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domingo, 21 de febrero de 2021

Una manera inaudita para cerrar espectacularmente una saga (II)


 4. Dramatis Personae.           
 
    Numerosos personajes integran esta novela, apareciendo solo dos de los ya conocidos de las entregas anteriores de la saga.  El problema para memorizar los nombres de todos estos otros (independientemente de mi mala memoria), es que el autor juega con la inclusión de un lenguaje rico en patronínimos, honoríficos, prefijos y sufijos propios de lenguas como el griego, ruso o el japonés, donde los nombres de las personas varían bastante según el significado que uno quiera darle y la importancia que las personas tengan en determinadas relaciones.  Sin embargo, antes de comenzar la narración, Card nos explica en un apartado cómo funciona esto dentro de la sociedad que nos muestra en su última entrega de la serie  El Retorno (que a mi parecer es confuso con tanta información, si bien de seguro más de alguien lo agradecerá).  Por mi parte, trataré de recurrir a los nombres más sencillos de los coprotagonistas de este libro, el cual posee un carácter coral como el resto de la serie y otros del mismo autor.
 
Akma: De niño vivió junto a su familia como esclavo, siendo sometido a varios vejámenes por parte de humanos y de “Gente del Suelo”, lo que lo llevó a volverse alguien resentido en especial con su padre, quien perdonó y luego acogió a sus antiguos opresores, como también con los representantes de la otra especie.  Nacido con el poder de influenciar en otros, ya adulto es el causante de un movimiento ideológico que provoca el gran conflicto al que se deben enfrentar los héroes.  Pese a todo, no es una mala persona y ama a su hermana menor Luet, quien más adelante será una de las personas necesarias para llevarlo por el buen camino.
 
Akmaro: Padre de Akma y de Luet, es un sabio y compasivo hombre que lidera a su gente, con la que comparte más de un periodo de sus vidas, al promover los ideales de integración entre las 3 especies inteligentes que hay en el planeta; esto les trae varias cuitas que solo gracias a la calidad de su espíritu logra sobrellevar con dignidad y al final termina por convertirse en el consejero del rey, que lo acoge a él y a sus seguidores.
 
Didul: El hermano líder de los Pabuli, los hijos del rey que atormenta a Akma y a su pueblo, pese a la primera apariencia que nos da como un muchacho cruel (al igual que sus hermanos), luego visto a través de los ojos de Akmaro y de la maternal esposa de este, logramos apreciarlo como quién es en realidad: otra víctima de la maldad de su progenitor.  Tras la buena influencia que cae sobre él y sus hermanos, logra convertirse en un gran hombre, famoso por la humildad que antes no poseía.
 
Mon: Uno de los príncipes del reino justo al que llegan Akma y su familia a vivir, tras escapar de la opresión a la que estuvieron sometidos por años.  Amable, pero inseguro con sus propias decisiones y acciones, puede saber de forma “natural” el grado de veracidad de aquello que le cuentan y observa.  Entre todos sus hermanos, es con su hermana Edhadeya con quien tiene mayor confianza y quien tal como sucede con la relación entre Akma y Luet, será fundamental para que cuando esta ya sea grande, pueda reparar sus equivocaciones cometidas junto al propio Akma, que tantos pesares les traen.
 
Bego: Bibliotecario del rey de los Nefai, el pueblo al que llegan Akma y su gente a vivir en libertad, es un casi anciano “ángel” muy inteligente y bastante considerado en la corte.  Educa a Mon y a sus hermanos varones, aunque es con el chico con quien tiene mayor cercanía; de modo que este viene a ser uno de los responsables del lío que se desarrollará con el pasar de los años y que solo gracias a la intervención positiva de varios podrá solucionarse.
 
Voozhum: La única Cavadora (Gente del Suelo) de relativa importancia en la novela, era una esclava que cuidaba de Edhadeya durante su infancia y a la que esta última adoraba y consideraba su mejor (y tal vez única) amiga.  La presencia de esta en la vida de la princesa, será fundamental no solo para ella.  Para grata sorpresa de la muchacha y de los lectores, muchos años después ambas mujeres se reencuentran, luego de que la Cavadora fuera puesta en libertad y abandonara el hogar de su antiguos amos.
 
Shedemei: La única de todos los personajes de los libros anteriores, vive en la nave conocida como Basílica, protegida por la avanzada tecnología que la mantiene joven y sana.  Conocida como “La Insepulta”, una figura mítica para los actuales habitantes de la Tierra, primero ve desde lejos los acontecimientos y apenas interviene, hasta que decide participar de manera directa en los eventos que se describen en este libro.
 
Alma Suprema: La inteligencia artificial que convive con la anterior, se supone que no está viva en realidad y que su simpática personalidad solo es el resultado de su desarrollo a lo largo de los siglos, que la ha hecho mejorarse a sí misma; sin embargo, sus chispeantes diálogos con Shedemei nos hacen considerarla como a una persona sin mayores problemas.
 
5. Observaciones finales (los niños de Card).
 
    Tras terminarse de leer completa una saga como esta, que bien está a la altura de otras de su autor, aunque por una u otra razón no es tan famosa y premiada como las de Ender y Alvin Macker, uno puede evidenciar ciertos rasgos característicos de su narrativa: dejando de lado el tema de la religión, que es fuerte incluso entre sus cuentos en cualquiera de los subgéneros que aborda, destaca el concepto de la familia tan fuerte en estos libros y en especial en la novela que estamos terminando por comentar; y es que al menos en Nacidos en la Tierra, tenemos dos grupos familiares que forman parte de los protagonistas, comunidades donde se respeta bastante las figuras de los padres y donde por lo general la hermandad entre los hijos de estos es muy estrecha; en contraposición a estos, nos encontramos con una tercera familia, si bien solo conocemos de ella a los hermanos varones, pero esta es importante para servirnos como punto de comparación con las otras dos, al ver cómo la forma en que los progenitores educan a sus retoños los marca considerablemente.
     Ligado a lo anterior, se encuentra la caracterización que hace el autor de sus personajes y donde destaca el papel que toman los niños, quienes en muchos casos son los verdaderos protagonistas o al menos están a la misma altura de relevancia que los mayores.  Ahora bien, estos chicos y chicas se hacen entrañables para el lector y cuando se trata de sagas como las mencionadas arribas, los vemos crecer de tal manera que da gusto (ya sea en un solo libro como es el caso de este o a lo largo de varios que componen la serie a la que pertenecen).  En el caso concreto de la saga de Ender, al ser los muchachos superdotados, es entendible que estos piensen con un nivel de madurez envidiable, así como posean una labia que muchos adultos quisieran tener; todo esto lo podemos aceptar sin reparos, sin embargo cuando luego vemos que el mismo tipo de pequeños salen en otras obras del autor, como bien es el caso de la novela que hoy nos atañe, podríamos considerar este detalle como una especie de autoplagio o bien como una incapacidad de Orson Scott Card para crear niños que sean cercanos a la realidad al, por ejemplo, hacerlos jugar con juguetes y darles verdaderas preocupaciones como gente de su edad (actividades y aspectos nunca tratados en su narrativa, al menos hasta donde yo he leído y puedo recordar).  Al respecto, me gustaría encontrarme con algún título suyo donde los chiquillos sean tan realistas, como aquellos que sí sabe definir gente como Stephen King… Bueno, nadie es perfecto, aunque no quede duda que leerse un ciclo como el que hoy acabamos por fin de revisar, resulta ser un cúmulo de horas de diversión sana, emociones variadas y reflexiones para uno, así como para compartir con los demás (tal como ahora he podido hacerlo con ustedes).




domingo, 7 de febrero de 2021

Una manera inaudita para cerrar espectacularmente una saga (I)


