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jueves, 25 de enero de 2024

Deuda saldada... ¡Por fin!

 


1. Cuando las ganas superan a lo esperado.
 
    Corría más o menos el año 1982, cuando a Stephen King le ofrecieron escribir algo breve (unas cuantas líneas), para cada una de las ilustraciones exclusivas que tendría un particular calendario, de edición limitada más o menos, que contaría con dibujos originales de una leyenda viviente por aquel entonces: Berni Wrightson, el famoso artista dedicado a los cómics de terror y ciencia ficción, que había trabajado en revistas especializadas como Creepie y Eerie.  La idea era darle un carácter más o menos terrorífico a cada mes de ese año.  El tema es que el Tío Steve se entusiasmó y al final terminó escribiendo una verdadera historia, más o menos extensa, que dio para una novelette (o sea, novela corta, de un centenar de páginas aproximadamente); de modo que el dichoso calendario se volvió algo mejor y todo el mundo salió ganando.  Algo así es lo que se cuenta, acerca del origen del libro que nos reúne hoy, que no sé qué tanto es cierto y si mi memoria me juega una mala pasada, respecto a los detalles, pero creo que se lee bonito todo esto ¿No?
     Bajo el nombre de El Ciclo del Hombre Lobo, el Rey del Terror publicó la que sería su única obra sobre licántropos y para ello tuvo un montón de preciosos trabajos del mentado Wrightson.  Esta fue su segunda colaboración juntos, al comienzo de una gran amistad, que nos daría sociedades inolvidables como las de Creepshow (película y cómic, primera vez en que se unieron, acompañados más encima por George Romero, otro grande y también íntimo de King), sus ilustraciones para la versión extendida de The Stand (Apocalipsis en español), los dibujos de la edición limitada y de lujo de Buick 8, el arte para La Torre Oscura V: Lobos del Calla y las imágenes pesadillescas del filme Montado en la bala (sobre otra novelette de King), entre otros casos.




               Algunas de las magníficas ilustraciones que NO SALEN en la versión del libro que poseo.

2. De qué va todo.
 
    Como bien sucede con muchas de las narraciones de mi autor favorito, esta novelette transcurre en una pequeña ciudad ficticia, creada por la propia imaginación del escritor, llamada Tarker's Mill (ignoro o no recuerdo si habrá aparecido en algunas otras de sus ficciones, como las populares polis kingnianas de Castle Rock y Derry, por mencionar algunas que se repiten en sus fabulaciones).  En dicho lugar, en enero justamente, una espantosa muerte es el inicio de varios decesos violentos, que primero hacen creer de que se trata de un ataque animal y luego de un asesino psicópata; sin embargo, que nuevos casos como este ocurran una vez, cuando hay luna llena, comienza a expandir el rumor de que se trata de un hombre-lobo.  Solo la persona más improbable, tendrá la convicción de enfrentarse al mal como corresponde.
    Los capítulos que comprenden este muy atrapante librito (un Stephen King puro de antaño, ese que se deleitaba en contarnos una historia de puro terror y sangre, no como ahora que coquetea con otros géneros) son doce, uno para cada mes del año. En el transcurso de este tiempo, vamos conociendo las atrocidades de la criatura y algo de sus víctimas, esos sujetos que tan bien describe el Tío Steve, como ejemplos de nuestra compleja humanidad, que por muy pequeño que sea Tarker's Mill, su gente puede llegar a ser tan noble o despreciable como hay en todas partes (por lo mismo, aun cuando muchos de ellos solo aparecen una vez en el texto, su autor les otorga una humanidad asombrosa y pese a ello muy realista).
   Recién en el capítulo que transcurre en julio, conocemos al singular héroe, un personaje que comparte varias características con otros más famosos del escritor, entre ellos su edad y su resiliencia (no quiero entrar en más detalles acerca de este, para que ustedes mismos lo descubran, que bien vale la pena apreciarlo por uno mismo).  Por cierto, antes se le mencionó brevemente y luego de su muy atrapante "debut" en la trama, solo acercándose el final del libro reaparece para gusto nuestro.
    Cabe mencionar que la presencia del protagonista permite ahondar en otro tema recurrente en la literatura kingniana: la familia.  Es así que se nos presenta otro núcleo familiar, bastante querible, como otros de sus ficciones, compuesto por un padre, una madre, una hermana mayor y, en especial, uno de los tíos del que termina por volverse el personaje principal (ya bien avanzado el librito), que cada uno mantiene una especial relación con este (¡Vaya, al final terminé dándoles más detalles de lo previsto al respecto!).  El amor, un sentimiento que puede ser muy complejo, en la forma en la que se manifiesta, enriquece bastante esta novelette y que nos muestra al respecto qué tan variada es la forma de cómo lo expresamos (y no siempre "cariñosamente").
   En contrapartida al anterior, encontramos al "villano" de esta pieza y el cual, sin ser malvado, en el sentido más obvio de la palabra, por igual resulta ser el ser más inesperado una vez que se revela su identidad; asimismo, debido a su "maldición" despierta cierta compasión (algo que King, adorador de los clásicos del género, rescata de la tradición de las obras trágicas de las que se nutre, como sucede con las viejas películas de hombres-lobo que tanto le gustaban desde niño).  Bien alguien como él representa la dicotomía entre racionalismo e instinto, moralidad versus libertad (no libre albedrío eso sí), lo que toma mayor peso, cuando el personaje reconoce y/o acepta su carga/cruz, lo que sucede luego de una escena onírica muy bien lograda.  Asimismo, el "monstruo" introduce otro tema que abunda en los títulos del escritor: la religión, el cual, esta vez, se observa desde un punto de vista más bien negativo, puesto que la fe no ayuda a darle un sentido salvador al personaje y en cierto momento nos muestra cómo justificamos de manera fundamentalista lo peor de una religión.


                                      Portadas del libro en español que no sabía que existían.

