martes, 1 de noviembre de 2011

Los Robots en la Literatura (parte 2).


    Tal como quedó declarado con anterioridad en la primera parte de este trabajo pese a lo que el común de la gente puede llegar a creer, no todos los robots son iguales, ya que dentro del imaginativo mundo de la ciencia-ficción estas entidades son descritas de muy diversas formas; lo anterior responde no sólo a la creatividad de los escritores, sino que también a la necesidad de verosimilitud, a la propia ficción en la historia creada por los autores.
    De este modo, los robots se nos aparecen de múltiples formas: desde el más sencillo en su configuración, hasta el más complejo.

Hacia una breve tipología robótica.

    A continuación, especificamos una clasificación de los distintos tipos de robots, ejemplificando con algún referente literario o audiovisual cada subclase.

1. El robot máquina.

    Constituye la especie más simple y primitiva dentro de lo que es un robot. En realidad no es un robot propiamente tal, si consideramos la definición de robot ya mencionada. Allí se estipula que un robot es todo ser creado por la ciencia y la tecnología (no importa de donde provenga) y que posee conciencia propia. Por lo tanto, estas máquinas robotizadas no son más que mecanismos computarizados que se ocupan para algunos trabajos tediosos y pesadas labores. Son los mismos robots con los que contamos hoy y que fácilmente encontramos en las industrias donde se construyen electrodomésticos, automóviles, etc. Además no son máquinas de apariencia antropomórfica, pues su aspecto estético no importa demasiado, sólo basta con que sirvan y nada más; claro que, por lo general, su apariencia puede simular un brazo, ya que en su mayoría son máquinas constructoras y es justamente esa extremidad con la que se hacen cosas.
    En la ciencia-ficción los robots necesariamente no tienen por qué funcionar al igual que en la realidad (petróleo, fusión nuclear, entre otros tipos de energía) o estar construidos sobre la base de los mismos elementos que hoy en día tenemos a mano. Así muy bien nos podemos encontrar en algún relato, novela, película, cómic u otro medio de expresión, con hombres mecánicos que funcionen basándose en el vapor (serie de animación japonesa Sakura Wars), en vez de la electricidad. También podrían estar hechos de madera o de metal líquido, como el androide metamorfo de Terminator 2... Y es que en la ciencia-ficción todo es posible. Un ejemplo del clásico cuento de Ray Bradbury “Vendrán lluvias suaves” contenido en sus Crónicas Marcianas:

    “Afuera el garage tocó unas campanillas, levantó la puerta, y descubrió un automóvil con el motor en marcha. Luego la puerta descendió otra vez.
    A las ocho y media los huevos estaban resecos y las tostadas duras como piedras. Un brazo de aluminio los arrojó al vertedero, y un remolino de agua caliente los metió en una garganta de metal que los digirió y los llevó al océano distante. Los platos sucios cayeron en una máquina de lavar y emergieron relucientes y secos.
    Las nueve y cuarto cantó el reloj la hora de la limpieza.
    De las guaridas de los muros, salieron velozmente los ratones mecánicos. Las habitaciones se poblaron de animalitos de goma y de metal que tropezaron con las sillas moviendo en círculos los abigotados patines, frotando las alfombras y aspirando suavemente el polvo oculto. Luego, como invasores misteriosos, se escondieron en sus cuevas. Los rosados ojos eléctricos se apagaron. La casa estaba limpia”.




2. El mecha.

     Su nombre es una abreviatura de la palabra inglesa “mechanical”, que significa “mecánico” y fue acuñado por los autores japoneses de cómics y animaciones para referirse a una especie de super armadura computarizada y de gran tamaño. Es utilizada o tripulada por una persona o más, quien la maneja para diversos motivos bélicos o constructivos, entre otros. Puede tener inteligencia propia, ser consciente o semiconsciente, así como ser nada más que otra máquina avanzadísima.
    Existen una serie de novelas ambientadas en un mundo donde diferentes señores de la guerra combaten ente sí, usando este tipo de robots: es el llamado universo de Battletech, que tiene a varios autores escribiendo sobre sus aventuras. A su vez esta saga está originada a partir de un juego de rol (especie de tablero en el que cada jugador cumple un papel determinado, usando cartas y ateniéndose a las reglas específicas de la ficción en la que se encuentra). Esta serie también inspiró a una serie de dibujos animados.
    Un caso especial referido al fascinante mundo de los mechas es lo que sucede con la animación japonesa y los cómics de esta nacionalidad (anime y manga respectivamente), donde hay un sinnúmero de series en las cuales estos particulares robots son los protagonistas. Famoso es para nosotros el caso de Mazinger Z cuyo autor es Go Nagai, responsable de dar vida a otros famosos mechas y de toda una saga dedicada al propio Mazinger. También es muy popular el concepto de Gundam, del cual se pude contabilizar más de una docena de distintas series y películas. Hoy en día, en especial en Chile, tienen bastante fama las series de Evangelion y Escaflowne; ambas llenas de simbolismos religiosos, medievales y míticos.


3. El Cyborg.

    En el real sentido de la idea del robot, un cyborg no cae dentro de este concepto; sin embargo sí se puede considerar como una mezcla, un “mestizo” de hombre y máquina. La palabra en sí, es una contracción de las voces inglesas cybernetic organism y fue acuñada por Manfred Clynes y Nathan S. Kline en el artículo Cyborgs and Space en la revista Astronautics, septiembre de 1960.
    En pocas palabras es un individuo orgánico al que se le han injertado elementos mecánicos, pero no al modo ortopédico, sino para mejorar su calidad de vida. También podríamos decir que un cyborg es un ser humano robotizado, quien no ha perdido su humanidad, aunque sí ha incorporado en su vida (y precisamente en su organismo) la robótica y lo electrónico, ya sea sólo desde un punto de vista estético o como implantes (desde globos oculares u otros órganos hasta extremidades o cuerpos completos) que le permiten tener acceso a cualidades que de forma natural no podrían conseguir (súper fuerza, armas escondidas y a simple vista incorporadas a sus cuerpos, enchufes, etc.).
    Por otro lado, necesariamente un cyborg no tiene por qué poseer extensiones mecánicas robotizadas, pues basta con sus injertos electrónicos para tener apariencia robótica. Así, por ejemplo, en la novela Neuromante de William Gibson, los protagonistas poseen numerosos injertos que les permiten tener acceso rápido a Internet, enchufándose sofisticados cables de conexión al cráneo para conseguir sus fines.
   Los cyborg aparecieron en la literatura de ciencia-ficción mucho antes que se creara el término. Ya entre 1930 y 1940 aparecieron cuentos sobre ellos de prestigiosos autores como C.L.Moore. Henry Kuttner y James Blish. Sin embargo mucho antes que estos escritores, Neil R. Jones, Edgar Rice Burrougs (el mismo autor de Tarzan) y John W. Campbell, escribieron sobre estos hombres mecánicos. Un fragmento de Homo Plus de Frederik Pohl:

    “El primer hombre al que transformaron en cyborg fue probablemente Willy Hartnett (...)
    Al principio los cambios habían sido pequeños y temporales.
    No se le había cambiado el corazón. Únicamente había sido suplido temporalmente por un impulsor de plástico suave que llevó durante una semana atado a la espalda.
    Sus ojos tampoco habían sido tocados... por el momento. Sólo se les cerraron fuertemente con una especie de venda de goma, mientras practicaba una nueva habilidad para reconocer formas confusas del mundo que le eran reveladas a través de una cámara electrónica que zumbaba de manera estridente y que habían conectado, tras una operación quirúrgica, a su nervio óptico.
    Uno a uno todos los sistemas que le convertían en un marciano fueron probados.     Cuando todos los componentes fueron probados, ajustados y se demostró que funcionaban satisfactoriamente, se le practicaron los primeros cambios permanentes.
    No serían realmente permanentes. Esta era una promesa a la que Hartnett se aferraba (...). Todos los cambios podrían ser reversibles y lo serían. Una vez hubiera sido cumplida la misión y él estuviera sano y salvo de regreso, le quitarían toda la chatarra y le repondrían de nuevo los suaves tejidos humanos, de forma que recobraría su forma humana”.