 1. La larga espera ha terminado.
 
    Entre mayo y agosto, más o menos, de 2018 emprendí la tarea de leerme de una vez todos los libros de La Saga del Retorno de Orson Scott Card, la que poseía desde al menos hace una década y estaba pendiente en mi biblioteca; sabía que en determinado momento me iba a quedar corto, al no contar con el último tomo, llamado de manera muy significativa Nacidos en la Tierra (1995) y siendo este el quinto de la pentalogía.  Cabe mencionar que en comparación con sus series de Ender, La Sombra y Alvin Macker, esta que hoy nos reúne es casi desconocida y no se edita tanto como las otras, al menos en español; fue justamente esta razón la que me impulsó a conocer tal faceta de mi segundo escritor favorito (¿A ver cuál es el primero), a quien le perdono su homofobia por tanta belleza en sus obras y es que nadie está libre de pecado, ni es perfecto, por no mencionar el detalle que puedo separar al autor de su obra y contextualizar sus fallas como sujeto.
     Busqué en Internet dónde comprar la novela, que si bien estaba en inglés sin mayores problemas, tan solo pude descargarla en PDF en mi lengua materna; no obstante, como no me gusta leer en digital, me aguanté y si bien de vez en cuando preguntaba en alguna librería si la tenían, con el tiempo ya me olvidé de hacerlo… Entonces la cuarentena más rigurosa por el Covid-19 se levantó y de ese modo abrió el famoso Persa Bío-Bío, comercio informal de la ciudad en la que vivo y donde me gusta ir a comprar de vez en cuando, que allá se encuentra de todo, barato e incluyendo muchas cosas que ya están descatalogadas (los extranjeros que leerán estas palabras, háganse una idea de una especie de mercado inmenso, con vendedores dedicados a todo tipo de productos, que los llamados “persas” o “ferias” en Chile son muy populares y por mi parte me fascinan desde pequeño).  Ese día fui con mi sobrinito regalón, Amilcar, hace rato mi compañero de viajes a ese lugar y me encontraba “vitrineando” de manera distraída cuando me paré frente a un puesto: ante mis ojos estaba el objeto tan preciado, que ni siquiera pretendía buscarlo; estaba barato, en una preciosa edición que ya no sale y no dudé en pagar por ello.
     Me prometí que sería mi próxima lectura antes de finalizar el 2020, pero ya era noviembre, el tiempo se fue volando y solo en enero, plenas vacaciones de verano que aún disfruto (encerrado, pese a todo), me lo leí de un tirón.  Así que ahora ya es el momento de compartirles mis impresiones al respecto, que disfruté mucho de este texto, si bien no recordaba mucho en qué había quedado todo y en especial a sus mismos personajes que se me borraron en su mayoría de los recuerdos.
 
2. La historia.       
 
     En contra de lo esperado y tras haber llegado por fin los viajeros al viejo planeta madre, donde entraron en contacto con dos especies inteligentes autóctonas, que evolucionaron por sí mismas durante la ausencia de los seres humanos a lo largo de miles de años, han pasado nada menos que 500 años; todos los personajes que conocimos murieron hacen rato, salvo una de las heroínas de los volúmenes anteriores y quien se mantiene joven gracias al llamado “manto”, un objeto con el que la inteligencia artificial conocida como el Alma Suprema la protege, para mantener así el legado correspondiente, conseguir el verdadero propósito del retorno a casa y velar por los descendientes de quienes venían desde el planeta Armonía a cumplir su misión.
      En la Tierra se han creado distintas comunidades que mantienen sistemas políticos monárquicos y patriarcales, separados entre sí y muchos de ellos enemistados entre ellos; algunos por completo separatistas y otros conviviendo con las especies no humanoides que hace rato habitan en el mundo.  Han habido varias guerras entre medio y revoluciones internas, que parece que la naturaleza del ser humano sigue su curso hacia la autodestrucción y la violencia, sin haber aprendido de sus errores; y es que todo lo que ocurrió antes y se nos contó en los otros libros, es para ellos historia antigua, convertida en mitos y leyendas, formando parte de su religión; puesto que además no conservan el conocimiento científico y tecnológico que tenían sus antecesores, salvo un par de objetos que veneran como si se tratara de reliquias mágicas. 
     En medio de este escenario, debido a la intercesión de “fuerzas superiores”, un grupo de esclavos humanos realiza un éxodo a otro reino para liberarse del yugo y allí con el pasar de los años florecen hasta formar parte de dicha sociedad algunos y otros como grupo independiente en las afueras de la ciudad.  Es cuando los mismos defectos de las personas, entre los que se incluyen algunos de los mismos “ángeles” (las criaturas aladas que se han unido a los hombres), despierta un nuevo conflicto religioso y político que está por socavar la paz conseguida con tanto sacrificio.  Por lo tanto, le toca a la llamada “Insepulta” intervenir de manera más directa para evitar el desastre, que entre medio hay varios interesantes personajes que están metidos en este conflicto; los momentos más emocionantes de todo este drama, se irán venir a cada momento de la lectura, en un libro que cierra con broche de oro, una saga que merece ser conocida y apreciada por lo amantes de la mejor ciencia ficción “humanista”.



 
3. Temas.        
 
3.1. La guerra.
 
    Varios conflictos bélicos se han desarrollado a lo largo del periodo, que ha transcurrido a lo largo de los 500 años que pasaron desde la última vez que supimos de los viajeros provenientes de Armonía, una vez que aterrizaron y comenzó a desarrollarse una nueva población humana, acompañada por “Gente del Cielo” y de la “Gente de la Tierra” … Pero, si bien recordamos, ya habíamos asistido a una guerra poco después de empezada esta nueva etapa (así que no solo esperanza venía con los elegidos por la versión original del Alma Suprema).
    No hay guerra justa a la luz de lo que nos cuenta el escritor por medio de esta fábula, ni siquiera usando todas las justificaciones que se les ocurren a los personajes; que tal como queda demostrado, estas son motivadas por la ignorancia y el miedo, sin olvidar el odio propio de corazones rígidos que no ven en el otro a su semejante.  Es por esto que estamos frente a la problemática de la OTREDAD, tan ligada a los temas que a continuación se mencionarán y que dará paso a otras formas de conflicto, que, aunque supuestamente menos destructivas, siguen horadando la posibilidad de conseguir la plenitud como comunidad.
    Como en otras obras de Card, aquellos dispuestos a hacer la guerra quedan marcados como sujetos menos evolucionados que los héroes, quienes buscan una manera pacífica de conseguir que todo el mundo quede contento y sin necesidad de derramar sangre. Cabe mencionar la historia de una antigua civilización humana, sobre la que se cuenta en la novela, de la cual prácticamente casi no queda registro, debido a su propia ineficacia para superar sus instintos violentos.
 
3.2. La xenofobia.
 
    La convivencia entre 3 especies inteligentes en apariencia tan diferentes entre sí hace difícil, aunque no imposible, que todo resulte sin mayores complicaciones. Es así que nos encontramos con atroces manifestaciones de racismo, donde quienes abrazan una ideología de este tipo se niegan a aceptar la igualdad de derechos de los “otros”.  El paralelismo con la historia real de la xenofobia en esta última entrega es evidente, encontrando momentos desgarradores relacionados con la esclavitud, la propaganda engañosa y los crímenes de odio que no dejarán indiferentes a los lectores de buen corazón; asimismo, la novela nos retrata de manera convincente lo fácil que podemos llegar a caer en estos errores, cuando más de un personaje noble, impulsado por su propia debilidad se deja llevar por los eventos de este tipo.
 
3.3. La religión.
 
     A sabiendas de que Orson Scott Card es un mormón practicante y que acostumbra no desatender los temas de la fe y de la religión institucionalizada en buena parte de sus títulos, lo que incluye además un fuerte discurso moralizante en ellos, llama la atención que en el caso de la presente saga que hoy terminamos de revisar, la teología no se vea como algo ligado al mundo metafísico; bueno, estamos hablando del género de la ciencia ficción, razón por la cual la existencia de fuerzas superiores más tiene que ver con elementos racionales, que sobrenaturales, tal como queda demostrado a lo largo de estas páginas. 
     La historia “real” se ha vuelto parte de la religión de los individuos que aparecen en el libro, donde una mujer que es la única que tiene acceso a una tecnología super avanzada, se ha convertido en una entidad mística (cuando llegamos al esperado clímax de todo esto, no puede ser más certera la manera de cómo Card juega con esta idea de que, tal como dijo alguna vez Arthur C. Clarke, la magia no es otra cosa que ciencia sofisticada y desconocida al común de los mortales).
     Pese a que a través del libro estamos presentando dogmas ficticios revelados en toda su verdadera naturaleza al lector, su desmitificación no es percibida como una manera de descubrir el engaño de la clase religiosa, sino como el nutriente que permite a un pueblo a tener su identidad y conseguir la tradición suficiente como para que se logre el desarrollo cultural de dicho pueblo. 
      No solo los humanos tienen su propia fe, tal como queda demostrado en el libro y los puntos en común entre las especies corresponden al carácter ecuménico de buena parte de la literatura cardiana, que nos invita a no despreciar a ideología de los otros, sino que a valorar su sabiduría y fundar de ese modo los acuerdos que nos permitan crecer todos juntos en paz.
 