3. Mi propia historia.
 
   Tenía pendiente El Ciclo del Hombre Lobo desde mi adolescencia, cuando a comienzos de los noventa comencé a leer a Stephen King.  Quise comprarme el libro, que en ese tiempo la edición que andaba por acá era la de Planeta; no obstante, nunca pude obtenerla, pues ya se estaba agotando y perdieron los derechos.  Así que por décadas esta novelette anduvo descatalogada en nuestra lengua y solo más o menos por la década pasada lo encontré por acá.
    La edición que hoy en día se vende en Chile, es una de bolsillo, más pequeña que aquella que le precedió.  La otra venía con solapas y traía todas las ilustraciones de Wrightson, ignoro si algunas en color, además de la que venía en la tapa; en cambio la actual o al menos la que yo poseo (de Debolsillo), bastante "fea", trae la foto de un lobo retocado y solo incluye dos imágenes por capítulo (una de dos páginas que muestra un paisaje acorde al clima, según la estación del año correspondiente en Estados Unidos y otra más pequeña, ubicada al final del capítulo y que tiene que ver con lo que sucedió en este, representada por unos cuantos objetos, salvo cierta cabeza cercenada, la única imagen truculenta incluida en esta edición más económica). Lo más fome es que Bernie Wrightson dibujó al hombre-lobo haciendo sus salvajadas, aunque en la versión que poseo ni la cola se le ve (y solo aparecen en blanco y negro).
    Fue por ahí en el transcurso de 2018 que compré el librito, en una tienda de cómics que visitaba de vez en cuando, atendida por su dueño (muy simpático él), que tenía lleno de gatos el local.  Me lo vendió a un precio razonable y ese día me fuí muy contento a mi casa; pero solo me le di su tiempo la semana pasada, para lo que ocupé tres días, pues lo leía mientras hacía cardio en la escaladora... ¡Y vaya que disfruté de sus páginas y de mi reencuentro con S.K., más encima al "clásico", que no lo leía desde mediados del 2022!

La vieja edición en español que me encantaría tener
(aunque me causa gracias la sensacionalista publicidad que posee)
 
4. La peli.
 
    Poco se demoró en realizarse y estrenarse en cines la adaptación cinematográfica de El Ciclo del Hombre Lobo.  Bajo el nombre de Silver Bullet (Bala de Plata), fue dirigida por Dan Attias, cuya carrera tras las cámaras no brillaría en la pantalla grande, aunque sí bastante en la chica, puesto que dirigió muchos capítulos de series de televisión populares como Buffy la Cazavampiros, Lost y Heroes.  Asimismo, en una época que el recordado poderoso Dino de Laurentis, produjo varios filmes basados en obras de King, esta película contó con su apoyo (como Los Ojos del Gato y Firestarter, Llamas de Venganza por acá).
     En el protagónico como el héroe infantil se encuentra Corey Haim, poco antes de hacerse famoso con Generación Perdida (otra de terror ochentera, aunque esta de vampiros) y volverse un ídolo juvenil (hasta que se entregó a la droga y sucumbió, muriendo por neumonía, debido a su vida disipada, antes de los cuarenta años).  En los papeles de adultos lo acompañan Gary Busey, como su tío y Everett McGill, a quien le tocó hacer del particular antagonista.
    Fue el propio Stephen King el responsable de adaptar su trabajo literario, para lo que cambió bastante el ritmo del argumento, ya que por razones de presupuesto mantener el estilo de la novelette, de que los acontecimientos cubrieran los doce meses del año (con los fenómenos climatológicos de rigor), era demasiado para una producción más humilde como esta.  Por lo mismo, le otorgó mayor relevancia al rol del chico, así como a su tío y a la hermana mayor del primero (haciéndola más simpática inclusive); de igual manera, reforzó el papel del sheriff a cargo de un joven Terry O' Quinn (gran actor, quien daría lo mejor de sí, con posterioridad, en la cinta de horror ochentera El Padrastro y su secuela, sin dejar de lado su intervención en las series Millenium y Lost, donde se reencontró con el director Attias).  Por cierto, además ambientó la historia en los setenta, a diferencia de los ochenta que es cuando transcurre el texto literario (y en ese sentido, estuvo aceptable la dirección artística que le dio tal estética).
    De los otros actores, McGill se ve recio y varonil como siempre, sin embargo, lo prefiero en sus papeles para Dune (la de Lynch) y Twin Peaks, sin olvidar su trabajo como villano para La gente detrás de las paredes de Wes Craven.
    King no quitó detalles escabrosos para las escenas, aunque suavizó otros como el elemento sexual del sueño del hombre-lobo (aunque sí está este y pese a lo anterior estuvo bien hecho) y cambió la muerte de la "virgen obesa", por el de una pobre futura madre soltera joven.  También agregó más muertes (bien sangrientas ellas) y convirtió a la comunidad de Tarker's Mill, en un sitio con gente bien unida entre sí (esa típica imagen del supuesto pueblito gringo idealizado, que tanto le gusta al Tío Steve).
    Cabe mencionar que el monstruo lo diseñó alguien de la talla de Carlo Rambaldi (el mismo que hizo al Alien de la primera película, a ET y a los monstruos de la mentada película sobre el libro de Frank Herbert), pero la ejecución a mi parecer no fue la mejor y es que se ve muy falso.
    La música corrió a cargo de Jay Chattaway, quién luego haría bellas composiciones para Star Trek: The Next Generation, dándole unos cuantos buenos temas al largometraje.
    El cambio de nombre de esta pieza, se explica por partida doble en ella y que tiene que ver tanto con la manera adecuada de cómo matar a una de estas bestias, como por un genial regalo que recibe el chiquillo, de parte de su familiar favorito.  Increíblemente en países de habla hispana, fue llamada de manera inusual como Miedo Azul (España) y con los horripilantes títulos de Los Cazadores de la Luna (Argentina) y Cacería en la Luna (cuando salió en VHS en México).
    La película posee sus buenos momentos y el principio es potente, si bien es olvidable a mi parecer, ya que no agrega mucho a los grandes estrenos de horror de la década.  Creo que Stephen King no se esmeró en su guión y por todo el producto final, su gran novelette merece una nueva y más fiel adaptación.


