sábado, 3 de mayo de 2014

¡Nos ha dejado otro grande!


     El pasado 17 de abril (hace tan sólo casi dos semanas atrás) nos dejó Gabriel García Márquez, a la edad de 87 años.  Tras su fallecimiento, dejó a millones de deudos en todo el mundo y una obra literaria de esas que tras la partida de su autor, lo inmortalizan.  Para ser sinceros, hace rato ya, cuando a “Gabo” aún le quedaban muchos años entre nosotros, que había alcanzado la celebridad gracias a su libro más importante, Cien Años de Soledad de 1967; sin embargo luego siguió escribiendo un montón de títulos, los que sin vacilaciones serían el testimonio de su magnífico don para contar historias inolvidables, llenas de personajes entrañables.    A lo largo de su extensa carrera artística, en la que publicó un montón de novelas y cuentos, también incursionó en el ensayo y el periodismo, áreas en las cuales destacó entre sus pares y en el mundo público en general.  La calidad de su labor, es decir, la genialidad de su prosa y de su facilidad para la palabra, lo convirtieron además en uno de los mayores autores latinoamericanos hispanoparlantes (si es que no en el mejor), llegando además a ser uno de los referentes preferidos a la hora de saber cómo manejar adecuadamente nuestra rica lengua española, ya sea literaria, como coloquialmente; a su vez su trabajo ensalzó la variante americana de la lengua de Cervantes, como antes sólo un pequeño grupo de artistas latinos había conseguido: Neruda y Gabriela Mistral desde Chile y Rulfo en México.  Este último punto ayudó a internacionalizar y popularizar a los narradores latinoamericanos, quienes por primera vez comenzaron a ser editados fuera de sus fronteras, siendo además traducidos a otras lenguas y convirtiéndose en éxitos de venta y crítica.  De este modo, García Márquez fue uno de los pilares del llamado Boom Latinoamericano y con el cual la narrativa proveniente de esta parte del mundo alcanzó la consagración definitiva.
Edición conmemorativa de este importante
libro, hecha por la RAE y cía.
    Con su celebrada novela Cien Años de Soledad García Márquez logró no sólo la atención del público, la critica y obtuvo la fama, si no que además escribió la obra que se transformaría en el libro más importante de las letras latinoamericanas (incluyendo la de Brasil, país de habla portuguesa) por varias razones.  Una de ellas vendría a ser sin duda la calidad universal de la historia que cuenta, con personajes que aún cuando correspondiesen a ser un reflejo de la tradición y cultura colombiana, de la que es heredero su autor, no dejan de poseer una humanidad tal que proyectan sin vacilaciones las mismas virtudes, bajezas y preocupaciones de cualquier persona del mundo.  A su vez su historia, que bien abarca el periodo de 100 años en el ya mítico pueblito de Macondo, resulta ser sin dudas una alegoría del significado de la propia América como Nuevo Mundo y crisol de razas, como también una proyección de nuestro legado de países llenos de avatares políticos y económicos.  Con este texto se consolidó además el ya mencionado pueblo de Macondo, lugar caro a nuestra literatura, que si bien ya había aparecido en obras más tempranas de su creador (tales como su primera novela La Hojarasca, El Coronel no tiene quién le escriba y cuentos tales como Los Funerales de la Mama Grande), también volvería a salir en sus trabajos posteriores.  La magia cotidiana con la que impregnó los acontecimientos narrados en su ópera magna, popularizaría además el género histórico narrativo llamado Realismo Mágico y el cual debido a sus folclóricas características, se transformaría en una manifestación más de la propia idiosincrasia de esta zona del continente: puesto que en el mundo cotidiano, los latinoamericanos (varios de nosotros hijos del mestizaje entre europeos e indígenas) bien aceptamos la presencia de lo sobrenatural en la vida diaria, la que se manifiesta en pequeños detalles (si no pregúntenle a cualquier mexicano acerca del culto de su pueblo a los muertos, a quienes veneran con respeto, orgullo y alegría).  A su vez García Márquez, quien en todo caso no inventó el realismo mágico, se transformó en el principal exponente de éste, de modo que luego otros escritores latinoamericanos acogerían gustosos su estilo, tales como Laura Esquivel en México e Isabel Allende en Chile. 
    La verdad es que a la hora de referirse al mejor libro de este ya llorado escritor, por mucho que la ya mentada Cien Años de Soledad sea puesta entre las más grandes obras de la literatura, el amante de su prosa se debatirá entre dicho título y cualquier otro de su autoría; de este modo las opiniones serán diversas, teniendo más bien un origen sentimental y subjetivo a la hora de hacer la elección, que una génesis de corte lógica y academicista.  Por ende, la disputa por lo general se encontrará entre sus libros Crónica de una Muerte Anunciada, El Amor en los Tiempos del Cólera y El Otoño del Patriarca (siendo que en realidad existen muchos otros títulos de Gabo, que en algunas ocasiones podrían ser los favoritos de la gente).
    El talento de don García Márquez era tal, que desde las primeras líneas de sus escritos lograba atrapar al lector.  No obstante al tratarse de un autor de gran cultura y manejo de las potencialidades de la lengua, sumado a su enorme capacidad para contar historias usando sofisticadas técnicas narrativas (saltando entre un momento y otro en los distintos acontecimientos de la trama), en un principio su pluma puede resultar algo complicada y en especial para los lectores poco habituados a una narración no lineal (como bien me pasó a mí a muy temprana edad cuando comencé a leerlo, si bien puedo decir con orgullo, que al final el atractivo de la ficción superó con creces las supuestas asperezas de la narración…y de este modo terminó por encantarme).   A continuación una pequeña selección del comienzo de varias de sus obras más famosas, con el propósito de demostrar lo fabuloso de su arte:

    “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquiades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades”.

Cien Años de Soledad.

     “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. «Siempre soñaba con árboles», me dijo Plácida Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. «La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros», me dijo”.

Crónica de una Muerte Anunciada.

    “Eréndira estaba bañando a la abuela cuando empezó el viento de su desgracia. La enorme mansión de argamasa lunar, extraviada en la soledad del desierto, se estremeció hasta los estribos con la primera embestida. Pero Eréndira y la abuela estaban hechas a los riesgos de aquella naturaleza desatinada, y apenas si notaron el calibre del viento en el baño adornado de pavorreales repetidos y mosaicos pueriles de termas romanas.
    La abuela, desnuda y grande, parecía una hermosa ballena blanca en la alberca de mármol. La nieta había cumplido apenas los catorce años, y era lánguida y de huesos tiernos, y demasiado mansa para su edad. Con una parsimonia que tenía algo de rigor sagrado le hacía abluciones a la abuela con un agua en la que había hervido plantas depurativas y hojas de buen olor, y éstas se quedaban pegadas en las espaldas suculentas, en los cabellos metálicos y sueltos, en el hombro potente tatuado sin piedad con un escarnio de marineros.
     – Anoche soñé que estaba esperando una carta –dijo la abuela.
     Eréndira, que nunca hablaba si no era por motivos ineludibles, preguntó:
     – ¿Qué día era en el sueño?
     – Jueves.
     – Entonces era una carta con malas noticias –dijo Eréndira– pero no llegará nunca”.
La Increíble y Triste Historia de la Cándida Eréndira y su Abuela Desalmada.