3.4. El machismo y el empoderamiento femenino.        
 
    El sujeto más poderoso de esta obra es una mujer (al menos entre los orgánicos), quien ha tenido una vida plena como persona al poder desarrollarse en todas sus capacidades y habiendo superado las trabas impuestas por otros hace rato ya (si recordamos bien lo acaecido en los tomos precedentes).  Con posterioridad, esta fémina será quién permitirá que todo termine de la mejor manera, que sin su ayuda el final habría sido otro.
     Por otro lado, el libro nos muestra una cultura donde las mujeres cumplen un rol propio de sometimiento al “macho”, queridas y respetadas, aunque nunca como iguales de los varones que llevan las riendas del destino de sus congéneres; con posterioridad asistimos a la revolución pacífica, que nos muestra los cambios positivos por los que pasa una sociedad, cuando la mujer va cobrando el valor que se merece y se convierte en parte esencial de dicha comunidad.  Es acá donde destaca las figuras de mujeres claves en este proceso, incluso brillando por sobre muchos hombres de poder, quienes con su presencia y acciones permiten que se consigan estos logros.  En contraposición a todo esto, las expresiones de machismo que encontramos en el libro, resultan ser esclarecedoras tanto como el “amor a la guerra”, de la naturaleza retrasada de estos sujetos trogloditas.
 
3.5. El perdón y la redención.      
 
      El amor es el primer sentimiento que impulsa las acciones de los héroes cardianos, aquello por lo cual se encumbran estos, al conseguir tocar hasta los corazones más endurecidos, cuando les hacen ver a sus antagonistas que están equivocados.  Es en medio de todo esto, que una vez más el autor nos conmueve al narrarnos la conversión de muchos de estos villanos, que más que haber adorado el mal, estaban cegados por su propia humanidad que los hizo errar; más de un personaje en esta situación aparece en la novela, quienes tienen la oportunidad de resarcir sus yerros y de eso modo conseguir por fin la verdadera felicidad.  Ahora bien, para que todo esto se consiga, no pueden faltar los personajes capaces de orientar a los descarriados, sin condenarlos y amándolos sin condiciones, solo esperando que ellos mismos se den cuenta de cuál es el camino correcto a la plenitud.




domingo, 12 de agosto de 2018

La saga en su mejor momento.


      Luego de un libro algo más pausado que los anteriores, Las naves de la Tierra, la Saga del Retorno de Orson Scott Card en su cuarta entrega, llega a un punto que pareciera nos otorga el libro más logrado de ella…Y es que  Retorno a la Tierra se encuentra tan llena de emociones, que el lector sin dudas se sentirá por completo a gusto, con todas las sorpresas que esta obra le deparará.
     La vez pasada en la que estuvimos pendientes de lo que pasaba con sus protagonistas, mejor dicho de sus héroes, que más encima tienen entre sus enemigos a algunos de sus mismos familiares, nos quedamos en la antesala del gran viaje por el espacio, para llegar por fin a planeta que por millones de años la humanidad abandonó.  
     El libro está dividido en 2 partes, la primera Si despierto antes de morir, la cual trata acerca de los preparativos finales para cruzar el espacio y lo que sucede en el intertanto en que llegan a la Tierra (esto último, uno de los episodios más emocionantes de la obra y tal vez de la saga) y la segunda bajo el nombre de Descenso, que transcurre luego de un tiempo indeterminado desde que los personajes se han asentado en su nuevo hogar, formando en la práctica sino una ciudad, sí una aldea o un pueblo.  Pero esta última mitad de la narración, más encima, aborda además su contacto con otras dos especies inteligentes, autóctonas del lugar, ya que tras eras desde que los hombres dejaron su cuna, evolucionaron y desarrollaron su propia cultura.
     Desde la segunda parte de esta pentalogía, La llamada de la Tierra, los protagonistas comenzaron a tener extraños sueños con unas criaturas más o  menos monstruosas: unas parecidas a grandes ratas y a las que llamaron cavadores y otras aladas que recibieron el nombre de ángeles. Su naturaleza benigna o maligna estaba incierta hasta el momento, lo que ya en este volumen se aclara, puesto que la trama le dedica unos cuantos pasajes a sujetos claves de esta especie y quienes serán fundamentales para que se logre la comunicación entre sus comunidades y la de los Antiguos, como bien llamaban a los humanos desde antes que estos volvieran a la Tierra ¿Y cómo es posible este conocimiento previo? Mejor descubrirlo por propia cuenta de uno.
      La primera parte de la novela ya nos muestra la importancia que tendrán dentro de esta y la que viene, las nuevas generaciones, es decir, los hijos del grupo original salido de Basílica para cumplir con los propósitos del Alma Suprema. Es así que personajes ya conocidos como Oykib y Chveya, quienes más encima acá se hacen pareja y tienen su propia descendencia, consiguen convertirse en personajes entrañables y vitales para los acontecimientos.  En un principio vemos cómo las divisiones entre los mayores, que más bien responden a los egoísmos de algunos pocos (como bien sabemos), no ha trastornado a que los por entonces pequeños puedan establecer relaciones fraternales entre sí  (si bien igual se describe el juego de poder entre los menores de edad); sin embargo, luego queda consignado que algunos vástagos han sido “contaminados” por sus padres, tal como sucede con el primogénito de Elemak (cómo no), quien hereda lo peor de este. 
      Luego de tantas veces en que han sido perdonados villanos, como el recién mencionado Elemak y Mebbekew, más como un acto de amor que de piedad por parte Nafai y el resto, estos dos no pueden parecernos más desgraciados llegados a este punto de la saga.  El primero ha llegado al punto de humillar a su propio padre de manera espantosa, orquestando además los peores complots contra su gente; mientras que el segundo, incluso nos parece mucho más maldito que el anterior, pues por pura cobardía sigue a su hermano mayor y ante su incapacidad para ser autónomo (salvo para acostarse con todas las mujeres que pueda), se permite justificar muchos actos deleznables de su parte, tal como el intento de asesinato (una vez más) de gente de su propia sangre. La violencia orquestada por estos dos, tiene su peor momento en un crimen pasional que sucede una vez asentados en la Tierra, en uno de los episodios más sangrientos de esta serie de libros.
    Si continuamos con la impronta negativa que poseen en la historia los 2 hijos mayores de Volemak, nos volvemos a encontrar con el tema del sexo, como una pasión desbordante que entre los individuos más deplorables expresa justamente su naturaleza más bestial.  Si un homosexual reprimido como Zdorab, ha aprendido a inhibir sus impulsos, con lo que queda de manifiesto su personalidad heroica, gente como Elemak, Mebbekew, Kokor y Sevet (recordemos a estos otros personajes), las igual conflictivas hijas de Rasa con el ya fallecido villano Gaballufix, ostentan lo peor de sí a través de su erotismo desbordante.   Entonces, casi como si se tratara de una visión moralista, Card nos muestra el sexo en poder de personas como ellos, a manera de arma para manipular a los demás, así como de una demostración de posesión de sus parejas (ya que nunca los ven como a sus iguales); en cambio, nuestros héroes mantienen su sexualidad en privado, como una verdadera manifestación de su ternura y amor por quienes les acompañan.  Luego podemos seguir hilando fino, que nos pareciera que Card censura el adulterio y pese a ser mormón, no está de acuerdo con los matrimonios en los que los hombres, tenían bastantes esposas en su religión antiguamente; cabe recordar que de las costumbres de Basílica (en la que los enlaces duraban hasta que las mujeres anulaban sus contratos conyugales), se pasó a la idea de familias más nucleares y que es bien sabido en sus obras, este aspecto es fundamental en su obra. 
    También con respecto al tema central, destaca el empoderamiento que toma la figura de la mujer a lo largo de estas novelas y en especial en la que ahora mismo nos reúne.  Es así como en esta ocasión cabe mencionar la evolución por la que han pasado personajes tales como Eiadh, la esposa de Elemak: pues quien antes fuese visto como una fémina superficial, ahora ya convertida en una madre responsable, exhibe grandes dotes de heroísmo, al enfrentar a su manera al cada vez más odioso de su esposo.  De igual manera, la ocasión en la que esta sacrifica sus propios deseos para beneficio mayor de la comunidad, cuando recibe los agradecimientos de las otras de su género, representa sin dudas la nobleza anónima de todas aquellas que en la vida cotidiana, deben enfrentar atrocidades como las de su marido y aun así manteniéndose con la frente en alto.
     Continuando con el lugar de las mujeres dentro de esta entrega, viene a ser la científica genetista Shedemey, quien nos brinda por igual uno de sus mejores pasajes: cuando se enfrenta ella sola, a las huestes liderados por el gran villano de las últimas dos novelas de la saga, Elemak (¿Quién otro más?).  Distinta en muchos sentidos al resto de héroes que ya conocemos, la vemos optar por su propio camino, ahora que sus hijos han crecido.  Resulta por un lado triste y, por otro, admirable su nueva opción de vida, la que la convierte sin dudas en otros de esos poderosos personajes creados por Orson Scott Card.  Junto a ella no podía dejar de estar Zdorab, su esposo con el cual posee tan especial relación, quien también obtiene en estas páginas sus propios actos heroicos.

