martes, 1 de noviembre de 2011

¿Una verdadera colección de terror?

Una de las peores y menos artísticas portadas que  he visto
 para un libro de Stephen King, siendo que ésta
se corresponde 100% con la edición original USA.
   Tener en las manos una nueva colección de cuentos de nuestro escritor favorito, es para muchos una cita ansiada durante largo tiempo. Aquellos que ya hemos disfrutado sus narraciones cortas, sabemos que su fuerza narrativa y originalidad a la hora de abordar lo siniestro, radica de forma más clara en sus historias breves (y esto sin menosprecio de muchas de sus grandes novelas), puesto que en ellos la economía de palabras ayuda a que el susto y la repulsión repentinos se vengan rápidamente.
     Después del Anochecer corresponde a su quinta antología de cuentos, habiendo dejado las primeras de ellas (en especial la anterior a ésta, Todo es Eventual) la vara bien alta a la hora de disfrutar este tipo de historias. Era de suponer que tras la evolución o “cambio” en la labor de Stephen King desde ya al menos unos diez años, se evidenciara su supuesta madurez literaria en estos 13 relatos. Para algunos su supuesta “seriedad” a la hora de abordar sus nuevas temáticas es un aliciente en cuanto a valorar más “académicamente” sus últimos trabajos; en cambio para otros, lo último que ha escrito y/o publicado el llamado “Rey de Terror” durante estos años, o bien ha perdido calidad o bien es una demostración de la “domesticación” de King, quizás para agradar a otros públicos. No quisiera perder mi encanto por Stephen King, pero me parece que esto último se adecua más al fruto final que es Después del Anochecer. Tengo la esperanza de que sus obras que están por venir o las que aún no leí de él (como Duma Key[1] y Under the Dome) me demuestren lo contrario.
    Por otro lado, es evidente (basta sólo leer las opiniones de muchos de los que publican en INSOMNIA) que un gran número de personas han gozado enormemente la colección que ahora me permito analizar y no en vano ya ha ganado prestigiosos premios, como lo es el Bram Stoker Award y otros. Dejo abierta la puerta de que puede ser que tal vez uno se haya acostumbrado demasiado a sus historias sangrientas, gráficas y llenas de monstruosidades de antaño y como al menos en este libro (como también en La Historia de Lisey, Blaze y The Colorado Kid) ya no abundan, fácilmente uno hecha de menos ese otro King y se enceguece para apreciar su nueva faceta. Sin embargo, sí están el suspenso, la aventura, los personajes atroces y enfermizos, como también la gran carga humana y emocional que igualmente caracteriza a nuestro King… pero igual se siente ese vacío que queda ahí pendiente.
    Mejor hagamos un recorrido cuento por cuento de Después del Anochecer, para indagar mejor en qué va la narrativa corta actual de su autor.

1 - Willa: Cuando un relato abre una colección de historias, y más si supuestamente son historias tenebrosas, uno espera que el primer bocado que nos darán, nos deje con ese sabor metálico de la sangre y del miedo; pero lamentablemente, y tal como reconoce el propio King en sus notas para este cuento al final del volumen, éste no es uno de los mejores cuentos del libro. Yo me atrevería a afirmar que es de lo peor que ha escrito, aburrido y sin misterio. Lo que sí le reconozco, es que está bien escrito, pero todos ya sabemos que el autor sabe muy bien cómo contarnos algo.
    El tema de la vida después de la muerte y de los muertos que no saben que lo están es un tópico reiterativo no sólo dentro de la literatura de terror. Stephen King ya lo había abordado con anterioridad y con maestría en obras tales como Cementerio de Animales (bueno, en este caso mismo destaca más bien el tema de la muerte misma y sus diferentes connotaciones para el ser humano). La descripción que hace King de un lugar letárgico, una especie de limbo donde quedan deambulando los muertos, no es ninguna novedad; si no basta con mencionar el clásico mexicano de Pedro Páramo de Juan Rulfo. El muerto que se queda encadenado a la vida que conoció, condenado a repetirse una y otra vez (y aquí me permito parafrasear con ello a la película de Guillermo del Toro, El Espinazo del Diablo) son subtemas que se encuentran presentes en lo que me parece es lo peor de este libro.

2 - La Chica de Pan de Jengibre: ¡Qué extraño nos resulta este título a los lectores latinoamericanos, quienes apenas conocemos el cuento infantil que inspira este nombre (El Hombre de Jengibre). Luego del pobre bocado recién reseñado, encontrarse con esta historia, resulta un verdadero regalo que hace recordar al King de sus mejores tiempos.
    Esta historia es en realidad una muestra de lo mejor de King a la hora de contar un hecho intenso, siniestro, morboso, pero además cargado de un hondo drama humano, tal como es el que le toca vivir a la protagonista. La narración es violenta cuando corresponde y cargada de una atmósfera claustrofóbica y tensa.
    Desde mi punto de vista Stephen King logra crear personajes femeninos muy vivos y carismáticos, y en el caso de Emily, no hay excepción. El sentimiento de pérdida por el que pasa este personaje y el deseo de evadirse luego del trauma que le toca vivir, hacen imposible no identificarse con la historia de una mujer que por una simple casualidad de la vida se ve en manos de un psicópata. La protagonista pasa por una nueva experiencia límite que la lleva a luchar por su vida cuando no hasta hace poco había perdido sentido para ella.
    No ahondaré más en la trama de esta fabulosa narración. Si diré que a ratos recuerda a esa fabulosa novela del propio King como los es El Juego de Gerald o su increíble cuento En la Habitación de la Muerte.
    Espero ver prontamente convertido La Chica de Pan de Jengibre en una película o algo parecido.

3 - El Sueño de Harvey: King tiene unas cuantas narraciones que bien podrían estar aptas para un capítulo más de La Dimensión Desconocida y es así como la historia que ahora nos atañe muy bien calza dentro de ellas.
    La trama es sencilla, un anciano tiene un extraño sueño, algo de carácter premonitorio y ello pone nerviosa a su esposa. La historia en sí posee ese sentido de rareza cuando no queda claro el límite entre lo onírico y la vigilia, muy bien descritos acá; sin embargo, el cuento no logra despegar y lo que uno espera será una gran revelación, resulta más bien una decepción más para el lector.

4 - Área de Descanso: ¿Quién no ha querido alguna vez en su vida intervenir en una pelea de pareja, porque le parece que la mujer está siendo realmente violentada y desea luego quedar como un héroe? Esta es en parte la premisa con la que parte Área de Descanso, un relato que sí resulta ser entretenido y eficaz y que nuevamente demuestra esa idea tan kingniana de que personajes comunes y corrientes están más que propensos a vivir experiencias extraordinarias y pavorosas. Por otro lado, este relato bien ejemplifica aquello de que dentro de nosotros existe una faceta oscura que en cualquier momento puede salir a flote y sorprendernos.
    En suma, un cuento de lectura rápida y atractivo.

5 - La Bicicleta Estática: Bien es sabido que los artistas tiene otra forma de ver las cosas, una sensibilidad que muchas veces muestra que genialidad y locura se encuentran bien poco diferenciadas. Lovecraft ya había trabajado este tema con El Modelo de Pickman y el propio King con La Historia de Lisey o Duma Key, por no mencionar otros, ya había hecho de lo suyo para mostrar que esta gente está expuesta a extrañas circunstancias.

    El protagonista de esta historia por recomendación de su médico se ve obligado a adquirir una bicicleta estática, de modo de bajar de peso y no sufrir problemas de colesterol. Para amenizar el cuarto donde realiza sus ejercicios pinta un paisaje en una muralla, el cual comienza a cobrar vida… hasta que unos extraños personajes aparecen en él. Esto de los cuadros que son portales a otra realidad, ya había sido tratado en El Retrato de Rose Madder del propio King, pero acá el mundo dentro del cual se ve involucrado el protagonista, no resulta ser una realidad fantástica y ominosa como la de la novela, sino que más bien corresponde al propio paisaje mental e interno de la vida de su creador.
    Una obra literaria de valor, y más tratándose de una de corte fantástico, debe otorgarle verosimilitud, o sea, credibilidad a las palabras para que el lector llegue a confiar y crea que la fantasía sea posible. Sin embargo acá (es mi humilde opinión) King no lo logra y la historia puede parecer ridícula a muchos, incluso absurda. Como las historias fantásticas de finales del siglo XIX queda la incertidumbre de si todo ocurrió o sólo es fruto de la imaginación febril del personaje.
    Hasta el momento en lo que va del libro, se van alternando los cuentos malos con los de real calidad. Este es el tercero olvidable. Habrá que ver cuáles son los que predominan más en este tomo.

6 - Las Cosas Que Dejaron Atrás: De vez en cuando Stephen King escribe una historia donde el dolor, el real, ese que te quema por dentro, no el de una mordida de vampiro, se siente desde la primera página de lectura. Ya en La Chica de Pan de Jengibre el sentimiento de pérdida estaba presente, así como el peso de la fragilidad humana, naturaleza que pese a toda adversidad llega a ser también lo más maravilloso. Al respecto, me es imposible no recordar obras tales como El Cuerpo, La Milla Verde o Rita Hayworth y la Redención de Shawshank y muchas otras más. Bueno, ésta es una historia de ésas.
     Por otro lado, si no me equivoco, Las Cosas Que Dejaron Atrás fue la primera o al menos una de las primeras narraciones de un escritor de renombre en USA que publicó un texto de ficción respecto al atentado a las Torres Gemelas. Ahora bien, lo que aquí hace King va más allá de contarnos cómo a alguien le tocó sufrir ese atentado, o lo que sucedió con los que sobrevivieron a dicho desastre. Lo que realiza acá Stephen King es hablarnos acerca del sentimiento de culpa de un funcionario de una de las Torres Gemelas, que al parecer por simple capricho no fue ese día a trabajar y debido a ellos (gracias a ello), se salvó de una muerte casi segura. El sentimiento de culpa que conlleva esta decisión, el recuerdo de la gente que conoció, muchos de ellos amigos suyos, que perdieron la vida ese día, le pesa terriblemente. Hasta que entonces un día comienzan a aparecer a la puerta de su casa una serie de objetos que resultan ser posesiones de aquellos que murieron en el atentado. ¿Qué hay que hacer entonces? ¿Se está volviendo loco? No contaré qué pasa, sin embargo sí me atrevo a decir que esta emotiva historia enlaza los sentimientos de pérdida y culpa, con los de la responsabilidad y la certeza de que la memoria es algo que no podemos dejar de lado. Que como dice el famoso dicho, parafraseándolo, aquel que olvida su pasado, está obligado a repetirlo una y otra vez.
    Este es el King que me gusta (no sólo el de los “monstruos”).

