domingo, 17 de abril de 2016

La preeminencia de los viejos monstruos.


     La fascinación por lo extraño, lo bizarro, la violencia, el misterio y los monstruos (y en general todo aquello distinto o que se sale de la norma y que nos saca de la seguridad de lo que tenemos por costumbre vivir) ha existido entre nosotros desde los comienzos de la humanidad.  Pues lo que tememos y provoca rechazo, aun así tiene su atractivo, por cuanto no viene a ser otra cosa que una faceta más nuestra, ya que la oscuridad forma parte de la misma naturaleza de quienes somos.  Es por esta misma razón que las historias de terror y los hijos de la noche son tan populares y no pierden vigencia, aún ya entrado hace rato el siglo XXI. 
     Una de las manifestaciones de este deseo por acercarse a lo siniestro, vinieron a ser los llamados penny dreadfiull, antiguas publicaciones de precio muy barato, que se vendían en demasía a finales del siglo XIX en Inglaterra.  Este fue un periodo famoso por el doble estándar de la sociedad victoriana, ya que bajo la opulencia de este imperio, las pesadillas del mundo real estaban al acecho de sus súbditos.  Este detalle lo podemos reconocer por medio de las oscuras fantasías de escritores de la talla como Arthur Conan Doyle y sus relatos de Sherlock Holmes, Bram Stoker con su inigualable Drácula, el mismo H. G. Wells, padre de la ciencia ficción, Robert Louis Stevenson a través de Doctor Jekyll y Mister Hyde, entre otros; todos ellos autores y narraciones que a la fecha nos siguen deleitando y evidencian lo más turbio de la época en que vivieron.  Es así que los penny dreadfull trataban de hechos de miedo, asesinatos y otros casos, algunos hasta reales, de modo de aprovecharse del gusto público por tales temas.
       Transcurrido el tiempo, en pleno año de 2014 nos encontramos con una de las últimas propuestas mediáticas de Showtime, productora de cable que ya antes nos ha entregado otras aplaudidas producciones, siempre dirigidas eso si a un público adulto y sofisticado (Dexter, Masters of Horror y United States of Tara, por mencionar algunas), llamada justamente Penny Dreadfull..  El programa fue creado por John Logan, destacado guionista con un buen número de títulos cinematográficos de renombre tales como Gladiator, The Time Machine, Star Trek: Nemesis y The Last Samurai (entre muchas otros más), lo que demuestra su interés por los argumentos de época y su talento por las implicancias literarias de las historias, aspectos claramente hallados en este otro éxito de la cadena y que en pocas semanas más estrena su tercera temporada.  Debe saberse que Logan se ha encargado de escribir si no todos los episodios de esta obra, al menos lo ha hecho con la mayoría, de modo que siempre está presente su sello característico, que desde su debut logró mantener la atención del público.
La Criatura de Frankenstein.
        La serie en sí transcurre en la Inglaterra de aquellos años, teniendo a varios personajes de protagonistas, algunos sacados de reconocidas obras de la literatura victoriana y/o romántica, así como a uno extraído del cine de terror hollywoodense de la década de los treinta del siglo pasado; lo mismo aparecen otros inventados a propósito para completar el complejo dramatis personae que aquí encontramos.  Todos estos se encuentran relacionados con el mundo sobrenatural, convirtiéndose en inesperados aliados la mayoría, al enfrentarse a males antiquísimos y de gran poder que (por supuesto) desean asolar al mundo; por otro lado, no deja de expresarse la propia maldad que se haya en el corazón humano, por lo que no es necesario enfrentarse a seres mágicos para reconocer la existencia de la vileza que nos rodea: pues muchas veces somos nuestros propios monstruos.
       Penny Dreadfull es un programa que a veces se desarrolla de forma lenta, pero no por ello pierde su intensidad dramática.  Por el tiempo que se da para desarrollar su argumento, que escapa a los recursos facilistas y procura desarrollar mejor la psicología de sus protagonistas, así como la conexión que existe entre todos ellos, resulta ser un producto solo para los amantes de las grandes historias de este estilo y que se disfruta más todavía si se ha gozado leyendo las fuentes literarias de la que se nutre.  Es además una serie hecha a conciencia para gente con criterio formado,  por un lado debido a la “exquisita” violencia de sus escenas más gores y que presentan una belleza estética ante lo macabro, de la que es heredera de los grandes autores del género en su formato audiovisual (Dario Argento, Wes Craven, John Carpenter y Stuart Gordon, por solo mencionar algunos).  La violencia llega a tal extremo, que incluso se presentan bebés y niños entre las víctimas de las atrocidades del programa, algo que no deja de impactar a sus espectadores.  Por otro lado, el hondo erotismo que exuda, con una imaginaría tanto hétero como homosexual, también resalta esta atmósfera especial que la convierte en un show si no para los más valientes, sí para aquellos de mentes más amplias; a su vez es posible encontrar en sus capítulos desnudos completos femeninos y masculinos.
      Considerando la preocupación de sus responsables por hacer algo de calidad y de sobresalir de entre toda la oferta que hay entre la competencia, en materia de sustos para la pantalla chica, se han primado varios aspectos para potenciarla y destacarla dentro de la parrilla programática.  Es así como siguiendo la  línea de lo ofrecido por Showtime, el programa cuenta con unos estilizados créditos de apertura, que alterna imágenes alusivas a su temática (arañas, colmillos, murciélagos…), además de otras sacadas de sus mismos capítulos y que permiten conocer a algunos de sus personajes.   Todo ello acompañado por un precioso tema musical orquestado, compuesto por Abel Korzeniowski, quien ha estado detrás de su banda sonora en todos los capítulos de sus dos primeras temporadas.  A su vez, en su casting destacan dos actores de renombre con un montón de películas a cuestas: Es así como nos podemos reencontrar aquí con el veterano Timothy Dalton (uno de los James Bond de los ochenta y noventa), quien a sus poco más de setenta años se ve tan lozano, que llega a dar envidia; asimismo también podemos contar con el trabajo de Josh Hartnett, actor mucho más joven que el primero y quien sin embargo ya tiene a cuestas varios títulos ligados al terror, desde su debut en 1998 con Halloween H20.  Tampoco se puede olvidar el desempeño de Billie Piper, actriz británica que se hizo famosa como la primera companion del Doctor Who, cuando se relanzó al personaje más popular de la televisión británica en 2005 (en el que estuvo durante sus dos primeras temporadas); por lo tanto reencontrarse con ella en la televisión y en una producción gringa (si bien escenificada en su país natal), resulta ser un aliciente más para apreciar esta obra.
       La dedicación con la que se preocuparon para conseguir una ambientación lo más creíble, respecto a la época y el lugar donde transcurre todo, no le debe envidiar a los presupuestos millonarios de Hollywood; ello debido a que los escenarios reales, tanto como los generados por computadora son tan cuidados y hermosos, que el efecto de su verosimilitud resulta plausible.  El Londres representado acá es tan magnífico, como se sabe era ille tempore, mientras que cuando se trata de plasmar su misma pobreza, la alternancia entre una faceta y otra no deja de ser creíble; de igual manera sucede con la elección cuidada para las escenas que requieren paisajes naturales (como bosques y playas), que sin duda aumentan la sensación de ser testigos de una historia que en realidad ocurrió.  A ello se acompaña el vestuario que ayuda bastante a crear la ilusión de viajar en el tiempo y contemplar a gente del periodo victoriano, mientras se disfruta de su espectáculo.  Además, siguiendo con el arduo trabajo por otorgarle el mejor aspecto decimonónico  a esta serie y en lo que concierne a sus aspectos más bizarros, las dos primeras temporadas por su parte representaron dos espectáculos que vienen de tal época y que son claros ejemplos de su morbosidad…De este modo la primera temporada presenta nada menos que El Gran Guignol, show teatral consistente en dramatizar pequeñas piezas de carácter terrorífico; mientras que la segunda temporada giró parte de su trama en lo que concierne al  Museo de Cera, aunque este último en su aspecto más terrorífico.
      