     En lo que concierne a las dos razas y culturas con las que se encuentran los viajeros y posteriores colonos de Armonía en la Tierra, llama la atención el contraste que encontramos entre ángeles y cavadores.  Es así que los primeros se muestran, tal como dice su nombre, como una especie pacífica y de carácter más o menos matriarcal; a estos mismos los cavadores los llaman reses del cielo, ya que se los comen.  En cuanto a los otros, denominados como demonios por sus víctimas, resultan ser más bien belicosos y con un sistema patriarcal.  No obstante a lo largo de esta obra, nos vamos dando cuenta de que ambas sociedades están emparentadas más allá de ser roedores evolucionados, lo que tiene que ver con su origen y costumbres que otorgan varias sorpresas más a los lectores.  Ninguna de ambas especies sabe o considera a la otra como sujetos pensantes y sintientes, hasta que entran en contacto con los humanos y con quienes los lazos luego se estrechan bastante, hasta convertirse ello en uno de los pilares argumentales de esta novela.  Luego, la intervención de los seres humanos, quienes son considerados como dioses entre estos, nos lleva al tema del impacto negativo o no, que pueden tener civilizaciones más avanzadas en otras, una vez que estas llegan a un lugar con estas características e intervienen en el curso normal de sus vidas; por lo tanto el impacto de este encuentro es abordado en la novela, aunque siempre bajo la mirada más optimista hacia nuestra naturaleza.  Tampoco se puede olvidar el papel que cumple la religión dentro de todo esto, puesto que el detalle de que los humanos sean dioses para los autóctonos y cómo se usa este conocimiento para controlarlo, viene a ser otro ejemplo de cómo un cruce de este tipo, deja su huella en los pueblos que están en estas condiciones.
     Entre los mencionados “autóctonos” cabe mencionar a 3 (o más bien 4) individuos:
     Desde las filas de los cavadores se encuentra otro personaje femenino destacable, la igualmente heroica Emezeem, quien significativamente entre los suyos posee una apariencia diferente y que por ello ha sido despreciada; es así que quien era considerada una paria, luego se vuelve líder entre su gente, con lo que a través de ella podemos darnos cuenta que ser distinto no significa ser menos que otros y que, al contrario, cualquiera nos puede sorprender con todo lo bello que puede haber dentro de sí.  

     “La madre de Emeez la llevó a la caverna sagrada cuando tenía seis años. Era un lugar milagroso porque era subterráneo pero no lo había cavado la gente. Así era su forma, un regalo de los dioses; ellos lo habían creado, así que ahí llevaban a los dioses para adorarlos. 
      La caverna era extraña, áspera y húmeda, no seca y lisa como los túneles de la ciudad. Un agua lodosa goteaba por doquier. Su madre le explicó que el agua dejaba una diminuta cantidad de limo con cada gota, y que con el tiempo formaba las macizas columnas. Pero ¿cómo era posible? ¿Acaso las columnas no sostenían el techo de la caverna? Si las columnas se formaban con el goteo del agua durante tantos años, ¿cómo se había sostenido el techo en un principio? Pero su madre le explicó que esta caverna estaba hecha de piedra.
       —Los dioses abren agujeros en las montañas así como nosotros arrancamos trozos de piedra para nuestras espadas. Pueden sostener un techo de piedra tan ancho que no llegas a ver el otro lado, ni siquiera con la antorcha más brillante. Y ningún viento, por fuerte que sea, puede arrancar el techo del túnel de los dioses. 
      Por eso son dioses, supongo, pensó Emeez. Había visto los efectos de una tormenta en la parte alta de la ciudad, donde había derribado tres árboles-techo de modo que la lluvia y el sol entraban en lo que antes eran cuartos de juegos y salas de reunión. Tardaron días en sellar los pasajes y crear nuevos túneles para reemplazar el espacio perdido, y durante ese tiempo dos primos y tres primas se habían quedado con ellos. Su madre se había vuelto loca, y a Emeez poco le había faltado. Eran gente reservada y tranquila, y no sabían vérselas con esos fisgones entrometidos. ¿Qué es esto, aprendemos a tejer a tan corta edad? Oh, sin duda ya te has fijado en algún joven apuesto que acaba de salir en su primera cacería, cosa pequeña y bonita. Una mentira. Porque Emeez no era una cosa pequeña y bonita. No era bonita. 
     No era pequeña. Y por cierto no era una cosa, aunque mucha gente la tratara como tal. Por lo pronto, era demasiado velluda. A los hombres les gustaban las mujeres de vello sedoso, no oscuro y tosco como el de ella. Y su voz no era atractiva. Trataba de hablar como su madre, pero Emeez no tenía esa musicalidad.”


      Luego destacan como ángeles pTo y Poto, ambos hermanos gemelos (que en realidad dentro de su especie son mucho más que ello, ya que están ligados de una manera más estrecha de lo que podamos imaginar), quienes son los primeros de entre los suyos en acercarse a los humanos, superando con ello su temor y respeto a quienes consideran deidades.  Su encuentro con los también llamados “antiguos”, resulta ser mucho más conmovedor que en el caso de la cavadora, como una muestra increíble de amor filial y nobleza; luego, cuando se conocen con la familia de nuestro querido Nafai, bien se puede decir que se trata de uno los pasajes más bellos de la saga.   En todo caso, je, no puede dejar de ser gracioso el nombre de estos personajes para los lectores chilenos, ya que acá al trasero (o culo como le dicen en España) le llamamos poto.

      “Un hombre joven tenía muchas cosas que hacer, había muchas tareas que la comunidad le exigía, aunque ya estuviera casado, y con una mujer notable como Iguo. Dado el extraordinario progreso de pTo, los demás querían emularlo, esperaban de él que fuese un modelo para los jóvenes. 
      Pero no todos. Muchos sólo lo consideraban un chasco, un escándalo en el peor de los casos. Era demasiado joven. Iguo sólo se había casado con aquel chiquillo porque su bisabuela Upua había hecho lo mismo con Kiti. Casarse con un hombre joven se había convertido en tradición familiar para las mujeres de ese linaje, y pTo no era Kiti, como muchos se apresuraban a señalar. 
      —Tú no eres Kiti —dijo Poto, el otro-yo de pTo. 
      —Mejor para ti que no lo sea —comentó pTo—. Su otro-yo murió el año en que él hizo su escultura y fue escogido por Upua. 
      —No puedes ir por ahí haciendo locuras. No van a perdonarte nada. Si eres brillante, dirán que eres altanero. Si titubeas, dirán que te habías excedido en tus ambiciones. Si eres cordial dirán que eres condescendiente. Si eres orgulloso dirán que eres soberbio. 
      —Entonces da lo mismo que haga lo que quiera. 
      —Sólo recuerda que también arrastrarás mi nombre por el lodo. Si tú eres un lunático, ¿qué soy yo? 
      —Una pobre víctima de mi locura —respondió pTo—. Quiero ir a la torre. 
      Descansando en la gruesa rama de un árbol, vigilaban un rebaño de gordos pavos. Los pavos eran bastante dóciles, demasiado tontos para saber qué les deparaba el destino. El peligro eran los diablos, pues les gustaba robar los rebaños de la gente. Los diablos eran criaturas haraganas que nunca hacían su propio trabajo, salvo cavar horribles agujeros en el suelo y tallar el corazón de los árboles. Durante la temporada de partos, acudían en gran número, y a veces robaban hasta un tercio de los neonatos de ese año. Por eso tanta gente había perdido a su otro-yo. Durante el resto del año, en cambio, perseguían bandadas y rebaños. 
      —Estamos de guardia —dijo Poto. —Estamos vigilando lo que no debemos —insistió pTo—. Los Antiguos de la torre son las criaturas más importantes del mundo.”

