viernes, 13 de mayo de 2016

Otra etapa memorable de los X-Men: Grant Morrison.

      

      
      En el 2000 irrumpieron en el cine los X-Men, famosos personajes del cómic creados a principios de los sesenta por los demiurgos Stan Lee (en el guión) y Jack Kirby (en el dibujo) para Marvel.  A partir de esa fecha gracias a una película que encumbró más que nunca el subgénero de superhéroes en la pantalla grande, una vez al año comenzaron a llegar nuevas cintas basadas en las franquicias de la llamada Casa de las Ideas y de su eterna competidora DC (si bien la empresa marvelita ha sido la que ha tenido mayor cantidad de adaptaciones…y éxitos).  Debido a lo realizado por el director Brian Singer, los ejecutivos de Marvel se dieron cuenta de que ya era hora de plasmar el nuevo siglo con historias modernas y un cambio radical de imagen de sus protagonistas, tal como lo hizo el alabado largometraje.  Fue así que ni tontos ni perezosos, decidieron contratar a todo un experto en materia de renovar y potenciar historietas de rancio origen: el escocés Grant Morrison.
     Luego de haber rescatado del olvido a Animalman en los ochenta, un personaje secundario de DC, llevándolo a convertirse en uno de sus mejores caballitos de batalla para su línea adulta Vértigo, se encargó de llevar en los noventa a un nuevo nivel a la famosa Liga de la Justicia y a la que le devolvió el esplendor de sus mejores tiempos.  Fue así que Marvel no se resistió a trabajar por primera vez con este artista, famoso entre otras cosas por sus guiones que si bien no dejaban de tributar a sus ídolos de antaño del cómic, demostrando además su gran conocimiento acerca de la historia del medio, abordando tramas que en muchas ocasiones escapaban a las convenciones de la historieta promedio que se hacía por aquel entonces (esto es historias que ahondaban en los recovecos más oscuros de los superhéroes, como sus “paisajes” interiores del subconsciente, poniendo énfasis además en el mundo onírico y las ideas más estrafalarias y/o innovadoras posibles…Algo tan solo visto en gente como Alan Moore o Neil Gaiman cuando se trataba de “tebeos” del género).  Pues Morrison aceptó el reto, pero antes de comenzar a realizar su labor creó un manifiesto o más bien un decálogo, acerca de cómo pensaba retratar a los Hombres-X; luego, por supuesto que su propuesta tuvo la mejor acogida posible entre sus nuevos jefes, quienes le permitieron en la práctica hacer lo que se le antojara con estos justicieros.  Fue así que durante cuarenta y un números, que incluyeron un anual, los X-Men consiguieron una de sus mejores etapas (quizás solo igualada a la longeva a cargo de Chris Claremont y posteriormente a la de Joss Whedon), la que se editó originalmente entre mayo de 2001 y marzo de 2004.
     El guionista tal como lo hizo con la Liga de la Justicia, en la que reunió al equipo original de su primera formación, quiso tener como protagonistas a la crème de la crème de los mutantes, centrando cada arco argumental en algunos de los más famosos personajes de estas narraciones.  Es así que cada una de las sagas realizadas por Morrison, les otorgan especial protagonismo al Profesor X, Bestia, Cíclope y Jean Gray, de entre sus miembros más antiguos; luego, al canadiense Wolverine, el más popular de todos los mutantes y que se unió a las filas del equipo durante la internacionalización de este en los setenta; por último, agregó a Emma Frost, quien hasta no hace mucho había sido su acérrima enemiga miembro del Club Fuego Infernal.  Por otro lado, el guionista creó varios nuevos reclutas para el grupo, algunos de ellos de gran impacto entre los lectores, tales como Ángel Salvadore (una chica afroamericana con alas de mosca y muy resentida, quien apareció en la elogiada cinta X-Men Orígenes: La Primera Generación de 2011), los Cuclillos de Stepford (quintillizas con poderes mentales que actúan como una sola persona, la mayoría de las veces y que en su apariencia y personalidad conjunta corresponden a un homenaje del escritor a la película El Pueblo de los Malditos de 1960, basada en la novela de John Wyndham Los Cuclillos de Midwich), Pico (un monstruoso, pero dulce adolescente con problemas de autoestima) y en especial Xorn (un hombre que posee de cabeza…¡Una pequeña, aunque poderosa estrella! Lo que lo convierte en un ser con la capacidad de ser tanto en un peligro viviente, como en un sanador milagroso), quien tendrá una destacada relevancia dentro de estos cómics.  No obstante quizás aún más genial puede resultar su creación de Fantomex, misterioso mercenario mutante supuestamente de origen francés, quien se encuentra ligado a nada menos que Wolverine y al famoso proyecto de Arma X.  Este último personaje resulta ser el gran tributo del guionista a Fantomas, oscuro protagonista de varias historias galas homónimas.

Fantomex según...¡Igor Kordey!