4. El androide.

    Éste es un robot con apariencia de ser humano, es decir, un humanoide mecánico. Un androide tiene configurado su estructura externa de tal modo, que se asemeja a un hombre o una mujer, y tanto su aspecto físico como su mente. Pueden poseer un sexo definido.
    Existen dos tipos de androides. Primero están los que se asemejan a un ser humano, pero que a la simple vista se diferencian de un homo sapiens debido a su apariencia artificial y metálica (claro que en su construcción muy bien se podría usar algún plástico durísimo e incluso alguna madera especialmente tratada para su duración, todo esto, según el grado de fantasía del autor). Por su parte, la mayoría de los robots que salen en las ficciones de Asimov, corresponden a este primer tipo, siendo casi todos los robots protagonistas de los cuentos que analizamos en esta memoria de esta forma.
    Segundo, existen los androides que aparte de tener una apariencia humaniforme (tal y como los describe el mismísimo Asimov en algunas de sus obras), poseen tejidos, órganos, piel, pelos e incluso secreciones que simulan la de los seres orgánicos. En algunas obras de ciencia-ficción los androides están “envueltos” en material genético humano, gracias a cultivos de ADN, de modo que sólo en su interior se observan los elementos mecánicos y robóticos; es lo que pasa, por ejemplo, con los androides llamados Unidad Cerebral Nexus 6 de la novela de Phillip K. Dick, ¿Sueñan los Androides con Ovejas Electrónicas? y que inspiró a la famosa película Bladerunner, llamándoseles en el film “replicantes” y en la que el único medio para distinguir a un humano de un replicante es a través del minucioso análisis de las respuestas eléctricas de sus nervios ópticos. También tenemos a Stephen Byerley protagonista del cuento La Prueba de Asimov, quien es llamado por este autor como "Robot humanoide". Como vimos anteriormente, Stephen tiene apariencia humana (piel, pelo, carne, ojos reales), pero posee cerebro positrónico. De la novela Endymion de Dan Simmons:

“-Podrías modificar el color de tu piel. El cirujano automático de la nave puede hacerlo...-Callé de nuevo, viendo en su expresión algo que no entendía.
-Como sabes, M. Endimion, los androides no somos programados como máquinas, ni siquiera tenemos parámetros básicos y asimotivadores como las primeras IAs de ADN que evolucionaron hasta convertirse en las inteligencias del Núcleo, pero cuando diseñaron nuestro instinto nos impusieron ciertas inhibiciones. Una consiste en obedecer a los humanos cuando sea razonable e impedir que sufran daño. Este asimotivador es más antiguo que la robótica y la bioingeniería, según me han dicho. Pero otro instinto consiste en no modificar el color de mi piel.
-¿No eres capaz de ello? ¿No podrías hacerlo aunque nuestras vidas dependieran de que ocultases tu piel azul?
-Oh, sí. Soy una criatura dotada de libre albedrío. Podría hacerlo, sobre todo si la acción fuera coherente con asimotivadores de alta prioridad, tales como vuestra protección, pero mi elección me pondría... incómodo. Muy incómodo.”


5. La Inteligencia Artificial (IA).

    Una IA necesariamente no es un robot. Esto quiere decir que una inteligencia artificial no tiene por qué estar sujeta a las leyes de poseer un cuerpo como cualquier robot, sino que es más bien una conciencia surgida a través del desarrollo de una computadora que ha cobrado vida como ser pensante. Luego de esto, una IA puede hacer lo que desee, construyéndose uno o más cuerpos donde deposita su mente o sólo parte de ella. Algunas IAs que aparecen en las obras de ciencia-ficción habitan en dimensiones ajenas a la física, o en realidades virtuales gracias al desarrollo de la Internet, teniendo acceso al mundo físico gracias a conexiones electrónicas y a los robots que manejan. También puede ser que una IA se proyecte a través de un holograma, para interactuar con los orgánicos, o exista meramente a través de una forma holográfica, tal como sucede con el “Doctor” virtual de la serie de televisión Viaje a las Estrellas: Voyager, quien piensa, siente y actúa al igual que un ser humano, con la distinción ya mencionada. Nuevamente Dan Simmons, pero ahora en Hyperion:

“(...) Las IAs se habían liberado del control humano más de tres siglos atrás, antes de mis tiempos, y aunque continuaban sirviendo a la Hegemonía, como aliados, asesorando a la Entidad Suma, monotorizando la esfera de datos y usando sus aptitudes predictivas para evitarnos errores garrafales o desastres naturales, el TécnoNúcleo en general realizaba sus indescifrables y nada humanas actividades en privado.
    Por norma general las IAs tratan con los humanos y las máquinas humanas por medio de una esfera de datos. Pueden crear un holo interactivo si lo necesitan (...).


El recordado Hal-9000 de "Odisea 2001".


6. El cíbrido.

    Concepto originalmente acuñado por el escritor Dan Simmons en su saga Hyperion, la cual comprende cuatro libros en total. Esta especie es en sí un robot totalmente orgánico, y su existencia está ligada a la de las IAs comentadas arriba.
    Un cíbrido es organismo conciente creado a partir de ADN humano en cuyo cerebro, también de tejido, alberga la conciencia de una IA, o al menos parte de ella. Es utilizado por las IAs como medio de locomoción y para interactuar con los humanos, así como para permitir a la IA experimentar lo humano en todas sus expresiones (sentimientos, pasiones, emociones, entre otros). Se podría decir que un cíbrido es algo así como una marioneta para una IA. Esta última especie puede no tener conocimiento de que su “vida” está regida por los designios de una IA, siendo además parte de ella, pero también puede llegar ser independiente de la misma. En la saga de Hyperion, los cíbridos que hay, son en realidad experimentos de las llamadas IAs del “TecnoNúcleo” para poder comprender más a la raza humana; así un cíbrido es una copia, un clon de una figura humana histórica de la que, además de utilizarse su material genético para realizar el cíbrido, se ha imitado su personalidad usándose todos los registros que existiesen sobre esa figura (en las dos primeras novelas de esta saga, es del poeta romántico inglés, John Keats de quien se ha hecho un cíbrido).

    “Johnny- su verdadero nombre era un código de dígitos, letras y serie de cifras más largas que mi brazo- era un cíbrido.
    Los cíbridos son otra cosa. Confeccionados con material genético humano, tienen una apariencia una conducta externa mucho más humana de la que se concede a los androides. Los convenios entre el TecnoNúcleo y la Hegemonía permiten sólo la existencia de un puñado de cíbridos.
    -Tengo un cíbrido..., se podría decir que soy un cíbrido, porque mi... función...es observar a los seres humanos y reaccionar ante ellos. En cierto sentido fuí humano una vez.
     -Bien, yo soy, o era, un proyecto de recuperación anterior y mucho más complicado. Mi personalidad núcleo se basaba en un poeta de Vieja Tierra anterior a la Hégira. Antiguo. Nació a fines del siglo dieciocho según el viejo calendario.
     -¿Cómo cuernos reconstruyen una personalidad que se perdió en el tiempo?
     -Por los escritos- respondió Johnny-. Cartas, diarios, biografías críticas, testimonios de amigos, pero sobre todo mediante los poemas. El simulador recrea el entorno, inserta los factores conocidos y trabaja a partir de los productos creativos. Voila... un núcleo de personalidad (...).
     -¿Entonces, qué? Construyen su personalidad a partir de un poeta muerto. ¿Qué hacen luego?
     -Esto se transforma en el molde a partir del cual crece la IA. El cíbrido me permite desempeñar mi papel de la comunidad de datos”.



¿Una verdadera colección de terror?

Una de las peores y menos artísticas portadas que  he visto
 para un libro de Stephen King, siendo que ésta
se corresponde 100% con la edición original USA.
   Tener en las manos una nueva colección de cuentos de nuestro escritor favorito, es para muchos una cita ansiada durante largo tiempo. Aquellos que ya hemos disfrutado sus narraciones cortas, sabemos que su fuerza narrativa y originalidad a la hora de abordar lo siniestro, radica de forma más clara en sus historias breves (y esto sin menosprecio de muchas de sus grandes novelas), puesto que en ellos la economía de palabras ayuda a que el susto y la repulsión repentinos se vengan rápidamente.
     Después del Anochecer corresponde a su quinta antología de cuentos, habiendo dejado las primeras de ellas (en especial la anterior a ésta, Todo es Eventual) la vara bien alta a la hora de disfrutar este tipo de historias. Era de suponer que tras la evolución o “cambio” en la labor de Stephen King desde ya al menos unos diez años, se evidenciara su supuesta madurez literaria en estos 13 relatos. Para algunos su supuesta “seriedad” a la hora de abordar sus nuevas temáticas es un aliciente en cuanto a valorar más “académicamente” sus últimos trabajos; en cambio para otros, lo último que ha escrito y/o publicado el llamado “Rey de Terror” durante estos años, o bien ha perdido calidad o bien es una demostración de la “domesticación” de King, quizás para agradar a otros públicos. No quisiera perder mi encanto por Stephen King, pero me parece que esto último se adecua más al fruto final que es Después del Anochecer. Tengo la esperanza de que sus obras que están por venir o las que aún no leí de él (como Duma Key[1] y Under the Dome) me demuestren lo contrario.
    Por otro lado, es evidente (basta sólo leer las opiniones de muchos de los que publican en INSOMNIA) que un gran número de personas han gozado enormemente la colección que ahora me permito analizar y no en vano ya ha ganado prestigiosos premios, como lo es el Bram Stoker Award y otros. Dejo abierta la puerta de que puede ser que tal vez uno se haya acostumbrado demasiado a sus historias sangrientas, gráficas y llenas de monstruosidades de antaño y como al menos en este libro (como también en La Historia de Lisey, Blaze y The Colorado Kid) ya no abundan, fácilmente uno hecha de menos ese otro King y se enceguece para apreciar su nueva faceta. Sin embargo, sí están el suspenso, la aventura, los personajes atroces y enfermizos, como también la gran carga humana y emocional que igualmente caracteriza a nuestro King… pero igual se siente ese vacío que queda ahí pendiente.
    Mejor hagamos un recorrido cuento por cuento de Después del Anochecer, para indagar mejor en qué va la narrativa corta actual de su autor.

