sábado, 13 de septiembre de 2014

Un Cuento de Navidad para Batman: “Noël” de Lee Bermejo.


    Una clásica y particular tradición en las narraciones de origen anglosajón, son las historias navideñas, siendo su máximo exponente literario la ya archiconocida Canción de Navidad de Charles Dickens; esta obra casi ha llegado a opacar a los trabajos de Shakespeare, al Drácula de Bram Stoker, al Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle y al Frankenstein de Mary Shelley, debido a las tantas versiones que ha tenido para el cine, la televisión, los cómics y otras expresiones artísticas que año a año se suman a una larga lista.  Cabe hacer notar también que muchos autores inspirados en obras como las ya señaladas, libros capitulares dentro de sus géneros, han realizado sus propios trabajos que les han rendido tributo, en lo que también recibe el nombre de intertextualidad, por cuantos estos títulos posteriores hacen mención directa o indirecta a dichos textos…
   …Hace un buen tiempo ya que el cómic ha logrado ocupar su sitial como verdadera expresión de arte, independientemente de sus características populares y humildes orígenes como medio de entretención y escapista, muchas veces relacionado con las lecturas de corte infantil… ¿Y que pasa cuando mezclamos la añeja costumbre de contar relatos navideños, con la preocupación por hacer una historieta de verdadera calidad argumental y gráfica? Respuesta: que entonces nos encontramos con un título como el que se menciona más arriba, Batman: Noël de Lee Bermejo.
Lee Bermejo (el que está dibujando, claro).
    Bermejo comenzó a trabajar en las historietas del Señor Oscuro como dibujante allá a principios de la década pasada y sólo tiempo después dio el salto en sus viñetas en la labor también de guionista.  Desde un principio su versión sobre el Caballero de Ciudad Gótica acaparó la atención de sus seguidores, primero por sus estilizados dibujos comparados sólo a artistas perfeccionistas como Jim Lee y Alex Ross.  De hecho con Lee comparte la misma técnica “esculpida” y donde los rostros y cuerpos de sus personajes se ven detallados con dedicación, destacando la musculatura de estos; en cuanto a Ross, la labor de Bermejo es casi tan realista como la suya, heredera de la sofisticada estética del llamado realismo socialista (que tanto brilló en su momento entre los rusos, chinos y otros países de la Cortina de Hierro).  Luego la personal manera de interpretar a Batman, tan suya, no deja lugar a dudas de que cuando se ve una de sus tantas ilustraciones acerca del Murciélago, se está frente a una de las mejores visiones gráficas sobre éste y que bien posee su propio sello particular que lo diferencia de otros dibujantes (como ya lo es el mismo Batman de Alex Ross, el de Frank Miller, el de Bruce Tim, el de Neal Adams y el de Mike Mignola).  Su Batman usa un traje de cuero que se nota hecho a mano (tan de “detective”), lleno de bolsillos para guardar gran parte de sus famosos artefactos y con una capa articulada que rememora la hecha por Bob Kane en sus inicios, la que a su vez se inspiró en un bello boceto de Leonardo da Vinci, basado a sí mismo en las alas de los quirópteros.
     La carrera de Lee Bermejo ha conocido verdaderos logros, siendo algunos de sus más grandes éxitos las novelas gráficas Luthor y Joker, donde hizo los lápices para sendas historias escritas por otro grande de los cómics, en el grupo de los guionistas, claro: Brian Azzarello.  En el caso del cómic acerca del Payaso del Crimen, su interpretación acerca de éste no puede ser más grotesca y se encuentra claramente basada en la vista en el filme Batman el Caballero de la Noche de Christopher Nolan; en ambas, tanto el filme como en la historieta, el Guasón se muestra como un sujeto que se ha cortado a sí mismo la comisura de los labios para “extender” su sonrisa. 
    No se puede dejar de lado la contribución de la colorista italiana Barbara Ciardo, quien logró estar a la par del maestro Bermejo, otorgándole a sus acabados la acuarela perfecta, donde logró acentuar lo gótico por un lado y por otro la calidez del brillo según el argumento lo requería.  Su contribución es sin vacilaciones todo un aporte y no deja de causar en el espectador maravilla, pues potencia como nunca la belleza del arte del dibujante. 
     Conocida por gran parte del mundo, incluso entre quienes no leen, es la ya mencionada más arriba Canción de Navidad de Charles Dickens.  En esta obra, que transcurre en una sola noche, la llamada Noche Buena de Navidad, quien fuera un hombre famoso por su egoísmo y amargura, Ebenezer Scrooge, realiza un viaje en el tiempo acompañado de tres poderosos espíritus; ellos lo hacen cambiar, de modo de que éste mismo descubra el verdadero sentido de la Navidad y con ello se convierta en un mejor ser humano…Pues bien, Batman: Nöel inicia con una sentida dedicatoria del artista Lee Bermejo a su abuela, quien le regaló a éste su primer libro de Dickens; de este modo es posible darse cuenta cómo un buen libro y una genial historia pueden marcar para siempre la vida de una persona.   Con textos que bien parecieran ser extraídos de la misma obra clásica de Dickens y que sirven para ambientar esta especial historia sobre Batman, tal cual la vieja narración que la inspira, transcurre todo en la noche de Navidad, siendo el propio Señor de la Noche quien se encuentra con tres personajes importantes para él.  La visita de cada uno de ellos resulta ser lo suficientemente significativa, como para terminar dejándole una lección de vida, que hacia el final de esta novela gráfica, se traducirá en un emotivo cierre como es tradicional en este tipo de obras.
    Considerando lo expuesto en el párrafo anterior, aquí es el Murciélago quien hace de Scrooge, ya que si bien Batman hasta antes de esta aventura no es un sujeto tacaño, sí hasta cierto punto resulta ser algo misántropo y en medio de su cruzada justiciera, según se puede ver aquí, ha perdido el rumbo; pues se ha convertido en un sujeto tan amargado como su supuesto símil literario, a su vez que todo lo ve blanco y negro; a esto se le suma su carácter obsesivo que lo lleva a trabajar sin vacilaciones en plena Navidad, alejado de sus seres queridos, quienes bien quisieran compartir en esa fecha con él.  De hecho, en la mayor parte de las viñetas centradas en éste, se le puede ver con el rictus endurecido, siempre molesto o enojado, como si hubiese perdido el encanto de la vida.
     En la trama, Batman anda detrás de su más famoso enemigo, por supuesto que el Guasón, quien hace uso de un pobre hombre para sus oscuros propósitos.  De este modo paralelamente a lo que tiene relación con el Caballero Oscuro, se aborda el drama de este casi patético individuo y quien junto a su hijo, un niño que pese a la miseria de su circunstancia no ha perdido la candidez y la esperanza, hace lo posible por darle a éste la mejor Navidad posible…Es entonces que la existencia de ambos se cruzan, teniendo en medio al chico y al Guasón.  Cuando se produce el esperado encuentro final entre el bien y el mal, todo ello viene a ser nada menos que una extrapolación de la visita del Espíritu de las Navidades Futuras, del texto de Dickens, y que aquí se encuentra bajo la figura del villano.   Este “Espíritu” no tiene buenas intenciones como el original, sin embargo su intervención igual llega a ser esencial para cerrar el círculo, que permita la esperada conclusión. Al enfrentar el superhéroe a su némesis, lo que hace también es aceptar por fin su propia mortalidad y con ello consigue una nueva oportunidad para cambiar su postura negativa.
     Si al Guasón le corresponde en esta novela gráfica la tarea de representar al Fantasma de las Navidades Futuras (el cual viene a ser nada menos que el símbolo de la incertidumbre y de las múltiples posibilidades que corresponde a nuestro devenir)…¿Quiénes vienen a ser entonces los otros dos espíritus? Pues bien, otro personaje icónico en la cronología del Cruzado toma la labor de ser el Fantasma de las Navidades Pasadas y tal honor le corresponde nada menos que a la carismática Gatúbela; esta ladrona de buen corazón y que tiene su historia personal con el Enmascarado, hace su entrada en la historia de forma inesperada.  Bermejo hace que Gatúbela invite a Batman a recordar sus antiguos encuentros y con ello realiza un homenaje a los cómics de la Edad de Plata, mostrándola con sus antiguos atuendos, al igual que al superhéroe, y cuando era una dama mucho más peligrosa que en la actualidad (a su vez es posible ver a Robin como en aquellos tiempos).  Los diálogos entre estos dos demuestran el verdadero carácter de la ladrona, sus sentimientos por Batman y la misma oscuridad en la cual se encuentra éste último, de modo que queda claro por qué razón es necesario que tenga su propia epifanía hacia el desenlace de esta obra.
    
