domingo, 1 de enero de 2017

Cómo actualizar y mejorar viejas ideas (segunda parte).


NOTA: Como he perdido la costumbre de hacer un resumen del año recién pasado, pues me parecía que me daba “mala suerte” (¿Yo supersticioso?), opto por comenzar este nuevo año de 2017 con la segunda y última parte de un post que como siempre he escrito con todas mis ganas.  Aprovecho de desearles lo mejor en este 1º de enero que ya está por terminar y en el resto de esta más reciente etapa en nuestras vidas.

II- La “sucesora”.

        Pues teniendo en cuenta los filmes mencionados y analizados en el post anterior, la importante cadena de TV cable HBO, nos dio en el transcurso del 2016 (¡recién acabado!) la increíble sorpresa de una nueva serie “adulta” de su factoría: Wesrworld.  Tal como dice su nombre, está basada en el filme escrito y dirigido por Michael Crichton, llevada al formato de la pantalla chica y tal como hoy en día se nos tiene acostumbrados con este tipo de producciones: con un alto nivel artístico y técnico, que no tiene que envidiar a los títulos cinematográficos, tal como es habitual en los productos audiovisuales de esta misma empresa (y por supuesto de Netflix y Showtime).
        La propuesta de convertir a un programa televisivo actual el clásico de Crichton, se encuentra firmado por la misma dupla que nos regaló esa otra gran serie de ciencia ficción que hace poco tuvimos que despedir, Person of Interest; me estoy refiriendo a Jonathan Nolan y J. J. Abrams.  Ahora bien, en esta ocasión Nolan se unió a la guionista Lisa Joy para crear la trama central del show, escribiendo juntos, por separado o al lado de otros autores los diez episodios de la exitosa primera temporada (de hecho, muchos dicen que las series debut que compiten por lo mejor de su formato en el 2016 son esta y Stranger Things).  En cuanto a Abrams, esta vez solo se ha encargado de oficiar de productor ejecutivo.  Asimismo dentro de los productores y como coguionista de uno de sus episodios, se encuentra un destacado escritor de cómics, Ed Brubacker (a quien le debemos, por ejemplo, la novela gráfica en la que se basó la genial película Capitán América y el Soldado de Invierno), algo que potencia aún más esta serie.  
        Como el destacado compositor Ramin Djawadi ya había cosechado éxitos y premios con HBO gracias a su acompañamiento musical para Juego de Tronos y junto a Nolan y Abrams en la recién mencionada POI, fue llamado para encargarse del apartado respectivo.  Pues lo ha hecho de maravilla una vez más, empezando por un precioso tema de los créditos iniciales, ya que como menos mal no ha dejado de hacerlo HBO, volvemos en esta ocasión a contar con una muy artística secuencia respectiva; en ella suena una muy nostálgica melodía en violín y piano, a la par de que las imágenes resumen de manera bastante simbólica el argumento de esta obra.
        Un elemento que sin dudas viene a ser uno de los mayores atractivos de esta adaptación de Westworld, vienen a ser sus actores.    Desde hace años ya que artistas consagrados del séptimo arte han incursionado en la televisión, dejando claro con ello que esta más “humilde” manera de hacer historias audiovisuales, es tanto o más digna de respeto que su “hermana mayor”.  Pues ante un proyecto de la magnitud de Westworld sus responsables contrataron a dos actores de inmensa trayectoria y renombre: Ed Harris y Anthony Hopkins, verdaderos camaleones que una vez más se lucen frente a las cámaras y hacen cada una de sus intervenciones una verdadera delicia.   Para quienes conocemos sus carreras y hemos disfrutado cada uno de sus papeles y cintas a lo largo de los años, tenerlos en este programa es una promesa más de que lo que se contará en sus episodios es magnífico (y así ha sido).
       Junto a los dos grandes de la actuación ya nombrados, aparecen otros histriones de mucho talento, varios de ellos con muchos años de interesantes títulos a cuestas, incluso galardones recibidos por su labor.   En el apartado dedicado a los personajes, me referiré en concreto a ellos y quienes son el elemento esencial para que esta serie, sea sin dudas uno de los grandes eventos televisivos del recién pasado 2016.
       Era de suponer que la trama de esta adaptación tomara muchos elementos del filme de 1973, si bien al tratarse de una serie actual, no se desaprovechó la oportunidad  de desarrollar mejor sus ideas y, de paso, incorporar varias subtramas con lo cual acomplejar y enriquecer el argumento general.   Es así que acá nos volvemos a encontrar con la poderosa empresa de DELOS,  la que tal como en las viejas películas, posee un parque temático llamado Westworld, donde sus visitantes pueden tener la experiencia de verse insertos en la recreación del Lejano Oeste gringo y en el cual pueden interactuar con los sofisticados androides que pululan en su inmensa extensión.  En la serie las creaciones cibernéticas reciben el nombre de Anfitriones y resultan mucho más sofisticadas que las aparecidas en las dos películas setenteras, pues ahora no se distinguen de los seres humanos y tal como irá quedando demostrado a lo largo de la temporada (en realidad desde el primer capítulo), en realidad se tratan de verdaderas inteligencias artificiales.  Por lo tanto uno de los conflictos presentes en el programa y que nos depara un montón de increíbles sorpresas y momentos, viene a ser el concerniente al despertar de la conciencia de estas criaturas, que poseen sus propios recuerdos y personalidades, no teniendo idea de que en realidad han sido hechas por la tecnología humana (hasta que algunas de ellas sí llegan a saber dicha verdad).
       Entre los guiños que encontramos a la cinta original, se encuentran los trajes de los técnicos que trabajan con los anfitriones, así como el hecho de que los visitantes a este lugar llegan a sus dependencias en lujosos y modernos trenes eléctricos, tal como en los mismos filmes.  De igual manera que en las obras que inspiraron al programa, los robots de la primera generación poseen rostros desmontables (si bien en esta versión más actual, ello resulta mucho más espectacular que lo aparecido en ambos largometrajes).  No obstante el mayor homenaje a las películas, resulta  bastante grato para los pocos espectadores que logran reconocerlo, al ver en el fondo de una escena y escondido, a nada menos que al vaquero robótico interpretado por el fallecido Yul Brynner (quien aparece en la misma postura masculina y amenazante, de llevarse los dedos a los bolsillos del jeans y con su sombrero puesto, si bien no se le ve el rostro).  
        Supuestamente DELOS no posee otros ambientes especiales aparte de Westworld, a diferencia de lo visto en los filmes; no obstante en el último capítulo, nos dan una sorpresa al respecto, dejándonos claro que solo hemos conocido parte de su proyecto y tal vez a futuro podremos adentrarnos en esos otros parques temáticos.
       Por tratarse de un programa dirigido a adultos “con criterio formado”, el sexo y la violencia siguen siendo factores importantes en los guiones, si bien acá hubo un intento por dosificarlo en contraposición a otras series actuales.  Es así que los desnudos abundan, incluyendo varios frontales masculinos y femeninos; incluso una de las actrices principales sale en varias escenas mostrando gran parte de su preciosa anatomía.  Por esta misma razón, el carácter de juguetes sexuales de los anfitriones, queda más que claro a lo largo de esta primera temporada.  No obstante la naturaleza propia de un show que para nada es del tipo familiar, queda más bien declarado en sus guiones, que lo convierten en algo que hasta se puede afirmar que no es para cualquier espectador mayor de edad; pues no solo está hecho para los fanáticos de la ciencia ficción y/o incluso del western, si no que se trata de una obra armada con tal complejidad, que a más de uno lo puede enredad y al final terminar por aburrir.  Dentro de esto se encuentran las distintas temáticas abordadas en ella (bastante profundas por cierto) y en especial su montaje, que trata de dos líneas temporales distintas y que solo en el último episodio quedan mejor explicadas (aunque tampoco se la entregan fácil al espectador).
      