Ilustración con estética de historieta de un pasaje de Cien Años de Soledad.

    Resumiendo algunos otros aspectos recurrentes en las ficciones de Gabo, destacan el romance y cierto erotismo, todo descrito con una prosa poética a la cual luego muchos autores bien copiarían (incluso la misma Isabel Allende, sobre quien ya se refirió en este texto, como a una de los miembros de la siguiente camada de escritores latinoamericanos dedicados al realismo mágico).  Tampoco se puede olvidar el uso en sus historias de un humor ingenioso, que en muchos casos es capaz de sacar más de una carcajada al lector, elemento con en el que rompía a propósito con la gravedad de sus ficciones.
    Siguiendo los mismos elementos maravillosos de su arte, García Márquez se dedicó con maestría a la profesión del periodismo.  De este modo en ocasiones le tocó cubrir unos cuantos hechos verídicos, que no dejaban de ser extraordinarios en sí mismos, de tal modo que era imposible que estos no hicieran germinar su inagotable imaginación.  Fue así cómo del fruto de estas dos manifestaciones de la escritura, nacieron textos que a medias entre la crónica periodística y la narración artística más sublime, regaló a sus lectores nuevos textos, en los cuales resultaba difícil separar la realidad de la ficción.   Así fue como Gabo demostró una y otra vez su veta de fabulador, a través de libros tales como Relato de un Náufrago, Del Amor y Otros Demonios y Noticias de un Secuestro.  Mención aparte merece Crónica de una Muerte Anunciada, texto de repaso obligatorio, para cualquiera que desee jactarse de haber leído lo mejor de este cruce entre periodismo y literatura.
     Además de sus grandes novelas, ensayos y textos periodísticos, Gabo publicó unos cuantos tomos compilatorios de sus cuentos, que hace un par de años más o menos fueron recogidos en el valioso volumen Todos los Cuentos.  El valor de sus narraciones breves es tal, que cualquiera de estas augura en el lector primerizo un interés mayor por conocer su trabajo más extenso.  En 1992 publicó su última antología de relatos cortos, titulada 12 Cuentos Peregrinos y que ese mismo año fueron magistralmente adaptados 6 de ellos en una producción televisiva española-cubana, dirigida por el brasileño Ruy Guerra y que recibió como nombre Me Alquilo para Soñar (título de uno de los cuentos del tomo ya señalado).  Lamentablemente hoy en día resulta muy difícil volver a ver estas joyitas, pues además en la televisión chilena sólo una vez fueron emitidos y en la Red por mucho que se busque nada se consigue (salvo unos pocos minutos, por lo que se agradece a cualquiera que pueda dar algún enlace funcional de donde bajarlas).
     La relación entre García Márquez y el cine ha sido medianamente estrecha, más bien debido al amor de éste hacia el séptimo arte, que a un interés de los productores por llevar a la pantalla sus mayores aportes; por otro lado, muchos seguidores acérrimos de su trabajo, por años han pedido una versión fílmica de su libro más importante (ya sea como película o como miniserie); lamentablemente su mismo autor se negó en vida a que esto fuese así, puesto que no quería que la imaginación de sus lectores, fuese pasada a llevar por una labor que bien podría no honrarla (no obstante considerando su fallecimiento, ahora existen más posibilidades de que se haga una traslación audiovisual de Cien Años de Soledad, que tribute a su creador).  Un dato que muy poca gente maneja, a la hora de referirse a la labor de guionista del premio Nobel de Literatura de 1982, es que firmó nada menos que 51 títulos, entre adaptaciones de su trabajo, de otros artistas y guiones originales; no obstante la mayoría de estas colaboraciones apenas son conocidas.  Dentro de este apartado en lo que respecta a su trabajo de guionista, se pueden nombrar El Gallo de Oro (de 1964 y donde compartió créditos con nada menos que Carlos Fuentes, autor mexicano de gran prestigio, adaptando el cuento homónimo de otro grande de la narrativa azteca: Juan Rulfo), Tiempo de Morir (de 1966, otra vez en conjunto con Fuentes, para una cinta del hoy connotado director Arturo Ripstein, quien luego llevaría al cine una de las novelas de García Márquez hacia finales del siglo pasado; por cierto, esta cinta contó con un remake en 1986), El Año de la Peste (de 1976, basada en el libro del mismo nombre de Daniel Defoe, texto predilecto por parte del autor de El General en su Laberinto), Eréndira (1983, sobre uno de sus cuentos más recordados), Edipo Alcalde (de 1996, sobre la famosa tragedia griega, pero llevada al contexto colombiano) y por último Los Niños Invisibles (2001, una historia llena de fantasía, al mejor estilo de su guionista).   En cuanto a versiones cinematográficas de la obra de Gabo, como ya se dijo en este escrito, no son tantas como se quisiera; además tampoco han logrado plasmar en toda su magnitud los textos que las inspiraron.  Dentro de estos filmes, se pueden mencionar las adaptaciones de Crónica de una Muerte Anunciada, de 1987, cinta italiana que si bien posee sus buenos momentos, apenas logra visionar la mitad del texto original; en 1999 el ya nombrado Arturo Ripstein realizó su versión de El Coronel no tienen quién le escriba y del cual salió mucho mejor parado que su colega italiano; en el año de 2007 se realizó la que podría considerarse la mejor película sobre un libro suyo, El Amor en los Tiempos del Cólera, del inglés Mike Newell, verdadera cinta hollywoodense con un gran reparto y producción, que fue bastante valorada en su momento; también se pueden nombrar Del Amor y otros Demonios, de 2009, siendo otro largometraje de procedencia latina acerca de una obra de Gabo; y para terminar, Memoria de mis Putas Tristes, el cual data de 2011.

     El último libro de ficción que publicó García Márquez fue Memoria de mis Putas Tristes, novela corta que en su extrema complejidad, si bien lectura amena, dejó a más de uno con deseos de nuevas narraciones de su parte.  Antes de haberse reunido todos sus cuentos en el tomo (2012) ya mencionado más arriba, se reunieron poco antes varios de sus discursos públicos bajo el sugerente título de Yo no vengo a decir un discurso en 2010.  A su vez más atrás en el tiempo, sacó la que sería su primera entrega de sus memorias, titulada Vivir para Contarla, en 2002, no obstante en vida no sacó los otros dos tomos que prometió.  De este modo y considerando todo respecto a las últimas publicaciones de Gabo, queda esperar que haya dejado unos cuantos textos póstumos, a ver si se logra completar su autobiografía y aparecen además otras narraciones nacidas de su alabada creatividad.
    Cuando en 1999 se le diagnosticó un cáncer linfático, García Márquez comenzó a despedirse del mundo y según se supo escribió un emotivo texto que se difundió a lo largo de todo el mundo.  Ahora cuando doy cierre a este escrito y con el cual he querido rendirle tributo a uno de los autores que particularmente me marcaron lo suficiente, como para hacerme amar las buenas historias, quisiera citar el supuesto mensaje de Gabo para su adelantado adiós; pero por medio de mi investigación en la Red para realizar mi trabajo, me he enterado que el propio Gabo desmintió en su momento que dicha carta fuese de su autoría.  No obstante cuando ya la luz del gran García Márquez no brilla entre nosotros y le sobreviven sus valiosos escritos, me parece que este “polémico” texto a su manera no deja de homenajearlo; por tanto, aquí van las primeras líneas de tal documento:

    “Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
    Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
    Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!
     Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
    Dios mío si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...
    Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... No dejaría pasar un sólo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor”.
Gabo y la cultura popular: cómic paródico de mi compatriota Alberto Montt.

jueves, 1 de mayo de 2014

Una particular mirada a la vida después de la muerte.


