domingo, 11 de febrero de 2018

La belleza de lo distinto.





I. Iniciando una apreciación personal. 

    Parece indiscutible que la última película de Guillermo del Toro, La Forma del Agua, viene a ser su mayor éxito.  Para algunos, de seguro, se trata de su mejor película (lo que bien puede ser discutible, considerando más bien los gustos del espectador), aunque igual puede resultar más objetivo decir de que estamos frente a la que sería su obra más personal ¿Por qué última afirmación? Pues es debido a que en ella se encuentran de forma armoniosa varios elementos caros a su cine y, por ello mismo, a sus obsesiones e intereses, llegando con ello a la mezcla perfecta de la creación de un filme tanto entretenido, como emotivo y más encima lleno de valiosas reflexiones acerca de nuestra propia humanidad.
      Antes de dar paso a cada uno de estos valiosos aspectos de la citada cinta y que tienen que ver justamente con lo expuesto arriba, es necesario saber de qué va (haciendo lo posible por no caer en el “desgraciado” spoiler).
     Ambientada a principios de la convulsiva década de los sesenta, trata de una mujer muda que trabaja limpiando en una institución dedicada a sofisticados experimentos.  Este sitio al parecer pertenece al gobierno y hasta allí llega un sujeto que trae consigo una criatura acuática humanoide que capturó y a la que solo él se encarga de investigar para sacar provecho de lo que pueda aprender sobre su extraña naturaleza.  Es así que la protagonista entabla una relación con el “monstruo”, basada primero en la simpatía y empatía entre dos individuos marcados por sus propias “rarezas”, hasta volverse algo más estrecho y uniendo sus destinos y el de unos cuantos más que los rodean.

II. El habitual realizador que ya conocemos.

     Tras este breve repaso al argumento de la película que hoy nos reúne, podemos ir detallando los temas caros a su realizador:

1- En un primer nivel podemos hallar su amor hacia las historias de monstruos y todo tipo de seres fantásticos, aterradores y extraordinarios que a lo largo de toda su filmografía Guillermo del Toro ha buscado homenajear y realizar su propia contribución en lo que concierne a sus interpretaciones de estos.  Más encima, acá la criatura en cuestión se encuentra claramente inspirada en el recordado Monstruo de la Laguna Negra, nombre también dado a la cinta que lo presentó por primera vez y que luego dio origen a una trilogía teniéndolo dentro de los personajes principales.  En todo caso, tal como en el filme que le dio a conocer, la criatura que vemos en esta obra más actual no es el verdadero monstruo de la trama, si no que acá queda claro que el peligro viene de la intolerancia y la violencia nacidos del corazón humano.  De este modo, queda consignado una vez más el amor del director-guionista hacia estas entidades, que en más de una ocasión este mismo los ha expuestos ante las cámaras como seres capaces de albergar amor y bondad.

2- No puede quedar en olvido el papel que le da el cineasta al mismo séptimo arte, como una faceta relevante en la vida de los seres humanos, pues como fruto de la creatividad humana que además cumple con la necesidad de sana diversión, actividad en la que lleva años comprometido.  Es así que tal como en los filmes de Hellboy que realizó años atrás, podemos apreciar fragmentos de varios antiguas películas que ven los personajes y que de alguna manera tienen relación con el argumento central.  Por lo tanto, además, parte de los acontecimientos transcurren nada menos que en una sala de cine.  Por otro lado, más de una escena viene a ser un evidente tributo a algunas partes de la ya mencionada cinta de terror.

3- Bien es sabido por los seguidores del cineasta mexicano,  que a este le gusta bastante el llamado gore, o sea, el uso de efectos especiales exagerados para mostrar sangre, tripas y cualquier otra cosa por el estilo.  Salvo en sus filmes de tipo más familiar, como Titanes del Pacífico, la hemoglobina y todo tipo de fluidos asquerosos abundan en su carrera, asimismo como las criaturas de aspecto monstruoso (y bastante la verdad).  Si bien en el caso de La Forma del Agua, el ser acuático que aquí sale en un principio puede parecer grotesco, y en especial en las tomas en las que no se ve de cuerpo completo (todo para resaltar el misterio sobre su identidad), con posterioridad en más de una ocasión se hace alusión a su belleza, como algo exótico y único.  No obstante es en los actos relacionados con la violencia, que más bien tienen que ver con la intervención de los humanos, que con la supuesta bestia salvaje, que del Toro se da el festín de derrochar un montón de líquido rojo para regocijo de sus fanáticos.  Estos momentos puede que llamen la atención a los espectadores, que han quedado encandilados con el aspecto más emotivo y sublime de la obra, sin embargo no se puede olvidar que estamos frente a un ejemplo del cine de terror o, para ser más exacto, a un sentido homenaje del director hacia las historias clásicas de  monstruos, razón por la cual en una película como esta no podía faltar dicho elemento.

4- Como muchos de sus colegas, a Guillermo le fascina repetirse en nuevos trabajos con actores con los cuales ya ha logrado sintonizar en producciones anteriores; es así que gracias a este lazo estrecho con sus colaboradores delante de las cámaras, ha conseguido tal armonía, que ello se ve reflejado en el trabajo terminado, consiguiendo interpretaciones memorables.  Ron Perlman y Federico Luppi ya han laburado con él en por lo menos 3 ocasiones diferentes, pero es con Doug Jones con quien sin dudas más títulos ha filmado.  El delgadísimo histrión ha hecho de varias criaturas increíbles a lo largo de su carrera con su amigo (en ocasiones de más de un personaje, como en El Laberinto del Fauno o Hellboy 2: El Ejército Dorado) y acá una vez más logran deslumbrarnos ambos con otro ente fantástico.  Aún cuando el hombre-pez que vemos en esta más actual cinta se parece bastante al heroico y simpatiquísimo Abe Sapien, en todo caso viene a ser un personaje por completo distinto.  La maestría conseguida por la colaboración de esta sociedad, se puede apreciar en el hecho de que toda la interpretación de Jones se hace sin hablar y aún con ese ajustado traje que lo cubre por completo, ser tan expresivo y conseguir la atención de la audiencia.

