jueves, 2 de octubre de 2014

El Terror llega desde el Mar (y no gracias a Lovecraft).


I- El Autor.

    William Hope Hodgson fue un escritor inglés que entre 1877 y 1918 tuvo una vida lo suficientemente extraordinaria e intensa, como para crear en su corta existencia una obra literaria de verdadera trascendencia.  Hijo de un severo pastor evangélico, quiso hacer fortuna a los 13 años de modo de desligarse de su control y por esa razón se embarcó durante 8 años, navegando por los mares.  En aquel tiempo el océano todavía seguía siendo bastante inexplorado, encerrando muchos misterios para los valerosos hombres que se aventuraban en sus aguas.  A su vez tampoco contaban con los medios técnicos como para viajar por completo seguros, cuando la naturaleza se manifestaba con toda su majestuosidad.  De este modo seguramente durante esta etapa de su vida tuvo una serie de experiencias, que de seguro rayaron en lo terrorífico y que lo llevaron a crear una obra que fue lo suficientemente poderosa, como para influenciar de forma directa a alguien como el maestro H. P. Lovecraft.  Por lo tanto la idea del mar como un cúmulo no sólo de secretos, si no que de monstruosidades viscosas y acechantes, provino primero de su mente fantasiosa; además cabe decir que lo que Lovecraft ideó tanto leyendo a sus autores predilectos como el mismo Hodgson, al igual que de forma teórica revisando los viejos volúmenes enciclopédicos de su biblioteca, el escritor inglés lo inventó usando sus propias memorias como fuente original del terror de origen marino.  Es así que al leer a Hodgson quien apenas sabe sobre barcos y navegación, se encuentra con una serie de datos, que el autor incorpora a su narración de forma erudita y espontánea; de tal modo ello sirve tanto para aprender del tema, como para conocer aspectos de interés acerca del mundo de su época.  Como muchos artistas de talento y apasionados, Hodgson vivió con intensidad, alistándose con valor en la Primera Guerra Mundial, lo que lo llevó a morir en las trincheras… ¿Se imaginan qué más habría hecho para la literatura si no hubiese desaparecido tan pronto, como bien sucedió con sus colegas Ambrose Bierce y el ya mencionado H.P.L?

El escritor de estas fabulosas narraciones.

     Otro aspecto a destacar de su pluma, es el uso de la narración en primera persona por parte de los protagonistas e incorporando viejos manuscritos, de donde supuestamente provienen los textos de sus historias (otros procedimientos narrativos bastante usados por Lovecraft y compañía).
     En su corta vida, publicó una obra que una vez que los estudiosos comenzaron a buscar los antecedentes literarios de Lovecraft, lo rescataron del olvido hasta otorgarle el título honorífico de maestro de éste; es así que hoy en día su obra es editada con seriedad, si bien en nuestra lengua española pese a ser de dominio público, pocas son las empresas que se aventuran a ello y sólo los más acérrimos al género lo conocen.   En vida tuvo varios problemas para ver sus trabajos impresos, recibiendo varios rechazos.  No obstante su persistencia le otorgó al final frutos y logró escribir, como publicar sus cuatro novelas y una serie de cuentos que a la largo le otorgaron el reconocimiento, aunque como a muchos de sus pares todo de manera póstuma.
     Su libro más célebre es La Casa en el Confín de la Tierra, ambientada en la real y mágica tierra de Irlanda y que trata acerca de una antigua mansión que es el límite entre nuestro mundo y dimensiones de corte infernal.  Entre medio se encuentran una serie de criaturas espantosas y malignas, como pocas veces o nunca habían sido descritas en su momento; a su vez su protagonista es un atormentado hombre que es testigo de nada menos que del correr del tiempo de forma gradual y acelerada, de forma que en la novela contempla incluso el final de la existencia tal como la conocemos.
     Otra de sus novelas famosas es Los Botes del “Glen Carrig” (y a la cual los españoles titularon de forma bastante poética Los Náufragos de las Tinieblas, en la antigua edición de Martínez Roca).  Esta obra trata acerca de un grupo de personas que naufragan y llegan a una zona apartada y desconocida en medio del mar, luego a una isla, sitios donde se encuentran con una serie de criaturas espantosas.  El libro no puede ser más entretenido y los mil y un peligros a los que se enfrentan sus personajes, mantienen al lector atento como una de las mejores narraciones de aventura y misterio.
     Los Piratas Fantasmas tal como dice su literal título, trata sobre temas caros a la narrativa del siglo XIX y principios del XX, piratas y fantasmas; de este modo en esta novela toma un papel primordial el nefasto barco que lleva a sus particulares protagonistas, quienes necesariamente no son delincuentes de altamar, pero que se encuentran sometidos a la siniestra naturaleza del barco en el que han decidido servir y sin sospechar la verdad sobre dicha embarcación.
    Más en el terreno de la ciencia ficción y con el elemento romántico propio de la literatura de los inicios del género, se encuentra El Reino de la Noche.  Esta novela, la más extensa de su trayectoria, transcurre en un futuro muy lejano de la Tierra, en el cual el planeta se encuentra en una noche eterna y los pocos humanos que permanecen, viven en una gigantesca pirámide que los protege de los horrores del exterior.
    Dentro de su producción en narrativa breve, destacan sus cuentos dedicados a Carnacki, quizás el primer detective dedicado a casos paranormales, quien además usaba un libro esotérico y de magia para enfrentarse a los 9 casos de los cuales su creador escribió.  Uno de los puntos más destacados de esta serie de relatos, fue que el personaje se constituyó sin que lo pretendiera su autor, en el antecedente para varios héroes de este tipo, ya sea en la literatura (John Silence de Algernon Blackwood, Titus Crow de Brian Lumley y Harry D´Amour de Clive Barker), el cómic (John Constantine de las historietas de Hellblazer de DC), la televisión (por supuesto que Fox Mulder y Dana Scully de Los Expedientes-X) y el cine.   En vida Hogsdon publicó 6 cuentos sobre Carnacki, sin embargo el mismísimo Augusth Derleth, a quien le debemos el rescate de la obra de Lovecraft al fundar la editorial especializada Arkham House, editó de forma póstuma otros tres cuentos del ciclo para gusto de sus seguidores.  Carnacki ha sido revisitado por otros autores en diversos tipos de historias.
     La prestigiosa editorial española Valdemar, especializada en cuidadas ediciones de literatura clásica, gótica y fantástica, sacó una edición que contiene 6 relatos del autor, todos ellos ambientados en el mar.  A continuación un breve comentario y análisis para cada uno de los textos que comprenden este librito.

II- Los Cuentos.

1- La nave abandonada.

    El cuento comienza con una significativa conversación para introducir la historia central y donde el protagonista les cuenta a sus oyentes una horrible experiencia en alta mar, que tuvo durante su juventud.  Antes de iniciar su relato, éste mismo al más puro estilo de la literatura racionalista de la época, realiza una reflexión acerca del origen de la vida y lo que lo lleva a narrar posteriormente su aventura; es así que sus palabras reflejan el interés científico de una época, en la cual aún existían muchos misterios en la naturaleza para el hombre, pues no se contaba con los medios técnicos, ni los conocimientos previos que permitieran explicar muchas de estas interrogantes.  En cierto sentido las ideas planteadas por el ya anciano médico que protagoniza este relato, son muy propias de la base pseudocientífica, que luego autores de la talla de Lovecraft tomarían para sí, con la intención de darle mayor credibilidad a su obra:

     “-Es el material. -dijo el viejo médico de a bordo-. Más las condiciones y, quizás un tercer factor. Sí, un tercer factor, aunque habría que ver, habría que ver. Interrumpió su frase y empezó a cargar la pipa.
     -Siga, doctor. -dijimos, alentándolo.
     Estábamos en el salón de fumar del San-a-lea, viajando por el Atlántico Norte; el doctor era todo un personaje. Encendió la pipa; se acomodó y empezó a explicarse:
    -El material es el medio de expresión de la fuerza de la vida, el punto de apoyo, en cuya ausencia es incapaz de expresarse o, en realidad, de expresarse en cualquier forma inteligible para nosotros. El papel del material en la producción de eso que llamamos Vida es tan poderoso y la fuerza de la vida está tan ansiosa de expresarse que estoy convencido de que, dadas las condiciones correctas, ésta se manifiesta incluso a través de un medio tan poco prometedor como es un pedazo de madera. Afirmo, caballeros, que la fuerza de la vida es a un tiempo tan ferozmente apremiante y tan indiscriminada como el fuego. Sin embargo, hay quienes consideran la esencia de la vida como exuberante. Hay aquí una paradoja.
    -Sí, doctor. -dije- En resumen, usted argumenta que la vida es una cosa, un estado, un hecho o como quiera, que demanda un material a través del cual manifestarse, y que dado el material, más las condiciones, el resultado es la vida. En otras palabras, que la vida es un producto de la evolución... ¿No es cierto?
     -Tal como entendemos la palabra. -dijo el doctor-. Aunque podría haber un tercer factor. Pero estoy convencido de que es una cuestión de química; y una vez dadas las condiciones, el animal es tan omnipotente que se aferrará a cualquier cosa en la que pueda manifestarse. Es una fuerza engendrada por las condiciones, pero, con todo, esto no nos acerca ni un milímetro a su explicación, no más que a las explicaciones de la electricidad o del fuego. Pertenecen, los tres, a las fuerzas externas: monstruos del vacío. Nada que esté a nuestro alcance puede crear alguna de ellas; nuestro poder se limita a hacer, suministrando las condiciones, para que cada una de ellas se manifieste a nuestros sentidos físicos. ¿Me explico?
    -En cierto sentido. -dije- Pero no estoy de acuerdo. Tanto la electricidad como el fuego son cosas naturales, pero la vida es algo abstracto, una especie de vigilia que todo lo penetra. Oh, no puedo explicarlo, ¡quien podría! Pero es espiritual; no sólo surgido de una condición, como el fuego, o la electricidad. El suyo es un pensamiento horrible. La vida es una especie de misterio espiritual.
      -Tranquilo, muchacho. -dijo el doctor, sonriendo- O de lo contrario podría pedirte que demostraras el misterio de la vida de la lapa o del cangrejo, digamos. -Me dirigió una sonrisa de inefable perversidad- De todos modos, -continuó-, supongo que como todos habrán adivinado, tengo una historia increíble que apoya teoría de que la vida no constituye un misterio o un milagro mayor que el fuego o la electricidad. Pero recuerden, caballeros, que aunque hayamos logrado darles nombre y aprovecharlas, estas dos fuerzas, siguen siendo, en lo fundamental, tan misteriosas como antes. Y, de cualquier manera, lo que voy a contarles no explicará el misterio de la vida; sólo les brindará uno de los pretextos sobre los que descansa mi sensación de que la vida es, como he dicho, una fuerza que se manifiesta a través de condiciones y que puede tomar para sus propósitos y necesidad la materia más increíble e improbable porque sin materia, no puede existir, no puede manifestarse”.