Superman/Batman según Bermejo.
Quienes saben de cómics y en especial de historietas de DC, tienen la seguridad de que si Batman representa a la noche y al miedo, Superman es la otra cara de la moneda, simbolizando el día y la esperanza.  Es así que le corresponde al Hombre de Acero hacer en esta obra del Fantasma de las Navidades Presentes, haciendo su propio aporte para que su colega y amigo recupere lo que ha perdido.  De este modo Bermejo y por igual la Ciardo, le otorgan al kryptoniano un aire sobrenatural, mágico, donde queda de manifiesto su inmenso poder y gran corazón en las viñetas que aparece; pero es más  con la labor de Barbara Ciardo, que se le otorga a Superman una luminosidad tan cálida y divina, que no hay lugar a dudas de que el Azuloso es un ser extraordinario.  Queda de manifiesto en el encuentro entre estos dos, la oposición de métodos y de personalidad entre los más grandes superhéroes de DC y que sin embargo se complementan entre sí, dejando de lado sus diferencias, hasta a llegar a convertirse en compañeros y en íntimos.   A todo esto, al contemplar el traje con el que aparece Superman, es posible darse cuenta que esta historia se haya fuera de la continuidad del actual Universo DC, ya que si bien fue hecha en el año de 2012, el Hombre del Mañana no usa el traje de los llamados Nuevos 52, que son los cómics de la actual cronología DC; de este modo en esta obra lleva el antiguo equipo de “los calzoncillos rojos sobre los pantalones” y no la armadura kryptoniana con la cual se le conoce hoy en día.

     Nöel es uno de los tantos nombres que se le da a Santa Claus, conocido en Chile como Viejito Pascuero.  Al llevar en su título dicha palabra esta novela gráfica, queda de manifiesto su naturaleza navideña, aún cuando ésta no deja de poseer un carácter mucho más adulto que la aleja de las historias más edulcoradas de este tipo.  Es claramente un relato navideño, aunque para adultos, si bien está clara su deuda con la novela de Charles Dickens, aunque su final posee la cuota de esperanza que se esperaría en una historia como ésta y exponiendo la noción de que todo el mundo merece ser feliz (más todavía tratándose de Batman).

La portada completa que hizo Lee Bermejo para este celebrado cómic.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Sherlock Holmes Nuestro (1° parte).



     Dedicarle nuestro tiempo a la literatura (incluso cine) policial es referirse sin duda a su personaje más destacado y reconocido incluso por aquellos que no leen (ni ven) este tipo de historias, Sherlock Holmes; hablar sobre éste ultimo es sin duda traer a colación a su creador, el escritor inglés Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930).  Es así que ambos se encuentran profundamente ligados, a tal punto que si bien el autor fue capaz de realizar una obra que lejos fue más allá de sus escritos en torno al personaje, gracias a un montón de textos que incluyeron ciencia ficción, terror, narrativa histórica y poesía, su más famosa creación llegó casi a eclipsarlo, a tal punto que sólo los más entendidos conocen sus títulos fuera de la saga de Holmes (y de hecho célebre es el hecho de que aburrido de tanto escribir sobre el detective, se decidió por “matarlo” en una de sus narraciones, pero al final agobiado por las constantes cartas de sus lectores, tuvo que regresarlo a la vida).
     Como personaje ya inmerso en el ideario colectivo y recurrente en un sinnúmero de expresiones artísticas y mediáticas posteriores a la de su génesis (a través de cómics, videojuegos, películas, seriales, etc.), Sherlock Holmes ha sido abordado con posterioridad por otros escritores y muchos de ellos ya consagrados como Stephen King y Neil Gaiman. Se han filmado tantas películas y programas televisivos sobre su figura, que se tendría que agregar un extenso listado para nombrar todas estas adaptaciones; no obstante se quisiera mencionar la interpretación de un actor de la talla del fallecido Peter Cushing, como a una de sus mejores versiones en carne y hueso (en este caso para la televisión) y la más reciente llamada simplemente Sherlock, que como la anterior es una producción de la prestigiosa BBC de Londres, siendo que ella transcurre en el presente y  pese a ello se encuentra basada en los textos originales escritos por Conan Doyle.  Por último, no se puede dejar de lado la creativa adaptación animada japonesa y en la que participó nada menos que un maestro del anime, Hayao Miyasaki (a quien pronto en este blog se le comenzarán a dedicar una serie de artículos/ensayos), quien dirigió 6 de sus 26 episodios en total y que le otorgaba a sus personajes apariencia de animales antropomorfizados.   A su vez dentro de la misma relación entre Sherlock Holmes y animación japonesa, se encuentra la exitosa serie anime titulada Detective Conan, basada en el manga homónimo de Gosho Aoyama; en ella queda claro que el nombre de su protagonista, es  nada menos que un homenaje a Sir Arthur Conan Doyle, debido a su gran contribución para el género policial.
El ídolo: Sir Arthur Conan Doyle.
      Un detalle curioso respecto al gran rol de Holmes en la cultura popular, es que la gente lo identifica sin lugar a dudas usando pipa de tabaco y a manera de vestimenta un gorro bastante característico en él.  Pues bien, la pipa está sacada sin duda de las descripciones suyas en los relatos originales, sin embargo en cuanto al sombrero, éste se agregó a su canon debido al impacto de una de sus tantas adaptaciones audiovisuales, ya que en los textos escritos no aparece.   También mucha gente ha escuchado o leído por ahí la cita que dice “Elemental, mi querido Watson” y que se le adjudica a Sherlock Holmes en sus habituales conversaciones con su gran amigo…No obstante esta oración tampoco aparece en las obras literarias y sin embargo ha llegado a formar parte de la tradición popular en torno a él, gracias a la influencia de las películas y/o seriales sobre Holmes y de donde se originaron estas palabras. 
     En cuanto al plano específicamente literario de estas obras, si bien cada una de las historias está hecha para hacer brillar el genio y figura de su protagonista, la narración corre por parte de otro personaje de vital importancia, el doctor John Watson; éste es el mejor amigo del investigador y además de acompañarlo en todos sus casos, se encarga de llevar un registro a manera de crónicas y/o memorias de las aventuras de su camarada.  De este modo los textos se encuentran escritos usando el narrador testigo, siendo éste sin dudas Watson, como bien queda detallado en estas líneas:

     “Para Sherlock Holmes, ella es siempre la mujer. Rara vez le oí mencionarla de otro modo. A sus ojos, ella eclipsa y domina a todo su sexo. Y no es que sintiera por Irene Adler nada parecido al amor. Todas las emociones, y en especial ésa, resultaban abominables para su inteligencia fría y precisa pero admirablemente equilibrada. Siempre lo he tenido por la máquina de observar y razonar más perfecta que ha conocido el mundo; pero como amante no habría sabido qué hacer. Jamás hablaba de las pasiones más tiernas, si no era con desprecio y sarcasmo”.

    “Un día de otoño del año pasado, me acerqué a visitar a mi amigo, el señor Sherlock Holmes, y lo encontré enfrascado en una conversación con un caballero de edad madura, muy corpulento, de rostro encarnado y cabellos rojos como el fuego. Pidiendo disculpas por mi intromisión, me disponía a retirarme cuando Holmes me hizo entrar bruscamente de un tirón y cerró la puerta a mis espaldas”.

     No obstante también buena parte de la narración corre por parte de otros personajes, quienes involucrados en los distintos casos en los que se inmiscuyen los protagonistas, se encargan de contar sus propias vicisitudes, mientras confiesan su participación en los eventos señalados.
     La pareja que conforman Holmes y Watson resulta ser una de las más famosas en la historia de las ficciones.  En un principio ambos vivían en el mismo edificio, ya que rentaban juntos sendas habitaciones para ahorrar dinero; luego Watson se casó, lo que en todo caso no fue motivo para que se siguieran viendo seguido y el doctor acompañara a Sherlock en sus casos policiales.  Como bien sucede en este tipo de relaciones fraternarles, existe una clara complementariedad entro los dos, ya que, por ejemplo, siendo Holmes quien acapara siempre la atención debido a su personalidad extrovertida, Watson resulta ser mucho más retraído, si bien ambos comparten varios aspectos como lo son el respeto por la ley y el orden, la caballerosidad, como también la inteligencia (aunque lejos el detective supera en intelecto al doctor), entre otros aspectos.
     Conan Doyle escribió un montón de cuentos y varias novelas sobre su más famosa creación literaria.   El primer libro con Holmes de protagonista corresponde a la famosa novela titulada Estudio en Escarlata.  Luego le siguió a esta obra un primer volumen de cuentos, de nombre Las Aventuras de Sherlock Holmes y al cual se le dedican dos entradas en este mismo blog, debido a la enorme extensión que podría tener un solo trabajo sobre los 12 relatos que lo componen.  En total escribió 4 novelas y 56 cuentos sobre las andanzas del detective, las que se recogieron en varios tomos compilatorios. 
     Los cuentos que forman parte de este inicial tomo de relatos cortos sobre Sherlock Holmes, transcurren en distintos periodos de la fraternidad de sus dos protagonistas y no necesariamente están ordenados temporalmente; de este modo algunos de sus títulos en él contenido, corresponden a fechas anteriores a la de los primeros casos del libro, de modo que para hacer una cronología sobre el detective, se tendría que estructurar de otra forma su disposición en esta colección.