     El tema de la vida después de la muerte bien puede resultar para algunos algo complicado. 
     Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha buscado respuestas a qué sucede con uno cuando la vida se acaba y para ello se ha basado en un montón de creencias religiosas para explicar tan compleja interrogante; en la mayoría de los casos, los dogmas teológicos han dado a millones de personas la tranquilidad suficiente de que la muerte es sólo un paso a otro estado de conciencia y donde el alma, espíritu o mente puede acceder a la felicidad o a lo menos a la tranquilidad que en vida apenas se pudo tener.  Es así como las imágenes de la vida después de la muerte son tan variadas según tantas son las creencias religiosas que existan, siendo unas más benignas que otras y en algunos casos, algunas sin dudas de naturaleza pavorosa.  Por lo general muchas culturas y fe han detallado la existencia de un lugar como destino final para los justos, la gente bondadosa, los sabios y los héroes, un sitio de carácter benigno en su esencia (llámese Paraíso, Valhala, los Campos Eliseos o cualquier otro nombre que reciba según de dónde venga la persona); en contraposición a este sitio favorable, existe aquella zona en la cual llegan a parar aquellos que deben ser castigados por sus enormes pecados y crímenes, un sitio de dolor y horror (el Infierno, Hades, el Tártaro y otros lares similares).
     En la literatura se puede identificar sin vacilaciones esta fuerte presencia de la creencia en el mundo del Más Allá.  Esto bien se puede comprobar desde los textos más antiguos, tal como sucede con la mismísima Odisea de Homero en su Canto XI: en dicho episodio su famoso protagonista Odiseo, rey de Itaca, llega junto a sus hombres hasta una de las tantas puertas entre este mundo y el otro, para contactar al espíritu del vidente Tiresias, de modo de pedirle consejo:

     “Luego que hube suplicado al linaje de los difuntos con promesas y súplicas, yugulé los ganados que había llevado junto a la fosa y fluía su negra sangre. Entonces se empezaron a congregar desde el Erebo las almas de los difuntos, esposas y solteras; y los ancianos que tienen mucho que soportar; y tiernas doncellas con el ánimo afectado por un dolor reciente; y muchos alcanzados por lanzas de bronce, hombres muertos en la guerra con las armas ensangrentadas. Andaban en grupos aquí y allá, a uno y otro lado de la fosa, con un clamor sobrenatural, y a mí me atenazó el pálido terror.
    (…)
    Y llegó el alma del Tebano Tiresias, en la mano su cetro de oro, y me reconoció, y dijo:
      Hijo de Laertes, de linaje divino, Odiseo rico en ardides, ¿por qué has venido, desgraciado, abandonando la luz de Helios, para ver a los muertos y este lugar carente de goces? Apártate de la fosa y retira tu aguda espada para que beba de la sangre y te diga la verdad.
    Así dijo; yo entonces volví a guardar mi espada de clavos de plata, la metí en la vaina, y sólo cuando hubo bebido la negra sangre se dirigió a mí con palabras el irreprochable adivino”

    En este mismo lugar, el mítico Odiseo se encuentra con una serie de personajes notables de la tradición griega, con quienes también dialoga, mientras que a otros tan sólo los ve pasar de largo.  A su vez queda claro que esta visión del mundo de ultratumba, corresponde sin duda a la sostenida por el pueblo helénico; de este modo  lo que en el fragmento se cuenta, en su momento fue considerado como verdadero  para dicho pueblo, al formar parte de sus creencias religiosas más sagradas.
    No obstante para la cultura occidental cristiana, será nada menos que La Divina Comedia de Dante Alighieri (escrita entre 1304 y 1321), el texto que se convertirá en el ícono ideal para la posteridad, a la hora de retratar los tres estadios de la vida después de la muerte.  Cabe destacar que el autor se inspiró en la tradición religiosa católica medieval sobre el mundo del Más Allá (con la supuesta existencia del Cielo, el Purgatorio y el Infierno) para ambientar su extenso poema narrativo.  El impacto en el mundo culto y popular de este título ha sido tal, que hoy en día, siglos después de su creación, muchas de sus imágenes e ideas han sido usadas en un sinnúmero de obras posteriores y no sólo dentro de la literatura, si no que también en muchas otras expresiones artísticas y mediáticas como la pintura, la música, el cine, el cómic, los videojuegos, etc. (en especial en lo que se refiere a su apartado dedicado al Infierno y a sus espantosos tormentos; de ahí a que se haya acuñado el término de dantesco para referirse a algo tan horroroso como lo descrito por el vate italiano).   En pocas palabras, lo que hizo Dante, siendo él mismo el protagonista de este famoso viaje al mundo de ultratumba, fue describir con una imaginación desbordante los tres lugares ya mencionados.  Esto se puede ver en las siguientes citas que ilustran cada uno de estas esferas:

     Sobre el Infierno:

“Luego tomó mi mano con la suya
con gesto alegre, que me confortó,
y en las cosas secretas me introdujo.                                        

Allí suspiros, llantos y altos ayes
resonaban al aiire sin estrellas,
y yo me eché a llorar al escucharlo.                                         

Diversas lenguas, hórridas blasfemias,
palabras de dolor, acentos de ira,
roncos gritos al son de manotazos,                                           

un tumulto formaban, el cual gira
siempre en el aiire eternamente oscuro,
como arena al soplar el torbellino.                                            

Con el terror ciñendo mi cabeza
dije: «Maestro, qué es lo que yo escucho,
y quién son éstos que el dolor abate?»                          

Y él me repuso: «Esta mísera suerte
tienen las tristes almas de esas gentes
que vivieron sin gloria y sin infamia.                                           

Están mezcladas con el coro infame
de ángeles que no se rebelaron,
no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos.                                

Los echa el cielo, porque menos bello
no sea, y el infierno los rechaza,
pues podrían dar gloria a los caídos.»                                       

Y yo: «Maestro, ¿qué les pesa tanto
y provoca lamentos tan amargos?»
Respondió: «Brevemente he de decirlo.                                    

No tienen éstos de muerte esperanza,
y su vida obcecada es tan rastrera,
que envidiosos están de cualquier suerte.                                  