Una de las tantas ediciones de
El Reino de la Noche.
    En los comienzos de su carrera profesional como médico de una embarcación, este ya experimentado anciano divisó junto al resto de la embarcación en que navegaba, un barco que desde lejos se veía llevaba largo tiempo a la deriva.  Curiosos, un grupo de hombres liderados por su capitán, entre los que iba el entonces joven médico, llegaron hasta la nave y allí pudieron comprobar el estado deplorable y extraño en el que el vehículo se encontraba; no obstante pese a sus anomalías, decidieron abordarla y a partir de ese momento comenzaron a descubrir una serie de particularidades del barco, que les hicieron conocer una nueva forma del miedo.  La experiencia fue tan aterradora y peligrosa, que por poco no lograron escapar con vida.
    El carácter anómalo del bote, logra superar cualquier idea preconcebida del género hasta entonces, dotando a lo que debería ser un objeto inanimado de cualidades extraordinarias y que sin duda responden al temor a lo desconocido.  La descripción de los horrores con los que se encuentran los marineros, bien pueden llegar a ser un deleite para los lectores ávidos de manifestaciones grotescas; a su vez Hodgson se muestra sin dudas como un maestro para crear ambientaciones opresivas y marcar el ritmo del suspenso, con el que la intensidad de su narración va en aumento considerable. El cuento a su vez deja expresado de forma explícita, la insignificancia del ser humano frente al verdadero poder de las fuerzas de la naturaleza; asimismo no deja de presentar una moraleja acerca de las consecuencias de la curiosidad y la avaricia humanas, con el castigo correspondiente y que resulta ser un tema recurrente en este tipo de historias.

2- El Regreso al Hogar del Shamraken.

      Depende de cómo se interprete este cuento, es de terror o no, ya que su desenlace deja con más de una interrogante acerca del destino final de sus personajes; por otro lado, quizás dependa de la experiencia y visión de mundo de cada lector, tomarlo todo ello como una bendición o una maldición.
    El argumento gira en torno a un grupo de ancianos que llevan años trabajando juntos en el mismo barco, el Shamraken que le da título a este cuento.  Si bien la mayoría de estos hombres ha hecho su vida en tierra, teniendo sus propias familias, dentro del barco han llegado a crear sus propios lazos y que les ha dado un sentido de familia entre sí, como comunidad aparte.  Varios de estos recios marineros en su larga existencia han perdido a un ser querido y en algunos momentos en los que realizan esta travesía, comienzan a recordar a su gente.  Es cuando llegan a un lugar donde sucede un extraño fenómeno supuestamente natural, que muchos de ellos comienzan a darse cuenta de que ésta será su última travesía.
    De este modo el título hace mención a una vuelta a casa no sólo como al regreso tras una jornada más de trabajo, siendo habitual en este tipo de labores un largo periodo fuera del hogar, si no que la lleva a un plano mucho más melancólico y humano; es así que luego sus protagonistas toman la nueva experiencia por la que pasan (y que para muchos podría ser aterradora), como una oportunidad para por fin alcanzar la paz que buscaban.  Tras años de efectuar las mismas labores de siempre, viejos, habiendo sobrevivido a sus seres más queridos, toman con más que resignación el desenlace de su viaje.   Considerando lo anterior, esta narración hasta cierto punto distinta al resto de las que componen este recomendable libro, posee un especial lirismo y el cual se completa con la descripción de las  maravillas que les toca pasar a sus personajes, por mucho que estas pudiesen ser vistas como algo de carácter ominoso:

    “Y después de eso, los dos viejos se sentaron junto a los demás y observaron. Al sonar las cinco campanadas, a las diez y media, hubo un murmullo de los que estaban más cerca de la proa y un grito del vigía. Ante esto, la atención de todos se dirigió a un punto ubicado casi en línea recta hacia adelante. En aquel sitio en especial, la niebla parecía estar fluyendo con un brillo rojo curioso, ultraterreno y, un minuto después, estalló ante sus ojos una vasta bóveda formada por refulgentes nubes rojas. Ante el espectáculo, todos y cada uno de ellos gritaron expresando asombro y empezaron a correr de inmediato hacia la parte superior del castillo de proa. Allí se congregaron en un grupo apretado, con el patrón y el oficial entre ellos. La bóveda parecía extender ahora su arco a lo lejos a cada lado de la proa, de modo que la nave enfilaba para pasar exactamente por debajo”.

3- Una Voz en la Noche.

     Toda una joyita resulta esta historia, tan sugerente y además tan gráfica a la hora de expresar la idea del espanto…marino.  En esta ocasión el relato comienza con una embarcación (una de las tantas habituales en la obra de Hodgson) que durante su travesía nocturna, se encuentra con un bote que irrumpe su cotidianeidad; la nave mayor sólo va tripulada por dos hombres, mientras que la menor se encuentra dirigida por un supuesto anciano y al que los dos marineros recién logran ver en parte hacia el final de la historia.  En medio de la oscuridad quien tripula la pequeña embarcación, les cuenta sus vicisitudes, luego de solicitarles víveres a los otros dos hombres.  Contra lo esperado, el suplicante, quien apenas tiene para subsistir en su precario hogar, no se atreve a pedirles que lo rescaten, tampoco a su mujer, la cual lo espera en un islote.  Es entonces cuando el protagonista les cuenta a sus oyentes, la desgracia que lo llevó junto a su amada a vivir en una miseria nunca antes conocida y el motivo del cual ambos hayan optado por no dejarse tentar para regresar a la civilización…
    Los dos eran pasajeros de un barco que naufragó y si bien sus tripulantes lograron salir con vida, los abandonaron a ambos; no obstante lograron subsistir gracias a una embarcación que encontraron abandonada en pleno mar.  Todo iba bastante bien para los dos, hasta que descubrieron que no estaban solos en dicha nave, ya que existía en ésta una rara forma de vida y que por mucho que evitaran su influjo, al final terminó por marcarlos de por vida.  La condición de esta pareja llegó a tal punto, que la apariencia de ambos y su conducta se convirtió en su vergüenza y temor. 
    De seguro esta narración en su momento fue demasiado osada y hasta enfermiza para los lectores de su época, puesto que si ya en La Nave Abandonada el autor proyectó el terror a una expresión nunca antes vista entre sus contemporáneos, en este caso llevó las cuitas de sus personajes a una dimensión mucho más sórdida que las de los protagonistas de la otra obra mencionada.  Si en el cuento que encabeza esta colección el espanto se produce como efecto de la aventura de sus personajes, en este caso el horror resulta una extrapolación de miedos más reales como lo son la misma pobreza, la enfermedad (en una época en la cual existían males como la lepra, que por entonces no tenía cura y convertía a quienes la padecían en verdaderos monstruos) y la soledad, que en este último caso resulta casi deprimente cuando la víctima llega a compartir sus recuerdos:

Carnacki en el mundo de las historietas.
     “...Al principio nos pareció que en toda la costa que había a nuestro alrededor no quedaba ni un solo lugar que no estuviera oculto bajo aquella horrible sustancia; pero más tarde pudimos comprobar que nos equivocábamos, pues al navegar siguiendo la costa, a cierta distancia, vimos un pequeña extensión de algo que parecía arena fina y allí desembarcamos. No era arena. Lo que era no lo sé. Lo único que he podido observar es que sobre ella no crece la masa, mientras que nada más que ésta aparece en todas partes, salvo allí donde esa tierra que parece arena dibuja extraños senderos entre la gris desolación, que es en verdad un espectáculo terrible de ver.
    ...Es difícil haceros comprender cómo nos animamos al encontrar un sitio que aparecía absolutamente libre de aquella sustancia. En él depositamos nuestras pertenencias. Luego volvimos al barco para recoger las cosas que parecía que íbamos a necesitar. Entre otras cosas, logré llevarme a tierra un de las velas del barco, con la que construí dos tiendas pequeñas, las cuales, pese a tener un forma muy irregular, cumplían su cometido. En ellas vivíamos y teníamos almacenadas las cosas que necesitábamos, y durante varias semanas todo fue bien, sin que sufriéramos ningún percance digno de señalar. A decir verdad, nos sentíamos muy felices... porque.... porque estábamos juntos.
    ...Fue en el pulgar de la mano derecha de mi amada donde apareció la primera porción de sustancia gris. No era más que un pequeña mancha circular, muy parecida a un lunar gris. ¡Dios mío! ¡Qué temor embargó mi corazón cuando ella me la enseñó! La lavamos entre los dos, rociándola con ácido carbólico y agua. Al día siguiente, por la mañana, volvió a enseñarme la mano. La mancha gris, parecida a un verruga, volvía a ser visible. Durante un rato estuvimos mirándonos en silencio. Luego, todavía sin mediar palabra, nos pusimos a eliminarla de nuevo. Estábamos a la mitad de la operación cuando de pronto mi amada dijo: ¿Qué es eso que tienes en la cara, amado mío? Su voz reflejaba inquietud”.