      Dentro de los temas presentes en Westworld, se hayan algunos de los más caros a la mejor fantasía científica, aquella que no solo busca entretener, sino que llevar a sus receptores a descubrir facetas de su propia humanidad y de la cual antes no habían tomado conciencia, promoviendo con ello la reflexión y permitiéndonos incluso mejorar como individuos.   Es así que nos encontramos con el papel de la intervención del ser humano, en el devenir de las cosas.  Su inteligencia y capacidad para crear de la nada, producir belleza y mejorar su propia existencia, ideando medios para hacerla más fácil (y divertida), es algo que queda bien demostrado con todo lo hecho por DELOS; no obstante esto es un sin dudas un arma de doble filo, ya que puede tanto darnos la plenitud que todos buscamos, como llevarnos a la condenación.  Es así que buena parte de los protagonistas humanos, se muestran acá como individuos con más de un esqueleto en el armario; por lo tanto no importa todo el poder que tengan estos “dioses”, que controlan los hilos de las vidas de los huéspedes, estos otros resultan ser mucho más felices, auténticos y admirables que las personas de carne y hueso.
      Relacionado con lo expuesto en el párrafo de arriba, nos encontramos con la idea acerca del valor de la vida misma y lo que nos define como personas con derechos y deberes.  ¿Qué nos hace ser lo que somos? ¿Nuestra inteligencia? ¿Los recuerdos que tenemos y atesoramos? ¿O es tal vez nuestra capacidad de libre albedrío? ¿Es en realidad el dolor aquello que sacar lo mejor y lo peor de cada uno? Con todas estas interrogantes presentes en la serie, nos encontramos también con el misterio acerca de la posibilidad de que exista vida más allá de la que conocemos, en este caso una creada por el hombre mismo. 
      De igual manera resulta relevante en el programa, el tema de la búsqueda de la felicidad, algo que se observa indistintamente entre humanos y huéspedes.  La realización personal, que según queda demostrado en el caso de aquellos personajes que están más cerca de conseguirlo, no es algo que se consiga a solas, sino que necesitamos a otros para, en el proceso de compartir nuestras vidas, acercarnos a esa idea que tenemos de una dicha lo más completa posible.
      A continuación la lista de rigor de los personajes más importantes, señalando uno que otro detalle de interés y demás datos sobre sus roles en la trama, con lo que es posible conocer mejor de qué trata Westworld (sin caer en el despreciable spoiler dentro de lo posible).   La mayoría de sus actores antes de esta serie, ya habían actuado en otros títulos del género, de modo que bien se podría decir que les interesa bastante la ciencia ficción o que son verdaderos veterano y/o expertos al respecto.

Robert Ford: El personaje encarnado por sir Anthony Hopkins, es uno de los dos creadores del parque de entretenciones de Westworld, siendo que su compañero murió hace ya bastantes años.  Es un hombre con una mente privilegiada y lleno de misterios.  Mantiene intereses personales con los anfitriones, lo que tiene que ver con su pasado.  No todos los directivos de DELOS están de acuerdo con sus decisiones, lo que provoca más de un roce; no obstante su poder en la empresa es demasiado grande, como para meterse a la ligera con él.  Su apellido, Ford, bien puede ser un guiño a la igualmente famosa novela de ciencia ficción antiutópica Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley; pues en esta obra se habla de la relevancia de las invenciones de Henry Ford, quien en dicha ficción  se convirtió en un personaje histórico sagrado; de este modo el personaje a cargo de Hopkins, compartiría con él esta dimensión de un sujeto, que marca la sociedad por completo gracias a sus creaciones.
El Hombre de Negro: Corresponde al rol de Ed Harris, de quien solo hacia el final de la temporada viene a revelarse su verdadera identidad y que más encima tiene una inesperada familiaridad con otro de los personajes principales.  Es un sujeto violento, el cual comparte con muchos de los otros protagonistas un hondo sentimiento de soledad, pese a que no lo verbaliza.  Es un humano y lleva treinta años dentro del juego de Westworld, detrás de varias cosas que poco a poco irán aclarándose.  Nunca sonríe y utiliza a todos sin vacilaciones para conseguir sus propósitos.  Su apodo, aspecto y supuesta personalidad nociva, podría tal vez ser un homenaje a la saga de La Torre Oscura de Stephen King, ambientada en un mundo tipo Lejano Oeste, con elementos de ciencia ficción y donde aparece un Hombre de Negro malvado.
Dolores: Una de los dos personajes femeninos centrales por parte de los anfitriones, es una hermosa mujer de aspecto angelical, quien lleva bastante bien el nombre que le han dado, ya que le toca sufrir como a pocos dentro de esta historia.  Femenina, dulce e indefensa en una primera instancia, en realidad alberga dentro de sí a alguien de una enorme fuerza interior y que además tiene relación con varios de los hechos más decisivos acerca del pasado, del presente y del futuro de Westworld.   Evan Rachel Wood, quien realiza este papel, sin dudas realiza una de las mejores actuaciones de esta serie y promete bastante en su promisoria carrera.
Maeve: La otra fémina anfitriona de relevancia en el argumento de este programa, hace de dueña de un prostíbulo dentro de Westworld; no obstante alberga dentro de ella una personalidad mucho más compleja, de lo que se esperaría en una meretriz, ya que su inteligencia es sobresaliente y eso hace que poco a poco vaya alejándose del papel que se le ha dado, hasta tener conciencia de lo que es en realidad y lo que hacen con los suyos los humanos; por lo tanto, se convierte en la principal gestora de los vientos de cambios para el resto de los personajes.  Si Dolores es rubia y tierna, esta otra morena y más salvaje viene a ser la otra cara de la misma moneda, en lo que al avance de estas inteligencias artificiales se refiere.
Bernard: Un importante científico y ejecutivo de DELOS de edad mediana y de raza negra, quien llega a involucrarse personalmente con uno de los androides.  Es una persona mucho más empática, que su contrapartida femenina en otra área de la empresa y con quien pese a todo mantiene una historia más allá de lo profesional.  Como otros entre quienes lo rodean, humanos y anfitriones, guarda un gran secreto y del que él mismo apenas tiene idea de ello.
William: Un visitante de Westworld, quien llega junto a su cuñado a este lugar para pasar unas relajadas vacaciones, pero que luego en contra de lo presupuesto, se va adentrando en los recovecos de este sitio.  Mientras su compañero va sacando fuera de sí su lado más detestable y hedonista, este otro encuentra al héroe que hay dentro de él.  No obstante llega a enamorarse de una de las anfitrionas, pese a que estaba comprometido y antes se negaba bastante a dejarse llevar por lo que le ofrecía el parque.  La aventura en la que se ve envuelto, una verdadera vorágine de emociones de carácter mortal, lo transforma para siempre en otra persona.
Teddy: Guapo anfitrión que comienza como uno de los personajes más trágicos de toda la serie y que también a medida que va transcurriendo el tiempo, se vuelve alguien mucho más complejo de lo esperado.
        Aparecen muchos otros personajes en la serie, ninguno de ellos carente de su propio encanto o atractivo, no obstante los recién mencionados son los que al menos a mí más me atraen.
           La segunda temporada está anunciada recién para el 2018 (¡Mucho tiempo para esperar!) y ante esta fecha casi incierta, uno se pregunta por qué razón, si Westworld ha sido un verdadero boom.  Pues sus creadores afirman que desean hacer lo mejor posible para lo que está por venir, ya que no quieren apurarse a la hora de escribir los capítulos y no decaer en la calidad de lo que hasta el momento nos han dado.  Yo creo humildemente que son puras tonteras tales justificaciones, pero qué se le va a hacer con las ocurrencias de los artistas (¡Es lo que hay!).