      Asimismo, un nuevo villano entra en escena, el cavador Fusum y quien pretende quitarle su poder a Emezeem, valiéndose para ello de sus engaños.  En cierto sentido este viene a ser la contrapartida entre los suyos del por igual hambriento de poder Elemak, con quien se asocia para cada uno sacar provecho de esta complicidad; no obstante, la asociación entre los dos se sostiene más en la necesidad, que en el aprecio mutuo (y habrá que ver luego cuál de los dos es más astuto y logra superar al otro).
     En cuanto al desenlace de esta novela, no puede dejar de recordarnos al episodio bíblico de la salida de los judíos de Egipto, liderados por Moisés; claro que en esta obra la huida, o más bien el periplo de los personajes, se realiza de una manera menos dolorosa que en el texto bíblico y que implica la muerte de los inocentes primogénitos.  Como siempre la pluma magistral de Card logra cautivarnos, con instantes inolvidables, que incluso le dan la oportunidad a varios de los protagonistas para brillar frente a nuestros ojos.


sábado, 14 de julio de 2018

El viaje antes del viaje.


     El tercer libro de la pentalogía de ciencia ficción del Retorno de Orson Scott Card, recibe el nombre de Las naves de la Tierra.  Su nombre se refiere justamente a las máquinas que llevarán a los protagonistas hasta su nuevo hogar, como también a que en un mundo en el cual los seres humanos ya no manejan tecnologías de este tipo, aún se mantienen a resguardo del resto de la gente en el planeta Armonía, los vehículos que hace millones de años trajeron a sus antepasados a este lugar… ¿Cómo es posible esto último? Mejor es descubrirlo junto a Nafai casi al final de la novela, ya que en contra de lo esperado al llamarse así esta obra, estas nunca aparecen en sus páginas, pues se supone que el viaje especial solo se inicia en la siguiente entrega.  Pero no por ello este tomo deja de ser atractivo y otra muestra del genial talento de su autor, si bien se podría decir que en lo que va de la serie, es el menos logrado o el que menor cantidad de grandes emociones posee; en cierto sentido,  se trata de una novela que sirve como nexo a lo que viene, una preparación para aventuras más extraordinarias y que es necesaria para consolidar la comunidad que se creó, cuando los personajes abandonaron Basílica en busca de la “Tierra Prometida”.
     Es así que la novela sigue a los personajes a través de su viaje por el desierto, permaneciendo durante periodos en lugares precisos, hasta llegar al lugar en el cual por fin se asentarán por años (casi una década) antes de partir de una vez a las estrellas.  Mientras sucede todo, el grupo de los elegidos por el Alma Suprema se mantiene cerrado en sí mismo, sin contacto con otros humanos.  No obstante es debido a este importante detalle, que comienzan a surgir (otra vez) los conflictos entre sus miembros: los partidarios del plan de la inteligencia artificial, apoyando a Nefai y, en contraposición, aquellos que aún se resisten al plan de viajar hasta la Tierra.  Queda de manifiesto, entonces,  que el Alma Suprema no ha elegido por completo a los más virtuosos para cumplir con sus propósitos, lo que a partir de esta entrega es más evidente que nunca.
     El conflicto entre los “buenos” de la historia y los “villanos” (que como es habitual en las obras de Orson Scott Card, están humanizados), toma ribetes religiosos y/o arquetípicos, al mostrarnos las rencillas entre hermanos, donde el desprecio hacia el hijo menor y más virtuoso, por parte de sus celosos hermanos mayores, nos recuerda textos bíblicos tales como las narraciones de Caín y Abel, Moises y Josué; de este modo, los pesares por los que pasa el elegido de la “divinidad”, que viene a ser Nafai, al enfrentarse una y otra vez a las mezquinas acciones de sus dos hermanos mayores, no dejan de otorgarle a esta ficción más moderna ribetes épicos y míticos, en algunos de los momentos más emocionantes de la saga.  La dulzura y compasión de Nefai, quien no es alguien perfecto, pues duda en más de una ocasión de sus propias capacidades y puede resultar demasiado blando contra la perfidia de los demás, contrasta con la maldad de Elemak y Mebbekev, el primero rencoroso y soberbio, mientras que el segundo es nada menos que un rastrero cobarde.  Imposible que el lector no tome partido por el ingenuo héroe, que ahora ha tomado el papel principal en la narración.
    Siguiendo con la línea que acerca esta obra cada vez más a los relatos religiosos y/o bíblicos, se encuentra el hecho de que ahora Nafai y su esposa Luet, mantienen una relación más cercana con el Alma Suprema.  Es así que ambos ahora conversan “mentalmente” con la entidad, la cual incluso ha llegado a evolucionar a tal punto, de llegar a bromear con ellos y a tener una especie de complicidad.  Si se toma en cuenta lo misteriosa que era la IA en el primer libro y nos detuviéramos en cómo ha ido evolucionando la relación con la criatura, que antes consideraban un dios, es posible encontrarse con otro giro interesante en la narración.  Por otro lado, para quienes hayamos leído y gozado de la saga de Ender, inmediatamente resulta difícil no comparar ambas sagas del mismo autor, que el protagonista de dicha space opera de igual manera tiene una IA de amiga.

     “Nafai montaba guardia como de costumbre, conversando con el Alma Suprema. 
      Ahora era más fácil que al principio, cuando él e Issib prácticamente le habían obligado a hablarles. Ahora podía articular pensamientos con la mente, como si los pronunciara en voz alta, y luego, sin esfuerzo, sentir las respuestas del Alma Suprema. Le llegaban como si fueran sus propios pensamientos, de modo que a veces le costaba distinguir entre las ideas del Alma Suprema y las propias; por cierto, a menudo repetía sus preguntas, y el Alma Suprema, como era un ordenador y por tanto nunca sentía prisa, repetía las respuestas todas las veces que él deseara. 
     Esa noche, como estaba de guardia, primero preguntó al Alma Suprema si había algún peligro en las cercanías. 
     (Un coyote, siguiendo el rastro de una liebre.) 
     No, quise decir peligro para nosotros, dijo Nafai en silencio. 
     (Los mismos bandidos que te mencioné antes. Pero oyen ruidos en la noche, y tiemblan escondidos en una cueva.) 
      Disfrutas haciéndoles esto, ¿verdad?, preguntó Nafai. 
      (No, pero percibo tu deleite. Esto es lo que vosotros llamáis un juego, ¿verdad?) 
      Se parece más a lo que llamamos una jugarreta. O una broma. (Y a ti te encanta ser el único que está enterado de lo que hago.) Luet lo sabe. (Por cierto.) ¿Algún otro peligro? (Elemak trama tu muerte.)”

