miércoles, 1 de julio de 2026

Sueños 6

 

     Sigo compartiendo algunos de los sueños que he podido recordar y registrar, lástima nadie se anime a interpretármelos hasta ahora.

Primero
 
     A ver qué logro recordar de este sueño, que ya ha pasado toda una jornada de trabajo desde que lo tuve...
 
   Llegó a mi casa de forma inesperada Vanesa, la ex esposa de César, mi antiguo amor de juventud y que terminó muy triste para mí (esas típicas historias gays de antaño de no asumirse).  En la vida real no me apreciaba por razones obvias (bueno, yo tampoco la quería).  Pese a todo la recibí en mi hogar como si fuera Cristo el que llegara, puesto que se le veía y notaba destruida, triste y sola, incluso con aspecto de indigente.  Tenía la cara y los ojos con señales de haber llorado, el rostro enrojecido y los ojos igual.  Estaba despeinada y su ropa descuidada.  Pese a todo, su apariencia era tal y como la recordaba de la última vez que compartimos juntos por allá en el "Milenio".
   Mi mamá, quien nunca la conoció, le ofreció quedarse con nosotros, ocupando el cuarto chico - y donde también guardo parte importante de mi colección- en el que duerme mi sobrinito regalón cuando se viene los findes y en otras fechas.  Fue muy amable con ella igualmente.
    Creo que para interceder por Vanesa, quien estaba sola en el mundo, fui a donde Camila, la hija que tuvo con César.   En el pasado adoraba a su retoño y sufrí mucho cuando me vi obligado a dejar de verla.  Al llegar, Camila, ya una adulta y con su propia familia, me abrió la puerta con alegría y una sonrisa radiante.  Adentro estaba sentado su marido, quien se encontraba sentado alrededor de la mesa y en la que se notaba comían todos, rodeados de unos tres o cuatro hijos de ambos sexos.  Era un ambiente armonioso y el marido me atendió con mucha amabilidad:
 
   - Adelante, bienvenido.  Camila me ha hablado muy bien de ti, de todo el amor que le diste de bebé y en sus primeros años.
 
   Al rato estaba fuera del edificio junto a Camila y yo muy emocionado le decía cuán feliz estaba al comprobar lo plena que era su vida; también le expresé todo lo importante que había sido para mí y cuán doloroso fue no verla crecer.  Mientras sucedía esto, ambos nos dirigíamos a buscar a su madre para irse con ella.

 
                                                                        Segundo
 
     Con mi sobrinito Amilcar íbamos a visitar a mi pololo, quien en esta realidad vivía no en un edificio, sino en condominio y tampoco en pleno Centro de Santiago, pues quedaba por San Miguel, cerca de Gran Avenida.  Era un sábado por la tarde y tomamos una micro para allá (de hecho, como que estaba ambientado en los años ochenta, debido al tipo de construcciones que habían alrededor y la locomoción qué tomábamos, pues todo era muy limpio también).
    Cuando llegamos a nuestro destino, pasamos sin problemas por un portón eléctrico y le pregunté a unos vecinos por él, pues Edgar no contesó cuando  lo llamé a gritos desde fuera de su casa.
    - Toque su citófono- Me dijo uno de ellos - que afuera en un bloque de ladrillos que daban forma a un enrejado habían varios botones para contactarse con la gente de adentro.  Sin embargo, mi Osito no contestaba.
    Terminé llamándolo por celular y cuando me contestó se escuchaba mal, con chirridos y de lejos.  Supe que había salido con unos amigos, que se desocuparía más tarde y eso me anduvo cabreando, porque tal como le dije no era posible que se le olvidara nuestro compromiso (a lo que pensé que mejor lo hubiese llamado antes de salir para cerciorarme mejor que todo saldría bien).
   De camino a casa vimos un puestecito a la salida/entada del conglomerado de casa,  una mesita con un paño blanco en el que una señora muy simpática vendía figuritas de colección, aunque todas estas de cristal.  Unas me parecieron mechas invid de la tercera saga de Robotech (esas armaduras robóticas que parecen jaibas, a ver si me entienden) y las tomé preguntando por su precio.
 
