viernes, 20 de septiembre de 2013

La Otra Fantasía: “El Imperio Final” de Brandon Sanderson.




      Desde la Antigüedad, se han contado innumerables historias donde un personaje debe realizar un viaje de corte iniciático (entiéndase esto como una aventura que implica una extensa odisea, durante la cual el héroe de turno mientras lleva a cabo su desplazamiento físico, va creciendo como persona, madurando y convirtiéndose en un mejor sujeto de lo que era al salir de la protección de su hogar; por último, gracias a las distintas pruebas que debe superar para conseguir su objetivo, logra obtener un preciado beneficio y el cual por lo general corresponde también a la obtención de la sabiduría).  A su vez esta ancestral tradición narrativa, propia de la mitología y de las leyendas medievales y textos que se nutrieron de su tradición, fue acogida por la moderna literatura a través de la creación de tantos relatos y novelas, que hoy en día resulta una pesada tarea hacer un catastro de todos los títulos disponibles.
     No obstante durante estos últimos años un autor quiso darle un aire fresco a lo que él bien considera El Síndrome de Campbell, debido a su idea de que los escritores del género no se permiten escapar a las normas preestablecidas por este tipo de literatura y que bien tiene como fuente de inspiración los pasos decretados por Joseph Campbell en su famoso ensayo El Héroe de las Mil Caras (donde el estudioso se permite analizar comparativamente numerosas narraciones clásicas de este tipo).  De este modo fue el mormón practicante estadounidense, claramente discípulo de otro miembro de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, Orson Scott Card, llamado Brandon Sanderson, quien se dispuso a la tarea de renovar el género.  6 libros ya había escrito sin ser aceptado por alguna editorial, cuando casi de forma mágica por fin logró que le publicaran el séptimo, Elantris, novela con la cual de forma rápida logró la fama y la aprobación de la crítica especializada como la de los lectores.   El reconocimiento de su talento fue tal, que la viuda de otro importante autor de fantasía recientemente fallecido, Robert Jordan, le pidió personalmente que acabara la última novela de su extensa y premiada saga La Rueda del Tiempo; así fue como Sanderson tuvo dicho honor y cumplió con el reto, prometiendo además continuar con las ficciones de su predecesor.
El autor de esta preciosa novela.
     En el transcurso del 2006, un año después de ser editado Elantris, sale a la luz  El Imperio Final, primera parte de la tetralogía titulada como Nacidos de la Bruma.  La trama sucede en un lugar llamado justamente El Imperio Final, el cual se haya marcado por la ceniza que día a día despiden sus numerosos volcanes, de modo que este mundo resulta ser un sitio agreste y en el cual solo las especies más fuertes han logrado sobrevivir, razón por la cual las flores apenas son un recuerdo y de fenómenos naturales como la lluvia, la nieve y el cielo azul apenas se sabe.  A su vez esta tierra se haya bajo una cruel dictadura de tipo religioso, centrada en la figura de su único mandatario y dios, el Lord Legislador, quien durante mil años ha dominado con dureza a su gente, manteniendo además una sociedad en la cual existen tres clases sociales claramente diferenciadas: Los nobles, quienes poseen todo tipo de privilegios económicos y llevan una vida monótona, puesto que pese a todo su poder son de igual manera controlados por el Lord Legislador; los skaa, los cuales viven en la miseria, siendo esclavos para los anteriores, además de que los nobles en su mayoría realizan todo tipo de abusos contra ellos; y por último, los terrisanos, una raza ancestral de la que quedan muy pocos y que trabajan como sirvientes para los nobles, debido a sus numerosas habilidades, aunque son tratados con deferencia por estos.  Entre estos tres, siendo los representantes de la autoridad, se encuentran los Obligadores y los Inquisidores, quienes no se llevan bien entre sí; los primeros administran y mantienen la burocracia del Reino Final, mientras que los otros manejan con puño de hierro la justicia (que siempre es punitiva) y poseen una gran fuerza, además de una imagen aterradora debido a sendos clavos que atraviesan sus ojos hasta salir por detrás de sus cráneos.
     Los protagonistas son un grupo de skaa que desean provocar la rebelión definitiva contra el Lord Legislador y su infame gobierno, deshaciéndose además de los crueles nobles y por supuesto, de los Obligadores y los Inquisidores.   Entre estos personajes hay unos cuantos brumosos, individuos que poseen distintos tipos de poderes según el metal que sean capaces de metabolizar, al ingerirlo en pequeñas cantidades.  A su vez existen unos pocos llamados nacidos de la bruma, quienes pueden metabolizar todos los metales, razón por la cual cuando los consumen, adquieren todas las extraordinarias capacidades que en el caso de los brumosos solo corresponden a un tipo por cada persona.  Esta habilidad de adquirir poderes de dicha forma, recibe el nombre de alomancia; en contraposición a este tipo de magia se encuentra la feruquimia, basada también en el uso de los metales, pero utilizándolos como recipientes de energía y luego pudiendo acceder a gusto a otro tipo de poderes gracias a ello.
     Como este libro parte con el principio de Sanderson de alejarse del llamado Síndrome de Campbell, la mayor parte de la acción ocurre en el mismo sitio, es decir, el Imperio Final y precisamente en su capital Luthadel.  Por ende el viaje físico no es el elemento que lleva a los personajes a la aventura, si no que lo es el estado político y religioso en el cual se encuentra inmerso este reino, de modo que son las motivaciones sociales de estos las que permiten que se desarrollen los acontecimientos.  Como ya se ha afirmado aquí, no hay viaje físico o más bien a éste no se le otorga mayor relevancia; en cambio sí toma un rol fundamental el viaje interior o espiritual, por cuanto los dos personajes centrales del libro a lo largo de él pasan por una serie de eventos que los marcan lo suficiente como para crecer en su fuero interno.
    Otro elemento que bien llama la atención dentro de esta obra de fantasía, es que se aleja a su vez de la ambientación de corte medieval, tan cara a las narraciones del género; de este modo el mundo descrito en esta novela pareciera más bien ubicarse en un periodo posterior a la Edad Media, puesto que su constante mención a las plantaciones de las que los nobles son los dueños (algo tan propio de un sistema económico y administrativo de una sociedad esclavista como la estadounidense de los siglos XVII y XVIII), las fiestas a las que acostumbran organizar estos mismos y hasta la inesperada mención de un reloj de muñeca, nos hacen la idea de un mundo mucho más cercano temporalmente a nosotros, que el visto en otros trabajos de este tipo de literatura.