      Si bien Morrison articuló sus historias en base a los personajes ya nombrados y otros más con los que completa el complejo dramatis personae de su etapa, no se resistió a otorgarle cierto protagonismo a cuatro célebres mutantes, que intervinieron como invitados en sus páginas.  El primero de ellos corresponde a Dominó, sexy dama que se convierte en uno de los principales apoyos cuando el equipo debe viajar a Oriente en otra una de sus peligrosas misiones.  Luego aparece la Bruja del Clima Tormenta, quizás uno de los personajes afroamericanos más queridos por el público lector, si bien su rol acá deja con gusto a poco por lo breve que resulta su papel; esta es acompañada por Quicksilver, uno de los tres poderosos hijos de Magneto, el antiguo contrincante de los X-Men.  En cambio mucho más importante viene a ser la labor realizada por el también moreno Bishop, viajero del tiempo proveniente de un futuro apocalíptico, quien acá ayuda a descifrar nada menos que un asesinato dentro del mismo Instituto Xavier para Jóvenes Talentos.
      En cuanto al resto del panteón marvelita, que no sea un llamado homo superior, ni siquiera son mencionados en sus miles de páginas.
      Las historias creadas por Morrison se leen sin necesidad de conocer la extensa continuidad de décadas de historietas, centrándose además en la ciencia ficción y en las relaciones interpersonales de sus personajes, en cuanto a lo que significa trabajar y mantener la confianza entre gente tan dispar; no obstante otro tema que caracteriza estas novelas gráficas, vienen a ser los mismos conflictos interiores de uno mismo, que se traducen en toda una dura prueba, en comparación a los desastres titánicos a los que deben enfrentarse como justicieros.  Se trata de cómics para nada infantiles, aunque tampoco hechos exclusivamente para un público adulto.  En ellos podemos encontrar humor, cierto erotismo, mucha acción y emociones, donde el lirismo va de la mano con algunas de las más grandes sorpresas que nos puede regalar el escocés.
      Algunos de los mejores cómics corresponden a una labor compartida entre un buen guión y un dibujo excepcional, lo que hace para el público que la experiencia de leerlos sea toda una caricia para la imaginación y la vista.  Pues como es habitual con alguien de la talla de Grant Morrison, se hizo acompañar de algunos de los mejores talentos del medio, empezando por su amigo Frank Quitely, con quien en el pasado había hecho varios números de la colección Vértigo de Los Invisibles y Flex Mentallo, además de su actualización (para la época, claro) del Sindicato del Crimen con JLA: Tierra 2 (una de las más recordadas aventuras de la Liga de la Justicia a su cargo y que inspiró una muy buena cinta animada). La contribución de Quitely a los Nuevos X-Men de Morrison, abrió esta etapa y luego es posible encontrarla en otras de las sagas que la componen.  Cabe mencionarse que el estilo de este dibujante, a veces caricaturesco en cuanto a los rostros que dibuja, destaca por los detalles que pueden ir descubriéndose con cada nueva revisión de sus ilustraciones.  El segundo maestro con el que colaboró el escritor, viene a ser Ethan van Sciver, quien con un trazo más realista y por igual preciosista, mantiene la misma calidad de su colega (aunque con estilos diferentes, por cierto).  El siguiente ilustrador corresponde a Igor Kordey, cuyas líneas toscas en muchos de sus personajes hace extrañar el virtuosismo de los anteriores, puesto que muchas veces lo que hace parece sin duda “feo”, de rasgos grotescos o acabado de manera apurada.  Por otro lado,  John Paul Leon firmó dos historias de entre todas las que podemos hallar en esta colección, aportando sus imágenes casi cubistas y que nos enseña otra forma de representar a nuestros queridos superhéroes, aunque sin dejar el preciosismo que le falta a Kordey (de Leon ya se “habló” en el Cubil debido a su bello trabajo para Tierra X).  Phil Jimenez viene a ser mi caricaturista preferido de todos los que participaron en este proyecto, con una técnica pulcra a medias entre Quitely y van Sciver.  Otros que dieron su granito de arena fueron Keron Grant, Tom Dernick y Leinil Francis Yu, todos ellos bastante correctos y con viñetas que le hacen honor a la magnitud de la empresa en la que se embarcaron, si bien cada uno con su propia marca (el uso de las sombras destaca en lo realizado por el último de este trío).  Otro que dejó su impronta en uno de los arcos argumentales al más puro estilo del ciberpunk, viene a ser Chris Bachalo, de trazos gruesos y toscos, pero no llegando al feísmo de quien ya saben; sobresalen también en su estética las gruesas líneas negras con las que marca los contornos de personajes, objetos y demases, todo haciendo uso de formas angulosas y en especial en los rostros.  Por último, el arco argumental con el que cierra Morrison su (casi en un 100%) glorioso ciclo con los mutantes marvelitas, tuvo de dibujante a Marc Silvestri, dueño de una técnica que recuerda a lo mejor y lo peor de los noventa (o más bien muy del sello dejado por Image en esa década), con cuerpos y rostros estilizados…y mucho músculo.
Una de mis portadas sexys favoritas...
de la mano de Phil Jimenez
(¡Me encantan sus mujeres!).
     La etapa de Morrison comienza de inmediato con gran fuerza, enganchando a su público desde las primeras viñetas.  Pues con E de Extinción (saga de tres partes, además de un epílogo) introduce a una nueva villana, tan cruel y potente como poc@s...Cassandra Nova, una mujercita que se convierte en una de las peores pesadillas de los mutantes.  Por otro lado, acá el escritor consigue que tan solo en unas pocas viñetas, aunque con una gran repercusión para “los hijos del átomo”, que la nación isleña y utópica de Genosha sufra la más grande tragedia desde su fundación.  Asimismo, es debido a la febril imaginación suya que la Bestia toma esa apariencia tan felina, que de un momento a otro comenzó a vérsele en las historietas.  Tampoco se puede olvidar que fue por medio de este inolvidable debut suyo en Marvel, que la otrora malvada Emma Frost se va al bando de los “buenos”, llegando a convertirse gracias a Morrison en uno de sus personajes más destacados (y, por qué no, en la fantasía libidinosa de un montón de sus lectores).
    Luego le sigue Generación sin Gérmenes (compuesta también de tres actos), donde podemos encontrarnos con una de las mejores y más morbosas ideas de este autor para los X-Men: los Hombres-U, un enfermizo culto de seres humanos que desea evolucionar de manera artificial, matando mutantes para quitarles sus órganos e implantárselos a ellos mismos.  Estos nocivos sujetos con posterioridad vuelven a aparecer en otros arcos argumentales del autor.
      A lo anterior se agrega el especial correspondiente al recordado “mes mudo”, con el cual todos los cómics Marvel se sumaron en diciembre de 2001.  En esta ocasión una vez más fue ayudado por la maestría de Frank Quitely, quien usando solo imágenes y símbolos supo representar a la perfección lo que nos quería contar su compañero: La especial odisea que realizan las dos telépatas del equipo, dentro de la mente de un catatónico Charles Xavier para salvarle la vida; mientras tanto en el proceso se revelan impactantes detalles sobre este.  Sin duda toda una joyita.
     El Anual de ese mismo 2001 viene a ser otro experimento visual, al disponer de las viñetas y sus páginas de una forma distinta a la acostumbrada.  Aquí hace su debut Xorn, quien de inmediato se gana el corazón de uno, pues cada intervención suya en la colección resulta ser memorable.  Por otro lado, este depara una sorpresa final que viene a ser uno de los puntos más álgidos de todo lo hecho por Morrison al respecto.
     Imperial (saga de cinco números) corresponde a la trama de corte cósmica escrita por el escocés, quien aquí utiliza a los conocidos miembros del Imperio galáctico Shi`ar, quienes pese a sus simpatías con sus aliados y amigos mutantes, deben batallar contra estos para evitar la destrucción de su sociedad, cuando se les hace creer que serán la causa de su perdición.  Entremedio se encuentra involucrado un enemigo maquiavélico, quien maneja los hilos de la acción con inteligencia luciferina.
      Volviendo a Xorn, este llega a tener su propio número centrado en él, que bien puede ser la historia más emotiva de todas las que encontramos en los cuadernos escritos por Grant Morrison para la ocasión.
      Después podemos leer otra trilogía, en la cual cada número posee su propio título y donde hace su aparición el mencionado Fantomex, quien tanta significancia tendrá para saber más acerca del desconocido pasado de Logan.  En esta saga se explica que el nombre de Arma X dado a Wolverine, en realidad corresponde al número diez de una serie de experimentos que continuó desarrollándose (puesto que la letra en realidad se refería al número romano); de este modo nuestros protagonistas deben vérselas con una nueva generación de máquinas vivas asesinas.
       Los comienzos de la tormentosa relación amorosa entre Cíclope y Emma Frost, cuando el primero aún estaba casado con Jane Gray, son abordados de manera muy singular en un número en solitario. 
       Por otro lado, en otro número único, la visita a las ruinas de Genosha homenajea artísticamente el desastre de las Torres Gemelas.  A este le sigue uno más de tipo unitario, que sirve como epílogo algo atrasado a Imperial y que además deja las semillas dispuestas para lo que vendrá más adelante.
       Chicos Omega y Revuelta en la Escuela de Xavier lleva las vicisitudes de nuestros (super) héroes a otro nivel, cuando esta vez la crisis que puede llegar a tener catastróficas consecuencias ocurre dentro de las mismas paredes de su hogar…Todo porque un grupo de descontentos jóvenes mutantes deciden dejar de lado los pacifistas intentos del Profesor X, para que humanos y mutantes puedan vivir en armonía, optando por la filosofía violenta del fallecido Magneto.  Todo se complica debido a la existencia de una droga, que se está haciendo popular entre los mismos estudiantes de nuestros protagonistas.  De este modo Morrison vuelve a uno de los temas que más le interesan: el uso y abuso de drogas, con la repercusión que ello significa para quienes la consumen (lo que necesariamente en alguien como Morrison, un ferviente cultor de estas sustancias, no es algo para ser demonizado).  El antagonista que aquí aparece, líder de los rebeldes, viene a ser otro gran personaje creado por nuestro escritor.
      Con Asesinato en la Mansión (de igual modo compuesta de tres números) el guionista incursiona en las historias policiales, para poder desentrañar quién es el verdadero culpable de nada menos que de la muerte de uno de los personajes principales.  Como era de esperarse, la revelación sobre la identidad del culpable resulta sorprendente.
      Asalto a Arma Plus (escrita en cuatro entregas) rescata a Fantomex, quien junto a Wolverine y Cíclope visita un extraño lugar al más puro estilo de la ciencia ficción japonesa y del escritor William Gibson, pues en ella la realidad virtual toma un papel muy significativo. Es acá donde nos llegamos a enterar de otro increíble secreto sobre el más célebre de los X-Men.
      Impresionante, sorpresivo e impactante son adjetivos que sin lugar a dudas designan lo que se desarrolla en el arco argumental titulado Planeta X.  Una traición muy dolorosa queda al descubierto y un viejo enemigo reaparece, en uno de los giros dramáticos más aplaudidos de esta etapa mutante que ya está a punto de terminar.
     Cuando todo se veía tan “redondito” con lo hecho hasta el momento por Grant Morrison, quien no había caído en sus habituales lapsus bizarros y que muchas veces dejan a sus lectores con más de una duda acerca de qué pasó en realidad, se termina su visión de los mutantes marvelitas de forma decepcionante (si se quiere ser duro con él) o de una manera poco convencional y que bien no tiene por qué ser del gusto de todo el mundo (como ya sucedió con quien aquí escribe).  Pues Bienvenidos al Mañana (realizada en cuatro partes) realiza un salto a ciento cincuenta años en el futuro, para mostrarnos un nuevo mundo devastado y el que pese a todo se puede revertir (su evidente guiño al clásico Días del Pasado Futuro).  Este decepcionante desenlace a algo, que pese a todo en su conjunto viene a ser una verdadera obra maestra, puede ser omitido dentro de la memoria de quien lo haya leído, ya que lejos la anterior saga cierra con broche de oro esta etapa. 