Ya no tiene memoria el mundo de ellos,
compasión y justicia les desdeña;
de ellos no hablemos, sino mira y pasa.»”   

Una de las tantas impresionantes ilustraciones de Gustavo Doré para una vieja edición
de "La Divina Comedia", en este caso, representando el Séptimo Círculo del Infierno, destinado a los suicidas.
     Del Purgatorio:

“Negror de infierno y de noche privada
de estrella alguna, bajo un pobre cielo,
hasta el sumo de nubes tenebroso,                                           

tan denso velo no tendió en mi rostro
como aquel humo que nos envolvió,
y nunca sentí tan áspero pelo.                                                    

No podía siquiera abrir los ojos
por lo que, sabia y fiel, la escolta mía
vino hacia mí ofreciéndome su hombro.                       

Como el ciego que va tras de su guía
para que no se pierda ni tropiece
en obstáculo alguno, o tal vez muera,                                        

andaba por el aire amargo y sucio,
escuchando a Virgilio aconsejarme:
«Ten cuidado y de mí no te separes».                                        
Oía voces como que implorasen
la paz y la clemencia del Cordero
de Dios que borra todos los pecados.                                      

Agnus Deí, era, pues, como empezaban
todos a un tiempo y en el mismo modo,
y en completa concordia parecían.                                            

«Maestro, lo que oigo ¿son espíritus?»
le dije. Y él a mí: «Bien lo pensaste;
de la iracundia van soltando el nudo.»”

     Y por último sobre el Paraíso:

“Apareció ante mí la bella imagen
con las alas abiertas, que formaban
las almas agrupadas en su dicha;                                            

un rubí parecía cada una
donde un rayo de sol ardiera tanto,
que en mis ojos pudiera reflejarse.                                            

Y lo que debo de tratar ahora
ni referido nunca fue, ni escrito,
ni concebido por la fantasía;                                                     

pues vi y también oí que hablaba el pico,
y que la voz decía «mío» y «yo»
y debía decir «nuestro» y «nosotros».                                       

Y comenzó: «Por ser justo y piadoso
estoy aquí exaltado a aquella gloria
que vencer no se deja del deseo;                                              

y dejé tan completa mi memoria
en la tierra, que abajo los malvados
aun sin seguir su ejemplo, la veneran.»                          

Como un solo calor de muchas brasas,
de entre muchos amores, de igual modo,
salía un solo son de aquella imagen.                                         

Y entonces respondí. «Oh perpetuas flores
de la alegría eterna, que uno sólo
me hacéis aparecer vuestros aromas,                                        

aclaradme, espirando, el gran ayuno
que largamente en hambre me ha tenido,
pues ningún alimento hallé en la tierra.                           

Bien sé que si en el cielo de otro reino
la justicia divina hace su espejo
veladamente el vuestro no la mira.                                          

Sabéis que atentamente me: dispongo
a escucharos; sabéis cuál es la duda
que en ayunas me tuvo tanto tiempo.»                           

Como halcón al que quitan la capucha,
que mueve la cabeza y bate alas
ganas mostrando y haciéndose hermoso,                                  

contemplé a aquella imagen, que con loas
a la divina gracia era formada,
con cantos que conoce el que lo goza.”                          

     Tanto en la cita de Homero, como en las de Alighieri, su imaginería y particularidades difieren entre sí por razones culturales que implican lugar, época, tradiciones y dogmas teológicos.  No obstante, tanto los antiguos griegos, como los hombres católicos del medievo eran profundamente religiosos; de este modo en ambas culturas se aceptaban sus visiones de ultratumba como algo “normal” y que no era puesto en duda.
     Cuando la literatura fantástica y maravillosa comenzó a desarrollarse a raudos pasos, dando luego cabida a los “cuentos de miedo” y por último a una floreciente literatura de terror, era evidente que el tema de la muerte llegaría a cobrar un lugar privilegiado, a la hora de representar en sus historias el temor natural del ser humano hacia este estado de “No-Existencia”.  En otras palabras, el temor hacia la muerte corresponde a esa manifestación de nuestra propia fragilidad, consistente en la preocupación ante la presencia de lo desconocido (en este caso concreto: la muerte misma) y el devenir de las cosas (nuestro futuro incierto).  Por ende con el pasar de los siglos, las narraciones que giraban en torno a las múltiples posibilidades de una muerte horrorosa, se fueron sumando al extenso catálogo de este floreciente género literario.  Luego, por ejemplo, una obra que vendría a abordar de forma tan descarnada la llamada necrofobia, sería nada menos que Cementerio de Animales (Pet Semetary, 1984) de Stephen King y donde como pocas veces se había visto hasta el momento en este tipo de narrativa, se mostraron los distintos niveles de pavor que provoca la idea de la muerte (no obstante tan tenebrosa visión, responde más bien a una sociedad en la cual se ha perdido la fe en el consuelo de la religión tradicional, de modo que la muerte ya no significa paz y justicia, si no que se traduce en la soledad misma y la pérdida completa de nuestra propia idea de humanidad).
     Mucho antes de que el señor King publicara una obra tan ominosa como la recién mencionada, el escritor y guionista Richard Matheson (a quien el autor de Salem´s Lot y 11/22/63 consideraba sin vacilaciones como a una de sus principales influencias), escribió un libro de fantasía que dentro de la moderna literatura sería recordado por quienes hayan tenido el gusto de leerlo, como toda una novela acerca de la vida después de la muerte: Más Allá de los Sueños (What dreams may come), obra que data de 1977.
      Escrito en primera persona, supuestamente nos revela uno de los mayores misterios de la humanidad, puesto que trata acerca de lo que le sucede a su protagonista, una vez que fallece tras sufrir un accidente de carretera.  Jugando con la idea de verosimilitud para otorgarle al texto una supuesta calidad de ser una historia real, el primero de sus dos narradores, confiesa al lector la extraña forma en la cual entró en conocimiento del “destino” de su hermano, luego de que éste abandonó nuestro mundo:

     “—He pasado seis meses trascribiendo este manuscrito —me aseguró—. No fue idea mía. Tengo cosas que hacer, pero su hermano no pensaba dejarme en paz hasta que escribiera la última palabra de este documento y prometiera entregárselo. —Su voz adquirió un tono desesperado. —Ahora solo queda que usted lo acepte, y así podré descansar tranquila.
      Con esas palabras, depositó el sobre en mis manos, se giró y descendió con rapidez por el camino que conducía hasta la acera. Luego se subió a su coche y se alejó sin perder un segundo”.