Tal como su “maestro”, Orson Scott Card, Brandon Sanderson demuestra en este libro un hondo sentido religioso al otorgarle a la teología un papel destacado dentro de la vida de sus personajes.  En primer lugar se encuentra la figura del Lord Legislador, un  hombre que se ha convertido en un dios y a partir de entonces, domina con autoritarismo a su pueblo; a este ser no se le ama, ni se le respeta, si no que se le teme, al igual que a muchas divinidades de teologías del mundo real y de características similares.  No obstante a lo largo del desarrollo del libro, se entra en conocimiento de la existencia de muchas otras religiones, todas estas en cambio benignas, pero que fueron extinguidas por el propio Lord Legislador tras su ascensión.  La novela deja bien claro que una fe religiosa solo vale si posee creyentes de verdad, quienes abracen sus dogmas por elección propia y no por obligación; a su vez cada una de las ideologías presentadas en el texto, se muestran como algo que vela por el crecimiento espiritual y la felicidad de sus devotos, a diferencia de lo que proclama el Lord Legislador, quien solo se preocupa de imponer cierto orden y la obediencia ciega.  Por último, se expone en el libro la concepción de que un individuo de carácter excepcional se puede transformar para los demás en una fuente inspiradora de connotaciones divinas, a tal punto de nacer una nueva religión que logre darle sentido a la vida de las personas; de este modo los procesos sociales bien son los gestores de la aparición de las religiones dentro de una comunidad (tal cual se puede evidenciar a lo largo de la historia real). 
    Considerando la loable tarea de los protagonistas del libro, consistente en liberar a su pueblo de la opresión de un dictador, la novela aborda también el tema del liderazgo; esto al darle preponderancia al proceso por el que debe pasar uno de los dos personajes principales, todo para transformarse en el cabecilla correcto de la rebelión que se está gestando.  Así es cómo a lo largo de sus varias páginas, este personaje que en un principio estaba movido más por el rencor, el deseo de venganza y la vanagloria, descubre con el paso del tiempo el placer de servir desinteresadamente a otros con su labor de líder.  Por ende, considerando estos antecedentes y otros ya comentados arriba, con El Imperio Final  estamos frente a una ficción que va más allá de la lectura de sana entretención, ya que se trata de una obra compleja con más de una lectura.  Derivado de esto, se encuentra además la relevancia que le otorga el libro al trabajo en equipo para poder conseguir un bien común, algo propio de los individuos ejemplares que se espera estén en el poder; de este modo, la labor en conjunto entre individuos con distintas características, pero con los mismo valores morales e intenciones, bien permite que se puedan conseguir los objetivos y con ello alcanzar lo mejor para la comunidad (de este modo tal como se verá en la novela, un buen gobierno funciona solamente si está bien organizado atendiendo a las virtudes y potencialidades de cada uno para sacar provecho de ello).
    Otro valor destacable en el libro resulta ser la amistad, que acá se ve como la relación que permite que la coprotagonista logre superar sus propias taras y dejar de lado su soledad; todo esto gracias a que las circunstancias la llevan a aprender a confiar en los demás, como también a valorarse a sí misma, una vez que ve en los ojos de los otros la importancia que le otorgan como persona.  A su vez es en la tolerancia y la aceptación de que no estamos solos, que necesitamos a los demás, que la misma empresa de la rebelión es posible.  Cabe decir que este patrón cultural desde tiempos inmemoriales ha sido fuente de numerosas historias y en El Imperio Final no falta la fraternidad como la inspiración para heroizar a los personajes, gracias al ejemplo que los demás se dan entre sí, como también por el simple hecho de querer proteger a quienes se ama.
    Al leer la trama central del libro, el narrador nos regala al comienzo de cada capítulo, el fragmento de otro texto escrito en primera persona y que por lo que se va dejando claro a medida que avanzan las páginas, tiene clara relación con la novela.  Luego nos enteramos de la procedencia de dichos fragmentos, quién es su autor y la importancia que puede tener tal documento (bastante antiguo, por cierto) para el desarrollo de los sucesos posteriores.
    A diferencia de muchas obras de fantasía épica, en el libro no hay dragones, hechiceros convencionales, elfos, trasgos, trolls y otros seres similares que tanto abundan por ahí.  Si hay unos cuantos espectros de la bruma, criaturas bastante extrañas, que en circunstancias extraordinarias pueden superar su propia naturaleza (y que bien en esta saga tendrán un destacado papel de forma inesperada).  Ya se ha comentado arriba que muchos de los personajes poseen extraños poderes; estos corresponden a las habilidades de atraer y repeler metales, lo cual bien permite dar saltos increíbles y/o volar; también están las destrezas de fuerza y resistencia aumentadas, influir en las emociones de los demás, entre otras.  Las batallas entre individuos con estas capacidades, se describen a lo largo de este tomo, con una vitalidad tal que pareciera estar viendo un filme de artes marciales o de superhéroes o bien estar frente a personajes de animé; los momentos en los que se narran dichos enfrentamientos, resultan estar llenos de emoción adrenalínica.   A continuación un fragmento que ejemplifica muy bien lo recién afirmado.

    “El lanzamonedas gritó cuando se acercó. Vin disparó una moneda contra él. El hombre, naturalmente, la devolvió de un empujón, pero Vin se ancló contra el tejado de bronce y avivó acero, empujando a su vez con firmeza.
     El empujón de acero del hombre, transmitido de la moneda a Vin y al tejado, lo lanzó por el aire. Dejó escapar un grito mientras se perdía en la oscuridad. Era sólo un brumoso, no podía tirar de sí mismo para volver al tejado.
     El otro lanzamonedas trató de rociarla de monedas, pero Vin las esquivó con facilidad. Por desgracia, no era tan necio como su compañero y soltó las monedas poco después de empujarlas. Sin embargo, estaba claro que no podía golpearla. ¿Por qué entonces...?
    ¡El otro nacido de la bruma!, pensó Vin, y rodó mientras la figura saltaba de la oscuridad con los cuchillos de cristal destellando en el aire.
    Vin apenas logró apartarse. Tuvo que avivar peltre para recuperar el equilibrio. Se incorporó junto al violento herido, que intentaba levantarse, debilitado. Avivando de nuevo peltre, Vin le hundió el hombro en el pecho al hombre, apartándolo de un empujón. Éste se tambaleó, todavía sujetándose el costado sangrante. Luego resbaló y cayó por la claraboya. El fino cristal tintado se hizo añicos y los oídos de Vin amplificados por el estaño oyeron gritos de sorpresa abajo, seguidos de un golpe cuando el violento llegó al suelo.
    Vin alzó la cabeza, sonriendo con malicia a la aturdida Shan. Tras ella, el segundo nacido de la bruma maldijo en silencio.
    —Tú... Tú... —farfulló Shan, los ojos ardiendo peligrosamente de furia en la noche.
    Acepta la advertencia, Elend, pensó Vin, y escapa. Es hora de que me marche.
    No podía enfrentarse a dos nacidos de la bruma a la vez: ni siquiera podía derrotar a Kelsier la mayoría de las noches. Avivando acero, Vin se lanzó hacia atrás. Shan dio un paso adelante y, con decisión, se impulsó tras ella. El segundo nacido de la bruma la imitó.
    ¡Demonios!, pensó Vin, girando en el aire y tirando de sí hacia el borde del tejado, cerca de donde había roto la vidriera. Debajo corrían figuras y sus linternas iluminaban las brumas. Lord Venture probablemente pensaba que la confusión significaba que su hijo había muerto. Le esperaba una sorpresa.
     Vin se lanzó de nuevo al aire, saltando al neblinoso vacío. Oyó a los dos nacidos de la bruma aterrizar tras ella, luego se impulsó otra vez.
     Esto no va bien, pensó nerviosa mientras recorría las corrientes de aire. No le quedaban monedas, ni tenía dagas..., y se enfrentaba a dos nacidos de la bruma bien entrenados.
    Quemó hierro, buscando frenéticamente un anclaje en la noche. Una línea azul, moviéndose despacio, apareció bajo ella a la derecha.
    Vin tiró de la línea, cambiando su trayectoria. Se lanzó hacia abajo: la muralla de la fortaleza Venture apareció como una sombra oscura. Su anclaje era el peto de un desafortunado guardia de la muralla que se agarraba frenético a una de las almenas para no ser arrastrado hacia Vin.
     Vin chocó contra el hombre con los pies, luego giró en el aire brumoso, volviéndose para aterrizar en la fría piedra. El guardia se desplomó, luego gimió, agarrándose desesperado a su asidero de piedra mientras otra fuerza alomántica tiraba de él.
     Lo siento, amigo, pensó Vin, soltando de una patada la mano del hombre de la almena. El guardia salió inmediatamente despedido hacia arriba, como impulsado por un poderoso cable”.

    La novela se encuentra escrita desde el punto de vista de los dos personajes principales, los nacidos de la bruma Kelsier y Vin, si bien unos pocos capítulos centran su protagonismo en el noble Elend; a su vez la primera parte del intenso Prólogo y un breve capítulo de bien avanzada esta obra, se encuentran centrados en otros personajes que no volverán a salir dentro del libro, aunque sus puntos de vista permiten dejar claro como nunca el impacto de los eventos que se están desarrollando.
    A lo largo de esta extensa novela, se presentan numerosos momentos de gran carga dramática, emotivos y narrados con una delicadeza que le otorga cierta poesía a la prosa de su autor; aún no llega a la sublimidad narrativa del maestro de Sanderson, Orson Scott Card, pero sí promete varios episodios inolvidables y el desarrollo de personajes en verdad entrañables.
    Por último, cabe destacar los siguientes personajes en el libro.