7 - Tarde de Graduación: Puede que éste sea el primer o segundo cuento real de terror de esta selección (si consideramos dentro de la temática de “psico thriller” el de La Chica de Pan de Jengibre). No obstante Tarde de Graduación resulta ser un texto flojo, que no produce mayor expectación y al que tal vez si King le hubiese dado mayor espacio con un desarrollo más amplio, obtendría mayor logro.
    El tópico del Apocalipsis también ya es tanto frecuente en otros autores, como en King (The Stand y El Final del Desastre, por no mencionar otros). Acá nuevamente lo aborda, pero como ya dije, con pobres resultados. Al principio de la historia, uno no tiene idea de para dónde va el relato, pues el tono apocalíptico ocurre recién con el clímax de la historia.

8 - N.: Creo que este, junto con Las Cosas Que Dejaron Atrás, es el cuento más esperado para el llamado “Lector Constante” de King, si se consideran las alabanzas que produjeron ambos cuentos una vez publicados, siendo que además esta historia fue originalmente adaptada en un curioso formato animado digital y ahora al cómic. Lo mejor, es que la obra en sí misma no decepciona.
    Sabido es que King es admirador de la obra de Howard Phillips Lovecraft, el creador del llamado “Horror Cósmico” y en el cual antiguas y horrorosas criaturas acechan en la oscuridad (para resumir el concepto en pocas palabras). Ahora bien, en este cuento King además adopta el tono propio de Lovecraft, al entregarnos una narración en primera persona, con la incorporación de textos supuestamente verídicos, como cartas y transcripciones de grabaciones. Estos recursos estilísticos King los ha sabido utilizar muy bien, desde ya su clásico Carrie.
    La historia trata sobre un hombre que sufre del llamado “Desorden Obsesivo Compulsivo”, un mal psiquiátrico consistente en realizar una acción de forma reiterativa e incontrolada, a raíz de una experiencia traumática donde el protagonista logra atisbar a una de estas criaturas. El hecho le provoca tal terror, que su vida no vuelve a ser la misma y es así que a lo largo de la narración, nos damos cuenta de que tal evento posee características cósmicas que muy bien pueden repercutir en el resto de la humanidad.
    King le da además a su relato un aspecto cuasi policial, por cuanto se transforma en una investigación la indagación de la verdad por parte de otros personajes. A su vez existe en N. un matiz moralizante, puesto que juega con la idea de que “la curiosidad mató al gato”, algo que ya viene de lejanos relatos orales como mitos, fábulas y cuentos de hada.

9 - El Gato del Infierno: El título ya nos dice harto. Esta es una narración de terror puro, que a su vez corresponde a una historia por muchos años pendiente en la obra completa de su autor. Stephen King la escribió hace muchos años y hasta antes de ahora sólo había sido publicada en unas cuantas revistas, aparte de la adaptación que se hizo para la versión cinematográfica de la serie de televisión de Cuentos del Lado Oscuro.
    A su vez el cuento en sí mismo es un homenaje más de King a su otro maestro, el genial Edgar Allan Poe y su famoso cuento El Gato Negro. La historia trata sobre un acaudalado y anciano hombre que contrata a un eficaz asesino… ¡para que mate a su gato! Y lo que parece un trabajo sencillo gracias al capricho de un viejo chocho, resulta ser una macabra vivencia.
    En suma, es uno de esos cuentos a la usanza del viejo King, gráfico y asquerosamente divertido.

10 - The New York Times A Un Precio De Ganga: Sabido es que los creadores de la serie Lost son fanáticos de Stephen King, así como que el propio King admira dicho show. Es por esta razón que me parece que en este cuento, el autor le hace su personal homenaje a Lost. Es así que acá el protagonista es un supuesto sobreviviente de un accidente aéreo y que como los personajes de la serie, no tiene idea de dónde se encuentra. Hasta que entonces logra comunicarse con su esposa por teléfono.
    Ahora bien, el relato en sí para nada resulta ser original, es más, recuerda mucho al guión de No Se Equivoca de Número, que King publicó en su colección Pesadillas y Alucinaciones (esta historia originalmente la escribió para filmarse como episodio de la serie Cuentos del Lado Oscuro, por eso sólo se publicó en este formato).
    En suma, ningún aporte a la obra literaria de Stephen King.

11 - Mudo: Me parece que junto con el último relato de esta colección, éste resulta ser el más original, teniendo además otro atractivo: ese humor negro tan propio de King que se extrañaba en el resto de los cuentos ya reseñados.
    La historia trata sobre un tipo que constantemente viaja en su auto para hacer ventas, dejando a su familia sola. Un día en la carretera se encuentra con un extraño hombre haciendo autostop y al que acepta llevar. Su improvisado compañero resulta ser mudo y sordo, sin embargo ello no impide que el vendedor aproveche de descargarse y contarle sus penurias sobre su fracaso matrimonial. Es entonces que este hecho toma una dirección inesperada para el protagonista y los suyos.
    El giro final de la historia es increíble y King acá saca lo mejor de sí. El extraño pasajero resulta intrigante, como también esa sensación de no saber hasta el final de qué es de lo que se siente realmente culpable el protagonista.

12 - Ayana: Quizás el cuento más extraño de todo el libro, si bien corresponde a esa serie de relatos que King escribe de vez en cuando que casi resultan inclasificables. Podría estar dentro del lote al que corresponde el mismo El Sueño de Harvey, o cuentos mejor logrados como los antiguos El Atajo de la Señora Todd o La Dedicatoria; sin embargo esta historia con cierta carga emocional, resulta mejor que  El Sueño de Harvey.
    La historia es una confesión, digamos que uno de esos secretos largamente guardados, no por vergüenza o miedo, si no por lo extraño de su naturaleza. El padre del narrador sufre de una enfermedad terminal y un día llega a su habitación en el hospital una rara niña y luego de su visita el hombre mejora considerablemente. Este hecho extraordinario, se constituye en un medio para que King nos haga reflexionar acerca de la posibilidad de los milagros y el papel que cumple en nuestra vida la fe.
    El cuento en sí no es malo y tiene momentos claramente emotivos, pero al menos a mí no me logró conquistar.

13 - Un Lugar muy Estrecho: Lo reconoceré de inmediato, este es el cuento que más me gustó de todo el libro y es porque considero que en él el señor King muestra con genialidad su inventiva y capacidad fabuladora a la hora de crear un cuento extenso en una situación que a nadie más se le habría ocurrido; es más, lo hace todo tan creíble, que el lector sólo quiere saber más y más acerca de la espantosa aventura de su protagonista.
    Un tema bastante popular en la literatura, ya sea de terror, como en el propio romance o en las tragedias shakesperianas (en otras obras) es la venganza. Es así como King, que ya lo hizo en su clásico El Cadillac de Dolan, vuelve a homenajear a Poe y su Barril del Amontillado, con una historia donde un desagradable personaje deja encerrado al protagonista en… ¡un baño químico! La víctima hará hasta lo imposible para salir de su prisión y es así como King hará gala de toda su maestría a la hora de narrar asquerosidades que tanto se echaban de menos en la mayoría de estos relatos.

    Ahora bien, considero que otra virtud de esta narración, consiste en cómo su autor logra acaparar la atención del lector en un lugar tan pequeño como lo es el baño químico. Esta es una proeza literaria que ya había conseguido en otras obras maestras, tales como Misery y El Juego de Gerald o el mismo Cujo, donde durante páginas y páginas los personajes se encuentran encerrados en lugares pequeños y la descripción sobre todo lo que hacen mientras tratan de escapar es notablemente soberbia.
    Altamente recomendable; eso sí, una historia sólo para firmes de estómago.

Conclusión.

    Luego de hacer esta ronda por todos los cuentos que conforman Después del Anochecer, la suma total de cuentos que a mi parecer valen en verdad la pena leer y son muestra del talento de su autor son 7: La Chica de Pan de Jengibre, Área de Descanso, Las Cosas Que Dejaron Atrás, N., El Gato Infernal, Mudo y Un Lugar muy Estrecho. Queda en veremos Ayana, debido a la curiosidad de abordar sus temas. Las razones de por qué cada cuento es valioso o no, espero haberlas dejado claras, si bien admito esta es una crítica literaria de corte personal y por ella subjetiva, por lo que corresponde a cada uno hacerse su propia opinión una vez que se hayan leídos los cuentos.
    No se puede dejar de lado el tema pendiente al subtítulo de este artículo (¿Una verdadera colección de terror?), pues aquí si creo ser objetivo a la hora de señalar que de terror en sí, sólo La Chica de Pan de Jengibre, Tarde de Graduación, N. y El Gato del Infierno, son sin duda obras de terror. Pero quizás Un Lugar muy Estrecho bien podría sumársele al grupo, al considerarse sus antecedentes dignos de Poe.
    Entonces sí el libro en cuestión posee 13 relatos, sólo 5 son de terror, abordando todos ellos diferentes manifestaciones del género: psicópatas, fin del mundo, monstruos y horror cósmico, nuevamente monstruos y la idea de ser enterrado vivo respectivamente. Si el análisis arroja este resultado… ¿entonces por qué se le da a esta colección de cuentos el erróneo título de antología de cuentos de terror? ¿Será acaso una manipulación de parte de las editoriales que se quieren aprovechar del título de Stephen King de “Rey del Terror”? ¿O es el propio King quien nos engaña? Es esta ambigüedad la que me deja insatisfecho, pues si me dicen que lo que compré es una colección de cuentos de terror, es porque eso es lo que deseo leer y no que me engañen.
    ¿Se entiende mi posición?
    Hay otros relatos realmente buenos en esta colección, pero hubiese preferido que no me vendieran el libro completo con el título de “cuentos de terror”.