Uno de los mejores Sherlock Holmes para la televisión y el cine, el de Peter Cushing.
1- Un Escándalo en Bohemia.

     El primer relato del tomo, pese a lo que esperaría cualquiera, no trata sobre un crimen, aunque sí sobre un particular misterio y sobre el cual se le pide a Sherlock Holmes que lo resuelva.  Un extraño hombre ataviado de la forma más estrafalaria, llega hasta donde el célebre agente de la justicia, para pedirle que recupere un objeto sencillo, pero el cual bien podría crear grandes problemas y que implicarían la paz de toda una nación.  La involucrada en todo esto resulta ser una despampanante mujer, quien contra lo que se esperaba de un sujeto medianamente misógino como Holmes, logra acaparar su atención tanto por su inteligencia, como por su belleza capaz de deslumbrar a más de un varón.  Uno de los puntos más significativos de esta narración, radica en el hecho de que la fémina en cuestión llega a estar por sobre la misma astucia de Sherlock, hecho que luego éste reconocerá en más de una ocasión sin vergüenza.  Que alguien como este protagonista sea capaz de aceptar a este nivel su propia vulnerabilidad, enfatiza los aspectos más humanos de alguien que en gran parte de los textos dedicados a su figura, es personificado como alguien por completo sobresaliente entre sus congéneres.  Por otro lado, la singular “pilla” de esta historia no cae en el estereotipo de la mujer malvada, si no que sus intereses van en otra dirección.
     Otro elemento valioso del relato, viene a ser cómo se describe en parte el mundo de la realeza, realidad que para un lector de nuestros tiempos y de una cultura en la cual personajes como estos sólo existen en las ficciones más fantasiosas, resulta algo muy diferente a lo que uno está acostumbrado (siendo que cuando fue redactado el cuento mismo, esto era parte del diario vivir de millones de personas).

2- La Liga de los Pelirrojos.

     Uno de los casos más conocidos y originales dentro del enorme repertorio dedicado a Holmes, trata sobre otro tipo de actividad ilegal, que para nada tiene relación con el típico hecho de sangre.  En pocas palabras se trata de un especial embuste, cuya realización atiende a un plan mucho más mayor por parte de sus perpetradores. 
    El cliente en esta ocasión resulta ser una persona no muy avispada, quien apenas tiene idea de la situación en la cual se encuentra inmerso, puesto que acude a Holmes por una cosa en concreto; al final la investigación misma de parte del detective, desentraña la verdadera naturaleza del engaño y en el cual ha caído su nuevo cliente.
    Justo cuando el lector puede creer que la dichosa “liga” se trata de un grupo de malhechores, ésta resulta ser algo por completo diferente; no obstante queda claro que el hombre que esta vez solicita a Holmes sus servicios, viene a ser su inesperada víctima.
    Con cierto humor irónico, el cuento presenta a un delincuente del cual el mismísimo Holmes reconoce sus virtudes para la criminalidad, haciendo referencia a un encuentro previo con éste; cabe al seguidor de las aventuras del personaje creado por Conan Doyle, averiguar si está escrita o no dicha historia previa.
    Hacia el final el detective se apoya en otras figuras de autoridad para conseguir la victoria, lo que demuestra cierta faceta del protagonista, sobre su capacidad para sociabilizar y trabajar en equipo (pues sin duda en atención al bien común y a salvaguardar la justicia, es debido reconocer el valor de los demás en los trabajos más complejos).

3- Un Caso de Identidad:

    Otro misterio por completo diferente a muchos de los cuentos que componen este valioso tomo y el cual sin tratarse de un delito que implique hacer uso de todo el poder de la ley, sí posee una carga de tipo moral, por cuanto los culpables para Holmes merecen algún tipo de escarmiento.  Un punto destacable de la historia, es que aparte de ser profundamente entretenida e intrigante, la pequeña reflexión que hace su protagonista una vez develado el enigma, expone sin vacilaciones la propia piedad de alguien que se supone niega los sentimentalismos; asimismo queda claro a manera de moraleja, que la maldad y la codicia pueden tener muchas formas, incluso las más sutiles.
   
Antigua y preciosa publicidad de una de
las tantas adaptaciones para el teatro del
personaje.
La historia trata acerca de una acongojada dama que le pide a Holmes, que le ayude a encontrar a su amado y quien de la noche a la mañana desapareció, dejándola en las puertas de la iglesia el día en que debía ser su boda.  Resulta muy atractiva la forma en la que el detective encuentra al perdido y cómo se entera de ciertos aspectos secretos acerca de su verdadera identidad; es al respecto que una máquina que por tanto tiempo influyó en la sociedad y a la que en plena época en que se escribió este cuento le quedaba mucho tiempo aún de popularidad, se transforma en la herramienta de Holmes para sacar a relucir sus dotes deductivas.  Hacia el final el relato posee su pequeña cuota de humor.   He aquí un fragmento que puede ilustrar mejor que estas mismas palabras, la extraordinaria forma en que Sherlock resuelve este misterio:

    ––Es muy curioso ––comentó Holmes–– que una máquina de escribir tenga tanta individualidad como lo que se escribe a mano. A menos que sean completamente nuevas, no hay dos máquinas que escriban igual. Algunas letras se gastan más que otras, y algunas se gastan sólo por un lado. Por ejemplo, señor Windibank, como puede ver en esta nota suya, la «e» siempre queda borrosa y hay un pequeño defecto en el rabillo de la «r». Existen otras catorce características, pero éstas son las más evidentes.
     ––Con esta máquina escribimos toda la correspondencia en la oficina, y es lógico que esté un poco gastada ––dijo nuestro visitante, mirando fijamente a Holmes con sus ojillos brillantes.
     ––Y ahora le voy a enseñar algo que constituye un estudio verdaderamente interesante, señor Windibank ––continuó Holmes––. Uno de estos días pienso escribir otra pequeña monografía acerca de la máquina de escribir y su relación con el crimen. Es un tema al que he dedicado cierta atención. Aquí tengo cuatro cartas presuntamente remitidas por el desaparecido. Todas están escritas a máquina. En todos los casos, no sólo las «es» están borrosas y las «erres» no tienen rabillo, sino que podrá usted observar, si mira con mi lupa, que también aparecen las otras catorce características de las que le hablaba antes”.

4- El Misterio de Boscombe Valley.

    El ya viejo y recurrente tema del asesinato en sospechosas circunstancias es el leiv motiv de esta historia, siendo que un caso de estos es el que lleva a Holmes a realizar un viaje para descubrir la verdad sobre un crimen y además defender la inocencia de quien se cree que es el seguro asesino.  En un bosque un hombre muere de forma violenta y tras la investigación hecha por Sherlock es posible saber que su destino tiene clara relación con un pasado vergonzoso, en el cual más de una persona está ligada, incluyendo gente de buen corazón.
    Una vez más Sir Conan Doyle por medio de su pluma demuestra sus grandes conocimientos acerca del mundo que lo rodea, al abordar en la trama un hecho importante de su país en aquel entonces: las colonias británicas en Australia. 
    Por otro lado, el cuento vuelve a abordar la dimensión más humanizada de su célebre personaje, quien para ser un sujeto poco emotivo, vuelve a mostrar su capacidad para la piedad y que, pese a su gran racionalismo, es un hombre de fe religiosa:

     “––Bien, no me corresponde a mí juzgarle ––dijo Holmes, mientras el anciano firmaba la declaración escrita que acababa de realizar––. Y ruego a Dios que nunca nos veamos expuestos a semejante tentación.
      ––Espero que no, señor. ¿Y qué se propone usted hacer ahora?
      ––En vista de su estado de salud, nada. Usted mismo se da cuenta de que pronto tendrá que responder de sus acciones ante un tribunal mucho más alto que el de lo penal. Conservaré su confesión y, si McCarthy resulta condenado, me veré obligado a utilizarla. De no ser así, jamás la verán ojos humanos; y su secreto, tanto si vive usted como si muere, estará a salvo con nosotros”.

   Un detalle llamativo en los acontecimientos mostrados en esta obra, es cómo se manifiesta la relación entre el gran amigo de Holmes, Watson, y su esposa; quien como si fuera de lo más común, le dice a su marido que deje no más por un tiempo sus obligaciones profesionales, de modo de acompañar a Sherlock en su nueva aventura…¿Una posición demasiado adelantada a su época en cuanto a la “relación libre” de esta pareja o simplemente un recurso argumental del autor, para permitir que una vez más estos dos compañeros compartan sus aventuras? Queda a alguien más experto en la obra en torno al detective, dilucidar el pensamiento de su escritor y los convencionalismos de aquella sociedad, para aclarar por completo dicho aspecto.