1 - Willa: Cuando un relato abre una colección de historias, y más si supuestamente son historias tenebrosas, uno espera que el primer bocado que nos darán, nos deje con ese sabor metálico de la sangre y del miedo; pero lamentablemente, y tal como reconoce el propio King en sus notas para este cuento al final del volumen, éste no es uno de los mejores cuentos del libro. Yo me atrevería a afirmar que es de lo peor que ha escrito, aburrido y sin misterio. Lo que sí le reconozco, es que está bien escrito, pero todos ya sabemos que el autor sabe muy bien cómo contarnos algo.
    El tema de la vida después de la muerte y de los muertos que no saben que lo están es un tópico reiterativo no sólo dentro de la literatura de terror. Stephen King ya lo había abordado con anterioridad y con maestría en obras tales como Cementerio de Animales (bueno, en este caso mismo destaca más bien el tema de la muerte misma y sus diferentes connotaciones para el ser humano). La descripción que hace King de un lugar letárgico, una especie de limbo donde quedan deambulando los muertos, no es ninguna novedad; si no basta con mencionar el clásico mexicano de Pedro Páramo de Juan Rulfo. El muerto que se queda encadenado a la vida que conoció, condenado a repetirse una y otra vez (y aquí me permito parafrasear con ello a la película de Guillermo del Toro, El Espinazo del Diablo) son subtemas que se encuentran presentes en lo que me parece es lo peor de este libro.

2 - La Chica de Pan de Jengibre: ¡Qué extraño nos resulta este título a los lectores latinoamericanos, quienes apenas conocemos el cuento infantil que inspira este nombre (El Hombre de Jengibre). Luego del pobre bocado recién reseñado, encontrarse con esta historia, resulta un verdadero regalo que hace recordar al King de sus mejores tiempos.
    Esta historia es en realidad una muestra de lo mejor de King a la hora de contar un hecho intenso, siniestro, morboso, pero además cargado de un hondo drama humano, tal como es el que le toca vivir a la protagonista. La narración es violenta cuando corresponde y cargada de una atmósfera claustrofóbica y tensa.
    Desde mi punto de vista Stephen King logra crear personajes femeninos muy vivos y carismáticos, y en el caso de Emily, no hay excepción. El sentimiento de pérdida por el que pasa este personaje y el deseo de evadirse luego del trauma que le toca vivir, hacen imposible no identificarse con la historia de una mujer que por una simple casualidad de la vida se ve en manos de un psicópata. La protagonista pasa por una nueva experiencia límite que la lleva a luchar por su vida cuando no hasta hace poco había perdido sentido para ella.
    No ahondaré más en la trama de esta fabulosa narración. Si diré que a ratos recuerda a esa fabulosa novela del propio King como los es El Juego de Gerald o su increíble cuento En la Habitación de la Muerte.
    Espero ver prontamente convertido La Chica de Pan de Jengibre en una película o algo parecido.

3 - El Sueño de Harvey: King tiene unas cuantas narraciones que bien podrían estar aptas para un capítulo más de La Dimensión Desconocida y es así como la historia que ahora nos atañe muy bien calza dentro de ellas.
    La trama es sencilla, un anciano tiene un extraño sueño, algo de carácter premonitorio y ello pone nerviosa a su esposa. La historia en sí posee ese sentido de rareza cuando no queda claro el límite entre lo onírico y la vigilia, muy bien descritos acá; sin embargo, el cuento no logra despegar y lo que uno espera será una gran revelación, resulta más bien una decepción más para el lector.

4 - Área de Descanso: ¿Quién no ha querido alguna vez en su vida intervenir en una pelea de pareja, porque le parece que la mujer está siendo realmente violentada y desea luego quedar como un héroe? Esta es en parte la premisa con la que parte Área de Descanso, un relato que sí resulta ser entretenido y eficaz y que nuevamente demuestra esa idea tan kingniana de que personajes comunes y corrientes están más que propensos a vivir experiencias extraordinarias y pavorosas. Por otro lado, este relato bien ejemplifica aquello de que dentro de nosotros existe una faceta oscura que en cualquier momento puede salir a flote y sorprendernos.
    En suma, un cuento de lectura rápida y atractivo.

5 - La Bicicleta Estática: Bien es sabido que los artistas tiene otra forma de ver las cosas, una sensibilidad que muchas veces muestra que genialidad y locura se encuentran bien poco diferenciadas. Lovecraft ya había trabajado este tema con El Modelo de Pickman y el propio King con La Historia de Lisey o Duma Key, por no mencionar otros, ya había hecho de lo suyo para mostrar que esta gente está expuesta a extrañas circunstancias.

    El protagonista de esta historia por recomendación de su médico se ve obligado a adquirir una bicicleta estática, de modo de bajar de peso y no sufrir problemas de colesterol. Para amenizar el cuarto donde realiza sus ejercicios pinta un paisaje en una muralla, el cual comienza a cobrar vida… hasta que unos extraños personajes aparecen en él. Esto de los cuadros que son portales a otra realidad, ya había sido tratado en El Retrato de Rose Madder del propio King, pero acá el mundo dentro del cual se ve involucrado el protagonista, no resulta ser una realidad fantástica y ominosa como la de la novela, sino que más bien corresponde al propio paisaje mental e interno de la vida de su creador.
    Una obra literaria de valor, y más tratándose de una de corte fantástico, debe otorgarle verosimilitud, o sea, credibilidad a las palabras para que el lector llegue a confiar y crea que la fantasía sea posible. Sin embargo acá (es mi humilde opinión) King no lo logra y la historia puede parecer ridícula a muchos, incluso absurda. Como las historias fantásticas de finales del siglo XIX queda la incertidumbre de si todo ocurrió o sólo es fruto de la imaginación febril del personaje.
    Hasta el momento en lo que va del libro, se van alternando los cuentos malos con los de real calidad. Este es el tercero olvidable. Habrá que ver cuáles son los que predominan más en este tomo.

6 - Las Cosas Que Dejaron Atrás: De vez en cuando Stephen King escribe una historia donde el dolor, el real, ese que te quema por dentro, no el de una mordida de vampiro, se siente desde la primera página de lectura. Ya en La Chica de Pan de Jengibre el sentimiento de pérdida estaba presente, así como el peso de la fragilidad humana, naturaleza que pese a toda adversidad llega a ser también lo más maravilloso. Al respecto, me es imposible no recordar obras tales como El Cuerpo, La Milla Verde o Rita Hayworth y la Redención de Shawshank y muchas otras más. Bueno, ésta es una historia de ésas.
     Por otro lado, si no me equivoco, Las Cosas Que Dejaron Atrás fue la primera o al menos una de las primeras narraciones de un escritor de renombre en USA que publicó un texto de ficción respecto al atentado a las Torres Gemelas. Ahora bien, lo que aquí hace King va más allá de contarnos cómo a alguien le tocó sufrir ese atentado, o lo que sucedió con los que sobrevivieron a dicho desastre. Lo que realiza acá Stephen King es hablarnos acerca del sentimiento de culpa de un funcionario de una de las Torres Gemelas, que al parecer por simple capricho no fue ese día a trabajar y debido a ellos (gracias a ello), se salvó de una muerte casi segura. El sentimiento de culpa que conlleva esta decisión, el recuerdo de la gente que conoció, muchos de ellos amigos suyos, que perdieron la vida ese día, le pesa terriblemente. Hasta que entonces un día comienzan a aparecer a la puerta de su casa una serie de objetos que resultan ser posesiones de aquellos que murieron en el atentado. ¿Qué hay que hacer entonces? ¿Se está volviendo loco? No contaré qué pasa, sin embargo sí me atrevo a decir que esta emotiva historia enlaza los sentimientos de pérdida y culpa, con los de la responsabilidad y la certeza de que la memoria es algo que no podemos dejar de lado. Que como dice el famoso dicho, parafraseándolo, aquel que olvida su pasado, está obligado a repetirlo una y otra vez.
    Este es el King que me gusta (no sólo el de los “monstruos”).