     Recordando una vez más la primera parte de esta saga, no se puede olvidar el elemento erótico presente en dicha obra y que sorprende si se considera el resto de la bibliografía de su autor…Pues en esta tercera parte nos encontramos nada menos que con… ¡Una escena de sexo! Claro que este fragmento corresponde a una muy especial, ya que sus protagonistas son más encima una pareja de adolescentes.  Un episodio como este podría considerarse un tema tabú, hasta cierto punto, ya que no olvidemos que estamos frente a un autor enormemente religioso; pero tampoco se puede olvidar, de que por mucho de que se trate de un libro de ciencia ficción, no por ello posee elementos realistas, pues de que hay menores que comienzan su vida sexual a temprana edad, eso es algo que todo el mundo sabe hoy en día.  Por otro lado, tal como suceden las cosas en esta serie, es necesario que nazcan nuevos humanos para luego poblar la Tierra, que siempre han habido sociedades en las que gente muy joven contrae matrimonio y tiene descendencia… ¿Y quiénes son los dos “adelantados” en este caso? Pues nada menos que Hushidh e Issib, siendo este último el hermano menor lisiado de Nafai, más encima; así que con mayor razón este momento resulta ser interesante, que con ello también queda de manifiesto que la plenitud no se niega a nadie.
     Tal como ya habrá quedado  con lo expuesto más arriba, la familia de Volemak solo se tiene a sí misma (y al Alma Suprema, que no es poca cosa) durante su periplo en el desierto.  Acercándose al final llegan a un sitio más boscoso, en el que se llegan a quedar unos 9 años.  Por intervención de la IA nadie se cruza con ellos, en lo que a otros humanos se refiere y, sin embargo, sí entran en contacto con una comunidad diferente: una tribu de mandriles. Desde la primera novela se les mencionó, no obstante en esta ocasión llegamos a conocerlos en profundidad y de este modo es posible reconocer que sus costumbres atienden más bien a una especie de cultura. Por lo mismo, las intervenciones de estas criaturas no solo resultan curiosas, sino que le dan a la lectura un nuevo rasgo interesante, al incorporar dentro de la saga un tema caro a la ciencia ficción: el encuentro con otras razas inteligentes…El detalle está en que esta especie no es autóctona del planeta Armonía, sino que llegó a dicho lugar con los humanos en sus naves; no obstante acá vemos que tras millones de años en Armonía han evolucionado y la mejor prueba de ello viene a ser un singular miembro de esta especie llamado Yobar.

     “Luet llevó el melón hasta donde Yobar pudiera verlo. Luego, volteándose despacio para no asustarlo, lo partió contra una roca. 
     Como ella esperaba. Yobar saltó hacia atrás, alarmado. Cuando vio que Luet no tenía miedo, se acercó a investigar. Ahora Luet pudo mostrarle lo que quería: el secreto que habían ocultado tan celosamente a los mandriles todo ese año. Cogió un fragmento carnoso y comió ruidosamente. 
      El ruido atrajo a los demás, pero fue Yobar —como Luet esperaba— quien siguió el ejemplo y se puso a comer. No hacía distinción entre la pulpa y la cáscara, y parecía disfrutar de ambas por igual. Cuando estuvo lleno, se puso a saltar y a parlotear hasta que los demás —sobre todos los machos jóvenes— se aventuraron a probar la fruta. 
      Luet retrocedió despacio y se marchó. 
      Oyó pasos a sus espaldas. Miró hacia atrás y vio que Yobar la seguía. No lo había esperado, pero Yobar siempre la sorprendía. Era muy curioso e inteligente, aun entre animales cuya inteligencia no distaba mucho de la humana, y cuya curiosidad y afán de aprender a veces era mayor.”


     En el primer libro aparece por primera vez el archivero del villano Gaballufix, de nombre Zdorab y quien está destinado a ser la pareja de la genetista Shedemei, siendo estos dos los únicos del grupo que no mantienen lazos de sangre con el resto.   No obstante solo recién en este tercer libro el personaje toma importancia y se convierte en alguien interesante y complejo.  Sin ánimo de querer caer en el maldito spoiler, este guarda un gran secreto: es homosexual, lo que en la sociedad ficticia en la que había vivido hasta entonces, era claramente una desviación y por ello algo condenable.  Es en todo esto y en cómo se desarrolla al personaje, que llama la atención que un autor al que se le ha acusado de homofóbico y que ha declarado públicamente estar en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, lo retrate de una manera tan natural, sin emitir juicios condenatorios y más encima dándole sus propios rasgos de heroísmo.  Frente a la decisión de tener alguien como Zdorab entre los secundarios, quien tiene varios momentos de gloria en esta novela y en la que le sigue, cuesta creer que Card sea tan homofóbico como pareciera en primera instancia (además, cabe recordar que su hermosa novela Maestro Cantor, tiene como protagonista a un gay y el que más encima mantiene una relación amorosa con un hombre mayor que él).  Por otro lado, el personaje permite abordar un aspecto bastante atractivo acerca del amor, acercándolo a las grandes historias trágicas y al tema del autosacrificio, en pro de quien se ama.  No diré más al respecto, que la idea es descubrir por uno mismo todas las maravillas que nos deparan Zdorab y el resto de los protagonistas de esta recomendable saga.

    “Shedemei nunca se había sentido tan carente de atractivos. Era absurdo. Minutos atrás despreciaba tanto a ese hombre que habría sentido repulsión si él hubiera manifestado el menor interés sexual. Pero él ya no era el mismo hombre, sino una persona mucho más interesante, una persona dotada de inteligencia y voluntad, y aunque Shedemei no se sentía precisamente enamorada ni desbordante de pasión, ahora lo respetaba de un modo que volvía dolorosa esa indiferencia. 
     Otra herida en el mismo lugar, abriendo las viejas y frágiles cicatrices: nuevamente sangraba de vergüenza, por ser una mujer que ningún hombre deseaba. 
     —No estás prestando atención —dijo Zdorab. 
     —Perdón. 
     Él no respondió. Shedemei abrió los ojos. Zdorab la estaba mirando. 
     —No es nada —dijo ella, enjugando la lágrima que le colgaba de las pestañas inferiores—. No quise distraerte. ¿Podemos comenzar de nuevo? 
     Pero él no volvió a mirar el índice.
      —No es que yo no te desee a ti, Shedemei. 
     ¿Qué, su corazón estaba tan desnudo, que él podía ver a través de sus simulaciones y descubrir el origen de su dolor? 
      —Es que no deseo a ninguna mujer. Ella tardó un instante en comprender. Luego se echó a reír.
      —Eres un zhop. 
      —En verdad ésa es una antigua palabra que designa el ano —murmuró Zdorab—. Algunos se ofenderían si los llamaran de ese modo. 
      —Pero nadie lo adivinó. 
      —He procurado que nadie lo adivinara —dijo Zdorab—, y al confesártelo pongo mi vida en tus manos. 
      —Oh, no es para tanto —dijo ella.
       —Dos amigos míos fueron asesinados en Villa del Perro. 
      Villa del Perro era el lugar de Basílica donde vivían los hombres que no tenían mujer, pues era ilegal que un varón solo viviera o pernoctara dentro de las murallas de la ciudad. 
      —Uno fue atacado por una turba, porque habían oído el rumor de que era un zhop, unpeedar. Lo colgaron por los pies de la ventana de un piso alto, le cortaron los genitales y lo remataron a puñaladas. El otro fue engañado por un hombre que fingió ser... uno de nosotros. Lo arrestaron, pero camino a la cárcel sufrió un accidente. Fue un accidente rarísimo, además. Trató de escapar, pero tropezó, y al caerse se atragantó con sus propios testículos, tal vez ayudado con el mango de una escoba o de una lanza, y se asfixió antes que nadie pudiera ayudarle. 
     —¿De veras hacen esas cosas? 
     —Oh, lo entiendo muy bien. Basílica era un lugar muy difícil para los hombres. Tenemos la necesidad innata de dominar, pero en Basílica debíamos resignarnos a no tener ningún control, salvo por intermedio de una mujer. Los hombres que vivían extramuros, en Villa del Perro, estaban calificados como chusma, hombres a quienes las mujeres no querían, por el mero hecho de no vivir intramuros. Constantemente se los acusaba de no ser hombres auténticos, de no tener lo necesario para complacer a una mujer. Se cuestionaba su identidad masculina. Por eso odiaban y temían a los zhop —pronunció la palabra con apasionado desprecio— hasta extremos realmente inauditos.”