                                                                 Tráiler de la película.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Post N° 800: Dolor por Richard Corben.



     Este desgraciado año de 2020 aún no acaba y en su último mes se llevó a otro de los grandes, al genial Richard Corben, artista de la ilustración que me acompañó durante toda mi adultez, hasta esa fecha fatídica en que dejó esta tierra el 2 de diciembre.  Tenía 80 años cuando partió, así que tuvo una vida plena, llena de triunfos y legando a sus seguidores un montón de joyas del cómic y la ilustración.  Por razones que ya deben ser obvias, he decidido dedicarle este post tal como lo hice en su momento con Stan Lee, cuando llegué al número 600 en mi Cubil del Cíclope, ya que tal como el sonriente Stan es uno de los creadores que más he llegado a admirar y cuya muerte me ha causado bastante pesar.
     ¿Por qué digo que Corben me acompañó durante toda mi adultez hasta ahora? Pues porque supe de él cuando ya estaba en la universidad, justamente durante mi segundo año en ella y cuando luego de estudiar un año completo Filosofía, me metí a la carrera de Castellano.  Ese primer semestre del recordado año de 1995, entré al Curso Facultativo de Ciencia Ficción y allí tuve el gusto de conocer a uno de mis mejores amigos, a Miguel Acevedo y quien al poco tiempo después me prestó algunas de sus revistas Creepy, en la que aparecían varios de sus trabajos; creo que el primero de estos que pude leer y ver fue El Diamante Negro, que si no me equivoco se trata en realidad de una serie de historias dedicadas a tal maldito objeto.  Pues les confieso que apenas tuve en mis manos tal relato de horror sobrenatural, me quedé fascinado con su técnica…Y es que entre los grandes aportes que le dio al llamado noveno arte, se encuentra su uso del aerógrafo, por medio del cual logró darle un carácter 3D muy especial a sus imágenes y que pese a su estilo igual caricaturizado, da la impresión de realidad monstruosa y palpable con la cual consigue transportarnos a esos ambientes ficticios.  Por otra parte, amo sus aberraciones tanto como las de su colega Berni Wrightson, con quien compartió en las páginas de la editorial Warren en aquellos años y sus publicaciones para la mencionada Creepy y su hermana Eerie; pero el trazo de Corben posee algo que el papá de Shwampy no posee y que me gusta demasiado: un erotismo que aunque no es realista como el de otros colegas, da gusto cómo contrasta con sus criaturas pútridas, en una armonía perfecta… Me encantan sus monstruos y sus mujeres voluptuosas, vampiresas que esconden un lado siniestro atrayente.



     Apenas me introduje en la obra de Richard Corben, hice lo posible por conseguir algo suyo.  Cuando aún se encontraban ejemplares de la desaparecida editorial española Toutain y gracias a las ofertas de la comiquería Antiyal, donde hice varias de mis primeras compras en materia de historietas, pude comprar al menos dos compilatorios suyos: Den 2 y Mundo Mutante (¿O era Underground?).  Estos los leí hace muchos años ya y los tengo por ahí en mi biblioteca (en realidad, en uno de los muebles que poseo donde guardo cómics) junto a un montón más, que no sé bien en cuál lugar se encuentran.  La verdad es que no recuerdo de qué se tratan, así que me daré tiempo para buscarlos y releerlos.  Muchos años después visité otra tienda del rubro, la carísima ¡Shazam! y allí tenían dos títulos diferentes de la época de Toutain en excelente estado, que se hallaban a muy buen precio y, como no, estaban dedicados a otros títulos suyos; yo andaba sin plata en efectivo y no sé por qué razón no fui a un cajero automático de inmediato; el tema es que quedé de ir al día siguiente o algo así y cuando ya volví se los habían llevado… Por casos como esos, ahora apenas se me presenta una oportunidad así no la desaprovecho, que menos mal hoy en día tengo mi tarjeta para pagar de manera electrónica.
     En la misma Antiyal conseguí a precio de huevo Vic & Blood sobre el relato del mismo nombre de otro maestro: Harlan Ellison.  Era una edición tipo “taco”, de papel barato, de la editorial Norma y que creo venía con otras historietas, aunque de otros autores.  Por ahí la tengo también.  Con posterioridad, mientras iba camino a mi casa luego de la pega, conseguí en un puesto de libros que estaba al aire libre varios ejemplares de una mejor edición de Vic & Blood, de tamaño más grande y papel de calidad superior; esa vez compré como 5, uno para mí y los otros para regalar, así que me llevé todos los que tenía el vendedor (luego quedé como rey ante los amigos a quienes les hice tal obsequio).
    En una desaparecida tienda de cómics cuyo nombre no puedo rescatar, pillé a módico precio una edición chiquitita y de dos números de Banner, una emotiva historia escrita por Brian Azarello sobre Hulk e ilustrada por Richard Corben.  De ese modo supe que aparte de trabajar al amparo de los relatos de horror, este hizo bastante para Marvel, DC y otras compañías no precisamente de miedo; más encima, volvió a hacer dupla con Azarello para Hellblazer (que bien sabemos tiene mucho del género que más le gustaba) y al menos hizo una novela gráfica sobre nada menos que el Motorista Fantasma (personaje marvelita con mucho de la estética del género).  En cuanto a Banner y su maravillosa interpretación del Coloso Esmeralda, de puro tonto no me compré la edición de lujo de Panini en tapa dura, cuando la encontré barata en la Librería Chilena.