4- Desde el Mar sin Mareas.

      Contado de una forma  bastante tradicional, a través de un manuscrito antiguo que es hallado de forma inesperada, trata sobre la espantosa situación en la que se haya un pequeño grupo de gente y cuyo barco ha quedado varado en el entonces misterioso Mar de los Sargazos (lugar real lleno de estas algas y donde muchos vehículos acuáticos se perdieron en la antigüedad).  El mismo autor hace referencia a sí mismo en fragmentos de la narración, los que hacen alusión a los manuscritos mencionados; este procedimiento tradicional en la literatura corresponde a una manera de otorgarle verosimilitud a la ficción, dándole apariencia de documentos reales:

     “Este "quinto mensaje" contiene un relato fundamental e impactante de sus vidas durante el año 1879 y sigue siendo único como documento cargado de soledad y anhelo humanos. Lo he visto y leído totalmente con el interés más intenso y doloroso .La escritura, aunque tenue, es muy legible y todo el manuscrito lleva la marca de la misma mano y la misma mente que escribieron la lastimosa narración de la pérdida del Homebird, a la que ya me he referido y con la cual, sin duda, muchos estarán familiarizados. Al cerrar esta pequeña nota explicativa, me siento estimulado a preguntar si en algún lugar, alguna vez, se encontrarán los tres mensajes perdidos. Y podría aún haber otros. No puedo imaginar qué historias de lucha humana y esforzada contra el destino pueden contener. Sólo podemos esperar e interrogarnos. No podemos aprender nada más, porque ¿qué es esta pequeña tragedia perdida entre los incontables millones de tragedias que el silencio del mar retiene con tan pocos remordimientos? Y sin embargo, insisto, pueden llegarnos noticias de lo desconocido: surgidas de los silencios desolados del espantoso Mar de los Sargazos, el lugar más solitario e inaccesible de todos los lugares solitarios e inaccesibles de esta tierra. Por eso, afirmo, aguardemos. W.H.H”.[1]

     La trama central de este relato cuenta acerca de un barco que queda atrapado en la zona mencionada y al final tras una serie de peligros sólo quedan vivos una pareja, un matrimonio, quienes luego llegan a tener una hija.  De este modo el aliciente para sobrevivir a las aberraciones del lugar, resulta mayor que en los cuentos anteriores, ya que en esta ocasión una pequeña inocente está involucrada.  Por lo tanto en el cuento se logra apreciar un tipo de dramatismo diferente, esta vez por el hecho de tratarse de una familia la que se encuentra en riesgo, de modo que el protagonista del relato realiza todo lo posible y usando todo su ingenio con los pocos medios que posee, para mantener a salvo a las dos mujeres que ama.
    Considerando que durante gran parte del relato es una familia donde se centran los acontecimientos, la presencia de un personaje femenino sobresale por sobre otros escritos del tomo, puesto que posee mayor cantidad de diálogos y de participación directa; no obstante tampoco se trata de un desarrollo más complejo de la fémina en cuestión, pero sí su introducción en el argumento convierte este cuento en uno de los mejores acabados de entre los presentes.
    En cuanto a las bestias de esta obra, resultan ser mucho más convencionales que las del resto de los cuentos que componen este libro, si bien Hogsdon hacia el clímax introduce la presencia de una criatura mucho más espantosa y de la cual apenas se sabe, empero ésta queda sugerida al lector (estilo del cual luego el propio Lovecraft se servirá en muchos de sus textos).

5- La Nave de Piedra.

    Increíblemente se podría afirmar sin tapujos, que ciertos aspectos de este relato lo hacen ser el más “lovecrafniano” de la antología.  Lo anterior debido a la particular atmósfera de esta obra, que va más allá de la presentación de la monstruosidad marina de turno, si no  que hace referencia a la existencia de antiquísimas construcciones y por consiguiente de una por igual antigua civilización.  No obstante hacia el final del cuento el narrador se permite racionalizar/explicar varias de sus hechos extraordinarios, a tal punto que muchos de estos pierden su misterio una vez que efectúa esto.  Este proceso de racionalización acerca esta obra al terreno de la ciencia ficción, si bien muchos de los fenómenos “desmitificados” acá, resultan más que probables a la hora de ocurrir en el mundo real; no obstante el ejercicio narrativo que realiza su autor para darle verosimilitud, a la mayoría de los eventos asombrosos que aquí se describen, resulta plausible, aunque responde en parte a la tendencia de una época más positivista como la suya.
    El argumento gira en torno a un barco que se encuentra con una nave más que extraña, toda de piedra y que sin embargo flota sobre el agua.  Una serie de ominosos hechos vaticinan esta aventura con la embarcación, pero es hacia el desenlace que la sorpresa se hace mayor, cuando esta vez resultan ser las mismas fuerzas de la naturalezas, las que una vez más lograr demostrar al ser humano lo poco que es en consideración a su superioridad.

6- Los Habitantes de la Isla Middle.

    Si el relato anterior era a su manera el más lovecrafniano (o mejor dicho, pre-lovecrafniano), éste si bien posee muchos de los elementos típicos de su autor, en especial en lo que se refiere a la ambientación marina, puede ser considerado como el más “tradicional” del tomo.  Esta afirmación se debe a la misma naturaleza sobrenatural de los personajes mencionados en el título del cuento y la que si bien queda más o menos incierta en la narración, los emparenta a medias con los fantasmas o, en mayor medida, con los vampiros.
    Su trama cuenta acerca de un hombre acomodado cuya novia ha desaparecido tras hacer un viaje por el mar, de modo que inicia una búsqueda para encontrarla o en el peor de los casos saber qué sucedió (la nave en la que iba la mujer tampoco llegó a su destino).  Acompañado por un amigo, realiza su expedición hasta que encuentra en medio del océano el barco donde iba su amada; no obstante la embarcación, que se encuentra a las afueras de una pequeña isla deshabitada, está por completo abandonada y sin embargo hay en ella una serie de detalles que despiertan la inquietud.  Luego en el tono propio de las historias de amor trágicas, que terminan con los amantes juntos sumidos en la desgracia o la condenación, el cuento acaba haciendo un guiño más a este tipo de terror más convencional y/o clásico.  Es al respecto que este relato deja claro que un buen misterio no tiene por qué terminar siendo resuelto, puesto que muchos de los eventos de la vida real nunca logran entenderse por completo y/o quedan en suspenso (tal y como queda demostrado en esta obra, donde no se logra saber qué pasó en verdad con la malograda dama y el resto de la tripulación con la que iba):

     “—Fíjense lo limpia y ordenada que está la bendita —dijo, deteniéndose después de unos pasos—. No es natural —hizo un gesto con la mano hacia los avíos de cubierta que nos rodeaban—. Todo está como si acabara de llegar a puerto y no fuera un bendito barco náufrago.
     Siguió hacia la popa, siempre abriendo la marcha. Era tal como había dicho. Aunque los mástiles y los botes de la nave habían desaparecido, estaba extraordinariamente limpia y ordenada, las cuerdas —las que quedaban— prolijamente enrolladas en las cabillas y en ningún punto de las cubiertas se podía discernir alguna señal de desorden. Trenhem lo había captado al mismo tiempo que yo y ahora me tomó del hombro con una mano rápida, nerviosa.
     —Observa, Henshaw —dijo en un susurro excitado—, esto demuestra que algunos estaban vivos cuando entró aquí... —hizo una pausa como para recobrar el aliento—. Pueden estar... pueden estar...
Se detuvo una vez más y señaló sin una palabra la cubierta. Había pasado más allá de las palabras.
    —¿Abajo? —dije, tratando de hablar con animación.
     Asintió con la cabeza, escrutándome el rostro en busca de combustible para la repentina esperanza que se había encendido dentro de él. Entonces llegó la voz de Williams que estaba de pie ante la escalera de entrada a las cabinas.
    —Vamos, señor. No voy a bajar solo.
    —Sí, vamos, Trenhern —grité—. Nunca se sabe qué puede pasar”.




[1] Las siglas hacen clara mención al escritor, William Hope Hogsdon, quien sigue la ya clásica tradición de textos como el Quijote de la Mancha y donde su autor, Cervantes, se introduce en la narración como personaje.

Edición en inglés de La Casa en el Confín de la Tierra.
Los editores destacan claramente la influencia de Hodgson en Lovecraft.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Homenaje al poder de las historias, al cine…y a la Pampa.


