Sigo compartiendo algunos de los sueños que he podido recordar y registrar, lástima nadie se anime a interpretármelos hasta ahora.
Primero
Mi mamá, quien nunca la conoció, le ofreció quedarse con nosotros, ocupando el cuarto chico - y donde también guardo parte importante de mi colección- en el que duerme mi sobrinito regalón cuando se viene los findes y en otras fechas. Fue muy amable con ella igualmente.
Creo que para interceder por Vanesa, quien estaba sola en el mundo, fui a donde Camila, la hija que tuvo con César. En el pasado adoraba a su retoño y sufrí mucho cuando me vi obligado a dejar de verla. Al llegar, Camila, ya una adulta y con su propia familia, me abrió la puerta con alegría y una sonrisa radiante. Adentro estaba sentado su marido, quien se encontraba sentado alrededor de la mesa y en la que se notaba comían todos, rodeados de unos tres o cuatro hijos de ambos sexos. Era un ambiente armonioso y el marido me atendió con mucha amabilidad:
Cuando llegamos a nuestro destino, pasamos sin problemas por un portón eléctrico y le pregunté a unos vecinos por él, pues Edgar no contesó cuando lo llamé a gritos desde fuera de su casa.
- Toque su citófono- Me dijo uno de ellos - que afuera en un bloque de ladrillos que daban forma a un enrejado habían varios botones para contactarse con la gente de adentro. Sin embargo, mi Osito no contestaba.
Terminé llamándolo por celular y cuando me contestó se escuchaba mal, con chirridos y de lejos. Supe que había salido con unos amigos, que se desocuparía más tarde y eso me anduvo cabreando, porque tal como le dije no era posible que se le olvidara nuestro compromiso (a lo que pensé que mejor lo hubiese llamado antes de salir para cerciorarme mejor que todo saldría bien).
De camino a casa vimos un puestecito a la salida/entada del conglomerado de casa, una mesita con un paño blanco en el que una señora muy simpática vendía figuritas de colección, aunque todas estas de cristal. Unas me parecieron mechas invid de la tercera saga de Robotech (esas armaduras robóticas que parecen jaibas, a ver si me entienden) y las tomé preguntando por su precio.
Entonces llegamos a una casa muy bonita, pero no era la mía, sino que ahí habíamos quedado de juntarnos con mi mamá, mi tía María, la tía Blanca y hasta mi tía Elsa, que desde Australia se había venido para nuestro encuentro. Recuerdo que el trozo de pollo no se acababa nunca, lo puse sobre un plato y lo corté con cuchillo y tenedor para darle a probar a mis parientes (el exterior dorado y el interior blanco, que se apreciaba tierno y apetitoso era un placer a los sentidos).
En un momento dejé a mis comensales y en una especie de restaurante que estaba junto a mi anterior lugar de encuentro familiar, me encontré con Camila Navarro, una alumna que tengo actualmente y que forma parte de uno de los dos cursos más desordenados que tengo este año (el 8° B). Nos saludamos y me senté en una silla alrededor de una mesa; Camila a mi lado.
Le conté que su hija era una buena chica, pero desordenada y conversadora; aunque hacía las tareas. Que garabateaba mucho y le gustaba golpear a sus compañeros varones.
Al rato estaba a mi lado mi hermana Mirta y le pregunté por nuestra madre y tías.
- Putas que son chuecas.
- Buen precio. Yo podría hacerlo ahora mismo y poner una tienda de merchandising o una librería/comíquería (pues pensé que mi hermana desaprovecharía la oportunidad como otras ocasiones, que vez que ponía un negocio o algo parecido no le funcionaba, porque era muy irresponsable).
Nota; Es increíble, pero vuelvo a lee tan solo una minúscula parte de estos sueños y me cuesta creer hayan sido míos. De hecho, ni los recordaba. Menos mal que me dio por registrarlos cuando tengo la oportunidad.
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