   Un día andaba vitrineando en la sucursal chiquitita de Crazy all Comics, una cadena de comiquerías que pese a sus valores excesivos, de vez en cuando tiene ofertas para volverse loco; fue así cómo me encontré nada menos que con su versión de La Casa en el Confín de la Tierra, la famosa novela de William Hope Hodgson y que no hace mucho había tenido el placer de leer.  Menos mal que no dudé en adquirirla y de paso le conté a Miguelito, otro incondicional de Corben, así que por encargo suyo me llevé otro ejemplar.
    Gracias al dato que me dio mi amigo Marcelo López conocí Buscalibre, servicio de venta de libros, cómics y demases por Internet, el cual siempre tiene geniales descuentos y donde puedes encontrar hasta títulos descatalogados; fue así que entre todas las joyitas que he adquirido por medio de este servicio, se encuentran los dos tomos de La Guarida del Horror, uno dedicado a Edgar Allan Poe y el otro a Howard Phillips Lovecraft, en cuyas páginas hay valiosas adaptaciones de los cuentos de estos y también de algunos de sus poemas; cabe mencionar que en el volumen sobre Lovecraft, el guión corre por completo de parte suya. Un detalle valioso de estos compilatorios, es que junto a sus versiones gráficas de los clásicos, van  los mismos textos originales, para disfrutar por igual de las historias también tal como las idearon sus padres.
     Solo hace un par de meses atrás adquirí otro compilatorio de Richard Corben por medio de Buscalibre, se trata de un bello tomo de más de 300 páginas con el nombre sugerente de Sombras en la Tumba y que comenzaré apenas termine este mismo 2020, que ya se acaba, el libro que ahora tiene mi atención.  Acá encontramos varios de sus trabajos en blanco y negro y una serie de portadas suyas a todo color.
     Pendientes me quedan sus trabajos para Conan el Bárbaro, que estuve a punto de comprarme este año y los realizados para Hellboy, los que deseo mucho.  Hay otros títulos suyos que he estado a punto de conseguir también en más de una ocasión, que espero adquirirlos ojalá el año que viene, pues están a buenos precios como su recopilatorio de historias para la revista Creepy, El Dios Rata y un tomo más grande de sus adaptaciones de Poe llamado El Espíritu de los Muertos.
     Termino este homenaje realizado con todo mi aprecio al maestro, dejando constancia de que prometo volver a verme de una vez Heavy Metal, la película de culto animada de principios de los ochenta y donde en uno de sus segmentos fue adaptada su primera historia de Den, que ya ni me recuerdo de qué se trata, pues la vi en la época de los VHS.
    Soñé varias veces con la idea de que adaptara algún trabajo de Stephen King o que ambos hicieran algo exclusivo para el cómic, pero me quedaré con las ganas o la ilusión.
     Richard Corben, siempre estarás en nuestros corazones y tengo fe en que en el Más Allá te pueda encontrar junto a otros genios que amo, para así charlar de lo lindo sobre todas esas historias que amamos.


lunes, 20 de enero de 2020

Volver al estilo clásico. PRIMERA PARTE


I. Antecedentes para una nueva serie de culto.

    En 1982 dos genios del terror unieron sus talentos para darnos a sus seguidores y amantes del género lo que pronto se transformaría en una película de culto: Creepshow.  Me estoy refiriendo a una película dirigida por toda una dupla de oro: George Romero, el mismo “padre de los zombies” que nos había regalado ya hace rato su genial debut con La Noche de los Muertos Vivientes y su secuela El Amanecer de los Muertos; y su compañero a cargo del guión, Stephen King, por entonces también escritor consagrado gracias a varias novelas suyas y de las cuales solo nombraré por ahora Salem´s Lot.
    Lo que hicieron a través de este trabajo sus creadores, fue nada menos que realizar un cariñoso homenaje a los cómics de terror, sangrientos y con algo de humor negro, de la desaparecida editorial EC, de la cual ambos mamaron de niños y/o jóvenes por allá en la década de los 50.  De este modo, armaron su obra como si se tratara de diversas historias a manera de antología, tal como sucedía con esas viejas publicaciones, utilizando además un personaje macabro a manera de anfitrión y recreando el estilo de las viñetas en las que están divididas las historietas.  
    5 fueron las historias que contaron en esta ocasión Romero y King y para ello se valieron de numerosos actores, entre ellos unos cuantos ya veteranos como Leslie Nielsen y E. G. Marshall, más varias jóvenes promesas que con los años cobrarían incluso más renombre que los anteriores, tales como Adrienne Barbeau, Ted Danson y en especial Ed Harris.  Cabe mencionar que el propio Stephen King actuó como protagonista del primer segmento.
    Debido al éxito de esta producción, en 1987 se realizó una secuela, para nada mala, aunque de ella aparte de la historia que une los tres segmentos que la componen, solo la segunda parte es en verdad memorable; y es que esta, basada en el cuento La Balsa del “Tío Steve”, por razones presupuestarias no pudo salir en su predecesora como se tenía pensado originalmente, siendo lejos lo más inquietante de este filme.  No obstante, esta vez Romero no estuvo detrás de las cámaras y le pasó el mando a su amigo colaborador Michael Gornick, mientras que él ofició de guionista junto al mismo King.
     Cabe mencionar que en ambas películas también participó otro grande del terror: el dibujante Berni Wrightson, otro querido amigo de Romero y de King, realizando los diseños para las viñetas y animaciones de estas, todo al muy viejo estilo de la adorada EC y las empresas que siguieron su legado.
     Por cierto, hay una Creepshow III de 2006, pero este servidor no la ha visto y al parecer es olvidable.  Está compuesta por 5 historias, si bien en ellas no participaron de ninguna manera Romero, ni King.


                                                       Tráiler de Creepshow (1982).