El equipo central de este serie de elogiados cómics bajo la pluma del sensei Frank Quitely:
Xorn, Bestia, Wolverine, Jane Gray, Profesor X, Emma Frost y Cíclope.

domingo, 8 de mayo de 2016

¿Y tú de qué lado estás?



      Civil War (o Guerra Civil en nuestra lengua) es quizás una de las miniseries más importantes del universo Marvel; corresponde además a su gran evento para el año 2006,  abarcando a gran parte de sus personajes, debido a las causas y efectos de lo sucedido en sus páginas.  Escrita en su arco argumental central por Mark Millar, con dibujo de Steven McNiven, es una serie limitada de siete números, cuyas consecuencias repercutieron en las cabeceras de varios superhéroes en los llamados ti-ens (especiales de uno o más fascículos entre varios títulos) y que suman más de treinta en su totalidad.   La Guerra Civil que separó en dos bandos a los justicieros marvelitas y entre quienes incluso se unieron durante un tiempo algunos villanos en cualquiera de sus dos frentes, tuvo su repercusión en las colecciones de verdaderos íconos, tales como Spiderman, los X-Men, por supuesto Wolverine, los 4 Fantásticos, el Capitán América y el Castigador.
     Pues ante el atractivo de ver a viejos amigos y aliados peleando entre sí, los responsables del Universo Cinemático Marvel (el amparado por Disney, que lo hecho por Fox posee su propia continuidad) se pusieron en campaña  para llevar toda la ficción marvelita cinematográfica a un nuevo nivel de espectacularidad.  De este modo la tercera entrega fílmica centrada en el mismísimo Capitán América, estrenada hace pocos días, está inspirada en el arco argumental arriba señalado.  No obstante como debía ser, tuvieron que adaptar los acontecimientos del cómic a lo realizado en las películas, simplificando algunos de sus aspectos y aprovechando, por otro lado, los elementos ya ganados con sus filmes anteriores; luego por medio de esta fusión, conseguir una cinta redonda que bien se puede decir que en su complejidad y entretención supera lejos a lo conseguido por la primera de Los Vengadores (debido en parte a la cantidad impresionante de superhéroes que llega a tener en pantalla, lejos superior a su predecesora y que sin embargo les otorga a todos ellos su propio protagonismo, por mucho que su historia se centre en el Capi).  Para conseguir que todo funcionara a la perfección, se volvió a llamar a los responsables de Capitán América y el Soldado de Invierno, los hermanos Anthony y Joe Russo; pues estos dos con lo hecho en este último título, eran una carta segura para lograr el mismo nivel de calidad ya comprobada (apuesta por parte de los productores que hoy en día ha demostrado valer la pena, luego de los exitosos resultados de este más reciente blockbuster).


    
     La situación a la que se ven expuestos el Capitán América y sus viejos camaradas (entre quienes hacen su debut dos valiosos “nuevos” guerreros) responde a la idea central de la novela gráfica en la que se inspiró este largometraje: la supuesta irresponsabilidad de los seres “mejorados”, entre quienes se hayan los mismos justicieros que luchan por el bien.  Esta idea surge porque algunos sostienen que durante sus batallas contra el mal, los defensores se habían olvidado de la gente común y corriente, causando la muerte indirecta de los que tuvieron la mala suerte de hallarse a su alrededor.  Es así que al acusar a todos estos de negligencia, se declara una ley de carácter mundial (puesto que casi todos los países del mundo la firman) en la que los Vengadores y otros, pueden trabajar como tales siempre y cuando accedan a cumplir con el estricto control de las autoridades.  Luego ante tal decisión y supervisión, era de esperarse que no todos estuvieran de acuerdo con ello; de este modo quienes no firmasen el acuerdo, serían considerados como traidores y criminales en el caso de que hicieran uso de su fuerza sin seguir las directrices exigidas   De este modo surgen dos equipos tras la división, terminando por enfrentarse entre sí; puesto que como hombres y mujeres de principios, no les quepa la menor duda de defender la postura que consideran correcta, aun cuando ello signifique ir a choque contra sus camaradas de antaño. 
     Tal como en el cómic en el que se basa ligeramente este largometraje, un grupo se encuentra liderado por Tony Stark, Iron Man, quien por extraño que parezca si se considerada su personalidad egocéntrica, pasado hedonista y cinismo, se ubica entre quienes deciden apoyar la ley que regula la labor de los seres superpoderosos (y pese a todo alguien encantador, en especial gracias al trabajo de Robert Downey Jr., tras interpretarlo de manera tan soberbia frente a las cámaras, dándole quizás con ello una tremenda inyección de popularidad a un personaje que según muchos, hasta poco antes de su primera cinta se encontraba de capa caída).  Esta decisión tan drástica de aceptar sin vacilaciones seguir las reglas impuestas, evidencian el cambio sufrido por el personaje tras los últimos años de actividad en el frente; por otro lado, es propia de quienes tras pisar fondo, llevar una vida disipada y tomar varias pésimas decisiones en el pasado, optan por irse al otro extremo; convirtiéndose con ello en dogmáticos, que abrazan alguna especie de autoritarismo que los regule para no volver a caer en los viejos errores.  En el otro lado de la contienda, se encuentra como cabecilla nada menos que el Capitán América y quien considerando su figura de postandarte del patriotismo gringo, se hubiese esperando que su papel aquí hubiese estado invertido respecto a su ahora contrincante.  No obstante hace rato que en las viñetas y tal como queda claro por medio de esta película, que el Capi ha dejado de ser un personaje maniqueo, representando más bien la libertad misma por sobre un chovinismo nacionalista, de modo que una iniciativa propuesta como la que en esta obra aparece, bien le parece un verdadero ataque a la autonomía; por lo tanto Steve Rogers (sin duda uno de los superhéroes más nobles de todo Marvel) no vacila en abanderarse por el derecho al libre albedrío.
      Una de las tantas sorpresas que nos da este divertido filme, es que detrás de todo lo que está ocurriendo se encuentra la mano negra de un antiguo malhechor: el barón Zemo, clásico rival del Capitán América.  De tal modo es el gran “malo” de esta historia.  No obstante su génesis acá difiere bastante de la conocida por los lectores de cómics y lo mismo sucede con su apariencia.  Debido a lo anterior bien podría haber tenido otro nombre, uno inventado en exclusiva para la ocasión, o tal vez a futuro nos agasajen a los más ñoños con el regreso del criminal, aunque ahora con su característica imagen.
      Esta película se convierte además en la plataforma ideal, para que hagan el debut frente a las cámaras otros dos importantes paladines de Marvel.  En primer lugar aparece el “nuevo” Hombre-Araña, quien a partir de ahora forma parte del exitoso Universo Cinemático Marvel.  No obstante para malestar de muchos que ya se habían encariñado con la continuidad  de El Sorprendente Hombre-Araña: La Amenaza de Electro, esta quedó hasta ahí no más y tras perder los derechos del Trepamuros Columbia y ser entregados a la casa del Ratón Mickey, se optó por un nuevo reboot de este (el segundo más o menos en media década) para abordarlo de otra manera.  Es así como este Peter Parker resulta ser mucho más joven (un verdadero adolescente) y gracioso que nunca; por otro lado, su tía May Parker ya no es la anciana a la que nos tenían acostumbrados, si no que se trata de una bellísima y sexy mujer, representada por Marisa Tomei (cómico resultan ser cuando esta comparte escena con Robert Downey Jr., con quien ya había trabajado en su juventud).  Más de una hora transcurre cuando por fin aparece nuestro Amistoso Vecino y debo decir con la mano en el corazón, por mucho que me haya resistido a este más reciente “borrón y cuenta nueva”, que desde sus primeros segundos en pantalla se roba la película; asimismo sus típicos diálogos chispeantes y torpeza propia de un principiante demasiado joven, lo acercan como nunca al personaje que la mayoría reconocemos de los tiempos de sus primeras revistas.  Uno de los aspectos más gratos para el fiel seguidor de los cómics de la Casa de las Ideas y en concreto aquellos dedicados al Cabeza de Red, es que gracias a esta obra por fin es posible verlo luchando junto a otros superhéroes, algo que se obvió en las otras ocasiones en que apareció en pantalla grande.