5- En ambas entregas sobre el demonio de buen corazón, Hellboy, queda claro el aprecio de este hacia los gatos, puesto que estos aparecen en abundancia en estas dos…No obstante considerando todo lo que ocurre en La Forma del Agua (que a diferencia de las cintas protagonizadas por el superhéroe místico, corresponde a una idea propia y no una adaptación), puede quedar de manifiesto que al propio Guillermo también le encantan los mininos.  De este modo hay varias escenas con los felinos, algunas graciosas y otra, muy especial, impactante y hasta aterradora.  Para muchos otros amantes de los gatos, de seguro que será un valor agregado encontrarse con varios de ellos en esta hermosa cinta.  

Reproduzco esta imagen y estas palabras, que gracias a mi querido amigo Miguel Acevedo y a su blog
Le Dicen Poesía tuve la suerte de conocer.  Más encima, con él vi esta hermosa película.

III. Otros aspectos a valorar.


a) Ese “complicado” aspecto de nuestra humanidad.

    El tema del sexo (ojo, que no me refiero a la exposición gratuita de hermosos cuerpos, sin mayor peso para la trama de una historia), no es algo habitual en el cine de Guillermo del Toro y salvo El Espinazo del Diablo (que más encima solo muestra un desnudo masculino, aunque más que sugerente), no hayamos mayores ejemplo de ello en su filmografía.  No obstante la sexualidad es importante dentro de esta obra, para definir a varios de sus personajes, con lo cual queda clara su personalidad y el tipo de relaciones que llegan a entablar con los demás.  
    Todo parte con la protagonista, una mujer madura que en una primera instancia puede parecer poco atractiva y quien, sin embargo, al exponernos su desnudez en más de una ocasión y desde el principio, se muestra como una persona hermosa y con un encanto que  bien damas más jóvenes quisiesen tener. Es así que tal como queda demostrado en la figura de la silenciosa Elisa (tal como en la criatura), queda demostrado que siguiendo las palabras de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, “lo esencial es invisible a los ojos”, de modo que solo los más afortunados, logramos ver lo que cubre con sus ropas la dulce Elisa.
    Volviendo a la pareja formada por la mujer y el monstruo, es posible reconocer sin vacilaciones el tópico del romance entre dos seres, que en un principio pueden ser muy distintos y que sin embargo logran una tremenda compenetración, puesto que hay más puntos en común que diferencias.  Es así que al haber amor incondicional, también se haya la atracción y aunque pueda parecer chocante o morboso, el sexo entre ambos no puede faltar; no obstante esto último viene a ser la consecuencia del amor que llega a nacer entre los personajes, que no se trata de mero placer, sino de la consumación de un sentimiento más noble entre ambos (bueno, tampoco se puede negar que a veces resulta gracioso todo esto, que la misma película hay una entretenida “charla” al respecto, entre Elisa y su amiga Zelda).
     Luego está el personaje del mejor amigo de la protagonista, Giles, un artista de la ilustración que para ganar algo de dinero trabaja en publicidad, relegando lo mejor de su talento por necesidad.  El hombre es casi un anciano, en un mundo y una época en la que su homosexualidad no le permite ser alguien pleno, como bien correspondiera.  Tiene, sin dudas, un corazón noble, como los otros 3 personajes con los que Elisa llega a sintonizar.  Significativo, viene a ser cuando se pone en el tapete la atracción que siente hacia un guapo sujeto, mucho más joven que él, lo que da pie a uno de los momentos más desgarradores de este filme.  A través de Giles podemos encontrar con la soledad, al no existir justamente una posibilidad inmediata de dar rienda suelta a esta faceta importante, como no, de nuestras vidas.
     Por último, tenemos al villano de la historia, el coronel Richard, un tipo para quien el sexo se trata de algo para gozo de solo una persona: él mismo.  Hay una sola escena de cama con este hombre, la que por un lado viene a ser hilarante (pese a que Michael Shannon, quien lo interpreta con su acostumbrado gran talento, no vacila en mostrar su propio culo, aunque carece en su exposición de una naturaleza erótica a propósito), la cual tal como se desarrolla y teniendo en cuenta su preámbulo, expone de otra manera su personalidad errática: alguien incapaz de ver a los demás como sus iguales, de modo que no hace el amor, sino que el placer físico solo le resulta una especie de desahogo y un sometimiento a quien tiene por debajo de él.  Así que con él no hay caricias, besos, ni atenciones que no sean solo penetración.

El tributo a la cinta de El Monstruo de la Laguna Negra está más que claro.

b) La crítica social.

      Tal como lo expuse desde el principio de este texto, la película en cuestión transcurre en un periodo de la historia gringa muy particular: los años sesentas en sus inicios: una época en la que la Guerra Fría, entre dos grandes potencias opuestas y enemigas compiten entre sí, por la supremacía mundial de sus ideales; Rusia con su comunismo y Estados Unidos con su capitalismo imperialista.  Ambos bandos quieren ser los primeros en todo y no hace mucho ha comenzado la carrera espacial, que hasta el momento la están ganando los soviéticos.  Es donde toma un papel fundamental dentro de esta obra, nada menos que un espía rojo, quien como científico trabaja en el mismo laboratorio en el que encontramos a Elisa y a su compañera y al que llegan a revolucionar la criatura y su atormentador.  Tanto el militar gringo como el espía, Robert, deben cumplir con patriotismo con las órdenes de sus superiores, sin embargo vemos que en el caso del ruso, sí hay capacidad para la nobleza y ello lo convierte en otro más de los personajes carismáticos de este filme.  Pues Hoffstetler (su apellido en realidad es otro, que este forma parte de su fachada), es capaz de ver por sobre los dogmas y prejuicios de su gente, algo que en alguien supuestamente “políticamente correcto” para el gobierno yanqui como Richard, no hay.  Detrás de los secretos de ambos hay un hombre compasivo y en el otro, que se jacta de ser alguien religioso y devoto hombre de familia, se encuentra el verdadero monstruo.
     Cuando suceden los acontecimientos ficticios de La Forma del Agua, la comunidad afroamericana de USA hace rato que ha dejado de ser esclava, no obstante sus integrantes son mirados en menos y considerados como ciudadanos de segunda clase.  Fue en aquellos años, cuando comenzó a luchar por el respeto a sus derechos como etnia y miembros del país.  Todo esto es posible reconocerlo en el guión a través de la figura de la amistosa Zelda, una mujer alegre pese a todo, aunque también lo podemos encontrar en otra escena y en la cual queda presente el espantoso racismo blanco, cuando se denigraba a la gente de color sin ninguna vergüenza.  No olvidemos que Zelda, como muchos de su pueblo, trabaja de empleada en un oficio, imposibilitada de acceder a un alto cargo o educación universitaria como la mayoría de la gente negra.  Asimismo, queda consignado que al tener de villano a un sujeto como el coronel Richard, blanco, cristiano y un largo etcétera, en más de una ocasión vamos a hallar acá, comentarios propios de un tipo racista y mirador en menos.

c) Los héroes de la historia.