7 - Tarde de Graduación: Puede que éste sea el primer o segundo cuento real de terror de esta selección (si consideramos dentro de la temática de “psico thriller” el de La Chica de Pan de Jengibre). No obstante Tarde de Graduación resulta ser un texto flojo, que no produce mayor expectación y al que tal vez si King le hubiese dado mayor espacio con un desarrollo más amplio, obtendría mayor logro.
    El tópico del Apocalipsis también ya es tanto frecuente en otros autores, como en King (The Stand y El Final del Desastre, por no mencionar otros). Acá nuevamente lo aborda, pero como ya dije, con pobres resultados. Al principio de la historia, uno no tiene idea de para dónde va el relato, pues el tono apocalíptico ocurre recién con el clímax de la historia.

8 - N.: Creo que este, junto con Las Cosas Que Dejaron Atrás, es el cuento más esperado para el llamado “Lector Constante” de King, si se consideran las alabanzas que produjeron ambos cuentos una vez publicados, siendo que además esta historia fue originalmente adaptada en un curioso formato animado digital y ahora al cómic. Lo mejor, es que la obra en sí misma no decepciona.
    Sabido es que King es admirador de la obra de Howard Phillips Lovecraft, el creador del llamado “Horror Cósmico” y en el cual antiguas y horrorosas criaturas acechan en la oscuridad (para resumir el concepto en pocas palabras). Ahora bien, en este cuento King además adopta el tono propio de Lovecraft, al entregarnos una narración en primera persona, con la incorporación de textos supuestamente verídicos, como cartas y transcripciones de grabaciones. Estos recursos estilísticos King los ha sabido utilizar muy bien, desde ya su clásico Carrie.
    La historia trata sobre un hombre que sufre del llamado “Desorden Obsesivo Compulsivo”, un mal psiquiátrico consistente en realizar una acción de forma reiterativa e incontrolada, a raíz de una experiencia traumática donde el protagonista logra atisbar a una de estas criaturas. El hecho le provoca tal terror, que su vida no vuelve a ser la misma y es así que a lo largo de la narración, nos damos cuenta de que tal evento posee características cósmicas que muy bien pueden repercutir en el resto de la humanidad.
    King le da además a su relato un aspecto cuasi policial, por cuanto se transforma en una investigación la indagación de la verdad por parte de otros personajes. A su vez existe en N. un matiz moralizante, puesto que juega con la idea de que “la curiosidad mató al gato”, algo que ya viene de lejanos relatos orales como mitos, fábulas y cuentos de hada.

9 - El Gato del Infierno: El título ya nos dice harto. Esta es una narración de terror puro, que a su vez corresponde a una historia por muchos años pendiente en la obra completa de su autor. Stephen King la escribió hace muchos años y hasta antes de ahora sólo había sido publicada en unas cuantas revistas, aparte de la adaptación que se hizo para la versión cinematográfica de la serie de televisión de Cuentos del Lado Oscuro.
    A su vez el cuento en sí mismo es un homenaje más de King a su otro maestro, el genial Edgar Allan Poe y su famoso cuento El Gato Negro. La historia trata sobre un acaudalado y anciano hombre que contrata a un eficaz asesino… ¡para que mate a su gato! Y lo que parece un trabajo sencillo gracias al capricho de un viejo chocho, resulta ser una macabra vivencia.
    En suma, es uno de esos cuentos a la usanza del viejo King, gráfico y asquerosamente divertido.

10 - The New York Times A Un Precio De Ganga: Sabido es que los creadores de la serie Lost son fanáticos de Stephen King, así como que el propio King admira dicho show. Es por esta razón que me parece que en este cuento, el autor le hace su personal homenaje a Lost. Es así que acá el protagonista es un supuesto sobreviviente de un accidente aéreo y que como los personajes de la serie, no tiene idea de dónde se encuentra. Hasta que entonces logra comunicarse con su esposa por teléfono.
    Ahora bien, el relato en sí para nada resulta ser original, es más, recuerda mucho al guión de No Se Equivoca de Número, que King publicó en su colección Pesadillas y Alucinaciones (esta historia originalmente la escribió para filmarse como episodio de la serie Cuentos del Lado Oscuro, por eso sólo se publicó en este formato).
    En suma, ningún aporte a la obra literaria de Stephen King.

11 - Mudo: Me parece que junto con el último relato de esta colección, éste resulta ser el más original, teniendo además otro atractivo: ese humor negro tan propio de King que se extrañaba en el resto de los cuentos ya reseñados.
    La historia trata sobre un tipo que constantemente viaja en su auto para hacer ventas, dejando a su familia sola. Un día en la carretera se encuentra con un extraño hombre haciendo autostop y al que acepta llevar. Su improvisado compañero resulta ser mudo y sordo, sin embargo ello no impide que el vendedor aproveche de descargarse y contarle sus penurias sobre su fracaso matrimonial. Es entonces que este hecho toma una dirección inesperada para el protagonista y los suyos.
    El giro final de la historia es increíble y King acá saca lo mejor de sí. El extraño pasajero resulta intrigante, como también esa sensación de no saber hasta el final de qué es de lo que se siente realmente culpable el protagonista.

12 - Ayana: Quizás el cuento más extraño de todo el libro, si bien corresponde a esa serie de relatos que King escribe de vez en cuando que casi resultan inclasificables. Podría estar dentro del lote al que corresponde el mismo El Sueño de Harvey, o cuentos mejor logrados como los antiguos El Atajo de la Señora Todd o La Dedicatoria; sin embargo esta historia con cierta carga emocional, resulta mejor que  El Sueño de Harvey.
    La historia es una confesión, digamos que uno de esos secretos largamente guardados, no por vergüenza o miedo, si no por lo extraño de su naturaleza. El padre del narrador sufre de una enfermedad terminal y un día llega a su habitación en el hospital una rara niña y luego de su visita el hombre mejora considerablemente. Este hecho extraordinario, se constituye en un medio para que King nos haga reflexionar acerca de la posibilidad de los milagros y el papel que cumple en nuestra vida la fe.
    El cuento en sí no es malo y tiene momentos claramente emotivos, pero al menos a mí no me logró conquistar.

13 - Un Lugar muy Estrecho: Lo reconoceré de inmediato, este es el cuento que más me gustó de todo el libro y es porque considero que en él el señor King muestra con genialidad su inventiva y capacidad fabuladora a la hora de crear un cuento extenso en una situación que a nadie más se le habría ocurrido; es más, lo hace todo tan creíble, que el lector sólo quiere saber más y más acerca de la espantosa aventura de su protagonista.
    Un tema bastante popular en la literatura, ya sea de terror, como en el propio romance o en las tragedias shakesperianas (en otras obras) es la venganza. Es así como King, que ya lo hizo en su clásico El Cadillac de Dolan, vuelve a homenajear a Poe y su Barril del Amontillado, con una historia donde un desagradable personaje deja encerrado al protagonista en… ¡un baño químico! La víctima hará hasta lo imposible para salir de su prisión y es así como King hará gala de toda su maestría a la hora de narrar asquerosidades que tanto se echaban de menos en la mayoría de estos relatos.

    Ahora bien, considero que otra virtud de esta narración, consiste en cómo su autor logra acaparar la atención del lector en un lugar tan pequeño como lo es el baño químico. Esta es una proeza literaria que ya había conseguido en otras obras maestras, tales como Misery y El Juego de Gerald o el mismo Cujo, donde durante páginas y páginas los personajes se encuentran encerrados en lugares pequeños y la descripción sobre todo lo que hacen mientras tratan de escapar es notablemente soberbia.
    Altamente recomendable; eso sí, una historia sólo para firmes de estómago.

Conclusión.