     El segundo gran aporte que hace Capitán América: Guerra Civil en materia de rescatar consagrados personajes marvelitas para el cine, resulta ser nada menos que uno de los superhéroes de raza negra más emblemáticos: T`Challa, más recordado como Pantera Negra, el soberano y protector del paraíso africano y superpotencia mundial Wakanda.  Pues este se encuentra caracterizado de una manera muy fiel a la de su símil comiquero, como un apuesto hombre de color, con una gran sabiduría y un traje magnífico, amén de extraordinarias habilidades para la lucha.  Debe saberse en todo caso que su participación en esta cinta ya estaba anticipada de manera indirecta cuando en Los Vengadores: La Era de Ultron, salió nada menos que su nación, debido a que parte de su trama transcurrió en este lugar.  La incorporación del Arácnido y el felino, son a su vez la promesa de sendas aventuras “en solitario” que estarían por estrenarse en un futuro cercano. 
      De entre todos los viejos conocidos por los espectadores sacados de las millones de páginas de las historietas, cabe mencionarse el regreso del General Thaddeus "Trueno" Ross, acérrimo enemigo de Hulk y que una vez más lo podemos ver interpretado por el veterano William Hurt, tras salir como tal en El Increíble Hulk.  Este sigue siendo el mismo hombre estrecho de miras, aunque ahora su papel ha tomado un “pequeño” giro respecto al papel que viene a cumplir en esta ocasión.  Mucho más grato en varios sentidos, viene a ser el retorno de la preciosa Sharon Carter, la Agente 13 de S.H.I.E.L.D., a quien tuvimos el gusto de que nos presentaran en Capitán América y el Soldado de Invierno; por lo tanto se debe agradecer que esta vez su participación venga a cobrar mayor importancia en el argumento.
      Por último, el trabajo musical de Henry Jackman para esta cinta, quien se repite el plato al igual que los mismos directores y muchos de los actores que aquí trabajan, resulta ser uno de sus mejores colaboraciones, ayudando con sus composiciones a que la acción de todo se vuelva aún más formidable.

Pues en esta Guerra Civil yo me pongo del lado del Capi sin dudarlo.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Un premio honorífico más para este humilde blog: Blogger Recognition Award.



     Hace años ya que mi querido Cubil no recibía una distinción de este tipo entre mis pares y justamente cuanto solo estaba a un par de días de cumplir los cinco años de vida (la página, que yo hace rato ya, en el transcurso del siglo pasado, pasé esa edad).  Pues tal reconocimiento se lo debo a un bloggero mucho más veterano que yo, el españolísimo escritor R. R. López, quien desde su página Historias que no le contaría a mi Madre le ha concedido tal honor a este servidor.  Pues ahora me toca seguir con los pasos solicitados para quienes se les da este galardón… Así es como el primer requisito es justamente escribir un post anunciando haber recibido este premio y luego agradecer a quien pensó en uno para esta consideración (lo que como bien se habrán dado cuento, ya he hecho felizmente).
     Es el momento de contar cómo fue que comencé con este proyecto mío en la blogósfera: Esta acción ya la hice al primer año de comenzar esta labor y ahora lo vuelvo a hacer, aunque esta vez en una versión más resumida: Hace media década atrás me encontraba con mucho tiempo, debido a que trabajaba desde mi casa (como asalariado eso sí, que no independiente) y justo por aquellos días dos queridos amigos habían estrenado sus propios blogs, los que de inmediato me gustaron mucho: el primero de ellos es Le Dicen Poesía de Miguel Acevedo y el segundo Ioxman de Iván Piñeiro; ambos los recomiendo mucho, pero debo decir con tristeza que el segundo caso es uno de esos blogs abandonados por su creador, como muchos que a lo largo de mi experiencia como bloggero me he encontrado (¡Y es una verdadera lástima! Pues IPO lo hacía bastante bien). Por lo tanto estos dos fueron mi mayor fuente de inspiración, para expresarme a través de un medio como este.
     Y ahora me corresponde dar dos consejos para quienes comienzan con esta bella labor:

Primero: Sé constante en lo que haces, que un blog si no se actualiza seguido con nuevas entradas se convierte en uno más del montón, de esos abandonados por quienes en el mayor de los casos, fueron incapaces de mantener la ilusión de una empresa como esta.  Si no haces de corazón tu labor y olvidas comprometerte de verdad con ello, como si esto fuese más una obligación que una pasión, mejor dedícate a otras cosas.  El blog es de elite, para quienes nos gusta escribir y leer, solo para quienes se dan tiempo en quemarse las pestañas y dejar algunas otras cosas de lado en pro de la “actualización”.  Si quieres inmediatez y facilismo (además del morboso deseo de cumplir con tu cuota de exhibicionismo y voyerismo), quédate con el “feisbuk” y/o el “tuiter”. ¿Muy visceral en mis palabras? Lo siento, es lo que pienso y no me voy a autocensurar en mi propio “hogar”.

Segundo: Sé tú mismo en lo que escribes y publicas, así como en los temas que escoges, ya que después de todo a un blog es uno quien le da su carácter y sello, por cuanto este es una herramienta con la cual le comunicas a otros aquello que te hace feliz y te representa…¿Te gusta el cine? ¿Eres un fanático de las artes marciales? ¿Babeas con los Muppets?  Las posibilidades son infinitas, porque como bien dijo la vieja que se comía los mocos “En gustos no hay nada escrito”.  En la medida en que te vayas expresando, comunicando, podrás encontrar almas afines para quiénes lo que haces es valioso y que además piensan como tú.  Pues no somos islas.

     Termino con mi propia lista de nominados (que según las reglas de este premio no pueden ser más de quince).  Y aquí van:

1- Le Dicen Poesía (por supuesto).

2- Guillermocracia (otro compatriota).

3- Un Universo de Ciencia Ficción (desde la Madre Patria).

4- El Zoco de Lakkmanda (otra vez la Península Ibérica se hace presente).

5- El Cuchitril de Cidroq (mi México lindo no podía faltar).

6- Al Final de la Eternidad (con los españoles es con quiénes más mantengo contacto).

7- Misión Ci Fi Pasatiempo de Lectura (estos castizos son todos unos expertos en la blogósfera).

8- La Quinta Anormal (otro amigo de por estos lares).

9- La Cueva del Lobo (desde la tierra de Doña Bárbara).

10- Léase a Plena Noche (en la cuna de mi querido Gabriel García Márquez).

11- Libros de Agua y Miel (la única dama en este listado).


     Ojalá todos ellos acepten seguir con los ritos necesarios.