      Desde tiempos inmemoriales las narraciones de todo tipo han acaparado la atención de la gente, maravillándola con las aventuras y desventuras de sus personas, como proyectándose en estos mismos gracias a sus propios sueños y pesadillas.  Las historias tienen la capacidad de reflejar como ninguna otra expresión cultural, el carácter de la comunidad de las que se han originado y, también, la misma esencia de su autor; de este modo han habido más de un caso en los cuales gracias a este tipo de obras, que se ha logrado reconstruir el pasado y las costumbres de un pueblo ya extinguido.  La verdad es que a la hora de buscar la razón de que dicha manifestación de nuestra humanidad sea tan popular y se mantenga con el paso del tiempo, encontrándose en cada una de las culturas conocidas, nos llevaría a confeccionar una lista demasiado larga.
    Originalmente el arte de la narración comenzó con la tradición oral.  Quien se encargaba de recopilarlas, memorizarlas y compartirlas con el resto de las personas, si no era visto como alguien de atributos religiosos para los suyos, al menos siempre era abordado con admiración y respeto, gracias a su capacidad para llevar a los oyentes a otra realidad, a otro mundo a través de su discurso.  Cuando la palabra se hizo escrita y luego nacieron diversas formas de mantener registro de ello, la piedra, el papel, el formato electrónico, el rol de quien se dedicara a esta labor se popularizó más que nunca y lo que antes fuera un oficio o un cargo sagrado, ahora se convirtió en profesión (¡y más rentable que nunca!).
     Con el correr del tiempo los descubrimientos científicos y los avances tecnológicos, se fusionaron con las formas más antiguas de hacer arte y, por consiguiente, de fabular.  El antiguo teatro dio paso a nuevas expresiones de la creatividad humana y fue entonces que hace poco más de un siglo nació el cine.   No tuvo que pasar mucho tiempo para que el llamado séptimo arte acaparara con sus virtudes la atención de millones de personas, gracias a su gran capacidad para ofrecer ilusiones y magia, popularizándose como ninguna otra expresión para fabular.
     La Pampa salitrera, esa extensa y agreste extensión de tierra desértica, pero llena de tesoros minerales, que forma parte de un importante fragmento de nuestro pasado como país…durante décadas le dio grandes dividendos económicos a Chile, hasta que con la invención del salitre sintético primero y luego con la crisis económica gringa de los años veinte, quedó mayoritariamente abandonada.  Fue entonces que los numerosos pueblos que se fundaron y que conocieron la fortuna durante su periodo de esplendor, se despoblaron y se convirtieron en zonas inhóspitas, hasta que mucho después fueron recuperados en parte como patrimonio de nuestra herencia cultural.  Solo en parte.
    Sólo una persona podía reunir en sí misma y en su labor literaria estos tres elementos: el arte de contar historias, el cine y la Pampa, para crear una obrita (lo de obrita va porque en realidad se lee en un par de horas, aunque con mucho divertimento y emoción) que luego de leerla resulta difícil que no se quede en nuestra memoria y en corazón.  Su nombre es Hernán Rivera Letelier y con orgullo puedo afirmar que también es chileno, como yo (como tú y como muchos de ustedes).
    
II

   
Hernán Rivera Letelier.
     Nacido el 11 de julio de 1950 en la ciudad de Talca, ha pasado gran parte de su vida viviendo en el Norte del país, conociendo de primera mano lo que significa la vida del minero, del obrero y del pobre.  Durante su juventud se dedicó a viajar por el Chile y otras naciones del Cono Sur.  La precariedad de su situación económica hizo que sus estudios de enseñanza básica los terminara ya de adulto y que su educación formal llegara sólo hasta eso, ya que desde muy pequeño tuvo que trabajar en un montón de actividades, puesto que la educación era un “lujo” que por aquellos años hombres y mujeres como él no podían permitirse.  Y no obstante pese a su falta de preparación académica, se convirtió en uno de los escritores chilenos de mayor trascendencia nacional e internacional en la actualidad, siguiendo la impronta de autores de prestigio; compatriotas suyos como Gabriela Mistral y Manuel Rojas, quienes se encumbraron desde sus humildes orígenes y que a base de talento nato se convirtieron en maestros de la lengua castellana literaria.
     Tal cual muchos de sus colegas, Rivera Letelier escribe sobre lo que conoce y en su caso en concreto algo de lo que sí sabe muy bien es acerca del mundo de la Pampa salitrera, a la que describe en todo su esplendor con sus maravillas y miserias, sus personajes típicos y su posterior decadencia. Es así que ya van casi 20 libros dedicados a este lugar, llevando a buena parte del mundo las historias de una zona que hasta antes de su internacionalización apenas se sabía de ella.  La fama del autor ha llegado a tales niveles, que hoy en día se encuentra entre los autores criollos vivos más leídos y famosos en buena parte del mundo, siendo traducidas sus obras a un montón de idiomas (grupo selecto de artistas nacionales en los que se encuentran gente como Isabel Allende y Roberto Ampuero).
    Su narrativa se caracteriza por la inclusión de un humor chispeante, en parte gracias a la creación de personajes de gran carisma y herederos muchos de ellos del esperpento, subgénero creado por el escritor español Ramón del Valle-Inclán y consistente en la incorporación de seres caricaturescos y grotescos (usando además la técnica del feísmo), a lo que Roberto le da su propia forma.  No obstante pese a los elementos hilarantes en sus argumentos, no deja de lado un dramatismo que le otorga a su obra un aire de sublimidad, que al final a sus lecturas las hace más realistas que cómicas.  Un tema recurrente en sus títulos es el de la búsqueda de la identidad nacional, la llamada chilenidad, tan caro a muchos otros literatos del país; de este modo muchos de sus diálogos se encuentran llenos de modismos (chilenismos) y coloquialismos, si bien el resto de la narración no deja de ser culta formal, aunque abundan en ella la adjetivización, al punto de crear adjetivos nuevos tal como el mismo Valle-Inclán gustaba hacer.
      Su primer gran éxito corresponde a su obra más famosa, La Reina Isabel cantaba Rancheras, la cual data del año 1994 y que le otorgó en esta ocasión premios de importancia (antes ya había ganado varios certámenes menores).  Éste no fue su debut literario, si no el tercero de su producción, no obstante los otros dos fueron editados de forma casi artesanal y en muy pocas tiradas.  Una obra con un nombre tan curioso se explica en su trama de la forma más simpática y original: ésta Reina Isabel no es ninguna de las soberanas de Gran Bretaña, ni de otra parte, si no que es la más celebrada y querida prostituta de la Pampa salitrera, quien tal como dice el título, gustaba de cantar rancheras…hasta que se murió.  De este modo la novela cuenta lo que ocurrió cuando sus compañeras de oficio y antiguos clientes deciden hacerle un funeral digno de ella.  El libro es sin dudas atrayente desde su primera página y sentó las bases de lo que sería el resto de la obra de Letelier.  Mucho se ha hablado de llevar al séptimo arte este título, no obstante todo se ha quedado en ascuas, como ha sucedido con gran parte de las intenciones de adaptar para la pantalla grande otras de sus obras; sin embargo sí le han hecho numerosas adaptaciones para el teatro y no en Chile solamente, las que han sido bastante aplaudidas.
    Dentro de su trayectoria cabe destacar una novela suya de carácter histórico, Santa María de las Flores Negras, en la cual veló por documentar literariamente uno de los hechos más tristemente recordados de la cronologia chilena: la matanza de miles de obreros del salitre y de sus familias en la Escuela Santa María de Iquique.  Es así como esta obra suya que data de 2002, contó el drama de esta gente que en un intento de defender sus derechos a tener un trato digno por parte de sus patrones, murió acribillada por órdenes de su mismo gobierno el 21 de diciembre de 1907.  El libro en su honda humanidad, sin caer en facilismos sentimentalistas, demostró una faceta aún más artística por parte de su autor, consolidándolo como escritor.
   Considerando el atractivo de las obras de Ampuero, su éxito de crítica y público, así como también las posibilidades cinematográficas de sus trabajos, hace rato ya que se deseaban plasmar varias de ellas al celuloide; es así que luego de varios intentos fallidos (en parte por la falta de interés y de orientación literaria de las producciones nacionales) por fin este año se estaría estrenando la primera cinta basada la trayectoria de este destacado autor: Fatamorgana de Amor con Banda de Música , la que en todo caso es una coproducción europea. A ver qué tal les sale el filme.


Oficina salitrera a comienzos de siglo pasado.
III

     Desde un principio La Contadora de Película es un engaño por partida doble.  Primero porque si no fuera por la fama y fortuna de su autor no se “vendería” al público como novela, puesto que en su extensión apenas alcanza para novela corta; de modo que si se tratara de otro autor, esta historia bien calzaría como parte de una colección de cuentos, ya sea del mismo artista o en una antología de la obra de varios autores.  No obstante como ya está comprobado que hasta la lista del supermercado de Rivera Letelier vende, los editores y éste mismo han osado con publicarla en solitario y en un tomo que aparenta mayor longitud de lo que corresponde en realidad (usando letra grande y dejando varios espacios y páginas en blanco entre un episodio y otro, los que a su vez resultan bastante breves).  No obstante este recurso mercantilista es perdonable a la luz de la reconocible calidad literaria del librito en cuestión.
     En segundo término, el embuste en el que se traduce esta obra atiende al tono liviano con el que comienza el texto y que hace que uno crea que se trata de una narración que sólo pretende divertir, si bien escrita de forma impecable; ello debido en gran parte al buen humor con el que la narradora, la misma protagonista de este libro, empieza a hablar de sí misma, de la gente que la rodea y del lugar en que vive: una oficina salitrera.  Si bien estas primeras páginas, casi la mitad de su breve extensión, poseen este ritmo que media entre los anecdótico, la nostalgia pura de un mundo que ya fue y se traducen en un verdadero tributo al encanto de los viejos cinematográficos y de las glorias del cine de antaño, en la narración se van entregado pequeños detalles que terminan dejando de lado la cuasi comedia costumbrista, para adentrarnos en un verdadero drama sobre las penumbras del corazón humano.  De tal modo, esta pequeña perla de la narrativa chilena actual se adentra en los temas de la soledad, la pobreza, la pérdida de la inocencia mancillada y el abuso de poder, temas que lamentablemente en muchas ocasiones se encuentran ligados entre sí, siendo algunas veces causas y efectos unos de los otros.  No obstante el librito mismo muestra en su parte más grata, el ingenio de los más humildes para enfrentarse a la adversidad, así como rescata a algunos personajes propios de la idiosincrasia nacional (como los mismos “contadores de películas” y la gente de los pueblos, en este caso, de las ya desaparecidas salitreras).  He aquí una muestra del cariz más alegre de la primera parte de esta obra:

     “En la familia éramos cinco hermanos. Cuatro hombres y yo. Los cinco hacíamos una escala real perfecta, en tamaño y edades. Yo era la menor. ¿Se imaginan lo que significa crecer en una casa con puros hermanos varones? Nunca jugué a las muñecas. En cambio, era campeona para las bolitas y el juego de palitroques. Y a matar lagartijas en las calicheras no me ganaba nadie. Donde ponía el ojo, paf, lagartija muerta.
     Andaba a pata pelada todo el santo día, fumaba a escondidas, llevaba una gorra de visera y hasta había aprendido a mear parada
     Se mea parada, se orina acuclillada.
     Y lo hacía en cualquier parte de la pampa, tal como mis hermanos. Incluso en las competencias de quien llegaba más lejos a veces les ganaba por más de una cuarta. Y en contra del viento.
     Cuando cumplí los siete años entré a la escuela. Aparte del sacrificio de tener que usar polleras, me costó un kilo acostumbrarme a orinar como las señoritas.
     Me costó más que aprender a leer”.

     El argumento narrado en primera persona por su propia protagonista, quien da título a la obra, trata acerca de una niña pequeña, la cual oficia de “contadora de películas” en un principio sin mayores pretensiones para su familia (padre y hermanos todos varones),  luego amigos de ésta y por último sus vecinos y buena parte de las personas del lugar.  Su labor consiste en contar las películas que ve en el único cine del pueblo en que vive, lo que hace utilizando los métodos más ingeniosos de la narración oral, a lo que se suma su gusto por el histrionismo y simpatía; pobres y no tan pobres acceden a los servicios de la muchacha, quien con su trabajo logra aportar para la economía de los suyos.  Cuando todo parece ir bien, las desgracias comienzan a acumularse, primero entre su mismo núcleo familiar y luego en la misma protagonista, de modo que al final ésta quedará marcada cual heroína trágica de muchas de las cintas que gustaba ver.  Es así cómo debido a esta misma cuota melodramática, que la narración se torna angustiante, porque Rivera Letelitier golpea fuerte a su lector, haciéndonos que en pocas páginas nos encariñemos con la pequeña y su particular familia, para luego desear sólo que todo se enderece, de modo de no sufrir más el infortunio de todos ellos (y por ende, esperar el típico final feliz del Hollywood tan presente en el texto).  En cierto sentido La Contadora de Películas es toda una tragedia clásica, ya que su protagonista es una persona extraordinaria, cual Antígona o Hamlet, un espíritu noble, que se enfrenta a un destino inexorable y por ello superior a sus propias fuerzas mortales, puesto que finalmente sucumbe al peso de éste por mucho que luche con toda su voluntad.  Asimismo la misma caída de la protagonista es la derrota de una pampa nortina orgullosa que, luego tal como la jovencita, es condenada a convertirse en una sombra de lo que fue y a ser olvidada por mucho que haya brillado aunque, tal como luciérnaga, de forma efímera.
     Dentro de las temáticas abordadas en la “novelita” destaca la idea del abandono en el que están sumidos varios de los personajes, empezando por su protagonista, quien proviene no sólo de una familia paupérrima, si no que de una de tipo disfuncional.  Si bien la marcó la figura de su madre que en muchos aspectos sobresalía entre las monótonas gentes de la comunidad, ésta la abandonó juntos a los suyos.  Por otro lado, el padre aunque es un sujeto cariñoso a su manera, está sumido en el alcohol, de modo que los hijos no siempre cuentan con su apoyo.  Luego los cuatro hermanos varones tomarán sus propios rumbos, rompiéndose el bello lazo que en un principio había entre todos ellos y su hermanita.  Por último, la misma niña queda tan desamparada, que la trama se vuelve cada vez más lacrimosa.  Es por esta razón que la soledad logra sentirse sin vacilaciones en la narración, en especial si se considera el particular clima árido de la Pampa salitrera.   Cuando ya parece que la tristeza, la falta de comunicación y el aislamiento no pueden calar más adentro, tanto en la narradora protagonista como en el lector, el escritor a través de su personaje nos da un último golpe, haciendo un salto en el tiempo hacia atrás en los acontecimientos; de este modo nos entrega una “escena” emotiva, aunque cruel, para representar mejor la miseria en la que se hayan sus personajes y quienes representan en sus desdichas el destino final de las mismas oficinas salitreras.
     Teniendo en cuenta que este libro es además un homenaje al séptimo arte y a su poder de llevar al público con sus fantasías a la ensoñación, éste se encuentra lleno de referencia a ello, como a muchos de sus artistas más destacados.  Si embargo no sólo trata acerca del cine gringo, si no que aquí toman un papel destacado las populares y tan queridas producciones aztecas, que en Chile llevan décadas acaparando la atención de las personas.  Ahora bien, no es la primera vez que Hernán Rivera Letelier les dedica a los mexicanos y a su arte (música y cine) un espacio en su narrativa, demostrando una vez más los fuertes lazos de amistad que existen entre estos dos países hermanos.  Ello además recalca aspectos de nuestra misma chilenidad, al mostrar los pasatiempos y preferencias del pueblo chileno, tal como bien sucede con el uso continuo de los sobrenombres o apodos, costumbre tan habitual en el país y que en parte heredamos de la Madre Patria (tema ya destacado en su celebrada novela La Reina Isabel Cantaba Rancheras).


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Sherlock Holmes Nuestro (2° parte).


Nota: Continuo aquí mi crítica acerca de la primera colección de cuentos sobre Sherlock Holmes.

7- El Carbunclo Azul.

    El Carbunclo Azul es una piedra preciosa muy valiosa que se ha perdido, siendo que lo más probable es que haya sido robada.  El azar ha hecho que dicho objeto llegara a manos de nada menos que de Holmes, quien una vez más usando toda su capacidad para descubrir la verdad velada, logra encontrar al responsable de lo acaecido, si bien para ello antes inicia una de las búsquedas más divertidas de este tomo (puesto que antes conoce a uno que otro sujeto curioso y que bien parecieran en un principio estar inmiscuidos directamente en este hecho).
     Uno de los aspectos más llamativos de esta ya clásica historia, es la curiosa forma en la cual el diamante llega a desaparecer y la cual no está exenta de cierto humor que a ratos se puede apreciar en la narración, tal como en otros cuentos de este libro.  Pero al humor se le opone el dramatismo que tiene que ver con la personalidad del culpable de todo esto, quien en su actitud una vez que lo descubren, demuestra que no todos los “criminales” son desalmados.  Es en este sentido que las palabras finales de Sherlock Holmes, no dejan lugar a dudas su hondo sentido de la existencia de una justicia de corte divina (y por ende, de su propio sentimiento de religiosidad):

    “Entonces, naturalmente, lo comprendí todo, y corrí a toda la velocidad de mis piernas en busca de ese Breckinridge; pero ya había vendido todo el lote y se negó a decirme a quién. Ya le han oído ustedes esta noche. Pues todas las veces ha sido igual. Mi hermana cree que me estoy volviendo loco. A veces, yo también lo creo. Y ahora... ahora soy un ladrón, estoy marcado, y sin haber llegado a tocar la riqueza por la que vendí mi buena fama. ¡Que Dios se apiade de mí! ¡Que Dios se apiade de mí!
     Estalló en sollozos convulsivos, con la cara oculta entre las manos.
     Se produjo un largo silencio, roto tan sólo por su agitada respiración y por el rítmico tamborileo de los dedos de Sherlock Holmes sobre el borde de la mesa. Por fin, mi amigo se levantó y abrió la puerta de par en par.
     –– ¡Váyase! ––dijo.
     –– ¿Cómo, señor? ¡Oh! ¡Dios le bendiga!
     ––Ni una palabra más. ¡Fuera de aquí!
     Y no hicieron falta más palabras. Hubo una carrera precipitada, un pataleo en la escalera, un portazo y el seco repicar de pies que corrían en la calle.
     ––Al fin y al cabo, Watson ––dijo Holmes, estirando la mano en busca de su pipa de arcilla ––, la policía no me paga para que cubra sus deficiencias. Si Horner corriera peligro, sería diferente, pero este individuo no declarará contra él, y el proceso no seguirá adelante. Supongo que estoy indultando a un delincuente, pero también es posible que esté salvando un alma. Este tipo no volverá a descarriarse. Está demasiado asustado. Métalo en la cárcel y lo convertirá en carne de presidio para el resto de su vida. Además, estamos en época de perdonar. La casualidad ha puesto en nuestro camino un problema de lo más curioso y extravagante, y su solución es recompensa suficiente. Si tiene usted la amabilidad de tirar de la campanilla, doctor, iniciaremos otra investigación, cuyo tema principal será también un ave de corral”.