5- Cinco Pepitas de Naranja.

     Uno de los cuentos más populares del más famoso detective, es a su vez todo un “documento histórico”.  Si ya en la primera novela sobre este mismo personaje, su autor se refirió a acontecimientos históricos propios de Estados Unidos y de la época en la cual escribió su obra, al tratar el tema de la existencia de la religión mormona en el ya clásico libro de Estudio en Escarlata, en este caso usó como recurso narrativo otro tema desconocido para la mayoría de sus lectores originales: el Ku Klux Khan (grupo de blancos racistas que asolaban a los ciudadanos negros en Gringolandia, usando una traje blanco que ocultaba sus identidades y llevando además unas puntiagudas capuchas).  Es así como en medio de un mundo que recién en aquella época comenzaba a globalizarse, si bien no contaba con los avances tecnológicos a los cuales estamos acostumbrados hoy en día, Sir Arthur Conan Doyle demostró su gran cultura general y conocimientos acerca del devenir de la ex colonia británica más importante.  De este modo se puede afirmar sin tapujos que Cinco Pepitas de Naranja, fue de seguro la primera obra de ficción en retratar parte de las bestialidades de tal nefasta comunidad (siendo que además esta fue retratada por un autor de otra nación en pleno funcionamiento de este detestable grupo y que luego hizo del dominio público internacional dicho conocimiento).  No obstante también cabe preguntarse hasta qué punto los lectores de aquellos años dieron por supuesto la verdad respecto al Ku Klux Khan o simplemente lo consideraron como un elemento más de la prodigiosa imaginación del escritor.
Digna de tener resulta ser esta versión en animé
del famoso detective.
   La narración comienza durante una jornada de lluvia torrencial, con mucho viento, el clima ideal para contarnos una historia que desde el principio acapara la atención del lector; de este modo la ambientación adelanta sin vacilaciones, la idea de que una historia de connotaciones siniestras está por conocerse (cabe recordar que como autor también de obras de género terrorífico, Conan Doyle se manejaba bastante bien en crear atmósferas ominosas).   En medio del hogar de Holmes y Watson irrumpe un joven, quien solicita la ayuda del famoso investigador: éste cuenta la historia de su solitario tío y de su padre, quienes tras recibir una misteriosa carta en la que venían cinco pepitas de naranja, fallecieron poco después en circunstancias sospechosas.  El hombre teme por su propia vida, pues ha sido él quien ahora ha recibido dicho correo.  Si bien la prodigiosa mente del detective logra identificar a los culpables de todas las desgracias, el cuento toma un giro inesperado al demostrar que por sobre cualquier control humano, hay un elemento fortuito que puede cambiar por completo el curso de acciones de las personas y que por ello nunca tenemos absoluto control de las cosas.

6- El Hombre del Labio Retorcido.

    Un texto como este, con un título tan ominoso, encierra más de un aspecto digno de comentar y que va más allá del caso que en esta ocasión le toca resolver a Holmes.  En pocas palabras lo que lleva al detective a hacer uso de sus dotes deductivas, pareciera ser algo de lo más común (y hasta cierto punto abordado en una de las historias anteriores): La extraña desaparición de un hombre y al cual la mujer que lo ama busca desesperadamente.  No obstante como se trata del trabajo de un genio como Arthur Conan Doyle, lo aparente encierra más de un detalle curioso y, por supuesto, este caso en concreto para nada consiste en una repetición de la misma idea, ni en una variación, si no que se convierte en la oportunidad de mostrar una vez más la gran capacidad fabuladora de su autor, como la propia inteligencia prodigiosa de su protagonista.
     En primer lugar se puede destacar aquí el hecho de que durante buena parte de su comienzo, el papel principal corre a manos de Watson, quien aquí tiene su propia aventurilla y con ello demuestra su virtuosismo moral; es en este segmento de la narración, que el lector de la actualidad puede conocer gracias a éste mismo uno de los aspectos más bizarros y menos gentiles de la sociedad victoriana: los fumaderos de opio.  Estos antros fueron muy populares en tal época a lo largo de Inglaterra, donde miles de hombres se entregaron a la droga de una forma que incluso hoy en día logra impactar.  La siguiente cita ejemplifica mejor todo esto:

     “A través de la penumbra se podían distinguir a duras penas numerosos cuerpos, tumbados en posturas extrañas y fantásticas, con los hombros encorvados, las rodillas dobladas, las cabezas echadas hacia atrás y el mentón apuntando hacia arriba; de vez en cuando, un ojo oscuro y sin brillo se fijaba en el recién llegado. Entre las sombras negras brillaban circulitos de luz, encendiéndose y apagándose, según que el veneno ardiera o se apagara en las cazoletas de las pipas metálicas. La mayoría permanecía tendida en silencio, pero algunos murmuraban para sí mismos, y otros conversaban con voz extraña, apagada y monótona; su conversación surgía en ráfagas y luego se desvanecía de pronto en el silencio, mientras cada uno seguía mascullando sus propios pensamientos, sin prestar atención a las palabras de su vecino. En el extremo más apartado había un pequeño brasero de carbón, y a su lado un taburete de madera de tres patas, en el que se sentaba un anciano alto y delgado, con la barbilla apoyada en los puños y los codos en las rodillas, mirando fijamente el fuego”.

     Luego puede hacerse notar el hecho de que el cuento en sí presenta dos paralelismos bastantes llamativos.  El primero de ellos tiene relación con el motivo que lleva a Watson a visitar el lupanar ya mencionado y que tiene que ver con la búsqueda de un hombre a quien su esposa reclama con inquietud; en este mismo sitio se encuentra con su amigo Holmes y quien por su cuenta busca a otro hombre desaparecido a solicitud de su señora.  Segundo, luego está el detalle de que la narración permite conocer una de los aspectos más llamativos de Holmes y que consiste en su habilidad extraordinaria para el disfraz y el maquillaje, lo que incluye un gran talento para la actuación (era de suponer que su fama de gran detective, inteligencia, capacidades físicas y virtudes para la personificación de otros sujetos, inspirarían a tantos guionistas a la hora de definir a un personaje como… ¡Batman!); luego aparece otro personaje cuya facilidad para el mismo tipo de teatro, llega a competir con la de Sherlock.
    En cuanto al final de todo esto, no deja de ser de lo más sorprendente, dejando claro que la verdad puede superar cualquier noción acerca de lo que uno puede esperar.  Por otro lado, no todo debe ser un verdadero crimen ¿No?

Un valioso tomo para tener en consideración: Todo Sherlock Holmes.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Después de la victoria vienen las verdaderas pruebas.