domingo, 1 de mayo de 2016

De seguro Stephen King debe estar muy orgulloso…


 …tras el resultado final de la adaptación televisiva de su novela de ciencia ficción sobre viajes en el tiempo, 22/11/63 (2011), considerada una de sus mejores obras.  En ella un profesor viaja a principios de la década de los sesenta, para evitar el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy, una de las grandes tragedias del llamado “Sueño Americano”, por ser la muerte adelantada de uno de los personajes más emblemáticos y esperanzadores de los Estados Unidos.  Pues mucho antes de publicar esta obra, el autor generó varias expectativas tras saberse algunos detalles de su argumento, de modo que de inmediato hubo interés por conseguir los derechos para el cine o la televisión; el deseo de conseguir tal privilegio por parte de los productores aumentó, una vez que se editó el libro y fue todo un éxito además de conseguir el beneplácito de la crítica, ganando varias nominaciones y premios.  Pues tuvieron que pasar casi cinco años para que se concretara la realización de la versión audiovisual de la novela, la que se emitió entre febrero y abril de este año.  Con una cantidad de ocho episodios para ser lo más fiel a la extensión del texto original (sobre las ochocientas páginas en inglés, lo mismo que en castellano), la labor hecha por sus responsables no escatimó en realizar el mejor trabajo posible, hallándose detrás de su creación el director, guionista y productor J. J. Abrams, hace rato amigo de Stephen King (a quien desde pequeño admiraba) y el cual hace rato deseaba hincarle los dientes a alguna narración del escritor que estuviera disponible.  Además el propio autor se dio el gusto de acompañar a Abrams en la producción de la miniserie, de seguro para evitar otro desastre artístico y comercial como sucedió con la reciente serie La Cúpula, sobre otro libro suyo.
      Para potenciar esta propuesta mediática, se contrató a un actor de cine en el momento más álgido de su carrera, al talentoso y guapo James Franco, para interpretar a su carismático protagonista.  Ahora bien, este ya había incursionado en el formato televisivo, aunque gracias a 22.11.63 se puede afirmar que vuelve a quedarse en la retina y la memoria del televidente por un buen tiempo (proeza solo lograda tras alcanzar la fama en el mismo formato, cuando hizo del llorado James Dean hace más de diez años atrás).  Pues con un histrión como este en el protagónico, tanto los seguidores del novelista como los simples espectadores, podían tener clara la promesa de esta versión de realizar algo verdaderamente magnífico.  Respecto a la feliz intervención de este artista, un detalle llamativo eso sí para alguien del mundo común y corriente: ¿Cuántos profesores de colegio, más encima de Literatura, podemos encontrar que se “parezcan” físicamente a este actor? (pues quien escribe estas líneas se dedica a la docencia y en toda su vida enseñando nunca ha encontrado a un colega así de apolíneo como Franco, al menos en esta especialidad…¿Pero quién quiere ver gente normal en pantalla si puede deleitarse con la belleza y el glamour de quienes nos entregan estas fantasías?). 
     Los primeros minutos de la miniserie logran cautivar, con un monólogo filmado en primer plano, sacado textual de las páginas del libro y que no deja de sobrecoger por el dramatismo con el que está llevado a cabo; puesto que el contenido de las palabras de quien lo emite, se transforma en uno de los elementos claves de la trama.  El primer episodio resulta ser el más extenso de todos, casi una hora y cuarto de duración, entregando de inmediato la premisa de esta historia y dejando enganchado al telespectador, quien de seguro querrá más y más sobre el periplo de su valiente héroe.  La dicotomía que significa mostrar la diferencia entre la actualidad y el supuestamente idílico pasado sesentero, se convierte en un deleite para los sentidos; pues la verosimilitud con la cual está recreado este década prodigiosa, despierta sin dudas añoranzas de una era que si no tuvimos el gusto de vivirla, al menos sí tenemos encarnado en nosotros su importancia para nuestro presente.  Utilería, vestimenta, peinados, escenarios y la música popular con la que se apoyaron para realizar la recreación de todo, demuestra sin dudas que hace rato ya que la televisión consiguió el mismo efecto de ensoñación y perfección que el séptimo arte; pues la primera vez en que el profesor salta a 1960, el efecto audiovisual se expresa con toda su magnitud.
      Luego de un impactante debut gracias a su primer capítulo, el que le sigue a continuación quizás resulta ser aún mucho mejor, en especial por su especial atmósfera que lo acerca a la temática de terror en la cual Stephen King se ha hecho famoso.  Ello puesto que a lo largo de su metraje, se resuelve con un gran dramatismo el segundo motivo que tiene Jake Epping para quedarse en el pasado, pues está decidido a enmendar la vida de uno de sus alumnos preferidos y a quien conoció ya mayor y acabado.  A todo esto se debe hacer notar lo realizado por el igualmente atractivo Josh Duhamel, a quien le toca hacer de antagonista y el cual con su impresionante porte y la caracterización que realiza, se convierte en el personaje más siniestro de toda la miniserie.  El clímax de esta segunda entrega deja la vara muy alta en cuanto a las emociones que logra provocar y tal vez ello hace que lo que le sigue haga algo más lenta la progresión del  guión, hasta que por fin en el último episodio se consiga el mismo nivel de tensión y calidad escénica.
      Las otras actuaciones que podemos encontrar en 22.11.63 (la adaptación cambia la forma para presentar la fecha clave, concerniente al día en que fue baleado el mandatario, de modo de diferenciarse del título del libro en el que se basa) son por supuesto de primera y entre ellas hay que destacar dos, las que se encuentran bajo los hombros de quienes vienen a ser los coprotagonistas del actor principal.  Pues por un lado se encuentra una en verdad angelical y muy femenina Sarah Gadon, quien a través de su personaje, la bibliotecaria Sadie Dunhill, se transforma en la compañera sentimental del crononauta.  La sensibilidad con la cual la Gadon toma a esta mujer de mediados del siglo pasado (con todo lo que significaba ser una dama sujeta a sus rígidos patrones morales y de costumbres), la convierte en uno de los personajes más entrañables de toda esta adaptación, al punto de que resulta difícil no sentir empatía por ella.  En el otro lado de lo que vienen a significar los varios personajes de esta obra, se encuentra lo hecho por Daniel Webber, quien completa la trinidad de esta miniserie; puesto que le toca tomar sobre sus hombros, el peso que significa interpretar al mayor personaje “histórico” de los que aparecen acá: Lee Harvey Oswald, el presunto asesino del presidente Kennedy.  Pues tal como Stephen King lo quiso representar en su novela, Webber lo personifica como un hombre inestable, aunque no malvado, lleno de aristas para evitar la fácil demonización de uno de los criminales más tristemente célebres del siglo XX y a quien le entrega una humanidad que sin vacilaciones consigue la compasión de uno ante su desdicha. 

       Dentro de los actores que aparecen en 22.11.63, cabe destacar la breve, aunque inolvidable contribución de la veterana y hermosa Anette O`Toole, quien en solo un episodio (el segundo) acapara la atención.  Es así que su incorporación al casting, bien puede ser considerada como un guiño a los más antiguos lectores de King, ya que fue una de las actrices protagonistas de una de las miniseries más recordadas (y queridas) sobre un libro de este escritor: It (1990).
       Si lo anterior vendría a ser una especie de homenaje al propio novelista y a sus “lectores constantes”, en esta miniserie es posible identificar al menos otros dos tributos: uno de ellos cuando aparece una tienda con el nombre de Machen`s, en atención a Arthur Machen, escritor del cual Stephen King en más de una ocasión se ha declarado admirador suyo (tal como lo manifestó en la dedicatoria de uno de sus últimos libros: Revival).  De igual modo, en otro local comercial que visita el protagonista aparecen varios cómics de DC de la época, viéndose de fondo varias portadas clásicas; de tal modo se observa la muy famosa Liga de la Justicia Nº 1, con sus superhéroes luchando contra la estrella de mar alienígena gigante Starro el Conquistador y la correspondiente al debut del segundo Flash, Barry Allen, corriendo por una cinta de celuloide (pues debe saberse que el señor King es un conocido amante de las historietas y en especial las deceistas).
    Como era de esperarse, la versión televisiva no es un calco del libro y que por mucho que muchos fanáticos de King habrían querido, ello es mejor que sea así (puesto que si se recuerda bien, las versiones más valoradas de su ficción son aquellas que logran convertirse en una obra autónoma, respecto al material que las inspiraron: ambas versiones para el cine de Carrie, El Resplandor, Cementerio de Animales, Sueños de Fuga, MiseryLa Milla Verde y La Niebla, por mencionar las más celebradas).  En efecto hay varios aspectos del libro que aquí no aparecen o están simplificados, tales como la estrecha relación de Jake con sus alumnos durante su permanencia en los sesenta y lo concerniente a los extraños hombres que resguardan todo lo concerniente a los viajes en el tiempo y el efecto que ello puede provocar para la continuidad espacio-temporal.  Entre los geniales aportes que le hace esta adaptación a lo escrito por King, se haya la incorporación de un socio en el pasado para el protagonista, cuya ayuda y compañía permite nuevos efectos de interés en el argumento (en todo caso aprovechando un personaje menor del mismo libro); de igual modo el hacer que otro personaje sea miembro de la comunidad afroamericana, ayuda a abordar el tema de la discriminación racial, tan enraizado entre los gringos y en mayor medida durante aquellos años.
        El cuadro se completa con una soberbia presentación de créditos de apertura, tal como le gustan a un servidor (detalle que por desgracia se ha perdido en la mayoría de los últimos programas y películas) y una impecable banda sonora compuesta por Alex Heffes.
       El desenlace resulta tan conmovedor como el del libro, siendo representado todo de manera memorable y que de seguro a más de un espectador le sacará al menos una lágrima.  De este modo se cierra el círculo emprendido en el piloto, en lo que sin duda debe ser una de las mejores adaptaciones sobre la literatura del maestro Stephen King.