     Y por fin llegamos al aspecto de este recomendable filme, que me llevó a ponerle el título que encabeza a este post: La belleza de lo distinto.  Pues en un mundo en el cual solo aquello que no escapa de la norma y de que está considerado como correcto por la mayoría, tal como el representado por la última película de Guillermo del Toro, los protagonistas con los cuales llegamos a identificarnos, son justamente aquellos que salen de esta “normalidad” de su medio.  Empero no están idealizados,  pues cada en su singularidad, son presentados como personajes que no son perfectos: vacilan en más de una ocasión sobre cómo comportarse, tienen miedos e inseguridades y, no obstante, son capaces de superar sus propias taras para dejar de pensar en sí mismos y entregarse a otros cuando los necesitan.  
    El abanico de estos sujetos está compuesto por una muda, un supuesto monstruo de origen acuático, un homosexual, una “negra” (para recalcar su significancia dentro de la trama, a propósito uso el término que puede ser despectivo y que, por supuesto, no ocupo en mi propio lenguaje) y un comunista (más encima ruso y espía).  Los caminos de todos ellos se cruzan y dentro de la singularidad de cada uno que debería separarlos, demuestran ser capaces de trabajar todos juntos con gran éxito.
     Puede parecer ya a estas alturas algo de Perogrullo, pero bajo la figura de todos los anteriores nos damos cuenta de que la diversidad es algo que hay en la sociedad, que no solo debemos aceptar, sino que es hermosa, si vemos más allá de la simple apariencia.  Podemos aprender del resto, tal como sucede en la cinta con Robert y Giles, también con Zelda, quienes logran pasar de su simple aprensión con la criatura, para terminar simpatizando con ella y descubrir el elemento divino que hay en alguien (o algo) distinto a uno.
     Cabe mencionar un interesante detalle que se nos podría escapar: la protagonista y su amiga son mujeres sin educación, quienes trabajan como simples empleadas haciendo el aseo, “limpiando la mierda” como les dice en algún momento el detestable Richard y sin embargo son las testigos de grandes eventos, que a ojos del resto de la población están ocultos.  Más encima es una de ellas quien consigue algo que nadie de los más capacitados científicos y militares logra, que es comunicarse con alguien “por completo extraño” y más encima formar un lazo irrompible con este.  De este modo, nos debe quedar claro que no hay que mirar en menos, pues cualquiera nos puede dar una grata sorpresa, sobre todo lo que nos puede llegar a entregar de maravilloso.


                                                                  Tráiler subtitulado.

martes, 6 de febrero de 2018

El otro Gaiman de Vertigo (primera parte).



1. De qué va Leyendas del Abismo.

     El destacado guionista, novelista y escritor Neil Gaiman, no solo realizó la que sería su magna obra  dentro de los cómics en la colección de The Sandman para el sello Vertigo de DC, sino que además llevó a cabo para esta línea otros bellos títulos que bien merecen ser disfrutados por sus seguidores.  Como ya han pasado años desde su colaboración en las series y miniseries, dedicadas a un público más adulto (y culto) de la importante empresa, los genios de la mercadotecnia han tomado la inteligente decisión de recopilar estos otros trabajos suyos para deleite nuestro y nuevas ganancias suyas en (al menos que yo sepa) dos tomos compilatorios.
      Se trata de hermosos tomos en tapa dura con imitación de cuero negro sobre las 300 páginas cada uno, que llevan además la tradicional cinta (que no roja, sino plateada esta vez) para marcar la lectura.  Por otro lado, sobre la tapa van el título y el nombre del autor, más unos minimalistas (y simbólicos) dibujos en relieve y también en color plateado; lo mismo en el lomo y la contratapa.  Todo muy elegante, por cierto, que realza la calidad artística de lo que uno llega a tener entre sus manos. 
      Asimismo, en lo que concierne al volumen 1 (que el 2 aún no lo tengo), se incluye valioso material adicional, que en este caso corresponden a introducciones para cada una de las dos novelas gráficas que hay dentro de este, como para la última historia breve que se agrega (y que se aleja del tono más serio y sublime de las dos principales de este tomo, mostrándonos esa otra faceta suya que también conocemos y amamos).  Sin embargo, también como es habitual en estas ediciones de lujo podemos encontrar en su interior agregados tales como bocetos, reproducciones de los manuscritos originales de Gaiman, cartas relacionadas con el proceso de elaboración y difusión de estas obras y mucho, mucho más. 

2- Orquídea Negra.