                                                            
Los preciosos créditos de apertura de esta genial serie.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Cómo actualizar y mejorar viejas ideas (primera parte).



I- Los antecedentes.

      Michael Crichton (1942-2008), mucho antes de conseguir su mayor éxito como creador de historias con Jurasick Park (1990), tuvo la ocurrencia de un parque de atracciones sofisticado, que tras írsele de control a sus creadores, se convierte en un verdadero peligro mortal para sus usuarios; idea que por supuesto luego recicló y perfeccionó, con la famosa historia de los dinosaurios recreados por medio de la ingeniería genética (lo que más encima originó cuatro exitosos filmes hollywoodenses). Esto es reconocible en la película de 1973 que él mismo dirigió, Westworld, conocida en español como Almas de Metal o con el nombre traducido casi literalmente del inglés de Oestelandia.
     Casi olvidada hoy en día, aunque para muchos tal vez de culto, en su momento y por años fue toda una novedad esta cinta que salió de un guión original del propio Crichton (pues no usó de base ninguna de sus novelas ya publicadas o inéditas).  Pues estamos hablando de una película de ciencia ficción que tomó el género del western, bastante popular en aquellos años, para llevarlo a un muy especial contexto de ciencia ficción; a su vez armó una trama que no solo mantiene la acostumbrada crítica social de las obras de “anticipación”, sino que además se hizo pensando en un público adulto al incorporar ciertos elementos eróticos, que por esos tiempos era casi impensable verlo en un producto cinematográfico de ciencia ficción gringo.  A todo esto debe sumársele la presencia de un actor bastante cotizado en ese entonces, el “exótico” Yul Brynner, quien aquí interpretó a un muy especial vaquero robótico.
      El argumento de la película trata acerca de DELOS, una empresa que posee la tecnología (y el dinero) suficiente como para recrear tres ambientes diferentes, en un inmenso espacio físico y al que solo pueden llegar aquellos clientes con el poder adquisitivo como para pagar sus exclusividades.  Es así que en sus inmediaciones nos encontramos con la Antigua Roma, la Edad Media y el Lejano (y salvaje) Oeste norteamericano.  En cada uno de estos lugares se ha reproducido hasta el más mínimo detalle de dichas épocas y sociedades, lo que incluye avanzados androides que simulan gente de tales periodos y que solo pueden ser reconocidos por las palmas de sus manos, que no se parecen a las de los humanos.  La gente que visita estos lugares, participa en especie de “juegos de roles”, vistiéndose según corresponda e interactuando con estas máquinas.  Como el parque de atracciones se presta para que sus visitantes puedan dar rienda suelta a buena parte de sus fantasías, por supuesto es que muchos de estos aprovechan de tener sexo con los androides, los que están acondicionados para ello.  
     Debido a las particularidades de la “oferta” que entrega un lugar como este, los clientes no solo logran satisfacer sus impulsos más lúbricos, si no que al encontrarse en medio de una instancia donde ellos mandan y no hay otra ley que la de ellos mismos, en la práctica pueden hacer de todo.  El relajamiento moral, debido a la oportunidad de cumplir cualquier antojo que uno haya reprimido, nos lleva a reconocer una vez más la manera de cómo nuestros propios impulsos nos manejan (de modo que la razón solo es una herramienta de la evolución o de la civilización para ponernos freno).  Por lo tanto… ¿Cuándo somos auténticos realmente? ¿Cuándo damos rienda suelta a nuestra animal interno o cuando aceptamos conducirnos por la moralidad?  Aquí también nos encontramos con el viejo tema de la búsqueda de la felicidad, pues como queda demostrado en este filme, nada despreciable pese al relativo olvido en el que ha caído, muchos buscamos tal preciado tesoro al olvidarnos de nuestras preocupaciones, de nuestra miserias, algo que hacen muchos de los visitantes de DELOS.
       Supuestamente todo está realizado bajo estrictos sellos de seguridad, de modo que los clientes no deberían resultar heridos mientras permanezcan en sus dependencias; por lo tanto, si bien ellos pueden “matar” a estos simulacros a su antojo, los seres mecánicos no podrían siquiera causarles la más mínima de las lesiones.  No obstante durante la última visita a este sitio, una especie de “infección” o desperfecto de origen desconocido comienza a hacer que estas “almas de acero” actúen de manera aberrante y ello, por supuesto, significa que las personas que se encuentran en las inmediaciones peligran su vida.  Es así que las visitas y los mismos especialistas que trabajan en este sitio, no le queda otra que hacerlo posible por salir ilesos de la catástrofe que se está gestando (en verdad resulta impactante cuando aparece un grupo de trabajadores del lugar, muertos y no por la intervención de los robots).
       La dirección de Crichton es correcta, pero adolece de realizar tomas más artísticas, quizás porque para cuando hizo este trabajo aún le quedaba mucho por aprender.  Independientemente de que la sangre que aparece en el filme se ve demasiado falsa, se nota un esfuerzo por innovar desde el punto de vista técnico en la producción, de modo que gracias a este título vimos por primera vez en una obra cinematográfica gráficos computacionales, lo que por supuesto ayuda a dar la atmósfera futurística adecuada que se quiso dar a todo esto.
      En 1976 se estrenó Futureworld, la continuación directa de la película que le antecedió y que inteligentemente no se hizo como algo en la línea de “más de lo mismo”, sino que sus responsables nos contaron otra historia (y tal vez más compleja) en la que el parque de atracciones de DELOS estaba involucrado.  Por temas de derechos ya vendidos, Michael Crichton no mantuvo relación alguna con esta secuela, de modo que tanto la producción, como la dirección y el guión corrió por cuenta de otros, lo que en todo caso no lo hicieron mal que digamos.   En esta ocasión tuvo entre sus artistas a otro actor de renombre, Peter Fonda, en el papel protagónico masculino.  Asimismo el propio Yul Brynner hizo una aparición especial, como el mismo personaje del primer filme, aunque en un matiz por completo distinto y curioso respecto al original.  Se le puede considerar dentro de sus atributos, que si bien el mismo compositor de la cinta anterior, Fred Karlin, se encargó acá también de la banda sonora; pues esta vez realizó un trabajo superior y con un tema central que logró representar la atmósfera viciada de la historia, a diferencia de las poco inspiradas composiciones de Westworld.
      En el argumento de esta secuela (quizás incluso menos conocida que su predecesora), dos periodistas, hombre y mujer, llegan hasta las recientemente reabiertas dependencias del “parque de entretenciones”.  Según les han prometido los responsables del lugar, ya han dado con la manera correcta para evitar nuevas desgracias con los visitantes; es así que además en un afán de borrar todo rastro de mala reputación, han invitado a líderes políticos de todo el mundo, para que luego estos difundan por el planeta las maravillas de DELOS.   Los androides en efecto funcionan bien, lo que no está correcto corresponde a los mismos dueños del lugar, quienes tienen un plan maquiavélico para sacar provecho de sus invitados.  Por supuesto que los “divulgadores de la verdad” (en Gringolandia de vez en cuando les da por ver como héroes a los miembros del llamado “cuarto poder”), se dan cuenta de lo que se cuece tras las bambalinas y aun cuando sus vidas corran peligro, harán lo posible por desenmascarar a los culpables. 
     Se mantiene en esta segunda parte su dosis de violencia  y erotismo que encontramos con anterioridad (incluso Fonda hace un desnudo inesperado), además de un pequeño grado de romance que antes no estaba presente.  Asimismo se vuelve a agregar un pequeño elemento humorístico, el que también estaba en el primer filme.  Debe destacarse, en todo caso, que en cuanto al apartado técnico, en esta ocasión la película mostró todo un adelanto científico real, por vez primera en el séptimo arte: animaciones computacionales en tercera dimensión; este detalle demuestra el interés de los productores, por hacer al menos una película que dentro de lo posible, creara la ilusión de una ambientación futurística tal como ya pasó con la anterior y quizás en su momento ello sí fue conseguido (quizás por esta misma razón, el parque de DELOS ahora tiene un ambiente “espacial”, aunque claro, los efectos especiales hoy en día resultan poco creíbles).
           Si en la primera cinta los mismos científicos y técnicos fueron otras víctimas de la soberbia humana, por querer ser como los dioses y sobrepasar los límites de la naturaleza (viejo tema de la culpa y el castigo presente, ya en los mitos e iniciado en el terreno de la ciencia ficción a través de la célebre novela de Frankenstein), en esta ocasión los hombres de ciencia aparecen como los villanos de la historia (he aquí la clásica figura del mad doctor, de las historias de los pulps y otros clásicos).
          Por lo tanto los invito a ver y disfrutar o revisar si ya antes lo hicieron, estas dos películas que en la actualidad son las responsable de la exitosa serie que dentro de poco (bueno, el próximo año) revisaré con ustedes.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Entrada Nº 100 de este 2016 que ya está por terminar.