      Sabido por quienes conocen el trabajo y los intereses de alguien como Matheson, es la preponderancia en su obra de todo lo relacionado a la llamada “percepción extrasensorial”, o sea, los poderes y/o habilidades ocultas de la mente (como bien puede verse en otros clásicos suyos tales como Stir of Echoes, Hell House y  Bid Time Return).  De tal modo en un título como éste, se hace evidente el tema de la vida postmortem, aunque en este caso mezclando al más puro estilo sincretista, la concepción judeocristiana con la tradición esotérica y mística medianamente “new age”.  Por ende, la idea de la sobrevivencia del espíritu/alma/mente a los límites de la física y del cuerpo, como también a la misma muerte, se une a las creencias sobre la comunicación con los muertos, la existencia de los médiums, los sueños premonitorios, los cuerpos astrales, el karma y, particularmente, la idea tan oriental de la reencarnación.   Para muestra, un botón:

     “Empecé a moverme a través de una abertura de mi cabeza. Había un ruido similar a un ronroneo, un repique, algo que se deslizaba muy deprisa, como una corriente de agua a través de un curso muy estrecho. Me sentí alzarme. Era una burbuja que oscilaba de uno a otro lado. Creí ver un túnel sobre mí, oscuro y sin fin. Me giré y me quedé anonadado al ver mi cuerpo tirado en la cama. Vendado e inmóvil. Alimentado mediante tubos de plástico. Estaba conectado al cuerpo merced a un cordel que brillaba con luz plateada. El cordón, muy fino, salía de arriba de mi cabeza. El cordel de plata, pensé. Dios mío, el cordel de plata. Sabía que era lo que mantenía mi cuerpo con vida.
     Me inundó el aborrecimiento cuando vi mis brazos y piernas sufrir espasmos. Casi no respiraba. Había una expresión agónica en mi cara. De nuevo, luché para descender y unirme a mi cuerpo. ¡No, no me iré!, chillaba mi mente. ¡Ann, ayúdame! ¡Por favor! ¡Tenemos que estar juntos!
     Me obligué a bajar y observar mi rostro. Los labios se habían vuelto púrpuras y el sudor perlaba mi piel. Contemplé las venas del cuello hincharse. Los músculos comenzaron a contraerse de forma espasmódica. Intenté con todas mis fuerzas volver al cuerpo. ¡Ann! ¡Llámame a tu lado para que pueda seguir junto a ti!
     Ocurrió un milagro. La vida llenó mi cuerpo, un saludable color recorrió mi piel y una mirada de paz se acomodó en mi rostro. Le di gracias a Dios. Ann y los niños no me vieron de la misma forma que yo. Pensé que volvería a mi cuerpo.
     Pero no fue así. Mi cuerpo fue envuelto por un saco de muchos colores, un saco tejido por el cordel de plata. Sentí una sensación de desvanecimiento, escuché un restallido (como si una enorme goma elástica se rompiera) y comencé a alzarme.
     Entonces tuve un flashback. Sí, eso es. Un flashback; como en las películas, pero mucho más rápido. Has leído y escuchado la frase un millar de veces: «su vida entera pasó ante sus ojos». Robert, es verdad. Tan rápido que apenas pude seguirla... y hacia atrás. Los días antes del accidente, las vidas de los niños, mi matrimonio con Ann, mi carrera de escritor. La universidad, la Segunda Guerra Mundial, el instituto, la escuela, mi infancia. 1974-1927, hasta el último segundo de esos años. Cada movimiento, pensamiento, emoción, cada palabra hablada. Lo vi todo. Un borrón de imágenes fugaces”.

    En esta historia, cuando el protagonista fallece, se encuentra con que el Más Allá resulta ser un lugar en el cual la mente del sujeto es la que da forma a lo que lo rodea; de tal modo cada uno pasa su “no-existencia” acorde a sus propias ideas preconcebidas de cómo es la muerte en sí.  Por lo tanto, la idea del “Paraíso” se amolda en cierta medida a lo que para cada uno es más grato.  No obstante tal como en el texto ya mencionado del gran Dante, existen distintos niveles de gracia, todo acorde en este caso a la propia evolución de cada espíritu, una vez cruzado el umbral tras haber acabado su vida  Es acá cuando el escritor usa otra idea tan cara a muchas creencias religiosas y/o esotéricas: el aura.  De este modo el protagonista irá descubriendo (y nosotros con él) el singular funcionamiento del sitio al que ha llegado (con todas sus maravillas, en un verdadero derroche de imaginación por parte de un autor tan especial como lo fue Richard Matheson, quien  no deja de usar para el provecho de su propia prosa, sus conocimientos sobre el “mundo oculto” y al que incluso le dedicó serias investigaciones y más de un escrito ensayístico).
     Al tratarse de un artista culto como Matheson, quien como ya se pretendió demostrar en este escrito, siguió una larga tradición literaria de abordar la “vida después de la muerte”, no cejó en hacer uso de la intertextualidad para homenajear a los más grandes entre su pares: en este caso al sin par Shakespeare y al ya citado Dante (entiéndase como intertextualidad al “diálogo” y/o nexo entre al menos dos obras distintas, donde una de ellas al ser más antigua que la otra, resulta ser la inspiración de la segunda; por ende la más reciente homenajea, parodia o realiza ambas cosas respecto a su predecesora.  No obstante también se habla de intertextualidad, cuando en una obra de arte determinada se usa directa o indirectamente, elementos de la cultura popular como hechos históricos, personajes célebres y otros.  Todo esto se observa muy bien, por ejemplo, en todas las alusiones que un programa popular de televisión como Los Simpsons presenta). Es así como el título poético del libro, corresponde a un fragmento del famoso monólogo hecho por el príncipe de Dinamarca Hamlet, de la tragedia homónima del dramaturgo inglés:

    “Pues ese sueño de muerte que los sueños pueden traer, cuando nos hayamos deshecho de esta envoltura mortal, debe movernos a la reflexión”.

    Empero en la traducción al español de su título, ésta atiende a una traslación contemporánea a nuestra lengua, de lo que originalmente se escribió en inglés antiguo (de ahí la diferencia entre la cita real y el nombre del libro en su traducción).   Puesto que su lengua nativa corresponde a:

    “For in that sleep of death what dreams may come when we have shuffled off this mortal coil, must give us pause. There's the respect that makes calamity of so long life”.

   
El maestro Richard Matheson.
     Siguiendo con las referencias multiculturales y literarias de la novela en la cual hoy nos detenemos, el personaje principal del libro tal cual el Dante del poema épico medieval, recibe la ayuda de un compañero de ultratumba en su periplo a través de las tierras del Más Allá.  Siguiendo con lo anterior, tal cual como en el texto de Alighieri, el narrador protagonista es acompañado por otro muerto, quien le enseña cómo funciona el lugar en el que se encuentra, transformándose en su maestro, al ser alguien experimentado en la materia.  A su vez resulta ser a través del diálogo activo entre el protagonista y su “anfitrión”, que se entrega una información valiosa sobre cómo funciona la vida después de la muerte.  Si en la obra “inmortal” del italiano resultan ser el poeta romano Virgilio (en el Infierno y el Purgatorio) y la virginal Beatriz (ya en el Cielo) quienes guían al inexperto Dante, en el caso de Más Allá de los Sueños resulta ser el primo favorito del protagonista, fallecido a muy temprana edad.

     “«Guía» es un mejor término -dijo Albert.- «Ángel guardián» es un concepto inventado por un hombre de tiempos antiguos. Captó laverdad acerca de los guías, pero malinterpretó su identidad debido asus creencias religiosas.
     -¿Ann también tiene uno? - pregunté.
     - Por supuesto. 
     - ¿Y su guía no puede hablarle de mí?   
     - Si ella se abre a tal comunicación, sí, sin problemas-  me respondió, y supe que aquello no serviría de nada. Se hallaba aislada por su escepticismo”.