  • Kelsier: Único sobreviviente de las minas de un preciado mineral y de las cuales solo el Lord Legislador es el dueño.  Su experiencia en dicho lugar lo llevó a convertirse en uno de los nacidos de la bruma más poderosos.  En su deseo de vengarse de su opresor, decide liderar el grupo de resistencia definitivo contra el dictador para derrocarlo de una vez.  En el proceso este sujeto atractivo de personalidad carismática y extrovertido, cambia a tal punto que su propósito toma ribetes mucho más heroicos de lo que él mismo pensaba en un principio, cuando decide cobrarse contra el Lord Legislador. 
  • Vin: Adolescente que vivió toda su vida como ladrona en situaciones bastante deplorables, hasta que es descubierta por Kelsier e invitada a formar parte de su grupo de resistencia.  Acostumbrada a desconfiar de la gente y a ser autosuficiente, durante su nueva vida junto a quien seria su maestro y a los que llegarían a ser sus primeros amigos, la chica descubre valores como el compañerismo, la lealtad y el autosacrificio en pos de un bien en común.   Su proceso de crecimiento espiritual resulta ser en la novela uno de los ejes más importantes dentro de esta compleja obra.
  • Sased: Terrisano que participa de la rebelión de Kelsier, quien llega a convertirse en una especie de figura paterna para Vin.  Como el resto de su raza, es alguien de trato afable; a su vez guarda varios secretos que tienen relación con el propósito de su gente de conservar el legado de todas las culturas, que fueron suprimidas por el Lord Legislador cuando éste tomó el poder.  Sased en más de una ocasión tiene una participación increíble e inesperada en este libro.
  • Marsh: El hermano mayor de Kelsier, a diferencia suya es alguien introvertido y de apariencia grave, no obstante también es un individuo honorable y valeroso que accede a ayudar a su hermano y a su grupo a derrotar al Lord Legislador.  En el clímax de la novela, su papel llega a superar cualquier expectativa que se pueda llegar a tener sobre su compromiso con la misión que se le encomienda.
  • Elend: Joven noble miembro de la Casa más poderosa en todo el Imperio Final, quien resulta ser para su padre, una verdadera vergüenza debido su actitud lejana a los propósitos que se supone debería tener alguien de su alcurnia; es así como contra su voluntad, Elend es un individuo estudioso, para nada gustoso de la opulencia de la que acostumbran sus congéneres y que realmente se interesa por los skaa.  Su encuentro con Vin lo marcará para siempre, lo mismo que a la joven nacida de la bruma.


martes, 17 de septiembre de 2013

Mestros del Horror 14: “The Damned Thing” (La Cosa Maldita) de Tobe Hooper.


14.1- El Escritor.

     Considerado uno de los tres grandes cuentistas de literatura de terror estadounidenses del siglo XIX, conjuntamente con el mismísimo Edgar Allan Poe y Nathaniel Hawthorne, Ambrose Bierce dejó como legado una gran cantidad de cuentos; este legado fue para nada menos para Lovecraft una de sus fuentes inspiradoras a la hora de desarrollar sus famosos Mitos de Cthulhu gracias a su ominoso relato Un Habitante de Carcosa (de hecho le dedicó unas cuantas páginas en su famoso ensayo sobre el género El Horror Sobrenatural en la Literatura).  La obra en general de Bierce fue recopilada en vida en numerosos tomos de cuentos, si bien también incursionó en la poesía y en el ensayo; en cuanto a sus narraciones cortas, no todas pertenecían al terror, aunque en su mayoría mantienen elementos caracterizadores como el uso del humor negro y cierta misantropía al demostrar un pesimismo respecto a la natural bondad del ser humano.  Su literatura se ha convertido además en un gran muestrario de las costumbres de su época y sociedad, debido a su talentosa pluma, la que en parte le permitió trabajar además como periodista, de modo que su obra misma presenta su interés hacia la crónica y la crítica mordaz de su gente; no obstante a esto sumó su lado más macabro, entregando cuentos que hoy en día son todos unos clásicos, incluso dentro de aquellos que originalmente no pertenecen al género del terror.
   
Ambrose Bierce.
Nacido en medio de una familia campesina y religiosa, escapó a temprana edad de un medio en el cual no se sentía a gusto, puesto que sentía rechazo por toda su sangre, menos por uno de sus hermanos.  Siendo aún un adolescente, fue amante de una mujer de más de setenta años, también ofició de forzudo de feria y entró todavía bastante joven a la vida militar.  Participó en numerosas batallas, las que les dejaron unas cuantas secuelas; estuvo casado y tuvo tres hijos con su esposa, de quien se separó cuando se enteró de un “admirador secreto” al leer accidentalmente una carta dirigida a ésta. Ya anciano, tuvo la osadía de irse como corresponsal de guerra en pleno territorio mexicano, donde se unió al ejército de Pancho Villa; fue entonces que de Ambrose Bierce se perdió el rastro y por lo poco que se logró saber de él, presumiblemente murió ejecutado.  Esta desaparición suya, sumada a su aventurera vida y particular forma de ser, lo convirtió en un personaje legendario, a tal punto que otra vez Lovecraft se acordó de él y lo mencionó en su relato El que Acecha en el Umbral; a su vez el importante escritor mexicano Carlos Fuentes lo hizo protagonizar su célebre novela Gringo Viejo, de la cual se hizo un aclamado filme hollywoodense a finales de los ochenta; posteriormente fue incluido como personaje en el tercer filme de la saga de vampiros Del Crepúsculo al Amanecer.
     Pese a la calidad y gran atractivo de sus obras, Bierce no ha sido adaptado audiovisualmente tanto como se esperaría.  Uno de sus cuentos más recordados, Lo que Pasó en el Puente del Buho ha conocido tres versiones, siendo la última para la versión ochentera de la serie de televisión La Dimensión Desconocida.
    El cuento que fue seleccionado por Maestros del Horror, tiene la particularidad de abordar un tópico bastante caro a la literatura de terror de su época: la monstruosa criatura invisible, tema que en el ya clásico cuento El Horla de Guy de Maupassant fue también tratado con maestría.

14.2- La Película.

    Estrenada originalmente el 26 de octubre de 2007 en USA, fue dirigida nada menos que por Tobe Hooper y de quien se puede leer una pequeña biografía suya aquí y que realicé para mi crítica a su primera incursión para Maestros del Horror.  Esta adaptación llevó la trama a la actualidad y como era de suponer, propio de su director y del programa, se le agregaron elementos gore; a su vez contó en el protagónico con el guapo y talentoso actor Sean Patrick Flanery, quien hizo del antagonista de John Smith en la adaptación televisiva de La Zona Muerta (basada en la homónima novela de Stephen King), así como ha participado en numerosos programas y películas, siendo recordado además por su papel de “adolescente mutante” en Pura Energía (Powder).  El guión fue hecho por Richard Cristhian Matheson, hijo de Richard Matheson, quien ya había trabajado junto al director durante la entrega inicial de Hooper para la serie, adaptando un relato de su propio padre.
    La historia comienza en 1981, mostrando lo que parece una familia ideal durante su cena, hasta que un horrible suceso irrumpe la grata escena, debido a la intervención de una fuerza maligna que se apodera del padre de familia; al final de este potente epílogo, solo queda como sobreviviente el único hijo de la pareja.  24 años después el otrora niño sirve ahora como su fallecido padre, de sheriff en su pueblo, un lugar pacífico supuestamente, hasta que el antiguo mal que aún persiste en la memoria del protagonista, regresa para esta vez apoderarse de todo el lugar.
     Si bien tiene sus buenos momentos este telefilme, no llega a la calidad de lo mejor del programa, ni mucho menos a ser tan entretenido como el primer trabajo de su director para la serie; eso sí, logra crear un ambiente de tensión y fatalidad ante la desgracia del protagonista y los suyos, quien desde su primera aparición como adulto logra verse como un individuo acabado.  Llama la atención cómo una vez más los gringos vuelven a poner como protagonista (para bien o para mal) a un representante de la ley y el orden, quien en este caso en vez de verse como un sujeto de recia personalidad, se percibe como un sujeto mellado por sus recuerdos e impedido para ser feliz.
     La trama a su vez trata la idea recurrente del pasado que nos persigue a tal punto que la única manera de encontrar cierta paz, es enfrentándolo.  Esta concepción tan antigua como la humanidad y que se encuentra en los relatos de todas épocas, resulta ser para la literatura de terror (igualmente el cine y las historias en general de este tipo), una oportunidad para abordar los miedos infantiles y ancestrales de los protagonistas, quiénes por más que traten de olvidarlos, en su vida adulta vuelven a encontrarse con ellos.
     La llamada Cosa Maldita se muestra gracias a esta puesta en escena, como una entidad ligada a la locura misma de los personajes; a su vez se le retrata como una verdadera fuerza de la naturaleza, que se manifiesta primero con un fuerte viento, luego como una especie de petróleo que contamina a la gente con su esencia del mal.  El origen supuestamente subterráneo de la criatura que acosa a los personajes, bien representa de algún modo al mal mismo que nace del corazón de la gente, o sea, lo que alguien pesimista como el escritor que inspiró esta adaptación, veía como algo tan propio del ser humano.  El final de este mediometraje no puede ser más negativo.