II. Un feliz regreso…A la tele.

    El maestro de los efectos especiales y maquillajes monstruosos, Greg Nicotero, hace rato ya director de cine y productor detrás de cientos de títulos para el cine y la televisión se interesó en este proyecto…Y es que este trabajó en su juventud para el propio Romero y luego ya un veterano realizó los trucos para varias adaptaciones de la narrativa de S.K (entre ellas de La Niebla).
    Fue así que la serie imita o más bien sigue los lineamientos de las películas en la que se inspira, contando dos historias por episodio, de media hora cada segmento.  Varios autores fueron adaptados en esta ocasión, partiendo por el propio Stephen King y terminando por Joe Hill, su igualmente famoso hijo mayor, también autor multipremiado; por otro lado, también encontramos acá guiones originales, algunos de la mano del propio Nicotero y otra de Paul Dini, prestigioso escritor de cómics y cartoons, sin dejar de mencionar al veterano escritor de cómics de terror Bruce Jones.  De igual manera grandes actores participaron en esta primera temporada, de solo 6 episodios, algunos de ellos muy ligados al género y a los propios artífices de ambas películas clásicas.
    Para completar el tributo a las mencionadas cintas y de las cuales recibe su nombre el show, crearon un nuevo anfitrión y que en todo caso se parece bastante al de la primera película…Sin embargo, este no resulta muy simpático que digamos e incluso se podría decir que se ve intimidatorio, a diferencia de lo que dicta la tradición de los viejos cómics en los que se inspira esta producción (si bien comparte su gusto por el humor negro) y que pese a su monstruosidad son amables con su público.  Además, se usaron efectos especiales “retro” en muchos casos, optando por la animatrónica y los disfraces aparatosos en vez del hoy abusado GGI, lo que para los nostálgicos de las obras del pasado resulta memorable.
    Por cierto, también se agradece que tenga créditos de apertura, estos bastante efectivos y donde en ellos ahora sí dio gusto el uso de la tecnología computacional.  De igual manera, al comienzo de las historias, entre medio y al final del capítulo podemos ver páginas de la revista de la que se suponen vienen estos relatos, sin dudas otro precioso detalle que honra los cómics que originaron luego tales obras.


                                           Créditos de apertura de la serie Creepshow.

III. Los episodios.

1. Materia Gris/La Casa de la Cabeza.

     Un programa como este y considerando sus antecedentes, no podía dejar de adaptar al llamado Rey del Terror y qué no mejor partiendo con una de sus historias clásicas.  Es así que Materia Gris corresponde a uno de sus primeros cuentos, de esos de “terror puro y duro” que publicaba en su juventud en revistas antes de cobrar fama y fortuna.  Este relato estaba pendiente desde hace décadas, considerando que varios de los textos que lo acompañaron en El Umbral de la Noche (por cierto, la vieja edición de bolsillo que tengo regalada por mi madre cuando era adolescente, de la editorial Plaza y Janez, lleva de portada una imagen de la peli original de Creepshow), su primera colección de cuentos, ya habían tenido sus adaptaciones e incluso algunos más de una y hasta fueron fuente de franquicias como Los Niños del Maíz o Camiones (cuya primera versión la dirigió el propio King en los ochenta).
      Esta pieza que recuerdo con cariño e incluso se las di a leer a unos alumnos que me pidieron recomendaciones, trata acerca de un hombre que para mitigar sus penas se dedica a tomar cerveza como condenado.  Su hijo adolescente está sometido al vicio de su papá y un día le cuenta cómo llegó a todo esto a una mujer, luego de que llega hasta ella y a sus compañeros para pedirle ayuda.  El título de la joyita tiene que ver con lo que le pasa al alcohólico y cómo ello afecta a quienes lo rodean, de una forma mucho más espantosa que en los dramas relacionados con las familias disfuncionales típicas.
     Detrás del guión en el cual nos encontramos con atrocidades e imágenes en verdad espantosas y al final con un verdadero monstruo memorable, bien podemos hallar una metáfora y una moraleja relacionada con los efectos nocivos de las dependencias (que King muy bien lo sabe, tal como él mismo nos lo ha contado sin tapujos en su hermoso libro Mientras Escribo): a la larga, si no llegamos a controlar nuestro dolor y no paramos el vicio que nos consume, ellos nos terminan por destruir.
    Debo destacar la dirección de arte de esta sección del capítulo, que en verdad nos hace creer que estamos en medio de una tormenta (¿Se han dado cuenta de que al Tío Steve le encanta ambientar sus narraciones en medio de tempestades de lluvia y nieve, en especial cuando se llega al clímax, como una manera de representar a través de la madre naturaleza el choque de las fuerzas en pugna?) y el hecho de que una de las protagonistas es nada menos que Adrienne Barbeau, ahora una anciana y aun así activa y tan carismática como siempre es un detalle a la primera película para el cine de esta franquicia, puesto que  en sus años mozos participó en ella (si bien da penita verla tan viejita…¡Con lo sexy que era!).  Asimismo, actúa otro tremendo artista, Tobin Bell, quien hizo del villano Jigsaw en esas perlas gores que son los filmes de la saga Saw (y ahora no del malo de la historia) y el moreno Giancarlo Esposito (al que en una semana he visto en tres papeles diferentes y en verdad que actúa bien el veterano).
    La segunda historia corresponde a La Casa de la Cabeza, que en inglés viene a ser un juego de cabeza por el típico nombre de relatos de horror: House of the Dead (muerte) por House of the Head (cabeza).  ¿Y por qué ese nombre tan raro? Pues porque la trama gira en torno a una casa de muñecas y a una cabeza que aparece de un momento a otro de manera inexplicable.
    La protagonista es una niña de unos ¿7 años?, inteligente, sensible e independiente que le ha tomado el gusto a este tipo de juguetes.  Ha logrado tener una familia “ideal”, con su perro guardián en uno de estos objetos muy elaborado.  Cuando todo parece que va bien, un día descubre que a los “habitantes” de la casita se ha sumado una horrorosa cabeza tipo zombie y la cual, por increíble que nos parezca, se ve que aterroriza a los muñequitos.  El tiempo pasa y la chica ve cómo el intruso invade la tranquilidad, al punto que ella por sí misma y sin contarle a sus padres, hará lo posible por salvar la situación desde su ingenuidad infantil o más bien utilizando su “razonamiento mágico”, al ser capaz de aceptar lo extraordinario sin problemas (a diferencia de un adulto).
    Entre lo maravilloso de esta segunda historia, se encuentra la actuación de la pequeña actriz a cargo de la protagonista, quien no solo realiza con increíble convicción su rol, sino que además carga con el papel de una chica que nos deja con la boca abierta, por la manera de cómo enfrenta ella sola un horror que muchos adultos maduros apenas podrían superar.  La ingeniosa manera para abordar la contaminación del mal en lo cotidiano, todo sin violencia explícita y a través de los ojos de una menor de edad, nos pone tensos y esperando cualquier cosa del destino de la pequeña heroína.  
    La idea original de esta sección (quizás lo más sobresaliente de toda la primera temporada), viene de un cuento de Josh Malerman, un emergente escritor gringo que aparte de dedicarse a este noble arte, es músico y con una carrera bastante exitosa en ello, por cierto.  Ganador de varios premios gracias a su pluma, su debut fue nada menos que con Bird Box (2014 y publicada en nuestra lengua con el nombre A Ciegas); esta obra fue llevada al cine gracias a Netflix y a la talentosa Sandra Bullock, que la produjo y se reservó el papel principal para ello.  Malerman ha escrito a la fecha 6 novelas, como también ha incursionado en el formato de la novela corta y de los cuentos, llegando a escribir un montón de estos últimos en pocos años.  Para Creepshow él mismo se dio el gusto de adaptar su relato a la pantalla chica.