     Una vez que el protagonista llega a lo que en la novela se llama Summerland (en inglés La Tierra del Verano), la narración se torna algo tediosa, puesto que de algún modo el lector sabe que algo más increíble aún pasará, pero ello tarda bastante en suceder y el narrador se detiene en unos cuantos detalles previos a la real acción; debido a esto, se presenta un nuevo dilema para el personaje, en un lugar donde se supone que éste debería estar en paz.  El escritor hace que todo esto se desarrolle de forma pausada, o sea, con la “calma antes de la tormenta”, como ya lo hizo antes del prometido viaje al pasado en su igualmente recomendable novela En un Lugar del Tiempo (ya nombrada en este texto con su título original Bid Time Return).   Es aquí que se está a las puertas de la mejor parte del libro, cuando se anuncia una odisea a lo que en el libro le llaman los niveles inferiores y donde se encuentran las almas de los atormentados, o sea, lo que vendría siendo el Infierno.   A partir de este momento, se manifiesta sin duda el escritor en su faceta más tenebrosa, aunque siempre con la misma sutileza de sus obras más emotivas y poéticas (abundando, en todo caso, este último tipo de situaciones a lo largo de todo el libro).
     Uno de los tantos bellos mitos griegos hace referencia a la visita al Inframundo, que realiza el semidios Orfeo.  Éste, poseedor del don divino de cautivar con la música que interpretaba, tuvo que bajar al mundo de los muertos para ir a buscar a su amada Eurídice.  Pues bien, Richard Matheson se valió de esta famosa historia para (una vez más a través de la intertextualidad), narrarnos una odisea de connotaciones épicas ´y donde el amor se transforma en el verdadero motor de los acontecimientos.  Así es cómo en este libro se ve el impacto que pueden tener la estrecha relación filial entre padres e hijos en la vida (o “no-vida”) de los seres humanos, de igual modo la amistad, pero en mayor medida, el verdadero romance entre dos almas afines.  Por ende en la novela, con toda su complejidad argumental, se presenta el tópico del viaje del héroe, con su correspondiente descenso a los Infiernos, sumado al también clásico tema del amor.  De este modo lo que vendría a ser la segunda parte de la novela (incluso la parte más importante de ella), corresponde a la empresa heroica, al periplo en si mismo, que realiza el “héroe de turno” para salvar a la mujer que ama.
      El año de 1998 se estrenó la versión cinematográfica de rigor de esta novela, la cual ante sus premisas tan interesantes, sólo esperaba que los efectos especiales fuesen lo suficientemente sofisticados como para ilustrar de forma creíble (pero sin dejar de ser sorprendentes) lo detallado en sus páginas.  Dirigida por el neocelandés Vincent Ward (quien se había hecho famoso años atrás gracias a su bella fantasía medieval Navigator, acerca de otro periplo, pero en este caso uno a través del tiempo), contó con un casting envidiable.  En el papel principal tuvo a Robin Williams en uno de sus papeles dramáticos más recordados, quien fue apoyado por un veterano como Max von Sydow, además de tener a su lado al también solvente Cuba Golding Jr., entre otros grandes artistas.  Para ser sinceros, los efectos especiales de la cinta llegaron a ser innovadores, puesto que nunca antes se había visto el mundo de ultratumba de forma tan increíble (y bella) como en esta mentada película.  No obstante como era de suponer ante la traslación al medio audiovisual de un libro, que a ratos llega a ser demasiado contemplativo, se hicieron bastantes cambios en el guión, de modo de hacerlo más atractivo al grueso de la gente que por lo general desea algo más “digerible”.    De tal modo el primer gran cambio que mostró el largometraje, fue el de convertir a su protagonista en un doctor, en vez de hacer que éste se dedicara a la “menos atractiva” carrera de guionista de historias de terror para cine y televisión (lo que en el caso del texto escrito, respondía nada menos que a una extrapolación semiautobiográfica  de su mismo autor, quien llevaba ya años dedicado a esto cuando publicó su obra).  Como bien se puede observar al tener en cuenta otras producciones cinematográficas y televisivas, los doctores protagonistas de historias son mayoría, si se considera los pocos (o más bien ninguno) guionistas que aparecen como personajes principales de una película o serial.  Lo anterior se comprende al otorgársele a los doctores a lo largo de la historia, un carácter heroico (pues con su labor “salvan vidas”), lo que en una primera instancia sintoniza mejor con la tarea titánica que en pantalla debe realizar el protagonista; no obstante cuando Matheson optó por hacer a su héroe un “artista”, primó con ello la amplitud de mente y espíritu de sus colegas, que según la tradición están mucho mejor preparados para enfrentar la eventualidad y amoldarse a la novedad (además cabe recordar que el mencionado Orfeo también se dedicaba al arte con su música).   Otro detalle significativo en el guión adaptado, fue el de acentuar la relación parental del padres con sus hijos, razón por la cual los descendientes del matrimonio que aparece, poseen un papel mucho más destacado y emotivo a diferencia del texto original.  Por último, para hacer más interesante el despliegue técnico y dramático, se hizo del viaje al Infierno en la cinta, algo mucho más acorde a los gustos actuales, dándosele una atmósfera más terrorífica y no tan sutil como en su contrapartida escrita. En todo caso, la película no deja de ser una versión que honra al libro que la inspiró, poseyendo verdaderos momentos de sublimidad.

   

Día de la Convivencia Escolar



Nota: El Día de la Convivencia Escolar corresponde a una jornada de reflexión que se hace en todos los colegios chilenos, con el propósito de crear el ambiente adecuado para que la relación interpersonal entre estudiantes y sus pares en los centros educacionales sean lo más óptimo posible.  De este modo se hacen varias actividades acordes a promover la sana convivencia escolar, tales como charlas, juegos grupales y cualquier instancia donde destaquen los valores que permitan que nuestros alumnos se lleven bien entre sí y sean personas amistosas.  Pues bien, en el trabajo donde ahora ejerzo mi labor de docente (el colegio INTECO de Recoleta) se me pidió que realizará una obra de teatro para que fuese dramatizada por unos cuantos alumnos.  La verdad es que cuando fuí a unos cuantos cursos, nunca pensé que la convocatoria al llegar a ir tan sólo a 2 cursos de todo el resto del colegio, fuese tan exitosa; así es como al final tuve más de 20 "actores" en escena.  Una vez escrito por mí el texto dramático, hecho unos cuantos ensayos (en los que tuve que hacer de "director", sugiriendo y corrigiendo en más de una ocasión a mis aspirantes a artistas, muchos de los cuales antes nunca habían actuado para un público), presentamos dos veces la obra.  Debo decir con orgullo, que para hacer todo en sólo una semana (realizar el "casting", escribir el texto, ensayar y por último llevar a cabo ambas presentaciones el mismo día), salimos con dignidad de nuestra empresa.  Por último, hasta el momento no se me ha ocurrido un nombre para esta obrita, así que va sin título; si alguien quiere proponer alguno, bienvenido sea.  Una aclaración, el lenguaje en varios momentos de los diálogos entre los estudiantes está lleno de chilenismos, por cuanto para darle realismo al texto debía hacerlo así, de modo que no resultaran falsas las intervenciones entre los estudiantes y estos "hablaran" como sucede en la realidad (así es que le pido perdón a un eventual lector extranjero si no entiende parte de los diálogos).  A quien le sirva este texto y desee usarlo en este colegio, pues que lo haga, no obstante le pido que no olvide nombrar a su autor.
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Personajes:



Periodista mujer: Thiare Osses.
Periodista varón: Fernando Gómez.
Entrevistada/Víctima de bullying: Claudia Quintanilla.
Entrevistado/Mejor amigo de víctima: Nicolás Ida.
Entrevistada/Victimaria: Greisse Bardales.
Entrevistada/Psicóloga: Paulina Navarro.
Entrevistado/Profesor: Jean Santander.
Público: Mercedes Bravo.
Público: Javiera Urrutia.
Público: Byron Lazo.
Público: Nicolás Valderrama.
Actor de dramatización/Víctima: Lorena Campano.
Actor de dramatización/Victimaria: Thiare Concha
Actor de dramatización/Profesor: Ezequiel Aceituno.
Actor de dramatización/Mejor amigo: Cristóbal Muñoz.
Actriz de dramatización/Compañera de curso: Dominique Guajardo.
Actriz de dramatización/Compañera de curso: Eva Macuri.
Actriz de dramatización/Compañera de curso: Karina Campos.
Actriz de dramatización/Compañera de curso: Dana Quezada.
Actor de dramatización/Compañero de curso: Jorge Bahamondez.
Actor de dramatización/Compañero de curso: Sebastián Ramírez.

ACTO 1.
ESCENA 1.

Fernando: Buenos días, querido público, a otro capítulo de su programa de conversación favorito.
Thiare O: ¡La última palabra! Con sus anfitriones amigos Fernando Gómez (indica con la mano a su compañero).
Fernando: Y la hermosa Thiare Osses (indica a su compañera).  Hoy queremos traer a ustedes un tema que nos tiene preocupados a todos nosotros.
Thiare O: Se trata del tema del bullying, que lamentablemente se da tanto en nuestros colegios.
Fernando: Es por esta razón que tenemos a nuestro lado a los invitados de hoy, quienes compartirán con el programa sus experiencias al respecto.
Thiare O: Ahora les quiero presentar a la estudiante de enseñanza media Claudia Quintanilla, quien no hace mucho sufrió de este problema en carne propia (apunta a donde ésta se encuentra sentada y Claudia saluda con la mano al público). 
Fernando: Bienvenida, Claudia.  Cuéntanos tu caso, por favor.
Claudia: Bueno, yo en el colegio tenía una compañera, en realidad tengo un compañera, que solía molestarme y decirme cosas que me lastimaban mucho (se pone a llorar).
Fernando: Ya, ya, tranquila (le toca el hombro en un gesto de afecto).
Thiare O: ¿Y aún sigue haciéndote, bullying?
Claudia: (sacando fuerzas de flaqueza) No, gracias a Dios no.  Ahora ambos somos amigas y el clima en el curso ha mejorado bastante.  Eso se lo debo en parte a mi gran amigo que está aquí, Nicolás.
Thiare O: Exacto, estimado público.  Aquí se encuentra con nosotros el responsable en gran parte de que esta situación haya tenido un buen término.  Bienvenido, Nicolás.
Nicolás: Muchas gracias.
Fernando: Tengo entendido de que fuiste de gran ayuda en el problema de Claudia.  ¿Cierto?
Nicolás: Cierto.  Esto era un asunto que si no se corregía de inmediato, podía complicarse más aún.  Además tanto Claudia como Greisse son mis amigas y no quería que la onda en el curso se pusiera peor.
Thiare: Así es como entre nosotros hoy en día también se encuentra Greisse Bardales, quien como ya sabrán estuvo molestando constantemente a su compañera de curso.  ¿O no, Greisse?
Greisse: Claro que sí (se le ve arrepentida).
Fernando: ¿Y por qué acosabas a tu compañera, Greisse?
Greisse: La verdad es que todo comenzó como simples bromas entre compañeras de curso y luego sin darme cuenta, las tayas empezaron a subir de intensidad, hasta que ya realmente todo se puso violento.  No digo con combos y patadas, pero sí me dio por lesearla más de la cuenta, burlándome de todo.  Su risa, su peinado, la música que escuchaba, cuando contestaba mal en clases las preguntas del profesor, todo.
Thiare O: Y tengo entendido que el profesor jefe también ayudó (mira al profesor como invitándolo a hablar).
Jean: Exacto.  Mi nombre es Jean Santander y soy el profesor jefe de estos jóvenes aquí presentes.
Fernando: Bienvenido, profesor Jean.  Cuéntenos por favor, qué hizo para mejorar el clima en su curso.
Jean: En casos como este, lo ideal es hacer lo que es conocido como “mediación”, la cual consiste en tener una charla con los implicados y donde se da la instancia que permita el diálogo; de ese modo se pueden aclarar las cosas de la forma más racional posible.
Thiare O: Entiendo.  Algo como un cara a cara.  ¿Cierto?
Jean: En pocas palabras esa es la idea.
Fernando: Y ahora a las preguntas de nuestro adorable público.   A ver, usted, señorita (toda la gente del “público” ha levantado la mano, diciendo “¡Yo!” en voz alta).
Mercedes: “Señora” la verdad.  Verán, soy mamá y me preocupa mucho este tema, pues a mi hijita pequeña también le han pasado este tipo de cosas.  Mi pregunta es para la niña Claudia.  Hijita... ¿Qué consejo le da usted a quienes pasan por lo mismo que le sucedió?
Claudia: Aunque soy muy joven aún, algo que aprendí es que una nunca está sola en esto.  Por eso lo mejor es no quedarse callada y de inmediato hacérselo saber a nuestros adultos (los papás de uno, los profes digo yo); incluso compartirlo con la gente de nuestra edad cercana y de confianza.  Pues si me hubiese quedado callada y hubiese dejado que me siguieran leseando, habría sido peor.
Thiare O: Y ahora otra pregunta.  A ver…usted caballero.
Byron: Gracias por esta oportunidad.  Mi pregunta es para la acosadora arrepentida.  ¿Cómo es tu relación ahora con Claudia, después de todo lo que pasó entre ustedes?
Greisse: Gracias a Dios mucho mejor.  Le pedí perdón a Claudia, pues me di cuenta de que en realidad la estaba embarrando.  A veces una cuando es cabra chica no se da cuenta de lo que puede hacer con tanta tontera que realiza.  Además tampoco me gusta que me hagan la vida imposible, así que por eso mismo debía cambiar mi forma de ser, porque como dice mi abuelita “Todo se devuelve en la vida”.
Fernando: Sabias palabras la de tu abuelita, Greisse… ¿Quién más desea preguntar? ¡Usted, joven!
Nicolás: Yo quiero hacerle una consulta al profe.  ¿Profesor, es cierto que hoy en día hay mucha violencia entre nuestra juventud?
Jean: Lamentablemente debo decirle que sí, pues en la actualidad los chicos están siendo bombardeados con una serie de modelos negativos, que incitan a este tipo de acciones.  Además, muchas veces en sus propias familias y entornos más cercanos no reciben buenos ejemplos y en muchos casos sus adultos no asumen su rol de velar por entregarles afecto y verdaderos valores morales.  En otras palabras, dejan a los chicos a la deriva y los meten al colegio para que otros hagan lo que a ellos les corresponde.  En demasiadas ocasiones he escuchado a más de un apoderado decir “No sé qué hacer con mi hijo o hija”, como si los pequeños mandaran o los adultos les tuvieran miedo.
Thiare O: Es aquí cuando es importante la opinión de una experta.  Para esto tenemos a una psicóloga que se ha dedicado por años a estudiar este tipo de casos.   Bienvenida, señorita Paulina.  ¿Nos puede decir, por favor, cuál es el mejor antídoto en un curso para evitar este tipo de problemas?
Paulina: Pues lo ideal es que estén unidos y que aprendan a aceptar las diferencias entre ellos mismos, de modo que exista el respeto por la diversidad.  Para ser sinceros, lo primordial en toda comunidad es que haya amor, porque de ello se derivan elementos tan importantes como la comprensión, la honestidad y la autenticidad.  Cuando hay buena voluntad entre la gente, existe la armonía.
Fernando: Es cierto lo que usted dice.  Antes de pasar a la dramatización por parte de nuestros actores de una de esas situaciones de bullying, le daremos la oportunidad a alguien más del público para hacer una última consulta a nuestros invitados de hoy.  A ver, la dama de ahí.
Javiera: Gracias por la oportunidad que me dan.  Yo quiero preguntarle a la psicóloga.  ¿Cuál es el perfil típico de los que cometen bullying?
Paulina: Interesante pregunta.  Los niños y jóvenes que hacen de victimarios de sus compañeros de curso, son como en muchos casos, hijos de la violencia y la intolerancia del día a día; personas que han sido “educadas” en la ley del más fuerte, de la selva y que buscan tener algún tipo de poder por sobre quienes encuentran más débiles.  Todo esto, porque ellos mismos han sufrido en carne propia algún tipo de escarmiento, o sea, violencia, por parte de los que están por sobre ellos.
Thiare O: Algo para tener en cuenta.  Veamos ahora lo que nos quieren mostrar nuestros talentosos actores al respecto.