Personajes de la miniserie. De izquierda a derecha:
Harvey Lee Oswald, Jake Epping/James Amberson, Marina Oswald (la esposa rusa del "asesino") y Sadie Dunhill.

jueves, 28 de abril de 2016

La segunda gran aventura de Sherlock Holmes


     En el transcurso de 1890 (¡Ya hace más de un siglo!) fue publicada por primera vez  El Signo de los Cuatro, correspondiendo esta misma a la segunda novela escrita por Sir Arthur Conan Doyle sobre su personaje más famoso: el detective Sherlock Holmes.  En sus páginas el ingenioso investigador una vez más es acompañado por su inseparable amigo, el doctor John Watson, quien vuelve a ser el narrador de las aventuras de su compañero, tras ser  testigo de sus aventuras e intervenir directamente en ellas.  Debe mencionarse en todo caso que no se trata de una obra demasiado larga (en español no alcanza a las doscientas páginas), por lo que se lee de manera rápida, aunque ello también gracias al talento de su autor para cautivarnos con la caracterización que realiza de sus dos héroes.  Asimismo ayudan a entusiasmarse en el texto la creación de nuevos personajes, diseñados de tal manera que resultan más que atractivos; por último no se debe olvidar la existencia de una trama en la que imperan la intriga y la aventura, permitiendo además desarrollar varios temas de interés, como se irán presentando a lo largo de este texto.
     Pues su argumento o más bien el caso que debe resolver Holmes, parte de una manera muy especial y atendiendo a añejos patrones de las viejas historias: a través de la ayuda de una dama en apuros, quien por supuesto está descrita como una mujer femenina, angelical…y desvalida; alguien a quien proteger para seguir los esquemas de conducta de la sociedad en la que se enmarca esta narración.  Por otro lado, la introducción de esta fémina en la cronología de los residentes de Baker Street resulta bastante significativa, por cuanto esta no desaparece de sus vidas a lo largo del resto de su bibliografía, ya que se transforma en alguien importante para la felicidad de uno de estos dos.  Pues volviendo a su trama, la señorita en cuestión los lleva a involucrarse en esos típicos crímenes que implican tesoros desaparecidos y venganzas entre medio…Solo que su escritor lo sazona todo de tal modo, que una vez descubierta la identidad del responsable de las cuitas del afectado (que resulta ser otro sujeto y no su nueva clienta), el lector llega a encontrarse con un criminal que escapa a los estereotipos maniqueos y termina por ganarse la simpatía (si es que no su comprensión) de los lectores.
     Este título permite tomar conciencia de que el mal no es solo algo relacionado con la violencia y los sujetos marginales, que habitualmente podemos encontrar en este tipo de relatos, sino que tiene diversos tipos de manifestaciones. De este modo se introduce la idea de que la avaricia y la deslealtad, son otros de los flagelos que causan estragos en el corazón humano.  De igual modo los villanos pueden ser más que unidimensionales malvados y por lo tanto pueden guardar dentro de ellos la noción del honor, como también la certeza de la justicia, que no los aleja del resto de la comunidad.  Es así que el libro deja claro que en cualquier lugar y aún entre los que ostentan una posición social privilegiada, existen individuos de actitud reprochable (de igual modo hasta los parias pueden dar muestras de nobleza).
      La novela a su vez se constituye en un medio para conocer la realidad en que vivió Conan Doyle, miembro del poderoso imperio británico de aquellos tiempos y que cuando apareció esta obra había conquistado la India, teniendo posesiones en ella y varios intereses comerciales, como políticos.  Pues el libro da señales de esta historia de dominación, debido a que varios de sus personajes se encuentran ligados a ello, entre europeos y autóctonos del exótico país.  Por tal razón parte de la narración transcurre en esta otra nación, haciendo mención directa a los conflictos entre colonizados y colonizadores, a las costumbres de sus lugareños, su lenguaje y otros aspectos.  Como ya es habitual entre las obras del escritor, este demuestra ser alguien bastante documentado acerca del mundo más allá de sus fronteras, entregando rica información para el lector, que hace de la ambientación de sus ficciones algo vasto y creíble y con un fuerte asidero en los tiempos en que realizó su labor literaria.  Debido a esto mismo, el novelista hace mención directa a otras facetas de dicha época, como las costumbres carcelarias y las tribus caníbales con las que se encontraban los viajeros de las por entonces tierras ignotas, que aún quedaban a finales del siglo XIX (no obstante muchas veces ello era una exageración novelística, propia de los relatos de quienes tenían estos supuestos encuentros con tribus primitivas).
     Lo anterior tiene que ver con la figura de uno de sus personajes más llamativos, un aborigen que en su descripción corresponde a la visión xenófoba, que tenían los “blancos” de entonces hacia los pueblos originarios.  Cabe en todo caso destacar el atractivo por tal exotismo y que para mucha gente de estos países poseían sus gentes.  La siguiente cita explica mejor que nada la visión que se tenía de estos indígenas:

    “Era un hombre fuerte y corpulento y, al verlo de pie con las piernas separadas, me di cuenta de que la pierna derecha, desde la rodilla hasta abajo, no era más que un mástil de madera. Como en respuesta a sus gritos estridentes y airados, se produjo un movimiento en la masa acurrucada sobre la cubierta. Cuando se incorporó, vimos que era un hombrecillo negro, el más pequeño que he visto en mi vida, con una cabeza grande y deforme y una gran mata de cabellos revueltos y enmarañados. Holmes ya había sacado su revólver y yo eché mano al mío nada más ver a aquella criatura deforme y salvaje. Estaba envuelto en una especie de capote o manta oscura, que sólo dejaba al descubierto su cara; pero aquella cara bastaba para quitarle el sueño a cualquiera. Nunca he visto unas facciones que expresaran tanta bestialidad y crueldad. Sus ojillos brillaban y ardían con luz siniestra y sus gruesos labios se arrugaban, dejando a la vista los dientes, que rechinaban y nos hacían muecas con una furia casi animal.
     –– Si levanta la mano, dispare ––dijo Holmes tranquilamente.
     Estábamos ya a un largo de distancia, con nuestra presa casi al alcance de la mano. Aún ahora me parece que los estoy viendo a los dos: el hombre blanco, de pie, con las piernas separadas, vociferando maldiciones; y el diabólico enano, con su rostro espantoso y sus afilados dientes amarillos, tirándonos mordiscos a la luz de nuestro foco”.

      La relación entre Holmes y Watson resulta ser bastante curiosa, puesto que  se transforma en un gran ejemplo de lo que significa mantener una estrecha amistad incondicional entre hombres (tema recurrente en la literatura desde los antiguos relatos orales mitológicos).  No obstante estos dos no pueden ser más distintos entre sí y ante la fraternidad que los une (siendo que al parecer no poseen otros amigos), bien uno puede preguntarse cómo es posible tal unión.  Pues el buen doctor deja en evidencia más de una vez su admiración hacia el detective, lo que se hace más notorio por el hecho de que este lleva un registro de todas sus aventuras, para luego convertirlas a narración literaria.  Mientras Watson es un hombre emocional y sencillo, el otro es sin duda un sujeto racional y de gustos más “refinados” (como su interés por la cocaína), quien es por completo feliz siempre y cuando puede dar rienda suelta a su privilegiado intelecto.  De hecho, el principio de esta obra da las claves para comprender mejor las pasiones que mueven al sabueso y lo que incluso llega a causar cierto rechazo en su compañero, quien no justifica su amor hacia ciertas sustancias.  Es respecto a esto último, a los apetitos narcóticos de Sherlock, que llama la atención la naturalidad con la que el autor hace mención de sus costumbres (sin mayor juicio de valor que el hecho por el propio amigo), lo que a la luz de hoy en día para muchos resulta algo escandaloso (razón por la cual en la mayoría de las adaptaciones audiovisuales del personaje, tienden a “olvidarse” de esta faceta suya).
   