                                                                    Tráiler oficial.
2. Bad Wolf Down/The Finger.

     Supongo que una traducción correcta para la primera historia sería algo así como El Lobo Malo Debajo (¿O escondido?) y es que se trata de un pieza acerca de hombres lobos.  Ambientada en plena Segunda Guerra Mundial y cuando un pequeño grupo de soldados gringos apenas ha logrado escapar con vida, de su enfrentamiento a los nazis, nos muestra a este grupo que se encuentra con una mujer con esta maldición y la particular manera que tienen de enfrentar dicho peligro.  Pero una cosa es la amenaza sobrenatural a la que están expuestas, donde vemos que quienes sufren tal condición no han escogido convertirse en estos monstruos y otra el mal que representa el enemigo, que si ha optado como elección propia por este tipo de bestialidad.
    Aparte de ser una historia típica de miedo y monstruos, podemos hallar una honda reflexión acerca de la verdadera naturaleza del ser humano, quien usa caretas y su supuesta urbanidad, para  esconder sus conductas salvajes y toda la oscuridad que puede llegar a albergar (que no solo vemos aquí bajo la imagen de los nazis).
    El papel del villano principal lo realiza un actor de culto, gran veterano de filmes de terror y series de televisión del género y de la ciencia ficción: uno de mis ídolos personales, Jeffrey Combs (Reanimator y varios otros filmes de Stuart Gordon, por no mencionar sus papeles recurrentes en Star Trek: Deep Space Nine y Star Trek: Enterprise).
     The Finger (El Dedo) es la historia de un hombre de vida más o menos miserable, que un día se encuentra en la calle con un raro dedo y se lo lleva a su casa, para agregarlo a su colección de cosas pilladas por cualquier parte.  El órgano comienza a crecer y termina por dar forma a un monstruito que demuestra que le tiene aprecio.  La trama se pone en verdad truculenta, cuando la criatura encuentra una manera muy especial de hacer feliz a su amo.
    He aquí otra manera de abordar la inclinación natural humana hacia el mal, en especial en lo que concierne al egoísmo… ¡Y por supuesto que este monstruito (animado con animatrónica en la más onda vintage) resulta ser una proyección de los defectos del protagonista! 
     Esta segunda sección está protagonizada por el simpático DJ Qualls, artista a quien no hace mucho este servidor vio brillar en El Hombre en el Castillo.
     El guión estuvo a cargo de otro verdadero maestro del terror, David J. Schow, destacado guionista y escritor que estuvo detrás de la recordada primera adaptación cinematográfica del cómic del superhéroe El Cuervo y su trabajo para el guión de la muy entretenida historia sobre psicópatas Pick me up de Larry Cohen para Maestros del Horror; cabe destacar los formidables monólogos que escribió para el protagonista, interpretados con mucha simpatía por Qualls, frente a la cámara como hablándole al público. Asimismo, el propio Greg Nicotero ofició en esta ocasión de director.  

   
                                                                     Tráiler N° 2.