    El cuento a su vez describe costumbres tan hogareñas y conocidas, gracias a otras historias clásicas, como las navideñas y popularizadas por tantos películas emitidas en televisión por estas fechas.  A su vez una vez más es posible identificar el papel de la prensa escrita ya en aquellos tiempos y que Holmes en más de una ocasión demuestra sacarle provecho (cabe recordar que el primer detective de la literatura de ficción, Augusto Duphin, creación de Edgar Allan Poe, resolvía sus casos casi puro leyendo los diarios que hacían referencia directa o indirecta a los misterios que le tocaba investigar):

    “––Exactamente, el 22 de diciembre, hace cinco días. John Horner, fontanero, fue acusado de haberla sustraído del joyero de la señora. Las pruebas en su contra eran tan sólidas que el caso ha pasado ya a los tribunales. Creo que tengo por aquí un informe –– rebuscó entre los periódicos, consultando las fechas, hasta que seleccionó uno, lo dobló y leyó el siguiente párrafo:
     «Robo de joyas en el hotel Cosmopolitan. John Horner, de 26 años, fontanero, ha sido detenido bajo la acusación de haber sustraído, el 22 del corriente, del joyero de la condesa de Morcar, la valiosa piedra conocida como "el carbunclo azul". James Ryder, jefe de servicio del hotel, declaró que el día del robo había conducido a Horner al gabinete de la condesa de Morcar, para que soldara el segundo barrote de la rejilla de la chimenea, que estaba suelto. Permaneció un rato junto a Horner, pero al cabo de algún tiempo tuvo que ausentarse. Al regresar comprobó que Horner había desaparecido, que el escritorio había sido forzado y que el cofrecillo de tafilete en el que, según se supo luego, la condesa acostumbraba a guardar la joya, estaba tirado, vacío, sobre el tocador. Ryder dio la alarma al instante, y Horner fue detenido esa misma noche, pero no se pudo encontrar la piedra en su poder ni en su domicilio. Catherine Cusack, doncella de la condesa, declaró haber oído el grito de angustia que profirió Ryder al descubrir el robo, y haber corrido a la habitación, donde se encontró con la situación ya descrita por el anterior testigo. El inspector Bradstreet, de la División B, confirmó la detención de Horner, que se resistió violentamente y declaró su inocencia en los términos más enérgicos. Al existir constancia de que el detenido había sufrido una condena anterior por robo, el magistrado se negó a tratar sumariamente el caso, remitiéndolo a un tribunal superior. Horner, que dio muestras de intensa emoción durante las diligencias, se desmayó al oír la decisión y tuvo que ser sacado de la sala.»
     –– ¡Hum! Hasta aquí, el informe de la policía ––dijo Holmes, pensativo––. Ahora, la cuestión es dilucidar la cadena de acontecimientos que van desde un joyero desvalijado, en un extremo, al buche de un ganso en Tottenham Court Road, en el otro. Como ve, Watson, nuestras pequeñas deducciones han adquirido de pronto un aspecto mucho más importante y menos inocente. Aquí está la piedra; la piedra vino del ganso y el ganso vino del señor Henry Baker, el caballero del sombrero raído y todas las demás características con las que le he estado aburriendo. Así que tendremos que ponernos muy en serio a la tarea de localizar a este caballero y determinar el papel que ha desempeñado en este pequeño misterio. Y para eso, empezaremos por el método más sencillo, que sin duda consiste en poner un anuncio en todos los periódicos de la tarde. Si esto falla, recurriremos a otros métodos”.

El Carbunclo Azul según un artista de la época.
     Volviendo a la figura del culpable de este relato y a la actitud de Holmes hacia el desenlace del mismo, la forma en cómo se dan los acontecimientos, escapa por completo de la idea de una justicia ciega e imparcial; esto porque en el proceder del infalible detective, se aprecia su capacidad para perdonar y dar otra oportunidad, algo más propio de una visión redentora de la aplicación de la ley y que bien es posible encontrarlo más en las narraciones policiales del también escritor inglés C. K. Chesterton.  De este modo la justicia por la que acá opta Holmes, tiene que ver con el concepto de que no todo infractor de la ley es irrecuperable en su desliz y que basta con apoyarlo y comprenderlo, además de que éste mismo reconozca su error y quiera enmendarlo, como para que el entuerto se solucione sin mayores contratiempos.

8- La Banda de Lunares.

      Otro de los relatos famosos del personaje, siendo que además aborda uno de los temas más recurrentes en este tipo de literatura: el enigma del crimen de sangre realizado en un cuarto cerrado.  De este modo el cuento en sí responde a la interrogante de cómo es posible que una persona muera a manos de otra, si no hay modo de que alguien ingrese al lugar en el que se encuentra y que se supone se haya inaccesible para otros.
    En esta ocasión es una dama de unos treinta años y de aspecto desgraciado, quien llega hasta Holmes para pedirle que desentrañe las raras circunstancias en las que su hermana gemela ha fallecido.  Es entonces que le cuenta sobre su triste existencia, sometida a un padrastro indolente, quien tiene costumbres poco ortodoxas.  Holmes y Watson llegan hasta la propia casa de la desdichada y allí conocen al padrastro, el cual es descrito y se muestra como el seguro culpable de un crimen de modus operandi impensable. 

    “Lo que había provocado semejante exclamación de mi compañero fue el hecho de que nuestra puerta se abriera de golpe y un hombre gigantesco apareciera en el marco. Sus ropas eran una curiosa mezcla de lo profesional y lo agrícola: llevaba un sombrero negro de copa, una levita con faldones largos y un par de polainas altas, y hacía oscilar en la mano un látigo de caza. Era tan alto que su sombrero rozaba el montante de la puerta, y tan ancho que la llenaba de lado a lado. Su rostro amplio, surcado por mil arrugas, tostado por el sol hasta adquirir un matiz amarillento y marcado por todas las malas pasiones, se volvía alternativamente de uno a otro de nosotros, mientras sus ojos, hundidos y biliosos, y su nariz alta y huesuda, le daban cierto parecido grotesco con un ave de presa, vieja y feroz”.

Otro bello grabado de antaño, esta vez
dedicado a este cuento.
     Hay varios puntos interesantes a la hora de evaluar esta narración: en primer lugar se encuentra la presencia del ya mencionado padrastro, quien desde su aparición en el texto queda consignado como culpable de la atrocidad cometida. El sujeto es sin dudas de mala clase y su misma condición de padrastro, como todo lo que corresponde a la forma en que se le describe, tiene relación con el estereotipo propio del villano en la literatura tradicional; padrastros malvados (y madrastras malvadas) abundan en las historias clásicas y en este caso en concreto el particular diálogo entre Holmes con dicho hombre, resulta ser toda una clave.  Por otro lado se encuentra la imagen que se entrega del pueblo gitano en el cuento y al que si bien no se le dedican muchas líneas, el lenguaje empleado en la narración es un claro ejemplo de los prejuicios sociales y raciales de la época y la sociedad victoriana en la cual fue escrito este título; de este modo en tales palabras, es posible identificar otros rasgos del contexto de producción de la obra de Conan Doyle.  Asimismo antes de que se logra desentrañar el asesinato, se incorporan una serie de elementos que le otorgan a la trama un confuso clima cuasi sobrenatural y que al lector bien le hace creer de que se trata de un  caso rayano en lo fantástico; no obstante éste es un recurso que ocupa el autor para engañarlo y además mostrar mejor la incertidumbre de la víctima. Por último el increíble final de este entretenidísimo y recomendable cuento, representa una justicia que está por encima de las mismas capacidades de Holmes y el resto de los mortales; por tanto posee ciertos rasgos providenciales y de castigo divino, atendiendo sin vacilaciones al dicho bíblico de “Quien a hierro mata a hierro muere”.  

9- El Dedo Pulgar del Ingeniero.

    Sin lugar a dudas uno de los cuentos más intrigantes del volumen, siendo que durante gran parte de él la narración se centra en la confesión de la víctima; como éste ignora gran parte de la información sobre el horrible suceso que le toca vivir, mantiene al mismo lector en igual suspenso, hasta que sucede el rápido desenlace gracias a la intervención de Holmes.   El personaje inicia un viaje que no puede ser más atemorizante, ya que lo realiza en lo profundo de la noche, hacia un lugar que no conoce y más encima en el cual se encuentra con personas cuya presencia no ayudan a tranquilizarlo.  Holmes, Watson (el cuento está ambientado antes de que Watson se casara y cambiara de casa) y el lector se enteran de todo esto una vez que este hombre ya ha pasado por su espantosa experiencia; es así que su percance lo ha llevado hasta el hogar que por entonces compartían el detective y el buen doctor, para hacer de paciente de éste último, ya que salió libre de su infortunio, aunque con una “pequeña” secuela para su salud.  Gran parte de un relato intenso como éste, transcurre en tan sólo una cuantas horas, a lo más un día y por esa misma razón es que su clímax llega a ser tan fulminante.
    Considerando la infortunada experiencia del ingeniero protagonista, en ella se puede encontrar la presencia de la verdadera maldad humana y la que hasta el momento en lo que va del libro, apenas se ha vislumbrado en 3 de los otros cuentos.  Esta falta de vileza absoluta o de villanos en cada uno de los textos sobre Sherlock, se debe a que no todos los casos abordados por Holmes tratan acerca de “crímenes de odio” o son motivados por la más absoluta codicia, si no que tratan más bien sobre la presentación de un misterio y que de algún modo despierta el deseo por resolverlo (como muchas veces viene a ser el gusto intelectual por parte del detective, de confrontar su propia inteligencia a la ignorancia frente a lo desconocido y que corresponde a un propósito mucho más sublime que la simple curiosidad o la pretensión de cumplir con el encargo de un nuevo cliente).   Pero no sólo el lado oscuro del corazón llega a conocer la víctima de esta narración, si no que también se encuentra con la manifestación de la compasión y de la solidaridad en medio de sus vicisitudes, si bien antes confunde la buena voluntad con la locura (en un mundo convulsionado, pareciera a veces que quienes desean hacer el bien son los anómalos o bizarros, por ir en contra de la generalidad que prefiere vivir en la indiferencia para no complicarse y es por esa razón que el ingeniero bien puede haber dudado de las verdaderas intenciones de su salvadora).
Más arte de los años de Conan Doyle
sobre su obra.
    El coprotagonista de este relato realiza su propio descenso a los infiernos, cuando un extraño hombre le ofrece un trabajo que por unas pocas horas le dará una magnífica retribución monetaria y que sólo en sueños podría conseguir.  La labor que se le pide es que ayude a reparar una máquina, la cual es descrita luego de tal forma, que bien pareciera sacada de una obra de ciencia ficción como las que también escribía Conan Doyle; se entregan pocos datos sobre este objeto, de modo que es fácil que el lector se imagine cualquier cosa, pero una vez que se “destapa la olla” y se resuelve el caso, es posible saber en qué consistía en realidad dicho aparato. 
    En cierto sentido lo que lleva al “nuevo” cliente del detective a tener su desventura. es la misma tentación por obtener un bien material de forma fácil, tal como le sucedió al personaje de otro cuento de esta colección ya comentado: La Liga de los Pelirrojos.  Es al respecto sobre estas dos historias, que se puede observar un tinte moralista que o bien el autor lo hace a propósito o bien simplemente se presenta como un efecto seguro (un mal rato como mínimo), a una causa que viene a ser el hecho de aventurarse por la propia cuenta de uno en aguas tormentosas.  Como no se ve de forma tan explícita una mirada de tipo pedagógica en el escritor, lo más probable es que situaciones como ésta, no posean mayor carga ideológica por parte suya.
    No se puede dejar de lado que de todos los cuentos que hasta el momento han llegado a formar parte de este precioso volumen, éste es el que a su vez posee una mayor dosis de acción física y aventura, por cuanto viene a ser una lectura ideal para entrar en el fascinante mundo de Sherlock Holmes (en especial si se es joven y se está empezando a disfrutar del placer de la narrativa).