A FALTA DE “VIENTOS DE INVIERNO” 
BUENAS SON LAS PRECUELAS.

Nota: Destaco el número al que corresponde esta entrada, pues con esta rompo mi récord de cantidad publicadas por año, algo que tal vez tontamente me llena de felicidad, pero que para mí es importante debido al papel que cumple en mi vida este blog (una verdadera oportunidad para explayarme a gusto en los temas que me apasionan).  Por lo tanto gracias a quienes me leen y en especial me siguen y comentan...¡Feliz Navidad para tod@s!


     Mientras el malvado de George R. R. Martin nos tiene esperando desde hace años la publicación del sexto tomo de su famosa saga de fantasía épica Canción de Hielo y Fuego, que bien sabemos se llamará Vientos de Invierno, sus seguidores podemos al menos contentarnos con la publicación del tomo titulado como El Caballero de los Siete Reinos.  Publicada en el transcurso de 2015, se trata de la recopilación de tres novelas cortas que transcurren alrededor de 100 años antes de los eventos de Juego de Tronos, el primer volumen de la saga.  Las obras que comprenden este libro fueron editadas originalmente en 1998, 2003 y 2010 y tienen como protagonistas al caballero ser Duncan el Alto y a su fiel escudero Egg (quien en realidad resulta ser nada menos que un miembro de la dinastía Targaryen y a quien conocimos ya anciano en las novelas del dichoso ciclo).  Leídas de seguido y en el orden en que aparecen, pareciera tratarse de una sola novela más o menos extensa (por sobre las 300 páginas), pues además estas tres historias se encuentran armadas de forma lineal, sin mayores retrocesos en el tiempo, que una que otra mención breve e indirecta al pasado.
     Debe saberse que en parte debemos la existencia de este tomo y en especial de la primera historia que forma parte de ella, al igual destacado y multipremiado escritor Robert Silvenberg (una verdadera leyenda viviente), quien tuvo la genial idea de sacar una antología con narraciones originales basadas en las ficciones de varias sagas de fantasía ya consagradas, titulada justamente Leyendas Negras.  Es así que llamó para su proyecto a gente de la talla de Stephen King, quien contribuyó con la igual maravillosa novela corta de Las Hermanitas de Eluria, precuela a la primera novela de su igualmente célebre saga de La Torre Oscura (de la que pronto escribiré, por fin) y Orson Scott Card, con otra historia de su encantador protagonista del ciclo de Alvin Macker.  De este modo Martin tuvo la ocurrencia de abordar desde este otro punto de vista, la serie que lo hizo famoso en todas partes, incluso entre quienes no lo han leído; y lo mejor es que siguió contándonos más sobre sus protagonistas, como bien quedará demostrado en este escrito.
     Los tres textos mantienen mucho más que los otros libros el carácter medieval de la narración, ya que sus argumentos se centran en describir las andanzas de un caballero andante, ser Duncan, quien tal cual sus antecedentes de los textos tradicionales, sirve a los señores a quienes les ha prestado juramento, manteniendo con ello su honor y de paso convirtiéndose en un defensor de la justicia y de los inocentes.  La personalidad extraordinaria de ser Duncan, quien en todo caso no es el único en su medio que destaca por sus altos valores, se aprecia además por su imponente figura, de ahí a que escoja como apodo la expresión “el Alto”.  En cambio Egg con su aspecto flaco y cabeza rapada, se ve insignificante y sin embargo es mucho más de lo que aparenta; pues posee una inteligencia y cierta sabiduría a tan temprana edad, que lo destaca incluso entre los adultos, además de una lengua afilada que le podría provocar más de un problema (todos ellos aspectos de su personalidad, que lo hacen aún más querible para quienes lo conocimos al final de su larga vida).  Por supuesto que todo transcurre en el mundo ficticio que ya conocemos, haciendo referencia directa e indirecta a los lugares aparecidos en las entregas del arco argumental principal, con sus familias y costumbres ya sabidas por los lectores, si bien con varias sorpresas como es de esperar en la obra de un autor veterano como Martin y quien sabe cómo diseñar de manera convincente una cronología, donde todos sus elementos queden bien cohesionados. 
       Ser Duncan es un hombre de orígenes humildes, lo que contrasta con la verdadera identidad de Egg, la que en un principio desconoce; no obstante ambos mantienen la misma nobleza de corazón que los une desde el principio, llegando a sobrepasar la jerarquía de su relación, al punto de quererse como amigos y hasta como hermanos.  En su camino juntos ambos se encuentran con todo tipo de personas, algunos gente sencilla, común y corriente, de igual manera con sujetos heroicos y admirables, así como otros rastreros y reales villanos.  La creación de un verdadero dramatis personae heterogéneo y creíble, pese a que se trata de historias enmarcadas en la fantasía, recrea sin dudas lo mejor y lo peor de nuestra propia humanidad, tal como lo hace la literatura escrita por autores de talento.
     La oposición entre el mundo llano y el de la corte, como de la nobleza, queda bastante destallada además, puesto que nuestros héroes deben convivir en ambas realidades y manteniéndose siempre correctos con quien sea; de hecho los tres relatos que comprenden el libro, abordan el tema del crecimiento personal y la adquisición de sabiduría por parte de los dos, algo que deben aprender si en realidad quieren convertirse en gente de bien (el primero superando la pobreza que le vio nacer para volverse un hombre destacado, hecho a sí mismo,
 y el segundo sacando lo más excelso de su herencia, para evitar caer en los errores de los privilegiados como él).
     Los textos compilados en este tomo siguen la vieja tradición de los relatos de caballería, en los cuales sus personajes, caballero y escudero, sirve el primero a  su señor a quien le ha prestado juramento y el segundo al hombre bajo cuya tutela se ha puesto (cabe mencionar que relación de dependencia basada en el honor y la valorización de la palabra empeñada, resulta bastante relevante en este tipo de historias y en la época en la que nacieron tales instituciones).  Es así que siguiendo la línea de las obras que le antecedieron, dichas novelas cortas le dan bastante relevancia a los torneos en los que participan estos sujetos, la oportunidad precisa para medirse entre pares demostrar la valía de su corazón; de igual manera nos encontramos acá con duelos, verdaderas proezas mortales, donde más de alguien sale muerto y como mínimo herido.
     Con respecto los libros de la saga en la que se enmarca esta obra, se mantienen varios otros elementos, como la presencia de la intriga y los juegos de poder entre familias, algo que no dejar de otorgarle a este volumen algunos de sus mejores momentos, tal como en las novelas más extensas.  También nos encontramos acá con su dosis de erotismo, aunque dosificada respecto a los otros libros.
     El nombre que engloba a las narraciones aquí reunidas, El Caballero de los Siete Reinos, no se justifica mayormente, pues al cerrar el libro, a ser Duncan todavía le toca pasar por mucho como para llamársele de esa manera.  Sin embargo como bien queda claro en estas historias, está destinado a volverse alguien en verdad sobresaliente y con un papel destacado en los mismos Siete Reinos.  Habrá que esperar, ojalá, futuras entregas de las andanzas de quien antes solo se llamaba Dunk (pato en inglés) y su fiel escudero Egg, para saber qué le depara en el porvenir al caballero errante.
     Martin apela en estos casos por escribir narraciones alejadas de los elementos sobrenaturales y mágicos, que encontramos en los otros títulos de la serie.  Se menciona la magia y se recuerda la existencia de los dragones, que en la cronología en la que se encuentran estas tres obras, se han convertido en una especie en extinción.  No obstante es el mismo autor que nos ha encantado con sus otros libros y a cada momento se mencionan detalles que nos hacen recordar en qué mundo ficticio nos encontramos.  A ver si en próximas entregas sobre estos personajes, nos regala algunos momentos del tipo sobrenatural, que tan bien le salen a este veterano autor.
    
