Voy a comenzar este mes de junio, justo a
mitad del año de 2017, con un post algo diferente (bueno, la verdad no tanto),
pero sí se trata de un texto que no tenía pensado en escribir y que se me
ocurrió sobre la marcha, tan solo este recién sábado pasado. Dejaré para el fin de semana a Lemebel, que
desde hace tiempo que deseo volver a dedicarle una entrada en mi Cubil. Lo siento, Pedro, pero mi faceta ñoña es
mucho más fuerte que la literata.
El último fin de semana se celebró, creo
que por sexta vez, la Madre de todas las convenciones frikis en nuestro país,
la Comic Con, marca registrada que reúne en todo el mundo a los seguidores de
cómics, libros, seriales, películas, videojuegos, juegos de cartas y de rol, y
todo lo que tenga que ver con el llamado fandom, que haga que grandes y chicos
alucinemos con alguna de sus ficciones y/o personajes. Es así que a estos eventos se invita (pagados
eso sí) a la mayor cantidad de exponentes al respecto, entre artistas de toda
índole (actores, guionistas, escritores, dibujantes…) para que den charlas,
participen en foros, firmen autógrafos y se saquen fotos con sus seguidores
(quienes en muchas ocasiones deben pagar aparte de la entrada, el valor
adicional de obtener tal “honor”, tal como al menos pasa en Chilito); asimismo,
una serie de stands que promocionan las marcas más importantes y entre las que
se encuentran las sagas más famosas de este “submundo” de la cultura de la
entretención y, por qué no, del arte popular, comparten el lugar con las
tiendas especializadas, que se instalan para tentar al público con sus
supuestas ofertas. Sin embargo, donde
quizás hayamos uno de los elementos más gratificantes para los asistentes,
viene a ser que quien quiera puede cumplir su fantasía de
vestirse/disfrazarse/emular a sus personajes favoritos, paseándose por toda la
zona y convirtiéndose por esas horas en una estrella más de todo esto; pues no
faltan (no faltamos) los que quieren sacarse fotos con estos valientes, que
muchas veces los atuendos de estos cosplayers
resultan ser magníficos. El cuadro
no puede dejar de completarse sin los concursos de rigor, entre los que están
los mismos cosplayers y quienes deben
preparar hasta un show, para demostrar quién cumple mejor con el sueño de
parecerse a sus ídolos.
En suma, una Comic Con o convención
similar, es una verdadera instancia para que quien ame todo esto, como también se
sienta en el cielo entre sus pares…Y solo he mencionado unas cuantas de las
actividades que acá podemos encontrarnos.
Quienes me conocen, en más de una ocasión
me han preguntado año a año “¿Vas a ir a la Comic Con?”, a lo que por lo general les respondía
negativamente, pues como se tiende a hacerla a fin de mes, ya me he gastado la
plata como para asistir (no solo teniendo para comprar la entrada, sino
que como para no andar con los bolsillos
vacíos). Y luego de ver las fotos de las
nuevas convenciones, siempre me decía “Este próximo año iré”, lo que se repitió
ya de manera cíclica por más de media década.
Por otro lado, la idea de gastar en algo que estaba acostumbrado a
acudir de manera gratuita (claro que nunca al nivel masivo de la Comic Con),
también me era un argumento de peso para no frecuentar esta “fiesta de la
ñoñería consumista”… ¡Ella, la austera!
Hace unos años atrás junto a mi amigo
Miguel Acevedo (sí el mismo del blog Le Dicen Poesía y los libros Cartelera
de Cine y Espejos), asistimos a lo que tenemos la duda ambos fue la
primera Comic Con chilena. La reunión se
hizo en el Centro Cultural Mapocho, un hermoso edificio centenario restaurado
de la capital, que hoy en día ha sido utilizado en todo tipo de actividades masivas. Pues resulta que ambos acudimos con todas las
ganas del mundo de pasarla bien, en especial esperando encontrarnos con algo,
que al menos se acercara en esta versión criolla a lo que habíamos visto en
tantas películas y seriales frikis.
Recuerdo que hasta pagamos entrada, si bien tampoco era tanto, que se
suponía el gasto valía la pena. Sin
embargo cuando entramos, nos dimos cuenta que las exposiciones ocupaban una
mínima parte de la construcción, una zona justo donde se encuentran los baños y
que es como un largo pasillo; el resto de la Estación Mapocho estaba sin
ocupar. Los pocos stands que habían daban
pena y no había ninguna marca registrada que apoyara todo esto con su
presencia. La verdad es que en la
práctica he olvidado casi todo lo concerniente a esa vergonzosa exposición, que
uno en menos de 10 minutos recorría.
Todavía con Miguel nos preguntamos qué era en realidad ese simulacro de convención.