[1] Este texto lo escribí en febrero del 2010 y fue publicado en la Insomnia en mayo de ese año.  Cuando leí este libro, aún no había leído Dumma Key, pero meses después tuve el gusto de comprarme y disfrutar realmente de este libro.

viernes, 14 de octubre de 2011

Los Ojos de la Inocencia: El Niño con Pijama a Rayas (película).


     Tendría entre seis y siete años, cuando una tarde me encontraba jugando con mi hermana Mabel; aquella ocasión estábamos al lado de la casa de nuestros abuelitos, cuando se nos acercó un niño de mi edad.  De forma espontánea entablamos los tres conversación (sólo después me vine a dar cuenta de su ropa ajada y su rostro sucio). Lo invitamos a jugar con la cordialidad de los pequeños que carecen de malicia.  No recuerdo si nos dimos nuestros nombres. 
    El chiquillo llevaba consigo una maya, de esas en las que se acostumbra echar hortalizas y efectivamente llevaba unas cuantas cebollas en ellas.
     - ¿Por qué las traes contigo?- Le pregunté.   Entonces se puso a llorar.- ¿Por qué lloras?
    - Porque si no las vendo, me van a pegar en mi casa.
    Con Mabel nos quedamos mirando.  Yo por mi parte era la primera vez que me enfrentaba a un mundo totalmente distinto al mío y donde los niños debían vivir experiencias de adultos y los adultos se olvidaban que alguna vez fueron niños.
   - ¿Cuánto cuestan?- Le preguntamos al mismo tiempo.   Ya ni recuerdo el valor de aquel entonces.  Con Mabel sacamos todas las monedas que llevábamos en nuestros bolsillos y se las dimos.- ¿Alcanza con esto para comprártelas todas?
   - ¡Sí!-  Lo mejor fue la sonrisa que nos regaló.
   Seguimos jugando un rato más y luego se despidió.  Muchos días después me encontraba en el jardín de la casa, nuevamente jugando con Mabel  y lo vimos pasar.   Desde donde estábamos lo saludamos con efusividad y volvió a sonreírnos.  Nunca más se cruzaron nuestros caminos.

    Se me vino a la memoria este lejano acontecimiento de mi infancia, luego de ver la película a la que le dedico estas palabras.  Después de todo esta tierna y triste historia, basada en la novela homónima del irlandés John Boyne, corrobora el hecho de que cuando se es niño se mira el mundo con otros ojos y que bien esa inocencia que podemos poseer, puede ser nuestra salvación y dicha.  No he tenido el gusto de leer el libro, pero ya tengo el deseo de hacerlo y apenas pueda lo adquiriré (más al saber que hay grandes diferencias entre novela y película, lo que me atrae mucho; al igual como conocer la forma en que su autor debe narrar pasajes tan angustiantes, si bien desde la perspectiva infantil del niño protagonista).
    La cinta comienza con la deportación de los judíos a los campos de concentración y entre medio, encontramos inocentes niños no judíos, que juegan sin tener idea del comienzo del horror que se está dando a su alrededor; es así cómo a lo largo del filme se presentará con esta sutileza la coexistencia de ambas realidades: la de los adultos y la de los niños, a la par de los eventos históricos que se están desarrollando.  Pero también es la historia de Bruno, un niño alemán de tan sólo ocho años y cuyo padre es un alto jerarca Nazi, al que sus jefes destinan a manejar un campo de concentración, que resulta ser nada menos que Auschwitz.  Bruno hasta entonces vive una existencia idílica: cuenta con el amor de sus padres y con una hermana mayor de doce años, destacando el cariño de su madre y su abuela; más encina esta última es nada menos que la progenitora del padre de Bruno y quien desaprueba las actividades de su hijo (luego nos iremos dando cuenta, a medida que transcurre el largometraje, que la madre de Bruno tampoco comparte los tratos criminales de su marido).   A regañadientes Bruno abandona su hogar, hacia un destino desconocido, a su manera un exilio involuntario que lo hace convertirse en una víctima inocente más del régimen Nazi.  Cabe destacar que como millones de judíos y otros “enemigos” del gobierno de Hitler, Bruno y su familia llegan a Auschwitz en tren, no obstante aquí contrasta el lujo y la comodidad en que hacen su viaje, a diferencia de las horribles condiciones a las que fueron sometidos el resto.  El paisaje que se muestra es hermoso; no obstante una vez que los viajeros llegan a su nuevo hogar, si bien el edificio es imponente, nunca se le muestra como algo tan idílico como se suponía debía ser (a diferencia de como sí lo fue para el muchacho su anterior casa): si no que es frío, gris…cuasi siniestro.
    Apenas llega a este lugar, Bruno se va dando cuenta de “extraños” que inquietan su curiosidad.  No puede ir más allá de una puerta, a las afueras del gran jardín, que circunda al edificio y desde la ventana del cuarto de su hermana mayor, se puede ver una “granja” y donde los raros campesinos llevan en todo momento “pijamas a rayas” (o sea, los trajes de prisioneros); es más, uno de estos trabaja en su casa y su comportamiento resulta ser demasiado callado, percibiendo Bruno cierto trato errático entre el resto de los mayores y este hombre.  A su vez la presencia de un joven soldado en su casa, de quien Bruno recela, también le produce malestar.  Bruno no sólo es inocente, también es dulce, y está acostumbrado a dialogar animosamente con los demás, sin reflejo de prejuicio y es así que no deja de aprovechar la oportunidad, para conocer mejor al raro hombre que “trabaja” para ellos (hay un breve momento muy emotivo en la película y que corresponde a cuando la madre de Bruno se queda sola por unos segundos con este judío y entonces ella, después de una corta vacilación, con la voz cargada de conmoción le da las gracias al hombre, por algo a lo que no me referiré acá: este hecho en sí mismo posee una enorme significancia, como gesto de humanidad entre dos adultos, pues supera todo vestigio de maldad y miedo que pudiese haber en circunstancias como esta... Y, sin dudas, que resulta ser memorable).
    Casi desde el comienzo de la película, se muestra que el niño protagonista es un buen lector…de novelas de aventuras.  Éste es un dato relevante a la hora de caracterizar su personalidad, acciones, motivaciones y decisiones; de este modo se hace comprensible que un menor, que gusta de este tipo de historias, bastante heroicas de por sí, posea una mente menos rígida y una actitud que lo llevará a aventurarse por sobre lo establecido (los límites de su casa y luego la “granja” donde vive su nuevo amigo).   Las lecturas que despiertan los sentidos y la imaginación de Bruno, se opondrán a la de la historia revisionista nazi y a la que luego su nuevo profesor privado lo someterá; no obstante, Bruno se muestra capaz de tener una visión crítica al respecto y se la hace saber al hombre.  Luego los cuestionamientos que le hace a su profesor, si bien son propios de alguien de su edad, demuestran su temprana sabiduría. 
   En medio de su nueva vida, Bruno, como héroe de las epopeyas míticas, “cruza el umbral” prohibido por opción propia, acepta el “llamado a la aventura” y en medio de su viaje se encuentra con el mundo que le estaba vedado: el campo de concentración que él supone ser una granja.  Es entonces que al otro lado del alambrado conoce a un niño, un “campesino” y con quien de la manera más espontánea entabla una hermosa amistad, que será para ambos la nueva directriz que regirá sus vidas y la verdadera razón de ser de esta historia.  El nuevo amigo de Bruno se llama Shmuel, quien pese a su triste posición no ha perdido la candidez.  A lo largo del filme ambos infantes comienzan a dialogar contándose sus vidas y en su inocencia el niño judío le cuenta a Bruno sobre lo que significa vivir en la “granja”.  Esta amistad será un secreto de los dos y hacia el impactante final de la película, tendrá repercusiones inolvidables y con las que el destino de ambos quedará unido para siempre.
    La película en sí se sostiene mayormente, por el trabajo actoral de los jóvenes protagonistas, puesto que los adultos, incluso la hermana de Bruno, pocos años mayor que éste, más bien sirven de apoyo a la historia como estereotipos y que reflejan lo que significó vivir esa realidad: personas cegadas por su fanatismo ideológico y víctimas de estos primeros, puesto que se les ha negado su derecho de nacimiento.  Sólo la madre se constituye en un adulto mucho más matizado y es caracterizada con una humanidad, que despierta cercanía hacia ella.  Para ser sincero, las actuaciones son de gran calibre y resulta imposible no emocionarse, por ejemplo, con algunos de los momentos en los que los dos niños se exponen a los momentos más dramáticos.  El padre Nazi está a cargo de un gran actor británico,  David Thewlis, a quien se le ha visto interpretando un montón de grandes y distintos roles; Thewlis encarna acá la figura de un padre obcecado por sus creencias, algo que contrasta enormemente, por ejemplo, con su papel de un personaje tan querido y carismático. como el del profesor Lupin en la saga de Harry Potter.
    Otro punto a destacar en el filme es su música.  Ésta se encuentra compuesta por James Horner, quien nos ha regalado un montón de magníficas bandas sonoras, si bien muchas veces se “repite” y puede resultar fácil identificar su trabajo al solo escucharlo (pero lejos lo encuentro mucho mejor, que el para mí fomesísimo John Williams, de quien solo rescato unos pocos trabajos).  En El Niño con Pijama a Rayas, Horner realiza un trabajo que ya desde la primera escena, invita al espectador a sintonizarse con una historia que se nota estará cargada de emociones.  No soy un experto en música y tan sólo puedo decir que los tonos que ocupa acá, están cargados de tristeza; los que bien me recuerdan a su trabajo para otro filme intimista ,con el que aportó sus composiciones y que es El Hombre sin Rostro de Mel Gibson.
    Esta película es tanto para disfrutar en soledad, como en compañía y creo que se logra apreciar en mayor medida si luego de verla, uno puede compartir sus opiniones con otros, puesto que provoca más de una reflexión (y este hecho fue lo que me llevó a escribir con celeridad estas líneas).  Puede parecer algo dura para ser vista por niños, debido a la temática que aborda.  Sin embargo, como profesor que soy, creo que resulta ser un excelente vehículo para tratar con las nuevas generaciones, un hecho histórico que tanto dolor provocó y que incluso hoy en día tiene sus similitudes, en tantos lugares, donde todavía los niños siguen sufriendo por la incapacidad de sus adultos, para comprender que sólo el amor nos hará libres…y felices.   En lo anterior y en los valores que promueve esta historia, amistad, libertad, igualdad, perdón, tolerancia, respeto y muchos más, es que esta obra se traduce en un filme mucho más honesto y también realista, que el de esa película que a mi parecer (y la de muchos), resulta ser un bodrio sentimentaloide barato, como lo es La Vida es Bella.  Encuentro que esta película de Roberto Benigni llega al absurdo, por no mostrar la verdadera realidad a la que estuvieron sometidos los judíos, ridiculizando situaciones graves que supongo a más de un judío le pareció ofensivo.  Tampoco es necesario ser cruel para que los niños conozcan de estas injusticias, pues tal como dije casi al principio de mi crítica, esta producción trata el tema con sutileza, como por ejemplo cuando se aborda la quema de los judíos y la violencia física contra estos mismos.
    Espero este humilde trabajo motive a otros a ver una obra, que creo bien puede resultar provechosa en todos los casos ya nombrados (y otros que de seguro se me escapan).  