    Luego de hacer esta ronda por todos los cuentos que conforman Después del Anochecer, la suma total de cuentos que a mi parecer valen en verdad la pena leer y son muestra del talento de su autor son 7: La Chica de Pan de Jengibre, Área de Descanso, Las Cosas Que Dejaron Atrás, N., El Gato Infernal, Mudo y Un Lugar muy Estrecho. Queda en veremos Ayana, debido a la curiosidad de abordar sus temas. Las razones de por qué cada cuento es valioso o no, espero haberlas dejado claras, si bien admito esta es una crítica literaria de corte personal y por ella subjetiva, por lo que corresponde a cada uno hacerse su propia opinión una vez que se hayan leídos los cuentos.
    No se puede dejar de lado el tema pendiente al subtítulo de este artículo (¿Una verdadera colección de terror?), pues aquí si creo ser objetivo a la hora de señalar que de terror en sí, sólo La Chica de Pan de Jengibre, Tarde de Graduación, N. y El Gato del Infierno, son sin duda obras de terror. Pero quizás Un Lugar muy Estrecho bien podría sumársele al grupo, al considerarse sus antecedentes dignos de Poe.
    Entonces sí el libro en cuestión posee 13 relatos, sólo 5 son de terror, abordando todos ellos diferentes manifestaciones del género: psicópatas, fin del mundo, monstruos y horror cósmico, nuevamente monstruos y la idea de ser enterrado vivo respectivamente. Si el análisis arroja este resultado… ¿entonces por qué se le da a esta colección de cuentos el erróneo título de antología de cuentos de terror? ¿Será acaso una manipulación de parte de las editoriales que se quieren aprovechar del título de Stephen King de “Rey del Terror”? ¿O es el propio King quien nos engaña? Es esta ambigüedad la que me deja insatisfecho, pues si me dicen que lo que compré es una colección de cuentos de terror, es porque eso es lo que deseo leer y no que me engañen.
    ¿Se entiende mi posición?
    Hay otros relatos realmente buenos en esta colección, pero hubiese preferido que no me vendieran el libro completo con el título de “cuentos de terror”.



[1] Este texto lo escribí en febrero del 2010 y fue publicado en la Insomnia en mayo de ese año.  Cuando leí este libro, aún no había leído Dumma Key, pero meses después tuve el gusto de comprarme y disfrutar realmente de este libro.

viernes, 14 de octubre de 2011

Los Ojos de la Inocencia: El Niño con Pijama a Rayas (película).


     Tendría entre seis y siete años, cuando una tarde me encontraba jugando con mi hermana Mabel; aquella ocasión estábamos al lado de la casa de nuestros abuelitos, cuando se nos acercó un niño de mi edad.  De forma espontánea entablamos los tres conversación (sólo después me vine a dar cuenta de su ropa ajada y su rostro sucio). Lo invitamos a jugar con la cordialidad de los pequeños que carecen de malicia.  No recuerdo si nos dimos nuestros nombres. 
    El chiquillo llevaba consigo una maya, de esas en las que se acostumbra echar hortalizas y efectivamente llevaba unas cuantas cebollas en ellas.
     - ¿Por qué las traes contigo?- Le pregunté.   Entonces se puso a llorar.- ¿Por qué lloras?
    - Porque si no las vendo, me van a pegar en mi casa.
    Con Mabel nos quedamos mirando.  Yo por mi parte era la primera vez que me enfrentaba a un mundo totalmente distinto al mío y donde los niños debían vivir experiencias de adultos y los adultos se olvidaban que alguna vez fueron niños.
   - ¿Cuánto cuestan?- Le preguntamos al mismo tiempo.   Ya ni recuerdo el valor de aquel entonces.  Con Mabel sacamos todas las monedas que llevábamos en nuestros bolsillos y se las dimos.- ¿Alcanza con esto para comprártelas todas?
   - ¡Sí!-  Lo mejor fue la sonrisa que nos regaló.
   Seguimos jugando un rato más y luego se despidió.  Muchos días después me encontraba en el jardín de la casa, nuevamente jugando con Mabel  y lo vimos pasar.   Desde donde estábamos lo saludamos con efusividad y volvió a sonreírnos.  Nunca más se cruzaron nuestros caminos.

    Se me vino a la memoria este lejano acontecimiento de mi infancia, luego de ver la película a la que le dedico estas palabras.  Después de todo esta tierna y triste historia, basada en la novela homónima del irlandés John Boyne, corrobora el hecho de que cuando se es niño se mira el mundo con otros ojos y que bien esa inocencia que podemos poseer, puede ser nuestra salvación y dicha.  No he tenido el gusto de leer el libro, pero ya tengo el deseo de hacerlo y apenas pueda lo adquiriré (más al saber que hay grandes diferencias entre novela y película, lo que me atrae mucho; al igual como conocer la forma en que su autor debe narrar pasajes tan angustiantes, si bien desde la perspectiva infantil del niño protagonista).
    La cinta comienza con la deportación de los judíos a los campos de concentración y entre medio, encontramos inocentes niños no judíos, que juegan sin tener idea del comienzo del horror que se está dando a su alrededor; es así cómo a lo largo del filme se presentará con esta sutileza la coexistencia de ambas realidades: la de los adultos y la de los niños, a la par de los eventos históricos que se están desarrollando.  Pero también es la historia de Bruno, un niño alemán de tan sólo ocho años y cuyo padre es un alto jerarca Nazi, al que sus jefes destinan a manejar un campo de concentración, que resulta ser nada menos que Auschwitz.  Bruno hasta entonces vive una existencia idílica: cuenta con el amor de sus padres y con una hermana mayor de doce años, destacando el cariño de su madre y su abuela; más encina esta última es nada menos que la progenitora del padre de Bruno y quien desaprueba las actividades de su hijo (luego nos iremos dando cuenta, a medida que transcurre el largometraje, que la madre de Bruno tampoco comparte los tratos criminales de su marido).   A regañadientes Bruno abandona su hogar, hacia un destino desconocido, a su manera un exilio involuntario que lo hace convertirse en una víctima inocente más del régimen Nazi.  Cabe destacar que como millones de judíos y otros “enemigos” del gobierno de Hitler, Bruno y su familia llegan a Auschwitz en tren, no obstante aquí contrasta el lujo y la comodidad en que hacen su viaje, a diferencia de las horribles condiciones a las que fueron sometidos el resto.  El paisaje que se muestra es hermoso; no obstante una vez que los viajeros llegan a su nuevo hogar, si bien el edificio es imponente, nunca se le muestra como algo tan idílico como se suponía debía ser (a diferencia de como sí lo fue para el muchacho su anterior casa): si no que es frío, gris…cuasi siniestro.
    Apenas llega a este lugar, Bruno se va dando cuenta de “extraños” que inquietan su curiosidad.  No puede ir más allá de una puerta, a las afueras del gran jardín, que circunda al edificio y desde la ventana del cuarto de su hermana mayor, se puede ver una “granja” y donde los raros campesinos llevan en todo momento “pijamas a rayas” (o sea, los trajes de prisioneros); es más, uno de estos trabaja en su casa y su comportamiento resulta ser demasiado callado, percibiendo Bruno cierto trato errático entre el resto de los mayores y este hombre.  A su vez la presencia de un joven soldado en su casa, de quien Bruno recela, también le produce malestar.  Bruno no sólo es inocente, también es dulce, y está acostumbrado a dialogar animosamente con los demás, sin reflejo de prejuicio y es así que no deja de aprovechar la oportunidad, para conocer mejor al raro hombre que “trabaja” para ellos (hay un breve momento muy emotivo en la película y que corresponde a cuando la madre de Bruno se queda sola por unos segundos con este judío y entonces ella, después de una corta vacilación, con la voz cargada de conmoción le da las gracias al hombre, por algo a lo que no me referiré acá: este hecho en sí mismo posee una enorme significancia, como gesto de humanidad entre dos adultos, pues supera todo vestigio de maldad y miedo que pudiese haber en circunstancias como esta... Y, sin dudas, que resulta ser memorable).
    Casi desde el comienzo de la película, se muestra que el niño protagonista es un buen lector…de novelas de aventuras.  Éste es un dato relevante a la hora de caracterizar su personalidad, acciones, motivaciones y decisiones; de este modo se hace comprensible que un menor, que gusta de este tipo de historias, bastante heroicas de por sí, posea una mente menos rígida y una actitud que lo llevará a aventurarse por sobre lo establecido (los límites de su casa y luego la “granja” donde vive su nuevo amigo).   Las lecturas que despiertan los sentidos y la imaginación de Bruno, se opondrán a la de la historia revisionista nazi y a la que luego su nuevo profesor privado lo someterá; no obstante, Bruno se muestra capaz de tener una visión crítica al respecto y se la hace saber al hombre.  Luego los cuestionamientos que le hace a su profesor, si bien son propios de alguien de su edad, demuestran su temprana sabiduría. 
   En medio de su nueva vida, Bruno, como héroe de las epopeyas míticas, “cruza el umbral” prohibido por opción propia, acepta el “llamado a la aventura” y en medio de su viaje se encuentra con el mundo que le estaba vedado: el campo de concentración que él supone ser una granja.  Es entonces que al otro lado del alambrado conoce a un niño, un “campesino” y con quien de la manera más espontánea entabla una hermosa amistad, que será para ambos la nueva directriz que regirá sus vidas y la verdadera razón de ser de esta historia.  El nuevo amigo de Bruno se llama Shmuel, quien pese a su triste posición no ha perdido la candidez.  A lo largo del filme ambos infantes comienzan a dialogar contándose sus vidas y en su inocencia el niño judío le cuenta a Bruno sobre lo que significa vivir en la “granja”.  Esta amistad será un secreto de los dos y hacia el impactante final de la película, tendrá repercusiones inolvidables y con las que el destino de ambos quedará unido para siempre.
    La película en sí se sostiene mayormente, por el trabajo actoral de los jóvenes protagonistas, puesto que los adultos, incluso la hermana de Bruno, pocos años mayor que éste, más bien sirven de apoyo a la historia como estereotipos y que reflejan lo que significó vivir esa realidad: personas cegadas por su fanatismo ideológico y víctimas de estos primeros, puesto que se les ha negado su derecho de nacimiento.  Sólo la madre se constituye en un adulto mucho más matizado y es caracterizada con una humanidad, que despierta cercanía hacia ella.  Para ser sincero, las actuaciones son de gran calibre y resulta imposible no emocionarse, por ejemplo, con algunos de los momentos en los que los dos niños se exponen a los momentos más dramáticos.  El padre Nazi está a cargo de un gran actor británico,  David Thewlis, a quien se le ha visto interpretando un montón de grandes y distintos roles; Thewlis encarna acá la figura de un padre obcecado por sus creencias, algo que contrasta enormemente, por ejemplo, con su papel de un personaje tan querido y carismático. como el del profesor Lupin en la saga de Harry Potter.
    Otro punto a destacar en el filme es su música.  Ésta se encuentra compuesta por James Horner, quien nos ha regalado un montón de magníficas bandas sonoras, si bien muchas veces se “repite” y puede resultar fácil identificar su trabajo al solo escucharlo (pero lejos lo encuentro mucho mejor, que el para mí fomesísimo John Williams, de quien solo rescato unos pocos trabajos).  En El Niño con Pijama a Rayas, Horner realiza un trabajo que ya desde la primera escena, invita al espectador a sintonizarse con una historia que se nota estará cargada de emociones.  No soy un experto en música y tan sólo puedo decir que los tonos que ocupa acá, están cargados de tristeza; los que bien me recuerdan a su trabajo para otro filme intimista ,con el que aportó sus composiciones y que es El Hombre sin Rostro de Mel Gibson.
    Esta película es tanto para disfrutar en soledad, como en compañía y creo que se logra apreciar en mayor medida si luego de verla, uno puede compartir sus opiniones con otros, puesto que provoca más de una reflexión (y este hecho fue lo que me llevó a escribir con celeridad estas líneas).  Puede parecer algo dura para ser vista por niños, debido a la temática que aborda.  Sin embargo, como profesor que soy, creo que resulta ser un excelente vehículo para tratar con las nuevas generaciones, un hecho histórico que tanto dolor provocó y que incluso hoy en día tiene sus similitudes, en tantos lugares, donde todavía los niños siguen sufriendo por la incapacidad de sus adultos, para comprender que sólo el amor nos hará libres…y felices.   En lo anterior y en los valores que promueve esta historia, amistad, libertad, igualdad, perdón, tolerancia, respeto y muchos más, es que esta obra se traduce en un filme mucho más honesto y también realista, que el de esa película que a mi parecer (y la de muchos), resulta ser un bodrio sentimentaloide barato, como lo es La Vida es Bella.  Encuentro que esta película de Roberto Benigni llega al absurdo, por no mostrar la verdadera realidad a la que estuvieron sometidos los judíos, ridiculizando situaciones graves que supongo a más de un judío le pareció ofensivo.  Tampoco es necesario ser cruel para que los niños conozcan de estas injusticias, pues tal como dije casi al principio de mi crítica, esta producción trata el tema con sutileza, como por ejemplo cuando se aborda la quema de los judíos y la violencia física contra estos mismos.
    Espero este humilde trabajo motive a otros a ver una obra, que creo bien puede resultar provechosa en todos los casos ya nombrados (y otros que de seguro se me escapan).  