3. All Hallows Eve/The Man in the Suitcase.

     Víspera de Todos los Santos corresponde al nombre en español de la primera parte de este capítulo, lo que entre los gringos (y otras partes del mundo como incluso Chile, debido a la publicidad y al impacto de la cultura popular, claro) también es conocido como… ¡Halloween!
     Esta historia es protagonizada por un grupo de niños que sale a realizar el tradicional “dulce o travesura” y el verdadero sentido que le dan estos amigos a su viaje por el vecindario en el que nacieron.  La situación es rara, porque en general se ven como un grupo amable entre gente que se quiere, pero luego vemos que su presencia entre los vecinos es temida y la razón de ello solo viene a revelarse con el impactante final.  Hay una atmósfera insana detrás de todo esto y ello en verdad nos mantiene atentos en lo que vendría a ser, sin dudas, el segmento más emotivo de toda esta breve y aun así inolvidable temporada debut.
     El tema del dolor y el sentido que le damos a este, juega un papel fundamental en esta ocasión, como algo que nos puede destruir y también unir a otros.  Pero también volvemos a encontrarnos con las ideas de la justicia, el castigo y la venganza, viejos temas que tantas narraciones clásicas de terror han originado.
    Otra vez estamos hablando de un guión original, aunque esta vez quién está detrás de ello, viene a ser un escritor por quien no puedo dejar de sentir enorme respeto: Bruce Jones ¿Y quién es este señor? Pues estamos hablando de un veterano de los cómics y al que le debemos una enorme cantidad de historias de terror hoy ya clásicas; todas hechas para revistas tales como Eerie y Creepie, de la que salieran reales obras maestras tales como esa joyita que es Jennifer, dibujada bellamente por Berni Wrigtson y que gracias a la ya mencionada Maestros del Horror y a Dario Argento, pudimos ver adaptada a la pantalla chica que llega a dar gusto.
      Traducido literalmente en nuestra lengua como El Hombre en el Maletero, la segunda parte es otra historia de terror sobrenatural con mucho humor negro, tal como el caso de El Dedo que ya revisamos más arriba.  Esta vez se trata de un hombre joven, al que supuestamente por error le llega una maleta que no es la suya, la que trae un cargamento muy especial: un hombre que por increíble que parezca, logra estar vivo dentro de ella, pese a lo retorcido que está; el sujeto pide ayuda para salir de su confinamiento y cuando el protagonista está a punto de ayudarlo, se da cuenta de que le conviene mantenerlo ahí, pues gracias al dolor del hombre del maletero puede conseguir todo el dinero que desea.  Dos personas más se involucran en esto, trayendo consecuencias nocivas para todos ellos.
    Detrás de esta historia aparentemente absurda y con momentos tanto graciosos, como con su cuota de violencia, estamos frente a una de esas obras del género de gran carga moral.  El exacerbado deseo humano por el dinero, aún a costa de nuestra propia alma y del bienestar de otros, se encuentra presente en este pequeño drama que, además, reinterpreta de manera muy original a uno de los personajes habituales de la más rancia tradición sobrenatural y del género de horror.
     


domingo, 1 de octubre de 2017

Despedirse de Len Wein o Regreso al Mundo de Watchmen. Octava parte: Dollar Bill.


1- Palabras por Len Wein.

     En marzo de este año no más nos tocó enterrar a Berni Wrighson, el famoso dibujante de cómics e ilustrador, cocreador de ese personaje tan emblemático de DC como lo viene a ser la Cosa del Pantano.    Su compañero en tal labor fue otro maestro de las historietas, Len Wein, quien realizó el guión de tal obra.  Al comenzar mi serie de posts dedicados a las novelas gráficas llamadas Antes de Watchmen, ya en la primera entrega mencioné al escritor, dedicándole posteriormente varios párrafos en mi entrada a la novela gráfica sobre Ozymandias…Pues cuando hice mi investigación sobre este último artista, de inmediato me di cuenta de su tremenda impronta en el mundo editorial, recordando además (en especial) cuánto disfruté de su trabajo para la colección de Hulk en los setenta (bueno, al menos de lo que he leído de ella); pues aparte de que en esa misma década nos dio al ya mencionado elemental de la Tierra, también dio origen a nada menos que Wolverine, para Marvel, justamente en la revista sobre el Coloso Esmeralda.  Es así que tengo el gusto de poseer tan histórico número, en uno de los tomos de la Biblioteca Marvel de Panini (no niego que me encantaría ser dueño de una edición mejor, ojalá a color y en tapa dura, pero peor es nada ¿No?).  De igual manera hace años, cuando solo de vez en cuando me compraba historietas y por lo general solo a muy bajo costo, gracias a unos compilatorios con los que comenzó la editorial Unlimited (made in Chile), adquirí una antología de bolsillo sobre los X-Men y entonces creo que fue de ese modo que me leí por primera vez algo de este señor…Pues venía nada menos que el también célebre Giant Sise X- Men, en el que el profesor Xavier reúne a un grupo de mutantes internacionales para rescatar a sus primeros alumnos de las garras de la isla viva de Krakoa…¡Otra verdadera joyita!
      Resultaría injusto dejar en este pequeño homenaje a la memoria de Len Wein, su contribución para la Mujer Maravilla de principios de Post Crisis, si bien fue ideada y dibujada por George Pérez, a finales de la década de los ochenta.  Y es que cuando su compañero empezó a escribir los primeros arcos argumentales, Wein se encargó de los diálogos y con ello logró realzar de ese modo la calidad literaria del cómic.  Una vez que esta nueva Diana de aquel entonces consiguió estabilizarse dentro de este universo DC, recién George Pérez pudo tener la independencia necesaria como para tener pleno control de la colección.
      No he pasado tanto tiempo con Len Wein como yo quisiera y de seguro cuando no sabía aún tanto sobre autores destacados del llamado noveno arte, me habré leído de seguro alguno que otro de sus trabajos sin tener conocimiento de ello.  Debo admitir que de todo lo que hizo, que fue bastante a lo largo de sus 69 años (¡Qué temprano se nos fue!), lejos me encantaría tener y disfrutar su paso por X-Men y Batman, sin dudas considerados entre sus mejores labores (aparte de sus dos grandes creaciones y a las que ya me he referido).  En otras palabras, me queda mucho por leer de este señor, por quien tengo un gran respeto, puesto que justamente de todas las miniseries de Antes de Watchmen, es nada menos que su historia para Ozymandias la que más me agrada.
       La semana pasada no más tuve el gusto de por fin comprarme la miniserie Legendas de DC, correspondiente al primer evento anual de la compañía, tras el reinicio de la mayoría de sus cómics tras la gloriosa Crisis en las Tierras Infinitas.  Importante trama que viene a ser responsable de la actualización que se hizo en aquellos años de varios personajes clásicos deciístas, como el villano Darkseid, el superhéroe Shazam (por aquel entonces conocido como Capitán Marvel) y el grupo de justicieros juveniles de los Teen Titans, yo sabía que contaba con maestros de la talla de John Byrne en el dibujo (el mismo del relanzamiento de Superman en esa misma época, sin dudas de lo mejorcito del Azuloso) y John Ostrander (quien nos concedió su Escuadrón Suicida en esta misma miniserie y luego se encargó de su propia serie, otro verdadero hito en las historietas)…Sin embargo grande fue mi sorpresa cuando me enteré de que los diálogos los había escrito Len Wein y que según el editor de tal evento, Mike Gold y quien luego hizo una muy interesante Introducción para el tomo compilatorio, había sido escogido debido al enorme conocimiento de este acerca de tales personajes.  Por supuesto que llegué a mi casa feliz con mi reciente adquisición, que por años tenía pendiente leerla (y, bueno, aún no lo hago, je).