10- El Aristócrata Solterón.

     A su manera este igualmente entretenido cuento, es la “versión masculina” de otro texto del libro como bien es Un Caso de Identidad; ello puesto que en este caso, es un varón quien pide a Holmes que le ayude a saber del paradero de quien justo cuando se iba a casar con él, desaparece de un modo inquietante.  En este caso el despechado resulta ser un miembro de la nobleza venido a menos y quien sin embargo mantiene su aire altivo, petulancia a la que tanto Watson como narrador y Sherlock como personaje principal e irónico, reconocen con un humor que deja claro el desprecio por parte de Sir Conan Doyle por este tipo de sujetos:

     “––El señor Robert St. Simon ––anunció nuestro botones, abriendo la puerta de par en par, para dejar entrar a un caballero de rostro agradable y expresión inteligente, altivo y pálido, quizás con algo de petulancia en el gesto de la boca, y con la mirada firme y abierta de quien ha tenido la suerte de nacer para mandar y ser obedecido. Aunque sus movimientos eran vivos, su aspecto general daba una errónea impresión de edad, porque iba ligeramente encorvado y se le doblaban un poco las rodillas al andar. Además, al quitarse el sombrero de ala ondulada, vimos que sus cabellos tenían las puntas grises y empezaban a clarear en la coronilla. En cuanto a su atuendo, era perfecto hasta rayar con la afectación: cuello alto, levita negra, chaleco blanco, guantes amarillos, zapatos de charol y polainas de color claro. Entró despacio en la habitación, girando la cabeza de izquierda a derecha y balanceando en la mano derecha el cordón del que colgaban sus gafas con montura de oro.
     ––Buenos días, lord St. Simon ––dijo Holmes, levantándose y haciendo una reverencia –. Por favor, siéntese en la butaca de mimbre. Éste es mi amigo y colaborador, el doctor Watson. Acérquese un poco al fuego y hablaremos del asunto.
     ––Un asunto sumamente doloroso para mí, como podrá usted imaginar, señor Holmes. Me ha herido en lo más hondo. Tengo entendido, señor, que usted ya ha intervenido en varios casos delicados, parecidos a éste, aunque supongo que no afectarían a personas de la misma clase social.
     ––En efecto, voy descendiendo.
     –– ¿Cómo dice?
     ––Mi último cliente de este tipo fue un rey.
     –– ¡Caramba! No tenía idea. ¿Y qué rey?
     ––El rey de Escandinavia.
    –– ¿Cómo? ¿También desapareció su esposa?
    ––Como usted comprenderá ––dijo Holmes suavemente ––, aplico a los asuntos de mis otros clientes la misma reserva que le prometo aplicar a los suyos.
    –– ¡Naturalmente! ¡Tiene razón, mucha razón! Le pido mil perdones. En cuanto a mi caso, estoy dispuesto a proporcionarle cualquier información que pueda ayudarle a formarse una opinión”.

     En contraposición a la actitud demasiado pretenciosa y empaquetada de este personaje, se encuentran las maneras más espontáneas de otros dos relacionados con éste mismo y que en vez de representar un esquema ya añejo de la realeza británica, son ejemplos de otra sangre, la de la por entonces joven nación de los Estados Unidos y de la cual pareciera que no sólo Holmes siente simpatía, si no que el mismísimo escritor; cabe recordar que tras la novela con la que inicia la saga de Sherlock Holmes, Retrato en Escarlata, y el cuento ya abordado en la primera entrega dedicada a este libro, Cinco Pepitas de Naranja, se hace referencia directa a la historia de dicho país, siendo que una vez más Conan Doyle demuestra saber bastante acerca de tal nación: en este caso acerca de la llamada “fiebre del oro”.  En parte de las palabras finales de esta narración es posible identificar el pensamiento del artista acerca del destino de su tradicional patria y el de la más joven nación a la que una vez más le dedica un espacio en sus escritos:

     “––Entonces, espero que al menos ustedes me honren con su compañía ––dijo Sherlock Holmes ––. Siempre es un placer conocer a un norteamericano, señor Moulton; soy de los que opinan que la estupidez de un monarca y las torpezas de un ministro en tiempos lejanos no impedirán que nuestros hijos sean algún día ciudadanos de una única nación que abarcará todo el mundo, bajo una bandera que combinará los colores de la Union Jack con las Barras y Estrellas”.

    
Viejo cómic dedicado al más grande
detective literario.
En este cuento reaparece un “viejo” personaje secundario de las andanzas de Sherlock Holmes, el agente de policía Lestrade.  Éste tuvo su debut tal como los mismos Holmes y Watson en la novela recientemente mencionada y desde el principio tuvo una relación tensa con el detective; ella centrada en gran parte en los celos profesionales de Lestrade, quien al ser incapaz de conseguir con sus métodos más ortodoxos y falta de ingenio la obtención de la verdad en sus casos policiales, no desaprovecha oportunidad para tratar de irritar a quien considera su contrincante y a lo más un principiante (La verdad duele ¿No?).  En todo caso Holmes lo tolera y a su manera no deja de tratarlo con sarcasmo, aunque como se notará en historias posteriores, no lo desprecia y reconoce en él otras virtudes; asimismo el propio Lestrade llega a tomarle aprecio a Holmes más adelante.   A Lestrade se le pudo ver también en el relato El Misterio de Boscombe Valley. Se podría decir que a través de este personaje de mente estrecha, el autor deja una clara mirada crítica a las fuerzas del orden de su sociedad o al menos a un sector de ella que, como algunos de sus aristócratas tal cual el ya mencionado cliente de esta historia, se toman demasiado en serio y se niegan al cambio. 

    “–– ¿Qué le trae por aquí? –– preguntó Holmes con un brillo malicioso en los ojos ––. Parece usted descontento.
     ––Y estoy descontento. Es este caso infernal de la boda de St. Simon. No le encuentro ni pies ni cabeza al asunto.
     –– ¿De verdad? Me sorprende usted.
     –– ¿Cuándo se ha visto un asunto tan lioso? Todas las pistas se me escurren entre los dedos. He estado todo el día trabajando en ello.
     ––Y parece que ha salido mojadísimo del empeño ––dijo Holmes, tocándole la manga de la chaqueta marinera.
     ––Sí, es que he estado dragando el Serpentine.
     –– ¿Y para qué, en nombre de todos los santos?
     ––En busca del cuerpo de lady St. Simon.
     Sherlock Holmes se echó hacia atrás en su asiento y rompió en carcajadas.
     –– ¿Y no se le ha ocurrido dragar la pila de la fuente de Trafalgar Square?
     –– ¿Por qué? ¿Qué quiere decir?
     ––Pues que tiene usted tantas posibilidades de encontrar a la dama en un sitio como en otro.
     Lestrade le dirigió a mi compañero una mirada de furia.
     ––Supongo que usted ya lo sabe todo ––se burló.
     ––Bueno, acabo de enterarme de los hechos, pero ya he llegado a una conclusión.
     –– ¡Ah, claro! Y no cree usted que el Serpentine intervenga para nada en el asunto.
     ––Lo considero muy improbable.
     ––Entonces, tal vez tenga usted la bondad de explicar cómo es que encontramos esto en él ––y diciendo esto, abrió la bolsa y volcó en el suelo su contenido; un vestido de novia de seda tornasolada, un par de zapatos de raso blanco, una guirnalda y un velo de novia, todo ello descolorido y empapado. Encima del montón colocó un anillo de boda nuevo ––. Aquí tiene, maestro Holmes. A ver cómo casca usted esta nuez.
     ––Vaya, vaya ––dijo mi amigo, lanzando al aire anillos de humo azulado ––. ¿Ha encontrado usted todo eso al dragar el Serpentine?
    ––No, lo encontró un guarda del parque, flotando cerca de la orilla. Han sido identificadas como las prendas que vestía la novia, y me pareció que si la ropa estaba allí, el cuerpo no se encontraría muy lejos.
     ––Según ese brillante razonamiento, todos los cadáveres deben encontrarse cerca de un armario ropero. Y dígame, por favor, ¿qué esperaba obtener con todo esto?
     ––Alguna prueba que complicara a Flora Millar en la desaparición.
     ––Me temo que le va a resultar difícil”.