jueves, 6 de octubre de 2011

Wolverine: Origen.



    Desde su primera aparición dentro de la serie regular de Hulk en 1974 y posterior unión al grupo de mutantes superheroicos de los X-Men, Logan, el más aguerrido y carismático  miembro de este grupo, se transformó en uno de los personajes más queridos de la llamada Casa de la Ideas (Marvel).  Pero sólo recién en 1988 consiguió su propia revista, la que todavía se sigue publicando.  Resulta interesante que en las traducciones al castellano haya recibido tantos nombres: Entre ellos están Geopardo, Lobezno…y hasta Glotón (siendo este “ridículo” nombre el más acorde a la hora de traducir literalmente la palabra del inglés original, por cuanto un wolverine es un mamífero carnívoro que vive en Norteamérica y norte de Asia); sin embargo su nombre completo por fin pudo ser revelado hace poco: James Howlett Logan.
    Debido a su popularidad, grandes guionistas y dibujantes se encargaron de narrar sus aventuras y desventuras, entre los que destacaron John Byrne, Chris Claremont, el para mí sobrevalorado Frank Miller, Barry Windsor Smith y muchos más; de este modo siempre se le otorgó al “hombrecito” del esqueleto y garras retráctiles de adamantium, una saga llena de inolvidables historias, donde siempre destacó un dramatismo que rivalizó sólo con el de otros grandes de Marvel como Spiderman, Hulk y Iron Man.  Durante sus hazañas, se fue desarrollando la idea de que Wolverine poseía un pasado misterioso y del cual sólo se entregaban retazos de memoria; puesto que el héroe sufría de amnesia, tanto él como el lector sólo podían tener acceso a fragmentos de sus recuerdos y de la información en general.  Es así como uno de los primeros grandes sucesos de su pasado previo a su ingreso a las filas de los X-Men en saberse, fue el motivo de por qué poseía un esqueleto reforzado con el metal más fuerte en el universo Marvel (adamantium) y su paso por el proyecto ultrasecreto de Arma X.  A su vez siempre se insinuó que Wolverine tenía más de un siglo de vida, puesto que por su capacidad de regeneración bien se sabía le permitía envejecer con gran lentitud; no obstante nunca se supo sobre sus primeros años de vida, sus primeras motivaciones y lo que lo llevó a ser  lo que es: un individuo que pese a su aparente carácter de solitario y melancólico,  es capaz de algunos de los actos más admirables que se han visto en la historia de los cómics de superhéroes.
    Fue así cuando recién en noviembre de 2001, que gracias a la miniserie de seis números a la que le dedico este texto, que por fin se reveló el secreto mejor guardado de Marvel.  El cómic estuvo a manos de Bill Jemas, Joe Quesada y Paul Jenkins en el guión, dibujado por Andy Kubert (quien humildemente pienso no se esmeró en hacer uno de sus mejores trabajos y mucho menos en las portadas que ameritaban la mejor calidad posible) y el entintado fue hecho por Richard Isanove, cuya labor hecha por medio de técnicas computacionales mejoró mucho el trazo irregular de su compañero.
    Me enteré de que existía esta miniserie cuando hicieron la película dedicada en exclusiva a nuestro mutante canadiense favorito, X-Men Orígenes: Wolverine, la que luego de verla me dejó más que contento y en especial al enterarme de tanto dato sabroso sobre el pasado de Logan.  Por ejemplo, uno de estos hechos de interés, fue verdadero motivo de la enemistad acérrima entre su protagonista y Sabretooth.  Por lo tanto, compré el cómic doblemente influenciado, ya sea tanto por conocer la historia que originó tan buena película de uno de mis superhéroes predilectos, como por querer tener una historieta que al igual que la película auguraba momentos de gran acción y aventuras, amén de batallas cuerpo a cuerpo tan espectaculares como nos tienen acostumbrados los habituales cómics de los X-Men… ¡Y qué equivocado estaba!  No quiero decir con esto que sea un mal trabajo, ni que no me haya gustado, pero de esta particular miniserie, la película sólo toma unas pocas ideas y el resto, es sólo invención de su guionista.  ¿Por qué razón me atrevo a decir la razón? Pues por varios motivos.  La película abarca un montón de años, decenios y llega hasta la década de los sesenta (del siglo XIX al XX), teniendo un buen número de personajes del universo mutante y estando llena de confrontaciones que dejan contento no sólo a los fanáticos de los cómics.  En cambio Wolverine: Origen, va por otro rumbo y en sí podría decir categóricamente que no es un cómic de superhéroes (de hecho Logan a lo largo de las seis revistas que conforman la miniserie, todavía ni piensa usar un traje ajustado, ni enfrentarse a grandes enemigos); sin embargo SÍ es un cómic sobre un superhéroe, o al menos es un cómic acerca de los primeros años de un personaje de estos, pero llega sólo hasta sus últimos años de adolescencia.  En todo caso, en 2006 apareció una nueva colección dedicada a la vida pasada de Logan, titulada Wolverine: Origins, la que se encargó de contar ya la etapa adulta del personaje, entre las que destacan sus andanzas con el Capitán América en plena Segunda Guerra Mundial, así como sus encuentros con su compañero de Arma X, Deadpool, entre otras historias.
    Siendo más exacto a la hora de hacer una “crítica” y un análisis a Wolverine: Orígen, éste corresponde a un relato más bien intimista, donde se ahonda en la orfandad del personaje, mostrándonoslo en su núcleo familiar disfuncional, con una madre ausente y  depresiva, un abuelo cargado de prejuicios y que no lo ama, pero, sin embargo, junto a la figura de un padre cariñoso.   De este modo, con este único personaje en su familia que se transforme en un modelo adecuado para el futuro Wolverine, es comprensible que ello marque el precedente para que desarrolle la personalidad benigna con el que lo conoceremos.  Sin embargo en las viñetas se insinúa que este padre amoroso no es en realidad su progenitor, si no que más bien Logan es hijo de su madre con un despiadado empleado que posee su aristocrática familia y es ahí el por qué del carácter errático de la madre desnaturalizada de éste.  Supongo que este secreto familiar es más que evidente para los lectores, puesto que el amante de la madre es idéntico a él.
    El cómic comienza con la llegada al hogar de Logan, de una humilde niña que es “adoptada” por la aristocrática familia para hacer de compañera de juegos del niño de la casa.  Acá se muestra al futuro Arma X en su niñez como a una criatura enfermiza, frágil, tal como en la película, siendo el drama familiar lo que despertará su gen mutante al igual como se muestra en el filme.  La llegada de esta presencia a su vida, será el otro aporte significativo para los primeros años de su vida, de modo que incluso le otorgará a Logan el único nexo real con la humanidad cuando ambos se vean obligados a emigrar y comenzar una nueva vida.  Resulta interesante ver que es a través de los ojos de este personaje, Rose, que gran parte de la trama se desarrolla, de tal modo que muchas de las situaciones que suceden tienen relación con ella y el lector poco sabe más de ello que Rose.
    Por todo lo anterior estamos frente a una historia más bien intimista, con viñetas cargadas de paisajes naturales que acentúan el aspecto salvaje de su protagonista.  Los grandes sucesos no ocurren por medio de hazañas épicas y de confrontación entre el bien y el mal llevadas a su máxima expresión, si no que corresponde al drama que sufren sus personajes en su infelicidad, búsqueda por conseguir esta felicidad que se les escapa y la propia soledad que los embarga en medio de dicho dilema.  El mal por supuesto que está presente, pero si bien existe una especie de Némesis en la onda de Sabretooth en el cómic, más bien se manifiesta en el corazón de hombres ordinarios que reflejan la naturaleza maligna real que puede haber en cualquiera de nosotros.
   En suma, Wolverine: Origen es una buena historia, la recomiendo sin dudarlo, si bien no la considero la obra maestra que dicen es; pero admito sus virtudes. 
     

