1. En el comienzo
De educación superior dedicada a la ciencia y la tecnología (es ingeniero informático), sus libros pertenecen justamente a la llamada ciencia ficción dura, una rama que al ser escrita por especialistas en alguna área científica, procurando hacer de sus ficciones algo no solo verosímil, sino que llenarlas de datos exactos, como cifras, datos reales que incluyen ecuaciones, fórmulas, cálculos matemáticos, teorías validadas y cualquier otro dato que le otorgue el grado de credibilidad deseado a sus textos.
Ahora, bien, se supone que los antecedentes de este tipo de narraciones viene del mismísimo Julio Verne, o sea, del siglo XIX y de uno de los dos padres del género; así como ya bien avanzada la siguiente centuria en plena Edad de Oro de la ciencia ficción los tres grandes de aquella época, Isaac Asimov, Robert Heinlein y Arthur C. Clarke, fueron sus mayores exponentes clásicos y tal como Verne llegaron a escribir un montón de obras que están consideradas verdaderos clásicos de este tipo de fantaciencia.
Por mi parte, si bien leía en mi adolescencia algunas ediciones condensadas de ciertos trabajos del francés y otros en sus formatos integrales, no me apasionó mucho su prosa. En cambio más de mi agrado han sido las historias de los siguientes, muy divertidas para mi gusto y es que pese a tratarse de escritores "duros", no dejaban de lado los elementos humanistas y fabulosos (artísticos) que son los que más me atraen en este género.
La verdad es que les cuento lo de arriba, en gran parte, porque personalmente no me atrae mucho la ciencia ficción dura, la cual me tiende a aburrir con tanto dato como el mencionado (a menos de que se trate de una tecnojerga al estilo de Star Trek) y que primo la aventura, el drama de la antiutopía y la crítica social, además del exotismo de la biología extraterrestre por sobre los dilemas científicos.
Por lo mismo de más arriba, tras haber visto en el cine El Marciano, la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Weir, su primer libro en este formato, la pasé bien, pero nunca me dieron ganas de repetírmela; menos de comprarme y/o de leerme el tomo en cuestión. Pues si en el filme ocupaban mucho tiempo en mostrar cómo se adaptaba su protagonista al ambiente marciano, ya me imaginaba el tedio de leer todas esas páginas dedicadas al material científico respectivo.
Y entonces llegó la celebración de mi medio siglo de vida el año pasado un regalo inesperado: Proyecto Hail Mary, justamente la novela que me lleva a escribir estas palabras, tras un poco más de tres semanas leyéndola y disfrutándola mucho. Eso si, debo confesar que tras ver la publicidad que traía en su tapa, en la que decía expresamente de que era del mismo autor de El Marciano, no me sentí muy motivado a leerla; no obstante, me la habían obsequiado dos amigos que saben mucho de literatura ñoña, María Elena e Iván, quienes siempre me regalan libros maravillosos y ya me han presentado a varios y obras que no conocía y que me fascinaron por completo (como Brandon Sanderson, Patrick Rothfuss y Ready Player One). Pero, la verdad, es que había dejado guardado en una de mis bibliotecas el susodicho título y no me había acordado de él, hasta que uno de mis "lectores constantes" del blog, Martín, me lo mencionó en uno de sus comentarios y algo recordé de que, tal vez lo tenía, de modo que comprobé que era cierto y, meses después, cuando el mismo Martín me dijo que se venía la peli, me prometí que sería mi primer libro de 2026. Es así que escribo estas palabras a días de verme, por fin, su adaptación y que ha tenido muy buena acogida.
El protagonista es Ryland Grace, un profesor de ciencias escolar y que trabaja con niños (que lo adoran y son muy bien portados... Lo ideal para un profesor ¿No?). Es feliz con su vida sencilla y se aprecia como un hombre que solo quiere pasar desapercibido, incluso hasta fome por su falta de vida social. Sin embargo, nuestro humilde maestro resulta ser un genio y ha sido reclutado para un proyecto científico de gran envergadura, el cual pretende nada menos que salvar a la humanidad de una catástrofe de proporciones apocalípticas.
La historia del antihéroe la vamos conociendo a través de sus recuerdos, que van apareciendo de forma ordenada, al estar entrelazados por su presente: Y es que en ya en esta etapa actual de su vida, se haya solo dentro de una nave espacial, en otro sistema solar y cuando comienza el libro no sabe quién es y mucho menos tiene idea de qué hace allí. Poco a poco su memoria va mejorando y de ese modo se nos despliega una muy divertida e intrigante historia, acerca de la lucha por evitar la extinción y de su papel en ello.
En el espacio se encuentra con una noticia increíble: Hay al menos otra civilización y esta pertenece a una especie en apariencia muy distinta a mostros, así como con una cultura diferente. Y aquí es cuando entra a la trama el coprotagonista, a quien conocemos a través de los ojos y de las impresiones de nuestro representante humano, quien llega a entablar una emotiva amistad con el alienígena. Este último, llamado Rocky, tanto por su apariencia, como porque su verdadero nombre no lo puede pronunciar Grave, debido a las particularidades de su lenguaje tan distinto al nuestro (y, sin embargo, genial cómo logran comunicarse ambos viajeros).
La relación entre el humano y el extraterrestre permite demostrarnos que la diversidad no nos separa de los demás, sino que es cosa de descubrir en los otros los puntos en común que hay entre sí y que pueden ser mucho más de lo que en un principio podemos llegar a pensar. Por esto mismo es que en la Tierra los especialistas que trabajan en contra del tiempo para evitar la aniquilación total, son miembros de diferentes países y las tres naciones que más trabajan apoyándose son Estados Unidos, Rusia y China, pueblos que en el pasado no habían tenido las mejores relaciones entre sí.
Asimismo, también destaca un tercer personaje relevante, Eva Stratt, una mujer de personalidad férrea y casi maquiavélica, quien es la líder del proyecto y la cual en verdad está muy bien construida. Su temperamento de hielo contrasta con el más emocional, quien, incluso, en más de una ocasión llora sin miedo a expresar su dolor.
Los pormenores vividos por Ryland, tanto solo, como junto a su compañero, resultan muy ingeniosos y nos mantienen expectantes, pese que a veces el elemento "científico duro" puede aburrir un poquitito. A su vez la cronología de la carrera en la Tierra para salvarnos de la destrucción, en ocasiones resulta mucho más entretenida que los acontecimientos en el espacio.
Por cierto, cabe destacar la credibilidad con la que se explica el funcionamiento de la nave en la que está nuestro protagonista, algo que llegamos a creer es posible. Lo mismo ocurre con la descripción de la vida alienígena, la que Weir consigue hacerla verosímil, pese a su rareza.
Por último, el clímax de la historia es inesperado y a ello le sigue un hermoso epílogo aún más sorprendente.
Ahora solo me queda ver la película, a ver si llego a escribir sobre ella.



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