    - Son originales de Banda- Habló Amilcar.
 
   No compré nada y de camino a casa, nos encontramos con dos locales qué exhibían pollos asados a las brazas, que el más grande quedaba en una esquina y tenían unas máquinas en las cuales giraban sujetos a unos fierros gigantes pechugas unidas una a la otra como una masa amargada y contundente que se veía apetitosa; además, el aroma era apetitoso.  Le propuse a mi regalón pasar a comer algo allí, cuando de pronto me di cuenta que en mi mano diestra (la que uso para escribir, tomar las cosas, saludar, etc.) tenía un pedazo de pechuga que supuse uno de los meseros me la había pasado como degustación.  Le di a probar a la "guagua" y seguimos nuestro camino.
    Entonces llegamos a una casa muy bonita, pero no era la mía, sino que ahí habíamos quedado de juntarnos con mi mamá, mi tía María, la tía Blanca y hasta mi tía Elsa, que desde Australia se había venido para nuestro encuentro.  Recuerdo que el trozo de pollo no se acababa nunca, lo puse sobre un plato y lo corté con cuchillo y tenedor para darle a probar a mis parientes (el exterior dorado y el interior blanco, que se apreciaba tierno y apetitoso era un placer a los sentidos).
   En un momento dejé a mis comensales y en una especie de restaurante que estaba junto a mi anterior lugar de encuentro familiar, me encontré con  Camila Navarro, una alumna que tengo actualmente y que forma parte de uno de los dos cursos más desordenados que tengo este año (el 8° B). Nos saludamos y me senté en una silla alrededor de una mesa; Camila a mi lado.
 
   - Esta es mi mamá- Me informó, indicándome a una señora delgada y arrugada, que se veía de unos sesenta, vestida de ropajes oscuros y sencillos.  La mujer estaba frente a mí, pero de lado.  Así que la saludé y se fui vuelta para mirarme de frente.  Era una persona agradable.
    Le conté que su hija era una buena chica, pero desordenada y conversadora; aunque hacía las tareas.  Que garabateaba mucho y le gustaba golpear a sus compañeros varones.
 
   - Yo también soy chucheta - Le dije - No obstante, hay que saber ubicarse.  Voy a darle la décima qué tiene pendiente para subir el 3,9 que se sacó, porque se lo merece, claro que debe seguir mejorando en las clases.
 
   Madre e hija me dieron las gracias y se fueron.
    Al rato estaba a mi lado mi hermana Mirta y le pregunté por nuestra madre y tías.
 
   - Se fueron ya a casa y ni nos avisaron.
   - Putas que son chuecas.
 
   El ambiente que nos rodeaba había cambiado algo y esta vez estábamos en en una especie de negocio que implicaba un mesón largo y un techo negro, todo al aire libre.  Al lado nuestro había una pequeña rampa para skaters y bicicletas con graffitis.
 
   - Oye, Elwin, este soleil (palabra que supuestamente no existe en la vida real) lo venden barato a solo novecientos ochenta mil pesos - Me informó - E incluye el puesto y la esquina - Ahora me lo indicó todo con una mano - Estoy pensado comprarlo y poner un local acá.
   - Buen precio.  Yo podría hacerlo ahora mismo y poner una tienda de merchandising o una librería/comíquería  (pues pensé que mi hermana desaprovecharía la oportunidad como otras ocasiones, que vez que ponía un negocio o algo parecido no le funcionaba, porque era muy irresponsable).
 
   Y hasta aquí llegó todo, porque un weón me despertó llamando a mi hermana Jenny, pues le traía un encargo de Essica.

Nota; Es increíble, pero vuelvo a lee tan solo una minúscula parte de estos sueños y me cuesta creer hayan sido míos.  De hecho, ni los recordaba.  Menos mal que me dio por registrarlos cuando tengo la oportunidad.



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