       El primer título que forma parte del volumen que hoy nos reúne, corresponde a Orquídea Negra, sin dudas lo mejorcito de todo este primer recopilatorio (sin menosprecio del resto…Solo que acá queda de manifiesto, sin dudas, la maravilla a la que puede llegar en su perfectibilidad el cómic como expresión artística) y que originalmente fue publicado en 1988 en 3 números en formato Prestige.
      A través de esta historia, tal como lo hizo con The Sandman, el inglés se encargó de revitalizar y/o hacer su propia versión de un viejo personaje deceísta, en este caso de la heroína llamada Orquídea Negra y la que a la fecha había caído en el olvido.  No obstante lo que en esta ocasión hizo Gaiman, fue tomarla tal y como era desarrollada hasta el momento para a través de un potente (e inolvidable) comienzo, trastocar todo lo conocido hasta el momento en el género de los justicieros con traje de fantasía y poderes excepcionales ¿Y en qué consiste esto? Pues que en las primera páginas la mata sin posibilidad de que esta vuelva a la vida…Al menos tal y como sería posible en un cómic típico.  La superheroína es claramente superada por los malhechores (unos simples mafiosos, que a lo largo de esta miniserie los villanos serán solo seres de carne y hueso, comunes y corriente, ejemplos, eso sí, de a lo que puede llegar uno si se entrega al amor hacia el mal y la codicia), quienes llegan a burlarse de los patrones preestablecidos en estas historias y dejan al lector en ascuas.
      Luego de lo anterior, nos encontramos con el renacer de Orquídea Negra, pero no estamos hablando de la mujer que estuvo patrullando antes las calles como una mortal más, sino que de otra cosa.  Estamos hablando de algo o alguien que tiene un importante nexo con la fallecida, aunque cuyo origen es tan extraordinario, que el guionista se pasea por una destacada parte del universo DC clásico, para explicarnos su especial naturaleza.  De este modo, como poco a poco se va revelando su lugar como nueva entidad consciente, también la renovada Orquídea Negra realiza un importante viaje espiritual y físico, para llegar a saber quién es en realidad.  De este modo, a través de las viñetas de este pieza llegamos a ser testigos de un ejemplo más de uno de estos temas tan caros a nuestra humanidad: la búsqueda de la identidad y el correspondiente autoconocimiento (lo que sin dudas lleva a la realización personal y lo más cerca a nuestra idea de la felicidad).
     En esta obra hayamos la ciencia ficción más disparatada de los relatos clásicos que acostumbramos a ver y leer en estos cómics.  Todo esto  incluye experimentos prodigiosos, transformaciones increíbles y científicos que, si no locos, sin dudas se alejan por completo de sus congéneres, debido a lo que han llegado a hacer.  Pero también hay un fuerte elemento sobrenatural, místico incluso y que no se aleja de lo espiritual para luego pisar los terrenos del mensaje ecológico, que de igual manera puede enriquecer una obra como esta.  De este modo la lucha en la que se encuentra la protagonista (o más bien, las protagonistas) abarca tanto el camino hacia el encuentro consigo misma, como la batalla contra el mal y la defensa del entorno natural que es necesario respetar.

     Entremedio de todo esto no falta el drama humano, que implica acá varias aristas, entre las que se encuentran distintas variaciones sobre cómo entendemos y vivenciamos los seres humanos el mismísimo amor: Pues, en primer lugar, se nos cuenta un emotivo romance de corte platónico, que dignifica bastante a uno de los personajes secundarios y que, por supuesto, tiene relación con Orquídea Negra; luego ello se contrasta con la pasión enfermiza de otro hombre, incapaz del autosacrificio que implica un sentimiento nacido en medio de la autenticidad y que en vez de crear, destruye. Este último a su vez tiene un antecedente ligado a la infancia de los protagonistas, que por su parte viene a ser el lado B de otro tipo de amor acá abordado: el filial.  El estrecho lazo entre familiares, entre hermanas para ser más específicos, de igual manera entrega al argumento algunos de sus momentos más emotivos, así como también la falta de ello entre consanguíneos da episodios más dolorosos.
      Aun cuando se trate de una historieta para grandes, esta se encuentra dentro del rico universo DC que muchos ubicamos.  Es así que buena parte de su desarrollo ocurre en Gotham y ello implica que nos encontremos con más de uno de sus habitantes más conocidos.  Cuando la protagonista llega a este famoso lugar de ficción para saber más de sí misma, se encuentra con, como era de esperar, Batman.  Los diálogos del Murciélago demuestran la sabiduría que sus seguidores esperaríamos de alguien como él (y cabe destacar que en el apartado gráfico, siguiendo con el carácter de misterioso y de criatura de la noche que hace tiempo lleva teniendo en las historietas, nunca llegamos a ver su rostro y aun así siempre se ve imponente).  Sin embargo, en lo que concierne al segmento transcurrido en este lugar, lo más emotivo viene a ser cuando la acción se traslada nada menos que al infame Asilo Arkham.  Una vez allí, nos reencontramos con villanos dementes tales como Dos Caras, Hiedra Venenosa y el Sombrerero Loco; en todo caso, la maestría de Gaiman los aleja de su imagen maligna habitual, para otorgarles una humanidad que, en especial con los dos últimos mencionados, no deja de ser emotivo…y bella su participación.  Con posterioridad, la intervención de alguien como la Cosa del Pantano, entrega nuevos registros de gran belleza y conversaciones entre los personajes cargadas de lirismo.  Por otro lado, debe saberse que quien está detrás de gran parte de los bellacos que representan al mal en esta historia, viene a ser uno de los grandes genios del crimen de DC: Lex Luthor.

3- El aporte visual de Dave McKean.


     La modernización y madurez con la que se aborda el género superheroico en esta novela gráfica, se completa en su belleza gracias al aporte estético de un artista visual como lo es el también inglés Dave McKeen.  Es así que este dibujante, ilustrador y portadista nacido en 1963, a través de sus estilizadas viñetas, logró convertir Orquídea Negra en una obra integral, al poseer el grado de estilización visual que un guión como el de Gaiman merecía.
     Usando una variada mezcla de estilos clásicos e innovadores en sus dibujos para este cómic, que implican acuarelas, fotomontaje, aerógrafos (a menos que me equivoque), cada dibujo que aquí vemos resulta ser una delicia para la vista.  Es así que contemplar estas viñetas que se alejan a cada rato de los típicos recuadros, fusionándose unas con otras, nos deja más claro que nunca de que estamos frente un verdadero orgullo del llamado noveno arte.  La gestualidad en los rostros, que se hace tan expresiva, el uso de los colores vivos en tono pastel que da paso a otros en distintas escalas de grises, alternándose con el blanco y el negro, son otros elementos a la hora de evaluar con justicia este título.  Acá no hay caricatura, sino que hay una manera surrealista para retratar este mundo de fantasía, que, pese a ello, no deja de ser un reflejo de nuestra propia realidad.
     Esta viene a ser la segunda colaboración en grande entre McKeen y Gaiman, luego de la miniserie Casos Violentos.  Con posterioridad la sociedad y amistad de ambos genios ha dado frutos como en su paso por Hellblazer y, por supuesto, The Sandman.   Varios otros trabajos han hecho juntos e incluso el escritor le hizo el guión para su única película, La Máscara de los Sueños (2005), una alucinante historia llena de las bellas locuras de ambos, pero que lamentablemente fue demasiado “personal” y “artística” (por no ocupar otros adjetivos para no caer en lo ofensivo con ambos maestros), lo que la hacer difícil de digerir para muchos (incluyendo a este humilde servidor).
      No se puede olvidar que fue el responsable de las hermosas imágenes para Arkham Asylum, una de las mejores novelas gráfica de Batman, escrita por Grant Morrison, así como nos dio hermosas ilustraciones para el tomo IV de La Torre Oscura de Stephen King (Mago y Cristal); además suyas son una serie de preciosas trading cards, para cada uno de los episodios de al menos las 3 primeras temporadas de Los Expedientes-X.