domingo, 2 de octubre de 2011

A Sangre Fría.




    Truman Capote publica en 1965 la que es considerada su obra más importante, A Sangre Fría, tras años de difícil gestación. La novela a la que llama una obra de no-ficción es un texto híbrido entre el reportaje (género periodístico), la novela psicológica y realista. La obra trata el horrendo crimen donde murió una familia integrada por padre, madre y dos hijos adolescentes, sucedido en 1959 en medio del la zona rural de Kansas, Estados Unidos y todo lo relacionado al suceso.
     Esto es: los momentos previos al asesinato para conocer bien a la malograda familia Clutter, la gente que los conoció, las investigaciones policiales para descubrir a los criminales…y el periplo de los propios asesinos, de quienes se cuenta su vida abarcando desde sus antecedentes familiares, hasta que finalmente mueren ahorcados tras años de proceso.
    La novela A Sangre Fría inspiró a posteriores obras que tal como ésta, se basaron algunas de ellas en hechos verídicos, muchos de sangre, por cuanto entregaron bajo el formato de crónica periodística novelada, estas historias de la vida real. Con el desarrollo de la televisión y todo un mercado al respecto, programas como Historias de la Vida Real y Misterios Sin Resolver, seguirían sus pasos, pero dramatizándolos con gran impacto para el público. Pero aparte de la innovación que significa este matrimonio entre periodismo y literatura, Capote también abordó, concientemente o no, en su libro el tema de la violencia, más bien introdujo el tema de la descripción explícita del asesinato en las letras contemporáneas. Libros sobre crímenes ya existían desde hace siglos, basta recordar tan solo el clásico de Dostoiewski de Crimen y Castigo. Sin embargo la narración como si fuese una fotografía de la portada de un periódico, comenzó con Truman Capote. Luego un sinnúmero de autores, no le harían asco a la descripción explícita de asesinatos, violaciones, baleos, enfrentamientos armados, torturas y otros hechos de sangre y violencia que sobrepasarían a las sangrientas descripciones clásicas del Cantar del Mío Cid y Las Mil y Una Noches.
    En este artículo pretendo mostrar este mismo impacto en las letras actuales por parte de la novela de Capote, presentando las citas literarias de A Sangre Fría que ejemplifiquen lo anterior y luego mostrando fragmentos de otras obras contemporáneas que indiquen ser sus claras herederas. Cada cita va acompañada con los comentarios personales de rigor. Cada uno de los autores escogidos para complementar este trabajo, lo ha sido por las siguientes razones:

1) Como en sus obras abarcan el tema de la violencia criminal y el asesinato, cuando la narración trata de ello, demuestran como Capote que sin la debida narración, el texto completo carece de uniformidad; esto porque el drama está producido por las repercusiones mismas del crimen y así como un cuento de hadas necesariamente debe tener personajes sobrenaturales, una novela policial o de suspenso (un thriller, o más específicamente un psycho thriller) no puede carecer de la descripción correspondiente.

2) A su vez son autores destacados en el género, conocedores de la técnica periodística- literaria comenzada por Truman Capote, mostrando cada uno de ellos en cuanto a su orden cronológico de producción, el desarrollo que ha tenido con los años la literatura sobre asesinos.

3) También cada uno de estos autores es un ejemplo en sí mismo de la forma de cómo aborda un diferente artista la misma situación del asesinato. Por un lado está el lenguaje más depurado y sucinto de Robert Bloch, y por otro el más bien gráfico de Stephen King, a la par de la terminología científica de Harris.



Con la sangre en las letras.

    He aquí dos fragmentos correspondientes a la famosa novela de Truman Capote. La narración está desde el punto de vista de uno de los testigos del escenario del crimen, horas después de los asesinatos. Los dos fragmentos hacen mención a la disposición de los cuerpos encontrados, llegando al patetismo cuando se trata de describir la forma de cómo se encuentran los cadáveres, una escena que pese a lo dramático de la situación, no pierde la sensibilidad para tratar el tema de la muerte.

    “Bueno, era una cosa horrenda. Aquella maravillosa jovencita… Me hubiera sido imposible reconocerla. Le habían disparado en la nuca, con el arma a pocos centímetros. Yacía sobre un costado, cara a la pared y la pared estaba cubierta de sangre. La ropa de la cama la cubría hasta los hombros. El sheriff Robinson la destapó y vimos que llevaba puesto un albornoz, el pijama, calcetines y zapatillas, como si en el momento del hecho, no se hubiese acostado aún. Tenía las manos atadas a la espalda y los tobillos atados con una cuerda de las que se usan en las persianas venecianas”.

    “(…) al abrir la última puerta encontramos, allí en su lecho, a la señora Clutter. La habían atado, también. Pero de otra manera, con las manos por delante, de modo que parecía estar rezando y en una mano tenía, agarraba, un pañuelo. ¿O era un kleenex? La cuerda que le rodeaba las muñecas le bajaba hasta los tobillos que tenía atados uno contra otro y de allí iba al pie de la cama, en una cuyas patas había sido atada: un trabajo complicado y hábil. (…) Le habían tapado la boca con cinta adhesiva pero como le dispararon a quemarropa a un lado de la cabeza, la explosión, el impacto, había desprendido violentamente la cinta adhesiva. Tenía los ojos abiertos. De par en par. Como si todavía estuviera mirando al asesino. Porque no pudo dejar de verlo mientras apuntaba”.