Edición en nuestra lengua de un volumen de relatos de este recomendable escritor.


sábado, 14 de septiembre de 2013

El Indiscreto Encanto de la Mariconería.

Pedro Lemebel

     Pedro Lemebel es un escritor chileno nacido a mediados de la década del 50 en condiciones humildes, de modo que la pobreza lo marcó desde pequeño, conjuntamente con su condición homosexual, ambos elementos que tendrán una gran relevancia dentro de su modus vivendi e ideología, así como en su propia literatura.
     Como veinteañero y ya “instalado” dentro de su alternativa forma de vivir (una homosexualidad afeminada que tiene mucho de travestismo y en la cual el homosexual es “la loca” y no el gay masculino que corresponde a la visión actual de muchos que asumen esta condición), le tocó vivir y defender los ideales del gobierno de la Unidad Popular (bajo el liderazgo del Presidente de la República Salvador Allende, el primer gobernante socialista elegido democráticamente en todo el mundo); este importante periodo de la historia del Chile, fue quizás la primera vez en que la comunidad homosexual (y nótese no gay, puesto que el propio Lemebel no se considera parte de este particular grupo, al que luego en su propia obra y particularmente en su libro Loco Afán va casi a reprobar) nacional tuvo su apertura al resto de la sociedad criolla.  No obstante luego con el Golpe Militar de Pinochet y su dictadura de 17 años, el sueño se le esfumó en parte y como pudo sobrevivió en su por ya entonces “peligroso” estilo de vida, siempre manteniendo el resentimiento por la represión, inseguridad, hipocresía y violencia que la derecha depositó en los corazones de tantos compatriotas.
     Quizás uno podría llamar maricón a Lemebel frente a su cara, sin que éste frunza el ceño, ni se inmute, pero no poco hombre, puesto que el artista desde sus primeros años demostró valentía para asumir su dignidad como persona y más todavía como homosexual; así fue como en el año 1987, aún en plena dictadura, tuvo la osadía de crear un colectivo artístico junto a su amigo y “colega” Francisco Casas (por lo que más que colectivo, resultó ser un dúo) de performances artísticos de clara connotación homosexual y de protesta política; Las Yeguas del Apocalipsis como se llamaron y son recordad@s hoy en día, realizaron varios montajes que irrumpieron en los entonces cerrados círculos del llamado “apagón cultural” del gobierno de Pinochet, en medio de eventos al que llegaron de improviso y sin ser invitad@s; cabe tener presente que sus intervenciones artísticas continuaron hasta los primeros años del regreso a la democracia.
    A la fecha Lemebel (siendo su primer apellido Mardones, pero optando por legalizar y hacer propio el de su madre como único apellido, debido a que su progenitor los abandonó a él y a su madre a muy temprana edad) ha ganado numerosos premios y participado en diversos actos literarios y culturales (ahora sí como invitado), donde ha destacado por su personalidad excéntrica, extrovertida, pero siempre chispeante.  Recientemente se le concedió el Premio José Donoso a lo que declaró con su habitual ironía y actitud deslenguada que con la plata se pondría pechugas.
    De reconocimiento internacional, tanto en Europa, como en el resto de Latinoamérica y de seguro otras zonas del mundo, la fama lo sorprendió cuando su amigo el difunto escritor también chileno y emigrado en España, Roberto Bolaño, lo apadrinó literariamente.  A partir desde entonces, en pleno 1999, su carrera como autor se internacionalizó, gracias a la publicación de su segundo libro Loco Afán: Crónicas de Sidario en España por la editorial Anagrama, la misma que editaba el trabajo de Bolaño; no pasó mucho tiempo para que Lemebel fuese traducido al francés, italiano e inglés.
    Dentro de su labor literaria, se encuentran en un principio cuentos (siendo uno de ellos, Porque el Tiempo está Cerca, ganador del primer premio de un concurso de la Caja de Compensación Javiera Carrera, su primera obra en hacerlo conocido en el rubro; cabe desatacar que este acontecimiento fue en 1983, durante el gobierno de Augusto Pinochet, siendo además que su relato ya anticipaba la temática de su obra en conjunto, relacionada con la homosexualidad marginal).  Luego el autor orientó su trabajo prosístico hacia la llamada crónica urbana, un subgénero híbrido (como su propia apariencia afeminada tan propia de los travestis, con los cuales éste bien se siente reflejado) proveniente de la prensa escrita y que él escribe  basándose en sus propias vivencias y en la de otras “locas” de su conocimiento; todo redactado de forma poética, aunque mezclando además jerga coloquial y mucha, mucha ironía.  He aquí un ejemplo de su desempeño en este subgénero que tanto le gusta:

     Santiago se bamboleaba con los temblores de tierra y los vaivenes políticos que fracturaban la estabilidad de la joven Unidad Popular. Por los aires un vaho negruzco traía olores de pólvora y sonajeras de ollas, «que golpeaban las señoras ricas a dúo con sus pulseras y alhajas». Esas damas rubias que, pedían a gritos un golpe de Estado, un cambio militar que detuviera el escándalo bolchevique. Los obreros las miraban y se agarraban el bulto ofreciéndoles sexo, riéndose a carcajadas, a toda hilera de dientes frescos, a todo viento libre que respiraban felices cuando hacían cola frente a la UNCTAD para almorzar. Algunas locas se paseaban entre ellos, simulando perder el vale de canje, buscándolo en sus bolsos artesanales, sacando pañuelitos y cosméticos hasta encontrarlo con grititos de triunfo, con miradas lascivas y toqueteos apresurados que deslizaban por los cuerpos sudorosos. Esos músculos proletarios en fila, esperando la bandeja del comedor popular ese lejano diciembre de 1972. Todas eran felices hablando de Música Libre, el lolo Mauricio y su boca aceituna, de su corte de pelo a lo Romeo. De sus jeans pata de elefante tan apretados, tan ceñidos a las caderas, tan apegados a su ramillete de ilusiones. Todas lo amaban y todas eran sus amantes secretas. "Yo lo vi. A mí me dijo. El otro día me lo encuentro". Se apresuraban a inventar historias con el príncipe mancebo de la televisión, asegurando que era de los nuestros, que también se le quemaba el arroz, y una prometió llevarlo a la fiesta de Año Nuevo. A esa gran comilona que había prometido la Palma, esa loca rota que tiene puesto de pollos en la Vega, que quiere pasar por regia e invitó a, todo Santiago a su fiesta de fin de año. Y dijo que iba a matar veinte pavos para que las locas se hartaran y no salieran pelando. Porque ella estaba contenta con Allende y la Unidad Popular, decía que hasta los pobres iban a comer pavo ese Año Nuevo. Y por eso corrió la bola que su fiesta sería inolvidable.
     Todo el mundo estaba invitado, las locas pobres, las de Recoleta, las de medio pelo, las del Blue Ballet, las de la Carlina, las callejeras que patinaban la noche en la calle Huérfanos, la Chumilou y su pandilla travesti, las regias del Coppelia y la Pilola Alessandri. Todas se juntaban en los patios de la UNCTAD para imaginar los modelitos que iban a lucir esa noche. Que la camisa de vuelos, que el cinturón Saint - Tropez, que los pantalones rayados, no, mejor los anchos y plisados como maxifalda, con zuecos y encima tapados de visón, suspiró la Chumilou. “De conejo querrás decir linda, porque no creo que tengas un visón." “Y tú regia. ¿De qué color es el tuyo?” "Yo no tengo", dijo la Pilola Alessandri, “pero mi mamá tiene dos.” "Tendría que verlos.” "Cuál quieres. ¿El blanco o el negro?” “Los dos”, dijo desafiante la Chumilou. “El blanco para despedir el 72, que ha sido una fiesta para nosotros los maricones pobres. Y el negro para recibir el 73, que con tanto güeveo de cacerolas se me ocurre que viene pesado.” Y la Pilola Alessandri, que había ofrecido los abrigos, no pudo echarse para atrás, y esa noche de fin de año llegó en taxi a la UNCTAD, y después de los abrazos, sacó las pieles sustraídas a la mamá, diciendo que eran auténticas, que el papá los había comprado en la Casa Dior de París, y que si algo les pasaba la mataban. Pero las locas no la escucharon, envolviéndose en los pelos posando y modelando mientras caminaban a tomar la micro para Recoleta, comentando que ninguna había probado bocado, menos la Pilola que en el apuro por sacar los abrigos se había perdido la cena familiar con langosta y caviar, por eso estaba muerta de hambre, con el estómago hecho un nudo, desesperada por llegar donde la Palma a probar los pavos de la rota”.
La Noche de los Visones (o La Última Fiesta de la Unidad Popular), fragmento.