Un vampiro tal como aparecen en esta serie.
     Tal como es habitual en las series dramáticas de Showtime, sus episodios duran casi una hora y sin comerciales entre medio, siendo que además sus temporadas resultan ser bastante cortas, si se las compara con la de otros ejemplos (ocho episodios la primera y diez la segunda).  La brevedad de ello puede entenderse debido al alto costo de su producción, ya que sin vacilaciones se trata de un programa de gran calidad técnica y artística, lo que ya ha sucedido con otras series de este estilo, que primando su espectacularidad e intensidad acortan considerablemente su extensión.  No obstante este mismo detalle aparte de dejar con gusto a poco a muchos de sus seguidores, también impide el desarrollo más óptimo de varios de sus personajes, quienes quedan en desmedro al potenciarse otros.  
        En cuanto a la trama de las dos temporadas que ya fueron emitidas, debe saberse que la primera de ellas giró en torno al popular tema de los vampiros, si bien estos corresponden a aquellos de tipo monstruoso y no a esos glamorosos que hoy en día abundan en el cine y la televisión.  En cuanto a la segunda temporada, el mal al que se enfrentan los protagonistas proviene en esta ocasión de un pequeño (aunque mortal) grupo de brujas.  Debe saberse eso sí que aquellos antiquísimos enemigos sirven a un poder mucho mayor, lo que se supone en la tercera temporada por fin quedará revelado por completo.
       Entre quienes protagonizan esta serie podemos encontrar a:

       Vanesa Ives: Hermosa mujer que viene a ser sin lugar a dudas el personaje más importante y uno de los más carismáticos de toda la serie.  Su relevancia para la trama viene a ser tan destacada, que es la única en tener un episodio por temporada dedicado en exclusiva a ella (lejos dentro de los mejores de todo Penny Dreadfull).  Pese a su lado más sensual, posee un gran corazón que la lleva a dar emotivas demostraciones de su empatía con otros; no obstante carga sobre sus hombros con la culpa de su pasado y ciertas habilidades sobrenaturales que la acercan a las criaturas de la noche, que hace lo posible por rechazar.  De gran fe católica, sus creencias entran en crisis cuando se trata de compatibilizarlas con quién es realmente.
       Malcom Murray: Es el guapo hombre mayor interpretado por Timothy Dalton, quien inicia la cruzada contra los seres del mal para poder rescatar a su única hija, raptada por tales seres.  Relevante en él es que viene a ser un experto viajero y cazador de las tierras africanas. Por otro lado, Malcom es nada menos que el padre de Mina, la esposa de Jonathan Harker, ambos personajes centrales de la novela Drácula; es así como bajo su figura se introduce la riqueza del legado literario del que se nutre esta serie, siendo que en todo caso se trata de un personaje modelado en exclusiva para este título.  Este a su vez se encuentra profundamente ligado a Vanesa, en un lazo de años que sin que ambos se hayan dado cuenta, se ha estrechado de manera significativa.
      Ethan Chandler: El único gringo de relevancia en el programa, es una especie de vaquero que por razones que hasta el momento no han quedado muy claras en un 100%, ha escapado de su país y se esconde bajo un alias.  Un guerrero nato, lleva consigo una maldición que lo transforma en un célebre monstruo y que sobrepasando su bestialidad, le otorga un papel vital en lo que concierne a la batalla contra la oscuridad.  Este y Vanesa llegan a compenetrarse bastante bien una vez que llegan a conocerse.  Pese a sus antiguas culpas que lo convierten en todo un prófugo, es sin vacilaciones uno de los sujetos más heroicos de todos los que aquí aparecen.
      Victor Frankenstein: Uno de los dos grandes productos de la imaginación de Mary Shelley, es acá un joven científico de personalidad retraída y adicto a la droga, quien se convierte en el cómplice inesperado de Murray y su gente.  Su inteligencia y secreta ciencia, lo lleva a crear más de una vez vida a partir de la muerte, así como a enfrentar desde un punto de vista racional la amenaza que pende sobre la sociedad, una vez que se manifiesta la sombra de quien luego será conocido como el Maestro.
     La Criatura/John Clare: El primer vástago de Frankenstein, guarda consigo la misma personalidad que podemos hallar en su símil literario; por esta razón mantiene con Victor una complicada relación, debido a que su creador lo abandonó apenas lo trajo al mundo.  Es así como el “monstruo” le exige que le haga una compañera, bajo la amenaza de hacerlo infeliz si no cumple con su petición; de igual modo este es una personaje de gran elocuencia, amante de la poesía, la belleza y de una sensibilidad exquisita.  Por otro lado, es capaz de sonreír, sentir compasión y cofraternizar con quienes lo rodean.  Pese a su imagen diferente, posee cierta belleza que no lo hace tan aterrador.  En sus intervenciones es posible reconocer varios diálogos suyos extraídos de la obra cumbre de su autora.
      Brona Croft/Lily: Prostituta de origen humilde, que se liga sentimentalmente a tres de los protagonistas masculinos de la serie.  En un principio se encuentra enferma de tuberculosis, enfermedad de carácter mortal para cuando aparece; no obstante luego su existencia toma un giro inesperado, de modo que en la segunda temporada cambia lo suficiente como para darnos más de una sorpresa.  Se trata de alguien de connotaciones trágicas, que termina por convertirse en alguien por completo diferente a lo que en un principio era.
       Dorian Gray: El noble permanentemente joven y bello salido de la narrativa de Oscar Wilde, mantiene todos los rasgos originales del libro que le dio origen.  Es así como viene a ser un hombre que guarda con celo el secreto de su supuesta inmortalidad, relacionada con un cuadro donde quedan retratados todos sus pecados; asimismo es alguien que disfruta de experimentar todos los placeres posibles, donde los eróticos son los que más frecuenta y de tal modo que disfruta intimando tanto con mujeres como con hombres.  En un principio se veía como alguien casi angelical, pese a su lado siniestro, no obstante hacia finales de la segunda temporada se convierte en el mismo monstruo ideado por Wilde.
        Zembene: El supuesto empleado de Malcom es un hombre de raza negra, que se vino con este luego de su último viaje al Continente Negro.  De pocas palabras, semblante adusto y gran valentía, como el resto de los personajes de esta serie tiene sus propios esqueletos en el armario.  Siente por Murray una lealtad a toda prueba.  Lamentablemente es el personaje más desaprovechado de toda la serie, pese a todo el potencial que posee para desarrollar varias líneas argumentales de interés.
       Ferdinand Lyle: Egiptólogo que comenzó como personaje recurrente en la primera temporada y luego en la segunda se convirtió en alguien estable.  Es un dulce hombre mayor que se interesa en los misterios que descubren Malcom y los suyos, llegando a volverse un gran aliado, si bien sus verdaderos motivos para ello no resultan por entero claros.
       Evelyn Poole: Una mujer mayor de gran sensualidad, que como Lyle comenzó en un papel secundario, pero que después se volvió en alguien principal, manteniendo un amorío con Sir Malcom.  De entre todos los ya mencionados, es la única persona ligada por completo al mundo de la oscuridad.

jueves, 14 de abril de 2016

Otra historia de calidad de Silver Surfer.