Algunas de las trading cards mencionadas.  Si se dan cuenta, incluyen el nombre
del capítulo que representa cada una.

viernes, 2 de febrero de 2018

Otros terrores marinos (y uno que otro terrestre) breves de Hodgson. PRIMERA PARTE.


      La especializada (y cara) editorial española Valdemar, posee al menos otro volumen de bolsillo con más cuentos del recomendable escritor gringo William Hope Hodgson, aparte de La nave abandonada y otros relatos de horror en el mar, que ya disfruté y comenté por acá hace unos buenos años atrás.  Se trata de un igual recomendable tomo que reúne varios otros textos suyos bajo el nombre de Un horror tropical y otros relatos, el cual no se limita solo a entregarnos historias suyas ambientadas en medio del inconmensurable océano, sino que nos deja claro la versatilidad e ingenio de su autor, al llevar lo siniestro hacia suelo seco y más encima incursionando en un caso en los linderos del género policial y en otro en la ciencia ficción (lo que no deja de ser maravilloso a la hora de disfrutarlo y evaluar la calidad de su imaginación y prosa).
      Se trata de un compilado de 8 ficciones suyas, que sobrepasan en total las 200 páginas y que se leen de forma rápida y grata.  En la mayoría de estos escritos nos encontramos con una fórmula ya conocida por varios de los que hemos leído al artista: gente del mar se encuentra con algún tipo de criatura monstruosa, de la que deben escapar.   Puede ser que ello bien parezca trillado, no obstante es en la manera de cómo nos presenta sus acontecimientos el cuentista, que uno como lector para nada se cansa y logra enganchar con estas narraciones en las que la aventura y los actos heroicos, van de la mano con las criaturas acuáticas.
      Tras la interesante y reveladora introducción a cargo de José María Nebreda, viene de “regalo” un breve poema narrativo del propio Hodgson, titulado Tormenta.  Esta pequeña pieza puede ser considerada como una versión en verso de uno de los textos más desgarradores de todo el libro: Más allá de la tormenta.  El agregado de este obra lírica, sin duda que nos abre hacia otros aspectos de su autor ignorados hasta el momento, como alguien que en su breve vida, tal cual sus colegas igualmente apreciados de Robert Louise Stevenson y Robert Howard, pese a su breve paso por estos lares nos legó tremendas obras y memorables personajes (solo vivió 40 años hasta que la tragedia en la guerra nos lo arrebató demasiado pronto).
      Quienes apenas sepan del lenguaje técnico propio de la vida en el mar, nos encontramos con una serie de términos especializados al respecto, que van apareciendo en la medida que las acción transcurre. Como alguien de la experiencia de Hope va agregando estos términos de forma espontánea, dando por supuesto que sus destinatarios saben en qué consisten, gracias a las notas al pie de la página agregadas por el traductor (el mismo Nebreda), llegamos a saber de qué se trata.
      Los cuentos que incluye el compilado son los siguientes:

1- Un horror tropical.

      Habiendo sido marino Hodgson buena parte de su vida desde su adolescencia, conoció varios lugares habituales de las rutas barqueras.  De ese modo, el relato que encabeza esta selección sucede nada menos que en las aguas cercanas a Australia, en una época en la cual aún el inmenso país era para muchos un sitio exótico y lleno de misterios (estamos hablando de finales del siglo XIX y principios del XX).  Es así que en esta narración una embarcación cae en la temida calma chicha en pleno mar adentro, cuando por entonces al no poder avanzar los navíos por la falta de corrientes marinas y no contar con una tecnología de autopropulsión como ahora, se encuentra con una monstruosidad que comienza a hacer de las suyas entre sus tripulantes.  
       Destaca la narración en primera persona por parte del protagonista, quien como miembro de la tripulación no solo es testigo del desastre que ha llegado hasta ellos, sino que al usar el tiempo presente en su relato, nos da con mayor intensidad la idea de algo fortuito que ocurre demasiado rápido y de que si no actuamos de inmediato ante los incidentes de la vida, pocas posibilidades tenemos para salvarnos.
       Si bien la bestia posee varios tentáculos, el autor se aleja de caracterizarlo como un típico pulpo gigante y nos da unos cuantos detalles de su anatomía que lo hacen pavoroso.

      “Después, con movimientos muy veloces, la monstruosa cabeza avanza por cubierta. Cerca del mástil principal se hallan los cajones con las viandas, y en lo alto de la pila hay uno con carne de buey salada. El olor de la carne parece atraer al monstruo; veo cómo la huele con respiración afanosa, increíble. Abre los labios y deja ver cuatro espantosos colmillos. Mueve la cabeza, se oye un crujido: la carne y el barril han desaparecido. El ruido hace salir a cubierta a uno de los marineros, que al momento no ve nada, par la oscuridad de la noche. Después, al aproximarse más, to ve, y lanzando tremendos alaridos, se precipita adelante ¡Demasiado tarde! De la boca de la Cosa surge una hoja blanca y reluciente, con unos dientes feroces y voraces. Aparto la mirada, pero no logro dejar de oír el ruido glotón de aquella boca.”


2- Más allá de la tormenta.

      Sin dudas se trata del texto más fatalista de todos los que aquí encontramos, puesto que cuando el resto pueden ser considerados  como un canto a la voluntad humana frente a la adversidad y nuestra capacidad para salir adelante pese a todo, este otro trata en parte sobre lo pequeños (y vulnerables) que somos ante las fuerzas de la naturaleza.
     Como muchas de sus otras narraciones, comienza con la conversación entre dos personas, para luego dar paso a la historia central, que esta vez es contada a través de un manuscrito encontrado por uno de los personajes que abrieron el relato.  Por medio de todo esto nos enteramos de los últimos momentos (¿Horas, minutos?), del verdadero protagonista: un hombre que se haya atrapado en medio de una espantosa tormenta aguas adentro y de cómo esta en la práctica termina por devorarlo.  
     Para un hombre como William Hope, que de seguro vivió en carne propia este tipo de situaciones durante su carrera marítima, describir tales horrores reales se hace aún más verosímil que sus monstruosidades oceánicas.  Y, sin embargo, bajo su pluma de autor experto en miedos literarios, la descripción de la tormenta llega a tener ribetes de algún otro engendro marino, puesto que no deja de parecer algo vivo que en verdad acosa al atribulado sujeto.   Por otro lado, la descripción del paisaje que rodea a este pobre sujeto, no puede ser más dantesca y sin duda se trata de lo aterrador que en verdad puede llegar a ser un desastre de este tipo.  Sin dudas que la buena literatura, con su capacidad para plasmar artísticamente la realidad, nos hace pensar en algo demoniaco cuando leemos las páginas que componen este texto.