      Tal como se puede apreciar en el extracto anterior, Lemebel acostumbra conjugar sabiamente en sus textos, prosa poética, con coprolalia, algo propio de un individuo sensible como él, pero que ha pasado parte importante de su existencia conviviendo con personajes populares y marginales, de los cuales se siente parte.  A su vez sus crónicas son el reflejo que hace el escritor de un sector de la sociedad chilena que antes no tenía voz en las letras nacionales, registrando de este modo sus costumbres, triunfos y desgracias, así como su propia historia de tal manera que personas que de otro modo serían olvidados, por medio de su labor obtuviesen la inmortalidad literaria.  Por otro lado, como homosexual que es (y se debe hacer la diferenciación con el gay, estilo de vida del cual Lemebel no se siente parte y según se puede apreciar en su libro Loco Afán desprecia, lo que más adelante será abordado en este mismo texto), acostumbra feminizar todos los nombres y adjetivos que utiliza para referirse a sus amig@s y conocid@s, la mayor parte de ell@s homosexuales afeminados y travestis como él.
    Otro elemento importante en su trabajo literario, es la declaración tajante y explosiva de su postura política comunista y claramente partidista (pese a que en su momento en el mismo Partido sufrió la discriminación por su homosexualidad, siendo que en todo caso quienes deberían ser más tolerantes, muchas veces son todo lo contrario y bien es sabido de la tendencia homofóbica de muchos comunistas).  A su vez es habitual dentro de sus propios escritos, la manifestación de su desprecio hacia los personajes elitistas y en especial aquellos que apoyaron iniciativas ligadas al Golpe Militar y a su posterior gobierno, así como a la gente en general de mentalidad estrecha.  No obstante todo esto lo presenta el autor sazonado con mucho sarcasmo, muchas veces riéndose de sí mismo y de su gente, pero también con una gran ternura cuando la ocasión lo amerita.
Pablo Simonetti.

La literatura homosexual de Pedro Lemebel contrasta con la de otro autor nacional de temática similar, el cual en todo caso aún no posee la inmensa trayectoria y el reconocimiento internacional que destaca al artista a quien hoy le dedico mi tiempo: Pablo Simonetti.  Simonetti es lo que Lemebel casi peyorativamente llamaría como gay, pues éste no es afeminado como él, mucho menos travesti, ni pertenece a la marginalidad de la que forma parte Pedro.  Por el contrario, Pablo Simonetti pertenece a un estrato social mucho más alto y por ende él escribe sobre personas como él, gays de posición acomodada y profesionales, tipos que no por ser homosexuales se “mujerean” entre sí y les gusta usar prendas femeninas como a su contrapartida y a sus amig@s.  De hecho, Simonetti a diferencia de Lemebel, en su apariencia no se ve como la “señora” de vestimenta medianamente estrafalaria, chillona y algo artesanal con la que se le acostumbra vérsele hoy en día; puesto que Simonetti viste de forma sobria, con camisas que por cierto deben costar bastante, lo que acentúa su postura masculina, puesto que no tiene por qué negar su virilidad  pese a su orientación sexual.  El mismo Pablo resulta ser un hombre atractivo, a diferencia de Pedro quien para nada lo es (y qué raro, ambos poseen nombres de corte bíblico y tradicional).  De este modo al leerse en contraste a ambos autores chilenos, bien se puede tener un panorama mucho más completo de lo que significa en la actualidad ser gay en Chile.
    En el año 2001, Pedro Lemebel publicó la que hasta ahora ha sido su única novela, Tengo Miedo Torero, afortunada incursión en el género que hace lamentar que el escritor no haya vuelto a escribir usando este formato.  El título del libro remite a la letra de una de esas canciones “apasionadas”  que tanto les gustan a los individuos como Lemebel (elemento que ya se había visto en su elección para titular cada uno de los capítulos de su Loco Afán), pero también posee más de un significado, entre ellos tiene relación con la circunstancia vital en la que se encuentra un@ de sus protagonistas, al tener que verse en la incertidumbre de sufrir por la vida de su amor platónico.  La novela posee carácter de narrativa histórica, ya que se encuentra ambientada en plena mitad de la década de los ochenta en Chile, meses previos al famoso atentado a Pinochet en el Cajón del Maipo por un grupo guerrillero contrario a su gobierno.  El texto se encuentra dividido en dos focos de narración, siendo el principal aquel ubicado dentro del punto de vista de “La Loca del Frente”, proyección literaria del propio Lemebel, quien entra en amistad con un apuesto y encantador universitario y del que se enamora en secreto; éste último resulta ser parte del equipo encargado de dar muerte al dictador de forma sorpresiva.  El segundo nivel de la narración, gira en torno a Lucía, nada menos que la esposa del dictador militar de derecha y al que el novio platónico de la Loca del Frente pretende derrocar junto a los suyos; así durante los capítulos dedicados a ella, se nos cuentan sus propias vicisitudes, la mayoría propias de una persona inauténtica y preocupada por el qué dirán, lo que contrasta con el espíritu libre y bondadoso de la otra protagonista.  En ambos segmentos del libro, Lemebel cambia su estilo narrativo, sorprendiendo en los capítulos dedicados a Lucía, donde su prosa llega a tornarse mucho más sutil y hasta solemne, elección que llama la atención para un personaje que demuestra claramente carecer de las virtudes de la “otra” protagonista, pero por quien pareciera que el autor siente lástima debido a sus propias miserias.
    A continuación un fragmento representativo de los dos focos narrativos de Tengo Miedo Torero:

     “Nunca una mujer la había provocado tanto cataclismo en su cabeza. Ninguna había logrado desconcentrarlo tanto, con tanta locura y liviandad. No recordaba polola alguna, de las muchas que rondaron su corazón, capaz de hacer este teatro por él, allí, a todo campo, y sin más espectadores que las montañas engrandecidas por la sombra venidera. Ninguna, se dijo, mirándolo con los ojos bajos y confundidos. Intentando recobrar el pulso de su emoción. Tratando de volver al razonamiento frío de los números y ecuaciones de tiempo que requería el trazado de su plano. Porque el día se iba rápido y no existía una segunda oportunidad para corregirlo.  Por eso le pedía que por favor, que al menos por media hora dejara de mirarlo así, con esa llamarada oscura quemando su virilidad, demandando su cariño. Que por favor cortara la música, ese cassette presagiando desgracia, ese disco de burdel antiguo, ensangrentando la tarde de antemano. Que después podía ponerlo las veces que  quisiera, pero hora era urgente terminar el trabajo. Se me acaba la luz, faltan algunas fotos y tenemos hasta las 6 nada más”.


    El extracto de arriba se centra en todo caso en Carlos, el joven universitario al que la Loca del Frente adora, si bien obviamente forma parte de los capítulos dedicados a este último personaje.