     Debe saberse que los tres primeros relatos que forman parte de esta libro, han sido adaptados al  cómic por la línea de novelas gráficas de Random House, la misma editorial que tiene los derechos de los títulos de Canción de Hielo y Fuego.  El primer título fue sacado a este formato entre 2003 y 2004 (mucho antes de que se pensara llevar a la televisión esta saga) y tal como sucede con el paréntesis entre un tomo y otro, solo entre 2007 y 2008 salió la segunda historieta acerca de la siguiente entrega de las andanzas de Duncan y Egg (igual pocos años en consideración a lo que nos hace esperar el autor con las novelas… ¡El muy hideputa!) y solo el año que viene aparecerá la anunciada tercera parte, que estaría saliendo en 4 de julio de 2017 (un día antes de mi cumpleaños, je).  Las tres versiones han sido bellamente ilustradas por Mike S. Miller y guionizadas por Ben Avery.
    
     Las tres novelas cortas que comprenden el tomo corresponden a:

1- El Caballero Errante: Relata el encuentro entre Dunk y Egg.  Todo comienza cuando el primero se haya en una encrucijada, tras haber muerto recién el caballero errante al que servía.  Los hechos fortuitos o el destino une a ambos, siendo toda una sorpresa la revelación de la verdadera procedencia del chiquillo.  Mientras el primero es alguien de temperamento más serio y poco dado a explayarse, el muchacho no duda en ser expresivo, lo que lo hace verse como alguien contestador e irreverente; no obstante demuestra poseer importantes conocimientos del mundo de la realeza.  Ambos se complementan desde estas primeras aventuras y en las que la familia misma de Egg, se transforma en el principal obstáculo para que los dos protagonistas puedan seguir su camino juntos.  Por otro lado, se aprovecha de explicar qué diferencia a un caballero errante, de los otros que pertenecen a una familia importante y/o adinerada.
       En determinado momento de la trama, un incidente involucra sobremanera a los Targaryen, que luego en el tercer apartado de este libro también cobran vital importancia.   Cuando sucede todo esto, llegamos al momento más álgido de la trama y a partir de todo ello, la narración se pone cada vez mejor, hasta su impresionante clímax…y es entonces que el destino de ambos protagonistas queda sellado para siempre, lo que ocurre mucho después de que sus caminos se han cruzado.

     “Al salir de la posada descubrió que era de noche. Tenía la barriga llena y el monedero un poco más liviano, aunque se dirigió al establo con una sensación de bienestar. Escuchó un relincho.
      —Tranquilo —dijo una voz de niño.
      Dunk apretó el paso con el entrecejo fruncido.
Encontró al mozo a lomos de Trueno, con la armadura del viejo puesta. La cota de malla le llegaba por debajo de los pies y había tenido que inclinar el yelmo hacia atrás para que no le tapara los ojos. Estaba muy concentrado. Y muy ridículo. Dunk se quedó riendo a la puerta del establo.
       El niño levantó la cabeza, se ruborizó y saltó a tierra.
       — ¡Ser, y o no quería…!
       —Ladrón —dijo Dunk, intentando poner voz seria—. Quítate la armadura y da gracias de que Trueno no te hay a pegado una coz en esa cabeza de chorlito. Es un caballo de batalla, no un poni para niños.
       El mozo se quitó el yelmo y lo tiró por la paja.
      —Yo sabría montarlo tan bien como tú —dijo en el colmo del atrevimiento.
      —Cierra la boca, que no quiero insolencias. Y quítate también la cota de malla. ¿Qué te proponías?
      — ¿Cómo quieres que lo diga con la boca cerrada?
      El niño se quitó la cota con cierta dificultad y la dejó caer.
      —Ábrela, pero sólo para contestar —dijo Dunk—. Ahora recoge la cota, quítale el polvo y devuélvela al lugar de donde la tomaste. Lo mismo para el morrión. ¿Cumpliste mis instrucciones? ¿Les diste de comer a los caballos y cepillaste a Paso Quedo?
      —Sí —contestó el muchacho, sacudiendo la cota para desprender la paja—. Te diriges a Vado Ceniza, ¿verdad? Llévame contigo.
      Ya se lo había advertido la posadera.
      — ¿Y qué diría tu madre?
      — ¿Mi madre? —el niño arrugó la cara—. Nada, porque está muerta”.