Junto a mis regalones, Brunito y Amilcar, más mi joyita aquí mencionada.
2- Dollar Bill.  El Dibujate: Steve Rude.

     Nacido el 31 de diciembre de 1956 en USA (¡Qué fome la fecha, justo cuando la gente anda desfinanciada por Navidad y, por otro lado, en plenas vísperas de Año Nuevo!),  corresponde a otro importante artista visual con una larga trayectoria en muchas editoriales, trabajando en las aventuras de un montón de destacados personajes como Batman, Hulk y Spiderman.
      Además de su paso por un montón de títulos como ya ha quedado claro, es reconocido por ser el cocreador de Nexus, junto al guionista Mike Baron, siendo esta una historieta de ciencia ficción y llena de algunas de las razas alienígenas más curiosas del medio.  Aparecida a principios de los ochenta, ha pasado por varias editoriales de las manos de sus creadores y a través de varias miniseries, justamente por tener estos el control absoluto de dicha marca (lo que lamentablemente casi no sucede con sus colegas).
       Su estilo cuidado lo ha convertido en un gran portadista, al usar una técnica propia de la publicidad clásica, a través de imágenes en tonos pasteles y en poses heroicas, como también idealizadas de los personajes, lo que bien se puede apreciar en la preciosa imagen que hizo para su propia versión de la portada de Dollar Bill (que también como otras de Antes de Watchmen, contó con al menos dos alternativas, como una de Jim Lee y otra de Daryn Coocke), que atendiendo al origen del superhéroe rememora los famosos carteles nacionalistas de propaganda del Tío Sam.
       Pese a su ya mencionado estilo, para este one-shot optó por una estética más cercana a la de los cartoon, que ya vimos en la primera miniserie, dedicada a los Minutemen, quizás por el hecho de que su argumento ocurre en la misma época dorada de estos vigilantes y también debido al regreso del humor en el guión hecho por Lein, luego del dramatismo de al menos las dos anteriores entregas (Dr. Manhattan y Rorschach).
        Destacados galardones ha recibido Rude en numerosas ocasiones, entre ellos el Kirby, el Eisner y el Harvey, premios otorgados por su pincel que está considerado entre los grandes del cómic (si bien no es tan prolífico como otros artistas y en mi caso, hasta antes de esta historia no lo ubicaba de nombre).


3- El cómic.

        Narrado en primera persona por parte de su mismo protagonista, William Benjamin Brady, más conocido como Dollar Bill, es la historia de sus “orígenes secretos”, incluyendo su auge y particular caída.  Si bien quienes conocemos de antemano la obra original en la que aparece este sujeto, el final de su carrera como Minutemen es bastante conocido (el que dio lugar a un muy inolvidable homenaje/parodia en Los Increíbles de Pixar), siendo además uno de sus miembros más desconocidos, el enfoque dado por Len Wein lo convierte en este solo número en alguien entrañable...Cabe mencionar antes de referirse de lleno a su historia, la manera de cómo el guionista rompe con la realidad, al hacer que un Dollar Bill “extracorpóreo” sea quien nos cuenta su vida, todo desde un punto de vista ya lejano y con los ojos de cierta sabiduría luego de haber pasado por una existencia que en una primera instancia se podría considerarse como banal; pues este hombre reflexiona frente a lo pasado, tanto acerca de lo que fue su existencia, como sobre quienes lo rodearon (destacable viene a ser cuando emite sus juicios moralistas, debido a los intereses amorosos de su compañera Silueta, propios de la época hasta cierto punto y aun así es capaz de valorar otros aspectos sobre ella, por sobre su estrecha visión de mundo).
         Dollar Bill se nos presenta como el típico jovencito iluso e inexperto de muchas ficciones gringas, que se deja llevar por devenir de los acontecimientos (deportista que tuvo su momento de gloria, como muchos superhéroes arquetípicos) y quien debido justamente al azar llega a convertirse en el representante de una cadena de bancos que simula ser un justiciero.  Luego en un intento de darle a su vida un sentido más trascendente, decide unirse a los Minutemen y con lo que se enriquece esta pequeña (aunque valiosa) novela gráfica, al permitirnos conocer desde sus propios ojos lo que significa ser uno de ellos.  Por otro lado, resulta considerable el cambio espiritual por el que pasa el muchacho, al decidir abrazar el ideal superheroico, en medio de sujetos que en realidad no todos son elogiables y que gracias a lo hecho por los autores él sí aparece como alguien respetable.  Debido a todo esto, el cómic se adentra en la búsqueda de una persona imperfecta (como todos nosotros), haciendo que en poco más de 20 páginas consiga volverse alguien mejor.
        Siendo esta la última de las entregas de Antes de Watchmen sobre sus superhéroes (nos estarían quedando dos más, una de ellas también escrita por Len Wein, aunque con una orientación diferente como ya quedará claro en sus respectivos posts), no dejan de intervenir el resto de los vigilantes creados por Moore y Gibbons, lo que hace de su breve lectura algo aún más grato.

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