jueves, 6 de octubre de 2011

Wolverine: Origen.



    Desde su primera aparición dentro de la serie regular de Hulk en 1974 y posterior unión al grupo de mutantes superheroicos de los X-Men, Logan, el más aguerrido y carismático  miembro de este grupo, se transformó en uno de los personajes más queridos de la llamada Casa de la Ideas (Marvel).  Pero sólo recién en 1988 consiguió su propia revista, la que todavía se sigue publicando.  Resulta interesante que en las traducciones al castellano haya recibido tantos nombres: Entre ellos están Geopardo, Lobezno…y hasta Glotón (siendo este “ridículo” nombre el más acorde a la hora de traducir literalmente la palabra del inglés original, por cuanto un wolverine es un mamífero carnívoro que vive en Norteamérica y norte de Asia); sin embargo su nombre completo por fin pudo ser revelado hace poco: James Howlett Logan.
    Debido a su popularidad, grandes guionistas y dibujantes se encargaron de narrar sus aventuras y desventuras, entre los que destacaron John Byrne, Chris Claremont, el para mí sobrevalorado Frank Miller, Barry Windsor Smith y muchos más; de este modo siempre se le otorgó al “hombrecito” del esqueleto y garras retráctiles de adamantium, una saga llena de inolvidables historias, donde siempre destacó un dramatismo que rivalizó sólo con el de otros grandes de Marvel como Spiderman, Hulk y Iron Man.  Durante sus hazañas, se fue desarrollando la idea de que Wolverine poseía un pasado misterioso y del cual sólo se entregaban retazos de memoria; puesto que el héroe sufría de amnesia, tanto él como el lector sólo podían tener acceso a fragmentos de sus recuerdos y de la información en general.  Es así como uno de los primeros grandes sucesos de su pasado previo a su ingreso a las filas de los X-Men en saberse, fue el motivo de por qué poseía un esqueleto reforzado con el metal más fuerte en el universo Marvel (adamantium) y su paso por el proyecto ultrasecreto de Arma X.  A su vez siempre se insinuó que Wolverine tenía más de un siglo de vida, puesto que por su capacidad de regeneración bien se sabía le permitía envejecer con gran lentitud; no obstante nunca se supo sobre sus primeros años de vida, sus primeras motivaciones y lo que lo llevó a ser  lo que es: un individuo que pese a su aparente carácter de solitario y melancólico,  es capaz de algunos de los actos más admirables que se han visto en la historia de los cómics de superhéroes.
    Fue así cuando recién en noviembre de 2001, que gracias a la miniserie de seis números a la que le dedico este texto, que por fin se reveló el secreto mejor guardado de Marvel.  El cómic estuvo a manos de Bill Jemas, Joe Quesada y Paul Jenkins en el guión, dibujado por Andy Kubert (quien humildemente pienso no se esmeró en hacer uno de sus mejores trabajos y mucho menos en las portadas que ameritaban la mejor calidad posible) y el entintado fue hecho por Richard Isanove, cuya labor hecha por medio de técnicas computacionales mejoró mucho el trazo irregular de su compañero.
    Me enteré de que existía esta miniserie cuando hicieron la película dedicada en exclusiva a nuestro mutante canadiense favorito, X-Men Orígenes: Wolverine, la que luego de verla me dejó más que contento y en especial al enterarme de tanto dato sabroso sobre el pasado de Logan.  Por ejemplo, uno de estos hechos de interés, fue verdadero motivo de la enemistad acérrima entre su protagonista y Sabretooth.  Por lo tanto, compré el cómic doblemente influenciado, ya sea tanto por conocer la historia que originó tan buena película de uno de mis superhéroes predilectos, como por querer tener una historieta que al igual que la película auguraba momentos de gran acción y aventuras, amén de batallas cuerpo a cuerpo tan espectaculares como nos tienen acostumbrados los habituales cómics de los X-Men… ¡Y qué equivocado estaba!  No quiero decir con esto que sea un mal trabajo, ni que no me haya gustado, pero de esta particular miniserie, la película sólo toma unas pocas ideas y el resto, es sólo invención de su guionista.  ¿Por qué razón me atrevo a decir la razón? Pues por varios motivos.  La película abarca un montón de años, decenios y llega hasta la década de los sesenta (del siglo XIX al XX), teniendo un buen número de personajes del universo mutante y estando llena de confrontaciones que dejan contento no sólo a los fanáticos de los cómics.  En cambio Wolverine: Origen, va por otro rumbo y en sí podría decir categóricamente que no es un cómic de superhéroes (de hecho Logan a lo largo de las seis revistas que conforman la miniserie, todavía ni piensa usar un traje ajustado, ni enfrentarse a grandes enemigos); sin embargo SÍ es un cómic sobre un superhéroe, o al menos es un cómic acerca de los primeros años de un personaje de estos, pero llega sólo hasta sus últimos años de adolescencia.  En todo caso, en 2006 apareció una nueva colección dedicada a la vida pasada de Logan, titulada Wolverine: Origins, la que se encargó de contar ya la etapa adulta del personaje, entre las que destacan sus andanzas con el Capitán América en plena Segunda Guerra Mundial, así como sus encuentros con su compañero de Arma X, Deadpool, entre otras historias.
    Siendo más exacto a la hora de hacer una “crítica” y un análisis a Wolverine: Orígen, éste corresponde a un relato más bien intimista, donde se ahonda en la orfandad del personaje, mostrándonoslo en su núcleo familiar disfuncional, con una madre ausente y  depresiva, un abuelo cargado de prejuicios y que no lo ama, pero, sin embargo, junto a la figura de un padre cariñoso.   De este modo, con este único personaje en su familia que se transforme en un modelo adecuado para el futuro Wolverine, es comprensible que ello marque el precedente para que desarrolle la personalidad benigna con el que lo conoceremos.  Sin embargo en las viñetas se insinúa que este padre amoroso no es en realidad su progenitor, si no que más bien Logan es hijo de su madre con un despiadado empleado que posee su aristocrática familia y es ahí el por qué del carácter errático de la madre desnaturalizada de éste.  Supongo que este secreto familiar es más que evidente para los lectores, puesto que el amante de la madre es idéntico a él.
    El cómic comienza con la llegada al hogar de Logan, de una humilde niña que es “adoptada” por la aristocrática familia para hacer de compañera de juegos del niño de la casa.  Acá se muestra al futuro Arma X en su niñez como a una criatura enfermiza, frágil, tal como en la película, siendo el drama familiar lo que despertará su gen mutante al igual como se muestra en el filme.  La llegada de esta presencia a su vida, será el otro aporte significativo para los primeros años de su vida, de modo que incluso le otorgará a Logan el único nexo real con la humanidad cuando ambos se vean obligados a emigrar y comenzar una nueva vida.  Resulta interesante ver que es a través de los ojos de este personaje, Rose, que gran parte de la trama se desarrolla, de tal modo que muchas de las situaciones que suceden tienen relación con ella y el lector poco sabe más de ello que Rose.
    Por todo lo anterior estamos frente a una historia más bien intimista, con viñetas cargadas de paisajes naturales que acentúan el aspecto salvaje de su protagonista.  Los grandes sucesos no ocurren por medio de hazañas épicas y de confrontación entre el bien y el mal llevadas a su máxima expresión, si no que corresponde al drama que sufren sus personajes en su infelicidad, búsqueda por conseguir esta felicidad que se les escapa y la propia soledad que los embarga en medio de dicho dilema.  El mal por supuesto que está presente, pero si bien existe una especie de Némesis en la onda de Sabretooth en el cómic, más bien se manifiesta en el corazón de hombres ordinarios que reflejan la naturaleza maligna real que puede haber en cualquiera de nosotros.
   En suma, Wolverine: Origen es una buena historia, la recomiendo sin dudarlo, si bien no la considero la obra maestra que dicen es; pero admito sus virtudes. 
     

domingo, 2 de octubre de 2011

A Sangre Fría.