        Una vez más el personaje cósmico creado por Stan Lee y Jack Kirby en plena década de los sesenta para las revistas de los 4 Fantásticos, Silver Surfer, nos volvió a dar un argumento complejo, adulto y emotivo que escapa a las convenciones del género (esto si se recuerda la recomendable novela gráfica que ya fue abordada con anterioridad en este blog: Parábola).  Al tratarse de un “superhéroe” como este, proveniente de otro mundo y con poderes tan grandes que prácticamente lo convierten en un dios entre los seres humanos, sus autores pueden permitirse escribir textos más elaborados que aquellos que tratan sobre simples batallas con diversos tipos de enemigos.  Todo gracias a que en su naturaleza como “extranjero”, puede evaluar desde fuera la conducta de sus anfitriones, llegando a tener así un punto de vista mucho más objetivo que si fuese uno más de nosotros (y que no obstante como figura superior, ha optado por hacer suya la sociedad con los simples mortales).  Por lo tanto, este ser casi sobrenatural sirve como medio de análisis y crítica de nuestra propia humanidad.
        Comunión corresponde al primer arco argumental del llamado volumen 4 de las aventuras, de quien en español es llamado Deslizador Plateado o Surfista de Plata.  Entre septiembre de 2003 y abril de 2004 salieron los seis números que comprenden esta miniserie.  Debe saberse que su guión corrió a manos de Dan Chariton y Stacy Weiss, siendo este su primer trabajo para el noveno arte, algo en lo cual demostraron salir victoriosos.  En cuanto al apartado gráfico, ello corrió a manos de varios profesionales del dibujo, Milx, Len Medina y David Yardin, quiénes realzaron con su trazo el emotivo argumento detrás de esta obra, con dibujos que si bien muestran el lado más maravilloso de todo gracias a la existencia de seres fantásticos, no deja de ilustrar en especial por la expresión del rostro de sus personajes, las emociones que existen sin duda en el corazón humano.  Las heroicas, pero minimalistas portadas de la colección fueron compartidas además por otros talentos en los que destacan Jae Lee y Adi Granov (entre otros).
        La trama gira en torno a un tema bastante atractivo para el público en general, el cual además se encuentra relacionado indirectamente con el mismo origen alienígena del ex heraldo de Galactus: Las abducciones extraterrestres.  Pues en todo el mundo niños están desapareciendo en circunstancias bastantes dramáticas, de modo que sus adultos desesperados tratan de saber su paradero, como bien queda detallado en dos de los personajes principales.  Es así como una mujer afroamericana madre soltera, dedicada a la lectura de la fortuna en las palmas de sus clientes, se transforma en la protagonista por ser quien lleva bajo sus hombros el mayor peso de esta tragedia, que permite abordar temas como la intolerancia y la fe, tal como más adelante se irá detallando.  Un punto que destaca en el karma de este personaje, viene a ser que su hija es autista, lo cual hace aún más sobrecogedoras sus cuitas, que ya existían desde antes de que se produjese el secuestro.  Al cuadro se suma un hombre rico, también padre solo, quien ha perdido a su único hijo y que gracias a los medios con los que cuenta puede supuestamente recuperar a su retoño extraviado.  Los destinos de ambos se unen como era de suponer.  Un tercer actor dentro de esta historia (en lo que a humanos “normales” se refiere) forma parte de todo esto: un agente de la policía, quien conoce desde hace años a la protagonista y el cual se involucra más de la cuenta en todo ello (siendo que al principio se presenta como alguien indolente, aunque luego demuestra su valía como persona).
       Como quizás habrá quedado claro tras leer el párrafo anterior, si bien se trata de una miniserie perteneciente a Silver Surfer, este no aparece como el personaje principal.  De hecho el extraterrestre solo viene a tener importancia en los últimos capítulos de esta novela gráfica y antes solo interviene de manera esporádica, incluso sin diálogo alguno.  No obstante quien se llamara originalmente Norrin Radd, se constituye en el nexo dentro de todo esto, lo que quedará revelado pasada la primera mitad de esta obra, ya que existe un verdadero plan de carácter cósmico y/o mesiánico detrás de estos incidentes.
      Los acontecimientos son expuestos desde el punto de vista de la mujer, de modo que el lector llega a conocer sus pensamientos y además se sensibiliza frente a la pérdida que significa una separación de este estilo.  Su vida desde antes de la crisis que en esta obra se detalla, resulta lo suficientemente desgraciada como para hacer más heroicos sus esfuerzos por recuperar a su hija.  Por otro lado, el autismo de la pequeña es un detalle que demuestra en mayor medida la significancia del amor maternal incondicional.  La soledad de esta madre, primero al estar imposibilitada para comunicarse a gusto con su pequeña y luego al enfrentarse a las consecuencias de la abducción, se agrava por el hecho de que apenas cuenta con la atención de quienes la rodean.  No obstante, luego poco a poco comienza a descubrirse la comunión de la cual hace alusión el título de esta miniserie, puesto que el propio pesar de la protagonista le permite unir su vida junto a otros, ya sea con quienes viven su misma desgracia, como quienes por medio de su solidaridad terminan sintonizándose con ella, para demostrarle que no estamos solos.  Por otro lado, la comunión a la que hace relación el título de este cómic, mantiene una estrecha relación con los mismos niños desaparecidos, quienes tienen un papel fundamental en un plan que está por sobre los designios humanos.  Asimismo, el argumento muestra la existencia de una comunidad formada por seres inteligentes de muchas especies extraterrestres, un tercer nivel o concepto de comunión, que se encuentra profundamente ligado a los infantes.

      Considerando que buena parte de esta historia transcurre en Nueva Orleans, ciudad estadounidense marcada por su cultura mestiza que recoge las tradiciones africanas y francesas, los autores se permiten otorgarle esta atmósfera costumbrista a la trama, que una vez más alejan esta historieta de los típicos relatos que encontramos en estas revistas.  De igual manera las creencias de su gente, que incluyen esta herencia propia de dos pueblos, alternan entre los principios propios de la llamada brujería y santería criollas, con los del catolicismo, dogmas arraigados en la sociedad dentro de la que se desarrolla el argumento. Por lo tanto la fe toma en este caso un rol destacado, por cuanto la protagonista en más de una ocasión se cuestiona su posición al respecto, de modo que queda de manifiesto la significancia que posee esta faceta en nuestras vidas.  Si bien nos encontramos con alguien que duda acerca de depositar sus esperanzas en fuerzas superiores y/o sobrenaturales, otros en esta obra no vacilan en creer con firmeza en sus convicciones teológicas.  También el mismo Silver Surfer y quienes lo acompañan en su extraña cruzada, en su “rareza” mantienen cierta cualidad que los hace verse angelicales o demoniacos, según el prisma con el que se les mire.
     La carga onírica en el guión de esta obra es bastante fuerte, ello gracias al feliz trabajo compartido de su sólido guión y un dibujo que si bien cambia en cada capítulo debido a la alternancia de un artista y otro, dejan claro de que se trata de algo dirigido a un público adulto y que puede apreciar algo más sofisticado que de costumbre.  Algunas de estas viñetas, que se mueven entre los más idílicos sueños y las peores pesadillas, no dejan de ilustrar la atmósfera singular en la que pasa todo.  El mismo lenguaje empleado en muchos de los diálogos, no es apto para mentes infantiles, habiendo detrás de estas palabras, tal como en varias de las situaciones con las que nos encontramos, un reflejo del mundo real, pese a que se trate de una historia con un superhéroe entre medio; de este modo la miseria del mundo tal y como lo conocemos, aquel propio de la gente mayor y que lamentablemente también llega a nuestros pequeños, se hace notar en Comunión.
     No obstante pese a lo más trágico de este cómic, se trata de una obra acerca de la esperanza, el poder del amor (en especial de una madre) y la valoración de nuestros pequeños como la promesa de la posibilidad de un mundo mejor.  A la larga tal como queda detallado en la historieta, el destino que nos espera lo hacemos nosotros mismos y en ello resulta primordial lo que logramos construir junto a quienes nos rodean.
Una preciosa viñeta doble de esta recomendable novela gráfica.

domingo, 10 de abril de 2016

Otro gran cuentista para descubrir: Robert Louis Stevenson.


     En solo 44 años de vida el escritor escocés Robert Louis Stevenson (1850-1894) se transformó en uno de los más importantes narradores de la lengua inglesa del siglo XIX.  Es así que en su corta vida, pero prolífica carrera tras la pluma, entre todos los libros que firmó se encuentran dos novelas que hoy en día no solo son verdaderos clásicos, sino que se encuentran dentro del conocimiento público, incluso entre quienes no acostumbran a leer  (todo gracias a las múltiples adaptaciones a otras expresiones artísticas que se han hecho de ellas a través del cine, la televisión y los cómics), lo que demuestran sin duda el enorme atractivo de sus acontecimientos, personajes y temas.  Uno de estos dos libros viene a ser nada menos que La Isla del Tesoro, obra cumbre de la prosística de aventura, que por aquellos años en que se publicó por primera vez (1883), comenzó a popularizarse gracias al trabajo de colegas suyos como Julio Verne y Emilio Salgari.  Por otro lado, su texto El Extraño Caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde, corresponde a una de las obras de horror más influyentes en la historia del género, al tratar temas tan caros a nosotros mismos desde la época de los mitos, tales como tópico del doble y las consecuencias nocivas de inmiscuirse en los misterios de la naturaleza (o sea, la soberbia humana de querer controlarlo todo).   No obstante no solo en la narrativa larga y hasta en la lírica, como en la no ficción (gracias a sus varios libros de viajes), destacó este artista, sino que también sobresalió como cuentista gracias a varios cuentos (publicados originalmente en revistas y luego en compilaciones), que de igual manera se encuentran entre lo mejor de este formato.  Uno de estos tomos corresponden El Club de los Suicidas y El Diamante del Rajá, series de relatos interrelacionados entre sí y que su autor luego reagrupó junto a otros títulos bajo el nombre genérico de Las Nuevas Noches Árabes (1882).
      Pues estas dos colecciones poseen como personaje recurrente al Príncipe Florizel de Bohemia, quien en algunos de ellos participa de protagonista y en otros de secundario, aunque siempre destacando en todos gracias a su agradable personalidad.  Este corresponde a un sujeto joven y aun así bastante sabio, heredero al trono de su nación, quien destaca además por su hermosura e inteligencia; de igual modo también posee un gran corazón y bastante sencillez, que lo llevan a usar su poder económico para remediar varios entuertos de la gente con la cual se cruza por azar en su camino.   Se trata de un sujeto de connotaciones casi angelicales o más bien idealizado, quien participa directa e indirectamente de los tres textos que comprenden El Club de los Suicidas y los cuatro que componen El Diamante del Rajá. Asimismo, debe saberse que la tetralogía transcurre tiempo después de  lo sucedido en los relatos que le preceden.
     El primer libro se llama así debido a una oscura institución que descubre el príncipe y que anda detrás de la manipulación de sujetos de tendencia suicida.  Luego tras  terminar el primer relato, el príncipe Florizel (nombre sacado de un personaje de Shakespeare, siendo que además su “florida” composición sin duda hace alusión a la idea de belleza y pureza que representa el personaje) se decide a terminar con los sucios negocios del director de esta agrupación. 
     La Historia del Hombre de los Pastelillos de Crema es el primer cuento que forma parte de El Club de los Suicidas.  En él aparte de conocer al príncipe y la nefasta agrupación que da nombre al libro, entra en escena el coronel Geraldine, amigo y servidor del aristócrata, quien toma distinta relevancia en los tres textos que forman parte de este corpus. La historia comienza mostrando a un príncipe Florizel como alguien frívolo, dando al engaño y amante de las aventuras…Con posterioridad quien pareciera alguien que gusta de jugar con la inocencia de la gente, se revela luego como el ya mencionado sujeto de naturaleza benigna.  Ahora bien, volviendo al contenido de este relato, en uno de sus viajes buscando nuevas experiencias, Florizel y su compañero se encuentran con un muchacho que les acapara la atención y a quien tras una interesante charla deciden acompañar al llamado Club del Suicidio.  En este lugar es posible hallar a otros individuos curiosos y es dentro de sus paredes que las prácticas del club terminan por horrorizarlos.  De este modo el príncipe, quien ama la rectitud, se promete a sí mismo y a su amigo a acabar con este reino del mal.  La descripción de este sitio y de sus personajes resulta sin dudas memorable y se refiere sin duda al vacío de los sujetos que han llegado tan bajo dentro de sus miserias, que terminan perdiendo las esperanzas y su amor propio.  No obstante las circunstancias que llevan a los miembros de este particular gremio, una vez que entran en los misterios de su dinámica, termina haciéndolos apreciar lo que más deseaban desechar.  Por lo tanto el cuento se transforma en una reflexión sobre el sentido de la vida y su propio valor como algo que merece todo el respeto posible.