    El Pozo de la Ascensión es el título de la segunda novela de la saga Nacidos de la Bruma del escritor estadounidense Brandon Sanderson.  Publicada en el año de 2007, corresponde a la continuación “casi directa” de El Imperio Final (puesto que entre un título y otro ha pasado más de un año su desenlace).  En esta secuela es posible saber qué pasó una vez que los valerosos protagonistas de la revuelta contra el terrible Lord Legislador lograron derrocarlo y derrotarlo, consiguiendo por fin dar término a mil años de su rígido control; a su vez pudiendo acabar gracias a ello con el avasallamiento de parte de los nobles, como también de los llamados obligadores y los inquisidores, al humilde pueblo de los skaa.  De este modo, a los héroes en cuestión, o sea, a sus líderes mismos, les toca ahora aprender a gobernarse a sí mismos, de manera tal que cada uno de los estamentos que formam parte de la gran ciudad de Luthadel, logren vivir en armonía en este nuevo estado de las cosas…  Muchas historias épicas de este tipo, algunas medianamente realistas y otras más fantasiosas, llegaban hasta el punto de retratar la esperada victoria de quienes alguna vez fueron oprimidos ¿Pero qué venía después de todo esto? ¿Iba a ser todo tan fácil ahora o acaso se trataba del comienzo de otro tipo de empresa, que requería que se siguiera luchando ahora en un escenario distinto? Sobre todo esto trata esta igualmente entretenida, compleja, emotiva y recomendable novela, que hace que el lector de su predecesora la mire como a un trabajo lejos superior a esa joyita que es El Imperio Final.
     Si el primer tomo de la serie poseía un fuerte cariz político, en esta segunda entrega el tema del papel que cumplen las figuras de autoridad (políticas y religiosas) en una comunidad, en especial en los inicios de una nueva era y de verdaderos cambios sociales, toma un papel relevante y en especial al verse a través de la figura de varios de sus personajes.  Es así que esta mirada crítica mayoritariamente recae en gente como Elend y Vin, quienes vienen a ser los líderes políticos y religiosos respectivamente, ya que gran parte de la narración se detiene en ilustrar cómo cada uno de ellos va asumiendo su cargo, ya no como sujetos que deben encontrarse a sí mismos, si no que como individuos que para el resto vienen a ser la inspiración que los llevará a todos a conseguir el bien común; asimismo su sola presencia y ejemplo como sujetos extraordinarios, llega a convertirse en el punto clave que permite que muchos otros tomen las riendas de su vida y den su propia contribución para que el siguiente nivel en la revolución se dé.  Sin personas como estas, cabecillas y seguidores, como a su vez gente que propague entre el resto las nuevas tendencias, resulta imposible superar la desigualdad social (y más todavía si ello significa acabar con siglos de rígida tradición y un sistema rayano en la inmovilidad social).   Cabe recordar que al desarrollarse estos acontecimientos, los recordados Lord Legislador y Kelsier ya no se encuentran entre los suyos.  No obstante la carga del papel que cumplieron ambos en su mundo, no deja de hacerse presente, razón por la cual todavía siguen siendo importantes como dictador/dios y mesías; por lo tanto cada uno de estos serán las sombras, bajo las que se comparará a los más recientes líderes.
    El libro comienza cuando el reciente gobierno, mezcla entre democracia y monarquía, ve con horror que nuevos enemigos están al acecho; por esta misma razón es que todo se complica aún más cuando luego de que un ejército hostil se ubica fuera de las murallas de Luthadel, no sólo uno más, si no que dos nuevos se suman al asedio y con la intención de conseguir los supuestos tesoros de la ciudad.  Hace rato que ya no hay rebelión, puesto que el pueblo ya consiguió acabar con la antigua opresión, pero sí ahora se presenta una triple amenaza que llevará a las personas a encontrarse en un nuevo estado de intranquilidad y que hará cuestionarse a más de uno acerca de la validez real de haber acabado con el antiguo gobierno… ¿Habrán saltado de la sartén para caer en el fuego? Esa es una interrogante válida para muchos que a lo largo de casi 800 páginas intentarán responder (se) y además buscar la mejor solución para superar sus más recientes tribulaciones.
    Esta obra cobra a diferencia de su predecesora un tono coral, al centrarse los acontecimientos ahora en al menos cinco personajes (siendo no todos de un mismo bando, si no que de grupos contrarios), por lo que es posible conocer mejor lo que está sucediendo en lo que otrora fue conocido como el Imperio Final.  Es así que tanto estos personajes principales, como los secundarios, se encuentran tan bien desarrollados, que logran convertirse en entes entrañables y que aún en sus mismas flaquezas, no pierden sus humanidad que los lleva a ser, quizás, algunos de los mejores héroes y/o villanos de la literatura actual del género de fantasía (en otras palabras, son seres de ficción sin dudas llenos de aristas y tan llamativos, que bien el lector quisiera verlos personificados por grandes actores en una posible versión audiovisual).
    La novela nos regala a su vez dos especies fantásticas y maravillosas propias de este género, dedicándoles varios de los mejores momentos de la narración misma: por un lado se encuentran los monstruosos y grotescos koloss, seres a los que el narrador describe con premura y cuyas intervenciones se convierten en la delicia de los lectores ávidos de criaturas fabulosas (y de pesadilla); su especial naturaleza y anatomía los hace en verdad aterradores, si bien no dejan de causar curiosidad para quien desee saber más acerca de estos.  Con un papel mucho más neutral (o tal vez ambiguo desde el punto de vista moral) se encuentran los kandra, seres de casi desconocida configuración original y con la capacidad de tomar la forma de los seres humanos de quienes se comen sus cadáveres (y de otros seres vivos como se demostrará en el texto); estos cumplen un papel aún mucho más relevante en la trama, en especial porque uno de ellos se convierte en uno de sus personajes secundarios de mayor significancia; por otro lado, su misma sociedad se encuentra mejor detallada en sus páginas y posee aspectos que resultan más que interesantes y les otorga una sublimidad de la que carecen los mismos koloss.  A continuación un fragmento dedicado a estos últimos:

    “En la punta del árbol, Sazed decantó su mentestaño. Los bordes de su campo visual se nublaron, como siempre, pero con la visión aumentada pudo distinguir detalles del gran grupo.
      Tenía razón: era un ejército. Pero no de hombres.
      —Por los dioses olvidados... —susurró Sazed, tan sorprendido que casi perdió el equilibrio. El ejército estaba organizado de la manera más simple y primitiva. No había tiendas, ni vehículos, ni caballos. Sólo cientos de grandes hogueras para cocinar, cada una rodeada de figuras.
      Y esas figuras eran de color azul. Variaban en tamaño: algunas apenas medían un metro treinta, otras eran gigantescas masas de tres metros o más. Pero pertenecían a la misma especie, Sazed lo sabía. Eran koloss. Las criaturas, similares a los hombres en lo básico, nunca dejaban de crecer. Continuaban haciéndose más grandes a medida que envejecían, creciendo hasta que su corazón ya no podía soportarlo: morían debido al exagerado crecimiento de su cuerpo.
      Antes de morir, sin embargo, se hacían muy grandes. Y muy peligrosos.
      Sazed se bajó del árbol, haciendo su cuerpo lo suficientemente liviano para caer al suelo con suavidad. Buscó rápidamente en sus mentecobres. Cuando encontró la que quería, se la colocó en el antebrazo izquierdo y volvió a subir al árbol.
      Buscó un índice. En alguna parte había tomado notas de un libro sobre los koloss... Lo había estudiado intentando decidir si las criaturas tenían alguna religión. Había hecho que alguien le repitiera las notas, para poder almacenarlas en la mentecobre. Había memorizado también el libro, por supuesto, pero pasar tanta información en su mente hubiese deteriorado...
     Aquí están, pensó, recuperando las notas. Las decantó de la mentecobre, llenando su mente de conocimiento.
     La mayoría de los cuerpos koloss cedían antes de cumplir los veinte años de edad. Las criaturas más «ancianas» solían medir seis metros y eran fuertes y rechonchas. Sin embargo, pocos koloss vivían tanto, y no sólo porque les fallara el corazón. Su sociedad, si podía llamarse así, era extremadamente violenta.
     Más emocionado de pronto que aprensivo, Sazed decantó de nuevo estaño para poder ver, buscando entre los miles de humanoides azules, tratando de encontrar pruebas visuales de lo que había leído. No fue difícil detectar peleas. Los encontronazos alrededor de las hogueras eran habituales y, lo más interesante, siempre se producían entre koloss de casi el mismo tamaño. Sazed amplió su visión aún más, agarrándose con fuerza al árbol para vencer la náusea, y echó su primer buen vistazo a un koloss.
      Era una criatura de las pequeñas, quizá de metro ochenta. Tenía forma de hombre, con dos brazos y dos piernas, aunque su cuello era difícil de distinguir. Era completamente calva. El rasgo más extraño, de todas formas, era su piel azul, que colgaba en pliegues. La criatura parecía un hombre gordo al que hubieran quitado toda la grasa sin tensarle luego la piel.
      Y esa piel no parecía demasiado... sujeta. Caía bajo los ojos rojos e inyectados en sangre de la criatura, revelando los músculos faciales. Lo mismo sucedía alrededor de la boca: la piel caía unos centímetros por debajo de la barbilla, dejándole los dientes inferiores y la mandíbula completamente al descubierto.
      Era una visión repulsiva, sobre todo para un hombre que ya estaba mareado. Las orejas de la criatura colgaban, doblándose junto a la línea de su mandíbula. Su nariz era informe y suelta, sin cartílago que la sujetara. La piel le colgaba en bolsas en los brazos y las piernas, y su única ropa era un burdo taparrabos.
      Sazed se volvió y escogió para estudiarla a una criatura mayor, del unos dos metros y medio. La piel de aquella bestia no estaba tan suelta, pero seguía sobrándole. Tenía la nariz torcida en un ángulo extraño, aplanada contra el rostro, en una cabeza alargada que se apoyaba en un grueso cuello. La criatura se volvió para enseñar los dientes a un compañero, y una vez más la piel alrededor de su boca pareció no encajar del todo: los labios no se cerraban por completo, y los agujeros alrededor de los ojos eran demasiado grandes, así que revelaban los músculos de debajo.
     Como... una persona que llevara una máscara de piel, pensó Sazed, tratando de dominar su repulsión. Así que... ¿el cuerpo continúa creciendo pero la piel no?
     Su idea quedó confirmada cuando una bestia koloss enorme de tres metros de altura se acercó al grupo. Las criaturas más pequeñas se dispersaron y el recién llegado se acercó a la hoguera, donde estaban asando varios caballos.
     La piel de la criatura más grande estaba tan tensa que empezaba a rasgarse. La piel azul sin pelo se había roto alrededor de los ojos, en las comisuras de la boca y alrededor de los enormes músculos del pecho. Sazed vio hilillos de sangre roja manando de las costillas. Incluso donde la piel no estaba rasgada estaba tensa: la nariz y las orejas eran tan planas que casi no se distinguían de la carne que las rodeaba”.