     “La comitiva venía de regreso, después de largo fin de semana en que el Dictador y su mujer oxigenaron sus pensamientos en el oasis cordillerano del Cajón del Maipo. Como él lo supuso, ella no había parado de chicharrear de la mañana a la noche, en que caía rendida durmiéndose pesadamente bajo el antifaz de avión que trajo del viaje a Sudáfrica. Pero en la mitad del sueño, cuando él se disponía a cerrar los ojos, ella sonámbula seguía en su charla molestosa.
    Soñaba que venía en el avión, regresando de esa fallida visita a Sudáfrica. ¿Viste? Yo te dije, te lo advertí mil veces que aseguraras bien si nos iban a recibir esos cholos mal educados. Pero no, tú déle y déle conque ellos estaban de acuerdo con tu gobierno, porque era uno de los pocos países que te admiraban por haber derrotada al marxismo. Fíjate tú, por hacerte caso, mira tú qué bochorno, qué plancha, qué vergüenza Dios mío llegar allá y tener que devolverse al tiro, sin siquiera bajar del avión. En mi vida me había sentido tan mal, tan humillada por esos negros mugrientos y todo por tu culpa viejo porfiado. Gonza me lo dijo, me lo advirtió tanto que no debía ir. El calor es terrible me dijo, y tanta humedad y tanto negro resentido, y tanta revuelta. Mejor quédese aquí. Gonza me vio el I Ching y ahí salía. No te digo. “No cruzar el agua, permanecer quieto”, decía ese libro sabio. Pero tú nunca me haces caso, tú siempre tan incrédulo, tu siempre desconfiando de Gonza que es tan buen chiquillo. Tan amoroso, que me prestó su caftán de seda pura, y me llenó las maletas de ropa fresca y sombreros de safari y repelentes. Para que no la piquen los mosquitos, que sacan el pedazo en esas selvas, me advirtió. Y me regaló docenas de guantes para que le de la mano a la Reina Isabel, porque allá hay tanta sarna y esos negros siempre tienen las manos sudadas”.

    Tal como se puede observar en las dos citas textuales, el autor ocupa buena parte de la narración en detenerse en el pensamiento de sus personajes; no obstante en el caso de Lucía usa la primera persona de forma constante para darle aires de confesión a sus capítulos, pero con la intención de mostrar la soledad misma de la mujer, quien en realidad pese a todo el poder que ostenta su marido, es alguien infeliz.
    En 1996 publicó Loco Afán: Crónicas de Sidario, su segundo libro.  La primera parte del título remite a los personajes de la vida real a los que dedica una vez más sus escritos: “locas”, gays de procedencia popular, que en muchos casos ofician de prostitut@s, cada uno de ellos excéntricos en su existencia y personalidad, como acostumbran a ser de extrovertid@s sus pares (tal cual el mismo Lemebel).  El subtítulo del tomo tiene relación con al menos las dos primeras partes del texto, llamadas melodramáticamente Demasiado Herida y Llovía y Nevaba Fuera y Dentro de Mí, donde el artista cuenta en cada crónica cómo el SIDA lo ha sobrellevado uno y otro de sus singulares personajes sacados de la vida real.  Lo que bien llama la atención de este apartado del libro, es cómo Lemebel escapa a la compasión barata y prefiere ilustrar con gran humor (negro por cierto), en muchas ocasiones, con poética solemnidad en otras, la humanidad de estos curiosos personajes y a los que el autor logra poner por sobre sus desgraciadas circunstancias.
     Desde el comienzo del libro recién mencionado, resalta tal como ya se abordó más arriba, la separación tajante que hace Lemebel del estilo de vida por el cual él ha optado y a cuyos miembros que cuando no llama homosexuales, los designa con familiaridad colizas o con cualquier otro término propio de la jerga coloquial chilena para referirse a sus congéneres; de este modo, Pedro se separa del gay, estereotipo al que considera propio de la invasión cultural USA, con su imagen masculina y deportista, tan lejana a su propia identidad y a la de los travestidos seres a los que dedica sus crónicas.  Por otro lado, tal como demuestra el propio Lemebel en sus escritos, su interés homoerótico no se orienta hacia este sector más sofisticado del mundo homosexual, si no al hombre común y corriente, personajes toscos y de la clase obrera, hombres casados aburridos de las negativas de sus esposas…
    La tercera parte del libro, lleva por título El Mismo, el Mismo Loco Afán se detiene en temas varios, comenzando con un desgarrado discurso de corte lírico, en el cual el autor hace una apología de sí mismo y que fue leído por primera vez en un acto del Partido Comunista.  Desde mi propio punto de vista, a partir de aquí el libro se torna mejor, puesto que es entonces que su autor logra mostrar con creces su talento al abordar el tema de la homosexualidad desde diferentes perspectivas y ya no centrada en el drama del SIDA (lo que bien podría llegar a cansar o deprimir al lector).
     Besos Brujos es quizás uno de los segmentos más atractivos del libro, puesto que gira en torno a la homosexualidad y el arte (temas bastante ligados entre sí, históricamente hablando).  De este modo Lemebel en cada una de las crónicas que integran el capítulo o apartado, muestra cómo desde la música, las artes plásticas y la televisión, el mundo homosexual se haya presente casi a manera de un alternativo incontente colectivo y de la tradición popular chilena e hispanoamericana.
     Por último, con Yo Me Enamoré del Aire, del Aire me Enamoré, el escritor trae a la memoria a una que otra “loca” nacional, que en su momento para bien o para mal hizo historia en los medios de comunicación masivos durante los últimos años, rescatando para el recuerdo los singulares episodios que protagonizaron.  Es a su vez en este segmento final, donde el Lemebel más literario demuestra su gran capacidad como albacea de los suyos, a la hora de recordarnos que humanidad es sinónimo de diversidad.
    La apariencia y actitud de Pedro Lemebel en la vida pública puede bien incomodar a algunos, lo mismo sucede con sus escritos, pero negar su talento narrativo y la trascendencia de su obra, bien resultaría un crimen de intolerancia e ignorancia ante uno de los artistas más virtuosos de las letras actuales de Chile (no en vano hoy en día sus libros están entre las lecturas complementarias recomendadas por el Ministerio de Educación).

Las Dos Fridas, montaje plástico de Las Yeguas del Apocalipsis.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Un “ronin” moderno gringo.