     “Antes, hace media hora más o menos, subí al puente. ¡Dios mío! El espectáculo era horrible.  Apenas ha pasado el mediodía, pero el cielo es del color del fango…¿Lo entiendes?..¡Barro gris! De su regazo cuelgan grandes nubarrones.  Pero no esas nubes que estamos acostumbrados a ver, no, sino una cortina espesa, mohosa, abismal. Parece algo sólido, excepto cuando el terrible viento desgarra sus bordes interiores rasga sus bordes inferiores formando grandes espirales que se arremolinan frenéticamente sobre nosotros, como los tentáculos de un Horror monstruoso.”

3- El descubrimiento del graiken.

     Por medio de este cuento, el autor nos lleva otra vez a esa zona que tantas penurias provocó a los navegantes de antaño y que muchas veces le sirvió de inspiración a nuestro para contarnos sus historias de monstruos marinos: el Mar de los Sargazos.  Es así que en esta extensa zona ubicada en medio del Atlántico y en la cual muchas embarcaciones (y sus tripulaciones) encontraron su final por quedar atrapadas en sus aguas infestadas de algas, transcurre buena parte de su desarrollo.
     En esta obra nos encontramos con su protagonista, quien también oficia de narrador, para el cual la vida ha mejorado tras recibir una valiosa herencia.  El hombre ama el mar y realiza su primer viaje en su propia nave, provista de una cuantiosa tripulación; además lo acompaña su mejor amigo, quien comienza a comportarse raro una vez que el viaje se concreta.  Todo se pone más turbio, al generarse nada  menos que un motín por parte de buena parte de los empleados del personaje principal, quienes por motivos aún más extraños están ahora a las órdenes del viejo compañero de este.  Es así que llevan el barco a propósito hacia el Mar de los Sargazos.  Allí no faltan los monstruos de rigor:

     “Debajo, el agua rebullía en un remolino de espuma y tres apéndices más surgieron de repente en el aire para caer después sobre nosotros.
      Uno de ellos agarró al contramaestre, levantándolo como si fuera un niño.  Vi el destello de unos cuchillos y el hombre volvió a caer sobre la cubierta desde una altura de cuatro metros, justo con el áspero trozo del apéndice.”

     Sin embargo este cuento tiene un giro aún más inesperado, cuando entra el tema romántico de por medio.  Sin embargo cuando se trata de incorporar un personaje femenino en medio de la narrativa de Hodgson, nos encontramos con estereotipos que para nuestros tiempos ya están caducos: el de la dama en apuros a la que el héroe debe salvar.  Estas son siempre féminas que cumplen con el rol de la perfecta enamorada de aquellos años, alguien que depende del varón y está para él en todo momento.
     El final resulta extraño, quizás a nuestros ojos puede parecer una muestra del humor de su creador o bien responde a los mencionados estereotipos de la época y cultura a la que pertenecía el escritor.  No obstante también ello responde, en cierto sentido, al valor que le otorga a la amistad entre varones, bastante incondicional, y a la actitud honorable, el autor, detalles antes vistos en su narrativa.

Vista desde abajo y la superficie del Mar de los Sargazos.

4- Eloi, Eloi, Lama Sabachthani.

      Uno de los mejores cuentos del libro, viene a ser además la única muestra de todo el volumen de un acercamiento por parte de su autor al género de la ciencia ficción.  No obstante cabe recordar que cuando se realizó este texto, estábamos en tiempos en los cuales este tipo de historias aún no llegaban a su madurez y los autores estaban todavía experimentando con la idea de aventurarse en los terrenos de la especulación científica; por lo tanto, no se le puede pedir mayor exactitud a Hodgson en sus descripciones, aunque no por ello deja de estimular nuestra imaginación con lo que aquí nos cuenta.
    Por otro lado, se trata del primero de los dos relatos que no suceden en el mar, dentro de los que tenemos en esta selección.  No obstante es en las temáticas que aborda esta pieza (una verdadera joyita), que nos sorprende gratamente el autor, ya que se involucra con el tema religioso, específicamente con la figura de Cristo y lo concerniente a su crucifixión.  Es así que en su argumento, un científico busca demostrar que el oscurecimiento de la tierra durante sus últimos minutos antes de morir y tras provocado su deceso, en verdad sucedió.  Todo esto lo lleva a cabo de una manera bien particular, valiéndose el personaje y el escritor de la entonces popular teoría del éter.  Podemos hallar una inmensa fe en este sujeto, un hombre piadoso como no se había encontrado en otros textos de Hodgson, y, sin embargo, a través de su figura el escritor entra en un campo moral bastante habitual en las narraciones de ciencia ficción y también de terror: Hay un límite para el conocimiento humano, razón por la cual no conviene meterse con los grandes misterios de la vida, pues la curiosidad puede traer serias consecuencias para quien no la controla.
     Al tratarse de una narración que gira en torno a los experimentos de un científico de gran inteligencia y quien no duda en recurrir a medios extremos para conseguir sus objetivos, podemos muy bien decir que acá está presente otro viejo tópico: el del científico loco. Y es que si bien el personaje no es un tipo malvado, sí la pasión con la que se empecina para demostrar sus teorías, lo acercan a varios de sus colegas de otras ficciones; de este modo, una vez más nos hayamos frente a la idea de que genialidad y demencia son colindantes.
     Algunas de las escenas descritas en este cuento, que en su momento causó polémica entre algunos sectores dogmáticos, sin dudas que resultan pavorosas.
     Por último, cabe recordar que las palabras que forman parte del título de esta obra, corresponden a lo dicho por Jesús instantes antes de expirar y que son traducidas como “Padre, padre, por qué me has abandonado”.  