Un koloss según un brillante artista.
     En El Pozo de la Ascensión vuelve a mencionarse la llamada Profundidad, entidad de la que apenas se sabe en El Imperio Final, si bien se adelanta que ésta es más bien maligna y que una vez que desaparezca el Lord Legislador, ella podrá hacer de las suyas una vez ya nadie pueda controlarla.  Pues bien, en esta segunda entrega del ciclo de Nacidos de la Bruma, se realiza toda una investigación para saber más acerca de lo que en realidad es y ello además, porque una serie de hechos fatales se han ido dando en lo que parece que tal entidad es la responsable.  No obstante de seguro esta fuerza de la naturaleza y/o nuevo contrincante de los protagonistas, tendrá recién un rol preponderante en el tercer libro de la saga.
      Si en la primera novela de la colección Brandon Sanderson sorprendió a su público con la muerte de un personaje principal, incluso antes de su sorprendente clímax, en su secuela hace lo mismo.  El efecto dramático de tal evento le otorga a la serie un cariz adulto aún cuando la saga no llega a los niveles subidos de tono en violencia y sexo, como sucede con la famosa saga de George R. R. Martin de Canción de Hielo y Fuego; de este modo hasta cierto punto Nacidos de la Bruma comparte uno que otro elemento con la famosa obra de Martin, lo que va más allá del hecho de pertenecer ambas al mismo tipo de literatura, entre ello en ciertos acontecimientos y en las relaciones entre los personajes (esto específicamente en lo que concierne al complicado parentesco entre Elend  Venture y su retorcido padre Straff, familiaridad que recuerda a Tyrion Lannister y a su progenitor Tywin)
      Siguiendo la línea del primer tomo de la saga, en éste es posible la lectura de los fragmentos de otro viejo códice, cuyo contenido posee gran significancia para los sucesos que se están desarrollando en la novela.  Siendo un texto algo anterior al manuscrito incorporado en el libro uno, guarda un estrecho parentesco con este otro y a su vez se traduce en un elemento clave para los nuevos misterios que acaparan la atención de varios de los protagonistas.  Un detalle curioso de este documento, es que se encuentra escrito nada menos que en metal, sustancia tan importante para alománticos y ferruquímicos y la cual en cada una de sus tipos moldea de forma especial el universo ficcional de esta serie.
      Relacionado a lo anterior, es que el papel de las artes de la alomancia y la ferruquimia vuelven a ser fundamentales dentro de sus acontecimientos.  Cabe recordar que la primera consiste en la capacidad de unos pocos sujetos, de adquirir poderes especiales gracias a la ingestión de uno que otro metal, de modo que según sea el metabolizado por la persona y las virtudes de cada uno, que estos se manifestarán según su propia naturaleza; en cuanto al segundo caso, éste consiste en el conocimiento de almacenar recursos como fuerza, memoria, velocidad y otros en joyas metálicas, para usarlas cuando sea pertinente y entregándoles a sus usuarios las capacidades aumentadas según sea el metal ocupado.   Es así que a lo largo de esta obra, alomancia y ferruquimia se ocupan de las formas más diversas, destacando su aprovechamiento para las batallas más espectaculares; por otro lado, que muchos de los protagonistas del libro formen parte de estos selectos grupos de sujetos, permite hacer este título más intenso al hacerlos mucho más admirables y que en la condición de seres especiales,  sea posible además acentuar sus mismas fortalezas como debilidades.
      Considerando que durante gran parte del libro los héroes y el lector, esperan con inquietud que de una vez por todas algunos de los ejércitos que asolan Luthadel la invadan, una vez  sucede esto, el clímax de la novela se desarrolla de una manera increíble.  Sanderson se esmera en mostrar distintos campos de batalla de forma alternada, dándoles a sus distintos personajes su papel correspondiente, como para que cada uno de ellos contribuya a este hito tan importante.  La acción y el suspenso llegados a este punto se hacen trepidantes y el drama que significa luchar hasta las últimas consecuencias contra una enemigo implacable, defendiendo tanto la vida de uno mismo, como la de otros,  convierten este episodio en uno de los mejores momentos de los dos primeros libros; héroes, villanos y personajes comunes y corrientes brillan en este apartado y sin embargo todo pareciera suceder tan rápido, tal cual en la vida misma la fatuidad y muchas decisiones se dan con espontaneidad.  Las pérdidas humanas son mucho más dolorosas que en el tomo anterior y por esta misma razón es que el carácter épico de quienes sobreviven, se hace más admirable.  Tras todo esto viene un largo anticlimax o epilogo,  el cual en todo caso no se encuentra exento de grandes revelaciones, las cuales por supuesto sirven de antesala al cierre de la trilogía original que era Nacidos de la Bruma (hasta que apareció un cuarto libro a manera, tal vez, de colofón o de historia autoconclusiva, para visitar una vez más el ya querido mundo del Imperio Final).   La cita que se agrega ahora ilustra tanto parte de la fabulosa invasión a Luthadel, como la manera en que se usa la ferruquimia:

   “Sazed agarró a su oponente por la garganta y empujó hacia atrás el rostro rugiente y distorsionado. La piel de la bestia koloss estaba tan tensa que se había abierto por el centro de la cara, revelando músculos ensangrentados sobre los dientes, alrededor de los agujeros de la nariz. Respiraba con ronca rabia, escupiendo gotitas de saliva y sangre sobre Sazed en cada exhalación.
     ¡Fuerza!, pensó Sazed, decantando su mentepeltre para conseguir más poder. Su cuerpo se volvió tan enorme que temió que su propia piel fuera a desgarrarse. Por fortuna sus mentes de metal habían sido fabricadas para ceder, los brazaletes y anillos estaban abiertos. Con todo, su masa era impresionante. Probablemente no habría sido capaz de andar ni maniobrar con semejante tamaño... pero no importaba, porque el koloss ya lo había derribado al suelo. Todo lo que necesitaba era un poco de fuerza añadida en la mano. La criatura le arañó un brazo con una mano y tanteó con la otra, agarrando su espada...
     Los dedos de Sazed aplastaron por fin el grueso cuello de la bestia. La criatura trató de rugir, pero no emitió ningún sonido y se agitó frustrada. Sazed luchó por levantarse y luego lanzó a la criatura contra sus compañeros. Con tanta fuerza sobrenatural, incluso un cuerpo de más de tres metros parecía ligero. Chocó contra un montón de koloss que atacaban, derribándolos.
     Sazed esperó, jadeando. Estoy agotando mi fuerza demasiado rápido, pensó, liberando su mentepeltre, y su cuerpo se desinfló como un odre de vino. No podía continuar decantando demasiado sus reservas. Ya había agotado la mitad de sus fuerzas... fuerzas que había tardado décadas en acumular. Aún no había utilizado sus anillos, pero sólo tenía atributos para unos pocos minutos en cada uno. Sólo los usaría en caso de emergencia.
      Y a eso me enfrento ahora mismo, pensó con temor. Todavía conservaban la plaza de la Puerta de Acero. Aunque los koloss habían franqueado la puerta, sólo unos pocos podían cruzarla a la vez... y sólo los más enormes parecían capaces de saltar la muralla.
     Sin embargo, el grupito de soldados de Sazed se hallaba en una situación apurada. Había cuerpos tendidos por todo el patio. Los fieles skaa del fondo habían empezado a arrastrar a los heridos a lugar seguro. Sazed oyó sus gemidos.
     Los cadáveres de los koloss cubrían también la plaza y, a pesar de la carnicería, Sazed no pudo dejar de sentir orgullo por cuánto les estaba costando a las criaturas abrirse paso por aquella puerta. Luthadel no iba a caer fácilmente. En absoluto.
     Los koloss parecían contenidos por el momento, y aunque en el patio continuaba habiendo algunas refriegas, un nuevo grupo de monstruos se estaba congregando ante la puerta.
     Ante la puerta, pensó Sazed. Las criaturas habían conseguido abrir sólo una de las enormes puertas, la de la derecha. Había cadáveres en la plaza, docenas, tal vez centenares, pero los koloss habían despejado buena parte del camino para entrar en el patio.
Tal vez...
     No tuvo tiempo para pensar. Echó a correr, decantando de nuevo su mentepeltre, dándose la fuerza de cinco hombres. Lanzó el cadáver de un koloss pequeño por la puerta. Las criaturas de fuera rugieron, dispersándose. Seguía habiendo cientos esperando una oportunidad para entrar, pero tropezaron con los muertos en su prisa por apartarse de su proyectil.
     Sazed resbaló con la sangre mientras agarraba un segundo cadáver y lo lanzaba.
     —¡A mí! —gritó, esperando que quedaran hombres que pudieran oírlo y que pudieran responder.
     Los koloss advirtieron demasiado tarde lo que estaba haciendo. Apartó otro cadáver, se abalanzó contra la puerta abierta y decantó su mentehierro, extrayendo el peso acumulado. Inmediatamente se volvió mucho más pesado, y con todo su peso chocó contra la puerta cerrándola de golpe.
     Los koloss corrieron hacia la puerta desde el otro lado. Sazed la empujó, apartando cadáveres, obligando la enorme hoja a cerrarse. Decantó más su mentehierro, apurando su preciosa reserva a un ritmo alarmante. Se volvió tan pesado que notó que su propio peso lo aplastaba contra el suelo, y sólo su fuerza aumentada consiguió mantenerlo en pie. Los frustrados koloss golpearon la puerta, pero él aguantó. Los contuvo, con las manos y el pecho apretados contra la áspera madera, le dedos de los pies engarfiados en el irregular empedrado. Gracias a su mentelatón ni siquiera notaba el frío, aunque la nieve, la ceniza y la sangre se mezclaban a sus pies.
     Los hombres gritaban. Algunos morían. Otros lanzaron su propio peso contra la puerta, y Sazed se permitió mirar atrás. El resto de los soldados establecieron un perímetro dentro de la ciudad, protegiendo la puerta de los koloss. Los hombres luchaban con valentía, con la espalda contra la puerta, pero sólo el poder de Sazed impedía que ésta se abriera.
     Y sin embargo, luchaban. Sazed lanzó un grito de desafío. Los pies le resbalaban pero aguantaba la puerta mientras los soldados mataban a los koloss que quedaban en el patio. Entonces, un grupo de ellos llegó corriendo con un gran tablón de madera. Sazed no sabía de dónde lo habían sacado, ni le importaba, mientras lo colocaran en lugar de la barra que cerraba la puerta.
    Su peso se agotó, vacía su mentehierro. Tendría que haber almacenado más, a lo largo de los años, pensó con un suspiro de agotamiento, desplomándose ante la puerta cerrada. Le había parecido mucha cantidad hasta que se había visto obligado a usarla con demasiada frecuencia, para mantener a raya a koloss o similares.
    No solía almacenar peso más que para hacerme más liviano. Me parecía la forma más útil de usar hierro.
     Liberó peltre, y sintió que su cuerpo se desinflaba. Por fortuna, hincharlo de aquella forma no le dejaba la piel descolgada. Regresó a su aspecto habitual con una terrible sensación de cansancio y una leve incomodidad. Los koloss continuaban golpeando la puerta. Sazed abrió los ojos, cansado, tendido en la nieve y la ceniza, prácticamente desnudo. Sus soldados lo rodeaban solemnemente”.