    Truman Capote publica en 1965 la que es considerada su obra más importante, A Sangre Fría, tras años de difícil gestación. La novela a la que llama una obra de no-ficción es un texto híbrido entre el reportaje (género periodístico), la novela psicológica y realista. La obra trata el horrendo crimen donde murió una familia integrada por padre, madre y dos hijos adolescentes, sucedido en 1959 en medio del la zona rural de Kansas, Estados Unidos y todo lo relacionado al suceso.
     Esto es: los momentos previos al asesinato para conocer bien a la malograda familia Clutter, la gente que los conoció, las investigaciones policiales para descubrir a los criminales…y el periplo de los propios asesinos, de quienes se cuenta su vida abarcando desde sus antecedentes familiares, hasta que finalmente mueren ahorcados tras años de proceso.
    La novela A Sangre Fría inspiró a posteriores obras que tal como ésta, se basaron algunas de ellas en hechos verídicos, muchos de sangre, por cuanto entregaron bajo el formato de crónica periodística novelada, estas historias de la vida real. Con el desarrollo de la televisión y todo un mercado al respecto, programas como Historias de la Vida Real y Misterios Sin Resolver, seguirían sus pasos, pero dramatizándolos con gran impacto para el público. Pero aparte de la innovación que significa este matrimonio entre periodismo y literatura, Capote también abordó, concientemente o no, en su libro el tema de la violencia, más bien introdujo el tema de la descripción explícita del asesinato en las letras contemporáneas. Libros sobre crímenes ya existían desde hace siglos, basta recordar tan solo el clásico de Dostoiewski de Crimen y Castigo. Sin embargo la narración como si fuese una fotografía de la portada de un periódico, comenzó con Truman Capote. Luego un sinnúmero de autores, no le harían asco a la descripción explícita de asesinatos, violaciones, baleos, enfrentamientos armados, torturas y otros hechos de sangre y violencia que sobrepasarían a las sangrientas descripciones clásicas del Cantar del Mío Cid y Las Mil y Una Noches.
    En este artículo pretendo mostrar este mismo impacto en las letras actuales por parte de la novela de Capote, presentando las citas literarias de A Sangre Fría que ejemplifiquen lo anterior y luego mostrando fragmentos de otras obras contemporáneas que indiquen ser sus claras herederas. Cada cita va acompañada con los comentarios personales de rigor. Cada uno de los autores escogidos para complementar este trabajo, lo ha sido por las siguientes razones:

1) Como en sus obras abarcan el tema de la violencia criminal y el asesinato, cuando la narración trata de ello, demuestran como Capote que sin la debida narración, el texto completo carece de uniformidad; esto porque el drama está producido por las repercusiones mismas del crimen y así como un cuento de hadas necesariamente debe tener personajes sobrenaturales, una novela policial o de suspenso (un thriller, o más específicamente un psycho thriller) no puede carecer de la descripción correspondiente.

2) A su vez son autores destacados en el género, conocedores de la técnica periodística- literaria comenzada por Truman Capote, mostrando cada uno de ellos en cuanto a su orden cronológico de producción, el desarrollo que ha tenido con los años la literatura sobre asesinos.

3) También cada uno de estos autores es un ejemplo en sí mismo de la forma de cómo aborda un diferente artista la misma situación del asesinato. Por un lado está el lenguaje más depurado y sucinto de Robert Bloch, y por otro el más bien gráfico de Stephen King, a la par de la terminología científica de Harris.



Con la sangre en las letras.

    He aquí dos fragmentos correspondientes a la famosa novela de Truman Capote. La narración está desde el punto de vista de uno de los testigos del escenario del crimen, horas después de los asesinatos. Los dos fragmentos hacen mención a la disposición de los cuerpos encontrados, llegando al patetismo cuando se trata de describir la forma de cómo se encuentran los cadáveres, una escena que pese a lo dramático de la situación, no pierde la sensibilidad para tratar el tema de la muerte.

    “Bueno, era una cosa horrenda. Aquella maravillosa jovencita… Me hubiera sido imposible reconocerla. Le habían disparado en la nuca, con el arma a pocos centímetros. Yacía sobre un costado, cara a la pared y la pared estaba cubierta de sangre. La ropa de la cama la cubría hasta los hombros. El sheriff Robinson la destapó y vimos que llevaba puesto un albornoz, el pijama, calcetines y zapatillas, como si en el momento del hecho, no se hubiese acostado aún. Tenía las manos atadas a la espalda y los tobillos atados con una cuerda de las que se usan en las persianas venecianas”.

    “(…) al abrir la última puerta encontramos, allí en su lecho, a la señora Clutter. La habían atado, también. Pero de otra manera, con las manos por delante, de modo que parecía estar rezando y en una mano tenía, agarraba, un pañuelo. ¿O era un kleenex? La cuerda que le rodeaba las muñecas le bajaba hasta los tobillos que tenía atados uno contra otro y de allí iba al pie de la cama, en una cuyas patas había sido atada: un trabajo complicado y hábil. (…) Le habían tapado la boca con cinta adhesiva pero como le dispararon a quemarropa a un lado de la cabeza, la explosión, el impacto, había desprendido violentamente la cinta adhesiva. Tenía los ojos abiertos. De par en par. Como si todavía estuviera mirando al asesino. Porque no pudo dejar de verlo mientras apuntaba”.

   A continuación parte de la confesión de uno de los dos asesinos. El lenguaje utilizado no demuestra ningún rencor por parte de éste, podría decirse que casi cuenta lo suyo con tranquilidad, si bien a lo largo del libro queda claro que Perry, uno de los dos responsables de la muerte de los Clutter, tiene conciencia del crimen que cometió. Resulta interesante ver cómo el narrador acá introduce al lector en la mente no del todo sana, anómala, del asesino, un verdadero sociópata; con esto Capote trata lo más objetivamente de mostrar la forma de cómo funciona una psiquis en este estado, especialmente durante actos de este tipo. Con posterioridad los autores de novelas sobre hechos de sangre o aquellos que no cejan en describir hechos de gran violencia, usarán esta técnica para adentrarse dentro de la mente criminal. Sin embargo, pese a lo reprochable de la acción de Perry y Dick, su socio criminal, se les presenta en el libro no como a seres demonizados, si no que más bien se les otorga una inmensa carga dramática que los enviste de un tremendo aire de fatalidad.

    “Me arrodillé junto al señor Clutter (…). Pero no me di cuenta de lo que había hecho hasta que oí aquel sonido. Como de alguien que se ahoga. Que grita bajo el agua. Le di la navaja a Dick y le dije: 'Acaba con él. Te sentirás mejor'. Dick probó o fingió que lo hacía. Pero el hombre aquel probó que tenía la fuerza de diez hombres, se había soltado y tenía las manos libres. A Dick le entró pánico. Quería largarse de allí. Pero yo no lo dejé. El hombre iba a morir de todos modos, ya lo sé, pero no podía dejarlo así. Le dije a Dick que cogiera la linterna y lo enfocara. Cogí la escopeta y apunté. La habitación explotó. Se puso azul. Se incendió... Jesús, nunca comprenderé cómo no oyeron el ruido a treinta kilómetros a la redonda”.

    La cita que viene, corresponde a la narración en tercera persona de otro crimen, esta vez cometida por uno de los compañeros de cárcel de Dick y Perry, un joven que también está esperando la muerte en la horca. Acá el narrador se permite ser mucho más duro a la hora de presentar la situación, utilizando un lenguaje tanto poético, como dramático. Todo va sucediendo en un crescendo que le da una atmósfera de horror ante la falta de humanidad del asesino, su actuar demasiado, digamos, frío.

    “Se colocó el revólver en una pistolera, se echó el fusil al hombro y recorrió el corredor que los separaba de la sala, sólo iluminada por la pantalla del aparato del televisor. Encendió la luz, apuntó con el rifle y disparó a su hermana entre los ojos, matándola instantáneamente.
    Le disparó tres veces a su madre y dos a su padre. La madre, con los ojos dilatados, se tambaleó hacia él, tratando de hablar, abrió y cerró la boca, pero Lowell Lee le dijo:
-Cállate.
    Y para asegurarse que le obedecía, le disparó tres tiros más. El señor Andrews, sin embargo, seguía con vida: gimiendo, se arrastró por el suelo hacia la cocina; pero al llegar al umbral, el hijo desenfundó el revólver y le disparó todas las balas. A continuación volvió a cargar el arma y a vaciarla otra vez. En total, el padre recibió diecisiete balazos”.


    Y ahora fragmentos de obras relacionadas o posteriores al libro de Capote y que por su temática tienen relación a éste.
    El primer texto corresponde a la novela Psycho de Robert Bloch, la obra que inspiró a Alfred Hitchcock para su famosa Psicosis de 1961. Bloch escribió la novela en 1959, el mismo año de los crímenes narrados en A Sangre Fría, quien a su vez se inspiró en las andanzas reales de Ed Gein, el caníbal de Wisconsin, para escribir su libro. El extracto que viene a continuación, corresponde al de la célebre escena de la ducha en la versión de Hitchcock. Si bien no resulta tan truculenta como en los textos que citaré más adelante, cabe destacar en estas líneas la forma de cómo se cuenta con pocas palabras un asesinato ficticio tan conocido por gran parte de los cinéfilos, y que forma parte hoy en día de la cultura popular.

   “El cuarto comenzó a llenarse de vapor. El ruido de la ducha no le permitió oír cómo se abría la puerta de la habitación, ni los pasos que se acercaban. Y cuando las cortinas de la ducha se abrieron, el vapor oscureció el rostro que se asomó, colgando del aire como una máscara. El cabello aparecía cubierto por un pañuelo y unos vidriosos ojos la miraron inhumanamente (…).
    Mary gritó histéricamente. Entonces la abertura de las cortinas se ensanchó y apareció una mano, armada con un cuchillo carnicero, Un cuchillo que cortó su grito.
    Y su cuello”.