     “Se dio la vuelta y empezó a introducirse entre los presentes. Acostumbrado a hacer de anfitrión en los círculos más selectos, pronto sedujo y dominó a todos a quienes conocía; había algo a la vez cordial y autoritario en sus modales y su extraordinaria serenidad y sangre fría le conferían otro rasgo de distinción en aquel grupo semienloquecido. Mientras se dirigía de unos a otros, observaba y escuchaba con atención y pronto se hizo una idea general de la clase de gente entre la que se encontraba. Como en todas las reuniones, predominaba una clase de gente: eran hombres muy jóvenes, con aspecto de gran sensibilidad e inteligencia, pero con mínimas muestras de la fortaleza y las cualidades que conducen al éxito. Pocos eran mayores de treinta años y bastantes acababan de cumplir los veinte. Estaban de pie, apoyados en las mesas, y movían nerviosamente los pies; a veces  fumaban con gran ansiedad y a veces dejaban consumirse los cigarros; algunos hablaban bien, pero otros conversaban sin sentido ni propósito, sólo por pura tensión nerviosa. Cuando se abría una nueva botella de champán, aumentaba otra vez la animación. Sólo dos hombres permanecían sentados. Uno, en una silla situada junto a la ventana, con la cabeza baja y las manos hundidas en los bolsillos del pantalón; pálido, visiblemente empapado en sudor, y en completo silencio, era la viva representación de la ruina más profunda de cuerpo y alma. El otro estaba sentado en un diván, cerca de la chimenea, y llamaba la atención por una marcada diferencia respecto a todos los demás. Probablemente se acercaría a los cuarenta años, pero parecía al menos diez años mayor. Florizel pensó que jamás había visto a un hombre de físico más horrendo ni más desfigurado por los estragos de la enfermedad y los vicios. No era más que piel y huesos, estaba parcialmente paralizado, y llevaba unos lentes tan gruesos que los ojos se veían tras ellos inceíblemente enormes y deformados. Exceptuando al príncipe y al presidente, era la única persona de la reunión que conservaba la compostura de la vida normal.
      Los miembros del club no parecían caracterizarse por la decencia. Algunos presumían de acciones deshonrosas, cuyas consecuencias les habían inducido a buscar refugio en la muerte, mientras el resto atendía sin ninguna desaprobación. Había un entendimiento tácito de rechazo de los juicios morales; y todo el que traspasaba las puertas del club disfrutaba ya de algunos de los privilegios de la tumba. Brindaban entre sí a la memoria de los otros y de los famosos suicidas del pasado. Explicaban y comparaban sus diferentes visiones de la muerte; algunos declaraban que no era más que oscuridad y cesación; otros albergaban la esperanza de que esa misma noche estarían escalando las estrellas y conversando con los muertos más ilustres”.

     Historia de un médico y un baúl de Saratoga es quizás el más divertido relato que comprende este ciclo, debido a todos los enredos que posee, en especial por su tono medianamente satírico e inesperados giros argumentales.  Acá el heredero al trono de Bohemia ya no es el protagonista, no obstante a partir de aquí se transforma en el nexo de este título y los que le vienen, terminando por concluir bajo su persona el arco argumental de El Club de los Suicidas y El Diamante del Rajá con él.  En el caso concreto de esta segunda entrega, se trata de un hombre inexperimentado que debido a su propia ineptitud, se ve envuelto en una intriga que lo lleva a participar de un crimen y que llega a convertirse sin querer en el cómplice del verdadero culpable.
     Por último la trilogía se cierra con La Aventura del Cabriolé, en la cual un viajero como el anterior, si bien resulta ser alguien de más luces, llega hasta un edificio en el que se realiza una extraña fiesta y que esconde un propósito aún mucho más insospechado que la manera en la que su protagonista llegó a la reunión.  Cómo este cuento se conecta con el primero y el segundo, cuando en apariencia ninguno tiene que ver entre sí, demuestra sin dudas la genialidad de su autor para hacer que todas sus obras pertenezcan a un mismo universo ficcional.  Es así como además mantiene los mismos rasgos caracterizadores, que tienen relación con los temas planteados y el tipo de personajes que podemos hallar en ellos.  De este modo la presentación de la maldad inherente al ser humano, la que además es contrastada con la bondad de nuestra misma especie, evidencian una batalla moral en la cual lo que está en juego viene a ser nada menos que la salvación de nuestras almas, tras enfrentarse a todo tipo de tentaciones.  Esta lucha que subyace en el corazón de hombres y mujeres, toma ribetes mayores en la siguiente colección de relatos, gracias a la presencia de un solo objeto que acapara la atención de quien entra en contacto con él.
     El Diamante del Rajá llega a ser una joya tan magnífica, que su simple contemplación resulta ser una invitación a la codicia y a la gula para hasta los entonces justos de pensamiento y obra.  Por lo tanto nos encontramos con una belleza, que tal cual muchos ejemplos de la Antigüedad, esconde una naturaleza satánica, puesto que trae la perdición a quien termina por seducirlo.  Por ende los cuatro relatos unidos bajo este nombre, irán cubriendo lo que pasa con cada uno de los nuevos dueños de la maldita piedra preciosa.
     En Historia de un Estuche nos enteramos acerca del origen de esta alhaja y cómo tras su extravío se inicia toda una serie de eventos desafortunados, que terminan tal como en el caso de El Club de los Suicidas con un final sorprendente.  En el caso de esta primera narración de la tetralogía, una vez más se trata de un joven que se deja llevar por sus impulsos y que actúa con poco criterio, quien se ve envuelto en una situación que lo supera.  Pues su aventura y desventura también toma ribetes cómicos, aunque no por ello nuestro narrador deja de causarnos admiración y de entretenernos con todo lo que aquí ocurre.  Entre medio aparece una mujer con connotaciones de femme fatale, quien tal como ya sucedió con  Historia de un médico y un baúl de Saratoga, demuestra cómo los hombres podemos caer redonditos y babeando por una cara bonita.
     Tras el desastroso desenlace del cuento anterior, en Historia de un Joven Sacerdote, el Diamante del Rajá llega a las manos del nuevo protagonista, un hombre que a diferencia del anterior no se encuentra motivado por el amor ciego para cometer sus estupideces, sino que pierde la compostura por la pura codicia.  La personalidad de quien debería ser alguien mucho más probo, si se considera a lo que se dedica, lo convierte en uno de los personajes más patéticos de esta serie de historias (y sin embargo, pese a todo, demuestra que necesariamente no se debe ser malvado para caer en desgracia ante las tentaciones).
    
    “Casi nada sabía el señor Rolles de piedras preciosas, pero el Diamante del Rajá era una maravilla que se explicaba a sí misma; un niño que lo encontrase en una aldea habría echado a correr dando gritos a la casa más cercana; un salvaje se habría prosternado para adorar un fetiche tan imponente. La hermosura de la gema halagaba la vista del joven religioso; la idea de su valor incalculable abrumaba su inteligencia. Comprendió que tenía en la mano algo de mayor valor que muchos años de rentas arzobispales, que con una piedra como ésta sería posible construir catedrales más majestuosas que las de Ely o Colonia; quien la poseyera se libraría para siempre de la maldición primordial, podría seguir sus inclinaciones sin prisas ni inquietudes. Levantó el diamante, lo giró y otra vez despidió rayos fulgurantes que le atravesaron el corazón. Las decisiones más graves se toman a veces en un instante y sin intervención consciente de las partes racionales del hombre. El señor Rolles miró nerviosamente a su alrededor; como antes el señor Raeburn, no vio sino el jardín de flores lleno de sol, los árboles de altas copas frondosas, la casa con las ventanas cerradas; en un segundo cerró el estuche, se lo metió en el bolsillo y ya se dirigía hacia su estudio con la rapidez de la culpa”.