   La figura del Héroe de las Eras toma un papel preponderante en la novela, si bien lo hace de una forma sutil, como una vieja profecía que a lo largo del texto comienza a cobrar fuerza, hasta que una vez llegados al desenlace éste pareciera por fin aparecer.  Es así que el nombre de la tercera entrega de la saga es justamente El Héroe de las Eras.  Al respecto es que la naturaleza religiosa de a quien le corresponde dicho título, tiene relación con un tema caro a la literatura teológica: las profecías.  Dicho elemento recurrente en este tipo de historias, fundamental para muchos dogmas, se encuentra ligado a la misma figura del Mesías y el Apocalipsis, conceptos que desde el inicio de la saga se encuentran presentes, si bien en el último caso (el Apocalipsis) éste tendría que ver con la ya mencionada Profundidad, que al menos hasta este segundo volumen aún no logra manifestarse por completo.  En relación a esto el título del libro, El Pozo de la Ascensión, corresponde al mítico lugar donde primero el Lord Legislador adquirió sus impresionantes poderes, el mismo sitio del cual se supone surgirá nada menos que el Héroe de las Eras; es así que esta especie de centro magnético es mencionado una y otra ves y luego buscado con insistencia por la propia Vin: puesto que el citado Pozo será esencial para el destino de todo y de todos. 

     A continuación un listado de los personajes más sobresalientes, con una breve descripción de su desempeño a lo largo de esta obra:

    Vin: Si duda el personaje más relevante de la novela, siendo además la “heredera” de su coprotagonista en el tomo que precede a éste, el ya mítico Kelsier.  La muchacha quien ahora entra a la vida adulta, se ha convertido en poco tiempo en el humano más poderoso de todos los conocidos hasta el momento, de modo que mientras para algunos es digna de reverencia y respeto, para unos es una aliada de gran valor, así como alguien muy querido, en tanto que para otros su sola existencia resulta ser un motivo de temer.  En el transcurso de esta obra, Vin comienza a cuestionarse varias cosas, entre ellas su propia relación con el hombre que ama y en especial su rol dentro de la nueva religión que ha ido gestándose a su alrededor y en la cual ella misma es una figura significativa.  Si en el libro anterior Vin aprendió a valorarse a si misma y a apreciar la compañía de los demás, en este segundo volumen de la saga continua su educación, aunque ahora en otros planos, es decir, en lo que respecta a descubrir qué idea tiene acerca de lo que es su propia felicidad (y la cual tiene que ver con lo que siente por Elend).
     Elend: Al inicio de este volumen es nada menos que el rey de Luthadel, haciendo todo lo posible por llevar a cabo todas sus ideas políticas, de cómo gobernar con rectitud un pueblo que por tanto tiempo estuvo dividido.  Cuando su cargo comienza a cuestionarse y su permanencia en él peligra, el joven noble, recién comienza a darse cuenta de la verdadera importancia que tiene su rol dentro de los sucesos que se están desarrollando en Luthadel y es entonces cuando lo mejor de Elend empieza a surgir (a su vez es cuando éste mismo llega a crecer más que nunca como sujeto y luego como figura de autoridad entre los suyos); de este modo en las sucesivas páginas dedicadas a él, el hijo del codicioso Straff Ventura se transformará en un personaje mucho más complejo que lo que fue en sus primeras apariciones, dejando de lado el prototipo de romántico idealista, para convertirse en su propia especie de héroe y verdadero líder.
      Sased: De seguro uno de los protagonistas más queridos por los lectores, debido a su carismática personalidad, el terrisano gran amigo de Vin y de muchos otros personajes, tiene en El Pozo de la Ascensión un mayor papel (de modo que además se puede decir que se transforma en el tercero más destacado del libro).  Al comienzo del libro Sazed realiza un viaje que no lo tiene muy feliz, pero que será vital para que luego pueda prestar su inmejorable ayuda a los suyos; en él Sased se entera de información que no puede ser ignorada y que implica tomar acciones de inmediato (es por esta razón que luego se dedica a la investigación para conseguir la verdad más absoluta respecto a lo que está pasando).  Mientras trabaja en lo suyo, un reencuentro con alguien de su pasado lo hace reconocer una parte de su persona que ignoraba o que al menos había relegado hasta ese momento.  Por otro lado, a través de éste es posible para el lector identificar aspectos muy interesantes sobre la cultura de los terrisanos y la técnica de la ferruquimia.
     Oreseur: Perteneciente a los kandra, estuvo de “incógnito” durante gran parte de El Imperio Final, hasta que hacia su final se supo de su existencia.  En esta secuela su participación es mucho mayor, cobrando esta vez una personalidad propia que termina por acaparar el interés del lector y haciendo sus intervenciones memorables; muchos de estos momentos corresponden a los diálogos que tiene con Vin, a quien se encuentra profundamente ligado.  En un principio la relación “obligada” entre estos dos resulta incómoda para ambos, hasta que un hecho decisivo los une como nunca y los hace valorar en verdad la compañía del otro; es así que debido a esto el kandra, quien en la novela debe llevar una muy singular apariencia para cumplir con su cargo, llega a sobrepasar lo que se espera de él, si bien en determinado momento se descubre un inesperado secreto sobre su persona.
     Tindwyl: Personaje por completo nuevo para la saga, es una terrisana de aspecto imponente y grave, quien como muchos de los demás protagonistas esconde mucho más de lo que aparenta.  Ferruquimista como Sased, el objeto de sus estudios es la historia militar y de las grandes figuras de ésta, de modo que llega hasta Luthadel para ofrecerle sus servicios al novicio rey Elend; sus enseñanzas resultan de gran ayuda y lo marcan por completo.  De triste pasado, mantiene una dignidad a prueba de fuego y demuestra en más de una ocasión ser una persona sorprendente y poseer cierta dulzura inesperada en ella.
     Zane: El otro Nacido de la Bruma de este volumen, mantiene un rol bastante ambivalente dentro de esta novela.  De un poder casi al nivel de la misma Vin, se obsesiona con ella y se le acerca tanto para ayudarla, como para atormentarla.  Supuestamente está loco, ya que oye la voz de “Dios” con quien a ratos conversa, en especial cuando éste lo instiga a matar a quienes lo rodean.  Sirve a su manera a Straff, con el cual tiene más de una deuda (algo similar le pasa con Elend, si bien éste último es por completo inocente acerca de lo que siente por él Zane).  Pese a su condición anómala, en realidad no es malvado, si no que es un alma más dañada, que anda en busca de una oportunidad para en realidad ser feliz y escapar a la condenación que es su misma vida.
     Allrianne: Hija de Lord Cett, uno de los tres nobles que intentan con sus propios ejércitos conquistar y dominar Luthadel, pues suponen que la metrópolis es rica en el escaso y valioso metal conocido como atium.  Es la hermosa y joven enamorada de Brisa, uno de los hombres de confianza de Elend y que formaba parte del grupo de la resistencia formado por Kelsier.  Aparentemente es una mujer de poco seso, ya que frente a muchos actúa de manera alocada, mas eso no es así y sus propósitos resultan ser propios de alguien de una mente privilegiada.
Preciosas ilustraciones basadas en Nacidos de la Bruma: Dos versiones diferentes de Inquisidores.