   A continuación parte de la confesión de uno de los dos asesinos. El lenguaje utilizado no demuestra ningún rencor por parte de éste, podría decirse que casi cuenta lo suyo con tranquilidad, si bien a lo largo del libro queda claro que Perry, uno de los dos responsables de la muerte de los Clutter, tiene conciencia del crimen que cometió. Resulta interesante ver cómo el narrador acá introduce al lector en la mente no del todo sana, anómala, del asesino, un verdadero sociópata; con esto Capote trata lo más objetivamente de mostrar la forma de cómo funciona una psiquis en este estado, especialmente durante actos de este tipo. Con posterioridad los autores de novelas sobre hechos de sangre o aquellos que no cejan en describir hechos de gran violencia, usarán esta técnica para adentrarse dentro de la mente criminal. Sin embargo, pese a lo reprochable de la acción de Perry y Dick, su socio criminal, se les presenta en el libro no como a seres demonizados, si no que más bien se les otorga una inmensa carga dramática que los enviste de un tremendo aire de fatalidad.

    “Me arrodillé junto al señor Clutter (…). Pero no me di cuenta de lo que había hecho hasta que oí aquel sonido. Como de alguien que se ahoga. Que grita bajo el agua. Le di la navaja a Dick y le dije: 'Acaba con él. Te sentirás mejor'. Dick probó o fingió que lo hacía. Pero el hombre aquel probó que tenía la fuerza de diez hombres, se había soltado y tenía las manos libres. A Dick le entró pánico. Quería largarse de allí. Pero yo no lo dejé. El hombre iba a morir de todos modos, ya lo sé, pero no podía dejarlo así. Le dije a Dick que cogiera la linterna y lo enfocara. Cogí la escopeta y apunté. La habitación explotó. Se puso azul. Se incendió... Jesús, nunca comprenderé cómo no oyeron el ruido a treinta kilómetros a la redonda”.

    La cita que viene, corresponde a la narración en tercera persona de otro crimen, esta vez cometida por uno de los compañeros de cárcel de Dick y Perry, un joven que también está esperando la muerte en la horca. Acá el narrador se permite ser mucho más duro a la hora de presentar la situación, utilizando un lenguaje tanto poético, como dramático. Todo va sucediendo en un crescendo que le da una atmósfera de horror ante la falta de humanidad del asesino, su actuar demasiado, digamos, frío.

    “Se colocó el revólver en una pistolera, se echó el fusil al hombro y recorrió el corredor que los separaba de la sala, sólo iluminada por la pantalla del aparato del televisor. Encendió la luz, apuntó con el rifle y disparó a su hermana entre los ojos, matándola instantáneamente.
    Le disparó tres veces a su madre y dos a su padre. La madre, con los ojos dilatados, se tambaleó hacia él, tratando de hablar, abrió y cerró la boca, pero Lowell Lee le dijo:
-Cállate.
    Y para asegurarse que le obedecía, le disparó tres tiros más. El señor Andrews, sin embargo, seguía con vida: gimiendo, se arrastró por el suelo hacia la cocina; pero al llegar al umbral, el hijo desenfundó el revólver y le disparó todas las balas. A continuación volvió a cargar el arma y a vaciarla otra vez. En total, el padre recibió diecisiete balazos”.


    Y ahora fragmentos de obras relacionadas o posteriores al libro de Capote y que por su temática tienen relación a éste.
    El primer texto corresponde a la novela Psycho de Robert Bloch, la obra que inspiró a Alfred Hitchcock para su famosa Psicosis de 1961. Bloch escribió la novela en 1959, el mismo año de los crímenes narrados en A Sangre Fría, quien a su vez se inspiró en las andanzas reales de Ed Gein, el caníbal de Wisconsin, para escribir su libro. El extracto que viene a continuación, corresponde al de la célebre escena de la ducha en la versión de Hitchcock. Si bien no resulta tan truculenta como en los textos que citaré más adelante, cabe destacar en estas líneas la forma de cómo se cuenta con pocas palabras un asesinato ficticio tan conocido por gran parte de los cinéfilos, y que forma parte hoy en día de la cultura popular.

   “El cuarto comenzó a llenarse de vapor. El ruido de la ducha no le permitió oír cómo se abría la puerta de la habitación, ni los pasos que se acercaban. Y cuando las cortinas de la ducha se abrieron, el vapor oscureció el rostro que se asomó, colgando del aire como una máscara. El cabello aparecía cubierto por un pañuelo y unos vidriosos ojos la miraron inhumanamente (…).
    Mary gritó histéricamente. Entonces la abertura de las cortinas se ensanchó y apareció una mano, armada con un cuchillo carnicero, Un cuchillo que cortó su grito.
    Y su cuello”.


    En 1987, otro destacado autor de novelas de terror como Bloch, el estadounidense Stephen King publica Misery. La novela de la cual también se hizo una versión fílmica bastante aclamada por la crítica, aborda la historia de un escritor de novelas rosa que es secuestrado por una enfermiza mujer, quien lo tortura psicológica y físicamente. Como gran parte de la obra de King, los momentos de violencia son bastante explícitos. Stephen King no duda en impactar al lector con una escena sanguinolenta y efectiva, sin los eufemismos o reservas de los cuales otrora los autores tenían que usar. La novela de King, al igual que la de Bloch, muestra a Annie Wilkes como a un personaje esquizofrénico, cuyos actos de violencia carecen de un sentido de moral normal, puesto que a diferencia de los asesinos de los Clutter, justifican sus actos para mantener sus estilos de vida fantasiosos. Por cierto, esta escena no sale en la película que filmó Rob Reiner en 1990.

    “Con un grito agudo, Annie hundió la cruz de Bossie en la espalda del policía.
    -¡Ag!- dijo el policía, y dio unos pasos vacilantes, con la espalda agujereada y el pecho protuberante. Su rostro era el de un hombre que está sufriendo un cólico renal (…).
     Él se volvió a medias, bajando la mano en busca de su pistola de servicio, y Annie le aplicó con fuerza la cruz, de punta en el vientre.
    -¡Og!-dijo el policía esta vez, y cayó de rodillas, aferrándose el estómago. Cuando se inclinó, Paul pudo ver el agujero en la camisa del uniforme, donde había entrado el primer golpe.
    Annie volvió a levantar la cruz; su punta afilada se había roto, dejando un muñón astillado; y la clavó en la espalda del hombre, entre los omóplatos. Parecía una mujer tratando de matar a un vampiro. Los primeros dos golpes quizás no habían entrado lo suficiente como para hacer verdadero daño, pero esta vez el poste de la cruz entró por lo menos diez centímetros en la espalda del policía arrodillado, y lo hizo caer de bruces”.

    Y para terminar, un fragmento de la novela Hannibal de Thomas Harris, tercera entrega de una tetralogía sobre las atrocidades del intelectual y sofisticado psicópata caníbal Hannibal Lecter. Este segmento corresponde a su vez al de otra escena famosa por su truculencia dentro de la historia del cine, que fue filmada por Ridley Scott en 2001. Acá el narrador a la hora de contar el hecho delictivo usa un lenguaje científico, casi como el de un perito policial.

    “-Todo lo que pedimos es que mantenga la mente abierta.
    Con cuidado, empleando ambas manos, el doctor Lecter levantó la tapa de los sesos de Krendler, la dejó sobre la bandeja y trasladó ésta al bufete. Apenas cayó una gota de sangre de la limpia incisión, pues previamente el doctor había soldado los vasos principales y sellado escrupulosamente los otros utilizando anestesia local. Había serrado el cráneo en la cocina media hora antes de la cena.
    (…) La cúpula gris y rosa del cerebro de Krendler sobresalía del cráneo truncado.
    De pie al lado de Krendler con un instrumento que parecía una cuchara para las amígdalas, el doctor Lecter cortó una tras otra cuatro rebanadas del lóbulo prefrontal (…).
    Una segunda ración consumió casi por entero el lóbulo frontal y se aproximó por la parte posterior hasta el córtex promotor (…)”.



Conclusiones.

    A la luz de la lectura de A Sangre Fría de Truman Capote y de otros textos relacionados con crímenes, se hace evidente el influjo de la obra del autor de Desayuno Con Diamantes a la hora de abordar este tipo de temas. Por un lado está la descripción del hecho delictivo, de forma periodística, pero sin perder el gusto literario del uso de un lenguaje más bien artístico. La narración realista y descriptiva de los asesinatos y luego de la disposición de los cuerpos; por otra, también se encuentra la interiorización del narrado hacia la psiquis del criminal, al que según sea su patología, se le muestra ora como a una víctima más de las circunstancias, ora como a una bestia humana sin conciencia.
    El tema de la violencia en sí, de los acontecimientos que la rodean y sus repercusiones, ha dado cabida con el siglo pasado a una literatura explícita y feroz en su narración, muchas veces para responder a un interés morboso por parte de los lectores. A su vez, tal como lo demuestran los textos anteriormente citados, es una literatura imbuida de recursos sacados del informe policial, médico, psicológico y, también, periodístico.
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