    
      La Historia de la Casa de la Persianas Verdes se afirma en quien fuese un personaje secundario en la anterior y que acá pasa a ser el antagonista del héroe romántico que aparece en sus páginas; por lo tanto el verdadero protagonista de la singular fábula amorosa que viene a ser este relato, se transforma en uno de los pocos sujetos realmente admirables de todo el libro.  La vida entre el idealista muchacho y el villano se unen por más de una razón acá, dando al lector uno de los momentos más emotivos si se toma en cuenta el resto de estas narraciones.  Es entonces que queda señalado en el argumento, que el amor y un corazón puro, sumado a la inocencia y la buena voluntad,  pueden superar lejos el mal que subyace entre nosotros.  Si el personaje principal corresponde a alguien virtuoso, como el mismo príncipe Florizel, su contrapartida es alguien tan despreciable que llega a ser maniqueo en su caracterización (pues su fealdad física no es otra cosa que la corporización de su pobreza espiritual).
     Por último la Historia del Príncipe Florizel y un Detective cierra todo este ciclo y el anterior, llevando al noble a una humanización de la que antes se le privó, gracias a que por fin podemos llegar  a conocerlo mejor en toda su fragilidad (importante al respecto para tomar conocimiento de ello, viene a ser el diálogo final que este tiene con su coprotagonista, que nos demuestra la duda detrás de la facha de seguridad del personaje).  Si bien es el cuento más breve de los leídos, no está exento de maravilla y de belleza estética, tras saber que se tiene en las manos una ficción recomendable para todos los que se jactan de amar la alta literatura.
     En los cuentos que comprenden El Club de los Suicidas y El Diamante del Rajá abundan los sujetos de nulo decoro y además son descritos como verdaderos parias; luego estos mismos contrastan con la luz que podemos encontrar en el mencionado príncipe de Bohemia y unos pocos más.  A la dimensión moral de estos textos, que les otorga sublimidad en los episodios más emotivos, se agrega el humor que a ratos cae en el absurdo y en otros pareciera ser autoparódico, por cuanto los tropiezos de los personajes son remediados con demasiada buena fortuna, tras contar con el favor del príncipe.   El efecto de esto último le quita verosimilitud a lo conseguido con anterioridad, pese al aire extraordinario con el cual suceden muchos de sus acontecimientos; es así como estos finales felices bien pueden responder al deseo de su autor de jugar con las convenciones clásicas de los relatos del pasado, más si se recuerdan su inspiración arábiga medieval, donde muchas veces la buena voluntad termina por superar cualquier mal que se presente.

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     La versión que poseo de estos relatos, corresponde a una ya vieja traducción de la extinta editorial Andrés Bello y que recién vine a leerme tras más de veinte años de haberla adquirida (lleva una sentida dedicatoria de mi ex profesora de castellano, Pabla Ibaceta, de quien fui discípulo en mis últimos años de escolaridad, amiga mía desde aquella época y que durante mi adolescencia era una de las pocas personas con las que podía hablar feliz acerca de mi amor por la literatura).  Pues este tomo agrega a los anteriores un cuento más y de carácter independiente, ya que no pertenece a los dos arcos argumentales ya abordados; no obstante forma parte del compilatorio más grande de buena parte de la narrativa breve de Stevenson, mencionado al comienzo de esta entrada.
     Se trata de Albergue Nocturno (Historia de Francisco Villón), quizás el más sobrecogedor y humano cuento de los que aquí me he referido.  Su protagonista resulta ser un personaje histórico francés, un poeta marginal de origen humilde, quien vivió en pleno siglo XV (nacido en fecha incierta y desaparecido en iguales circunstancias).  Pues el escritor toma a su persona para describir una vez más a alguien de pocos escrúpulos, un verdadero criminal de poca monta, que no obstante guarda dentro de sí la figura de un hombre sensible y con una labia digna de todo un artista de la palabra.  El narrador no obstante no escatima en convertirlo en alguien indigno, de conductas reprobables, en especial cuando lo hace cometer los actos más bajos que a uno se le podrían ocurrir. Es así que escapando de las gélidas noches de invierno, llega hasta la casa de un anciano solitario, quien lo acoge.  Las diferencias entre uno y otro son garrafales y el diálogo acalorado que se da entre ambos, una vez que el hombre mayor descubre la verdadera naturaleza de su invitado, corresponde a la prosa poética más emotiva, por cuanto además en las palabras de ambos se sostienen dos tesis contrarias acerca de la vida misma y las elecciones que tomamos para dirigir nuestros pasos en ella.  Por otro lado, viene a ser un verdadero texto argumentativo escondido tras la retórica de un artista, el cual nos sorprende con su faceta más noble, aún en quien se supone no es dado a las virtudes.   No está demás decir que en determinado momento, antes de que anfitrión y convidado inician su discusión, el lector no tiene idea de para dónde irá todo, por lo que una vez sellado el destino de sus personajes resulta imposible desechar de la memoria tan precioso desenlace.


    “-¿Pero creéis que yo no poseo el sentido del honor? -exclamó--. iSoy bastante pobre, Dios lo sabe! Es muy triste ver a los ricos con las manos enguantadas y que uno tenga que soplarse los dedos. Una panza vacía, aunque vos habléis de ello tan a la ligera, es cosa bien amarga. Si lo hubieseis experimentado tantas veces como yo, tal vez hablarías de otro modo. Admitamos que yo sea un ladrón..., el más ladrón, pero no soy un desalmado ¡así Dios me confunda! Yo puedo demostraros que poseo un honor de mi exclusividad, tan digno como pueda ser el vuestro, sin necesidad de estar a todas horas jactándome de él, como si fuera un milagro de Dios. A mí me parece lo más natural del mundo tener honor; lo que ocurre es que yo lo mantengo guardado hasta que lo necesito... ¡Fijaos!...  ¿Cuánto tiempo llevo aquí con vos? ¿No me dijisteis que os hallabais completamente solo en la casa? ...¡Contemplad esa vajilla de oro! ...Podéis ser un hombre fuerte, no lo dudo, pero sólo eres un anciano y no lleváis armas, y yo tengo mi cuchillo. ¿Quién me impide, con un pequeño movimiento de la mano, hundiros el cuchillo en las tripas y marcharme a la calle tranquilamente con un buen botín?.. Pero me repugna esa acción. Vuestros tesoros están tan seguros como si se hallasen en una iglesia; vuestro corazón puede latir como si fuera nuevo... y aquí estoy yo, decidido a irme, tan pobre como vine, con la blanca que tanto me habéis echado en cara... ¿y vos os figuráis que carezco de honor? ¡Así Dios me mate!”.

domingo, 3 de abril de 2016

¿Un sueño ñoño hecho realidad?