Sin embargo, poco tiempo después
comenzaron en el país las Comic Con “como Dios manda”, con harta publicidad,
mucha plata involucrada y con invitados famosos, entre nacionales e
internacionales. Estas comenzaron a
hacerse en la misma Estación Mapocho, un lugar además de fácil acceso para todo
el mundo, gracias a la buena locomoción colectiva con la que además cuenta (por
otro lado, tampoco me queda tan lejos que digamos y me muevo bastante bien por
sus alrededores). Luego tuvieron la pésima
idea de hacerla en el más “sofisticado” Espacio Riesco, un edificio más moderno
y que queda ubicado en una zona más opulenta de la ciudad, rodeado de empresas,
parques y barrios residenciales. La excusa, según algunos, de este cambio de
lugar, es que el otrora hogar de la Comic Con era ya demasiado chico, como para
dar a vasto con lo que ahora se había transformado. Entonces tuve una nueva excusa para seguir
perdiéndomela, que la verdad no me animaba viajar a este lado de Santiago tan a
trasmano.
A menos que me equivoque, fue en marzo
de este mismo año cuando mi amiga Angélica (de los Galpincheros), nos ofreció
entradas de la Comic Con por “guasap” a todos los del grupo y a más de 60% de
descuento. Al final solo 3 nos
interesamos. Era una oportunidad que no podía desaprovechar y sin dudarlo le
pedí cuatro, para asistir sábado y domingo, un día con mi sobrinito Amilcar (de
7 años) y otro con mi amigo Luciano, quien de seguro demás que querría acompañarme.
Pasó su buen tiempo para que llegara el momento esperado.
En un principio me había hecho la idea
de que con Amilcar iríamos los dos disfrazados, él de Robin y yo de
Batman. “Yo quiero ir de Batman” me
dijo. “Bueno, yo iré de Batman y tú de
Batmito ¿Te parece?” le propuse. La idea
le fascinó. Se me ocurrió esto tras
recordar lo bonito que se veía con un traje, que le compré a los 3 años, del
Murciélago en el estilo clásico azul y gris, para un cumpleaños mío que fue con
temática de superhéroes. Fue mi amigo Marcelo López, quien afirmó que se
parecía al también llamado Batiduende.
Mis intenciones de mandarnos a hacer a
medida los disfraces quedaron en pura buena voluntad, pues no ahorré para ello
y cuando llegó la fecha de ir juntos al evento, Amilcar terminó por usar un
atuendo más humilde de Spider-Man negro.
Pero el niño estaba feliz y yo orgulloso de tener a mi lado a ese pequeño
admirador de los justicieros.
Me puse de acuerdo con Vale y con
Nelson para juntarnos en una estación del metrotren y llegar todos a la Comic Con. Así que le dije a Amilcar que tendríamos que
esperar a los tíos un ratito. Cuando
llegaron nuestros compañeros de viaje, mi regalón dijo con voz fuerte y con esa
franqueza inocente que caracteriza a los pequeños “¡Creía que eran jóvenes!”. No paramos de reírnos, en especial Vale que encontró
magnífico el comentario.
Como era de suponer, Amilcar apenas
llegamos comenzó a pedirme que le comprara cosas, lo que por supuesto me negué,
pues si le daba en el gusto, lo estaría mal acostumbrando a ser más consumista
de lo normal, je. Al principio hizo una
pataleta, pero luego se le quitó solo y de manera rápida, lo que me alegró, ya
que la idea era pasarla bien todos juntos y en especial Amilcar, que por
primera vez iba a una actividad de este tipo.
Llegamos tipo 4 de la tarde y la enorme
cantidad de personas me abrumó, además del ruido ambiental que para mi gusto
era demasiado (por razones similares, no me gustan los discos y pubs). Fue algo extraño para mí, ya que incluso
pensé en abandonar lo más pronto posible el recinto. No obstante como sucede en estos casos, sin
que me diera cuenta mis sentidos al rato se acostumbraron a la sobrecarga de
estímulos y de ese modo junto a Amilcar y mis amigos pude pasearme por los
alrededores con placer. No dudé en
sacarme todas las fotos que pude, ya sea junto a Amilcar o a solas, siempre con
los cosplayers que más nos interesaran, además de visitar casi todos los stands
que había. Cuando veíamos con mi sobrinito algún disfraz
que nos gustaba, le decía a Amilcar que le pidiera a la persona por el nombre
de su personaje, si podía fotografiarse con él y a lo que ni corto ni perezoso
se acercaba y le decía, por ejemplo, “¿Doctor Strange, puedo sacarme una foto
contigo?”. Todos muy amables y
encantados por ese chiquitito, que con tanta personalidad les hacía la
solicitud, accedían. Por otro lado, mi “clon” (como dicen algunos que lo conocen),
no vacilaba en posar en gestos claramente inspirados en Spidey. Con mucha ternura recuerdo que a un tipo muy
dulce, vestido del Hombre del Saco de El Extraño Mundo de Jack, le
dijo “Eres bien bonito”, lo que emocionó a su interlocutor, quien lo abrazó;
asimismo, al Agente Venom le confesó que él era su hermano.