    Otro aspecto que puede llamar la atención en la personalidad de Sherlock Holmes, viene a ser su vida privada, desconocida por su amigo y biógrafo, la cual poco a poco va quedando al descubierto para este y los mismos lectores.  Pues a medida que el tiempo transcurre, se van revelando varios aspectos suyos que dan noción del pasado de Holmes, mucho antes de conocer a Watson; de igual modo se sugiere una vida en “paralelo” al tiempo que pasa con el doctor, una en la cual se codea con todo tipo de gente (y no necesariamente de la más rancia alcurnia).  Es así como se nos va presentando a un héroe multifacético, alguien que está lleno de sorpresas.  Pues Holmes saca partido de todo lo que tiene a su disposición: por ende aprovecha sus experiencias fuera del hogar de Baker Street, lo mismo que los distintos conocimientos que adquiere y la confianza de los muchos conocidos con los que logra entablar algún tipo de cercanía; luego todo ello le permite reunir los medios suficientes para superar cualquier imprevisto.
    También resulta interesante el trato que hay entre los personajes, uno en el cual la caballerosidad, el sentido de la hospitalidad y el respeto resultan pilares fundamentales de las relaciones interpersonales.  No solo en el comportamiento deferente de los varones hacia el entonces llamado “sexo débil”, se encuentra este aspecto, sino que se haya en abundancia entre señores de toda índole, destacando justamente el comportamiento que tiene el “criminal” de esta novela.  No hay la menor duda de que el libro retrata otro mundo, o más bien una sociedad con rígidos patrones de conducta y donde la formalidad no es algo solo para las situaciones de etiqueta.
    El nombre de la novela, tan esotérico como se sabe era del gusto de su autor profundizar en este tipo de temas (quien era miembro de una sociedad secreta: la Golden Dawn), tiene que ver con un pacto que cobra vital importancia para la trama.  Su significado es explicado bastante bien en el desarrollo, no obstante viene a ser otra manifestación del interés que tenían Conan Doyle y sus coetáneos hacia lo exótico y lo raro.  De este modo en sus páginas también nos encontramos con bizarros ritos y personajes como el ya mencionado aborigen y el mismo “villano”, que de igual modo viene a  ser un sujeto que no pasa desapercibido ante la demás personas.
    En contraste a la personalidad de nuestro personaje principal, se encuentra Athelney Jones, agente de la policía y que tanto en su personalidad, como en apariencia, se describe como alguien distinto al detective (además del hecho de ser un investigador “oficial” en vez de Holmes, quien realiza su labor más por el amor a la aventura). Pues mientras el segundo es alguien que disfruta de la adulación, el otro solo busca satisfacer sus inquietudes intelectuales, de resolver los más complicados enigmas usando solo su inteligencia privilegiada.  No obstante pese al contraste entre el uno y el otro, el profesional de Scotland Yard también es un hombre que ama la justicia, solo que es menos “idealizado” que nuestro protagonista.

    “Mientras Holmes hablaba, los pasos se habían ido acercando y ya resonaban con fuerza en el pasillo. Un hombre muy corpulento y de aire autoritario, vestido con un traje gris, entró dando zancadas en la habitación. Tenía el rostro colorado, voluminoso y pletórico, con un par de ojillos muy pequeños y centelleantes, que miraban con viveza entre unos párpados hinchados y fofos. Le seguían de cerca un inspector de uniforme y el todavía tembloroso Thaddeus Sholto.
      –– ¡Aquí hay lío! ––dijo con voz ronca y apagada––. ¡Un bonito lío! Pero ¿quiénes son todos éstos? ¡Caramba, esta casa parece tan llena como una madriguera de conejos!
      –– Supongo que se acordará de mí, señor Athelney Jones ––dijo Holmes, muy tranquilo.
      –– ¡Pues claro que sí! ––resolló el policía––. Es el señor Sherlock Holmes, el teórico. ¡Que si me acuerdo! Nunca olvidaré la charla que nos dio sobre causas, inferencias y efectos en el caso de las joyas de Bishopgate. Es cierto que nos puso sobre la buena pista; pero ahora reconocerá que fue más por buena suerte que por buen criterio”.

     No cabe la menor duda que tras leer este fascinante título, quien se haya encontrado en una ocasión pasada con la pluma de Sir Arthur Conan Doyle o quien por primera vez se hubiese detenido en sus narraciones, sin duda deseará volver a gozar de sus aventuras y misterios.  Pues Sherlock Holmes hay para rato y ello tan solo en lo concerniente a lo que llegó a escribir sobre él su propio autor.

domingo, 24 de abril de 2016

¡Media década de vida!



     Hace exactamente cinco años atrás comencé lo que sería uno de mis proyectos de vida más importantes (si es que no el más relevante de todo ellos, por no mencionar todas las satisfacciones que me ha dado a lo largo de este tiempo).   El tiempo puede ser tan subjetivo para uno y por esta misma razón desde mi insignificante punto de vista, me pareciera ya otra vida aquella en la cual me senté por primera vez a plasmar gracias a la blogósfera, mis ideas y sentimientos sobre buena parte de lo que me hace feliz: Las historias y los personajes que logran ganarse un lugar muy especial en mi corazón y mi memoria.  Pues de eso se trata la mayor parte de lo que comparto con ustedes a través de esta página, sea nombrando, analizando y comentando libros, cuentos, novelas, películas, seriales y cómics…A la larga siempre se trata de eso, o sea, de una buena historia que como a muchos otros les pasa, logra transportarme a otras realidades, invitándome a conocer a quiénes deambulan entre ellas tal cual si fueran de verdad; entonces por un momento, la magia de la narrativa (gráfica y visual) me seduce lo suficiente como para olvidarme de quién soy y terminar por entregarme a la seducción de todo lo que hay detrás de dichas ficciones.  Por último regreso de mi viaje siempre con algo de valor (lo mínimo un agradecido ratito de sana diversión), que me convierte en alguien menos ignorante e invita a una que otra reflexión por ahí.
     Este quinto año del Cubil ha visto pasar unos cuantos hitos que hoy deseo repasar con ustedes (espero no aburrirlos con este ejercicio de la memoria), que de un modo u otro son significativos dentro de mi propia existencia como individuo.  Asimismo cada uno de estos  corresponden a circunstancias especiales dentro de lo que es  mi “hijo virtual”,  de modo que me parece necesario destacarlos para demostrar cómo estos pasados doce meses, me son significativos dentro de todo lo concerniente a este medio.
     Durante el transcurso del mes de mayo del año pasado, uno de mis mejores y más antiguos amigos, Miguel Acevedo, creador del blog Le Dicen Poesía, publicó en papel su primer libro,  Acto al cual tuve la dicha de asistir, así como pude tener el honor de que me regalara un ejemplar y el que por supuesto me autografió.  Pues ni tonto ni perezoso, de inmediato me lo leí y le dediqué su respectiva entrada a Cartelera de Cine.  Más o menos en octubre de ese año, Miguelito lanzó otra obra suya, esta vez junto a una colega escritora.  Como aún no he podido hacerme de una copia, tengo pendiente su lectura y, por supuesto, escribir algo al respecto.  Ojalá no termine el semestre antes de que ello se haga efecto.
     Al parecer mi propuesta mediática ha logrado conseguir la atención de unos cuantos repartidos a lo largo del ancho mundo.  Es así que unos cuantos escritores me han ofrecido regalarme sus obras, para que luego yo realizara alguna crítica al respecto.  Pues deben saber que la mayoría de estos escritores se tratan de personas originarias del Viejo Mundo, específicamente de la Madre Patria, o sea, de España.  Ante tal gesto me he sentido más que feliz, no obstante a todos ellos les he dicho por correo electrónico (la manera en que me han contactado) que con gusto accedo a ello, aunque  como “romántico” que soy solo leo en papel y que si me mandan impreso tales obras, sin duda que me dispondré a la tarea correspondiente.  Pues resulta que solo R. R. López accedió a mi petición y con una amabilidad que me contentó bastante, me envió desde el país de la Zarzuela su novela Imposible pero Incierto, que lejos supero mis expectativas y la recomiendo de todo corazón.  Poco después publiqué una entrevista a este artista, que también se encuentra entre mis artículos más queridos.  Hace poco R. R. López publicó un nuevo libro, que me encantaría poseer y leer, así como otro previo que también tengo pendiente (a ver si el tío este se anima a obsequiarme una vez más con su talento).