     “Más tarde volví a despertar en la misma habitación con un espantoso dolor de cabeza.  Pero la Oscuridad se había disipado.  Rodé hasta ponerme boca arriba y podía contemplar a Baumoff; al verle incluso olvidé mi dolor de cabeza.  Se inclinaba hacia adelante, enfrente de mí, con los ojos abiertos de par en par pero totalmente inexpresivos.  Su cara estaba exageradamente hinchada y había, de algún modo, algo bestial a su alrededor.  Estaba muerto; solo el cinturón atado entre la silla y la cintura evitaba que su cuerpo cayese sobre mí.  La lengua le asomaba por uno de los lados de la boca.  Siempre recordaré su aspecto.  Tenía una apariencia maligna, más parecida a la de una bestia, que a la de un ser humano.”

Portada de un viejo número de la mítica revista pulp Weird Tales,
donde escribía Lovecraft y compañía y en la que aparte de aparecer 
en este número relatos de Bradbury y Hamilton...¡Sale uno de Hodgson!

miércoles, 31 de enero de 2018

6 razones más para amar a Charlie Brooker…y a Netflix (segunda parte).

   

        El resto de la cuarta temporada de Black Mirror se compone de los siguientes episodios:

4- Cuelguen al DJ: He aquí que nos encontramos con un tema caro a la ciencia ficción y que en producciones como Black Mirror, de fuerte crítica social, no podía faltar: la antiutopía, también conocida como distopía y/o contrautopía.  En pocas palabras, se trata de un totalitarismo, una dictadura, llevado a sus extremos y bajo la cual se retrata una sociedad supuestamente perfecta, pero en la que las injusticias son tan grandes, que no solo unos pocos tienen privilegios, sino que el respeto por la privacidad y el derecho a la libertad no existe.  
     Es así que en este episodio se perfila un mundo en el que la gente debe conocer a varias otras personas de su edad, para vivir juntos como pareja durante un tiempo relativo, hasta que el sistema que maneja todo esto, encuentre al sujeto supuestamente ideal para cada uno y, de este modo, compartir por el resto de sus días juntos.  Es así que una máquina dicta cuánto tiempo durará el romance, el que es vigilado por agentes del gobierno para que nadie sobrepase el tiempo establecido y vaya contra el sistema decidiendo ir contra seguir los dictámenes de su corazón, en vez de promover el supuesto bien común.
     Todo esto se presenta a través de una pareja que descubre desde el principio que en verdad se aman, pero que al igual que sus pares deben someterse a los dictámenes de su gobierno, hasta que va incrementándose el espíritu de rebelión entre los dos.
     A menos de que me equivoque, esta es la segunda historia de tipo más o menos romántica que se ha hecho en todo el programa, lo que le otorga un cariz mucho más agradable y emotivo que al resto de lo visto en él.  Destaca la manera de cómo se proyecta el amor mutuo entre sus dos protagonistas y quienes no dejan de ser una especie de esperanza, en medio de esa realidad caracterizada por la sumisión del resto de sus habitantes.  Al parecer los demás están contentos con el hecho de que los poderes fácticos manejen sus vidas, no obstante en la figura de estos dos amantes separados a la fuerza, queda claro la verdadera plenitud es aquella elegida por uno mismo y no la que dictaminan otros, pasando a llevar la individualidad. 
     Llama la atención que en este mundo tan perfecto a primera vista (no hay pobreza, ni fealdad y siempre están contentos), todos son jóvenes, ni hay niños, encontrándose sus integrantes entre los veinte y los treinta años.  Se supone que aquellos que están en “edad de merecer”, pasan esta etapa de su existencia en una especie de ciudadela, de la que no pueden salir hasta que se concrete el matrimonio perfecto y, sin embargo, todo esto viene a ser la clave para el inesperado desenlace.  Empero, tal como queda demostrado en este episodio, la sumisión y el aburrimiento producto de la monotonía, cuando se inhibe el derecho a la autenticidad, llevan a la rebelión (algo claramente demostrado a lo largo de la historia de nuestro propio mundo).
     Por cierto, en un momento de las tantas parejas que le llegamos a conocer a la dama que forma parte de los dos enamorados de esta historia, vemos que le toca tener a otra mujer como compañera.  Pues ello lo muestran como algo de lo más natural, lo que no es malo en tiempos actuales en los que cada vez es más aceptada la diversidad sexual.  No obstante nuevamente hago el mismo reparo de otras ocasiones…Si no les complica mostrar a dos féminas como amantes… ¿Por qué les cuesta tanto hacerlo con dos varones? Esta falta de compromiso con el tema, no viene a ser otra cosa que discriminación positiva, que ya es hora superen de una vez.

                                
                                                       Tráiler subtitulado de Hang the DJ.


5- Cabeza de metal: La historia más breve de esta temporada (la verdad tampoco es tan corta, pues dura 41 minutos), resulta ser en cierto sentido una de las más artísticas y violentas de toda la serie.  Filmada en un precioso blanco y negro, que ayuda a crear mejor la atmósfera pesadillesca de su argumento, nos muestra otro futuro más o menos cercano y del cual muy poco llegamos a saber; no obstante, queda claro que no todos tienen acceso a los beneficios de una vida cómoda y que más encima hay peligrosas máquinas, que acosan hasta la muerte a quienes cometen algún desliz en contra de la autoridad.
      En el episodio vemos a un pequeño grupo de gente que, o bien pertenece a una especie de resistencia o forman parte del grupo de personas que no están entre los privilegiados de su sociedad, quienes hacen un viaje para conseguir un material que necesitan.  Es así que llegan a una especie de bodega, a la que entran obviamente de manera ilegal y todo parece ir bien hasta que se encuentran con uno de esta especie de robots, que con facilidad se deshace de los dos hombres que forman parte equipo.  El resto de la trama, y lo más importante de ella, viene a ser la confrontación y/o duelo entre la única sobreviviente y la monstruosidad mecánica.  