    En 1987, otro destacado autor de novelas de terror como Bloch, el estadounidense Stephen King publica Misery. La novela de la cual también se hizo una versión fílmica bastante aclamada por la crítica, aborda la historia de un escritor de novelas rosa que es secuestrado por una enfermiza mujer, quien lo tortura psicológica y físicamente. Como gran parte de la obra de King, los momentos de violencia son bastante explícitos. Stephen King no duda en impactar al lector con una escena sanguinolenta y efectiva, sin los eufemismos o reservas de los cuales otrora los autores tenían que usar. La novela de King, al igual que la de Bloch, muestra a Annie Wilkes como a un personaje esquizofrénico, cuyos actos de violencia carecen de un sentido de moral normal, puesto que a diferencia de los asesinos de los Clutter, justifican sus actos para mantener sus estilos de vida fantasiosos. Por cierto, esta escena no sale en la película que filmó Rob Reiner en 1990.

    “Con un grito agudo, Annie hundió la cruz de Bossie en la espalda del policía.
    -¡Ag!- dijo el policía, y dio unos pasos vacilantes, con la espalda agujereada y el pecho protuberante. Su rostro era el de un hombre que está sufriendo un cólico renal (…).
     Él se volvió a medias, bajando la mano en busca de su pistola de servicio, y Annie le aplicó con fuerza la cruz, de punta en el vientre.
    -¡Og!-dijo el policía esta vez, y cayó de rodillas, aferrándose el estómago. Cuando se inclinó, Paul pudo ver el agujero en la camisa del uniforme, donde había entrado el primer golpe.
    Annie volvió a levantar la cruz; su punta afilada se había roto, dejando un muñón astillado; y la clavó en la espalda del hombre, entre los omóplatos. Parecía una mujer tratando de matar a un vampiro. Los primeros dos golpes quizás no habían entrado lo suficiente como para hacer verdadero daño, pero esta vez el poste de la cruz entró por lo menos diez centímetros en la espalda del policía arrodillado, y lo hizo caer de bruces”.

    Y para terminar, un fragmento de la novela Hannibal de Thomas Harris, tercera entrega de una tetralogía sobre las atrocidades del intelectual y sofisticado psicópata caníbal Hannibal Lecter. Este segmento corresponde a su vez al de otra escena famosa por su truculencia dentro de la historia del cine, que fue filmada por Ridley Scott en 2001. Acá el narrador a la hora de contar el hecho delictivo usa un lenguaje científico, casi como el de un perito policial.

    “-Todo lo que pedimos es que mantenga la mente abierta.
    Con cuidado, empleando ambas manos, el doctor Lecter levantó la tapa de los sesos de Krendler, la dejó sobre la bandeja y trasladó ésta al bufete. Apenas cayó una gota de sangre de la limpia incisión, pues previamente el doctor había soldado los vasos principales y sellado escrupulosamente los otros utilizando anestesia local. Había serrado el cráneo en la cocina media hora antes de la cena.
    (…) La cúpula gris y rosa del cerebro de Krendler sobresalía del cráneo truncado.
    De pie al lado de Krendler con un instrumento que parecía una cuchara para las amígdalas, el doctor Lecter cortó una tras otra cuatro rebanadas del lóbulo prefrontal (…).
    Una segunda ración consumió casi por entero el lóbulo frontal y se aproximó por la parte posterior hasta el córtex promotor (…)”.



Conclusiones.

    A la luz de la lectura de A Sangre Fría de Truman Capote y de otros textos relacionados con crímenes, se hace evidente el influjo de la obra del autor de Desayuno Con Diamantes a la hora de abordar este tipo de temas. Por un lado está la descripción del hecho delictivo, de forma periodística, pero sin perder el gusto literario del uso de un lenguaje más bien artístico. La narración realista y descriptiva de los asesinatos y luego de la disposición de los cuerpos; por otra, también se encuentra la interiorización del narrado hacia la psiquis del criminal, al que según sea su patología, se le muestra ora como a una víctima más de las circunstancias, ora como a una bestia humana sin conciencia.
    El tema de la violencia en sí, de los acontecimientos que la rodean y sus repercusiones, ha dado cabida con el siglo pasado a una literatura explícita y feroz en su narración, muchas veces para responder a un interés morboso por parte de los lectores. A su vez, tal como lo demuestran los textos anteriormente citados, es una literatura imbuida de recursos sacados del informe policial, médico, psicológico y, también, periodístico.

Los Robots en la Literatura (parte 1).


Nota: El siguiente texto y su continuación que pretendo publicar acá mismo el próximo mes, forma parte de la memoria de título que junto a mi amiga María Elena Francovich hicimos para titularnos como Profesores de Castellano.  Como este capítulo fue hecho completamente de mi autoría (a mi compañera le correspondió hacer la parte práctica del análisis literario, entre otras cosas), me permito compartirlo con ustedes en mi blog (ya antes lo había hecho en la revista virtual  Insomnia).  La memoria estuvo dedicada a Isaac Asimov y a su legado de cuentos y novelas sobre robots, titulándose Tipología de lo Humano en los Robots de Isaac Asimov y puedo decir decir con orgullo (decimos gracias, Sai) que fuimos evaluados con la nota máxima.

    Desde casi el principio de la tradición oral y su posterior paso a la literatura, los robots estuvieron presentes en numerosos mitos, leyendas e historias. Tuvieron que pasar siglos para que todas estas entidades artificiales no creadas naturalmente, sino que construidas por el hombre con recursos diversos, recibieran el nombre de robots.
     ¿Qué es un robot? Se le podría definir en forma breve y concisa como un objeto artificial que se parece a un ser humano.
    Cuando hablamos de parecido, lo primero que se piensa es en su aspecto físico. Un robot tiene apariencia de ser humano. Podría tener pelo, ojos, voz y todos los accesorios de un ser humano, de manera que, en su parte exterior, sería reconociblemente un ser humano.
    Esto, sin embargo, no es lo esencial, ya que usualmente en ciencia-ficción el robot está construido de metal y sólo tiene un parecido remoto con un ser humano.
    Si nos olvidásemos del aspecto y consideráramos lo que puede hacer, podemos pensar que el robot es un ser capaz de realizar tareas con mayor rapidez y eficiencia que los seres humanos. Pero en este caso cualquier máquina podría ser un robot.
    Por lo tanto, se debe aplicar el término de robot al de una máquina más especializada que un aparato ordinario, una máquina computarizada, capaz de realizar tareas tan complejas que antes sólo el hombre era capaz de realizar. En otras palabras, robot es igual a "máquina más computadora".
   Tomando pie en este concepto es evidente que un verdadero robot fue imposible antes de la invención de la computadora en los años cuarenta, y no fue práctico (en cuanto a ser lo suficientemente compacto y económico para aplicarlo al uso cotidiano) hasta la invención del microchip en los años setenta.
    Sin embargo, el concepto de robot -un aparato artificial que asimila las acciones y, posiblemente, el aspecto, del ser humano- es antiguo, tan antiguo como la imaginación humana. Nos parece interesante mencionar algo de lo que ha sido la historia de este concepto que se aleja del que hemos planteado anteriormente (máquina + computadora), pero que tiene igualmente una validez estético-literaria. He aquí una pequeña reseña histórico-literaria:
    Los hombres de la antigüedad, debido a que carecían de computadoras, tuvieron que pensar en algún otro método para infundir habilidades casi humanas en objetos artificiales; utilizaron las fuerzas sobrenaturales y las habilidades divinas que están más allá del alcance del hombre.
    En la isla de Creta, por ejemplo, en su período de máximo poder, contaban con un gigante de bronce llamado Talos que patrullaba constantemente sus costas a fin de evitar que cualquier enemigo se acercase. También en La Iliada de Homero, se indica que:

    "Marchaban ayudando al soberano (Hefesto dios griego) unas sirvientas de oro, semejantes a vivientes doncellas. En sus mientes hay juicio, voz y capacidad de movimiento, y hay habilidades que conocen gracias a los inmortales dioses".

    Sin duda alguna se trata de robots.
    Durante los períodos antiguo y medieval se suponía que unos hombres sabios habían creado cosas vivientes artificialmente por medios de artes secretas que habían aprendido, a través de las cuales utilizaban los poderes divinos o diabólicos.
    Una historia de robots más familiar para nosotros es la del rabino Loew, de la Praga del siglo XVI. Se supone que formó un ser humano artificial -un robot- partiendo del barro, de la misma forma que Dios formó a Adán del barro. En dicha historia, el rabino Loew crea el "Golem" (sustancia informe que carece de los atributos de la vida) y usando el nombre de Dios le dio vida y lo utilizó para trabajar en la protección de las vidas de los judíos contra sus perseguidores. Tal como lo afirma Alain Gheerbrant Chevalier en su Diccionario de Símbolos:

    "El golem es un hombre creado a través de medios mágicos y artificiales, imitación de la creación de Adán por parte de Dios.
    Es símbolo de los conflictos y combates que se generan al interior del hombre.
    Su imagen símboliza el camino hacia la redención.
    Representa el alma colectiva del Ghetto judío.
    Sustituto del héroe del artista que lucha por su redención.
    Adán antes de recibir la vida era un golem sin forma.
    En el golem se da la grandeza, la fuerza cósmica y el conocimiento de la suerte futura del hombre.
    La cábala judía imagina al golem de diferentes maneras; fabricado de arcilla roja. Al principio tiene una estatura de 10 años, luego respira, se muere y habla como cualquier ser humano. Es un esclavo de cualquier de mago y cumple los trabajos más duros sin cansarse. Cuando el golem crece se convierte en un gigante, lo que obliga a su creador a destruirlo. A veces, al desplomarse el golem, mataba al mago que lo había creado.
    Habilitado para el bien y para el mal, podía ser hombre, mujer o animal (león, tigre o serpiente).
     La creación del golem es la imitación del hombre al acto creador de Dios, pero una imitación fallida, porque el golem es esclavo de sus pasiones, está inclinado al mal y no tiene libertad.
     Es imagen de su creador humano, asediado por las pasiones que crecen y amenazan por destrozarlo.
    Significa, además que una creación humana puede sobrepasar a su autor. El hombre es sólo un aprendiz de brujo".