     Las producciones cinematográficas Marvel, hace ya rato que dejaron atrás a los responsables de llevar al cine las historietas de su eterna competidora, DC, pese a los varios éxitos de esta última en la pantalla grande (la trilogía de Batman y la última cinta dedicada a Superman, más unos cuantos proyectos suyos relacionados con el sello Vértigo); puesto que desde que tomaron la iniciativa de formar un grupo de superhéroes para el estreno de Los Vengadores y relacionar todos sus filmes, han cumplido los deseos de sus seguidores uniendo a sus personajes en grandes producciones hollywoodenses (bueno, salvo los pertenecientes a la Fox, que corresponden a otra continuidad argumental, como los de la saga X-Men, si bien a Deadpool la ubicaron dentro de este mismo universo ficcional).   Pues ante todo esto, los de DC han querido aprovechar el cada vez mayor interés del público por el tema y debido a ello fin se pusieron las pilas, por lo que ya han estrenado Batman versus Superman: El Origen de la Justicia.  Es así como esta última cinta reúne no solo a los justicieros mencionados en su título, sino que lo hace por completo con la llamada Trinidad deceísta; de este modo se les une al Caballero de la Noche y al Hombre del Mañana nada menos que Wonder Woman, la guerrera heredera amazona Diana de Temiscyra.  Por otro lado, lo que viene a dar la pauta para el inicio de toda una serie de futuros filmes con superhéroes de esta compañía, se traduce además en la génesis de un esperado largometraje dedicado a la Liga de la Justicia; de este modo a lo largo de su extenso metraje (alrededor de dos horas y media), aparecen brevemente varios otros miembros de este célebre equipo, de modo de prometernos su inclusión en la cinta que está por venir.
      El reciente estreno de esta mencionada obra, corresponde además a la continuación directa de El Hombre de Acero (2013), dirigida por Zack Snyder, quien vuelve a tomar al kryptoniano para mostrarnos nuevas aventuras suyas en esta ocasión, encargándose además de sus dos compañeros.  El guión una vez corrió a manos de David S. Goyer, guionista de cómics, cine y también director con largo tiempo ligado a DC e incluso a Marvel (puesto que estuvo detrás de la primera entrega del proyecto de Christopher Nolan sobre el Murciélago, Batman Inicia y en el anterior trabajo de Snyder dedicado a Superman).  Y siguiendo con los nombres que se repiten para contentar a los fanáticos y asegurar dar lo mejor de sí, otra vez en el apartado musical podemos encontrarnos con Hans Zimmer, creando sus épicos y emotivos acordes para nuestros superhéroes.  Asimismo Henry Carvill vuelve a hacer de Clark Kent/Kal-El, reunido con la mayoría del reparto de su primera pretérita incursión, de modo que también volvemos a ver a Loise Lane, Perry White, Martha Kent y una que otra sorpresa bajo el talento de los grandes actores que se le unieron en el pasado.
      Ahora bien, el Bruce Wayne y Batman que hayamos acá, corresponde a lo que se dio inicio con la mentada El Hombre de Acero, puesto que lo correspondiente a la trilogía de Nolan sobre el Señor Oscuro pertenece a su propia continuidad (ya cerrada en todo caso); por lo tanto una vez más el mayor guardián de ciudad Gótica posee un nuevo rostro y se vuelve a contar su historia desde cero (si bien esto último solo se aborda acá ligeramente, ya que esta vez no es importante conocer los orígenes del personaje, sino que contar cómo fue que comenzó su amistad y colaboración con Superman y Wonder Woman).  Es así que un actor ya ducho en el género como lo viene a ser Ben Aflleck (puesto que había participado otrora en Hollywoodland, como el malogrado actor de televisión que hizo de Superman para la pantalla chica, George Reeves y asimismo hizo de nada menos que de Daredevil en la única película sobre el llamado Hombre sin Miedo), quedó a cargo de nuestro justiciero, otorgándole frescos matices, entre ellos el hecho de contrastarlo aún más con su colega al ser un sujeto cuarentón y (tal como se menciona en la película), con ya veinte años en su carrera como paladín (puesto que su contrapartida aquí todavía es un veinteañero en apariencia y es algo inexperto en su papel como superhéroe).  A la potente figura que aquí llega a tener Batman, se le suma la de su fiel mayordomo Alfred Pennyworth, quien  ya en la mencionada trilogía fue caracterizado por un actor de la talla como Michael Caine; pues en esta ocasión corrió a cargo de otro grande: Jeremy Irons.  Cabe  decir que este último actor, de igual modo realiza un Alfred levemente distinto al ya visto con anterioridad, mucho más joven e irónico que sus símiles cinematográficos.
           Ante la proeza de reunir a estos tres íconos de las viñetas deceístas, uno bien puede llegar a preguntarse qué amenaza podía requerir que trabajaran por primera vez juntos.  Es así como vuelve a salir Lex Luthor en escena, como si fuese el único villano capaz de orquestar tan colosales desastres (puesto que ya nos tiene aburridos con su participación en tantos otros filmes del Azuloso ¿No?).  No obstante este Lex resulta ser toda una novedad para el espectador y en especial para el lector de cómics, puesto que se trata de un Luthor mucho más joven que lo visto en el pasado; además pese a su intelecto privilegiado es dueño de una personalidad esquizoide y bien hace recordar al Guasón con su histeria.  El trabajo realizado aquí por   Jesse Eisenberg como este criminal, sin dudas supera al de Kevin Spacey en Superman Vuelve (pese a mis mayores respetos para con este último), ya que su diálogos y monólogos, más los constantes tics del sujeto, logran “robarse la película” más de una vez.
       Redondeando lo que corresponde a la unión en pantalla de Batman con Superman (ya que por el momento obviaré a nuestra “Wondy”, para seguir el curso de las ideas que ahora deseo exponer), las circunstancias que los llevan a conocerse remiten a dos hechos en concreto: primero el caos provocado por las incursiones de Zod, tal y cómo lo pudimos apreciar en El Hombre de Acero.  Pues en esta reciente película vemos lo que originalmente fue una batalla épica para los ojos del público, como toda una pesadilla, si se llega a apreciar sus efectos desde el punto de vista del hombre común y corriente.  Todo ello porque a la larga la contienda exhibida en el citado filme, no viene a ser otra cosa que la lucha entre seres superiores y que con su accionar pasan a llevar a quienes los rodean, convirtiéndose en todo un peligro; de este modo el guión hace acá algo inesperado (si bien lógico en la dirección que toma), al centrarse en los sujetos “normales”, quienes se transforman en meras víctima de todo este poder desatado.  De este modo alguien como Batman, quien viene a representar el ideal de hombre encumbrado sobre sí mismo, se erige  en la voz que condena a estos seres superpoderosos (ya que solo un simple mortal puede llegar a comprender la impotencia, de estar sometido a la voluntad de dioses indolentes a  su fragilidad). Es así como resulta memorable este nuevo enfoque de las colosales peleas de Superman contra Zod.  Por ende, originalmente Batman va en pos de Superman para evitar nuevos entuertos de este tipo, al más puro estilo Castigador.  Esta inicial enemistad entre uno y otro, se vuelve más radical porque el mismo alienígena ve en el humano a otro criminal y al cual desea llevar ante la justicia; dicho propósito suyo debido a que sus métodos para con los malhechores, no le parecen adecuados y serían más bien propios de otra mente desquiciada (de hecho, este Batman resulta lejos ser el más “aterrador” de todos los que le precedieron en el séptimo arte).   Ahora bien, estos malentendidos entre uno y otro, no son nuevos a la hora de referirse a ambos superhéroes, pues bien recuerdan a lo que se puede apreciar en la ya clásica miniserie El Hombre de Acero y con la cual John Byrne contó el primer encuentro entre estos dos a mediados de los ochenta (historieta que sentó los precedentes para el universo DC post Crisis). En este título Superman va a ciudad Gótica, con ninguna otra intención más que atrapar a quien cree ser un villano más.  Tal idea que enjuicia el actuar de los superhéroes o de quienes se autocatalogan de tales, en su defensa de los oprimidos a cualquier costo, toma ribetes de juicio moral y políticos en la trama, algo nunca antes visto en este tipo de películas (no obstante en pocos meses más lo veremos en el universo Marvel, con la Guerra Civil, gracias al próximo estreno dedicado al Capitán América) y que acá se complica cuando una senadora de los Estados Unidos se involucra en la discusión (soberbiamente ejecutada en los hombros de Holly Hunter, a quien hace años no teníamos el gusto de ver actuar).  Por ende, detrás de todo esto una vez más se pone en tela de juicio las acciones de quienes nos representan, enarbolando nuestra bandera y las armas (en el mundo real: policías, detectives y fuerza armadas; políticos de igual manera) ¿Quién está en lo correcto con su proceder como justiciero? ¿Superman? ¿Batman? Pues hay que ahondar en la psicología de cada uno para comprender mejor sus argumentos.  No obstante algo que sí queda claro en el guión, es la manera en que estos dos son proyectados como sujetos, que por muy buena intenciones que tengan para con el prójimo, resultan estar alejados de la comunidad debido a sus distintas naturalezas y ello los convierte hasta cierto punto en anomalías frente al resto (el primero por su naturaleza especial que lo convierte en un dios y el segundo por la oscuridad que guarda dentro de sí y que lo convierte en un espanto más para la gente).