11- La Corona de Berilos.

     Cuando se trata de evaluar cuál o cuáles son los mejores cuentos de este libro, cuesta bastante hacerse una idea lo más objetiva posible, puesto que cuestionar el talento artístico de su autor puede sonar ofensivo para muchos de sus seguidores; por ende, cualquier comentario acerca de cuál es mejor cuento que otro, resulta ser tan sólo una apreciación muy personal y que atiende no más a los gustos de uno, que varían en muchas ocasiones con las de los demás.  En mi caso particular, si me preguntaran cuál es uno de los relatos más entretenidos y atractivos de esta primera colección de Sherlock Holmes, pues por supuesto que este título lo pondría sin vacilaciones en dicho listado; no obstante para ser justos con un maestro como Conan Doyle, no hay narración en este volumen que no esté llena de emociones, personajes interesantes y tramas sorprendentes (además del hecho concreto de que un personaje como el detective más famoso de la literatura, en cada lectura que se hace de él, se hace más y más entrañable).
     En cuanto a la historia correspondiente al penúltimo relato de Las Aventuras de Sherlock Holmes, su argumento es el siguiente: un importante banquero llega completa mente desesperado hasta el hogar del protagonista, para que le ayude a recuperar las joyas de una corona que le habían entregado como prenda para un préstamo y que fueron robadas mientras las mantenía en su custodia.   Esta corona resulta ser uno los tesoros más importantes del país, razón por la cual su desaparición o cualquier daño provocado a ella, podría provocar un escándalo y en el cual la propia reputación de este hombre se encontraría en juego.  Holmes y Watson llegan hasta el hogar de su actual cliente y allí se encuentran con una serie de personajes que no pueden ser más sospechosos, al más puro estilo de los narradores del género posteriores a estas obras, si bien el propio Sherlock no deja de creer en la inocencia del que más pareciera ser el responsable del delito; de este modo más que nunca antes visto en esta antología, Sir Arthur Conan Doyle juega con el lector haciendo que lo impensable y la incertidumbre se posesionen sobre éste.
     El comienzo del cuento es de lo más intrigante: Watson observa desde una ventana a un hombre que parece un verdadero loco y éste último resulta llegar a la misma casa que por entonces aún compartían ambos amigos:

      “–– Holmes ––dije una mañana, mientras contemplaba la calle desde nuestro mirador ––, por ahí viene un loco. ¡Qué vergüenza que su familia le deje salir solo!
       Mi amigo se levantó perezosamente de su sillón y miró sobre mi hombro, con las manos metidas en los bolsillos de su bata. Era una mañana fresca y luminosa de febrero, y la nieve del día anterior aún permanecía acumulada sobre el suelo, en una espesa capa que brillaba bajo el sol invernal. En el centro de la calzada de Baker Street, el tráfico la había surcado formando una franja terrosa y parda, pero a ambos lados de la calzada y en los bordes de las aceras aún seguía tan blanca como cuando cayó. El pavimento gris estaba limpio y barrido, pero aún resultaba peligrosamente resbaladizo, por lo que se veían menos peatones que de costumbre. En realidad, por la parte que llevaba a la estación del Metro no venía nadie, a excepción del solitario caballero cuya excéntrica conducta me había llamado la atención”.

      Es así que la madeja del nuevo misterio al que se enfrentan los personajes, comienza a desenredarse y al final  esta narración se convierte en la oportunidad para entregarnos una reflexión acerca de la naturaleza de la confianza que depositamos en los demás, asimismo como el poder del afecto real entre las personas.

12- El Misterio de Copper Beeches.

     El principio de esta historia es una inesperada autoreferencia a los textos mismos sobre Holmes y que según la ficción misma de estos, corresponden al trabajo literario del doctor Watson, quien ha velado por documentar “artísticamente” las aventuras de su compañero, así como de publicarlas.  Es entonces que entre estos dos se da un diálogo que no viene a ser otra cosa que una crítica, velada o no, a la calidad estética de estas obras y a su vez a la contraposición entre realidad y ficción (con la correspondiente meditación sobre el valor que puedan llegar a tener este tipo de historias):

     “––El hombre que ama el arte por el arte ––comentó Sherlock Holmes, dejando a un lado la hoja de anuncios del Daily Telegraph–– suele encontrar los placeres más intensos en sus manifestaciones más humildes y menos importantes. Me complace advertir, Watson, que hasta ahora ha captado usted esa gran verdad, y que en esas pequeñas crónicas de nuestros casos que ha tenido la bondad de redactar, debo decir que, embelleciéndolas en algunos puntos, no ha dado preferencia a las numerosas causes célèbres y procesos sensacionales en los que he intervenido, sino más bien a incidentes que pueden haber sido triviales, pero que daban ocasión al empleo de las facultades de deducción y síntesis que he convertido en mi especialidad.
       ––Y, sin embargo ––dije yo, sonriendo ––, no me considero definitivamente absuelto de la acusación de sensacionalismo que se ha lanzado contra mis crónicas.
       ––Tal vez haya cometido un error ––apuntó él, tomando una brasa con las pinzas y encendiendo con ellas la larga pipa de cerezo que sustituía a la de arcilla cuando se sentía más dado a la polémica que a la reflexión ––. Quizá se haya equivocado al intentar añadir color y vida a sus descripciones, en lugar de limitarse a exponer los sesudos razonamientos de causa a efecto, que son en realidad lo único verdaderamente digno de mención del asunto”.

    Bien pudiera ser que dicho apartado dentro esta obra, tenga relación con una manera irónica del autor para responder a las opiniones medianamente corrosivas de su trabajo y que algunos pudieron hacer de sus textos en aquellos momentos; de este modo al insertar dicho diálogo, es posible identificar otros rasgos del escritor y el contexto en el que apareció su trabajo por primera vez (cabe recordar que muchas veces un artista no es valorado ni en su tiempo, ni en su tierra).  No obstante bien todo esto puede ser un mero recurso argumental para hacer más llamativo el comienzo del cuento; a su vez la dialéctica entre los dos personajes queda todavía más definida, al esclarecer las diferencias de personalidad entre los dos amigos y gracias al intercambio de opiniones e ideas que aquí se da.
     Teniendo en cuenta que la mayoría de los casos que le toca resolver en estos relatos a Holmes, más que de crímenes consisten en misterios que no colindan con la ilegalidad, esta historia con la que cierra el tomo resulta ser toda una sorpresa.  Puesto que parte como algo de lo más cotidiano y como una corroboración de las palabras del propio detective, quien molesto le dice a su confidente ante la falta de verdaderos hechos policiales para resolver:

      “––Psé. Querido amigo, ¿qué le importan al público, al gran público despistado, que sería incapaz de distinguir a un tejedor por sus dientes o a un cajista de imprenta por su pulgar izquierdo, los matices más delicados del análisis y la deducción? Aunque, la verdad, si es usted trivial no es por culpa suya, porque ya pasaron los tiempos de los grandes casos. El hombre, o por lo menos el criminal, ha perdido toda la iniciativa y la originalidad. Y mi humilde consultorio parece estar degenerando en una agencia para recuperar lápices extraviados y ofrecer consejo a señoritas de internado. Creo que por fin hemos tocado fondo”.

    Lo anterior lo afirma Holmes porque está por recibir la visita de una joven institutriz, quien desea su consejo sobre si le conviene o no aceptar un nuevo trabajo; entonces lo que parece algo de lo más pueril, resulta ser uno de los sucesos más escabrosos en los cuales le toca intervenir a Sherlock.  El agente primero tiene sus reticencias sobre si la muchacha debe partir hacia el hogar de la familia que requiere sus servicios, lo que implica una serie de raras exigencias, no obstante la dama accede a tomar el puesto y al poco tiempo después se comunica de nuevo con él para pedirle su ayuda.  Una vez que Holmes y Watson acuden hasta donde se encuentra la institutriz, se enteran de una historia familiar bastante anómala y que de seguro esconde más de un secreto.  Cuando se logra saber la verdad, esta resulta ser los suficientemente perversa como para sobresalir entre otras narraciones del ciclo y más de tipo familiar (incluso hay una breve, pero inesperada escena gore en el cuento).
     Dentro de los aspectos a destacar de este relato, se encuentra la presencia de su “villano” y quien corresponde al de tipo engañoso, quien aparenta algo que no es y se esconde por lo tanto en su imagen pública para no dar a conocer lo más siniestro de sí mismo; a su vez su propia familia resulta escabrosa, al más puro estilo de las viejas narraciones góticas, considerando la casa en que viven, el ambiente que los rodea y cada uno de los detalles terroríficos que se mencionan sobre el lugar donde ha ido a parar la joven.  Teniendo en cuenta toda esta atmósfera siniestra, el final, rápido y certero como muchos otros de los cuentos que forman parte de este libro, es posible encontrarse de nuevo con la utilización del viejo leiv motiv del castigo cuasi divino contra la maldad humana.

Otra vieja ilustración que representa el impactante clímax de
El Misterio de Copper Beeches.
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