Portadas de las adaptaciones de las dos primera novelas gráficas en formato libro.
2- La Espada Leal: Dos años han pasado más o menos desde que nuestros héroes iniciaron su camino juntos y ahora les toca servir a un viejo señor que resulta ser el último de su familia que está ya por extinguirse (lo que significa además el mismo olvido en este mundo, donde la permanencia de la consanguineidad a través de los herederos y de la heráldica familiar es algo sagrado).  Mientras sucede esto, una espantosa sequía tiene a su merced a buena parte del territorio y cuando la vecina de ser Eustace, el señor a quien ha prestado juramento ser Duncan, les quita la poca agua que tienen para subsistir a través de una represa que ha mandado a poner a sus vasallos, el caballero errante debe viajar hasta su castillo para tratar de arreglar este problema de la mejor manera posible.  La mujer es famosa por su crueldad y se le considera una hechicera, así que la labor de Dunk de seguro no es nada fácil.
      Aparte del instante en el que la vida de ser Duncan pendía de un hilo, cuando se cruzó por primera vez con lo más curtido de la nobleza, en el texto anterior, se podría decir que esta novela corta sin dudas es superior a la que le antecede (sin menosprecio de El Caballero Errante, claro).  Esto se debe en parte a la creación de tres nuevos personajes, bastante diferentes entre sí y que sin dudas hacen su aporte para que el argumento esté lleno de emociones y en especial de intrigas.   A ello se le suma además la especial ambientación que le da el artista, en un paisaje devastado por la sequía, lleno de miserias.  De igual manera se debe mencionar el relevante tema de que nada es lo que parece, algo que ya había trabajado Martin en las novelas principales de la saga, de modo que el engaño y los secretos aquí vuelven a darle un cariz más adulto a los acontecimientos (bueno, ya antes a través de la figura de Egg estaban presente todo estos, pero esta vez el leiv motiv se potencia).  De igual manera resulta valiosa la reflexión a la que nos llevan tales detalles, de que nada es blanco y negro y todo depende desde dónde se mire; por ende, no hay malvados y buenos en un 100% y hasta aquellos que podemos identificar como nuestros enemigos u opuestos, albergan verdadera nobleza en su corazón, pues muchas veces creen con firmeza en que están en lo correcto, tal como nosotros mismos.

     “Bajo el sol abrasador, Trueno iba despacio pero sin desfallecer. El cielo era de un azul inmisericorde, sin rastro de nubes. El sinuoso curso del arroy o rodeaba montículos rocosos y sauces solitarios, entre áridas y pardas lomas y campos de cereales muertos o agonizantes. A una hora del puente, río arriba, se encontraron al borde del pequeño bosque de Osgrey, que recibía el nombre de bosque Cerradón. Visto de lejos, su color verde resultaba acogedor, y llenó la cabeza de Dunk con visiones de valles umbríos y riachuelos rumorosos. No obstante, al llegar a los primeros árboles vieron que eran finos y esmirriados, con las ramas caídas. Algunos de los grandes robles estaban perdiendo sus hojas y la mitad de los pinos se había vuelto tan parda como ser Bennis, con los troncos rodeados por anillos de pinaza seca. "Cada vez peor", pensó Dunk. "Bastaría una chispa para que todo ardiera como yesca."

      Ser Eustace es el anciano señor bajo cuyo techo ahora viven ambos protagonistas.  Se trata de un hombre que vive recordando las glorias del pasado y honrando la memoria de los hijos perdidos.  Trata con respeto a los que están por debajo de él y en general es una buena persona, justa y amable. 
      Luego nos encontramos con la viuda lady Webber, cuyo estandarte tal como dice su apellido en inglés, tiene a una araña como figura central, lo que representa la mala imagen pública que posee.  Cuando Dunk la llega a conocer (y nosotros también), da más de una sorpresa a este.
      Y el tercer gran personaje que aquí aparece, viene a ser el amargado, burlesco y de aspecto desagradable en general ser Bennis.  Pues este viene a ser quizás el sujeto más odioso de todos los que aparecen en El Caballero de los Siete Reinos.
      El nombre de esta obra, hace por supuesto mención a la honorable actitud de ser Duncan, quien en contra de todos los entuertos con los que se cruza, nunca deja de rendirle tributo a su palabra y a su condición de caballero errante (pues en todo momento no olvida los principios bajo los que ha prometido vivir).

3- El Caballero Misterioso:   Dunk y Egg llegan a un gran evento que corresponde a un matrimonio concertado entre dos familias muy poderosas, al que también acuden personas de todo el mundo y entre ellos gente tanto o más importante que los anfitriones; de igual manera se hayan otros de lo más curiosos y que como es habitual en las narraciones de Canción de Hielo y Fuego, guardan más de un secreto acerca de sus verdaderas intenciones.  El evento a su vez permite que se den los típicos torneos en los que caballeros como ser Duncan pueden probar suerte y de paso conseguir fama y fortuna, si bien lo único que busca un hombre sencillo como nuestro héroe es que un gran señor desee sus servicios.
     Hay gente de toda calaña en el lugar, que en realidad alberga más de una traición, pues como luego queda revelado, una rebelión se está gestando, bajo la cual el destino de los Siete Reinos se está jugando.  Por mucho que ambos protagonistas busquen no involucrarse más de la cuenta, al final les toca tomar un papel preponderante en los asuntos de relevancia del gobierno. 
      En el desenlace, hace por fin su aparición el supuestamente siniestro personaje de  Cuervo de Sangre, quien fue mencionado en varias ocasiones en el texto anterior y que además guarda una incómoda familiaridad con nada menos que Egg.
      El nombre que da título a esta obra, se entiende por partida triple, pues por un lado Dunk llega hasta el lugar donde se desarrolla todo como alguien apenas conocido, no obstante en su viaje conoce a otros dos caballeros, cada uno de ellos con un pasado en realidad más que intrigante.

     “Sólo entonces la mano del rey se giró hacia Dunk.
     Era más viejo de como lo recordaba Dunk, con facciones duras y arrugadas, aunque seguía teniendo la piel blanca como el hueso, y en su mejilla y cuello la fea mancha de nacimiento que a algunos les recordaba un cuervo. Sus botas eran negras y su túnica, escarlata. Llevaba por encima de ella una capa de color humo ceñida con un broche en forma de mano de hierro. Llevaba el pelo hasta los hombros, largo, blanco y lacio, peinado hacia delante para disimular la falta de un ojo, aquél que le había sacado Aceroamargo en el campo de Hierba Roja. El ojo restante era muy rojo. "¿Cuántos ojos tiene Cuervo de Sangre? Mil, y uno más."  
      —Sin duda el príncipe Maekar tendría sus motivos para permitir que su hijo sirviera como escudero a un caballero errante —dijo—, aunque me resulta inconcebible que incluy eran entregarlo en un castillo lleno de traidores que urdían una rebelión. ¿A qué se debe que haya encontrado a mi primo en este nido de víboras, ser? Lord Butterwell pretende convencerme de que el príncipe Maekar lo envió para destapar la rebelión al hacerse pasar por un caballero misterioso. ¿Es cierto?
      Dunk apoyó una rodilla en el suelo.
      —No, mi señor. Bueno… sí, mi señor. Fue lo que le dijo Egg. Perdón, Aegon. El príncipe Aegon. Es decir que esa parte es verdad, pero no lo que llamaríamos verdad.
      —Comprendo. De modo que usted y el príncipe se enteraron de la conjura contra la corona y decidieron frustrarla por sus propios medios. ¿Es así?
     —No, tampoco. Supongo que podría decirse que nos… tropezamos con ella”.