      Aparte del mencionado cómic de John Byrne, existen otras referencias  sacadas de varios otros títulos de los cómics.  Es así como para variar se sacaron ideas y/o conceptos de El Regreso del Caballero de la Noche de Frank Miller, capital obra de la que se nutre buena parte de la oposición entre Batman y Superman, lo que incluye la armadura que aquí usa el Murciélago para enfrentarse al krpyptoniano y que es igualita a la que aparece en esta novela gráfica; a su vez las particulares heridas que sufre el Hombre de Acero en determinado momento, con su correspondiente regeneración, también son propios de esta obra.  Por otro lado, no solo Zod y Lex Luthor asolan al mundo , puesto que para sorpresa de muchos y por fin para deleite de quienes sí sabemos de cómics, aparece otro famoso villano; pues cuando irrumpe en la cinta, trae a la memoria uno de los momentos más recordados en toda la cronología de Superman.  No voy a hacer spoiler al respecto, no obstante sí diré que ello le da a la trama un giro imprevisto y abre caminos insospechados para que lo vendrá más adelante.  Regresando a Wonder Woman, pues acá se deja claro que llevaba largo tiempo como superheroína; no obstante no supieron aprovechar este detalle y cuando ello es revelado, si bien aparece junto a unos supuestos compañeros justicieros, estos podrían haber sido más parecidos a la Sociedad de la Justicia (un antiguo grupo de superhéroes en cuyas filas esta dama se encontró). Empero tal detalle hace referencia directa o indirecta, a que ya antes habían sujetos con características superheroicas.
      El gran problema de todos estos elementos reunidos en una sola película, viene a ser la saturación de información y que en especial para quienes apenas se manejan en el tema, bien los puede confundir con tanto personaje, secuencia de acontecimientos y toda la parafernalia entregada.  Es respecto a todo esto, que lo correspondiente a los otros miembros de la Liga de la Justicia, en los pocos segundos que se les dedican (pues en la práctica son solo cameos) resulta casi innecesario, ya que todo parece apresurado y de lo más bien que la película funcionaría sin estas “pinceladas” del resto del universo DC…Otra cosa sería si les hubiesen dedicado más metraje (¿Tal vez en una versión extendida o corte del director?).  Para ejemplificar esto, basta con mencionar solo de manera escueta cierta pesadilla o alucinación que en un momento llega a tener  Bruce Wayne ¿De qué se trata todo eso? ¿Quiénes son los que aparecen en tales imágenes? Se preguntan de seguro muchos y sin embargo ello tiene relación con lo que vendrá a posterioridad.  No obstante ello resulta raro al espectador general,  porque una vez más aquí es posible encontrar otro guiño a los cómics, siendo precisamente algo sacado de Crisis en las Tierras Infinitas.  Si al menos hubieran hecho todo esto con el tiempo que se dieron los de Marvel, quienes como bien sabemos fueron haciendo distintas películas para cada uno de sus personajes, antes de juntarlos a todos; de tal modo todo sería mucho mejor y no nos veríamos frente a algo que llega a cansar de vez en cuando.  Pero DC quiere subirse al carro de las ganancias que Marvel le lleva hace rato aventajando, razón por la cual no pueden darse el lujo de hacer todo de la misma manera que su compañía rival.  De este modo habrá que esperar a evaluar los resultados, una vez que se estrene El Escuadrón Suicida dentro de poco y que ya se conecta con este actual cinta en varios aspectos (específicamente en lo que concierne a la presencia oculta del Guasón en la vida de Batman y con la noticia pública de la existencia de metahumanos, que desde la aparición de Superman, se convirtió en un tema de preocupación dentro de esta nueva continuidad para el cine).
     Así que darle tiempo al tiempo, para dimensionar mejor las últimas decisiones de DC con respecto a sus proyectos para el cine.  Por lo menos la amenaza (cósmica) que se supone asolará el mundo, deja a los conocedores de las historietas con la esperanza de que lo mejor aún está por venir.

viernes, 1 de abril de 2016

Nuestro querido Robert Howard.


     Antes de desarrollar las ideas que deseo exponerles a través de este texto, me gustaría que leyeran con atención el siguiente diálogo extraído de la película que hoy me inspiró a escribir:

-                              Has estado llorando muchísimo ¿Por qué lloras?
-                              Un amigo.
-                               Se ha ido ¿Verdad? ¿Fallecido?
-                              Sí, se quitó la vida.
-                              Eso es duro.
-                             Era escritor. Se ganaba la vida escribiendo historias.
-                             Sabía cómo contar un cuento ¿No es así?
-                             Así es como los llamaba él.
   (…)
-                    ¿Te alegras de haberlo conocido? ¿Y a pesar de que ya no vayas a verlo durante un tiempo es todavía tu amigo?
-                           Sí, desde luego que lo es.

     En mis cuarenta años de existencia he aprendido bastante bien esa ley de la vida, de que hay gente que pasar por tu lado y te marca para siempre.  Gente que se hace importante, pero que por una u otra razón ya no están contigo, algunas porque nuestros destinos se han separado y en otros porque ese compañero o compañera  ya no está en esta tierra; en cualquiera de las dos circunstancias lo mejor es guardar en tu memoria y tu corazón toda la felicidad que te dieron, mientras ambos caminos estuvieron juntos.  A veces rememoras con dolor tales pérdidas, no obstante terminas por agradecer el tiempo compartido.
     No a todos aquellos que han logrado quedarse dentro de ti los has conocido, pues hay unos cuantos que con su trabajo, sus pensamientos y obras te han sobrecogido lo suficiente como para convertirlos en hombres y mujeres que te son valiosos. Para mí todos estos son aquellos que con su labor, creando belleza, personajes e historias han acaparado no solo mi atención, sino que han terminado por conquistarme.  Sé que no estoy escribiendo locuras, pues de seguro a ti también te pasa lo mismo.  Una de estas personas que me es así de valiosa corresponde a Robert Howard.
     ¿No sabes quién este tipo? Pues basta decir con que es nada menos que el creador de Conan el Bárbaro, personaje de ficción que ha protagonizado un montón de relatos de su autoría, así como la de otros escritores que emulando a Howard se han negado a que el guerrero deje de pasar aventuras, aún mucho después de la muerte de su “padre”. Bob dos Pistolas como le llamaban sus pocos amigos, vivió entre 1906 y 1946 en Texas, Estados Unidos y en su breve vida dejó un montón de narraciones que hoy en día corresponden a uno de los más destacados legados de la literatura de la fantasía y el terror.  Pocos datos hay acerca de su persona, ya que era un individuo no muy sociable y que dedicaba gran parte del tiempo a su pasión por la narración.   Sobre su faceta más íntima, ligada al tema amoroso, es posible tener conocimiento gracias a los dos libros de memorias de  Novalyne Price, quien ya en el ocaso de su vida los escribió revelando al mundo su singular relación sentimental con Robert Howard.  Estos dos textos inspiraron una preciosa cinta independiente de 1996, de la que hoy quiero contarles.
      Recuerdo como si fuera ayer mi primer encuentro con Conan y, por ende, con Robert Howard.  Eran los ochenta y yo era un niño o a lo más un preadolescente.  Mis papás tenían un negocio en casa, en el cual vendían varios tipos de artículos.  En este sitio había un televisor que lo ocupábamos en familia para ver variados programas y películas; como desde pequeño amé el cine, no me perdía las funciones nocturnas (en especial de fin de semana) para ver todo lo que me llamara la atención y por lo general siempre lo hacía atento junto a ambos padres.  En una de esas veladas nocturnas fue cuando me encontré con quien sería otro de mis ídolos de juventud, Arnold  Schwarzenegger, haciendo del valeroso cimerio y así fue que enloquecí de furor con Conan el Bárbaro.  Me acuerdo muy bien de que a mi papá también le gustaba harto este filme, de modo que nos las repetíamos todas las veces que lo volvían a emitir en la tele (ya “grandecito” gracias a la magia del DVD, recién pude ver la versión integral y sin cortes, incluyendo la escena de la mujer-serpiente).  Poco después dieron Conan el Destructor, donde salía esa negra que tanto me gustaba, la Grace Jones, aunque esta cinta no era tan buena como la anterior.  En cambio Red Sonja me fascinó mucho más, la que acá se llamó El Guerrero Rojo, aprovechándose de que también  salía en ella nuestro querido Arnold (además les debo confesar algo, si es que no se han dado cuenta antes quienes me conocen y leen habitualmente: tengo debilidad por las heroínas, por lo que la protagonista de este filme se ganó toda mi atención).  Pasaron unos años y ya estaba en lo que acá en Chile llamamos la enseñanza media, cuando tendría como quince años y un día de regreso del colegio hacia mi casa encontré en el kiosco de diarios y revistas donde comprábamos desde que tenía memoria… ¡Cómics de Conan el Bárbaro! Eran unas ediciones en papel de mala calidad, en blanco y negro, de procedencia colombiana creo.  Pero lo bueno era que al ser tan baratas podía darme el lujo de invertir en ellas; por lo tanto compré semana a semana cada nuevo número, no obstante comenzaron a acumularse las revistas que no leía y en uno de esos momentos en los que uno razona como un verdadero idiota (¡Bueno, en aquel tiempo me faltaba experiencia como para sopesar bien lo que pensaba!), regalé mis historietas.  Pasaron los años y cuando ya estaba en la universidad, mi querido amigo Mauricio Tapia (sí, el mismo del blog La Quinta Anormal) comenzó a prestarme su enorme colección de revistas y entre ellas estaban varias de nuestro bárbaro favorito.  Creo que fue gracias a la gentileza de Mauricio que Conan se me hizo tan entrañable, más por el hecho de saber ahora que muchas de las viñetas que leía de él estaban basadas en los cuentos que algún día debía gozar, por lo que solo me faltaba ir a la fuente directa de tantas maravillas.  Cuando por fin pude comprarme libros del ciclo de Conan, fue la consagración definitiva. Los primeros tomos que tuve eran “usados”, aunque valiosos, ya que eran viejas ediciones de la Editorial Bruguera (esos chiquititos con preciosas portadas tipo pulp); luego conseguí otros más recientes de la Martinez Roca y por último mi joya más preciada: un gran de lujo con los textos escritos por Howard, ordenados según la fecha en las que fueron publicados originalmente, con preciosas ilustraciones a color y en blanco y negro (comprado a precio casi irrisorio gracias al dato que me dio mi también amigo Marcelo López).  Hoy en día tengo textos escritos por otros autores, incluyendo dos de Robert Jordan, uno de Karl Edward Wagner (del cual escribí esta entrada) y otro de Sprague de Camp que aún no leo, más otro de Andrew Offutt que lo dejé inconcluso porque me aburrió, todo con Conan para rato.  Sin embargo para ser sinceros, lo primero que leí de este don de la literatura no era nada sobre su saga ambientada en la Era Hiboria, sino que fue un cuento de terror lovecrafniano, La Piedra Negra, por medio de la famosa antología Los Mitos de Cthulhu y con la que Rafael Llopis hizo conocer a los lectores de habla hispana estas historias; poco tiempo después me devoré el tomo compilatorio de El Valle del Gusano, por medio de la bondad de mi otro amigo Miguel Acevedo (el del blog Le Dicen Poesía), quien me lo facilitó.  Mi colección de Kull el Conquistador llevado al noveno arte también se convirtió en una de mis preciadas joyitas. Podría contar muchas cosas más, como mi adquisición de dos tomos en tapa dura de sus cómics y mi lectura de la novela de terror Rostro de Calavera que tanto disfruté, no obstante creo que ya me he pasado de la cuenta con esta sucesión de recuerdos.  Vamos mejor al filme del cual les quiero comentar.