ACTO 2.
ESCENA 1.

(El escenario está dispuesto como una sala de clases.  Los alumnos se encuentran en sus puestos trabajando gran parte de ellos y otros conversando entre sí de cualquier otra cosa que no sea su labor.  El puesto del profesor se haya mientras tanto vacío)

Thiare C: (se para de su puesto y grita) ¡La Lorena es entera gil! No deberían haberla puesto en el mismo equipo nuestro (le tira a la cabeza una hoja de cuaderno que acaba de sacar y arrugar) ¡Quédate en la casa mejor, lesa!

(Algunos compañeros se ponen a reír y otros la miran con desaprobación).

Lorena: ¡No la voy a pescar a esa!
Cristóbal: (quien se sienta junto a Lorena).  Lleva largo tiempo molestándote.  ¿Por qué aguantay tanto, Lore?
Lorena: No la pesquí, si se le va a quitar sola.
Cristóbal: La verdad es que no creo que sea así.
Thiare C: Ojalá que para el próximo partido no estí y otra tome tu lugar.
Dominique: (se sienta al lado de Thiare C) Ya, se te está pasando la mano.  Deja de lesearla o te va a sapear.
Thiare: Qué me va a sapear esa loca, si es entera pollo.
Eva: Shist, yo creo que se va a chorear y te va a sacar la cresta.  ¿Cierto, Seba?
Sebastián: Cierto.   No se va a dar ni cuenta la Thiare, cuando le va a llegar el tremendo combo de parte de la Lorena.
Thiare: ¡Qué me va a pegar esa jetona, si esa no mata ni a una mosca!
Karina: Ya, oye, deja de molestarla.
Thiare: ¿Y qué le poní tanto? Si igual te estabay riendo de ella recién.
Karina: Me reía porque lo encontré cómico, no porque me cause gracia molestar a la Lorena.  Pero ya basta con que la molestí tanto.  Si al final es pura envidia que le tení, porque es mejor alumna que tú (Thiare pone cara de desagradable).

ESCENA 2.

(Llega el profesor y todo el mundo hace como que está trabajando).

Ezequiel: ¿Cómo va el trabajo, niños?
Todos: ¡Bien, profesor!

(Todos trabajan en silencio por un momento)

Cristóbal: (levanta la mano muy serio).  Profe, hay algo que debo plantearle.
Ezequiel: ¿Dígame, Cristóbal?
Lorena: No vayay a meter la pata (le da un codazo, mientras Thiare lo mira con cara de asesina).
Eva: Lo que pasa, profesor, es que la Thiare se pasa haciéndole bullying a la Lorena y varios acá en el curso estamos choreados por ello.
Ezequiel: A ver… ¿Cómo es eso?
Karina: Así es, profesorcito.
Todos: ¡Patera!
Karina: Oye, no me vayan a hacer bullying a mí ahora po´.  Poniéndonos serios, es verdad lo que dicen los cabros, pro…profesor.
Ezequiel: ¿Y qué dice la afectada al respecto?
Dana: La Lorena no dice nada, porque es tan buena onda, que no quiere meter en problemas a la Thiare.
Eva: ¡Pues la Thiare se mete en atados porque quiere y punto! ¡Y se jura la más chora!

(Sorpresivamente Thiare se pone a llorar).

Ezequiel: ¿Es cierto lo que dicen tus compañeros, Thiare?

(Thiare llora con más fuerzas)

Thiare: ¡Sí! (lo dice entre llanto y moqueo).
Ezequiel: Entonces vamos a tener una conversación muy seria aquí ahora mismo.
Dana: ¿Viste, Thiare? Te lo dije en la mañana: cuando el profe se enterara, te ibay a meter en nuevos ataos (Thiare se pone a llorar más fuerte).
Jorge: Déjala no más, Dana.  Cada uno siembra lo que cosecha.  Pero la verdad es que estoy seguro que en el fondo Thiare nunca lo hizo de maldad, si no de pura gil no más.
Sebastián: Bueno, ahora tendremos que unirnos más como curso para que no sucedan tonteras como esta.
Jorge: Yo, profesor, me comprometo como presidente de curso a mediar entre las chiquillas.
Ezequiel: Gracias, Jorge, por tu apoyo.  Pero igual esto es algo que veo tendremos que trabajar de forma muy seria en el curso, si en realidad queremos conseguir un primero medio donde todos nos apoyemos.

FIN.

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