     Otro personaje que ya había aparecido con anterioridad (en este caso en el segundo tomo) es Vas, el “cornudo” marido de Sevet, una de las dos decepcionantes hijas de la inteligente dama Rasa (y madre de nuestros queridos Issib y Nafai) y que fue engañado por su esposa en complicidad con el marido de la propia hermana de esta, Kokor (¡Toda una teleserie! ¿Verdad?).  Es así que quien hasta hace poco nos parecía un hombre demasiado dócil, desde ahora se convierte en otro de los sujetos despreciables, con los que se deben enfrentar los héroes de la trama; asimismo, a través de su figura el autor introduce dentro de la serie otro tópico clásico: el de la venganza, que no se trata de cualquiera, sino que se refiere a una que ha dado paso a un montón de grandes narraciones, la motivada por el despecho amoroso.
    Asimismo, dos nuevos personajes son introducidos en esta obra, considerando que tras la nueva vida de los protagonistas, una vez que salen de Basílica, comienzan a nacer sus bebés.  Pues una vez que todos se establecen, durante un largo periodo en el sitio que los acercará a las naves que menciona el título de esta novela, ya algunos niños toman relevancia dentro de la narración. Tal como es habitual encontrar otros menores de edad, extraordinarios en la bibliografía del escritor, aparecen acá personitas tales como Oykib (uno de los nuevos hijos de Volemak y Rasa) y Chveya (la hija mayor de Nafai y Luet).  Ambos chicos resultan estar llenos de talento y si bien ya en esta novela demuestran ser dignos hijos de sus padres, ya en sus primeras apariciones se convierten en la promesa de otros grandes momentos para las novelas que están por venir.
     No podían faltar unos cuantos verdaderos episodios en la lectura que pueden ser considerados como memorables.  Al respecto, se pueden mencionar pasajes tales como una de las tantas muestras de la odiosidad de Elemak, al querer dejar atado a su hermano menor Nafai en pleno desierto y la manera de cómo se resuelve todo esto; también se encuentra una muy interesante visita de Hushidh al propio Elemak y, por último, el clímax del libro y en el cual Nafai les demuestra, con mayor medida que antes, a sus dos nocivos hermanos que no se juega con el Alma Suprema.
     De las 4 primeras novelas de la serie esta es la más extensa, ya que en castellano alcanza cerca de las 500 páginas.  Puede que sea un poco más lenta que aquellas que le precedieron, no obstante no deja de poseer sus propias virtudes, como espero haberles dejado claro.  En estos momentos ya sobrepasé la mitad de la siguiente entrega y todo está tan bien entrelazado entre un libro y otro, que una vez que se está disfrutando este otro, llamado nada menos que  Retorno a la Tierra, resulta gratificante que lo mejor está por venir y que mientras tanto, cada libro resulta ser una verdadera delicia para la imaginación.


domingo, 24 de junio de 2018

Es un placer leerlo.


     El título que encabeza este post, es lo que sin duda sintetiza mi opinión personal a la hora de evaluar mi experiencia con la novela La Llamada de la Tierra, de Orson Scott Card, la segunda novela de la Saga del Retorno.  Esta secuela comienza en la práctica inmediatamente después de la revelación que se hace a la familia protagonista, con respecto a los planes del Alma Suprema, la IA que cuida y controla a los humanos habitantes del planeta Armonía.  
     Como era de esperarse en su autor, la trama se acompleja bastante y con ello es posible encontrarse con una obra mucho mejor que aquella que le precedió, en la que no solo regresan varios de sus personajes ya conocidos (y que en algunos casos se han ganado los corazones de los lectores), sino que se introducen unos cuantos más y que convierten esta segunda parte de la saga en el verdadero placer que es su lectura.
     La familia de Volemak ha sido escogida para regresar al planeta madre, tras millones de años de exilio de la humanidad en Armonía y sus 4 hijos, frutos de 3 matrimonios (y mujeres) diferentes son parte fundamental dentro de todo esto, en especial los dos menores que son lejos los más nobles de todos y cercanos a la mismísima Alma Suprema.  Es necesario que participen del viaje todos estos varones, porque dentro del plan que hay se encuentra la necesidad de que su línea genética se propague, al repoblar con sus descendientes a la Tierra; por esta razón requiere cada uno de ellos una esposa, por lo que deben regresar a Basílica para realizar luego su viaje acompañados por las féminas.  Solo la unión de años ya entre Rasa y el patriarca está segura, así que buena parte del argumento de este libro, tendrá que ver con la manera de cómo cada uno de los vástagos de Volemak consigue a su propia compañera; cabe decir que la distinta manera en que todos estos logran desposarse, deja en claro bastante el tipo de personas que son.
      Pero lo recién mencionado no es nada comparado con la aparición en sus vidas del general Mooz, un militar de alto rango, de un reino vecino y cuyo afán de poder es tan grande, que es capaz de negarse al control del Alma Suprema (a quien llama Dios, como el resto de su gente).  Esta vez se trata de un antagonista bastante diferente al detestable Gaballufix, que conocimos en La Memoria de la Tierra, puesto que en contra de lo esperado, logra simpatizarnos, pese a lo maquiavélico que llega a ser: ya que se trata de un hombre bastante inteligente y con cierto grado de nobleza, virtudes que lo encumbran lejos por sobre el anterior villano.   Es así que el error de uno de los protagonistas ya conocidos, provoca que Mooz llegue junto a su ejército, nada menos que hasta las puertas de la ciudad de las mujeres y tras una ardid muy ingeniosa suya, consiga complicarles la vida a nuestros héroes (y antihéroes) más que nunca.
     El papel que cumple el Alma Suprema en hombres y mujeres como protector, que además vela porque estos no atenten más de la cuenta contra los suyos, nos deja claro esta vez con mayor grado la importancia del libre albedrío dentro de la saga.  Lo anterior, es reconocible en la conducta de cada uno de los personajes, al aceptar o no seguir con los designios de su guardián, algunos abrazando de buena manera los caminos designados por la IA, otros como colaboradores en pro de un bien mayor y olvidándose de sus resquemores y otros solo como un medio para su propio beneficio.  No nos podemos olvidar de Mooz, quien se declara a sí mismo como enemigo de Dios, puesto que aunque no existe el ateísmo propiamente tal dentro de esta ficción, su actitud si nos lleva al terreno del rechazo directo a la divinidad.  Podría catalogarse esta situación como una especie de voluntarismo nietzscheano, ya que ve a la religión como un impedimento, para que el ser humano pueda sobresalir bajo sus propias capacidades.
     Volviendo a Mooz, no se puede dejar de lado que uno de los primeros motivos que lo lleva a realizar su rebelión, viene a ser el viejo tema de la venganza.  El autor aborda este tópico de manera bastante interesante, al relacionarlo con el nacionalismo y la historia real de los pueblos oprimidos (y aniquilados) por otros, que ostentan la supremacía de la raza.  Si bien el general actúa a primera vista como un hombre codicioso y violento, que sin dudas estaría dentro del territorio de los personajes malvados, nos deja claro de que existen matices y que nadie llega a ser un villano de la nada (en otras palabras, no encontraremos malos de opereta en este tipo de obras, que no por ser de ciencia ficción, dejan de ser reflejos del mundo tal como es).
     Mooz y la cultura dentro de la que ha crecido, es un individuo que podría considerarse con facilidad como un misógino, ya que desconfía de la independencia de las mujeres, relegando su papel al de simples amas de casa y objetos de deseo.  De este modo su conducta al respecto, como claro ejemplo de la idiosincrasia de su pueblo, pone en el tapete la eterna discusión sobre matriarcado versus patriarcado, feminismo y machismo.  Cabe recordar que en Basílica quienes tienen el poder son las damas, las que poseen un gobierno sabio y benigno en muchos aspectos; en cambio en la patria “de acogida” de Mooz, mandan solo los “machos” y por lo mismo en este otro lugar sí es posible que aparezcan aberraciones como los nacionalismos, afanes expansionistas y la guerra.  Queda a manos del lector reflexionar acerca del significado de todo esto.  En todo caso, el prejuicioso Mooz encuentra en la formidable Rasa a toda una contrincante, a quien incluso llega a respetar y admirar, así como luego otras féminas terminan dándole las mayores lecciones de su vida.

     “—Por favor, llámame Moozh. Es un apodo que sólo permito usar a mis amigos. 
       —Yo no soy tu amiga. —Ese apodo significa «esposo» —explicó él. 
       —Sé lo que significa, pero ninguna mujer de Basílica te llamará así a la cara. 
       —Esposo —dijo Moozh—, y Basílica es mi prometida. La desposaré, la llevaré al lecho y ella me dará muchos hijos. Y si no me acepta como esposo de buen grado, la poseeré de todos modos, y esta bella ciudad terminará doblegándose. 
       —Esta bella ciudad terminará sirviendo tus cojones en una bandeja, general —replicó Rasa—. El último dueño de esta ciudad lo descubrió cuando intentó hacer lo mismo que tú.   
       —Pero él fue un necio. Lo sé, porque te perdió a ti. 
       —No me perdió a mí. Se perdió a sí mismo. Moozh sonrió.”