Una imagen para el recuerdo (1997): Cuando estaba en un fan club de Star Trek
y salí en el diario La Tercera.  El vulcano soy yo (me sigo manteniendo regio).

      En el transcurso de junio de 2015, contraje una infección a la que en sus primeras manifestaciones apenas le tomé la preocupación.  Pues el asunto era mucho más grave de lo que me esperaba y debido a mi ineptitud, poco después de un mes de enfermar,  me vi obligado a internarme en una clínica para poder sanarme.   Los primeros días allá fueron críticos para mí en lo que concierne a mi estado de salud, si bien en todo momento albergué esperanzas de que prontamente estaría en casa ya mejor.  Mientras tanto uno de los medios con los que conté para entretenerme y seguir la vida (casi como si nada hubiera pasado) fue “Internerd” y en especial el mismo Cubil y los blog que acostumbro seguir…Pues en lo que para mí vino a ser otra manifestación de que Dios siempre ha estado conmigo y que sus caminos son misteriosos para nosotros, apenas entré a la llamada Guillermocracia me encontré con el texto titulado Siete blogs que leemos desde la Guillermocracia y entre los que se encuentra justamente el de un servidor.  Pues mientras  “navegaba” sentado en la cama que ocupaba en aquel entonces, en medio del cuarto que tenía para mí solito, tuve una satisfacción que no solo me demostró que lo que hacía era valioso para otros, sino que me dio mayores fuerzas para reponerme con la idea de tener una razón más para mejorarme.
      Apenas volví a mi hogar tras estar dos semanas completas no en las mejores circunstancias, con rapidez me fui reestableciendo y como durante un tiempo me pasaba los días y las noches en su mayoría en casa (y más bien en mi cuarto) durante la convalecencia, retomé con todas las ganas el blog y que tan solo unos días antes de que me dieran el alta pude comenzar a hacerlo.  Todo esto fue una verdadera terapia para mí.  Mucha gente me visitó aquellos días en casa, entre familiares y amigos; fue una época que en todo caso recuerdo hasta con nostalgia, ya que me sentí muy querido y sin dudas la disfruté bastante.  Hay muchas cosas que podría contar al respecto, sin embargo dejaré los detalles para otra ocasión, que igual pienso amerita todo esto su propio post.  No obstante hay dos personas que deseo nombrar, dentro de aquellos que me acompañaron durante ese periodo.  Con los dos entré en contacto más o menos por la misma fecha (a finales de julio o principios de agosto) y eso de “entré en contacto” que suena como a algo sobrenatural o en tono de comunicación extraterrestre, se refiere a que inicié mis conversaciones con ambos gracias a este blog mismo y a la magia del chat de Gmail.  Ya llevaba alrededor de dos años cuando supe de la existencia de un blog muy particular, El Cuchitril de Cidroq, el cual desde México administra su creador Eduardo Romero.  Pues soy su ferviente seguidor y también lo tengo entre mis enlaces recomendados.  Hace rato ya que ambos nos dejábamos comentarios, recíprocamente en varias de nuestras entradas respectivas, respondiendo el uno al otro apenas sucedía esto otro.  Fue así como en esos días Eduardo decidió pasar a un nivel más locuaz en la comunicación y me agregó a su chat de Gmail.  Por otro lado, desde Venezuela Roger Senra, autor del blog Materia Oscura de la Mente, me invitó a dialogar del mismo modo, luego de que supo de mi existencia tras leer lo que escribí acerca del ya mencionado R. R. López.  Debo decir que desde entonces mantengo amenas charlas con estos colegas blogueros, hoy en día amigos para mí, al menos una vez a la semana y ello es algo que me agrada mucho.  Siempre me es muy gratificante conocer a gente inteligente y aprender de los demás; a su vez me doy cuenta sin dudas de que estos dos son personas nobles, pues basta con leernos para que uno se dé cuenta de que son almas afines.  Esto sí que es sacarle provecho a los adelantos tecnológicos: poder mantener lazos con quiénes están a kilómetros de distancia.
      Otro amigo mío de los que llamo “históricos”, Mauricio Tapia, en agosto del año pasado estrenó dos blogs, Escritos al Lotijuai y La Quinta Anormal.  Desde que estos nacieron, espero con ansias actualizaciones suyas y por supuesto que los tengo entre mis recomendados.  Pues a Mauricio (“Pelao” para los entendidos) se le ocurrió realizar en La Quinta Anormal una serie de entrevistas por diversos motivos y es así como tuve el gusto de ser el segundo en tener dicho espacio, para presentarme en su genial página.  La entrevista fue subida a la Red durante septiembre y apenas llegó octubre, bajo permiso de su responsable, la puse en el Cubil.  Para qué voy a mentir, el texto salió bastante largo, ya que aproveché de explayarme sobre varios temas que me son caros y además de referirme a hartas cosas que muchos no conocen de mí.  Debo admitir eso sí que el texto en cuestión tuvo su polémica, en especial con algunos de mis amigos (no voy a decir el nombre del más involucrado al respecto, solo las iniciales, Mfkarlos), debido a que por simple estupidez mía hice público, aunque de manera “encubierta”, mi malestar con otro querido amigo de esos entrañables y lo que muchos encontraron incorrecto.  Luego tras darme cuenta de mi grave error y hasta pedir disculpas, subsané el entuerto, menos mal.
   El mes de agosto del año pasado me dio otra satisfacción, cuando esta vez desde Colombia, el compañero bloguero Mauricio Vargas, administrador de esa “joyita del terror” que es Léase a Plena Noche, me preguntó si era posible usar uno de mis más viejos textos (y que originalmente escribí para la revista virtual Insomnia) para su fanzine en papel (y también en digital) del mismo nombre.  Fue así como mi artículo ¿Es Stephen King un autor feminista? fue impreso en las tierras del excelso Gabriel García Márquez.
     Justamente debido a la entrevista que me realizó Astarajael (por medio de uno de sus tantos avatares, en este caso Siouxie), poco a poco fue regresando a mi vida otro viejo amigo, de esos que son demasiados valiosos para uno y a quienes unos extraña tras tanto tiempo sin verse.  Pues bajo el nick de Sardaukar dejó unos cuantos comentarios en el post publicado en La Quinta Anormal y después lo hizo cuando  lo puse en mi propio blog.  Pese a su intención de ocultarse bajo ese guerrero pseudónimo, de inmediato descubrí su identidad, en especial tras “analizar” sus palabras.  Para ser sincero, en la medida que Robertito fue manifestándose más y más con sus comentarios (a veces iniciando largos debates por diferencias en las apreciaciones estéticas de cada uno, lo que incluso ha incluido a otros lectores), pude recuperar a esta persona tan importante para mí.  Hoy solo le falta hacerse seguidor, je, pero al “pobre” a veces lo superan ciertos aspectos de la Internerd.
     En el transcurso de febrero de esta año obtuve otro reconocimiento por medio de un colega bloguero, esta vez de parte de Vladimir Vásquez, otro amigo venezolano que por medio de La Cueva del Lobo me ha hecho un gran favor al incluir mis entradas en más de una ocasión entre “Lo Mejor” de la semana.  Pues deben saber que su página tiene más de una década de vida, logrando todo un reconocimiento internacional debido al gran aporte que llega a ser para la divulgación de nuestros temas favoritos.
      Hace unos cuantos años que no me nominaban para un premio honorífico entre blogueros (la mayoría ha sido debido a la gentileza de Tomás Rivera de Kindlegarten) y así fue como tan solo este viernes recién pasado otro españolísimo, el tercera vez mencionado aquí R. R. López, me comunicó que me tenía entre sus considerados para el Blogger Recognition Award.  Pues a días del aniversario que ahora mismo celebro junto a ustedes, se me ha concedido este honor, de modo que en el transcurso de esta semana escribiré el post al respecto (algo así como propio de la sincronicidad de la que habla Carl Gustav Jung, debido a la cercanía entre un suceso y otro).
      Ha sido un quinto año intenso… ¿No?



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