Preciosas viñetas de la adaptación al cómic de El Caballero Errante.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Hayao Miyasaki y el Estudio Ghibli. Parte 10: El Viento se levanta


     La última cinta dirigida a la fecha por el sensei Hayao Miyasaki (y que al parecer sería su despedida, pues ya tiene 75 años de edad), data de 2013 y se llama justamente El Viento se levanta, la cual tal como El Castillo Ambulante se basa en una novela, aunque en este caso de un compatriota suyo (Tatsuo Hori); no obstante a diferencia del filme sobre el mago y ambientado en un país ficticio de características europeas, nos encontramos en este caso con otra historia suya transcurrida en Japón.  De hecho, la cinta viene a ser quizás su obra más comprometida a la hora de reflejar el espíritu de su nación, en especial por estar enmarcada dentro de un periodo concreto de su pasado y poseer además una severa crítica social a cierto pensamiento de su país, algo que solo había abordado de manera menos tajante en El Viaje de Chihiro.  Cabe mencionarse que antes de llevarla a la animación, Miyasaki probó primero suerte con una adaptación al cómic de la narración original.
     Esta cinta no se escapa de los temas que le interesan a su creador, como lo son el del crecimiento personal, la búsqueda de nuestro lugar en el mundo (con la correspondiente idea de la vocación, tal como en Kiki) y el romance.  No obstante se trata de un filme que en muchos aspectos se diferencia de su filmografía anterior y lo que se puede apreciar en un detalle tan significativo, como el hecho de que su argumento fue orquestado pensando en un público mayor de edad, o sea, de criterio formado.  Por lo tanto, por primera vez en sus trabajos hayamos una película que apenas posee humor, cuyo nivel de fantasía se escapa al que nos tiene acostumbrados, trabajando más bien lo onírico a lo anterior y otorgando pese a este detalle un carácter más bien realista al argumento. 
      Lo último tiene que ver además con su ambientación, que abarca varios años en la vida de su protagonista, desde su infancia tiempo antes de la Segunda Guerra Mundial y su adultez como ingeniero aeronáutico mientras Japón es aliado de Alemania, durante esta confrontación bélica; de este modo la sociedad nipona es reflejada con la minuciosidad y el lirismo propio de un artista como Miyasaki, quien acá desentraña las costumbres de su gente, su relación con el gobierno nazi y el verdadero impacto que significó para su pueblo la participación en un hecho tan importante como esta poco feliz confrontación (y que no solo otorgó malestares al país del Sol Naciente, sino que también ayudó a su modernización y desarrollo de una industria que antes no existía, tal como queda demostrado en su metraje). 
       Empero se trata de un trabajo de poca acción, lo mismo que escaso de aventura, desarrollándose todo de manera bastante lenta, de modo que para más de alguien puede ser un filme difícil de digerir y hasta aburrido; no obstante una cosa es que para muchos pueda ser no de su gusto (como en mi caso, si me permito ser sincero) y otra negarle sus muchas virtudes, que en todo caso estamos hablando un obra multipremiada, alabada por expertos y que más encima proviene de alguien de la talla del viejo maestro…
       La presencia de los aviones y su importancia para el argumento, como también la elección de contarnos a su manera esta historia por parte de su responsable, refleja una vez más su pasión por estos artefactos (tal como en Porco Rosso, si bien maquinarias de estas han salido en gran parte de su filmografía); pues ellos independientemente de su papel en la conflagración, son representados con gran belleza y al igual que sus constructores y pilotos, se les otorga una naturaleza que los encumbra por sobre el resto.
       Cabe mencionarse que su protagonista es un personaje real de la historia del Japón, Jirō Horikoshi, quien diseñó el más importante avión de la armada japonesa hasta aquellos años y con el cual esta participó en la Segunda Guerra Mundial en sus combates contra el enemigo, incluyendo el ataque a Pearl Harbor.   Pues tal como al menos es retratado en esta cinta, inspirado por el italiano Giovanni Caproni y sus aviones, siendo un niño se enamoró de estos aparatos y ello termina por llevarlo a convertirse en tan destacado hombre para su patria.  El italiano y Horikoshi nunca llegan a conocerse, no obstante en el mayor tono mágico de esta película, ambos logran conectarse a través de sus sueños y entablando a lo largo de los años, una amistad en la cual Caproni se convierte en uno de los maestros del protagonista; la mayor enseñanza que le deja el europeo al asiático, es que su talento no es algo para la guerra, sino que va más allá: la oportunidad para crear otro tipo de belleza, con máquinas que pueden otorgar al ser humano la oportunidad de volar (de este modo Miyasaki incorpora una vez más su discurso antibelicista, tal como antes lo pudimos ver en Nausicaä y La Princesa Mononoke y donde la guerra queda representada como algo atroz, que destruye tanto la naturaleza, como a nuestra humanidad).
         Siguiendo con la trama de esta obra, vemos además los problemas que tiene el joven ingeniero a la hora de llevar cabo su proyecto, ya sea en su propio país y con el estado militarista que había en aquel entonces, como en Alemania cuando se va a estudiar los avances en dicho campo por parte de los germanos.  Esta situación permite adentrarnos en lo que estaba pasando en aquel tiempo con ambos países, la crisis social, ideológica y espiritual de estas dos naciones que optaron en esa época por el belicismo y el imperialismo. Es así que en el caso de Japón, se muestra cómo al gobierno solo le interesa sacar provecho militar de los logros de Horikoshi y su equipo, algo que por supuesto para este no era de su gusto; en cambio con los alemanes se muestra su racismo incluso para con sus aliados, la paranoia que los embargaba y la oposición al régimen de Hitler, representada en la figura de un personaje bastante llamativo y de connotaciones casi sobrenaturales (destacables son los ojos con los que es dibujado, por completo distintos a los de los demás, con lo cual se acentúa su naturaleza especial).
        Pero no solo abarca  la vida profesional del protagonista este filme, sino que también la preciosa relación con su hermana pequeña, bastante estrecha y en particular su vida sentimental con la mujer a la que conoce en muy particulares circunstancias.  Tal como su fraternidad onírica con Caproni, el romance entre estos dos se extiende por años, en algo así como la idea del destino por cuanto ambos (ingeniero y amante), debían estar en la existencia de este para que se convirtiera en un hombre integral.  El amorío entre ambos comienza como algo casi idílico, aunque luego toma ribetes trágicos y que no obstante reafirma la nobleza de este y su calidad como persona extraordinaria.  Justamente algunos de los momentos más emotivos de la película, tienen que ver con la historia de amor entre Jirō y Naoko.
         La crítica que hace Miyasaki más que referirse de mala manera a sus conciudadanos y cómo se comportaron durante la Segunda Guerra Mundial (en especial el gobierno), es una invitación a la reflexión acerca de las oportunidades que tenemos para aprender de nuestros errores.  Pues queda patente el amor que tiene el director hacia su gente, lo que se puede observar cuando de manea tan visual se escenifica el terremoto de Kanto de 1923 y que pese al realismo con el que se representa, viene a dársele cierto cariz sobrenatural (dejaré a quienes no han visto el filme o no se hayan dado cuenta de ello, que reconozcan este detalle).   Teniendo en cuenta lo mencionado con anterioridad, luego de la catástrofe y sus devastadoras consecuencias, se presenta al pueblo japonés superando todo esto no solo con optimismo, sino que dando el ejemplo a la hora de seguir adelante.   Los japoneses en su mayoría son caracterizados como personas alegres, acostumbradas a apoyarse (a través del trabajo en equipo), respetuosas de los demás y laboriosos, todas ellas virtudes identificables a lo largo de esta película.

No es una fotografía, si no que una imagen de este filme en los momentos del terremoto.