    Pero no solo el “cabeza mojada” (tal como llaman despectivamente los basilicanos a su gente, por la costumbre de su pueblo de echarse en la cabeza aceite) aparece como alguien de cierto carácter nefasto a lo largo del libro, puesto que nos volvemos a encontrar acá con Rashgallivak, quien fuera otrora la mano derecha de Volemak, cuando este último era líder de su clan y el que tras las triquiñuelas del villano Gaballufix, se queda con su rol dentro de dicha comunidad.  Pues si antes vimos a este hombre como alguien engañado por el “malo de la historia”, que nos parecía una persona de principios, ahora llegamos a conocerlo mejor y con él es posible darnos cuenta de que en realidad no era tan noble como creíamos.  La tremenda sorpresa que nos depara su verdadera naturaleza, nos lleva al terreno de la codicia y, hasta cierto punto, de la envidia.  Luego queda expresado por medio de la narración, otra dimensión de la oscuridad del corazón humano, al contrastar el mal que habita en este personaje, con el de otros sujetos de condición despreciable, en lo que va de la saga.  
     Para el mormón practicante que es Orson Scott Card el sentido de la familia es bastante importante y tal como lo he afirmado en otros posts que le he dedicado, ello es posible identificarlo en todo su esplendor a través de sus emotivas ficciones.  Puesto que sus personajes mantienen un apego bastante a los suyos.  Es dentro de todo esto, que destaca una vez más la presencia de las dos hermanas que son Hushibd y Luet, ambas formidables personas pese a su juventud y que se quieren con todo su ser.  Es entonces que aparecen dentro de la historia otras dos hermanas, quienes a diferencia de las anteriores son artistas y no “mujeres sagradas”, pero que además carecen de la humildad y la gentileza de sus contrapartidas.  Sevet y Kokor son hijas de Rasa, producto de su breve matrimonio con Gaballufix, habiendo heredado el materialismo y la falta de criterio de su padre; de este modo queda de manifiesto esa idea de que “no elegimos a nuestros parientes”, que la noble Rasa hartas penurias debe pasar por culpa de sus hijas y, sin embargo, les demuestra, pese a todo ello, su incondicionalidad como madre.  Resulta difícil no comparar a las hijas consanguíneas de esta última con sus dos “sobrinas” y discípulas, siendo estas otras dos verdaderas hijas espirituales de la matriarca. 

    “Kokor se internó en la oscuridad, dirigiéndose a la Villa de los Pintores. Le palpitaba el muslo encima de la rodilla, en la zona con que había golpeado la entrepierna de Rashgallivak. Tal vez se le hiciera un moretón y tuviera que maquillarse las piernas con una capa espesa. Qué fastidio.
       Padre ha muerto. Debo ser yo quien avise a Sevet. Que nadie la avise primero. Y asesinado. La gente hablará de esto durante años. El blanco del luto me sentará muy bien. Pobre Sevet. Su cutis parece rojo como una remolacha cuando se viste de blanco. Pero no se atreverá a dejar el luto mientras yo lo lleve. A lo mejor decido llevar luto por el pobre papá durante años y años.”

    Otro nuevo personaje femenino que es introducido en este libro (bueno, para ser sincero, fue Kokor o Sevet quien apareció brevemente en un momento de La Memoria de la Tierra, pero solo recién en la segunda parte de la saga, ambas consiguen definirse dentro de los acontecimientos), viene a ser otra estudiante de Rasa: la destacada genetista Shedemei.  Mucho mayor que las otras 4 relacionadas con la esposa de Volemak,  dedica parte de su tiempo a dictar cátedra en la casa de su maestra.  De espíritu crítico, la actividad a la que se dedica nos entrega un interesante cuadro de 3 de los aspectos más importantes dentro de la sociedad humana y su cultura: la religión (Hushibd y Luet), el arte (Kokor y Sevet) y la ciencia (ella misma).  Increíblemente, esta vez la ciencia representada por Shedemei toma un aspecto benigno, a diferencia de lo que en otras obras de ciencia ficción, viene a tener ribetes más negativos; de igual manera la fe a través de las dos huérfanas, también está representada como algo de carácter positivo (lo que va en concordancia con un autor tan devoto como Card); y en cambio el arte, en vez de construir belleza, se presenta como una cortina bajo la que se esconden seres egoístas, que usan sus encantos como un medio para esconder la podredumbre de sus espíritus.
     Tal como ya se afirmó, este libro resulta lejos mucho mejor que el anterior, de igual manera por el importante detalle de que en sus páginas, se encuentra en mayor medida a ese Orson Scott Card que sus seguidores hemos llegado a amar sin tapujos: Me refiero al autor capaz de llevar a cabo con sus escritos momentos en verdad emotivos y en los que sus carismáticos personajes, demuestran con creces no solo su inteligencia, sino que su tremenda humanidad a través de su nobleza y enorme capacidad para amar.  Al respecto, varias son las instancias en las cuales el lector se maravilla con este aspecto caro al escritor, quien con una prosa poética, que está a la par de colegas suyos como Ursula K. Le Guin, Ray Bradbury y Neil Gaiman, consigue acaparar toda la atención de uno.
      Con respecto a lo afirmado en el párrafo de arriba, no se puede dejar de lado ambas intervenciones de otro personaje femenino, que tiene su debut en esta novela: Sudor.  Se trata de alguien cuya vida es relatada casi a manera de relato enmarcado, dentro de la novela, puesto que el capítulo dedicado a ella en apariencia podría ser independiente a la trama central, pese a sus claros nexos con ella.  Una vez que vuelve a aparecer en la acción, se cierra de magnífica forma todo un círculo argumental, que a más de alguien lo deja asombrado (si es que no le saca una lágrima por ahí).  Cabe mencionar que la vida de esta mujer, se encuentra inexorablemente ligada a las de 3 de los protagonistas.  

      “—Madre —dijo su hijo mediano—, creo que estás llorando por un sueño. Despierta. Sed despertó.
       —¿Qué te ha pasado? —preguntó el niño. Era un buen niño, y ella no quería abandonarlo. 
       —Debo emprender un viaje —dijo Sed. 
       —¿Adonde? —A un lugar lejano, pero volveré a casa, si el Alma Suprema me lo permite. 
       —¿Por qué debes irte? 
       —No lo sé. El Alma Suprema me ha llamado, y no sé por qué. Tu padre ya está trabajando en los campos. No se lo cuentes hasta que venga a comer al mediodía. Para entonces estaré tan lejos que no podrá seguirme. Dile que le quiero y que volveré. Si desea castigarme cuando regrese, me someteré de buen grado a su castigo. Pues preferiría estar con él, y con nuestros hijos, que ser reina en cualquier otra tierra. 
      —Mamá —dijo el niño—, sabía que ibas a marcharte desde hace un mes. 
      —¿Cómo lo sabías? —preguntó ella. Y por un instante temió que también él sufriera la maldición de la voz del Alma Suprema. Pero el niño no tenía la locura sagrada, sólo sentido común. 
      —Siempre mirabas al noroeste, y Padre nos contó que tú habías venido de allí. Pensé que deseabas ir a casa. 
      —No, no quiero ir a casa, porque ya estoy en casa. Pero debo cumplir con un encargo, y luego regresaré. 
      —Siempre que el Alma Suprema te lo permita. Ella asintió. Luego cogió un paquete de comida y un odre de cuero lleno de agua, y emprendió la marcha.”

      De igual manera se pueden mencionar la intervención de la “Descifradora” Hushbid, para que los mercenarios enmascarados de Rashgallivak no se salgan con las suyas, una vez que entran a la casa de Rasa; así como también destaca la conversación privada entre el heroico Nafai y Mooz, cuando el joven con toda determinación llega hasta donde el general, para evitar que se produzca un inútil derramamiento de sangre.  
      Luego del impactante final de esta novela, no queda otra que querer leer de inmediato la siguiente entrega, algo que sin dudas llevé a cabo y que aún disfruto al terminar estas palabras.

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