Fotograma de la clásica película muda que se hizo sobre el personaje en  1920.

    Como dato curioso, podemos nombrar que una de las primeras películas de terror que se hicieron, allá por los años del cine mudo, se inspiró en esta historia. A su vez, existe un hermoso capítulo de la serie Los Expedientes X que retoma en su particular forma esta leyenda.
    Unos cuantos siglos después, en pleno Romanticismo, primera mitad del siglo XIX, se encontraba la inglesa Mary Shelley haciendo de anfitriona junto con su marido Percival Shelley, y otros ilustres invitados; Lord Byron, John Keats y William Polydory. Una noche en su hogar en Ginebra, luego de entretenerse contándose cuentos de fantasmas, se les ocurrió desafiarse a escribir ellos mismos una historia de terror. Así, debido a lo anterior, Mary Shelley concibió la famosísima historia de Frankenstein o el Moderno Prometeo, siendo una de las dos únicas personas de ese grupo que cumplió su promesa (El otro fue Polydory, quien escribió el poema El Vampiro, claro que lo publicó como un año después). La criatura de Frankenstein fue creada a partir de pedazos de varios cadáveres y al uso de diversas técnicas nunca descritas en la novela. En otras palabras, el ser ya mencionado, fue ensamblado, al igual que una máquina, y su conciencia (recordemos que la Criatura tenía el cerebro que había pertenecido a un genio, pero tenía personalidad propia) correspondería a lo que hoy llamamos "inteligencia artificial", puesto que su origen está basado en la ciencia y la técnica, y no en la naturaleza. De este modo, se puede afirmar que el personaje de Mary Shelley se constituye, debido a sus cualidades, en el primer robot en la historia de la literatura, especialmente, debido a su condición de producto de la inventiva humana.
    Sin embargo, pese a todo, hay que aclarar algo con respecto a la criatura de Frankenstein. Éste, no es cualquier tipo de robot, sino que es uno cuya base es lo biológico, razón por la cual es una Inteligencia Artificial orgánica, con lo cual queda establecido que un robot necesariamente no debe estar hecho a base de lo metálico y mecánico. En todo caso, más adelante habrá en esta memoria un apartado donde estableceremos una clasificación tipológica de los distintos tipos de robots que existen en el campo de la ciencia-ficción y que podrían existir en nuestra realidad. Volviendo al evento que motivó la creación de la novela de Frankenstein, creemos que es interesante dar a conocer que este grupo de escritores, que se juntó en aquella ocasión, dio lugar a que una serie de autores se inspiraran y publicasen varias obras en donde este particular grupo de intelectuales (algo adelantados a su época) fueron protagonistas de fantásticas aventuras, según veremos más adelante. De la propia pluma de Mary Shelley:

    “Una siniestra noche del mes de noviembre, pude por fin contemplar el resultado de mis fatigosas tareas. Con una ansiedad casi agónica, coloqué al alcance de mi mano el instrumental que iba a permitirme encender el brillo de la vida en la forma inerte que yacía a mis plantas.
    (...) Sus miembros estaban, es cierto, bien proporcionados y había intentado que sus rasgos no carecieran de cierta belleza. ¡Belleza! ¡Dios del cielo! Su piel amarillenta apenas cubría la red de músculos y vasos sanguíneos. Su cabello era largo y sedoso, sus dientes muy blancos, pero todo ello no lograba más que realzar el horror de los ojos vidriosos, cuyo color podía confundirse con el de las pálidas órbitas en las que estaban profundamente hundidos, lo que contrastaba con la arrugada piel del rostro y la rectilínea boca de negruzcos labios".



   No fue hasta el año 1920, cuando un dramaturgo de origen checo, Karel Capek, publicó una obra titulada R.U.R. (Siglas de “Robots Universales Russum”) donde apareció para el resto de las lenguas del planeta el término robot y que además se popularizó, puesto que esta expresión corresponde a la palabra checa que designa a la idea de esclavo. En esta obra de teatro, un empresario creaba a una serie de humanos artificiales para que desempeñaran gran parte de los trabajos existentes. Empero, con el tiempo las entidades toman autonomía y destruyen a la humanidad, molestas por el trato al que estaban obligadas a sufrir.

“Domin: Venga aquí a la ventana. ¿Qué ve?
Elena: Albañiles.
Domin: Son robots. Todos nuestros trabajadores son robots (...).
Elena: Empleados... un montón de empleados.
Domin: Son robots. Todos nuestros oficinistas son robots (...). Los robots no saben cuándo dejar de trabajar. Dentro de dos horas le enseñaré la artesa.
Elena: ¿La artesa?
Domin: (Con sequedad) Los morteros para batir la pasta. En cada uno mezclamos los ingredientes para mil robots de cada vez. Hay también depósitos para la preparación del hígado, del cerebro, etc. Después le enseñaré la fábrica de huesos. Y después el tela mecánico.
Elena: ¿Qué telar?
Domin: Donde se tejen los nervios y las venas. Kilómetros y kilómetros de tubo digestivo pasan por él de una sentada. Luego está el taller de ajuste, donde se unen todas las piezas, como en los automóviles (...).
Elena: Dios mío, ¿Tienen que ponerse a trabajar inmediatamente?
Domin: Claro, mire, trabajan como cualquier otro aparato. Se acostumbran a la
Existencia. Se hacen duros por dentro. Tenemos que dejar un pequeño margen de desarrollo natural. Y al mismo tiempo pasan por el periodo de entendimiento y aprendizaje.
Elena: ¿Cómo se hace eso?
Domin: Es algo muy parecido a la escuela. Aprenden a hablar, escribir y contar. Tienen una memoria asombrosa, sabe. Si usted se pusiera a leerles una enciclopedia de veinte volúmenes, se lo repetirían todo con una exactitud impresionante. Pero nunca piensan nada nuevo. Después salen y son distribuidos. Quince mil diarios, sin contar un porcentaje regular de ejemplares defectuosos que se echan a la trituradora (...)".


    A principios del siglo XX, la ciencia-ficción comenzó a masificarse y con ello a madurar como subgénero literario, gracias a la aparición de numerosas revistas dedicadas al tema. Con ello varios escritores, en los albores de sus carreras (hoy en día consideradas de fama mundial), comenzaron a publicar. Estas revistas estaban impresas en celulosa de baja calidad, razón por la cual recibieron el nombre de pulps, encontrando entre ellas algunas ya clásicas como Astounding Sciencie Fiction, Amazing Stories, Fantasy and Sciencie Ficction y muchas otras más. Así fue como en los pulps se publicaron un sinnúmero de relatos, cuentos y novelas en donde los robots amenazaban a sus creadores, aniquilándolos. El público lector no vio con muy buenos ojos estas visiones futuristas tan pesimistas, de modo que se instaló en sus corazones cierta inquietud temerosa frente a esta posibilidad. Entonces fue cuando a John W. Campbell Jr., editor de la revista Astounding Sciencie Fiction, (autor del cuento que inspiró a la famosa película The Thing en sus dos versiones), convenció al escritor Isaac Asimov a que en uno de sus cuentos, donde aparecían varios robots, dejara declarado y por escrito, una especie de garantía de seguridad con la cual estas sofisticadas máquinas no se constituyesen en un peligro para los seres humanos. Esta garantía fue denominada Las Leyes de la Robótica que desde entonces aparecieron por completo. Fueron citadas o parafraseadas en los siguientes textos  



                                    
   
     Más aún, otros autores que no poseían los derechos para usarlas, textualmente en sus escritos, comenzaron a darlas por sentado en sus obras. Ejemplo de ello, en el campo del cine o de la televisión, es la película Aliens, (1986) de James Cameron. En ella, el androide Bishop (un tipo de robot del cual más tarde daremos una mejor descripción) asegura su incapacidad para perjudicar a un humano. A su vez, otro androide, Data, de la serie de televisión y películas de Star Trek: The Next Generation tiene integradas estas leyes en su programación. Pasa toda su larga vida demostrando tanta virtud ética, que se transforma en una criatura superior a muchos hombres y mujeres.

Los robots de Isaac Asimov.