        El papel del dolor (como una instancia para definir el carácter de las personas) y de la muerte, teniendo en cuenta la atmósfera más dramática de este título, toma también en este caso un papel destacado, algo que en otras cintas de Miyasaki apenas había sido esbozado.  En todo caso ello se representa de manera sutil, pues nunca se aleja del preciosismo propio de su autor, y dejando de lado lo melodramático, para contarnos una historia que si bien no es “infantil”, no pierde la estilización de los filmes del estudio Ghibli, que en general pretenden ser obras de corte familiar.
        Volviendo a los sueños de Horikoshi, tal como se mencionó más arriba, es durante sus escenas que podemos reconocer al Hayao Miyasaki maravilloso y que tantas imágenes hermosas nos ha regalado con sus otros trabajos.  Los simbolismos detrás de estos momentos, sus diálogos tan significativos y en especial el círculo que se abre con el primer sueño del protagonista y el último, nos devuelven a ese autor que pese a todo se echa de menos en el resto de esta obra.
         Jao Hisaishi, el colaborador musical habitual del director, vuelve a crear composiciones para su cine.  No obstante en esta ocasión pareciera no estar tan inspirado e incluso la canción de los créditos finales, tampoco resulta tan memorable como otros temas vocales para el cine de Miyasaki (bueno, quizás tendría que volver a ver la película o escuchar la banda sonora aparte, como para hacerme una idea más cabal al respecto). 

Una de las tantas preciosas escenas oníricas de este filme. 

domingo, 18 de diciembre de 2016

¡Hasta pronto, “Person of Interest”!


     Luego de 5 exitosas temporadas y 103 episodios llenos de emoción, este año terminó una de las series más originales de la televisión gringa de la presente década: Person of Interest.  Se trata de un título que se mueve entre la ciencia ficción y el policial, donde un grupo de sujetos con un pasado oscuro, buscan su redención mientras salvan la vida de todo tipo de personas ayudados por La Máquina, una inteligencia artificial que las avisa quiénes están en peligro.  La verdad es que su argumento es mucho más complejo que lo dicho en este escueto resumen, siendo además que su gran fuerza de radica en la carismática caracterización de sus protagonistas, entre héroes y villanos, que tras finalizado el programa a más de un espectador lo mantuvo involucrado en el destino final de todos estos (y de seguro con una que otra lágrima sacada a su auditorio).
     La última temporada fue breve para quienes estábamos acostumbrados a más capítulos por año, pues de tener más de 20 en las cuatro anteriores, en este caso solo tuvo 13.  En todo caso al menos se mantuvo la calidad argumental que no hizo mella en lo conseguido hasta ahora, pues en sus guiones se nota que fueron escritos con esmero y que no se terminó todo de manera apresurada como sí pasó con otros casos como Fringe y Medium, cuyas últimas temporadas respectivamente también fueron breves y desearon mucho que desear al compararlas con las otras.  Por lo tanto se puede decir que la finalización del show creado por J. J. Abrams y John Nolan viene a ser redondito y desde su primer episodio, el cual siguió la tendencia de una larga trama desarrollada de manera progresiva (dejando casi de lado los capítulos unitarios que había tenido en el pasado), se llegó a contar con éxito el fin de la guerra contra su mayor enemigo: la otra IA Samaritan y sus secuaces humanos, en la lucha por el libre albedrío defendido por Harold y sus amigos, para evitar el control de los otros que deseaban una especie de totalitarismo cibernético.
Precioso fan-art basado en este programa.
     Tras los acontecimientos finales de la cuarta temporada, que separaron a uno de los integrantes del equipo de Finch del resto y luego los obligaron a tomar medidas desesperadas para salvarse del acoso de sus enemigos, como también a arriesgar a la misma Máquina para evitar que cayera en manos equivocadas, el comienzo del fin muestra a nuestros justicieros haciendo lo posible por adaptarse al nuevo status quo; por lo tanto, ahora deben devolver a su IA al funcionamiento normal, rescatar de las garras de Samaritan a Shaw y encontrar la manera de conseguir la victoria, aun cuando todas las proyecciones dicen que tienen las de perder.  No obstante la esperanza es lo último que se pierde, más todavía cuando estamos hablando de gente tan capaz y noble como Harold, John, Lionel y Root, quienes además continúan contando con la preciosa ayuda de uno sus antiguos rivales, hace rato convertido en aliado y amigo, más otros que inesperadamente les tienden la mano. 
     Sameen Shaw solo reaparece en escena en el cuarto capítulo (ya se le echaba bastante de menos) y lo hace demostrando de inmediato la valía de su corazón.  Por otro lado, acá queda de manifiesto más que nunca sus sentimientos por Sam “Root”, relación lésbica que antes se tomó con cierto humor y que ahora toma ribetes serios y hasta heroicos.  El cambio positivo por el que ha pasado quien fuera considerada una verdadera sociópata, nos da señales acerca de lo que puede hacer el amor, llegar a conocer a la gente indicada para remecernos, tener buenos amigos a nuestro lado y encontrar su sentido a nuestra vida, que pueda otorgarnos la plenitud que en realidad todo el mundo desea.
      Respecto al párrafo anterior, no puede ser más cierto el valor de la amistad que tan primordial se hace en Person of Interest; pues cabe recordar que antes de que todos estos justicieros (¿o vigilantes?) llegaran a formar esta particular familia, cada uno de ellos era alguien solitario (bueno, quizás no tanto Harold Finch) y se encontraba sumido en su propia miseria.  De este modo la escena final del segundo episodio, con la mayoría del grupo tomándose un descanso en medio de un picnic, viene a ser lo que uno quisiera para quienes bien deseáramos felices tras tantas acciones loables.
      Aparte del genialmente creado e interpretado villano de John Greer, el hombre detrás del ascenso de Samaritan, se introduce a un nuevo enemigo y quien sin embargo se trata de un peón más en los juegos maquiavélicos del primero, para conseguir sus objetivos: Jeff Blackwell, un ex presidiario que en el episodio número 1 de la temporada fue una de las “personas de interés” de nuestros héroes y que luego fue tentado por Samaritan y su gente, hasta que poco a poco fue cayendo en la vorágine de sus manipulaciones.
      Llama la atención de que Amy Acker, la sin par Root, le vuelve a tocar interpretar dos papeles diferentes hacia el final de un programa, pues en la última temporada de Angel (donde la conocimos) también tuvo que encarnar a dos personajes y demostrando con ello su versatilidad para hacer roles tan distintos ¿Será acaso coincidencia o se trata de un guiño a la serie sobre el vampiro con alma?
      Ya se ha hablado con anterioridad en los posteos de las otras temporadas, acerca de la naturaleza propia del cómic superheroico de este programa, por lo que ahora no me detendré en mencionar los aspectos respectivos; no obstante sí destacaré los temas del autosacrificio y la existencia de mártires en la guerra contra el mal, que acá vuelve con más fuerza desde la recordada muerte de uno de los protagonistas en la tercera temporada; pues teniendo en cuenta lo complicado que tienen los protagonistas para ganar la contienda, resultaría poco creíble que no hubiera al menos una baja entre los buenos.  Es entonces que llegamos al emblemático capítulo nº 100, para toda serie que se precie de haber llegado a este número: Pues acá fallecen con gran impacto dos de los personajes más queridos.  Luego en el último capítulo, nos vuelven a golpear con las ideas de la fragilidad humana y la pérdida de los seres humanos; no obstante todo esto recalca como nunca el valor de quienes luchan por sus ideales.
       Antes de que todo acabe, habría sido maravilloso reencontrarse con gente como Carter y Zoe, carismáticas féminas que tantos buenos momentos le dieron a la serie y al público.  Sin embargo reaparecen otros recordados personajes, ya sea a través del recuerdo, el presente e incluso por medio de las realidades alternativas.  En todo caso debe decirse que el final mismo no puede ser más sensible, lleno de sorpresas y sin dudas que a la mayoría de los seguidores de Person of Interest dejó satisfechos. 
      No me queda más que dar las gracias por tantas horas de entretención y los bellos recuerdos de sus historias y protagonistas.
Un precioso regalo para esta Navidad que se avecina: la serie completa en blu-ray
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