     
      Un ronin es un samurai (guerrero del Japón medieval con un fuerte código de honor), quien vaga sin un rumbo fijo y que al no tener un señor al cual servir, ha perdido el sentido de su propia existencia como individuo y como guerrero mismo.   El ronin a su vez es un hombre excepcional, virtuoso y que acostumbra defender una serie de valores ligados a la justicia y la nobleza. Por supuesto que todo este cúmulo de valores se desaprovecha en el caso de estos samuráis sin señor, quien pueda ser su cable a tierra y encauzar todas las potencialidades de su notable persona. 
    En la literatura y en el resto de las artes consistentes en contar historias (películas, series de televisión, cómics y animaciones) este personaje de connotaciones legendarias ha inspirado un montón de obras.  Cuando la cultura japonesa logró conquistar Occidente con su rica mitología, tradiciones, principios y demás elementos caracterizadores, más de un autor gaijin (“extranjero” en japonés) se inspiró lo suficiente como para usar a estos personajes propios del pueblo nipón, aprovechando su particular perfil para narrar historias en las cuales abordar desde su simbólica orfandad, la búsqueda del ser humano de una razón para su existencia.
     Dentro de las adaptaciones occidentales del ronin se encuentra una hoy en día exitosa serie de televisión, que este año está por estrenar su tercera temporada: Person of Interest, programa de acción y suspenso con elementos de ciencia ficción, ambientado en la actualidad.  Creado por Jonathan Nolan, hermano del director y guionista Cristopher Nolan (responsable de la recientemente terminada trilogía de Batman) y con quien participó en el guión de la última cinta de la saga sobre el llamado Caballero de la Noche.  Teniendo en cuenta la natural paranoia gringa post atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, la trama se apoya en la idea del deseo del gobierno estadounidense de evitar cualquier otro evento de este tipo de desastres en sus tierras, llegando incluso a reducir todo tipo de foco de peligro antes de ser llevado a cabo algún plan de tipo terrorista.  Con este objetivo, un genio de la informática crea un aparato, la Máquina como llega a ser llamada, que posee la capacidad de usar cualquier medio de vigilancia moderna (cámaras, satélites, computadores, celulares y otros) para tener acceso a la vida privada de cualquier persona y luego a través de sofisticados algoritmos predecir futuros atentados terroristas.  La Máquina a su vez desarrolló una función secundaria inesperada: puede identificar a personas que están por participar en hechos de violencia mortal, que para nada tienen relación con el terrorismo, aunque eso sí, no logra saber si estos individuos participarán en ellos como víctimas o victimarios.  No obstante esta función colateral de la Máquina no le interesa mayormente al gobierno, por lo que sus datos son desechados todos los días. 
      El creador de esta versión un poco más humanizada del Gran Hermano de la antiutópica novela de George Orwell 1984, un millonario de carácter retraído, pero con fuertes principios morales, luego de un drama personal que le cuesta la vida de alunos seres queridos (durante la primera temporada solo pequeñas nociones acerca de su pérdida y vida privada se presentan al público) decide tomar para sí la cruzada de evitar estas desgracias individuales.  Es entonces que contacta a un ex agente del gobierno, quien al igual que él se encuentra “oficialmente muerto” y guarda un pasado lleno de secretos, así como resulta ser un experto en su propia disciplina; de este modo mientras el millonario superinteligente costea cada caso de intervención salvadora y determina gracias a su aparato quiénes requieren de su ayuda, su compañero realiza gran parte del trabajo físico, que implica la mayor parte de las veces hacer uso de fuerza bruta y/o mortal (si bien por lo general acostumbra dispararle en las rodillas a los malos para neutralizarlos sin matarlos, aunque consiguiendo con ello un gran efecto para sus propósitos).  No obstante considerando la incapacidad de la Máquina para saber el verdadero papel de la persona inmiscuida en cada misión, los protagonistas se llevan más de una sorpresa respecto a los reales propósitos de los intervenidos.
   Durante el desarrollo de la serie, se ven implicados dos agentes de policía, una mujer y un hombre, quienes llegan a participar de los eventos y a relacionarse con la particular dupla de héroes por distintas razones.  A su vez otros personajes ya recurrentes, unos de intenciones nobles y otros criminales, se incorporan a los guiones para otorgarle cierta continuidad a la trama, la cual al menos durante la primera temporada posee capítulos unitarios (aún no me he conseguido la segunda, puesto que espero que llegue en DVD o blu-ray para comprármela).
     Considerando el estilo de las últimas producciones televisivas, Person of Interest (conocida en Latinoamérica como Vigilados, para variar traducción bastante alejada de su nombre original) resulta ser un poco más liviana en cuanto a la dosis de violencia gráfica (uso de sangre y truculencia), teniendo un carácter algo más familiar que las series de este estilo.  A su vez posee su pequeña dosis de humor, el cual resulta grato entre tanto momento tenso durante la serie y sin caer en los facilismos absurdos de muchos programas.
    A su vez, teniendo en cuenta el pasado de tres de sus cuatro personajes principales,  quienes a partir del comienzo de los eventos de la serie ven la oportunidad de resarcirse de sus anteriores culpas, un tema esencial en el programa viene a ser el de la redención personal (lo que también será para muchos de los personajes a quienes los protagonistas deben auxiliar),  Y es aquí entonces que el heroico personaje del ronin hace su aparición en la figura del ex agente gubernamental, quien en el memorable episodio piloto se ve como un hombre acabado que solo desea evadirse de su tragedia…hasta que aparece el genio multimillonario y le ofrece un trabajo, gracias al cual a través de la complicidad de ambos tanto el uno como el otro podrán recuperar la dignidad y el amor propio que en algún momento perdieron.  Momentos emotivos no faltan en este programa y la referencia directa a estos samuráis errantes se puede observar cuando ya en el mencionado episodio piloto John Reese (“John”, o sea, “Juan” en inglés, nombre de carácter bíblico y patriarcal, elección que para nada resulta arbitraria), el otrora agente, se encuentra viendo una vieja  película japonesa sobre estos guerreros…Luego durante un significativo episodio que reivindica como nunca a Reese en su calidad de héroe, el niño a quien debe salvar en esta ocasión lo llama ronin y le habla acerca de sus características, de modo que el simbolismo no puede ser más exacto.
    Los cuatro personajes en los que recae el peso dramático de la serie son:

  • John Reese: Interpretado nada menos que por un actor del talento de Jim Caviezel (el mismo impactante Jesús de La Pasión de Cristo), tal como ya se ha afirmado arriba, es un hombre experto en todo tipo de defensa personal, uso de armas, medios de espionaje y otros.  Tras años trabajando en secreto para el gobierno de USA en peligrosas misiones, el infortunio lo llevó a querer desaparecer, hasta que llega a su vida su nuevo jefe, quien le devuelve el sentido  que había perdido en su existencia.  Reese es un hombre de honor, reservado, pero no al extremo de quien ahora paga su sueldo.
  • Harold Finch: El misterioso filántropo multimillonario y luminaria de la computación, se encuentra bajo los hombros de otro gran actor, Michael Emerson, quien consiguió la fama en la serie de culto Lost, haciendo del maquiavélico y luego humanizado líder de Los Otros.  En este papel tan distinto al que le otorgó la celebridad, Emerson logra desarrollar a un personaje complejo, quien esconde aún muchos más secretos que el hombre que trabaja con él.  Pese a su aspecto tímido, Finch es alguien que no duda en arriesgarse físicamente para ayudar a otros; otro aspecto importante de su persona resulta ser su lado más bondadoso, el cual es en cierto modo es el responsable de su particular cruzada.
  • Detective Lionel Fusco: Originalmente un policía corrupto más de Nueva York, se convierte primero en un obligado cómplice de Finch y Reese, hasta que su labor lo lleva a desear limpiar sus viejos errores, tras disfrutar de nuevo la satisfacción de hacer el bien (llama la atención cómo en esta serie se vuelve a abordar y actualizar el tema de la corrupción entre las fuerzas de la ley y el orden, sirviendo a los intereses de la mafia y otros criminales).  Es padre de un niño (si bien en la primera temporada no está clara su situación civil), a quien adora.  Como el resto de los protagonistas, es un gran profesional en lo que hace, siendo de gran ayuda en especial al ser el “soplón” inserto en los bajos fondos.
  • Detective Carter: Mujer afroamericana y madre viuda con un hijo adolescente, quien desde el primer capítulo anduvo detrás de la pista de Reese, al saberlo involucrado en varios casos extraños que le tocó investigar.  Esta agente de recio código moral, contrasta en una primera instancia con el en un principio ambiguamente moral detective Fusco, teniendo que trabajar juntos sin saber el uno del otro que su compañero mantiene contacto con quienes se supone deberían apresar.  Al igual que los tres personajes ya mencionados, es una persona más que eficiente en lo que hace y con su cuota de heroísmo que la hace ser alguien admirable.
Los protagonistas de izquierda a derecha: Finch, Fusco, Carter y Reese.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Mi reencuentro con “El Hombre del Traje Negro” de Stephen King.


Nota preliminar: A principios de marzo del año 2004 compré con parte de mi finiquito de una antigua pega que tuve, la por entonces última colección de cuentos de mi escritor favorito Stephen King, titulada Todo es Eventual y la que esperé con ansias tener en mis manos para gozar a mis anchas.  Una vez adquirido el libro, para nada hube de decepcionarme, al contrario, cada relato leído era una verdadera delicia que tocaba mi imaginación; así fue como a medida que depositaba mi atención en cada uno de sus textos, me dispuse a escribir una pequeña crítica por cada historia, para luego enviar a la revista  virtual Insomnia y de la cual era colaborador, el conjunto de mi propia apreciación del tomo completo (dicha más que aconsejable publicación, se encuentra dedicada a todo lo concerniente a King y puedes acceder desde acá a ella).  Esta cuarta antología personal de relatos de su autor, que fue publicada originalmente durante el 2002, tenía (y mantiene) entre sus narraciones una que me sobrecogió bastante, de nombre El Hombre del Traje Negro (para quien desee leer mi visión de aquel entonces sobre esta historia y el resto del libro, la puede hallar en el siguiente enlace ) y es esta narración la que hoy en día me lleva a escribir una vez más.
     Desde la época mencionada arriba, que no había leído otra vez el mentado cuento, ni ninguno de los otros que componen dicho volumen.  Pero fue durante el mes que acaba de terminar, que me tocó presentar el cuento de la pasada sesión del Taller Itinerante, como supongo mi querido amigo Paulo Adriazola bautizó a nuestro pequeño grupo de lectura literaria y al que él mismo me concedió el honor de formar parte (aprovecho de contar que Paulo tiene autoeditado un primer tomo de relatos, el cual recomiendo bastante y al que apenas leí le dediqué su propia crítica, la que pueden leer desde acá); fue entonces que tanto él como los otros dos integrantes de este “selecto” equipo (los también literatos María Paz y Guillermo), me pidieron que en mi calidad de “lector constante” de Stephen King, compartiera con ellos algo suyo para que conocieran de una vez su particular prosa.  La verdad es que tras pensar en varias alternativas como para “enganchar” a mis compañeros en la obra de King, opté por el mencionado cuento y del cual tan gratos recuerdos mantenía.  Considerando la inmensa (para mí) cantidad de años pasados entre la fecha original de mi primera lectura y ésta (ahora más viejo y espero un poco menos ignorante), nuevas ideas se me vinieron a la cabeza al reencontrarme con el aterrador Hombre de Negro y su enternecedor narrador y protagonista; ideas que ahora comparto con ustedes y que en su momento expuse durante la pasada sesión del Taller Itinerante.