   Isaac Asimov nació el 2 de enero de 1920, en la ex Unión Soviética, sin embargo, antes de cumplir la edad de tres años se trasladó junto a su familia a los Estados Unidos, convirtiéndose en ciudadano de ese país.
   Desde pequeño tuvo inclinación por la literatura, en especial, por la ciencia-ficción, las aventuras y la fantasía en general. Su padre tenía un pequeño kiosco donde vendía dulces, diarios y revistas. Ahí tuvo acceso a las publicaciones de aquellos tiempos que se dedicaban a este tipo de literatura, leyendo, entre otras, las hoy míticas Amazing Stories, dirigidas en aquel tiempo por el escritor y editor Howard Phillips Lovecraft (quien con su obra revolucionaría especialmente el género literario de terror), Sciencie Wonder Stories y principalmente Astouding Stories, cuyo director era John W. Campbell Jr. En su condición de mecenas Campbell Jr. fue propulsor de jóvenes talentos literarios, a quienes publicó en su revista. Entre ellos el mismo Asimov, a quien exigía en sus obras una rigurosidad literaria y científica poco vista hasta ese entonces. Claro que tuvo que pasar un buen tiempo para que Campbell dejara de rechazar los constantes esfuerzos del aspirante a escritor, quien le mandaba una y otra vez sus manuscritos a la revista.
    Su primer cuento publicado fue Varados frente a Vesta, en 1938, en Amazing Stories. Un año más tarde escribió su primera historia sobre robots: Robbie, un nostálgico cuento sobre la relación emocional ente una niña pequeña y su robot. Pero no fue hasta 1942 que introduciría tres conceptos relacionados con los robots y que se constituyen en parte fundamental de su aporte a la ciencia-ficción y a la lengua en general:

1. La idea del cerebro positrónico, con el que contaban todos los robots de sus obras. Tal como afirma en el Prólogo a su antología Visiones de Robots el mismo Asimov:

“Dado que necesitaba una fuente de energía introduje el “cerebro positrónico”. Esto se trataba sólo de una jerga pero representaba cierta fuente de energía desconocida que era útil, versátil, rápida y compacta, como el ordenador todavía no inventado”

2. Las Leyes Fundamentales de la Robótica, un conjunto de reglas programadas en los cerebros positrónicos de los robots que impide que estos se constituyan en un peligro para sus usuarios, al menos en la mayoría de los casos. Puesto que en algunas de sus obras, ciertas mentes criminales se las ingenian para que los robots causen daño a los humanos, engañando estas “Leyes” o algún robot sin habérselo propuesto, y han llegado a lastimar a sus creadores:

“Campbell me instó a que expusiese mis ideas con respecto a las garantías del robot de forma explícita en vez de hacerlo de manera implícita, y así lo hice en mi cuarta historia de robots, El Círculo Vicioso”.

Las Tres Leyes de la Robótica son las siguientes:

1) Un robot no puede hacer daño a un ser humano, o, por medio de la inacción, permitir que un ser humano sea lesionado.

2) Un robot debe obedecer las órdenes recibidas por los seres humanos excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.

3) Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no sea incompatible con la Primera o Segunda Ley.

   Sin embargo en 1987, Asimov publica una novela titulada Los Robots del Amanecer, donde incluye una Cuarta Ley de la Robótica, la llamada Ley Cero. En esta ley se plantea que un robot debe proteger a la humanidad como primera prioridad, de modo que en algunas ocasiones estos elementos mecánicos de la sociedad deben optar por el bien mayor, con lo cual para llegar a este objetivo las otras Tres Leyes quedan nulas frente a ciertas situaciones que pudiesen hacer peligrar tan mesiánica misión. Debido a lo anterior, en la novela ya nombrada, los robots, desde las sombras del anonimato, crean un imperio galáctico, supuestamente originado por los hombres, por el propio bien de la humanidad.
    Desde entonces, las Leyes de la Robótica aparecieron por completo, fueron citadas o parafraseadas en los siguientes textos de Asimov donde apareciesen robots, más aun, otros autores que no poseían los derechos para usarlas textualmente en sus escritos, comenzaron a darlas por sentado en sus obras.


    En la novela La Caída de Hyperion, (segunda obra de una saga de cuatro novelas en total), los robots se han independizado de los seres humanos y reunido en una sociedad llamada el Tecnonúcleo. Una de sus páginas, nos permite ver cómo nuestro autor es constantemente elogiado:

    “-A ustedes les toca decidir. Pueden usar o rechazar el arma. Al Núcleo le disgusta tomar vidas humanas, o permitir que cualquier vida humana resulte dañada por inacción. Pero en un caso donde corren peligro la vida de miles de millones... (...)”

    Tal como se puede ver en la cita recién expuesta, están sugeridas las Leyes Primera y Cuarta de la Robótica.

3. La creación de la palabra Robótica fue un hecho que Asimov no se propuso. Pese a ello, esta palabra se difundió en gran parte de las lenguas del mundo. Hoy en día, se usa tanto en los ámbitos literario y coloquial como en el terreno técnico de la construcción, mantenimiento y uso de robots. Luego el Oxford English Dictionary en su 3rd Supplementary Volume lo reconocería como el inventor de la palabra.

“Yo no sabía que estaba inventando la palabra, por supuesto. En mi joven inocencia, yo pensaba que era la palabra y no tenía la mínima noción de que no había sido usada con anterioridad”.

    En el año 1950 nueve cuentos suyos sobre robots fueron reunidos en un sólo tomo, bajo el título de Yo Robot, siendo el segundo libro de Asimov en publicarse. Este libro fue leído por Joseph F. Engelberger, cuando todavía era estudiante de la Universidad de Columbia. Engelberger se hizo socio de George C. Devol, Jr. Ambos inspirados en el libro de Asimov fundaron la compañía Unimation con la intención de llevar a la práctica las ideas de Asimov. Así fue como en la década de los setenta, se produjeron varios robots, convirtiéndose en la primera compañía de robots en el mundo (hecho que los convirtió en millonarios). Otros expertos en robots, como Marvin Minsky y Simon Nof, admitieron haberse inspirado en su lectura de Yo Robot a la hora de decidir su futuro.
    En 1950, recién aparece publicada su primera novela de robots Bóvedas de Acero, elaborada a partir de un tema social propuesto por Campbell. Asimov hacía tiempo deseaba combinar en una novela su gusto por los casos policiales y su experiencia con las obras sobre robots. En esta obra, considerada por muchos como su mejor novela, la humanidad del planeta Tierra vive confinada en tecnificadas ciudades que cubren todo el planeta. No hay espacios abiertos. Los seres humanos están tan acostumbrados a su selva metálica, que temen al vacío. Sin embargo al producirse un asesinato de grandes implicancias políticas, el policía terrestre Elijah Baley, se ve obligado a salir de la reclusión propia de su sociedad para trabajar nada menos que junto a un robot investigador y con apariencia humana, de nombre R. Daneel (La “R” es por supuesto de “Robot”).
    Tres años más tarde, tras el éxito de la novela anterior, escribe Asimov una continuación titulada El Sol Desnudo, en la cual los protagonistas de la primera obra, se unen nuevamente para desentrañar un caso policial.
    El año de 1983 vuelve a aparecer una nueva novela de Asimov sobre los robots, tras varios intentos fallidos del autor por continuar la saga de la pareja de investigadores de Elijah Baley y R. Daneel. Esta vez vuelve a retomar a estos personajes, en una novela que originalmente se iba a llamar El Mundo del Amanecer (The World of the Dawn), pero sus editores le exigieron que el título debía llevar en una de sus partes la palabra “Robot”. Entonces la novela quedó con el título Robots del Amanecer. Durante sus investigaciones, los protagonistas conocen a un robot llamado Giskard, (un robot que posee la facultad de leer la mente). En 1987 se publica Robots e Imperio, en la cual Baley ya ha muerto, razón por la cual Daneel tiene un nuevo compañero, el mismísimo Giskard, con quien debe derrotar al antiguo enemigo de su fallecido amigo, el doctor Amadiro, quien desea destruir el planeta Tierra. Ambos robots logran derrotar al criminal, pero Giskard debe sacrificarse para ello, claro que antes traspasa su don a Daneel, pidiéndole que funde un Imperio Galáctico, por el bien de la humanidad.
    Anteriormente, Asimov había escrito una famosa serie de novelas titulada Fundación, de la cual ya llevaba cuatro novelas en total, y con la que había ganado varios premios, entre ellos el Premio Hugo, (máximo galardón del mundo de la ciencia-ficción) que le fue entregado por la categoría de Mejor Serie de Libros de ciencia-ficción en 1966. Es así como en Robots e Imperio se conectan ambas series al ser R. Daneel el responsable de la formación del Imperio Galáctico, poder contra el que se enfrentarán las instituciones llamadas Primera y Segunda Fundación, en un futuro lejanamente posterior al de los acontecimientos de Robots e Imperio. En el presente de la novela Fundación y Tierra, publicada el mismo año 1983, y en el resto de las obras de la saga de Fundación salidas a la fecha, los robots hace muchos siglos que habían desaparecido de la sociedad. Sin embargo, en esta quinta novela el personaje Golan Trevize encuentra en la Luna del ya muerto planeta Tierra, al robot Daneel, quien le confiesa ser el protector de la humanidad y el responsable de gran parte de los sucesos de connotación social acaecidos hasta ese momento.


   Es durante el transcurso de 1988 que Asimov publica una precuela a su anterior ciclo de Fundación, a la que pone por nombre Preludio a la Fundación y en la que R. Daneel se encuentra con el científico Hari Seldon, a quien induce a crear las “Fundaciones”, de modo de concretizar su promesa a Giskard.
    Asimov, poco antes de morir, logró terminar la segunda precuela de su saga sobre los robots, Hacia la Fundación, en la que se ve como Seldon junto a Daneel fundan ambas Fundaciones, con lo que se da una nueva etapa en la historia de la humanidad.   Este libro se publicó de forma póstuma en 1993.
     Dentro de los cuentos de Asimov sobre robots, El Hombre Bicentenario, es un caso aparte, tanto por su calidad literaria como por la profunda humanidad que desborda la historia en sí. Es un cuento, donde se nos relata la historia de Andrew, el robot protagonista, quien decide convertirse en un ser humano. No en vano, el propio Asimov estaba tan orgulloso de este cuento, que era su tercer favorito, entre toda su prolífica carrera. Gracias al emotivo cuento, le otorgaron, el año 1977, otro Premio Hugo, así como un Nebula y un Locus, (otros galardones de gran prestigio entre estas disciplinas). Más tarde, en 1992, junto a su amigo y también famoso autor, Robert Silverberg, transforma este cuento en novela y le pone por título, El Robot Humano (The Positronic Man). Luego, ambas obras inspirarían un film titulado igual que el cuento y que sería exhibido durante el año 2000, teniendo a Robin Williams en el papel de Andrew.
    En 1990, después de sufrir una enfermedad que mermó bastante su salud, su segunda esposa, Janet Asimov, lo convenció de escribir un segundo tomo de sus memorias.
    El 6 de abril de 1992, Asimov murió, dejando a su haber, más de trescientas obras, entre libros de ficción, divulgación científica y ciencias sociales.
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