      Se trata en cierto sentido de la clásica narración sobre una persecución, en la que la víctima debe escapar de su cazador y de cómo la presa debe hacer uso de todo su ingenio y recursos para poder mantenerse a salvo.  Teniendo en cuenta que buena parte del metraje ocurre en medio de un paraje natural, estamos frente al drama de la supervivencia en un medio hostil, en la cual una especie depredadora no ceja en conseguir su trofeo.  Más encima, la mortal máquina tiene forma de insecto tipo escarabajo, si bien en los diálogos le llaman con un término relacionado con los perros (la verdad es que no recuerdo qué palabra exactamente) y no emite sonido alguno, lo que la hace más aterradora.  Es como una fuerza de la naturaleza imparable, que lleva la miseria de la protagonista a mayores linderos de sufrimiento.  Los efectos especiales que le dan vida al robot son tan reales, amparados por la monocromía de la fotografía, que en verdad pareciera que estuviese vivo dicho artefacto.
      La desesperanza y el agotamiento de la perseguida, en conjunto con un tremendo sentimiento de soledad y desamparo, pese a la voluntad de mantenerse viva, le otorga a este capítulo una especie de fatalidad que recuerda a las tragedias griegas: pues, por mucho que el héroe de la historia luche con todas sus fuerzas contra el destino, este otro lo supera y termina por derrotarlo.  No obstante, la gracia está en cómo se nos cuenta todo este drama sobre la fatalidad humana.


                                                      Tráiler subtitulado de Metalhead.
6- Museo Negro:

     Un, en verdad, impactante episodio armado de tal manera que sigue la añeja tradición del relato enmarcado, como si de una caja china o una muñeca rusa se tratara.  Es así que detrás de la trama central, se nos cuentan 3 historias más, que en un principio nada tienen que ver entre sí y que, sin embargo, a medida que vamos atando cabos, nos damos cuenta de que en efecto se encuentran interconectadas.  Más encima, el argumento que abre y cierra el capítulo, no puede estar más unido al resto.
     Todo comienza con una joven mujer que llega hasta un lugar desértico y deshabitado, quien para matar el rato mientras espera que su automóvil se recargue, decide entrar al único edificio que hay allí: un museo dedicado a crímenes y/o actos de violencia.  Es la única visitante del espectáculo, atendido por su propio dueño, quien la recibe solícito y comienza a contarle la historia de cada uno de los objetos que allí se exhiben.
     Primero, le cuenta de un médico que accede a ser el cobaya humano, de un supuesto aparato innovador para hacer mejor su labor: un implante que le permite sentir lo mismo que sus pacientes y de ese modo poder saber cuál es la dolencia exacta de estos, con lo cual tener claro cómo atenderlos sin dudas, ni negligencias.  Todo va bien, hasta que se hace adicto a las sensaciones de las demás personas y ello le provoca un severo caso de adicción y/o locura.
     Con posterioridad se dramatiza el caso de un joven hombre de familia, cuya esposa ha quedado en un estado comatoso, quedándose solo con su hija pequeña.  Uno de los especialistas a cargo de su señora, le ofrece un alternativa para mantener “viva” a  su cónyugue: guardar dentro de sus propias redes neurales la conciencia y personalidad de la mujer, de modo que este pueda dialogar con ella y así permitir que su señora vea a través de sus ojos y pueda escuchar (en especial en lo que concierne a la hija de ambos) con sus oídos.  Tal como en el caso anterior, todo va en un principio muy bien e incluso no deja de ser emotivo, hasta que poco a poco el derecho a la intimidad del marido/padre comienza a resentirse y ello provoca un quiebre en la relación entre este singular matrimonio.  El asunto acaba por terminar muy mal, nuevamente gracias a los avances de la tecnología y que supuestamente puede dar la mejor solución posible, para mejorar la calidad de vida de los usuarios.
     
Por último, llegamos a saber cuál es el destino de un hombre, que había sido injustamente acusado de un asesinato que no cometió.  Luego, el reo al querer velar por la integridad económica de su propia familia, realiza un acuerdo para legar su propia conciencia (o una especie de clon suyo digital), que llega a parar al mismo Museo Negro como su mayor tesoro.
      Resulta que quien le cuenta todo esto a la turista, viene a ser el mismo científico que estuvo presente en cada uno de los hechos antes mencionados, interviniendo directamente, ya que las supuestas maravillas tecnológicas usadas, correspondían a una creación suya y que él mismo fue mejorando.  Con posterioridad llegamos a saber cómo llegó a parar a este macabro museo.
      Tras todo esto, se revela la verdadera identidad de la muchacha que acompaña al anfitrión y quien, de igual manera, guarda su propia relación con los hechos ya presentados.
      Lo exhibido en este genial último episodio de una temporada tan potente, aborda varios temas interesantes.  Por un lado, nos encontramos con la noción del mal como algo inherente al ser humano, una característica suya que puede estar latente en cada uno de nosotros y ser capaz de mancillar hasta lo más hermoso (como el mismo amor de una pareja).  De la mano a todo esto, se encuentra el hecho de que tal como dice el dicho “El Infierno está hecho de buenas intenciones” (o algo parecido, je), puesto que para la mayoría de los personajes que aquí se nos presentan, su propia perdición no es provocado por un deseo hacia el mal en sí, sino que la ceguera frente a la repercusión de las acciones y decisiones realizadas, termina por llevarlos al desastre o a cometer algún tipo de injusticia.  No obstante, tal como vemos en la figura de uno de los protagonistas, no falta quién escoge hacer el mal por elección propia, como una manera de conseguir con facilidad beneficios para sí mismo.
     A lo anterior, aparece la idea de justicia, que la que podemos llegar a considerar como la correcta, por ser amparada por la ley, al ser ciega no considera casos particulares y por ello permite el atropello de inocentes y todo tipo de atrocidades.  En contraposición a esto, aparece el leiv motiv de la venganza, que aparece potente en este capítulo, como la respuesta a las debilidades del sistema judicial (de igual manera, una vez más encontramos justificada la acción punitiva tomada por la propia mano de los afectados).  Luego, podemos llegar a la convicción de que de un modo u otro, todos los infractores deben pagar en algún momento sus pecados.
    Por cierto, por primera vez en todo Black Mirror, nos encontramos con que un episodio ocurre dentro del mismo mundo ficticio de otro.  Queda a los espectadores que se jactan de ser seguidores acérrimos de la serie y/o poseer una memoria a prueba de balas, darse cuenta cómo es posible que estas últimas palabras sean ciertas.    

                                            
                                                   Tráiler subtitulado de Black Museum.

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