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     Un hombre ya en el ocaso de su vida, recuerda desde su habitación en un asilo de ancianos, una aterradora experiencia que le tocó vivir cuando era niño y que ahora que se acaban sus días, le ronda como nunca en la conciencia: su encuentro con el Diablo, o simplemente un diablo y de la cual solo por suerte salió con vida.
    El relato ganador del O´Henry, un importante certamen estadounidense de literatura general al mejor cuento corto,  se constituye en una emotiva y a la vez estremecedora historia que con nostálgica atmósfera nos retrae a un mundo que ya fue: el de principios del siglo pasado, cuando la existencia era otra, puesto que la trama transcurre además en una localidad campestre, que es donde vivía el protagonista del relato[1].  En este sentido el racconto (recuerdo extenso) que constituye la parte gruesa de esta historia, va más allá del recurso estilístico para exponer los acontecimientos centrales y que le dan título al cuento, si no que sirve además como cuadro costumbrista de una realidad de la cual hoy en día solo unos pocos han sido testigos y que se relaciona con la vida rural.  A su vez esta existencia tranquila y en un pleno locus amoenus (“lugar ameno”, o sea, natural y grato a los sentidos) permite contrastar el hasta ese momento apacible acontecer del personaje principal (pese al trauma vivido por éste y su familia), con el acontecimiento sobrenatural que le va a tocar experimentar; de este modo la inserción invasiva del visitante que se le presenta al niño durante su descanso en el bosque (fiel proyección física de su propio mundo interior inmaculado), viene a romper como nunca con su esquema preestablecido de la cosas; así es como otra vez en este cuento se narra la vieja historia del demonio implantado en el “Paraíso” y su afán por corromper todo lo bello y bueno que puede haber en este lugar (y qué otra mejor representación de esta pureza a la que el mal quisiera manchar, que la inocencia de un pequeño).
     Cuando el narrador-protagonista vuelve a recordar su espantosa vivencia y decide dejar registro de ella a través de un diario que será su testimonio para la posteridad, tiene la avanzada edad de 90 años, cantidad de años que resulta significativa cuando éste sufre su marcadora experiencia a los 9 años, o sea, el número inverso de cuando se decide “desclasificar” su memoria: 09.   A su vez solo vuelve a sentirse frágil como un niño, cuando está a solas y al final de sus días como anciano, de modo que el protagonista es por esta razón que se rememora el temor que durante su infancia lo poseyó; por ende el relato en sí mismo es un cuento acerca del miedo y de cómo lo enfrentamos y superamos, pero también sobre la manera en la que aprendemos a vivir con él, ya sea olvidándolo, como volviendo a asumir su poder sobre nosotros cuando somos más débiles.  Por otro lado, un tema clásico en la literatura del que se apropia King una vez más, es el del diario de vida que sobrevive a su autor para conectar el pasado con el presente y así ser el medio adecuado para permitir que exista la narración misma del relato central; ésta es a su vez una herramienta tan cara a la literatura de terror, la cual permite darle aires de credibilidad a la obra por medio del viejo tópico de lo visto y lo vivido, pese a sus connotaciones fantásticas, tal como en muchos relatos del propio Lovecraft y en una novela tan elogiable como Entrevista con el Vampiro de Anne Rice.
    El cuento se encuentra lleno de alusiones de tipo religioso: aparte del hecho mismo de que el narrador y su familia practican con fervor el Cristianismo, la manera de cómo se encuentra planteada la figura demoníaca en el relato, corresponde al estereotipo propio del imaginario teológico cristiano: su traje negro y cada una de sus anomalías físicas (manos, ojos y boca, cuyos detalles omitiré para no quitarle al posible nuevo lector la maravilla de la sorpresa) acentúan su naturaleza maligna, así como el resto de sus facultades sobrenaturales; no obstante lo que más destaca en este demonio, es su labia engañadora (atributo al cual tantas narraciones arcanas como las de la Biblia y otros textos pretéritos le han adjudicado) y la que usa para mortificar al niño mintiéndole; es entonces que en la historia se menciona aquello del Diablo como Señor de las Mentiras, ya que durante la confrontación del entonces joven protagonista con éste, lo que se está contando es nada menos que la lucha del alma humana, contra la seducción de todo lo falso que viene a ser lo demoniaco (batalla que queda más clara que nunca, al tratarse de un niño inocente quien debe vérselas a solas con un ser de estas características).   Lucifer engaña, conociendo las debilidades de cada uno de nosotros y atacándonos a partir de ellas, como bien se puede ver en este premiado cuento.  A su vez, un detalle que no puede dejarse de mencionar, es el hecho de que el protagonista infantil dedica sus horas libres a la pesca, razón por la cual el “Hombre de Negro” en más de una ocasión le llama “Pescador”, una clara alusión al “Pescador de Hombres” que viene a ser Jesús y a quien también según el Nuevo Testamento Satanás quiso tentar.[2]
    El tema del dolor y la aceptación de la muerte como parte de nuestra humanidad es otra idea que se hace patente en esta historia: primera ante el hecho de la tragedia que le ha tocado vivir a la familia del narrador-protagonista, luego ante el peligro al que se expone éste cuando se encuentra en presencia del aborrecible visitante y luego (más bien desde las primeras líneas del texto mismo), cuando el personaje principal se encuentra ya al término de su vida.  Lo que en los momentos más aterradores y dramáticos del cuento se puede ver como un miedo comprensible ante la posibilidad de la muerte de un ser querido y la de uno mismo, al final se transforma en la certeza del protagonista de que se ha tenido una existencia plena y que se puede morir en paz.
    Por último, el autor juega con un elemento propio de la literatura  fantástica de finales del siglo XIX: la ambivalencia o la duda ante la posibilidad de que la experiencia límite vivida, bien pueda ser un engaño a los sentidos propia de los sueños o mejor dicho, de las pesadillas y las alucinaciones producto de una mente febril; no obstante cuando pareciera que lo ocurrido fue producto de los temores infantiles que se manifiestan en la conciencia durante la duermevela, King nos hace recordar que se trata de una obra actual y salida de su pluma, haciendo que hacia el final del relato el niño regrese con su padre al lugar del ominoso encuentro y allí hallen unos cuantos detalles que no pongan en duda que todo ha sido verdad.  


[1] Respecto a la naturaleza del certamen literario que ganó King  gracias a este cuento, cuando se dice que  no es del tipo “especializado”, es que no corresponde a los que por lo general King postula todos los años y que en más de una ocasión ha ganado, como el Hugo, el Bram Stoker y el Mundial de Fantasía; por lo tanto las obras que participan en el O´Henry en su mayoría no son de terror, ciencia ficción o fantasía y de ese modo el caso El Hombre del Traje Negro es una excepción, lo que deja más que claro su calidad literaria y la del talento de su autor al poder ser valorado independientemente de su género.
[2] Esta idea del demonio tentador, Stephen King ya la había abordado con maestría en su novela Needfull Things (La Tienda de los Deseos Malignos como se conoce en español o simplemente La Tienda), igualmente ambientada en su famosa ciudad ficticia de Castle Rock, que es donde ocurren los eventos de este relato y muchas más de sus obras. 

Ilustración basada en el relato que aquí se aborda.

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