     
      Bajo el nombre de The Whole Wide World (en español Todo el ancho mundo), la película trata acerca del romance entre una aspirante a escritora y Robert Howard, en realidad un amorío imposible debido a la problemática personalidad de este hombre.  De este modo el filme nos muestra cómo tras conocerse ambos, nace la atracción mutua que por un lado saca al cuentista de su cerrado mundo interior, dedicado hasta ese momento a sus fantasías literarias y a su madre posesiva con quien mantiene un lazo de características edipianas.  La cinta retrata a su protagonista masculino como a un hombre muy especial, tosco y aparentemente machista, no obstante amante de la libertad y las fantasías a las cuales le gustaba escribir.  Su carácter e impresionante presencia física (amante de los deportes) contrasta bastante con el de la pequeña y dulce mujer que encuentra en Novalyne, quien ya en dicha época era una fémina autónoma y de ideas librepensadoras.  La devoción por las historias y la verdadera afinidad de dos espíritus más parecidos de lo que a primera vista se observa, forja entre los dos una relación que deja su huella en cada uno.  Es la dama quien pone más de su parte para conquistar a su amor, en especial porque el lazo que une a Robert con su madre complica que este se dé por completo a sus sentimientos.  De este modo a lo largo de la película el espectador se encuentra con una historia de amor condenado, más todavía si uno es lector acérrimo de Howard, razón por la cual sabe cómo va a terminar todo.  No obstante los responsables de esta emotiva obra tratan el tema del suicidio del escritor de una manera bastante sutil, dejando de lado el morbo y centrándose más en la humanidad de sus dos protagonistas, en especial en la dama que le sobrevive con la certeza de que ha ganado un precioso recuerdo.

     La película no solo permite tener a uno de nuestros autores favoritos como protagonista de un bello relato romántico, sino que además nos introduce en el tema de la pasión artística, o sea, en la interioridad de los hombres y mujeres que viven para crear gracias a su genialidad e imaginación.  De este modo bajo la figura de Robert Howard se representa a todos sus colegas, puesto que tal como se muestra en el metraje, uno de los pilares de su existencia viene a ser sin vacilaciones lo que hace: contar historias.  En numerosas ocasiones las escenas y los diálogos, incluyendo monólogos salidos de la boca de este Howard cinematográfico, evidencian lo que subyace bajo el arte de la fabulación; así es como este amor por la vocación, convierte al escritor que llegamos a vislumbrar en un hombre privilegiado, pese a las taras que lo agobian. Varios son los medios que utilizan quienes intervinieron en el filme para demostrarnos todo esto, entre ellos efectos sonoros que representan las batallas imaginarias de Conan y las lecturas en voz alta que hace de sus trabajos Robert Howard.  Tampoco se puede olvidar que lo que une en un principio a nuestros dos enamorados, viene a ser la literatura misma, de modo que Novalyne también se aprecia como alguien maravillada con los libros.
     Considerando los tiempos en los que transcurre la vida de nuestros personajes, es posible darse cuenta cómo en aquel entonces la llamada “literatura de género” era mal mirada por los círculos intelectuales.  No obstante el filme dignifica la labor de Howard y otros como él, lo que queda explicado ante la fascinación que le provoca a la protagonista su persona; pues Robert le abre las puertas a un mundo antes no conocido por quien además es profesora, de modo que luego del encuentro de ambos Novalyne llega a transmitir a sus pupilos el aprecio hacia estas ficciones. Y al respecto es que no se podía dejar de mencionar a Howard Phillips Lovecraft, otro importante escritor de la misma escuela de Howard, profundamente ligado a este y al cual se dedican unas líneas.
     Este largometraje recibió varias nominaciones a certámenes especializados, muchos de los cuales ganó y fue dirigido por Dan Ireland, quien antes de dedicarse a la labor de director, trabajó como productor ejecutivo en varios títulos de Ken Russel (entre ellos La Guarida del Gusano Blanco, sobre la novela homónima de Bram Stoker). 
      En el papel de Robert Howard podemos encontrar a Vincent D`Onofrio, camaleónico actor que tan solo a través de su interpretación nos hace creer que es el mismísimo autor de relatos pulps, puesto que su parecido con este resulta extraordinario.  Cabe mencionar que D`Onofrio, todo un galán en aquellos años en que realizó este filme, hace hoy en día de nada menos que del villano Kingpin en la serie de televisión Daredevil, contrastando increíblemente su aspecto tan apolíneo como Howard, al comparársele con el gordinflón genio criminal (puesto que el actor para realizar este último papel subió de peso de adrede y se rapó para parecerse lo mejor posible al mafioso de los cómics).  El talento del histrión se hace evidente aquí no solo por el acento texano que es capaz de reproducir, sino debido a la sensibilidad que le otorga a su personaje que se mueve entre una personalidad colérica y la de un hombre sensible capaz de ganarse el corazón de quien realmente lo llega a conocer, una vez despojado de sus corazas.  El nombre de esta cinta y de uno de los libros que la inspiró (One who walked alone, o sea, El que camina solo), hace alusión a este carácter tan complicado del escritor, un individuo acostumbrado a la soledad y a los que solo unos pocos les abrió el verdadero mundo de su interioridad.  La resistencia de este autor a compartir con los demás y su singular entrega a la única mujer que llegó a amar (aparte de su madre), es dramatizada de manera sobrecogedora en uno de los mejores papeles de D`Onofrio.  En esta obra el escritor le hace apreciar contento a su amada el bello paisaje que los rodea, de modo que su vastedad lo identifica como persona que celebra su espíritu libre; pues la tierra que pisamos es mucho más de lo que llegamos a ver y los límites los ponemos solo nosotros para continuar el sendero que llevamos.
      La preciosa Novalayne Price se encuentra bajo el cuidado de otra artista hoy en día consagrada, Renée Zellweger (la recordada Brigit Jones que tantas risas y lágrimas nos dio con posterioridad en su rol de The Whole Wide World).  La verdad es que cuesta decidirse por afirmar quién de los dos, si ella o su compañero de reparto, realizó un mejor trabajo en este caso.  No obstante resulta difícil olvidarse de la escena en la cual solo a través de sus manos, cuando recibe la noticia de la muerte de su amigo, nos da cátedra acerca del poder de una buena actriz para solo con sus gestos decirnos todo y más; luego cuando justamente se da el diálogo que encabeza este texto, una vez más nos llega a tocar hondo.
     A este cuadro perfecto de una película para atesorar, se suma una fotografía cautivadora y casi de ensueño, especialmente cuando se trata de representar el amor de Robert Howard por la naturaleza, lo que podemos ver en los momentos en los que ambos protagonistas viajan al exterior y el cuentista le muestra la belleza del ancho mundo a la mujer que ama.  También se debe destacar un cuidado trabajo en la dirección de arte y vestuario, lo que ayuda a crear la ilusión de estar viendo imágenes del pasado.  Por último, lo hecho por los compositores Hans Zimmer y Harry Gregson-Williams, quienes compartieron acá la labor de realizar la música incidental, no puede haber sido más acorde al tono de esta obra; puesto que sus sinfónicas melodías logran transmitir tanto lo épico de la pasión de Robert Howard por sus ficciones, como lo sublime del amor entre éste y Novalayne, así igualmente en los momentos más desgarradores de su metraje. 

En el filme Vincent D`Onofrio se saca una foto igual a la famosa 
que hay de Robert Howard (la de la izquierda), lamentablemente como
no pude conseguirla googleando, la opongo al lado de esta otra para dejar
constancia del parecido entre el escritor y el actor.
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