo de año, y tras haber dormido mucho, como en anteriores periodos como este, me dispongo a revisar lo que fue la recién pasada temporada para el Cubil del Cíclope (¡Cada vez me parece estar más en medio de ese “futuro”, que pensaba de niño, con todos estos adelantos científicos de hoy en día, usándolos de la manera más común y que en su momento algunos apenas soñé que se vendrían!). Hay unas cuantas cosas que contar y rememorar, a ver a quién le interesa, claro…
Como siempre, el título que puse a este texto me lo pensé más de una vez, que su sentido no es gratuito y bien tiene su razón de ser: Este año tuve una crisis con mi blog y por primera vez desde que lo comencé hace más de una década, estuve pensando en dejarlo de lado ¿Por qué digo esto? Pues debido a que me desmoralicé, al comprobar que cada vez recibo menos visitas y lecturas, para qué hablarles de los comentarios, que apenas dejan y hay unos cuantos posts que ninguno tienen; esto me desanima muchas veces o, al menos en cierto momento, me desmotivó lo suficiente como para estar a punto de dejarlo (si mis propios “amigos históricos” no me leen, algo que en más de una ocasión ya lo he dicho por acá, que antes algunos de ellos sí le dedicaban su tiempo a este proyecto mío y por lo mismo me resultan más penosas sus ausencias). Uno procura compartir siempre con quienes quiere, aquello que los hace felices, me refiero en especial a sus “proyectos” y en ese sentido, si uno lo hace con los otros, también hay que devolver la mano ¿No? Por lo mismo, agradezco a los pocos que todavía valoran esto que hago y que me alegran pasándose por acá, quienes me han demostrado que sí aprecian de corazón lo que hago; al respecto, quiero dar nuevamente las gracias a Ricardo Ruiz, mi querido amigo trasandino, de ya más de dos décadas desde que supe de la existencia de Insomnia, una tremenda revista virtual dedicada a Stephen King, nuestro escritor favorito (¿Estoy bien en la cantidad de tiempo considerada? Por otro lado, agrego que mi compadre, de vez en cuando, agrega algunos de mis escritos a su publicación y de ese modo mi crítica para la antología Vamps forma parte del número 296, aparecido el año pasado) y a quien espero conocer algún día en persona (hoy en día, nos mantenemos en contacto de forma periódica gracias al guasap); lo mismo digo para Eduardo Gacitúa, con quien tuve el gusto de trabajar el año antepasado y que luego se convirtió en el único amigo verdadero que llegué a hacer en el Balmaceda (donde ahora ya voy para los cinco años allá); por último, mis más sinceros agradecimientos a Jorge Lorca, compañero de mi época de universitario en los noventa, con quien me reencontré luego de no saber de él por más de veinte años, quien también entiende esto que significa “trabajar” en un blog (aunque no somos colegas en esto, je). Respecto a este tema, lamento haber perdido esos lectores que antes daba gusto tener por acá, algunos que claramente perdieron el interés (pienso en “alguien” en especial cuando escribo estas palabras) y otros que se ausentaron cuando cerraron sus propios blogs, desapareciendo por completo de estas redes sociales cada vez más arcaicas (¿Qué habrá sido de Tomás Rivera y de su maravilloso Kindlegarten y de Guillermo Ríos, creador de la enciclopédica Guillermocracia, entre otros?); al respecto, no puedo dejar de extrañar a mi amigo Eduardo Romero, más conocido como Cidroq por estos lares, quien nos dejó hace ya cinco años y el cual fue mi más fiel lector (su blog El Cuchitril de Cidroq, era toda una fuente de inspiración para mí).
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| Celebrando el Nuevo Año 2024 con a mi mamá y a mis bebés Brunito y Amilcar. |
De los otros filmes que tuve la dicha de contemplar el año pasado, solo a la última cinta de M. Night Shyamalan, Llaman a la Puerta, le hice un escrito… ¡Y es que me impactó bastante! En verdad lamento no haberla podido ver en pantalla grande, que poco estuvo en cartelera por acá. Igual en las últimas semanas, me vi un par de pelis de terror que me sorprendieron mucho y que me han llevado a pensar escribir sobre ella (¡Nunca me falta inspiración!).