Vale y Nelson no duraron mucho en la Comic Con
y a lo más estuvieron una hora y media, pero con Amilcar no dejamos por ello de
disfrutar de ese bello momento juntos.
En realidad la paso muy bien junto a él, quien además se siente muy
dichoso de interactuar con otros adultos y de estar con su tío Elwin. Nunca pensé que iba a amarlo tanto.
Ya cerca del anochecer, nos encontramos con la
sorpresa de que en medio de todo esto se iba a querer conseguir romper un
record de Guinnes, al tener la mayor cantidad de disfrazados de Eleven, una de
las heroínas infantiles de la serie de culto Stranger Things. Pese a
que Amilcar por razones obvias no la ha visto (“Solo la verás cuando tengas
pelo en el pecho” le observé, como todas las pelis y otros programas para
adultos cuando me pregunta al respecto), de inmediato se interesó por el show
respectivo y se quedó atento mientras se llevaba a efecto este “momento
histórico”. Fue algo muy cómico ver a
algunas de esas Eleven alternativas, con las piernas peludas y barba.
Antes de que pasara lo anterior,
presenciamos un certamen de cosplayers sobre héroes y villanos. Los jueces estaban igualmente caracterizados
y uno de ellos era una imponente Hiedra Venenosa, la célebre archivillana del
Señor de la Noche, quien desde lejos se veía muy guapa. La animadora, le pidió a Hiedra Venenosa que
dijera unas palabras al público y entonces se escuchó… ¡Una voz de hombre! Estaba
lleno y nadie reaccionó de manera burlesca, lo que me fue muy satisfactorio. Creo que la mentalidad respecto a la
diversidad sexual en mi país, está cambiando positivamente en materia de
tolerancia y lo que como profesor lo he podido comprobar en nuestras nuevas
generaciones. Cuando ya nos estábamos
yendo con Amilcar, nos encontramos con la susodicha (¿o el susodicho?) y le
pregunté a Amilcar si deseaba sacarse una foto con ella, a lo que dijo al tiro
que sí. Me encantó lo afectuosa que fue
Hiedra Venenosa con mi bebé. Por
supuesto que no dudé en tener mi propio recuerdo junto a tan grata persona. Al otro día fue la animadora de otro de los
concursos, aunque en esta ocasión vestida como pirata.
Por supuesto que Amilcar quería volver
a ir conmigo al día siguiente, pero le contesté que no, porque esta vez iba a
visitar stands para adultos. Es que me había
quedado con las ganas de entrar a la “zona zombi”, como le puse, y que estaba
dedicada al exitoso show de The Walking Dead. Este apartado de la Comic Con era sin dudas
uno de los más grandes de la convención.
Luciano no quiso entrar, menos hacer la fila, así que ingresé solo a
esos “devastados y violentos territorios”, sin dejar de fotografiarme junto a
unos cuantos muertos vivientes y a la valiente Michonne.
Ir esta vez prescindiendo de mi papel de tío,
me permitió andar más a mis anchas por todo “Espacio Rasca”. Luciano es un excelente compañero de ñoñerías
y fue genial tenerlo a mi lado, en mi segundo día de Comic Con (en realidad era
la tercera jornada de este año, no obstante no asistí el primer día, o sea, el
viernes). Tuvo la paciencia de sacarme
todas las fotos que le pedí, yo lejos más viejo que él y aun así al parecer
actuando como un verdadero cabro chico ya cuarentón.
Otro stand que no dejé de visitar,
fue el que promocionaba nada menos que la primera de las dos cintas que adaptan
It
de Stephen King, pronto a estrenar.
Posé con el impermeable amarillo y el globo rojo del afiche; aunque lo
mejor, fue que obtuve más de una foto junto a su versión de Pennywise, que
ahora ya me convence. Sin embargo luego
me encontré con un Pennywise de la miniserie de los noventa, lo que me hizo aún
más feliz.
No había querido comprar nada,
hasta cuando ya justo íbamos retirándonos Luciano y yo, pues los precios
estaban exorbitantes. Fue entonces que
me di cuenta de que el puesto de Unlimited, la más importante editorial chilena
de cómics, estaba liquidando ya cerca del cierre a mitad de precio lo que le
quedaba. De ese modo me llevé conmigo
unos cuantos títulos.
Ya ha pasado una semana completa
desde que pasó la última Comic Con y ahora mismo recuerdo con nostalgia tantas
emociones y buenos momentos compartidos junto a mi sobrinito y a mis
amigos. A ver si para la próxima se
concreta lo de asistir los dos, Amilcar y este servidor, convertidos en
verdaderos cosplayers.





