Vin contra un brumoso.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Maestros del Horror 25: "The Washingtonians" (Los Washingtonianos) de Peter Medak


25.1- El Director.

     Si bien posee una extensa filmografía trabajando tanto en cine como televisión, Medak no es muy conocido fuera de su medio más cercano (o sea Hollywood, USA).  Comenzó a trabajar en el mundo del séptimo arte desde finales de los 60, siendo además uno de los directores de mayor edad dentro del grupo correspondiente a Maestros del Horror, ya que al filmar su contribución para el programa pasaba ya de los sesenta años.  A lo largo de su carrera se ha movido entre distintos géneros, destacando además en las cinta de acción (siendo una de sus mejores títulos la entretenidísima Romeo is Bleeding, policial de 1993, la cual a su vez es una de las pocas películas donde Gary Oldman hace de galán), de modo que considerarlo como alguien que mereciera ponerse al nivel de gente como Dario Argento, John Carpenter o Mick Garris, suena algo aventurado.  No obstante, independientemente de que no tenga tantas producciones de horror, su labor es impecable y al menos lo que hizo para esta serie bien puede considerarse dentro de lo mejorcito de sus dos años de vida.  En su experiencia para la televisión se pueden mencionar con “orgullo”, además de la historia que ahora se comenta acá, su paso por otras series de culto tal como la apocalíptica Carnivale (claramente de terror), The Wire, las muy exitosas y recientemente canceladas House M. D y Breaking Bad y la también del género, pero esta vez de psicópatas, Hannibal.
    En lo que respecta a su cine de terror más destacado se pueden nombrar las dos siguientes cintas:

  • The Changeling (1980, conocida en español con el ominoso nombre de Al Final de la Escalera): Largometraje sobre fantasmas que sin duda le valió el honor de estar considerado dentro de los llamados Maestros del Horror.  Contó nada menos que con el protagonismo de un actor de primera en aquellos tiempos, George C. Scott, quien aquí interpretó a un recientemente viudo profesor de música, que además en el mismo trágico accidente que le costó la vida de su esposa, también le quitó a su única hija.  El hombre intentando sanar sus cicatrices emocionales, decide irse a trabajar a una vieja y gran casa en otra ciudad y allí su presencia despierta a una entidad sobrenatural, que desea lo ayude a desvelar el secreto de su muerte a manos de un asesino, quien nunca pagó sus acciones.  El filme es considerado toda una obra maestra.
  • Species II (1998): Secuela de la popular cinta de terror y ciencia ficción de unos años atrás a ésta, con diseños de nada menos que del recientemente fallecido H. R. Giger (el mismo de Alien).  En esta segunda parte un trío de astronautas, compuestos por dos varones y una dama, durante un viaje al espacio entran en contacto con el mismo material genético alienígena que provocó estragos en la película anterior.  Uno de los dos hombres queda a merced de los fieros instintos sexuales extraterrestres y comienza a copular con toda mujer que se le cruza, de modo de fecundarla y así dar vida a una serie de “monstruitos”.  Los sobrevivientes del equipo de especialistas del filme original van en pos suyo, acompañados de una nueva, mejorada y humanizada Sil (la preciosa, pero también peligrosa híbrida de Species I).  Esta cinta en su momento tuvo que recurrir a varios cortes de su metraje, debido a sus altos contenidos gore para la época y sólo tiempo después se pudo ver en una versión sin censura.  Por cierto, la banda sonora de esta película la hizo nada menos que Edward Shearmur, el mismo responsable del espectacular tema de los créditos de Maestros del Horror.
Peter Medak

25.2- La película.

     Existe un viejo y famoso dicho: “La historia la escriben los vencedores”, tesis varias veces justificada al alero de más de un caso y donde en numerosos pueblos, culturas y civilizaciones la historia misma ha sido modificada a gusto de intereses de unos pocos para manipular y manejar a las grandes masas.  Este fenómeno social recibe en parte el nombre de historia revisionista, ya que por medio de él se cambian los hechos reales más crudos, de modo de dejar a sus protagonistas como héroes(cuando muchas veces no lo son) y a sus contrincantes demonizarlos; de este modo sólo unos pocos conocen la verdad, la que se guarda con estricto rigor y pobre de aquellos que intentan escarbar bajo la superficie de la apariencia y/o que llegan a saber lo que se esconde tras las apariencias de lo que en realidad es ficción. 
    De lo anterior trata este penúltimo episodio de un programa que todo fanático del horror en cada una de sus expresiones debería ver (y coleccionar), siendo además sin dudas uno de los mejores de su larga lista.  Su guión cuenta cómo un hombre por accidente descubre que los llamados padres de la “poderosa” nación de los Estados Unidos, fue fundada en base a hechos aún más vergonzosos que los que luego el país del norte pasaría: gente como George Washintong, su primer presidente, practicaban con orgullo el canibalismo y sometían a sus víctimas a espantosos vejámenes antes de comérselos.  Es así como en la actualidad un grupo hermético de sujetos guarda este conocimiento y les rinde homenaje a sus fundadores, vistiendo en sus reuniones ropas a la usanza de la época, como también dedicándose a la antropofagia.  El pobre sujeto comienza a ser perseguido por este grupo, el cual se muestra ora de forma bastante aterradora en la historia, ora a veces de manera caricaturesca.
    Muy sangrienta y siendo la segunda ocasión en el programa en que se aborda el tabú social del canibalismo (cabe recordar esa otra joyita que viene a ser Incidente en la Montaña), en este último capítulo el tema toma un cariz mucho más visceral, ya que quienes practican esta costumbre son supuestamente hombre honrados, pilares de su comunidad, en vez de sujetos subhumanos o salvajes; no obstante lo que presenta en todo caso esta situación es que no importa que estemos en los albores del siglo XXI, en nuestra naturaleza siguen latentes los instintos más primitivos y violentos (a los que algunos de nosotros acceden sin tapujos).  Por otro lado el mensaje que deja leer entre líneas este recomendable mediometraje, es que sin dudas un gobierno como lo es Estados Unidos, vive de alimentarse de los más débiles (esto es de los países más pobres y tercermundistas), de modo que la política más que un campo de batalla es una carnicería.  Así es como en parte también Los Washingtonianos resulta ser tanto una mirada irónica como iconoclasta de las supuestas figuras de respeto, las que acá se presentan en una faceta que pocos quisieran descubrir, ya que como bien dice el dicho ojos que no ven corazón que no siente.  Otra idea que subyace en el guión de esta obra, es la de que no podemos estar seguros de nuestro propio pasado, si se considera que desconocemos por completo la verdadera identidad de los que nos antecedieron y nos dejaron nuestro legado; de este modo la historia personal y la historia que compartimos como comunidad es algo que al quedar en la duda, bien puede hacer temblar los cimientos de nuestras vidas una vez que los hechos reales salen a la luz.
    Si bien el telefilme comienza de forma dramática, luego cae de lleno en la sátira política y ya hacia su clímax no se toma en serio, de modo que lo que llegó a ser verosímil antes, ahora se muestra de adrede con tintes ridículos.  Pese a todo este tratamiento del argumento corresponde a una vieja tradición literaria, donde el horror y lo extraordinario se mezclan con el absurdo con la intención de reírse de los poderes fácticos. 

Una de las tantas pavorosas escenas de esta perla de la televisión por cable.
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