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| Ñoñeando con mi amigos el escritor Miguel Acevedo y Eduardo Gacitúa. |
Las series que me acompañaron en 2023, también están en el Cubil del Cíclope, destacando shows dedicados a la franquicia de Star Trek y Star Wars. En el primer caso, no podía dejar de expresarme sobre la tercera y última temporada de Picard, que tan hondo me caló en el corazón; la cuarta temporada de Discovery, también estuvo presente y los títulos que fueron más que gratos descubrimientos fueron Strange New Worlds y Lower Decks, que me fascinaron a un nivel que no me esperaba. En cuanto a la “competencia”, por fin me puse a ver Andor, lejos entre lo mejor que aprecié el año pasado y que creo es lo más potente de todo Star Wars en décadas; la tercera temporada de The Mandalorian, por igual tiene su crítica por acá y The Clone Wars es otra más en esta lista, siendo este un espectáculo animado que también superó mis expectativas. No puedo dejar de mencionar que tuve la intención de revisar por acá Babylon 5, uno de mis programas favoritos desde mi juventud en los noventa, que me repetí entre finales del 2022 y comienzos del 2023; sin embargo, solo llegué hasta la segunda temporada con mis revisiones, que fue justo para cuando andaba desmoralizado y al final me agarró la “máquina” de las obligaciones, por lo que ya perdí el propósito de escribir más al respecto.
A diferencia de lo anterior, la tercera temporada de The Witcher fue una tremenda decepción (y desperdicio). En cambio, la miniserie Misa de Medianoche me sobrecogió por completo (aunque estuve pendiente de ella a finales del 2022) y por lo mismo tengo deuda con otras tres miniseries de su creador, Mike Flanagan, de quien me vi el año pasado La Maldición de Hill House, La Maldición de Bly Manor y La Caída de la Casa de Usher, que considero verdaderas obras maestras (en especial las dos últimas) y de igual manera debería escribir sobre ellas. Por otro lado, 2023 fue, además, mi reencuentro con The Big Bang Theory, una de mis series más queridas y que retomé en julio del año pasado desde el principio, para así por fin acabarla; en estos momentos estoy a pocos episodios de terminarla, idea que igual me produce algo de penita, de modo que he ido graduando mis pasos hacia su final.
Como sucede todos los años, lamentablemente, me tocó despedir a unos cuantos “famosos”, que a lo largo de mi vida se hicieron valiosos, gracias a sus aportes al arte. Todavía tengo pendiente escribir acerca de Keith Giffen, destacado guionista y dibujante de cómics, que realizó varios trabajos que amo mucho (falleció el 9 de octubre); no obstante, sí llegué a hacer mis elegías para gente como Julian Sands, Ray Stevenson, John Romita Sr., Kevin Conroy y Angelo Badalamenti (estos dos últimos fallecieron en 2022, pero me atrasé en despedirlos). Me pregunto qué nos deparará el 2024, que recién está en sus inicios.
Algo que no hacía desde hace rato, fue escribir un microcuento y esta vez lo hice basándome en un sueño que tuve. Gato Onírico se llama. Asimismo, compartí dos documentos hechos para mi labor como docente, primero la versión teatral de El Vaso de Leche, que realicé para que algunos alumnos míos la representaran y un par de discursos que tuve que dar en sendos eventos del colegio.
Otro texto que deseo destacar es el que hice acerca de la puesta en escena de Hijos del Cauce, magnífica pieza teatral que tuve el gusto de apreciar con mi regalón Amilcar, mi sobrinito que con solo 14 años, ya disfruta bastante de este tipo de arte. La obra fue lo suficiente impresionante para los dos (y el resto del público, según pude percibir), como para que no me aguantara las ganas de compartir mis impresiones al respecto. Espero que en 2024 podamos gozar Amilcar y yo de varios otros títulos como este.
Harto escribí igual y ojalá este año supere la cantidad de posts del 2023, aunque procurando siempre mantener la calidad (hasta donde me den mis propias capacidades, claro). Tengo pensado retomar mi querida serie de entradas de Así era en mis tiempos, bajo un tema que me produce muy bellos recuerdos y realizar al menos dos entregas más de Pecados de Omisión, que todavía me quedan unos cuantos títulos que mencionar (incluyendo una dedicada a los cómics).
Se me estaba olvidando… ¡En 2023 El Cubil del Cíclope cumplió nada menos que doce años!
Bueno, he atrasado más de la cuenta este primer post del año 2024 (Me carga esa manía que sacaron de llamar ahora a estos años veinte veinticuatro, por ejemplo ¡Qué cursí!) y es que comencé a redactar estas palabras en la tarde del 1° de enero y solo ahora, en la mañana de este día 4, he logrado acabar el presente texto. De antemano, gracias a quienes se han detenido en la página y, en especial, a los que me han comentado.
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| Juntos a mis alumnos de la asignatura de Taller de Literatura 3A, antes de la función de El Vaso de Leche. |








